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Derecho y Justicia en la Salud

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UN APORTE DESDE EL DERECHO AL MUNDO DE LA SALUD

Dr. Alejandro Juan Maresca


Prof. Asociado de Medicina Legal y Deontología Médica Prof. Asociado de Odontología Legal y Ejercicio
Profesional Facultad de Ciencias de la Salud
Universidad de Mendoza.

Conceptos Biojurídicos Básicos.


Definición del derecho.
El derecho, al que asociamos el termino ley o norma jurídica, actúa sobre la voluntad del hombre en forma
directa a fin de que los deberes impuestos sean cumplidos, contando para ello con todos los medios
necesarios, sea la obligatoriedad, las distintas formas de sanción y de coerción. Su carácter obligatorio
constituye un rasgo distintivo. El fundamento legítimo del derecho y a su vez la finalidad del mismo, es la
realización de la justicia. Una ley o norma jurídica pude ser ley pero nunca derecho si no apunta a la justicia.
Aun cuando volveré sobre el tema debo decir desde ahora que no se debe confundir justicia con
conveniencia. Muchas veces puede que coincidan pero ello no es obligatorio ni debe serlo. Por ejemplo si
me “beneficio” con una ventaja económica por un tratamiento que no realicé, o por un servicio profesional
que no presté, eso puede decirse que es conveniente empero no es justo. En otros casos el correcto trato
del enfermo puede hacerme acreedor a mis justos honorarios. Estos me convienen y me corresponden en
justicia.
El derecho es mucho mas que la ley. Es toda expresión normativa que buscar plasmar un orden dentro de
la sociedad de los hombres. Sin embargo no debe tenerse confianza ciega en la fuerza ordenadora del
derecho si esta no está respaldada por un cultura de cumplimiento y la convicción social e individual del
respeto de los derechos del otro y la tolerancia por las diferencias normales y naturales.
Para hacer factible el orden, la ley regula la conducta humana no solo a fin de resguardarla. Desde la
antigüedad e afirmaba que era preferible contar con pocas leyes de gran cumplimiento y no muchas leyes
de muy bajo respeto o acatamiento. En el presente año 2003 nuestra sociedad argentina tiene dictadas
alrededor de 26.000 leyes nacionales y es evidente que ello no ha garantizado ni alcanzado una sociedad
justa. Esta situación no debe sino fortalecer nuestra convicción en el poder cultural y su apoyo legislativo y
entender que el derecho tiene una misión un objetivo por el cual pugnar y no por inalcanzado debe ser
abandonado. En otras palabras no porque no se haya conseguido la cura de las enfermedades debe
abandonarse la búsqueda de esas soluciones.
La medicina persigue la salud, el derecho la justicia. Ambos persiguen fines para el mismo sujeto: EL
HOMBRE.
Luego de estas consideraciones preliminares y tomando una clásica definición de derecho podemos
afirmar que
EL DERECHO ES UN ORDENAMIENTO SOCIAL IMPUESTO PARA
REALIZAR LA JUSTICIA.

Tal definición impone que brindemos algunas explicaciones:


Ordenamiento. Ello consiste en la acción y el efecto de ordenar, implica la idea de una organización, y a la
vez el resultado de ese sistema. El derecho está destinado a ordenar la vida social.
En consecuencia, en primer lugar se encuentra la organización del Estado, a efectos de regir los destinos de
la comunidad y esa organización prosigue con la familia, las asociaciones, el comercio, el trabajo y las
relaciones de los hombres individuales entre sí; sigue un sistema de prevención y represión de los delitos; y
por último se organizan las relaciones entre los diversos Estados, buscando la forma de llegar a una
comunidad internacional.

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En el marco de la organización al derecho lo caracteriza la aceptación colectiva y voluntaria de las normas
por parte de la comunidad, estableciéndose un orden con contenido ético, espiritual y subjetivo.
El derecho se transforma en un orden necesario que si bien reconoce, respeta y acepta el libre albedrío,
regula las conductas humanas a los efectos de que no se produzca un caos social. El orden reconoce los
derechos naturales del hombre y busca la conciliación de lo individual con lo colectivo, sin destrucción de la
libertad.
Social. Esto implica que el derecho se da en la vida de las relaciones humanas. Rige la existencia de los
hombres en sociedad y es esta última la que lo establece y mantiene. Es por ello que el aspecto social es de
suma importancia al analizar la naturaleza del derecho.
La sociedad sanciona directa o indirectamente las normas, no obstante ello el derecho no puede ser
considerado como producto social exclusivamente, porque existe un elemento moral superior a la sociedad
misma que da sanción a la norma. Ahora bien, ese elemento moral es reconocido y adoptado por la
sociedad como la base necesaria del orden jurídico, al sancionar expresamente dichas normas o al
reconocer implícitamente su validez y vigencia.
Impuesto. El derecho naturalmente es coactivo y el sujeto al cual se dirigen las normas debe observarlas y
puede ser obligado a cumplirlas aun en contra de su voluntad. Toda norma debe ser cumplida
independientemente de la existencia de una sanción aplicada por su incumplimiento. Por ello es que sin
atribuir a la sanción el carácter de un elemento esencial del derecho, se debe reconocer que la
obligatoriedad de las normas jurídicas deriva, en la inmensa generalidad de los casos, de la
posibilidad de obtener su cumplimiento forzoso o de imponer un castigo por su violación.
El Estado es quien impone la norma en primer término y aplica su sanción a través de uno de sus órganos
que es el Poder Judicial, esto no quiere decir, sin embargo, que el derecho sea un producto o sea el Estado.
El derecho es anterior al Estado, pero es el Estado quien mantiene en la vida moderna este ordenamiento
social prestándole el apoyo de su fuerza y de su poder.
Justicia. Finalmente, el derecho tiene como objetivo sustancial realizar la justicia, ya que tiene por objeto
establecer un orden justo. La norma jurídica tiene fundamento cuando existe una adecuación entre ella y
un principio superior. La norma debe ser fundada en la razón y tender a realizar el fin para la cual se crea,
de esta manera será legítimamente obligatoria para el sujeto al que se la impone. Ese fin no es otro que la
justicia. Este es el lugar para anticipar que la justicia es aquella facultad y valor por el cual corresponde
darle a cada uno lo que le pertenece.
Existen en el derecho diversos fines. El derecho es una herramienta, un medio pero no un fin en si mismo,
por lo que se encuentra subordinado a los fines que persigue y en ellos encuentra la justificación de su
existencia. Un orden jurídico puede ser valorado teniendo en cuenta la medida en que realiza los
propósitos que lo guían.
En términos generales se puede afirmar que la justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde
por derecho, es decir dar a cada uno lo suyo. Así es preciso dar las cosas a su dueño, los impuestos al
Estado, la pena al delincuente, los premios a quienes los merecen.
La norma jurídica tiene como misión que cumpla en el caso concreto con el postulado del principio y ante el
incumplimiento se prevé la sanción, es decir que el objeto propio de la justicia es lo justo, lo que exige el
derecho. El acto propio de la justicia consiste en decir cuál es el derecho, es decir, juzgar.
El orden jurídico tiene como finalidad imponer un sistema que regule con justicia las relaciones humanas. El
derecho es la forma y la justicia su contenido y a la vez finalidad. Además, el derecho sólo fija las
obligaciones: su cumplimiento efectivo es ya el acto justo.
Si bien la justicia es una sola se la puede enfocar desde distintas ópticas: a. como virtud moral; b. como
ordenamiento jurídico y c. como ideal al que debe tender el derecho.
Desde la primera óptica se advierte su aspecto subjetivo: a la justicia como virtud moral le interesa, sobre
todo, lo que puede haber de virtuoso en el hombre que practica la justicia, y estudia esa virtud como una
de las que integran el orden moral.
En el segundo aspecto es ya más realista y objetiva: se aparta de la intimidad del hombre justo para
considerar sus actos en relación a los demás; y como esos actos están determinados por el derecho, se
identifica con éste en cuento alcanza efectivamente a realizar la justicia en el campo de la vida social.

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Por último, la tercera deja de lado tanto la intimidad del sujeto virtuoso o la realidad y el acto justo, para
convertirse en el ideal que debe ser alcanzado por el derecho. Desde esta tercera óptica constituye un
valor, el fundamento y el límite al que se debe sujetar el derecho.

La justicia como virtud


Sabido es que las virtudes morales tienden a perfeccionar los actos humanos y convertir en virtuoso al
sujeto que las practica. Entre ellas la justicia es una de las mas importantes.
Un jurista romano llamado ULPIANO se encargó de definir a la justicia como:
"la voluntad constante y perpetua de dar a cada uno su derecho ".
Cada sujeto a través de su voluntad puede buscar la justicia. El acto virtuoso es por esencia racional, libre y
voluntario. Esa voluntad es perpetua no desde el punto de vista del acto -que es pasajero-, sino de la
intención del agente, es decir la intención de vivir justamente debe ser una predisposición en el ánimo del
sujeto y no una imposición del Estado o de la sociedad; y es también constante porque se debe perseverar
en ella. Ambas condiciones caracterizan a toda virtud, porque la voluntad constante y perpetua se
convierte en un hábito del sujeto que torna virtuoso a quien lo tiene.
Entendiendo al acto justo como el que consiste en dar a los demás lo que les corresponde, la justicia
aparece caracterizada como una relación entre personas o grupos sociales a diferencia de otras virtudes.
Esta nota distintiva convierte a la justicia en una virtud universal porque tiende al perfeccionamiento
individual y colectivo o sea al bien común.

La justicia como ordenamiento


En el punto anterior se ha tratado de la justicia como virtud y del acto justo teniendo en cuenta la persona
que lo ejecuta, pero puede contemplarse también al acto justo en sí mismo, prescindiendo de la persona
que lo ejecuta.
Al derecho le interesa por sobre todo la justicia desde el punto de vista objetivo, con independencia del
agente que lo practica. Lo importante es que reine la justicia en las relaciones sociales.. El acto justo, en
efecto, surge de una relación existente entre dos o más sujetos, es decir en una relación social y no
individual. El acto justo es aquél que impuesto por una voluntad superior, la ley, cumple con el derecho.
Las normas regulan la conducta humana e imponen la solución justa prescindiendo de nuestra intención y
de nuestra voluntad. La justicia objetiva se identifica entonces con el derecho que la realiza, y consiste en el
ordenamiento social que obliga a dar a cada uno lo que le corresponde.
El derecho obliga a realizar actos justos, y recíprocamente califica de justas las soluciones que impone. La
solución puede ser justa si se aplican normas de derecho natural, porque existe adecuación entre el
precepto y el valor y también puede ser justa si se aplican normas de derecho positivo, porque el mismo
derecho así lo ha resuelto.
Las normas de derecho natural no siempre pueden solucionar los casos de la vida de sociedad por la infinita
casuística que existe y ante ello, la solución proviene del derecho positivo.

El bien común
Entendido el derecho como el ordenamiento social impuesto para realizar la justicia, el fin último del
derecho no puede ser otro que el bien común de la sociedad puesto que en el se alcanza la justicia de las
relaciones sociales. La sociedad dicta sus normas de convivencia, de lo que se desprende que el derecho no
solo no puede estar en contra de lo que la sociedad se propone, sino que debe colaborar en su obtención.
Toda sociedad busca su propio bien, es decir, persigue su propio bien común. El bien común se
concibe como tal cuando persigue el bien de la sociedad toda y como consecuencia de ello se obtiene el
bien de cada individuo y no su desgracia. Pero no debe confundirse, sin embargo, con los bienes
particulares, los cuales se subordinan a aquél como la parte al todo. Además, la comunidad forma un
organismo distinto -por sus fines- de la suma de los individuos que la componen; y aun cuando los fines de
éstos fueran todos coincidentes, siempre la sociedad tendría otros superiores cuya obtención constituye la
parte principal del bien común.

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Los bienes particulares de los individuos deben y están subordinados al bien común, aunque no en su
totalidad sino en la medida que las personas forman parte de la sociedad.
El bien común coincide con el bien del Estado como organización política superior y normal. Existen grupos
menores que también persiguen el bien común, pero siempre en colaboración con el de la sociedad toda y
del Estado en particular al ser su misión esencial contribuir al bienestar, la salud y el progreso de cada uno.
El Estado, a través de sus gobernantes, debe brindar los medios necesarios para la obtención del bien
común, tanto a la sociedad como a los individuos, ya que de esa manera el individuo al desarrollarse y
crecer contribuye con la obtención del bien común.
Todos los hombres y todas las entidades intermedias tienen la obligación de aportar su contribución
específica a la prosecución del bien común. Con tal objeto deben reglamentarse jurídicamente las
actividades de gobernantes y súbditos. Las de aquéllos, para que la organización y el funcionamiento del
Estado no queden librados a la improvisación y el arbitrio, ni se lesionen los derechos de las personas; las
de éstos, para que todas coordinen y se encaucen en la forma más conveniente para la comunidad.
No existe bien común sin moralidad, ya que de la adecuación de la conducta del hombre a su fin natural
surge la posibilidad de que el mismo se obtenga. En el campo del derecho es la justicia la que realiza ese fin
moral, incorporándose de este modo a la noción de bien común. No obstante lo expuesto el bien común no
es la finalidad del derecho solamente, sino de distintos órdenes de la vida en sociedad, tanto en la
actividad pública como privada, ya que existen varios factores que coadyuvan a su logro, tales como la
cultura, el progreso económico, la legislación de una nación, etc. Las normas jurídicas tienen como finalidad
el bien común en razón de que el mismo es la finalidad social suprema hacia la cual tienden todos los
objetivos del hombre; de tal manera que la justicia, el orden, la paz y la seguridad son como las bases en
que se asienta el bienestar colectivo. Al no ser una finalidad solo del derecho sino el supremo fin de la
sociedad, el bien común es en definitiva el último intérprete de esos otros fines exclusivamente jurídicos, el
que juzga su oportunidad, el que dirime sus conflictos, el que hace prevalecer a uno sobre otro y el que
encauza a todos, teniendo en consideración las circunstancias sociales a que debe adecuarse el derecho.

Elementos del derecho


Luego de haber analizado el concepto e implicancias que cabe atribuirle al derecho y de haber tratado,
someramente, los fines del derecho, se hace necesario adentrarse en el tema de la estructura del mismo y
en particular de los elementos que lo integran. Es imprescindible analizar la estructura lógica de las normas
y sus elementos.
Considerando que el derecho positivo se limita a prever la posibilidad de que se produzcan hechos o actos
cuyas consecuencias cree prudente regular, corresponde abordar todo lo atinente a su estructura. Aquí
interesa analizar en qué forma se realiza esa previsión de la conducta humana para fijar sus consecuencias.
Aclarado esto, hay que mencionar que toda norma jurídica contiene, en forma más o menos aparente y
genérica, una hipótesis -que consiste en una determinada conducta humana- y una disposición -que
normalmente es una consecuencia para el que despliega tal conducta. Así, el derecho como regulador de la
conducta humana mediante normas predeterminadas, está obligado a trabajar en la formulación de juicios
lógicos basados en una hipótesis cuya realización originará determinadas consecuencias para su autor.
Una parte de la norma jurídica se la denomina hipótesis o supuesto jurídico, y consiste en el conjunto de
condiciones o conductas que de efectivizarse en la realidad social darán lugar a la producción de
determinadas consecuencias. Por ejemplo, en forma lógica la norma podrá expresar: "Si se produce tal
actitud humana se producirá tal consecuencia". Sin embargo, lo más común es que la norma no enuncie
una u otra de sus partes, o que alguna de ellas aparezca en otras normas principales, o que exista un
vínculo de subordinación o de relación entre varias normas. Lo expuesto no obedece a una mala técnica
legislativa o deficiencias normativas en la formulación de la norma, sino que en la mayoría de los supuestos
si se predeterminaran todas las conductas humanas

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posibles o los acontecimientos relevantes para el derecho se caería en un casuísmo infinito, y por ello es
preferible elaborar preceptos genéricos y abstractos que regulen todas las conductas similares sin
necesidad de colocarse en los innumerables casos concretos que se pueden presentar.
Tal forma genérica de formulación normativa no impide encontrar por medio de una adecuada lógica las
dos partes que forman la estructura de la norma. Siempre habrá entre la hipótesis y la disposición una
relación de causa a efecto. A tal causa le corresponde tal efecto. Esto es lo que se denomina ley de
causalidad jurídica. Sin embargo, no debe confundirse esta ley de causalidad jurídica con las leyes de
causalidad que estudian las ciencias naturales puesto que en éstas el efecto es de producción ineludible y
en cambio en la ley de causalidad jurídica el efecto no es ineludible. El que ha causado un daño, si bien está
obligado a repararlo, no siempre cumple con su obligación.
Resultante de lo que se ha venido exponiendo es que, para que entre en vigencia un precepto del derecho,
es necesario que ocurra el hecho previsto en la hipótesis. Ese hecho origina una relación jurídica entre dos
o más personas, que son los sujetos del derecho.
Hechas las precedentes consideraciones sobre la estructura lógica de las normas jurídicas, corresponde
ahora considerar lo atinente a los elementos que forman el derecho, siendo predominantemente aceptado
por la doctrina que ellos son:
A. SUJETO DEL DERECHO;
B. OBJETO DEL DERECHO;
C. HECHOS JURÍDICOS
D. RELACIÓN JURÍDICA.

A. SUJETOS DEL DERECHO


Siendo el derecho un ordenamiento destinado a regular las conductas exteriores de los hombres entre sí,
corresponde analizar el sujeto de tales relaciones humanas. Es el hombre el sujeto en torno del cual gira el
derecho, y para el cual ha sido establecido por el mismo hombre.

JURIDICAMENTE A ESTE SUJETO SE LO


DENOMINA PERSONA

Para el derecho el hombre es mucho más que un mero ser -mineral, vegetal o animal- es un ente dotado
de materia, razón Y POR LO CUAL TIENE DISCERNIMIENTO, INTENCION Y LIBERTAD. Por ello, capaz de tomar
decisiones lógicas, libres y hacerse responsable de sus actos. La persona es el sujeto del derecho y no su
objeto. Es éticamente superior a éste y jurídicamente más relevante. Es la persona -individual o colectiva- la
única destinataria de las normas jurídicas, sancionadas exclusivamente para regir su conducta, y que sólo él
puede obedecer.
Para el derecho argentino la persona es todo ente susceptible de adquirir derechos o contraer obligaciones.
Para el derecho, las personas pueden ser de dos clases: personas físicas o personas de existencia ideal.
Las personas de existencia visible, o simplemente personas, son todos los hombres. Su existencia comienza
con la concepción en el seno materno y termina con la muerte. Por ello todo ser humano tiene aptitud para
adquirir derechos y contraer obligaciones y como sujeto del derecho, cada uno tiene ciertos atributos que
son:
a. El nombre, o sea, el conjunto de vocablos que sirve para designar a una persona e individualizarla
en la vida social.
b. El domicilio que es el asiento jurídico de una persona y en donde se supone que ha de encontrarse
normalmente.
c. El estado, o condición jurídica de cada persona, que determina muchos de sus derechos y
obligaciones; así la situación de hijo, de mayor de edad, de casado, de funcionario, de profesor.

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d. La capacidad consiste precisamente en la aptitud para adquirir derechos y contraer obligaciones. La
capacidad de la persona puede ser de derecho o de hecho y así también la incapacidad o sea, la
imposibilidad de ser titular de algunos derechos o de ejercerlos por si mismo, se las denomina
incapacidad de derecho o de hecho.
Así como para el derecho son personas las personas físicas también se consideran personas a las
denominadas personas jurídicas que son ciertos grupos humanos con capacidad para adquirir derechos y
obligaciones. Las personas jurídicas pueden ser de dos clases: de carácter público o de carácter privado.
Las primeras son el Estado Nacional, las provincias, los municipios, las entidades autárquicas y la Iglesia
Católica. Son llamadas públicas en razón de su origen o porque tienen como fin satisfacer necesidades
colectivas. Son personas jurídicas de carácter privado las asociaciones y las fundaciones y las sociedades
civiles y comerciales.
La personalidad jurídica de los entes antes referidos implica la admisión de los diversos atributos que toda
persona tiene: el nombre, el domicilio, el estado y la capacidad de derecho.

B. OBJETO DEL DERECHO


Todas las relaciones jurídicas que se establecen entre las personas tienen siempre una finalidad. Así el
objeto del derecho de crédito es la prestación debida por el deudor de la relación al acreedor. Esta
prestación puede consistir en una conducta positiva o en una omisión.
Esta prestación debida por el deudor al acreedor puede consistir en la entrega de bienes o en el
cumplimiento de ciertas conductas positivas o negativas.
Los bienes son todos los objetos, materiales o inmateriales, susceptibles de tener un valor económico. Los
bienes materiales se denominan cosas, y el conjunto de cosas y bienes inmateriales constituye el
patrimonio de una persona.
Los hechos u omisiones son todos los deberes que el sujeto pasivo se encuentra obligado a cumplir:
obedecer las órdenes, dictar clases, etc. Estos hechos no deben ser imposibles, ilícitos, contrarios a las
buenas costumbres o prohibidos por las leyes, ni que se opongan a la libertad de acciones o de la
conciencia, o que perjudiquen los derechos de un tercero.

C. HECHOS JURÍDICOS
Este es el tercer elemento del derecho y aparece definido en el Código Civil, como todos los
acontecimientos susceptibles de producir alguna adquisición, modificación, transferencia o extinción de
derechos u obligaciones.
El hecho como tal es previo al surgimiento del derecho, es el antecedente necesario que lo pone en
movimiento. Los hechos que pueden dar origen a la aplicación del derecho se clasifican en dos grandes
grupos: a. los hechos exteriores y naturales, que se producen por causas extrañas al hombre y sin embargo
pueden originar alguna adquisición o pérdida de derechos, como el nacimiento y la muerte; y b. los hechos
humanos, producidos por las personas. Los hechos humanos pueden ser involuntarios, o sea ejecutados sin
discernimiento, intención o libertad, y en tal caso no producen efecto jurídico alguno salvo si causan un
daño a otro; y voluntarios, cuando son realizados por el hombre con pleno conocimiento. Estos últimos se
llaman actos, y se subdividen a su vez en lícitos e ilícitos. Los primeros son los ejecutados respetando las
leyes y en cambio los segundos son los que se ejecutan violando las mismas.
Los actos voluntarios lícitos, que tengan por fin inmediato establecer entre las personas relaciones jurídicas,
crear, modificar, transferir, conservar o extinguir derechos, se llaman actos jurídicos.

D. RELACIÓN JURÍDICA
Habiendo analizado los hechos jurídicos, es decir aquellos que hacen nacer entre las personas una
vinculación de derecho se torna necesario hacer una mención a la denominada relación jurídica.
La relación jurídica consiste en el vínculo que se establece entre personas, a consecuencia de la producción
de un acontecimiento regido por el derecho.
Si el acontecimiento producido no es regido por el derecho no generará de una relación jurídica entre las

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personas. La relación jurídica es, entonces, un vínculo entre personas, regulado por el derecho.
Los sujetos que forman la relación jurídica se llaman, activo y pasivo, pretensor y obligado, acreedor y
deudor, en sentido amplio. El primero tiene la facultad de exigir el cumplimiento de la prestación; y el
segundo tiene la obligación de hacerla efectiva, dando, haciendo o no haciendo, lo que forma el objeto
sobre la cual recae el vínculo jurídico. Los términos derecho y obligación, poder y deber son correlativos:
aquellas expresiones se usan con preferencia en el derecho privado, y éstas en el público.
La relación jurídica es regulada por una norma, que establece las consecuencias que ha de tener la
realización del hecho, previsto por ella. El derecho se ocupa así de disponer, por motivos de justicia o de
orden social, los efectos que ha de producir los hechos y los actos jurídicos hipotéticamente previstos.

E. COERCIÓN Y SANCIÓN
Con lo expuesto hasta aquí se han analizado los elementos que intervienen para que entre en acción la
norma jurídica.
Normalmente el sujeto pasivo o deudor de la relación jurídica cumple su obligación acatando así la parte
dispositiva de la norma. Pero, en algunos supuestos, es necesario recurrir a la autoridad para que el sujeto
cumpla y así se cumpla con el derecho. Por lo dicho es bueno distinguir el significado preciso de estos
términos coerción y sanción.
La coerción consiste, esencialmente, en la presión que por diversos motivos se ejercita sobre la libre
voluntad de las personas para obligarlas a cumplir un deber. La coerción impulsa a obrar en determinado
sentido, y por lo tanto es de orden psicológico. El cumplimiento de una norma se puede efectuar por
motivaciones propias del sujeto o morales, por motivaciones de orden social o por motivaciones de orden
jurídico. Estas se manifiestan por el temor al castigo y a las consecuencias perjudiciales que pueden
acarrear el incumplimiento de la misma.
Si todos estos motivos resultan insuficientes para dirigir la voluntad del obligado, recién entonces aparece
la sanción jurídica, que es la consecuencia perjudicial prevista también en la norma para el caso de
incumplimiento de su parte dispositiva. Y si aún el sujeto no acata la sanción, ésta podrá ser ejecutada
coactivamente. Se advierte, por lo tanto, la diferencia que existe entre estas tres expresiones: la primera
reside en la conciencia y presiona sobre la voluntad del obligado; la segunda existe ya en la norma y es
aplicada por las autoridades competentes al caso particular; y la tercera consiste en la ejecución forzosa de
la sanción mediante el empleo de la fuerza sobre el sujeto pasivo o el apoderamiento de sus bienes para
responder a la prestación debida.

F. COACCIÓN
La coacción es la que constituye la última etapa en el cumplimiento forzoso del derecho. Es la que lo
caracteriza como un sistema de cumplimiento obligatorio. La coacción se define como la ejecución forzosa
de la sanción. Así, si el condenado no se aviene voluntariamente a cumplir la sentencia, surge el aparato de
fuerza que el derecho reserva para la última instancia, y que constituye el medio indispensable para hacer
efectiva la sanción y restablecer el orden jurídico vulnerado.
Lo que caracteriza al derecho no es su cumplimiento voluntario o forzoso, sino la posibilidad de obtener ese
cumplimiento aún coactivamente. La posibilidad de la coacción es esencial al derecho.

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