¿Qué es el acompañamiento espiritual en clínica?
Los profesionales sanitarios que trabajamos con personas con enfermedades avanzadas,
progresivas e incurables debemos cuidarlas y acompañarlas en un proceso que culmina con el
cierre de su biografía lo más sereno posible. En este entorno, el modelo biomédico, con el que
nos manejamos habitualmente, no es operativo. Aquí el protagonismo deja de ser la
enfermedad, para centrarnos en la persona y su proceso. Atender a las personas exige, además
de cuidar exquisitamente sus síntomas físicos, explorar y cuidar los aspectos emocionales y
sociales, atender el sufrimiento, y para ello es fundamental entender y atender su dimensión
trascendente.
Partiendo de un modelo antropológico que reconoce el valor intrínseco de la persona, su
dignidad y valor ontológico, las personas tenemos una naturaleza esencial, en la que anclamos
el sentido y el propósito de la vida, nuestros valores y creencias, y que llamamos nuestra
dimensión espiritual. Desde hace décadas, la espiritualidad y el acompañamiento espiritual se
han abierto –a nivel internacional, y como respuesta a la necesidad de un cuidado integral– su
espacio en el ámbito clínico y académico.
Espiritualidad en clínica. ¿De qué hablamos?
La enfermedad, el sufrimiento y la proximidad de la muerte son situaciones especiales de
crisis/oportunidad en la biografía de la persona. Atender estas situaciones nos obliga a evaluar
y acompañar sus recursos y necesidades espirituales. Disponemos de varias definiciones de
espiritualidad en la clínica. En 2008, el Grupo de Trabajo sobre Espiritualidad de la Sociedad
Española de Cuidados Paliativos SECPAL (GES) propuso entender la espiritualidad como “el
dinamismo que impulsa nuestro anhelo de plenitud y que se expresa a través de la búsqueda
de sentido, de coherencia con los propios valores, de conexión armónica con los demás y de
trascendencia”. Según la conferencia de expertos de Ginebra de 2013: “La espiritualidad es un
aspecto dinámico e intrínseco de la humanidad a través del cual las personas buscan un
significado, un propósito y una transcendencia últimas y experimentan una relación consigo
mismos, con la familia, con los demás, con la comunidad, la sociedad, la naturaleza, con lo
significativo y con lo sagrado”. Todas las definiciones presentan la espiritualidad como un
dinamismo y conciben la persona como ser en relación y dotado de una dimensión
trascendente. Las tradiciones de sabiduría y las religiones han elaborado marcos conceptuales,
ritos y preceptos para indicar el camino hacia la experiencia espiritual, aunque ninguna puede
apropiarse exclusivamente de esta realidad que inspira y trasciende toda creencia.
En la biografía de muchas personas existen momentos que favorecen el despertar espiritual; es
lo que conocemos como experiencias cumbre. Estas se pueden dar en situaciones de profundo
bienestar, como el encuentro con la naturaleza, la contemplación del arte, la vivencia de la
música, en la relación íntima y conexión con otra persona… También surgen en situaciones de
crisis profunda, ante la amenaza a la pérdida de nuestra integridad. En estos momentos, se
abre la oportunidad de revisar y reconstruir a otro nivel su propia identidad.
Acompañamiento espiritual en clínica
La experiencia de enfermedad supone una crisis en la persona enferma y en los seres queridos
que acompañan este proceso. Como profesionales sanitarios, debemos tomar conciencia de la
necesidad de cuidar y acompañar el proceso interno que el paciente y su familia están
viviendo. Para ello, el Grupo de Espiritualidad de SECPAL propuso un modelo que entiende a la
persona como un ser en relación que esquematizamos en tres niveles: nuestra propia
interioridad, con los demás y con la trascendencia, entendidos así:
1. Nivel intrapersonal. Referido a la relación de la persona consigo misma con respecto a su
coherencia con los valores y con el sentido de su vida.
a) Coherencia con los propios valores y armonía entre lo que se anhela, se piensa, se siente, se
dice y se hace.
b) Sentido de la propia existencia.
2. Nivel interpersonal. Referido a la calidad y armonía de nuestra relación con las personas
significativas en nuestra biografía.
a) Conexión: amar y ser amado.
b) Necesidad de perdón y reconciliación: cuando falta armonía en la relación con las personas
significativas.
3. Nivel transpersonal. Referido a la relación de la persona con lo Sagrado, lo Trascendente,
con Dios (si es creyente).
a) Pertenencia a una realidad superior, de la que formamos parte, que nos incluye, sostiene y
trasciende, y en la que nos podemos abandonar, sea cual sea el nombre que le demos.
b) Trascendencia, como la capacidad abrirnos a la percepción de lo sublime y a lo sagrado.
Estos niveles nos pueden ayudar a entender y explorar los recursos y las potenciales fuentes
de sufrimiento y acompañar al paciente en su viaje interior, que se da con un itinerario que
puede evolucionar desde el sufrimiento hacia la aceptación y trascendencia. Este itinerario y
cómo acompañar merecen ser conocidos por los profesionales que les cuidamos. Entre las
necesidades espirituales, destacan:
a) necesidad de ser reconocido como persona;
b) necesidad de volver a leer su vida;
c) necesidad de encontrar sentido a la existencia y el devenir: la búsqueda de sentido;
d) necesidad de perdonarse;
e) necesidad de reconciliación;
f) necesidad de amar y ser amado.
La persona que quiera acompañar en el proceso del morir debe proveerse de las herramientas
adecuadas, de la consistencia interna, de la humildad, la confianza y el coraje que surgen de
una mente serena y compasiva, cultivando la propia dimensión espiritual, teniendo en cuenta
que no deben ser consideradas como un residuo religioso que se intenta enganchar de forma
artificiosa a un mundo laico, sino un rasgo antropológico universal, extensible a todo ser
humano, tenga o no creencias religiosas. El cuidado y el acompañamiento se basan en las
actitudes del profesional ante la experiencia de enfermedad. Debemos partir de una actitud de
respeto profundo, considerando que cada persona vive el proceso de su enfermedad según sus
valores, creencias, recursos y biografía, es decir, de forma única.
El modelo de acompañamiento de la SECPAL plantea la importancia del “profesional como
herramienta”, basando su intervención en tres actitudes clave: la Acogida, la Presencia y la
Compasión:
1. Acogida. Supone la aceptación incondicional de la persona, sin juicios. Es necesaria para
crear el espacio de seguridad y confianza, para que el paciente sienta que puede explorar sin
miedo su malestar para acceder a sus propios recursos y trascender su sufrimiento.
2. Presencia. Relacionada con la atención plena y profunda que prestamos a cada persona que
atendemos, mostrando que, en ese momento, lo más importante es acompañarlos, estar con
ellos. Transmitir una atención serena y ecuánime, anclada en la propia presencia del
profesional.
3. Compasión, a diferencia de la pena o la lástima, que surgen del miedo al contagio del
sufrimiento ajeno y condicionan una actitud paternalista, que nos distancia del paciente. La
compasión es el nombre que toma el amor cuando se encuentra con el sufrimiento, es la
empatía en acción eficiente para aliviar el sufrimiento.
El acompañamiento requiere de competencias específicas ya identificadas por la EAPC en las
que los profesionales nos debemos formar para cuidar de forma integral a los pacientes y a sus
familias. Nuestra formación para el acompañamiento espiritual es uno de los retos que
tenemos para desarrollar una atención paliativa de calidad.
Por Mónica Dones y Enric Benito
PARA SABER MÁS:
1. Benito E, Barbero J, Dones M. ‘Espiritualidad en clínica. Una propuesta de evaluación y
acompañamiento espiritual en cuidados paliativos’. Monografías nº 6 SECPAL. 2014. Madrid.
2. Puchalsky C, Vitillo R, Hull S.K., Reller N. ‘Improving the Spiritual Dimension of Whole Person
Care: Reaching National and International Consensus. Journal of Palliative Medicine. 2014; 17
(6): 1-15.
3. Benito E, Dones M, Babero J. ‘El acompañamiento espiritual en cuidados paliativos’.
Psicooncología. 2016; 13(2-3): 367-384.
4. Benito E, Mindeguía M. ‘La presencia: el poder terapéutico de habitar el presente en la
práctica clínica’. Psicooncología. 2021; 18(2): 371-385.
5. Best M, Leget C, Goodhead A, Paal P. ‘An EAPC white paper on multi-disciplinaryeducation
for spiritual care in palliative care’. BMC Palliative Care. 2020; 19:9.