TUBERCULOSIS
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa causada por el bacilo tuberculoso, una bacteria que
suele afectar a los pulmones. Se propaga por el aire cuando una persona infectada tose, estornuda
o escupe. La tuberculosis se puede prevenir y curar.
Las personas con infección tuberculosa latente no se sienten enfermas ni pueden transmitir el
bacilo, y solo un pequeño porcentaje de ellas enfermará y tendrá síntomas. El riesgo de enfermar
es mayor en los bebés y los niños.
Hay afecciones y conductas que pueden aumentar el riesgo de contraer la tuberculosis:
la diabetes (hiperglucemia)
un sistema inmunitario debilitado (por ejemplo, por la infección por el VIH o el sida)
la malnutrición
la consumo de tabaco.
La infección por el bacilo tuberculoso puede no causar síntomas. Cuando estos aparecen, se dice
que la persona tiene tuberculosis. Los síntomas pueden ser leves durante muchos meses, por lo
que es fácil transmitir la tuberculosis a otras personas sin saberlo.
Los síntomas habituales de la tuberculosis son:
tos prolongada (a veces con sangre)
dolor torácico
astenia
cansancio
pérdida de peso
fiebre
sudores nocturnos.
NEUMONIA
La neumonía es una infección que inflama los sacos aéreos de uno o
ambos pulmones. Los sacos aéreos se pueden llenar de líquido o pus
(material purulento), lo que provoca tos con flema o pus, fiebre,
escalofríos y dificultad para respirar. Diversos microrganismos, como
bacterias, virus y hongos, pueden provocar neumonía.
La neumonía puede variar en gravedad desde suave a potencialmente
mortal. Es más grave en bebés y niños pequeños, personas mayores a
65 años, y personas con problemas de salud o sistemas inmunitarios
debilitados.
Los signos y síntomas de la neumonía pueden incluir lo siguiente:
Dolor en el pecho al respirar o toser
Desorientación o cambios de percepción mental (en adultos de 65 años o más)
Tos que puede producir flema
Fatiga
Fiebre, transpiración y escalofríos con temblor
Temperatura corporal más baja de lo normal (en adultos mayores de 65 años y
personas con un sistema inmunitario débil)
Náuseas, vómitos o diarrea
Dificultad para respirar
Puede que los recién nacidos y bebés no muestren signos de estar sufriendo la infección. O bien,
pueden vomitar, tener fiebre y tos, parecer inquietos o cansados y sin energía, o presentar
dificultad para respirar y comer.
Cuándo consultar al médico
Consulta con tu médico si tienes dificultad para respirar, dolor en el pecho, fiebre persistente de
102 ºF (39 ºC) o superior, o tos persistente, sobre todo si tienes tos con pus.
Es muy importante que las personas que pertenecen a los siguientes grupos de riesgo consulten al
médico:
Adultos mayores de 65 años
Niños menores de 2 años con signos y síntomas
Personas con alguna afección de salud no diagnosticada o con el sistema inmunitario
debilitado
Personas que reciben quimioterapia o toman medicamentos que inhiben el sistema
inmunitario
COVID
La mayoría de las personas infectadas por el virus experimentarán una
enfermedad respiratoria de leve a moderada y se recuperarán sin requerir
un tratamiento especial. Sin embargo, algunas enfermarán gravemente y
requerirán atención médica. Las personas mayores y las que padecen
enfermedades subyacentes, como enfermedades cardiovasculares,
diabetes, enfermedades respiratorias crónicas o cáncer, tienen más
probabilidades de desarrollar una enfermedad grave. Cualquier persona, de
cualquier edad, puede contraer la COVID-19 y enfermar gravemente o morir.
Síntomas cardinales
Dolor de cabeza
Dolor de garganta
Fiebre
Congestión o escurrimiento nasal (rinorrea)
Fatiga
Síntomas de alarma
Dolor en el pecho
Dificultad para respirar
Baja oxigenación (por debajo de 90, medir con oxímetro)
Medidas de protección
La medida más importante que puedes adoptar es reducir tu exposición al virus. Con el fin de
protegerte a ti mismo y a tus seres queridos, no olvides seguir estas recomendaciones:
Usa cubrebocas de alta calidad que cubra la nariz y la boca.
Mantén una distancia física mínima de un metro con otras personas.
Evita los espacios con aglomeraciones o poco ventilados.
En los espacios cerrados, abre las ventanas para mejorar la ventilación.
Lávate las manos con frecuencia.
Vacúnate. Las vacunas contra la COVID-19 aprobadas por la OMS son seguras y efectivas.
REFRIADO COMUN
El resfriado común es una enfermedad que afecta a la nariz y la garganta. La mayoría de las veces
es inofensivo, aunque puede no parecerlo. Unos gérmenes llamados virus causan el resfriado
común. Normalmente, los adultos suelen tener dos o tres resfriados al año.
En la mayoría de los casos, los síntomas del resfriado común aparecen entre 1 y 3 días después de
la exposición al virus del resfriado. Los síntomas varían. Pueden incluir lo siguiente:
Congestión o goteo nasal.
Dolor o irritación de garganta.
Tos.
Estornudos.
Malestar general.
Dolor corporal o de cabeza leve.
Fiebre leve.
La mucosidad de la nariz puede empezar siendo transparente y volverse más espesa y de color
amarillo o verde. Este cambio es normal. En la mayoría de los casos, no significa que padezcas una
enfermedad bacteriana.
Cuándo debes consultar con un médico
Los síntomas empeoran o no mejoran.
Fiebre superior a 101,3 ºF (38,5 ºC) que dura más de tres días.
Fiebre que reaparece después de un período sin fiebre.
Falta de aire.
Sibilancia.
Dolores intensos de garganta, de cabeza o de los senos paranasales.
Niños. La mayoría de niños con resfriado común no necesitan ver a un proveedor de atención
médica. Busca atención médica de inmediato si tu hijo presenta alguno de estos síntomas:
Fiebre de 100,4 ºF (38 ºC) en recién nacidos de hasta 12 semanas.
Fiebre que sube o fiebre que dura más de dos días en un niño de cualquier edad.
Síntomas más intensos, como dolor de cabeza, dolor de garganta o tos.
Problemas para respirar o sibilancias.
Dolor de oído.
Irritabilidad o somnolencia atípica.
Falta de apetito.
Prevención
No hay vacuna para el resfriado común. Puedes seguir estos pasos para frenar la diseminación del
virus y prevenir la enfermedad:
Lávate las manos. Lávate las manos muy bien y con frecuencia con agua y jabón
durante al menos 20 segundos. Si no dispones de agua ni jabón, utiliza un
desinfectante de manos a base de alcohol que tenga por lo menos un 60 % de
alcohol. Enseña a tus hijos la importancia del lavado de las manos. Evita tocarte los
ojos, la nariz o la boca con las manos sin lavar.
Limpia y desinfecta. Limpia y desinfecta las superficies que se tocan con frecuencia.
Por ejemplo, los pomos de las puertas, los interruptores de la luz, los dispositivos
electrónicos y las encimeras de lavabo y cocina. Esto es de particular importancia si
alguien en tu familia tiene un resfriado. Lava los juguetes de los niños con
frecuencia.
Cúbrete la boca al toser. Estornuda y tose en pañuelos desechables. Tira los
pañuelos desechables usados inmediatamente y luego lávate las manos. Si no tienes
un pañuelo desechable, estornuda o tose en la parte interna del codo y luego lávate
las manos.
No compartas. No compartas vasos ni cubiertos con otros miembros de la familia.
Trata de mantenerte alejado de las personas que tengan resfriados. Evita el
contacto cercano con cualquier persona que esté resfriada. Aléjate de las multitudes
siempre que sea posible. Intenta no tocarte los ojos, la nariz y la boca cuando estés
rodeado de multitudes.
Revisa las políticas del centro de cuidado infantil de tu hijo. Busca un ambiente de
cuidado infantil con buenas prácticas de higiene y políticas claras acerca de
mantener a los niños enfermos en el hogar.
Cuídate. Come bien, haz ejercicio y duerme lo suficiente para mantenerte sano.