FUERZA, VELOCIDAD Y RENDIMIENTO Badillo - Colorado
FUERZA, VELOCIDAD Y RENDIMIENTO Badillo - Colorado
Fuerza, velocidad
y rendimiento
físico y deportivo
ggSHsE
o Juan José González Badillo y Juan Ribas Sema, 2019
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índice
Prólogo .................................................................................................................................... 7
1. Introducción .........................................................................................................
5. La adaptación................................................................................................................... 107
6. La fatiga............................................................................................................................. 145
11. Efecto del entrenamiento de fuerza sobre el rendimiento físico y deportivo; con
ceptos y relaciones........................................................................................................... 323
Este texto está pensado para que pueda contribuir a la formación de los estudiantes de
Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y a la mejora del conocimiento de los profe
sionales de la preparación física y del entrenamiento deportivo.
Se ha procurado que su desarrollo esté presidido por el enfoque científico que debería
estar presente en toda actuación dentro de! campo del entrenamiento físico y deportivo,
de tal manera que el lector tenga la oportunidad de desarrollar la capacidad de analizar y
discutir con argumentos sólidos y, especialmente, basándose en datos, acerca de la infor
mación presentada en la literatura y de las ideas comunes arraigadas en la terminología y
en los conceptos relacionados con el entrenamiento deportivo.
El contenido de este texto es, naturalmente, una continuación de los dos textos previos
publicados en 1995 (Fundamentos del entrenamiento de la fuerza. Aplicación al Alto Ren
dimiento Deportivo) y 2002 (Bases de la programación del entrenamiento de fuerza). Así
mismo, en lo relacionado con la velocidad de ejecución, es una ampliación y desarrollo de
las ideas expuesta en el texto publicado en 2017 (La velocidad de ejecución como referen
cia para la programación, control y evaluación de! entrenamiento de fuerza).
La realización de este nuevo libro parte de la necesidad de plasmar en un solo docu
mento las cerca de 2000 diapositivas y los textos entregados en numerosos cursos y con
ferencias, así como para exponer el resultado y las aplicaciones prácticas de los estudios
realizados en los últimos años, los cuales han estado orientados, en la mayoría de los
casos, a confirmar las propuestas-hipótesis que hicimos sobre la importancia del control de
la velocidad en el entrenamiento de fuerza en el libro "Halterofilia”, en el año 1991.
Incluimos una serie de capítulos comunes a los textos anteriores, como los mecanismos
responsables de la activación muscular, los conceptos de entrenamiento, carga, adapta
ción, fatiga y fuerza y sus factores determinantes, pero con nuevas aportaciones y aplica
ciones prácticas. Pero también se añaden capítulos relacionados con los efectos fisioló
gicos del entrenamiento de fuerza, las distintas formas de enfocar el entrenamiento y una
actualización del efecto del entrenamiento de fuerza sobre el rendimiento. En este último
apartado no se incluyen cuestiones relacionadas con el efecto del entrenamiento de fuerza
sobre la resistencia, porque consideramos que en el texto de 2002 mencionado anterior
mente ya se incluyeron unas 30 páginas dedicadas a esta cuestión, y ni ios efectos del
entrenamiento conjunto de la fuerza y la resistencia ni las recomendaciones para la com
patibilidad del entrenamiento de ambas cualidades han cambiado como para justificar una
repetición de este tipo de contenido. Lo más importante en este caso es que se consulte en
el libro citado la forma de compatibilizar ambos tipos de entrenamientos, a lo cual se hace
referencia al final del capítulo 20.
Especialmente se actualiza y se simplifica lo relacionado con el objetivo del entrenamien
to de la fuerza, sobre todo porque su definición se ajusta más a la realidad, a lo que significa
8 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
mejorar el rendimiento físico y deportivo. Esta definición se basa en una referencia precisa
y fácil de medir como es la velocidad de ejecución. Desde el punto de vista del rendimien
to físico, y en muchos casos del rendimiento deportivo, el entrenamiento de la fuerza —y
cualquier otro tipo de entrenamiento orientado a la mejora de la condición física, incluyendo
el entrenamiento de resistencia— solo puede tener un objetivo, que es la mejora de la velo
cidad de ejecución ante la misma carga absoluta. Esto es válido para cualquier acción que
haya de realizarse a la mayor velocidad posible, lo cual es aplicable a la práctica totalidad de
los deportes, en algunos casos como indicador del propio rendimiento específico y en otros
como factor determinante del rendimiento en algunas acciones propias del deporte.
Si se consigue el objetivo (único posible) como lo hemos indicado, es decir, mejorar la
velocidad ante una carga absoluta, se deberá a que ha mejorado la fuerza máxima aplica
da ante dicha carga, y, como consecuencia, necesariamente habrá mejorado la producción
de fuerza en la unidad de tiempo y la potencia ante la carga absoluta de que se trate. Por
tanto, ninguna de estas mejoras es posible sin el aumento de la fuerza máxima aplicada
ante la misma carga absoluta, y, por ello, tampoco es posible que tenga lugar alguna de es
tas mejoras sin que se produzcan las demás. Por tanto, se puede afirmar que la velocidad
de ejecución es un sutil y fiable indicador de la magnitud de la carga, de la fuerza aplicada
y del efecto del entrenamiento.
Precisamente, un aspecto característico de este texto es la atención que se presta al
análisis de una serie de conceptos relacionados con el entrenamiento de la fuerza, tanto
en lo referente a los objetivos del entrenamiento como a las formas de entrenar. Con ello
se pretende aclarar determinadas cuestiones que al ser mal interpretadas y aplicadas dan
lugar a una serie de errores que repercuten sobre los objetivos y la programación del entre
namiento. Solo como un ejemplo, podemos citar el concepto de “fuerza máxima”, que hasta
ahora se ha identificado exclusivamente con el valor de la RM o de la fuerza isométrica
máxima (FIM). Esta interpretación del concepto de fuerza máxima da lugar a numerosos y
graves errores sobre lo que se pretende obtener con el entrenamiento y sobre la forma de
programarlo: el rendimiento no mejora si no mejora la fuerza máxima aplicada en la acción
deportiva específica, sin embargo, en ningún caso la fuerza máxima que se aplica en estas
acciones específicas es ni la RM ni la FIM.
Otra de las razones por la que presentamos este texto es por la necesidad de aclarar lo
que se suele llamar “entrenamiento de la fuerza basado en la velocidad” (EFBV). En este
sentido tratamos ampliamente las aportaciones que proporciona el control.de la velocidad
de ejecución en la valoración de la condición física, en la forma de programar el entrena
miento y en la valoración de su efecto. Pero también hacemos aclaraciones sobre lo que
no aporta la velocidad, ya que el intento de utilizar el EFBV ya está dando lugar a nuevos
errores que deben evitarse.
terior^ DPrn fiJefza ya ha sido tratado ampliamente en los textos an-
vaSónTp?. incluyéndolo y le damos una orientación práctica y útil para la
SX dX -**!-• I»-*»* 9- parte de la ¡nfor-
de los cálculos y la interpretación de los resultados. Por ejemplo, se comete un error con
ceptual cuando se dice que “vamos a hacer un estudio para correlacionar A y B”, pues lo
único que podemos hacer es comprobar si existe o no la correlación, no hacer que exista la
correlación, o, en muchos casos, considerar como verdaderas determinadas correlaciones
que realmente son espurias y que no detectamos. El último capitulo trata sobre la fiabilidad
y validez de los datos o medidas que registramos. Si las medidas no son fiables, todo lo que
hagamos a continuación con ellas sera erróneo. Si el entrenamiento ha de estar presidido
por un enfoque científico, basado en la medida de lo posible en el análisis de los datos que
puedan explicar la carga de entrenamiento y su efecto, es necesario que dispongamos
de unos instrumentos básicos que nos permitan mejorar nuestra capacidad de análisis e
interpretación del entrenamiento.
La exposición del contenido de este texto se basa en gran medida en una amplia ex
periencia en la práctica de la programación y aplicación del entrenamiento en distintas
especialidades deportivas, en los fundamentos fisiológicos que explican la respuesta del
organismo humano a los estímulos de entrenamiento y en la actividad investigadora—tan
to descriptiva como experimental— que hemos llevado a cabo en los últimos años. En esta
última tarea ha sido decisiva la participación y las aportaciones de un numeroso grupo de
colaboradores, sin los cuales no hubiera sido posible lograr una parte importante de los
avances en el conocimiento de la relación entre determinadas variables y los efectos del
entrenamiento de fuerza que se exponen en este libro.
En este sentido, ha sido de gran relevancia la participación de Luis Sánchez Medina
en los primeros estudios sobre la importancia del control de la velocidad de ejecución y
el desarrollo de los sistemas de medición de la fuerza y la velocidad. Posteriormente se
incorporaron David Rodríguez Rosell y Fernando Pareja Blanco, para seguir desarrollando
un amplio programa de estudios en la misma línea de investigación, que han contribuido
a generar nuevos e importantes conocimientos. Una parte importante de los estudios que
fundamentan el contenido de este texto se basa en los trabajos que han desarrollado estos
tres exalumnos. Posteriormente se incorporaron como colaboradores en el desarrollo de la
mayoría de estos estudios Ricardo Mora Custodio y Juanma Yáñez García. En otras líneas
de investigación similares ha sido importante la colaboración de otros exalumnos como
Pedro Jiménez Reyes, Beatriz Bachero Mena y Miguel Sánchez Moreno, cuyos estudios
han sido citados a lo largo del texto. Muchas gracias a todos ellos, pues sin su esfuerzo,
dedicación y conocimientos no hubiera sido posible realizar la mayoría de los estudios
presentados en este texto. Naturalmente, todos debemos agradecer la generosa colabora
ción de centenares de personas que se ofrecieron de manera voluntaria a colaborar como
sujetos de investigación sin esperar nada a cambio, salvo la experiencia de participar en
los estudios y el posible aprendizaje derivado de la misma, que es realmente lo único que
se les ha ofrecido siempre a los participantes.
Capítulo 1
Introducción
Los objetivos del texto se plenteen teniendo en cuenta tres dimensiones; i) la formación de
los estudiantes de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, ii) la actividad profesional
como preparador físico o entrenador y iii) el enfoque científico que debería presidir la ac
tuación de los profesionales del entrenamiento físico y deportivo.
El objetivo general del texto es lograr que el lector alcance los conocimientos (saber) y
las habilidades (saber hacer) necesarios sobre el desarrollo de la fuerza como para poder
programar y evaluar con garantías el entrenamiento en relación con esta cualidad y mejorar
el rendimiento de sus deportistas o de cualquier persona a la que se entrene.
Este objetivo se habrá conseguido si al final el lector es capaz de:
La fuerza se puede expresar de dos formas: i) por un pico máximo de fuerza, ante
una carga determinada, en un tiempo determinado o a una velocidad determinada, que
se puede considerar la fuerza máxima del sujeto en unas condiciones de carga, tiempo o
velocidad concretos, y ii) por una relación entre el valor de fuerza que se aplica (un pico o
valor de fuerza determinado) y el tiempo empleado para alcanzarlo, lo que serla la expre
sión o manifestación de la producción de fuerza en la unidad de tiempo. Esta relación es
conocida por “rate of forcé development" (RFD) en la literatura internacional. Cuando en
el argot del entrenamiento utilizamos el término “fuerza explosiva”, deberíamos entenderlo
con RFD.
La resistencia la entendemos como la velocidad media que puede alcanzar un sujeto
en esfuerzos intermitentes repetidos o continuos durante un tiempo previamente esta
blecido (desde que se inicia hasta que se termina el esfuerzo de manera reglamentaria)
o durante una distancia determinada y reglamentaria a recorrer por cualquier medio,
siempre que la activación muscular sea determinante. Por tanto, el resultado dependerá
de la capacidad del sujeto para alcanzar un determinado valor (pico) de fuerza y de RFD
medios o. lo que es equivalente, la capacidad del sujeto para alcanzar una determinada
intensidad media, expresada especialmente por la velocidad de ejecución (aunque tam
bién en algunos casos, sobre todo en el pedaleo, se utilice la potencia como indicador
de la intensidad) durante el tiempo o distancia que determina la competición. Natural
mente, cuanto mayor sea la velocidad media, mayor rendimiento, que seria la manera
correcta de determinar que se ha mejorado la resistencia, para un tiempo o distancia
determinados.
Por tanto, aunque la intuición y la "lógica" nos indican que cuanto mayor sea el tiempo
que se pueda mantener una determinada intensidad, mayor será la resistencia, esta for
ma de interpretar la resistencia no es útil para el rendimiento deportivo, porque no existe
ningún deporte o especialidad deportiva que consista en mantener cada vez más tiempo
una misma intensidad / velocidad absoluta. En el deporte, el tiempo de esfuerzo o de
competición o la distancia a recorrer (corriendo, nadando, remando...) están limitados re
glamentariamente (esta afirmación no queda invalidada por algunos casos como el tenis
o el voleibol, que tienen una cierta variabilidad de tiempo). Por tanto, mantener la misma
velocidad durante más tiempo o distancia no mejora el rendimiento. En ambos casos lo
que mejora el rendimiento es el aumento de la velocidad (fuerza aplicada) en el tiempo o la
distancia reglamentarios. En el caso de las distancias a recorrer, es obvio que el aumento
de la velocidad significa una mejora del rendimiento.
La velocidad desde el punto de vista de la física se entiende como la relación entre
LIT™ y tiempo (rapidez”). En el ámbito deportivo se utiliza fundamentalmente el
blece una^ri^o ’ equivalente, aunque ambos conceptos se analizan y se esta-
XTeíÍ aZad“ Las acciones se pueden
Los factores determinantes del rendimiento físico son la dotación genética, la condición
física, la técnica y la táctica, el entorno o los elementos que rodean la práctica del deporte
que favorecen o dificultan dicha práctica y la actitud del sujeto ante el estrés del entrena
miento y la competición.
Las capacidades mencionadas se contemplan como requisitos previos que delimitan
el rendimiento deportivo en mayor o menor grado. El grado de influencia de cada una
depende de las exigencias de condición física de los diferentes deportes o especialidades
deportivas. Estas capacidades varían en el tiempo a través dei desarrollo biológico natural
y son susceptibles de modificación por la aplicación de los estímulos de entrenamiento
adecuados, es decir, por una práctica deliberada.
Se suelen emplear indistintamente los términos cualidad{es) fisica(s) y capacidad(es)
física(s). Podríamos decir que la cualidad física, psíquica o intelectual se posee, es algo
distintivo y propio de la persona, y que la capacidad es el grado de desarrollo de esta
cualidad poseída que nos hace aptos (capaces de hacer algo) para la realización de algo
con mayor o menor excelencia, que en este caso es el rendimiento físico o deportivo.
Entenderíamos, por tanto, que la cualidad se tiene, es un potencial o característica del
sujeto, y que la capacidad se adquiere, se consigue, se desarrolla sobre la base de la
cualidad poseída.
Por tanto, el desarrollo de estas cualidades / capacidades está limitado por la propia
constitución del sujeto. Cada deportista tiene un potencial de adaptación de las distintas
cualidades. Esta limitación natural determina las posibilidades de rendimiento físico y la
elección del deporte o especialidad que se vaya a practicar. Pero este potencial de adapta
ción no siempre ha de desarrollarse en su máxima expresión, pues el grado de desarrollo
de las distintas cualidades estará determinado por las necesidades de fuerza, velocidad,
resistencia y flexibilidad de cada especialidad deportiva. Esto, a su vez, exige un conoci
miento preciso del perfil de las exigencias de condición física de cada especialidad.
El rendimiento siempre depende de un cierto grado de desarrollo de cada una de las
cualidades, aunque hay especialidades que exigen el desarrollo prioritario o máximo de
alguna cualidad. Y aquí surge una nueva problemática que consiste en que el desarrollo
de determinadas cualidades está limitado o interferido por el desarrollo de otras. No es po
sible, por ejemplo, alcanzar el máximo desarrollo simultáneo de la fuerza y la resistencia.
Pero también es cierto que en algunos rendimientos deportivos en los que predomina el de
sarrollo de unas determinadas capacidades, la contribución de otra es determinante. Esto
ocurre fundamentalmente, con el desarrollo de la fuerza, que es importante en muchas
especialidades deportivas, pero sobre todo cuando el rendimiento se mide por la velocidad
en acciones de corta o muy corta duración, las cuales dependen en gran medida del grado
de desarrollo de la fuerza y la RFD.
Conscientes de esta problemática, brevemente descrita, en este texto vamos a tratar de
exponer los conocimientos básicos que permitan al lector comprender: i) las características
que definen la fuerza, ii) los factores biológicos básicos determinantes de su desarrollo, iii)
la metodología específica para su entrenamiento y iv) los métodos y criterios de evaluación
que permitan valorar la evolución del desarrollo de la fuerza y la orientación del entrena
miento.
El texto tiene dos grandes bloques. El bloque 1, que gira alrededor de los conceptos de
Entrenamiento Deportivo y Adaptación, y el bloque 2, que se centra en el concepto de fuerza
16 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
bloque 1
El "Concepto” de fuerza preside el contenido del bloque 2, aunque todo él también está
basado en parte en factores biológicos. El estudio de los “Fundamentos biológicos" del
entrenamiento viene a justificar, junto con el concepto de fuerza, las “Variables del Entre
namiento” y la “Metodología del Entrenamiento”. Los componentes o variables del entrena
miento son los elementos fundamentales en la metodología. Las decisiones sobre el tipo
de “Evaluación" vienen condicionadas por el concepto de fuerza, los factores biológicos y
la metodología del entrenamiento. Se espera que la evaluación sistemática de los efectos
del entrenamiento tenga una influencia sobre la propia metodología, ya que de no ser asi
no tendría sentido realizar la evaluación.
Capítulo 2
Estructura y funciones básicas
del múscuio esquelético
■ La estructura del músculo esquelético
■ Generación de la fuerza
■ Contribución de los elementos elásticos a la
generación de fuerza
■ La velocidad de acortamiento y ta elasticidad
estructural en el músculo esquelético
■ Activación muscular y tipos de contracción
(activación) del músculo esquelético
■ Relajación muscular
■ Tipos de fibras
■ Gradación de la fuerza ejercida por el músculo
esquelético. Reclutamiento de fibras
La estructura del músculo esquelético
El músculo esquelético es un tejido con una estructura óptima para generar fuerza a
distintas velocidades. Tiene características visco-elásticas que le permiten deformarse y
cambiar su rigidez constitucional, lo cual es básico para aplicar la fuerza que genera el
músculo a los extremos tendinosos que se insertan en los huesos. Normalmente los ten
dones extremos de la mayoría de los músculos arrastran a los huesos o tejidos a los que
están unidos dando lugar al movimiento. Por ejemplo, el bíceps braquial inserta un par de
tendones proximales en el acromio y el tendón distal en el cubito y radio permitiendo así el
movimiento del antebrazo sobre la articulación del codo y el movimiento del brazo sobre la
articulación del hombro. En otro ejemplo, los músculos extra-oculares insertan un extremo
tendinoso en el hueso orbitario y el otro extremo en la esclerótica del ojo, permitiendo asi
los movimientos oculares.
En la figura 2.1. se representan de forma esquemática los principales elementos es
tructurales del músculo esquelético.
TENDÓN Epimisio
Endomisio
Perimisio
Hueso
Fascículo
Núcleos
22 O Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Figura 2.1. Estructura esquemática dei múscuio esquelético. En A se representan los elementos más
simples y cubiertas del empaquetado de fibras. En B, obsérvese la organización espacial de los ele
mentos estructurales desde los fascículos hasta las sarcómeras. Obsérvese como en las ventanas
correspondientes a "fascículo" y a "fibra muscular” aparecen unas estriaciones o bandas oscuras y
claras. Las bandas oscuras también llamadas bandas A (de anisotrópicas) están constituidas por el
solapamiento de filamentos de miosina y de actina, y ocupan la parte central de ias sarcómeras; las
bandas claras, también llamadas I (de isotrópicas) están constituidas por la presencia de filamentos
de actina y ocupan las partes laterales de la sarcómeras.
El músculo esquelético está constituido por varios haces o bandas longitudinales mus
culares que incluyen a varios fascículos. Cada uno de estos fascículos está constituido por
numerosas fibras o células musculares. Estas fibras tienen distintos tamaños que oscilan
entre 50-100 pm de diámetro y de 500 pm a varios centímetros de longitud, pudiendo cam
biar estas dimensiones en respuesta a distintos estímulos utilizados como entrenamiento,
a a ibra, a su vez, está compuesta de centenares de miofibrillas muy bien organizadas
espacialmente. Estas miofibrillas presentan transversalmente bandas oscuras y bandas
transverLTde tefibra lí^^’ las bandas oscuras coinciden en un mismo plano de corte
están constituidas cor renp^t^ f' aspecto estriado a la fibra muscular. Las miofibrillas
nados sarcómeras o sarcófJeraTunalarcT^'^^ segmentos peculiares denomi-
saraomeras. Una sarcómera está delimitada por dos discos (o líneas.
Estructura y funciones básicas del músculo esquelético O 23
depende de la geometría que lo representa) Z, llamados asi por sus aspectos zigzaguean
tes. Desde estos discos Z parten, en una disposición perpendicular a ellos, una serie de
filamentos delgados que se dirigen en paralelo hacia la mitad de la sarcómera donde está
otro disco, el disco M, pero sin llegar a contactar con él. La orientación espacial de los fila
mentos delgados en el citoplasma o sarcoplasma es mantenida por otros microfilamentos
más finos denominados de nebulina. Los filamentos delgados se les conoce también por
filamentos de actina, por estar constituidos básicamente por moléculas de actina (actina F).
Desde el disco M, en el centro de la sarcómera, salen perpendicularmente y en sentido ha
cia los discos Z unos filamentos gruesos que igualmente quedan suspendidos en el citoplasma
sin llegar a contactar con los discos Z. A los filamentos gruesos también se le llaman de miosina
por ser esta proteína el componente ftjndamsntal de su estructura. (Schmalbruch H, 1985).
Es importante señalar que para que todos los componentes estructurales del músculo
mantengan su relación espacial, el músculo debe de estar estirado. En efecto, la posición
anatómica de nuestros músculos esqueléticos implica una cierta elongación y una ten
sión determinada, tanto en situación de reposo como en posición de máximo acortamiento
funcional. Esto es así hasta el punto de que si se desinserta del hueso uno de los dos
extremos tendinosos de un músculo, la masa muscular se retraerá formando una bola
hacia el otro extremo tendinoso, perdiendo la mayor parte de la organización espacial de
sus microfilamentos intracelulares. Este comportamiento mecánico es propio de elementos
elásticos dentro de la estructura muscular. Por lo tanto, la posición natural anatómica de
los músculos esqueléticos implica un grado de estiramiento que facilita la organización
espacial de sus estructuras y la mejor disposición para su función.
Las fibras o células musculares son multinucleadas, de modo que una sola fibra puede
tener cientos o miles de núcleos, también llamados mionúcleos. Su membrana plasmática o
sarcolema, de apariencia transparente, tiene unas caracteristicas especiales e importantes
que las diferencia de las de otras células en el organismo (figura 2.2). Si uno se imagina
un pequeño hombrecillo caminando por la superficie de la fibra muscular, con frecuencia se
encontraría con pozos de pequeño diámetro (unos 20 nm) que se hunden hacia el eje central
de la fibra en una dirección perpendicular o transversal a la membrana plasmática. Por esta
razón a estos pozos microscópicos se íes llama túbulos enTo transversos. La red de túbulos
en T es tal que, siguiendo con el símil del paseo por la membrana plasmática, uno podría en
trar por un túbulo en T hacia el interior de la fibra muscular y salir por otro túbulo en T situado
al lado opuesto de la propia fibra, (figura 2.2, 2.3 y 2.4) (Engel y Franzini-Armstrong, 2004).
La suma de las superficies de todos los túbulos en T de la fibra muscular es más del
70% de la superficie total de la membrana plasmática; es decir, la mayor parte de la super
ficie del sarcolema está sumergida entre las miofibrillas del interior de la célula muscular.
Esta membrana plasmática es tan importante que sin ella no funciona el músculo esqueléti
co, A lo largo de esta membrana y de los túbulos en T se conducen los estímulos eléctricos
que desencadenan la generación de fuerza por las fibras musculares. Es más, esta red de
túbulos en T favorece el intercambio electrolítico entre líquido extracelular e intracelular en
todo el volumen de la fibra muscular. Sin embargo, debido a su pequeño diámetro y gran
longitud el recambio del volumen tubular con la circulación sanguínea es relativamente
lento, por lo que cambios repentinos de electrólitos provocados por contracciones muscu
lares intensas y rápidas puede dar lugar a la acumulación de éstos en el espacio tubular,
pudiendo bloquear la excitabilidad de la fibra muscular (Sejersted y Sjoogard, 2000).
?4 O Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Figura 2.4. Esquema de sarcómera y sus filamentos principales con algunas acotaciones dimen
sionales. Para mayor claridad solo se representa un filamento grueso de miosina rodeado por seis
filamentos delgados de actina. Obsérvese la disposición en los vértices de un hexágono imaginario
de los filamentos delgados (amarillo) (c.a. 6 nm en diámetro) rodeando a un filamento grueso de mio
sina (c.a. 10 nm en diámetro (rojo). La longitud aproximada entre discos Z es de 2.8 micrómetros).
Extendiéndose desde los discos Z hasta el disco M se representan unos filamentos de titina (en color
morado) con una parte más extensible en la banda I. Estos filamentos de titina unen los discos Z a
los filamentos gruesos de miosina.
Los filamentos de titina (peso molecular c.a. 4MDa) se descubrieron décadas posteriores
a los filamentos de miosina y de actina (Maruyama et al, 1976; Linke et al.,1998 y Labeit et
al., 2003). Estos filamentos de titina se extienden desde cada uno de los discos Z que limitan
una sarcómera hasta el disco M central en la misma sarcómera, por lo tanto son filamentos
pansarcoméricos (figuras 2.3, 2.4 y 2.5). Estos filamentos tienen un alto peso molecular y
características elásticas no lineales (“muelles no lineales”), son sensibles a la presencia de
iones de calcio y desempeñan un papel fundamental en la generación de fuerza durante la
activación de las fibras musculares esqueléticas. La tensión de estos filamentos elásticos
contribuye también a la estabilización espacial de los filamentos de miosina.
El acortamiento de una sarcómera supone un estiramiento de los “muelles" de titina
de las sarcómeras contiguas. En un caso hipotético en que una fibra muscular estuviera
constituida por una sola sarcómera, la tensión generada por los puentes cruzados de los
filamentos de miosina se transmitiría a los filamentos de titina que conectan (externamente)
cada disco Z a las fascias y tendones que finalmente terminarían por transmitir esa tensión
a los huesos del esqueleto y a la carga que estuviera recayendo sobre ellos.
26 O Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Figura 2.5, Esquema de la disposición espacial de los filamentos de titina (amarillo) representados
en media sarcómera. del disco Z al disco M Obsérvese que los filamentos de titina tienen varios seg
mentos o dominios. Un dominio de Ig (inmunoglobulinas) próximo al disco Z y otro en contacto con
el filamento grueso (de miosina (verde)) que tiene once lugares de enlace con el filamento grueso y
termina anclándose al disco M. Además tiene un segmento denominado PEVK, dentro de la banda
I, que muestra especiales caracteristicas elásticas no lineales; en su cercanía y dentro de la banda I
tiene un dominio denominado NZAque tiene la propiedad de unirse al filamento delgado de actina en
presencia de altas concentraciones de calcio iónico (Monroy et al 2007, 2011).
esta enzima es hidrolizar o romper moléculas de adenosin trifosfato (ATP) dando como pro
ducto de a reacción adenos,n difosfato (ADP), fosfato inorgánico (Pi) y cierta cantidad de
energía. La velocidad a la se puede realizar la reamión i .
u ru u mencionada vana en los distintos
tipo de fibras y ha servido para caracterizar a las fibras musculares como lentas o rápidas.
Aunque la descripción clasica del funcionamiento de los nanomotores los presenta
como separados de los filamentos de actina durante el reposo y unidos a elfos durante la
activación, en realfoad evidencias actuales apuntan a una unión laxa o una posición cer
cana entre la miosina y actina en condición de reposo, de manera que permite una amplia
oscilación de la cabeza de miosina sobre el filamento de actina mediante deformaciones
del cuello o fulcro de la molécula de miosina (ver Figura 2.6).
Actina
Figura 2.6. En la parte superior, unión de las moléculas de miosina y actina en estado de reposo o rela
jado (A) y en estado de activación o contracción (B). Obsérvese las oscilaciones amplias de la molécula
de miosina sobre la de actina a modo de unión débil e inestable y cómo la presencia de calcio iónico
provoca una unión más fuerte y estable entre las dos. En la parte inferior (C), diferencias en las osci
laciones de la molécula de miosina en diferentes estados. Obsérvese cómo en estódo de contracción
la cabeza de la molécula de miosina queda fijada a la de actina con escasa oscilación (ts -tight state-)
mientras que la cola produce un gran desplazamiento (d). En estado de rigor tanto la cabeza como la
cola apenas oscilan. El ATP es requerido para pasar del estado de rigor al de relajación. El calcio lóniro
es necesario para pasar del estado de relajación al de contracción (modificado de Thomas et a.,
28 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Be traslada no solo a los filamentos delgados de actina sino también a los filamentos
elásticos de titina.
Figura 2,7. Representación simplificada y parcial de dos medias sarcómeras. Los filamentos de
fitina enlazando los discos Z (rojo) y los filamentos delgados de actina (gris oscuro) con el filamento
grueso de miosina (verde) ejercen tensión entre ambos filamentos. En la mitad de sarcómera B se
representa una mitad c)e sarcómera vecina a la mitad de sarcómera A que estaría siendo estirada por
la tensión generada por la activación en la mitad A (arriba). La tensión se traslada de una sarcómera
a otra hasta que finalmente es aplicada ai tendón y a la carga soportada por él (abajo, en mitad de
sarcómera B). Más información en el texto (modificado de Monroy et al,, 2011).
Figura 2.8. Representación esquemática det efecto de la rotación de tos filamentos delgados so
bre el estiramiento de los filamentos de titina. El enrollamiento de tos filamentos de titina sobre tos
filamentos delgados ocasionaria el estiramiento del segmento PEVK (prollna, glutamato, valina e
isoleucina) manteniendo la tensión sobre ei filamento de miosina. Esa tensión del muelle PEVK, si
se to permite la carga, se devolverá en forma de fuerza elástica a favor del acortamiento; es decir
primero se estira el muelle y después éste se retrae, arrastrando al disco Z hacia el centro de la sar
cómera. La tendencia de los segmentos PEVK a volver a su longitud original es una tensión elástica
que aumenta la tracción sobre los discos 2 atrayéndoles hacia el centro de la sarcómera (modificado
de Monroy et ai., 2012, 2017).
30 O Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Figura 2.9. Simil arquero de la actuación de los elementos elásticos en los puentes cruzados. Se
representan básicamente un disco 2 y un disco central de miomesina (Me). El filamento delgado
de actina (FDA) se representa como una flecha en color verde. El puente cruzado de miosina se
representa como un arco en el que parte de la molécula corresponde a la meromiosina de cadena
pesada (MHC)(el propio arco) y parte a su elemento elástico (EEPC) cuya tensión se modifica en
función de presencia de moléculas concretas. El disco Z, base de anclaje de los filamentos delgados,
es arrastrado hacia el disco M central durante el proceso de activación de la contracción muscular.
En a) se representa la posición inicial en la que el puente cruzado de miosina (arco y cuerda en azul)
está separado del filamento delgado de actina siempre que haya presente moléculas de ATP; los
elementos elásticos de los puentes cruzados (EEPC) no muestran tensión. Et puente cruzado posee
ADP, Pi y energía disponible para una activación. La activación se produce cuando aparecen iones
de calcio (no representado en la figura) en concentración suficiente, dejando libre el sitio de reacción
de la actina con la miosina y permitiendo la reacción A-M representada en b). Esta es la señal de
arranque para aumentar la tensión de los EEPC. En c) el desplazamiento y la tensión sobre el FDAen
su movimiento hacia Me vendrá determinado por la liberación de Pi y de ADP del puente cruzado. Es
decir, la tensión acumulada en los EEPC se aplica rápidamente al desplazamiento de FDA, de modo
similar a la función del gatillo en un arma o a la suelta de una flecha en un arco tensado.
Cualquier causa que impida que llegue nuevo ATP a la cabeza de miosina dejará unidas
las cabezas de miosina con la actina, dando lugar a un rigor que impedirá la vuelta a la
situación de reposo. Resumiendo, las cabezas de miosina tras recibir las moléculas de ATP
quedan cargadas (de energía y otras moléculas) pero no dispararán (aplicarán la energía a
producir desplazamiento) hasta que reciban la señal de su unión a las moléculas de actina.
Figura 2.10. Representación esquemática de la actuación cíclica de los puentes cruzados entre los
filamentos de miosina y de actina durante una activación muscular. En 1 se representa la relación entre
los distintos elementos en reposo; en el conjunto de elementos en el puente cruzado aparecen: MHC:
miosina de cadena pesada {dominios SI), MLC: miosina de cadena ligera, ATP: molécula de adenosin
trifosfato; ADP: molécula de adenosin disfosfato, Pi; molécula de fosfato inorgánico, EEPC; elemento
elástico en el puente cruzado y E; energía. Obsérvese que en situación de reposo el puente cruzado
está cargado de energía y dispuesto para la acción contráctil. En 2 aparecen moléculas de calcio iónico
(Ca2+) procedentes del retículo sarcoplásmico. En 3, la presencia de calcio iónico (pequeños círculos
rojos) deja libre los sitios de reacción de la actina a los que espontáneamente se une la miosina. En 4,
una molécula de Pi abandona el puente cruzado, ello origina un cambio en la conformación de la MLC
y produce un esüramiento de EEPC (5). En 6 la tensión del EEPC arrastra al disco Z hacia el centro
de la sarcómera. En 7, llega una nueva molécula de ATP que separa la molécula MHC de la actina y
restablece la situación de reposo (Piazzesi y Lombardi, 1995; Pinniger et al., 2006).
La tracción de las cabezas de miosina sobre los filamentos de actina arrastrará a estos,
rcoSínto o ac?® í ° ®M. Esta es la base del
mieX dX sarc?m± con lleva el alarga-
mentos de titina, oscurina, ete Salelíe?^ elementos elásticos en serie (microfila-
rimisio y epimisio o fascias (figura 2 111 En éi ° conectivas como endomisio, pe
de una miofribilla se acortaran simultáneamp ° sarcómeras
cortaran simultáneamente, la suma de sus acortamientos supondría
Estructura y funciones básicas det múscuio esquelético O 33
un estiramiento de las últimas sarcómeras en contacto con los tendones o fascias, de una
magnitud equivalente a la suma de todos los acortamientos de las sarcómeras centrales.
Probablemente esta es una razón para explicar la frecuencia de roturas musculares en las
proximidades de la unión miotendinosa durante contracciones rápidas y violentas. No obs
tante, la simultaneidad (no homogeneidad) de acortamiento de sarcómeras permite ciertos
pequeños retrasos entre ellas, lo que parece facilitar la adaptación al desplazamiento de la
carga en los extremos musculares (Herzog et al„ 2015),
Como se puede deducir de la estructura sarcomérica, la rigidez de los elementos elás
ticos es decisiva para determinar la veiocided a la que se aplica la fuerza generada en los
puentes cruzado a las cargas que tiene que mover el músculo. Imaginemos unos elemen
tos elásticos poco rígidos (por ejemplo: un muelle de hilo metálico muy fino), eso signifi
caría que la fuerza generada por el acortamiento de una sarcómera estiraría fácilmente
estos elásticos poco rígidos y el acortamiento sarcomérico ocasionado por la fuerza de los
nanomotores no llegaría a influir de manera importante en el extremo de unión del “muelle”
poco rígido con el tendón y, por lo tanto, produciría poco o ningún desplazamiento a la
carga unida al tendón (y de este al hueso con o sin carga adicional) (figura 2.12 A y B). En
otras palabras, la energía para la activación muscular se consumiría en alongar un muelle
fácilmente distensible. El caso extremo sería la contracción muscular de un músculo con
sus tendones rotos, en el que la contracción no produciría desplazamiento alguno de los
huesos en los que se insertaran esos tendones. Por el contrario, si imaginamos unos "mue
lles" de mayor rigidez (por ejemplo constituidos con hilos metálicos de mayor diámetro),
cualquier acortamiento sarcomérico se transmitiría rápidamente a la unión miotendinosa y
de esta a la carga (figura 2.12 C y D).
Figura 2.11. Esquema de la disposición de los elementos elásticos en la función muscular. Obsérve
se la variedad de elementos elásticos en serie y en paralelo.
34 © Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Los efectos funcionales básicos de los elementos elásticos, especialmente los pansarco-
méricos. se manifiestan más claramente en sus efectos sobre las curvas de longitud-tensión
npZ determinan en gran ma-
más rígidos sLn !□/ relación a la longitud de la fibra. Mientras
pas». Además, durante la aclteacron muscular, la pmsencia de calcio iónico tensando los fi-
Estructura y fur^ciones básicas dei músculo esauelético C 35
lamentos elásticos alrededor de los filarrientos delgados (figuras 2.7 y 2.8) aumenta la rigidez
de los filamentos de tjina y posiblemente desvíe la curva de tensión pasiva hacia la izquierda
(Figura 2.14). Este efecto disminuye la necesidad de grandes consumos metabólicos para
generar fuerza durante la activación muscular; parte de esta fuerza procede del aumento de
rigidez de los elementos elásticos, proceso que no requiere energía metabólica adicional.
1.5
a favor y otras en contra del trabajo que realizan los puentes cruzados. Sin embargo, cuando
las acciones del elemento elástico van a favor de la activación muscular entonces las accio
nes entran en sinergia, el sistema muelle-músculo resuena, y el rendimiento aumenta sus
tancialmente. Esto tiene que ocurrir en un tiempo limitado (critico) que equivaldría al periodo
en el cual las fuerzas elásticas actúan a favor de las fuerzas musculares (ver más adelante).
Imaginemos una masa m que está sobre una superficie (Figura 2.15). La masa está unida
aun conjunto músculo-tendón; si el conjunto músculo-tendón intenta levantar la masa o car
ga de la superficie tendrá que acortaren primer lugar el músculo. Este acortamiento muscular
actuará sobre el elemento elástico en serie (lo que podemos imaginar como un “muelle”)
elongándolo. En ese momento el muelle ejercerá una fuerza igual a —kAI (k es la constante
de elasticidad del muelle; Al, es la elongación producida en el muelle al estirarse) en sentido
contrario al acortamiento muscular, es decir, se opone a que lo estiren; por un lado estará uni
do a la masa y por otro al músculo, de manera que un acortamiento del músculo supone, en
primer lugar, un esl'ramiento del muelle. El vector de fuerza elástica tiene su punto de origen
en la masa m. La fuerza que ejerce la masa en la superficie donde reposa será igual a mg.
Cuando la fuerza del muelle (kAI) sea mayor que mg, la masa se despegará de la superficie.
Ahora bien, ¿cómo se puede aumentar la fuerza del muelle, manteniendo constante su
rigidez? La única forma es aumentar su longitud o estiramiento y para eso es necesario que
aumente el acortamiento muscular mientras la masa ejerce fuerza en sentido contrario (mg).
Por lo tanto la fuerza del acortamiento muscular (Fm) tiene que llegar a ser ligeramente superior
a kAI y mg. Es deár, en los primeros instantes de tiempo de una activación muscular que intente
levantar una masa m de una superficie, la fuerza tiene que aplicarse primero al elemento elásti
co en serie (muelle) y este lo comunicará a la masa a la que está conectado. En este escenario
es fácil imaginar que cuanto más rígido sea el muelle más pequeño será Al para la misma
fuerza muscular y más rápida será la aplicación de la fuerza muscular a la masa o carga que
se pretende levantar. Por lo tanto, rapidez y fuerza están ligados por la rigidez del componente
elástico (que nosotros hemos simplificado por un muelle) del conjunto músculo-tendinoso.
Aun así, una vez superada la tensión necesaria para elevar la masa, esta quedará
suspendida del muelle y por lo tanto sometida a oscilación o vibración aunque esta sea de
pequeña amplitud y dure poco (figura 2.15).
Imaginemos por un momento un movimiento lento de una carga en el extremo de un
conjunto músculo-tendón; además, para facilitar las condiciones, la carga está suspendida
en el espacio, de manera que la única fuerza que actúa sobre ella atrayéndola hacia el
suelo es la fuerza de la gravedad y la única fuerza que actúa sobre ella en contra de la
atracción de la gravedad es la que ejercen los elementos del conjunto músculo-tendinoso.
El elemento elástico inicialmente lo vamos a considerar como uno solo, es decir, como
si fuera un solo muelle, es decir, vamos a imaginarnos que los dos elementos elásticos en
V^J PiPmJntn! T.‘ un extremo
en el extremo de^con'^^ músculo y la masa. La suspensión de la masa
re^ngación qene^®' estiramiento
Figura 2.15. En A se representa un músculo esquelético en situación de reposo con sus elementos
elásticos en serie unido e una masa (carga) que está reposando sobre un vastago (linea horizontal
continua). Los elementos elásticos y el músculo están ligeramente distendidos simulando el estira
miento muscular debido a sus anclajes anatómicos naturales. Está unido a la masa, pero no ejerce
fuerza sobre ella, puesto que la masa está soportada por el vástago. En B, se retira el vastago y la
masa m se desplaza según la fuerza mg. El músculo no se activa, pero el conjunto músculo-ele
mentos elásticos si se estiran. Como corresponde a cualquier sistema elástico, ante una elongación
responde con una fuerza de retracción que viene equivalente kAll. Asi la masa m oscilará hacia
abajo y hacia arriba hasta que el conjunto de músculo, elementos elásticos y masa lleguen a una
nueva posición de equilibrio. La oscilación (considerando aquí que no tiene amortiguación) tendrá
una dimensión que fluctuará desde +2¿11 hasta-2AI1. El desplazamiento seguirá la expresión senwt
como aparece en C. El periodo completo de una oscilación como esta tendrá un valor de 2nR. Como
se puede observar en C el acortamiento máximo durante la oscilación de tos elementos elásticos irá
desde +2AI1 a -2A11 (marcado con la flecha roja); es decir, durante la mitad del periodo T los elemen
tos elásticos acercan la masa m al plano de referencia mostrado en A y B. Por lo tanto, durante este
tiempo (1/2T) la fuerza generada por los elementos elásticos se sumaría a la fuerza ejercida por el
músculo si este se activara.
Por otro lado, tenemos que el periodo T depende de la masa m y de la constante de rigidez del elás
tico k, pero no de la amplitud de la oscilación (Al). Mientras más rígido es el elemento elástico más
corto es el periodo. Mientras más grande sea k mayor será la fuerza ejercida por el elemento elástico
y mayor rapidez tendrá la respuesta. En resumen, mientras más rígido sean los elementos elásticos
de un músculo esquelético más rápida será ta aplicación de fuerza y mayor velocidad tendrá el des
plazamiento de la carga.
Naturalmente, en este sistema habrá que incluirlos mecanismos de amortiguación que tienden a que
desaparezcan las oscilaciones; lo que viene a resaltar la importancia de aprovechar las característi
cas elásticas en los primeros momentos de la activación muscular.
Una vez elongado el muelle por el peso de la carga (mgr) (imaginemos que ello supone
un desplazamiento hacia el suelo de la carga), el muelle reaccionará incrementando la fuer
za hacia arriba, en sentido contrario al suelo o plano terrestre y elevará en cierto grado la
38 O Fuerza, velocidad y rendimiento fisico y deportivo
Cualquier elongación del muelle provocará una oscilación en la longitud del mismo, de
modo que el valor de su fuerza variará de - kAI1 a + kAH y así sucesivamente hasta que se
alcance una nueva posición de equilibrio. Es decir, la elongación del muelle generará una
serie de oscilaciones en la longitud de éste. Las oscilaciones irán disminuyendo de amplitud
(amortiguación) poco a poco hasta que se alcance una nueva posición de equilibrio. La tra
yectoria de la oscilación sin amortiguación vendrá determinada por la expresión: Al-sen(w1).
En el panel C de la figura 2,15 se representa ía evolución de los cambios de longitud
siguiendo la expresión Al Een{wt), En ordenadas la elongación (/) se ha extendido a 2/ para
indicar la acumulación de elongaciones y acortamientos correspondientes a los dos ele
mentos elásticos aun lado y otro del músculo representado.
Obsérvese que un periodo completo (T) es, por ejemplo, el tiempo entre un vértice y el
siguiente en la osalación. Obsérvese también que el elemento elástico pasa de una longitud
máxima (2/,) a una longitud mínima (-2Q y de ahí otra vez a la longitud máxima (2/^) hasta que
quede estabilizado a una longitud igual a cero en situación de equilibrio. La flecha en la figura
inferior marca el tiempo en que la fuerza elástica de retracción (de 2/, a -2/,} es máxima. Nótese
que el tiempo en el que transcurre esta situación es aproximadamente la mitad del periodo de
oscilación. Teniendo en cuenta que una oscilación completa equivale a 2tt radianes, media
oscilación será ir radianes o la mitad de un periodo. Esto quiere decir que sea cual sea ¡a
frecuencia de oscilación, eí tiempo óptimo para aplicarla máxima fuerza en contra de la carga
será la mitad del periodo de oscilación del elemento elástico, el cual viene detenninado porta
fmcuencianaturaidel elemento elástico que. a su vez. depende de la rigidez del elemento elás-
oscllaclón las fuerzas de acortamiento muscular y las fuerzas
cama SZánt? 7 ™ para mover la
En to ^^^cuíar,
tervienen en to cuantificLó7de es'tasta^^^ ^*7^ describen las ecuaciones que in
velocidad de retracción elástica; y que el peS7o\
Figura 2.16a. Distintas orientaciones angulares respecto al eje mayor de varios músculos.
40 • Fuerza, velocidad y rendimiento tísico y deportivo
Figura 2.16b. Esquema de dos tipos de músculos (Ay B) con distintos ángulo de peneación fibrilar
y sus características de fuerza y velocidad de contracción. Obsérvese que el músculo de fibras para
lelas genera poca fuerza durante cambios en la longitud muscular, aunque lo puede hacer a mayor
velocidad; por el contrario el músculo con fibras bipeneadas genera más fuerza durante elongaciones
cortas pero también a menor velocidad (panel inferior). Nótese que la fuerza y velocidad se represen
tan de manera relativa y no con valores absolutos. (Enoka y Dachauteau, 2018).
permite que entre una avalancha de sodio desde el exterior (donde el sodio está en alta
concentración (unos 140 mM)) al interior celular (cuya concentración de sodio es de orden
de 20 mM). La entrada rápida y suficiente de iones de sodio provoca una despolarización
rápida del potencial de membrana que llega a alcanzar valores de +20 o +30 mV en algo
menos de 2 ms, tras lo cual la membrana se repolariza en unos 3 ms más. A esta súbita
despolarización seguida de una rápida repolarización del potencial de membrana (debida
a la salida de iones de potasio) se le denomina potencial de acción
Procesos químicos. El potencial de acción generado en las cercanías de la placa mo
tora se propaga por toda la superficie del sarcolema incluyendo los túbulos T. Cuando el
potencial de acción recorre los túbulos T, la despolarización hace que unos canales de
calcio tipo L (CaDHP, por tener un receptor para la dihidropiridina), modifiquen su posición
de manera que una parte de su estructura empuja físicamente a una parte de otro canal
de calcio denominado canal de calcio con receptor de ryanodina (en adelante CaRyR)
que se localiza en la membrana del retículo sarcoplásmico (RS) (otro tipo de membrana
plasmática que limita el espacio del RS dentro del citoplasma). Esta acción abre el CaRyR
y deja salir Ca^^ desde el interior del retículo sarcoplásmico hacia el citoplasma de la fibra
haciendo que la concentración de Ca^’ en el sarcoplasma suba desde unos 80 pM que
suele tener en reposo hasta unos 800 pM o más. El Ca^* que inunda ahora el sarcoplasma
se une a todas aquellas proteínas que tienen afinidad por él; entre ellas destaca, por su
cantidad, las troponinas, especialmente la troponina C, y las bombas o ATPasas cálcicas
que están ubicadas en la parte sarcomérica central del retículo sarcoplásmico. Cuando el
Ca^* se une a la troponina C provoca un cambio en la disposición de la tropomiosina en
la sarcómera y deja libre el sitio de unión de la actina para que reaccione con la molécula
de miosina en los puentes cruzados. Estos procesos químicos proseguirán hasta que las
concentraciones de Ca^* vuelvan a los valores de reposo. El retorno de la concentración de
Ca^* a su valor de reposo se lleva a cabo principalmente por el trabajo de las bombas de
calcio del RS. Estas trabajan con más lentitud que la salida de calcio del RS por los CaRyR,
de modo que la activación muscular durará el periodo de tiempo entre la salida de calcio
del RS y la retirada de calcio por las bombas de calcio. La disminución de la concentración
de Ca^” en el mioplasma es fundamental para que se produzca la relajación muscular. Otro
mecanismo que contribuye a la regulación de la salida de calcio del RS es el efecto nega
tivo de los iones de magnesio sobre el estado de apertura de los CaRyR. Estos iones de
magnesio proceden principalmente de la hidrólisis de ATP durante la activación muscular
(la molécula de ATP lleva adheridos iones de magnesio que durante la hidrólisis quedan
libres en el mioplasma).
Procesos mecánicos: La unión de la actina con la miosina es la señal de disparo o
puesta en marcha de la maquinaria químico-física en la cabeza de miosina (SI). Con la
liberación de Pi, la energía almacenada en ios enlaces fosforilos se libera y aplica al des
plazamiento del cuello del puente cruzado, tensando el elemento elástico loca! (descrito
anteriormente, figura 2,6 y 2.10). A continuación se libera ADP quedando el puente cruzado
fijado en su posición respecto al filamento delgado de actina (situación de rigor). Esta
sición se mantendrá hasta que una nueva molécula de ATP se una a la cabeza de miosina
del puente cruzado. Entonces se deshará la unión fuerte entre la actina y la miosina y el
puente cruzado quedará disponible para una nueva reacción de fijación a la actina, proba
Al conjunto de procesos por los que los fenómenos eléctricos terminan produciendo una
contracción o activación muscular se le conoce como acoplamiento excitación-contracción
Q La relación temporal de estos procesos se esquematiza en ta figura 2.17.
Sarcómera activa
Liberación de calcio
Figura 2.17. Relación temporal aproximada entre los fenómenos de excitadón y de activación sarco
mérica. Nótese que la liberación de calcio iónico al citoplasma es el enlace entre proceso eléctrico y
el mecánico. El potendal de acción en los túbulos T (trazo azul delgado) está ligeramente retrasado
en el tiempo respecto al potencial de acción en el sarcolema (rojo) (Vergara y DiFranco., 1992).
los tendones o a los huesos; luego, en efecto, la distancia de extremo distal de tendón a
tendón no cambia pero sí lo hace una buena proporción de sarcómeras de ese músculo.
Ejemplo de este tipo de contracción se da cuando se intenta levantar una carga muy gran
de, muy superior a la fuerza máxima que pueda generar el músculo: o cuando un sujeto,
de'forma aislada e individual, trata de empujar por sí solo un camión de alto tonelaje. Sus
características serían las siguientes:
Siguiendo con ejemplos, cuando se levanta un peso liviano, el músculo genera fuerza
hasta que ésta supera al peso de la carga, entonces se desplaza el peso sin más necesi
dad de aumentar la fuerza, a este tipo de contracción se le llama isotónica. Aquí es conve-
diferencia entre fuerza y trabajo (fuerza por desplazamiento). Aunque la
el desD^azAm^» 'Cíente y solamente la suficiente para levantar la carga, mientras mayor sea
el desplazamiento, mayor será el trabajo realizado.
nica (auxo°crecimXl^fQnn-^fup^'^''^',^H'^ fuerza y la medida es la contracción auxotó-
contracción es el levantamiento (utH^anrl"° f*® ejemplos que mejor ilustra este tipo de
carga unida al suelo mediante un muelte o re^“^aXl‘’í*’''’®'’
carga y esta empieza a desplazarse pI mnoii ' fuerza supera el peso de la
el músculo tendrá que aumentar la fuerza a meX elongación, por lo tanto
fuerza a medida que se desplaza la carga elongando
Estructura y fundarles básicas del rr^úsculo esquelético • 45
Relajación muscular
de los puentes cruzados y la ocultación de los sitios de reacción de los filamentos de actina.
Para que esto tenga lugar es necesario retirar el calcio iónico libre del sarcoplasma. Esto
se hace mediante el trabajo de las bombas de calcio que recogen el calcio del sarcoplasma
y lo introducen en el retículo sarcoplásmico. Las bombas consumen ATP para transportar
el calcio. Es decir la relajación muscular no es un proceso pasivo sino que es activo y ne
cesita energía. Es por eso que en condiciones de trabajo intenso, pequeñas caídas en la
disponibilidad de ATP pueden dar lugar a contracturas musculares, por superposición de
contracciones sobre un músculo no relajado. Hay que recordar aquí que el ATP también es
necesario para el desenganche entre la actina y la miosina, aspecto básico de la relajación;
igualmente la acumulación de fosfato inorgánico y de ADP en el sarcoplasma dificultaría
la liberación de estos dos componentes de las cabezas de miosina y provocarían una
situación parecida al rigor o contractura (incapacidad para la relajación), Por último una
acumulación excesiva de potasio en el medio extracelular también podría provocar una
contractura (Caputo et al., 1992) y dificultarla la repolarización de la membrana plasmática
lo que llevaría a la fibra muscular a una situación de falta de excitabilidad por inactivación
de los canales de sodio.
Resumiendo, una situación con altas concentraciones de ADP, Pi y alto calcio libre es
propensa a la producción de contracturas por enlentecimiento o anulación del proceso de
relajación.
En la mayoría de los movimientos cíclicos ejecutados durante la actividad diaria y duran
te el desempeño de numerosos deportes, la contracción de un músculo agonista requiere
la relajación de su músculo antagonista. Por ejemplo, la flexión de la articulación del codo
se lleva a cabo por la contracción del músculo bíceps braquial mientras se relaja el tríceps
braquial. De manera similar la extensión de la articulación del codo exige una activación del
tríceps braquial mientras se relaja el bíceps. Si por alguna razón los músculos antagonistas
no se relajaran, el trabajo a realizar por los músculos agonistas sería mucho mayor y se
dificultarla el desempeño de la acción.
Por otro lado, bucles de excitación en los elementos nerviosos que controlan la activa
ción muscular o fallos en los sistemas de atenuación (células de Renshaw) de la salida de
estimules de las motoneuronas que controlan la activación muscular pueden dar lugar a
contracturas o contracciones espásticas en los músculos.
Tipos de fibras
Figura 2,18. Esquema de unidades motoras en un músculo esquelético {bíceps braquial). Las uni
dades motoras están representadas en distintos colores y números. Obsén/ese que todas las fibras
de un mismo color están inervadas por la motoneurona del mismo color, constituyendo una unidad
motora. La activación simultánea (panel a la derecha) de distintas unidades motoras contribuyen al
aumento de la fuerza ejercida por el músculo.
Estas características hacen que estas fibras tengan mayor capacidad de producir ener
gía rápidamente, producir mayor tensión en la unidad de tiempo y mayor velocidad de
acortamiento o menor tiempo de contracción que las lentas. Este tipo de rendimiento se
corresponde con la utilización prioritaria de las vías anaeróbica a láctica y láctica, lo que se
corresponde con un alto almacenamiento de fosfocreatina y en gran parte de glucógeno.
Estas fibras se agotan más rápidamente que las lentas, lo que se corresponde con una
menor densidad mitocondrial y capilar y menor capacidad oxidativa que las lentas. Sin em
bargo, este tipo de fibra es el que ofrece mayores posibilidades de rendimiento en acciones
que sé caracterizan por una alta intensidad o velocidad de ejecución y muy corta duración,
como, por ejemplo, serian los casos de los saltos, las altas aceleraciones y desaceleracio
nes, los cambios rápidos de dirección, los lanzamientos y los golpeos; o los movimientos
de los globos oculares para la localización de objetivos, que son de los movimientos más
rápidos y precisos de los que es capaz el ser humano.
Las fibras rápidas Ha poseen las mismas caracteristicas que las llx pero en menor grado
en lo que se refiere al rendimiento en acciones de muy corta duración, menos de 30 segun
dos, pero en mayor grado en las que se refieren a acciones de 30 a 120 segundos. Por tanto,
son superiores a las llx en cuanto a su capacidad oxidativa, aunque también poseen una alta
capacidad de producir energía por las vías anaeróbicas aláctica y láctica, lo que también se
corresponde con un alto almacenamiento de fosfocreatina y en gran parte de glucógeno. Estas
fibras son muy útiles para acciones rápidas, básicamente anaeróbicas, con una alta actividad
de la enzima glucolitica anaeróbica fosfofructokinasa (PFK), pero también poseen unos valores
notables de actividad de la enzima oxidativa succinato deshidrogenasa (SDH) en sus mitocon-
drias. Por ello, estas fibras también son conocidas como fibras rápidas-oxidativas-glucolíticas
(FOG). Estas fibras se agotan más rápidamente que las lentas, pero más tarde que las llx, por
lo que su capacidad de resistencia se puede considerar intermedia o alta, lo que se correspon
de con una menor densidad mitocondrial y capilar y menor capacidad oxidativa que las lentas
pero mayor que las llx. Su participación es muy importante en acciones continuas de máxima
intensidad que se prolongan desde 30 a 120 segundos, así como en acciones intermitentes y
prolongadas con fases de alta intensidad, como ocurre en los deportes colectivos o de colabo
ración-oposición corrx) el fútbol, hockey, balonmano o baloncesto.
Las fibras de tipo I o fibras lentas generan energía prioritariamente a través de las vías
aeróbicas. Esta propiedad se corresponde con una actividad de su miosina ATPasa más
baja que en las rápidas, así como una más lenta liberación y retirada del calcio, menor ve
locidad de acortamiento y menor capacidad glucolitica anaeróbica. Por el contrario, poseen
una mayor densidad mitocondrial y capilar, factores relacionados con la utilización del oxí-
por la vía aeróbica. Estas propiedades vienen acompañadas
sido llamaritrri^"^^'-^"'° triglicéridos y glucógeno. Por esta razón, estas fibras han
ni oít «^8 lentamente que las
intensidad absoluta esnSa o bí t°^as las fibras cuando la
el control de la postura accinnnc ongada. Su participación es muy importante en
allá de los 60-120 segundos y ® sostenida que se prolongan más
gadas, especialmente durante las fases T acciones intermitentes y prolon-
Pueden sustituir a las f-brasTáS ° intensidad, ya que
acelerar la recuperación eniíSü^XS;"""
Estructura y funciones básicas det músculo esquelético • 49
El porcentaje de cada tipo de fibra que posee una persona en una edad dada deter
mina, al menos parcialmente, su capacidad de rendimiento, sobre todo cuando dicho
rendimiento depende de! máximo desarrollo de la velocidad o de la resistencia. De esta
manera, los sujetos especialistas en acciones de máxima velocidad y muy corta dura
ción, como pueden ser los corredores de 100-200 metros, poseen como término me
dio un 65-70% de fibras rápidas, mientras que los corredores y esquiadores de fondo
pueden tener más del 70% de fibras lentas, y en otras especialidades con necesidades
intermedias de fuerza, velocidad y resistencia se encuentran valores intermedios con
respecto a los anteriores.
Además de los tipos de fibras musculares reseñados existen fibras musculares que
expresan uno o más fenotipos dentro de la misma fibra. A estas fibras musculares se les
denominan fibras híbridas y pueden expresar fenotipos de fibras tipo l junto a fenotipos de
fibras tipo II, o fenotipos I, lia y llx. En general estas fibras híbridas suponen no más del
15% del total de fibras, pero su aparición durante los procesos de adaptación muscular a
nuevas exigencias está por dilucidar (Schiaffino y Reggiani, 2011).
Reclutamiento
Debido a la corta duración de los fenómenos eléctricos comparados con los mecánicos,
la suma de excitaciones eléctricas se puede dar durante un tiempo en el que la contracción
muscular no ha tenido oportunidad de relajación, produciéndose así la suma de tensiones
o fuerzas de contracción hasta una situación de tensión continua y duradera (en torno a
pocos segundos, en condiciones normales) que se denomina tétanos (figura 2.19).
Figura 2.19. Representación esquemática del efecto de la frecuencia de estimulación sobre la ge
neración de fuerza en el músculo esquelético. En A dos contracciones aisladas producidas por dos
estímulos El y E2 separados por 2 segundos. En B, contracciones musculares producidas por dos
estímulos separados por 0,3 s. En C, dos contracciones musculares producidas por dos estímulos
sucesivos separados por 0,2 s, obsérvese que la segunda contracción alcanza un pico de fuerza más
alto que la primera y que la primera contracción carece de periodo de relajación. En D, se represen
ta una contracción aislada, dos tétanos incompletos a distintas frecuencia de estimulación (5 Hz y
10 Hz) y un tétanos completo producido por una ráfaga de estímulos (E1-E10) que da lugar a una
sumación temporal de fuerza de manera continua, (tomado de Engels y Franzini-Armstrong, 2004).
50 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Este reclutamiento de UM depende a su vez de las entradas sinápticas que reciben las
motoneuronas. Estas entradas sinápticas (o impulsos eléctricos despolarizantes o hiperpola-
rizantes; mayormente despolarizantes en el caso de acüvaciones de UM) dependen a su vez
de las excitaciones que recibe cada UM. Estas excitaciones o entradas sinápticas despola
rizantes provienen de la corteza cerebral, del cerebelo, del meséncefalo, del troncoencéfalo
y de los receptores en los propios músculos esqueléticos. En general el reclutamiento de las
fibras sigue el principio de Henneman o principio del tamaño (Figura 2.20 /Henneman, 1965).
Las primeras fibras en reclutarse son las correspondientes a unidades motoras de pequeño
tamaño y poca generación de fuerza y baja velocidad de contracción (fibras tipo I). Conforme
aumenta la demanda de fuerza y velocidad de contracción se reclutan más unidades moto
ras, cada vez de mayor tamaño y rapidez. En algunas acciones muy rápidas se observa que
las UMs más rápidas se reclutan antes o al mismo tiempo que las lentas (Kanda et al., 1977).
Además, el aumento de frecuencia de activación de una UM produce un aumento de
la fuerza de contracción (figura 2.21). Las unidades motoras rápidas necesitan estímulos
más intensos y más frecuentes para activarse, pero una vez activadas su frecuencia puede
ascender a valores muy superiores a las demás, contribuyendo decisivamente a los últimos
incrementos de la fuerza de contracción. Las fibras más rápidas también se activan ante
cargas pequeñas siempre que la velocidad de acortamiento sea máxima.
Figura 2.21. Representación esquemática del efecto del aumento de frecuencia de activación de
varios tipos de unidades motoras. Obsérvese cómo el aumento en la frecuencia de activación de una
unidad motora tipo I o SO desde 9 Hz a 27 Hz produce un aumento de la fuerza de contracción de
más de un 80 %. (Sale, 1988,1993; Enoka y Duchateau, 2017).
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Figura 3.1. Síntesis de los elementos fundamentales que definen el Entrenamiento Deportivo.
cumpHr para alcanzar el de competictón, En este caso están, por ejemplo, los objetivos rela-
cionados con la mejora de la técnica, de las cualidades físicas, la táctica y otros. Por tanto,
podemos decir que el rendimiento se mide, en este caso, en términos de eficacia, es decir,
se produce rendimiento cuando se cumple el objetivo para el que se entrena o se compite.
En términos de eficiencia el rendimiento se mide en función de la relación entre el resul
tado obtenido en competición o en un test (resultado, marca, velocidad alcanzada. potencia
desarrollada, fuerza aplicada) y el costo que ha supuesto (tiempo, medios, consumo de
oxígeno, fuerza disponible, potencial de rendimiento demostrado en entrenamiento). Esta
relación se puede interpretar de distintas formas.
En primer lugar se puede considerar la proporción entre los resultados obtenidos y el
esfuerzo económico, el tiempo, los medios... utilizados. Se trata, por tanto, de medir el ren
dimiento no solo por la eficacia, sino también por la eficiencia, es decir por la relación entre
el resultado y el coste necesario para conseguirlo.
Otra interpretación del rendimiento en este sentido es la que se establece por la relación
entre el potencial físico (sobre todo de fuerza) y la aplicación que se hace del mismo en
un gesto técnico [en este caso técnico(a) se utiliza como sinónimo de habilidad o destreza
para ejecutar los gestos propios del deporte]. Sería algo parecido a lo que se entiende por
rendimiento mecánico: relación entre el trabajo útil y la energía consumida. Cuando un
deportista ha alcanzado un gran desarrollo de la fuerza, medido a través de determinados
tests, pero al realizar el gesto de competición no obtiene el resultado que correspondería
al potencial de fuerza disponible, decimos, con toda propiedad, que ese deportista no rinde
de acuerdo con sus posibilidades físicas. Es decir, no es capaz de aplicar óptima o sufi
cientemente su fuerza. Sujetos con menos fuerza (en los tests), pero con más rendimiento,
serían capaces de conseguir proporcionar más velocidad a un implemento de competición
o al propio cuerpo que los que consideramos como sujetos de escaso rendimiento. Esta
interpretación del rendimiento es útil tanto para valorar ia calidad técnica de ios deportistas
como para orientar el entrenamiento. Por ello, en función del “rendimiento” del sujeto en
esta acepción del mismo, se pueden tomar decisiones sobre la idoneidad de hacer más
énfasis en la mejora de la condición física o de la técnica.
Esta capacidad de obtener el máximo rendimiento, en los términos que lo hemos expre
sado en el párrafo anterior, también suele relacionarse con los aspectos personales, sobre
todo de carácter psíquico o mental. Decimos que hay sujetos competitivos, que rinden
en competición, es decir, que dan todo lo que pueden según el potencial de rendimiento
demostrado durante el entrenamiento, y. a veces, más de lo que se esperaba de ellos en
función del entrenamiento realizado. Mientras que con otros ocurre lo contrario, sus capa
cidades y su preparación no se ven reflejadas en la competición; no rinden en función del
potencial de rendimiento desarrollado.
Otra Interpretación del rendimiento en relación con la técnica es el rendimiento en térmi
nos de ecxinomía del gesto. Cuando las pruebas son de larga duración, no resulta demasiado
problemático aplicar la fuerza necesaria para avanzar en cada ciclo técnico (deportes cícli
cos), pero es importante que el estrés en cada ciclo sea pequeño, de forma que el ambiente
extracelular y el nivel de excitación sean adecuados y el gasto energético pequeño, lo que
permitirá prolongar el esfuerzo a la intensidad requerida (y puede que cada vez a mayor
intensidad absoluta) durante e! tiempo que debe durar el esfuerzo o durante la distancia
reglamentaria a recorrer. Este rendimiento también depende de la técnica, y a veces de la
60 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
táctica, como, por ejemplo, la técnica fluida de carrera, la reducción de la resistencia del agua
en natación, el lugar exacto por donde debe ir la piragua o la colocación dentro del pelotón
de corredores.
Aunque a veces la única acepción que se considera es la del rendimiento en términos
de eficacia, es necesario considerar también las demás, tas que dimanan del concepto de
eficiencia, pues esto nos sirve para poder conocer mejor la presencia de otros factores
del rendimiento (psicológicos, técnicos, tácticos, ambientales.,,) que como tales pueden
influir positiva o negativamente en el rendimiento medido a través del resultado obtenido
en competición.
Entrenamiento y ciencia
La ciencia en general tiene como objetivo describir y explicar los hechos y fenómenos, asi
como hacer previsiones sobre el comportamiento futuro. Esta tarea se lleva a cabo a través
de la confirmación y rechazo de hipótesis, tanto por medio de la inducción, derivada de la ob
servación de los hechos, como de la experimentación, en la que se manipulan las variables
como procedimiento para tratar de establecer la relación causa-efecto. De ambos procedi
mientos, complementarios y necesarios, se deducen las conclusiones que hacen avanzar
el conocimiento científico. El objetivo final será proponer teorías explicativas de la realidad.
Esto es aplicable al entrenamiento, que en su evolución desde el empirismo (entendido como
experiencia personal exclusivamente) tiende progresivamente a aplicar el método científico
para dar respuesta a los problemas que plantea la mejora del rendimiento deportivo.
En una primera fase del desarrollo del entrenamiento y los resultados deportivos se
utilizaba como referencia y explicación la experiencia práctica de los entrenadores y en
algunos casos también de los deportistas. "Esto me ha ido bien y esto es lo que hay que
hacer”. Esta afirmación no es de carácter científico. No se intenta buscar las causas que
han ocasionado un determinado rendimiento, ni se trata de comprobar si esos resultados
se obtendrían siempre en cualquier situación. No obstante, la experiencia de los técnicos
y deportistas si es un elemento determinante a la hora de plantear preguntas a la ciencia
Progresivamente, el estudio del deporte y especialmente del rendimiento deportivo ha
permitido acumular conocimientos cada vez más fundamentados científicamente, y esto ha
hecho necesario sistematizarlos y organizados. Este cuerpo de conocimientos, apoyado por
o^as ciencias como la matemática, la medicina, la física, la fisiología, la química, la psicolo
gía y otras, va conformando la teoría o teorías del entrenamiento deportivo.
Por tanto, la experiencia derivada de la práctica del entrenamiento y los resultados de
científica se complementan, y por ello podemos decir que los métodos de
el rendimipnto en el mundo del deporte para mejorar una cualidad física y
epo ivo específico son la consecuencia de dos tipos de conocimientos:
LOS conocimientos que han desarrollado los entrenadores a partir de sus experiencias
derivadas de la práctica sistemática y consciente con deportistas de elite generan datos y
conocimientos prácticos y, sobre todo, generan nuevos problemas y preguntas que hay que
responder. Para intentar dar respuestas a estas preguntas hay que someter a prueba las
distintas hipótesis alternativas que se deducen de la comparación de los resultados obteni
dos en la práctica y de los conocimientos científicos disponibles hasta el momento. Através
de la formulación de sucesivas hipótesis se llega a proponer una teoría del entrenamiento.
Todos actuamos de manera consciente o inconsciente— bajo el paraguas de una teoría,
“nuestra teoría , que nos sirve de apoyo y nos justifica las decisiones que tomamos ante
cualquier problemática de entrenamiento. Si “nuestras teorías” o las teorías derivadas de
la investigación o ambas son capaces de explicar algo mejor el rendimiento deportivo, lo
lógico es que mejoren los métodos de entrenamiento y que esta mejora se vea reflejada
rápidamente en la práctica deportiva. No obstante, hay que tener presente que mientras
que una hipótesis no esté confirmada sigue siendo una conjetura, es decir, lo que afirma
esa hipótesis no está comprobado. En el deporte se actúa en gran medida por conjeturas,
que hay que tender a confirmar. Muchas de las que consideramos como “bases teóricas”
del entrenamiento y que aplicamos actualmente no han sido comprobadas científicamente,
por lo que, desde el punto de vista científico, habría que considerarlas más como hipótesis
que como teorías. En el siguiente esquema queda reflejado lo que acabamos de plantear
{figura 3.2).
Los estudios realizados por los científicos han estado demasiadas veces muy alejados
de las inquietudes y necesidades de los entrenadores. La vía necesaria para tratar de unir
teoría y práctica pasa por la necesidad de contrastar / comparar las deducciones teóricas
con los datos empíricos derivados de la observación sistemática y de la experimentación.
Esto tendrá como resultado que las conclusiones finales tengan mucha más precisión y
62 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
que el entrenamiento sea más racional. Esta tarea queda siempre abierta y no está ni
mucho menos resuelta. Hay que tomar como referencia los pocos “principios", normas o
conclusiones —aunque siempre parciales, y probablemente provisionales— que nos dicen
algo relevante sobre la respuesta del organismo a los distintos tipos de estímulos, y con
ellos siempre presentes tratar de añadirle la mayor dosis de sentido común y de capacidad
de aplicación de conocimientos para ajustar dichas conclusiones a las características de un
deportista concreto y las circunstancias que le rodean.
Dos de los elementos fundamentales que caracterizan a una actuación científica son el
control y evaluación de los hechos y fenómenos y la adecuada interpretación y aplicación
de los resultados. Por ello, si el entrenamiento deportivo pretende alcanzar un suficiente
rigor científico, necesita la creación de unas estructuras técnicas y metodológicas es
pecíficas. Esto implica el desarrollo y utilización del material de medición adecuado y la
aplicación de las técnicas estadísticas pertinentes para organizar, cuantificar y analizar
la gran cantidad de información acumulada. Este es el camino para poder describir de
manera objetiva los hechos e intentar explicar la relación entre las causas y los efectos
del entrenamiento.
Aunque en la práctica se sigue trabajando sobre ia base de "teorías propias particu
lares”, que solo tienen el apoyo de la propia experiencia subjetiva, se avanza muy rápi
damente hacia la racionalización del entrenamiento a través de la utilización de medios
técnicos de evaluación y la consiguiente toma de decisiones basada en datos objetivos.
En este sentido, hay que distinguir dos niveles en ei camino hacia la consolidación de la
ciencia del deporte: i) el diseño y desarrollo de los medios tecnológicos para la evaluación
del deportista y ia magnitud de los estímulos y Ii) el desarrollo de la metodología de aná
lisis y aplicación de los datos proporcionados por la evaluación. Nuestra opinión es que
actualmente la elaboración de material de medición (para la investigación) va muy por
delante de la capacidad de análisis de los especialistas relacionados con el rendimiento
deportivo. Hasta hace unos años el problema era “con qué medir”. Actualmente esta situa
ción va cambiando y el principal reto está en "qué medir”, "cómo medir y "qué hacer con
los datos obtenidos".
Los problemas que se plantean en eí desarrollo de una teoría del entrenamiento deporti
vo no se pueden resolver sin el apoyo de otras disciplinas científicas. Las transformaciones
estructurales y funcionales del organismo humano que están en la base de la actividad
motriz del hombre y de la mejora del rendimiento deportivo sólo se pueden explicar si se
ufiliza la metodología propia de la bioquímica, la fisiología, la matemática, la física... y otras
ciencias relacionadas con el comportamiento motriz humano. Por tanto, el enfoque de esta
problemática ha de ser de carácter interdisciplinar. De esta manera, podemos decir que
eoría del entrenamiento ha de estudiar ios fenómenos, procesos y regularidades que
^ilizandn^ra actividad deportiva y que llevan a la mejora de los resultados deportivos,
las ciencias afine-TT^ manera especifica los medios y métodos propios y ios de
alXiX 1^’ características de la
Concepto de entrenamiento deportivo • 63
Para que una disciplina se pueda considerar ciencia autónoma ha de tener objetivos y
contenidos propios y utilizar el método científico, pero sobre todo lo que distingue a una
ciencia de otras es su objeto formal. Varias ciencias, como por ejemplo la fisiología, la
biomecánica, la anatomía o la psicología, pueden tener el mismo objeto material, y común
con fa ciencia del entrenamiento deportivo, que en este caso sería el cuerpo humano. Pero
cada una de ellas lo estudia desde una perspectiva distinta, desde un punto de vista distin
to, y esto es lo que constituye el objeto formal. Así es que estas ciencias no se distinguen
por lo que estudian (objeto material), sino por cómo lo estudian, su objeto formal o propio.
Se podría pensar que la pretendida ciencia del entrenamiento deportivo se disuelve
en el contenido y en la metodología de las ciencias que hemos considerado como afines,
Pero esto es algo que ocurre también en muchas de las que se consideran como ciencias
consolidadas. Por ejemplo, la medicina, como ciencia y arte de precaver y curar las enfer
medades del cuerpo humano, no serta posible sin el auxilio de ia bioquímica, la anatomía,
la microbiología, la fisiología..., pero ninguna de estas ciencias afines dice de manera
explícita qué decisiones hay que tomar ante una enfermedad, que es lo que constituye el
objeto formal, lo propio, de ia medicina. Por tanto, que esta circunstancia se dé también
en el deporte, no justifica que el entrenamiento deportivo no pueda aspirar a formar parte
del conjunto de ciencias autónomas, porque, efectivamente, podemos diferenciar su objeto
formal y sus contenidos propios.
64 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
como el objetivo final y común de todos ellos es la mejora del rendimiento deportivo, en la
figura 3 4 presentamos lo que podría ser una estructura (sistema) útil para comprender la rela
ción entre los principales e ementes de los que depende el rendimiento deportivo. En él se en
cuentran reflejados todos los objetivos-contenidos que hemos descrito anteriormente. Cada
uno de ellos crearía a su vez un subsistema o sistema propio con sus elementos específicos.
Según el modelo que proponemos, el entrenamiento viene condicionado por tres facto
res básicos, la dotación genética, los condicionantes específicos de cada deporte (dificultad
intrínseca de cada deporte o especialidad deportiva) y los condicionantes comunes. El con
tenido del entrenamiento debe comprender tanto la preparación de los factores específicos
relacionados con las cualidades físico-técnico-tácticas, como de los factores psicológicos
y la participación en competición como medio de entrenamiento. El rendimiento específico,
por tanto, vendrá determinado por el grado de preparación especifica, la preparación men
tal para la competición y los condicionantes comunes, que también están presentes en la
competición. Cada uno de estos factores o elementes incluidos en el esquema (sistema)
tiene unas características y posibilidades de actuación
La dotación genética es poco o nada modificable como tal, solo existe la posibilidad
de actualizar dicho potencial genético a través del entrenamiento. Es un factor altamente
limitante en muchas especialidades deportivas. Este factor exige exploración y análisis de
las características de los sujetos y la individualización de las cargas de entrenamiento. Si
bien la dotación genética representa un factor “poco o nada” modificable, es difícil conocer
la capacidad de regulación de la expresión genética incluida en la “dotación genética”. Por
ello, este es uno de los aspectos en los que se debe centrar la “ciencia del entrenamiento”
actual, con el objeto de extraer el máximo provecho de las posibilidades de expresión ge
nética a partir de una dotación genética determinada.
Una estructura específica para este factor sería la creación de programas para desarro
llar unos subsistemas para la predicción de las posibilidades futuras de los deportistas. No
se trata, en este caso, de “entrenar a talentos deportivos”, sino de detectar quiénes poseen
condiciones adecuadas para la práctica de un determinado deporte. Por ejemplo, actual
mente se sabe que aquellos individuos en los que se expresa notablemente el gen de la
enzima conversona de la angiotensina (ECA) tienen más posibilidades de éxito en deportes
de resistencia que en deportes de velocidad. En nuestro ámbito nunca se ha desarrollado
un programa para la detección de talentos. Para ello han de efectuarse estudios transver
sales, tomando muestras de los distintos niveles deportivos en los sujetos practicantes de
una especialidad dada, y estudios longitudinales, realizando el análisis de la evolución de la
condición física y el rendimiento específico desde el comienzo de la práctica deportiva hasta
alcanzar el más alto nivel de rendimiento.
En el entorno común, algunos factores son modificables, como la organización federa
tiva, las ayudas económicas, la dedicación o el equipamiento. En otros casos hay menos
posibilidades de modificación, como el clima, el ambiente de competición o el ambiente fa
miliar. Para influir sobre el entorno sería necesario poner en marcha programas específicos
o globales para abordar cada una de las problemáticas.
El entrenamiento es el centro de este sistema. El entrenamiento forma parte del factor
ambiente”, en contraposición al “factor talento”, aunque a su vez está condicionado por los
“condicionantes comunes”. Así, las posibilidades de entrenamiento y los efectos del mismo
vienen condicionados por los factores genéticos y comunes. Su objetivo es la mejora de las
66 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
capacidades psíquicas, físicas, técnicas y tácticas, así como la Dreoaración esoecial oara
la competición, y todas ellas adaptadas a las neces¡riaHo= Preparación especial para
deportiva y del sujeto. Implica el desarroller^X 'a especialidad
mejora de estas capacidades. específicos para la
De todos los efectos del entrenamiento ha de emanar una información de retorno que
permita regular ef sistema y posibilitar su optimización, influyendo incluso sobre el grado de
expresión genética. Este subsistema de control exige el desarrollo de los medios y métodos
de evaluación específicos y la aplicación inmediata de la información al sistema general.
Dado que el entrenamiento deportivo es el objeto fundamental de nuestro estudio, y
dada la importancia que le hemos dado en este sistema, vamos a tratar con mayor detalle
el “sistema entrenamiento deportivo" (figura 3.5).
cambios adaptativos producidos en el deportista. Por tanto, el efecto adaptativo no solo de
penderá de la cantidad, intensidad, especificidad y secuencia de la aplicación del estimulo,
sino de la capacidad para responder al mismo por parte del deportista, que depende de sus
aptitudes, de su estado actual de rendimiento y de otros factores ambientales. Por tanto, un
mismo valor absoluto de un estimulo podría tener diferentes valores relativos como señal
de entrada en función de las características del receptor del estímulo. De esta manera,
podemos decir que la calidad del entrenamiento (la precisión o la minimización del error de
la señal de entrada, es decir, la elección adecuada de las características del estímulo) ven
drá determinada por la elección y aplicación del estímulo más adecuado para producir las
transformaciones estructurales y funcionales en el organismo del deportista que generen la
mejor respuesta o señal de salida. De aquí la importancia de conocer el estado actual (real)
del organismo receptor en el momento de la aplicación del estímulo.
De lo expuesto se deduce que el sistema entrenamiento deportivo necesita diseñar dos
modelos de análisis y evaluación. El primero para definir y cuantificar la señal de entrada o
estímulo aplicado. Esto se justifica porque la teoría del entrenamiento deportivo no puede
progresar si no se conoce con precisión la carga que provoca un efecto determinado. El
desconocimiento de la señal de entrada podría llevar a conclusiones erróneas en cuanto
a la definición del entrenamiento más apropiado. Como complemento del anterior, habría
que diseñar el sistema de control que mide y cuantifica adecuadamente el efecto del entre
namiento. Cualquier error en la definición de estos dos elementos del sistema llevaría a la
disminución de la calidad del sistema y por tanto del proceso de entrenamiento.
El desarrollo del sistema de basa en la influencia que tiene la información derivada del
sistema de control sobre el sistema entrenador. Una vez recibida la información, corres
ponde al entrenador analizarla y tomar las decisiones oportunas para corregir el sistema.
Por tanto, la mejora de la metodología del entrenamiento dependerá de la adecuación de
la señal de entrada, la cual hay que cuantificar y definir con precisión, y de la precisión del
control de la señal de salida, llevada a cabo por el sistema control.
A pesar de que se perfeccione permanentemente todo el sistema de control, nunca será
posible predecir con precisión cuál va a ser el estímulo óptimo en cada momento. La comple
jidad del sistema autorregulador del deportista requiere un estímulo distinto para cada estado
del sistema deportista. Un estímulo que produce el efecto deseado en un momento (estado),
no es válido, para el mismo sujeto, en un estado diferente, de la misma manera que el mismo
estímulo puede ser válido para unos grupos de sujetos y no para otros. En otras palabras, los
sistemas son dinámicos y, como tales, varían en el tiempo y en las condiciones iniciales de
manera que frecuentemente hay que calibrar el sistema para saber cuáles son las condicio
nes iniciales a las que se aplican los estímulos o cargas.
(fS^S) los factores determinantes del rendimiento se componen de tres
?ore^“asiiX":^eterminantes no modificables, factores determinantes modificables y fac-
Los °;9^n'^3ción y el control del rendimiento.
fluencia permanente sobrTel renri^im^ Práctica del entrenamiento deportivo ejercen una in
de explicar las causas del alto rendit^ip Pueden ignorar cuando se trata
encuentran aquellos relacionados fundamentar^'^' factores se
la herencia. Entre ellos se encuentran S . S^^ética recibida por
envergadura o corpulencia natural el potencial morfológicas como la estatura,
potencial de determinadas estructuras orgánicas que
Concepto de entrenamiento deportivo ® 69
Los llamados componentes variables y condicionantes, los cuales pueden ser modifí-
cables, son:
• Análisis del deporte. Antes de poder determinar las cargas de entrenamiento, la elec
ción de los ejercicios y la secuencia general de entrenamiento es necesario conocer
las exigencias de condición física y técnica del deporte en el que se pretende conseguir
el rendimiento deportivo. Estas exigencias determinan el tipo de entrenamiento y la or
ganización del mismo. Esta fase se entiende que se realiza o se ha realizado una sola
vez, aunque los factores determinantes del rendimiento en un deporte siempre deben
ser objeto de análisis con el fin de mejorar el conocimiento del mismo.
• Diagnóstico del nivel actual de rendimiento y entrenamiento del sujeto. Las exigencias
propias de un deporte determinan el tipo de carga que debe aplicarse a la generalidad
de los practicantes de un deporte determinado, pero la magnitud y tipo concretos de
carga que deba recibir cada deportista dependen por una parte de su experiencia o
años de entrenamiento en la especialidad, y por otra de su estado actual de rendimien
to en cada día. Esto se puede conseguir a través de tests para valorar el rendimiento o
de la observación sistemática del comportamiento motriz det sujeto o de ambas cosas.
• Determinación de los objetivos y metas de programación de entrenamiento y compe
tición. Estos objetivos marcan la orientación del entrenamiento y la organización de
las cargas.
Realización del entrenamiento y la participación en competiciones. Comprende la
puesta en práctica de las actividades programadas.
Controles de entrenamiento y competición. En unos momentos previstos con anterio
ridad e incluso en cada sesión de entrenamiento se deben realizar las mediciones y
control del rendimiento necesarias que permitan dirigir más racionalmen
te el entrenamiento.
de esta comparación han de^se^ ®®*^n establecidos en cada caso. Los resultados
de introducir modificaciones en laSr acerca de la conveniencia
actividad programada. No tendría o de continuar con la
«"a «•
Concepto de entrenamiento deportivo • 71
eficiente desde el punto de vista tecnológico". En estas definiciones destacamos dos con
ceptos; procedimientos técnicos, que realmente vienen a definir el concepto de técnica, ya
que esta se entiende como "el conjunto de procedimientos y recursos de que se sirve una
ciencia o arte”; y tecnológico, que es “aquello perteneciente o relativo a la tecnología", y
entendiendo por tecnología “el aprovechamiento práctico del conocimiento científico". Por
tanto, “tecnificar” hace referencia a dos conceptos; técnica y tecnología. La técnica se en
tiende actualmente más que como procedimiento, como conocimiento acerca de los proce
dimientos (Colom, 1986), y está muy por encima de lo que seria la utilización de máquinas o
equipos, de tal fomia que puede haber actuaciones técnicas sin máquinas, y utilizar máqui
nas sin úna orientación tecnológica. La tecnología versa acerca de la técnica, y es entendida
como una forma de actuación racional, o como un conjunto de conocimientos acerca de la
acción. Bunge (1985) define la tecnología como el vastísimo campo de investigación, diseño
y planeación que utiliza conocimientos científicos con el fin de controlar cosas o procesos
naturales, de diseñar artefactos o procesos, o de concebir operaciones de manera racional.
Es decir, tecnología es una manera racional de actuar, lo que implica una mejor planificación
y un control del proceso (figura 3.7).
Enfoque tecnológico
Figura 3.6. Esquema del enfoque tecnológico del entrenamiento deportivo y sus consecuencias
sobre la mejora de la metodología. RD: rendimiento deportivo.
«te estas
oncepto de entrenamiento deportivo • 73
Procedimiento Eficiencia
Técnico tecnológica
. 1
Técnica * ---------
Tecnología
Conocimiento Forma
acerca de de actuación
procedimientos racional
Mejor
Planificación
y Control
ES más, cuanto mayor es el nivel deportivo más necesaria y de más calidad ha de ser la
tecn.ficac,ón. Tampoco se puede identificar la tecnificación con una etapa de la vida deporti
va en la que se aprende la técnica. Los deportistas pueden llegar a si mejores “técnicos”
(en cuanto que mejoran su habilidad para ejecutar un gesto deportivo o practicar su deporte)
y desarrollar en mayor grado su potencial físico específico, pero realmente esto será el pro
ducto o efecto de la tecnificación. no tecnificación en sí mismo. Por tanto, los deportistas son
los beneficiarios del proceso de tecnificación durante toda su vida deportiva, y necesitan la
tecnificación en mayor medida cuanto mayor es su rendimiento. Además de los deportistas,
también se beneficiará del proceso de tecnificación el propio deporte de que se trate, ya que
sus técnicos estarán mejor formados, la calidad del proceso de entrenamiento será mayor y
los resultados de sus deportistas serán mejores (figura 3.9). Según este planteamiento, no
sería aceptable ningún programa de entrenamiento sin tecnificación.
Figura 3.9. Esquema explicativo de los elementos del sistema que son objeto de tecnificación y de
los beneficiarios de la misma.
Por tanto, es necesario aclarar qué actividades incluidas dentro del proceso de entrena
miento se pueden considerar que por sus propias características introducen tecnificación
y cuáles no.
Consideramos que en sí mismo no introducen tecnificación los siguientes hechos y ac
tuaciones que se relacionan a continuación;
. - -ÍXXS’pX**
estáempleándoBmagnitud de carga se
• Factores determinantes del rendimiento deportivo. Este contenido de la teoría del en
trenamiento quizás sea el más importante y complejo, porque su conocimiento es un
requisito previo para decidir qué tipo y qué cantidad de entrenamiento hay que aplicar,
y porque exige la aportación metodológica y los conocimientos de todas las ciencias
78 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
que se pueda abordar, sobre todo teniendo en cuenta los medios de recogida de datos
con los que se cuenta actualmente.
. Distribución de tos ejercicios y tos estímulos a lo largo de tos ciclos de entrenamiento.
Este apartado hace referencia a la programación del entrenamiento. Este contenido
quizás sea el que menor grado de desarrollo científico" ha alcanzado hasta el momen
to. Se han propuesto muchas formas de programar, pero pocas fundamentadas cien
tíficamente. Actualmente se tiende a desarrollar una teoría de la programación basada
en las respuestas biológicas del organismo a los distintos tipos de estímulos. El grado
y tipo de estrés ocasionado por un estímulo, el tiempo de recuperación necesario de
las sesiones de entrenamiento, los medios de recuperación, el tiempo durante el cual
es efectivo un tipo de estímulo, el tiempo necesario para alcanzar una transformación
estructural y funcional suficiente y específica, el efecto recíproco de la estimulación y
desarrollo de sistemas funcionales y estructurales semejantes y opuestos... marcan
el campo de estudio y el camino para racionalizar la programación del entrenamiento.
• Control y evaluación del rendimiento y las cargas de entrenamiento: regulación det
entrenamiento deportivo. El carácter científico de la programación del entrenamiento
no podría nunca alcanzarse sin un adecuado control de los efectos del entrenamiento
y de los estímulos aplicados. El entrenamiento deportivo como sistema necesita de
una información permanente acerca del desarrollo del proceso de entrenamiento.
Para ello es necesario crear y elegir medios y métodos válidos para medir y evaluar
el tipo de carga que se aplica (entrada del sistema) y el efecto (salida del sistema)
que produce cada tipo de carga. Este proceso de regulación del entrenamiento es un
elemento clave para poder otorgar un carácter científico al proceso de entrenamien
to. El control del entrenamiento, además, ha de ser un proceso específico para cada
especialidad. Según el tipo de esfuerzo se van a producir indicadores de la carga de
distinta naturaleza, que van a exigir diferentes formas de abordar el control del entre
namiento. El tipo de control puede comprender desde el análisis de la técnica para
detectar errores y fatiga muscular hasta análisis bioquímicos. El objetivo final siempre
será obtener información sobre los efectos adaptativos del entrenamiento con el fin
de proporcionar la carga que mejor se ajuste a las necesidades de cada deportista.
estudiar las características de los distintos deportes con el fin de detectar cuáles podían ser
algunos de sus factores determinantes del rendimiento. En algunos de los casos se dieron
circunstancias que pueden servir de ejemplo sobre cómo la aplicación de determinados
enfoques tecnológicos (introducción de tecnificación) puede tener un efecto positivo en la
mejora del conocimiento del deporte y en su entrenamiento.
En todos los ejemplos presentamos la situación y los pasos seguidos de manera esque
mática para no hacer demasiado amplia la explicación.
• Planteamientos iniciales del grupo de técnicos del deporte en relación con algunos
aspectos del entrenamiento:
■ Entrenamiento con múltiples flexiones palmares con barra.
• Porque lo importante es la resistencia.
• El rendimiento depende de la resistencia.
■ Propuesta de actuación:
■ Hipótesis: probablemente es muy importante la fuerza.
• Hay que conocer la fuerza máxima de los deportistas en tests que podrían consi
derarse específicos.
■ Se diseña un test para medir la fuerza máxima del escalador (en este caso el equi
valente a la RM).
■ Se desarrolla y aplica el test.
■ Se comprueba que este test presenta una alta correlación con el nivel deportivo del
deportista y con otro test específico.
• Consecuencia: cambia de manera relevante la concepción sobre algunos de los
factores determinantes del rendimiento y sobre la forma de entrenar.
■ Posteriormente se realiza una tesis doctoral basada en estos estudios y se com
prueba de nuevo con deportistas de alto nivel que lo aplicado en esta intervención
es válido y explica su rendimiento deportivo.
■ Según las citas de las publicaciones derivadas de la tesis y las manifestaciones de
deportistas y entrenadores de esta especialidad, la incorporación de estas ideas
ha supuesto un cambio importante en la forma de enfocar el entrenamiento en
amplios ámbitos de este deporte.
Ejemplo 2. Qolf
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Capítulo 4
La cargo de enfrenamiento
Definición de carga
Componentes de la carga: et volumen
Componentes de lo carga; la intensidad
La intensidad en relación con el denominado
'entrenamiento de tuerza'
Definición de carga
Según el principio elemental de adaptación de los seres vivos a las exigencias del am
biente, se puede aplicar la siguiente secuencia: situación actual del sujeto aplicación del
estímulo adecuado (carga) —> rendimiento mejorado. Es decir, la aplicación de una carga o
estimulo que se ajuste a la situación inicial del sujeto, referida a su capacidad de trabajo,
rendimiento obtenido hasta la fecha, experiencia y objetivos que se pretenden, deberá
producir los efectos deseados.
Se entiende por carga el conjunto de exigencias biológicas y psicológicas provocadas
por las actividades de entrenamiento. En el concepto de carga distinguimos dos variantes;
carga real y carga propuesta
La carga real debemos entenderla como el grado de esfuerzo que se programa, el cual
se manifiesta por el conjunto de exigencias biológicas y psicológicas provocadas por las
actividades de entrenamiento, lo que viene expresado por el desgaste I distintas altera
ciones fisiológicas / alteración del equilibrio homeostático. Este desgaste y alteraciones
reflejan el grado de esfuerzo realizado por el sujeto.
Por carga propuesta debemos entender el conjunto de estímulos expresados en forma
de entrenamientos (series, repeticiones, tiempos, velocidades, distancias, pausas de recu
peración...) a los que se enfrenta el deportista de manera sistemática. Es la causa de las
modificaciones funcionales, bioquímicas, morfológicas y físicas.
La carga que se programa es la carga real, la cual se identifica como el grado de es
fuerzo programado. Este esfuerzo deberá venir adecuadamente expresado a través de
la carga propuesta. Es decir, el esfuerzo programado ha de expresarse en series, repeti
ciones, pesos, pausas, velocidades..., que reflejen de manera precisa ia carga real y que
provoquen el esfuerzo programado. La precisión y ajuste de la carga real y la interrelación
de esta con la carga propuesta constituye la esencia del entrenamiento deportivo. Por
tanto, la carga de entrenamiento presenta inicialmente dos interrogantes básicos; a) ¿la
carga real programada es la correcta?, b) ¿la carga real programada está bien representa
da por la carga propuesta? Esto significa que la tarea fundamental del entrenador y de la
metodología del entrenamiento es doble; i) definir la carga de manera precisa y exhaustiva
y ii) controlar y analizar la relación entre la carga real y la carga propuesta y entre ambas y
el rendimiento. Estas tareas entrañan otra problemática relevante, que es la de determinar
cómo medir y cuantificar la carga real y la propuesta, y cómo validar modelos de medición
y cuantificación de las cargas.
La carga viene definida por su magnitud y por su grado de especificidad. La magnitud
de la carga depende del grado de estímulo que supone dicha carga. Un estímulo es un
agente que produce una reacción funcional en el organismo, y tiene dos elementos que
86 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
indican que parece haber una zona óptima de cantidad de entrenamiento que proporciona
un incremento mayor de los resultados. No obstante, esta zona “óptima" está pobremente
definida, y sobrepasarla puede llevar al síndrome de sobreentrenamiento (Lehmann et al
1993; en Kuipers, 1996).
Parece que hay bastantes argumentos a favor de que es necesario encontrar el vo
lumen adecuado de entrenamiento, pero las interrogantes que proponemos, sin ser ex
haustivas, son numerosas: ¿cómo encontrar el volumen adecuado y cómo saber que lo
es?, ¿cuál es el volumen adecuado de una sesión?, suponiendo que hemos encontrado el
volumen adecuado, ¿nos sirve ya para siempre?, ¿es el mismo para todos los sujetos que
pretendan el mismo objetivo en una misma especialidad?, ¿a qué periodo de tiempo nos
referimos cuando hablamos de volumen adecuado?
Estas preguntas no tienen ni probablemente tendrán nunca una respuesta precisa y de
finitiva, pero dada la importancia que tiene este factor para la mejor conducción de la forma
deportiva, vamos a dar unas orientaciones prácticas que nos puedan servir de referencia y
apoyo a la hora de tomar decisiones.
¿Cómo encontrar el volumen adecuado y cómo saber que lo es? El procedimiento más
adecuado es la utilización del método experimental, a través del cual se pueden manipular
las variables que queremos estudiar, que en este caso sería utilizar distintos valores de
volúmenes, y controlar otras variables que pudieran influir en los resultados, como la inten
sidad y el tipo de ejercicio, principalmente. De esta manera se podría comprobar la relación
causa-efecto entre volumen y rendimiento. Dada la dificultad que entraña la realización de
estudios de este tipo, sobre todo con sujetos que compiten oficialmente, la segunda alter
nativa es la observación y el control continuado de las cargas de entrenamiento y de sus
efectos. Esta vía es más asequible, aunque menos precisa, para conseguir estos objetivos.
Esta observación ha de centrarse en el análisis de dos fuentes principales de informa
ción: fuentes fisiológicas como las respuestas cardiorrespiratoria, hormonal, enzimática,
metabólica... al esfuerzo, y fuentes mecánicas, más asequibles y probablemente precisas,
como la evolución de la velocidad máxima y la pérdida de velocidad en la serie en cada
sesión de entrenamiento.
¿Cuál es el volumen adecuado de una sesión? La intensidad con la que se ejecuta
cada repetición es ei principal determinante del efecto del entrenamiento, por tanto, el
volumen adecuado debería venir condicionado por la intensidad, entendida en este caso
como velocidad de ejecución. Lo más razonable es pensar que mientras se pueda mante
ner la intensidad, la repetición de dicha intensidad —lo cual constituye el volumen— podría
ser positivo. ¿Pero debemos agotar en cada sesión todas las repeticiones que se puedan
realizar con la intensidad prevista? Esta pregunta nos lleva a una problemática más com
pleja, que se centraría en determinar cuántas veces o con qué frecuencia se debe llegar
a agotar las posibilidades máximas de mantener la intensidad y cuántas veces debemos
IniMa'r P'^Suntas, pero no parece que
Las pérdidas de velocidad nos indicarán el grado de fatiga creado en la serie o conjunto
de series, y los metabolitos el grado de estrés metabólico provocado, en el que el principal
papel vendría desempeñado por el amonio. La pérdida de velocidad, y. en parte, el amo
nio, el cual viene determinado precisamente por la pérdida de velocidad, son indicadores
bastante fiables del grado y tipo de esfuerzo que está realizando el sujeto, por lo que nos
pueden permitir comprobar de manera recurrente la relación entre el grado de esfuerzo y
los resultados o efectos del entrenamiento. De esta manera, decidir en qué momento debe
interrumpirse una sesión o ejercicio no estaría solamente determinado por la intuición,
sino por datos que reflejen de manera más precisa el verdadero esfuerzo realizado. La
“intuición” no es despreciable, y seguirá acompañando siempre al programador, aplicador
y analizador del entrenamiento, pero esta “intuición” en el fondo debe ser el producto de la
propia experiencia, que será más fiable si esta se basa en la información que se derive de
la respuesta mecánica y fisiológica del sujeto al estímulo que le supone el entrenamiento.
Suponiendo que hemos encontrado el volumen adecuado, ¿nos sirve ya para siem
pre? Teóricamente, en cada momento de la vida deportiva se supone que debe existir un
volumen más adecuado. En los primeros años el problema puede quedar razonablemente
resuelto si se entrena con una moderada progresión de la carga, tanto en volumen como en
intensidad. Cuanto más moderada sea la carga, siempre que produzca una mejora del ren
dimiento, más probable es que la carga sea la adecuada. Los problemas con la dosificación
del volumen aparecen cuando empiezan a producirse estancamientos en los resultados.
Por tanto, podemos aceptar que, en la mayoría de los casos, el volumen adecuado tenderá
a aumentar de manera moderada durante los primeros 3-5 años, y a partir de aquí habría
que poner mucho más énfasis en conocer cuál es el volumen que permite una mejor y ma
yor adaptación positiva del sujeto a las cargas de entrenamiento. En este caso estaríamos
en la situación descrita en los párrafos anteriores, por lo que deberían tenerse en cuenta
las consideraciones expuestas allí. Además, la atención ahora debe centrarse en cuántas
veces en un año / temporada se alcanza el volumen máximo adecuado y cuánto tiempo
deben mantenerse las fases de máxima carga. Debe tenerse en cuenta que el hecho de
obtener una mejora con una carga considerable no asegura que esa sea la mejor carga. Es
posible que, si se vuelve a utilizar esa misma carga, los resultados no solo no sean positi
vos, sino que pueden ser negativos y que incluso se corra el riesgo de que se produzcan
lesiones derivadas directamente de la exigencia de la propia carga.
¿Et volumen adecuado es el mismo para todos los sujetos que pretendan el mismo ob
jetivo en una misma especialidad? La experiencia indica que la respuesta a esta pregunta
es claramente negativa. No todos los sujetos son capaces de soportar las mismas cargas.
Nuestra hipótesis es que los deportistas pueden dividirse al menos en tres grupos: 1) depor
tistas que pueden y necesitan, probablemente, utilizar cargas altas, es decir más altas que
la mayoría, ii) deportistas que no pueden y, afortunadamente, no necesitan emplear dichas
grandes cargas, sino que se benefician en mayor medida del entrenamiento empleando
cargas inferiores que la mayoría y iii) un grupo intermedio, que englobaría a la mayoría de
los sujetos, en cuanto a sus necesidades y posibilidades de carga. En nuestra experiencia
personal contamos con el caso de un sujeto que habiendo hecho aproximadamente el 50%
de carga (carga global, como síntesis de volumen e intensidad) que otro consiguió el mis
mo resultado, resultados que permitieron alcanzar diploma olímpico. En este caso siempre
nos quedará la duda de si el que entrenó más hubiera conseguido aún mejores resultados
90 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
de haber entrenado menos, pero, por el contrario, después de muchas horas de obser
vación y control de entrenamientos y de competiciones, nuestra hipótesis es que el que
entrenó menos nunca hubiera conseguido sus mejores resultados haciendo cargas mayo
res. Otra referencia para justificar que no todos ios sujetos deben hacer el mismo volumen
(número de repeticiones), es que no todos pueden hacer el mismo número de repeticiones
ante una misma intensidad relativa, lo cual significa que, si a todos se les obligara a realizar
las mismas repeticiones ante una determinada intensidad, cada uno de ellos podría estar
realizando un grado de esfuerzo distinto. Sin embargo, estos esfuerzos serían equivalentes
si en lugar de programar y controlar las repeticiones realizadas en la serie, se programa
una misma pérdida de velocidad en la serie (González-Badillo et al., 2017).
¿A qué periodo de tiempo nos referimos cuando hablamos de volumen adecuado? El
concepto de volumen adecuado puede ser aplicado a cualquier unidad de entrenamiento,
desde el volumen de una serie hasta ei de un año. Para organizar adecuadamente el entre
namiento seria conveniente que tuviéramos una referencia válida sobre cuál es el volumen
máximo-adecuado de una sesión, de una semana, de un mes (cuatro semanas) y de un
ciclo completo de entrenamiento (6-12 semanas). El mejor efecto se conseguirá cuando se
diseñe un programa con una dinámica correcta (alternancia de volúmenes altos, medios
y ligeros en el orden y la magnitud adecuados), sin superar el volumen total considerado
como máximo alcanzable en cada unidad de entrenamiento y durante el tiempo adecuado.
El volumen máximo-adecuado de una sesión vendría determinado según lo que hemos
indicado en los párrafos anteriores.
Al igual que el volumen solo se entiende si se conoce la intensidad con la que se realiza,
el efecto de la intensidad siempre viene matizado por el volumen que genera. El efecto de
la intensidad depende tanto del valor propio de la intensidad como del número de veces
(volumen) que se aplica dicho valor. Por ello, siempre que hablemos de intensidad también
hablamos de volumen, y, por tanto, de carga. Rara vez las acciones de entrenamiento se
realizan una sola vez, lo normal es realizar varias veces / varias repeticiones con una de
terminada intensidad. Por ello, hay que tener en cuenta tanto la intensidad como el número
de veces que se va a realizar cada intensidad.
La intensidad la entendemos como el grado de esfuerzo desarrollado al realizar un
ejercicio o actividad de entrenamiento en cada unidad de acción (repetición). Representa
el grado de actividad muscular desarrollado para oponerse a una resistencia, tanto si esta
resistencia la constituye el propio peso corporal (lo que ocurre con todos los esfuerzos que
insisten en saltar o desplazar el cuerpo en cualquier medio sin cargas adicionales aña-
cieX’ vencer una resistencia externa. La manera más precisa, y sufi-
veloddad ' ¡ntensidad cuando se trabaja con cargas externas es a través de la
de pdtenc« cuando^ " t í también podría hablarse
el dato de potencia como J produX'dlV" que se realizan acciones cíclicas que dan
de la primera repetición siempre vendrá V velocidad. La velocidad máxima posible
en la unidad de tiempo (RFD) para la caraa°T^^^'^^ máxima producción de fuerza
po (HFD) para la carga, absoluta o relativa, con la que se entrena.
La carga de entrenamiento • 91
Intensidad absoluta
Intensidad relativa
Porcentaje de 1 RM
Cuando se trata de desplazar cargas externas se podría utilizar el porcentaje de una
repetición máxima (% de 1RM). Esta expresión de la intensidad es típica de lo que consi
deramos “entrenamiento de fuerza".
Ventajas
Esta forma de expresar la intensidad tiene aiguna ventaja, como es el hecho de que se
podría individualizar, aparentemente, de manera sencilla la carga (peso) que debería utilizar
cada sujeto, por muy numeroso que fuera el grupo de entrenamiento. Simplemente habría que
indicar el porcentaje de 1 RM con el que habría que entrenar. Pero esta individualización es
solo aparente, por las razones que indicamos a continuación en el apartado de inconvenientes.
92 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Inconvenientes
• Desajuste en el tiempo del porcentaje teórico: El valor de la RM no es el mismo todos
los dias. Tiende a aumentar en pocas sesiones si el sujeto no está muy entrenado,
y está generalmente por debajo del máximo valor medido antes (generalmente se
manas, meses e incluso años antes) de iniciar el ciclo de entrenamiento cuando los
sujetos están muy entrenados. No obstante, en ninguno de los dos casos los cambios
son estables, sino que se producen oscilaciones dentro de la mejora o el estanca
miento del valor de la RM. Por todo esto, el esfuerzo realizado durante la sesión pue
de diferir claramente del programado. El inconveniente de este error suele ser mucho
más grave en sujetos entrenados que en los principiantes, puesto que serían los
entrenados los que correrían mayor riesgo de entrenar con cargas superiores a las
programadas. Una consecuencia clara, y negativa, de esta situación, cualquiera que
sea el nivel de rendimiento del sujeto, es que nunca sabremos con qué carga hemos
entrenado, lo cual es bastante grave, pues estaremos considerando que el efecto del
entrenamiento, bueno o malo, obtenido se debe a unas cargas o esfuerzos distintos
a los reales. Arrastrando este problema nunca mejoraríamos nuestra metodología del
entrenamiento, porque casi siempre manejaríamos datos muy erróneos.
• Que el valor de la RM no sea real: Un alto porcentaje de las RMs medidas son falsas.
Dado que cada ejercicio tiene una velocidad propia de su RM (González Badillo,
2000), las RMs serán falsas siempre que el sujeto alcanza su RM a velocidades
superiores a la velocidad propia de la RM del ejercicio (no hay otra posibilidad de
error porque al medir 1RM la velocidad nunca puede ser inferior a ia velocidad con
siderada como propia de la RM del ejercicio). Cuanto más se aleje la velocidad a la
que se ha medido la RM de la velocidad propia del ejercicio, menos precisa será la
medición. Esta falta de precisión siempre se manifiesta por dar como resultado un
inferior al real o verdadero, aunque, naturalmente, el valor verdadero
de la RM vamos a saber. Por tanto, cuando hablamos de "valor verdadero
ei tic» o' ' ““"ir RM alcanzado a la velocidad propia dal
SXZ-’XTcia’utRM!•**“ 0-
programado, los resultados suelen ser mejores. Aunque, como indicamos, el resul
tado de este error puede ser un mal menor o, paradójicamente, puede proporcionar
un mayor beneficio en cuanto al resultado del entrenamiento, es incuestionable que
lleva a una confusión al entrenador, porque este cree que los resultados obtenidos
se deben a la intensidad que él programó y realmente se deben a otras intensida
des muy distintas, que en este caso son inferiores a las programadas. Por tanto, el
esfuerzo realizado puede diferir claramente del programado y el entrenador nunca
sabrá a qué carga (intensidad) se debe el resultado. Conviene recordar aquí que el
desconocimiento del esfuerzo real que se está haciendo impide al entrenador, y al
científico, avanzar en el conocimiento de la relación entre carga y efecto del entrena
miento en cualquier ámbito. Es decir, impide avanzar en el conocimiento y desarrollo
de la metodología del entrenamiento.
• El esfuerzo que representa cada porcentaje de 1 RM es distinto según los ejercicios: A
los inconvenientes anteriores hay que añadir que, aunque se conociese el porcentaje
real de la RM que representa cada peso, el esfuerzo que representa cada porcentaje
es distinto según el tipo de ejercicio. Este distinto esfuerzo depende de la velocidad
propia de la RM. Por ejemplo, una carga del 85% 1RM representa un esfuerzo muy
diferente en un press de banca y una cargada de fuerza. Estas diferencias se deben
precisamente a que la velocidad propia de la RM es distinta para cada ejercicio (Gon
zález Badillo, 2000).
• La medición de 1 RM supone un esfuerzo excesivo y con riesgo para cualquier depor
tista, y especialmente para los jóvenes: Según lo que acabamos de indicar en rela
ción con los inconvenientes de medir y utilizar como referencia la RM, es razonable
concluir que la RM no debería medirse nunca. Se puede estimar a través de la velo
cidad, como veremos en próximos capítulos. Pero si ni siquiera se estima, tampoco
representa un problema importante, porque el conocimiento del valor de la RM no
es útil ni para dosificar el entrenamiento ni para evaluar su efecto. Con respecto a la
dosificación, ya hemos dado los argumentos, y en cuanto a la valoración del efecto
del entrenamiento, solamente sirve, de manera no muy precisa, para conocer el efec
to del entrenamiento sobre la carga máxima (cargas que se desplazan a muy baja
velocidad), pero no para el resto de las cargas o velocidades.
XRM o nRM
Esta forma de expresar la intensidad del entrenamiento indica que siempre deberá ha
cerse el máximo número posible de repeticiones con la carga (peso) que se entrena. La
“X" y la “n” representan el número de repeticiones a realizar. Se sobreentiende que poder
realizar un determinado número de repeticiones significa que se está trabajando con una
intensidad o porcentaje de 1M determinado, ya que con cada porcentaje de 1RM se puede
realizar, como media, un determinado número de repeticiones. Esta forma de expresar la
intensidad lleva incluido el volumen, y es muy habitual en la expresión del entrenamiento,
especialmente cuando se trata de estudios que pretenden publicarse.
Esta forma de expresar o dosificar la carga de entrenamiento no presenta ninguna po
sible ventaja. Por lo que solamente hablaremos de sus inconvenientes.
94 • Fuerza, velocidad / rendimiento físico y deportivo
diferencia entre lo realizado y lo realizable es la misma que si se hace 8(10), pero el efecto
y las características del entrenamiento son distintos. Esto es así porque aunque lo que “se
deja por hacer” es lo mismo, 2 repeticiones, el número de repeticiones que se podría hacer
en cada caso es distinto, lo que implica efectos agudos, y al menos a corto plazo, también
distintos, grado de fatiga, estrés metabólico, pérdida porcentual de velocidad en ia serie,
efectos centrales y periféricos...
Seguimos avanzando en la definición si tenemos en cuenta que de lo anterior se deduce
que el CE expresa el grado de esfuerzo de dos maneras. La primera se produce cuando
se realiza la primera repetición de la serie ante cualquier carga (peso). En este momento,
el CE viene definido por la velocidad de la primera repetición, siempre que esta se realice
a la máxima velocidad posible para el sujeto. Esto ya define en gran medida el efecto que
se espera del entrenamiento y el CE que supone la carga desplazada, ya que nos permite
estimar con bastante precisión el porcentaje que representa dicha carga de la RM (Gonzá
lez-Badillo y Sánchez-Medina, 2010). Pero esto no es suficiente para definir totalmente el
CE, puesto que es fácilmente comprensible que el grado final o total de esfuerzo también
depende del porcentaje o proporción de repeticiones de las máximas posibles que se hace
dentro de la serie. No es lo mismo hacer 1 repetición con una carga con la que se pueden
hacer 6, que hacer 6 repeticiones con la misma carga. Por tanto, dado que a medida que
se realizan repeticiones a la máxima velocidad posible en una serie con la misma carga, la
velocidad va descendiendo progresivamente hasta llegara la última repetición, el CE viene
definido por dos indicadores: 1) la velocidad máxima posible de la primera repetición y 2)
la pérdida de velocidad en la serie.
La utilización de la velocidad de la primera repetición y la pérdida de velocidad en la se
rie significa un gran avance en la definición del concepto de "carácter del esfuerzo”. Estos
dos indicadores permiten alcanzar la máxima precisión en la expresión del grado de esfuer
zo que representa un entrenamiento cuando se trata de desplazar cargas externas. Pero si
hallamos el producto de ambos valores; velocidad de la primera repetición multiplicada por
el valor, porcentaje, de la pérdida de velocidad, tendremos el índice de Esfuerzo, el cual
ha mostrado presentar una alta relación con la fatiga, es decir, con el grado de esfuerzo
realizado en la serie (Rodríguez-Rosell et al., 2019)
Siguiendo con el avance en estos conocimientos, hemos llegado a la conclusión de
que podemos prescindir incluso del conocimiento del número de repeticiones que se pue
de hacer en la serie (indicador inicial necesario para definir el CE). Lo importante en este
caso es conocer la pérdida de velocidad en la serie, porque hemos observado en estudios
de nuestro laboratorio que ante una misma pérdida de velocidad en la serie, el porcentaje
de repeticiones realizado con respecto a las posibles (realizables) es el mismo ante cual
quier carga entre el 50 y el 70% de la RM, un 2,5% superior para el 75%, un 5% mayor
para el 80% y un 10% mayor para el 85% (González-Badillo et al., 2017). Esto viene a
solucionar el problema que surge por el hecho de que ante una misma intensidad rela
tiva (misma velocidad en la primera repetición en la serie), no todos los sujetos pueden
realizar el mismo número de repeticiones. Por tanto, la pérdida de velocidad en la serie
iguala los esfuerzos, el grado de fatiga generado, aunque dos personas hayan hecho un
número distinto de repeticiones ante la misma carga relativa y la validación de la pérdida
de velocidad en la serie como indicador de la fatiga se ha comprobado en estudios previos
(Sánchez-Medina y González-Badillo, 2011). Por tanto, lo que mejor expresaría el grado
96 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
*"
La velocidad de ejecución
carga que se desplazaba a 1 m/s antes del esfuerzo, tanto en el press de banca (r = 0,97)
como en la sentadilla (r = 0,91). y con la pérdida de altura (pérdida de velocidad) en el salto
después del esfuerzo (r = 0,92), con el amonio (R= = 0,93) y el lactato (r = 0.95-0,97) (Sán-
chez-Medina y González-Badillo, 2011). También se dan altas relaciones con la testosterona
(r = 0,83), la hormona del crecimiento (r = 0,82) y la insulina (r = 0,88), y estas relaciones au
mentan para el amonio (p = 0.94-96) y el lactato (p = 0,98) cuando se utiliza el coeficiente de
correlación por rangos de Spearman (datos pertenecientes al mismo estudio anterior, pero
aún sin publicar. Tesis Doctoral de Sánchez-Medina. 2010). Todas estas relaciones indican
que cuanto mayor sea la pérdida de velocidad en la serie, mayor es el estrés mecánico, es
decir, mayor es el esfuerzo, al mismo tiempo que la pérdida de velocidad se muestra como
un importante predictor del estrés metabólico y hormonal.
La pregunta que se nos plantea en estos momentos es cuál debe ser la pérdida de velo
cidad óptima en cada caso. Esta pregunta, naturalmente, no tiene una respuesta fácil, pero
poder formularla y tener los datos mecánicos y fisiológicos adecuados disponibles para inten
tar buscar una respuesta, ya es un gran avance. De hecho, en estos momentos podríamos
dar una respuesta orientativa y útil para la mayoría de los sujetos. Por ejemplo, el amonio
prácticamente no se modifica en los ejercicios de press de banca y sentadilla completa si
el número de repeticiones realizado no sobrepasa la mitad de las repeticiones realizables
(Sánchez-Medina y González-Badillo, 2011). Que el amonio se mantenga en sus valores de
reposo significa que no se ha puesto en funcionamiento la vía de urgencia de la producción
de energía, que es la responsable del aumento del amonio. Esta vía consiste en que, dada
la alta y continua demanda de energía, no es suficiente utilizar ADP+CP para producir ATP
y el sistema ha de recurrir de manera importante a la utilización de 2 ADP (ADP+ADP) para
producir ATP, lo que lleva a la producción de adenosina monofosfato (AMP), inosina mono-
fosfato (IMP) y la degradación en amoniaco (NH^) y amonio (NHJ, hipoxantina, xantina y
ácido úrico, formación de radicales libres y pérdidas de purinas, esto supone una pérdida de
nucleótidos (Hellsten-Westing et al., 1993), lo que puede dar lugar a una reducción crónica
de ATP y a un aumento del tiempo necesario de recuperación si las sesiones que provocan
estos procesos de manera importante se repiten con frecuencia (Stathis et al., 1994, 1999).
Si además sabemos, por una amplia experiencia práctica, que haciendo la mitad o menos
de las repeticiones realizables se producen mejoras notables de la tuerza muscular y en el
rendimiento deportivo, no sería muy aconsejable que se sobrepasara frecuentemente (en al
gunos casos no sería necesario nunca) la mitad de las repeticiones realizables en una serie.
Si analizamos la relación entre la pérdida de velocidad en la serie y el número de repeti
ciones realizado, podemos aportar que en el ejercicio de press de banca la pérdida de velo
cidad cuando se ha hecho la mitad de las repeticiones posibles está entre el 25 y el 30% de
a velocidad de la primera repetición, y que en la sentadilla completa la pérdida de velocidad
en las mismas condiciones sería aproximadamente del 15-20%. Por tanto, si podemos co-
rip la esfuerzo significa cada porcentaje de pérdida de velocidad, la aplicación
mejor prored^imSTn es de gran utilidad, probablemente el
manera inmediata la'caraa^dp p t mecánica, para conocer con alta precisión y de
no solo programar la intensidad n conocimiento de estos datos nos permitiría
repetición, sino determinar el qradTdp p en función de la velocidad de la primera
'ocidad que se permite en la XílÍÍSnT
adelantar que en el ejercicio del press de banca, la relación entre el porcentaje de pérdida
de velocidad en la serie (PPVS) y el porcentaje medio de repeticiones realizado en la serie
(PMRR), para las intensidades del 50, 55, 60. 65 y 70% de la RM es prácticamente el mis
mo. El porcentaje de repeticiones realizado para la misma pérdida de velocidad ha de ser
un 2,5% superior cuando la intensidad relativa es del 75%, un 5% superior para el 80% y un
10% superior para el 85 /o (González-Badillo et al,, 2017). Los datos correspondientes a las
intensidades comprendidas entre el 50 y el 70% aparecen en la tabla 4.1.
Tabla 4.1. Pérdida de velocidad en la serie y porcentaje medio de repeticiones realizado con intensi
dades del 50 al 70% de la RM en press de banca.
PPVS 15 20 25 30 35 40 ’~45 50 55 60 65 70 75 1
PMRR 31.2 38.8 46.0 52.8 59.2 65.2 70.7 75.9 80.6 84.9 88.8 92.3 95.4
[dt 0.8 1.0 1.1 1.2 1.2 1.2 1,2 1.2 1.1 1.1 1.3 .1-6 '1
1.1
CV (%) 2.7 2.5 2.3 2.2 2.1 1.9 1.7 1.5 1.4 1.3 1.3 1.4 1.7
Se puede observar que, dados los bajos valores del CV, los PMRR para los distintos
porcentajes son prácticamente los mismos. Por tanto, cuando se realizan repeticiones a la
máxima velocidad posible con cualquiera de estos porcentajes de la RM, se puede cono
cer con bastante precisión el porcentaje de repeticiones realizado para una determinada
pérdida de velocidad en la serie. Conviene recordar aquí que para una misma pérdida de
velocidad en la serie, cada persona puede haber realizado un número de repeticiones dis
tinto ante la misma carga relativa. Esto significa un avance importante en la precisión para
cuantificar y valorar el CE en la serie y sesión de entrenamiento.
Una aplicación más de la velocidad como referencia para dosificar y controlar el entre
namiento se deriva del hecho de que cada ejercicio tiene su velocidad propia para su RM
(González-Badillo, 2000). La velocidad a la que se alcanza la RM de un ejercicio determina
sus características y sus intensidades propias de entrenamiento para cada objetivo. Aun
que, como veremos en capítulos posteriores, la carga con la que se alcanza la máxima
potencia no es relevante ni para la dosificación del entrenamiento ni para valorar su efecto,
estas cargas vienen determinadas, precisamente por la velocidad propia de la RM de cada
ejercicio. Por ejemplo, cuanto mayor sea la velocidad con la que se alcanza la RM de un
ejercicio, mayor es el porcentaje con el que se alcanza la potencia máxima en el ejercicio.
Existe una altísima tendencia positiva entre la velocidad propia con la RM en cuatro ejerci
cios (arrancada, cargada de fuerza, sentadilla y press de banca) y el porcentaje de la RM
con el que se alcanza la máxima potencia media (r = 0,94) (González-Badillo, 2000). Hay
que tener en cuenta que estos valores de potencia se calculan a través del producto de
los valores de la fuerza y la velocidad que proporciona un medidor lineal de velocidad o
de posición, en el que la fuerza se determina por la ecuación F = m(g+a), y la velocidad se
mide de manera directa al desplazar la carga (masa).
100 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
La velocidad a las que se alcanza la RM puede oscilar desde menos de 0,2 m s-’ en el
ejercicio de press de banca hasta valores próximos a 1 m s ' en la cargada de fuerza o en
la arrancada. Estas observaciones confirman que, según el ejercicio con el que se entrene
un mismo porcentaje puede significar una magnitud y un tipo de carga muy diferentes, y q^é
para obtener el mismo efecto habria que emplear porcentajes distintos. Por ejemplo, si un
sujeto pretendiera entrenar con la carga de máxima potencia media en el press de banca
tendría que entrenar con el 37^0% de la RM, mientras que en la cargada de fuerza debería
hacerlo con -87% de la RM. Por tanto, si los dos ejercicios los entrenamos, por ejemplo, con
el 80% de sus respectivas RMs, en el caso del press de banca estaremos entrenando con
una carga muy por encima de aquella con la que se alcanza la máxima potencia y en el caso
de la cargada de fuerza con una carga por debajo de la de máxima potencia. Sin embargo, y
sirva esta idea para ir entendiendo mejor las consecuencias de, por ejemplo, “entrenar con
la carga de máxima potencia” en todos los ejercicios, un entrenamiento con el 37-40% de
la RM en press de banca, con 6-8 repeticiones por serie, es un esfuerzo muy ligero, que lo
podría hacer cualquier persona en cualquier momento, y su efecto, carga y grado de fatiga
serían muy bajos, sin embargo, entrenar con el 87% de la RM en cargada es un esfuerzo
importante, que está muy próximo a la RM del ejercicio de cargada. Otro ejemplo podría ser
el siguiente: para un mismo sujeto o grupo de sujetos practicante de un deporte, un ejercicio
como la sentadilla completa no se debería entrenar nunca con cargas superiores al 80% real
de la RM (sugerencia personal basada en amplia experiencia y en resultados de estudios y
competición), mientras que este mismo grupo de sujetos siempre podría entrenar, desde el
inicio de su vida deportiva, como mínimo con cargas iguales o superiores al 75-80% real de
la RM en el ejercicio de cargada de fuerza. Estas diferencias en las cargas de entrenamiento
se deben, especialmente, a que las velocidades de las RMs de ambos ejercicios son muy
dispares, mucho mayor en la cargada de fuerza que en la sentadilla.
De todo lo expuesto se deduce que usar la velocidad de ejecución como referencia
para dosificar y controlar el entrenamiento supera ampliamente lo que aporta el porcentaje
de 1RM y viene a ofrecer las mismas aportaciones que el CE (realmente es otra forma de
aplicar el CE) pero con una precisión muy superior y eliminando el riesgo de la subjetividad.
Por ello, la existencia de una alta relación entre la velocidad y los distintos porcentajes de
1RM, así como entre la pérdida de velocidad en la serie y el porcentaje de repeticiones
realizado en la serie permite;
su salud, sin necesidad de hacer tests de máximo esfuerzo (1 RM. o XRM, por ejem
plo) en ningún caso.
• Estimar la mejora en el rendimiento cada día sin necesidad de realizar ningún test,
simplemente midiendo la velocidad con la que se desplaza una carga absoluta. Si,
por ejemplo, la diferencia en velocidad entre el 70 y el 75% de la RM de un ejercicio
concreto es de 0,08 m-s ’, cuando el sujeto aumente la velocidad en 0,08 m s ’ ante
una misma carga absoluta, la carga con la que entrena representará un 5% menos
de la RM del sujeto en ese momento, que, naturalmente, habrá aumentado de valor.
Naturalmente, si lo que se produce es una pérdida de velocidad ante una misma car
ga absoluta, podemos estar bastante seguros de que el sujeto está por debajo de su
rendimiento anterior, y en una media proporcional a la pérdida de velocidad.
• Estimar, a través de la pérdida de velocidad en la serie, el porcentaje que representa el
número de repeticiones realizado con respecto a las realizables ante cualquier carga.
• Poder calcular el índice de Esfuerzo (del cual hablaremos en otros capítulos), proba
blemente el mejor indicador del grado de esfuerzo y fatiga que se puede utilizar para
estimar estas variables del entrenamiento.
La potencia alcanzada
velocidad y exige un material mucho más caro para medirla de manera directa. Además,
los valores de potencia son distintos según que se considere la totalidad del recorrido al
realizar una acción concéntrica a la máxima velocidad posible o solamente se tenga en
cuenta la fase propulsiva del movimiento (Sánchez-Medina et al., 2010). Esto hace que los
valores de potencia con cada porcentaje sean distintos ante todos los porcentajes en los
que se dé una fase de frenado (fase posterior a la fase propulsiva) al realizar el ejercicio.
En síntesis, nuestra sugerencia es que nunca debería utilizarse la potencia como refe
rencia para la dosificación del entrenamiento y la evaluación de su efecto.
La densidad de entrenamiento
La densidad viene expresada por la relación entre el trabajo total o el número de repeti
ciones realizado y el tiempo empleado en ello. En este sentido se identifica con una forma
de expresar la potencia mecánica global de una unidad de entrenamiento. La densidad
viene determinada principalmente por el tiempo de recuperación entre repeticiones y se
ries, aunque también se extiende a la recuperación entre sesiones y entre ciclos completos
de entrenamiento. El tiempo de recuperación viene a completar las características de la
intensidad del entrenamiento. Así, ante una misma intensidad y volumen, cuanto mayor
sea la densidad del entrenamiento realizado, mayor potencia mecánica global y. por tanto,
mayor intensidad global del entrenamiento. Los efectos y la importancia de la recuperación
trascienden ia sesión de entrenamiento para influir en el ciclo completo, en la relación entre
ciclos dentro de una temporada e incluso entre temporadas. En muchas ocasiones la mejor
solución para conseguir una clara mejora del rendimiento, tanto si se ha producido una fase
de sobreentrenamiento (estancamiento o retroceso de los resultados) como si no, está en
un largo periodo de recuperación sin entrenamiento, de descanso (González-Badillo, 1991,
p. 100), La mayor o menor densidad dentro de un ejercicio o sesión puede influir en el
efecto del entrenamiento, ya que una menor recuperación entre series, es decir, una mayor
densidad, tiende a producir un mayor estrés metabólico y una mayor fatiga, lo cual hay que
tenerlo en cuenta como factor determinante de la carga global empleada y del efecto que
se espera del entrenamiento. Por tanto, la densidad del entrenamiento se puede considerar
como un complemento de los demás criterios de intensidad, pero, aunque generalmente
está subordinada a los objetivos definidos por los demás criterios, debe tenerse en cuenta
como un posible elemento determinante de la magnitud de la carga.
Al igual que ocurre con el volumen de entrenamiento como componente de la carga,
sobre la intensidad también se han desarrollado estudios orientados a determinar el grado
de intensidad o de carga y el rendimiento físico y deportivo. Haciendo una síntesis de una
buena parte de ellos, destacamos a continuación algunos datos.
El problema de la carga óptima y la efectividad del estímulo dentro del proceso de en
trenamiento no están resueltos satisfactoriamente (Pampusetal., 1990). La importancia de
la óptima carga de entrenamiento se justifica por las pequeñas diferencias en rendimiento
entre los ganadores y los perdedores en una competición (Kuipers, 1998), pero existen
muy pocos datos científicos acerca del entrenamiento óptimo para alcanzar el pico máximo
de rendimiento (Kuipers, 1996). Mientras que la rápida o inmediata mejora del rendimiento
puede estar directamente relacionada con la intensidad, el nivel final de rendimiento está
104 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
^ayor número posible de repeticiones con más del 90% no lograron los mejores resultados,
observándose que estas intensidades no teman una relación lineal positiva con la mejora de
las marcas (Gonzalez-Badillo et al„ 2006).
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Capítulo 5
La adaptación
' Definición de adaptación
• Fases teóricas de la adaptación
■ Supuestos básicos del proceso de adaptación
y del entrenamiento
■ Tiempo de adaptación
■ La progresión de las cargas y la adaptación
■ Especificidad de los estímulos
■ Adaptación aguda
■ Adaptación crónica o estable
■ Adaptaciones básicas específicas según el tipo
de entrenamiento
■ La adaptación y la carga de entrenamiento
■ Principios biológicos
■ Principios didácticos
En muchos de los capítulos de este texto se habla de los procesos de adaptación y de tas
vías a través de las cuales se producen. Por tanto, no es este el único capitulo dedicado a
la adaptación. En el capítulo actual se trata de aportar algunas ideas compíementarias y,
en algunos casos, de base para el resto de ios capitutos, especialmente de ios relaciona
dos con la programación del entrenamiento. En algunos capítulos posteriores se tratan los
factores de los que depende la fuerza que se puede aplicar, los efectos neurofisiológicos
que provoca el entrenamiento de fuerza y el efecto de! entrenamiento de fuerza sobre el
rendimiento.
Defínición de adaptación
EL0RGANÍ5M0 Y LA ADAPTACIÓN
Requisitos
Efectos
Estado uniforme
Perturbado
I ' I
Oegradación/ regeneración
*•—r—'
equ ¡finalidad?
Adaptación
I
Manteneruniformidad, Distintos objetivos
Desconocimiento
superando el estado de o efectos
rendimiento
I
Autorregeoeración,
tendencia al orden:
entropía negativa
Figura 5.2. Síntesis de la relación entre el organismo y el ambiente (Bertalanffy. 1980, adaptado at
entrenamiento deportivo).
Tanto los agentes naturales como el entrenamiento actúan como estímulos que provo
can un estrés (desgaste, desequilibrio) en el organismo. El estrés se manifiesta a través
de un síndrome que se conoce como "síndrome general de adaptación" (H. Selye). La
reacción a este estrés es por una parte general o inespecífica, y por ello se produce sobre
todo el organismo en general, y por otra es específica, y por tanto se produce fundamen
talmente sobre algunos órganos o sistemas concretos, y especialmente en el sistema ner
vioso central (SNC). La reacción al estrés forma parte del proceso de adaptación, el cual,
clásicamente, tiene fres fases (H. Selye): reacción de alarma, estado de resistencia y es
tado de agotamiento. Todo esto es bastante conocido y ha sido descrito ampliamente en la
literatura, pero para completar el concepto de adaptación es necesario incluirlo en ei texto.
Trataremos de darle la mayor aplicación práctica posible a un concepto que es conocido
por una gran parte de los lectores.
La reacción de alarma se inicia cuando se aplica o se da el estímulo externo o interno, y
tiene las siguientes características: 1) elevada actividad funcional compensatoria: aumento
de frecuencia cardiaca, ventilación pulmonar, consumo de oxígeno... 2) uso acentuado de
las reservas de respuesta en fase de fatiga pero aún en equilibrio, 3) desequilibrio más o
menos acentuado entre gasto y compensación: más o menos agotamiento de recursos
energéticos, fatiga del SNC y de la regulación de las funciones motrices (peligroso si el
grado de agotamiento es alto y frecuente).
Durante el estado de resistencia se producen transformaciones estructurales y aumento
de las reservas del organismo. Si los estímulos de cada sesión son adecuados, el sujeto se
mantiene en una fase en la que su capacidad de rendimiento tiende a ser cada vez mayor.
el efecto de las sesiones posteriores, y una espera demasiado corta o larga puede cambiar
o anular el efecto del entrenamiento.
Durante el estado de agotamiento la capacidad de adaptación tiende a reducirse e in
cluso a desaparecer. Se producen cambios destructivos en las estructuras y funciones or
gánicas que no tienen una respuesta adaptativa positiva por parte del organismo. Se puede
llegar al sobreentrenamiento. Si todo el proceso de aplicación de estímulos ha sido correcto,
se puede considerar que el actúa! ciclo de entrenamiento" ha terminado. Se hace necesario
comenzar un ciclo nuevo. La llegada a esta fase puede deberse aun proceso natural o a
una errónea aplicación de tos estímuios: cargas individuales excesivas, cargas menores,
pero demasiado frecuentes, cargas muy monótonas, régimen de vida inadecuado...
Estas fases de la adaptación se podrían aplicar a un ciclo de entrenamiento, como he
mos hecho en tos párrafos anteriores, pero también a una sesión. En una sesión se dan
igualmente las fases indicadas y los procesos descritos. La fase de "alarma" vendría repre
sentada por ia fase de "calentamiento" de una sesión, la fase de "resistencia" se correspon
dería con ia fase fundamental de la sesión en la que el organismo "lucha" contra el estrés
que provoca ei entrenamiento, pero superando con éxito, dentro de un proceso de fatiga
aguda y de recuperación, ias sucesivas alteraciones provocadas por dicho estrés, Pero
dentro de la sesión se puede llegar a una fase de “agotamiento" en la que el organismo
responde en menor medida y no llega a cumplir con la respuesta o rendimiento demandado
por la exigencia del estímulo aplicado: pérdida de velocidad o potencia, excesiva fatiga,
falta de recuperación suficiente durante las pausas de recuperación entre esfuerzos... En
este momento estaría justificado dar por terminada la sesión, aunque no necesariamente
se ha de llegar a este estado para hacerlo.
La evolución teórica de ios procesos de adaptación de una sesión de entrenamiento y
de sus efectos a corto plazo se representa en la figura 5,3. En esta figura se muestran las
distintas fases por las que teóricamente ha de pasar el estado de rendimiento del sujeto
durante una sesión. La aplicación del estímulo, con su amplitud y duración específicas,
provoca una disminución progresiva dei rendimiento hasta que cesa la aplicación, A partir
de ese momento se inicia la recuperación continua para alcanzar una fase en la que el
organismo responde con mayor rendimiento que antes de aplicar el estimulo. En el mo
mento en el que este rendimiento alcanza su máximo nivel se debería aplicar un nuevo
estímulo.
Si los tiempos de recuperación son inferiores a los necesarios para ei tipo de estímulo
aplicado, se puede dar una pérdida progresiva de rendimiento motivada por la aplicación
de un nuevo estímulo antes de que se haya completado ni siquiera la fase de recuperación.
Por el contrario, si los nuevos estímulos se aplican demasiado tarde, después de haber
alcanzado el pico de supercompensación, el efecto del entrenamiento a medio plazo será
muy pequeño o nulo porque cuando se aplica un nuevo estímulo ya se ha perdido la mayor
parte o todo el efecto a corto plazo del estimulo anterior y en cada sesión se comenzará
desde el mismo rendimiento inicial.
Aunque los procesos de adaptación se producen esencialmente de la manera descrita,
el proceso de entrenamiento es bastante más complejo de to que se podría deducir de
esta explicación teórica. Después de cada sesión de entrenamiento siempre se va a pro
ducir una fase de recuperación, pero es mucho menos probable que aparezca la fase de
supercompensación, entendida como una fase en ta que el rendimiento se ha mejorado.
114 O Fuerza, velocidad / rendimiento físico y deportivo
y si aparece, no está claro cómo detectar en qué momento se ha producido dicha fase
Y cuando hablamos de rendimiento mejorado no nos referimos al mejor rendimiento qg
siempre del sujeto, que a veces no se supera en muchos meses e incluso en años, sino
simplemente a la mejora del rendimiento previo a la aplicación del último estimulo. No
obstante, es evidente que las fases de supercompensación existen, tanto a corto como a
medio y largo plazo, porque de lo contrario no se mejoraría el rendimiento físico y técnico
pero los momentos y la magnitud de estas adaptaciones no se producen de una manera
constante después de la aplicación de cada estímulo, sino de manera mucho más irregular
y a veces cuando menos se espera. Por otra parte, la duración del periodo de adaptación y
el grado de rendimiento que se alcanza están limitados genéticamente, y la adaptación hay
que ponerla en relación con ta magnitud y el tipo de carga que se utiliza, no como algo que
ocurre de manera generalizada al aplicar un estímulo. Por tanto, las cargas y sus respues
tas hay que considerarlas de manera individualizada. Pero con la descripción de toda esta
problemática no queremos desanimar al lector ni considerar como imposible el control del
entrenamiento y el rendimiento, pero sí queremos poner de manifiesto que se trata de un
problema verdaderamente complejo.
Figura 5.3. Fases teóricas de una sesión de entrenamiento y sus efectos a corto plazo.
tanto, no está nada claro qué criterio se debería seguir para seleccionar el tiempo adecuado
de recuperación entre dos sesiones consecutivas de entrenamiento. Probablemente, et
control de la velocidad de ejecución en determinados ejercicios o actividades podría ser un
buen referente.
En la práctica deportiva no se sigue siempre la misma secuencia de estimulo-recupera
ción con el mismo tiempo de intervalo, sino que en ocasiones se realizan varias sesiones
seguidas con menor tiempo de recuperación con la esperanza de que posteriormente se
alcance una fase de supercompensación más amplia. Es decir, la frecuencia de las sesio
nes es mayor de lo que teóricamente marcaría el tiempo de recuperación y no todas tienen
el mismo objetivo de adaptación.
Otro aspecto a tener en cuenta es que los procesos de adaptación a las cargas físicas
relacionadas con el rendimiento deportivo no se pueden mantener indefinidamente ni de
manera inmediata (corto plazo, ciclos de entrenamiento) ni a lo largo de la vida. La magni
tud de la adaptación cada vez es menor a medida que pasa el tiempo, y la magnitud de los
estímulos y sus características han de modificarse con el tiempo para conseguir el mismo
o menores resultados.
Últimamente se han hecho algunos planteamientos que pretenden dar una explicación
más ajustada del proceso de adaptación a la realidad del entrenamiento físico y deportivo.
Esta teoría pretende subsanar parte de las lagunas de la teoría descrita anteriormente.
Está basada en la idea de que la preparación del rendimiento del deportista no es estable,
sino más bien varía con el tiempo (tomado de Zatsiorsky, 1995). Esta teoría reconoce dos
componentes en la preparación del deportista. Los componentes que cambian lentamente
y no se modifican en espacios pequeños de tiempo, como son el acondicionamiento físico
o forma física, y los que cambian rápidamente por la influencia súbita de factores estresan
tes, como la fatiga, sobre-estrés psicológico o la enfermedad repentina. De acuerdo con
esta teoría, el efecto inmediato de entrenamiento después de una sesión de trabajo es una
combinación de dos procesos; 1) la mejora de la condición física provocada por la sesión
de trabajo: influencia positiva, tendencia a la mejora, y 2) la fatiga: influencia negativa,
tendencia a la reducción del rendimiento. Por ello, esta teoría se ha denominado teoría
“bifactoriar. El efecto final de la carga viene determinado por la suma algebraica de lo
positivo y lo negativo (Morton y col., 1990). La ganancia en condición física en una sesión
se supone muy pequeña, pero duradera, y la magnitud y efecto de la fatiga es mayor, pero
de corta duración. Se asume que, a groso modo, en una sesión con una carga de entre
namiento media, la duración de la ganancia de condición física es tres veces superior a la
duración de la fatiga (relación 3:1). Así, si el efecto negativo de la fatiga fuera de 24 horas,
el efecto inmediato positivo (la ganancia) duraría 72 horas. En la figura 5.4 se representa
la evolución de los distintos elementos del sistema que regula la mejora del rendimiento
según esta teoría. En ella se observa que la fatiga es profunda, pero dura la tercera parte
del tiempo que el efecto positivo del entrenamiento, mientras que la duración del estrés del
entrenamiento se corresponde con la duración del efecto positivo del mismo.
Siguiendo esta teoría se buscaría un intervalo de descanso entre sesiones que fuera
lo suficiente largo como para conseguir la adecuada recuperación, pero lo suficiente corto
oomo para mantener la condición física adquirida. Por ello, ante una competición inmediata
probablemente se recomendaría decrecer la carga de entrenamiento en cada sesión más
que el número de sesiones.
116 © Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
En nuestra opinión, entendemos que la situación no cambia con esta teoría, y no está
ni mucho menos, solucionado el problema de la dosificación de las cargas ni el de la freí
cuencia de entrenamiento.
Figura 5.4. Dinámica de la adaptación inmediata según la teoría “bifactorial" (adaptado de Zatsiorsky,
1995).
por las que el sujeto empieza un ciclo con más o menos posibilidades de mejora
no son
fácilmente explicables, pero podemos apuntar algunas.
• Grado de carga en ciclos anteriores: una carga elevada puede haber producido una
mejora en un ciclo de entrenamiento, pero la aplicación de esta carga tan elevada
es muy probable que no le permita al sujeto volver a asimilar de nuevo una carga
equivalente o incluso una de menor entidad, por lo que no mejorará el resultado
cualquier que sea la carga que utilice, y probablemente mucho menos si la carga es
equivalente a la anterior.
• Tiempo de descanso o de desentrenamiento previo al ciclo de entrenamiento: un
tiempo prolongado de descanso (de dos o más meses) antes de la reanudación de
los entrenamientos es una situación muy favorable para dar “un salto” en el rendi
miento. Son muy numerosos los casos de deportistas de alto nivel que debido a una
lesión u otras circunstancias se han visto obligados a dejar el entrenamiento durante
un periodo de tiempo largo y han vuelto al entrenamiento superando claramente sus
resultados. O deportistas que, generalmente por problemas de lesión, no pueden rea
lizar la carga habitual, o la carga prevista y que obtienen mejoras en su rendimiento
(generalmente calificadas como "mejoras no esperadas”). En estos casos se suele
decir que “es muy importante lo que se ha mejorado" porque se ha conseguido “sin
entrenar todo lo que estaba previsto", cuando probablemente la correcto sería decir
que “se ha mejorado gracias a que no se hizo todo el entrenamiento previsto". Este
hecho lo hemos venido observando durante muchos años de práctica, y ya en una
publicación del año 1991 (González Badillo, 1991, p; 100) apuntábamos la probable
importancia del descanso prolongado para salir de una situación de estancamiento
en el rendimiento,
• Evolución de la mejora del rendimiento en los últimos años: cuando un deportista
es joven y con “talento" (alto PAG) no es infrecuente que mantenga una progresión
constante durante varios años seguidos, pero a partir de dos o tres años “muy bue
nos”, hay que estar atentos a la posibilidad de que llegue un año en el que no expe
rimente ninguna mejora. Un buen descanso entre temporadas quizás sea la mejor
medida para prevenir y retardar la falta de mejora. Cuando un deportista ya es de
alto nivel, es muy poco probable que tenga más de dos años de clara progresión. Por
ello, la situación para no mejorar se va a presentar después de uno o dos años “muy
buenos”. Cuando un sujeto ha tenido un año preolímpico “muy bueno”, no es la mejor
noticia para que rinda también mucho en los JJOO, sobre todo si después de haber
aplicado una carga determinada en el año preolímpico se toma la decisión de aplicar
una carga mayor “para que rinda aún más en los Juegos”. Probablemente, la mejor
forma de asegurar un buen rendimiento en los Juegos —igual o algo superior al del
ano preolímpico— sea proporcionar un descanso mayor del habitual antes de iniciar
la temporada de preparación para dichos Juegos.
DA Déficit de adaptación
Figura 5.5, Supuestos básicos del proceso de adaptación y del entrenamiento (González Badillo,
1994) (Ver texto para explicación)
Tiempo de adaptación
• Edad del sujeto: cuanto más joven sea el sujeto y generalmente menor nivel de ren
dimiento haya alcanzado, mayor será el déficit de adaptación, más tiempo se puede
mantener la adaptación dentro de un ciclo y más rápida será la adaptación, la mejora.
Las intensidades —bajas o medias— de entrenamiento producen mejoras aprecia
bles después de pocas sesiones (3-5), pero además pueden mantener su efecto,
pueden ser útiles, también durante más tiempo que en años posteriores. Esto signi
fica que no será necesario aumentarlas rápidamente, y que el tiempo de progresión
será muy largo dentro del ciclo y entre ciclos. El sujeto necesita muy poco tiempo y
muy pocas sesiones para mejorar su rendimiento. Tiende a ocurrir lo contrario a me
dida que aumenta la edad del sujeto.
120 e Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
que cada vez es necesario mas entrenamiento y más tiempo para alcanzar cada
La adaptación O 121
Figura 5.6. Esquema de la relación logística entre carga / tiempo de entrenamiento y evolución de la
adaptación / rendimiento (Figura adaptada de Volkov, 1986; en Zheiyazkov, 2001)
ía progresión de las cargas debe ser permanente, pero no excesiva. Hay que bus
car el mínimo esfuerzo rentable, es decir, aplicar el mínimo estímulo que produzca una
adaptación positiva, una mejora. Como hemos indicado, cuanto menos tiempo se ¡leva
entrenando y menor es el rendimiento absoluto obtenido, más pequeño es el estímulo
necesario para conseguir una amplia progresión. Además, debe tenerse en cuenta que los
estímulos pierden su poder para producir adaptación cuando el umbral de estimulación se
ha elevado por la utilización de estímulos previos superiores (Viru, 1995). Esto significa que
la utilización de estímulos más elevados que los necesarios puede producir una mejora,
pero también puede inutilizar el efecto de estímulos menores que hubieran sido igualmente
útiles y menos estresantes.
Por otra parte, hemos comentado en el capítulo anterior que las cargas excesivas in
terrumpen la capacidad de adaptación. Pero no sabemos a ciencia cierta cuáles son las
cargas excesivas. Lo que sí parece razonable es que un aumento gradual de las cargas
asegura una adaptación progresiva y protege de sobrecargas y daños al organismo. No
obstante, un aumento rápido y considerable de las cargas puede ser necesario en deter
minados casos, por ejemplo, con sujetos muy entrenados, después de varios ciclos de
progresión moderada de cargas, en ciclos cortos de entrenamiento... Pero la progresión
de las cargas es verdaderamente un principio de entrenamiento, como veremos más ade
lante, y por ello puede ocurrir que, si las cargas aumentan muy poco, la adaptación positiva
122 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
produce de manera muy rápida en cuanto cesa o se reduce el estimulo, mientras que los
rendimientos para los que está dotado el sujeto se recuperan con rapidez después de una
fase en la que han estado frenados por la aplicación de estímulos opuestos.
Figura 5.7. Consecuencias del intento de mejorar el rendimiento en resistencia en una deportista de
elite con cualidades para un alto rendimiento en fuerza y velocidad (ver texto para aclaración).
Adaptación aguda
Complejo AjAjA,
aminoácido-adenilato-RNAt A Cadena de aminoácidos proteIna
* (péptidos)
Figura 5.9. Esquema del mecanismo de expresión genética de una proteína y sus posibles sitios de
regulación (tomado de Ganong, 2002,18’ edición).
El entrenamiento puede influir en estos procesos de forma diferente según sus carac
terísticas.
Los genes, además de poseer los códigos para la construcción de las proteínas, poseen
otras regiones en las que se encuentran los reguladores. Estos reguladores deciden cuán
do, dónde y por cuánto tiempo se va a expresar un gen y cuándo se va a reprimir de nuevo.
La activación y desactivación de los mecanismos de transcripción de los genes se realiza
a través de señales o inductores. Hay dos mecanismos separados para la regulación del
126 • Fuerza, velocidad / rendimiento físico y deportivo
control de la actividad del genoma y la expresión de los genes: los factores metabólicos y
la influencia hormonal.
Entre las señales más apropiadas están las señales nerviosas y hormonales, que son
señales extramusculares, y el calcio y el AMPc (adenosin-monofosfato cíclico), como se
ñales intramusculares. Lo especifico y relevante para el entrenamiento deportivo es que
aunque la dotación genética de una célula muscular esté completa, es decir, aunque esté
dotada de todos los genes posibles, solo actúan para diseñar y montar (expresar) aquellas
proteínas para las que se haya recibido la señal correspondiente. Y la señal se forma en
función de las características de los ejercicios y del grado de intensidad y volumen de la
sesión de entrenamiento. Según las características de las señales, no solo se forman las
proteínas adecuadas, sino que también se modifican los sistemas de estimulación del mús
culo como los canales iónicos y las bombas iónicas de la membrana muscular, así como
el sistema de combustión (enzimas metabólicas, mitocondrias...). Esto es muy importante
funcionalmente, puesto que el rendimiento muscular no solo va a depender del tipo de fibra
disponible para la contracción, sino también de la forma de estimularlas y de la capacidad
de proporcionarles energía.
Ambiente hormonai
Figura 5.10. Esquema de la evolución de los procesos que dan lugar a la expresión de un tipo
proteína u otro (ver texto para aclaración).
La adaptación • 127
• Adaptaciones neurales;
■ Mayor reclutamiento de unidades motoras (UMs) y probable reclutamiento selecti
vo de UMs rápidas al inicio de la activación muscular, lo cual significa mayor RFD,
mayor velocidad, reducción del umbral de reclutamiento de UMs...
■ Aumenta la velocidad de conducción nerviosa de los axones motores, propiciando
de esta manera la mayor frecuencia de estimulo y la mayor producción de fuerza
en la unidad de tiempo de las UMs rápidas.
■ Mayor grado de sincronización de UMs, según el tipo de ejercicio.
■ Más frecuencia de estímulo y dobles descargas (doublets).
■ Mejora de la coordinación intermuscular: ajuste del grado de activación de los mús
culos agonistas, antagonistas y sinergistas. La mejora de la fuerza en los músculos
agonistas se debe en parte a la menor oposición de los músculos antagonistas al
acortamiento de los músculos agonistas.
■ Reducción del déficit bilateral.
■ Reducción el volumen muscular activado ante una misma carga absoluta y una
misma velocidad de desplazamiento. De lo cual se deduce que será necesario
reclutar un menor número de UMs y se producirá una reducción de la activación
cortical para aplicar la misma fuerza y alcanzar la misma velocidad.
■ Inhibición de procesos reductores de la tensión muscular (órgano de Golgi) y, por
ello, aumento de la posibilidad de alcanzar mayor tensión muscular.
" Facilitación y aumento de la eficacia del reflejo de estiramiento.
128 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
• Adaptaciones estructurales:
■ Expresión específica de proteínas según las características del estímulo (volumen
intensidad, frecuencia de estímulo, valor de RFD alcanzado, velocidad voluntaria
de ejecución...).
• Modificación de los sistemas de estimulación del músculo como los canales ióni
cos y las bombas iónicas de la membrana muscular, así como el sistema de com
bustión (enzimas metabólicas, mitocondrias.,.).
■ Aumento de la hipertrofia muscular en función del tipo de entrenamiento.
■ Tendencia a la transformación funcional de las fibras musculares más rápidas (iix)
en fibras funcionalmente más lentas (Ha).
■ Inhibición parcial del efecto de la miostatina, lo que permite mayor desarrollo
muscular.
■ Formación de nuevas sarcómeras en serie, lo que determina el aumento de la
longitud del fascículo y la mayor probabilidad de mejorar la velocidad de acorta
miento muscular. Este tipo de adaptación puede influir directamente en la relación
longitud-fuerza o longitud-tensión en los músculos humanos.
" Aumento del ángulo de penneación, lo que puede tener una relación positiva con la
hipertrofia y con el grado de tensión muscular, aunque, según el grado de aumento
del ángulo, pudiera tener efecto bajo o nulo sobre la velocidad de acortamiento
ante cargas ligeras o sin cargas externas.
■ Aumento de la rigidez del tendón, lo que puede tener una relación positiva con la
rapidez en la aplicación de fuerza: mayor velocidad, mayor RFD ante la misma
carga, absoluta o relativa.
■ Activación de las células satélites, que contribuyen a la regeneración y desarrollo
del tejido muscular.
• En los ejercicios de sprint puede haber reducción del porcentaje del área de fibras ST.
" Reducción de la densidad capilar y mitocondrial.
• Adaptaciones hormonales:
■ Aumento agudo de las hormonas anabólicas (testosterona y hormona del creci
miento).
■ Aumento agudo del cortisol.
• Adaptaciones enzimáticas:
• Aumento de las enzimas anaeróbicas, especialmente la creatin-kinasa, miokinasa,
fosfofructokinasa y otras, pero no tanto de las oxidativas, aunque depende del tipo
de entrenamiento (más o menos fatiga).
Píos del entrenamienlo son M ‘'®' «"benamiento-. Por tanto, los prin®''
namiento son normas o leyes en las que nos apoyamos para organiza' d
La adaptación • 129
Figura 5.11. Esquema de los principios del entrenamiento deportivo y la relación entre ellos.
Principios biológicos
Sobrecarga
La adaptación que provoca una mejora del rendimiento se produce por la aplicación su
cesiva de estímulos cada vez más altos. Este aumento progresivo de los estímulos consti
tuye lo que se denomina sobrecarga. Este es el principio más importante y el más universal
y reconocido. La sobrecarga se produce siempre que e! estímulo proporcionado sea supe
rior al habitual. Por tanto, se produce sobrecarga si el organismo percibe el estímulo como
no habitual, como nuevo, en el momento que se aplica. Esto significa que ia condición de
"nuevo" no se identifica necesariamente con uno superior a cualquier otro estímulo aplica
do previamente, sino que depende de la situación actual del sujeto y de la magnitud del
estimulo que se haya estado aplicando durante un tiemp>o suficiente como para que, siendo
un estimulo inferior a los aplicados en alguna ocasión previa, pudiera tener efecto en la
adaptación. Viene definida y se manifiesta principalmente cuando se produce un aumento
de la intensidad o el volumen o de ambas variables al mismo tiempo, aunque también
puede tener efecto de sobrecarga la inclusión de algún ejercicio nuevo o una forma distinta
(volumemtAmhln®^? '«'áticamente habitual un mayor número de veces
(volumen) también produce sobrecarga
soJZ,» se“efXT * ,r*««*>* * “ *««. la razén fisiológica de i » »
sobrecarga sea efeotoa para el irKlerriento de la berza probablemente se enouentld en
La adaptación • 131
hecho de que cuando se mejora la uerza después del entrenamiento, la cantidad de masa
muscular que se activa para desplazar una misma carga es menor (Ploutz et al., 1994).
es decir, después de mejorar la fuerza quedarla una mayor masa muscular sin estimular
ante la misma carga (peso), or lo que superar esta misma resistencia posteriormente
supondrá un menor esfuerzo o estrés para el músculo adaptado. Luego para mantener en
“activo” esta proporción de masa muscular y seguir aumentando la fuerza seria necesario
incrementar dicha carga de manera progresiva.
Individualización
Progresión
La progresión de las cargas debe ser permanente, pero no excesiva. Hay que buscar el
mínimo esfuerzo rentable. Las cargas excesivas interrumpen la capacidad de adaptación,
por ello, una tarea permanente del técnico y de la ciencia es detectar estas cargas y evi
tarlas. El aumento gradual de las cargas asegura una adaptación progresiva y protege de
sobrecargas y daños al organismo. La problemática que genera esta sugerencia está ligada
con la anterior y forma parte de la misma tarea. No obstante, un aumento rápido y conside
rable de (as cargas puede ser necesario en determinados casos; sujetos muy entrenados,
después de varios ciclos de progresión moderada de cargas, en ciclos de entrenamiento
muy cortos... Si las cargas aumentan muy poco, la adaptación positiva disminuye y liega a
estancarse o incluso llega a disminuir el resultado. Estaríamos ante una “desadaptación”,
"adaptación negativa”. Cuanto menos tiempo se lleva entrenando y menor es el rendimiento
absoluto obtenido, más pequeño es el estímulo necesario para conseguir una amplia pro
gresión. Como hemos indicado, los estímulos pierden su poder para producir adaptación
cuando el umbral de estimulación se ha elevado por la utilización de estímulos previos supe
riores (Viru, 1995). La carga se aumenta cuando las actuales se han asimilado y ya no cons
tituyen un estímulo válido. Para conocer o estimar que un estímulo ya no es válido debemos
observar la relación entre exigencias de entrenamiento (EE) y las reservas de rendimiento
actuales (RRA), aparte de la confirmación de que no está produciendo un efecto positivo.
Aunque este tipo de efecto también puede venir generado por un exceso de estímulo. Por
ello, la adecuación de las cargas se expresa por la relación entre el estímulo que se propo
ne y la capacidad de respuesta del organismo. Por tanto, la valoración de la magnitud y la®
características de la carga dependen del estado actual del sujeto y de su historia reciente de
entrenamiento. El aumento de la carga se realiza de la misma manera que para conseguir
sobrecarga ; aumento de volumen o intensidad o de ambas variables simultáneamente-
El principio de progresión se basa en tres razones biológicas complementarias: i) la
necesidad de buscar siempre el estímulo de mínimo umbral para mantener la adaptación
TOto. II) te relación logisfca entre Itempo I carga y adaptación I rendimiento, iii) la
c ai <*««>*-* -diminishing relums-, que indica que
in mZ uXT " «“St*. para una misma ca'9’
para iaiarü Í'°'■"« necesaria más ea-S’
tes auanzios• ««.« O Práctica loa =*
obtengan mayor rendimiento cuando reducen las cargas, pero esto puo'''
Lo adaptación O 133
Figura 5.12. Relación entre la carga / tiempo de entrenamiento y adaptación positiva o rendimiento
(figura adaptada de Volkov, 1986, en Zheliazkov, 2001).
Progresión y "continuidad”
La “continuidad” es una regla que forma parte del principio de “progresión". Esta regla
propone que si la “progresión" no se realiza de manera continua, es decir, si se hacen in
terrupciones excesivas del entrenamiento, se pierden las adaptaciones y el progreso en el
rendimiento. Para evitar esto, cada sesión debería hacerse antes de que desaparecieran
los efectos de la anterior, aunque el intervalo de descanso entre entrenamientos no sea
algo estable, sino que dependa de numerosas circunstancias: características individuales,
tipo de trabajo realizado, edad, años de entrenamiento, proximidad de la competición...
El criterio básico para determinar el tiempo de descanso es el grado de recuperación.
Como norma general, se admite que a medida que aumentan los años de entrenamiento,
nienor es el tiempo que transcurre entre entrenamientos, llegándose a entrenar varias ve
ces al dia. Esto se justifica por la mayor capacidad de recuperación y por la necesidad de
utilizar mayores cargas para producir nuevos estados de adaptación.
Aunque todo lo indicado parece justificar la continuidad del entrenamiento para alcan
zar altos rendimientos, no es menos cierto que la solución para superar situaciones de
estancamiento e incluso retroceso tiene relación con largos periodos de descanso. Esta
hipótesis la propusimos en 1991 (González Badillo, 1991, p. 100). Numerosas experien
cias indican que después de periodos de interrupción del entrenamiento, generalmente de
manera obligada, por lesiones u otras causas, se producen nuevas e importantes mejoras
134 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Progresión y “reversibilidad”
Lo que acabamos de comentar sirve para matizar lo que se ha llamado reversibilidad
o pérdida de rendimiento. Es evidente que con el desenfrenamiento se produce una “des
adaptación" y se pierde parte de las ganancias obtenidas durante el periodo de actividad.
Esto justificaría que no se dejase de entrenar durante mucho tiempo. Pero después de lo
discutido en el apartado de “continuidad”, entendemos que las pérdidas que deben preo-
^par son las que se producen durante el periodo de actividad, provocadas por exceso de
trabajo o por errores en el “manejo” de las variables de entrenamiento y no las producidas
se^k ® sobre las pérdidas durante el descanso debe
organSr adXdam " ÍT» y entre sesiones, con el fin
ganizar adecuadamente la frecuencia de aplicación de estímulos.
La adaptación • 135
]/ariabilidad
distintos para cada sujeto. La experiencia del entrenador y el deportista, y el diálogo since
ro acerca de las sensaciones percibidas en el entrenamiento pueden hacer mucho en este
sentido. A esto, por supuesto, habría que añadir la aplicación de los medios más precisos
objetivos para el control de la carga y la cuantificación de la recuperación entre ejercicios u
entre sesiones. Entre ellos, quizás el más apropiado es el control de la evolución de la velo
cidad ante la misma carga absoluta o ante el mismo ejercicio sin carga. Como norma gene
ral, cuanto mayor es la fatiga, mayor será el tiempo necesario de recuperación, y el control
de la velocidad puede detectar ambas variables, los grados de fatiga y de recuperación.
Especificidad
• Músculos implicados.
• Gesto o actividad concreta realizada.
• Tipo de activación muscular (dinámica, que incluye a las acciones concéntricas, ex
céntricas y CEA, y estática o isométrica) e importancia de esta en el gesto de com
petición.
• Ángulo fundamental o específico de ejecución.
• Intensidad / velocidad de ejecución de la acción de competición.
• Volumen o tiempo de duración del esfuerzo.
• Tipo de esfuerzo: continuo o intermitente.
• Metabolismos principalmente implicados.
Si tuviéramos que hacer una síntesis de los elementos más determinantes de ia espe
cificidad, nos quedaríamos con el ejercicio, la intensidad / velocidad absoluta y el tiempo
de esfuerzo y, dentro del elemento tiempo, si este transcurre en un esfuerzo continuo o
intermitente. Estos elementos permiten determinar la especificidad de una especialidad
Esto explica por qué realizar el ejercicio de competición o uno muy similar tampoco
suficiente, porque es necesario que se cumplan los requisitos de intensidad / velocidad^^
tiempo de esfuerzo. Por ejemplo, un corredor de 100 metros no mejorará su rendimien/
si entrena corriendo (ejercicio específico, factor aparentemente favorable), pero lo hace °
una velocidad baja y durante mucho tiempo. En esta situación cumple con uno de los ele
mentos necesarios para la especificidad, el ejercicio realizado, pero no con la intensidad u
el tiempo. De aquí se deduce que difícilmente entrenar a intensidades muy alejadas de la
intensidad / velocidad de competición pueda servir “de base” para la mejora del rendimiento
en la propia competición.
La utilidad de los ejercicios se determina por su potencial de transferencia al ejercicio
específico de competición. Durante los primeros años el número de ejercicios con poder de
transferencia es más alto que cuando mejora el rendimiento. Por ello, la especificidad debe
hacerse cada vez más evidente a medida que se avanza en la mejora de los resultados.
Esto significa que los ejercicios de entrenamiento útiles son cada vez menos, y que los
más apropiados tienden a ser básicamente los más parecidos a los propios de competición
o el propio ejercicio de competición. Sin embargo, con el avance del rendimiento se man
tendrán los ejercicios complementarios y útiles orientados a la mejora de la fuerza, que,
aunque no se consideren como ejercicios específicos, sí pueden mantener un efecto posi
tivo para el rendimiento. Por último, debe tenerse en cuenta que la distribución porcentual
del volumen entre los ejercicios también juega un papel importante en la especificidad del
entrenamiento, por ello, cada especialidad tiene o debe buscar la adecuada distribución del
volumen entre sus ejercicios de entrenamiento.
Especificidad y transferencia
La razón de ser de la especificidad está en que la realización de cualquier actividad de
entrenamiento se justifica si tiene alguna transferencia sobre el ejercicio de competición.
Se puede hablar de transferencia cuando la ejecución de un ejercicio o un tipo de entrena
miento determinados producen un efecto —positivo o negativo— sobre otro ejercicio o tipo
de rendimiento distinto de aquel con el que se entrenó. Por tanto, la transferencia se mide
por el grado de influencia de la ejecución y el efecto de una actividad de entrenamiento
sobre otra actividad diferente. Para que se dé transferencia (positiva) se deben estimular
uno o varios de los factores determinantes del rendimiento en la actividad "receptora” de
la transferencia. Esto se consigue cuando la estructura y las demandas metabólicas del
movimiento son las adecuadas, es decir, cuando se dan requerimientos dinámicos, neuro
musculares, estructurales, metabólicos y enzimáticos semejantes en ambas actividades.
Si se estimulan factores opuestos a los determinantes del rendimiento “receptor” de la
transferencia, se dará transferencia, pero negativa (interferencia).
Por tanto, la transferencia positiva máxima se produce cuando las estructuras de los rnO'
vimientos y las exigencias para el rendimiento son similares, y, naturalmente, la transferencia
negativa máxima se produce cuando las estructuras de los movimientos y las exigencias paf®
el rendimiento son opuestas. No obstante, movimientos similares, pero con estructura diná-
producir transferencia negativa, por su interferencia en la coordinación
de comnefru^^n P^ede ocurrir, por ejemplo, cuando se hace el mismo ejercicio
mtert? ™ is ■==^9’ adicional (mayor peso en un lanza
miento. un arrastre en carrera, natacidn, remo..., un ejercicio de lirón en halterofilia) excesi'»'
La adaptación • 139
Otro aspecto importante que debe tenerse en cuenta es que la transferencia positiva
que pueda proporcionar un ejercicio o tipo de entrenamiento no es permanente, aunque
las estructuras de los movimientos y las exigencias para el rendimiento sigan siendo las
mismas. Esto se puede deber a que, como hemos indicado en párrafos anteriores, deter
minados ejercicios pierden su potencial de entrenamiento a medida que mejora el rendi
miento deportivo. Pero también puede ocurrir por la disminución progresiva de la influencia
del desarrollo de las cualidades físicas sobre el rendimiento especifico. Por ejemplo, en la
mayoría de los casos, el desarrollo de la fuerza máxima (1 RM o FIM) es útil e incluso impor
tante hasta alcanzar determinados valores de fuerza máxima y de rendimiento específico, a
partir de los cuales un mayor aumento de la RM no aporta una mejora relevante.
De lo dicho se deduce que no se pueden entender como transferencia algunas de las acti
vidades consideradas habitualmente como tales, como, por ejemplo, la ejecución de un ejer
cicio “B” inmediatamente después del ejercicio “A” orientado, generalmente, a la mejora de la
fuerza. Esto puede tener un efecto “bueno", “malo" o “nulo”, pero en ningún caso cuando se
hace el ejercicio "B” se está "haciendo transferencia" sobre él mismo, sino que simplemente
se está entrenando. Cabe la posibilidad de que la combinación del ejercicio “A" + “B” sea
“bueno", pero esto se deberá a cuatro posibles causas; i) a una posible transferencia de “A"
sobre “B", por haber entrenado “A”, ii) a un efecto sinérgico positivo de la utilización de am
bos ejercicios consecutivamente, iii) a haber entrenado el ejercicio "B" y iv) a las tres causas
anteriores conjuntamente, pero en ninguno caso, en el momento de entrenar "B” se “trans
fiere” nada a sí mismo. Realmente el “efecto sinérgico” puede ser el resultado de las causas
i) y iii), y su significado es que el efecto puede ser mayor que si solo se entrena uno de los
dos ejercicios con el objetivo de conseguir un resultado determinado. Por ejemplo, el salto
vertical podría mejorar más si se entrena la sentadilla y el salto que si solo se entrena uno de
los dos ejercicios. Otra razón para entrenar "B” después de “A” puede estar en que después
de hacer “A” la respuesta neuromuscular sea más favorable o mayor (se está en estado de
potenciación) que si previamente no se ha hecho “A”. Esta sería una razón para justificar
la realización de ambos ejercicios de manera consecutiva, pero, como hemos indicado, sin
“hacer transferencia" al hacer "B". Por tanto, del propio concepto de transferencia se deduce
que no existen “ejercicios de transferencia", sino que cada ejercicio, cuando se entrena, pue
de producir un efecto sobre otro (transferencia positiva o negativa) o no, pero que en ningún
caso cuando se entrena dicho ejercicio se “está transfiriendo nada a sí mismo”.
Especificidad y simultaneidad
En el entrenamiento deportivo siempre es necesario conseguir el desarrollo slmulténeo
de las cualidades físicas y la técnica. En algunos casos también es necesario el desarrollo
simultáneo de varias cualidades físicas de distinta orientación y también, casi siempre, el
desarrollo de varias cualidades físicas complementarias. En esta situación, el entrenamien-
to exige sobre todo la adecuada dosificación de las cargas para no producir interferencias,
pero también la elección adecuada del momento en el que deban aplicarse, con el fin de
aprovechar la posible transferencia positiva entre los distintos entrenamientos, asi como
tener siempre como referencia las necesidades y exigencias fisico-técnicas de cada espe
cialidad, que son las que marcan el tipo y el grado de carga que deba aplicarse.
Debe tenerse en cuenta que hay determinadas cualidades que llevadas a los limites
de su desarrollo tienen claramente efectos negativos sobre otras, como, por ejemplo, la
140 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
fuerza y la resistencia. Sin embargo, esto no quiere decir que, por ejemplo, deportist
especializados en resistencia no deban realizar entrenamientos de fuerza. La adecu
dosificación y distribución de las cargas en ambas cualidades puede permitir alcanzar
efecto positivo para ambas. En otros casos, el desarrollo de una cualidad, en la proporción
adecuada, forma parte esencial de la mejora de otras cualidades, como por ejemplo el
efecto de la mejora de la fuerza sobre la velocidad.
En muchos casos, el propio entrenamiento de la técnica específica lleva implícito para,
lelamente el desarrollo de las cualidades físicas especificas. En estos casos, el desarrollo
de las cualidades físicas específicas siempre pasa por la aplicación de la técnica especi
fica. Por tanto, entendemos que en muchas especialidades deportivas solo dominando la
técnica, y a través de ella, el trabajo encaminado al desarrollo máximo de las cualidades
motrices conduce a la rápida mejora de los resultados (González-Badillo, 1991). En algu
nos deportes con altas necesidades de fuerza y velocidad no solo es deseable desarrollar
en gran medida las cualidades físicas específicas a través de la técnica, sino también otras
menos específicas y determinantes como, por ejemplo, la resistencia. En estos casos, la
propia repetición de los gestos específicos permite desarrollar la resistencia (específica)
que les es necesaria.
Principios didácticos
Estos principios hacen referencia al aprendizaje de la técnica, elemento complementa
rio de la condición física y necesaria para la mejora del rendimiento.
El aprendizaje de una técnica depende, en primer lugar, de una serie de factores in
ternos, poco modificables: constitución (proporción de miembros, composición muscular,
movilidad articular...), predisposición natural para el aprendizaje y experiencias previas. En
segundo lugar, nos encontramos con unas condiciones variables que, si bien dependen del
propio sujeto, son más modificables por influencias externas: estado / condiciones físicas
(fuerza, velocidad, resistencia...) y motivación. Y por último tenemos los factores externos,
de los cuales es responsable básicamente el entrenador; actividades instructivas, creación
de situaciones favorables de aprendizaje, interacción entrenador-deportista. Es decir, tene
mos factores a) invariables o poco modificables, b) modificables a través del entrenamien
to, la relación con el deportista y otras circunstancias externas y c) factores modificadores.
En la aplicación de estos principios hemos de considerar lo que nos dice la Didáctica,
entendida como “la ciencia que estudia el proceso instructivo” (Pacios, 1980): cualquier
instrucción formativa, que perfecciona el hábito —en este caso el hábito motor— debe
ajustarse a las posibilidades del sujeto y partir de su nivel de aprendizaje. Precisamente
estos prerrequisitos van a formar parte de algunos de los principios, normas o requisitos
que exponemos a continuación.
Actividad
-Sólo se aprende lo que se hace’: el "learning b, dolng-, de J. Dewe., es todavía mis
(«l^tiencias. demostraciones. J
deporte lo más importante es “saber hacer o, más propiamente, “ser capaz de hacer”, aun
que no se conozcan profundamente los principios en los que se basa la propia ejecución. El
entrenador debe conocer como se hace, el deportista debe saber hacerlo, aunque cuanto
diejor comprenda el movimiento el deportista mejor lo hará.
Actividad consciente
El deportista debe analizar y evaluar su propia técnica, ajustando progresivamente el
gesto en función de sus propias informaciones cinestésicas. Debe llegar a conocer el por
qué de una ejecución técnica, tanto si la ejecución es buena como si es mala. Las infor
maciones exteriores son muy importantes para los principiantes, pero no suficientes, es
necesario unir a ellas las informaciones internas, las cinestésicas. Solo si el sujeto es capaz
de asociar lo que le dicen, información externa, y lo que siente, información interna, podrá
elaborar una buena imagen del movimiento.
Actividad sistemática
Exige que en la organización del trabajo se respeten los principios de progresión y difi
cultad creciente
Individualización
Exige la adaptación de las tareas a las necesidades y posibilidades de cada deportista.
Para adquirir una buena imagen del movimiento el deportista debe comprender cómo se
desarrolla el movimiento, y para ello es necesario que las explicaciones e instrucciones que
se le ofrezcan se adapten a sus experiencias motrices y a su capacidad de conocimiento,
a su estructura cognoscitiva actual. Es decir, ha de ser una información significativa, que
el sujeto sea capaz de conectar o encajar en sus propios conocimientos previos. Esto dará
lugar a una adecuada y nueva estructura cognitiva que debe repercutir positivamente en
una mejor ejecución técnica. Este principio no solo es válido en las primeras etapas del
aprendizaje, sino que mantiene su relevancia cuando se manifiesta el “estilo propio" de los
deportistas más avanzados.
Información continua
El entrenador debe observar prácticamente todas las repeticiones técnicas que realiza
el deportista durante un entrenamiento, y ofrecer, casi de forma continua, informaciones
(realimentación) sobre la calidad y características de la técnica que realiza. Asi, la imagen
y el aprendizaje de la técnica se van mejorando de forma simultánea.
Concentración
Este requisito debe ser observado por el deportista, aunque el entrenador debe adver
tirle sobre la necesidad de respetarlo. Tanto para que las informaciones internas como ex
ternas sean eficaces, es necesario que el deportista esté concentrado en el entrenamiento.
No debe distraerse durante la ejecución del ejercicio ni inmediatamente después de eje
cutarlo. El entrenador aprovechará esos instantes posteriores al movimiento, en los que
el deportista aún tiene frescas sus sensaciones, para informar, corregir y dialogar sobre la
calidad de la ejecución. Estos comentarios deben hacerse sobre aspectos concretos y de
forma breve, clara y significativa para el deportista, asegurándonos de que nos entiende.
142 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Oportunidad de la información
Cuando el deportista está a punto de iniciar un movimiento técnico no se le debe d
más y más información. Porque, en primer lugar, es posible que ni nos pueda escuchar^^
si lo hace, interrumpimos su propia concentración. Las últimas informaciones deben veñk
un poco antes, y dejarle después unos segundos para facilitar su concentración antes de
ejecutar el movimiento.
Información selectiva
No se debe “agobiar” al sujeto con excesivas observaciones sobre la realización téc
nica. El movimiento no se puede corregir de una sola vez en todos sus detalles. Hay que
comenzar por los aspectos que son más determinantes de una técnica eficaz y que cons
tituyen la base de la estructura del movimiento. Se tenderá a evitar en principio los errores
más graves y difíciles de corregir en el futuro. Las observaciones estarán en relación con
el objetivo técnico inmediato.
Aprendizaje autónomo
También es conveniente que de vez en cuando, de forma consciente y programada, el
entrenador observe la técnica, pero deje la iniciativa de la corrección o análisis al propio de
portista, de forma que vaya adquiriendo cierta autonomía. Si el deportista se siente obser
vado, pero sin recibir comentarios, se concentra más en el análisis de su técnica. A veces el
deportista pregunta: ¿cómo va? (la técnica). En ese momento él tiene su propia evaluación
e imagen del movimiento y espera contrastarla con alguien, es decir, está concentrado en
su técnica y en la vía de la autonomía.
Rendimiento óptimo
La cantidad de ejercicios técnicos que se realicen debe estar en consonancia con el
rendimiento del deportista. El aprendizaje de la técnica no se realiza convenientemente
si el sujeto está fatigado. La sesión de aprendizaje técnico debe interrumpirse si el atle
ta disminuye su nivel de calidad de ejecución en sucesivas repeticiones. Es preferible la
interrupción del ejercicio antes que llegar a la creación de malos hábitos por la repetición
continua de ejecuciones erróneas. No es pertinente realizar ejercicios técnicos inmediata
mente después de una actividad fatigante, porque la técnica se deteriora: no se mejora la
ejecución técnica en estado de fatiga entrenándola con fatiga.
prevención de errores
Hay que evitar que los movimientos erróneos se hagan habituales, y estimular el deseo
de corregirse y alcanzar la mejor técnica. Se debe prevenir la utilización de malos movi
mientos e informar sobre cómo realizar el gesto que los sustituye y mejora. Puede resultar
positivo invitar al alumno a que analice y manifieste oralmente su propia experiencia cuan
do modifica el movimiento. En estas tareas hay que tener muy en cuenta las diferencias
individuales, pues las capacidades cognoscitiva y verbal del deportista condicionan la efi
cacia de esta actividad.
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Capítulo 6
La fatiga
Introducción
- Concepto de fatiga
- Fatiga y entrenamiento
- Grado de fatiga
- Carácter de la fatiga
- Extensión de la fatiga
- Fatiga de baja y alta frecuencia
Localización de la causa de la fatiga
Diferenciación de la fatiga central y periférica
Mecanismos neurales de control durante la fatiga
Mecanismos periféricos metabólicos relacionados
con la fatiga
La fatiga en distintos tipos de esfuerzo
- Esfuerzos de corta duración
- Esfuerzos de larga duración
- Esfuerzos para vencer cargas externas
• Fatiga aguda de 15 tipos de esfuerzos con cargas
externas
• Fatiga aguda, a corto y a medio plazo de 10 tipos
de esfuerzos con cargos externas
• Fatiga en un esfuerzo dinámico con cargas hasta
el agotamiento
- Esfuerzos cortos repetidos en carrera
- Esfuerzos cortos frente a esfuerzos largos para
un grado de fatiga semejante
Diferencias entre activaciones concéntricas
y excéntricas
Evaluación de la fatiga provocada por una acción
estática
Efecto de la fatigo sobre las curvas fuerza-velocidad-
potencia
Orientaciones para estudiar la fatiga en el ámbito de la
práctica del rendimiento físico y deportivo
Introducción
Concepto de fatiga
passier (2002) la defínen como una respuesta contráctil que es menor que la que se espera
para una estimulación dada. También se puede expresar como la incapacidad de mante
ner una determinada intensidad (velocidad o potencia) a lo largo del tiempo. Y además se
puede definir y diferenciar por el tiempo de recuperación después del esfuerzo. La fatiga
puede comenzar en los primeros instantes después de que se inicia la orden de activación
niuscular o desde el primer esfuerzo en una serie de esfuerzos repetidos, sin necesidad de
que se llegue al fallo muscular o a la incapacidad de mantener una determinada intensidad,
por tanto, lo más relevante y apropiado para definir la fatiga es considerarla como “la mag
nitud y si tiempo de pérdida de rendimiento en cualquiera que sea la situación" en relación
con lo programado o pretendido por ta voluntad o el SNC. De estas definiciones se deduce
la necesidad de conocer el valor de la contracción o del rendimiento previo a la medición
de la fatiga. Por tanto, las condiciones que deben darse para que estemos en situación de
cuantificar la fatiga son que haya pérdida de rendimiento, que esta pérdida no se produzca
voluntariamente y que exista un valor previo que se tome como referencia. En el Dicciona
rio Esencial de las Ciencias la fatiga se define como el deterioro del rendimiento de un ser
vivo... con el paso del tiempo. Se asocia a sensación de cansancio, falta de concentración,
enlentecimiento y aparición de errores simples.
Pero una activación muscular, además de fatiga, también puede producir potenciación,
que es una respuesta opuesta a la fatiga, por la que se produce un aumento del rendimien
to muscular como consecuencia de una activación inmediatamente anterior. Por tanto, la
fatiga y la potenciación pueden coexistir. La posible existencia de dos efectos opuestos
en la misma activación muscular dificulta la determinación del grado de fatiga. Ante esta
situación, se debe tener mucho cuidado en la interpretación de los datos referidos a un
"antes” y a un “después”: el resultado puede ser una mezcla de fatiga y de potenciación.
No obstante, la potenciación tiene una duración limitada mientras que la fatiga puede per
sistir hasta la incapacidad funcional. Incluso cuando el rendimiento post-esfuerzo es mayor
que la respuesta inicial, no hay garantía de que los mecanismos asociados con la fatiga no
están presentes (Maclntosh and Rassier, 2002). De esta manera, nos podemos encontrar
con situaciones en las que la respuesta es mayor que la que se da en estado de reposo
(potenciación), pero probablemente menor de la que podría esperarse si no existiese fa
tiga. De hecho, en la práctica del entrenamiento se observa que cuando los esfuerzos no
se realizan hasta el agotamiento, la respuesta posterior al esfuerzo (por ejemplo, medida a
través del salto vertical) en algunos casos es superior a la ofrecida antes del mismo, incluso
habiendo hecho previamente un calentamiento para llegar al máximo rendimiento inicial.
Es decir, el esfuerzo ha significado un “mejor calentamiento" que el realizado previamente.
Pero también hay situaciones en las que la respuesta contráctil es menor que la anterior al
esfuerzo. Si esto es así, se puede concluir que existe fatiga con seguridad, pero su cuantifi-
cación no es fácil, porque existen también mecanismos de potenciación simultáneamente.
Esto significa que si los mecanismos de potenciación no estuvieran presentes, la magnitud
la fatiga medida sería mayor.
El término fatiga no se debe identificar con situaciones en las que se llegue a estar
exhaustos, con una obligada interrupción de la actividad. La fatiga muscular comienza in
mediatamente después de iniciarse la actividad física y comprende las modificaciones de
tos procesos fisiológicos que reducen la fuerza muscular (Enoka, 2002).
150 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Fatiga y entrenamiento
Grado de fatiga
carácter de la fatiga
El tipo de fatiga más frecuente y el que vamos a tratar aquí es la fatiga de tipo físico: fati
ga “física”, pero existen otros tipos, como la fatiga mental, emocional o sensorial. Todos es
tos tipos de fatiga están relacionados y pueden darse al mismo tiempo, aunque prevalezca
uno de ellos, pero son distintos. Por ejemplo, para “salir” de una situación de “fatiga mental”
(en la práctica del ajedrez, por ejemplo), puede ser adecuado “cansarse o fatigarse” algo
“físicamente . Un tipo de fatiga que puede tener relación con la fatiga física y el rendimien
to es la fatiga de la atención. La fatiga “atencional” está bien comprobada, de modo que
cuando se alcanza el límite de tiempo prestando atención a algún sonido, imagen o acción,
aparecen fallos en el entendimiento o en la ejecución de acciones. Probablemente este tipo
de fatiga está en relación con un proceso genérico de “habituación” en nuestro SNC, por el
cual la presentación repetida de estímulos lleva a una disminución de la respuesta de las
neuronas encargadas de su detección o de la respuesta al estímulo presentado. A nuestro
SNC le gusta la “novedad” y el “juego de acierto y error”. Cuando un estimulo deja de ser
novedoso, el SNC deja de prestarle atención. Incluso cuando el estímulo es de importancia
vital, el SNC disminuye la atención que le presta conforme aumentan las repeticiones del
mismo.
En definitiva, el carácter de la fatiga es doble: por un lado, proteger al organismo de
lesiones y, por otro lado, inducir la puesta en marcha de mecanismos de adaptación a la
propia fatiga. La magnitud del estímulo fatigante debe de tener un valor umbral, por encima
del cual se ponen en marcha los procesos de adaptación y un valor máximo por encima del
cual la fatiga domina sobre el proceso de adaptación, retardando o haciendo imposible la
recuperación.
Extensión de la fatiga
La fatiga puede afectar principalmente a una zona reducida del cuerpo, como por ejem
plo a los antebrazos (vela sobre tablas, motos) o antebrazos y dedos (escalada). En estos
casos estaríamos ante una "fatiga local”. Si la fatiga afectara a una zona algo más amplia,
por ejemplo, solo a brazos o piernas, estaríamos ante una fatiga de tipo “regional". Si la
fatiga afecta a todo el organismo, se trataría de una fatiga “global” o “general”. Este último
tipo de fatiga abarca a todos los sistemas y a todo el potencial bioenergético del organismo.
En general, cuanto mayor sea la extensión de nuestro cuerpo implicada en la fatiga, mayor
será el tiempo necesario para recuperarse de ella.
Cuando un sujeto realiza una tarea, los requerimientos de la tarea activan varios proce
sos fisiológicos relacionados con el rendimiento motor exigido, que dependen de las carac
terísticas de la propia tarea. Estos son; motivación de! sujeto, tipo de activación muscular,
intensidad, duración, velocidad de acortamiento muscular y grado en el que la actividad se
mantiene de manera continua.
En las figuras 6.1 y 6.2 se presentan las propuestas de distintos autores sobre la posible
localización de la fatiga en distintos sitios.
1: corteza cerebral
2; la transmisión del impulso nervioso a la motoneurona
3: el músculo y las UMs activadas Lugares posibles
4: la propagación neuromuscular de! impulso que pueden contribuir
5: ei acopiamiento excitación-contracción a ía fatiga muscular
6; la disponibilidad de sustratos
7: el medio intraceiular (Bigland-Ritchle, 1981;
8; el sistema contráctil en Enoka, 2002)
9: el flujo sanguíneo muscular Gíei-Eadiiio
Figura 6,1. Posibles sitios donde se pueden dar alteraciones relacionadas con la fatiga (Bingland-R’*'
chie, 1901, en Enoka, 2002) Aunque actualmente se considera que no hay limitación ni fatiga en '3
transmisión neuro-muscular del impulso nervioso en condiciones normales (Sesboüé & Guincestf®-
Lo fatiga O 153
Figura 6.2. Posibles sitios donde se pueden dar alteraciones relacionadas con la fatiga (Westerbiad
et al,, 1991) i-o mismo que en la figura 6.1. Solo en circunstancias patológicas se altera la función
de conexión sinóptica nervio-músculo. Esto es razonable, dada la importancia vital de que funcione
correctamente esta conexión. Se dice que esta unión sinóptica tiene un alto factor de segundad.
Por tanto, las causas capaces de producir una alteración que dé lugar a la fatiga podrían
ser ¡as siguientes, según los sitios;
En la mayoría de los casos, la fatiga implica a todos los sistemas, pero en función de ig
localización de la causa fundamental se puede hacer una distinción entre fatiga “central” y
“periférica".
En la fatiga central falla uno o varios mecanismos de producción y control de la activa
ción muscular previos a la activación de la placa motora o placa terminal, reduciéndose la
producción de fuerza. Es decir, se produce “fuera del músculo". Comprendería la alteración
de los procesos nerviosos en el SNC: cerebro y médula espinal.
La fatiga periférica afecta a los procesos metabólicos y a los mecanismos electrofisiológi-
cos de control de la activación muscular, “dentro del músculo”, una vez activada la placa ter
minal. La reducción de fuerza muscular se puede deber a un fallo (generación o disminución
de la velocidad de propagación) en el potencial de acción que se propaga por el sarcolema,
incluyendo los túbulos en T, incapacidad de mantener la velocidad de regeneración de los
gradientes electrolíticos entre el espacio extra- e intracelular (fallo de las bombas de sodio-po
tasio), disminución de la liberación de calcio dentro de la fibra por inhibición de la apertura de
los canales de calcio RyR en el retículo sarcoplásmico (presencia de Mg"'), disminución de la
unión del calcio a la troponina o fallo en el proceso de activación de los puentes cruzados y
enlentecimiento de retirada del calcio libre mioplásmico por las bombas de calcio.
En el territorio muscular hay una excelente relación electro-metabólica, de manera que
las alteraciones metabólicas inducen cambios en los procesos electrofisiológicos (exci
tación de la membrana celular principalmente) y, recíprocamente, las alteraciones en la
excitación eléctrica terminan afectando a la maquinaria metabólica.
lana maxrma se aplica una eslinrulación eléctrica directa a las «bras musculares , aumente
de nuevo la tuerza, estamos ante una prueba de que la tatlpa tenia un componente central
SI en la misma si uacron no aumenta la fuerza, la fatiga es central y perllérirte, SI se mide la
activación muscular a través de un electromiograma (EMG) y baja la frecuencia de poten
ciales de acción y la fuerza, la fatiga tiene un componente central importante, y si no baja la
frecuencia de os potenciales de acción y sí la fuerza, la fatiga es de origen principalmente
penférico^ El efecto de tipo central también se manifiesta por la especificidad de la fatiga. En
te figura 6.3 se puede observar que el efecto del entrenamiento sobre la fatiga se manifiesta
de manera especifica en función del tipo de entrenamiento realizado. Cuando se entrena con
una pierna, el efecto positivo sobre la fatiga se produce solo cuando se mide el efecto con
una pierna, no con las dos. Lo contrario ocurre cuando se entrena con las dos piernas.
figura 6.3. Especificidad del efecto del entrenamiento sobre la fatiga (Rube y Secher, 1990; en
Enoka, 2002).
156 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Antes de que el SNC decida ejecutar un movimiento, tiene que analizar una en
cantidad de datos procedentes de los receptores periféricos {del mismo músculo o a
de músculos a controlar y de otros necesarios cooperativamente), centrales (vestibulare
posición de la cabeza respecto al tronco, etc.) y de la postura del cuerpo respecto al pian¿
gravitatorio. Respecto al control de un movimiento concreto (asumamos que es unirnus
cular) se sabe que el SNC utiliza una estrategia final consistente en la co-activación al'
fa-gamma (ver Capítulo 2). Alfa se refiere a las motoneuronas alfa, que controlan las fibras
del músculo esquelético, y gamma se refiere a las motoneuronas que controlan la parte
distal de las fibras musculares intrafusales (dentro del Huso Muscular (HM); receptor de
velocidad embebido en el músculo). El resultado de la activación de motoneuronas alfa es
la activación de las fibras musculares esqueléticas, las cuales producirán un acortamiento
de la longitud muscular o una oposición a su elongación por causas externas. Por su parte
el resultado de la activación de las motoneuronas gamma es la activación, generalmente
acortamiento, de las partes distales de las fibras intrafusales, y esto lleva a una elongación
de la parte central de esas fibras que carecen de maquinaria contráctil en esa parte central.
De esta parte central se origina fibras nerviosas (receptores mecánicos) que envían infor
mación al SNC de cuánto se ha estirado la parte central del HM. Hay que recordar aquí
que el HM está situado en paralelo con las fibras musculares extrafusales o verdaderas (o
sea, las constituyentes del grueso del músculo y las que realizan el trabajo muscular), de
modo que si el músculo se acorta o se elonga, el HM lo hace con él. El SNC activa sincró
nicamente a las motoneuronas alfa, que van a producir, por ejemplo, un acortamiento del
músculo, y a las motoneuronas gamma, cuya contracción va a producir un estiramiento
de la parte central del HM que será detectado por la fibra nerviosa aferente y comunicado
a la médula espinal (también a la propia motoneurona alfa) y a numerosas estructuras
nerviosas superiores (troncoencefálicas, mesencefálicas y corticales). Es fácil intuir un sis
tema de control simple por parte del SNC. Asumamos que el SNC pretende realizar una
contracción del músculo M. En este caso, la activación de las motoneuronas alfa producirla
un acortamiento del músculo (L^), mientras que la activación de las neuronas gamma pro
duciría un estiramiento de la parte central del HM (L„^), con lo que el acortamiento del
músculo se iguala al estiramiento del HM, siendo indicativo de un control preciso por
parte del SNC. Discrepancias no buscadas entre la longitud del músculo y la de la parte
central del HM supondrían un descontrol o falta de precisión en el movimiento, algo común
en situaciones de fatiga.
A lo anterior hay que añadirle, la información sobre la tensión que está soportando el
músculo (receptores “órganos tendinosos de Golgi”), la tensión intramuscular (receptores
paciniformes), la información del estado bioquímico del músculo (sensores químicos; ter
minaciones nerviosas libres) y la información sobre la situación de las articulaciones sobre
las que actúa el músculo (receptores articulares)
En condiciones de fatiga se puede producir un fallo en la activación de las UMs, deriva
do de una reducción del reclutamiento o de la frecuencia de estímulo necesaria para
tener una determinada fuerza o valor de tensión. Si la tensión es máxima (valores de
máximos o casi máximos), se activan rápidamente las UMs de mayor umbral de activació'’
(que suelen ser fácilmente fatigables), y la fatiga se manifiesta por una rápida reducción
La fatiga • 157
del reclutamiento de dichas UMs o por una reducción de la frecuencia de estímulo o por
ambos procesos Si se trate de mantener una tensión estable no máxima durante el máxi-
jno tiempo posi e, g e as primeras UMs reclutadas se compensa por el aumento
progresivo del reclutamiento de UMs de umbrales cada vez más altos y de un aumento de
la frecuencia de estinnulo y la caída de la fuerza vendrá determinada por la imposibilidad
de reclutar la UMs más rápidas y por el descenso de la frecuencia de estimulo. Este com
portamiento puede estar relacionado con el hecho de que durante máximas activaciones
[pusculares voluntarias se producen bloqueos en la excitabilidad y propagación eléctrica
periférica, pero solo en las UMs con altos umbrales de activación y axones de alta veloci
dad de conducción (Borg et al, 1983). Sin embargo, las UMs que pierden su capacidad de
activación en acciones estáticas pueden mantener capacidad de responder en acciones
con esfuerzos alternativos, con breves alternancias de activación y relajación, lo que indi
ca que en este tipo de acciones no existe la protección de las estructuras periféricas o se
produce a diferentes umbrales de activación. Esto indica que los factores limitantes del ren
dimiento son diferentes en distintos tipos de activaciones voluntarias (Grimby et al., 1981).
La influencia del control del SNC como causa de la reducción de la producción de fuerza
(fatiga) se basa en el efecto eferente inhibidor de la activación muscular. Se ha propuesto
que existe una estrategia neural para mantener una reserva muscular e inhibir la actividad
física antes de que ocurra cualquier daño irreparable para los músculos o los órganos (St
Clair Gibson et al., 2001). Pero no solo eso, sino que el SNC tiene información previa de la
fatiga que ocurrirá en la actividad muscular y tiene establecida una estrategia de atenua
ción de ese efecto en la medida que sea posible. Este es el caso de los receptores Órgano
Tendinoso de Golgi (OTG) destinados a detectar la tensión generada por el músculo en el
tendón (o sea, la tensión real aplicada). Esta información de tensión va rápidamente a la
médula espinal donde, en primera instancia, ejerce una inhibición sobre las motoneuronas
alfa del propio músculo. Es decir, el SNC cuando programa una activación muscular ya
cuenta con la inhibición que ejercerán los OTG (y otros receptores musculares) sobre la
excitabilidad de las motoneuronas alfa encargadas de activar el músculo. Pero cuando el
músculo empieza a fatigarse, la disminución de la fuerza o tensión sobre los OTG reduce
la inhibición de la excitabilidad de la motoneurona alfa, o sea, que permite una mayor exci
tabilidad de esta y, por lo tanto, que siga sosteniéndose el nivel de fuerza por mecanismos
locales. Obviamente, el SNC está configurado así evolutivamente.
Uno de los mecanismos relacionados con el control de SNC es el conocido como el
efecto "muscle wisdom” (comportamiento muscular correcto, sabiduría muscular). Este
efecto está relacionado con la influencia del control de la fatiga por el SNC (Enoka, 2002;
Gariand and Gossen, 2002; Enoka et al., 2011). Se manifiesta de tres maneras (basado en
Enoka, 2002);
motoras para responder con menos potenciales de acción ante un mismo impulso
sináptico, c) por un descenso del impulso nervioso central a las motoneuronas. Esto
significa que la descarga de motoneuronas puede modularse descendiendo la fre
cuencia de potenciales de acción durante las contracciones hasta la fatiga.
iii) Porque la fatiga está asociada con un progresivo descenso de la tasa de relajación
en la producción de fuerza. Dado que si aumenta el tiempo de relajación es necesa
rio un tiempo mayor para producir una nueva contracción, se propone que se puede
conseguir el mismo grado de fusión en la fuerza durante un tétano con una menor
tasa de activación.
Figura 6.4, La fuerza declina en menor medida cuando se reduce gradualmente la frecuencia de es
timulación que cuando se mantiene una frecuencia constante de 60 Hz (Adaptado de Binder-Madeod
con estas perturbaciones metabólicas, y se sugiere que otros factores tales como los
mecanismos de control neural pueden ser determinantes de la importancia de la fatiga que
se desarrolla en este tipo de esfuerzos. Los estudios han mostrado que después de varios
¡ptentos de sprint a máxima velocidad, durante ninguno de los intentos se observó suficiente
depleción de fosfocreatina (PCr), glucógeno o ATP como para considerarla como limitante
de la contracción muscular. Se propone que es lógico asumir que si la causa de la pérdida
¿e velocidad hubiera sido la depleción de sustratos o ia acumulación de metabolitos, el efec
to hubiera sido acumulativo y la pérdida de velocidad no hubiera sido curvilínea, sino lineal
pasta cero a través de los sucesivos esfuerzos, cuando los participantes finalmente llegaran
a estar completamente exhaustos. Se puede asumir la hipótesis de que el primero de los
sprints se realiza a la máxima intensidad controlada voluntariamente, pero la información
aferente indicaría que este grado de intensidad repetida de nuevo dañaría el tejido celular.
Por tanto, la orden neural eferente y la potencia desarrollada pueden ser reguladas a la baja
en sucesivos esfuerzos, el ajuste de la potencia reduciría los requerimientos metabólicos
necesitados al realizar los sprints para no causar daño celular con la actividad repetida y las
pérdidas en el primer sprint pueden ser justificadas por el mismo proceso que la contracción
isométrica máxima (frecuencia de estímulo) (St Clair Gibson y col., 2001).
Los estudios sobre resistencia de máxima intensidad han puesto el énfasis en el papel de
la potencia aeróbica máxima como causa de la producción de fatiga. Esta potencia
se mide en tests progresivos hasta que el sujeto alcanza una meseta o hasta que el sujeto
no puede soportar ia carga, aunque no se haya producido dicha meseta. Se ha propuesto
que la incapacidad para consumir más oxigeno y la consecuente anaerobiosis muscular
esquelética son las causas de la fatiga. Sin embargo, se ha observado que el 50% o más
de los sujetos entrenados no alcanza una meseta durante este tipo de pruebas, por lo que
terminan el test con valores de consumo de oxígeno que continúan incrementándose. Los
estudios han mostrado que en el modelo humano el músculo no llega a estar en estado de
anaerobiosis cuando la fatiga se produce de manera voluntaria. Hochachka (1999) comprobó
que el músculo esquelético periférico nunca llega a estar más del ~70% desoxigenado, y que
incluso en esta situación el oxígeno es conducido al área donde es requerido (mitocondrias).
Por tanto, parece que la máxima capacidad aeróbica no regula de manera directa la fatiga o
la interrupción del esfuerzo durante actividades de resistencia de máxima intensidad.
El probable mecanismo de control se realiza a través de la regulación del reclutamiento
de UMs o del proceso excitación-activación o de ambos. La propuesta habitual de que el
rendimiento físico está limitado por cambios metabólicos, típicos de la fatiga periférica, que
pueden llevar a un fallo catastrófico de la homeostasis no es suficiente como explicación
ni la mejor de ellas, sino que e! rendimiento físico está regulado específicamente por el
sistema nervioso central para asegurar que dicha catástrofe fisiológica no ocurra durante
la actividad física humana (Potvin and Fuglevand, 2017; Petersen and Rostalski, 2019).
La fatiga, cualquiera que sea la causa, siempre se va a manifestar por una pérdida de
capacidad de activación muscular. Esta incapacidad parcjl o total de activación ^ene
acompañada de una serie de alteraciones que sirven de indicadores del grado de fatiga
160 O Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
pH
•i 11 22
7.40 ’C
- 20
o
^18
o ^16
7.35
co X
V
-014 -
€6 -312
730 > K
■5 A
E 5 -OlO -
E TJ
fi* 8
0.
7.25 -E3 8 -
o
r -
□
m 1 2
7.20 -
Q
Figura 6.5. Evolución de la velocidad de carrera (speed), concentración de lactato en sangre capilar,
pH sanguíneo y concentraciones musculares de ATP y CP (fosfocretina) en función de la distancia
recorrida desde 0 a 100 metros (n=7) (figura tomada de Hirvonen et al., 1987). (Speed: velocidad;
blood lactate: lactato en sangre; v/arm-up; calentamiento; el pH indica el grado de acidez: cuanto más
LOS valores de PCr y ATP previos al esfuerzo fueron mayores en las fibras de tipo II que en
la de tipo I. La PCr de las fibras tipo I fue el 80% de las de tipo II. La pérdida de PCr y ATP
fue mayor en las fibras rápidas. La pérdida de PCr fue del 80% para las fibras rápidas y algo
lYienos para las lentas, igualándose prácticamente en términos absolutos al final del esfuer
zo. El ATP descendió más en términos relativos y absolutos en las fibras rápidas. Después
de 1.5 min de recuperación los valores de PCr aún eran inferiores de manera significativa a
los valores de reposo, especialmente en las fibras rápidas.
Las modificaciones en los niveles de fosfágenos pueden contribuir a los cambios inicia
les sn la regulación del calcio del retículo sarcoplásmico (RS) durante la fatiga, y el des
censo de la PCr y el consiguiente aumento del ADP podrían reducir la tasa de retorno del
calcio al RS después de la activación muscular. El aumento de concentración de ADP en el
mioplasma reduciría la liberación de ADP de los puentes cruzados y deterioraría el proceso
de relajación, o lo que es lo mismo, aumentaría la tendencia a la contractura del músculo,
algo corriente en las situaciones de fatiga. Esto alargaría el tiempo de relajación y la dis
ponibilidad para una nueva activación. A estos mismos efectos contribuyen igualmente la
acumulación simultánea de fosfato inorgánico (Pi) e hidrogeniones (H*).
Los productos del metabolismo energético han sido considerados también como facto
res influyentes en la producción de fatiga. Los que se consideran de mayor influencia son
el ión hidrógeno (H*), el fosfato inorgánico (Pi), el ADP, el amonio (NH/), los radicales libres
(O’, HjOj, ON) y el magnesio (Mg^*). Los efectos pueden ser diferentes en función del tipo
de activación muscular, lo que puede explicar en parte las diferencias en la producción de
fatiga con diferentes tipos de activaciones musculares. Los efectos sobre la depleción de
algunos sustratos y metabolitos parecen ser mayores en esfuerzos dinámicos (concéntri
cos) que en esfuerzos isométricos (tabla 1).
unción tampón
insuficiente
Altera la excitabilidad
de la célula muscular
Inhibición de la I Recaptación
fosforilasay de calcio
la PFK
é i I Potencial de acción
I Fuerza
figura 6.7, Mecanismos de producción de fatiga por el aumento de fosfatos inorgánicos. Las flechas
indican el aumento (f) y la disminución (i) de los metabolitos y los procesos o efectos. El aumento
la concentración de Pi lo que dificulta es la liberación de Pi del puente cruzado, con lo cual no se
puede doblar el puente cruzado para producir desplazamiento. La liberación de calcio parece estar
disminuida cuando aumenta la concentración de Pi en el mioplasma debido a que el Pi entra en el
y al unirse con calcio precipitaría dejando menos calcio libre para salir al mioplasma (pero esto,
oy día, es uns hipótesis porque no se he podido medir le centidad de fosfato cátcico en el RS). Sin
®nibargo, en condiciones fisiológicas, el ATP lleva incorporado un ión de Mg^* y cada vez que se W-
dfoliza libera Mg«\ El Mg^” liberado compite con el calcio en los sitios activos del mioplasma, tanto en
® troponina C como en los receptores de calcio de los canales de calcio con receptor de Ryanodina
la membrana del RS, acortando ei tiempo de apertura de estos canales y limitando asi la salida de
al mioplasma y disminuyendo la fuerza de contracción.
164 • Fuerza, velocidad y rendimiento físico y deportivo
Los valores elevados de P¡ y de H‘ parecen tener sus mayores efectos sobre la fue
y la velocidad cuando las cadenas ligeras reguladoras de miosina están en valores
vados de fosforilación, lo cual está relacionado con estados de alta fatiga provocada
repetidas contracciones (Karatzaferi et al., 2008). Sin embargo, un efecto compensatc^'^
de la pérdida de fuerza podria estar relacionado con la fosforilación de la Tm. dado qug
dicha fosforilación parece modificar el comportamiento de la Tm sobre la actina facilitand
la formación de puentes cruzados (Rao et al., 2009). Aunque estos cambios en la fosforita
ción de la Tm suceden en fase de fatiga, se podría esperar que tuviese un efecto positivo
para la generación de fuerza y velocidad, lo cual compensaría en parte la pérdida de estas
provocadas por otros agentes.
El aumento del ADP también reduce la velocidad máxima de acortamiento muscular por
la inhibición de la función de la miosina (Greenberg et al., 2010), pero puede aumentar li-
geramente la fuerza (Cooke & Pate, 1985) por el probable aumento del número de puentes
activos. El efecto negativo puede estar asociado a la competencia con el ATP por ocupar
sitios de unión actina-miosina (Deboid, 2012). Pero los efectos positivos sobre ei aumento
de la fuerza no compensan la reducción del rendimiento debido a la determinante pérdida
de velocidad (Gorga et al., 2003).
El aumento de radicales libres puede reducir la sensibilidad al calcio con implicación de
la función Tn/Tm, reduciendo la velocidad de acortamiento muscular (Snook et al., 2008),
También se considera que los radicales libres puedan tener un efecto de degradación de
las proteínas Tn, Tm y Tnl, efectos que estarían relacionados con la disminución de la
sensibilidad al calcio.
Altos niveles de amoniaco pueden llevar a alteraciones del metabolismo cerebral y de
los neurotransmisores. Tales alteraciones pueden influir en procesos de aprendizaje, de
memoria y de control motor (Wiikinson y col., 2010). La producción de inosina monofosfato
(IMP) y amoniaco es inevitable al mantener la activación muscular durante esfuerzos de
alta intensidad. Para evitar una alta concentración de adenosina monofosfato (AMP), se
produce una desaminación de la misma produciendo IMP y amoniaco (NH^) (Hellsten et al.,
1999), y el amoniaco se asocia con un H* para dar amonio (NH^). Una parte de la IMP pue
de degradarse en inosina, hipoxantina, xantina y ácido úrico. La oxidación de hipoxantina
a xantina y ácido úrico es irreversible, con la consiguiente formación de radicales libres y
pérdida de purinas del músculo, puesto que la concentración de purinas en sangre supone
una pérdida de nucleótidos de adenina (Hellsten-Westing et al., 1993). En los ejercicios
prolongados la concentración de amonio es más gradual, pero puede llegar a los mismos
valores o más que con esfuerzos intensos y cortos. La relación entre la intensidad y ¡a con
centración de amonio (medido como amoniaco) es curvilínea. La producción de amoniaco
es pequeña hasta el 50-60% del consumo máximo de oxígeno, pero a partir de este umbral
aumenta de manera rápida a medida que aumenta la intensidad (Babij et al., 1983).
comportamiento también se ha observado al realizar esfuerzos desplazando cargas con
distintas repeticiones por serie. Hasta realizar la mitad de las repeticiones posibles en la
serie no hay modificación de la concentración de amonio, pero a partir de 1-2 repeticiones
más de la mitad se produce un aumento de tipo exponencial (Sánchez-Medina y <3°®'
zález-Badillo, 2011). Además de lo indicado sobre esfuerzos de corta duració