Rita Laura Segato - La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad
Juárez Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado
América Latina parece atravesada por un nuevo lenguaje: el de la violencia.
Asoma ahora un nuevo mapa: el de un modo del conflicto social vinculado a formas de
explotación y desposesión
La disputa por la tierra y el modelo de agro-negocios, la maquila como prototipo de una
realidad laboral replicada y valorada, la guerra territorial protagonizada por bandas ligadas
al narcotráfico, la difusión de los códigos carcelarios a barrios enteros, la desaparición de
mujeres a manos de mafias, la proliferación de sicarios que multiplican crímenes por
encargo, redefinen un proceso de explotación que intensifica sus modalidades de
beneficio y se extiende a nuevos circuitos y espacios.
Dualidad y excepción
En América latina parece funcionar de manera cada vez más fuerte una doble realidad. La
visible que agrupa medios, políticos, retóricas y diagnósticos, y otra, que sin embargo
organiza la línea misma entre lo visible y lo invisible. No se trata de dos espacios
diferidos, sino de una misma dinámica dual. Un modo del desarrollo de la “excepción”.
La otra, y la misma, cara de este nuevo conflicto social es una difusión multiforme del
miedo como dispositivo de gestión social general,
¿Hay formas de autodefensa posibles? Los movimientos sociales, antes protagonistas
decisivos del lenguaje y las formas de la protesta, la resistencia y la creación social, se
encuentran desarmados o incluso impotentes frente a este nuevo código,
Lo visible y lo invisible Cada uno de estos rasgos que caracterizan la situación
latinoamericana constelan o co-funcionan (maquinalmente, como diría Guattari) en torno a
lo que podemos llamar –como hipótesis– “lo financiero”. Nos referimos a una modalidad
global de apropiación y gobierno de la riqueza generada colectivamente, cuyo modus
operandi consiste en reglar la producción de valor de manera cada vez más exterior al
proceso de valorización colectiva, comunitaria. Esta “exterioridad” es abstracción
Lo que sucede en la dimensión “visible”, en torno a las regulaciones explícitas, la
normativa legal, la legitimidad tal y como se organiza bajo la forma de opinión pública.
El dilema es aquello que permanece oscuro al saber pero que intuimos como fuerza real e
insoslayable que produce la división misma entre lo visible y lo invisible.
Una hipótesis: la violencia expresiva Rita Segato nos presenta en este texto una hipótesis
respecto de este preciso problema: la violencia expresiva. A diferencia de la “violencia
instrumental”, necesaria en la búsqueda de un cierto fin, la violencia expresiva engloba y
concierne a unas relaciones determinadas y comprensibles entre los cuerpos, entre las
personas, entre las fuerzas sociales de un territorio. Es una violencia que produce reglas
implícitas, a través de las cuales circulan consignas de poder (no legales, no evidentes,
pero sí efectivas).
La nueva elocuencia del poder
una estructura de relaciones, la única evidencia de superficie con que contamos son las
noticias de una crueldad ininteligible que estalla en un barrio u otro, en una ciudad u otra,
y nos llama la atención.
El diseño de un modelo que pueda darnos una explicación de lo que está pasando no es
otra cosa que una apuesta, una suposición, de lo que se esconde detrás de esa miríada
de epifenómenos dispersos, fragmentarios, como son los hechos que me contaban, por
ejemplo, con relación a los niños de las villas rosarinas o lo que yo he tratado en mi
ensayo sobre Ciudad Juárez: son los fragmentos más visibles de un fondo secreto, una
estructura oculta.
Como en las antiguas ejecuciones públicas que Foucault analiza en su Vigilar y castigar.
Esta ejemplaridad, que alcanza con su dolor y su truculencia a toda la sociedad, es clara
en la crueldad ejercida en el cuerpo de las mujeres
Lo que se muestra en ese espectáculo de crueldad no es otra cosa que la propia
capacidad de muerte y la insensibilidad extrema frente al sufrimiento;
Pues es así, las estrategias psíquicas y físicas de des-sensibilización son esenciales en la
preparación de los hombres para la guerra.
Y esa “masculinidad”, así construida y comprobada, resulta perfectamente funcional para
la actividad mafiosa, para el accionar del crimen organizado.
Como venía diciendo, entonces, la función de la ejemplaridad es central en las prácticas
crueles, pues ella permite el ejercicio de una soberanía,
Quiero, todavía, enfatizar que existe una segunda función de las prácticas violentas,
especialmente sobre las mujeres, y es la función pedagógica de las mismas. Tomando y
modificando la expresión de Hannah Arendt al hablar del nazismo como una “Pedagogía
de la Traición” en sus Orígenes del Totalitarismo, describo esta función como una
“Pedagogía de la Crueldad”.
Manuel Castells hace una reseña estimativa de este bulto de capital de origen criminal, y
dice, por ejemplo, que la Conferencia de la ONU de 1994 sobre el Crimen Global
Organizado estimó que solo el narcotráfico ya rendía cifras anuales mayores que las
transacciones globales de petróleo. Eso nos da una idea de la importancia de esa
segunda economía,
La informalidad de la economía hoy es inmensa. Pero, una vez más, cuando hablamos de
informalidad de la economía estamos hablando de banqueros, de grandes empresarios,
de gente “blanca” y de “buenas familias”. No podría ser de otra forma, dada la enorme
masa de caudales que allí se administra. Desafortunadamente, lo que vemos en los
noticieros es la soldadesca oriunda de las ranchadas pobres y no blancas.
El Estado con sus leyes y normativas de diversos niveles. ¿Qué se protege, cuáles son
los valores jurídicos que los códigos normativos estatales colocan en foco, cuáles son los
derechos privilegiados por su mira protectora? En primer lugar, la propiedad y, en
segundo lugar, se protege la vida contra la violencia ilegítima, quedando garantizada la
violencia legítima en manos de los agentes estatales que actúan en la seguridad pública.
Llegamos, a través de esa pregunta, a postular la existencia de dos realidades: una
Primera Realidad, constituida por todo aquello regido por la esfera del Estado, todo
aquello declarado al Estado, visible en las cuentas de la Nación, en las páginas de
Internet de la Transparencia en Gestión Pública, los impuestos recaudados, los pagos “en
blanco”, todo lo producido y comercializado, las propiedades compradas o heredadas, las
empresas y sociedades de lucro y ONGs registradas, etc., y las fuerzas policiales y
militares, instituciones y políticas de seguridad pública que protegen ese caudal legítimo,
legal. Por otro lado, en el subsuelo de ese mundo de supuestas transparencias, se
encuentra lo que en mi ensayo sobre Ciudad Juárez llamé “Segundo Estado”, y que hoy
prefiero llamar Segunda Realidad, pues es una realidad especular con relación a la
primera: con bulto de capital probablemente idéntico, con caudal circulante ídem, y con
fuerzas de seguridad propias y ocupadas en proteger la riqueza que en ese universo se
produce y administra. No podemos entender la violencia como nos la presentan los
medios, es decir, como dispersa, mediatizada como anómala y, en algunos casos, como
esporádica,
Estamos aquí en la clara duplicación del Estado y en la llana aceptación de la
intocabilidad y funcionalidad de la “segunda realidad”. Por otro lado, los siempre atentos
estrategas del Norte ven también, en esta partición del control estatal, una nueva
oportunidad para controlar nuestros destinos como naciones.
Es vinculando estas dos evidencias que acabo de mencionar –la complicidad de los
bancos del Norte con el lavado del dinero que arrojan los negocios mafiosos en el Sur.
La Primera y la Segunda Realidad, como las vengo llamando aquí. Estoy por lo tanto
convencida de que hay que pensar grande para entender este tipo de asunto. No hay que
conformarse con el menudeo de los epifenómenos ofrecido por los medios.
Una de las consecuencias es la expansión de un campo bélico de características nuevas,
difuso, de difícil aprehensión, que está afectando progresivamente la vida de las
sociedades latinoamericanas. Se dijo que México se “Juarizó” (aludiendo a las formas de
operar del cartel de Ciudad Juárez, en la frontera norte mexicana), y yo creo que
Argentina se ha mexicanizado.
Como parte de ese escenario debemos agrupar tanto las guerras del para-estado
mafioso, como las guerras de los Estados cuando actúan como para-estados.
Esa estructura dual se debe a que ningún gobierno puede actuar sólo estatalmente. Es
imposible controlar o disciplinar una sociedad nacional, con toda su pluralidad de
intereses y de grupos, sólo con las leyes constitucionales. El gatillo fácil, por ejemplo, es
la consecuencia de que el policía en la calle tiene poder de juez. El agente puede juzgar
la situación si está en peligro de muerte, y ese vacío es un agujero negro de la legalidad.
Todo un territorio liminal entre lo legal y lo criminal, un verdadero limbo. Entonces, si la
Primera Realidad a la que me he referido ya contiene, en su accionar, ese tipo de
desdoblamiento, de duplicación, la Segunda Realidad es toda ella operada por un
segundo Estado, marcado por la acción de corporaciones armadas propias, sicariatos
organizados y conducidos por cabezas que actúan a nivel local, barrial, y otras más
distantes.
El accionar de esas corporaciones armadas tiene por finalidad proteger la propiedad, el
comercio ilegal, el flujo de los capitales sumergidos, y la propia intocabilidad de este
ambiente todo. Es, por esto, un Segundo Estado, con sus leyes, fuerzas de seguridad y
organización propia.
No hay un lenguaje para hablar de estas nuevas formas de la guerra. No están legisladas
en ningún lugar. La Convención Contra la Tortura, por ejemplo, habla de la tortura a mano
de agentes del Estado, pero allí practican la tortura los agentes de otro Estado, los
miembros de otro tipo de corporaciones armadas. La segunda realidad es un campo
incierto completamente, un pantano. No es fácil entender contra quién estamos actuando.
En la frontera o corredor intermediario entre las dos realidades se encuentra la policía,
que participa de ambas.
La policía tiene un margen grande de poder, pero un margen limitado, porque ciertas
decisiones de los liderazgos del Estado y del para-estado pueden asociarse y promover
recambios. La policía, así como los sicariatos, que muchas veces se mancomunan, son
recursos humanos descartables.
Finalmente, un tema central aquí es el papel de la política o, mejor dicho, de los políticos,
y la situación de la propia democracia liberal representativa en este complejo escenario –
la “democracia real” deberíamos decir, la “democracia realmente existente”.
Literalmente afirma que no existe político, de partido alguno, que se elija sin contar con un
fondo de campaña de origen ilícito.
Es muy importante estar al tanto de ese dato de conexión y entramado entre la Segunda y
la Primera Realidad. La policía también tiene fe en que no perderá control. Pero este
sistema de tres partes se mantiene en un equilibrio inestable.
En mi perspectiva, intento la formulación de un modelo que trascienda los casos
particulares.
La democracia hace aguas, está expuesta al nuevo golpe en curso, que no le llegará
desde arriba, a manos de militares uniformados que por la fuerza se apropiarán del
Estado, todos sus recursos y aparataje. Sino que este golpe le llega a la democracia
desde abajo, desde el control que las mafias obtienen por su capacidad de financiamiento
de la propia política.
Entonces, mi argumento sobre la indefensión del campo estatal con relación a la Segunda
Realidad es un argumento que se encuentra dentro de un horizonte teórico político de
mayor alcance.
Yo he sido clara en todos mis textos de la última década y tengo una certeza: sólo un
Estado que promueva la reconstrucción de los tejidos comunitarios, un Estado que
devuelve, restituidor de foro étnico o comunitario podrá proteger a la gente en América
Latina. Es por esto que tenemos que reaprender a pensar por fuera de la Res-Pública,
libertarnos del secuestro de toda política en la esfera pública estatal. Los movimientos se
han dejado capturar por esa esfera pública, y emplean toda su energía e inteligencia en
ese campo. Por eso creo que su fe en el Estado es pía, su ingenuidad es total. Es
importante advertir que las luchas y la recomposición política debe correr dentro y también
fuera del campo estatal. Cuando el poder no puede expresarse a través de la ley y del
código, utiliza los cuerpos como territorio de inscripción.
La violación no es una anomalía de un sujeto solitario, es un mensaje pronunciado en
sociedad.
Esos cuerpos no están siendo forzados para la entrega de un servicio, sino que hay una
estrategia dirigida a algo mucho más central, una pedagogía de la crueldad en torno a la
cual gravita todo el edificio del capitalismo.
Los agredidos son cuerpos frágiles, no son cuerpos guerreros.
En la acción para-estatal de estos grupos es todavía más crítica la necesidad de
demostrar esa ausencia de límites en la ejecución de acciones crueles, ya que no hay
otros documentos o insignias que designen quién detenta la autoridad jurisdiccional.
Este tipo de crueldad, por ejemplo, con el cuerpo de la mujer, es propio de las nuevas
formas de la guerra, inauguradas en nuestras dictaduras militares y guerras sucias contra
la gente.
Es la inversión de un procedimiento comunitario, que es ahora adoptado como una
metodología de las bandas, pero con intención contraria: destruir la organización
comunitaria, la politización de la gente.