Unidad 2
Unidad 2
ROMANO
INTRODUCCIÓN
Dentro de la presente unidad se abordará lo referente a las tres formas históricas de organización
política y del gobierno del pueblo romano, en cuanto a su estructura, conformación y organización
socioeconómica, los cuales son fundamentales para entender las fuentes formales y los conceptos
generales del Derecho Romano así como los temas siguientes del programa de la asignatura.
ACTIVIDADES DE APRENDIZAJE
Seminarios.................................................. (x)
Trabajos de investigación....................... ( )
Identificar por sus características las tres formas históricas de organización política y del gobierno
del pueblo romano; así como, describir la estructura, la conformación y organización
socioeconómica del pueblo romano.
CONTENIDOS
2.1. La Monarquía.
2.1.2. La familia.
2.1.3. La gens.
2.1.4. La clientela.
2.1.7. El senado.
2.1.8. El rey.
2.2. La República.
[Link]. El consulado.
[Link]. La dictadura.
[Link]. La censura.
[Link]. La cuestura.
[Link]. La pretura.
[Link]. La edilidad.
2.3. El Imperio.
LA MONARQUÍA
Roma se forma por un proceso de integración de las aldeas situadas en las siete colinas. Enclavada
en un lugar privilegiado junto al Tíber y en las rutas comerciales más transitadas, como la famosa vía
Salaria, o de la sal, la comunidad rural adopta la forma y estructura de una civitas, o ciudad-Estado1.
La ciudad-Estado en la antigüedad estaba formada por un recinto amurallado, templos de ritos
mágicos y religiosos, centro de gobierno y lugar de protección y defensa contra los ataques de los
enemigos. A su alrededor se extendían los campos de pastoreo y de cultivos, donde se encuentran
las aldeas abiertas y las casas de labranza.
Según la tradición, la ciudad fue fundada por Rómulo, que trazó los límites originarios de la Roma
quadrata. Los datos arqueológicos, sin embargo, muestran que la civitas se formó progresivamente
por una unión o integración de aldeas habitadas por latinos2.
a) El rex. El rey desempeñaba la suprema jefatura militar y política y representaba a los ciudadanos
ante los dioses por estar investido de potestades mágicoreligiosas3. Por ello el rey era designado
por voluntad de los dioses interpretada por los pontífices mediante los vuelos de las aves o de las
entrañas de las víctimas (auspicium, augurium).
Según la tradición, en Roma existieron siete reyes, los cuatro primeros serían latino-sabinos y los
tres últimos etruscos4. Los reyes latinos gobernaron con el consejo del senado y gozaron del apoyo
del pueblo. Los etruscos, en cambio, se enfrentaron por su despotismo con el pueblo, que se
sublevó y expulsó a Tarquino el Soberbio. A los reyes etruscos se deben los símbolos del poder real
y del imperium: los lictores con las fasces, el trono de marfil y la toga de púrpura.
b) El senado. Originariamente constituía un consejo de ancianos (de senex, anciano) que asesoraba
al rey en las cuestiones más importantes del gobierno, especialmente en las declaraciones de guerra
y en los tratados. Según la tradición, Rómulo fundó el senado con un número de cien senadores,
que fue aumentando hasta llegar a trescientos en la época de Tarquino el Antiguo. La
denominación de patres que se daba a los senadores parece indicar que en la etapa monárquica
formarían parte del senado los padres o jefes de las gentes, o conjunto de familias unidas por los
vínculos derivados de tener un ascendiente común5. a los senadores volvía el poder cuando moría
el rey (interregnum9 y participaban en la designación del nuevo rey.
c) El pueblo y las asambleas populares. En la época primitiva el pueblo estaría formado por las
clases de los patricios y de los plebeyos. En situación de dependencia de la clase privilegiada de los
patricios estarían también los clientes y los libertos6. La clase de los patricios estaría formada por las
cien familias que se instalaron originariamente en Roma y sus descendientes. Estas familias
formarían las gentes que se agrupaban en tres tribus (Ramnes, ticies y Luceres)7. Los patricios gozan
de la plenitud de los derechos políticos y civiles, que eran negados a los plebeyos y que éstos
reivindican hasta conseguir la constitución de la comunidad patricio-plebeya.
El pueblo se reunía en asambleas y comicios (comitia, de com.-ire: reunirse). Las más antiguas eran
las comitia curiata, que agrupaban a los ciudadanos por curias. Las curias eran treinta, agrupadas en
las tres tribus. Las competencias originarias de la asamblea por curias serían la lex curiata de
imperio, por la que se investía de poder al nuevo rex y la adrogatio. La tradición atribuye a Servio
Tulio la creación de las comitia centuriata, basadas en la nueva estructura del ejército, que agrupaba
a los ciudadanos en cinco clases según su fortuna8. Las centurias eran unidades de reclutamiento
del ejército y al mismo tiempo servían para el ejercicio del derecho al voto. Predominaba la primera
clase de los ciudadanos más ricos, ya que formaban el mayor número de centurias y la votación se
interrumpía una vez que se alcanzaba la mayoría absoluta9.
Según la tradición, el último rey de los Tarquinos fue expulsado y sustituido por dos magistrados
anuales. Estos magistrados colegiados ejercieron su poder durante un año y se ostentaron la
suprema jefatura militar y política. En el año 451 a.C. se nombran diez ciudadanos (decemviri
legibus scribundis), a los que se les confía la redacción de la ley de las XII Tablas. Realizada su labor
en dos años, y debido a las luchas entre patricios y plebeyos, el pueblo renuncia a elegir cónsules y
se confía el poder a los tribuni militum consulari potestate para el mando del ejército. Las leges
Liciniae sextiae establecieron definitivamente el consulado como órgano supremo de la constitución
republicana1.
En la interpretación del relato tradicional, los historiadores se dividen entre la tesis de un cambio
brusco y revolucionario realizado tras la expulsión de los Tarquinos y la tesis más aceptada de una
reforma lenta y progresiva. Se nombraría un praetor maximus (praetor, de praeire: el que va delante
de las tropas) auxiliado por praetores minores, que asumirían el mando del ejército, limitado a un
año de duración.
El primer período de formación de la constitución republicana se caracteriza por las luchas entre
patricios y plebeyos. El exclusivo goce de los derechos políticos y los continuos abusos de la clase
dominante de los patricios ocasiona la resistencia pasiva de los plebeyos que realizan secesiones o
retiradas en masa a los montes Sacro o Aventino, donde veneraban a las divinidades de la plebe2. El
primer conflicto social tuvo como causa las continuas levas o reclutamientos militares y la prisión
por deudas de los plebeyos insolventes3. A partir del año 494 a.C. los plebeyos consiguieron el
reconocimiento de sus jefes electivos, o tribuni plebis, que reciben el poder del veto a las decisiones
de los magistrados y la protección de una lex sacrata que declara a sus personas sacrosanctae y
homo sacer al que atentara contra ellos. Las reivindicaciones polítivas se centran en el
reconocimiento de la potestas tribunicia, o poder de veeeto y auxilio de los tribunos, y de los
acuerdos adoptados en los concilia o asambleas de la plebe plebiscita). A partir de las leges
Valeriae-Horatiae el tribuno pasa a ser reconocido como magistratura de la civitas al admitirse su
inviolabilidad; EN el año 445 a.C. la Lex Canuleia suprimió la prohibición de matrimonios entre
patricios y plebeyos. La definitiva aceptación constitucional de las reivindicaciones plebeyas se
produce en el año 367 a.C. con las leges Liciniae Sextiae, que aceptaron que uno de los dos
cónsules fuera plebeyo y las leges Publiliae Philonis y Hortensia que equipararon los plebiscitos,
adoptados ne las asambleas de la plebe, a las leges votadas en los comicios4.
A) Las magistraturas
A los cónsules se les confirma por la lex curiata el imperium, o mando supremo, previos los auspicia,
o poder de interpretar la voluntad de los dioses. El poder de mando o imperium se le concede a los
magistrados mayores (cónsules, dictadores, pretores, tribuni militum). Se distingue entre el
imperium militiae, o mando del ejército en guerra fuera de Roma, y el imperium domi, o mando civil
en la ciudad, que estaba limitado por la posibilidad del ciudadano de recurrir a la provocatio ad
populum6.
- El consulado: Los dos cónsules, elegidos por un año, que se designaba por sus nombres, ejercían
el imperio o mando supremo en la guerra u en la paz. Se revestían con los atributos de poder del
rey: lictores y manto de púrpura.
- La pretura: el praetor originariamente era el magistrado que ostentaba el poder supremo (praetor
maximus). Las leges Liciniae Sextiae lo consideran como collega minor de los cónsules. Se le confía
la función de administrar la justicia (ius dicere), y en el año 242 a.C. se crea el nuevo praetor
peregrinus, encargado de dirimir los litigios entre romanos y peregrinos.
- La cuestura: Aparecen los cuestores como ayudantes de los cónsules. Se le confían como
funciones específicas la investigación y persecución de los 20crimina (quaestores parricidii) y la
administración del tesoro o hacienda pública (quaestores aerarii).
Magistratura ordinaria no permanente era la censura. El censor se nombraba entre los que habían
desempeñado el consulado, cada cinco años, para que durante dieciocho meses realizarse el censo
de los ciudadanos, clasificados por clases según su fortuna. Se les confiaba también la vigilancia de
las costumbres (cura morum), pudiendo tachar con nota de infamia la conducta de los ciudadanos,
y la elección de los senadores (lectatio senatus).
Estaba prohibida la acumulación de magistraturas y la reelección sucesiva. La ley Villa annalis del
año 180 a.C. dispuso que debían transcurrir dos años como mínimo entre una u otra magistratura.
Se creó una carrera magistratural (cursus honorum), estableciéndose sucesivamente: cuestura,
edilidad, pretura, consulado. Los censores y dictadores debían haber desempeñado el consulado.
LA REPÚBLICA
B) El Senado
Del Senado como supremo órgano de decisión y consulta en la constitución republicana, formaban
parte los senadores patricios (patres) y los agregados (conscripto) o senadores plebeyos. Las
importantes funciones de declarar la guerra y la paz, vigilar las ceremonias religiosas, administrar las
finanzas públicas y el nombramiento de las manos militares demuestran que no se limitaban a
funciones consultivas. Sobre la temporalidad de las magistraturas, el senado era el órgano de
gobierno permanente y estable, que intervenía prestando la auctoritas a las leges comiciales y
ejerciendo la autoridad legislativa por medio de los senatusconsulta o decisiones senatoriales.
Para la elección de los magistrados y la votación de las leyes existía el antiguo comicio centuriado,
aunque reformado para una distribución más equitativa entre las clases conforme a las nuevas
concepciones patrimoniales y los comicios por tribus. A ellos vienen a agregarse los concilios
plebeyos que votaban los plebiscitos, equiparados a las leyes. A los comicios centuriados le
correspondía el nombramiento de los magistrados mayores: cónsules, censores y pretores; a los
comicios por tribus el de los magistrados menores: ediles y cuestores y a los comicios plebeyos: la
elección de los tribunos de la plebe. Estas asambleas sólo podían elegir a los magistrados
propuestos por lo que se encontraban desempeñando los cargos. En la votación de las leyes, la
propuesta era también del magistrado y la asamblea debía aprobarlas o rechazarlas en su totalidad,
sin admitir enmiendas ni supresiones ni adiciones. El derecho de convocatoria de los comicios (ius
agendi cum poputo) correspondiente a los magistrados superiores y el de los concilios plebeyos (ius
agendi cum plebe) a los tributos.
La antigua economía agraria se ve sustituida por un sistema capitalista de latifundios cultivados por
medio de esclavos. La clase tradicional de los campesinos, que era la base del ejército y de los
comicios, deserta los campos ocupados en las continuas guerras(8). Ello ocasiona el descenso del
nivel moral de los ciudadanos(9). Otra causa de la crisis fue la proporción, cada vez más causada,
entre el número de cives o ciudadanos de pleno derecho y el de los provinciales y sometidos.
Entre los episodios históricos de este período de crisis destacada las reformas de los hermanos
Gracos(10). Tiberio Graco, perteneciente a la nobleza senatorial y animado de propuestas de
renovación social, se hace elegir tribuno de la plebe en el año 133 a.C. Para paliar la crisis de la
agricultura y limitar los latifundios propone restablecer las leyes de limitación del ager publicus a
quinientas yugadas por propietario, más doscientas cincuenta por cada hijo. La oposición de la
nobleza se concreta en el veto o intercessio que opone el tribuno Octavio. Tiberio Graco acude a
una medida inconstitucional: propone a la asamblea plebeya la destitución del colega (abrogatio
imperii), al mismo tiempo que la ley agraria, consiguiendo que ambas propuestas fueran aprobadas.
Sin embargo, cuando presenta de nuevo la candidatura para su reelección como tribuno encuentra
la muerte en un tumulto provocado por sus enemigos. El senado publicó un senatusconsultum
ultimum, que concedió poderes extraordinarios a los cónsules para restablecer y preservar el orden
público (provideant consules ne quid respublica detrimento capiat). El hermano de Tiberio, Cayo
Graco, en el año 123 a.C., propone un nuevo modelo de ley agraria para evitar los inconvenientes de
la anterior. También propuso la concesión del derecho de ciudadanía a los aliados itálicos, con lo
que se enfrentó con la clase política celosa de defender los privilegios de los cives. Como medida
demagógica introdujo las publicae frumentationes, o distribución gratuita, o a bajo precio, de trigo,
que fomentaba la vida ociosa de los ciudadanos, a los que gratuitamente se proporcionaba
alimentos y espectáculos (panes et circenses). No consiguió ser reelegido para el tercer tribunado, y
en el año 121 fue víctima de la misma conjura que su hermano.
Las tensiones entre los miembros de la oligarquía gobernantes, nobilitas senatorail, de una parte, y
ordo equester, de otra, continuaron, y los desequilibrios continuos entre el poder militar, concedido
a los caudillos, y el senado condujeron a situaciones de mando personal de difícil encuadre en la
constitución republicana. Cayo Mario incorporó mercenarios al ejército y se sirvió de su apoyo para
que le confirmaran en el consulado desde el año 104 al 100 a.C.
Cornelio Sila, tras su victoria en la guerra civil, se hizo nombrar dictador por tiempo limitado con el
propósito de restaurar la oligarquía senatorial. Para disminuir la influencia de los tribunos restablece
el principio de que las decisiones de las asambleas plebeyas sólo tendrían efectividad con el
refrendo de la auctoritas senatorial. Se excluye a los ex tribunos del desempeño de otras
magistraturas, limitándose, además, el derecho de veto a la ayuda al ciudadano objeto de abusos o
vejaciones (11). Las reformas silanas tienen corta duración y de nuevo las ambiciones personales y
los desequilibrios entre el mando militar y civil dieron paso a otras guerras civiles y al predominio
de unos u otros jefes del ejército. Se concedieron a Pompeyo poderes extraordinarios con el
imperium proconsular, y en el año 52 se le eligió cónsul sin colega. Por el pacto celebrado entre
César, Pompeyo y Craso se crea el primer triunvirato, con el que se reparten el poder público.
Eliminado Craso, se enfréntan Pompeyo, al frente de los optimates, y César de los populares.
Después del enfrentamiento de César con el senado, que defendía que para ser elegido cónsul
debía dejar el mando de las legiones, y la exclusión de los tribunos de la asamblea, César invade
Italia para restaurar la constitución democrática frente a la oligarquía defendida por Pompeyo.
Victorioso César, concede la ciudadanía romana a la Galia Cisalpina y a Sicilia y a numerosas
provincias en una notable labor de romanización. Durante varios años fue elegido cónsul, censor y
dictador vitalicio, asumiendo también en una medida anticonstitucional la tribunicia potestas (12).
Sus poderes dictatoriales y su gran labor de estratega y gobernante terminaron en los famosos idus
de marzo del año 44 en que fue asesinado (13). Sin embargo, no se consiguió el retorno a la
oligarquía senatorial y se dio paso a un nuevo triunvirato formado por Marco Antonio, Octavio y
Lépido. Enfrentados Marco Antonio y Octavio, triunfó éste en Actium en el año 31 a.C.,
estableciéndose entonces la nueva constitución política del Principado.
Con la victoria de Octavio sobre sus enemigos y el castigo de los asesinos de César comienza en
Roma un nuevo sistema político. El nuevo régimen constitucional se inserta en el tradicional sistema
republicano, dando lugar a un orden renovado. Si utilizamos la terminología actual podemos hablar,
más que de ruptura con la República, de una lenta y progresiva reforma (1). Tanto en la fase de
formación del nuevo orden político como en el período de su consolidación aparece como principal
objetivo de Augusto la restauración de la República (restaurator reipublicae). En su autobiografía
(Res gestae Divi Augusti)(2), Octavio aparece como un joven general que enrola un ejército con
dinero privado «para liberar a al patria que estaba oprimida y dominada por la facción». El senado
le otorga el imperium de propetor para luchar contra Marco Antonio y lo admite en le senado. En el
año 43 a.C. es elegido cónsul, y en el 32 recibe poderes extraordinarios por la coniuratio Italiae et
provinciarum. Tras de su victoria en el año 31 a.C. se considera restaurador de la República en virtud
del consentimiento universal de los ciudadanos (consensus universorum). A partir de entonces
asume cada año el consulado y ocupa una posición preeminente (princeps, el primero) en el
senado(3). En la famosa sesión del senado del 13 de enero del 27 a.C., Octavio declara que una vez
cumplida su misión pacificadora se propone reintegrarse a la vida privada y devolver al pueblo y al
senado los poderes políticos que se le habían concedido. Respondiendo a las insistentes peticiones
del senado, Octavio accede a conservar el consulado y recibe un imperium especial sobre las
provincias no pacificadas. El senado le concede el título de Augustus. Con ello adopta el nombre de
Imperator Caesar Augustus. Imperator era el caudillo militar aclamado por las legiones; Caesar, el
nombre de su padre adoptivo, Julio César; Augustus, nuevo fundador de Roma o Nuevo Rómulo (en
relación con la ceremonia religiosa del augustum augurium de la fundación de la ciudad). Las
consecuencias políticas de las concesiones del senado las explica el mismo Augusto: «A partir de
entonces superé a todos en auctoritas y, sin embargo, no tuve más potestas que los demás que
desempeñan las magistraturas como colegas míos». Sobre esta auctoritas, o prestigio personal
socialmente reconocido, frente a la potestas o poder de gobierno de los magistrados(4) se basa el
compromiso entre el nuevo orden autoritario de gobierno y el régimen aristocrático y popular
republicano(5). Así, Augusto se define como optimi status auctor (6). En la nueva constitución se
conceden al príncipe el imperium proconsulare maius et infinitum y la tribunicia potestas. Con el
primero se le atribuye el mando supremo sobre el ejército y las provincias imperiales. Con la
tribunicia potestas se concede al príncipe la facultad de oponer el veto o intercessio a los actos de
los magistrados, así como la facultad de convocar el concilio (ius agendi cum plebe)(7).
Conseguida la paz interior, Augusto inicia un vasto proceso de romanización de las provincias (8).
Con la preeminencia del título de ciudadano romano (civis romanus), concede individualmente la
ciudadanía a los provinciales, a los que se imponen sistemas de gobierno semejantes al romano. Las
provincias más ricas son administradas directamente por el príncipe (provincias imperiales), con el
pretexto de su pacificación, junto a las que continúan administradas por el senado (provincias
senatoriales). Los procónsules gobernaban las provincias senatoriales y los legati Augusti pro
praetore las imperiales, pero ambos cargos eran nombrados por el príncipe. El régimen de las
ciudades (municipia) consta de los mismos órganos de gobierno: magistratura, senado y comicios
(9).
Con el Principado aparece la burocracia imperial. El príncipe delega sus funciones en unos cargos
jerarquizados y retribuidos. Los de mayor poder e importancia eran los praefecti:
Praefectus pretorio: que ejercía funciones militares y mandaba la guardia personal del emperador.
Praefectus urbi: encargado de la policía y jurisdicción penal.
Ni el genio político de Augusto ni el de sus sucesores supo afrontar la cuestión más grave del nuevo
régimen: la sucesión (12). Las creencias tradicionales en el carisma personal y la aversión de los
romanos a la sucesión dinástica de las monarquías determinaron que este problema quedara sin
resolver y fue causa de situaciones de crisis y de ruptura. En la designación de los sucesores al solio
imperial tuvieron influencia tres formas, que prevalecieron en uno u otro momento histórico: la
designación o cooptación de su sucesor realizada en vida por el príncipe; la elección por el senado,
la aclamación del Imperator por las legiones. Los príncipes acudieron al tradicional sistema de la
adopción, utilizado por César con Octavio, pero no siempre la adopción fue refrenada por el senado
o, lo que tuvo más importancia, aclamada por las legiones.
En las llamadas dinastías que sucedieron a Augusto se plantearon continuas crisis institucionales. De
los llamados Julios-Claudios, unos terminaron asesinados por sus familiares o por los pretorianos,
como Tiberio, Calígula y Claudio, o suicidándose, como Nerón. En los Flavios la elección se hace por
la aclamación de las legiones. Así sucede con Vespasiano. A la muerte de Tito es proclamado
Domiciano, que también es asesinado. Los Antoninos (Nerva, Trajano, Adriano, Antonio Pío, Marco
Aurelio y Cómodo), que traen la paz y la pospreridad al Imperio, sigue el sistema de la adopción.
Precisamente cuando no se acepta y se sigue el sistema hereditario de padres a hijos sobreviene la
crisis y la anarquía, como ocurrió cuando Marco Aurelio designó a su hijo Cómodo, que es
asesinado por su tiranía (13). Después de que Didio Juliano comprase el imperio a los pretorianos,
que lo ofrecieron al mejor postor, Septimio Severo es proclamado por las legiones del Danubio. Tras
el asesinato de Alejandro severo se abre un largo período de anarquía y crisis, que representa el
final del Principado.
El dominado
Las nuevas formas de gobierno se implantan en la grave situación de crisis del siglo III d.C.,
originada por profundos cambios económicos y sociales. En la situación de empobrecimiento
general(1) y de profunda crisis de valores(2) intervienen importantes factores políticos. Ante todo, el
predominio militar, la prevalencia de los militares sobre los políticos, que lleva aun acusado influjo
del ordenancismo en todos los ámbitos. A ello se une la presión y sucesivas invasiones de los
bárbaros y su introducción en el ejército romano, que lleva a sus filas elementos extraños y hostiles
a la civilización clásica (3). En el año 212 d.C., Antonio Caracalla concede la ciudadanía romana a
todos los habitantes libres del Imperio. Con ello termina el predominio del civis romanus, que se
convierte en súbdito cuando el emperador adopta el despotismo de los monarcas orientales (4).
Septimio Severo se titula dominus(5). Heliogábalo nombra senadores a numerosos bárbaros e
introduce ritos y ceremonias orientales. Cuando los emperadores elegidos por el senado, Pupieno y
Balbino, son acecinados, se abre un largo periodo de crisis política y de anarquía (del año 239 hasta
el 284 d.C.)(6) Un transitorio periodo de paz logra Aureliano, general ilírico que aparece en las
monedas con los títulos de dominus et deus, y que se rodea del fasto y boato de las monarquías
orientales.
Otro general ilírico, Diocleciano, consiguió restaurar un orden duradero (del año 284 al 303 d.C.)
animado por el propósito de restaurar la romanidad y reforzar el poder imperial. Se atribuye
carácter sagrado, haciéndose llamar Iovius (descendiendo de Júpiter); reorganiza el ejército, creando
un cuerpo móvil (excercitus praesentialis) para rechazar los ataques a las fronteras e intenta atajar la
inflación con un famoso edicto de tasas y precios (7). Diocleciano introduce también importantes
reformas en la administración imperial, que configura como una pirámide jerárquica en cuyo vértice
esta el emperador. Los oficia palatina son los órganos de la administración central, el quaestor sacri,
palatii, o ministro de justicia; el magíster officiorum, encargado de los funcionarios provinciales; el
comes sacrarum largitationum, y el comes rerum privatarum. Encargados de las finanzas públicas y
del patrimonio imperial; los magistri militum o mandos militares. Para reorganizar el vasto territorio
del imperio, Diocleciano crea la llamada tetrarquía: divide el Imperio en dos partes, Oriental y
Occidental, con cuatro prefecturas (Oriente, Iliria, Italia y las Galias), que a su vez se dividen en
diócesis y estás en provincias. Establece que cada parte del Imperio estará gobernada por un
Augusto, que debe adoptar un César como su sucesor. Se reserva la parte oriental, con capital en
Nicomedia, y confía a Maximiano la parte Occidental, con capital en Milán. Sin embargo, estas
medidas no resuelven el problema sucesorio y a la muerte de Diocleciano luchan de nuevo los
pretendientes.
La victoria de Constantino sobre Majencio en el puente Milvio hace que se unifique de nuevo el
Imperio. Constantino (del año 307 al 337 d.C.), a quien Amiano Marceliano califica como innovador
y reformador de las antiguas leyes (novator turvatorque priscarun legum), dicta el famoso edicto de
Milán, que confirma la tolerancia hacia la región cristiana, que después se convierte en la región
oficial del Imperio(8), sirviendo de base a la Monarquía de derecho divino. Constantino traslada la
capital a Bizancio, que en adelante recibirá en su honor el nombre de Constantinopla. A su muerte,
Constantino divide nuevamente el Imperio entre sus hijos. La disgregación del Imperio se
consumará definitivamente cuando en el año 395 d.C. El emperador Teodosio I divide la parte
oriental, que confía a Arcadio, de la occidental, que entrega a Honorio. El Imperio de Occidente
sufre sucesivas invasiones bárbaras hasta su definitiva caída, en el año 476, en que Odoacro depone
al último emperador Rómulo Augusto.
La historia del derecho romano continúa en oriente en el Imperio bizantino, que perdura hasta la
conquista de Constantinopla por los turcos en el año 1456, y alcanza su máximo esplendor
Justiniano (del año 527 al 565 d.C.). Nacido en Terensium, en la Iliria, que había dado ya otros
emperadores, hijo de un campesino, Sabacio, reunía las cualidades de paciencia y tenacidad propias
del montañero y agricultor. Justino, hermano de su madre, que pertenecía a la guardia imperial de
Anastasio, lo llevó a Bizancio, donde lo educó. Al morir Anastasio le sucede Justino, que asocio en el
trono a su sobrino, al que adoptó, llamándole Justiniano. Éste contrajo matrimonio con Teodora,
bailarina en el circo, a la que Justino elevó, como a Justiniano, al rango de Augusta (9). Dotado de
un elevado espíritu de romanidad, Justiniano concibió el propósito de restaurar la unidad del
Imperio, para lo que se sirvió de las victorias militares de Belisario y Narcés, y la unidad de las leyes
(10). Cuando muere Justino queda Justiniano como emperador, actuando Teodora como
corregente. Su obra de gobierno se basa en una enorme fe religiosa y en un amplio sentido de
«clasicismo», que le llevó a realizar la magna compilación del Corpus Iuris, en el que reúne los iura,
obras de los juristas clásicos, y la leges o constituciones imperiales.
15. LA REPÚBLICA
Con la caída de Tarquino el Soberbio se instaura la República, lo que origina una reorganización de
las instituciones políticas. Así se instituyen las magistraturas1 que durante la República son
colegiadas,2 anuales y gratuitas.
Los magistratus maiores que gozaban de írnperium: cónsul y pretor eran electos en los comicios
centuriados, al igual que el censor, que sólo tenía potestas y era magistrado menor. Los cuestores y
los ediles curules eran electos en los comicios por tribus y solamente tenían potestas.
A partir del 153 a. de J.C. los magistrados entraban en funciones el lo de enero. Los magistrados
electos para el siguiente año eran llamados designati. El nombramiento (creatio) del magistrado
designatus lo hace el magistrado anterior.
La época republicana se caracteriza por grandes cambios en los órdenes político y social, los
plebeyos comienzan a ejercer una fuerte presión para equipararse al patriciado, en 494 a. de J.C.
ocurre la primera secesión de los plebeyos, por lo que consiguen la instauración del tribunado y la
edilidad.
En 461 a. de J.C. el tribuno de la plebe Terentilio Arsa propone la codificación del Derecho, en, un
intento por eliminar las diferencias entre patricios y plebeyos, ya que sólo el patriciado administraba
la justicia y en provecho propio. La propuesta del tribuno fue obstaculizada por el Senado, hasta
que en 451 a. de J.C. se suspendieron todas las magistraturas y asumió el poder un colegio
integrado por diez patricios; los decemviri legibus scribundis (decenviros), quienes al cabo de un
año redactaron una ley contenida en diez tablas, que recibió la aprobación de los comicios
centuriados. La ley pareció insuficiente y se integró un segundo decenvirato en 450 a. de J.C. que
incluyó a tres plebeyos, igualmente en el término de un año concluyeron sus trabajos añadiendo
dos tablas, y que desde entonces se conoce como lex duodecim tabularum (ley de las XII Tablas) o
ley decenviral, por las comisiones que la elaboraron. El segundo decenvirato intentó conservar el
poder, lo que ocasionó su derrocamiento por el pueblo y la restauración de las magistraturas, es así
como los cónsules del año 449 a. de J.C. Lucio Valerio y Marco Horacio publicaron la ley de las XII
Tablas. El texto que, según la tradición, estaba expuesto en el foro de Roma, se perdió cuando los
galos incendiaron la ciudad en 387 a. de J.C. Lo que se nos ha conservado del texto de la ley, es a
través de citas textuales, o bien, por referencias que hacen juristas o autores de la literatura del final
de la República e inicio del Principado. Cicerón refiere que en su época aprendían la ley de
memoria.
16. CONSULADO
El rey es remplazado por dos cónsules1 de idéntica autoridad, que son nombrados por los comicios
centuriados; los electos debían ser patricios2 e iniciaban sus funciones el primero del año;3 los
cónsules gozaban de imperium que es el supremo poder oficial de los altos magistrados
(magistratus maiores), éste consiste en las siguientes atribuciones:
de convocar al Senado.
17. DICTADURA
Es una magistratura extraordinaria durante la República. En los peligros inminentes los cónsules
designaban un magistrado especial investido de poderes absolutos en los Ordenes administrativo,
legislativo, judicial y militar, poderes que no tuvieron nunca los reyes, y recibía el nombre de
dictador (dictator o magíster populí} Podía tomar las decisiones que deseara sin consultar al Senado
o al pueblo, pero sus funciones no debían exceder de seis meses.1 En caso de que el peligro pasara
antes de los seis meses el dictador estaba obligado a renunciar.
18. LA CENSURA
Creada en 443 a, de J.C. Los censores1 eran electos cada cinco años (Iustrum), se encargaban de
levantar el censo general de la población romana para efectos fiscales, principalmente; sus
funciones duraban 18 meses, lapso reglamentado por la lex Aemilia de poletate censoria de 367 a.
de J.C. como el necesario para realizar las operaciones del censo. También se encargaban de vigilar
las costumbres y de integrar el Senado, a elaborar la lectio senatus (lista de senadores),
determinando quiénes podían ser senadores y quiénes debían dejar de serlo; tenían algunas
funciones más y se consideraba la censura como la culminación de una brillante carrera política.2
Puesto que las funciones de los censores se limitaban a 18 meses, los tres años y medio restantes
(antes de la elección de nuevos censores) los cónsules asumían las funciones del censor
19. LA CUESTURA
Su fecha de creación es dudosa. En un principio había dos cuestores que fungían como asistentes
de los cónsules, estos cuestores se encargaban de las causas de pena capital.1 Más tarde se
encargaban de las finanzas públicas en Roma y en las provincias.2 En época de Augusto había 20
cuestores. Los plebeyos alcanzan la cuestura en 422 a. de J.C.
20. LA PRETURA
Magistratura creada por la lex Licinia Sextia del 367 a. de J.C. Los pretores tienen a su cargo la
jurisdicción civil, así pues, el praetor urbanus1 administra la justicia entre los ciudadanos romanos.
En 242 a. de J.C. se instituye el praetor peregrinus,2 para los litigios en que una o ambas partes eran
extranjeras (peregrini). De ahí que la actividad más importante del pretor es la iurisdictio, que
“consiste en la declaración de lo que es Derecho no en dictar sentencias. Por ello decide el
magistrado la cuestión de si puede haber lugar y en qué forma a un proceso que se resuelva
mediante sentencia”3.
Los pretores debían residir en Roma y no les era permitido ausentarse de la ciudad por más de diez
días. Los plebeyos tienen acceso a la pretura, a partir del 337 a. de J.C.
Se crea esta magistratura en 494 a. de J.C. después de la primera secesión de los plebeyos al monte
Sacro (o Aventino) la función primordial del tribunus1 era defender a la plebe contra los actos
ilegales y abusos de los magistrados patricios. Los tribuni plebis no podían ausentarse de Roma por
más de un día. Gozan de la sacrosanctitas2 (inviolabilidad) tienen además derecho de veto contra
las decisiones de cualquier magistrado y del Senado.
22. EDILIDAD
Había diversas clases de ediles, se diferencian en razón de sus atribuciones. Aediles curules1 (ediles
curules). Creados en 367 a. de J.C. estaban bajo su cuidado los edificios públicos, el orden en las
calles y mercados, así como las transacciones que en éstos se celebraban, como ventas de esclavos
y animales, vigilancia de pesas y medidas, etcétera.
Aediles cereales2 (ediles cereales). Creados por Julio Cesar en 44 a. de J.C. estaban encargados de la
administración del grano para la ciudad y de las distribuciones que se hacían al pueblo. Llamados
así por la diosa Ceres.
Son los concejos o asambleas de la plebe (plebs) convocados por un tribuno o edil plebeyo, las
resoluciones que en ellas se tomaban fueron llamadas plebiscita (plebiscitos). En un principio los
plebiscitos sólo obligaban a la plebe, a partir de la lex Hortensia1 de 286 a. de J.C. los plebiscitos
son equiparados a las leyes comiciales, por lo que se hacen obligatorios para patricios y plebeyos y
adoptan también el nombre de leges.
Los senadores no son colegas entre sí, ni respecto a los magistrados, pues sólo hay colegas en la
potestad (D.50, 16, l73pr); en la autoridad puede haber collegium, pero no colegas1.
El imperium, potestad máxima de la república, reside en los dos magistrados supremos, los
consules2, pero juntamente con sus colegas minores los praetores: el urbanus (que aparece el
367a.C.) y l peregrinus (del 242a.C.); éstos se encargan de los litigios, y son por eso los magistrados
que tienen mayor relación con el derecho3.
Los dos cónsules dan nombre al año (cónsules epónimos); en caso de morir alguno, se eligen
suplentes (cónsules sufectos). Precede el primer cónsul que obtuvo la mayoría necesaria en las
elecciones, y es él quien puede convocar los comicios en enero y demás meses impares.
25. No tienen imperium1 sino simple potestas, los otros magistrados, empezando por los
censores, que se nombraban cada cinco años, para confeccionar el census de ciudadanos y la lista
de senadores (lectio Senatus), y establecer el régimen de concesiones del suelo público (ager
publicus) mediante leges censoriae. La inclusión o no de un ciudadano en el censo o en la lista
senatorial dio a los censores una forma de control de la moralidad pública; de ahí su gran
respetabilidad1.
La confección del censo se preparaba con una ceremonia religiosa llamada Iustrum, que por eso ha
venido a designar un plazo de cinco años. También el ordinario plazo quinquenal de los
arrendamientos rústicos privados imita al de las locationes censoriae (cfr. § § 499n.2 y 501).
Magistrados menores eran los quaestores, encargados de las cuentas públicas, y los aediles,
magistratura que tiene importancia para el derecho por corresponderle los asuntos relativos a los
mercados2.
Posición aparte ocupan los tribunos de la plebe, elegidos por los concilios plebeyos. Antiguos jefes
de la comunidad plebeya, religiosamente diferenciada del patriciado, se integraron en el cuadro de
magistraturas; luego, su especial inviolabilidad sagrada (sacrosanctitas) hizo que los Príncipes
recabaran para sí, sin desempeñar realmente el cargo, la tribunicia potestas.
26. b) La temporalidad anual de las magistraturas es necesaria para asegurar la libertas. La carrera
política (cursus honorum) empezaba con el servicio como oficial militar, hacia los diez y siete años, y
procedía por los grados menores (cuestura, edilado), luego la pretura (no antes de los treinta años),
para aspirar finalmente al consulado (no antes de los cuarenta y dos años), la censura y los altos
cargos sacerdotales. Entre un cargo y otro se estableció un bienio de vacancia mínima. Al terminar
el año de la magistratura ordinaria con imperium, se concedía (desde la época de Sila) una prórroga
de gobierno en provincias (propretores y procónsules)1. Los ex-magistrados de imperium entraban
a formar parte del Senado.
c) La gratuidad de los honores impide que los magistrados se conviertan en funcionarios, pero eso
mismo excluye de la carrera política a las personas sin recursos económicos.
29. EL IMPERIO ABSOLUTO O AUTOCRATICO.
Al comenzar el estudio del período imperial dijimos que en él hay que distinguir dos ciclos
perfectamente diferenciados por sus lineamientos políticos: el principado, cuyos rasgos hemos
estudiado, y la etapa que comienza a perfilarse con los Severos y tiene su culminación con
Diocleciano y Constantino y que llamamos del Imperio absoluto o autocrático o dominado
(dominatus).También se ha hablado, para caracterizar a esta nueva fase, de período del Bajo Imperio
o de los emperadores cristianos, correspondiendo esta última denominación a los años posteriores
a la decisión de Constantino de proclamar el cristianismo como religión oficial del Estado romano.
Causas de los más diversos orígenes fueron destruyendo el régimen político que había distinguido
al principado y prepararon el advenimiento de un nuevo sistema absolutista en el que el emperador
era el dominus, esto es, el dueño o señor. El período de casi un siglo que siguió a la progresista
dinastía de los emperadores Antoninos: Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio,
Cómodo (96 a 192) vivió graves acontecimientos que alteraron sustancialmente la fisonomía del
Imperio. En lo exterior, bandas extranjeras asolaban el territorio, devastaban los campos y destruían
ciudades ante la impotencia de las debilitadas fuerzas romanas. En lo interno se atravesaba por una
espantosa crisis económica, social y espiritual y se advertía un enfriamiento del sentido de
ciudadanía y una transformación radical de la autoridad imperial. Por ello el siglo III es una de las
épocas más sombrías de la historia de Roma, a la que puso fin un emperador de excepcionales
cualidades de organizador: Diocleciano.
De origen dálmata, C. Valerio Diocle, que en el ejército por sus importantes servicios había
conquistado el grado de general, se hizo proclamar emperador romano por sus soldados en
noviembre del año 284 adoptando el nombre de Diocleciano. Convencido de que para recuperar el
prestigio que el Imperio había tenido hasta la crisis del siglo III y para conjurar las amenazas
exteriores era necesario dotar al soberano de los más altos poderes políticos, Diocleciano, con su
espíritu lúcido y su voluntad fría e implacable, imprimió al gobierno un sello absolutista, dándole la
forma de una monarquía de cuño oriental y de carácter divino. A partir de entonces el emperador
no es el gobernante que actúa como un órgano más del aparato estatal, como había ocurrido
durante gran parte del principado, sino el dominus et deus, el dueño y dios de todo poder
soberano.
La principal reforma de Diocleciano, persuadido de que la gran extensión del Imperio dificultaba su
gobierno y contralor, consistió en asociar un colega con quien compartir las funciones
gubernamentales. A tal fin designó en el año 286 a Maximiano, a quien le adjudicó el gobierno de
Occidente con Milán como capital, mientras se reservaba para sí el Oriente con capital en
Nicomedia. A partir de ese momento Roma no es capital del Imperio más que nominalmente, a la
vez que se reconoce que Oriente y Occidente constituyen dos partes diferenciadas, por sus
tendencias y características dentro del espacioso territorio imperial.
Aquel gobierno dual se prolongó hasta el año 293, en que Diocleciano decidió ampliar la reforma
nombrando otros dos emperadores, Constancio Cloro y Galerio, cada uno de los cuales recibió una
parte del Imperio para ejercer sus gobiernos. El primero tenía a su cargo la Galia, España y Britania;
el segundo, Iliria y Grecia. Los cuatro emperadores no estaban colocados en un pie de igualdad,
pues el título de Augusto era privativo de Diocleciano y Maximiano, y el de César lo ostentaban
Constancio Cloro y Galerio, siendo éste un signo exterior de la subordinación de los recién llegados
a la púrpura imperial. Se fundó así un nuevo sistema político, la “tetrarquía”, en el que actuaban
como emperadores dos Augustos, de los cuales el más antiguo era superior al más reciente, y dos
viceemperadores con la designación de Césares. Con la implantación del gobierno tetrárquico,
Diocleciano persiguió asegurar el control de la administración pública y la vigilancia efectiva de las
provincias amenazadas por las migraciones de pueblos foráneos y, muy especialmente, regular el
problema de la sucesión imperial, que no dejó de producir convulsiones internas y cruentas luchas,
al considerar a los Césares sucesores naturales de los Augustos, a los que habrían de reemplazar en
forma completamente automática al producirse alguna vacante.
Otra preocupación de Diocleciano fue separar el poder civil del militar, para hacer más difícil las
usurpaciones y asegurar un mejor rendimiento administrativo. Fue así que los gobernadores de
provincia sólo tuvieron funciones civiles y judiciales, ya que sus poderes castrenses pasaron a
militares de carrera, los duques. Italia fue dividida en circunscripciones permanentes, verdaderas
provincias, llamadas correctura, al frente de las cuales se encontraba un corrector.
En la cumbre de una burocracia organizada y sabiamente jerarquizada se hallaba el consejo
imperial, reorganizado por Diocleciano con el nombre de Sacro Consistorio y el alto personal de la
administración - prefectos del pretorio, cuestor del palacio, condes del tesoro- que asistían al
emperador en el gobierno general del Imperio.
En el año 305 abdicaron simultáneamente Diocleciano y Maximiano, situación que puso a prueba la
consistencia del sistema tetrárquico que funcionó tal como había sido previsto por su fundador,
pues Constancio Cloro y Galerio ocuparon la posición de Augustos y designaron Césares a
Maximino Daya y Severo. Empero, la muerte de Constancio Cloro desencadenó una crisis que tuvo
una duración de dieciocho años y que constituyó la ruina del gobierno tetrárquico y el
resquebrajamiento, al menos por algún tiempo, de la unidad imperial. Este período crítico vio
desfilar a diversos Augustos y Césares hasta que Constantino, después de vencer a su rival Majencio
en la batalla del puente Milvio en el año 312, quedó al frente de la parte occidental del Imperio,
mientras asociaba como coemperador a Licinio, a quien cedió Oriente. Los dos nuevos emperadores
rivalizaron muy pronto, pero con tacto político supieron mantener una tregua de nueve años que se
rompió cuando Constantino, llamado el Grande, venció a su colega, a quien hizo condenar a muerte
en el año 325.
En materia administrativa, Constantino continuó fiel a los principios rectores del sistema de
Diocleciano y siguió aplicándolos rigurosamente. A su alrededor se constituyó una corte Suntuosa;
elevó el nivel del Sacro Consistorio y mantuvo un cuerpo de funcionarios administrativos que, por la
vía jerárquica, colocaban todos los negocios públicos en manos del emperador. En el resto del
territorio, los gobernadores aseguraban la misma sujeción de todos los súbditos a su voluntad
autocrática. Para una mejor administración, Constantino dividió el Imperio, siguiendo los principios
de Diocleciano, en cuatro grandes prefecturas: Oriente, Iliria, Italia y las Galias, las cuales a su vez
comprendieron varias vicarías o diócesis, y éstas un determinado número de provincias.
Hemos dicho que a partir del año 286, en que Diocleciano asocia al trono a Maximiano y divide el
Estado romano en dos partes, Oriente y Occidente, con sus respectivas metrópolis, Milán y
Nicomedia, se abre paso la idea de que el oriental y occidental son mundos perfectamente
diferenciados por sus tendencias y características. Teodosio I, que gobernaba en Oriente desde el
379, cristaliza esta realidad afirmada desde los tiempos de Diocleciano, haciendo la división entre
ambas mitades del Imperio en el año 395. Teodosio tenía dos hijos -Honorio y Arcadio- a quienes
quería instituir herederos por partes iguales. Para ello oficializa una situación de hecho dividiendo el
Imperio y atribuyendo a Arcadio el Oriente y a Honorio el Occidente. Esta medida, que se adopta
por intereses sucesorios, respondía a una realidad y fue confirmada por acontecimientos
posteriores. Oriente, retornando a sus caracteres primitivos que la romanización había oscurecido,
sobrevivió largo tiempo, al paso que Occidente experimentaba una suerte muy distinta,
sucumbiendo ante los pueblos bárbaros, que lo germanizaron bien pronto.
Por lo que concierne a las invasiones de los pueblos bárbaros, que ya amenazaban las fronteras del
Imperio romano desde el siglo III, se acentúan después de la muerte de Teodosio. Partiendo unas
del Rin, otras del Danubio y aun del interior mismo del Imperio, como la de los visigodos, que se
habían establecido en Iliria, los bárbaros van ocupando el Imperio de Occidente, que comprendía -
además de Italia- Britania, la Galia, África, España, las islas del Mediterráneo occidental (Sicilia,
Córcega y Cerdeña) y la Iliria oriental (Recia, Nórica y Panonia).
Italia fue la última de las provincias occidentales que cayó en poder de los bárbaros, pero el
procedimiento utilizado no fue igual al que habían seguido en otras provincias, ya que en la
península no hubo invasión seguida de conquista, como en la Galia, España y África, sino
apoderamiento del gobierno por parte de los contingentes bárbaros que integraban el ejército de
Italia. Aquellos mercenarios, al mando de Odoacro, se sublevaron en el año 476 contra Orestes, jefe
del gobierno, que les había negado un reparto de tierra. Orestes cayó en manos de la soldadesca y
Odoacro depuso a su hijo Rómulo Augústulo y tomó el título de rey, pidiendo al emperador Zenón
de Oriente que lo reconociera como patricio. Zenón le mandó entrevistarse con el emperador
legítimo de Occidente, Julio Nepote, y ante la negativa del caudillo bárbaro, la situación se mantuvo
sin variantes. Pero no dejaba de haberse producido un hecho de trascendental importancia
histórica: el Imperio de Occidente, despojado de todas sus provincias por los bárbaros, había
terminado su existencia en el año 476.
Así el azar de los acontecimientos hizo que las dos partes en que el Imperio había quedado dividido
después de la muerte de Teodosio no volvieran a reunirse. En los siglos que sucedieron a su
separación corrieron suerte muy dispar, pues mientras Oriente subsistió durante mil años
independientemente y apegado a sus tradiciones, Occidente cayó en poder de los invasores
germanos en el año 476, en que el Imperio de Occidente desaparece como gran unidad política y
llega a su fin la Edad Antigua.
La parte oriental del Imperio, al cortar sus relaciones con Occidente después del año 476, vio
resurgir nuevamente la tradición griega, un estilo cultural que le había sido arrebatado por la acción
romanizadora. Esto determinó que al Imperio de Oriente se lo llamara Imperio griego y, más
frecuentemente, Imperio bizantino, por el auge que adquirió como metrópoli Bizancio. EL Imperio
bizantino sobrevivió por espacio de diez siglos a la catástrofe del 476, ya que después de
experimentar toda clase de vicisitudes sólo cedió ante la acción arrolladora de los turcos otomanos,
cuando éstos ocuparon Constantinopla en el año 1453. De su fecunda historia sólo nos cabe
recordar el gobierno de Justiniano a quien, dentro de una sucesión de emperadores bizantinos,
puede considerarse el último emperador romano, porque con su obra legislativa se cierra el ciclo
evolutivo del derecho nacido en Roma.
Llegado al trono de Bizancio en el año 527, después de haber estado asociado a su tío, el
emperador Justino I, Justiniano hizo florecer como ningún otro gobernante el imperio bizantino. Su
obra presentó matices diversos, porque le preocupó la solución de los más variados problemas que
en su largo período de gobernante sé le fueron presentando. Se dedicó a la tarea de imponer a sus
súbditos una unidad de creencias religiosas basada en la adopción del cristianismo ortodoxo, que
era la religión oficial del Estado. Su celo religioso lo llevó a perseguir todo culto no cristiano,
especialmente los heréticos y los orientales. Fue ambición de Justiniano lograr la reconquista de
Occidente y en la empresa puso su mayor empeño, contando con la colaboración de sus dos
generales más brillantes: Belisario y Narses. Diversos territorios occidentales incorporaron al Imperio
de Bizancio y si la reconquista no fue totalmente coronada por el éxito, se debió a la necesidad de
usar su ejército en el cuidado de las fronteras de su propio Imperio, amenazado por partos,
búlgaros y eslavos.
Su obra más lograda, que elevó su nombre a un sitial de privilegio entre los grandes de la historia,
fue la redacción de lo que las generaciones posteriores llamaron, desde el Renacimiento, Corpus
luris Civilis, compilación de los más puros principios del derecho romano y monumental legado del
mundo clásico que, al igual que Roma, tiene vocación de eternidad.
Documento Ficha
Págs. 45-66
DERECHO ROMANO I
Pág. 5-10
(Footnotes)
1 No se puede aplicar la concepción moderna del Estado a la comunidad romana sin incurrir en
anacronismos. Para los romanos la colectividad política no era algo distinto de los ciudadanos que
la formaban. Por eso la denominación más frecuente era: Populus romanus, al que en los
documentos oficiales y en las insignias de las legiones se anteponía el Senatus. Senatus Populusque
Romaniis (SPOR). Res pública se utilizaba como sinónimo de asuntos o patrimonio del pueblo. En el
Principado se contrapone la potestas del emperador a la libera res publica.
3 Seguimos la tesis de De Francisci, Primordia civitatis, Roma, 1959, pág. 139 y sigs. Según este
autor, el rex sería un ductor, o persona dotada de facultades mágicas y del poder carismático que lo
hacían apareciese corno sobrenatural. El hombre primitivo, ante el drama de su existencia, está
influido por una serie de creencias: a) Concepción mágico-dinamística del mundo: cosas, personas,
signos o palabras como signo de las potencias (numina): cielo, luz, tierra, agua, fuego. b)
Concepción mágico-animística: potencia en forma personal: espíritus, dioses, ante los que el
hombre está en una posición de clientela. c) Concepción religioso-jurídica: ciertos hombres gozan
de cualidades carismáticas que le permiten ser intermediario con las divinidades y obligarlos con
fórmulas jurídicas rituales. De la creencia en la potencia personal se pasa al concepto de poder. Los
magistrados son potentiores y de ello se eriva el concepto de potestas como poder carismático.
4 Según la tradición, los siete reyes serían: Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio, Anco Marcio,
Tarquino el Antiguo, Servio Tulio y Tarquino el Soberbio. De ellos, los cuatro primeros serían latinos
y los tres últimos etruscos. Existen claras supervivencias en la época republicana, como el res
sacrorum, el interrex, la ceremonia del regifugium y la fórmula quando rex comitiavit fas e
importantes hallazgos arqueológicos que lo prueban.
6 En cuanto a las relaciones de los clientes con los patronos, Dionisio de Halicarnaso II, 10, 1-3,
afirma que Rómulo organizó el derecho de patronato del modo siguiente: los patronos debían
atender a las consultas jurídicas de sus clientes, defenderlos si sufrían persecuciones injustas; por su
parte, los clientes deben ayudar a sus patronos cuando están sin recursos o deben casar a sus hijas,
rescatarlos cuando el enemigo los hace prisioneros, pagar las condenas o las multas públicas.
Estaba prohibido que se acusaran o testimoniaran unos contra otros, y que los clientes votaran en
sentido contrario a los patronos.
7 Véase Lineamenti..., cit., pág. 50 y sigs.; Eugenio Díaz, Breve Historia de Roma, Madrid, 1985, pág.
13 y sigs.
8 Se atribuya a Servio Tulio la reorganización del ejército y de las asambleas populares (reforma
serviana). Durante la primera fase de la monarquía latino-sabina el reclutamiento se hace en la gens
que proporcionaba los soldados elegidos entre los miembros patricios y los clientes. Por ello
predominaba la caballería. Este predominio cesa al introducirse la táctica política, que utilizaba
infantes con armamento pesado (hoplites), que formaban bloques compactos y se agrupaban en
unidades combativas de 100 hombres (centuriae). Basándose en esta reforma militar, se agrupaban
a los ciudadanos romanos en cinco clases según su fortuna: Para la primera clase se exigían cien mil
sestercios; para cada una de las clases segunda, tercera y cuarta se va disminuyendo en veinticinco
mil sestercios. Para la quinta clase se exigen doce mil sestercios. Cada una de estas clases tiene la
obligación de aportar un número determinado de centurias: así, la primera clase treinta centurias. La
caballería (equites) tenía dieciocho centurias, que junto con las últimas cinco de obreros, músicos y
proletarii formaban un total de 193 centurias. Véase Lineamenti..., cit., pág. 74 y sigs.
9 La primera clase, junto con los equites (98 centurias), votaban en primer lugar, con lo que se
aseguraba la mayoría de votos. 1 Véase Capogrosi, Lineamenti..., cit., pág. 87. 2 Sobre las luchas
entre patricios y plebeyos, véase Richard, Les origines de la plebe romain. Essai sur la formation du
dualisme patricio-plebein, Roma, 1978; Guarino, La rivoluzione della plebe, Nápoles, 1975; Ellul,
Reflexiones sur la revolution, la plebe et le tribunat de la plebe, en Index, 3 (1972); De Martino,
Storia della Costituzione romana, I, Pág. 75 y sigs.; Dell´Oro, La formazione dello stato patricio-
plebeo, Milano, 1950; Fabrini, v., tribuni plebis, en NNDI, XX; Lobrano, Il potree dei tribuni delle
plebe, Milano, 1982.
3 En el año 495 a.C. se efctúa un reclutamiento para la guerra contra los sabinos, aruncos y volscos,
negándose los plebeyos y exigiendo a cambio que los patricios los liberaran de sus deudas.
Terminada la guerra, Apio Claudio aplica con mayor dureza las leyes contra los deudores. Ante las
disposiciones del senado de que los plebeyos continuaran en las legiones, los plebeyos inician una
serie de secesiones o retiradas pacíficas a los montes Sacro y Aventino. Ante estos hechos, el
senado cede y Menenio Agripa convence a los plebeyos con la imagen simbólica de que en el
cuerpo, los miembros (los plebeyos) eran complementarios del estómago (los patricios). Cfr.
Guarino, La rivoluzione..., cit., pág. 192.
4 Véase Vasalli, La plebe romana nella funzione normativa, en Studi giuridici, Milano, 1960; Cassola y
Labruna, en Lineamenti..., cit., Pág. 140 y sigs.
5 Polibio, 6.5... Este historiador, el filósofo Panecio y el comediógrafo Terencio, pertenecían al
famoso círculo de los Escipiones que en la segunda mitad del siglo II a.C. defiende la cultura griega
que se incorpora al humanismo romano.
6 La provocatio ad populum permitía al reo condenado apelar ante las asambleas populares.
(7) Después de la derrota cartaginesa en la segunda guerra púnica, Roma conquista Sicilia (241 a.C.);
las dos Españas, Citerior y Ulterior (197 a.C.); Macedonia (148 a.C.); Asia (133 a.C.), a las que
siguieron las conquistas de Siria, Bretaña, Galias, etc. Con ello se hace realidad el verso de Virgilio:
«tu regere imperio populos, Romance, memento.»
(8) Esta situación que el joven Tiberio Graco contempla en la Etruria, abandonada por los
campesinos y ocupada por los esclavos de nobleza señorial, le hace pronunciar la famosa oración,
que cita Plutarco, [Link]. IX, 3: «Las fieras que habitan Italia poseen cuevas y guaridas, mientras que
aquéllos que combaten y mueren por Italia no tienen en común más que el aire y la luz; sin casa y
sin reposo ellos vagan con los hijos y con la mujer. Mientes los generales, que los llaman a la guerra
a defender contra el enemigo a las tumbas de los abuelos y los altares de los dioses, porque
ninguno entre tantos romanos tiene altar doméstico ni una tumba de antepasados. Por el contrario,
ellos combaten y mueren por el lujo y la riqueza de los otros; son llamados señores del mundo, y
ninguno tiene ni una sola arada de tierra.»
(9) Arangio Ruiz, Historia del Derecho Romano, Pág. 225, afirma: «Todo esto produjo un descenso
del nivel moral de los ciudadanos, que se habituaron a vivir a costa de los provinciales y de los
esclavos y una decadencia del ejército cuya base había sido precisamente los pequeños
terratenientes; siendo la consecuencia más destacada de ello, que en adelante dejo de ser decisiva
la opinión de esos campesinos que habían llevado siempre a las deliberaciones de tales asambleas
su intensa devoción a la tierra y el sano buen sentido de las poblaciones sobrias y laboriosas.»
(10) La personalidad y reformas de los hermanos Gracos ha atraído el interés de los historiadores
por motivos de orden político y social. Se ha venido considerando como los precursores de los
movimientos reivindicativos socialistas. Véanse: Badian, Tiberius Gracchus ad the beginniig of the
Roman Revolution, en Aufstieg und Niedergang der römischen Welt I; Fracaro, Studi sull´etá dei
Grachhi, reed., Roma, 1967; De Martino, Storia della contituzione…, cit., pág. 459 y sigs., y la
bibliografía citada; R. Combes, La República en Roma, Madrid, 1977, pág. 202 y sigs.
(11) Cicerón, de leg. 3.19.8, expone los aspectos negativos y positivos del tribunado. Si la autoridad
de los tribunos le parece perjudicial, ya que nación en la sedición y para la sedición, sin embargo
considera necesario distinguir entre el tribunado y las personas que lo desempeñan. Si se condena a
la institución por la existencia de unos tribunos indignos lo mismo puede decirse del consulado.
(12) Para que un patricio pudiese desempeñar el tribunado se exigía la llamada transitio ad plebem,
que normalmente se confería al ser adoptado por un plebeyo como en el caso de Clodio.
(13) Véase R. Combes, La República en Roma, cit., pág. 243. Cassola y Labruna, en Lineamenti..., cit.,
pág. 410 y sigs.
(1) El régimen jurídico del Principado es un tema que ha suscitado las más vivas controversias entre
historiadores romanistas. Como dice Arangio Ruiz, Historia del Derecho Romano, cit., pág. 261,
citando de memoria palabras de Bonfante: «En este caso el problema jurídico se complica con el
político y ambos se encuentran dominados por el problema psicológico que plantea esa
personalidad un tanto enigmática de Augusto, que sin ser impetuosa y genial como la de César,
resulta fría, reflexiva y naturalmente inclinada a las soluciones intermedias.»
(2) Estas memorias autobiográficas se han podido reconstruir gracias a las inscripciones de Angora y
Antioquia. Augusto redactó sus memorias en sus últimos años de su vida para que fueran grabadas
en las lápidas de mármol de su tumba que se erigió en el campo de Marte.
(3) Véase: Mazza, en Lineamenti..., cit., pág. 413 y sigs.; De Martino, Storia della Costituzione romana,
IV. I.a, pág. 107 y sigs.; V. Premerstein, Wom werden und wesen des Principats, München, 1937, pág.
13 y sigs.; Syme, The roman Revolution, Oxford. Una síntesis acertada hace Miguel, El problema de
la sucesión de Augusto, Madrid, 1969; Historia del Derecho Romano, pág. 51 y sigs.
(4) D´Ors, Derecho Privado Romano, parágr. 8, afirma: «Aparece muy claramente la diferencia
originaria (que permitirá Augusto) entre el saber socialmente reconocido (autoridad) y el poder
socialmente reconocido (potestad); aquélla refuerza a ésta, pero le sirve al mismo tiempo de límite.»
(5) Mommsem defendió la tesis de la diarquía basada en el poder compartido de los dos órganos: el
príncipe y el senado. Arangio Ruiz, Historia..., cit., defiende la existencia de una dualidad de
regímenes. Otros autores hablan de protectorado.
(6) En un edicto citado por Suetonio, Aug. 28.2 Cfr. Mazza, Lineamenti..., cit., pág. 414.
(7) En el año 44 a.C., Octavio, siguiendo el ejemplo de César, presenta su candidatura al tribunado,
sin haber realizado la preceptiva transitio ad plebem, pero no lo consigue por la oposición de Marco
Antonio. En el año 36 a.C. se le confiere la sacrosanctitas de los tribunos y en le año 30 a.C., la
tribunicia potestas vitalicia, que se le ratifica en el año 23 a.C. Al aceptar esta potestad de los
tribunos, y acumularla con el imperium proconsulare, viola el principio constitucional de la
separación entre el poder militar (imperium militae) y el civil (imperium domi). El príncipe no estaba
obligado a deponer el mando militar al entrar en la ciudad como hacían los procónsules. A partir de
Tiberio la potestad tribunicia se extiende a todo el Imperio. Después del siglo III no aparecen ya los
tribunos aunque el nombre se encuentre en constituciones del siglo IV y V d.C.
(8) Augusto añadió Egipto «al imperio del pueblo romano», Res Gest. 27.1, y por ello recibió su
administración. Véase Mazza, Lineamenti..., cit., pág. 418.
(9) El senado municipal (ordo decurionum) estaba formado por 100 miembros elegidos entre ex
magistrados. Los magistrados municipales ejercían el cargo por un año en colegialidad. Véase De
Martino, Storia della costituzione romana, cit., IV, 2ª ed., pág. 626 y sigs.
(10) Los scrinia eran: ab epistulis: se ocupaban de la correspondencia oficial del príncipe; a
rationibus: gestión financiera y administración del fisco imperial; a cognitionibus: cuestiones
judiciales sometidas al emperador; a libellis: peticiones y quejas.
(11) En los años 18 y 17 a.C., Augusto presentó a los concilios plebeyos como tribuno las leyes
públicas de colegiis, sumptuaria y las leyes penales de ambitu, de adulteres coercendis y de vi
publica et privata; en materia matrimonial, la lex Iulia de maritandis ordinibus; en materia de
procedimiento, la lex Iulia indiciorum privatorum y la lex Iulia iudiciorum publicorum. A los comicios
centuriados se presentaron por los cónsules la lex Fufia Caninia, Aelia Sentia y Iunia Norbana, en
materia de manumisión, y la lex Pappia Poppaea Nuptialis. Véase Arangio Ruíz, Historia..., cit., pág.
286.
(12) Véase De Martino, Storia della Costituzione romana, IV, cit., pág. 403 y sigs.; Mazza,
Lineamentii..., cit., pág. 400 y sigs.; Miguel, El problema de la sucesión de Augusto, cit.
(13) Véase cuadro cronológico al final de este volumen. (1) Esta situación se produce por la quiebra
de la primitiva economía agrícola y el exasperante sistema impositivo con contribuciones y requisas
extraordinarias (annona). Los emperadores, a partir de Caracalla, acuden al falseamiento de la
moneda y no logran atajar la galopante inflación. Véase Rostovzeff, Historia Social y Económica del
Imperio Romano, II, Madrid, 1973, pág. 327 y sigs.; Remondon, La crisis del Imperio Romano de
Marco Aurelio a Anastasio, Barcelona, 1968; Mazza, Lotte sociali e restaurazioni autoritaria nel III
Secolo d.C., Bari, 1973; Il Principe e il potere, Milano, 1976.
(2) La pérdida del espíritu político del romano está basada en el progresivo descreimiento y falta de
fe en los antiguos dioses romanos, que se sustituyen por mitos orientales. El Cristianismo en su
origen fue un factor de disgregación y lucha contra la sociedadromana pagana. Véase Turchi, Storia
delle religine, Roma, 1954, pág. 4 y sigs.; De Francisci, Storia..., cit., III 1ª. pág. 34 y sigs.
(3)(Los germanos que se introducen en el ejército son elementos hostiles y también lo son los
orientales y los árabes nómadas del desierto. Del Oriente viene un nuevo sistema de combate
basado en los arqueros y en la caballería. Como dice Etheim: «Fuerzas que no proceden de la
civilización greco-romana deja de sentir su influencia; con el caballo y el arco, el aire y el espíritu del
desierto, la movilidad y el infinito, asumen su puesto en la historia.»
(4) Arangio Ruiz, Historia..., cit., pág. 369, afirma: «Este sistema facilito, merced a las amplias
concesiones de la ciudadanía romana a los soldados y licenciados, la difusión de un nuevo tipo de
civis romanus, de variadísima procedencia ética y, por ende, incapaces de comprender y defender el
espíritu de la civilización clásica.» Existía, de otra parte, una profunda diferencia de clases entre los
honestiores, senadores, caballeros y decuriones, que ostentan el poder y la riqueza, y los humiliores,
plebeyos o desposeídos. En caso de delito, a los humiliores se les impone las penas más graves e
infamantes (crucifixión, trabajos forzados, flagelación) y se les asignan las cargas más humillantes
(onera sordida). Para la defensa de los oprimidos se crea en el siglo IV el defensor civitatis o plebis,
que pronto se transforma en un cargo administrativo y de policía. Véase Mannino, Ricerche sul
defensor civitatis, Milano, 1984.
(5) Según Dión Casio, 76.15.2, Septimio Severo dio el siguiente consejo a sus hijos: «Tened
contentos a los soldados y no preocuparos de lo demás.»
(6) Veintidós emperadores se suceden durante el medio siglo de la crisis. En el año 238 reinan los
tres Gordianos, en el 260 d.C. 30 tiranos son proclamados en las provincias. Véase el cuadro de
Hacquard-Dautry-Maisant, Guide romain antique, 1952, pág. 202.
(7) Diocleciano, con su edictum de rerum venaliun, estableció precios y transportes. Según Arangio
Ruiz, Historia..., cit., pág. 383: «Es el más amplio y minucioso régimen de tasas establecido por
autoridad alguna, y la pena de muerte que en él se fulmina contra los infractores revela hasta qué
grado llegó la presunción doclicianea al creer que podía someter a la voluntad imperial hasta las
leyes económicas.»
(8) Véase Salvatorelli, Constantino il Grande, 1928, pág. 48 y sigs. Vogt, Costantin der un sein
Jahrhünder, München, 1948, pág. 192 y sigs.
(9) Para permitir el matrimonio con Teodora, Justino derogo una disposición de Augusto que
prohibía el matrimonio con artistas o hijas de artistas en una Constitución del año 553 d.C. (CI.
5.4.23). El historiador de la época, Procopio de Cesárea, que en sus obras sobre las guerras y las
constituciones dedica encendidos elogios a Justiniano y sus colaboradores, en otra obra titulada
Anelkdota o historia secreta, dedica las más duras criticas e injurias a Justiniano y a Teodora. Sin
embargo, su actuación no fue tan negativa. Es conocida la anécdota de la sublevación Nika
(victoria). Cuando los sublevados después de actos de violencia y de incendiar la Basílica de Santa
Sofía, estaban apunto de vencer y Justiniano tuvo la atención de huir, Teodora le recriminó: «Un
emperador no debev convertirse en un fugitivo» y «el trono de un rey es una excelente mortaja».
Véase Archi y otros, L’Imperatore Giustiniano .Storia e mito, Milano, 1978.
(10) Los autores discrepan en el juicio sobre la obra y personalidad de Justiniano. De Francisci,
Storia..., cit., III, 1ª., pág. 240, afirma que cualquiera que sean los defectos de su obra está
ciertamente más cerca de la realidad histórica la imagen esculpida por Dante, que lo sitúa en la
Gloria de su Paraíso, que los que reproducen la crónica escandalosa de Bizancio. Véase también
Bonini, en Lineamenti..., pág. 715 y sigs.
2 Sobre colegialidad, vid. d’Ors, Álvaro, “En tomo a las raíces romanas de la colegialidad”. En
Ensayos de teoría política, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona. 1979, p. 95.
§161 “Denominábanse cónsules porque debían consultar mucho para gobernar la República” D.
1,2,2,16.
A partir de la lex Licinia Sextia de 367 a. de J.C. se prescribe que uno de los cónsules debe ser
plebeyo.
3 Éstos eran los consules ordinarii que dan nombre al año, esto es,
4 D.2, 1.
5 Gai. 1,6.
&171 D. 1,2,2,11
&181 D. 1,2,2, 1
2 La lex Villia annix de 180 a de J.C. señala la edad para ocupar las magistraturas, el orden que debía
guardarse se llama cursus honorun; es decir, el ascenso en la carrera política: cuestura 31 años;
edilidad, 37; pretura, 40.
&191 D. 1, 2, 2,23.
2 D. 1, 2,2,22; 1,13
&201 D. 1,2,2,27
2 D. 1, 2, 2,28. Esta magistratura desaparece con la constitutio Antoniana, vid infra 42,8.
211 D. 1, 2, 2,20.
2 Por acuerdo jurado de la plebe, cualquiera podía dar muerte al que atacara a un tribuno en el
desempeño de sus funciones. La lex Valeria Horatia (449 a. de J.C.) confirma la inviolabilidad de los
tribuni plebis.
§22 1 D. 1, 2,2, 26. Magistrados curules son los que tienen derecho a sentarse en una sella curulis
(silla curul) durante sus actuaciones oficiales, estas son: el dictador, cónsul y pretor que tienen
imperium y son magistratus maiores, además el edil curul que sólo tiene potestas como magistrado
menor. La sella curulis era una silla plegable de marfil con patas encorvadas, portada por los lictores
del magistrado.
2 Di, 2, 2,32.
3 D. 1, 2,2.21.
§23. 1 Ley rogada, rogada a proposición del dictador Quinto Hortensio. Gai. 1, 3; lnst. 1.2.4. D. 1,2,2,8
§ 24.1 Sobre la esencia de la colegialidad, d’Ors, En torno a las raíces romanas de la colegialidad
(1964), en Ensayos de teoría política p.95.
2 Aunque el origen de la palabra es incierto, parece estar en relación (y así lo dicen los antiguos)
con consulere= “pedir consejo”. Esto señalaría claramente la relación entre la potestad que
pregunta y la autoridad (senatorial) que responde.
3 El praetor pereginus parece haber sido creado para los litigios en que intervenían extranjeros,
pero la distinción de competencia respecto al pretor urbano se pierde. Vid. Serrao, La “iurísdictio”del
pretore peregrino (1954). En todo caso, esta magistratura desaparece a consecuencia de la
constitutio Ántoniana (212d.C.).
4 El uso de este expediente contra la violencia política aparece con la persecución senatorial de
Cayo Graco y Fulvio, el 121a.C.; la pieza complementaria de la declaración senatorial de un
ciudadano como hostis, con la proscripción de Mario y sus partidarios el 88 a.C. Vid. J. Ungern-
Sternberg von Pürkel, Untersuchungen zum spätrepublikanischen Notstandsrecht (1970).
§ 25.1 La importancia de los censores hizo que su nombramiento, así como el de los magistrados
con imperium, se hiciera en los comicios centuriados, y no, como el de los magistrados menores, en
los comitia tributa.
2 Cfr. § 497. Los dos ediles encargados de esta jurisdicción se llaman curules porque tenían derecho
al uso de la silla portátil de los magistrados mayores (§ 95); fueron introducidos a la vez que los
cónsules y pretores, pero de antiguo había otros dos ediles de la plebe, y César añadió otros dos
aediles plebis Ceriales para cuidar del suministro urbano de cereales.