DISCIPLINA ESPIRITUAL (LA ORACIÓN).
'Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le
dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Lucas 11:1
La oración nos lanza a la frontera de la vida espiritual. La meditación nos introduce en la
vida profunda. El ayuno es un medio acompañante, pero la disciplina de la oración nos
lleva a la obra más profunda y más elevada del espíritu humano. La verdadera oración
crea la vida y la transforma. "La oración -la oración secreta, ferviente y de fe- está en la
raíz de toda santidad personal",' escribió William Carey
Orar es cambiar. La oración es la avenida principal que Dios usa para transformarnos. Si
no estamos dispuestos a cambiar, abandonaremos la oración como característica notable de
nuestra vida. Cuanto más cerca lleguemos al corazón de Dios tanto más comprenderemos
nuestra necesidad y desearemos conformarnos a Cristo.
William Blake dice que nuestra tarea en la vida consiste en aprender a conducir los "rayos
de amor" de Dios. ¡Con cuánta frecuencia inventamos mantos de evasión -refugios a
prueba de rayos- a fin de eludir al eterno Amante! Pero cuando oramos, Dios, de manera
lenta y bondadosa, nos revela nuestros lugares escondidos, y nos libra de ellos.
"Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites" (Santiago 4:3).
Pedir correctamente es algo que envuelve una transformación de las pasiones, una
total renovación. En la oración, la oración real, comenzamos a pensar como Dios piensa; a
desear lo que él desea; a amar lo que él ama. Progresivamente se nos enseña a ver las cosas
desde su punto de vista.
Todos los que han andado con Dios han considerado la oración como la principal tarea de la
vida. Marcos escribió: "Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se
fue a un lugar desierto, y allí oraba" (Marcos 1:35).
El deseo que David tenía de Dios rompió las cadenas complacientes del sueño: "... De
madrugada te buscaré ..." (Salmos 63:1)
Cuando los apóstoles se sintieron tentados a emplear sus energías en otras tareas
importantes y necesarias, determinaron entregarse continuamente a la oración y al
ministerio de la palabra (Hechos 6:4). Martín Lutero declaró: "Tengo tanto que hacer, que
no puedo continuar sin pasar tres horas diariamente en oración". El tenía un axioma
espiritual: "El que ha orado bien ha estudiado bien"."
John Wesley dijo: "Dios no hace nada que no sea en respuesta a la oración"," El
respaldaba su convicción dedicando dos horas diarias a ese sagrado ejercicio. El rasgo más
notable de la vida de David Brainerd fue la oración. Su diario está impregnado de relatos
relacionados con la oración, el ayuno y la meditación. "Me encanta estar a solas en mi
cabaña, donde puedo pasar mucho tiempo en la oración." "Aparto este día para ayunar en
secreto y para orar a Dios." "Cuando regreso a casa y me entrego a la meditación, a la
oración y al ayuno ..."
Para los exploradores de la frontera de la fe, la oración no fue un pequeño hábito prendido
ligeramente de la periferia de su vida: La oración fue su misma vida. Fue el trabajo más
serio de sus años más productivos. William Penn dio testimonio de George Fox en el
sentido de que, "Por encima de todo sobresalió en la oración; ... tengo que decir que él
alcanzó en la oración la estatura más impresionante, viviente y digno de reverencia que yo
jamás haya experimentado o visto"."
Adoniram Judson se retiraba de los negocios y de los acompañantes siete veces al día, a fin
de ocuparse en la oración. Comenzaba a la medianoche; luego al amanecer, volvía a orar.
Posteriormente, a las nueve, las doce, las tres, las seis y las nueve de la noche, dedicaba
tiempo a la oración en secreto.
John Hyde, de la India, 48 Alabanza a la disciplina La disciplina de la oración 49 hizo de la
oración una característica predominante de su vida, y se le dio el apodo de "Hyde, el que
ora". Para ellos, y para todos los que han desafiado las profundidades de la vida interior, su
todo fue la oración
Muchos, sin embargo, nos sentimos desanimados en vez de sentirnos desafiados por
tales ejemplos. Esos "gigantes de la fe" están tan lejos de cualquier cosa que nosotros
hayamos experimentado, que nos sentimos tentados a desesperar. Pero en vez de
flagelarnos por nuestro evidente vacío, debemos recordar que Dios siempre nos busca
donde estamos y nos lleva hacia las cosas más profundas.
Para nosotros es fácil salir derrotados desde el comienzo, por cuanto se nos ha enseñado
que todas las cosas en el universo ya están establecidas; de modo que las cosas no
pueden cambiarse. Nosotros podemos decir esto melancólicamente, pero la Biblia no lo
enseña. En la Biblia, los que hacían oración oraban como si sus oraciones pudieran producir
una diferencia objetiva; y en efecto, la producían. El apóstol Pablo anunció con gozo que
nosotros somos "colaboradores de Dios" (1 Corintios 3:9); es decir, estamos trabajando con
Dios para determinar el resultado de los eventos. El estoicismo es el que demanda un
universo cerrado; la Biblia no. Algunos, a causa de su hincapié en la aquiescencia y la
resignación con la manera como se hallan las cosas "según la voluntad de Dios",
realmente se encuentran más cerca de Epicteto que de Cristo. Moisés fue osado para
orar, por cuanto creyó que podía cambiar las cosas, incluso la mente de Dios. De hecho, la
Biblia destaca tan enérgicamente la apertura del universo que, mediante un
antropomorfismo difícil de entender para los oídos modernos, habla de que Dios cambia
constantemente su manera de pensar en conformidad con su inmutable amor (véase,
por ejemplo, Exodo 32:14; Jonás 3:10).
Eso nos viene a muchos como una genuina liberación, pero también coloca ante
nosotros una tremenda responsabilidad.
¡Estamos trabajando con Dios para determinar lo futuro! Ocurrirán ciertas cosas en
la historia si oramos correctamente. Debemos cambiar el mundo por medio de la oración.
¿Qué otra motivación necesitamos para aprender que este ejercicio humano es el más
excelso de todos?
La oración es un tema tan amplio y multiforme, que instantáneamente reconocemos la
imposibilidad de siquiera tocarlo levemente en todos sus aspectos en un solo capítulo.
El aprendizaje de la oración
La oración real es algo que se aprende. Los discípulos le pidieron a Jesús: "Señor,
enséñanos a orar" (Lucas 11:1). Ellos habían orado toda la vida y, sin embargo, algo
relacionado con la calidad y el tiempo en la oración de Jesús hizo que ellos comprendieran
lo poco que sabían acerca de la misma. Si la oración de ellos había de producir alguna
diferencia en el escenario humano, necesitaban aprender algunas cosas.
Tal vez la más sorprendente característica de la oración de Jesús fue que, cuando oró a
favor de otros, nunca concluyó diciendo: "si es tu voluntad". Tampoco hicieron esto los
apóstoles ni los profetas cuando oraron a favor de otros. Obviamente, antes de hacer la
oración de fe, ellos creían que sabían cuál era la voluntad de Dios. Estaban tan inmersos en
la atmósfera del Espíritu Santo, que cuando encontraban una situación específica sabían
qué era lo que debía hacerse. Su oración era tan positiva, que con frecuencia tomó la
forma de un autorizado mandamiento directo: "Anda"; "Sé sano"; "Levántate".
Comprendí que cuando se estaba orando por otros, evidentemente no había lugar para
aquellas oraciones indecisas, tentativas y de una esperanza a medias en que se dice: "si es tu
voluntad".
Al mismo tiempo, comencé a orar por otros con la esperanza de que ocurriera algún
cambio. Estoy agradecido por el hecho de que no esperé hasta que yo fuera perfecto, o
hasta que tuviera todo arreglado, para comenzar a orar por otras personas.
"Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y
os será hecho" (Juan 15:7).
El hecho de entender que la obrade la oración envuelve un proceso de aprendizaje, nos
salva de descartarla arrogantemente por considerarla falsa e irreal. Si nosotros encendemos
nuestro televisor y éste no funciona, no declaramos que no es verdad que existen las ondas
de televisión en el aire. Suponemos que algo está malo, algo que podemos hallar y corregir.
Revisamos el toma-corriente, el interruptor, los tubos, hasta que descubramos qué es lo que
está bloqueando el flujo de la misteriosa energía que transmite imágenes por el aire.
Podemos saber si se ha hallado el problema y se ha arreglado al ver si el televisor funciona
o no. Así ocurre con la oración. Podemos determinar si estamos orando bien, al ver que lo
que pedimos ocurre. Si no ocurre, entonces buscamos el "daño". Tal vez estamos orando
equivocadamente; tal vez algo dentro de nosotros necesita cambiar; tal vez haya nuevos
principios sobre la oración que debemos aprender; tal vez necesitamos paciencia y
persistencia. Oímos, hacemos los ajustes necesarios y volvemos a hacer la prueba. Podemos
saber que nuestras oraciones están recibiendo respuesta en forma tan cierta como podemos
saber si el televisor está funcionando.
Uno de los aspectos más críticos al aprender a orar por otros consiste en ponernos en
contacto con Dios, de tal modo que su vida y su poder puedan ser canalizados a través de
nosotros hacia otros. A menudo, suponemos que estamos en contacto con Dios cuando en
realidad no lo estamos. Por ejemplo, docenas de programas de radio y televisión pasaron
por el sitio donde estás mientras leías estas palabras, pero no los oíste porque no estabas
sintonizando el respectivo canal. A menudo, las personas oran y oran con toda la fe del
mundo, pero no ocurre nada. Naturalmente, no están sintonizando el canal.
Comenzamos a orar por otros en el momento que nos concentramos y oímos el apacible
trueno del Señor de los ejércitos. El hecho de ponernos a tono con el aliento divino es una
obra espiritual; pero sin ese 52 Alabanza a la disciplina La disciplina de la oración 53
aliento nuestra oración es una vana repetición (Mateo 6:7).Para tener éxito en la
intercesión, el primer requisito es oír al Señor, y también es el segundo y el tercero. Soren
Kierkegaard dijo una vez: "Un hombre oraba, y al principio pensó que la oración era hablar.
Pero se fue tranquilizando más y más hasta que al fin comprendió que la oración es
escuchar"."
Entonces, lo primero que hay que hacer para aprender a orar por otros es escuchar la
dirección del Señor.
Pero cuando oímos, aprenderemos la importancia de comenzar con cosas más pequeñas
como resfriados o dolores de oído. El éxito en los pequeños ángulos de la vida nos da
autoridad para las asuntos mayores. Si nos quedamos quietos, no sólo aprenderemos quién
es Dios, sino también cómo funciona su poder.
Si tienes un sentimiento de compasión, ésa es una de las más claras indicaciones de parte
del Señor, en el sentido de que tal caso es un proyecto de oración para ti. En los ratos de
meditación puede venirte un impulso de corazón, un apremio a interceder, una certidumbre
de que es algo apropiado, un fluir del Espíritu Santo. El "sí" interno es la autorización
divina para orar por determinada persona o situación. Si la idea está acompañada por un
sentido de pesadez o desánimo, entonces probablemente debieras apartarla. Dios dirigirá a
alguna otra persona para que ore por ese asunto.
Nunca debiéramos complicar demasiado la oración. Tenemos la inclinación a hacer esto
tan pronto como entendemos que la oración es algo que tenemos que aprender. También es
fácil rendirnos a esta tentación, pues cuanto más compliquemos la oración tanto más las
personas dependerán de nosotros para aprender a orar. Pero Jesús nos enseñó a acudir como
niños al Padre. Franqueza, honestidad y confianza caracterizan la comunicación del niño
con su padre. Hay una intimidad entre el padre y el hijo que da lugar tanto a la seriedad
como a la risa
Según la obra Saint Joan de George Bernard Shaw, Juana de Arco insistió en que ella oía
voces procedentes de Dios. Los escépticos le informaron que esas voces procedían de la
imaginación de ella. Sin alterarse, ella contestó: "Sí, así es como Dios me habla". La
imaginación le abre la puerta a la fe. Si podemos "ver" con los ojos de nuestra mente que
una pareja matrimonial separada está unida, o que una persona enferma está sana, sólo
queda un corto paso para creer que tal cosa sucederá.
Dios desea que las relaciones conyugales sean saludables, íntegras y permanentes. Tal vez
sepas de alguna pareja matri- 56 Alabanza a la disciplina La disciplina de la oración 57
monial que tiene profundas dificultades f necesita tu ayuda. Tal vez el esposo tenga una
aventura am~rosa. Piense en orar una vez al día durante 30 días por este nlatrimonio.
Imagina mentalmente una acción en que el esposo al encontrarse con la otra mujer se siente
consternado y disgustado por haber tenido alguna vez el pensamiento de entrar en esta
aventura con ella. Observa el momento en que el mismo pef!.samiento de una relación
amorosa ilícita se vuelve repugnante para él. Imagínalo en el momento de entrar a su propia
casa Y al ver a su esposa lo abruma un profundo amor hacia ella. jmagfnalos dando un
paseo los dos y en el paseo se enamoran como lo habían hecho años antes. "Vea" cómo va
creciendo la capacidad de ellos para estar accesibles el uno al otro, para hablar Ypara
manifiestarse afecto. De manera imaginaria, edifica una. gran muralla de amor y
consideración para el esposo y su propia esposa. Llénalo de la paz de Cristo.
Tu pastor y los servicios de adoración necesitan estar empapados de oración. Pablo oró por
su pueplo; pidió a su pueblo que orara por él. C. H. Spurgeon atribuyó su éxito a las
oraciones de su iglesia. Frank Laubach decía a sus auditorios: "Soy muy sensible, y sé si
ustedes están orando por mí. Si alguno de ustedes me deja abandonado, yo lo siento.
Cuando ustedes están orando por mí, yo siento un extraño poder. Cuando todas las personas
de la congregación oran inten13amente mientras el pastor está predicando, ocurre un
milagro"." Satura los servicios de adoración con tus oraciones. Imagínate al Señor en su
trono alto y sublime y que llena el santutlrio con su presencia (Isaías 6:1).
Se puede orar por la persona que tiene desviaciones sexuales, con la seguridad de que
puede ocurrir un cambio real y duradero. Lo sexual es como un río: Es bueno y es una
bendición maravillosa cuando se mantiene dentro de su propio canal. Cuando el río se
desborda se vuelve peligrOSO, y así son también las tendencias sexuales pervertidas.
¿Ctláles son los bordes creados por Dios para lo sexual? Se expresan de la siguiente
manera: que un hombre se una con una Jllujer en matrimonio de por vida. Se siente gozo al
orar por illdividuos que tienen problemas sexuales; uno se representa mentalmente un río
desbordado e invita al Señor para que lo vuelva a su cauce natural.
Tus propios hijos pueden y deben cambiar por medio de la oración. Durante el día ora por
ellos y con la participación de ellos. Ora por ellos de noche mientras están dormidos. Una
manera deleitosa consiste en ir al dormitorio del niño y mientras él duerme, colocar
levemente las manos sobre él. Imagínate que el poder de Cristo fluye a través de tus manos
y sana todo trauma emocional y todo sentimiento herido que tu hijo haya experimentado
ese día. Llénalo con la paz y el gozo del Señor. Durante el sueño, el niño es muy receptivo a
la oración, pues la mente consciente, la cual tiende a eregir barreras ante la bondadosa
influencia de Dios, se relaja.
Como sacerdote de Cristo, puedes realizar un maravilloso servicio al tomar a tus hijos en
los brazos '.S hendecirlna. SelbÚn la Biblia, los padres no le presentaron los niños a Jesús
para que él jugara con ellos ni siquiera para que los enseñara; sino para que pusiera las
manos sobre ellos y los bendijera (Marcos 10:13-16). El te dio la capacidad de hacer lo
mismo. [Bienaventurado el niño que es bendecido por adultos que saben bendecir! Una
excelente idea desarrollada por Frank Laubach en sus numerosos libros sobre la oración es
el método de las "oraciones rápidas". ¡El se propuso aprender a vivir de tal modo que "¡ver
a alguien sería orar! ¡Oír a alguien, a estos niños hablando, a ese muchacho llorando, podría
ser orar!"[Link] de lanzar oraciones firmes y directas a la gente es una gran emoción y
puede producir interesantes resultados. Yo he hecho la prueba. Internamente he pedido el
gozo del Señor y una profunda conciencia de que su presencia surja dentro de cada persona
que encuentro. Algunas veces las personas no manifiestan ninguna respuesta, pero otras
veces dan la vuelta y me sonríen, como si les hubiera dirigido la palabra.
No debemos esperar hasta sentir el deseo de orar por otros. La oración es como cualquier
trabajo: Tal vez no sintamos el deseo de hacerlo, pero tan pronto como hayamos estado un
rato realizándolo, comenzamos a sentir el deseo de trabajar. Tal vez no tengamos el deseo
de practicar en el piano, pero tan pronto como tocamos un rato, sentimos el deseo de seguir
haciéndolo. De la misma manera, los músculos de nuestra oración necesitan hacer
ejercicios preliminares durante un rato, y tan pronto como comienza el fluir sanguíneo de la
intercesión, descubriremos que tenemos el deseo de orar. No tenemos que preocuparnos en
el sentido de que este trabajo nos tomará demasiado tiempo, porque "No toma tiempo, sino
que ocupa todo el tiempo"." El asunto no consiste en agregar oración al trabajo, sino en orar
simultáneamente con el trabajo. Nosotros oramos antes del trabajo, envolvemos nuestro
trabajo en oración y oramos después del trabajo.
Aún nos queda mucho por aprender. Ciertamente, al anhelo de nuestros corazones se sumó
al del arzobispo Tait cuando dijo: "Quiero una vida de oración más grande, más
profunda, más verdadera". 15