Subjetividad
Te explicamos qué es la subjetividad y en qué se diferencia de la
objetividad. Además, te ofrecemos ejemplos de expresión de la
subjetividad.
La subjetividad de una persona es su manera de ver el mundo, de pensar,
de sentir.
¿Qué es la subjetividad?
La subjetividad es, a grandes rasgos, el conjunto de percepciones,
valoraciones y conceptualizaciones que son propias de un individuo y
su manera de ser, o lo que es lo mismo, que son subjetivas. Se diferencia
de la objetividad, que se refiere a las perspectivas comunes a distintos
individuos independientemente de su forma de ser y de pensar, o sea, que
son objetivas.
Es fácil entender la subjetividad si se la asocia con todo aquello que hace
de alguien un sujeto: su manera de ver el mundo, de pensar, de sentir. En
cosecuencia, las cosas consideradas subjetivas pueden ser diferentes
para cada quien: un criterio subjetivo varía de acuerdo a la manera de ser
del individuo, mientras que uno objetivo depende de la realidad externa al
sujeto, o sea, del objeto en cuestión y su naturaleza.
El término “subjetividad” deriva de “subjetivo” y este a su vez de “sujeto”.
Los tres términos comparten su origen histórico en la voz
latina subjectus (“sujeto”) empleada para referirse a algo que está atado,
detenido o vinculado con algo, o sea, que es víctima de sujeción.
Figuradamente, servía también para referirse a una persona cuyo nombre
no se menciona en la oración, ya que su identidad está,
precisamente, sujeta al predicado, o sea, a lo dicho. De allí que podamos
definir la subjetividad como aquello relacionado con el sujeto, en oposición
al mundo exterior.
En la tradición filosófica occidental, la oposición entre subjetividad y
objetividad es fundamental y proviene de la Antigüedad clásica. Se le
atribuye a Aristóteles (384-322 a. C.) la invención de lo subjetivo como
categoría: la bautizó como hypokeimenon, “lo subyacente” o “el sustrato”, es
decir, lo esencial, término que se tradujo al latín como subiectum (“sujeto”).
Sin embargo, los conceptos de “objetivo” y “subjetivo” han sido siempre
problemáticos para los filósofos, por lo que han estado en continua revisión
y discusión a lo largo de la historia. De hecho, a partir del pensamiento
moderno y en especial de la obra de René Descartes (1596-1650), la
conciencia sobre la propia subjetividad pasó a ser central en una visión del
mundo que distingue entre la realidad externa y los propios pensamientos,
pues de estos últimos es lo único que el ser humano puede tener completa
certeza. De allí que Descartes formuló su célebre cogito ergo sum (“pienso,
por lo tanto existo”).
Por otro lado, la diferencia entre lo subjetivo y lo objetivo resultó de
particular importancia para el surgimiento y mejoramiento de
la ciencia y del método científico, ya que estos últimos aspiran a conocer la
realidad objetiva, haciendo a un lado los asuntos de la subjetividad. En
consecuencia, un experimento científico puede ser replicado por científicos
diferentes, de culturas diferentes y en épocas diferentes, y arrojará siempre
el mismo resultado objetivo.
En cambio, la subjetividad se ha definido como el territorio por
excelencia de la cultura: de las exploraciones artísticas, sociales y
estéticas.
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Subjetividad y objetividad
Los conceptos de subjetividad y objetividad no pueden comprenderse
el uno sin el otro. Si la subjetividad es aquello que pertenece al sujeto, es
decir, a la persona que mira, por ejemplo, a una piedra, lo objetivo es
aquello propio del objeto, o sea, de la piedra en sí misma y su naturaleza.
Por lo tanto, las dimensiones exactas de la piedra, su peso y los elementos
minerales que la constituyen forman parte de sus datos objetivos, que serán
siempre los mismos independientemente de quién haga las mediciones;
mientras que si la piedra es fea o hermosa son criterios subjetivos que
dependen de la mirada de cada quien.
Las diferencias entre objetividad y subjetividad pueden enunciarse de la
siguiente manera:
Es siempre igual a sí misma, independientemente de los sujetos y su mundo interno.
Tiene que ver con el objeto, es decir, con la realidad exterior y con las cosas en sí mismas.
Es estable, confiable y concreta, ya que dos personas pueden conocer un objeto del mismo modo.
Se compone de hechos observables y verificables.
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Ejemplos de subjetividad
Algunos ejemplos de expresión de la subjetividad son los siguientes:
La apreciación de una obra de arte, en cuyas formas el artista quiso
plasmar ciertos contenidos y emociones, y que sin embargo pueden no
ser exactamente los mismos que interpreta el espectador en el museo.
La gracia de un chiste, ya que puede o no invitar a la risa a diferentes
personas, esto depende de la manera de pensar y de entender qué es
gracioso y qué no de cada una.
Las preferencias eróticas o sexuales de cada quien, que obedecen a
la historia personal de cada individuo.
Las emociones que despierta una película, que puede resultar muy
conmovedora para algunos y aburrida para otros, ya que cada quien
interpreta los eventos de la trama a la luz de su historia personal y sus
valores.
La creencia en Dios y lo sobrenatural, ya que depende en buena
medida de factores culturales, de la crianza y la tradición familiar, y de un
conjunto complejo de valores y reflexiones que tienen lugar únicamente
en el fuero interno.
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