Caso R
R es una mujer mayor de 30 años, vive con sus padres de alrededor de 60 años ambos.
Sus hermanos, un varón mayor de 30 años y una mujer menor de 50 años están casados
y se fueron de la casa hace tiempo.
Consulta porque quiere independizarse, vivir sola. Se lo comento a unos amigos y le dijeron
que de irse abandonará a sus padres.
Manifiesta: “no quiero vivir con mis padres”; “no tolero a mi papá”; “soy impulsiva, de
carácter, todo me irrita”; “soy estricta, exigente”; “mi mamá me dice que soy el diablo, por
mi carácter”.
Está desempleada, antes se dedicaba a vender joyas. Actualmente está haciendo un curso
de secretaria. Hace algunos años intentó hacer dicha capacitación por primera vez.
En ese entonces R refiere estar depresiva por la muerte de su sobrino pequeño, A, que
tiene más de 7 meses, a quien cuidaba mientras su hermana trabajaba. Su hermana le
sugiere estudiar para que se distraiga, ella acepta, pero dice que ese no era su momento
ya que estaba depresiva y deja.
Le gusta, pero le cuesta estudiar ya que no es como cuando su hermana le hacía todo en
la secundaria. Retomó este curso con la esperanza de recibirse, encontrar trabajo y poder
irse a vivir sola.
Comenta que hace dos años terminó su única relación de pareja con un hombre colombiano
con quien vivía en la casa de actual de ella, pero en cuartos separados. La relación duró
cuatro años y el último tiempo estuvo teñida de episodios de violencia: en algunas
ocasiones le pegaba y en otras la obligaba a tener relaciones sexuales.
“Yo lo enfermé a él. Yo soy la enferma y lo enfermé a él que era violento”.
“D, (su ex novio) pensaba que yo no podría estudiar y trabajar… yo tenía la autoestima muy
baja. Me aferré a él, mi mundo era él”.
Refiere que tanto luego de la muerte de su sobrino como luego de separarse de D enfermó.
Estuvo deprimida y tenía sueños reiterativos con su sobrino.
Sobre los episodios de violencia con D no se los contó a su familia.
Le pregunto por qué cree que ella lo enfermó a él si era él quien la golpeaba. Me dice que
era muy celosa y en una ocasión le rompió el celular contra la pared y ese día recibió el
primer golpe de parte de él.
Dice que suele ver los defectos de todo y que su lengua es “muy filosa”.
“Soy conflictiva”; “en vez de ver algo positivo soy más cizañosa con los problemas”; “soy
violenta e hiriente con mi lengua”.
Le pregunto ante quién lo es hiriente.
“Por ejemplo, el domingo nos reunimos con mi familia y mi papá puso música a todo
volumen con mi parlante. Me levanté y le dije que ya le baje el volumen porque si no se
rompe. Todos me miraron como diciendo “por qué lo tratas así”. Mi tía me dijo “vos te
pasas”. No me gusta que me tomen por tonta”.
“Soy impulsiva. No me socializo. Soy desconfiada” “lo peor que tengo de mi es mi lengua”
“Yo siento que no conocen la clase de hija que tienen”
“Tengo mis partes rebeldes”
“Soy obsesiva y manipuladora”.
“No soy coherente conmigo misma. Un día te digo una cosa y al otro día te lo cambio. No
sé si es incoherencia o más para quedar bien con el otro. Me cuesta mantener lo que
sostengo”.
Ante los conflictos con su familia busca encerrarse en su habitación. Comenta que tiene un
altar con la virgen y estampitas y que su madre le esconde las estampitas.
“Siento que no soy libre, que no soy yo”, “Siento que tengo que hacer lo que mi madre me
dice”
“Mi madre dice que no valoro nada, que tengo mi habitación y me manejo ahí pero no valoro
eso”
“Dice que soy una persona vacía. Pero yo sí soy una persona agradecida. El único ante
quién debo humillarme es ante Dios”
“Hago cosas que me hagan bien, que me cultiven porque a veces siento que soy mediocre.
En la secundaria hacía lo que mi hermana me decía. Dije basta, porque siempre es lo mismo
(llora). Me da bronca porque no soy como tengo que ser. Quiero ser libre, tener fuerza al
hablar, no hablar con miedo, con temor.”
“Temor de que le pueda caer mal al otro”
Le pregunto qué pasaría si le cae mal al otro.
Refiere que su temor a que el otro se enoje es porque ella se considera una persona
rencorosa y si el otro se enoja y no le habla ella tampoco lo hará. El otro dejaría de hablarla
por no compartir su opinión, porque tal vez la interpreta como algo negativo.
“Me cuesta pedir perdón al otro porque mis palabras son hirientes”
Alguna sesión después refiere que está buscando trabajo.
“Mi mamá me dice, ni un brujo va a cambiar lo tuyo”; “un día estoy bien, y otro día con cara
de traste”.
“No sé qué quiere ella, qué quiere de mi”
“Soy rencorosa cuando me toman por ilusa”
“Ellos (su familia) me piden que cambie, pero si tenemos que cambiar todos deberíamos
cambiar. Ellos me sobreprotegieron y esa es mi mayor indignación, por eso me cuesta
hablar”.
“Yo no sé en qué sentido tengo que cambiar, ellos están pendientes de como amanezco”.
“Leo la biblia, pero no puedo terminarla. Dejé de rezar tanto pero no dejo de hacer las
oraciones”
Dice que reza para cambiar ella y por el mundo entero, por los difuntos.
“Quiero cambiar el mal humor, porque todo lo interpreto negativamente. Quiero confiar más
en mi misma y en los demás”
Su madre le dice “vas a esperar a que me muera para ser feliz”
A veces se para frente al espejo y se pregunta “¿Quién soy? ¿qué quieren de mí?
En esta sesión mis intervenciones apuntaron a mostrarle los dos polos opuestos que ya en
sesiones anteriores le venía mostrando que hay entre su inseguridad a la hora de hablar,
su miedo a no coincidir con la opinión del otro y que el otro se enoje y sus ataques de ira
en diferentes situaciones familiares. Le digo que esto de sentirse insegura de hablar bajito
y temerosa va en la misma línea que la de someterse al otro como lo hacía con su ex pareja.
Y que los ataques de ira quizás vayan en la misma línea de querer separarse de la opinión
de los demás y delimitar qué es lo que quiere ella, de armar su proyecto de vivir sola. (hoy
me arrepiento de este tipo de intervenciones en el sentido freudolacaniano de alienación-
separación)
“Tuve momentos de crisis, no me sentía bien. Le dije a Dios que si yo no cambiaba que
me iba a quitar la vida”
“Tengo predisposición a cambiar y no preocupar a mi familia”
“Lloro todo el tiempo. Siento que tengo desequilibrio mental”; “me cuesta saber quién soy y
qué quiero para mi vida”.
“Mi mamá me dijo que seré feliz cuando se muera. O se muere ella o me muero yo”; “es la
desesperación de ella para decirme que cambie”
“Ellos también tendrían que cambiar”; “no comparto con mi mamá que está a disposición
de todo el mundo. Por ejemplo, mi hermano fue a lavar la ropa en mi casa, y mi mamá
estaba enferma entonces me pidió que yo le lave la ropa”
“De repente me quebré. Tengo en mi pieza una foto de A (el sobrino que murió) y le pedí a
él que me ayude a ser como ellos quieren que sea”; “Quieren que yo sea feliz, que sea
buena”
Le remarco que según lo que me cuenta el cambio no debería partir solo de ella sino de
toda su familia (lo dijo en sesiones anteriores). Que quizás no sea ella el problema, sino
que el problema podría estar en su familia.
“Mi enfermedad está en mi casa”
Le digo que en su casa está su familia que su frase podría ser “mi enfermedad está en mi
familia”.
“Yo quiero a mi familia, pero todo tiene un límite. Estoy harta de estar al servicio de todos”.
“Días discutí con mi mamá, nos dijimos cosas hirientes, insultos agresivos, salieron cosas
del pasado”; “Saqué a la luz que no me gusta que me traten de tonta ni de mente sucia”
Al preguntar qué cosas sobre las cosas del pasado de las que hablaron me dijo que no
quería hablar de eso solo hizo referencia a que en el pasado la trataron de loca, mentirosa
y de tener la mente sucia.
Dejó de hablarse varios días con sus padres. Se siente indignada, siente que no debe
pedirles perdón a ellos ya que nadie le pidió perdón por tratarla de mente sucia por algo
que no era real.
Insisto, pero no quiere hablar de esos hechos a los que hace referencia.
“Lo tomo todo como mal intencionado hacia mi”
“Tengo falta de confianza, de seguridad de mi misma”
Refiere que tiene ansiedad y temor al trato con la gente, le da vergüenza, no le gusta salir
ni comunicarse con la gente. Tiene temor a hacer el ridículo.
Incluso dice tener miedo de transmitirme un mensaje por miedo a que se equivoque y yo
me ría.
Le pregunto qué pasaría si se equivoca y me responde que teme que el otro se ría y la trate
de tonta.
“Con mi familia ahí soy yo, hago chistes cuando nos reunimos. En el instituto en cambio me
siento al final, no soy yo”
Dice que no sabe de qué hablar con la gente si no es coherente al hablar.
Le cuesta entrar en confianza con las personas. Tiene miedo que se malinterpreten las
cosas. Miedo de soltarse.
Miedo a no saber responder a las preguntas que le pudieran hacer. Lo mismo le pasa
conmigo. Tiene miedo que me enoje y no la quiera atender más.
“Vos decime cómo tengo que ser”
Cree que debe ser de una manera distinta a como es.
Le pregunto qué es lo que le gustaría cambiar y me dice que dejar de ser tímida. Cree que
debe aparentar para que el otro se sienta bien.
“No me siento en paz”; “Trato de buscar en lo íntimo, a Dios para que me de sabiduría para
ser libre siendo yo misma”; “sin aparentar para mi familia o para los demás”; “aparentando
me siento mal”; “aparento para estar en armonía con los demás”; “quiero cambiar mi interior,
sin hacer daño a mi madre, vivir una vida normal, no juzgar a los demás”; “ella me dice que
tengo que cuidar mi lengua”; “no juzgar al otro, aprender a quererme a mí misma y a los
demás”; “hacer silencio cuando no comparto algo, no entrar en discusión”; “no soy nadie
para señalar al otro”.
Se propone pensar en positivo y vencer los pensamientos negativos. Dice que estos
pensamientos “son cosas que se me ponen, que todo es malo, y todo el mundo me ataca y
no me quieren verme bien, verme feliz, empezando por mi familia”.
Le pregunto por qué cree que su familia no quiere verla feliz y me responde “porque les
hice daño”.
“Me cuesta pedir perdón porque quiero aparentar que soy fuerte, me cansé de llorar”; “El
tema que soy yo quien tiene que cambiar para ayudar a mi familia, también pensar distinto”.
Le digo que si no puede pedir perdón a su familia podría pedir perdón a Dios por esas
cuestiones del pasado que se reprocha para poder resarcir ese daño y relacionarse mejor
con su familia. Que al mostrarse fuerte ante los otros es porque le cuesta mostrar sus fallas,
una imagen perfecta donde no hay fallas es lo más parecido a la imagen de Dios que es el
único que no tiene pecados, ya que todos tenemos nuestras fallas.
Hablar con los demás le cuesta porque ese temor a equivocarse va en esa misma línea de
mostrarse sin fallas, perfecta. Y que si lo piensa el único ser perfecto es Dios. Por lo tanto,
no solo ella sino todos tenemos imperfecciones y es muy probable que os equivoquemos y
que por eso no pasa nada ya que a todos nos puede pasar. (me arrepiento de esta
intervención freudolacaniana)
“Desde chica yo no me aceptaba”; “veía gente y me escondía, por ejemplo, cuando venían
visitas, no me gustaba conversar, me metía en mi habitación”; “yo quería ser diferente, más
extrovertida”; “el problema mío era compararme todo el tiempo con mi hermana que tiene
muchas amistades o con mis compañeras en la secundaria”.
“Soy insegura, tengo falta de confianza. Nunca me traté bien a mí misma”; “Tenía crisis, me
pegaba yo sola, era violenta. A mi hermano también una vez le tiré con un cuchillo”
Dice sentirse insegura con su cuerpo: “no me gusta mirarme frente al espejo”
Le muestro nuevamente su inseguridad de mostrarse ante los otros, por miedo a no ser
aceptada.
“Mis fallas solo las muestro ante Dios que me demostró que me ama”; “Se hizo presente en
una velita que me prendí, no pude sacarle foto. Lo vi sentadito en una vela que prendí para
rezar”.
También comenta una serie de situaciones en las que Dios o la Virgen se les manifestó:
Una vela que prendió para la virgen que se derritió en forma de corazón
Sintió una caricia en la frente luego de orar, y al mirar al cielo vio burbujas.
Invocó al Espíritu Santo preguntando por qué Dios se lo llevo tan pronto a A. A continuación,
abrió la biblia de forma aleatoria sobre el título “la muerte prematura del bueno”.
De este episodio deduce que Dios se llevó a A porque vivimos en un mundo de pecadores.
Le pregunto sobre esos pecados y refiere que se tratan de fallas de su familia y de ella ya
que en ese tiempo había muchas discusiones familiares. De ella con su hermana y de su
padre con su madre y su hermano. El padre le pegaba y engañaba a su madre.
Sigue trabajado sobre su miedo a equivocarse ante el Otro a razón de la cual peligre su
relación por ser rechazada o que le digan estúpida.
Le da vergüenza preguntarme sobre algo que le diga y que no entendió.
Le digo que puede no saber ¿Quién lo sabe todo? Que aparentemente ella se exige saberlo
todo, como Dios; sin embargo, todos ignoramos algo, es más lo que ignoramos que lo que
sabemos.
“Cuando estuve con D se agarró de mi forma de ser para subestimarme”; “me trataba de
inútil, gorda, me pegaba”, “Seguí con él por miedo a que me digan mírala como se quedó
sola”
Le digo que se exige mostrarse sin fallas ante los demás. Le pregunto cuál era esa “forma
de ser” y refiere que se debe a su baja autoestima”; “no me valoro a mí misma”
“Si estoy en esta vida es porque si valgo, para Dios al menos”
Con el Instituto le pasa lo mismo, no quiere opinar en el grupo de whatsapp por miedo a
hacer el ridículo.
Reza ante Dios y reconoce que no es nadie, le pide que le diga quién es y que le ayude a
descubrir su camino.
“Le pedí (a Dios) que me haga de un corazón más dulce. Le pedía a Dios que me ayude a
soltarlo a A, que quiero ser feliz”.
Le pide a Dios que si tiene que elegir que la lleve a ella antes que a su madre.
Le pregunto porque valdría más la vida de su mamá. Responde que porque es pecadora
se comportó en el pasado mal con su familia.
Le digo que es necesario hablar sobre ese pasado del que evita hablar.
Viene caminando desde muy lejos a sesión ya que hay paro de colectivos.
Quiere dejar de estudiar en el instituto para seguir por el camino de Dios.
Se estresa haciendo tareas de la materia “relaciones humanas”
Comenta situación donde reclama a su familia por ruidos molestos cuando ella hace sus
tareas.
Cuando su hermana necesita silencio para hacer sus actividades de docente su marido e
hijas se cruzan a casa de R interrumpiéndola en sus estudios. De allí su reclamo.
Manifiesta que su madre y hermana son cómplices. Su madre la prefiere a ella y se lo dice.
Se encierra en su cuarto se empotra en su altar y le pide a Dios que la instruya en su
camino. En ese momento siente fuego en su cara y llora.
Abre la biblia aleatoriamente y se topa con un pasaje que interpreta como un mensaje de
Dios. En Jeremías, versículo 2 lee: “la hija de Sión será destruída”.
Le pregunto qué puede significar eso.
Me dice que se siente llamada por Dios para anunciar que él está vivo: “yo sé que él tiene
una misión para mí”.
“Me puse dos alternativas. Que salve mi cuerpo o mi alma. Yo le dije que salve mi alma
porque estaba cansada que me ataquen. Por eso no puedo ser dócil”.
Le pregunto nuevamente por “la hija de Sión debe ser destruída”:
“Dios me pide que me convierta porque otras veces le fui infiel a Dios”
Le pregunto a qué se refiere con convertirse.
Se refiere a hacer obras de bien, ayudar a las personas, creer en el evangelio
Sobre el pedido de salvar su alma lo refiere a salvar su vida: “salvo mi vida a través de las
misas de eucaristía, ayuno pidiendo disculpas”.
“Hoy abracé a mi madre y le pedí perdón y dije tal vez sean los espíritus malos que a través
de ella me atacan”.
“Yo siempre siento que me atacan empezando por mi familia”
Comenta que su madre y hermana la atacan.
Desde niña mi mamá siempre le dio lugar de madre a mi hermana. Si salíamos mi hermana
me acompañaba me decía como vestir”; “volviendo al pasado, lo tengo que soltar porque
mi hermana no me va a dirigir”; “me hubiese gustado que me enseñe, no que me trate como
tonta”.
“De ahí vienen mis miedos, me cuesta desenvolverme”; “Ahora dije basta, pongo un límite”.
“Las cosas injustas no me gustan, si están mal conmigo yo les doy con mis palabras
hirientes”; “no me van a pisar la cabeza, que me dejen hacer mis cosas”.
“No voy a ser ya la perfecta, pero siento el llamado de Dios, no ante ellos”; “no es mi felicidad
lo del instituto, lo que siento es el llamado de Dios”.
“Estudié en el instituto porque te da salida laboral, pero ahora valoro más el llamado de
Dios porque me dará una salida espiritual, no material sino del corazón”
Manifiesta que quiere tener una nueva relación de pareja en donde haya respeto mutuo por
las libertades.
Quiere conocer a un hombre “un buen compañero” que la valore.
“Mi vida está en manos de Dios. Dios sabe lo que yo necesito”.
Le pregunto sobre eso y me responde que lo dice en el sentido de que no importa si su
familia está o no de acuerdo. No quiere que le digan lo que tiene que hacer.
“En mi relación con D se metían mucho pero que con mis hermanos es diferente. A mis
hermanos no les anda preguntando por cada cosa que hacen. Ella sabe de mi carácter. Tal
vez lo hace para irritarme, o porque está preocupada…”
Refiere que dejó el instituto porque allí no está su felicidad sino por el camino de Dios. Su
hermano le preguntó por este tema y decidió decirle que no se meta en su vida.
Dios tiene un mejor proyecto para ella que tiene que ver con ayudar en la parroquia y a los
que más necesitan. Y también el anunciar que está vivo y que la ama tal cual es.
Le pregunto quién no la ama tal cual es y responde que su familia.
“No sé cómo tengo que ser para ellos. Aprendí a ser libre y ser tal cual soy con ayuda de
Dios. Hacerme respetar y decir lo que me parece: es mi comentario, mi punto de vista… si
temor de nada”.
Ese temor en algún momento era perder la relación con su madre o con sus hermanos.
Me comenta que la relación de su hermana se quebró desde el velorio de A cuando aquella
le dijo “ahora ya no te molestaremos más para que lo cuides”.
Quisiera abrazarla, pero siente que la confianza está quebrada.
Le digo que noto un cambio de posición que ahora no intenta aparentar coincidir con la
opinión de los demás, sino que, con ayuda de Dios, toma posición más allá de lo que le
digan los otros.
Dice haber aprendido de un padre que sigue por tv católica que los cambios no son para
caerle bien a todos o tener seguidores. Antes no era libre por estar pendiente del qué dirán:
“eso me estaba enfermando y no era quien yo soy”.
Siente que su madre se complota con su hermana V para ponerle palos en la rueda siempre.
Le pregunto cómo es la relación entre ellas. Me comenta que la madre siempre privilegia a
V, siempre pendiente de sus cosas, de sus hijas, de lo que necesita.
“Mi mamá la prefiere”
Le pregunto qué tendrá V que hace que su madre la prefiera
Refiere que ella es decidida, madura, sociable, es profesional, tiene una familia: “no se
compara conmigo, yo soy sumisa, insegura, tonta”; “lo que ellas hacen está perfecto y lo
mío no, por ejemplo, seguir el camino de Dios… ellas no están de acuerdo”
Su madre y V son de carácter fuerte quieren dominarlo todo.
Le digo que el pedido que realiza a Dios de cambiar va en la misma dirección del pedido de
su madre de que cambie. Que en comparación con V que es la hija preferida ella
desempeña el papel de la loca de la familia.
“Dios me devolvió las ganas de vivir porque en un momento quise morir porque no podía
cambiar”
Indago sobre sus ganas de morir y me responde que por la culpa de sus errores hacia su
familia.
Nuevamente le pregunto por esos errores hacia su familia.
“Viví una fuerte desilusión de mi parte hacia mi padre. Años atrás lo vi en una situación
asquerosa, teniendo sexo con mi perra. En otra ocasión, luego que murió A yo dormía con
mi mamá y esa noche sentí que me manoseaban entre las piernas. Cuando pude
despertarme vi que era mi papá. ¿Qué quiere de mí? Nadie me creyó me trataron de sucia,
de loca.
Le digo que el hecho de ser la loca, la mente sucia de la familia se entiende mucho mejor
a partir de esta historia.
“Le conté a mi hermana, pero no me quiso creer, me dijo que no me permitiría que diga eso
sobre mi padre”
Intervengo diciéndole que su familia decidió de entrada no creerle y tratarla de loca porque
quizás les resultaba mejor sostener al padre o al esposo. Que en el entramado de relaciones
de su familia ella ocupa el lugar de la loca pero que eso no tiene nada que ver con una
cuestión de su ser interior, sino que se define en esas relaciones. Que ella llego a consulta
planteándome que quería cambiar y que el pedido de su madre era que cambie, eso pesó
tanto en ella que incluso pensó en matarse, pero teniendo en cuenta este relato que tanto
le consto traer a sesión nos permite pensar que ella no es el problema.
Le digo que en este relato su familia le adjudica el mote de la loca y mente sucia y ella juega
ese papel haciéndose cargo de las fallas de su padre.
El lugar que ocupa en su familia es marginal. Teniendo en cuenta a su hermana que es la
preferida ella ocupa el lugar opuesto.
Le comento que sus inseguridades de sentirse inferior, tonta, ignorante al punto de tener
temor de hablar con los demás podría tener que ver con este lugar inferior que desempeña
en su familia.
De hecho, también en su última relación amorosa ella ocupaba un lugar inferior respecto
de D que le pegaba, pero ella no decía nada a su familia adjudicándose la responsabilidad
de enfermarlo.
Me responde que sintió que su familia fue injusta con ella y que le dieron la espalda en dos
ocasiones: cuando les comenta las escenas con su padre y cuando D la dejó.
Cree de todas formas que ella fue mala porque al sentir esa injusticia fue vengativa con su
familia.
Seguimos trabajando, actualmente participa activamente de un grupo de oraciones donde
siente que le dieron un lugar y se sorprende por ello. Prioriza lo que nombra como “el camino
de Dios” para su vida más allá de lo que le diga su familia.
Me planteo muchas preguntas acerca de cómo trabajar con ella la idea de este nuevo Otro
(Dios) que sustituye al Otro de su familia, pero no deja aparentemente, de ser otro completo.
Comenta experiencias donde Dios se comunica con ella de similares características a las
que relate más arriba.