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LA SANTIDAD ES POSIBLE (Alejandro García Martínez)

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☀️

LA SANTIDAD: ¿ESO QUÉ ES? .............................................. 4

¡VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO! ............................... 5

¿”GRACIAS”? ¿POR QUÉ TENDRÍA QUE DECIR YO ESO? ...... 6

¡LA CANCIÓN DE SHAKIRA! ................................................. 7

LA SOCIEDAD DEL EGOÍSMO ............................................... 8

QUIEN NO VIVE PARA SERVIR… .......................................... 9

ODIAR. ¿NI SIQUIERA A PERRO SÁNCHEZ? ....................... 10

¡DIOS SIEMPRE PREMIA LA FE! ........................................... 11

El AMOR ............................................................................. 12

LA TRADICIÓN: ¿UN SEÑOR CON BIGOTE? ....................... 13

¿MONOTONÍA? ¡NO! .......................................................... 14

DIVIDE… ¡Y VENCERÁ (EL DEMONIO)! ............................... 14

LA ORACIÓN: HABLAR CON DIOS...................................... 16

SANTO TOMÁS, ¿ME ENSEÑAS A REZAR? .......................... 18

PERDONA NUESTRAS OFENSAS… ...................................... 19

… COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE


NOS OFENDEN ................................................................... 23

AMAR AL PRÓJIMO… ¿COMO A MÍ MISMO? ...................... 25

2
LA EUCARISTÍA… ¡Y ALGUNOS MILAGROS! ....................... 28

¡LA RESURRECCIÓN! .......................................................... 32

QUIEN TIENE UN AMIGO, TIENE UN TESORO .................... 39

LOS NIÑOS: ¿LA ESPERANZA DEL MUNDO? ....................... 42

¿LA CASTI…QUÉ? LA CASTIDAD ....................................... 48

LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL Y LA PARROQUIA .................. 51

LA EVANGELIZACIÓN DIGITAL .......................................... 51

AMAR A LOS DEMÁS… POR ENCIMA DE SUS


IMPERFECCIONES .............................................................. 52

La humildad ...................................................................... 53

¡LA FELICIDAD! .................................................................. 56

EL SHH…ILENCIO ............................................................... 57

LA ADORACIÓN AL SANTÍSIMO ......................................... 58

¡HAY ESPERANZA! .............................................................. 59

LA EVANGELIZACIÓN ........................................................ 60

VIRGEN MARÍA: MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA ...... 61

LA SANTIDAD: ¿ES REALMENTE POSIBLE? ........................ 62

¡SIN MIEDO AL FRACASO DEL MUNDO! ............................. 63

3
MI PEQUEÑEZ

“Dios no inspira deseos irrealizables; puedo, por lo tanto, a pesar de mi pequeñez,


aspirar a la santidad” (Santa Teresita de Jesús).

Comienzo este libro poniéndome en la presencia de Dios y compartiendo las


palabras de una incansable sierva Suya, Santa Teresita de Jesús, cuya humildad es
un ejemplo para todo aquel que quiera vivir su Fe como se debe: en la búsqueda
de la santidad. Así pues, comparto sus palabras dentro de mi alma, aunque
indignamente, pues no la llego ni a la suela de las sandalias.

En este libro, pretendo dar un mensaje importante: LA SANTIDAD ES POSIBLE.

Para ser conscientes de ello, primero debemos hacer una aproximación sobre qué
es la santidad.

LA SANTIDAD: ¿ESO QUÉ ES?

La santidad no consiste en honor, fama o talento. La santidad consiste en dejarse


hacer por la Gracia de Dios, que usa a una persona como instrumento por amor a
todos. El santo es el espejo en el que se refleja el pecador (en este caso yo, tan
pequeño y malo). La santidad de una persona culmina cuando llega al Cielo, pero
empieza aquí y ahora, en el preciso instante en el que estás leyendo esto.

Si os encerráis en el baño con la luz apagada y alumbráis con una linterna al


espejo, podréis comprobar fácilmente que el espejo refleja la luz de la linterna.
De la misma manera, el santo (en potencia) refleja la Luz de nuestro Señor.

4
¡VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO!

Así como el espejo refleja la luz de una linterna, nosotros estamos llamados a
reflejar la Luz de Dios, sin olvidar que una pequeña Luz (o, en su defecto, el espejo
que La refleja) brilla más en la oscuridad.

Cristo es la Luz, la Verdad, el Camino y la Vida.

"«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se la
salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los
hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada
en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo
del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en
la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos" (Mateo 13, 16).

En la oscuridad que hoy vivimos, Te doy gracias, oh, Señor, Santo de los santos,
por mi padre Antonio, por mi Padre Dios (Santísima Trinidad Un Solo Dios), por
mi madre Almudena, por mi inmaculada Madre María, por mi hermano Javier,
por todos mis hermanos miembros de la Iglesia, por toda mi familia (abuelos, tíos,
primos, etc.), por todos mis amigos y conocidos y, ¿por qué no?, por todos mis
enemigos.

Todos ellos son, en mayor o menor medida, intencionada o inintencionadamente,


reflejo de Tu Luz, y a todos ellos los conoces y los quieres. Si queremos ser santos,
debemos ser conscientes de que Dios, que es el Dios de la Bondad, nos ama a
todos, sin excepciones. Debemos, entonces, a imitación Suya, esforzarnos por
amar nosotros también a todos, a aquel con el que nos llevamos bien y a aquel
con el que nos llevamos mal.

Comienzo esta disertación sobre la santidad agradeciéndote y pidiéndote, oh,


misericordioso Dios, por todos ellos, así como por todas las benditas ánimas del
Purgatorio y para que, si es esa Tu Voluntad, me santifiques, para el bien de las
almas que tanto quiero y de mi alma, que tan sucia y somnolienta espera en Ti, o
cree hacerlo. Gracias, Dios, por ser tan bueno.

5
¿”GRACIAS”? ¿POR QUÉ TENDRÍA QUE DECIR YO ESO?

¡Qué bueno eres, Dios! ¡Y qué buenos son María y José!

Dice Santa Teresa de Calcuta que donde hay amor está Dios.

No quiero ser santo para mí. Eso sería absurdo, ya que la santidad es vivir para
Dios y para el prójimo, no para uno mismo.

El santo llena de amor este mundo de odio. Este mundo que, a pesar de ser
esencialmente odiador, tiene, gracias a Ti, consuelos maravillosos, como los
sacramentos (especialmente la Eucaristía y la Reconciliación) y la familia.

Mis padres y mi hermano son un regalo que no merezco pero sí agradezco. Son,
pese a sus defectos (que en número seguramente sean menos que los míos), un
trocito de Cielo. Seguro que tú, lector, también tienes personas por las que
agradecer al Señor. Por lo menos, por tu ángel de la guarda, que siempre te
acompaña y te trata de llevar a Dios, por tu vida, por la inocencia de los niños, por
tu patria, por tus conocidos, por tus amigos, por tus familiares,…

Agradéceselo en la oración y demuestra tu agradecimiento amándolos y


tratándoles con todo tu amor. Es muy beneficioso que siempre agradezcamos a
Dios por tantas cosas que nos da gratuitamente y pidamos por aquellas almas a
las que podamos ayudar con la oración.

“Al conocer lo que Dios nos ha dado, encontraremos muchísimas cosas por las
que dar gracias continuamente” (San Bernardo).

Dijo nuestra querida Madre en San Sebastián de Garabandal (España): “Os quiero
mucho y no quiero vuestra condenación”. Para ello, con la Palabra, Dios eterno,
nos dejas pequeños “trucos”. En la Misa de hoy han leído: “no endurezcáis
vuestro corazón” (Hebreos 3, 8). Mi corazón es de piedra, pero se ablanda con Tu
Amor. Gracias, Señor, por hacerlo. ¡Qué bueno eres y qué felicidad!

Frente a la sociedad de la queja constante, debemos reflejar la Luz de Cristo en


pequeñas cosas, como teniendo una actitud de agradecimiento.

6
Santa Gianna Beretta Molla dijo que “el secreto de la felicidad es vivir cada
momento y agradecer a Dios por todo lo que en Su Bondad Él nos envía, día tras
día”.

Agradecer a Dios y al prójimo, a la vez que no exigir o buscar el agradecimiento


de los demás por nuestras acciones, nos ayuda a ser más humildes. Además, nos
ayuda a marcar la diferencia en esta sociedad, que va corriendo apresurada y
peligrosamente hacia el abismo.

Esta sociedad tiene motivos de sobra para quejarse, pues la precariedad cada vez
está más presente y se están perdiendo los valores que nos han hecho siempre
grandes, pero sin embargo decide hacer de la queja su forma de vida,
comprendiéndola como fin en vez de como medio, y encima lo hace para
perpetuar más ese erróneo modelo de vida sin Fe y sin amor, en vez de luchar por
el derecho a poder formar una familia, a vivir plenamente la Fe, a la educación,
por la dignidad y la vida de todos, etc.

Una sociedad que se rompe y permanece esclava de sus propias pasiones siempre
andará en la queja y en el egoísmo. “Para muestra, un botón”…

¡LA CANCIÓN DE SHAKIRA!

Hoy, el tema de moda, la tendencia, es una canción que ha sacado una cantante
‘poniendo verde’ a su exmarido, el cual previamente la había ‘puesto los cuernos’,
lo cual está muy de moda actualmente “gracias” a los nefastos programas basura
que echan en la televisión, que consisten en la queja y la exaltación de la
infidelidad y de la prostitución no remunerada.

La cantante y su exmarido tienen dos hijos en común. El mundo aplaude…

7
LA SOCIEDAD DEL EGOÍSMO

Qué horrible es la causa de este suceso: una sociedad comprometida en la defensa


común de la suma de egoísmos particulares… Qué terrible es, también, la
consecuencia de esto: divorcios, custodias compartidas, lucha de sexos
(feminismo), homosexualismo, hipersexualismo, egocentrismo, anticatolicismo,
degeneración, relativismo, etc.

Me pregunto qué sentirán esos dos pequeños…, o, mejor aún, qué sentirán esas
pobres almas que, por dejarse llevar por esta sociedad a merced de las olas de ‘la
tendencia’, ellas solas se condenaron al Infierno. ¡Qué podredumbre!

Pero no he venido a aquí a criticar, la crítica destructiva está mal, deriva de la


soberbia de creerse mejor, y no debemos vivir insertos en la crítica… Vengo a
pedirte que nos ayudes.

Sé que la ‘libertad minor’ (libre albedrío) es el principio que usas para que nos
convirtamos a Ti por amor y no por pura conveniencia, pero también sé que Tu
Misericordia es infinita y Tu tesoro de Compasión inagotable, como revelaste a
Santa Faustina Kowalska. Ayúdanos, pues, Tú que nos amas como nadie nos
puede llegar a amar. Líbranos del egoísmo y llénanos de Tu Amor. Santifícanos.

Sufro mucho por todos, por cómo Te ofendemos (yo incluido), y Te suplico que,
como a pesar de mi pequeñez e inutilidad hiciste conmigo, puedas convertir todos
los corazones de aquellos que amo en “sagrarios” vivos de amor a Ti, oh, Rey
celestial.

Debemos ser conscientes de que cada vez que pecamos Te clavamos una espina
más en la frente, añadimos un kg más de peso a Tu Cruz, Te lanzamos un
escupitajo más…, y cada vez que hacemos una buena acción Te limpiamos la
Sangre, como María. Tú, que eres el Amor hecho Hombre y Divinidad, imprime Tu
Amor en nosotros, para poder decir “NO” al morbo, a la falta de amor, al
egoísmo… y podamos así en un futuro disfrutar juntos de la Patria Celestial. Sé
que lo harás, porque eres bueno: Dios es el Amor en su máxima expresión. Un
Amor que ni el asesinato puede doblegar.

8
QUIEN NO VIVE PARA SERVIR…

También, de todas formas, debemos esforzarnos nosotros en permitirte entrar en


nuestro corazón y que nos hagas hacedores de Tu Voluntad, con un corazón
agradecido y desprendido. Si Jesús nos ha amado hasta el extremo, porque es lo
que Dios Padre y Su propio Corazón Le pedían, debemos nosotros también amar.
Viene muy bien para ello tener devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Quien tenía mucha devoción al Sagrado Corazón de Jesús, tan dócil, desprendido
y humilde, era Santa Teresa de Calcuta, una gran santa que entregó su vida al
Señor y a los más pobres de entre los pobres de Calcuta. Santa Teresa afirmaba
que “quien no vive para servir, no sirve para vivir”.

Como el beato Carlo Acutis dijo, “la tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo,
la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios”. Digámosle a nuestro buen Dios:
ayúdame a "en todo, amar y servir” (como San Ignacio de Loyola). Enséñame,
buen Pastor, a poner siempre mi mirada en Ti y jamás en mí mismo. Enséñame a
servir y pensar siempre en los demás antes que en mí. Enséñame a tener una
actitud de entrega, de decir, como San Agustín de Hipona, "si precisas una mano,
recuerda que yo tengo dos". Enséñame a vivir para servir.

Ya nos enseñas a amar y servir con Tu Ejemplo y con el ejemplo de tantos siervos
de Dios, venerables, beatos, santos y tantas personas comunes y corrientes que
se entregan a los demás con amor, abnegación y generosidad. La santidad
consiste en entregarse al prójimo en el Nombre y con el vigor que nos proporciona
Dios. Nuestras propias fuerzas son limitadas. Por ello, debemos pedirte siempre,
Señor, que nos ayudes y nos des fuerzas para poder mejorar. Que nos guíes. Que
nos santifiques. Enséñanos, Sumo Sacerdote, a ponernos siempre al servicio del
prójimo y de Ti. Esa es una de las bases fundamentales de la santidad.

9
ODIAR. ¿NI SIQUIERA A PERRO SÁNCHEZ?

Dios, ayúdame también a no odiar más que al pecado, lo cual a veces me resulta
complicado, sobre todo por la política. Por ejemplo, hoy, el psicópata de nuestro
“presidente” del “gobierno” (amparado por los organismos supranacionales,
como la UE) ha dado vía libre a Puigdemont y al resto de independentistas, cuyo
afán es destruir España, al suprimir hace días el grave delito de sedición. Una de
tantas…

Se odia el pecado, no al pecador.

No hay que odiar ni siquiera al peor “presidente”.

Te rezo y ruego, mi Dios y mi Señor, para que se conviertan, y para que nos
convirtamos todos, que falta nos hace.

Te quiero, Dios. Muchas gracias también porque no solo con el ejemplo de tantos
santos y buenas personas me enseñas, sino también con Tu Palabra.

Porque… “Señor, ¿a quién iremos? Solo Tú tienes Palabras de Vida Eterna” (Juan
6, 68).

10
¡DIOS SIEMPRE PREMIA LA FE!

En este caso, con “Tu Palabra” me refiero a la lectura del Evangelio del día de hoy
(en el que escribo esto), que decía que fue a Ti un leproso que Te rogó que le
limpiases, a lo que respondiste: “Quiero; queda limpio”. (Marcos 1, 40-41).

Gracias, Maestro, por premiar siempre la Fe, socio eterno y necesario de la


santidad. Gracias, porque Tú siempre miras el corazón del hombre (como bien se
indica en 1 Samuel 16).

Mi enfermedad, la diabetes, mucho menos grave que la lepra, es una gracia


especial que me concedes para poder ofrecerla por Tu Amor, en reparación por
los pecados que tanto ofenden el inmaculado corazón de María y por la
conversión de los pecadores. Yo creo, espero, adoro y Te amo, y, así, Te pido
perdón por los que no creen, no esperan, no adoran y no Te aman. Gran suerte
la mía, que puedo satisfacerte (creo) de una manera tan sencilla, tan simple y
gratuita.

La Virgen María en Fátima nos instó a ofrecer todos nuestros sufrimientos y


sacrificios a Dios, por pequeños que sean. San Agustín de Hipona decía que “las
pruebas y tribulaciones nos ofrecen la oportunidad de reparar nuestras faltas y
pecados pasados. […] La tribulación es la medicina divina”. El Señor, que se hizo
Hombre por amor, rebajándose a nuestra condición en todo menos en el
pecado, estableció una nueva forma de sufrir: con Su Pasión, da al sufrimiento,
los sacrificios y las labores y trabajos cotidianos, una dimensión redentora: si
ofrecemos nuestros esfuerzos a Dios y al prójimo, podremos hacer el bien de una
manera simplísima. Basta con decirle a Dios: Te ofrezco este sacrificio por los
demás, y, así, Dios nos santifica en la cotidianidad. ¡Qué gran regalo del buen
Dios!

Amado Dios, Tú siempre estás ahí, dispuesto a ayudarnos y perdonarnos. Solo


basta un poco de Fe, como un granito de mostaza, y de amor.

A partir de aquí, este libro no pretende ser tanto una oración, sino sobre todo una
guía espiritual con las claves que considero, desde mi ignorancia, fundamentales
para alcanzar la santidad, en base al ejemplo de los santos.

11
El AMOR

El amor ~el amor servicial~ es la semilla del bien.

El amor es una semilla que siempre germina y brota, de las raíces hasta el Cielo.

Dijo muy acertadamente Clive Staples Lewis que “a las raíces profundas no llega
la escarcha”. Si queremos ser santos, hay que crecer para abajo, radicalmente.

"Si alguno dice: «amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues


quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y
hemos recibido de Él este Mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su
hermano” (1 Juan 4, 20-21).

“Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios Es Amor” (1 Juan 4, 8).

El amor es la medicina del alma. El que ama, gana. El amor, como escribía antes,
no solo crece para fuera, sino también para dentro: las raíces de nuestro corazón.
Como el agua para el árbol, así es el amor para el hombre. Por Amor, Te dejaste
clavar en esa Cruz.

El amor, dice San Pablo en su Primera Carta a los Corintios, “es paciente, es
servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede
con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal
recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor
todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Y el amor, como
decía antes, se manifiesta en el servicio.

"Recuerda que todo cristiano tiene la obligación de ayudar a los demás, y que
no hay predicación más eficaz que la del buen ejemplo" (Don Bosco).

Como dijo San Francisco de Asís: "Comencemos a servir, lo que hemos hecho
hasta ahora es poco y nada". Amar alegremente es el primer y principal
testimonio de Fe. Prueba de ello, entre muchas otras, es la vida de la Hermana
Clare. (recomiendo el documental ‘Hermana Clare: o todo o nada’, en YouTube).

12
LA TRADICIÓN: ¿UN SEÑOR CON BIGOTE?

Obras (no palabras) son amores, dice nuestro sabio y tradicional refranero
español.

La Tradición no engaña. La tradición son un hombre y una mujer enamorados, un


jardinero anciano regando un futuro árbol, un sacerdote conmemorando el Santo
Sacrificio en una Eucaristía…

“La Tradición es la continuidad orgánica de la Iglesia” (Benedicto XVI), ya que, en


un sentido más teológico, cuando se habla de Tradición, se parte de la base de
que la Iglesia católica es la única verdadera para empezar porque es la única que
es garante y heredera de la Tradición de la Vida y el Mensaje de Jesús, ya que
mantiene la Sucesión Apostólica y la conserva y protege en su Magisterio.

La Tradición y la Palabra son dos pilares de nuestra Fe.

Si olvidamos la tradición, olvidamos que principio, medio y Fin están íntimamente


conectados.

Gracias a la tradición, mis padres y profesores me enseñaron a leer y puedo sellar


estas palabras que brotan de mi corazón. Yo, precisamente, quiero ser padre y
maestro, pero si tienes otros planes para mí estaré encantado.

Tú eres la Tradición. Así, con mayúscula; y debemos vivir para cumplir Tu


Voluntad, que es la más Perfecta. Para ser, como María, esclavos del Señor.

No debemos olvidar la importancia de la tradición que se nutre de la Tradición.

Tú, como digo, eres la Tradición, pero eres Más que eso, porque Tú todo lo haces
nuevo. Ya no hay tristeza. Ya no hay soledad. Ya no hay monotonía.

13
¿MONOTONÍA? ¡NO!

“Señor, no estoy viviendo; estoy desenvolviendo Tu Regalo”, reza un bonito


poema que me ha hecho conocer hoy un amigo por WhatsApp.

Me parece una preciosa metáfora para hablar de Tu Providencia.

Aun así, Tú siempre respetas nuestra libertad. Podemos desenvolver nuestro


regalo como queramos, incluso a lo bruto y cortándonos con el papel de regalo,
lo cual no sería Tu culpa, sino nuestra culpa.

Danos, Dios, la capacidad de disfrutar de todo lo que nos regalas y, a la vez, de


emplear nuestra libertad para hacer el bien.

DIVIDE… ¡Y VENCERÁ (EL DEMONIO)!

Lamentablemente, sin embargo, como Adán y Eva, usamos nuestra libertad para
hacer el mal y generar división.

Divide y vencerá… ¿Quién?

El demonio, que es malo pero sabio, se conoce el tema y siempre trata de


hacernos militantes de la división.

Como el gran político y pensador católico José Antonio Primo de Rivera dijo,
España ha venido a menos con la división. La Iglesia, que permanecerá hasta el
Fin, está sufriendo hoy del mismo mal.

14
Fuerzas autodenominadas “tradicionalistas” (que parecen no conocer más
tradición que la de mirarse al ombligo) y fuerzas de “carácter progresista”
(supongo que del enorme y “maravilloso” “progreso” de tratar de arrastrar a la
Iglesia hacia el lodo fangoso y mierdoso de la modernidad y de los resultados de
las nefastas revoluciones francesas de la Revolución Francesa y de Mayo del 68)
chocan un día sí y otro también por cuestiones totalmente intrascendentes,
generando un daño desolador en el seno de nuestra amada y madre Iglesia.

¡Me duele enormemente la división de la Iglesia!

Además, la división de la Iglesia actúa contra nuestro anhelo de santidad.

La Iglesia, aun con sus defectos (ya que la formamos seres humanos), es Santa,
porque Dios, Cabeza de la Iglesia, es Santo. La Iglesia es Una, Santa, Católica y
Apostólica, y “las puertas del Hades no prevalecerán sobre Ella” (Mateo 16, 18).

¿Criticarías en público a tu madre? No, ¿verdad?

¡Pues la Iglesia es nuestra Madre! ¡Y nosotros formamos la Iglesia!

Una vez, el editor del periódico ‘The Times’ le preguntó al reconocido católico
Gilbert Keith Chesterton: “¿Qué es lo que está mal con el mundo?”, a lo que,
éste, respondió en una carta:

“Estimado señor:

A la pregunta: ¿qué es lo que está mal en el mundo?: Yo.

Atentamente, G. K. Chesterton”.

Antes de “tirar la piedra”, preguntémonos si nosotros estamos limpios de pecado.


Particularmente, si alguien lee esto, por favor, comprométete a dejar de criticar
a la Iglesia y sus sacerdotes. Antes bien, cuando veas que erran, reza por ellos.
Reza por sacerdotes, obispos, Papa e Iglesia (militante, purgante y triunfante).

15
LA ORACIÓN: HABLAR CON DIOS

En vez de criticar, mejor recemos. Hay que excluir la crítica destructiva de


nuestro pensamiento y, sobre todo, de nuestra boca. De nuevo, voy a poner
como ejemplo a Carlo Acutis: su madre explicó que él nunca hablaba mal de nadie:
«o hablaba bien de alguien o prefería callar». No solo su ejemplo y el de tantos
santos nos puede ayudar, sino también el del prójimo más cercano, seguramente
tus padres, tus hermanos, tus amigos, el conductor del autobús, el vendedor de
la lotería…, mucha gente. Debemos abrir los ojos; así, comenzaremos a darnos
cuenta de las virtudes de los demás y a esforzarnos en imitarlas para acercarnos
a Dios.

“El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que
es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la
boca” (Lucas 6, 45).

El poder de la oración es superior al de la crítica.

Los sacramentos y la oración son verdaderos regalos del Cielo.

A la pregunta: “¿quién es el hombre para que Te acuerdes de él?”, Tú respondes:


¡aprovecha la oración!

San Agustín de Hipona, padre de la Iglesia (¡nuestra amada Iglesia!), nos dejó esta
bonita frase: “Cuando sientas que ya no sirves para nada, aún puedes ser santo”.
Pero sin oración esto es imposible.

“Sin oración no hay santidad”, nos revela el Papa Francisco.

El mismo San Agustín definió la oración como “el encuentro entre la Sed de Dios
y la sed del hombre”. Es Dios el que está esperando a que le hables. Da igual que
no sepas. A rezar (en el sentido de orar) se aprende rezando.

Hace poco, en una Confesión, pedí perdón a Dios por olvidarme de hablar con Él
a veces. El confesor, me expresó la gran importancia de rezar. Me dijo: “no se

16
puede amar lo que no se conoce, y quien no reza no Le puede conocer”. Ojo, ‘no
rezar’ no es un pecado como tal, pero sí lo es no amar a Dios sobre todas las cosas,
y, el que ama, desea hablar con el amado. Si queremos querer más al Señor, si
queremos conocer más al Señor, si queremos que nos ayude con algo (pero solo
si ese ‘algo’ es conforme a la Voluntad de Dios), si queremos pedir por alguien, si
queremos hablarle… debemos recurrir con gran Fe a la oración.

El Salmo 51, 19 dice así: “Un corazón contrito y humillado, Tú, oh, Dios, no lo
desprecias”.

“La humildad es pues la base de la oración” (Catecismo, 2559).

Debemos acudir con humildad a la oración.

Rezar es hablar con Él, y deberíamos hacerlo constantemente, pero por lo menos
al principio y al final del día. Quien no reza no puede llegar a ser santo, porque la
oración ‘recarga nuestra limitada batería’.

Bernardo Hurault lo explicó con gran acierto: “cuando hay agua en el desierto,
aunque no aflore en la superficie, se nota por la vegetación más tupida. Lo mismo
pasa con los que vivimos: nuestros actos se hacen mejores, nuestras decisiones
más libres, nuestros pensamientos más ordenados hacia lo esencial. Pero no se
ve el agua viva de la que proceden estos frutos: ésa es la vida eterna contra la cual
la muerte no puede nada”.

«La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las
astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable del “combate
espiritual” necesario para actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora
como se vive porque se vive como se ora» (Catecismo, 1752).

El padre Pío de Pietrelcina, gran santo cuya vida recomiendo buscar por internet,
nos dijo que “cuando se hace bien, la oración conmueve el Corazón de Dios y Le
invita, siempre más, a acoger nuestras súplicas”. Para ello, hay que tratar de
rechazar eso que nos aleja de la oración: “dos tentaciones frecuentes amenazan
la oración: la falta de fe y la acedía que es una forma de depresión o de pereza
debida al relajamiento de la ascesis y que lleva al desaliento” (Catecismo, 2755).

17
SANTO TOMÁS, ¿ME ENSEÑAS A REZAR?

Nuestro amor por Dios debe ser más grande que nuestra pereza.

¿Estás cansado? Pues debes saber que “la oración es un verdadero descanso”
(San Francisco de Asís).

Entonces, abordada la cuestión de la gran importancia de la oración (que, por


cierto, puede ser cantada, pues, como decía San Agustín, “quien ora y canta, ora
dos veces”, aunque algunos defiendan que a quien ora y canta un tornillo le falta).
Ahora, lo importante es saber cómo rezar correctamente.

Como yo soy un simple novato, prefiero que lo explique nuestro amigo Santo
Tomás de Aquino:

“La oración debe ser confiable, recta, ordenada, dedicada y humilde”.

Debemos pedir con confianza. Pedirle, sobre todo, que nos ayude a cumplir Su
Santa Voluntad y que nos acompañe siempre, así como darle las gracias por todo
y pedirle perdón con gran fe y confianza, conjuntando este “perdón” sincero con
la Confesión sacramental y las indulgencias plenarias.

18
PERDONA NUESTRAS OFENSAS…
(LA CONFESIÓN SACRAMENTAL Y LAS INDULGENCIAS)

Confesarte es dejarte perdonar por Dios, dejarte abrazar por Él…

El Dios que ha creado el Cielo, la Tierra, los animales, las plantas, a las personas,
etc., baja del Cielo al Confesionario para perdonarnos…

Sin oración y Confesión, así como sin caridad, no solo no hay santidad, sino que
difícilmente podremos “conquistar” el Cielo. El mismo Dios Encarnado perdonó al
buen ladrón San Dimas y le prometió el Paraíso, en lo que se podría considerar la
primera Confesión de la Historia.

Don Bosco (uno de mis santos favoritos) decía: “Para volar al Cielo necesitamos
dos alas: la Confesión y la Comunión”.

“El último aquí será el primero en el Reino de los Cielos”. Esto requiere la
humildad de acudir, con un alma amante, dócil, contrita y humillada, al
sacramento de la Reconciliación, también llamado sacramento del Perdón, de la
Confesión, de la Penitencia, de la Conversión y de tantas otras maneras. La
primera frase de este párrafo es el fundamento, por un lado, de la Confesión, y,
por otro, de la santidad. No hay santidad sin Santidad.

El beato Carlo Acutis, al que tanto admiro y tanto nos llama al “combate por la
santidad” (como le gustaba decir a la Hermana Clare), amaba este sacramento.
Carlo decía que nuestra alma es como un globo aerostático:

“Nuestra alma es como un globo aerostático. Si por casualidad hay un pecado


mortal, el alma cae al suelo. La Confesión es como el fuego debajo del globo que
permite al alma volver a elevarse. Es importante ir a confesarse con frecuencia,
porque el alma es muy compleja”.

19
Al igual que en el vientre de una madre hay un hijo, en el sacramento de la
Confesión, por medio del sacerdote, Se hace verdaderamente presente
Jesucristo para absolvernos, con la boca del sacerdote confesor, de nuestros
pecados y librarnos de las garras infestas y criminales del pecado, que tanto nos
alejan de Dios y de la santidad.

No rechacemos confesarnos por vergüenza ni por pereza. Que nuestras ganas de


saciar la Sed de Misericordia de nuestro Salvador se impongan sobre nuestra
vergüenza y nuestra pereza. Asimismo, cuanto más frecuentemente acudamos a
confesarnos, menos vergüenza tendremos. El demonio sabe de nuestras
debilidades y nos tienta no solo para pecar por acción, sino también por omisión.
Gracias entre otros a Carlo Acutis, suelo confesarme semanalmente.

Dios nos está esperando día y noche en el Sagrario y en el Confesionario, porque


quiere nuestro bien.

Debemos examinar nuestra conciencia, tener auténtico dolor de nuestros


pecados, tener verdadero propósito de enmienda, confesarnos, recibir la
Absolución y cumplir la Penitencia:

- Dolor de los pecados: Amar a Dios implica buscar amar al prójimo y a mí


mismo profundamente. No basta con pedir perdón a Dios por nuestros
pecados y faltas. Hay que estar verdaderamente arrepentidos. Para ello,
debemos pedirle a Dios que nuestro corazón sea capaz de decir: “yo quiero
renunciar a mi propia voluntad para adherirme a Tu Voluntad”. Los santos
buscaron, por encima de todo, el Reino de Dios. Todo reino se construye
con el esfuerzo de sus bravos guerreros, y para llegar al Cielo hay que
permanecer fuertes en la Voluntad de Dios: aunque a nosotros un pecado
no nos parezca para tanto, intentemos hacer caso a Dios y dejarnos llevar
y perdonar por Él. El arrepentimiento es el símbolo del amor. Pero para
arrepentirnos de algo primero debemos ser conscientes y examinarnos,
examinar nuestros pensamientos y acciones a la luz del Evangelio y la
Tradición:

20
- Examen de conciencia: El santo español Ignacio de Loyola dijo: “El examen
de conciencia es siempre el mejor medio para cuidar bien el alma”.
No deberíamos nunca dormirnos antes de haber reflexionado sobre
nuestra “actuación” en el día. Esto nos hará conscientes del gran margen
de mejora que tenemos en la brava tarea del amor y la misericordia.
Además de esto, conviene hacer un examen de conciencia algo más
intenso en los momentos o días previos a acudir a la Confesión. Si vamos
a pedir perdón a Dios, debemos antes pensar qué tiene que perdonarnos.
Conviene ser meticuloso en ello, ya es principalmente en las pequeñas
cosas en las que se demuestra el gran amor. Para ello, es conveniente
buscar un “modelo” de examen de conciencia, para ayudarnos. Por suerte,
en internet tenemos un montón de exámenes de conciencia para
ayudarnos a examinar nuestra conciencia a la luz del Amor de Cristo. Yo
recomiendo por ejemplo uno que está subido al canal de YouTube de ‘La
Sacristía de la Vendée’.
Además, conviene tener una nota fijada en el móvil con todo lo malo que
hacemos, por pequeño que sea, para no olvidar nada y acercarnos a la
santidad. Asimismo, recomiendo, desde mi humilde y limitada
experiencia, organizar el examen de conciencia en función de los
Mandamientos o los pecados capitales, así como que, si hace mucho que
no te confiesas o tienes mala memoria, lleves un pequeño papel para no
olvidarte de las cosas. De todas formas, Dios, en Su infinita y majestuosa
Misericordia, sabe que somos humanos y nuestra memoria es limitada,
por lo que, si se nos olvida comentar algo en la Confesión, Él nos lo perdona
igualmente. Pero, cuidado: si omitimos algo intencionadamente, no Le
damos la oportunidad de perdonarnos, y no nos perdonará ni ése ni los
demás pecados. A Dios nadie Le miente, e intentar hacerlo es despreciar
Su gran Misericordia. Dios es súper bueno, aprovechémoslo en la
Confesión:

- Confesión y Absolución: Una vez examinado nuestra conciencia y


arrepentirnos de nuestros pecados al separarnos estos de Dios, debemos
confesarnos con el sacerdote. No vale simplemente pedir perdón a Dios
rezando. Si yo quiero pedir perdón a alguien, ¿debo pedirle perdón a mi
manera o a la suya? Debemos abajarnos y no obstinarnos en nuestra
sesgada y limitada visión, sino pedirle perdón a Dios como Él nos pide que
lo hagamos. San Juan nos narra en los Versículos del 21 al 23 del Capítulo

21
20 de su Evangelio que "Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como
el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y
les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les
quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»"
Eso se Lo dijo a Sus apóstoles, que serían ahora mismo los obispos, los
cuales ordenan a los sacerdotes. Por ello, los sacerdotes son los únicos
con potestad para perdonar los pecados en Su Nombre.

- Propósito de enmienda: Debemos comprometernos a tener la actitud de


intentar no volver a cometer los pecados y de saber que Dios nos ayudará
(y nos ayuda, ya que el sacramento santifica) a ello.

- Cumplir la Penitencia: El sacerdote, In Persona Christi, nos pone al final de


la Confesión una Penitencia, que no debemos juzgar ni dudar de su eficacia
ni de si es escasa o excesiva sino cumplirla con la gran alegría de saber que
Dios nos perdona. ¡Qué misericordioso es nuestro Dios! ¡Cuánto nos ama!
¡Cuánto nos perdona! ¡Animémonos a confesarnos más a menudo! ¡Dios,
mediante este y los otros sacramentos, nos santifica!

Imaginemos que nuestra alma es una pared blanca y nuestros pecados son unos
cuadros:

Cuando el sacerdote, ‘In Persona Christi’, nos absuelve de nuestros pecados es


como si quitáramos todos los cuadros (nuestros pecados). ¡Qué bella se ve la
pared (nuestra alma)!, ¡pero aún quedan las marcas de los clavos! La Indulgencia
Plenaria se encarga de limpiar esas marcas de los clavos (pena de los pecados) y
pintar la pared de un blanco impoluto e inmaculado, ¡de empezar de cero!

La Indulgencia Plenaria se consigue cuando nos confesamos (o nos hemos


confesado durante la última semana) y, durante un mismo día no tenemos ningún
tipo de afecto al pecado, no pecamos mortalmente ni tenemos pecados mortales
sin confesar, comulgamos en la Eucaristía, rezamos por las intenciones del Papa,
realizamos una obra de misericordia (como por ejemplo rezar por vivos y
difuntos) y cumplimos una condición extra (consultar en internet… Las más
comunes son rezar con alguien el Rosario, rezar un Vía Crucis, adorar al Santísimo
durante más de 30’, leer las Santas Escrituras durante más de 30’, etc.).

22
… COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE
NOS OFENDEN

Pero, más allá de la teoría de lo guay que es confesarse, lo verdaderamente


emocionante es la práctica: ¡Él nos perdona, qué gran honor!

Pero solo seremos perdonados si nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
¡Hagámoslo!

En nuestra relación con el Señor (que todos los santos viven) es fundamental
confesarnos de vez en cuando, y sobre todo cuando no estamos en Gracia de Dios
(es decir, cuando estamos en pecado mortal), y, además de eso, por supuesto,
debemos siempre (setenta veces siete) perdonar a los que nos ofenden.

Debemos siempre, como rezamos en el Padre Nuestro, perdonar a los que nos
ofenden. El rencor no es católico. Si no perdonamos a los que nos ofenden, ¿cómo
pretendemos que Dios nos perdone a nosotros?

Perdonar y pedir perdón es una de las bases fundamentales de la santidad, de la


vida en sociedad y del amor. El santo, por definición, ama. Por ello, el santo,
perdona. A imitación del Santo supremo, Jesús.

Jesús es el Santo de Dios, ¡hasta los demonios lo saben!:

"Había en la sinagoga un hombre que tenía el espíritu de un demonio inmundo, y


se puso a gritar a grandes voces: «¡Ah! ¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de
Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.»" (Lucas
4, 33-34).

Jesús es Dios. Por ello, cuando, a imitación Suya, perdonamos, Él nos santifica.
¡Pidámosle al Santo de Dios que nos ayude a tener un corazón dispuesto a
perdonar y pedir perdón!

23
No guardes rencor ni a tu peor enemigo. Mejor, reza a Dios y pídele a la Virgen y
a los santos que intercedan por él y por su conversión. También pídele a nuestro
amable Dios que destierre de ti todo ápice de odio y rencor. Yo lo hago siempre,
porque sin Su Ayuda no soy capaz, con lo malo y débil que soy (espiritualmente
hablando, claro, ya que estoy poniéndome mazo fuerte en el gimnasio, para estar
listo cuando toque reconquistar de nuevo España, jeje).

Cuando perdonamos, soltamos el nudo que nos apretaba los nudillos. Hay que
perdonar como si no hubiese un mañana (MEMENTO MORI).

A veces, lo más difícil no es pedir perdón, ni siquiera perdonar, sino que ese
‘aceptar las disculpas’ sea sincero.

Nuestro ‘perdonar’ debe eliminar el rencor al completo. Para ello, viene muy bien
rezar por quien nos ha ofendido.

El perdón no implica una legitimación del mal (en palabras de Clive Staples Lewis,
“el amor demanda la perfección del amado. El amor puede perdonar los defectos
y continuar amando a pesar de ellos: pero el amor no puede dejar de desear su
eliminación. De todos los poderes, el amor es el que perdona más pero excusa
menos, se complace con poco pero pide todo”). El perdón no implica una
legitimación del mal, sino que es una declaración de que el bien (cuyo manantial
profundo es El Bien) es moralmente superior al mal y, por ello, se alía con el
olvido. No temas perdonar, sino no perdonar.

Por eso, “Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de
los demás; y perdonar no tan sólo con la boca, sino desde el fondo del corazón,
no sea que volvamos contra nosotros mismos el hierro con el cual creíamos
horadar a los demás” (San Juan Crisóstomo). Si no somos capaces de perdonar y
pedir perdón a los demás, no seremos capaces de amar y, por tanto, de vivir en
plenitud y santidad. Perdonando al que nos ofende, amamos al prójimo como a
nosotros mismos y Dios nos perdona, ya que Dios “perdona nuestras ofensas
como […] nosotros perdonamos a los que nos ofenden”).

Te pido pues, mi adorado Señor, que me ayudes a perdonar. También Te pido por
las almas del Purgatorio, por mi familia y amigos y por mí, para que me santifiques
y santifiques a todo el que esté leyendo este libro.

24
AMAR AL PRÓJIMO… ¿COMO A MÍ MISMO?

Pedirle a Dios que nos santifique es pedirle que nos ayude a amar a Dios por
encima de todo y amar al prójimo como a nosotros mismos.

La lectura del Evangelio de la Santa Misa de hoy, segundo día que dedico a escribir
este libro, (en la cual he podido recibirte, Señor, en Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad) dice: “Levántate y anda”. Éste es, además de un gran milagro precioso
de nuestro Señor, un llamado a la santidad y a amar al prójimo.

No basta con confesarnos. Como dijo Nuestra Madre en San Sebastián de


Garabandal (España), antes “debemos ser muy buenos”. Caminar con bondad,
manifestar con nuestras acciones el Amor de Dios, amándonos unos a otros,
como Él nos ha amado hasta el punto de redimirnos con Su dolorosa Pasión y
Resurrección. Dios, “huésped silencioso de nuestra alma”, santifica con el amor.
Actuemos con amor y humor.

La bondad desinteresada se manifiesta en obras de caridad, misericordia y amor


al prójimo. En el día a día. En tu actitud al salir ahora a la calle a comprar el pan,
al entrar en el bus, al llegar a casa, al despedirte, etc. Como dijo la madre Teresa:
“la paz comienza con una sonrisa”

Recordemos que “quien no ama no conoce a Dios”. Si queremos que la gente


conozca al Creador, debemos amar, amar mucho, y “por nuestros frutos” se nos
conocerá y Le conocerán. Este mundo necesita nuestro amor. Sal ahí fuera y ama.
Eso es lo que hicieron los santos.

Hay tantísimas personas ejemplares en este aspecto a nuestro alrededor que no


tenemos ninguna excusa para no serlo nosotros también, que conocemos al Amor
mismo.

Un proverbio latino dice que “es una locura amar a menos de que se ame con
locura”. Debemos amar “hasta el extremo”, a imitación de Jesús.

25
San Francisco de Asís abordó este tema con una frase hermosa y magistral. Dijo:
“Ten cuidado con tu vida, tal vez sea el único evangelio que algunas personas
vayan a leer”.

¿Es tu vida un fiel reflejo del Amor de Dios, o reduces tus obligaciones religiosas
a tu simple participación pasiva en la Liturgia Dominical?

No es necesario irse a Calcuta como la Madre Teresa. Podemos, como Teresita,


ser misioneros de lo cotidiano. Teresita es una hermosa niña pequeñita que
falleció recientemente de cáncer en el Hospital de la Paz, Madrid, y cuyo
testimonio recomiendo encarecidísimamente buscar en internet.

Seamos misioneros de lo cotidiano. Empieza por obedecer a tus padres y a las


autoridades eclesiásticas, tener modales, saludar al pasar, ayudar a todos, rezar
por los demás, ceder tu asiento en el autobús, dar limosna a los pobres, charlar
con ellos, preguntarles por sus nombres y sus vidas, tratar bien a los demás, etc.

Asimismo, Dios también nos puede santificar cuando, en nuestras labores de la


vida cotidiana, ofrecemos nuestros esfuerzos por los demás. Ofrece tu estudio, tu
enfermedad, tus viajes aburridos al trabajo… a Dios, con pequeñas jaculatorias,
como: “Dios, te ofrezco este sacrificio por las almas del purgatorio y por la
conversión y santificación de todos los pecadores, especialmente mía y de mis
familiares”.

Respecto al tema de los pobres en concreto, a mí me impresionó mucho el


testimonio del beato Carlo Acutis. Carlo falleció hace unos pocos años de cáncer
y a su funeral acudieron un montón de personas desconocidas por todos los
familiares y amigos del humilde y buen Carlo. Muchos de ellos eran mendigos, a
los que Carlo había estado ayudando en secreto, no solo con dinero y ropa, sino
también con su amor, su compañía y haciéndoles sentir importantes.

Pidamos a Dios que nos ayude a hacer sentir a los demás importantes. En eso, por
ejemplo, considero yo que es un experto mi amigo Gonzalo, compañero
catequista mío en mi querida parroquia. También lo son mis demás amigos de la
parroquia, como Juan, Bea, Lorena, Jorge, José, Paula, Julio, mi hermano Javi, el
padre Héctor, el padre Diego, mis padres, el resto de los catequistas, todos los
niños, así como mis primos, tíos, abuelos, otros amigos, etc.

26
No debemos solo mejorar nuestra relación con los pobres (que también), sino
sobre todo nuestra relación con nuestros seres más cercanos: familiares, amigos,
etc. ¿Estás ahí siempre que lo necesitan? Yo, desgraciadamente, sospecho que no
siempre estoy disponible para ellos cuando lo necesitan, y esta es una parte
fundamental de la santidad.

Experimentemos el valor de la abnegación, de la entrega, del amor, de la bondad,


de la empatía, de morir a nosotros mismos por Dios y por el prójimo, allá donde
uno esté: la universidad, la casa, la residencia, el colegio, el hospital, el trabajo, la
calle, el monasterio… Seamos como la Hermana Clare y tantas monjitas, como mi
tía, que se entregan con generosidad y alegría. ¡El buen ejemplo es contagioso!

Por ejemplo, el buen ejemplo de Carlo Acutis está emocionando a multitud de


corazones que se habían endurecido y ahora retornan a un corazón enamorado
de Dios y del prójimo. El Amor llama al amor.

El Amor quiere que vivamos desprendiendo amor, caridad y generosidad en todo


momento y con todos los que nos encontremos.

Algo que también me impresiona mucho del joven Carlo Acutis es su amor por la
Eucaristía, a la que él llamaba su “autopista al Cielo”. Voy, ahora, a hablar un poco
sobre la Eucaristía y algunos Milagros Eucarísticos.

Como los caminantes de Emaús, nosotros podemos reconocer al Señor en la


Fracción del Pan, es decir, en la Eucaristía. Debemos tener querer mucho a Jesús
Eucaristía, es decir, a Jesús, que se hace Presente verdaderamente en la Misa.

El padre Pío de Pietrelcina, cuya relación con la Eucaristía fue (es) tan arraigada e
íntima (recomiendo buscar en internet sobre esto de lo que hablo), declaró que
“para la Tierra sería más fácil sobrevivir sin el Sol que sin el Sagrado Sacrificio
de la Misa”.

27
LA EUCARISTÍA… ¡Y ALGUNOS MILAGROS!

Santo Tomás de Aquino nos dejó este precioso poema sobre Jesús Eucaristía:

“Te adoro con devoción, Dios escondido,

oculto verdaderamente bajo estas apariencias.

A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para
creer con firmeza;

creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta
Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía solo la Divinidad, pero aquí se esconde también la


Humanidad;

sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón
arrepentido.

No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios:

haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que Te ame.

¡Oh, Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das Vida al hombre:
concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree Tu Dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con Tu Sangre, de la que
una sola Gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, Te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que
al mirar Tu Rostro cara a Cara, sea yo feliz viendo Tu Gloria”.

Yo, como Santo Tomás, Te adoro con devoción, Dios escondido, Pan vivo que
alimenta nuestra alma y la acerca a la santidad, ya que la sagrada Comunión es el
motor que nos puede dar la energía para alcanzar la santidad.

28
Debemos asombrarnos por el misterio de la Eucaristía y los milagros eucarísticos.

Pero… ¿qué es eso de los “milagros eucarísticos”?

Un milagro Eucarístico es cualquier milagro VISIBLE relacionado con la Eucaristía,


y recalco lo de “visible” porque en cada Eucaristía sucede un Milagro invisible
desde la Consagración, que consiste en la Presencia Real de Cristo en Cuerpo,
Sangre, Alma y Divinidad en el Pan consagrado que luego tenemos la dicha de
comulgar. Pero de esto hablaré luego, después de un breve resumen de algunos
milagros Eucarísticos, que Dios realiza para reforzar en nuestros corazones la
Sabiduría de que Él se hace verdaderamente Presente en cada Eucaristía.

Algunos de estos milagros son:

- En Ferrara, el 28 de marzo de 1171, cuatro sacerdotes celebraban la Misa


de Pascua cuando la Hostia Consagrada se transformó en Carne, de la cuál
brotaron gotas de Sangre, que alcanzaron el Altar y aún son visibles en
nuestros días.

- En Orvieto (Bolsena, Italia), en el año 1263, el sacerdote Pedro de Praga


celebró una Misa en la que, de repente, de la Hostia Consagrada
empezaron a caer gotas de Sangre.

- El Gran Milagro (San Sebastián de Garabandal, pequeño y montañoso


pueblito del norte de nuestra querida y amada España): En la noche del 18
al 19 de julio de 1962, Conchita, una niña del pueblo, comulgó una Hostia
Consagrada que apareció místicamente de la nada en su boca. Este
extraordinario suceso fue grabado. En San Sebastián de Garabandal,
llamado frecuentemente Garabandal, a secas, sucedieron hace algunas
décadas, sucesos maravillosos de la mano de nuestra Madre que
enaltecían y subrayaban la vital importancia del Santo Sacrificio de la Misa.

- Por último, un milagro Eucarístico muy impresionante y reciente: En la


iglesia de San Jacinto (Legnica, Polonia), durante el Momento de la
Comunión, una Hostia Consagrada cayó accidentalmente al suelo. El
sacerdote inmediatamente la introdujo en un recipiente con agua, a fin de

29
que con el paso del tiempo se disuelva, que metió en el Sagrario. Al cabo
de dos días, su sorpresa fue que la Hostia seguía sin desintegrarse y
además tenía una parte enrojecida. Se lo comunicó al Obispo, que
estableció una comisión científica para analizar el evento. Cuando dos de
los Institutos de Medicina Forense más importantes del país examinaron
la Muestra obtuvieron el impresionante hallazgo de que estaba compuesta
de Tejido Miocárdico (Corazón). Una tercera investigación científica reveló
que se trataba de “Músculo Cardíaco Humano con Alteraciones que a
menudo aparecen durante la Agonía”. Una Agonía, la que sufrió Jesús en
Su Pasión, La Cual Se repite en cada Santa Misa.

De hecho, aunque no lo vemos, en cada Eucaristía se conmemora la Última Cena,


la Pasión y, con la Consagración, esa Forma que parece una simple Galletita se
convierte (cambiando en Esencia, pero no en forma, es decir, no visualmente) en
Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Qué inmenso
Regalo!

¡Habría que estar loco para no esforzarse en asistir a Misa diariamente, y más si
queremos alcanzar, por la Gracia de Dios, la santidad! ¡Acudamos alegremente a
recibirle de las manos consagradas de nuestros queridos sacerdotes! ¡Él Te espera
a diario en tu parroquia más cercana! ¡El Verbo de Dios Se hace Carne, Sangre,
Alma y Divinidad, y habita entre nosotros!

“Jesús les dijo: “en verdad os digo: si no coméis de esta Carne y no bebéis de esta
Sangre no tenéis Vida en vosotros. El que come de Mi Carne y bebe de Mi Sangre,
tiene vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día” (Juan 6, 53-54). ¡Qué
Maravilla! ¡Qué Versículo tan impresionante que relaciona Santa Misa y
Resurrección!

No temamos enseñar la importancia de la Eucaristía tampoco a los niños.


Recomiendo conocer las vidas de tantos niños pequeños que entienden con amor
y profunda devoción el Misterio de la Santa Misa. Destaco a la pequeña Li, Anne
Gabrielle Caron, Anne de Gignè, la pequeña Nellie del Santo Dios o uno de mis
santos preferidos: el mártir San José Sánchez del Río.

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Para cerrar el apartado sobre la Misa, principal fuente de santidad, voy a hablar
sobre un ‘pedido’ que nos hizo nuestra Madre, la Virgen María, en Fátima: la
pequeña devoción reparadora de los cinco primeros sábados de mes.

Nuestra Madre, la Señora del Rosario, nos insta a, aparte de asistir a la Santa Misa
los domingos y demás días de precepto, confesarnos y comulgar el primer sábado
de cada mes (durante cinco meses seguidos) con la intención de reparar la
multitud de pecados cometidos en ofensa a su inmaculado corazón y pedir la
conversión de los pobres pecadores, de entre los que, por supuesto, nos
encontramos. Recomiendo buscar más información sobre esta hermosa devoción
mariana en internet. Debemos anunciar el gozo de la Resurrección (‘Kerigma’).

Tenemos mucho que agradecer y amar a María, Madre de Dios y Madre nuestra.
Ella está siempre ‘en primera línea’ para anunciar a su Hijo divino, anunciar Su
Amor y Su Presencia junto a nosotros en esta vida, que se da especialmente en el
sacramento de la Eucaristía. Como bien afirma María, Jesús nos ofrece la
redención, con Su Resurrección, y Se queda junto a nosotros.

Dios nos quiere mucho y nos regala el Misterio de la Resurrección, tan


íntimamente ligado con el Misterio de la Santa Misa, en donde se unen la Última
Cena, la Institución de la Eucaristía, la Pasión (la agonía en Getsemaní, desde la
señal de la Cuz hasta el Ofertorio; el arresto de Jesús, en el Ofertorio; el canto de
alabanza, entrega y agradecimiento que Jesús dirige al Padre que le ha permitido
llegar a esta Hora, en el Prefacio; encontrándonos con Jesús en prisión para
después hacer memoria y celebración de su atroz flagelación y coronación de
espinas siguiendo con su Vía Crucis, el camino de la Cruz por las callejuelas de
Jerusalén teniendo presentes en el “memento” a los que están allí en la Misa y a
todos, desde el comienzo de la Plegarística hasta la Consagración; la entrega y
Crucifixión del Señor, en la Consagración; nuestro encuentro con Jesús Crucificado,
tras la Consagración; el último grito de Jesús y la consumación de Su Santo
Sacrificio, en la Doxología Final; Su Muerte, en la Fracción del Pan), la
Resurrección (durante la Comunión) y la Venida del Espíritu Santo y Su Llamada
a la Evangelización (con la Bendición Final).

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¡LA RESURRECCIÓN!

Como bien declaramos en el Credo, creemos en la Resurrección:

- La Resurrección de Jesucristo en Cuerpo (y Alma) al tercer día tras Su


Muerte.
- Nuestra resurrección en alma tras nuestra muerte.
- La resurrección de la carne al Final de los Tiempos.

1. LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO EN CUERPO (Y ALMA) AL TERCER DÍA


TRAS SU MUERTE:

Jesús, para librarnos de las garras atrapantes del pecado y de la muerte,


accedió a ser torturado hasta Su Muerte en Cruz. Una terrible y dulce Cruz,
gracias a la cual Dios abrió las puertas del Cielo, a donde soñamos llegar
algún día junto a nuestros seres queridos.

“Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe” (1 Co 15,12).

La Inmolación del Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, es la


expresión más extrema y tangible de cuánto nos ama Dios y lo bueno que
es. Además, esta dulce y cruda Pasión salvadora del Mesías, el Dios del
Amor, da al sufrimiento un sentido redentor, un sentido nuevo. Allí donde
hay alguien que sufre, hay alguien que puede ofrecer sus sufrimientos por
los demás, siendo santificado de esta manera por Dios. Ejemplos de ello
son Chiara Luce y Pedro Ballester, cuyos testimonios recomiendo buscar.

Dios, con Su Pasión y Resurrección, no solo nos enseña a sufrir y ofrecer


nuestros sufrimientos y sacrificios por los demás, sino que nos enseña,
sobre todo, a amar. ¡Él es el Amor de los Amores!

¡Él nos habla de la resurrección del alma!

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2. NUESTRA RESURRECCIÓN EN ALMA TRAS NUESTRA MUERTE:

Antes de abordar correctamente la resurrección de nuestra alma cuando


muere nuestro cuerpo, hay que aclarar una cosa: Todas las personas
tenemos dos materias: corporal (cuerpo) y espiritual (alma). La
importancia de alimentar y cuidar ambas es extrema…

¡Cuida tu cuerpo! ¡Es templo del Espíritu Santo! ¡No lo contamines de


comida basura, alcohol, drogas y sedentarismo! ¡Tu cuerpo debe ser una
fortaleza que esculpir! ¡Ve al gimnasio! ¡Levanta pesas! ¡No seas vago! ¡No
veas pornografía! ¡Come mucha carne (excepto viernes de Cuaresma o
que no realices obras de misericordia)! (inciso: comer carne y ser buen
católico no tienen nada que ver, no hay correlación, pero la carne nos
ayuda a fortalecer nuestro cuerpo y gozar de salud de cuerpo, que es
importante, al igual que la salud del alma… ¡¡La estética refleja la épica y
la ética!!

“¡Ejercicio, autodisciplina, tú eres un atleta de Dios!” (San


Ignacio de Antioquía).

"El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable, que hace
mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie, El que mis
manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce.
Tú me das Tu Escudo salvador, Tu Diestra me sostiene), Tu Cuidado me
exalta, mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos” (Salmo
18, 33-37).

Es importante cuidar el cuerpo, pero mucho más importante es cuidar el


alma. El alma es la esencia del ser humano…

Para empezar, cuida tu alma impregnándola de cultura católica (escucha


música católica, ve películas y documentales católicos, escucha podcasts
católicos, lee libros católicos, conoce la vida de los santos, aprende a
tocar un instrumento o escribir y pon tus dones al servicio del Espíritu
Santo, etc.).
Cada alma es un campo de batalla entre Dios y el malo. Alimenta tu alma
de la Presencia de Dios (no solo en la Eucaristía, sino déjale inundar todos

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los rincones de tu espíritu). Ora, labora, adora (al Santísimo), limpia tu
corazón (con la Confesión, la Adoración, la oración, el amor al prójimo, la
alegría, la Fe, la constancia…).

Llena tu corazón de gran amor a la Virgen. Dile a ella: “¡Totus Tuus! ¡Soy
todo tuyo, moldea mi corazón para que se parezca al de tu Hijo!”.

¡Pídele a Dios que te santifique y esfuérzate tú en ponérselo fácil!

¡Reza a diario el Santo Rosario! ¡Ama mucho, ¡muchísimo!, a todos, ¡sobre


todo a tus familiares!, y, sobre todo, procura estar siempre en Gracia de
Dios, amando y amando sin parar y no dando lugar al pecado por pequeño
que sea.

Dios es el Camino a la Salvación… ¡Recorramos el camino a la Vida Eterna!


Cuando ‘la palmemos’, cuando el tiempo de nuestro marchito cuerpo se
haya cumplido y se nos llame al Encuentro particular con el Dios de la Vida,
Éste no nos preguntará cuánto dinero ganamos o cuánto disfrutamos en
las discotecas, sino cuánto amamos.

"Al atardecer de la vida, seremos examinados en el amor" (San


Juan de la Cruz).

También en este momento puede que entre en juego la pregunta de


cuántas almas ha salvado Dios por medio de ti, dejándote tú usarte por Él
como instrumento de Su Paz, como diría nuestro querido San Francisco de
Asís.

Recuerda también hacer siempre el bien a los demás, ya que, haciendo


el bien en cualquier otra persona, hacemos bien al mismo Dios.

Esto nos lo explicó fantásticamente Jesucristo y lo podemos comprobar en


el Evangelio de Mateo 25, 31-46:

34
"«Cuando el Hijo del hombre venga en Su Gloria acompañado de todos
Sus ángeles, entonces Se sentará en Su Trono de Gloria. Serán
congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de
los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las
ovejas a Su derecha, y los cabritos a Su izquierda.

Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de Mi Padre,


recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la Creación
del mundo. Porque tuve hambre, y Me disteis de comer; tuve sed, y Me
disteis de beber; era forastero, y Me acogisteis; estaba desnudo, y Me
vestisteis; enfermo, y Me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme."

Entonces los justos Le responderán: "Señor, ¿cuándo Te vimos


hambriento, y Te dimos de comer; o sediento, y Te dimos de beber?
¿Cuándo Te vimos forastero, y Te acogimos; o desnudo, y Te vestimos?
¿Cuándo Te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les
dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos
míos más pequeños, a Mí Me lo hicisteis."

Entonces dirá también a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al


fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre,
y no Me disteis de comer; tuve sed, y no Me disteis de beber; era forastero,
y no Me acogisteis; estaba desnudo, y no Me vestisteis; enfermo y en la
cárcel, y no Me visitasteis."

Entonces dirán también éstos: "Señor, ¿cuándo Te vimos hambriento o


sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no Te
asistimos?" Y Él entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto
dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también Conmigo
dejasteis de hacerlo." E irán éstos a un castigo eterno, y los justos a una
vida eterna.»".

¿Queremos alegrar a ese Dios que tanto nos ama? Amemos.

Él se alegra cuando Le amamos sobre todas las cosas, amamos al prójimo


como a nosotros mismos, santificamos las fiestas (es decir, ir a Misa los
domingos y las fiestas), honramos a nuestros padres, pensamos y

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actuamos con pureza, decimos la verdad, nos alegramos por los éxitos de
los demás, damos de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir
al desnudo, visitamos a los enfermos y a los presos, damos posada al
peregrino, enterramos a los difuntos, enseñamos al que no sabe, damos
buen consejo al que lo necesita, consolamos al que está triste, toleramos
con paciencia los defectos de los demás, rezamos a Dios por los vivos y los
fallecidos, así como cuando somos prudentes, justos, fuertes, temples,
cuando tenemos Fe, esperanza y caridad y cuando Le pedimos a Dios
Espíritu Santo que nos ayude a enriquecernos en sabiduría, inteligencia,
consejo, fortaleza, ciencia, piedad, temor de Dios, caridad, gozo, paz,
paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad,
modestia, continencia, castidad, humildad, gratitud, diligencia, bondad,
amabilidad, valentía, humor, perseverancia, clemencia, disciplina, buena
fe, sencillez, contrición, atrición, benevolencia, responsabilidad, felicidad,
honestidad, inocencia, nobleza, obediencia a Dios y a nuestros padres y
maestros, salubridad, hombría/feminidad, fidelidad, pobreza, sobriedad,
elegancia, rectitud, simpatía, silencio, orden, resolución, frugalidad,
industria, patriotismo, sinceridad, tranquilidad, humanidad, jovialidad,
celo de salvar almas, amor desinteresado, amor abnegado, amor sincero,
desprendimiento generoso, amor al Santísimo Sacramento del Altar,
amor a nuestro hermano, etc.

En resumen, Dios se alegra cuando hacemos el bien a nuestro hermano y


cuando somos humildes y Le pedimos que nos ayude a cumplir Su
Voluntad, que es más perfecta y amable que la nuestra.

Cuando el cuerpo, ~disfraz del alma~, muere, el hombre va al Cielo, al


Purgatorio o al Infierno. Todos debemos ser conscientes de que las
probabilidades de ir al Infierno son altas.

¡Debemos permanecer siempre en gracia de Dios y procurar que los


demás también lo estén! ¡Permitamos al Señor salvar a gente de la
condenación eterna! ¡Hay que tener mucho celo de salvar almas! (como lo
tenía una gran santa cuya vida recomiendo buscar en internet: Laura
Montoya).

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Quizás te sean desagradecidos en este mundo, pero no tras de muertos:
Como buenos españoles, “ya hablaremos de capitulación después de
muertos”.

¡Quien vive en pecado mortal se juega la salvación de su alma!


¡No paséis ni un minuto así, alejados de Él!

Mentiría si dijese que no tengo miedo por mi alma pero sobre todo por el
destino de algunas almas que tanto quiero, y rezo sin desaliento para que
se den cuenta del problema y usen su libre albedrío para arrepentirse y
confesarse. Rezar por todos es la base de la santidad.

Asimismo, cuando alguien ha fallecido y tenemos absoluta constancia de


que ni estaba en Gracia de Dios ni recibió el sacramento de la Unción de
Enfermos, nunca hay que desesperar de su salvación.

Esto es porque, aunque nosotros somos muy malos, Él es un Juez


totalmente misericordioso y puede haberle enviado al Purgatorio. Por ello,
SIEMPRE hay que REZAR por TODOS los DIFUNTOS y por las almas del
Purgatorio. ¡La desesperanza no es católica!

El Purgatorio es un estado en el que se experimenta a la vez un sufrimiento


extremo (de quemarnos purificando nuestros pecados e imperfecciones
para poder luego entrar resplandeciente a la Casa del Rey) y un gozo
impresionante (de saber que ya no podemos acabar en el Infierno sino en
el Cielo con Dios y todos los santos, mártires y tantas personas que
amamos y ya disfrutan del Premio de la Vida Eterna).

Las almas del Purgatorio no pueden rezar por sí mismas. Debemos, pues,
nosotros rezar por ellas, ya que así podemos aliviar su sufrimiento y
acortar su tiempo de purificación.

En este sentido, yo rezo muy frecuentemente una bonita oración


enseñada por Jesús a Santa Gertrudis en una Visión para salvar 1.000
almas del Purgatorio:

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“Padre Eterno, Te ofrezco la preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús,
en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo, por todas
las benditas ánimas del Purgatorio, por todos los pecadores del mundo,
por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa
y dentro de mi familia. Amén”.

San Alberto Hurtado decía que “un católico es alguien a quien Dios le ha
encargado el mundo”. ¡Y más aún el santo!

Cantemos la Buena Nueva y enseñemos al mundo que Dios Es Amor.


Hablémosle del Infierno y el Purgatorio, pero también del Cielo, ¡el
precioso Cielo!
¡El Cielo es nuestra Patria Celestial!

Dijo San Agustín de Hipona que “nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro
corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”, y este merecido y
añorado descanso eterno junto al Sacratísimo Corazón de Jesús lo
experimentamos desde que llegamos al Cielo, con Él.

Pero ni siquiera el Cielo es realmente lo último.

Hablo de…

3. LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE AL FINAL DE LOS TIEMPOS:

¡La resurrección de la carne! 1 Tesalonicenses 4, 16 dice que “el Señor


mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios,
bajará del Cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar”.

Cristo nos resucitará (ya no solo en alma sino en cuerpo y alma) en “El
Último Día”. “La resurrección de los muertos está íntimamente asociada a
la Parusía de Cristo”. (Catecismo, 1001 y 1002).

¡Ven, Señor Jesús!

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QUIEN TIENE UN AMIGO, TIENE UN TESORO

El resumen del triple sentido de Resurrección es el siguiente:

¡Gracias a la Resurrección del Señor, hay VIDA DESPUÉS de la MUERTE!

¡Vive de tal manera QUE PUEDAS DISFRUTAR DE ELLA!, lo cual no implica vivir
este mundo como si fuera un castigo, ¡pues es un regalo que debemos celebrar y
vivir con gran alegría y con buena compañía!

En este sentido, nuestros mayores aliados para alcanzar el Cielo no son nuestras
propias fuerzas, sino nuestra unión a la Iglesia, a sus sacramentos de la Eucaristía,
la Reconciliación y la Unción y, sobre todo, una vida de amor y alegría. Y el amor
y la alegría se deben compartir.

No podemos vivir nuestra Fe de una manera exclusivamente personal y


excluyente. La Fe procede de una relación de amor íntimo con Dios y con el
prójimo.

El Amor del Padre debe desbordar todos los aspectos de nuestra persona,
principalmente el social. Hogar (familia), trabajo/estudio, parroquia y grupo de
amigos deben cuatro tres ámbitos donde derramar nuestro amor. Yo a veces dejo
que desear en este aspecto, pero estamos trabajando en ello, jeje.

En este capítulo en concreto, pretendo centrarse en “el grupo de amigos”…

“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15, 13).

¡Precioso regalo de Dios es la amistad, y qué poco la apreciamos!

Santa Teresa de Ávila, gran santa de nuestra querida España, se aventuró a definir
la amistad como “la realización más auténtica de la persona”.

San Agustín decía que “la amistad es tan verdadera y tan vital que en el mundo
no se puede desear nada más santo y ventajoso”.

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¿Qué sería de este mundo sin los amigos? Supongo que una cárcel temporal, un
navío extraviado pudriéndose en las llamas de una fría hoguera.

Nuestro ideal es caminar con nuestros amigos hacia la santidad.

Muchos ya lo lograron: San Francisco y Santa Clara de Asís, San Juan Pablo II y
Santa Teresa de Calcuta, San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, Santa
Teresita del Niño Jesús y Santa Isabel de la Trinidad, Santa Rosa de Lima y San
Martín de Porres, los españoles San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, los
también españoles Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz (somos el país con
más santos y mártires), San Juan Bosco (gran referente educativo) y Santo
Domingo Savio, San Cornelio y San Cipriano, Santa Felicidad y Santa Perpetua y
tantos y tantos que recorrieron juntos su camino a la santidad con el arma y el
regalo de la amistad.

Recordemos siempre que “como el niño está obligado a hacerse hombre, el


cristiano está obligado a ser santo” (venerable José Rivera), y que no podemos
lograrlo sin amigos.

Decía el gran y sabio Juan Donoso Cortés que “hay que unirse, no para estar
juntos, sino para hacer algo juntos”, ¿y qué mejor ideal que la santidad?

La amistad se debe vivir como defendía Platón: “Buscando el bien de nuestros


semejantes encontramos el nuestro”. Es importante vivir por y para los demás. La
meta del católico es llegar a la santidad y al Cielo con sus familiares y amigos.

Es de suma significación entregarse al amigo y ofrecerle amor, alegría, jolgorio


sano, diversión, consuelo, compañía, y, sobre todo, Fe,

Tu amistad debe estar pegada con el pegamento de la Fe en Dios, Si Dios no es el


centro de tu relación de amistad no es un regalo sino un destierro (o de tu
noviazgo y tu Matrimonio, como se puede comprobar en estos oscuros tiempos
de familias rotas).

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"El amigo fiel es seguro refugio, el que le encuentra, ha encontrado un tesoro. El
amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor. El amigo fiel es remedio
de vida, los que temen al Señor le encontrarán." (Eclesiástico 6, 14-16).

Gracias por mis amigos, Dios. Son un reflejo de Tu Amor.

Es un reflejo de Tu santa Voz diciendo: “¡Cuán bueno y cuán agradable es que


los hermanos convivan en armonía!” (Salmo 133, 1).

Si conoces a alguien que está pasando por un mal momento y está algo solo, no
dudes en presentarle a tus buenos amigos para ayudarle.

¿Quién no ha agradecido en algún momento en el que estaba solo la amistad de


alguien?

“Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!”
(Eclesiástico 4, 10).

“Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano”
(Proverbios 18, 24). ¿Qué tipo de amigo eres tú?

Y, si tu amigo erra pero se arrepiente, perdónale: Recuerda que “el que perdona
la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos”
(Proverbios 17, 9).

Haz buenos amigos y ayúdales también a ellos a acercarse a Dios en la medida de


tus posibilidades, que “uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir.
¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!” (Eclesiástico 4, 10), e incluso
“aunque uno se aparte del temor al Todopoderoso, el amigo no le niega su
lealtad” (Job 6, 14).

No agobies, pero tampoco tengas miedo de hablar de Dios a tus amigos, con tus
acciones y palabras.

¡Ten una amistad como la de los niños!

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LOS NIÑOS: ¿LA ESPERANZA DEL MUNDO?

Los niños nos dan muchas más lecciones de vida de las que podríamos
imaginarnos, y especialmente en el campo de la amistad. Si les observas, verás
que tienen una felicidad radiante para poner en práctica la siguiente frase de
Aristóteles: “¿Que es un amigo? Una sola alma habitando en dos cuerpos”.

¡Cuantísimo tenemos que aprender de los niños! ¡Tanto que si no nos hacemos
como ellos no entraremos en el Reino de los Cielos!

“Tres cosas aún conservamos del paraíso: las estrellas, las flores y los niños”
(Dante Alighieri).

Los niños son el diminutivo de la palabra ‘bien’, el gerundio de ‘hacer el bien’. Por
eso, esta sociedad tan influenciada por la Revolución Francesa, el materialismo
capitalista y ‘mayo del 68’ aprueba tantas aberraciones e infamias contra los
niños, como el aborto, que es un asesinato intrauterino y una afrenta directa a la
Ley de Dios.

“Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en Mí, más le vale
que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y
le hundan en lo profundo del mar” (Mateo 18, 6). Bastante gráfico Jesús, ¿verdad?

“Donde hay niños, existe la edad de oro” (Novalis).

Es evidente que uno de los objetivos a largo plazo de “nuestras” élites satánicas y
masónicas es la normalización de la pedofilia. Incluso por desgracia muchos
~falsos~ sacerdotes ~casi todos homosexuales por cierto~ han abusado
sexualmente de pobres niños. ¡Qué vergüenza! ¡Hacen falta muchas ruedas de
molino!

Marcas comerciales, como Balenciaga o Netflix (con su asquerosa serie ‘Cuties’),


o la marca más de moda: el ‘Ninisterio de Igualdad’, fomentan y promueven la
sexualización de los niños, así como los que defienden tales aberraciones como
las del “cambio de sexo” en niños. ¡Ay de los escándalos!

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Pero, por si eso fuera poco, existe el supuesto “derecho” a asesinar y trocear a tu
hijo en tu vientre para que luego sus pequeños órganos y partes sean vendidos
por siervos de satán como ‘Planned Parenthood’ en el mercado negro.

El asesinato intrauterino (el aborto), dijo Peter Kreeft, “es la parodia demoníaca
de la Eucaristía que hace el anticristo. Por eso usa las mismas palabras: Este es mi
cuerpo, pero en el blasfemo sentido contrario”. Esto también lo afirma el
reconocido exsatanista Zachary King, que de ese tema sabe bastante…

¿Cómo va a haber paz y armonía en un mundo donde los padres asesinan a sus
propios hijos, contratando a un sicario que, haciéndose llamar “sanitario”, le
ejecuta?

El aborto, junto con la falta de Fe, es actualmente el mayor problema de la


humanidad. Debemos hacernos conscientes de que el aborto (así como la
eutanasia, la gestación subrogada, el divorcio, etc.) es algo terrible. Literalmente
es un asesinato. Un católico no puede estar a favor del aborto. Recordemos qué
pasó cuando María (con Jesús en su seno) visitó a su prima Isabel (con Juan en su
seno): ¡Juan saltó de alegría! La vida empieza en la concepción y es un milagro de
amor.

Sé que algunas madres se encuentran en situaciones complicadas, pero sabed que


un niño nunca es un castigo, sino un regalo.

¡Ten a ese hijo tuyo y ya verás como merece la pena!

Y, si por algún remoto caso, no tienes absolutamente ninguna posibilidad de


asumir las consecuencias de tus actos y criar y amar a tu hijo como madre/padre
que ya eres (la vida comienza desde la concepción), no lo abortes, dalo en
adopción.

El Papa Francisco dice, acertadamente, que “los niños son en sí mismos una
riqueza para la humanidad” y “además, en su simplicidad interior, traen consigo
la capacidad de dar y recibir ternura”. La ternura que necesitas.

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“La persona más importante del mundo es una madre […] Ha construido algo más
magnífico que cualquier catedral: una morada para un alma inmortal, la diminuta
perfección del cuerpo de su bebé” (József Mindszenty).

Prueba a decirle a tu hijo aún no nacido lo que le dijo la Virgen a Juan Diego:
“¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?”

No temas, todo saldrá bien.

En contraste a toda la maldad del mundo, encontramos la gran bondad y santidad


de los niños. De hecho, pido ya de antemano perdón por haber contaminado este
hermoso capítulo con los desdichados planes del ‘poder terrenal’, pero prometo
que ahora voy a hablar de la esperanza y alegría de la humanidad: los niños.

Jacinto Benavente decía que “en cada niño nace la humanidad”.

“El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los
niños” (Graham Greene).

Los niños son la prueba de que Dios aún confía en nosotros y nos quiere. Cada
niño es un mensaje de Dios que dice: estoy con vosotros hasta el Fin del Mundo.

Para empezar, los niños tienen una de las virtudes más bellas: la inocencia. Hay
que llevar a los niños y jóvenes a Dios, como hizo Don Bosco. Ellos son los que
mejor Le pueden amar. La infancia es la primavera del hombre.

Los niños, además, son unos maestros en la creatividad y la originalidad, dos


cualidades importantes para saber ver a Dios cada día pese a la rutina.

Por ejemplo, yo intento componer música (frecuentemente para el Señor) y, al


igual que Michael Kiwanuka, opino que “al escribir música y escribir canciones y
grabar música y crear cosas, necesitas volver a involucrar a ese tipo de niño
interior para tener percepciones interesantes”.

Otra de las bondades de los niños, seguramente influenciada por esta maravillosa
creatividad, es que viven en la risa permanente: son muy risueños. Esto es una
maravilla. El mundo necesita su risa, el mundo necesita su amor.

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Desde hace años, veo en los niños el reflejo del Amor de Dios y, la verdad, disfruto
genuinamente con ellos.

La Madre Teresa decía que “muchas veces basta una palabra o una mirada para
llenar el corazón de un niño”, y lo he podido comprobar en muchas ocasiones. Los
niños son súper agradecidos (algunos más que otros, claro).

Es terrible que en España hoy haya niños tristes, pero no tristes por una rabieta
egoísta, a las cuales no hay que ceder, sino con una tristeza profunda, porque su
familia no es su refugio, no es su ‘donante’ de amor. Esos niños agradecerán hasta
el gesto más pequeño que hagas por ellos. Descubre la gran alegría que tienen
muchos niños en el fondo de su corazón.

Eso sí, ¡ojo!, no siempre te ganarás su confianza y amor tan rápido, pues, como
decía también Santa Teresa, “el amor, para que sea auténtico, debe costarnos”,
y una vez tengan confianza contigo va a ser precioso.

La misma Teresa nos daba alegremente la clave: “no siempre podemos hacer
grandes cosas, pero sí podemos hacer pequeñas cosas con gran amor”.

Los niños, decía ella, “son como las estrellas: nunca hay demasiados”.

Jesús se hizo Un Niño para mostrarnos que es haciéndonos pequeños como más
grandes seremos en realidad. Por ello, debemos ser humildes, a la vez que
debemos apreciar el gran regalo de la infancia. Trabajemos para poder llegar a
decirnos: “he llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño” (Joseph
Heller). Aspiramos a eso.

San Juan Bosco solía decir que “la primera alegría de un niño es sentirse amado”,
y Jesús nos pide: “Dejad que los niños se acerquen a Mí”:

Padres, ¡bautizad a vuestros hijos y dadles una educación cristiana! ¡Amadlos y


enseñadles a hablar con ese Dios que tanto nos ama y los ama!

¡No les lancéis a la Red (internet) tan rápido! Mejor jugad con ellos a juegos de
mesa, al fútbol, al escondite, a los teatros, a carreras..., ¡a lo que sea!, pero darles
de pequeños y adolescentes un móvil no es un regalo sino algo radicalmente

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malo. Si no les permitís lanzarse al suicidio de la “gula” digital, de mayores,
recordarán cómo hacíais multitud de planes juntos, los juegos, las risas, la
competitividad, la alegría... ¡la familia es un regalo, y los niños aún más!

Imagina lo importante que es la familia que hasta Dios quiso tener una. Pide ayuda
a la Sagrada Familia para que te ayuden a agradecer a Dios cada día por tu familia.

¿Quieres ser afortunado? ¡Entonces sé como un niño!

Jesús nos dice:

“Bienaventurados (felices, afortunados)

los pobres de espíritu”, “los mansos”,

“los que lloran”, “los que tienen hambre y sed de

justicia”, “los misericordiosos”,

“los limpios de corazón”, “los que buscan la Paz”,

“los perseguidos por causa de la justicia”,

los injuriados, perseguidos y calumniados por su Fe

en Dios Eterno.

Bienaventurados, en resumen, los que son como niños.

Porque de los que son como niños es el Reino de los Cielos.

Debemos hacernos como niños, no infantilizándonos, sino siendo humildes,


atentos, felices, amando a nuestros padres, con una Fe y una esperanza más allá
de la razón irreflexiva. Más allá del qué dirán. Aprendamos de los niños,
cultivemos la humildad, gratitud, paciencia y diligencia para lograrlo.

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“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla”
(Gilbert Keith Chesterton).

Sed centinelas en la defensa de su inocencia, su bondad, su pasión, su alegría y su


vivacidad.

-Breve paréntesis: Tanto si eres padre como si eres o quieres ser maestro, presta
atención a esta página-.

La educación mueve el mundo. Si el mundo se mueve hacia el abismo es en gran


parte porque la educación (en la casa y la escuela) se está pudriendo. “De la sana
educación de la juventud, depende la felicidad de las naciones” (San Juan Bosco).

En concreto, creo que algunos colegios católicos, así como las clases de Religión
en algunos colegios no católicos, deben centrarse mucho más en la Fe, en Dios. Y
si eres profesor pero no de Religión ni en un centro católico tampoco escondas tu
Fe. El peor acto de egoísmo de un católico es esconder su Fe a los demás, ya que
dificultas la salvación eterna de los que están a tu alrededor, de los que tantísimo
quieres. Esto no quiere decir que debas actuar en contra de los padres ni los
valores del colegio, pero nunca escondas tu Fe. Tu Fe es una virtud, no un defecto
que tapar.

San Juan Bosco dijo: “Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros
alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene
ante todo que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados
jóvenes”.

El profesorado es una vocación hermosa. Los maestros son, después de sus


padres y hermanos mayores, las personas de referencia para los niños. Actúa y
enseña como tal; y no temas tampoco enseñar con autoridad, pues los niños y
jóvenes necesitan autoridad para no crecer bailando al son de las modas y sus
emociones precarias. Los niños, preadolescentes, adolescentes y jóvenes van a
quererte y van a ver en ti un modelo. Esto es preciosísimo, un regalo de Dios, así
que no les apartes de Él. Padres y educadores, no andéis peleando a ver quién
tiene la culpa de tal cosa. Todos estamos llamados a llevar al alumno con amor a
buen puerto. Todos estamos llamados a la santidad. Pero bajo ningún concepto
lancéis a vuestros hijos (o alumnos) al feo abismo de la "educación sexual"…

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¿LA CASTI…QUÉ? LA CASTIDAD

No les deis más “educación sexual” que el gran valor de la castidad.

“Dios es amor y vive en sí mismo un misterio de comunión personal de amor.


Creándola a su imagen [...] Dios inscribe en la humanidad del hombre y de la
mujer la vocación, y consiguientemente la capacidad y la responsabilidad del
amor y de la comunión” (Catecismo, 2331).

Se refiere a la vocación de castidad, y, como se puede leer, se habla del amor.


Porque la castidad es una forma de demostrar amor (amor por Dios, por la pareja
y por uno mismo). No os dejéis llevar por los pequeños diablillos que os dicen que
la castidad es la falta de amor; porque es al revés.

“La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de


su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad
de amar y de procrear y, de manera más general, a la aptitud para establecer
vínculos de comunión con otro” (Catecismo, 2332).

La castidad es el medio por el cual se ama de verdad a las personas. Sin castidad,
no podemos amar plenamente a nadie, porque el sexo sin amor, el sexo cerrando
su posibilidad al hermoso regalo de crear vida y el sexo regalado a alguien a quien
no se ha prometido lealtad eterna es una nube gris que nubla todo cuanto nos
permite amar libre y radicalmente.

“La castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por


ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual. La
sexualidad, en la que se expresa la pertenencia del hombre al mundo corporal y
biológico, se hace personal y verdaderamente humana cuando está integrada en
la relación de persona a persona, en el don mutuo total y temporalmente
ilimitado del hombre y de la mujer. La virtud de la castidad, por tanto, entraña la
integridad de la persona y la totalidad del don” (Catecismo, 2337).

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La castidad es, pues, una manera de demostrar amor; de decirle a tu novio o a la
persona que quieres “mi amor hacia ti está incluso por encima de mis deseos
más profundos y alcanzables”.

Si dudas de si la castidad es buena y útil, solo mira el increíble aumento


exponencial de los divorcios a medida que la castidad es más despreciada e
insultada. El amor, sin castidad, se convierte en egoísmo, en un "amor" explosivo
que muy pronto acaba. Si quieres esa explosividad que arrasa todo a su paso y,
como una bomba, deja todo vacío y desolado, no seas casto, pero Dios nos ama
bien y quiere que amemos bien a los demás.

El plan de moda de cada viernes de miles de jóvenes es emborracharse, ir a una


discoteca y amancebarse a una chica cuya figura paterna lleva comprando tabaco
unos cuantos años. Bien advertía Don Bosco que "vino y castidad no pueden estar
juntos".

Pero la castidad no se refiere solo al sexo, sino también a todo pecado de


impureza, pues el mismo Jesús nos advirtió de que “todo el que mira a una mujer
deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”» (Mateo 5, 27-28).

La castidad es deber, no digo ya del santo, sino del católico. Quiérete más y no
pases tu vida de falda en falda, ni te masturbes ni veas pornografía (que, además
de ser pecado, afecta negativamente al cerebro según los estudios científicos).

Mucha gente intenta luchar contra los pecados de la impureza personales


(pornografía, masturbación, lujuria, etc.) mas no sabe cómo.

En la siguiente página, daré algunos consejos para lograr vencer ese vicio:

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Lo primero es bloquear páginas porno del teléfono (hay aplicaciones para ello).

Asimismo, debemos pedir mucha ayuda a Dios y a su casta Madre, así como rezar
(“[…] no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”) y recibir
frecuentemente los sacramentos.

Siempre debemos ser conscientes de que no luchamos solos, pues son Dios y
nuestro ángel de la guarda los que luchan en nosotros y nos ayudan a vencer.

Es muy útil en el momento de la tentación cambiar rápidamente los


pensamientos a otra cosa, especialmente rezando y pensando en nuestra Madre
tan pura y en que el Paraíso nos traerá más felicidad que cualquier gozo mundano,
o también pensando en cosas que, aunque no tengan que ver con Dios, nos
relajan y nos permiten no caer en la tentación.

También puedes hacer una Comunión espiritual (rezando “Creo, Jesús mío, que
estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre
todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Pero como ahora no puedo
recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. Y como
si ya Os hubiese recibido, Os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas
que jamás me aparte de Ti. Amén”, oración de San Alfonso María de Ligorio).

También es útil cambiar de actividad y de lugar, yendo por ejemplo a tomar agua
o dándote un paseo para airearte un poco. También nos ayuda mucho
mantenernos en buena forma física (‘mens sana in corpore sano’).

Y, además, hay que comprometerse verdaderamente (puedes ir semana a


semana comprometiéndote contigo mismo y con el Señor a no caer durante toda
la semana).

Recuerda también que no por caer una vez ya da igual volver a caer. Si caes,
confiésate y vuelve a la batalla.

Por último, la dirección espiritual y la parroquia son muy importantes.

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LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL Y LA PARROQUIA

Los seres humanos somos seres con un sentido trascendental por naturaleza. Esto
es, con una dimensión religiosa. Por ello, son muy importantes el asesoramiento
y la dirección espiritual del sacerdote de tu parroquia, que te resuelva las dudas
y te forme en la Fe. También es muy importante la catequesis (muy importante),
así como las actividades como Cáritas, mediante las cuales podemos hacer y
recibir mucho bien.

Es de suma importancia, no solo a nivel religioso sino también a nivel humano,


que te integres en una parroquia. ¿Qué es del santo sin su parroquia?

Necesitas vivir ahí (en tu parroquia) tu espíritu de servicio y tus necesidades de


amistades sanas y amor fraterno y constructivo.

LA EVANGELIZACIÓN DIGITAL

La parroquia es una red social real. También puedes aprovechar las redes sociales
virtuales. Puedes complementar la formación recibida en la parroquia con cultura
católica (libros, encíclicas, escritos, la Biblia, el Catecismo, películas, vídeos,
canciones, etc.) y con el contenido y las personas que puedes encontrar en redes
sociales como Twitter, en donde yo estoy bastante presente (demasiado, en
realidad).

¡La evangelización digital es hoy una necesidad!

Pero ¡cuidado!, que las redes sociales e internet vician mucho, y ese, de hecho, es
un problema que tengo yo y que debo, con la Ayuda de Dios, solucionar.

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AMAR A LOS DEMÁS… POR ENCIMA DE SUS
IMPERFECCIONES

Asimismo, procura además que las redes sociales no te lleven a caer en la


soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula (digital), la envidia, la pereza, etc., ni
te dejes llevar por el odio ni la alienación digital.

El odio no es católico. Hay que amar un montonazo… Amar a los demás, por
encima de sus imperfecciones, como Dios hace con nosotros.

La santidad consiste en “el secreto de mucho amar” (Santo Tomás de Aquino).

No hay que ser soberbios, todos tenemos defectos, faltas y pecados, y yo el


primero, que tan pecador e inmisericorde soy. Tus padres son tus padres, y los
debes querer tal y como son y esforzarte por pasar tiempo con ellos, levantar tus
ojos de la pantalla y hablar con ellos, charlar, jugar, ayudar en casa, etc., y lo
mismo con tus amigos.

La humildad es esencial en la vida del católico. Es la virtud más importante de


todas y la que nos hace reconocernos como Hijos de Dios.

“Humildad, esa raíz dulce y baja de la que brotan todas las virtudes celestiales”
(Thomas Moore).

¡Con humildad, oración y amor, LA SANTIDAD ES POSIBLE!

52
La humildad

“Sed humildes, un granito de soberbia basta para arruinar una montaña de


santidad” (San Pablo de la Cruz).

Escribo este título en minúsculas porque es haciéndose pequeñito e invisible


como se es humilde, y es siendo humilde como se es grande. "Porque todo el que
se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado" (Lucas 14, 11).

Como Juan Donoso Cortés decía, “Dios se vale muchas veces de los débiles para
abatir a los poderosos”.

La humildad es la virtud más importante. Por eso, Dios, que es Rey, Eterno,
Todopoderoso, Omnisciente, Omnipresente e Inmutable, Se disfraza de un
Trocito de Pan, un poquito de Vino, en el enfermo, en el débil e indefenso…

Si queremos ser santos, debemos por encima de todo perfeccionarnos en la


humildad... Yo muchas veces tengo la tentación de la soberbia, pero lo importante
es no caer.

Para pedirle la virtud de la humildad a Dios debemos orar y rezar, debemos


pedírselo insistentemente al Señor.

Para ello, viene muy bien rezar las Letanías de la Humildad, compuestas por el
cardenal Merry del Val:

Jesús, manso y humilde de Corazón, óyeme.

Del deseo de ser lisonjeado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser alabado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser honrado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aplaudido, líbrame, Jesús.

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Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser consultado, líbrame, Jesús.

Del deseo de ser aceptado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser humillado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser despreciado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser reprendido, líbrame, Jesús.

Del temor de ser calumniado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser olvidado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser puesto en ridículo, líbrame, Jesús.

Del temor de ser injuriado, líbrame, Jesús.

Del temor de ser juzgado con malicia, líbrame, Jesús.

Que otros sean más amados que yo, Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros sean más estimados que yo, Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que otros crezcan en la opinión del mundo y yo me eclipse, Jesús, dame la


gracia de desearlo.

Que otros sean alabados y de mí no se haga caso, Jesús, dame la gracia de


desearlo.

Que otros sean empleados en cargos y a mí se me juzgue inútil, Jesús, dame la


gracia de desearlo.

Que otros sean preferidos a mí en todo, Jesús, dame la gracia de desearlo.

Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que
pueda, Jesús, dame la gracia de desearlo.

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Oh, Jesús, que, siendo Dios, Te humillaste hasta la Muerte, y muerte de Cruz, para
ser Ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la
gracia de aprender y practicar Tu Ejemplo, para que, humillándonos como
corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta
gozar eternamente de Ti en el Cielo.

Amén.

La humildad es la virtud por la que Dios salva más almas de las malditas garras de
satanás (para empezar porque sin humildad no hay arrepentimiento, sin
arrepentimiento no hay Confesión y sin Confesión no hay santidad). El diablo
puede simular tener muchas virtudes y, siendo el “padre de la mentira” (Juan 8,
44), disfraza los pecados de virtudes para engañarnos. Sin embargo, nunca puede
ni podrá simular la humildad.

“Un día me puse a pensar cuál será el último puesto que puede haber en el
mundo. Y descubrí que el último puesto es a los pies del traidor Judas. Y quise
colocarme yo allí, pero no pude, porque allí estaba Jesucristo arrodillado
lavándole los pies. Desde entonces creció mi aprecio por la humildad” (San
Francisco de Borja).

En palabras de San Juan Clímaco, "la humildad es la única virtud que ningún
demonio puede imitar. Si el orgullo hizo demonios de los ángeles, no hay duda de
que la humildad puede hacer que los ángeles se conviertan en demonios". El Papa
Francisco declaró en una homilía que "ante la humildad del apóstol de Cristo, el
demonio escapa".

San Benito nos insta a actuar siempre bajo el siguiente principio, que es la base
de la humildad: “Cuando veas en ti algo bueno, atribúyelo a Dios, no a ti mismo”.

Una canción muy chula del grupo católico Betsaida dice con gran acierto: “Él se
muestra a los humildes, a los limpios de corazón, a los que se hacen pequeños,
como Él”.

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¡LA FELICIDAD!

“(Jesús) me enseñó que la única gloria que importa es la gloria que dura para
siempre, y que uno no tiene que realizar actos brillantes para ganar eso, sino
esconder los actos de virtud de los demás, e incluso de uno mismo, de modo que
‘la mano izquierda no sabe lo que está haciendo la mano derecha’“. Esta frase
revela el fundamento profundo de la felicidad de Santa Teresita de Jesús.

La humildad es necesaria, ¡la virtud más importante!, pero no basta con ella…

Al igual que no solo de pan vive el hombre, tampoco solo de humildad y amor. En
este sentido, una virtud muy importante es la felicidad.

"Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Filipenses 4, 4).

¡Hay que entregarse a Dios y al prójimo con humildad y felicidad!

La felicidad es la alegría permanente. Debemos saber, por encima de las


circunstancias, afrontar la vida con una sonrisa y con mucho amor a Dios.

Hoy he leído este gran tweet de una cuenta que me gusta mucho (Universitarios
Católicos): "Vive tu cristianismo con alegría, da testimonio tuyo, y tu amigo ateo
vendrá a preguntarte: «¿Qué te pasa?, ¿por qué vives así?», y ahí sí que será el
momento de hablar".

Esto es lo que yo me tomo la libertad de llamar La Evangelización de la Alegría.

La Madre Teresa decía que "tenemos todos los motivos para ser las personas más
felices del mundo"; San Francisco de Sales que “un santo triste es un triste santo”.

San Juan Bosco, por su parte, instaba a sus alumnos a que “estén alegres, pero
que su alegría esté lejos del pecado. La alegría nace de la paz del corazón. Sean
buenos y estén siempre alegres. El demonio no puede resistir a la gente alegre”.
La Evangelización del siglo XXI debe ser, ante todo, La Evangelización de la Alegría.

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EL SHH…ILENCIO

La alegría es saber que Dios está con nosotros siempre. Y esta es una alegría que
se puede manifestar de muchas maneras, como con la música por ejemplo, pero
que alcanza su máximo apogeo cuando se expresa en la oración en el silencio, así
como en la recepción de los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión.

Caer no te debe hundir. “La aventura de la santidad comienza con un «SÍ» a Dios”
(San Juan Pablo II) y nunca es tarde para empezar de nuevo y decirle ese «SÍ» Al
que tanto nos ama.

Nuestra vida espiritual depende de decir SÍ a Dios, a la humildad, a la felicidad y


al silencio. Y así superaremos todas las caídas, levantados de la Mano de Dios.

El silencio es fundamental en la vida del católico, y más aún del santo.

Robert Sarah dice que "el silencio es más importante que toda obra humana,
porque allí habla Dios".

En esta sociedad, 'la sociedad del ruido’, nuestra búsqueda de santidad implica
nuestra búsqueda del silencio.

No hay mayor y más fiel amigo de la oración que el silencio. Visita el Sagrario,
donde está Jesús Eucaristía esperándote, y, en medio de ese bello silencio,
construye tu oración con El Altísimo, que siempre te escucha, pero de manera
particular en el silencio. No seas un hombre de ruido, sino de silencio. Prioriza,
por encima del mundo y la carne, el silencio y tu relación íntima, inmediata y
personal con Dios, que es el Amor y ama sobre todo a través del silencio.

También defiende Robert Sarah que el silencio cobra una especial fuerza en los
ratos de silencio en la Liturgia. Es fundamental que, sigiloso como solo Él sabe ser,
permitamos en los silencios durante la Misa y la exposición del Santísimo que Dios
entre en nosotros a ordenar todo lo que está desordenado.

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LA ADORACIÓN AL SANTÍSIMO

«La adoración es el primer acto de la virtud de la religión. Adorar a Dios es


reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que
existe, como Amor infinito y misericordioso. “Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él
darás culto” (Lc 4, 8), dice Jesús citando el Deuteronomio (6, 13)» (Catecismo,
2096).

Los católicos adoramos a Jesús y veneramos a quienes más nos acercan a Él, y
tenemos una forma de adorar a Dios concreta muy bonita: la adoración al
Santísimo, también llamada adoración eucarística y adoración al Santísimo
Sacramento del Altar, ya que, en ella, se expone la sagrada Eucaristía.

Dado que «… en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están contenidos


verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la
divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y por consiguiente, Cristo
entero…» (Catecismo, 1374), no hay mejor manera de adorar a Dios que ante Él
transformado dócilmente por la Consagración en una Hostia, en un trozo de Pan.

En la adoración eucarística, el sacerdote saca a Jesús Eucaristía del Sagrario y lo


expone en una Custodia. Dios sale a nuestro encuentro, nos busca y quiere que
Le visitemos. Sería un delito desaprovechar la ocasión.

El beato Carlo Acutis decía que, al igual que nuestra piel a la exposición del sol se
hace más morena, nuestra alma se hace más santa mediante la adoración
eucarística. Tener un rato a solas para pensar, rezar, orar, adorar y hablar
internamente con Él frente a Él, Le mueve a donarnos las virtudes que buscamos.
No es algo automático, sino que, amándole a Él, que es la Fuente misma del amor,
aprenderemos a amar. Nuestro Dios es tan humilde y tiene tanta sed de
santificarnos, que Se deja exponer para que podamos tener un momento íntimo
con Él. Como los caminantes de Emaús, nosotros Le reconocemos en la Eucaristía,
en ese “disfraz” que Jesús Se pone para que Le reconozcamos y Le adoremos, así
como para que comulguemos.

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En muchas parroquias, los jueves por la tarde se expone al Santísimo. Entérate de
si en tu parroquia más cercana lo hacen y no desaproveches la ocasión.

No hay una sola manera de adorarle. En este sentido, Dios sabe que la Iglesia es
rica y variada y Él Se regocija cuando le adoramos, con el carisma con el que más
nos llegue: puede haber música, ratos de oración hablada, etc., (o puede que no),
pero lo que no puede faltar es, como comentaba antes, el silencio.

Porque, cuando acaba el ruido, el alma se lanza o a la nostalgia o a la esperanza.


Y si ese silencio se construye en el amor a nuestro trino Dios se llenará nuestra
alma de esperanza.

“El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la Fe. El fruto de la Fe


es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la Paz” (Santa
Teresa de Calcuta).

¡HAY ESPERANZA!

Busca el silencio y hallarás la esperanza.


¡Hay esperanza! ¡Siempre que haya Dios, hay esperanza!

Hay dos cosas que amo mucho: el rock’n’roll y la esperanza.

Si hasta este preciso instante has vivido la vida alejado de Dios y del ideal de
santidad, ¡no te preocupes!, confiésate y espera en el Señor.

Como bien explicó San Josemaría Escrivá de Balaguer, "la esperanza no me separa
de las cosas de esta tierra, sino que me acerca a esas realidades de un modo
nuevo, cristiano, que trata de descubrir en todo la relación de la naturaleza, caída,
con Dios Creador y con Dios Redentor".

59
LA EVANGELIZACIÓN

De este mismo santo es la siguiente cita: "Otra caída... y ¡qué caída!...


¿Desesperarte?... No: humillarte y acudir, por María, tu Madre, al Amor
Misericordioso de Jesús. —Un «miserere» y ¡arriba ese corazón! —A comenzar
de nuevo".

La esperanza lleva a la Evangelización. Ésta vence a la nostalgia. Muchas veces,


nos atrapa la nostalgia, y yo, encima, como músico compositor, me recreo a
veces en el sentimiento. Sin embargo, la esperanza nos hace no quedarnos atrás,
hundidos en el mar de la nostalgia, sino caminar siempre hacia adelante en la
vida, que no es otra cosa que el navío en el cual nos dirigimos hacia el Cielo.
Debemos llenar este mundo de esperanza, de la Esperanza de la Vida del Mundo
Futuro. En otras palabras, debemos, como nuestra amadísima Madre hace
siempre, evangelizar.

Debemos hacer nuestras las palabras de Santa Teresa Benedicta de la Cruz: "Yo
solo soy un instrumento del Señor. Al que se acerca a mí, quisiera conducirlo a
Él".

La mejor manera de hacer ‘nueva evangelización’, dice César Franco Martínez, "es
santificarse", es decir, dejarse santificar por Dios.

¡Está en juego la salvación de las almas!

El Amor llama al amor. Saber que Dios nos ama debe movernos e impulsarnos a
intentar que los demás lo sepan también, porque ser conscientes de eso cambia
nuestra vida por completo y la llena de sentido. La mejor manera de evangelizar
es siendo un reflejo del Amor de Dios.

"En esto conocerán todos que sois discípulos Míos: si os tenéis amor los unos a
los otros" (Juan 13, 35). El amor debe ser nuestro símbolo.

María hizo de la humildad y, sobre todo, del amor, su auténtico trono.

60
VIRGEN MARÍA: MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA

¡Agradece siempre a Dios nada más despertarte por un nuevo día, por tu familia,
por tus amigos, por la esperanza y por el amor de la amabilísima y bellísima
inmaculada Virgen María, madre de Dios y madre nuestra!

¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios! ¿Qué mejor manera, entonces, que llegar
A Jesús Por María, Su madre? Pidámosla confiadamente que interceda por
nosotros. ¡Totus Tuus!

Recuerda siempre que “María es el camino más seguro, el más corto y el más
perfecto para ir a Jesús” (San Luis María Grignion de Montfort),

que "por mucho que ames a María Santísima, ella te amará siempre mucho más
de lo que la amas tú” (San Ignacio de Loyola),

que “la grandeza de María reside en su humildad. Jesús, Quien vivió en


estrechísimo contacto con ella, parecía querer que nosotros aprendiéramos de Él
y de ella una lección solamente: ser mansos y humildes de corazón”
(Santa Teresa de Calcuta)

y que "a la manera que la gloriosa Virgen de las vírgenes llevó a Cristo
materialmente en su seno, así también tú, siguiendo sus huellas, especialmente
las de su humildad y pobreza, puedes llevarlo siempre espiritualmente" (Santa
Clara de Asís).

Debemos amar a María, pues es nuestra dulce Madre. En sus Apariciones en San
Sebastián de Garabandal (aún no aprobadas en su máximo grado por la Iglesia, a
cuyo juicio nos hemos de adherir), la Virgen jugaba con las niñas (las videntes) al
Escondite y hablaba sobre las vacas del pueblo con ellas. ¡Qué Madre tan buena!
¡Es imposible no quererla!

Por medio de ella, Dios rompió el pecado de Eva y gracias a ella afirmamos que...
¡LA SANTIDAD NO ES DE OTROS TIEMPOS!

61
LA SANTIDAD: ¿ES REALMENTE POSIBLE?
SÍ. Y el primer paso para ser santos es querer serlo:

“Un gran deseo de ser santo, es el primer peldaño para llegar a serlo; y al deseo
se ha de unir una firme resolución” (San Antonio María de Ligorio),

sabiendo que “la santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación
para todos, para usted y para mí” (Madre Teresa de Calcuta),

“porque esta es la Voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tesalonicenses 4,


3),

"pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad”


(1 Tesalonicenses 4, 7),

y es que “solo hay una desgracia: no ser santo” (León Bloy),

pero, por suerte, “nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse santos”
(Raniero Cantalamessa),

pues los santos no fueron perfectos, cayeron y se levantaron de nuevo, porque


“los santos fueron santos, porque quisieron, con inmenso querer, ser fieles”
(Madre Maravillas de Jesús),

ser fieles en el amor, sabiendo que “la santidad consiste en una disposición del
corazón” (Santa Teresita de Jesús): la de mucho amar, amar ya, cada día, sin
tiempo que perder, en este momento que Dios te da,

pues “la santidad se encuentra en el camino que nos abre cada uno de nuestros
días, en que se ofrecen a nosotros, con atractivo desigual, los deberes de nuestra
vida cotidiana” (San Francisco de Sales),

pero con gran humildad y reconociéndonos pecadores, ya que “la santidad no se


alcanza sino por la humildad y a mayor humildad mayor santidad” (Gustavo
Pascual).

Da igual fracasar para el mundo si es por amor a Dios. Ese “fracaso” es un Triunfo.

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¡SIN MIEDO AL FRACASO DEL MUNDO!
La Madre Teresa decía que "Dios no nos ha llamado a tener éxito, nos ha llamado
a ser fieles".

Probablemente muchos santos no recibieron tanto amor como el que ofrecían.


Probablemente les doliese la soledad a veces, pero nunca dejaron que ésta les
venciese. Porque el santo no vive para agradar al mundo sino para agradar a Dios.

El santo vive "para servir" a Dios y al prójimo. Tener éxito para el mundo consiste
en ser servido, no en servir; pero para nosotros, los católicos, el éxito se encuentra
en servir y olvidarse de uno mismo. Los santos no buscan ser servidos, sino servir,
vivir una "vida de amor... he aquí la única razón de vivir" (San Rafael Arnáiz).

Recuerda que muchas veces serás rechazado, incluso por tus mismos compañeros
en la Fe, pero no cedas al desaliento. Acuérdate siempre de que "el amor a Dios
todo lo hace suave" (San Claudio la Colombière)

y que, como San Felipe Neri decía, "conservar el buen humor en medio de las
penas y enfermedades, es señal de alma recta y buena".

Siempre hay que ir a Dios con alegría, puesto que la alegría consiste en saber que
Dios nos ama y nos llama, recordando que el rechazo de nadie nos puede
entristecer. Jean-Baptiste Chautard acertó diciendo que “nuestra felicidad en
esta vida depende de nuestra unión con Jesucristo en la Eucaristía", no de otra
cosa. Nuestra felicidad es poder recibirle y amar a Dios y a los demás.

Hay que BUSCAR el mayor éxito, que es LA SANTIDAD.

Pidamos a nuestro bondadoso, amable y misericordiosísimo Padre celestial que


nos ayude siempre a no apegarnos a los éxitos mundanos sino vivir amando y
dejando, a pesar de nuestra pequeñez,

¡que Dios nos bendiga y nos santifique a todos!

63
¡Dios te ama, y te quiere santo!

64
"El mundo necesita el testimonio de vuestra Fe,
necesita ciertamente a Dios". Benedicto XVI.

Alejandro García Martínez.

65
Imagen: Portada del último disco de Álex Contracorriente, diseñada por Javi Marenas.

https://open.spotify.com/album/50BOVfeA4tC0SHAnlMoKA8?si=nij3j
Md4RFKOXDJ9y6U1NA

”La santidad es dar el 100% y un poquito más"


(misionero español).

66
La santidad… ¡ES POSIBLE!

Alejandro García Martínez.

67
Pd. Si te ha gustado este libro… te recomiendo leer este otro libro de Alejandro García:

https://drive.google.com/file/d/1ZcwawlRwiQ3tWlOKrTnjEANHyxMYTSPf/view?usp=sha
re_li nk

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