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Dones Yfrutos

Los dones del Espíritu Santo son 7 Los frutos del Espíritu Santo son 12 Los dones construyen al cristiano, los frutos son el resultado hacia la comunidad de la acción del Espíritu en el cristiano

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7

9. Fidelidad. Una persona fiel es la que cumple sus deberes, aún los más
pequeños, y en quien los demás pueden depositar su confianza. Nada hay
comparable a un amigo fiel –dice la Sagrada Escritura-; su precio es dones del Espíritu Santo:
incalculable. Ser fieles es una forma de vivir la justicia y la caridad.

10. Modestia. Una persona modesta es aquella que sabe comportarse de Entendimiento: lo necesitamos para comprender los misterios divinos, la
modo equilibrado y justo en cada situación, y aprecia los taletos que posee, relación entre la Cruz y la Trinidad, entre la Cruz y la paternidad de Dios;
sin exagerarlos ni empequeñecerlos, porque sabe que son un regalo de Dios para intuir en este misterio divino el de nuestra vida y de nuestra muerte. Lo
para ponerlos al servicio de los demás. Este fruto del Espíritu Santo se necesitamos para comprender cómo el misterio de Dios se revela en nuestro
refleja en el porte exterior de la persona, en su modo de hablar y de vestir, tiempo; para comprender cómo Jesús crucificado y resucitado vive entre
de tratar a la gente y de comportarse socialmente. La modestia es atrayente nosotros y podemos encontrarlo; para comprender cómo el Espíritu Santo
porque refleja la sencillez y el orden exterior. está actuando en medio de nosotros y podemos dejarnos vivificar por Él. Lo
necesitamos para hacernos descubrir entre los pliegues de la vida cotidiana
11 y 12. Continencia y Castidad. Estos frutos están relacionados con la la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para hacernos
pureza del alma, en una misma frase: Como por instinto, el alma está contemplar en nuestras cruces la presencia del Resucitado.
extremadamente vigilante para para evitar lo que pueda dañar la pureza
interior y exterior, tan grata al Señor. Estos frutos, que embellecen la vida
cristiana y disponen al alma para entender lo que a Dios se refiere, pueden
recogerse aún en grandes tentaciones, si se quita la ocasión y se lucha con
decisión, sabiendo que nunca fallará la gracia del Señor.

Ciencia: Es la capacidad de referir a Dios todas las cosas del mundo,


yendo más allá de las apariencias y comprendiendo el valor simbólico,
relativo, de toda criatura con respecto al ser y al misterio de Dios, de aquel
que lo ha creado todo. Es capaz de contribuir a la búsqueda del significado
último y de las urgencias penúltimas frente a las cuestiones y a los desafíos
culturales y éticos más variados. Con él es posible captar los signos de los
tiempos y los fermentos evangélicos presentes en todas partes, incluso en
las situaciones aparentemente más cerradas a la luz de la verdad revelada.
Es posible comprender las necesidades concretas de una determinada
comunidad y trazar para ella un proyecto adecuado. He aquí donde se halla
contenida la ciencia del amor.

Consejo: Es el saber orientarse en la complejidad moral de la vida. Es


acudir prácticamente a los motivos de la Fe al obrar. Nos permite ver todo a
la luz de la eternidad, en el querer de Dios, Padre bueno. Forma
personalidades fuertes, tranquilas, seguras de sí mismas; por el contrario, la
acción del espíritu del mal consiste en llevarnos a la tristeza, a replegarnos
sobre nosotros mismos, a una confusión que bloquea la mente, a una
ansiedad que lacera e impide decidirse, haciéndonos permanecer siempre en
el mismo punto.
Temor de Dios: Miedo reverencial y respetuoso que se debe tener de
agraviar a un Dios tan bueno. Es un amor a Dios consciente de la propia
fragilidad y, por consiguiente, de la posibilidad de ofender al Señor, de
perder su amistad. El temor de Dios ve el actuar moral no como simple
obediencia a una ley, sino como una relación con una persona; relación
12 frutos del Espíritu Santo:
personal con Dios Padre, con el Señor Jesús. Por consiguiente, el temor de
Los 12 Frutos del Espíritu Santo son mencionados en la Carta de San Pablo
Dios nos permite vivir el actuar moral con toda la delicadeza, el respeto, la
a los Gálatas (Ga 5,22-23). El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña
diligencia, el afecto que expresa la relación verdadera con una persona, y
que los Frutos del Espíritu son perfecciones que el Espíritu Santo forma en
que exige la relación con Dios mismo, Padre y Señor. Es el temor de faltar,
nosotros como primicias de la gloria eterna. Cuando el alma es dócil a las
de no estar a la altura de tan grande amor y, al mismo tiempo, el fuerte
inspiraciones del Espíritu Santo, se convierte en el árbol bueno que se da a
deseo de ser totalmente de Dios. Las actitudes contrarias al temor de Dios
conocer por sus frutos.
son la superficialidad, el facilismo, la trivialidad en la oración y en la vida.
1. Caridad Es el primer y principal fruto del Espíritu Santo. El amor, la
Fortaleza: Vencer el temor y huir de la temeridad. Es la victoria sobre el
caridad, es la primera manifestación de nuestra unión con Cristo. La caridad
miedo a la muerte y a cualquier otro mal, porque sabe que está en los
delicada y operativa con quienes conviven o trabajan en nuestros mismos
brazos del Padre que no lo abandona nunca. Es el don que nos da la
quehaceres es la primera manifestación de la acción del Espíritu Santo en el
capacidad de profesar la Fe, incluso en las contradicciones y en los peligros.
alma.
El caso más serio del don de la fortaleza es el martirio, la superación del
miedo a la muerte, simplemente porque estamos en las manos de Dios. 2. Gozo La alegría es consecuencia del amor, por eso al cristiano se le
Perfecciona la virtud de la Esperanza, llevándola al heroísmo, a la superación distingue por su alegría, que permanece por encima del dolor y del fracaso.
del miedo a la muerte.
3. Paz La paz, fruto del Espíritu Santo, es ausencia de agitación y el
Piedad: Don que inspira, por el amor a Dios, tierna devoción a las cosas descanso de la voluntad en la posesión estable del bien. Esta paz supone la
santas; y por el amor al prójimo, actos de amor y compasión. Nos hace orar lucha constante contra las tendencias desordenadas de las propias pasiones.
con gusto y de buena gana, con entusiasmo. Nos coloca en condiciones de
vivir la oración de los hijos que gritan a Dios invocándolo con el apelativo: « 4. Paciencia Las almas que se dejan guiar por el Paráclito producen el
¡Padre!». Es la capacidad de hablar con Dios filialmente, con ternura; de fruto de la paciencia, que lleva a soportar con igualdad de ánimo, sin quejas
alabarlo y adorarlo. Es la orientación del corazón y de toda la vida para ni lamentos estériles, los sufrimientos físicos y morales que toda vida lleva
adorar a Dios como Padre, para rendirle el culto que lo reconoce como consigo.
fuente y meta de todo don auténtico. Es la ternura hacia Dios, el estar
enamorados de Él y el deseo de rendirle gloria en cada cosa. Es, por otra 5. Longanimidad Este fruto del Espíritu Santo da al alma la certeza de
parte, el don de la sensibilidad en la relación humana, que nos permite que –si pone los medios, si hay lucha ascética, si recomienza siempre- se
tratar a todos con la mayor delicadeza, con amabilidad. realizarán esos propósitos, a pesar de los obstáculos objetivos que se
pueden encontrar, a pesar de las flaquezas y de los errores y pecados, si los
Sabiduría: Conducta prudente en la vida. Es el don de verlo todo con los hubiera.
ojos de Dios, con su mirada. Sabiduría significa precisamente «sabor». Es
6. Benignidad Es esa predisposición del corazón que nos inclina a hacer el
una penetración amorosa que percibe el sabor de los misterios de Dios. Y
bien a los demás. Este fruto se manifiesta en multitud de obras de
esa sabiduría se les da también a las personas más sencillas, e incluso más
misericordia, corporales y espirituales, que los cristianos realizan en el
a ellas que a los otros. Es el don que permite enmarcar cada problema en un mundo entero sin acepción de personas.
marco más amplio: el marco de la verdad completa, de la verdad auténtica.
Lo que es opuesto a la sabiduría es la falta de sabor de las cosas de Dios, la 7. Bondad Es una disposición estable de la voluntad que nos inclina
carencia del sentido del misterio, del sentido de la providencia... Es la querer toda clase de bienes para otros, sin distinción alguna: amigos o
enemigos, parientes o desconocidos, vecinos o lejanos.
historia de un hombre que ha hecho sus cuentas sin Dios, sin la muerte, sin
tener presente la verdad de la vida; de quien vive sin sentido, preocupado 8. Mansedumbre. El alma que posee este fruto del Espíritu Santo no se
solamente por el presente; de quien no comprende, en los acontecimientos impacienta, ni alberga sentimientos de rencor ante las ofensas o injurias que
oscuros o contrarios a las expectativas comunes, el designio de Dios. recibe de otras personas, aunque sienta –y a veces muy vivamente por la
mayor finura que adquiera en el trato con Dios- las asperezas de los demás,
los desaires, las humillaciones.

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