LA SANTIDAD ES POSIBLE (Alejandro García Martínez)
LA SANTIDAD ES POSIBLE (Alejandro García Martínez)
El AMOR ............................................................................. 12
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LA EUCARISTÍA… ¡Y ALGUNOS MILAGROS! ....................... 28
La humildad ...................................................................... 53
EL SHH…ILENCIO ............................................................... 57
LA EVANGELIZACIÓN ........................................................ 60
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MI PEQUEÑEZ
Para ser conscientes de ello, primero debemos hacer una aproximación sobre qué
es la santidad.
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¡VOSOTROS SOIS LA LUZ DEL MUNDO!
Así como el espejo refleja la luz de una linterna, nosotros estamos llamados a
reflejar la Luz de Dios, sin olvidar que una pequeña Luz (o, en su defecto, el espejo
que La refleja) brilla más en la oscuridad.
"«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se vuelve sosa, ¿con qué se la
salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los
hombres. «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada
en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo
del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en
la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras
buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los Cielos" (Mateo 13, 16).
En la oscuridad que hoy vivimos, Te doy gracias, oh, Señor, Santo de los santos,
por mi padre Antonio, por mi Padre Dios (Santísima Trinidad Un Solo Dios), por
mi madre Almudena, por mi inmaculada Madre María, por mi hermano Javier,
por todos mis hermanos miembros de la Iglesia, por toda mi familia (abuelos, tíos,
primos, etc.), por todos mis amigos y conocidos y, ¿por qué no?, por todos mis
enemigos.
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¿”GRACIAS”? ¿POR QUÉ TENDRÍA QUE DECIR YO ESO?
Dice Santa Teresa de Calcuta que donde hay amor está Dios.
No quiero ser santo para mí. Eso sería absurdo, ya que la santidad es vivir para
Dios y para el prójimo, no para uno mismo.
El santo llena de amor este mundo de odio. Este mundo que, a pesar de ser
esencialmente odiador, tiene, gracias a Ti, consuelos maravillosos, como los
sacramentos (especialmente la Eucaristía y la Reconciliación) y la familia.
Mis padres y mi hermano son un regalo que no merezco pero sí agradezco. Son,
pese a sus defectos (que en número seguramente sean menos que los míos), un
trocito de Cielo. Seguro que tú, lector, también tienes personas por las que
agradecer al Señor. Por lo menos, por tu ángel de la guarda, que siempre te
acompaña y te trata de llevar a Dios, por tu vida, por la inocencia de los niños, por
tu patria, por tus conocidos, por tus amigos, por tus familiares,…
“Al conocer lo que Dios nos ha dado, encontraremos muchísimas cosas por las
que dar gracias continuamente” (San Bernardo).
Dijo nuestra querida Madre en San Sebastián de Garabandal (España): “Os quiero
mucho y no quiero vuestra condenación”. Para ello, con la Palabra, Dios eterno,
nos dejas pequeños “trucos”. En la Misa de hoy han leído: “no endurezcáis
vuestro corazón” (Hebreos 3, 8). Mi corazón es de piedra, pero se ablanda con Tu
Amor. Gracias, Señor, por hacerlo. ¡Qué bueno eres y qué felicidad!
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Santa Gianna Beretta Molla dijo que “el secreto de la felicidad es vivir cada
momento y agradecer a Dios por todo lo que en Su Bondad Él nos envía, día tras
día”.
Esta sociedad tiene motivos de sobra para quejarse, pues la precariedad cada vez
está más presente y se están perdiendo los valores que nos han hecho siempre
grandes, pero sin embargo decide hacer de la queja su forma de vida,
comprendiéndola como fin en vez de como medio, y encima lo hace para
perpetuar más ese erróneo modelo de vida sin Fe y sin amor, en vez de luchar por
el derecho a poder formar una familia, a vivir plenamente la Fe, a la educación,
por la dignidad y la vida de todos, etc.
Una sociedad que se rompe y permanece esclava de sus propias pasiones siempre
andará en la queja y en el egoísmo. “Para muestra, un botón”…
Hoy, el tema de moda, la tendencia, es una canción que ha sacado una cantante
‘poniendo verde’ a su exmarido, el cual previamente la había ‘puesto los cuernos’,
lo cual está muy de moda actualmente “gracias” a los nefastos programas basura
que echan en la televisión, que consisten en la queja y la exaltación de la
infidelidad y de la prostitución no remunerada.
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LA SOCIEDAD DEL EGOÍSMO
Me pregunto qué sentirán esos dos pequeños…, o, mejor aún, qué sentirán esas
pobres almas que, por dejarse llevar por esta sociedad a merced de las olas de ‘la
tendencia’, ellas solas se condenaron al Infierno. ¡Qué podredumbre!
Sé que la ‘libertad minor’ (libre albedrío) es el principio que usas para que nos
convirtamos a Ti por amor y no por pura conveniencia, pero también sé que Tu
Misericordia es infinita y Tu tesoro de Compasión inagotable, como revelaste a
Santa Faustina Kowalska. Ayúdanos, pues, Tú que nos amas como nadie nos
puede llegar a amar. Líbranos del egoísmo y llénanos de Tu Amor. Santifícanos.
Sufro mucho por todos, por cómo Te ofendemos (yo incluido), y Te suplico que,
como a pesar de mi pequeñez e inutilidad hiciste conmigo, puedas convertir todos
los corazones de aquellos que amo en “sagrarios” vivos de amor a Ti, oh, Rey
celestial.
Debemos ser conscientes de que cada vez que pecamos Te clavamos una espina
más en la frente, añadimos un kg más de peso a Tu Cruz, Te lanzamos un
escupitajo más…, y cada vez que hacemos una buena acción Te limpiamos la
Sangre, como María. Tú, que eres el Amor hecho Hombre y Divinidad, imprime Tu
Amor en nosotros, para poder decir “NO” al morbo, a la falta de amor, al
egoísmo… y podamos así en un futuro disfrutar juntos de la Patria Celestial. Sé
que lo harás, porque eres bueno: Dios es el Amor en su máxima expresión. Un
Amor que ni el asesinato puede doblegar.
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QUIEN NO VIVE PARA SERVIR…
Quien tenía mucha devoción al Sagrado Corazón de Jesús, tan dócil, desprendido
y humilde, era Santa Teresa de Calcuta, una gran santa que entregó su vida al
Señor y a los más pobres de entre los pobres de Calcuta. Santa Teresa afirmaba
que “quien no vive para servir, no sirve para vivir”.
Como el beato Carlo Acutis dijo, “la tristeza es dirigir la mirada hacia uno mismo,
la felicidad es dirigir la mirada hacia Dios”. Digámosle a nuestro buen Dios:
ayúdame a "en todo, amar y servir” (como San Ignacio de Loyola). Enséñame,
buen Pastor, a poner siempre mi mirada en Ti y jamás en mí mismo. Enséñame a
servir y pensar siempre en los demás antes que en mí. Enséñame a tener una
actitud de entrega, de decir, como San Agustín de Hipona, "si precisas una mano,
recuerda que yo tengo dos". Enséñame a vivir para servir.
Ya nos enseñas a amar y servir con Tu Ejemplo y con el ejemplo de tantos siervos
de Dios, venerables, beatos, santos y tantas personas comunes y corrientes que
se entregan a los demás con amor, abnegación y generosidad. La santidad
consiste en entregarse al prójimo en el Nombre y con el vigor que nos proporciona
Dios. Nuestras propias fuerzas son limitadas. Por ello, debemos pedirte siempre,
Señor, que nos ayudes y nos des fuerzas para poder mejorar. Que nos guíes. Que
nos santifiques. Enséñanos, Sumo Sacerdote, a ponernos siempre al servicio del
prójimo y de Ti. Esa es una de las bases fundamentales de la santidad.
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ODIAR. ¿NI SIQUIERA A PERRO SÁNCHEZ?
Dios, ayúdame también a no odiar más que al pecado, lo cual a veces me resulta
complicado, sobre todo por la política. Por ejemplo, hoy, el psicópata de nuestro
“presidente” del “gobierno” (amparado por los organismos supranacionales,
como la UE) ha dado vía libre a Puigdemont y al resto de independentistas, cuyo
afán es destruir España, al suprimir hace días el grave delito de sedición. Una de
tantas…
Te rezo y ruego, mi Dios y mi Señor, para que se conviertan, y para que nos
convirtamos todos, que falta nos hace.
Te quiero, Dios. Muchas gracias también porque no solo con el ejemplo de tantos
santos y buenas personas me enseñas, sino también con Tu Palabra.
Porque… “Señor, ¿a quién iremos? Solo Tú tienes Palabras de Vida Eterna” (Juan
6, 68).
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¡DIOS SIEMPRE PREMIA LA FE!
En este caso, con “Tu Palabra” me refiero a la lectura del Evangelio del día de hoy
(en el que escribo esto), que decía que fue a Ti un leproso que Te rogó que le
limpiases, a lo que respondiste: “Quiero; queda limpio”. (Marcos 1, 40-41).
A partir de aquí, este libro no pretende ser tanto una oración, sino sobre todo una
guía espiritual con las claves que considero, desde mi ignorancia, fundamentales
para alcanzar la santidad, en base al ejemplo de los santos.
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El AMOR
El amor es una semilla que siempre germina y brota, de las raíces hasta el Cielo.
Dijo muy acertadamente Clive Staples Lewis que “a las raíces profundas no llega
la escarcha”. Si queremos ser santos, hay que crecer para abajo, radicalmente.
El amor es la medicina del alma. El que ama, gana. El amor, como escribía antes,
no solo crece para fuera, sino también para dentro: las raíces de nuestro corazón.
Como el agua para el árbol, así es el amor para el hombre. Por Amor, Te dejaste
clavar en esa Cruz.
El amor, dice San Pablo en su Primera Carta a los Corintios, “es paciente, es
servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede
con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal
recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor
todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Y el amor, como
decía antes, se manifiesta en el servicio.
"Recuerda que todo cristiano tiene la obligación de ayudar a los demás, y que
no hay predicación más eficaz que la del buen ejemplo" (Don Bosco).
Como dijo San Francisco de Asís: "Comencemos a servir, lo que hemos hecho
hasta ahora es poco y nada". Amar alegremente es el primer y principal
testimonio de Fe. Prueba de ello, entre muchas otras, es la vida de la Hermana
Clare. (recomiendo el documental ‘Hermana Clare: o todo o nada’, en YouTube).
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LA TRADICIÓN: ¿UN SEÑOR CON BIGOTE?
Obras (no palabras) son amores, dice nuestro sabio y tradicional refranero
español.
Tú, como digo, eres la Tradición, pero eres Más que eso, porque Tú todo lo haces
nuevo. Ya no hay tristeza. Ya no hay soledad. Ya no hay monotonía.
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¿MONOTONÍA? ¡NO!
Lamentablemente, sin embargo, como Adán y Eva, usamos nuestra libertad para
hacer el mal y generar división.
Como el gran político y pensador católico José Antonio Primo de Rivera dijo,
España ha venido a menos con la división. La Iglesia, que permanecerá hasta el
Fin, está sufriendo hoy del mismo mal.
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Fuerzas autodenominadas “tradicionalistas” (que parecen no conocer más
tradición que la de mirarse al ombligo) y fuerzas de “carácter progresista”
(supongo que del enorme y “maravilloso” “progreso” de tratar de arrastrar a la
Iglesia hacia el lodo fangoso y mierdoso de la modernidad y de los resultados de
las nefastas revoluciones francesas de la Revolución Francesa y de Mayo del 68)
chocan un día sí y otro también por cuestiones totalmente intrascendentes,
generando un daño desolador en el seno de nuestra amada y madre Iglesia.
La Iglesia, aun con sus defectos (ya que la formamos seres humanos), es Santa,
porque Dios, Cabeza de la Iglesia, es Santo. La Iglesia es Una, Santa, Católica y
Apostólica, y “las puertas del Hades no prevalecerán sobre Ella” (Mateo 16, 18).
Una vez, el editor del periódico ‘The Times’ le preguntó al reconocido católico
Gilbert Keith Chesterton: “¿Qué es lo que está mal con el mundo?”, a lo que,
éste, respondió en una carta:
“Estimado señor:
Atentamente, G. K. Chesterton”.
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LA ORACIÓN: HABLAR CON DIOS
“El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que
es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la
boca” (Lucas 6, 45).
San Agustín de Hipona, padre de la Iglesia (¡nuestra amada Iglesia!), nos dejó esta
bonita frase: “Cuando sientas que ya no sirves para nada, aún puedes ser santo”.
Pero sin oración esto es imposible.
El mismo San Agustín definió la oración como “el encuentro entre la Sed de Dios
y la sed del hombre”. Es Dios el que está esperando a que le hables. Da igual que
no sepas. A rezar (en el sentido de orar) se aprende rezando.
Hace poco, en una Confesión, pedí perdón a Dios por olvidarme de hablar con Él
a veces. El confesor, me expresó la gran importancia de rezar. Me dijo: “no se
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puede amar lo que no se conoce, y quien no reza no Le puede conocer”. Ojo, ‘no
rezar’ no es un pecado como tal, pero sí lo es no amar a Dios sobre todas las cosas,
y, el que ama, desea hablar con el amado. Si queremos querer más al Señor, si
queremos conocer más al Señor, si queremos que nos ayude con algo (pero solo
si ese ‘algo’ es conforme a la Voluntad de Dios), si queremos pedir por alguien, si
queremos hablarle… debemos recurrir con gran Fe a la oración.
El Salmo 51, 19 dice así: “Un corazón contrito y humillado, Tú, oh, Dios, no lo
desprecias”.
Rezar es hablar con Él, y deberíamos hacerlo constantemente, pero por lo menos
al principio y al final del día. Quien no reza no puede llegar a ser santo, porque la
oración ‘recarga nuestra limitada batería’.
Bernardo Hurault lo explicó con gran acierto: “cuando hay agua en el desierto,
aunque no aflore en la superficie, se nota por la vegetación más tupida. Lo mismo
pasa con los que vivimos: nuestros actos se hacen mejores, nuestras decisiones
más libres, nuestros pensamientos más ordenados hacia lo esencial. Pero no se
ve el agua viva de la que proceden estos frutos: ésa es la vida eterna contra la cual
la muerte no puede nada”.
«La oración supone un esfuerzo y una lucha contra nosotros mismos y contra las
astucias del Tentador. El combate de la oración es inseparable del “combate
espiritual” necesario para actuar habitualmente según el Espíritu de Cristo: Se ora
como se vive porque se vive como se ora» (Catecismo, 1752).
El padre Pío de Pietrelcina, gran santo cuya vida recomiendo buscar por internet,
nos dijo que “cuando se hace bien, la oración conmueve el Corazón de Dios y Le
invita, siempre más, a acoger nuestras súplicas”. Para ello, hay que tratar de
rechazar eso que nos aleja de la oración: “dos tentaciones frecuentes amenazan
la oración: la falta de fe y la acedía que es una forma de depresión o de pereza
debida al relajamiento de la ascesis y que lleva al desaliento” (Catecismo, 2755).
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SANTO TOMÁS, ¿ME ENSEÑAS A REZAR?
Nuestro amor por Dios debe ser más grande que nuestra pereza.
¿Estás cansado? Pues debes saber que “la oración es un verdadero descanso”
(San Francisco de Asís).
Como yo soy un simple novato, prefiero que lo explique nuestro amigo Santo
Tomás de Aquino:
Debemos pedir con confianza. Pedirle, sobre todo, que nos ayude a cumplir Su
Santa Voluntad y que nos acompañe siempre, así como darle las gracias por todo
y pedirle perdón con gran fe y confianza, conjuntando este “perdón” sincero con
la Confesión sacramental y las indulgencias plenarias.
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PERDONA NUESTRAS OFENSAS…
(LA CONFESIÓN SACRAMENTAL Y LAS INDULGENCIAS)
El Dios que ha creado el Cielo, la Tierra, los animales, las plantas, a las personas,
etc., baja del Cielo al Confesionario para perdonarnos…
Sin oración y Confesión, así como sin caridad, no solo no hay santidad, sino que
difícilmente podremos “conquistar” el Cielo. El mismo Dios Encarnado perdonó al
buen ladrón San Dimas y le prometió el Paraíso, en lo que se podría considerar la
primera Confesión de la Historia.
Don Bosco (uno de mis santos favoritos) decía: “Para volar al Cielo necesitamos
dos alas: la Confesión y la Comunión”.
“El último aquí será el primero en el Reino de los Cielos”. Esto requiere la
humildad de acudir, con un alma amante, dócil, contrita y humillada, al
sacramento de la Reconciliación, también llamado sacramento del Perdón, de la
Confesión, de la Penitencia, de la Conversión y de tantas otras maneras. La
primera frase de este párrafo es el fundamento, por un lado, de la Confesión, y,
por otro, de la santidad. No hay santidad sin Santidad.
El beato Carlo Acutis, al que tanto admiro y tanto nos llama al “combate por la
santidad” (como le gustaba decir a la Hermana Clare), amaba este sacramento.
Carlo decía que nuestra alma es como un globo aerostático:
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Al igual que en el vientre de una madre hay un hijo, en el sacramento de la
Confesión, por medio del sacerdote, Se hace verdaderamente presente
Jesucristo para absolvernos, con la boca del sacerdote confesor, de nuestros
pecados y librarnos de las garras infestas y criminales del pecado, que tanto nos
alejan de Dios y de la santidad.
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- Examen de conciencia: El santo español Ignacio de Loyola dijo: “El examen
de conciencia es siempre el mejor medio para cuidar bien el alma”.
No deberíamos nunca dormirnos antes de haber reflexionado sobre
nuestra “actuación” en el día. Esto nos hará conscientes del gran margen
de mejora que tenemos en la brava tarea del amor y la misericordia.
Además de esto, conviene hacer un examen de conciencia algo más
intenso en los momentos o días previos a acudir a la Confesión. Si vamos
a pedir perdón a Dios, debemos antes pensar qué tiene que perdonarnos.
Conviene ser meticuloso en ello, ya es principalmente en las pequeñas
cosas en las que se demuestra el gran amor. Para ello, es conveniente
buscar un “modelo” de examen de conciencia, para ayudarnos. Por suerte,
en internet tenemos un montón de exámenes de conciencia para
ayudarnos a examinar nuestra conciencia a la luz del Amor de Cristo. Yo
recomiendo por ejemplo uno que está subido al canal de YouTube de ‘La
Sacristía de la Vendée’.
Además, conviene tener una nota fijada en el móvil con todo lo malo que
hacemos, por pequeño que sea, para no olvidar nada y acercarnos a la
santidad. Asimismo, recomiendo, desde mi humilde y limitada
experiencia, organizar el examen de conciencia en función de los
Mandamientos o los pecados capitales, así como que, si hace mucho que
no te confiesas o tienes mala memoria, lleves un pequeño papel para no
olvidarte de las cosas. De todas formas, Dios, en Su infinita y majestuosa
Misericordia, sabe que somos humanos y nuestra memoria es limitada,
por lo que, si se nos olvida comentar algo en la Confesión, Él nos lo perdona
igualmente. Pero, cuidado: si omitimos algo intencionadamente, no Le
damos la oportunidad de perdonarnos, y no nos perdonará ni ése ni los
demás pecados. A Dios nadie Le miente, e intentar hacerlo es despreciar
Su gran Misericordia. Dios es súper bueno, aprovechémoslo en la
Confesión:
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20 de su Evangelio que "Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como
el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y
les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les
quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»"
Eso se Lo dijo a Sus apóstoles, que serían ahora mismo los obispos, los
cuales ordenan a los sacerdotes. Por ello, los sacerdotes son los únicos
con potestad para perdonar los pecados en Su Nombre.
Imaginemos que nuestra alma es una pared blanca y nuestros pecados son unos
cuadros:
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… COMO TAMBIÉN NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE
NOS OFENDEN
Pero solo seremos perdonados si nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
¡Hagámoslo!
En nuestra relación con el Señor (que todos los santos viven) es fundamental
confesarnos de vez en cuando, y sobre todo cuando no estamos en Gracia de Dios
(es decir, cuando estamos en pecado mortal), y, además de eso, por supuesto,
debemos siempre (setenta veces siete) perdonar a los que nos ofenden.
Debemos siempre, como rezamos en el Padre Nuestro, perdonar a los que nos
ofenden. El rencor no es católico. Si no perdonamos a los que nos ofenden, ¿cómo
pretendemos que Dios nos perdone a nosotros?
Jesús es Dios. Por ello, cuando, a imitación Suya, perdonamos, Él nos santifica.
¡Pidámosle al Santo de Dios que nos ayude a tener un corazón dispuesto a
perdonar y pedir perdón!
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No guardes rencor ni a tu peor enemigo. Mejor, reza a Dios y pídele a la Virgen y
a los santos que intercedan por él y por su conversión. También pídele a nuestro
amable Dios que destierre de ti todo ápice de odio y rencor. Yo lo hago siempre,
porque sin Su Ayuda no soy capaz, con lo malo y débil que soy (espiritualmente
hablando, claro, ya que estoy poniéndome mazo fuerte en el gimnasio, para estar
listo cuando toque reconquistar de nuevo España, jeje).
Cuando perdonamos, soltamos el nudo que nos apretaba los nudillos. Hay que
perdonar como si no hubiese un mañana (MEMENTO MORI).
A veces, lo más difícil no es pedir perdón, ni siquiera perdonar, sino que ese
‘aceptar las disculpas’ sea sincero.
Nuestro ‘perdonar’ debe eliminar el rencor al completo. Para ello, viene muy bien
rezar por quien nos ha ofendido.
El perdón no implica una legitimación del mal (en palabras de Clive Staples Lewis,
“el amor demanda la perfección del amado. El amor puede perdonar los defectos
y continuar amando a pesar de ellos: pero el amor no puede dejar de desear su
eliminación. De todos los poderes, el amor es el que perdona más pero excusa
menos, se complace con poco pero pide todo”). El perdón no implica una
legitimación del mal, sino que es una declaración de que el bien (cuyo manantial
profundo es El Bien) es moralmente superior al mal y, por ello, se alía con el
olvido. No temas perdonar, sino no perdonar.
Por eso, “Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de
los demás; y perdonar no tan sólo con la boca, sino desde el fondo del corazón,
no sea que volvamos contra nosotros mismos el hierro con el cual creíamos
horadar a los demás” (San Juan Crisóstomo). Si no somos capaces de perdonar y
pedir perdón a los demás, no seremos capaces de amar y, por tanto, de vivir en
plenitud y santidad. Perdonando al que nos ofende, amamos al prójimo como a
nosotros mismos y Dios nos perdona, ya que Dios “perdona nuestras ofensas
como […] nosotros perdonamos a los que nos ofenden”).
Te pido pues, mi adorado Señor, que me ayudes a perdonar. También Te pido por
las almas del Purgatorio, por mi familia y amigos y por mí, para que me santifiques
y santifiques a todo el que esté leyendo este libro.
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AMAR AL PRÓJIMO… ¿COMO A MÍ MISMO?
Pedirle a Dios que nos santifique es pedirle que nos ayude a amar a Dios por
encima de todo y amar al prójimo como a nosotros mismos.
La lectura del Evangelio de la Santa Misa de hoy, segundo día que dedico a escribir
este libro, (en la cual he podido recibirte, Señor, en Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad) dice: “Levántate y anda”. Éste es, además de un gran milagro precioso
de nuestro Señor, un llamado a la santidad y a amar al prójimo.
Un proverbio latino dice que “es una locura amar a menos de que se ame con
locura”. Debemos amar “hasta el extremo”, a imitación de Jesús.
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San Francisco de Asís abordó este tema con una frase hermosa y magistral. Dijo:
“Ten cuidado con tu vida, tal vez sea el único evangelio que algunas personas
vayan a leer”.
¿Es tu vida un fiel reflejo del Amor de Dios, o reduces tus obligaciones religiosas
a tu simple participación pasiva en la Liturgia Dominical?
Pidamos a Dios que nos ayude a hacer sentir a los demás importantes. En eso, por
ejemplo, considero yo que es un experto mi amigo Gonzalo, compañero
catequista mío en mi querida parroquia. También lo son mis demás amigos de la
parroquia, como Juan, Bea, Lorena, Jorge, José, Paula, Julio, mi hermano Javi, el
padre Héctor, el padre Diego, mis padres, el resto de los catequistas, todos los
niños, así como mis primos, tíos, abuelos, otros amigos, etc.
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No debemos solo mejorar nuestra relación con los pobres (que también), sino
sobre todo nuestra relación con nuestros seres más cercanos: familiares, amigos,
etc. ¿Estás ahí siempre que lo necesitan? Yo, desgraciadamente, sospecho que no
siempre estoy disponible para ellos cuando lo necesitan, y esta es una parte
fundamental de la santidad.
Algo que también me impresiona mucho del joven Carlo Acutis es su amor por la
Eucaristía, a la que él llamaba su “autopista al Cielo”. Voy, ahora, a hablar un poco
sobre la Eucaristía y algunos Milagros Eucarísticos.
El padre Pío de Pietrelcina, cuya relación con la Eucaristía fue (es) tan arraigada e
íntima (recomiendo buscar en internet sobre esto de lo que hablo), declaró que
“para la Tierra sería más fácil sobrevivir sin el Sol que sin el Sagrado Sacrificio
de la Misa”.
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LA EUCARISTÍA… ¡Y ALGUNOS MILAGROS!
Santo Tomás de Aquino nos dejó este precioso poema sobre Jesús Eucaristía:
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para
creer con firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta
Palabra de verdad.
sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón
arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás, pero confieso que eres mi Dios:
haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que Te ame.
¡Oh, Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das Vida al hombre:
concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree Tu Dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con Tu Sangre, de la que
una sola Gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, Te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que
al mirar Tu Rostro cara a Cara, sea yo feliz viendo Tu Gloria”.
Yo, como Santo Tomás, Te adoro con devoción, Dios escondido, Pan vivo que
alimenta nuestra alma y la acerca a la santidad, ya que la sagrada Comunión es el
motor que nos puede dar la energía para alcanzar la santidad.
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Debemos asombrarnos por el misterio de la Eucaristía y los milagros eucarísticos.
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que con el paso del tiempo se disuelva, que metió en el Sagrario. Al cabo
de dos días, su sorpresa fue que la Hostia seguía sin desintegrarse y
además tenía una parte enrojecida. Se lo comunicó al Obispo, que
estableció una comisión científica para analizar el evento. Cuando dos de
los Institutos de Medicina Forense más importantes del país examinaron
la Muestra obtuvieron el impresionante hallazgo de que estaba compuesta
de Tejido Miocárdico (Corazón). Una tercera investigación científica reveló
que se trataba de “Músculo Cardíaco Humano con Alteraciones que a
menudo aparecen durante la Agonía”. Una Agonía, la que sufrió Jesús en
Su Pasión, La Cual Se repite en cada Santa Misa.
¡Habría que estar loco para no esforzarse en asistir a Misa diariamente, y más si
queremos alcanzar, por la Gracia de Dios, la santidad! ¡Acudamos alegremente a
recibirle de las manos consagradas de nuestros queridos sacerdotes! ¡Él Te espera
a diario en tu parroquia más cercana! ¡El Verbo de Dios Se hace Carne, Sangre,
Alma y Divinidad, y habita entre nosotros!
“Jesús les dijo: “en verdad os digo: si no coméis de esta Carne y no bebéis de esta
Sangre no tenéis Vida en vosotros. El que come de Mi Carne y bebe de Mi Sangre,
tiene vida eterna, y Yo le resucitaré en el último día” (Juan 6, 53-54). ¡Qué
Maravilla! ¡Qué Versículo tan impresionante que relaciona Santa Misa y
Resurrección!
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Para cerrar el apartado sobre la Misa, principal fuente de santidad, voy a hablar
sobre un ‘pedido’ que nos hizo nuestra Madre, la Virgen María, en Fátima: la
pequeña devoción reparadora de los cinco primeros sábados de mes.
Nuestra Madre, la Señora del Rosario, nos insta a, aparte de asistir a la Santa Misa
los domingos y demás días de precepto, confesarnos y comulgar el primer sábado
de cada mes (durante cinco meses seguidos) con la intención de reparar la
multitud de pecados cometidos en ofensa a su inmaculado corazón y pedir la
conversión de los pobres pecadores, de entre los que, por supuesto, nos
encontramos. Recomiendo buscar más información sobre esta hermosa devoción
mariana en internet. Debemos anunciar el gozo de la Resurrección (‘Kerigma’).
Tenemos mucho que agradecer y amar a María, Madre de Dios y Madre nuestra.
Ella está siempre ‘en primera línea’ para anunciar a su Hijo divino, anunciar Su
Amor y Su Presencia junto a nosotros en esta vida, que se da especialmente en el
sacramento de la Eucaristía. Como bien afirma María, Jesús nos ofrece la
redención, con Su Resurrección, y Se queda junto a nosotros.
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¡LA RESURRECCIÓN!
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2. NUESTRA RESURRECCIÓN EN ALMA TRAS NUESTRA MUERTE:
"El Dios que me ciñe de fuerza, y hace mi camino irreprochable, que hace
mis pies como de ciervas, y en las alturas me sostiene en pie, El que mis
manos para el combate adiestra y mis brazos para tensar arco de bronce.
Tú me das Tu Escudo salvador, Tu Diestra me sostiene), Tu Cuidado me
exalta, mis pasos ensanchas ante mí, no se tuercen mis tobillos” (Salmo
18, 33-37).
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los rincones de tu espíritu). Ora, labora, adora (al Santísimo), limpia tu
corazón (con la Confesión, la Adoración, la oración, el amor al prójimo, la
alegría, la Fe, la constancia…).
Llena tu corazón de gran amor a la Virgen. Dile a ella: “¡Totus Tuus! ¡Soy
todo tuyo, moldea mi corazón para que se parezca al de tu Hijo!”.
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"«Cuando el Hijo del hombre venga en Su Gloria acompañado de todos
Sus ángeles, entonces Se sentará en Su Trono de Gloria. Serán
congregadas delante de Él todas las naciones, y Él separará a los unos de
los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las
ovejas a Su derecha, y los cabritos a Su izquierda.
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actuamos con pureza, decimos la verdad, nos alegramos por los éxitos de
los demás, damos de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir
al desnudo, visitamos a los enfermos y a los presos, damos posada al
peregrino, enterramos a los difuntos, enseñamos al que no sabe, damos
buen consejo al que lo necesita, consolamos al que está triste, toleramos
con paciencia los defectos de los demás, rezamos a Dios por los vivos y los
fallecidos, así como cuando somos prudentes, justos, fuertes, temples,
cuando tenemos Fe, esperanza y caridad y cuando Le pedimos a Dios
Espíritu Santo que nos ayude a enriquecernos en sabiduría, inteligencia,
consejo, fortaleza, ciencia, piedad, temor de Dios, caridad, gozo, paz,
paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad,
modestia, continencia, castidad, humildad, gratitud, diligencia, bondad,
amabilidad, valentía, humor, perseverancia, clemencia, disciplina, buena
fe, sencillez, contrición, atrición, benevolencia, responsabilidad, felicidad,
honestidad, inocencia, nobleza, obediencia a Dios y a nuestros padres y
maestros, salubridad, hombría/feminidad, fidelidad, pobreza, sobriedad,
elegancia, rectitud, simpatía, silencio, orden, resolución, frugalidad,
industria, patriotismo, sinceridad, tranquilidad, humanidad, jovialidad,
celo de salvar almas, amor desinteresado, amor abnegado, amor sincero,
desprendimiento generoso, amor al Santísimo Sacramento del Altar,
amor a nuestro hermano, etc.
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Quizás te sean desagradecidos en este mundo, pero no tras de muertos:
Como buenos españoles, “ya hablaremos de capitulación después de
muertos”.
Mentiría si dijese que no tengo miedo por mi alma pero sobre todo por el
destino de algunas almas que tanto quiero, y rezo sin desaliento para que
se den cuenta del problema y usen su libre albedrío para arrepentirse y
confesarse. Rezar por todos es la base de la santidad.
Las almas del Purgatorio no pueden rezar por sí mismas. Debemos, pues,
nosotros rezar por ellas, ya que así podemos aliviar su sufrimiento y
acortar su tiempo de purificación.
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“Padre Eterno, Te ofrezco la preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús,
en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo, por todas
las benditas ánimas del Purgatorio, por todos los pecadores del mundo,
por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa
y dentro de mi familia. Amén”.
San Alberto Hurtado decía que “un católico es alguien a quien Dios le ha
encargado el mundo”. ¡Y más aún el santo!
Dijo San Agustín de Hipona que “nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro
corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”, y este merecido y
añorado descanso eterno junto al Sacratísimo Corazón de Jesús lo
experimentamos desde que llegamos al Cielo, con Él.
Hablo de…
Cristo nos resucitará (ya no solo en alma sino en cuerpo y alma) en “El
Último Día”. “La resurrección de los muertos está íntimamente asociada a
la Parusía de Cristo”. (Catecismo, 1001 y 1002).
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QUIEN TIENE UN AMIGO, TIENE UN TESORO
¡Vive de tal manera QUE PUEDAS DISFRUTAR DE ELLA!, lo cual no implica vivir
este mundo como si fuera un castigo, ¡pues es un regalo que debemos celebrar y
vivir con gran alegría y con buena compañía!
En este sentido, nuestros mayores aliados para alcanzar el Cielo no son nuestras
propias fuerzas, sino nuestra unión a la Iglesia, a sus sacramentos de la Eucaristía,
la Reconciliación y la Unción y, sobre todo, una vida de amor y alegría. Y el amor
y la alegría se deben compartir.
El Amor del Padre debe desbordar todos los aspectos de nuestra persona,
principalmente el social. Hogar (familia), trabajo/estudio, parroquia y grupo de
amigos deben cuatro tres ámbitos donde derramar nuestro amor. Yo a veces dejo
que desear en este aspecto, pero estamos trabajando en ello, jeje.
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15, 13).
Santa Teresa de Ávila, gran santa de nuestra querida España, se aventuró a definir
la amistad como “la realización más auténtica de la persona”.
San Agustín decía que “la amistad es tan verdadera y tan vital que en el mundo
no se puede desear nada más santo y ventajoso”.
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¿Qué sería de este mundo sin los amigos? Supongo que una cárcel temporal, un
navío extraviado pudriéndose en las llamas de una fría hoguera.
Muchos ya lo lograron: San Francisco y Santa Clara de Asís, San Juan Pablo II y
Santa Teresa de Calcuta, San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, Santa
Teresita del Niño Jesús y Santa Isabel de la Trinidad, Santa Rosa de Lima y San
Martín de Porres, los españoles San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, los
también españoles Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz (somos el país con
más santos y mártires), San Juan Bosco (gran referente educativo) y Santo
Domingo Savio, San Cornelio y San Cipriano, Santa Felicidad y Santa Perpetua y
tantos y tantos que recorrieron juntos su camino a la santidad con el arma y el
regalo de la amistad.
Decía el gran y sabio Juan Donoso Cortés que “hay que unirse, no para estar
juntos, sino para hacer algo juntos”, ¿y qué mejor ideal que la santidad?
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"El amigo fiel es seguro refugio, el que le encuentra, ha encontrado un tesoro. El
amigo fiel no tiene precio, no hay peso que mida su valor. El amigo fiel es remedio
de vida, los que temen al Señor le encontrarán." (Eclesiástico 6, 14-16).
Si conoces a alguien que está pasando por un mal momento y está algo solo, no
dudes en presentarle a tus buenos amigos para ayudarle.
“Si caen, el uno levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!”
(Eclesiástico 4, 10).
“Hay amigos que llevan a la ruina, y hay amigos más fieles que un hermano”
(Proverbios 18, 24). ¿Qué tipo de amigo eres tú?
Y, si tu amigo erra pero se arrepiente, perdónale: Recuerda que “el que perdona
la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos”
(Proverbios 17, 9).
No agobies, pero tampoco tengas miedo de hablar de Dios a tus amigos, con tus
acciones y palabras.
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LOS NIÑOS: ¿LA ESPERANZA DEL MUNDO?
Los niños nos dan muchas más lecciones de vida de las que podríamos
imaginarnos, y especialmente en el campo de la amistad. Si les observas, verás
que tienen una felicidad radiante para poner en práctica la siguiente frase de
Aristóteles: “¿Que es un amigo? Una sola alma habitando en dos cuerpos”.
¡Cuantísimo tenemos que aprender de los niños! ¡Tanto que si no nos hacemos
como ellos no entraremos en el Reino de los Cielos!
“Tres cosas aún conservamos del paraíso: las estrellas, las flores y los niños”
(Dante Alighieri).
Los niños son el diminutivo de la palabra ‘bien’, el gerundio de ‘hacer el bien’. Por
eso, esta sociedad tan influenciada por la Revolución Francesa, el materialismo
capitalista y ‘mayo del 68’ aprueba tantas aberraciones e infamias contra los
niños, como el aborto, que es un asesinato intrauterino y una afrenta directa a la
Ley de Dios.
“Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en Mí, más le vale
que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y
le hundan en lo profundo del mar” (Mateo 18, 6). Bastante gráfico Jesús, ¿verdad?
Es evidente que uno de los objetivos a largo plazo de “nuestras” élites satánicas y
masónicas es la normalización de la pedofilia. Incluso por desgracia muchos
~falsos~ sacerdotes ~casi todos homosexuales por cierto~ han abusado
sexualmente de pobres niños. ¡Qué vergüenza! ¡Hacen falta muchas ruedas de
molino!
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Pero, por si eso fuera poco, existe el supuesto “derecho” a asesinar y trocear a tu
hijo en tu vientre para que luego sus pequeños órganos y partes sean vendidos
por siervos de satán como ‘Planned Parenthood’ en el mercado negro.
El asesinato intrauterino (el aborto), dijo Peter Kreeft, “es la parodia demoníaca
de la Eucaristía que hace el anticristo. Por eso usa las mismas palabras: Este es mi
cuerpo, pero en el blasfemo sentido contrario”. Esto también lo afirma el
reconocido exsatanista Zachary King, que de ese tema sabe bastante…
¿Cómo va a haber paz y armonía en un mundo donde los padres asesinan a sus
propios hijos, contratando a un sicario que, haciéndose llamar “sanitario”, le
ejecuta?
El Papa Francisco dice, acertadamente, que “los niños son en sí mismos una
riqueza para la humanidad” y “además, en su simplicidad interior, traen consigo
la capacidad de dar y recibir ternura”. La ternura que necesitas.
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“La persona más importante del mundo es una madre […] Ha construido algo más
magnífico que cualquier catedral: una morada para un alma inmortal, la diminuta
perfección del cuerpo de su bebé” (József Mindszenty).
Prueba a decirle a tu hijo aún no nacido lo que le dijo la Virgen a Juan Diego:
“¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu madre?”
“El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los
niños” (Graham Greene).
Los niños son la prueba de que Dios aún confía en nosotros y nos quiere. Cada
niño es un mensaje de Dios que dice: estoy con vosotros hasta el Fin del Mundo.
Para empezar, los niños tienen una de las virtudes más bellas: la inocencia. Hay
que llevar a los niños y jóvenes a Dios, como hizo Don Bosco. Ellos son los que
mejor Le pueden amar. La infancia es la primavera del hombre.
Otra de las bondades de los niños, seguramente influenciada por esta maravillosa
creatividad, es que viven en la risa permanente: son muy risueños. Esto es una
maravilla. El mundo necesita su risa, el mundo necesita su amor.
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Desde hace años, veo en los niños el reflejo del Amor de Dios y, la verdad, disfruto
genuinamente con ellos.
La Madre Teresa decía que “muchas veces basta una palabra o una mirada para
llenar el corazón de un niño”, y lo he podido comprobar en muchas ocasiones. Los
niños son súper agradecidos (algunos más que otros, claro).
Es terrible que en España hoy haya niños tristes, pero no tristes por una rabieta
egoísta, a las cuales no hay que ceder, sino con una tristeza profunda, porque su
familia no es su refugio, no es su ‘donante’ de amor. Esos niños agradecerán hasta
el gesto más pequeño que hagas por ellos. Descubre la gran alegría que tienen
muchos niños en el fondo de su corazón.
Eso sí, ¡ojo!, no siempre te ganarás su confianza y amor tan rápido, pues, como
decía también Santa Teresa, “el amor, para que sea auténtico, debe costarnos”,
y una vez tengan confianza contigo va a ser precioso.
La misma Teresa nos daba alegremente la clave: “no siempre podemos hacer
grandes cosas, pero sí podemos hacer pequeñas cosas con gran amor”.
Los niños, decía ella, “son como las estrellas: nunca hay demasiados”.
Jesús se hizo Un Niño para mostrarnos que es haciéndonos pequeños como más
grandes seremos en realidad. Por ello, debemos ser humildes, a la vez que
debemos apreciar el gran regalo de la infancia. Trabajemos para poder llegar a
decirnos: “he llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño” (Joseph
Heller). Aspiramos a eso.
San Juan Bosco solía decir que “la primera alegría de un niño es sentirse amado”,
y Jesús nos pide: “Dejad que los niños se acerquen a Mí”:
¡No les lancéis a la Red (internet) tan rápido! Mejor jugad con ellos a juegos de
mesa, al fútbol, al escondite, a los teatros, a carreras..., ¡a lo que sea!, pero darles
de pequeños y adolescentes un móvil no es un regalo sino algo radicalmente
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malo. Si no les permitís lanzarse al suicidio de la “gula” digital, de mayores,
recordarán cómo hacíais multitud de planes juntos, los juegos, las risas, la
competitividad, la alegría... ¡la familia es un regalo, y los niños aún más!
Imagina lo importante que es la familia que hasta Dios quiso tener una. Pide ayuda
a la Sagrada Familia para que te ayuden a agradecer a Dios cada día por tu familia.
en Dios Eterno.
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“Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla”
(Gilbert Keith Chesterton).
-Breve paréntesis: Tanto si eres padre como si eres o quieres ser maestro, presta
atención a esta página-.
En concreto, creo que algunos colegios católicos, así como las clases de Religión
en algunos colegios no católicos, deben centrarse mucho más en la Fe, en Dios. Y
si eres profesor pero no de Religión ni en un centro católico tampoco escondas tu
Fe. El peor acto de egoísmo de un católico es esconder su Fe a los demás, ya que
dificultas la salvación eterna de los que están a tu alrededor, de los que tantísimo
quieres. Esto no quiere decir que debas actuar en contra de los padres ni los
valores del colegio, pero nunca escondas tu Fe. Tu Fe es una virtud, no un defecto
que tapar.
San Juan Bosco dijo: “Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros
alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene
ante todo que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados
jóvenes”.
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¿LA CASTI…QUÉ? LA CASTIDAD
La castidad es el medio por el cual se ama de verdad a las personas. Sin castidad,
no podemos amar plenamente a nadie, porque el sexo sin amor, el sexo cerrando
su posibilidad al hermoso regalo de crear vida y el sexo regalado a alguien a quien
no se ha prometido lealtad eterna es una nube gris que nubla todo cuanto nos
permite amar libre y radicalmente.
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La castidad es, pues, una manera de demostrar amor; de decirle a tu novio o a la
persona que quieres “mi amor hacia ti está incluso por encima de mis deseos
más profundos y alcanzables”.
La castidad es deber, no digo ya del santo, sino del católico. Quiérete más y no
pases tu vida de falda en falda, ni te masturbes ni veas pornografía (que, además
de ser pecado, afecta negativamente al cerebro según los estudios científicos).
En la siguiente página, daré algunos consejos para lograr vencer ese vicio:
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Lo primero es bloquear páginas porno del teléfono (hay aplicaciones para ello).
Asimismo, debemos pedir mucha ayuda a Dios y a su casta Madre, así como rezar
(“[…] no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”) y recibir
frecuentemente los sacramentos.
Siempre debemos ser conscientes de que no luchamos solos, pues son Dios y
nuestro ángel de la guarda los que luchan en nosotros y nos ayudan a vencer.
También puedes hacer una Comunión espiritual (rezando “Creo, Jesús mío, que
estáis realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Os amo sobre
todas las cosas y deseo recibiros en mi alma. Pero como ahora no puedo
recibiros sacramentado, venid a lo menos espiritualmente a mi corazón. Y como
si ya Os hubiese recibido, Os abrazo y me uno del todo a Ti. Señor, no permitas
que jamás me aparte de Ti. Amén”, oración de San Alfonso María de Ligorio).
También es útil cambiar de actividad y de lugar, yendo por ejemplo a tomar agua
o dándote un paseo para airearte un poco. También nos ayuda mucho
mantenernos en buena forma física (‘mens sana in corpore sano’).
Recuerda también que no por caer una vez ya da igual volver a caer. Si caes,
confiésate y vuelve a la batalla.
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LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL Y LA PARROQUIA
Los seres humanos somos seres con un sentido trascendental por naturaleza. Esto
es, con una dimensión religiosa. Por ello, son muy importantes el asesoramiento
y la dirección espiritual del sacerdote de tu parroquia, que te resuelva las dudas
y te forme en la Fe. También es muy importante la catequesis (muy importante),
así como las actividades como Cáritas, mediante las cuales podemos hacer y
recibir mucho bien.
LA EVANGELIZACIÓN DIGITAL
La parroquia es una red social real. También puedes aprovechar las redes sociales
virtuales. Puedes complementar la formación recibida en la parroquia con cultura
católica (libros, encíclicas, escritos, la Biblia, el Catecismo, películas, vídeos,
canciones, etc.) y con el contenido y las personas que puedes encontrar en redes
sociales como Twitter, en donde yo estoy bastante presente (demasiado, en
realidad).
Pero ¡cuidado!, que las redes sociales e internet vician mucho, y ese, de hecho, es
un problema que tengo yo y que debo, con la Ayuda de Dios, solucionar.
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AMAR A LOS DEMÁS… POR ENCIMA DE SUS
IMPERFECCIONES
El odio no es católico. Hay que amar un montonazo… Amar a los demás, por
encima de sus imperfecciones, como Dios hace con nosotros.
“Humildad, esa raíz dulce y baja de la que brotan todas las virtudes celestiales”
(Thomas Moore).
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La humildad
Como Juan Donoso Cortés decía, “Dios se vale muchas veces de los débiles para
abatir a los poderosos”.
La humildad es la virtud más importante. Por eso, Dios, que es Rey, Eterno,
Todopoderoso, Omnisciente, Omnipresente e Inmutable, Se disfraza de un
Trocito de Pan, un poquito de Vino, en el enfermo, en el débil e indefenso…
Para ello, viene muy bien rezar las Letanías de la Humildad, compuestas por el
cardenal Merry del Val:
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Del deseo de ser preferido a otros, líbrame, Jesús.
Que otros sean más amados que yo, Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que otros sean más estimados que yo, Jesús, dame la gracia de desearlo.
Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que
pueda, Jesús, dame la gracia de desearlo.
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Oh, Jesús, que, siendo Dios, Te humillaste hasta la Muerte, y muerte de Cruz, para
ser Ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la
gracia de aprender y practicar Tu Ejemplo, para que, humillándonos como
corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta
gozar eternamente de Ti en el Cielo.
Amén.
La humildad es la virtud por la que Dios salva más almas de las malditas garras de
satanás (para empezar porque sin humildad no hay arrepentimiento, sin
arrepentimiento no hay Confesión y sin Confesión no hay santidad). El diablo
puede simular tener muchas virtudes y, siendo el “padre de la mentira” (Juan 8,
44), disfraza los pecados de virtudes para engañarnos. Sin embargo, nunca puede
ni podrá simular la humildad.
“Un día me puse a pensar cuál será el último puesto que puede haber en el
mundo. Y descubrí que el último puesto es a los pies del traidor Judas. Y quise
colocarme yo allí, pero no pude, porque allí estaba Jesucristo arrodillado
lavándole los pies. Desde entonces creció mi aprecio por la humildad” (San
Francisco de Borja).
En palabras de San Juan Clímaco, "la humildad es la única virtud que ningún
demonio puede imitar. Si el orgullo hizo demonios de los ángeles, no hay duda de
que la humildad puede hacer que los ángeles se conviertan en demonios". El Papa
Francisco declaró en una homilía que "ante la humildad del apóstol de Cristo, el
demonio escapa".
San Benito nos insta a actuar siempre bajo el siguiente principio, que es la base
de la humildad: “Cuando veas en ti algo bueno, atribúyelo a Dios, no a ti mismo”.
Una canción muy chula del grupo católico Betsaida dice con gran acierto: “Él se
muestra a los humildes, a los limpios de corazón, a los que se hacen pequeños,
como Él”.
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¡LA FELICIDAD!
“(Jesús) me enseñó que la única gloria que importa es la gloria que dura para
siempre, y que uno no tiene que realizar actos brillantes para ganar eso, sino
esconder los actos de virtud de los demás, e incluso de uno mismo, de modo que
‘la mano izquierda no sabe lo que está haciendo la mano derecha’“. Esta frase
revela el fundamento profundo de la felicidad de Santa Teresita de Jesús.
La humildad es necesaria, ¡la virtud más importante!, pero no basta con ella…
Al igual que no solo de pan vive el hombre, tampoco solo de humildad y amor. En
este sentido, una virtud muy importante es la felicidad.
Hoy he leído este gran tweet de una cuenta que me gusta mucho (Universitarios
Católicos): "Vive tu cristianismo con alegría, da testimonio tuyo, y tu amigo ateo
vendrá a preguntarte: «¿Qué te pasa?, ¿por qué vives así?», y ahí sí que será el
momento de hablar".
La Madre Teresa decía que "tenemos todos los motivos para ser las personas más
felices del mundo"; San Francisco de Sales que “un santo triste es un triste santo”.
San Juan Bosco, por su parte, instaba a sus alumnos a que “estén alegres, pero
que su alegría esté lejos del pecado. La alegría nace de la paz del corazón. Sean
buenos y estén siempre alegres. El demonio no puede resistir a la gente alegre”.
La Evangelización del siglo XXI debe ser, ante todo, La Evangelización de la Alegría.
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EL SHH…ILENCIO
La alegría es saber que Dios está con nosotros siempre. Y esta es una alegría que
se puede manifestar de muchas maneras, como con la música por ejemplo, pero
que alcanza su máximo apogeo cuando se expresa en la oración en el silencio, así
como en la recepción de los sacramentos de la Eucaristía y la Confesión.
Caer no te debe hundir. “La aventura de la santidad comienza con un «SÍ» a Dios”
(San Juan Pablo II) y nunca es tarde para empezar de nuevo y decirle ese «SÍ» Al
que tanto nos ama.
Robert Sarah dice que "el silencio es más importante que toda obra humana,
porque allí habla Dios".
En esta sociedad, 'la sociedad del ruido’, nuestra búsqueda de santidad implica
nuestra búsqueda del silencio.
No hay mayor y más fiel amigo de la oración que el silencio. Visita el Sagrario,
donde está Jesús Eucaristía esperándote, y, en medio de ese bello silencio,
construye tu oración con El Altísimo, que siempre te escucha, pero de manera
particular en el silencio. No seas un hombre de ruido, sino de silencio. Prioriza,
por encima del mundo y la carne, el silencio y tu relación íntima, inmediata y
personal con Dios, que es el Amor y ama sobre todo a través del silencio.
También defiende Robert Sarah que el silencio cobra una especial fuerza en los
ratos de silencio en la Liturgia. Es fundamental que, sigiloso como solo Él sabe ser,
permitamos en los silencios durante la Misa y la exposición del Santísimo que Dios
entre en nosotros a ordenar todo lo que está desordenado.
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LA ADORACIÓN AL SANTÍSIMO
Los católicos adoramos a Jesús y veneramos a quienes más nos acercan a Él, y
tenemos una forma de adorar a Dios concreta muy bonita: la adoración al
Santísimo, también llamada adoración eucarística y adoración al Santísimo
Sacramento del Altar, ya que, en ella, se expone la sagrada Eucaristía.
El beato Carlo Acutis decía que, al igual que nuestra piel a la exposición del sol se
hace más morena, nuestra alma se hace más santa mediante la adoración
eucarística. Tener un rato a solas para pensar, rezar, orar, adorar y hablar
internamente con Él frente a Él, Le mueve a donarnos las virtudes que buscamos.
No es algo automático, sino que, amándole a Él, que es la Fuente misma del amor,
aprenderemos a amar. Nuestro Dios es tan humilde y tiene tanta sed de
santificarnos, que Se deja exponer para que podamos tener un momento íntimo
con Él. Como los caminantes de Emaús, nosotros Le reconocemos en la Eucaristía,
en ese “disfraz” que Jesús Se pone para que Le reconozcamos y Le adoremos, así
como para que comulguemos.
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En muchas parroquias, los jueves por la tarde se expone al Santísimo. Entérate de
si en tu parroquia más cercana lo hacen y no desaproveches la ocasión.
No hay una sola manera de adorarle. En este sentido, Dios sabe que la Iglesia es
rica y variada y Él Se regocija cuando le adoramos, con el carisma con el que más
nos llegue: puede haber música, ratos de oración hablada, etc., (o puede que no),
pero lo que no puede faltar es, como comentaba antes, el silencio.
¡HAY ESPERANZA!
Si hasta este preciso instante has vivido la vida alejado de Dios y del ideal de
santidad, ¡no te preocupes!, confiésate y espera en el Señor.
Como bien explicó San Josemaría Escrivá de Balaguer, "la esperanza no me separa
de las cosas de esta tierra, sino que me acerca a esas realidades de un modo
nuevo, cristiano, que trata de descubrir en todo la relación de la naturaleza, caída,
con Dios Creador y con Dios Redentor".
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LA EVANGELIZACIÓN
Debemos hacer nuestras las palabras de Santa Teresa Benedicta de la Cruz: "Yo
solo soy un instrumento del Señor. Al que se acerca a mí, quisiera conducirlo a
Él".
La mejor manera de hacer ‘nueva evangelización’, dice César Franco Martínez, "es
santificarse", es decir, dejarse santificar por Dios.
El Amor llama al amor. Saber que Dios nos ama debe movernos e impulsarnos a
intentar que los demás lo sepan también, porque ser conscientes de eso cambia
nuestra vida por completo y la llena de sentido. La mejor manera de evangelizar
es siendo un reflejo del Amor de Dios.
"En esto conocerán todos que sois discípulos Míos: si os tenéis amor los unos a
los otros" (Juan 13, 35). El amor debe ser nuestro símbolo.
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VIRGEN MARÍA: MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA
¡Agradece siempre a Dios nada más despertarte por un nuevo día, por tu familia,
por tus amigos, por la esperanza y por el amor de la amabilísima y bellísima
inmaculada Virgen María, madre de Dios y madre nuestra!
¿Quién como Dios? ¡Nadie como Dios! ¿Qué mejor manera, entonces, que llegar
A Jesús Por María, Su madre? Pidámosla confiadamente que interceda por
nosotros. ¡Totus Tuus!
Recuerda siempre que “María es el camino más seguro, el más corto y el más
perfecto para ir a Jesús” (San Luis María Grignion de Montfort),
que "por mucho que ames a María Santísima, ella te amará siempre mucho más
de lo que la amas tú” (San Ignacio de Loyola),
y que "a la manera que la gloriosa Virgen de las vírgenes llevó a Cristo
materialmente en su seno, así también tú, siguiendo sus huellas, especialmente
las de su humildad y pobreza, puedes llevarlo siempre espiritualmente" (Santa
Clara de Asís).
Debemos amar a María, pues es nuestra dulce Madre. En sus Apariciones en San
Sebastián de Garabandal (aún no aprobadas en su máximo grado por la Iglesia, a
cuyo juicio nos hemos de adherir), la Virgen jugaba con las niñas (las videntes) al
Escondite y hablaba sobre las vacas del pueblo con ellas. ¡Qué Madre tan buena!
¡Es imposible no quererla!
Por medio de ella, Dios rompió el pecado de Eva y gracias a ella afirmamos que...
¡LA SANTIDAD NO ES DE OTROS TIEMPOS!
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LA SANTIDAD: ¿ES REALMENTE POSIBLE?
SÍ. Y el primer paso para ser santos es querer serlo:
“Un gran deseo de ser santo, es el primer peldaño para llegar a serlo; y al deseo
se ha de unir una firme resolución” (San Antonio María de Ligorio),
sabiendo que “la santidad no es un privilegio para algunos, sino una obligación
para todos, para usted y para mí” (Madre Teresa de Calcuta),
pero, por suerte, “nunca es demasiado tarde para empezar a hacerse santos”
(Raniero Cantalamessa),
ser fieles en el amor, sabiendo que “la santidad consiste en una disposición del
corazón” (Santa Teresita de Jesús): la de mucho amar, amar ya, cada día, sin
tiempo que perder, en este momento que Dios te da,
pues “la santidad se encuentra en el camino que nos abre cada uno de nuestros
días, en que se ofrecen a nosotros, con atractivo desigual, los deberes de nuestra
vida cotidiana” (San Francisco de Sales),
Da igual fracasar para el mundo si es por amor a Dios. Ese “fracaso” es un Triunfo.
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¡SIN MIEDO AL FRACASO DEL MUNDO!
La Madre Teresa decía que "Dios no nos ha llamado a tener éxito, nos ha llamado
a ser fieles".
El santo vive "para servir" a Dios y al prójimo. Tener éxito para el mundo consiste
en ser servido, no en servir; pero para nosotros, los católicos, el éxito se encuentra
en servir y olvidarse de uno mismo. Los santos no buscan ser servidos, sino servir,
vivir una "vida de amor... he aquí la única razón de vivir" (San Rafael Arnáiz).
Recuerda que muchas veces serás rechazado, incluso por tus mismos compañeros
en la Fe, pero no cedas al desaliento. Acuérdate siempre de que "el amor a Dios
todo lo hace suave" (San Claudio la Colombière)
y que, como San Felipe Neri decía, "conservar el buen humor en medio de las
penas y enfermedades, es señal de alma recta y buena".
Siempre hay que ir a Dios con alegría, puesto que la alegría consiste en saber que
Dios nos ama y nos llama, recordando que el rechazo de nadie nos puede
entristecer. Jean-Baptiste Chautard acertó diciendo que “nuestra felicidad en
esta vida depende de nuestra unión con Jesucristo en la Eucaristía", no de otra
cosa. Nuestra felicidad es poder recibirle y amar a Dios y a los demás.
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¡Dios te ama, y te quiere santo!
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"El mundo necesita el testimonio de vuestra Fe,
necesita ciertamente a Dios". Benedicto XVI.
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Imagen: Portada del último disco de Álex Contracorriente, diseñada por Javi Marenas.
https://open.spotify.com/album/50BOVfeA4tC0SHAnlMoKA8?si=nij3j
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La santidad… ¡ES POSIBLE!
67
Pd. Si te ha gustado este libro… te recomiendo leer este otro libro de Alejandro García:
https://drive.google.com/file/d/1ZcwawlRwiQ3tWlOKrTnjEANHyxMYTSPf/view?usp=sha
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