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Esta traducción fue hecha sin fines de lucro.
El libro llega a ti gracias a la traducción de fans para
fans que no pueden acceder a la lectura en inglés.
Sí el libro llega a tu país, apoya al escritor comprando su
libro físico y siguiéndolo en redes sociales.
¡Buena Lectura!
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Moderadora:
Sethie
Staff De Traducción:
Blue Bee
Ana_belikov
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Kam
Sethie
Emproista
Diseño:
Bellatrix
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Dedicación.
Este libro es dedicado a mis padres,
Walter y Jane Margaret.
Gracias por depositar en mí
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la confianza de ir tras mis sueños.
Descansen en paz.
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Agradecimientos
Gracias a mi editora, Kelly Bradley Hashway, gracias por sacar todas esas
palabras innecesarias.
Soy muy afortunada de haberte encontrado.
A mis lectores beta y queridas amigas, Catie Vargas, Jeannette Whitus, Katrina
Whittaker, and Jeanette A. Conkling, chicas ustedes son asombrosas. A mi
personal y virtual asistente, Julia Hendrix, eres asombrosa en maneras que no
puedo describir.
Soy afortunada de haberlas encontrado después de todo este tiempo.
Gracias por hacer mi vida un poquito más fácil.
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A mis compañeros de crítica, Dawn Brown, Teresa Bellew, Katherine
Warwick/Jennifer Laurens, y Merc, gracias por estar ahí cuando mi musa toma
vacaciones.
Somos más que compañeros de escritura.
A mi esposo y mis hermosos hijos, gracias por desbordar amor y apoyo. Por
inspirarme de muchas maneras. Los amo chicos.
Por último más no menos importante, a mis asombrosos fans que han apoyado
esta serie, gracias por el apoyo, muestras de amor y hablar sobre ella.
Chicos ustedes son geniales.
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LISTA DE MARCAS REGISTRADAS
Google
Nikon
Mercedes
Electra
Sentra
Harley
Chex Mix
Vampire Diary
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Supernatural
Lord Sesshomaru
Tasmanian Devil
Warner Bros
Museo de Arte de Portland
Twizzlers
Baked Lays
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GLOSARIO
Aesir: una tribu de dioses nórdicos
Asgard: hogar de los dioses Aesir
Odín: el padre y gobernante de todos los dioses y hombres. Él es un dios Aesir. La
mitad de los soldados / guerreros / atletas muertos van a vivir en su sala Valhalla.
Vanir: Otra tribu de dioses nórdicos
Vanaheim: hogar de los dioses Vanir Freya: la diosa amante del amor y la fertilidad.
Ella es una diosa
Vanir: La otra mitad de los guerreros / soldados / atletas muertos van a su sala en
Falkvang
Frigg: la esposa de Odín, la patrona del matrimonio y maternidad
Norns: deidades que controlan los destinos de hombres y dioses
Völva: Una poderosa vidente
Völur: un grupo de videntes
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Inmortales: humanos que detienen el envejecimiento y se auto-sanan debido a las
runas mágicas grabadas en su piel
Valquirias: Inmortales que recogen guerreros / soldados / combatientes / atletas caídos
y toman ellos a Valhalla y Falkvang
Bifrost: El puente del arco iris que conecta a Asgard con la Tierra
Ragnarok: el fin de la guerra mundial entre los dioses y los malvados gigantes
Artavus: cuchillo mágico o daga usada para grabar runas
Artavo: plural de artavus
Stillo: un tipo de artavus
Grimnirs: raptores de Hel
Hel: La diosa Hel a cargo de la muerte.
Hel: Casa de la diosa Hel, muerte de criminales, aquellos que mueren de una
enfermedad o por la edad.
Nastraad: Isla en Hel para los criminales.
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PRÓLOGO
Eirik
No podría moverme si lo intentara. Estaba lleno y agotado. Ser el
invitado de honor no era todo lo que se creía que era. Había pasado una
semana desde que llegué a Asgard, y los dioses todavía estaban celebrando.
Me sentí halagado, pero ya era suficiente. Usaron todas las excusas para
mantener la fiesta.
Día y noche, los dioses más jóvenes disputaban y competían en todos
los juegos imaginables. Cuando no jugaban, los Inmortales nos entretenían
con bailes, servían un sinfín de alimentos y mantenían fluidas las bebidas.
Desde que estábamos en la casa de mi abuelo, o en la sala como lo
llamaban, los dioses mayores y sus sirvientes miraban los juegos y volvían a
sus propios pasillos cada noche, solo para regresar al día siguiente. Sus hijos
no parecían cansarse o tener deberes. Se divirtieron, desaparecieron con
diferentes mujeres todas las noches, durmieron, se levantaron y se
divirtieron un poco más.
Alguien me golpeó la espalda con fuerza. —Oye, tío Eirik.
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—Ya es suficiente con la mierda de eso de tío —murmuré y miré a
Viggo, hijo de Forseti, dios de la Justicia. Él había sido mi sombra desde que
llegué a Asgard. Su padre y yo éramos medio hermanos, y le gustó llamarme
tío, a pesar de que teníamos la misma edad.
Viggo se rió, se sentó y me dio una palmada en el hombro otra vez.
Me dolió. Era unos centímetros más bajo que yo, pero construido como un
bulldog.
—Te dije que me llamaras Eirik —agregué.
—Oye, solo te estoy dando el mismo respeto que doy a mi otros tíos.
Excepto que eran más viejos y más poderosos. Viggo no les dio una
palmada en la espalda ni les obligó a las mujeres a hacerlo. —Sí, me he dado
cuenta.
Sonrió y pasó sus dedos por su pelo, que estaba perfectamente
desordenado como si acabara de despertarse. Probablemente lo haya hecho.
Anoche, había desaparecido con un Inmortal después de presentarme a su
amiga.
—Entonces, ¿Te uniste a Lei o qué? —Preguntó.
—No.
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—¿Por qué no? Ella pensó que eras... hermoso. Diablos, casi todas las
mujeres quieren un pedazo de ti. Tal vez te gustan los chicos. —No se había
molestado en bajar la voz, y varios dioses jóvenes voltearon a mirarnos.
El calor se arrastró por mi cara. —Soy todo sobre chicas, amigo. Mis
habitaciones están en el pasillo de Alfadir —dije, usando el nombre preferido de
Odín en Asgard. Significó “padre de todo” ya que él era el más antiguo y el líder de
los dioses— No me siento cómodo besándome con una chica cuando estoy tan cerca
de él.
Eché un vistazo a la mesa, donde Odín observaba tranquilamente a los
ocupantes del salón y los animadores con su único ojo bueno. Su esposa, o la
abuela Frigga, se sentó a su derecha, y la diosa Freya se sentó a su izquierda.
—No le importará —dijo Viggo— Él sabe que hacer el amor es nuestro
pasatiempo favorito.
—Necesitaré más de una semana para entrar en el juego —Extrañaba a
Kayville, mis amigos e incluso a mis padres. No importa lo que todos dijeran, la
Tierra siempre sería mi hogar.
—Todavía estás detrás de la Mortal que dejaste atrás.
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—Su nombre es Cora —dije lentamente, tratando de no romper. No me gustó
la forma en que rechazó a los humanos.
—¿Quieres verla?
—Claro, pero me dijeron que no puedo usar Bifrost sin permiso de Heimdall,
y él siempre está ocupado.
—No me refiero a visitar. —Los ojos de Viggo fueron a la mesa donde los
doce dioses superiores estaban ocupados teniendo una acalorada discusión— Desde
el alto asiento de Alfadir en la sala del trono, podemos ver todos los reinos —dijo
Viggo— Ya que él está aquí, él no lo sabrá.
Idea tentadora —Esta bien. La veré cuando vaya a casa.
—Asgard es tu hogar ahora, mi amigo. Sígueme si quieres verla.
Se levantó y supe que se dirigía al salón del trono.
Eché un vistazo alrededor, luego salté y lo seguí. Nadie pensaría que es
extraño que nos fuéramos juntos. Viggo había sido mi guía turístico desde que
llegué aquí. Cuando miré hacia la mesa alta, el buen ojo de Odín estaba sobre mí.
Se acarició la larga barba y asintió. No tenía idea de lo que eso significaba, asentí
y salí corriendo del pasillo, donde Viggo esperaba con una sonrisa.
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—Sabía que no te resistirías —dijo. Él condujo el camino por un amplio
pasillo.
—¿Qué pasa si los cuervos están de vuelta? —Le pregunté. Los cuervos
de Odín eran inteligentes y atentos y nunca se perdieron nada.
—Están ocupados recopilando información para Alfadir y no volverán
hasta el anochecer —dijo Viggo con confianza.
El pasillo era interminable y curvo. A través de una puerta, espié
Valquirias sirviendo a los soldados. Pasamos por los pasillos de los dioses
menores, los nombres en sus puertas escritos en el alfabeto rúnico. Los
principales dioses y diosas tenían sus salones más grandes en diferentes
partes de Asgard. Finalmente nos acercamos a la entrada masiva a la sala
del trono, y la arrogancia de Viggo desapareció. Él disminuyó la velocidad.
—¿Qué pasa? —Le pregunté.
Él asintió hacia la puerta. —Vas primero. Reconocerá tu esencia y se
abrirá.
—Te dije que no soy especial.
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Apoyó su mano en mi hombro y sonrió. —Tú eres el único, Eirik, te
guste o no. Escuché que mis padres discutieron contigo. ¿Por qué crees que
Alfadir te mantiene cerca de él y siempre te está mirando?
—Porque soy nuevo aquí —Y Loki era mi abuelo materno, así que
fácilmente podría ser un embaucador malvado como él. Además de eso,
tenía runas malvadas en mi cuerpo, cortesía de mi madre. Todos los dioses
tenían una razón para desconfiar de mí. El hecho de que me hubieran dado
la bienvenida no significaba que estuvieran contentos de tenerme aquí.
Viggo me dio una palmada en la espalda. De nuevo. —No, amigo mío.
Tú eres el único que según Völvo heredaría el trono de Alfadir después de
Ragnarok.
—No lo estoy comprando —dije.
—Entonces, pruébalo. Camina hacia la puerta. Si no reconoce tu
esencia y no se abre, le diré a todos mis amigos que los viejos se
equivocaron y tú eres como el resto de nosotros, como yo, un dios menor.
Yo no era como Viggo. Él no había sido criado en la Tierra entre los
humanos, o los Mortales como los llamaban. No le habían mentido durante
diecisiete años sobre quién era en realidad, sólo para descubrir que ni
siquiera era humano. No tenía que lidiar con el hecho de que su madre era
la Diosa Hel, gobernante del Inframundo, o que su abuelo era el famoso
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Maestro de Magia, Loki. Pero lo más importante de todo, él no sabía lo que
significaba estar enamorado de una persona. No pensar en nadie más que ella.
Fantasear sobre estar con ella. Viggo, como la mayoría de los asgardianos, tenía
muchas mujeres: inmortales, valquirias e incluso otras diosas que competían por su
atención. Se acostó con una mujer diferente cada noche, mientras que todo lo que
quería era una niña.
Cora Jemison.
No le creí a este futuro líder de la mierda de los dioses que Viggo siguió
ladrando, pero yo quería ver a Cora. —Bien, veamos si tienes razón.
Di un paso adelante y la puerta de la sala del trono se abrió de golpe.
—Te lo dije —dijo Viggo.
—¿Le dijiste qué? —Una voz resonó detrás de nosotros.
Nos congelamos, nos miramos y giramos. Odin estaba detrás de nosotros, su
mano en su lanza, sus lobos en sus talones.
—Alfadir —murmuró Viggo, su mentón cayendo sobre su pecho.
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—¿Qué diablos estás haciendo ahora, joven Viggo? —Gritó Odin.
—Nada, Alfadir —dijo Viggo nuevamente, su voz apenas por encima de un
susurro.
Odin se centró en mí, su ojo brillaba como el sol. De todos los dioses, lo
encontré el más interesante. Él era el más viejo y el más sabio de los dioses, el
buscador de conocimiento. De buena gana abandonó un ojo para adquirir gran
sabiduría y se ahorcó durante nueve días en el Árbol del Mundo para obtener
conocimiento de las runas. Cada acción que tomó fue aprender nuevos conceptos e
ideas, que transmitió a los humanos.
—¿Eirik? —Preguntó, su voz se suavizó.
—Íbamos a revisar tu trono —dije.
—¿Por qué?
Miré a Viggo, pero tenía los ojos en el suelo. La mayoría de los jóvenes
asgardianos estaban totalmente asombrados con Odín. Una vez más, la mirada de
Odin se centró en mí.
—Quiero ver a mis amigos en casa.
Echó un vistazo al trono dorado y luego a Viggo. —Bueno. Tienes mi permiso.
Viggo y yo intercambiamos una mirada.
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—¿En serio? —Le pregunté.
Arrugas se crearon en la esquina de sus ojos mientras hacía una
mueca o sonreía, no podía decirlo. —Tu abuela me dijo que extrañarías a tus
amigos y que querría volver antes de que comiences tu entrenamiento.
Fruncí el ceño. —¿Cómo pudo haberlo sabido?
—Ella tiene premoniciones. Vamos. —Caminaba delante de nosotros,
una figura corpulenta con una túnica azul y verde, casco alado en la cabeza,
cabello blanco que le corría por los hombros y una barba que le llegaba al
pecho.
Le di una patada a Viggo. Él salió de su terror y nos siguió. La sala del
trono era larga, y el techo de plata reflejaba el suelo de mármol sin mancha
y los pilares dorados alrededor de la habitación.
—¿Ella sabe cuándo regresaré? —Le pregunté.
—Nunca puedes regresar, Eirik —dijo mi abuelo con firmeza— Si lo
haces, estarás perdido para nosotros otra vez. —Subió los escalones y se
sentó en el trono dorado. La escritura rúnica cubría la parte posterior y los
brazos de la silla, y una manta de piel amortiguaba el asiento.
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Indicó el paso debajo de sus pies. —Siéntate.
Nos sentamos y esperamos. No pasó nada. Eché un vistazo a Viggo. Él
se encogió de hombros. Una mirada rápida detrás de nosotros y vimos por
qué. Alfadir se había quedado dormido. ¿Se suponía que debía presionar un
botón u ondular su lanza para que las cosas funcionasen?
—¿Está dormido? —Susurró Viggo.
—No lo sé. —Estudié la cara de mi abuelo. Su buen ojo estaba
cerrado. Me puse de pie y agité una mano sobre su rostro. Él no se movió.
¿Ahora que?
—Sabía que era demasiado bueno para ser verdad —susurró Viggo.
—Nadie ha visto los reinos a través de los ojos de los cuervos. Ni
siquiera mi padre, que es justo.
—No me importan los otros reinos. Solo quiero ver la Tierra. Me giré
para sentarme y congelarme. La sala desapareció, junto con el trono y Odín.
Parecía flotar en el aire, excepto que mis pies estaban sobre algo sólido.
—Santa mierda —susurró Viggo.
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¿Santa mierda? Escuchar una frase moderna de la boca de un dios sonaba
extraño. Viggo parecía estar sentado en el aire a mis pies. Me deslicé y me senté a
su lado. De acuerdo, entonces los pasos estaban ahí, simplemente invisibles. Guay.
Miré hacia abajo y sonrió. Pude ver la tierra como si fuera un pájaro, pero
estábamos demasiado arriba en el aire para ver claramente.
¿Dónde estaba Kayville?
La tierra corrió hacia nosotros como si hubiéramos hecho un acercamiento.
—Whoa. ¿Hiciste eso? —Preguntó Viggo.
No me importa cómo sucedió. Pude ver hitos familiares. Mi escuela
secundaria. El Hub Saltar a la zona. —Eso es Kayville, mi ciudad natal —le dije,
sonriendo.
—Es un pueblo —dijo Viggo.
—Cállate —Le di un codazo. ¿Dónde estaba la granja de Cora?
Nos acercamos a la granja de Cora. Su Elantra estaba estacionada afuera, y
había movimiento en su habitación.
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—¿Es esta su casa?
—Sí. Ella vive en una granja con sus padres.
— Parece que tienen visitas —dijo Viggo.
Un SUV familiar se detuvo junto al Elantra, lo que significaba que Raine
venía a visitar a Cora. Raine fue mi amiga de la infancia y la chica que pensé que
era la anterior a Cora. Me llevó mucho tiempo hacer mi actuación y ver que solo
era una amiga, una hermana honoraria. El vehículo se detuvo y salió un tipo de
pelo oscuro. Torin. Él era el novio de Raine.
—Lo conozco —dijo Viggo— Él es una Valquiria.
Torin caminó y abrió la puerta para Raine. Él la levantó, envolvió su brazo
alrededor de su cintura, y dijo algo. Ambos se rieron. ¡Maldición! Necesitaba
sonido. Como si mis pensamientos lo conectaran, la risa de Raine, mezclada con la
risa profunda de Torin, me alcanzó.
Viggo se inclinó hacia adelante. —¿Quien es ella?
—Mi mejor amiga y alguien a quien no deberías estar mirando así. —Torin y
Raine se dirigieron a la puerta de Cora.
—Es hermosa para ser Mortal —dijo Viggo— Cuando uses Bifrost para visitar,
te acompaño. Tal vez ella y yo...
|
—Ella es de Torin, y no es un Mortal.
—¿Una Valquiria? Nunca la había visto antes.
—Ella es mucho más que eso —le respondí distraídamente, mi
atención en la puerta. Vamos, Cora. Abre la puerta. Quería asegurarme de
que ella estaba bien. Eso fue todo. Pude ver movimiento en su ventana.
—Soy un dios —se jactó Viggo— Nadie es más deseable o poderoso que
un dios.
Me reí. —Ella es más poderosa, amigo. Es una Völva.
—De ninguna manera. Völur están extintos. Los restantes son viejos e
inútiles.
—Ella es la última de su tipo. La abuela me lo dijo.
La puerta se abrió, pero en lugar de Cora, su padre estaba en la
puerta. La conversación entre él y Raine fue breve. Cora no estaba en casa.
Ella había ido a la tienda con su madre, pero había alguien en su habitación.
Ignorando a Viggo, quien todavía estaba quejándose del Völur, me
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centré en la ventana del dormitorio de Cora. Necesitaba ver dentro. El
siguiente segundo, fue como si su techo se volviera transparente.
Cora no estaba en su habitación. Un hombre lo estaba. Iba vestido con
un plumero negro con capucha, así que no pude ver su cara. —Es eso un...
—Grimnir —dijo Viggo— ¿Sabes lo que significa?
Cora estaba a punto de morir. No estaba permitiendo que eso
sucediera o dejando que su alma sea llevada por el segador de almas de mi
madre.
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01. Almas
La mujer se acercó para acariciar el cabello del cajero. Su mano pasó por su
cabeza y la dejó caer a su lado, las lágrimas llenaron sus ojos. Otro fantasma. Miré
hacia abajo antes de que ella pudiera atraparme mirándola.
Hollywood hizo todo mal. Los fantasmas no eran manchas flotando alrededor
sin rumbo y ayudando gente. Ni parpadean como hologramas en un viaje de
drogas. Nada de heridas abiertas o extremidades abiertas. Ni siquiera eran
monstruosamente transparentes. Lucían reales, sólidos, como tú y como yo.
Me concentré en ayudar a mi mamá con las compras, un objeto a la vez.
Parecía que íbamos a cenar tacos esta noche. Amaba los tacos. Tal vez la ayudaría
a cocinar.
Estar pensando en comida no ayudaba. Podía aún ver al fantasma llorando
desde el rabillo del ojo. No quería sentir lástima por ella, pero lo hacía. ¿Por qué
ya no podían avanzar? ¿Qué los hacía detenerse? ¿Asuntos pendientes? Eché un
vistazo a ella una vez más y la encontré mirándome.
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Por favor no te me acerques, o me toques, o me sigas.
Los fantasmas eran persistentes, pero tenía que ser cuidadosa conociéndolos
o diciéndoles que me dejen en paz. La conversación siempre era unilateral, y la
gente lo notaba. El mes que pasé en el psiquiátrico fue suficiente. Nunca volví. El
psiquiátrico tenía los fantasmas más enfadosos. La gente debió estar loca cuando
estaba viva, pero estaban más locos muertos.
Mi corazón palpitando, escondí mi cabeza mientras agarraba objetos del
carrito y los ponía en la cinta transportadora. Esta habilidad de ver fantasmas era
una maldición. Una gran, gorda y fea maldición que estaba luchando por lidiar y
fracasando miserablemente. Aún no sabía cómo o porqué podía ver gente muerta.
Empezó hace tres meses, la noche que un relámpago golpeó la piscina durante la
competencia de natación de la universidad local y que mató mis compañeros
nadadores de la preparatoria. Unos pocos de nosotros sobrevivimos, pero algo me
pasó esa noche. De hecho, veo a mis amigos muertos y a los seres brillantes y
angelicales que se los llevaron.
Mi error fue decirles a mis padres. Ellos contactaron al Doctor Wendell y el
debio haberlos convencido de ingresarme a una institución mental. No ayudó que
Tío Hack estuviera en contacto con mamá.
Me estremecí de nuevo y me froté los brazos.
—¿Tienes frío? —Mamá preguntó.
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Le dediqué una pequeña sonrisa. —Un poco, debí haber traído una chaqueta.
Mamá empezó a quitarse su abrigo. Ella y yo éramos de la misma
complexión, aunque ella era ligeramente más pesada, entonces sabía que su abrigo
me quedaría.
—No, Mami. No me des el tuyo. —Era Noviembre, y la temperatura alrededor
de Kayville estaba en los cuarenta. Debería haber elegido mejor que usar un short
y camisa de mangas sin chaqueta— Estoy bien. De verdad —Agregue cuando ella me
lanzó una mirada escéptica.
—Ok. ¿Deberíamos cenar tacos hoy? —preguntó.
No me importaba. Yo sólo quería irme a casa. No es que los fantasmas me
dejaran en paz ahí, tampoco. Pero al menos tenía los medios para deshacerme de
ellos en mi habitación.
—O tal vez chuletas de cordero y papas horneadas. —Añadió mamá,
optimista.
Yo amaba las chuletas de cordero también, y ella lo sabía. Estaba tratando
de consentirme antes de afectarme con las malas noticias. La había escuchado
hablar de mi con papá esta mañana. Ellos querían que fuera educada en casa.
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¿Quién era educado en casa en su primer año de secundaria? Deberían tatuarme
“Rara” en la frente también.
Quiero decir, ver fantasmas ya me hacía sentir rara. No había necesidad de
dejar que todo el mundo me conociera por ser educada en casa después de que ya
había pasado un año y medio en la secundaria. No me había importado ser educada
en casa cuando era más joven. Incluso nunca encontré raro que mis padres
tuvieran problemas conmigo, su única hija, asistiendo a la Escuela Primaria
Kayville cuando enseñaron ahí.
No, yo planeaba terminar la secundaria como una persona normal. Quitando
los fantasmas. Ellos no estaban deteniéndome. No estaba dejándolos ganar.
Realmente extrañé seis semanas de escuela por su culpa, un mes en el Instituto
Mental Providencia. Si alguien en la escuela sabía sobre HMP, mi vida social sería
cosa del pasado.
Mis ojos vagaron hacia el fantasma. Estaba aún observándome. La miré esta
vez. No importaba cuánto tratara de ignorarlos, ellos siempre sabían que yo podía
verlos. No supe cómo. Ella sonrió y yo me encogí.
—¿Mamá podemos cenar lasaña hoy en lugar de eso? —Pregunte, esperando
que ella me mandara por queso o espinacas y me diera la oportunidad de
deshacerme del fantasma.
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Sorpresa destello en sus ojos café-miel. Las dos sabíamos que no me gustaba
su lasaña. Ella acostumbraba a poner muchísima espinaca y yo odiaba la espinaca.
—Claro, cariño. —Sus ojos barrieron el contenido del carrito. —
Necesitaremos Queso Ricotta.
—Yo lo traeré —Me fui.
—No olvides las espinacas —me gritó, sonriendo entre dientes.
Zigzagueando me apresure por la sección de lácteos. Cuando miré hacia
atrás, el fantasma estaba siguiéndome, su expresión esperanzada. Eso podría
tornarse en frustración y después en enojo, cuando ella se diera cuenta de que no
podría ayudarla.
Doble la esquina y gruñí. Un fantasma de mediana edad con cabello graso y
tez morena estaba caminando de espaldas en frente de una joven pareja
empujando su carrito. Él gesticuló violentamente, abriendo y cerrando la boca. Un
momento, él dio un golpecito en su cachete con la punta de sus dedos, en seguida
presiono sus manos juntas como si estuviera rezando. Definitivamente era un padre
que no estaba muy feliz con la elección de esposa de su hijo.
Este era un día absorbente para ser yo, pero después otra vez, desde que
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empecé a ver fantasmas, mi vida se había ido por el retrete. El chico que había
amado desde la escuela primaria pero básicamente me trataba como a su irritante
hermana se olvidó de mí. Lo perdone por elegir a mi mejor amiga porque no eliges
cuidadosamente a quien amas. ¿Pero que los dos me borraran sólo porque me
ingresaron a una clínica psiquiátrica? Eso era imperdonable. Para añadir insulto a
la herida, me gane a los malditos fantasmas. Ellos no estaban solo en los hospitales
y cementerios. Estaban atados a la gente, a los edificios y a los objetos. Y
últimamente, parecía como si ellos estuvieran atados a mí. O atraídos por mí.
Alcance el de queso ricotta, volteé y ahogue un grito. La mujer fantasma
estaba muy cerca y casi camino a través de ella. Di un paso atrás. Había caminado
a través de uno de ellos y puse la experiencia bajo “para–nunca–ser–repetida”. Se
había sentido como estar siendo sumergido en un helado y oscuro estanque.
Totalmente tremendo.
Su boca abrió y la cerró.
—No puedo escucharte así que vete —dije entre dientes.
Ella continuó caminando, gesticulando salvajemente. Traté de caminar
alrededor de ella, pero me bloqueó el paso.
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—Déjame en paz —Gruñí y luego eché un vistazo alrededor para ver si
alguien me había escuchado. Los pocos compradores no habían notado mi extraño
comportamiento, aún. —Shoo.
Me volteé para irme, pero el padre enojado estaba viéndonos. Entrecerró
sus ojos como si su radar de humano que pueden ver fantasmas se hubiera
activado. Él miró hacia nosotras.
Busqué el objeto metálico más cercano. Gracias, Dean y Sam Winchester.
Los ficticios hermanos acostumbraban hierro para dispersar fantasmas en la famosa
serie de TV, Supernatural. En realidad, la mierda funcionó. Yo había usado un
atizador de fuego en uno que había vagado por mi habitación unos días atrás, y eso
causo que ella desapareciera.
Agarré lo que parecía un rallador de queso desde el estante y lo levanté. Era
pesado. Lo que significaba que tenía más hierro que cualquier otra mierda de lo
que habían usado para hacerlo. Agité el rallador de queso alrededor como ninja
con su daga y esperando que nadie me viera y llamara a mamá.
Me estremecí. No más hospital psiquiátrico. No más medicamentos. Tanto
como había odiado ser internada, las medicinas habían sido lo peor. Ellos me
habían hecho actuar como chiflada.
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La mujer fantasma me vio cautelosamente. Al menos había parado de abrir
la boca como pescado. Si, apostaba que ella sabía lo que el hierro les hacía a los
de su clase. El tipo enojado estaba cerca ahora, y no estaba sólo. Otros dos
fantasmas lo estaban siguiendo, todos ansiosos de charlar.
¡Maldición! Odié cuando ellos conspiraban contra mí. Una onda de frío salió
de ellos, y me estremecí. Si, vamos. Vamos sin cuerpos, bastardos fríos, y prueben
el hierro. —¡Hey! —Una voz comandante cortó el aire. —Ustedes chicos están
conmigo, no con ella.
Diferentes expresiones cruzaron el rostro de los fantasmas molestia, terror y
desafío. Los enojados ojos del italiano fueron de derecha a izquierda.
—No pienses en eso, Morello —la voz se quebró. —Si me haces cazarte de
nuevo, haré el resto de tu existencia tan miserable que rogarás por una segunda
muerte. ¿Capisci?.
Me volteé para ver a quien hablaba, pero la única persona que había ahí era
una vieja mujer, que parecía petrificada. No la culpé. La voz era aterradora e
irritante. Odiaba a la gente autoritaria.
—Sally, tu has tenido tus veinticuatro horas. Hora de irse —la voz continuó, y
entonces él salió desde detrás de un estate.
|
Whoa, cuero, cuero y más cuero, demasiado para estar a la moda. A menos
que se hubiera convertido en “lo moderno” mientras yo no estaba. Su voz decía
que no era cauteloso o a favor de nadie o nada, entonces dudaba que le
importaran las tendencias de la moda.
El encapuchado, hasta la altura del tobillo de cuero negra, el duster–abrigo
había sido hecho a su medida para adaptarse a su cuerpo alto y a sus hombros
anchos. El duster abrazaba su torso alto antes de caer hasta el piso. Sus dedos
anillados y tatuados se asomaron a través de sus guantes sin dedos, pero mientras
veía, los tatuajes desaparecieron como absorbidos por su piel. Raro. Pantalones de
cuero y botas finalizaron su atuendo.
Mis ojos se movieron hacia arriba. Incluso su camisa era de cuero. Busqué su
rostro y parpadeé. O tal vez debería decir que llegué a donde debería haber estado
su rostro. No había nada más que oscuridad bajo la capucha, incluso cuando la
tienda estaba bien iluminada. Lo mire, pero aún sin mirar nada. Una bufanda de
algún tipo cubría su cuello. Seguramente era muy temprano para vestir como un
esquimal. Además, esto era Kayville, Oregón. Nosotros no teníamos nieve hasta
muy entrado el invierno.
Entonces cosas extrañas comenzaron a suceder. Algo resplandeció bajo su
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capa. Esperaba ver un cráneo o un gran agujero. En lugar de eso note piel. Las
cosas brillantes no duraron lo suficiente para que pudiera ver toda su cara.
¿Tenía tatuajes? Era difícil decirlo. Ellos continuaron apareciendo y
desapareciendo mientras ladraba órdenes a los fantasmas. Vislumbre unos labios
sensuales y una línea fuerte de la mandíbula.
Quedé boquiabierta.
Señor Dios, era guapísimo. Pómulos cincelados con una sombra, cejas
arqueadas, y esos labios totalmente besables. Pero su más inusual característica
eran sus ojos. Eran dorados con un anillo verde. Como esa niña Afgana famosa en
la portada de National Geographic.
Los brillantes tatuajes se añadieron a sus sorprendentes características, en
lugar de robar atención. Creí haber visto muchos mechones de pelo oscuro en la
frente, antes de que los rayos se atenuaran, pero podría estar equivocada.
¿Qué era él? Los que se habían llevado a mis amigos muertos durante la
reunión habían parpadeado como bombillas eléctricas también, pero la luz cubría
todo su cuerpo. Y ellos no se vestían como él.
—Vámonos antes de que me cabreen —ordenó— Jonas, tu no deberías ni
siquiera estar aquí, no niño grande, ella no puede ayudarte. Se acabó tu tiempo.
|
Los compradores de la sección fresca no se detuvieron a mirarlo mientras
hablaba, lo que significaba que no podían escucharlo. Volteó hacía mí, luego al
rallador de queso que tenía en la mano y torció una sonrisa. El sonido envió una
oleada de calor por mi espina dorsal, y mi contuve mi respiración. Es tan injusto.
No solamente era atractivo, sino que tenía una sonrisa impresionante. Quería
sonreír de vuelta, quedarme ahí como idiota, y admirarlo.
—Aparta esa cosa lejos de ti antes de que te lastimes, cachetes bonitos —
dijo en un tono condescendiente— Nadie, ni siquiera tú, se entromete en mi
trabajo. De hecho, si te atrapo dispersando mis cargos de nuevo, arrastraré tu
precioso trasero al Salón de Hel yo mismo.
Por unos segundos, mi mente quedo en blanco, pero entonces la ira se
encendió en mí. ¿Cachetes bonitos? Cuánto me desagradan los chicos arrogantes,
boca floja y guapos. Ellos debían cerrar la boca y callarse y sólo… sólo lucir guapos.
Esto hacía parecer que estaba comandando a un ejército.
Si un ejército de fantasmas.
Moví mi mejilla de la manera en la que el fantasma Morello lo había hecho.
Sabía que el gesto era irrespetuoso y fue recompensado cuando los ojos del
Cazafantasmas se entornaron, el amarillo de sus ojos se intensificó como los de un
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lobo. Creo que lo cabree. Dios. Me reí.
Un humm llegó desde la izquierda, y mi cabeza giró hacía ella. Una mujer
eligiendo fruta desde un estante de exhibición me dio una mirada divertida y
sacudió la cabeza. Sip, sólo podía imaginar cómo lucía parada ahí con un rallador
de queso, gesticulando a nadie, y riendo como idiota–demente. Ella probablemente
pensó que estaba drogada o algo. Era hora de irme.
Me di la vuelta.
—¿Qué fue eso? —Preguntó el Caza Fantasmas— Esperaba un agradecimiento
por no decirle a nadie dónde estás, Cora Jemison. ¿De regreso con tus padres tan
pronto? No vas a mejorar en tu trabajo si te mantienes corriendo a casa.
Me quedé helada. ¿Trabajo? ¿Cuál trabajo? ¿Cómo sabía mi nombre? ¿Y
porque estaba actuando como si me conociera? Ceñuda, continué caminando.
—¿Así que estoy recibiendo el trato de la princesa de hielo de nuevo? Bien.
Veremos cuanto tiempo dura esta vez.
Volteé atrás, de nuevo muriendo por decir algo. Sonrió mientras esperaba a
que yo dijera algo. No era tan estúpida para intentarlo.
—¿Aún no sabes cómo emparejar tus runas para volverte invisible? Bien sigue
trabajando en ello, cara de muñeca —Guiñó un ojo— Si necesitas punteros, trata
|
de ser linda conmigo. Realmente linda y dulce —Su voz era sugestiva y sexy. Esta
vez, luche contra su efecto.
—¡Oh! Y deja de herir a mis almas —continuó en ese tono molesto— No
estaba bromeando sobre arrastrar tu precioso trasero a la sala de Hel. Y eso es
decir mucho porque amo tu trasero, cachetes bonitos. Si quieres tener mi
atención, sabes dónde encontrarme.
¿Ama mi trasero? ¿Linda y dulce con él? Era obvio que me estaba
confundiendo con alguien más. ¿Quién era él, de todos modos? ¿Una parca? ¿Un
ángel de la muerte? ¿O un cazador de fantasmas?
Buscó bajo su abrigo duster, y apreté el rallador de queso, mis ojos no se
apartaron de él. Me preparé para lo peor, pero todo lo que saco fue un palo. No,
no era un palo. Una guadaña. Era muy insignificante, quería reírme.
Entonces los tatuajes de sus dedos volvieron y la guadaña se alargó, las
mismas marcas de sus dedos aparecieron en su eje.
Okay, él era definitivamente la parca.
El fantasma de Morello echó un vistazo a la guadaña y tragó. La parca
apuntó la espada hacia él. —¡Detente!.
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El fantasma que huía se quedó helado, había terror en sus ojos.
—¿No dije que no corras más, pedazo de inmundicia? ¿Quieres que use esto
en ti? La parca marchó hacía él, lo agarró por el cuello y cortó el aire con la
guadaña.
Una masa gris apareció de la nada. Lucía como un humo espeso o una nube
negra. Comenzó a moverse en círculos, batiendo cada vez más rápido hasta que
formó un túnel. No podía ver lo que había al otro extremo del túnel, pero estaba
oscuro y el viento frío que había sentido antes barrió la tienda de nuevo.
Me estremecí.
Lanzó a Morello al túnel. Uno a uno, los otros fantasmas no, los había
llamado almas, los siguieron, desaparecieron dentro del turbio interior. La última
fue la mujer, Sally. Ella le dijo algo a la parca, pero él negó con la cabeza. Hizo un
gesto hacia mí, abriendo y cerrando la boca.
—No prometo nada —dijo, su voz perdiendo su molesta arrogancia. Echó un
vistazo hacía mí y agregó— Hasta más tarde, preciosa.
El túnel se cerró detrás de él, y solté un suspiro. Una mano se posó en mi
hombro y salté.
|
—¿Mamá? Me asustaste.
Ella sonrió. En su mano había dos bolsas de espinacas congeladas. —Sabía
que olvidarías esto. ¿Qué estás haciendo con eso? —Señaló al rallador de queso.
Mi cara ardió. —Pensé que podríamos necesitar uno nuevo.
—No, el que está en casa todavía sirve. —dijo con firmeza, siempre
ahorrativa madre.
Coloqué el rallador de queso en un estante junto a las cajas de maíz sin
reventar y la seguí. ¿Qué diría ella si le dijera lo que acababa de presenciar?
Probablemente llamaría al Dr. Wendell nuevamente. Mi madre era una mujer
práctica. A diferencia de mi padre, que era autor, ella no creía en nada que no
pudiera ver. Mientras mi madre usaba el auto–pago para pagar el queso y las
espinacas, estuve atenta a más fantasmas. Almas. Tenía que acostumbrarme a
referirme a ellos como almas.
Ella colocó las nuevas compras encima de las otras y empujó el carro fuera
de la tienda. La seguí lentamente, manteniéndome vigilante por si aparecían más
almas.
***
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Vi algunas almas aquí y allá de camino a casa. Todos se detuvieron y miraron
a nuestro auto. Me deslicé más abajo en mi asiento y me pregunté si la parca
arrogante los recogería también. Tal vez él estaba aquí para limpiar nuestro
pueblo. Eso esperaba. Estaba cansada de ser su objetivo.
—Has estado callada desde que salimos de la tienda —dijo mamá mientras
nos acercabamos a casa. Estábamos en Orchard Road, la calle que dividía dos de
los viñedos más grandes de Kayville. —¿Estás bien?
Me encogí de hombros. —Sí.
—Sabes, puedes hablar conmigo si algo te molesta.
Hablar con ella era imposible. El Dr. Wendell podría recetar más
medicamentos psiquiátricos o insistir en que me ingresarán nuevamente. —Escuché
que tú y papá hablaron de mí esta mañana. No quiero ser educada en casa, mamá.
Voy a volver a la escuela el lunes.
—Cariño.
—No, mamá. Estoy bien, y quiero hacer esto.
Apretó sus labios con molestia mientras giraba hacia la carretera que
conduce a nuestra granja. —Discutamos sobre eso después de la cena.
|
Su voz firme dijo que la discusión estaba cerrada. Me apoyé en mi asiento y
miré por la ventana. Mis padres me habían tenido algo tarde en la vida y tendían a
ser demasiado protectores. La mayoría del tiempo, los escuchaba. No esta vez.
Esto podría ser el comienzo de una tendencia. Primero, educarme en el hogar.
Luego, no ir a una universidad lejana. La única universidad de la ciudad era
privada, y planeaba alejarme lo más posible de Kayville. Había demasiados
recuerdos malos aquí.
Mamá detuvo el auto al lado de mi Elantra, y salté fuera. No hablé mientras
ayudaba a llevar las compras dentro. Papá levantó la vista de su computadora, su
largo cabello canoso despeinado como si se lo hubiera pasado con los dedos.
Tomó los lentes de cadena que le colgaban alrededor del cuello y se los
ajustó en el puente de su nariz. Era hipermétrope y llevaba gafas redondas, que
habían pasado de moda eternidades atrás. A papá no le importaba el estilo. Si él
no fuera autor, uno lo confundiría con un profesor distraído. Escribió libros de
ciencia ficción para alumnos de secundaria y tenía admiradores seriamente leales.
Desafortunadamente, no me había sumado a mí. Me resultó difícil entrar en sus
libros. Aun así, estaba orgullosa de él.
—Eso fue rápido —dijo, poniéndose de pie.
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Me encogí de hombros y seguí caminando hacia la cocina. Cuando crucé la
sala de estar, mamá estaba junto al escritorio de papá, los dos hablando en
susurros, probablemente discutiendo sobre mí. Mamá parecía aún más pequeña al
lado de papá. Era alto, con pelo y barba grisáceos, y ojos grises centelleantes que
heredé. El resto de mí vino de mi madre, incluidos los pechos grandes y el cabello
rubio. Sin embargo, ella su cabello era más gris ahora.
Los ignoré y volví a salir. Traje más bolsas de comestibles y casi tropecé con
papá.
Se rascó la barba y me estudió. —¿Estás bien, muffin?.
—Sí.
Tomó la mayoría de las bolsas restantes. Papá llevaba su peso alrededor de
la granja y estaba en forma para su edad. Por lo general, se levantaba temprano
para escribir y luego ayudaba a mamá después. También solía escribir a altas horas
de la noche y solía tomar siestas extrañas por las tardes. Era uno de esos papás
que estaba siempre por ahí pero que realmente no estaba. ¿Cómo lo había dicho?
Sus personajes hablaban con él todo el tiempo.
—Tu madre me dijo que quieres volver a la escuela el lunes —dijo mientras
nos encaminábamos a la casa.
|
Asentí. A menudo dejaba que mamá tomara la mayoría de las decisiones
sobre mi vida, y él iba según ellas. Esta vez, quería que se pusiera de mi lado.
—¿Puedes hablar con ella, por favor? No me sentiré recuperada si no hago
cosas normales como niñas normales. Ser educada en casa solo me recordará a
HMP. Por favor, papá. Por favor.
Él suspiró y asintió.
Mamá levantó la vista cuando entramos en la cocina, sus ojos volando entre
nosotros. —Creo que haré lasaña de pavo molida sin espinacas hoy.
Puse las bolsas en el mostrador y la miré. —Me estás haciendo trizas, mamá.
Ella sonrió, un centelleo entró en sus ojos color miel. Siempre parecía más
joven y menos cansada cuando sonreía. —No, no estoy. Todavía tendremos
espinacas como guarnición y algunas judías verdes. La cena estará lista en una
hora.
—Sobre la escuela…
—Ahora no, Cora —dijo.
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Déjala ir a la escuela, Penny —dijo papá— Ella está mejor ahora. Eso
significa que puede hacer cosas normales con sus amigos .
Mamá frunció el ceño. Ella parecía lista para discutir.
—Recuerda lo que dijo Wendell, querido —continuó papá— Ella debe volver a
hacer cosas normales.
Mamá suspiró. —Está bien, ella puede ir, pero con una condición.
—¡Sí! Gracias papá. Eres el mejor —Le di un abrazo y corrí para darle
también uno a mamá.
Mamá se rio e intercambió una mirada con papá, que estaba poniendo
comestibles en la nevera. —¿Todavía no has escuchado la condición? —lo reprendió.
—Oye, siempre dices que tengo que aprender a comprometerme. ¿Puedo ir a
la escuela así que ...?
—Si alguien te hace pasar un mal rato por tu estadía en HMP, queremos
saberlo. Los estudiantes pueden ser crueles —dijo mamá con firmeza.
Como si fuera a contarles las cosas que suceden en la escuela. Eso sería tan
de lisiados. Habían dejado de pelear mis batallas cuando comencé la escuela
pública en la secundaria. En la escuela pública, o nadabas o te hundías, y había
|
flotado hacia la superficie con la ayuda de… No iba a pensar en ellos. No iba a
pensar en Raine o Eirik.
—Hecho —mentí.
—Lo decimos en serio, Cora —agregó papá— No tengo problemas para llamar
a Raine y preguntarle sobre lo que está sucediendo en la escuela si nos ocultas
cosas.
Siguió un silencio pesado.
Raine era un nombre que habíamos evitado mencionar en casa desde que
volví. Raine Cooper era... No, Raine y yo habíamos sido inseparables desde que
ella me encontró llorando a gritos en la secundaria, hasta que decidió que yo no
valía la pena su tiempo. No había escuchado nada de ella mientras estaba en el
hospital. Nunca me visito o me llamó para ver cómo estaba, hasta que llegué a
casa hace una semana. Luego ella paso por aquí. Afortunadamente, mamá sabía
que no quería verla y le dijo que hicieran una caminata. Raine no había intentado
verme de nuevo.
Pensé que éramos cercanas, que nada podría interponerse entre nosotros.
Obviamente, estaba equivocada. Ella no había querido ser asociada con un caso
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mental. Como dije, la perdoné por salir con Eirik, pero esto...
Pensar en su dolor y enfadarme al mismo tiempo. Empecé por las escaleras.
—Estaré en mi habitación.
—¡Cariño, espera! —Llamó mamá.
Suspirando, me volví. —Dale a Raine la oportunidad de explicar cuándo la
veas. Yo fui un poco dura con ella cuando pasó por aquí.
No quería escucharla.
—Y ella hizo una visita rápida mientras ustedes dos estaban en la tienda hoy
—agregó papá.
Quería preguntarle qué había dicho, pero me callé. No había excusa para la
forma en que se había comportado. Se suponía que los amigos estaban allí el uno
para el otro durante los buenos y malos tiempos. Raine me había pateado hasta la
acera sin pensarlo.
—¿Puedo irme ahora? —Le pregunté.
Intercambiaron una mirada, y luego mamá asintió.
—¿Y puedo recuperar mis electrónicos también? —Cuando intercambiaron
otra mirada, gemí— Solo estoy siguiendo las órdenes del doctor. Ya sabes,
|
haciendo cosas normales. Ya ha pasado una semana. Quiero vlogglear y enviar un
mensaje de texto a Raine —mentí de nuevo. No tenía intención de hablar con esa
perra.
—Está bien —dijo mamá, sonriendo— La cena estará lista en una hora.
Papá caminó hacia su escritorio, abrió un cajón y se extrajo mi computadora
portátil y mi teléfono. —Tranquila con esto, muffin.
—Eso planeo —Le di un beso en la mejilla, saludé a mamá y corrí escaleras
arriba. Traté de encender mi teléfono celular, pero la batería estaba agotada. Lo
conecté, arranqué la computadora portátil y me senté en mi escritorio.
Mi primera preocupación fue lo que mis amigos habían estado diciendo sobre
mí mientras yo no estaba. Las personas en la escuela secundaria podrían ser
crueles, especialmente las niñas. En un día determinado, me pondría mano a mano
con cualquiera de ellas y ganaría. No tomaría la mierda de nadie. Las cosas eran
diferentes ahora Tenía un horrible secreto que esconder. No, tenía secretos.
Secretos que podrían arruinarme. Me admitieron en HMP y podía ver almas.
Visité sitios web sociales y revisé las actualizaciones de mis amigos. Nadie
mencionó mi ausencia. Nadie me había extrañado. Phooey. Pero me etiquetaron
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con fotos de Raine y ... ¿Con su nuevo novio? ¿Qué pasó con Eirik? ¿Ella lo dejó por
el chico nuevo?
Pobre Eirik.
Cuanto más leo, más me doy cuenta de que mi amiga ... mi ex amiga había
cambiado. Ella estaba saliendo con un mariscal de campo. Ni siquiera le gustaba el
fútbol. Él estaba caliente. Quiero decir, modelo, digno de babear, labios besables.
Pasando por las fotos y los comentarios, no era la única que pensaba eso. Ellas
deliraban sobre su todo ardiente cuerpo, cabello, ojos, acento. Aún más
interesantes fueron los cambios que vi en ella.
Raine era naturalmente hermosa, con una piel preciosa, un pelo grueso y
brilloso que no necesitaba peinar a menudo, y el cuerpo perfecto. No era
desproporcionada como yo. Tenía pechos grandes. Agregando el color de mi
cabello y todos asumían que era una rubia tonta. Lo más gracioso era que Raine ni
siquiera se consideraba hermosa. Nunca pensé que las pecas fueran lindas hasta
que la conocí.
Antes de la reunión trágica y de mi viaje a HMP, su idea de maquillaje había
sido el brillo y el rímel ocasional. En las fotos ella estaba rizando su cabello y
usando lápiz labial. Lucía radiante.
|
Había imágenes de ella y su novio en casi todas las redes sociales que visite
y algunas de ellas era sólo de él y de su equipo. Según la vidriera del Kayville High,
él era la razón por la que el equipo de fútbol podría llegar a destacar este año.
Una vez más, tuve envidia de mi mejor amiga. Y tal vez estaba un poco
molesta. Había arrojado a Eirik rápido. ¿Estaría desconsolado? Tal vez tenía una
oportunidad con él ahora. Nah, ya no lo quería. Él tuvo la oportunidad de estar
conmigo y la desperdició.
Sintiéndome horrible, hice clic en mi vlog. Me perdí de vloggear y de
interactuar con...
No, esto no podría estar bien. Revisé la fecha nuevamente en el video. El
último vlog fue publicado hace poco más de una semana. Hice clic en él, y mi cara
llenó la pantalla.
—Está bien, chicos, “El bombón de la semana” debería ser conocido por
todos ustedes. Seis pies con tres, se mueve como un bailarín, un paquete de seis se
puede rebotar un cuarto de, y un cuerpo como una máquina bien engrasada. Abrí
mi cara a la cámara. Se lo que estás pensando. ¿Cómo puedo saber eso? Eso es para
que yo sepa y tu adivines. Él tiene un hermoso cabello negro ondulado que le llega
a los hombros y unos ojos imposiblemente azules a los que cualquier chica podría
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mirar para siempre. Si todavía no has adivinado quién es, monta una Harley y tiene
el acento más sorprendente. Si no has visto sus fotos en línea, te lo estás
perdiendo. Déjame saber lo que piensas. Hasta la próxima vez.
Nada tiene sentido. ¿Cuándo publiqué el video? ¿Cómo podría haberlo hecho
o posteado? La fecha en la esquina dice que fue publicada hace diez días. Todavía
estaba en el loquero hace diez días.
Hice clic en la siguiente entrada de vlog, luego en la siguiente, con el
estómago revuelto. Habían sido publicados todas las semanas que había estado
fuera. ¿Fui a hurtadillas al consultorio del médico y usé su computadora mientras
estaba en una neblina inducida por las drogas?
Volví a ver el primer video, estudiando mi lenguaje corporal y mi ropa. No
actué drogado, y la camisa de seda rosa era mía. No recuerdo llevarlo conmigo al
hospital. Salté y revisé mi armario. La camisa estaba allí junto con los vestidos y
chaquetas que llevaba en los otros videos. Otra cosa llamó mi atención. El fondo
en cada video era el mismo. Los había pegado con cinta adhesiva todos aquí en mi
habitación.
—¿Estás editando otro video o simplemente te gusta verte a ti misma? —Se
burló una voz familiar detrás de mí.
Mi corazón se disparó y comenzó a latir. La parca de la tienda estaba en mi
casa. En mi dormitorio. ¿Qué estaba haciendo él aquí?
|
02. ECHO
Antes de que pudiera girar, una mano apartó mi cabello de mi hombro y
cálidos labios besaron mi cuello. La sensación me golpeó, y me quedé sin aliento.
Me congelé, incluso cuando mi cuerpo reaccionó y tembló. Las manos se deslizaron
por mi pecho y ahuecaron mis pechos con tanta facilidad, como si ya lo hubiera
hecho antes.
Agarré sus manos y las arranqué de mi pecho. —Quita las sucias manos.
Se movió rápido y cubrió mi boca, tragándose el resto de mis palabras, su
lengua deslizándose entre mis labios en un beso que alejó todos los pensamientos
de mi cabeza.
Mi mundo estalló, las sensaciones cegadoras crecieron, hinchándose y
estrellándose contra mí. Murmuré una protesta. Al menos, creo que sí, pero él
inclinó la cabeza y profundizó el beso, su lengua acariciaba con audacia la mía.
¡Santo cielo! ¿Fue este el beso de la muerte? ¿Así era como él arrancaba las
almas de las personas de sus cuerpos? Traté de resistir, pero ya no tenía el control.
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Él había tomado todos mis sentidos y me tenía completamente bajo su poder. Los
mareos me invadieron mientras flotaba hacia un lugar donde nada importaba
excepto su boca y la forma en que me hacía sentir.
Había peores formas de morir, decidí. Al menos de esta manera, iría feliz.
Como si me hubiera escuchado, levantó la cabeza.
Abrí mis párpados y lo miré fijamente.
Su rostro lentamente se enfocó. Su capucha estaba baja, dejando al
descubierto su cara y cabello. Su piel era bronceada y lisa, la sombra en su barbilla
lo hacía lucir aún más sexy. Sus ojos verdes dorados brillaron con un brillo travieso
como si se estuviera divirtiendo. Su cabello castaño oscuro estaba cortado en un
estilo asimétrico, bajo en los lados y más largo en la parte superior. El estilo
parecía demasiado dócil para un cosechador que llevaba cuero, a pesar de que se
había cambiado la camisa de cuero por una negra. Esperaba que tuviera más
descuidado. De cerca, su rostro era aún más hermoso, y olía tan bien.
—Me encanta cuando me codicias —dijo con voz ronca— Yo también te
extrañé, cachetes bonitos —La cordura regresó.
—¿Qué... qué quieres decir? —Me las arreglé para susurrar, mis labios aún
hormiguean por su beso.
|
—Me sorprende cómo puedes ser tan tortuosa y retorcida, pero pareces tan
dulce e inocente. —Me besó de nuevo, la risa retumbando a través de su pecho y
vibrando a través de mi cuerpo.
No estaba lista para morir todavía, maldita sea. No importa cuán
embriagadores eran sus besos. Y no era retorcida. Nada de lo que dijo tiene
sentido.
Bajé los dientes con fuerza sobre su labio inferior. Más risas vinieron de él.
Luego se inclinó hacia atrás, lamió la gota de sangre y expuso las marcas de
dientes que había dejado en su labio.
Mis ojos se agrandaron cuando el corte desapareció lentamente. ¿Él se curó
a sí mismo? Por supuesto, lo hizo. Él era una parca.
Abrí la boca para preguntarle cuánto tiempo me quedaba, pero él habló
primero.
—¿Quieres jugar duro? —Preguntó— Bueno. Así es como me gusta.
—No. No...
Él me recogió y se movió tan rápido que mi habitación estaba borrosa. Un
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segundo estaba en la silla, el siguiente acostada boca arriba en la cama. El pánico
corrió a través de mí.
—¿Qué estás haciendo, cabrón enfermo? —Espeté.
—Jugar tu juego. —Una sonrisa malvada levantó la esquina de sus labios.
Me moví al otro lado de la cama, pero él estaba allí, bloqueándome.
—¿A dónde vas cuando vine específicamente por ti, Cora? —Dijo.
Mi corazón amenazó con saltar de mi pecho. —¿Ahora mismo?
—Sí. Ahora mismo. Te quiero, Cora. —Él entró en hipervelocidad. Cuando se
detuvo, estaba sin chaqueta, sin camisa y a horcajadas sobre mí, la mayor parte de
su peso sobre sus rodillas.
Mi cabeza giró, y estaba tan confundida que solo lo miré como una idiota.
No entendía por qué tenía que estar sin camisa para llevarse mi alma, pero
supongo que si tuviera que morir, no me importaba que me acompañara un trozo
sin camisa.
Tenía un pecho ancho y masculino cubierto de tatuajes negros. Los tatuajes,
brillantes y atenuados, continuaron entre sus abdominales duros como piedras y
desaparecieron bajo la cintura de sus pantalones. Los pantalones de cuero se
estiraron sobre sus muslos y abrazaron a su...
|
—Sigue mirándome así y el juego termina ahora —dijo con voz ronca.
Arrastré mis ojos lejos. ¿Qué diablos estaba haciendo comiéndome con los
ojos, el ser estaba a punto de arrancar mi alma de mi pecho? Lo mire a los ojos, él
está a punto de arrancar mi alma de mi pecho. Debería estar gritando. Rogando
por piedad. No, no iba a suplicar, y si gritaba, mis padres se apresurarián a subir
las escaleras. No quería que mis padres encuentren mi cuerpo sin vida en el piso de
arriba.
Tal vez podría razonar con la parca. Comprar más tiempo —¿Puedo tener
más tiempo con mis padres antes… —Mi voz tembló hasta detenerse. Me aclare y
terminé —¿Me vas a llevar?
Él arqueó una ceja.
—Por favor —agregué.
Él se rió entre dientes y pasó un dedo por mi cuello hasta el botón superior
de mi camisa, dejando atrás la carne caliente. —¿Mendigando, Cora? Eso es nuevo.
Puedes tener esta noche y todo el mañana. —Desabrochó el botón superior de mi
camisa— No te llevaré lejos. Tú vienes conmigo. Todos tenemos trabajos que
hacer.
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Agarré su muñeca. —¿Así que puedo tener hasta mañana por la noche?
—Claro —Me miró con los ojos entrecerrados, sonrió, extendió la mano hacia
atrás y sacó un cuchillo extraño. No fue la mini guadaña. Este era diferente. Tenía
una hoja más delgada y un mango surcado como si estuviera hecho
específicamente para sus largos dedos. Tragué saliva, mirando la hoja y luego su
cara.
—Ya terminé de jugar juegos, cariño —dijo— Te quiero ahora. —Bajó la
espada hacia mi corazón. Dejé de respirar.
—Por favor —susurré— Dijiste que tenía..
—El ruego es un buen toque, pero te estás excediendo —se burló, deslizando
la cuchilla debajo de mi camisa— No quieres aburrirme, Cora.
Una parte de mí quería cerrar los ojos y dejar que él me acabara, pero otra
parte se negó a acobardarse. Dejaré que me mire a los ojos mientras me mata, el
idiota. ¿Cómo podría prometerme más tiempo y luego cambiar de opinión? ¿Así era
como hacia las cosas? ¿Daba una falsa esperanza a los moribundos? Esperaba que
mi cara lo atormentara por la eternidad.
Lo miré fijamente, y nuestros ojos se cerraron mientras me preparaba para
el dolor que seguramente seguiría. En cambio, los botones de mi camisa volaron a
|
través de mi habitación cuando los cortó en un barrido limpio. El aire frío corrió a
mi piel. Instintivamente, tiré de la tela abierta e intenté taparme.
—Tampoco quieres hacer eso, cara de muñeca — advirtió.
Contuve la respiración otra vez cuando la punta fría del cuchillo tocó mi
piel. En cualquier momento, esperaba que sacara mi alma con la espada. ¿No había
apuntado su guadaña al alma de Morello y lo había congelado?
—Primero quiero hablar con mis padres —exigí. Al menos eso era lo que
pretendía hacer. Mi voz salió temblorosa.
Totalmente patético
—¿Ahora? —La cuchilla se movió hacia mi corazón.
—Sí. Para decirles bueno... bueno... —Las lágrimas corrieron a mis ojos, y no
pude terminar la frase. Como no quería que él los viera, cerré los ojos y me
preparé de nuevo. Una vez más, el dolor no llegó. Abrí un ojo y luego el otro.
Él me estaba mirando con el ceño fruncido.
—¿Estás bien? —Preguntó.
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Empecé a asentir, pero luego sacudí la cabeza. —No.
—Estás llorando. ¿Qué pasa?
¿Qué esperaba? ¿Qué debería reírme ante la muerte? —No quiero... a… —No
pude decir “morir”.
Se movió, por lo que estaba arrodillado, aunque todavía estaba a horcajadas
sobre mí. —¿Por qué no lo dijiste? Me habría detenido.
Parpadeé. Mi voz tembló mientras murmuraba, —¿Lo harías?
—Por supuesto —Empujó el cuchillo en algún lugar detrás él— ¿Cuál es la
diversión en el juego previo cuando no lo disfrutas?
¿DISFRUTANDOLO? ¿Qué tipo de bastardo enfermo jugaba con la gente antes
de matarlos? Tratando de no perderlo, entrecerré mis ojos hacia él. —¿Quieres
decir que tengo que mostrarte que tengo miedo antes de morir?
Me miró como si fuera la idiota más grande del mundo. —¿Morir? ¿De qué
estás hablando?
—Justo ahora. Estabas a punto de matarme y tomar mi alma.
Él se rió y se levantó con gracia de la cama. —Bonito alivio cómico, Cachetes
Bonitos —Se inclinó y sacó su camiseta.
|
—Soy un Grimnir, no un asesino. Hay reglas y hay reglas. Podría romper y
doblar algunas, pero no cruzó algunas líneas. Yo no mato a mi gente ¿Dónde has
estado la última semana?
Ahora yo estaba confundida. ¿Su gente? —¿La semana pasada?
—Se suponía que debías encontrarte conmigo, pero simplemente
desapareciste. ¿Qué pasó? —Se puso su camisa, tirando de ella sobre su amplio
pecho, su movimiento elegante. Las mangas abrazaron su pecho duro y sus brazos
masculinos. Cuando se cubrió los abdominales, me senté e intenté, sin éxito, no
babear mientras tiraba de mi camisa sin botones sobre mi pecho.
—¿Te vería? —Le pregunté. Mi proceso de pensamiento se había ralentizado a
paso de tortuga— Nunca te había visto antes hasta hoy en la tienda. Creo que me
estás confundiendo con alguien más.
—Oh, cariño —Extendió la mano y giró un mechón de mi cabello alrededor de
su dedo índice— Nunca te confundiría con nadie más. Te conozco de la única
manera que importa. Íntimamente. Hablar es para los que carecen de imaginación,
y los pequeños juegos que jugamos son solo juegos previos. —Me acarició el labio
inferior— Condimenta las cosas.
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—Corta eso. —Golpeé su mano, el calor corriendo a mis mejillas.
Necesitando espacio, me escabullí al otro lado de la cama.
—Estás equivocado. Yo nunca…
—¿Nunca qué?
No podía dejar escapar que era virgen. Que había estado esperando que
Eirik, el chico que amaba, un día se despertara y se diera cuenta.
—No importa. ¿Lo que estás diciendo es que todo el tiempo que pensé que
ibas a matarme, estabas jugando un juego?
—Juegos preliminares, cara de muñeca —Sacudió su ceño— Así es como te
gusta.
—¿Estás loco? Me asustaste muchísimo, ¿Y qué? ¿Una relación imaginaria
entre nosotros?
—¿Imaginaria? —Apareció a mi lado en un instante. Di un paso atrás, pero él
me siguió. Su aroma terroso y su calor se arremolinaron alrededor de mis sentidos,
atormentándome con mis pensamientos. —¿Te gustaría una descripción paso a paso
de lo que hemos estado haciendo tú y yo en las últimas semanas? ¿Cuánto te gusta?
Cuántas veces tú...
|
—No —espeté, mis mejillas ardían— ¡Para! No quiero ser parte de tu juego
retorcido, parca. ¿Qué? ¿Estás aburrido de escoltar almas, entonces tienes que
encontrar personas con las que follar?
Sus ojos se estrecharon. —¿En serio?
Quería sacar sus ojos. Justo en ese instante, no me importó que fueran
preciosos o que tuviera las pestañas más increíbles que jamás haya visto en un
hombre. Yo solo quería detenerlo.
—¿Me veo como si me estuviera divirtiendo?
—Entonces dime cómo sé cosas personales sobre ti, Cora Jemison —dijo,
inclinándose— Nacida el 16 de diciembre en Portland, rubio natural, cortinas y
alfombra. —Sonrió cuando el calor se apresuró a mi cara— Usas sujetador talla 30
D, odias las espinacas, pero amas la pizza hawaiana. Tu mejor amiga es Raine
Cooper, y hasta que llegué —hizo una pausa y sonrió— pensaste que estabas
enamorado de Eirik Seville. El dios-niño no te merecía.
—No es un enamoramiento. Amo a Eirik.
—No, tu no. Podría contarte una o dos cosas sobre él que te harían correr...
Página33
—No estoy interesada. Él es perfecto. Y Raine ya no es mi mejor amiga. —
Agarrando mi camisa rasgada, me alejé lo más posible de él— Podrías haber
obtenido esa información de mis amigos o mi vlog.
Sus cejas arqueadas se dispararon. —Bien, pasemos a detalles íntimos. Te
encanta cuando te beso en el cuello. Te hace ronronear como un gatito. Tienes dos
marcas de nacimiento distintas: una en la parte inferior de tu pecho izquierdo y la
otra en tu cara interna del muslo, donde solo un amante lo sabría. Quieres cubrir
ambos con tatuajes pero tienes miedo de que el tatuador se acerque demasiado.
¿Cómo podría él saber tales cosas? Cubrir mis marcas de nacimiento era algo
que nunca había discutido con nadie, ni siquiera con Raine. No, eso no era cierto.
El tema del tatuaje había surgido durante una sesión de grupo con el Dr. Wendell
en el pabellón de psiquiatría, y mencioné que quería tatuarme.
—¡GAH! ¡Eres un idiota pervertido y enfermo! Enviaste tus almas espiarme.
No me extraña que me despertara y los encuentre de pie sobre mi cama.
—Escucha, muñeca. Me encanta jugar contigo porque hace que el sexo sea
genial entre nosotros, pero es ridículo —Se alejó y tomo su capucha— Deja de fingir
que no me conoces. Si quieres terminar, solo dilo. Es obvio que preferirías ser un
Mortal que... —Parecía listo para agarrarme y sacudir algo de sentido común en
mí— Olvídalo.
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—¿Qué? ¿Estar contigo, alguien que obviamente está loco? —Saqué una
sudadera con capucha de la clavija de mi pared y me la puse— ¿Qué clase de parca
inventa historias sobre personas? Besándolos como... como...
—¿Cómo qué? —Preguntó, con la sonrisa molesta en su rostro— ¿Te
conociera? ¿Como si supiera lo que te gusta y cómo te gusta?
—Como si quisieras chupar su alma, idiota. —Dije bruscamente y traté de
cerrar la sudadera con capucha, pero mis manos temblaban demasiado— Quieres
mi alma, tómala, pero no andes diciendo que somos amantes cuando nunca he
visto tu cara petulante y condescendiente desde donde sea que hayas estado. Si
esto es algún tipo de broma de parca porque moleste algunas almas, entonces
hazlo. La broma es sobre mí. Ahora sal de mi habitación.
Me miró como si hubiera perdido la cabeza, y luego se rió entre dientes.
—Idiota —Agarré una almohada y se la arrojé.
La atrapó y la tiró en mi cama. Entonces él abrió sus brazos.
—Ven acá. Debería consolarte, no darte un mal momento. Las Norns deben
haber borrado tus recuerdos. Es por eso que no puedes recordarme.
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—¿Norns? No sé lo que son o les importa. Sólo. Muévete. Fuera. —Agarré lo
más cercano, el atizador que había usado para dispersar fantasmas, y se lo arrojé.
Él ni siquiera intentó bloquearlo. Rebotó de su pecho y aterrizó en el suelo con un
ruido sordo.
—No te preocupes, cariño. Descubriré por qué y te ayudaré a recordar todo.
—Su mirada se dirigió a mi cama, y me dio una sonrisa lenta, la implicación clara.
—En tus sueños, parca —espeté, haciendo que la palabra sonara como algo
que se había arrastrado fuera de una alcantarilla— Sal.
Él dejó de sonreír, sus tatuajes aparecieron y comenzaron a brillar. —
Alguien viene —Él inclinó la cabeza y escuchó— Pisadas más pesadas significan que
es tu padre. Soy un Grimnir, no asesino o parca. Grimnir. —Se movió rápido y
estaba frente a mí antes de que yo pudiera parpadear, su mano acunó mi cabeza,
sus labios a una pulgada de los míos. —Y tú y yo somos amantes.
—No, no lo somos —Intenté alejarlo, pero fue como empujar una pared. Una
pared cálida con un corazón palpitante y olores diseñados para meterse con la
cabeza de una niña. Sus ojos se dirigieron a mis labios.
—No te atrevas —le dije con los dientes apretados.
—Ah, pero yo sí. —Luego me beso.
|
Esperaba una invasión de mis sentidos. En cambio, obtuve dulzura y algo que
no pude explicar. Mis manos dejaron de alejarlo. Mis dedos se curvaron y
empuñaron su camiseta. No estaba segura de lo que quería hacer. Acercarlo más,
tal vez. Todo lo que sabía era que la pelea me había dejado.
Levantó la cabeza, evitando que me humillara. Luego abrió la boca y habló.
—Me quieres a mí, Cora Jemison. Tu mente puede no recordar, pero su cuerpo lo
hace.
Quería darle un rodillazo fuerte, pero él ya se estaba alejando.
—Si las Norns hicieron un barrido limpio, y no recuerdas mi nombre. Es Echo.
No lo olvides, porque tú y yo tenemos una buena cosa aquí, Cora. Volveré por ti.
Eso sonaba ominoso. —No te molestes.
—Cuando se trata de ti, nada es una molestia. —Se detuvo al lado del espejo
de cuerpo entero en la puerta de mi armario, sus ojos no me dejaban, su sonrisa
en su lugar. La superficie del espejo cambió de textura, creciendo granulosa y
luego nublada como la nube que lo había visto conjurar en la tienda. Se agitó y
formó un túnel a la nada. Probablemente al infierno.
Echo parpadeó justo cuando la puerta se abrió de golpe y mi padre se quedó
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en la puerta con expresión preocupada.
—Más tarde, cara de muñeca —dijo Echo.
Papá no pareció oírlo ni ver el portal en el espejo. —¿Qué está pasando,
Cora? Te escuchamos gritar —Echó un vistazo alrededor como buscando un intruso.
—Estoy bien, papá —Busqué una excusa y recordé la computadora portátil—
Estaba en línea y, en cierto modo, reaccionó de forma exagerada a algo que leí. Lo
mantendré bajo.
Frunció el ceño, sus ojos en la computadora portátil. —¿De qué se trataba?
¿Tú?
—No-oo —Me reí, aunque mi voz sonaba débil— Es la tendencia estúpida de
la moda. No tengo idea de a quién se le ocurre lo que está de moda y lo que no. —
Puse los ojos en blanco y me estremecí fingidamente, luego lo miré por el rabillo
del ojo. Todavía fruncía el ceño, obviamente no me creía. —El cuero es grande
este otoño, y aborrezco totalmente la sensación de cuero en mi piel, a menos que
sean botas, lo que me recuerda que tengo que ir de compras. Necesito una nueva
chaqueta y suéteres y, oh, pantalones. Varias parejas. —Papá hizo una mueca. La
moda no era lo suyo— Tú o mamá pueden llevarme a la ciudad, ya que no me
dejarán conducir.
|
—Yo, uh, tu madre puede llevarte —Comenzó a cerrar la puerta— La cena
estará lista en quince minutos. Baja las escaleras y ayuda a tu madre a poner la
mesa.
—Bajaré en un minuto. —La puerta se cerró detrás de él, y lentamente
exhalé.
Me senté en la cama y miré mi reflejo. ¿Qué está pasando? Salté y me
desnudé. Las marcas de nacimiento que Echo había mencionado todavía estaban
allí. O alguien estaba jugando una broma cruel conmigo o yo había entrado en una
realidad alternativa donde estaba teniendo una aventura con una parca molesta y
arrogante. Tomaría la broma cruel cualquier día.
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03. DOS LUGARES o DOS PERSONAS
Cuanto más me acercaba a mi escuela, más nerviosa me volvía. Los últimos
dos días habían sido una pesadilla: me preocupaba la escuela, Echo volvía con
historias más extrañas, veía los videos en mi vlog una y otra vez, y trataba de
encontrar cualquier cosa que tuviera sentido.
La parca molesta no regresó, y no encontré nada útil en línea. Fui yo en esos
videos, no alguien que se hace pasar por mí o un doppelganger. El manierismo, las
expresiones faciales, incluso la risa en esos videos decía que era yo.
¿Pero cómo me había escabullido de la sala de psiquiatría? ¿Había creado un
portal a través de un espejo como lo había hecho Echo, pero había estado
demasiado lleno de medicamentos psicológicos para recordar? El problema era que
no sonaba drogadicta ni miraba raro en los videos. No saber cómo los había
grabado me estaba volviendo loco.
Durante dos días, investigué fenómenos sobrenaturales. La proyección astral
fue una posible explicación. Pude ver almas, así que no fue un estiramiento. Echo
mostró sus tatuajes y se volvió invisible, por lo que mi imagen astral podría
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haberse conectado con él.
Bien. Parecía algo sacado de una novela de fantasía. Me habría acordado de
Echo. Besándome con él. Solo odiaba la idea de haber tenido sexo con él. ¿Cómo
podría haber olvidado mi primera vez?
Papá se detuvo en la señal de Alto, y yo me estacioné detrás de él. Insistí en
traer mi Elantra a pesar de que él y mamá habían causado un gran mal al respecto.
¿Cómo diablos iba a volver a ser normal cuando no podía conducir hasta la escuela?
Después de comprar ropa con mamá ayer y almas que nos seguían a todos lados
como zombies, sabía que no podía dejar que fuera mi chofer. Ella casi me había
atrapado fulminando con la mirada a un alma.
Un repentino y frío viento llenó mi automóvil cuando pisé el acelerador.
Sofoqué un grito y puse los frenos cuando mis ojos se encontraron con los de Echo
en el espejo retrovisor.
—¿De dónde vienes? —Grité.
Echo me sonrió desde el asiento trasero de mi auto. —Buenos días para ti
también, cara de muñeca.
—¿Cómo hiciste...? No importa. Probablemente caminas a través del metal,
también —Sus tatuajes estaban brillando de nuevo.
—Sí, lo hago —se jactó.
|
—¿Qué estás haciendo aquí? ¿No te dije que me dejaras en paz?
—¿No te dije que no puedo? Te extraño. —Envolvió sus brazos alrededor del
reposacabezas de mi asiento y se adelantó.
El calor corrió a mi cara. La idea de él como mi amante llenó mis entrañas
de mariposas. Que no eran las náuseas lo que me molestaba. Él era el parca,
maldita sea. Un ser que se suponía que tenía que temer y denigrar, no... No estaba
segura de lo que sentía cuando estaba alrededor. Molesto estaba en la parte
superior de la lista.
—Te dije que no te conozco y que no somos…
—¿Amantes? Lo sé. Eso es nuevo.
—¿Qué?
—El sonrojo. Nunca te sonrojas, incluso cuando hago el más travieso…
—Oh cállate, Letch1. Es como si tuvieras una mente de una sola vía.
—Esa no es mi culpa. Tú nunca quisiste hablar. No es que me importara. Me
encantó haberte robado la ropa.
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—No te preocupes; no volverá a suceder —respondí mientras mi cuerpo se
calentaba con las imágenes que sus palabras evocaban.
—¿Quieres apostar?
Un coche tocó la bocina y me di cuenta de que no me había movido desde
que apareció en mi automóvil. Había una larga fila de autos detrás de mí.
—Ahora mira lo que me hiciste hacer —Quite el pie del freno. Adelante, la
camioneta de papá no estaba a la vista.
—Lo siento —dijo Echo, pero no sonaba o parecía arrepentido. Extendió la
mano y levantó el cabello en mi hombro derecho.
Golpeé su mano. —Para.
—No puedo evitarlo. —Plantó un beso en mi cuello. El auto se balanceó
cuando momentáneamente perdí el control.
—Lo digo en serio. Deja de jugar conmigo, Echo.
—Hueles increíble —Me siguió dando besos por el cuello hasta la oreja e
inhaló.
1
Letch: se refiere a alguien con un alto deseo sexual.
|
Las sensaciones que invadieron mi cuerpo eran francamente aterradoras. Ni
siquiera Eirik me había hecho sentir así. Si pudiera olvidar que Echo era un lunático
y me estaba volviendo loca, hubiera disfrutado la sensación.
Levanté la mano e intenté alejar su cabeza, pero fue como mover una roca.
Peor aún, mi mano se hundió en su cabello. Era sedoso, y por un breve momento,
quise pasar mis dedos por él, tal vez mantener su cabeza en su lugar y saborear el
momento.
Me mordió la oreja. Chillé y, una vez más, perdí el control del automóvil.
—Joder, Echo. Podríamos tener un accidente.
—Pero nos auto-sanamos.
¿También me curó a mí misma? Bonito. No, no es bonito. Me negué a
comenzar a creer en sus locas suposiciones. —Podría lastimar a alguien.
—Son solo Mortales. Si es su hora de irse, es hora de irse. Ninguna fuerza de
la naturaleza puede detener eso. No, eso no es verdad. Las Norns podrían. Te ves
impresionante esta mañana. Amo ese tono de rojo en ti. Muy vampiro ¿Qué es lo
que una vez me dijiste? Rojo te da el empuje extra cuando estás teniendo un día
de mierda.
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La única persona que sabía eso era Raine. —¿Quién te dijo eso?
—Tú, cara de muñeca. ¿Por qué estás teniendo un día de mierda?
Miré hacia adelante. —Porque estás jodiendo con mi cabeza. ¿Cómo es que
sigues diciendo cosas que no recuerdo?
—Te lo dije. Las Norns te ponen un golpe.
—¿Las Norns?
—Deidades del destino. Quiero decir, amargas brujas. Controlan el destino
de todos los seres: los mortales, los inmortales, incluso los dioses. Curiosamente,
descubrí por qué te atacaron y borraron tus recuerdos.
—¿Por qué? — No es que yo creyera sus divagaciones.
—Di por favor.
Estuve tentada a ignorarlo, pero algo extraño me había sucedido y quería
respuestas. Dejé el automóvil en un lugar de estacionamiento frente a mi escuela,
apagué el motor y me volví para mirar a Echo. Estaba vestido con todo el cuero
otra vez hoy. Me di cuenta de que lo que había asumido que era una camisa de
cuero era en realidad un chaleco de algún tipo. Una vez más, llevaba guantes sin
dedos y anillos góticos plateados con marcas extrañas.
|
—Por favor—, dije con los dientes apretados.
Tocó sus labios. —Quiero un beso, también.
Estreché mis ojos. —¿Por qué eres así todo el tiempo? ¿Crees que esto es
divertido para mí? ¿No recordar cosas? ¿Despertar una mañana y ver almas? ¿Acabar
en una sala de psiquiatría, donde me llenaron de drogas, y luego regresar a casa
solo para ser recibido por ti, una parca?
—Grimnir —corrigió y frunció el ceño— ¿Son esos los recuerdos falsos que las
Norns te dieron? ¿Sala de psiquiatría? Eso está mal.
—Estaba en una sala de psiquiatría —espeté.
Él levantó sus manos. —Bueno. No es necesario ser quisquilloso.
—No soy…
Cubrió mi boca y sonrió cuando le mordí la mano. Presione hasta que probé
sangre. Él ni siquiera hizo una mueca. Su sonrisa se amplió en su lugar.
—Bebe mi sangre, cara de muñeca. Únete conmigo por la eternidad.
La idea fue aterradora. Aparté su mano y me sequé la boca. —Ew. ¿Tu
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sangre puede hacer eso?
Él rió.
—¿Podrías ser serio por un segundo? —Le pregunté.
—¿No quieres ser mía para siempre?
—Ew, no —Hice una mueca— Ni siquiera me gustas.
—¿Qué me gustes tiene que ver con algo? Mientras me quieras, estoy bien.
—No te quiero.
Él me dio una sonrisa lenta y malvada. —¿Quieres que lo pruebe?
Siguió el silencio, y pude sentir calor trepando por mi cara. Extendió la
mano para tocarme la cara, pero esquivé su mano.
—Está bien, estoy bromeando sobre la sangre —dijo— Pero puedes morderme
en cualquier momento —Me mostró con orgullo la marca de mordida que le había
dejado en la mano. Las runas en su mano brillaron y la herida se selló, la sangre
también desapareció— No es nada que mis runas no puedan sanar. Para unirse,
Cachetes Bonitos, tendré que hacerte una runa.
—¿Runa que?
|
—Graba esto —señaló sus tatuajes— sobre ti con mi espada. No digas nada.
Tu padre está aquí. Te explicaré sobre las Norns más tarde. En este momento,
tengo que irme. Las almas no esperan por siempre, ya sabes. Corren, y los
afortunados siguen a Grimnirs calientes como tu.
Me volví para encontrar a papá junto a mi puerta.
—No soy una Grim —le dije con los dientes apretados.
—Grimnir, cara de muñeca. Dejar de llamarnos grim. Es insultante ¿Me das
un beso antes de irme?
—No.
—Oh vamos.
Ignorándolo, abrí la puerta y saqué mi mochila. Echo ya estaba afuera,
luciendo como el ángel de la muerte en su ropa negra y su capucha, el único color
era su suave piel dorada con brillantes tatuajes. No, no son tatuajes. Runas.
Lo fulminé con la mirada, pero estaba malgastado en él. Solo sonrió, se
apoyó en mi auto y me dio una lenta lectura bajo los ojos entrecerrados. Me
estremecí.
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¿Tenía que hacer eso? Debió haber perfeccionado esa pose frente a un
espejo, pero parecía tan caliente. Ignorarlo no fue fácil, pero logré apartar mis
ojos. El estacionamiento estaba vacío con excepción de algunos autos, pero pronto
se llenaría de autos y bicicletas. Oregón era un estado verde y a menos que
estuviera nevando, muchos estudiantes iban y venían de la escuela en bicicleta.
—Llevaré tu mochila —dijo papá.
—Está bien, papá. Lo tengo —Cerré mi puerta. Echo aún flotaba.
Papá tocó el fondo de mi mochila. —¿Qué llevas? Se ve pesado.
Puse los ojos en blanco. —Son solo libros, papá. Y por favor, deja de
tratarme como si estuviera enferma. Si puedo llevarme a la escuela, puedo llevar
mi propia mochila.
—Y si activas tus runas, puedes cargarlo sin sudar demasiado—, agregó Echo.
No miré hacia él, pero guardé esa información para más tarde. No es que
tuviera runas o la intención de involucrarlas. Lo que sea que eso signifique. Papá
todavía me estudió con el ceño fruncido.
—Has perdido bastante peso —dijo.
|
—Estoy de acuerdo —dijo Echo— Lo sentí ayer cuando te levanté. Creo que
estabas triste por mí y te negaste a comer.
Ignorarlo era cada vez más difícil.
—No sirven exactamente grandes porciones en la casa loca —dije.
Papá hizo una mueca, y deseé no haber traído el hospital psiquiátrico. Se
veía inquieto cada vez que me visitaban en PMI. Probablemente le fue difícil
aceptar que su única hija había sido institucionalizada.
—Te dije que esos eran recuerdos falsos de las Norns —intervino Echo.
Desearía poder decirle que se calle. Levanté la mano y besé la mejilla de
papá.
—Te quiero papa.
—¿Cómo es que consigue un beso y yo no? —Preguntó Echo.
—¿Por qué fue eso? — Preguntó papá al mismo tiempo.
—Por ser el mejor padre —Comencé a cruzar la calle y él se puso a mi lado.
Echo me flanqueó en el otro lado. Él estaba diciendo algo, pero lo desconecté.
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Habló demasiado. Más autos chillaron para detenerse detrás de nosotros. Miré
hacia atrás, reconociendo algunos. Pronto la entrada principal estaría llena de
estudiantes preguntándose dónde había estado. Curioso. Señalando. Mi peor
pesadilla.
—Escuela —dijo Echo y se estremeció— Por qué las Valquirias insisten en
mezclarse con los Mortales en este pozo negro alucina la mente. Juraste que
tampoco volverías aquí, pero dado que las Norns arruinaron tus recuerdos, supongo
que no te acuerdas de eso.
Dejé que mi cabello cayera hacia adelante, para que papá no me viera la
cara, y miré a Echo. —Solo vete —dije— ¿Por favor?
Sus ojos se estrecharon. Luego suspiró. —Está bien, pero me lo debes.
¿Por qué? Quería preguntar, pero no quería saber la respuesta. Sus locas
historias se fueron agregando a mi pesadilla. No revisé para verlo desaparecer,
pero supe en el momento en que él se fue. El aire estaba menos cargado. Era como
si él hubiera emitido un pulso y estuviera sintonizado con él, lo cual era una locura
porque cada vez que aparecía, seguía un aire gélido.
Entramos a las puertas dobles que llevan a la oficina principal. La secretaria
nos indicó que fuéramos a la oficina del director. Realmente no quería ver al Sr.
|
Elliot. Una llamada telefónica explicando mi regreso hubiera sido suficiente, pero
papá insistió en hablar con él.
—Señor Jemison —dijo el director, levantándose. Él sacudió la mano de
papá, asintió en mi dirección e indicó las sillas frente a las suyas.
—Entonces, ¿Qué puedo hacer por ti? —Preguntó, sentado.
—Mi hija —papá me miró y sonrió— ha perdido bastante tiempo de escuela, y
me gustaría ayudarla a ponerse al día. No quiero que repita una clase o que sus
calificaciones bajen.
El señor Elliot sonrió y se inclinó hacia delante. —Eso es muy admirable, Sr.
Jemison. Pero como le dije en el correo electrónico, Cora es una gran estudiante y
no tendrá problemas para ponerse al día.
Sí claro. No iba a tener vida social por el resto del año.
Papá frunció el ceño. —¿No cree que ella necesita ayuda? Ella se ha ido hace
un tiempo.
El señor Elliot sonrió. —Las maestras le darán sus paquetes de trabajos
perdidos, y puede tomar los cuestionarios y exámenes que haya omitido. Pero no
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creo que haya perdido lo suficiente como para que nos preocupemos. Sus
calificaciones son buenas. Lo comprobé. Si tiene problemas para captar conceptos,
los profesores trabajarán con ella.
Los desconecté y me recliné en mi asiento. La mayoría de los estudiantes
que se habían perdido semanas de clases a menudo tenían problemas para ponerse
al día. Raine podría ayudarme. No, no iba a correr hacia ella por ayuda. Pasaría
por los paquetes sola. Cuando papá y el director se pusieron de pie, me di cuenta
de que habían terminado de hablar.
Afuera de la oficina, los estudiantes pasaban apresuradamente, pero nadie
me miraba ni señalaba. Papá miró a derecha e izquierda antes de volverse para
mirarme. Él parecía preocupado.
—Ve —dije— Estaré bien.
Él dudó. —¿Estás segura?
—¡CORA!
Me volví y casi me derribó una chica morena de mi equipo de natación.
Hanna Jenkins, apodo de nado Kicker. No éramos amigas ni siquiera remotamente
cercanas, por lo que la exuberancia fue sorprendente.
|
—¿Dónde has estado? —Preguntó. Ella miró a papá y sonrió— Hola, señor
Jemison.
Papá tenía una expresión confundida. A pesar de que había asistido a mis
reuniones de natación, dudaba que recordara a Kicker. No pasamos el rato fuera
de las actividades del equipo.
—Te veré en casa más tarde, muffin —dijo papá.
—Está bien, papá. Adiós.
Le di una breve ovación, feliz de estar en la escuela y, al mismo tiempo,
preocupado.
Kicker me golpeó con su hombro. —En serio, ¿Qué te pasó? No respondiste
mis mensajes de texto o llamadas. Es como si hubieras desaparecido después del
juego.
—¿Juego? —El último evento al que asistí con ella fue el trágico encuentro de
natación.
—Ya sabes, el juego de casa. Besaste a Drew. —Ella abanicó su rostro— Hacía
mucho calor. Torin y Raine definitivamente tienen competencia con ustedes dos.
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Estoy sorprendida de que no lo hayas llamado. El pobre tipo siguió llamándome y
enviándome un mensaje de texto, preguntando dónde estabas. Estaba preocupado
por ti. Se veía terrible cuando lo vi en el funeral de Keith. Quiero decir, él y Keith
estaban cerca, así que por supuesto que estaba destrozado por su muerte, pero
creo que también estaba preocupado por tu repentina desaparición.
—¿Keith Paulson murió?
Kicker asintió. —Deidre Fuller y Casey Riverside también. Fue una noche
loca.
Recuerdo a Deidre, una animadora que había actuado como si estuviera por
encima de todos los demás. Casey había sido su opuesto. Dulce y agradable. Había
salido con Blaine Chapman, el ex mariscal de campo.
—Eso es muy malo —dije.
—Es como si nuestros equipos deportivos estuvieran siendo acechados por la
muerte o algo así. Drew dijo que se estaban besando, y luego simplemente
desapareciste.
No había forma de que besara a Drew Cavanaugh. Era guapo, popular y
cargado, pero no era mi tipo. No salí con muchachos así.
—¿Cora?
|
Levanté la vista y me di cuenta de que habíamos llegado a nuestros
casilleros. Afortunadamente, Raine no estaba allí. Su casillero estaba al lado del
mío. "Lo siento. Esa noche también me lastimé y tuve que irme por un tiempo.
—Oh, ¿Por qué no me dijiste? —Ella me miró, con su voz graciosa— Nadie
sabía dónde estabas, excepto Raine.
Fruncí el ceño. —¿Raine?
—Le pregunté el lunes si había tenido noticias tuyas y actuó de forma
extraña. Luego, ayer, dijo que estabas ausente y que volverías pronto. Cuando la
presioné para obtener más información, ella me impresionó.
Raine había mentido. ¿Por qué?
—Mis padres decidieron que debería quedarme con mi tía en Portland por un
tiempo —mentí, guardando mis libros y seleccionando lo que necesitaba para mis
clases de la mañana. Kicker siguió mirándome— Me golpeé la cabeza con fuerza y
tuve una conmoción cerebral severa, así que mis recuerdos han estado un poco
caídos.
Ella cerró su casillero y se acercó. Otros estudiantes estaban entrando al
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pasillo, pero no nos miraban. Aun así, Kicker bajó la voz. —¿Quieres decir que no
recuerdas cosas?
Asentí.
—¿Cómo qué?
—Parece que no puedo recordar el último mes más o menos, incluido el
juego local o besar a Drew.
Los ojos de Kicker se abrieron de par en par. —Whoa.
—Los doctores dijeron que recuperaré los recuerdos perdidos, pero tomará
un tiempo.
—¡Joder! Eso apesta.
—Es por eso que no te llamé a ti ni a Drew —Comenzamos a caminar hacia el
ala inglesa. Raine y su novio venían hacia nosotros. Los vi primero. Estaban
envueltos en su propio mundo. Detrás de ellos estaban la rubia y el chico de pelo
plateado que había venido a mi casa.
Raine levantó la vista y me vio. Ella sonrió y saludó. La ignoré y seguí a
Kicker al pasillo a nuestra izquierda, sin aminorar la velocidad cuando Raine dijo
mi nombre. Ella y yo estábamos terminadas.
—¿Cuándo fue el juego de casa? —Le pregunté.
|
—Uh, hace dos viernes —dijo Kicker.
—Así que estuve aquí en la escuela, ¿Excepto la semana pasada? —Le
pregunté.
Kicker se rió —Estás hablando en serio. Quiero decir, no me estás engañando
para evitar mis sentimientos ni nada de eso .
—Lo digo en serio. Yo, eh, no recuerdo mucho.
—¿Las cenas en mi casa?
Negué con la cabeza.
—The Halloween Invitational cuando tuvimos una derrota humillante para los
Cougars y luego terminamos en Sondra's, comiendo pizza fría y viendo Psicosis.
Yo comiendo pizza fría? Ew. Mi proyección astral o el otro yo era una
perdedora total o una ninfómana, si se creía que Echo. —No, no recuerdo nada de
eso.
Kicker suspiró. —Estuviste aquí en la escuela, hasta después del juego.
Empezamos a salir hace semanas. Tú, yo, Naya y Sondra.
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—¿Raine?
—Ella ya no está nadando y siempre está con su novio. Supuse que ustedes
dos tenían una pelea o algo así. Tú, en cierto modo, dejaste de salir con ella, y
nunca quisiste que la invitáramos.
Quizás no había querido ser una tercera rueda, o Raine se había dado cuenta
de que yo no era yo. Eso no explicaba cómo había estado en dos lugares al mismo
tiempo, porque mi estadía en PMI no era producto de mi imaginación. No estaba
muy segura acerca de la teoría de proyección astral, y mi instinto me decía que no
confiara en nada de lo que Echo dijera. Las deidades del Destino borraron mis
recuerdos, qué conveniente para él.
—Coqueteaste mucho con Drew, y Eirik también —agregó Kicker— Se ha ido
ahora.
Se me cayó el estómago. —¿Eirik?
Kicker asintió. —Por supuesto, no lo recuerdas. Su familia se mudó.
De hecho, me sentí aliviada de escuchar eso. Pensé que ella había querido
decir que él había muerto. —¿A donde?
Kicker se encogió de hombros. —No lo sé. Doc acaba de decirle al equipo
que se había ido. Tal vez Raine lo sabe.
|
No estaba segura de qué era más doloroso: Eirik no me visitaba o se iba sin
siquiera despedirse. Debo haber significado nada para él todos estos años.
***
—Te extrañamos la semana pasada, señorita Jemison —dijo el Sr.
Pepperidge, mi profesor de inglés, entregándome un papel— Buen trabajo en este
ensayo. Veme después de clase.
Eché un vistazo al papel. A +. El papel escrito, tenía mi nombre en la parte
superior y fue enviado hace dos semanas. Más pruebas de que había estado en dos
lugares al mismo tiempo. Tal vez tomar medicamentos psicológicos había sido
bueno para mí porque no había recibido una A en inglés desde que comencé la
escuela secundaria.
La clase estaba terminando Scarlet Letter, así que estaba perdida y
aburrida. Esperé a que los estudiantes salieran de la habitación me acerque al
maestro. Mi corazón latía con fuerza, estaba segura de que iba a decir que fui un
fraude. Él me entregó una copia del libro.
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—Léelo y elige dos personajes o eventos en la historia y demuestra cómo
Hawthorne los describe desde diferentes puntos de vista y cómo esto afecta su
impresión de ellos. No es nada grande, solo un ensayo corto.
—Gracias, Sr. P. —Puse el libro encima de mi carpeta.
Él sonrió. —Creo que deberías considerar seriamente tomar Literatura
inglesa AP y composición el próximo año. Tu escritura ha mejorado enormemente
en el último mes.
—Está bien, lo haré —mentí y me apresuré a salir del aula.
Cada clase después de eso fue igual. Me convertiría en una estudiante
ejemplar. Una genio. Incluso matemáticas, mi tema más odiado. Realicé todas los
cuestionarios, pruebas y tareas asignadas. La escritura a mano en las pruebas
manuscritas fue mía hasta la forma en que escribí L también en mayúscula, parecía
el signo de la libra inglesa menos la línea horizontal corta.
O Echo había tenido razón todo el tiempo y realmente nunca me había ido
hasta la semana pasada, o mi proyección astral había asistido a clases mientras
estaba atrapada detrás de las paredes de PMI. Iba con esto último porque no había
forma de que el parca molesto hubiese sido mi amante.
|
Después de lo que Kicker me había dicho, me sentía un poco caritativa hacia
Raine, pero aún no estaba lista para ser amiga. Dos veces, entre clases, la vi, y
cada vez ella sonreía. Yo la ignoraba, o lo intentaba. No fue fácil. Hemos sido
amigas desde la secundaria y había compartido mucho.
Estaba guardando mis libros antes de irme a almorzar cuando ella y su novio
me arrinconaron. Él era más llamativo en persona que en las imágenes en línea y
tenía increíbles ojos azules, sin embargo, algo en ellos me recordó a Echo. Tal vez
fue el estado de alerta o el nerviosismo de él.
—Oye —dijo Raine.
Yo quería ignorarla nuevamente e incluso intenté irme, pero su novio me
bloqueó el camino. Lo miré fijamente. Suspirando, me volví y me enfrente a Raine.
No tenía sentido mostrarle cuánto me había lastimado, y su mirada de cachorro
flaco se estaba volviendo cansada. Nunca había sido buena ocultando sus
emociones.
—Hola —dije— Me gusta tu pelo.
Ella parpadeó como si estuviera sorprendida. —Gracias. yo se que dices
sobre esto. Uso un rizador.
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No estaba lista para ser tan amistosa con ella. Si quería arruinar su cabello,
no me importaba.
—Uh, este es Torin St. James —dijo cuando se dio cuenta de que no iba a
decir nada más— Torin, Cora Jemison, mi mejor amiga.
Sí claro. Alguna mejor amiga.
Torin sonrió y asintió, pero continuó mirándome como si esperara que lo
hiciera, no sé, decir algo malo a Raine. ¿Qué haría?
Le di una mirada desafiante y dije: —Vi tus fotos en línea.
—Es ridículo cómo siempre termina en la página de alguna chica —dijo
Raine— Solo. Sin camisa.
—En realidad, a los que vi fue a ustedes dos —corregí.
—Oh —Ella lo miró y le dio un codazo cuando sonrió. Se apoyó contra él y se
centró en mí— Uh, es bueno tenerte de vuelta, Cora.
Me encogí de hombros. —Es raro.
Ella intercambió una mirada con Torin y frunció el ceño. —¿Qué quieres
decir?
|
—Es como si nunca me hubiera ido —Esperé a que ella dijera algo sobre mi
estadía psiquiátrica o me diera una pista sobre lo que sabía. No estaba segura de lo
que le había dicho a mi madre una semana atrás o de lo que mamá le había dicho.
No me había preocupado lo suficiente como para preguntar.
Un silencio incómodo siguió.
—Pasamos por su lugar el viernes después de la escuela —dijo Raine— No sé
si tu padre te lo dijo.
—Lo hizo. Quería llamarte —No le expliqué por qué no lo hice.
—¿Quieres almorzar con nosotros? —Preguntó Raine tentativamente.
Me encogí de hombros. —Le prometí a Kicker que me sentaría con ella y los
demás.
Raine hizo una mueca, sin ocultar su decepción. —En realidad, estábamos
pensando en dirigirnos al centro —Miró a Torin y una comunicación silenciosa pasó
entre ellos— Pero me reuniré con ustedes chicos. Torin odia la comida escolar.
—No me importa comerlo de vez en cuando —dijo con acento británico, su
voz profunda y suave. No es de extrañar que los comentarios en línea hayan
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contado sobre su acento. Fue sutil, hermosa.
—No, vas al centro —le susurró.
—¿Tratando de deshacerme de mí, Pecas? —Bromeó, acariciando su mejilla.
—Sí. Así que se bueno y ve.
—No suelo ser bueno, cariño —Me miró y sonrió.
—Nos vemos, Cora. En cuanto a ti —tocó la nariz de Raine— no puedes
deshacerte de mí tan fácilmente —Dejó caer un beso prolongado en sus labios y se
alejó. Ella lo miró. Como si él supiera que estaba mirando, se volvió y le guiñó un
ojo.
—Presumido —murmuró Raine.
—Vaya, es difícil creer que estás saliendo con el mariscal de campo —Dije
sarcásticamente cuando comenzamos a ir a la cafetería— Tu odias el fútbol.
Raine sonrió. —Lo sé.
—¿Lo ves practicar?
—Sí —Sus mejillas se pusieron rosadas— A él le gusta.
|
Me reí. —¿Qué has hecho con la Raine que conocía? Ya sabes, la que se reía
de las chicas que hacían cosas por su chicos y nunca, nunca se disfrazaban para la
escuela.
—No empieces. Entonces, ¿Cómo estás volviendo en tu primer día?
Me encogí de hombros. —Está bien, supongo.
—¿Recuerdas la reunión que tuvimos hace más de un mes? Ya sabes, cuando
un rayo golpeó la piscina y mató a algunos de nuestros ¿Compañeros de equipo?
Sí, el día en que comenzaron mis pesadillas. Fue grabado en mi cerebro. Ella
había advertido a la gente para abandonar la piscina. Entonces allí fue un caos
cuando los rayos cayeron sobre la piscina. Quien dijo un rayo no golpeó un lugar
dos veces había mentido. No podía recordar qué le había pasado a Raine, pero
había visto los seres brillantes llevar a las almas de los muertos a un túnel lleno de
colores. Tres de los seres habían tratado de atraer a Raine.
No estoy segura de por qué estaba preguntando, decidí ir a lo seguro.
—Vagamente.
Ella frunció. —¿Qué quieres decir?
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—No recuerdo nada, excepto que adviertes a la gente para salir de la piscina
justo antes de que cayera el rayo.
Raine frunció el ceño. —¿No recuerdas las últimas seis semanas?
Negué con la cabeza, aunque me moría por preguntarle sobre mi
comportamiento durante esas semanas. —Está todo en blanco. Es como si nunca
hubiese estado aquí. ¿Cómo sabías que algo malo estaba a punto de pasar en ese
encuentro? ¿Qué pasó después?
Se puso pálida. —No puedo explicar cómo lo sabía. Solo lo hacia. Yo
desaparecí durante dos semanas después de eso, y cuando volví, fue realmente
difícil de ajustarme. La gente me trató como si tuviera piojos.
—Eso es horrible. ¿Por qué?
—Todos en la escuela hablaban de la reunión. Me etiquetaron como una
bruja. Si no fuera por Torin y Eirik, no sé si hubiera sobrevivido esas semanas.
¿Era por eso que ella no me había visitado? No, no había visitado porque yo
estaba aquí también. Alguien me disparó. Esto era tan malditamente confuso.
—A nadie parece importarle ahora —murmuré.
—Salir con Torin detuvo el chisme.
|
¿Qué hay de Eirik? Habían comenzado a salir antes de que la pesadilla se
diera. ¿Lo había abandonado por Torin? ¿Se había ido antes o después de que
comenzó a salir con Torin?
Antes de que pudiera preguntarle sobre Eirik, doblamos una esquina y
sofoqué un gemido. Drew y un grupo de futbolistas y animadoras estaban a la
entrada de la cafetería. Él era la última persona que quería ver.
—¿Qué pasa? —Preguntó Raine cuando baje la velocidad.
—Uh, nada. —A medida que nos acercábamos, Jaden Granger nos vio
primero. No pude soportarlo.
—Mira quién ha vuelto —dijo— Señorita Prissy Jemison. Me debes una cita,
Cora.
En sus sueños. La molestia cruzó la cara de Drew, pero rápidamente la
cubrió con una sonrisa. Era lindo con cabello castaño y ojos color topacio, y no
pude evitar preguntarme qué había hecho para que lo besara. Él no era mi tipo.
—Oye —dijo.
—Oye —No estaba segura de qué hacer, así que le di un breve abrazo. El
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molde del tobillo y la muleta lo hicieron ver incómodo. —¿Cómo está tu pierna?
—Picante. ¿Puedes firmarlo?
Me reí. —Claro, pero no tengo un marcador en este momento.
—Más tarde entonces. ¿Qué te pasó? —Preguntó.
Raine estaba ocupada molestando a los otros jugadores sobre su último
juego, por lo que no se enfocaron en mi conversación con Drew. —Necesitaba
alejarme. Lo siento por Keith. No sabía o habría llamado.
—Sí, un fastidio —dijo— Era un buen tipo.
—Tienes que vivir bajo una roca para no haber escuchado —dijo Jaden,
adentrándose en nuestra conversación— Lo convirtieron en un héroe. Por favor. Era
un idiota por saltar en medio de una pelea estúpida por una chica que ni siquiera
lo estaba haciendo.
—Eres un asno, Granger —dijo uno de los jugadores.
—Lo que sea, amigo —dijo Jaden— Sólo digo "tengo que cuidar a algunos".
—Tenemos que irnos, Drew —dije, señalando a Raine— Te veré más tarde.
—Envíame un mensaje de texto —dijo.
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Tan pronto como se perdieron de vista, me relajé. —Jaden es un tonto.
Raine se rió. —Y un animal.
—De ninguna manera.
—Sí, claro. Tú, uh, un amigo salió con él y trató de controlar una sensación
debajo de la mesa. Ella abandonó su triste trasero.
—Solo un idiota saldría con él —Kicker, Naya y Sondra nos vieron y saludaron
con la mano, y de pronto deseé no estar con ellas. De lo único que hablaban era de
libros y su crush en personajes. Todas tenían blogs e hicieron reseñas.
—Ojalá hubiéramos ido con Torin.
—Puedo enviarle un mensaje de texto —Raine sacó su teléfono celular.
—Nah. Está bien. —No quería ser una tercera rueda.
Nos pusimos en línea y recogimos nuestra comida. Estábamos caminando
hacia Kicker y las demás cuando vi al padre de Raine. ¿Qué estaba haciendo en la
cafetería? Se veía delgado y pálido. La última vez que lo vi, él acababa de regresar
de entre los muertos. Todo el mundo había pensado que había muerto en un
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accidente aéreo, pero un capitán de un bote lo había sacado del mar y lo había
llevado a un lugar seguro. Nunca escuché toda la historia sobre su rescate, pero
llegó a casa el mismo día en que un rayo mató a nuestros compañeros de equipo.
Mientras lo veía mirar alrededor, esperé a que Raine dijera algo. Ella lo
estaba mirando fijamente. Caminó directamente a través de una mesa y me di
cuenta de por qué. No era el Sr. Cooper. Era su alma. Nadie me había dicho que el
padre de Raine murió. Él siempre fue agradable conmigo y, a menudo me trató
como una hija.
Se detuvo frente a mí. Como la mayoría de las almas, intentó hablar, pero
no pude escucharlo. Negué con la cabeza. Él siguió hablando. Mi visión se volvió
borrosa mientras las lágrimas corrían a mis ojos. Cuando parpadeé, desapareció.
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04. NOTICIAS TRISTES
—¿Estás bien? —Preguntó Raine.
—Sí —Quería abrazarla y pedirle que me perdonara por negarme a hablar con
ella cuando ella había venido a mi casa. Raine era tan cercana a su padre. Su
madre era genial, pero era rara, estaba como estancada entre Woodstock 2 y al
movimiento hippie. Su padre, por otro lado, era un tipo con los pies en la tierra, y
Raine lo adoraba. Ahora él estaba muerto.
No estoy segura de cómo abordar el tema de su padre sin revelar que puedo
ver almas, me concentré en mi comida y no me molesté en participar de la
conversación en nuestra mesa. Kicker y las demás estaban discutiendo algún libro
popular. Raine era una lectora seria, pero no estaba obsesionada con personajes
como las otros tres.
No pude comer. Mis pensamientos volvieron al señor Cooper. En cualquier
momento, esperaba que alguien de la oficina del director viniera por ella o por el
sistema de los parlantes llamarán su nombre para ir a la oficina.
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No sucedió.
—¿Vienes a practicar hoy? —Preguntó Sondra. Ella era la co-capitana del
equipo de natación.
Negué con la cabeza. —No lo sé. Realmente no lo he pensado.
—Nos reuniremos el próximo fin de semana, y Doc esperará que estés allí
―agregó.
Fruncí el ceño. —No he nadado en semanas.
Me miraron como si hubiera perdido la cabeza. Entonces me di cuenta de lo
que acababa de decir.
—Eh, ¿Me perdí una reunión? —Pregunté rápidamente, esperando distraerlos.
—No, pero vamos contra los Pumas nuevamente, y los cuatro de nosotros —
Kicker señaló a sí misma, a mí, a Sondra y a Naya— Estamos en el relevo. Justo
como lo hicimos antes de Halloween. Espero que esta vez atrapen nuestras
burbujas. Se lastimó la cabeza durante el juego en casa y sufrió una conmoción
cerebral, por lo que no recuerda algunas cosas —explicó Kicker a los demás, que
continuaron mirándome fijamente.
2
Woodstock: Una pequeña ciudad en el suroeste de Nueva York, a 50 millas (80 km) al sur de Albany. Dio su nombre en el
verano de 1969 a un gran festival de música rock celebrado a unas 60 millas (96 km) al suroeste.
|
Eché un vistazo a Raine. Sus ojos volaron entre Kicker y yo, pero no dijo
nada. Era obvio que algo la preocupaba. Ella era la mejor velocista del grupo, pero
Kicker no la había mencionado. Supongo no debe de tener intención de regresar al
equipo.
No podría preguntarle sobre eso sin revelar mi ignorancia. No estar segura
de qué podría o no decir que estaba empezando a darme un dolor de cabeza. El
almuerzo simplemente no se acaba lo suficientemente rápido.
—¿Cómo está tu madre? —Le pregunté a Raine mientras regresábamos a
nuestros casilleros.
—Bien, considerando. —Parecía triste.
—¿Considerando qué?
Ella dejó de caminar y me miró con ojos brillantes. —Mi papá está enfermo,
Cora. Él tiene este, uh, tumor cerebral realmente agresivo. Intentaron tratarlo,
pero... —Su voz tembló hasta detenerse.
—Él puede morir en cualquier momento.
Mi garganta se cerró, y las lágrimas brotaron a mis ojos. Él ya estaba
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muerto. Una vez más, no pude decirle la verdad a Raine sin revelar mi habilidad
para ver las almas.
—¿Cuándo te enteraste?
—Hace un par de semanas, pero lo sabían antes del accidente del avión y no
me lo dijeron. Es la razón por la que papá fue a Hawai. Él estaba viendo a un
especialista. —Las lágrimas nadaron en sus ojos— Estaba tan enojada y herida
cuando me enteré. No podía mirarlos sin querer... gritarles y enojarme. —Se le
escapó una lágrima y ella se la secó.
—Lo siento mucho —La abracé, deseando poder decirle la verdad sobre su
padre. Luché contra las lágrimas y perdí. No era un pregonero, pero la mierda no
dejó de amontonarse hoy.
La gente pasaba y nos miraba. Los fulminé con la mirada, y los pocos con un
sentido de decencia miraron hacia otro lado. El resto de los idiotas nos miraban y
susurraban.
Había un extraño calor detrás de mí, y luego Torin preguntó: —¿Estás bien?
Miré por encima del hombro para encontrar que nos estudiaba con
preocupación.
|
Raine dejó mis brazos y caminó hacia los suyos. La envidia que había sentido
hacia ella desapareció. Los últimos meses deben haber sido difíciles para ella.
Primero, ella casi murió a causa de un extraño accidente, ahora su padre estaba
muerto. La peor parte fue que no podía decirle.
Sintiéndome inútil y enojada conmigo misma, saqué libros para mis clases de
la tarde y cerré mi casillero. Cuando miré hacia Raine y Torin, se habían ido.
Busqué a lo largo de los estudiantes alrededor de los casilleros. No estaban en el
pasillo. Era como si hubieran desaparecido en el aire. Extraño.
Sacudiendo mi cabeza, comencé para mi próxima clase.
Estaba en el pasillo de matemáticas cuando alguien me agarro la mano y el
pasillo se volvió borroso. Al siguiente segundo, estaba en la oscuridad total. Solo
una persona podría moverse tan rápido.
Echo.
En serio, debería matarlo lenta y dolorosamente. El problema era que
probablemente se auto-sanara o que me atormentará, ya que podía ver almas.
Busqué a tientas el interruptor, y mi mano se cerró sobre la suya. La luz
inundó la pequeña habitación. Estábamos en el armario donde los chicos de
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Kayville High se escondían para besarse. Echo frunció el ceño. Estaba
acostumbrado a verlo sonreír, por lo que su expresión feroz parecía extraña.
Todavía…
Le di una palmada en el pecho. —¿Qué sucede contigo? No puedes atraparme
en el medio del pasillo así. La gente se dará cuenta.
Él bufó. —No me importa lo que piensen.
—A mí sí.
—¿Desde cuándo? Odias este lugar.
—Desde siempre y me encanta aquí.
—Maldita sea las Norns. No estarías aquí si no hubieran estropeado tus
recuerdos. —Se inclinó y me inmovilizó con sus ojos lobunos, que ahora eran casi
dorados. Realmente tenía unos ojos preciosos, el verde que rodeaba el oro
cambiaba de tamaño con su estado de ánimo.
—De vuelta a lo importante —dijo— ¿Quién te hizo llorar?
—Nadie —Me di vuelta para irme.
Presionó su mano en la puerta y me impidió abrirla. —Un Mortal desperdicio-
de-espacio te hizo llorar, Cora, y quiero saber quién es, así puedo destriparlo vivo
|
y acompañar personalmente a su alma inútil a una isla donde pedirá una segunda
muerte.
Él realmente era imposible. —Suficiente con las segundas amenazas de
muerte. Tú no matas.
—Siempre hay una primera vez —dijo sin perder un segundo— ¿Quién fue?
Ignoré su pregunta. —¿Puedes ser asesinado?
—Por decapitación, pero nadie se atrevería a tentarme a menos que tengan
un deseo de morir.
—¿De Verdad? No tengo deseos de morir, y me encanta la idea de que no
tengas cabeza.
Él rió. —Detén la distracción, Cara de Muñeca. ¿Quién te hizo llorar?
—Nadie. Vi al padre de Raine en la cafetería y ella me dijo que le
diagnosticaron un tumor cerebral y se está muriendo, así que simplemente lo perdí
porque es un tipo increíble y ella es muy cercana a él...
Mi voz se apagó cuando me tomó en sus brazos. Por un momento, deje que
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me abrazará. Olía a cuero, a la intemperie, y a un aroma almizclado que me hizo
querer enterrarme en su cuello. El fin de semana pasado, cuando no estaba
volviendome loca, los pensamientos sobre sus labios sensuales y cómo se sentían…
se burlaría de mí.
En este momento, todo lo que tenía que hacer era levantar la cabeza y
besarlo.
—Está bien —dijo en voz baja, su cálido aliento abanicando mi frente.
Mis rodillas se debilitaron y mi respiración se volvió errática. Él no ayudó
cuando comenzó a frotar círculos en mi espalda. Me rendí a la tentación, volví la
cabeza y la enterré en el hueco de su cuello para olerlo mejor. Inhalé.
Él se inclinó hacia atrás y sonrió como si supiera. —No creo haber entendido
por qué verlo en la cafetería tiene que ver con tus lágrimas —susurró— pero te lo
prometo, no es lo que piensas.
Él estaba siendo condescendiente, y solo así, los pensamientos de besarlo se
fueron. —Vi su alma, Echo.
—Te escuché la primera vez.—Me acercó más y apoyó la barbilla en la
coronilla de mi cabeza.
—Eso significa que debe estar muerto —le dije.
|
—No, no lo está.
—Sí, lo está.
—No puede ser.
Me sacudí de sus brazos. Cuando se acercó y no tenía otro lugar adonde ir,
presioné ambas manos contra su pecho. —Detente y escucha.
—Pero me gusta sostenerte.
Le lancé una mirada molesta. —No digas cosas así. Estaba tratando de
decirme algo. Luego desapareció.
Echo negó con la cabeza, cubriendo mis manos con las suyas. —Eso es
imposible. Yo hubiera sabido si un segador vino por él. Se suponía que debía
cosechar su alma, pero le di un pase gratis hace un par de meses. Ningún segador
puede tocarlo ahora.
Negué con la cabeza. —¿Qué?
—Estaba muriendo en algún pueblo de América Central, pero no recogí su
alma como un favor para cierta Valquiria, que ahora me debe una. —Me acarició
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las manos, distrayéndome de nuevo.
Saqué mis manos de su pecho y las levanté. —Bien, para. No puedes seguir
lanzándome palabras sin explicar lo que significan. Me esta volviendo loca. ¿Qué
son Valquirias? ¿Norns? ¿Hel's Hall? No puedes explicarlo ahora, así que no digas una
palabra más. Voy a clase y después de la escuela voy directo a casa. Tienes que
estar allí para explicar todo, o de lo contrario. —Él sonrió— ¿Qué?
—Me gusta este lado mandón de ti. Es muy... emocionante. —Su sonrisa se
volvió perversa.
Negué con la cabeza. Nunca había conocido a un hombre con una mente tan
cerrada. —Justo cuando empiezo a ver algo redimible en ti, abres tu boca y lo
estropeas. —Extendí la mano hacia la puerta, pero él la presionó— Echo...
—No puedes simplemente salir del armario en un pasillo lleno de mortales.
No solo son ignorantes, sino que se asustan fácilmente, como un banco de peces.
Hasta que aprendas a utilizar tus runas y ser invisible, te ayudaré. Acércate.
—¿Acaso no dijiste hace un momento que no te importaba lo que pensaban?
—No, pero tú sí. —Deslizó su brazo alrededor de mi cintura, me jalo hacia un
lado, y sonrió cuando me puse rígida— Créeme.
Eso era algo que no podía permitirme. —Por ahora.
|
Él se rió, el sonido oscuro y lleno de travesuras. Las runas le entintaban la
piel. Sacó la hoja del bolsillo y dibujó la puerta tan rápido que su mano estaba
borrosa. Cuando se detuvo, la puerta se movió y se movió hasta que se formó un
portal. Pude ver a los estudiantes pasar apresuradamente, algunos caminando
hacia la cafetería para el segundo almuerzo, mientras los otros se dirigían hacia las
aulas. Nadie pareció notarnos.
—¿No pueden vernos?—Le pregunté.
—Los mortales no pueden ver muchas cosas, incluidos los portales. ¿Hacia
dónde vamos? —Preguntó Echo.
—Estoy yendo a clase. ¿Tú? No lo sé.
—Voy a cosechar, pero primero, revisaré al padre de Raine. Alguien podría
estar jugando juegos. Disfruta el viaje. —Salió al pasillo, moviéndose tan rápido
que los estudiantes estaban borrosos. Debió haberme llevado porque mis pies no
tocaron el suelo. Cuando disminuyó la velocidad, ninguno de los estudiantes
siquiera nos miró.
—Hasta más tarde, Cachetes Bonitos. —Me besó y se fue. Mis labios todavía
estaban hormigueando cuando llegué a mi clase.
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El resto del día fue borroso. Mi última clase del día fue Educación Física y
espié a Torin en la entrada del gimnasio, viéndonos jugar baloncesto.
Algo cambió en mi estómago. ¿Podría el padre de Raine estar muerto y
vendría a decirme? Me excusé para ir a hablar con él, pero cuando me di la vuelta,
él ya no estaba.
Chico raro.
Me cambié la ropa de mi gimnasio y luego tomé mi teléfono celular cuando
salí del gimnasio. Mi llamada a Raine no recibió respuesta. Echo me estaría
esperando en casa con respuestas, pero no podía ignorar la sensación de mordiscos
en mi estómago.
Tiré mi mochila en el asiento del pasajero y encendí mi auto. En lugar de ir
a casa, me dirigí al Este, hacia la casa de Raine.
***
Era noviembre y la mayoría de los árboles no tenían hojas. El Día de Acción
de Gracias estaba a la vuelta de la esquina, pero algunas personas todavía tenían
sus figuras espeluznantes y decoraciones de césped. Bolsas de basura naranja de
Halloween llenas de hojas con césped y aceras. Si supieran de los seres que
caminan entre ellos sin ser vistos, se detendrían de poner fantasmas y monstruos
falsos.
|
Me detuve en el callejón sin salida de Raine. Su auto no estaba en su
entrada. La casa al lado de ellos debe finalmente haber sido vendida. Tuvo un
cartel de Venta como por siempre.
Cuando aparqué junto a la acera, la señora Rutledge, la entrometida vecina
de Raine, salió por la puerta. La mujer tenía algo en contra de los jóvenes porque
nunca se entusiasmó ni conmigo ni con Raine.
Fui a la puerta y toqué el timbre, pero nadie respondió. La señora Rutledge
continuó mirándome desde el otro lado de la calle. Apuesto a que estaba
esperando que yo le preguntara sobre los Coopers. Me negué a complacerla.
En cambio, saqué mi teléfono y llamé a Raine. Cuando quedó sin respuesta,
le envié un mensaje de texto y luego subí a mi automóvil. Los ojos entrecerrados
de la señora Rutledge me siguieron mientras pasaba. Saludé. Si Echo no me
estuviera esperando en casa con las respuestas, habría ido a la tienda de los
Coopers. La familia de Raine poseía una tienda que vendía espejos y retratos
enmarcados.
Las mariposas revoloteaban en mi estómago a medida que me acercaba a
casa. Mamá estaba horneando. Podía oler pasteles antes de estacionar mi auto.
Ella abastecía a las tiendas locales con tartas y frutas orgánicas. Cuando hacía más
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calor, vendió algunos de los productos en el mercado de agricultores.
Teníamos tantos árboles de manzana, durazno y albaricoque.
Mis padres solían ser maestros de escuela primaria antes de que la Abuela
muriera y les dejara la granja. Mientras mamá volcó su atención a la agricultura
orgánica y pasteles para hornear, papá eligió perseguir su sueño de convertirse en
escritor. Ambos tuvieron éxito y yo estaba bastante orgullosa de ellos.
—¿Cómo estuvo la escuela, cariño? —Me llamó mamá cuando entré en la
casa.
—Está bien —Dejé caer mi mochila en la silla de la sala y me uní a ella en la
cocina. Dejó de batir el batido de calabaza, me abrazó y se inclinó para
estudiarme la cara.
—Preguntaré de nuevo. ¿Cómo estuvo la escuela?
Sonreí. —Difícil, pero estaré bien.
Mamá entornó los ojos. —Tu padre dijo que el director actuó raro.
Probé la ironía. Mmm. Bueno. —No estaba actuando. Él es extraño.
Mamá me pellizcó la nariz juguetonamente. —Es terrible decir eso.
|
—¿Hay pastel fresco? —Le pregunté.
—¿Manzana? —Bromeó mamá.
Me estremecí. Ella sabía que no podía soportar la tarta de manzana.
Comimos tantos productos de manzana que ver manzanas me produjo dolor de
estómago. —Calabaza.
—Ve la nevera. La cena no estará lista por un tiempo.
—Esta bien. Tengo toneladas de tareas.
Abrí la nevera y saqué la tarta y dos latas de pop. Será mejor que Echo esté
arriba. Corté un pedazo grande de pastel y obtuve dos tenedores. Metí una en el
bolsillo de mi chaqueta por si mamá preguntaba.
—Realmente debes tener hambre —comentó mientras pasaba frente a ella.
—Hoy fue carne misteriosa en la escuela.
—Si necesitas ayuda con algo, tráelo abajo.
—Claro, mamá. —Agarré mi mochila y corrí escaleras arriba, mi corazón latía
con fuerza. Abrí la puerta, miré dentro y suspiré con decepción.
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Por supuesto, Echo no estaba en mi habitación. Él aparecería cuando menos
lo esperaba. Segador arrogante.
Hice mi tarea, pero seguí revisando el reloj y mi teléfono celular por si
Raine me llamaba. Las cuatro en punto llegaron y se fueron. Cinco. Dejé de lado
mi tarea y encendí mi computadora portátil. En lugar de esperar a ese idiota,
podría hacer mi propia investigación, comenzando con una palabra familiar:
Valquirias.
Mujeres de la mitología nórdica. Selectores de los muertos en la batalla. Las
Valkirias caminaron por los campos de los luchadores muertos y eligieron a los que
vivían y a los que morían. La mitad de los muertos fueron al dios Odín en Valhalla,
mientras que la otra mitad fue a una Diosa Freya en Folkvang. Los luchadores
entrenan diariamente para la guerra final entre los dioses y los gigantes malvados.
Cuanto más leo, más preguntas tengo. Pronto estaba leyendo sobre el
panteón nórdico, los nueve reinos y los dioses y diosas. Hel era el nombre de la
diosa del inframundo. Tenía un gran salón y vigilaba a los que morían de viejos y
enfermedades. No es de extrañar que Echo siguiera mencionando Hel's Hall.
Luego, investigué Norns, deidades femeninas que controlaban destinos como
las Parcas en la mitología griega. Siempre aparecían de a tres. Las Norns más
famosas fueron las gigantas solteras. Su llegada a Asgard puso fin a la edad de oro
|
de los dioses. Norns también llegaron cuando nació un niño para determinar su
futuro. Algunos eran humanos buenos y protegidos, mientras que otros eran malos
y causaban la mayoría de los desastres naturales.
Salté cuando llamaron a mi puerta. ¿Echo? No claro que no. Él no golpearía.
Mamá asomó la cabeza dentro de mi habitación. —Cena.
—¿Puedo comer aquí?
—No.
Agarré mi paquete de matemáticas y me dirigí a la planta baja. —Necesito
ayuda con algunos problemas matemáticos.
Pasó otra hora antes de que termináramos la cena y la tarea. Me demoré,
necesitaba hacerle algunas preguntas a mi madre.
—No tienes que lavar los platos —dijo mamá.
—No, está bien. No me importa —Enjuagué y puse los platos en el
lavavajillas. Mamá limpió los mostradores mientras papá se iba de vuelta a su
escritura. —Mamá, ¿Puedo preguntarte algo?
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—Claro, duh.
—¿Qué dijo exactamente Raine cuando vino aquí?
Mamá enjuagó el trapo que había estado usando y lo cubrió con cuidado
para que se secara en una percha junto a la ventana, su expresión preocupada. —
¿Por qué? ¿Qué pasó en la escuela?
—Hablamos y compartimos —Más o menos. Cerré el lavavajillas y presioné el
botón de inicio— Raine me contó sobre su padre.
Mamá se acercó. —Lo encontraron en América Central.
—Lo sé, pero eso no es todo. Él tenía un tumor cerebral. Él se está
muriendo, mamá. Raine descubrió hace unas semanas.
—Oh, no —Mamá se cubrió la boca, su expresión horrorizada. Miró hacia la
alcoba, pero papá ya estaba de pie caminando hacia nosotros. Él la abrazó. —
Pobrecito. Me siento mal por la forma en que la traté cuando vino aquí. Primero el
accidente y luego esto. Pensé... —ella suspiró— Pensé que estaba atrapada en su
imagen y posición social en la escuela, y es por eso que no intentó visitarte.
—Entonces, ¿Qué dijo ella? —Le pregunté.
|
—Ella quería verte. Ella no sabía que estabas en PMI. No vi cómo ella no
podría haber sabido. No estuviste en la escuela por más de un mes y nunca pasó
por aquí durante ese tiempo.
—Me dijo que sus padres se la llevaron dos semanas después del accidente
del rayo —dijo papá— Así que probablemente estaba lidiando con la situación con
su padre cuando regresó.
Solo escuché parcialmente a papá. Raine no sabía que yo había estado en
PMI, así que debe haberme visto en la escuela todos los días como todos los demás.
Volví a la teoría de proyección astral.
—¿Cómo está ella? —Preguntó mamá.
—No tan bien. Gracias, mamá. —Besé su mejilla— Buenas noches, papá.
Arriba, entré en mi habitación y me congelé. Echo se sentó en mi silla para
escribir, terminando el resto del pastel que había dejado junto a mi computadora
portátil. Él señaló la pantalla. —¿Estabas leyendo esta mierda inexacta?
Cerré la puerta. —¿Dónde estabas?
—Trabajando —Giró la silla y me estudió— ¿Me extrañaste?
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—No.
Se rió entre dientes. —Ven acá.
Lo ignoré y puse mi carpeta de matemáticas sobre la mesa. —Acordamos que
estarías en casa cuando llegara aquí.
—No, no lo hicimos. Me ordenaste que estuviera en casa, así que me fui a
casa. Mi hogar. La próxima vez —me señaló el tenedor— sé específica. Te estaba
esperando. Entonces recordé que tus recuerdos se habían ido y que no recordabas
nuestro pequeño nido de amor en Italia. La próxima vez, di tu dormitorio. Ven acá.
No me había comprado esa porquería de su casa, pero necesitaba
información encerrada en su arrogante cabeza. —Necesito información, Echo, así
que deja de jugar juegos.
Dejó el tazón, usó sus piernas para impulsar la silla hasta donde estaba y me
estudió con una expresión de cachorro perdido. —Lo siento, llegué tarde. Acabo de
regresar de escoltar algunas almas. ¿Sabes cuántas personas mueren por minuto?
Miles de personas.
—¿Eres el único en cosechar, Grimnir?
—No, pero soy el mejor —Puse los ojos en blanco e intenté caminar
alrededor de la silla, pero él sacó su pierna— No tan rápido, Cara de Muñeca. —Me
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tiró en su regazo y envolvió su brazo alrededor de mí antes de darme cuenta de sus
intenciones. Su ropa estaba fría, su mejilla se congelada contra mi brazo.
Me estremecí. —¿Por qué estás tan frío?
—Hel es frígido. Tormentas de nieve ininterrumpidas. Sin luz natural.
Ninguna cantidad de ropa impide que el frío entre debajo de tu piel. Es por eso
que siempre espero regresar a la Tierra y sentir calor.
Sus manos se deslizaron bajo mi camisa.
—¡Whoa! Tus manos estan como muertos.
Agarré sus muñecas, saqué sus manos de debajo de mi camisa, y las atrapé
entre mis manos.
—Necesito tu calidez, Cora.
Si no estuviera tomándolo de la mano, habría pensado que era otra
propuesta barata. Lentamente, los froté. Todavía usaba guantes sin dedos y anillos
góticos plateados con grabados rúnicos. —Deberías invertir en algunos guantes de
invierno serios, no estos.
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—No puedo. Debe haber contacto de la piel con la guadaña para que pueda
enganchar sus runas y usarla. —Deslizó sus manos debajo de mi camisa de nuevo
para calentarlas contra mi piel. Esta vez lo dejé.
—Entonces, ¿Hel realmente existe? —Le pregunté.
—La diosa y el lugar, sí —Explicó quién era Hel, hija de Loki, hermana de
algunos serios cambiaformas, y gobernante de la tierra de los muertos— Dicen que
su madre giganta es más malvada y desviada que Loki, y es por eso que Odín
decidió darle un dominio a Hel para que no se metiera en líos. Fue
contraproducente, por supuesto. Su lealtad es hacia su padre, y ella peleará con él
antes de que el mundo termine. Incluso mantuvo a Baldur, el hijo amado de Odín,
después de que los dioses le suplicaron que lo dejara ir.
—¿Eso no los hace a ella y a ti, por asociación, malvados?
Él se rió entre dientes y frotó sus mejillas contra mi brazo. Me encantaba
esa risa sexy suya. —Es como decir que la policía y los carceleros son malvados por
acorralar a los cabrones y mantenerlos tras las rejas. Es solo un trabajo.
—¿Leí que solo cosechas a los enfermos y ancianos?
—Y malas personas. Conoces asesinos, ladrones y otros sociópatas.
Nos hizo volver al escritorio.
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—¿Pero no estarás del lado de Hel durante la batalla final entre los dioses y
los gigantes?
—No —Enterró su cara en mi cuello, su cálido aliento provocó mis sentidos.
Me estremecí. Quería abrazarlo más tiempo, pero sabía que no debería hacerlo. Me
estaba distrayendo de mi objetivo para sacarle información.
Empujé su cabeza lejos y en ángulo mi cuerpo para poder ver su rostro, lo
que no ayudó. Él realmente tenía los labios más increíbles de todos. Piensa en el
labio inferior y el labio superior con la forma perfecta. Muy besable. Las comisuras
de su boca se levantaron en una sonrisa, y mis ojos volaron hacia él.
—Sigues mirándome a los labios así y estaremos allí —asintió a mi cama—
recuperando el tiempo perdido.
Mis mejillas se sonrojaron. ¿Qué estábamos discutiendo? Ah, la guerra de los
dioses. —Entonces, ¿De qué lado estarás?
—Ninguno. Según la profecía, que es molestamente vaga, la mayoría de los
guerreros, los dioses, Valquirias, Grimnirs, los Inmortales, el ejército de
inadaptados de Hel y los gigantes morirán. Tengo la intención de sobrevivir,
entonces lucharé por mí. Esa es la belleza de la inmortalidad, Cara de Muñeca. Si
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puedes sobrevivir cortándo la cabeza, vives para ver otro milenio. Puedes luchar a
mi lado. Yo te protegeré.
La mirada en sus ojos dijo que estaba a punto de hacer algo escandaloso. De
hecho, sus manos ya no estaban frías. Se habían acercado poco a poco y estaban
ocupados rastreando el borde de mi sujetador. Por la mirada sexy y encapuchada
en sus ojos, quería deslizarse bajo el material de seda y acariciar mi pecho
íntimamente.
—Estás caliente ahora. —Me levanté y me alejé de él, enderezando mi parte
superior— Descarado.
—¿Por poner mi bienestar primero? —Levantó el tazón con el pastel.
—Entre otras cosas —Fui y me senté en mi cama.
Terminó el último pedazo de pastel y comió con absoluto deleite, cerrando
los ojos y tarareando. Sus pestañas ridículamente largas formaban un dosel en sus
pómulos cincelados, y su cabello castaño desgreñado estaba descuidado. —Esa es la
mejor tarta que he comido. ¿Puedo tener más?
Hice una cara. Necesitaba respuestas, no marchar arriba y abajo por las
escaleras para conseguir comida.
—Por favor —Cogió migas con el dedo y se las lamió.
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—Bien, pero cuando regrese, quiero saber todo sobre Valkyries, Inmortales y
Norns, especialmente sobre Norns y sobre lo que pueden hacer, porque nada de lo
que sucedió en la escuela tiene sentido.
—¿Qué pasó? —Se levantó y me siguió hasta la puerta.
—He estado fuera por semanas, sin embargo, todos actuaron como si solo
hubiera perdido una semana de escuela. ¿Cómo pude haber estado en la escuela y
en PMI? Mis amigos hablaron de las reuniones a las que asistí y los maestros me
devolvieron la tarea que hice. Nunca hice pruebas o ensayos de matemáticas e
inglés, pero obtengo cienes. La historia es mi peor tema, pero el trabajo de
investigación que escribí cubría cosas que nunca había leído. Ah, y besé a un
jugador de fútbol durante el último juego y él ni siquiera es mi tipo.
Echo entrecerró los ojos. —¿Besaste a alguien? ¿Quién?
Él sonaba indignado. Me reí. —¿Eso es todo lo que obtuviste de lo que acabo
de decir?
—¿A quién besaste, Cara de Muñeca?
—Drew.
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—¿Drew tiene un apellido?
De acuerdo, tal vez su reacción no fue graciosa. —Déjalo en paz.
—¿Cuándo fue ese beso? ¿Donde estaba? Se supone que nadie debe meterse
contigo, excepto... —Él frunció el ceño— Nadie.
Puse los ojos en blanco. —¿Excepto tu?
—Está bien. Solo porque no recuerdes lo que pasó entre nosotros no significa
que yo no lo haga. Hicimos un pacto.
—Deja de inventar cosas sobre la marcha, Echo. Sabría si ya no soy virgen.
El calor se apresuró a mi rostro cuando me di cuenta de lo que había dicho.
—Cachetes Bonitos, no eras virgen cuando lo hicimos.
Por un momento solo lo miré, entonces la ira se extendió a través de mí
como un reguero de pólvora. —Eres una idiota. Nunca he estado con un chico de
esa manera y... y... —gruñí— Mantente alejado de Drew. Ya ha sufrido suficiente —
Negué con la cabeza— ¿De qué estoy hablando? Ni siquiera vas a mi escuela.
Echo entrecerró los ojos. —Eso podría cambiar.
—Bueno, ¿Qué tal esto? No te quiero allí.
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Salí de la habitación antes de que él pudiera decir algo más. Me negué a
creer que dejara que ese hombre arrogante me tocara. Por supuesto, su historia
sobre nosotros podría ser pura invención. O no. Tal vez cosas como la virginidad no
se manifestaron en imágenes astrales. ¿Cómo se atreve a decir que él no fue el
primero?
Creer en proyecciones astrales hubiera sido un tramo, pero mi percepción
de la realidad cambió cuando comencé a ver las almas. Tenía un segador caliente
en mi habitación que acababa de regresar del reino de una diosa llamada Hel. Los
dioses malditos nórdicos realmente existieron. Papá tendría un día de campo con
esa información amable. Podía escribir bestsellers basados solo en los segadores
únicamente.
Abajo, mis padres estaban en sus respectivas computadoras. Levantaron la
vista. Esperando que mi cara no fuera roja, dije. —Necesito más pastel.
—Le dije que había perdido peso y me dijo que no la habían alimentado en
PMI —bromeó papá.
¿Estaba realmente en el hospital psiquiátrico, o Norns también borró los
recuerdos de mis padres?
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—Estaba bromeando, papá —En la cocina, corté un gran pedazo del pastel
restante y lo recogí en un cuenco. Nuestro primer piso tenía un plano de planta
abierto con puertas arqueadas que separaban la cocina de la sala de estar y la sala
de estar de la cueva de escritura de papá. Mamá a menudo conversaba con papá
mientras cocinaba en la cocina. —Extrañe los pasteles de mamá.
Mamá se rió entre dientes. —Gracias, cariño. Asegúrate de bajar el cuenco,
¿Está bien?
—Promesa.
De vuelta arriba, Echo estaba encima de mi cama como si perteneciera, con
la computadora portátil en su pecho. Se había quitado la chaqueta y solo vestía el
chaleco de cuero y una camisa de algodón de manga larga. Con los pantalones de
cuero abrazando sus muslos, se veía tan tentador.
Golpeé su pie botado con mi rodilla. —Estás ensuciando mis sábanas,
segador.
Él miró sus botas y luego a mí. Su expresión decía que sabía que estaba
siendo una perra por nada. No había tierra en sus botas. Se sentó, puso la
computadora portátil junto a él y tomó la tarta.
—Lamento si fui duro contigo —dijo.
|
Me encogí de hombros. —Hasta que entienda lo que me sucedió durante esas
semanas, no será fácil.
—Las Norns plantan recuerdos falsos en las cabezas de los Mortales todo el
tiempo. No se meten con nosotros, pero supongo que tu situación es diferente.
—¿Qué quieres decir?
—Estabas entrenando para ser un Norn, Cora.
Lo que había leído sobre Norns pasó por mi cabeza. Los buenos ayudaron a
los humanos, mientras que los malos estuvieron detrás de la mayoría de los
desastres naturales. —¿Buena?
Echo sonrió. —No, Cara de Muñeca. Eres mala.
—Eso no suena como yo. ¿Por qué querría ser un malvado Norn?
—No lo sé. Pero cambiaste de opinión y decidiste unirte a nosotros. Elegiste
ser un Grimnir.
¿Segador de cabrones, enfermos y ancianos? De imágenes en línea, Valhalla
parecía un palacio. ¿Por qué elegiría ser un Grimnir y no un Valquiria?
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No me di cuenta de que había hablado en voz alta hasta que Echo se detuvo
en el proceso de poner un trozo de pastel en la boca y me lanzó una mirada
molesta. —Dentro de Hel's Hall no está tan mal. Ella tiene una buena cancha, a
pesar de que hace frío y es un tanto deprimente. Las valquirias son tonterías. Cada
vez que uno de ellos es enviado a Hel's Hall, lloriquean como bebés.
—¿Odias las Valquirias?
Él sonrió. —El odio requiere energía. No me preocupo por ellos de una forma
u otra. Simplemente no me gusta que me roben mis almas.
—Sin embargo, dejaste ir al padre de Raine —Entonces lo recordé— Oh
mierda. Sr. C. ¿Qué descubriste sobre él? ¿Está bien?
Echo frunció el ceño. —Tuvo un ataque de apoplejía esta mañana cerca del
mediodía.
—Eso es más o menos la vez que lo vi. —Cogí mi chaqueta y las llaves del
auto.
—Lo resucitaron, pero está en coma en el hospital local. Kayville Medical
Center. ¿A dónde vas?
—El hospital. Raine debe estar devastada. No me sorprende que ella no haya
devuelto mis llamadas o mensajes de texto.
|
—¿Tu quieres ir ahora? Es tarde para conducir a cualquier parte. Usa un
portal.
Eché un vistazo al espejo y deseé poder hacerlo. —No puedo. Mis padres
podrían preguntarse dónde he desaparecido cuando pasan por mi habitación y la
encuentran vacía.
—¿Te revisan antes de irse a la cama?
—Cada noche. Los primeros días cuando llegué a casa, lo hicieron varias
veces. Me volví loca —Tenía esa expresión en su rostro— No digas nada sobre
recuerdos falsos. Estaba en esa sala de psiquiatría. —Hice una pausa antes de abrir
la puerta— Vamos. Quiero saber por qué las Norns borraron mis recuerdos.
—Podemos hablar en el auto, pero no puedo entrar contigo —Las Valquirias
de por aquí no me quieren, así que no les digas nada sobre mí. Caminó hacia el
espejo que aún devoraba el pastel.
Lo miré fijamente, deseando poder usar el portal. ¿De qué Valquirias estaba
hablando, y por qué iba a mencionar a Echo con ellos? Yo no los conocía.
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05. VALQUIRIAS
—¿No es tarde para salir ahora? —Preguntó papá, levantándose— Siempre
puedes ir mañana.
—Son solo —eché un vistazo a mi reloj— las ocho, y Raine estaría allí para mí
si fueras quien estuviera en el hospital, papá.
Él alcanzó su chaqueta. —Iré contigo.
—No. Estaré bien. Recogeré a un amigo en el camino. Regresa a tu trabajo.
Te llamaré cuando llegue al hospital y cuando vuelva a casa.
Echó un vistazo a su computadora. —No, no te dejaré conducir sola, muffin.
Le diré a tu madre a dónde vamos.
Discutir con él no tenía sentido una vez que tomó una decisión. —Estaré en
el camión. Primero quiero obtener algo de mi auto.
Afuera, vi a Echo en el asiento del pasajero delantero de mi auto. Abrí la
puerta del auto y lo miré. Las runas en su cuerpo brillaban. —Mi papá insiste en
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llevarme.
—Bueno. Terminaremos nuestra conversación más tarde. Recuerda, tus
recuerdos se han ido porque la Norns los borraron y los reemplazaron por falsos.
Cuando los recuperes, todo tendrá sentido.
—Dijiste que a las valquirias no les gustas. ¿Por qué?
—No obtuve al Sr. Cooper como un favor para Torin St. James, por lo que me
debe. A las Valquirias no nos agradan los favores.
Fui a escuchar selectivamente al nombre de Torin St. James. —¿El novio de
Raine es una Valquiria?
El asintió. —Sí. Él es un asno duro, pero un buen soldado. Tendemos a
evitarnos el uno al otro. Andris es joven y un idiota. —Tocó mi mejilla— Ve. Tus
padres están llegando. Oh, no lo olvides No le menciones mi nombre a nadie.
¿Eso de nuevo? —¿Por qué habría de hacer eso?
Él sonrió. —Porque a las chicas les encanta hablar de chicos por los que
están locas.
Me reí. —Eres una persona en la que trato de no pensar.
—Puedes intentarlo, pero no puedes evitarlo, Cara de Muñeca.
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Hablar con él era inútil. Me volví para ver a papá venir hacia mí. Mamá
estaba cerrando la puerta. Cuando miré a Echo, él se había ido.
—Tu madre también vendrá —dijo papá, indicando lo obvio.
No estaba sorprendida. Mis padres no socializaban a menudo con los padres
de Raine, pero eran amigos. Tuvimos comida varias veces al año, y el padre de
Raine a menudo venía a la granja a comprar frutas y verduras frescas y a visitar a
papá. Me deslicé en el asiento trasero y revisé mi teléfono celular. Todavía no
había texto de Raine.
—¿Cómo te enteraste de Tristán? —Preguntó mamá mientras salíamos de la
granja.
—Un amigo me envió un mensaje de texto —mentí— Mamá, ¿Vieron a la
familia de Raine mientras yo estaba fuera?
—Realmente no. Estábamos tan ocupados, y como Raine no vino a visitarte,
pensé que era mejor mantener nuestra distancia. No tenía idea de que estaban
pasando por tantas cosas —Mamá sonaba tranquila, pero sabía que se sentía
culpable. Papá tomó su mano y la apretó.
—Estoy seguro de que la madre de Raine apreciará verte en el hospital —le
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dije.
El viaje al hospital me recordó a nuestra loca carrera después de que Raine
se había lastimado a sí misma. Eirik había conducido como un loco, sin detenerse
ante las señales de alto. Eirik. Es curioso que no haya pensado en él en las últimas
horas. ¿Cuándo se mudó su familia? Esperaba que Raine me lo dijera.
Kayville podría ser una pequeña ciudad en el país vinícola de Oregón, pero
teníamos un hospital increíble con un personal excelente. No trasladamos a
pacientes a hospitales más grandes en Portland o Salem. Después del accidente del
rayo, el Centro Médico Kayville se había ocupado de todos
los estudiantes. Incluso Raine había sido tratada aquí después de que recibió
una herida en la cabeza.
Ingresamos a través de la sala de emergencias y nos dirigimos al piso de
arriba hacia la UCI. Torin y una pareja rubia estaban parados en algún lugar
adelante. La misma pareja había venido con Raine a mi casa después de que volví
del hospital. Las runas cubrían sus rostros y sus brazos.
Valquirias
¿Sabía Raine acerca de ellos?
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La UCI tenía horas de visita abiertas, pero solo se permitía a familiares.
Papá convenció a las enfermeras para que salieran Raine y su madre. Dejé a mis
padres esperando en la estación de enfermeras y encontré el asiento perfecto para
observar a las Valquirias. Cogí una revista, bajandola para poder estudiarlos sin ser
notada.
La chica era hermosa y de aspecto frágil. Por la forma en que miraba al tipo
de cabello plateado, estaba totalmente interesada en él. El tipo tenía la misma
mirada de alerta que Torin y era igual de guapo. Tal vez las runas les dieron un
aspecto digno de un modelo, o ser excepcionalmente apuestos fue un criterio para
convertirse en Valquiria.
Fingí leer cuando Torin miró en mi dirección. En unos pocos segundos, mi
corazón saltó con temor. Habían decidido unirse a nosotros. Mis padres todavía
estaban en la estación de enfermeras. Tal vez debería unirme a ellos. Las
Valquirias tomaron las sillas vacías frente a las mías. Mi corazón latía tan fuerte
que estaba segura de que podían oírlo.
No, no los voy a mirar. No soy... No soy …
—Maliina consiguió algunas cosas mal —dijo el tipo de cabello plateado.
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—Ella es más caliente.
—Cállate, Andris —dijo Torin con firmeza.
Entonces ese era Andris. ¿Estaban hablando de mí? ¿Y quién era Maliina?
—¿Crees que está fingiendo? —Preguntó Andris— Su madre dijo que sufrió un
colapso y afirmó que podía vernos a nosotros y a las almas.
Definitivamente estaban hablando de mí.
—¿Puedes oírnos y vernos, Cora Jemison? —Preguntó Andris, confirmando mis
sospechas.
—Déjala en paz —dijo Torin con voz firme— Estoy seguro de que fue algo de
una sola vez.
Era por eso que había estado en mi clase de Educación Física ¿Para
confirmar si podría verlo? Él no tenía runas en ese momento, pero... maldita sea.
Odiaba no poder mirarlos. Y acepté la mayoría de los comentarios que leí en línea.
El acento británico de Torin era sexy.
—Maliina la marcó —dijo la chica en un acento que no pude ubicar— Nunca
tuvo paciencia, así que tal vez mezcló las runas. Le dio sus habilidades temporales.
Maliina otra vez. ¿Quién era ella?
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—Puedo probar que ella está fingiendo —Andris se levantó y caminó hacia
mí.
Mi corazón recogió el ritmo. ¿Qué iba a hacer? Entonces, ¿Qué pasa si se
enteran de que puedo verlos? ¿Quién era Maliina? Mantuve mis ojos pegados a las
páginas de la revista, pero pude ver que se acercaba más y más.
—¡Basta! —Espetó Torin, apareciendo junto a Andris.
—Ooh, ¿Por qué siempre arruinas mi diversión? —Andris se quejó, pero pude
escuchar la risa en su voz— No puedes estar en todas partes, hermano mayor. La
acorralaré en la escuela cuando no estés cerca.
—Por niebla de Hel, Andris —gruñó Torin— Si estás aburrido, encuentra una
maldita distracción. Una novia o un novio. Solo déjala en paz. Es la mejor amiga de
Raine, lo que significa que no te metas con ella.
—Chicos. Chicos. ¿Luchando por mí otra vez?
Echo. Casi me doy vuelta. Solté un suspiro tembloroso y me mordí el labio
inferior para evitar sonreír.
—¿Qué estás haciendo aquí, Grimnir? —Gruñó Andris.
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—Siempre es bueno verte, Andy. —Echo se inclinó ante Torin— Mi Lord St.
James, conde de algo, algo. No, perdiste ese título en el camino, ¿Verdad? En el
más humillante…
—Cállate, Echo —dijo Torin— Se supone que no debes estar aquí.
Echo se rió entre dientes. —¿De Verdad? La última vez que lo revisé, los
hospitales son mi campo de caza, lo que los convierte en intrusos.
Alguien gruñó. Probablemente Andris ya que no podía ver a Torin perder el
control de esa manera.
—Fuera, Echo —espetó Torin— ¡Ahora!
—Como no dijiste por favor... ¿Quién es esta belleza? —Entró en mi línea de
visión y me estudió. Me tomó todo mi esfuerzo no patearlo.
—Ni siquiera la mires mal o tendrás que encargarte de Raine —advirtió
Andris.
—¿La compañera de Torin? —Preguntó Echo, extendiendo la mano para tocar
mi cabello. Torin agarró su muñeca— Völur no me asusta.
—Deberías estar asustado —agregó lentamente Torin— Sus poderes están
emergiendo rápidamente. Dentro de un año, temblarás en su presencia.
|
Echo suspiró melodramáticamente y estudió mi rostro, sus inusuales ojos
brillando. —¿Entonces estás diciendo que no puedo tener esta?
—No la tocaras. Nunca. Vámonos.
Echo se rio. Entonces se había ido. Las otras dos Valquirias lo siguieron.
No miré, pero sentí en vez de verlos partir. Solté aire.
La rubia que se había quedado sentada durante todo el intercambio, se
levantó y caminó hacia mí. Ella se detuvo junto a mi silla. —Vi tu cara, Cora. Sé
que puedes vernos y escucharnos. No tengas miedo. No te estás volviendo loca ni
nada por el estilo. Quiero ayudarte.
—¿Por qué? —Me escuché preguntar y me encogí. No me atreví a mirarla.
—Mi hermana te hizo esto. Si ella no te hubiera marcado, no nos verías
ahora.
¿Me marcó? Miré hacia arriba y nuestros ojos se encontraron. Las suyas se
llenaron de compasión, lo que me molestó. Odiaba que me compadeciera.
—¿Por qué una Valquiria me marcó? —Le pregunté.
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—Ella era una Inmortal, como yo, no una Valkiria. Te enviaré un mensaje de
texto —dijo la niña.
—¿Cora?
¡Raine! Me volteé y la vi. Se veía terrible, sus ojos rojos y el cabello un
desastre. Ella tenía la misma ropa que usó en la escuela. Me puse de pie, pasé
corriendo junto a la rubia, como si ella no estuviera allí, y abracé a Raine. ¿Me
había visto hablar sola? Me incliné hacia atrás y estudié su rostro.
—¿Cómo está él? —Le pregunté.
Su mentón tembló. —Todavía está en coma. Se ve mal. Muy mal.
La abracé y luché contra mis propias lágrimas. Malditos conductos
lagrimales. A través de una neblina, vi a la madre de Raine hablando y sonriendo
con mis padres. ¿Qué demonios estaba mal con ella? ¿Cómo podría estar sonriendo
en un momento como este? Nunca la entendí. Nadie podría ser tan astuto todo el
tiempo. Incluso cuando el padre de Raine había desaparecido, ella había
continuado como si hubiera ido de vacaciones o algo así. Cuando nuestros ojos se
encontraron.
—Gracias por venir —Raine murmuró después de lo que pareció una
eternidad.
|
—Harías lo mismo si papá fuera… —suspiré. No hay necesidad de
deletrearlo— ¿Quieres que te consiga algo?
—No. Estoy feliz de que hayas venido —Miró por encima de mi hombro, y
seguí su mirada para ver a los dos Valquirias varones caminando hacia nosotros. No
tenían runas esta vez, pero su cabello parecía desaliñado. Andris tenía una
rasgadura en su camisa. Un hueco se asentó en mi estómago.
¿Dónde estaba Echo? ¿Qué habían hecho con él? Si ellos se habían unido a
él…
Suspiré. No había nada que pudiera hacer ahora sin dejar que todos supieran
mi secreto. Debería haberle dicho a la rubia que no dijera nada. La voz de mamá
cortó mis pensamientos.
—Raine puede venir a casa con nosotros, Svana —dijo mamá.
No, quería protestar. Echo no me visitaría si Raine estuviera cerca. Tan
pronto como el pensamiento cruzó mi mente, me di cuenta de lo egoísta que
sonaba.
—Deberías, Raine —repetí la oferta de mamá.
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Raine negó con la cabeza. —No puedo.
—Es amable de tu parte ofrecerlo, Penny —dijo Svana Cooper— pero mi
hermana llegó esta tarde y la mantendrá vigilada. De hecho, los chicos deberían
llevarla a casa ahora. —La madre de Raine saludó a las Valquirias.
En los años que había conocido a los Coopers, nunca la había oído a ella ni a
Raine mencionar a su familia. —¿Tienes una tía? —le pregunté.
—Más como una media hermana de mi madre. Estaban distanciadas, pero
recientemente se reconciliaron.
—¿Podrías llevar a Raine a casa, Torin? —preguntó la Sra. Cooper.
—Sí, señora —dijo Torin, pero Raine ya estaba sacudiendo la cabeza.
—No —dijo Raine— No me iré hasta que papá se despierte. Tengo que saber
que él estará bien.
—Oh, cariño —dijo su madre, ahuecando su rostro— Se como te sientes. Voy
a estar aquí vigilándolo. Nada va a sucederle sin que yo lo sepa. Y en el momento
en que recupere la conciencia, te llamaré.
Raine miró a Torin, y una comunicación silenciosa pasó entre ellos. Ella
debe haber visto algo en sus ojos que no le gustó porque hizo una mueca y dijo
descortésmente, —Bien, pero regresaré a primera hora de la mañana.
|
Su madre sonrió. —Por supuesto. Tú y Lavania pueden quedarse con él
mientras voy a casa y me cambio —Besó la mejilla de Raine y le dio unas
palmaditas en el brazo a Torin.
No nos quedamos mucho después de que Raine y Torin se fueron. Evité el
contacto visual con Andris y me sorprendió que él y la chica se quedarán atrás.
Espero que ella no le diga que puedo verlos. ¿Estaban buscando el alma del Sr. C?
Afuera, busqué en el estacionamiento a Echo. Tal vez estaría en mi
habitación cuando llegue a casa. Dejamos la ciudad atrás y entramos en Orchard
Grove. Era angosto con árboles sin hojas que se amontonaban sobre nosotros como
algo de una película de terror. Nuestros faros apenas penetraron los arbustos en su
base. Un movimiento a nuestra izquierda llamó mi atención, y busqué una mejor
mirada.
De repente, un golpe sacudió nuestro automóvil, algo golpeándonos a la
izquierda.
Mamá gritó y extendió la mano hacia atrás en un movimiento protector
instintivo para evitar que volara hacia adelante. Papá maldijo mientras luchaba
por controlar el auto. Giramos, nuestras llantas traseras terminaron en una zanja.
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—Cariño, ¿Estás bien? —Preguntó mamá con voz aguda.
Asentí.
—Creo que golpeamos algo —dijo papá, comenzando a salir.
No, algo nos golpeó. —¡No salgas! —lloré.
—Está bien, muffin. Si es un animal, tendremos que sacarlo de su miseria.
Tragando, miré afuera, buscando en las sombras. Algo estaba por ahí. La
idea apenas cruzó por mi mente cuando una sombra pasó velozmente. Otro siguió.
Atravesaron el viñedo. Eran rápidos, y la oscuridad dificultaba ver lo que eran. Uno
de ellos se elevó en el aire. Luego hubo un estallido de luz que cruzó el campo
hacia donde había aterrizado. Una chispa brillante y luego nada.
Estaba temblando, mi boca seca, el corazón palpitando. El único ser que
podía moverse así era sobrenatural. Grimnirs. Salté cuando se abrieron las puertas
delanteras del auto y mis padres se metieron dentro del auto. Ni siquiera había
notado que mamá se había ido del auto.
—Eso es extraño —dijo, sacudiendo la cabeza.
Papá asintió, deslizándose detrás del volante. —Tal vez se fue cojeando.
—No, estoy hablando del auto. No hay abolladuras, pero golpeamos algo.
|
—Muy extraño —Papá cambió los engranajes de parqueo para conducir.
Las ruedas se agitaron antes de ganar tracción. Cuando nos alejamos,
alguien salió zumbando de los arbustos, se detuvo en el medio de la carretera
detrás de nosotros y nos vio alejarnos. Él usaba un abrigo largo.
¿Echo?
En casa, salí de la camioneta y miré en estado de shock la gran abolladura
en el lado y runas dibujadas por todos lados. ¿Cómo mis padres no podrían ver la
abolladura o las runas? Yo sabía que las runas eran lo suficientemente poderosas
como para hacer que la gente sea invisible. Obviamente, también hacían que la
gente no vieran las cosas. Mamá me rodeó con su brazo. —Es increíble, ¿No?
Ninguna marca en el auto después de que casi aterrizamos en una zanja.
Sin marcas de verdad. Les deseé a mis padres buenas noches en el corredor,
necesitaba estar en mi habitación. Por favor, déjalo estar allí. Empuje la puerta y
mire dentro.
Estaba vacío.
—¿Echo? —Llamé, pero no hubo respuesta.
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Decepcionada, me preparé para la cama, luché contra el sueño y lo esperé
todo lo que pude. ¿Dónde estuvo él? ¿Era él la figura oscura en el medio de la
carretera? ¿Alguien de su gente había intentado matarnos? ¿Por qué un Inmortal me
marcó?
***
Mi alarma se disparó, sacándome del sueño. Estaba sola en la cama. De
alguna manera, esperaba que Echo estuviera holgazaneando, listo para volverme
loca. Los eventos de anoche me recorrieron e inmediatamente, una sensación
hueca se instaló en mi estómago.
¿Dónde estuvo él? ¿Estaba herido o fuera en alguna parte cosechando?
¿Quién le calentaba las manos y la cara cuando regresaba de Hel's Hall?
Incluso cuando el pensamiento cruzó por mi mente, quise patearme mí
misma. No me importaba si tuviera mujeres en todas las ciudades importantes del
mundo. Él y yo no éramos amantes, sin importar lo que él haya dicho. Yo podría
entrar al consultorio de mi médico y pedirle que confirme mi virginidad, pero eso
podría llevar a preguntas embarazosas e
insinuaciones.
|
Me levanté, me duché y me vestí. Sentí como si me hubiese golpeado yo
misma cuando miré en mi habitación y busqué a Echo antes de salir del baño. En
serio, necesitaba conseguir un apretón. Echo prosperó siendo impredecible. Él
aparecería cuando menos lo esperaba. Bajé las escaleras para el desayuno.
—Quiero volver a nadar —dije mientras bifurcaba un trozo de panqueque.
Mamá levantó la vista con el ceño fruncido. —¿Por qué?
—Porque es algo que hacer por las noches y es normal.
—¿Qué hay de tu tarea? Te queda mucho por hacer, Cora. No quiero que te
ensucies demasiado y te enfermes.
Si ella solo supiera. —Tendré tiempo para hacer mi tarea también, mamá.
Prometo que terminaré todo en unas pocas semanas. Raine prometió ayudarme. Le
dará algo en lo que enfocarse.
Mamá no podía discutir eso sin parecer insensible. Ella cedió, aunque no
parecía feliz por eso. Hablaría con papá más tarde y obtendría su apoyo. Él era el
único que podía evitar que se quejara.
Fuera, miré a nuestra camioneta. La abolladura se había ido, pero las runas
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todavía estaban allí. Eran diferentes de las de ayer y cubrieron todo el camión.
Intenté frotar una, pero parecían incrustadas en la pintura. ¿Qué significarán?
Echo había estado aquí, arreglando cosas con runas. ¿Por qué no me había
despertado?
Salí de la granja, ansiosa por ir a la escuela y hablar con la rubia Valquiria
acerca de porqué su hermana me marcó. Tal vez Echo me empujaría dentro del
armario de maquillaje nuevamente. Él tenía muchas respuestas para dar. Fue él
quien estuvo en la carretera anoche. Solo lo sabía.
Las luces intermitentes de la policía me obligaron a reducir la velocidad. Los
policías recorrieron los terrenos en la escena del incidente de la noche anterior.
¿Qué estaban buscando?
A pesar de que la pregunta pasó por mi cabeza, noté las hileras de vides
planas en ambos viñedos. Parecían extraños patrones de conspiración teóricos de
la cosecha atribuidos a los extranjeros. La profunda fisura también era visible en el
suelo, y varios árboles caían como si fueran arrancados de sus raíces por manos
gigantescas. Se necesitaría fuerza sobrehumana para hacer este tipo de daño. O
extraterrestres llamados Grimnirs. Sabía que eran rápidos, pero ¿Eran fuertes
también? No recuerdo haber visto caer los árboles anoche, lo que significaba que
debían haber ocurrido más combates después de que nos alejáramos.
|
Un oficial me indicó que avanzará. Ahora estaba preocupada por Echo. En
cada señal de Alto, esperaba que apareciera en mi auto.
La primera persona que vi cuando aparqué en el estacionamiento de la
escuela fue Kicker. Me saludó y corrió hacia mi auto.
— Te extrañamos ayer en la piscina. ¿Nadas hoy?
—Sí. Tengo mis cosas. —Comenzamos a cruzar el estacionamiento cuando
noté su camiseta. Tenía la silueta de tres chicos y una chica.
—¿Qué es eso? —Señalé su camisa.
Ella miró su pecho y sonrió. —¿Segadores? La banda más sexy de la historia.
Fruncí el ceño. ¿Segadores? —¿Cómo es que nunca he oído hablar de ellos?
Ella rió. —Tienes que vivir en una ciudad importante en todo el mundo y
asistir a fiestas rave para saber de ellos. Son el secreto mejor guardado de los
ravers. Aparecen de la nada, actúan y se van. Nadie sabe quiénes son ni de dónde
vienen, pero la gente los ama. Simbolizan de qué se tratan los elogios.
Todo lo que sabía sobre los ravers era que consumían drogas.
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—¿Qué?
—Espiritualidad, intimidad, soltar los grilletes de la sociedad. No les importa
el dinero o la fama.
Sonaba como algo que haría un segador real. —Nunca te hubiera imaginado
como un raver, Kicker.
—Yo tampoco. Mi primo, un raver serio, me invitó a una fiesta hace unos
meses en Portland, y Segadores hizo una aparición sorpresa. Eso es lo que hacen.
Vienen sin previo aviso, lo cual es genial. Regalaron estas camisetas.
—¿Conoces los nombres de los miembros de la banda? ¿Cómo lucen?
—No. Siempre usan máscaras, pero se nota que son jóvenes y calientes.
Quiero decir, están seriamente aficionados y desgarrados. Desde que han existido
desde los años ochenta, algunos ravers creen que obtienen nuevos miembros cada
diez años. Otros creen que son más de un grupo. Ya sabes, como un centenar de
miembros de la banda, porque han monitoreado y cronometrado sus actuaciones
en segundos. Actúan una noche al mes en un lapso de veinticuatro horas en todo el
mundo. No hay forma de que puedan mudarse de ciudad en ciudad en minutos.
Si usaban portales, podrían. Entramos a la escuela y pasamos junto a las
personas paradas en grupos para ponerse al día con los chismes.
|
—El hecho de que puedan hacer eso solo los hace más misteriosos. El sueño
de mi primo es ser un miembro de los Segadores.
Pude ver fácilmente a un grupo de segadores que tomaban una noche al mes
para liberar vapor y actuar ante grupos clandestinos. Tal vez Echo los conocía.
Drew estaba cerca de mi casillero cuando entramos al pasillo.
—¿Están ustedes dos de nuevo juntos? —Preguntó Kicker.
Un beso no nos define. Por otro lado, el de Echo había causado una gran
impresión y me había dejado con hambre de más. No le respondí a Kicker,
eligiendo centrarme en Drew.
—Oye —le dije, deteniéndome cerca de él.
Él sonrió y me mostro varios Sharpies, incluido uno rosado. Elegí uno rosado
y uno negro, me puse en cuclillas y escribí mi nombre, haciendo de O un corazón y
coloreándolo de rosa.
—¿Quieres pasar el rato después de la escuela? —Preguntó Drew.
Con la pierna quebrada, ya no jugaba al fútbol, lo que significaba que tenía
más tiempo libre y ningún amigo con quien pasarlo. Lo miré y sonreí. Él era tan
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dulce, simplemente no es mi tipo.
—Me encantaría, pero no puedo. Tengo práctica de natación. Y prometí
pasar por donde Raine. Su padre sufrió un derrame cerebral masivo y está en coma
—Me levanté y volví a cerrar los Sharpies— No lo está tomando bien.
—Eso apesta. Yo, eh, estoy pensando en organizar una fiesta para Keith el
viernes. Hubiera sido su décimo octavo cumpleaños. ¿Puedes venir?
—Claro —Guarde mis cosas y recogí mi carpeta— ¿Cuando y donde?
—En mi casa. Vamos, te acompañaré a clase.
Me reí. —Sabes que mi primera clase es inglés y está en el ala oeste de la
escuela. Piso de arriba.
—Lo sé —Él mostró una sonrisa juvenil— Te sorprendería lo que puedo hacer
con tres piernas.
—Está bien. —Pero disminuí la velocidad para que coincidiera con su forma
de andar. No tenía idea de lo que tenía en el primer período, y no quería
preguntar en caso de que fuera algo que ya debería saber. De alguna manera, debo
encontrar la forma de hacerle saber que no estaba interesado en él. Quizás
durante su fiesta.
|
—Oye, amigo, ¿Has visto a St. James? —Preguntó un deportista a Drew
mientras salíamos de la zona de vestuarios.
—No. ¿Por qué?
—El entrenador quiere verlo.
—Eso es terrible para el padre de Raine —dijo Kicker. Me había olvidado por
completo de su presencia— Ella debe haber roto un espejo o algo así. Primero, el
avión de su padre se estrelló, luego el accidente en la piscina, que la gente le echó
la culpa. Luego, cuando regresó a la escuela, todos dibujaron cosas horribles en su
casillero y en el tuyo, y ahora esto.
Dejé de caminar. —¿La gente hizo qué?
Los ojos de Kicker se agrandaron, e incluso Drew me miró con una expresión
extraña. Entonces me di cuenta de lo que había dicho. Dang, otra cosa que debería
haber sabido. En serio, debería mantener la boca cerrada cuando las personas
hablaran sobre lo que había sucedido en las últimas semanas.
—¿Qué? Eso está mal —dijo Drew y me di cuenta de que estaban hablando.
—Lo se —dijo Kicker— Me sorprendió cuando ella me dijo.
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—¿En serio no puedes recordar nada de lo que sucedió? —Preguntó Drew,
mirándome fijamente y de pie justo en el medio del pasillo. Los estudiantes fueron
forzados a caminar alrededor de él.
Me encogí de hombros. —Los doctores dijeron que todo volvería
rápidamente.
—Es mi culpa —dijo Drew.
—No es culpa de nadie. Las cosas suceden. —Especialmente cuando lo
sobrenatural está involucrado— Tengo que irme. No quiero llegar tarde a la clase.
Él agarró mi brazo. —No entiendes. Estábamos, ya sabes, besándonos
después de ganar, y no me di cuenta de que la multitud avanzaba hacia nosotros.
Un segundo estabas en mis brazos. El siguiente alguien te alejó mientras otros me
empujaron hacia abajo. Intenté buscarte. Debería haber intentado más duro o
haberte abrazado o…
—No digas eso. Estoy segura de que fue una noche loca, y nadie tiene la
culpa.
—Estoy de acuerdo —agregó Kicker.
|
Drew le sonrió. Me acompañó a clase y de alguna manera terminó invitando
a Kicker a su fiesta, también. La expresión de su rostro era cómica. Ella nunca
había salido con el equipo de fútbol.
Durante el resto de la mañana, busqué a las Valquirias y esperé que Echo
hiciera su aparición. Estaba empezando a preocuparme por él, aunque sabía que
no debería hacerlo. Él podría cuidarse solo.
Aún así, será mejor que aparezca pronto. Tenía suficiente mierda para
tratar sin preocuparme por él. Cuando no vi a Raine cerca de nuestros casilleros, le
envié un mensaje de texto.
Durante el almuerzo, Kicker me contó todo lo que me había "perdido" y no
fue lindo. Mi enojo se disparó mientras hablaban y se reían de que alguien
desfigurara el casillero de Raine y que la gente la tratara como una porquería
porque sabía que algo malo iba a suceder durante esa desastrosa reunión.
Aparentemente, Eirik y la otra yo fuimos los únicos que nos habíamos quedado con
ella. Que encontrarán eso increíble me hizo querer golpearlos.
—¿Qué pasa con ustedes? —Pregunté, mirando a Sondra, luego a Naya, y
finalmente a Kicker— Estamos hablando de Raine Cooper. La persona más
agradable que ustedes perras conocen.
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Sondra se quedó boquiabierta. —No nos acabas de decir la palabra P.
—Cállate, Sondra —espeté. Unos pocos estudiantes en la mesa vecina nos
miraron. Los fulminé con la mirada hasta que miraron hacia otro lado.
Centrándome en las tres chicas en mi mesa, agregué en voz baja— Tu sabes y sé
que Raine nunca lastimaría a nadie con conocimiento. ¿Cómo no puedes estar a su
lado?
—Vamos, Cora. Fue un poco espeluznante la forma en que sabía las cosas —
dijo Kicker a la defensiva.
—Yo también la vi, Kicker. Pensé que lo había perdido, pero nunca pensaría
que es una bruja —repliqué, pensando seriamente en darles una bofetada la
próxima semana— ¿O ustedes se están olvidando de que tuvo un accidente y casi se
muere, y tal vez, solo tal vez, el accidente se metió con su cabeza?
—Ella levitó, Cora —dijo Naya— Jocelyn la vio flotar sobre el agua.
—Y desapareció —agregó Kicker— Un segundo ella estaba allí, al siguiente se
había ido.
Debí haberme perdido eso mientras estaba ocupada mirando las Valquirias y
las almas. Cuando no la había visto, había asumido que había salido corriendo a los
vestuarios como los otros estudiantes.
|
—Jocelyn mintió —dije, enunciando mis palabras— Con el caos, la gente
corriendo y gritando, el rayo, cualquiera hubiera imaginado algo. O un relámpago
que la atravesó hizo que pareciera levitar —Me puse de pie y miré hacia abajo
desafiándolas a contradecirme. Cuando no hablaron, di media vuelta y salí de la
cafetería.
Por supuesto, habían visto a Raine aparecer levitando, o llevado por seres
que nadie podía ver. Solté un suspiro, sintiéndome terrible. La escuela debe haber
sido una pesadilla para Raine.
Después de que la crisis de su padre había terminado, ella y yo íbamos a
tener una larga conversación. Debe haber una razón por la que sabía sobre el
accidente de la piscina antes de que sucediera. Tal vez ella era una bruja. Si yo
podía estar en dos lugares al mismo tiempo y las Valquirias existían, mi mejor
amiga definitivamente podría tener premoniciones. Y ella tenía que saber que
Torin era una Valquiria. Un segundo en presencia de Echo y sabía que él era
diferente.
¿Dónde estaba ese segador? Iba a sentirlo por haberme hecho preocuparme
por él.
***
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No tuve noticias de Raine hasta después del almuerzo. No había venido a la
escuela. Y por el aspecto de las cosas, tampoco lo habían hecho Torin, Andris o la
rubia.
En la piscina, básicamente ignoré a Kicker, Sondra y Naya. Estaban en mi
lista de aversión hasta que sentí que habían hecho su penitencia. No estaba segura
de qué era eso, pero podría ser creativa.
Después de la práctica, me dirigí directamente a lo de Raine. Su texto decía
que estaba en casa. Una mujer alta con una tez de porcelana y cabello negro
pegote abrió la puerta. Excepto por el cabello negro, no vi ningún parecido con la
madre de Raine.
—Cora, qué agradable finalmente conocerte —dijo, plantando un beso en
mis mejillas y luego me dio un abrazo.
No estaba segura de cómo responder, así que le devolví el abrazo. Se inclinó
hacia atrás y estudió mi rostro como si buscara algo. Le di una pequeña sonrisa.
—Soy Lavania, la tía de Raine —Me apretó los brazos y dio un paso atrás—
Entra. Todos están en la cocina.
|
¿Todo el mundo? Ella guiaba el camino, su andar elegante, su vestido una
pieza suelta que le llegaba a los tobillos y se ceñía a la cintura con un cinturón
enjoyado. Traté de ver por encima del hombro, pero ella era alta.
—He oído mucho sobre ti, por supuesto —dijo.
—Oh —Finalmente, pude ver a "todos". Torin estaba cortando algo en el
mostrador de la cocina. Un ángel caído en un delantal. Se veía talentoso con sus
manos, afortunada Raine. Andris y la rubia estaban sentados en el rincón de su
cocina, bebiendo refrescos. Raine había desaparecido.
—Eirik habla de ti todo el tiempo —dijo Lavania.
Mis pies flaquearon. —No sabía que conocías a Eirik.
Ella se volvió y me miró. —Oh querida. ¿Raine no te lo dijo? Su nuevo hogar
está a solo una cuadra de la mía.
La rubia se atragantó con lo que sea que estuviera bebiendo. Andris le dio
una palmada, pero sus ojos estaban puestos en nosotros. Torin había dejado de
cortar. Todos estaban mirando a Lavania en completo estado de shock. ¿Qué? ¿No
se suponía que ella me dijera acerca de ser vecinos con Eirik?
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Ella los enfrentó y saludó con la mano hacia la mesa de la cocina. —
Siéntate, Cora. Torin y yo cocinaremos esta noche, así que insisto en que te unas a
nosotros para la cena.
—Lo siento, no puedo. Mis padres me están esperando. ¿Está Raine en casa?
—Arriba, durmiendo —dijo Torin, señalando con el cuchillo.
—Gracias. —Saludé a Andris y a la rubia.
Andris se levantó, una sonrisa burlona se curvó en sus labios. —Encantado de
verte de nuevo, Cora.
Recordando mi error esta mañana, decidí ir a lo seguro. —¿De nuevo? No
creo que nos hayamos conocido ¿Tú eres?
—Andris —Sus ojos se estrecharon mientras cerraba el espacio entre
nosotros— Nos conocimos hace meses.
Negué con la cabeza. Lo siento, no lo recuerdo.
—Y anoche en el hospital.
¿La rubia le había contado mi secreto? Nuestros ojos se encontraron, pero no
pude leer su expresión. —Sí, recuerdo eso. Tú y Torin vinieron a la UCI justo antes
de que nos fuéramos.
|
Andris se rió entre dientes. —Eres buena, cariño, pero he estado jugando
juegos durante siglos.
—Déjala en paz, chico travieso —advirtió Lavania, pero no había censura en
su voz.
—Sí, sí, madre —dijo Andris— ¿Has conocido a Ingrid?
¿Madre? Negué con la cabeza.
—Cora, Ingrid. —Hizo un gesto hacia la rubia— Ingrid, Cora.
—Encantada de conocerte, Ingrid. Me limitaré a dirigirme —señalé— arriba.
Andris señaló sus ojos con dos dedos que a mí. Sí, lo que sea, Valquiria.
Imité su gesto.
Lavania se rió entre dientes. —No te preocupes por él. Le gusta actuar de
manera escandalosa cuando está aburrido. Sigo esperando que alguien lo mantenga
preocupado —Ella le lanzó una mirada penetrante a la rubia.
La chica se sonrojó y miró hacia abajo. Entonces recordé algo. —Uh, tu
entrenador te estaba buscando en la escuela hoy, Torin. No sé si tus compañeros
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de equipo te enviaron un mensaje de texto.
Torin frunció el ceño y luego se encogió de hombros. —No, pero está bien.
Gracias —No parecía molesto por eso.
—Amigo, faltaste a la práctica y las semifinales son en dos semanas —dijo
Andris.
—Que le den al fútbol —replicó Torin.
—Cuida tu boca, hijo. —Lavania golpeó a Torin en la parte posterior de su
cabeza— Sabes mejor que nadie sobre usar ese tipo de lenguaje a mi alrededor.
De acuerdo, la dinámica de las relaciones en esta casa era extraña. Ella
estaba tan en casa en la casa de Raine. Bandera roja número uno. Ella y las
Valquirias hablaban como si se conocieran desde siempre. Bandera roja número
dos. Llamó a Torin "hijo" y Andris la llamó "madre". Bandera roja número tres. Por
otro lado, la madre de Raine era así. Saliente. Una habilidad especial para tratar a
las personas como si fueran amigos de toda la vida y haciéndolos sentir como en
casa. Entonces tal vez mi radar de mentiras estaba apagado.
Subí las escaleras, llamé levemente a la puerta de Raine y la abrí cuando no
recibí respuesta. Eché un vistazo adentro. Estaba acurrucada en la parte superior
de la cama, profundamente dormida, con un pañuelo crujiente en la mano. Había
varios usados en la canasta junto a su cama.
|
Pobre Raine.
Decidí no despertarla, me di la vuelta para irme y vi los adornos de vidrio
soplado. Eran hermosos. Los recogí uno a la vez y estudié los diseños. Uno era de
un arcoíris. Le di a Raine una última mirada, la dejé y salí de la habitación.
Abajo, Lavania me vio y frunció el ceño. —¿Ya te vas?
—Todavía estaba dormida, y no quería despertarla. Le enviaré un mensaje
de texto más tarde.
—¿Te veo en la escuela, preciosa? —Gritó Andris.
—Tú también, guapo —La risa de Lavania y Torin me siguieron.
Fuera, doblé la esquina y casi tropecé con Ingrid. —Te busqué en la escuela
hoy.
Ingrid se encogió de hombros. —Estábamos en el hospital con Raine y su
familia.
¿No se dieron cuenta de que su comportamiento era extraño y llamarían la
atención? La gente no se saltaba la escuela para sostener las manos de sus amigos
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en el hospital. ¿O era el alma del Sr. Cooper tan importante?
—¿Por qué?
—Porque Raine es especial e importante, y cuando Torin necesita nuestra
ayuda, la damos. Lo que dije anoche sobre mi hermana…
—Maliina —intervine.
Ella asintió. —Ella te marcó con runas. Por eso, puedes vernos y a las almas .
—¿Por qué me marcó? ¿Qué le hice a ella?
Ingrid hizo una mueca. —Maliina era la primera oficial de Andris, pero nunca
estuvo completamente segura de lo que sentía por ella. Ya sabes, no como si Raine
estuviera con Torin. Cuando llegamos por primera vez, Andris había mostrado
interés en Raine. Solo estaba jugando, pero Maliina no lo creía. Ella fue tras Raine.
—Indris negó con la cabeza— Cuando Torin le dijo que se detuviera, lo hizo. En
cambio, ella te marcó para lastimar a Raine.
Me reí. —¿Estás diciendo que toda mi vida está hecha un desastre porque
una chica estúpida…
—Inmortal —corrigió Ingrid.
—No me importa —gruñí— Ella me hizo esto por estar tan ensimismada… —
Señalé hacia la casa y apenas pude evitar decir Valquiria. La cortina de la casa de
|
los Rutledge cayó en su lugar cuando dejó de espiarnos. Tomando una respiración
profunda, pregunté en voz baja— ¿Dónde está ella ahora?
Ingrid negó con la cabeza. —No lo sabemos.
Estúpida inmortal —¿Cuándo me hizo esto?
—¿Hace aproximadamente dos meses?
—¿Por qué no te recuerdo o no la encuentro? —Indrig se encogió de
hombros— Tus recuerdos probablemente fueron borrados por las Norns —Buscó en
mi rostro— ¿Sabes quiénes son las Norns?
—Sí —Echo había tenido razón. Yo quería verlo.
Necesitaba verlo y escuchar todo lo que tenía que decir con la mente
abierta. —Gracias, Ingrid. Tengo que irme.
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06. LA FIESTA
Mientras conducía a casa, noté que los árboles cerca del lugar del accidente
ya no estaban, pero las lianas se podían rescatar. Los granjeros tendrían que hacer
una replantación seria. Aparqué fuera de mi casa y entré corriendo. Como de
costumbre, el aroma de la cocción fresca me saludó.
Mamá levantó la vista de la estufa. —Hola cariño. ¿Cómo estuvo la práctica
de natación?
—Buena.
—¿Has oído las noticias? —Preguntó papá— La policía está buscando vándalos
que desarraigaron árboles y destruyeron las vides de las granjas Tolbert y Melbeck.
Mi corazón se desvaneció. —¿Hablaron con ustedes?
—Oh, sí —dijo mamá, apagando la estufa— Les contamos sobre el accidente
y cómo no había ni un rasguño en nuestro camión.
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—Los alienígenas lo hicieron —dijo papá, sonriendo— Nunca he visto vides
aplastadas así.
—No empieces con eso, Jeff —dijo mamá.
—Piénsalo, Penny. Nos golpean, pero no hay abolladura. Enormes grietas
aparecieron en el suelo, sin embargo, no hay huellas de neumáticos. Los árboles se
desarraigan y nadie puede explicar cómo pasó. Las vides son aplastadas como
círculos de cultivo...
Agarré dos nectarinas y me dirigí al piso de arriba. Papá estaba disfrutando
esto demasiado. Pude verlo comenzar una serie basada en lo que sucedió anoche.
Echo no estaba arriba.
Al día siguiente, me preocupé y esperé. ¿Necesitaba respuestas y Echo fue y
sacó un maldito acto de desaparición? Raine vino a la escuela, pero bien podría no
estar allí. No podía hablar con ella porque siempre estaba rodeada por las
Valquirias. Torin actuó como si le patearía el culo a alguien que se atreviera a
molestarla. Odiaba esperar respuestas, pero no tenía otra opción.
Andris mantuvo su distancia, pero me di cuenta de que se moría de ganas de
joderme la cabeza. No lo pude entender todavía. Se colgó con los jefes de drogas y
los patinadores, y después estaba con los hipsters. Se rumoreaba que estaba
|
saliendo con un tipo, mientras que otro rumor lo relacionaba con Ingrid. No
necesitaba ser un genio ver que a la valquiria le gustaba. Durante el almuerzo, ella
se sentó con sus compañeras porristas en una mesa, pero sus ojos se mantuvieron
en su mesa.
Para el viernes, estaba maldiciendo a Echo. Ni siquiera disfruté de la
jornada motivacional que tenía al final del día escolar. Si él aparecía, iba a
desgarrarlo de nuevo. No solo necesitaba respuestas que solo él podía darme, sino
que las almas estaban comenzando a venir a la granja de nuevo. Tuve que
dispersar algunas. De hecho, esperaba que hacerlo atrajera la atención de Echo y
lo trajera de regreso.
Bajé la ventanilla y saludé a Drew. Fue uno de los pocos estudiantes que
condujo un automóvil nuevo, un SUV. El estacionamiento estaba lleno de cacharros
y estudiantes gritando planes de fin de semana. La mayoría iba a ver a nuestros
muchachos jugar en los cuartos de final.
—Te veo a las siete —llamé a Drew.
Él sonrió. —Estamos jugando los Shithawks mañana por la tarde, por lo que
los muchachos necesitan desahogarse esta noche —dijo, y los dos deportistas a su
lado lo golpearon.
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Desahogarse significaba alcohol y chicas, la peor pesadilla de un entrenador.
Los Shithawks eran en realidad los Skyhawks, Southridge High School en Beaverton.
De alguna manera, tenía la sensación de que la fiesta iba a ser sobre fútbol, no el
cumpleaños póstumo de Keith. Nunca habíamos llegado tan lejos en el fútbol. De
hecho, no podía recordar si alguna vez llegamos a los cuartos de final, pero íbamos
en contra de una de las mejores escuelas del estado.
Kicker estaba esperándome junto a los casilleros cuando llegué a la piscina.
Quería ignorarla, pero ella tenía el aspecto de cachorro perdido y llevaba puesta la
camiseta Reapers otra vez. Verla me recordó a Echo y cuánto me molestó su
desaparición. Odiaba admitirlo, pero como que lo extrañaba.
—Está bien, no me muerdas la cabeza hasta que termine —dijo Kicker— Naya
habló con el equipo, y después de la práctica, nos dirigimos al hospital para
mostrar nuestro apoyo y demostrarle a Raine que, a pesar de no estar en el
equipo, sigue siendo una de nosotros.
Fue brillante, lo amable que hubiera sugerido si mi vida no estuviera tan
jodida. —Eso suena bien.
—Entonces, ¿Podemos ir juntas a la fiesta de Drew?
—¿Nosotras?
|
—Naya, Sondra y yo. El hermano de Naya nos iba a dar su Jeep, pero él y sus
amigos fueron a Portland después de la escuela y no regresarán hasta más tarde
esta noche. Él nos dará un paseo casa después. Solo necesitamos un aventón allí.
Me encogí de hombros. —Bueno. ¿Dónde te recojo?
Ella rió. —Mi casa.
—¿La dirección, Kicker? —Pregunté cuando ella comenzó a alejarse. Ella
siempre olvidaba que no podía, recordar, algunas de estas cosas mundanas.
Después de la práctica, todo el equipo de natación se amontonó en sus autos
y condujo hasta el Centro Médico Kayville. Incluso Doc, nuestro entrenador, vino
con nosotros. Las enfermeras no parecían sorprendidas de vernos. Nuestro equipo
tenía la reputación de mantener vigilias en el hospital.
La expresión de Raine hizo que valga la pena llamar a las tres perras. Luchó
contra las lágrimas y murmuró: —Gracias.
Su madre era más vocal. Mientras ella expresó su agradecimiento y nos dijo
lo maravillosas y solidarias que éramos, fui con Raine a un lado.
—¿Hiciste esto? —Susurró mientras nos abrazamos.
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—No. Kicker, Naya y Sondra lo propusieron. Es su manera de disculparse por
la forma en que te trataron después del accidente. Tratarte como una bruja era
estúpido. Pintar tu casillero era imperdonable.
—¿Sabes sobre eso? —Preguntó Raine, ojos cautelosos.
—Sí. Kicker me lo dijo.
—Entonces ella nos llamó perras por molestarte —dijo Kicker, acercándose a
nosotros sin que yo lo notara.
Raine se rió, me miró y ladeó las cejas. —No lo hiciste. —Me encogí de
hombros.
—He echado de menos tu locura, Cora. —Ella me abrazó de nuevo.
—Yo también. Me perdí mi lado loco, eso es. ¿Cómo está tu papá?
—¿No oíste lo que dijo su madre? —Dijo Kicker, entrando de nuevo— Salió del
coma esta tarde.
Pasó otra hora antes de que saliéramos del hospital. Noté algunos fantasmas
más de lo habitual. Una vez más, me encontré repasando lo que había sucedido la
última vez que vi a Echo mientras conducía por Orchard Grove. Como si no pudiera
|
evitarlo, traté de quitar las runas del camión de mis padres nuevamente, incluso
usé mis uñas. ¿Por qué Echo los dibujó? Asumiendo que él era quien lo había hecho.
—¿Todavía estás tratando de hacer mella en esa cosa vieja? —Gritó mamá.
Ella caminaba hacia mí desde el granero.
Sonreí y la esperé.
—Tu padre ha ideado una nueva teoría. Fue una toma de aire disparada por
un tirador de aire de alta velocidad que causó el accidente. El aire aplastó las
vides y arrancó los árboles del suelo. Planea probar su teoría con un soplador de
hojas modificado.
—Entonces, ¿Quién creó la cámara de aire de alta velocidad? —Pregunté.
—Los militares, por supuesto. —Ella negó con la cabeza— Esa imaginación
suya nunca deja de sorprenderme.
—O sus fanáticos —dije.
Mamá se rió entre dientes y pasó un brazo por el mío. Ella llevaba una
canasta de huevos en su otro brazo. —¿Cómo estuvo la práctica?
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—Bueno. El equipo decidió pasar por el hospital después de la práctica para
visitar al padre de Raine y estar allí para ayudarla. Descubrimos que su padre salió
del coma esta tarde.
—Eso es maravilloso. Sé que Svana se sentirá aliviada.
—¿Lo hará? —Pregunté antes de poder contenerme y me encogí cuando
mamá se detuvo y me miró con los ojos entornados.
—¿No crees que está sufriendo? —Preguntó ella.
Me encogí de hombros. —Ella siempre es muy optimista, y eso no cambió
cuando él estaba desaparecido o cuando la vimos en el hospital.
—Oh, cariño —Ella palmeó mi rostro— Hay muchas caras de dolor. Svana
Cooper es la mujer más increíble que conozco. Sabe que debe mantenerse fuerte
para Raine. Eso es lo que hacen los padres. Si lloraba o dudaba de que él estuviera
vivo cuando su avión se estrelló, lo hizo en privado. De todos modos, estoy feliz de
que el equipo haya ayudado a Raine. Eso es algo que siempre me gustó de tu
equipo de natación.
—Bien, porque muchos de nosotros hemos sido invitados a una fiesta esta
noche. ¿Puedo ir?
Abrió la puerta y caminó delante de mí. —Supongo que si vas a fiestas las
cosas vuelven a la normalidad.
|
—¿Así que puedo irme?
Ella presionó sus labios en mi sien en un suave beso. —¿Cuando inicia?
—Siete, pero estoy recogiendo un grupo de chicas que están sin conductor.
—¿Quién no tiene conductor? —Preguntó papá, bajando las escaleras.
—Nada. Amigos yendo a una fiesta —dijo mamá— Ven a casa a las doce.
—Mamá —protesté.
—Tranquilízate de nuevo en tu vida social, muffin —dijo papá— No queremos
que hagas demasiado, demasiado pronto. Doce es razonable. A menos que
prefieras once cincuenta y nueve... cuarenta y cinco...
—Entiendo —le dije y le di un puñetazo en el brazo al pasar al pie de las
escaleras.
—Asegúrate de comer algo antes de irte —me llamó mamá.
Ella dice lo mismo cada vez antes de irme a una fiesta, aunque nunca comí
nada. La excitación y la energía nerviosa tendían a arruinar mi apetito. Esperaba
que Raine estuviera allí. No me había atrevido a preguntarle nada cuando
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estábamos en el hospital, pero Torin era el Mariscal. Ninguna fiesta del equipo
sucedió sin el mariscal de campo.
No esperaba que Echo estuviera en mi habitación, sin embargo, sentí su
presencia en el momento en que abrí la puerta. Su embriagador y masculino aroma
era inconfundible. Mi corazón latía con fuerza, miré a mi alrededor.
La habitación estaba vacía.
Maldición. Lo extrañaba.
Mi tocador era exactamente como lo había dejado esta mañana, un desastre
total, pero mi cama estaba arrugada y había una muesca en mi almohada. Él yacía
en mi cama. Entonces vi el guante. Justo en el medio de la cama. ¿Lo había dejado
atrás o lo había olvidado?
La ira se apoderó de mí. —Quédate en Hel, Echo.
Marché a la cama, agarré su guante, hundí mi almohada y enderecé mi
cama. Ya no estaba jugando sus juegos estúpidos, y tenía una fiesta para ir, donde
iban a ser tipos normales.
En el baño, arrojé el guante a la basura, me desnudé y me metí en la ducha.
Una hora más tarde, mis uñas y mi cabello estaban hechos. Salí de debajo
del secador de pelo y quité los rulos. Perdí peso mientras estaba en PMI, así que la
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mayoría de mis pantalones favoritos estaban un poco sueltos. Me decidí por una
falda elástica a la mitad del muslo. La parte superior tenía la longitud correcta y
mostraba mi escote al máximo. Estudié mi reflejo y me senté frente a mi tocador
para maquillarme y cepillarme el pelo.
Contenta con los resultados, me puse las botas de tobillo, agarré una
chaqueta y salí de la habitación. Dos pasos y me di la vuelta, volví al baño y saqué
el guante de Echo de la basura. En un capricho, me lo puse. Estaba hecho de cuero
suave y abrazó mi mano.
Sonriendo, me dirigí hacia abajo.
***
Conduje más lento de lo normal en Orchard Grove, pero no sucedió nada
extraño. Kicker vivía en el otro extremo de la ciudad. Noté algunas almas
deambulando. Como de costumbre, ellos detuvieron lo que estaban haciendo y me
miraron fijamente. En serio, no entendí su atracción hacia mí. Ahora llevaba un
póquer de fuego en mi auto, por si acaso tenía que dispersar a algunas.
Naya y Sondra estaban con Kicker cuando llegué. No deben haber ido a sus
casas después de practicar natación. Peor aún, no estaban listas. Su nivel de
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emoción me sorprendió. Ser invitado a la fiesta de Drew fue un atajo en la escala
social, donde los deportistas y las porristas reinan supremas.
—Te ves increíble —dijo Kicker. Ella señaló el guante de Echo— Me encanta
eso. ¿De dónde lo sacaste? —No tuve la oportunidad de responder.
—¿Cómo haces para que tu cabello se vea así? —Preguntó Naya.
—Ruleros —Solo quería que nos fuéramos, pero necesitaban ayuda con su
maquillaje. Y su cabello. El cabello de Naya era naturalmente rizado, pero ella lo
había secado. Conocía el tipo de chicas que asistían a las fiestas de Drew. Dulces
entre sí, pero francamente cruel con las chicas que creían socialmente estaban por
debajo de ellos.
—Me gusta tu maquillaje —dijo Kicker.
—Puedo terminar de aplicar el tuyo si quieres —le ofrecí, recogiendo el
estuche de maquillaje en la cómoda.
Kicker echó un vistazo a los otros dos y soltó una risita. —Terminé, pero si
puedes hacerme lucir como ella —agarró una revista y me mostró una foto de una
actriz con su color y color de pelo— Te amaré por siempre.
Siempre. Echo me había pedido en broma que fuera suya para siempre. Me
molesto porque estaba pensando en él una vez más, rechine los dientes y le
respondí a Kicker. —Bien.
|
Ella se sentó e inclinó la cabeza hacia atrás. Estudié su rostro.
—Kicker, eres más hermosa que Jen —le dije, inclinando mi cabeza hacia la
revista.
Kicker sonrió. Le di indicaciones cuando apliqué el maquillaje. Cuando
terminé, Naya y Sondra querían que también se rehicieran. Terminé rizando el
cabello con una plancha caliente. Odiaba los hierros calientes y el daño que hacian
al cabello. Lo mencioné y le expliqué que siempre usé rulos y un secador con
capucha. Mientras se vestían, le envié un mensaje de texto a Raine.
¿Vas a la fiesta de Drew?
Quería hacerlo, pero no me siento bien.
Torin pasará por allí. Que te diviertas.
¿Cuándo regresará tu papá a casa?
Mañana. Estamos convirtiendo
la guarida en su dormitorio
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¿Necesitas ayuda? Tal vez necesite un
lugar adonde ir si la fiesta explota.
Las fiestas de Drew nunca funcionan,
pero siéntete libre de pasar por aquí.
Estaré en casa. Tengo a Torin
y Andris haciendo el trabajo pesado
en este momento. Escuché que con
Andris se lleva bien.
Él es un asno.
En lugar de una respuesta de texto, mi teléfono vibro. Llevé a mi oído. —
Oye.
—Me estaba riendo tanto que los chicos querían saber quién estaba enviando
mensajes de texto —dijo Raine— Andris dice hola.
|
—Él sigue siendo un asno.
—Lo sé. ¿Dónde estás?
—En la casa de Kicker. Ellas... ella, Naya y Sondra se están preparando. —
Levanté la vista y encontré a las chicas observándome— Solo un segundo. —Ladeé
mi frente en Kicker.
—Estamos listas —dijo ella.
—Oh, bien —Me levanté y salí de la habitación con el teléfono en la oreja.
Desearía que Raine estuviera conmigo. Ella, Eirik y yo a menudo hacíamos cosas
juntos. —¿Puedo preguntarte algo?
—Dispara —dijo Raine.
—¿Has tenido noticias de Eirik desde que su familia se mudó? —Hubo un
silencio en la línea.
Abrí mi auto y me coloqué detrás del volante. Todavía no hay respuesta. —
¿Raine?
—Unas pocas veces.
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Ella sonaba perdida. —¿Dónde está el?
—Él, uh, se mudó al norte —dijo vagamente.
—Norte, ¿Dónde? ¿Seattle? ¿Canadá?
Ella rió. —Ojala. Escucha, Cora. Eirik regresará. Dijo que lo explicará todo
cuando lo haga.
Fruncí el ceño. —¿Explicar qué?
—¿Por qué se fue su familia? Fuiste todo lo que pudo pensar antes de irse.
Me reí. —Tenía una manera divertida de mostrarlo. Uno, se fue sin decir
adiós. Dos, él no me visitó... —Me detuve cuando recordé que no estaba sola y que
había mucho que podía revelarle a alguien— Olvídate de él. Quiero decir, solo
éramos amigos. Tú fuiste quien salió con él.
—El error más grande. Estaba loco por ti —dijo Raine.
—Claro que lo estaba. Me tengo que ir.
—Cora —dijo ella.
—En serio, nunca hablemos de él —Pensar en él todavía le dolía. Enojada
conmigo misma, giré la llave y salí de la entrada de Kicker.
|
—¿Eirik nunca se despidió? —Preguntó Naya.
—¡Naya! ¿Recuerdas lo que te dije? —Preguntó Kicker.
Naya frunció el ceño, luego su boca formó una O. —Oh, sí. ¡La conmoción
cerebral!
—Tú y Eirik hicieron todo juntos, Cora —dijo Kicker.
—¿Lo hicimos? —Le pregunté.
—Venías a la piscina para verlo nadar y salir juntos antes de que decidieras
unirte al equipo. Pensamos que te uniste por su culpa. Al menos eso es lo que
concluimos —Se volvió y miró a las otras dos— ¿Correcto?
¿Cómo había hecho malabares con tres novios: Eirik, Drew y Echo? Debo
haber sido la proyección astral más insensible del mundo. Mantuve mi boca cerrada
por el resto del camino.
El camino de entrada a la casa de Cavanaugh estaba repleto de automóviles,
las recogidas de niños del otro lado de la vía férrea y los costosos modelos
extranjeros preferidos por sus amigos más cercanos: hijos e hijas de propietarios
de viñedos y otros Kayvillianos de élite superior. El lugar estaba lleno, y la gente
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todavía estaba llegando. La fiesta estaba en la terraza de la piscina, y la gente
bailaba al ritmo de la música que se escuchaba a través de los altavoces en el gran
porche de madera. El beneficio de vivir en un enorme viñedo no era ningún vecino
enojado que le ordenara bajar el volumen. Los padres de Drew a menudo estaban
fuera de la ciudad en los espectáculos de vino, y su hermana nunca parecía estar
presente cuando Drew organizaba una fiesta.
Algunas personas se sentaron en las sillas de la piscina y en los salones
mientras otras jugaban en la piscina, pero la mayoría se paraban alrededor del
amplio porche en grupos, hablando o balanceándose con la música mientras bebían
ponche de frutas. Conociendo a Drew, el golpe se mezcló con algunas de las
cervezas favoritas de su familia.
—¡Cora! —Gritó.
Saludé. Estaba manteniendo la corte lejos de los bailarines en el extremo
derecho de la piscina. Él me vio una vez y sonrió con aprecio. La mayoría de las
personas a su alrededor sonreían con porristas o miembros del equipo de
instrucción. Mi vlog me había dado un pase libre a su círculo interno, a pesar de
que realmente no era -una de ellos-.
Fulton, un receptor rubio que podría pasar por un tipo surfero, saltó y me
ofreció el salón junto a Drew.
—Gracias, Fulton.
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—¿Quieres algo para beber? —Preguntó, sus ojos en mi escote.
—Claro —Mientras despegaba, mis ojos se encontraron con los de Leigh
Haggerty. Su falsa sonrisa no me engañó. Había estado persiguiendo a Drew por,
como, para siempre. Estaba sentada en una tumbona detrás de él, acariciándole el
pelo. A él no pareció importarle. Otra chica, Pia Gunter, se sentó en el salón del
otro lado, rascando la piel debajo de su yeso con un raspador. Ella estaba en mi
clase de inglés y era una cabeza hueca.
—¿Las trajiste? —Preguntó Leigh, señalando con la cabeza a Kicker y a las
otras chicas. Casi me río de la molestia en su voz. Los nadadores estaban hablando
con algunos deportistas y, por lo tanto, se los consideraba una amenaza.
—Sí. ¿Por qué? —Levanté las cejas, desafiándola a decir algo malo sobre mis
compañeros de equipo.
—No deberían estar coqueteando con Rand. Él es novio de Kenzie —dijo
Leigh.
—Hmm, tal vez Rand no debería coquetear con ellas ya que él es el que
tiene novia —le dije. Chicos siempre fueron tan fáciles. Arregla tu cabello un poco,
aplica el maquillaje, y actuaran como si nunca te hubieran visto antes.
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—Nunca las había visto antes —dijo Pia con aire aburrido.
Ella nunca notó a nadie que no estaba en su círculo de amigos. Esta fiesta
iba a ser aburrida rápidamente. Miré a Drew y lo encontré estudiándome. Él sonrió.
Le devolví la sonrisa. Una hora, entonces me estaba yendo.
—¿Torin vendrá esta noche? —Preguntó alguien, y solo así, la conversación
cambió al juego de mañana y a los Skyhawks, porque era una fiesta de fútbol.
—Grabé sus últimos tres juegos —dijo Drew— Está en DVR, así que si quieren
ver… —Hubo un apoyo masivo de la mayoría de los jugadores de nuestro alrededor
y los que estaban en el grupo lo siguieron. Algunas novias pegajosas fueron con
ellos.
Tomé un sorbo de mi bebida y mordí una porción de pizza. La música era
ruidosa, las bebidas y la comida abundaban. Esto era lo que necesitaba.
Normalidad. Salir con gente de mi edad. Disfrutando de un poco de alcohol en
menores de edad. No más pensamientos sobre Echo o Eirik, almas o segadores. Ni
siquiera me importó que algunas puertas se estrellaran en la fiesta y siguieran
mirándome. No estaba lidiando con almas o el mundo sobrenatural. Esta noche,
solo era un adolescente tratando de divertirme.
El brazo de Drew se detuvo en la parte superior de mi top, y suavemente
acarició mi hombro. Su toque fue agradable. No hubo chispa o la necesidad
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urgente de tocarlo de nuevo. Ningún momento cargado cuando nuestros ojos se
encontraron. Era un tipo guapo, y tal vez incluso le permitiera que me volviera a
besar esta noche.
Me estaba riendo de algo que alguien dijo cuando hubo una reducción en el
nivel de ruido. La gente en el porche parecía perder interés en bailar. Los que
estaban en la piscina miraron y susurraron. Una franja de consciencia se escabulló
bajo mi piel.
Echo. De alguna manera, supe que era él antes de dar vuelta.
—¿Quién es ese? —Preguntó Leigh con asombro.
Se quedó parado en la entrada de la puerta trasera, con las manos en los
bolsillos delanteros de sus pantalones, sus ojos penetrantes escudriñando a la
multitud. Pude sentir su impaciencia. Él no devolvió sonrisas o el saludo.
Él me encontró, y una sonrisa perezosa levantó una esquina de sus labios. El
latido de mi corazón se disparó, una mezcla de excitación y anticipación me
recorrió. Sus ojos de lobo me mantuvieron cautiva, su sonrisa de hueso haciendo
mis entrañas pegajosas. Él comenzó a caminar hacia adelante, su caminata era
floja.
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—Él viene para aquí —Pia susurró con entusiasmo.
Él se veía increíble. Su abrigo estaba desabrochado y revelaba vaqueros y
una camiseta gris. Era la primera vez que lo había visto vestirse de forma tan
casual, y parecía estar muy caliente. Los pantalones abrazaron sus poderosos
muslos, y su camisa insinuó el cuerpo masculino debajo de ella. Quería tirar el
abrigo y darme un festín con él. Levántate, corre hacia él y toca su rostro. Su
cabello desgreñado tenía esa mirada desordenada que se quitó tan a la perfección,
y se había afeitado. Otra primera vez. Ningún tipo en la fiesta podría comparase
con él.
—¿Quién es él? —Preguntó una de las chicas.
La peor pesadilla de cada madre.
Haciendo caso omiso de todos, me ofreció su mano. El izquierdo con el otro
guante. —Baila conmigo, Cara de Muñeca.
Mi enojo con él por desaparecer se desvaneció. Un segundo estaba en el
salón; al siguiente estaba caminando a su lado, mi mano derecha enguantada en la
suya. ¿Desde cuándo me había vuelto tan fácil? Probablemente desde que conocí al
hermoso segador.
|
Echo deslizó un brazo alrededor de mi cintura y tiró de mí cerca. Temblé
cuando toda su dura masa presionó contra la mía. Entrelazó nuestros dedos, sus
ojos no dejaron los míos.
—Estoy feliz de que te pusiste el guante esta noche —susurró con voz ronca.
—¿Sabías de la fiesta?
—Sí. ¿Me extrañaste?
Sí. —No. ¿Dónde has estado?
—Yo también te extrañé —Presionó su mejilla contra la mía.
Estaba cálido, lo que significaba que no había venido de Hel o que alguien lo
había calentado. Odiaba la sensación que me embargaba. Los celos eran feos. Me
negué a dejar que me consumiera como lo había hecho cuando Raine estaba
saliendo con Eirik.
—¿Dónde estabas? Pensé que Torin y los demás te lastimarían. Entonces
estaba segura de que estabas en el camino desarraigando árboles y destruyendo
uvas.
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Él se rió entre dientes. El sonido sexy retumbó a través de su pecho y el
mío, haciéndome cosas que desafiaban la descripción. Yo quería ronronear.
—Te estaba cuidando. ¿Cuál es Drew? —Me preguntó, haciéndome girar para
que pudiera mirar al grupo con el que había estado sentada.
—Déjalo en paz, Echo.
—Bésame y jugaré bien —Dejó caer un beso en mi cuello.
El calor se disparó a través de mí, y un leve gemido de placer escapó de mis
labios. Gah, quería besarlo tan mal. Devorarlo. —¡Compórtate!
—Lo haré una vez que me digas cuál es Drew.
—No necesitas preocuparte por él.
—No estoy preocupado. Solo quiero decirle que se olvide de ti de la mejor
manera posible. —Se apartó de mí, y supe que humillaría a Drew delante de sus
amigos y que no le importaría.
Agarré su camisa y lo tiré hacia atrás. La camiseta subió y reveló sus
abultados abdominales y la intrigante línea de pelo que desaparecía bajo su
pretina. Babeé un poco. De acuerdo, mucho. Él se rió entre dientes, y mis ojos
volaron hacia él. La sonrisa desapareció de su rostro.
—Es un beso —susurró, tomó mi rostro y bajó la cabeza— Necesito besarte.
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Esperaba que tomara mis sentidos como antes, inclinándome a su voluntad.
En cambio, el beso fue gentil. Frotó sus labios sobre los míos como si esperara mi
permiso para profundizarlo. Suspiré y lo invité a tomar más. Lo hizo,
mordisqueando mi labio superior y luego más bajo. Temblé, pero la frustración me
invadió. Él se estaba conteniendo, mientras yo quería más. Lo necesitaba para
hacerme recordar cómo se sentía estar en sus brazos.
Levanté la mano, agarré su abrigo y lo acerqué más. Al mismo tiempo, moví
la lengua y probé sus labios. La presa se rompió. Gruñó, inclinó la cabeza y se hizo
cargo del beso. La tierra cayó de debajo de mí. Me aferré a sus hombros para estar
segura de que me caería si me dejaba ir.
Las sensaciones surgieron y explotaron a través de mí. La música
desapareció en el fondo. Dónde estábamos y quién podría estar mirando dejó de
importar. Todo lo que me importaba era Echo. Sus labios. Su lengua. La sensación
de su cuerpo contra el mío.
Él rompió el beso. Más bien arrancó la boca de la mía y murmuró: —Hel's
Mist.
La mirada ardiente en sus ojos me hizo desear estar solos. Puse mis manos
alrededor de su cuello y enterré mi cara en su pecho, mi corazón amenazaba con
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estallar.
Movió su boca a mi oído. —Ahora él sabe que estas no disponible —dijo con
voz ronca, sus brazos apretados alrededor de mi cintura.
La cordura estaba regresando lentamente. Mi cuerpo todavía tarareaba, y
mis labios hormigueaban. —Eres un idiota.
Él se rió entre dientes. —Lo sé, pero todavía me quieres.
Si. Demasiado. —Cállate.
—Te veré más tarde esta noche. ¿Bueno?
Seguramente, no lo había escuchado bien. Me incliné hacia atrás, mis ojos
se estrecharon. —No me vas a dejar aquí.
Echó un vistazo a los otros estudiantes y sonrió. —Quería asegurarme de que
no me olvidaras. Ahora lo sé cariño y diviértete con tus amigos mortales.
—En tus sueños, Buster. No irás a ningún lado hasta que hablemos. —No
podíamos hacerlo en el medio de la cubierta de Drew con todos mirando. Era hora
de decir adiós— Vuelvo enseguida.
Echo me atrajo nuevamente a sus brazos y me miró a los ojos. —Me tengo
que ir, Cora.
|
—¿Por qué?
—Estoy tratando de evitar que el ejército privado de Hel te encuentre —Hizo
una mueca como si no hubiera querido decir eso.
—Encontrar... ¿Qué?
Tocó mi mejilla y se rió entre dientes. —Lo siento, no quise dejarte caer así.
Quise explicar todo lo que significaba dejarlo así. Quería explicarte todo la última
vez después de tu viaje al hospital, pero un par de mis hermanos estaban en tu
cola y tuvieron que ser detenidos. Ahora, dame un beso antes de irme.
—No me estás haciendo eso. No otra vez.
—¿Haciendo qué?
—Salir sin una explicación. Estaba preocupada cuando acababas de
desaparecer. —Eché un vistazo alrededor. Éramos el centro de la atención de
todos— No te muevas.
—Cora...
—No. Te. Muevas. —Camine hacia donde se sentaba Drew— Lo siento, tengo
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que irme. Algo ha surgido.
La molestia brilló en sus ojos. Abrió la boca para decir algo, pero luego miró
hacia atrás y cerró los ojos, su mandíbula tensa.
—Nos vemos —dijo con los dientes apretados. Parecía enojado. Supongo que
eso significaba que esta era la última fiesta a la que asistiría aquí. Oh bien.
—Sí, te veo alrededor. —Me volví, esperando que los ojos estuvieran sobre
nosotros. En cambio, estaban en Echo. La atención no pareció molestarlo. Se paró
en el medio de la cubierta como una isla y me miró con ojos penetrantes, sin dejar
ninguna duda en la mente de nadie de que solo estaba allí por una cosa. Yo.
—Vámonos —Agarré su brazo y tiré. Él me permitió tirar de él. Justo antes
de entrar en la casa, mis ojos se encontraron con los de Kicker. La expresión en su
rostro era cómica. Saludé.
—¿Sabes lo que todos están pensando? —Preguntó Echo.
—No me importa.
—Que no puedes esperar para estar solos.
—No puedo esperar para llevarte solo.
—Quítate la ropa y haz lo que quieras conmigo —añadió, sonriendo.
|
Le lancé una mirada exasperada. ¿Él quería honestidad? Estaba a punto de
conseguir una carga de cubo. Terminé de fingir que no lo quería. —No me gustaría
nada más que hacer eso, pero primero hablaremos.
Él arqueó las cejas. —¿Arrancarme la ropa?
—Uh-huh —Salimos de la casa y nos dirigimos hacia mi auto. Abrí mi coche,
pero antes de que pudiera deslizarme detrás del volante, él me agarró las caderas
y me dio la vuelta.
—¿Lo dices por nosotros y por la ropa?
Toqué su mejilla, sus labios. —Lo hemos hecho muchas veces antes,
¿Verdad?
Él asintió con la cabeza, una expresión pesada y encapuchada se posó en su
rostro.
—Entonces no es gran cosa. —Extendí la mano y presioné un beso en sus
labios— Vámonos —Pero antes de que pudiera girar, me palmeó la cara, los ojos
brillando bajo la luz de la luna. Él quería besarme. Mi pulso se aceleró. Saber que
él me quería era emocionante.
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—Te quiero —Me presionó contra la puerta del auto, con un muslo
separándome las piernas. Se acomodó entre mis muslos, se presionó más cerca—
Me mantuve alejado, con la esperanza de sacarte de mi mente, pero cuanto más
tiempo me fui, más fuerte se volvió mi ansia por ti.
¡Santo cielo! ¿Qué había desatado mi admisión? —Creí que impedías que el
ejército de Hel viniera tras de mí.
—El ejército de Hel no tiene ninguna posibilidad contra mí. —Frotó su
mejilla contra la mía. Inhalado profundamente— Extrañé tu olor. Cuando estoy
lejos de ti, sueño con abrazarte, tocarte y hacerte feliz. —Me besó el rabillo del
ojo— Cuando estoy contigo, te quiero en mis brazos.
—Eso es porque recuerdas lo que teníamos.
—No, es más que eso. Hay algo diferente acerca de ti. Lo siento cada vez
que... Antes, teníamos sexo y me iba sin una sola preocupación. No me importa si
volvías a Eirik o a un Mortal.
Su mano se arrastró debajo de mi parte superior. Temblé cuando sus dedos
acariciaron mi costado. Su piel contra la mía era estimulante. Dejé de respirar
cuando su contacto se hizo íntimo. Sabía que habíamos hecho esto antes, pero
todo parecía nuevo y emocionante. Una parte de mí quería decirle que se
detuviera, pero tenía curiosidad, así que no aparté su mano. Las preocupaciones
sobre la privacidad revoloteaban en mi cabeza. Estábamos lejos de la casa, y la
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oscuridad nos ocultaba de miradas indiscretas. Su capucha también nos dio cierta
cobertura.
Los pensamientos de falta de privacidad perdieron importancia a medida
que sus caricias se hicieron más atrevidas. Quería decir algo, pero el habla estaba
más allá de mí.
—Ahora quiero golpear a todos los mortales que te miren. Quiero que sepan
que puedes vivir entre ellos, pero eres mía.
La posesividad en su voz debería haberme molestado, pero todo lo que sentí
fue alegría. Entonces me di cuenta de que su mano estaba en mi pierna, subiendo
lentamente debajo de mi falda. Ahora era el momento de decirle que se detuviera.
—He probado cada centímetro de ti, Cara de Muñeca, pero todo esto parece
nuevo, como si te estuviera redescubriendo. ¿Quieres saber por qué? —Me susurró
al oído y me mordió el lóbulo de la oreja.
Temblé, mi boca demasiado seca para que hablara. Peor aún, su mano
estaba debajo de mi falda, en mi muslo, cadera, lentamente arrastrándose hacia
el frente, totalmente volviéndome loca.
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—Tus besos son diferentes, tus respuestas naturales. —Me besó el cuello y
luego se movió a mi hombro— Sabes tan dulce. Cada vez que tus ojos se ensanchan
o tu aliento se agarra, me hace sentir invencible. —Se movió hacia mi mandíbula,
puntuando cada frase con un beso— Me hace desear complacerte más. Mantenerte
siempre conmigo.
Nuestros labios conectados. Una vez más, el beso fue gentil, adorando.
Cuando suspiré de placer, su lengua se deslizó entre mis labios para acariciar la
mía. El ritmo del beso cambió y se volvió exigente. Perdida en las sensaciones, me
aferré a sus hombros.
Un gemido retumbante vibró en su pecho mientras sus dedos tiraban de mi
tanga. El material se frotó íntimamente contra mí, y la intensidad del placer me
dejó sin aliento. Me apreté más cerca de él. Yo quería su toque. Necesitaba
recordar lo que se sentía hacer que me hiciera el amor. Todas las fantasías que
había tenido sobre la intimidad con un chico dejaron de importar. Él era mi
fantasía.
Soltó mis labios para hacer senderos besos a lo largo de mi cuello,
mordisqueando y amamantando.
—Si quieres que pare… —Sus palabras salieron incomprensibles, su voz ronca
y harapienta.
—No —jadeé.
|
Sus dedos deslizaron mi tanga a un lado y me tocaron íntimamente. Su toque
fue electrizante, la sensación que aturde la mente. Me forcé contra él, necesitaba
más.
Envolvió su brazo libre alrededor de mi cintura y me levantó, usando el
cuerpo del auto y sus muslos para anclarme en su lugar. Envolví mis piernas
alrededor de su cintura mientras cada movimiento de sus dedos me empujaba más
y más alto, la intensidad del placer aumentaba con el número de runas que
aparecían en su cuerpo.
Escuché algo desgarrarse, y luego el aire frío se apresuró en mi pecho. Mi
sostén de seda no detuvo a Echo. El calor de su boca reemplazó el frío. Presión
construida. Mi cuerpo se convirtió en un instrumento afinado en sus manos, hasta
que algo hermoso se desplegó en mi centro y se extendió a través de mí como un
fuego salvaje. Grité, pero él me besó y se tragó el sonido.
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|
07. REGLAS DE RUPTURA
Mi mundo nunca volverá a ser el mismo, pensé soñadoramente. Yo nunca,
nunca volveré a ser la misma otra vez. Echo no dejó de besarme. Sus besos se
volvieron lentos. Se estaba tomando su tiempo, como dándome un momento para
recuperarme. ¿El segador no sabía que un beso de él tenía siempre el efecto
opuesto?
—Envuelve tus piernas alrededor de mí —Apreté mis brazos alrededor de sus
hombros y mis piernas alrededor de su cintura. Echo me aseguró contra él
entrecruzando sus brazos debajo de mi trasero. Comenzó a ir alrededor del
automóvil hacia el lado del pasajero del automóvil.
—Sabes que puedo caminar.
—No estoy listo para dejarte ir —Se detuvo junto a la puerta del pasajero,
me apoyó contra el automóvil y comenzó a quitarse el abrigo.
—¿Qué estás haciendo? —Le pregunté.
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—Desnudándome solo para ti.
Oh bebé. Las imágenes fueron suficientes para hacer bailar a una chica.
—Lindo.
—Tu camisa está rasgada, y no quiero que nadie te mire.
El calor corrió a mi cara. Había algunos estudiantes, algunos besándose,
otros caminando hacia o desde sus autos. ¿Nos habían visto? Echo me había roto la
camisa. Todavía no podía creer lo que habíamos hecho. Lo que le dejaría hacer.
¿Debería ofrecer devolver el favor? Incluso ahora, aún podía sentir la evidencia de
su necesidad presionando contra mí. Mis piernas se apretaron alrededor de él, y él
gimió.
—¿Te lastimé?
Él se rió entre dientes. —No, pero podrías.
Fruncí el ceño. —¿Qué quieres decir?
—Olvida que dije eso. — Me bajó al suelo y presionó contra mí,
interviniéndome con el auto. Pasó un dedo por mi cuello. Me estremecí. Él sonrió,
satisfecho con mi reacción.
—Engancha tus runas y arregla tu parte superior.
|
—¿Qué?
—Utiliza las runas correctas para arreglar tu parte superior.
Negué con la cabeza. —¿Cómo puedo hacer eso?
Maldijo en voz baja. —Eso realmente me molesta.
—¿Qué?
—La forma en que las Norns borraron todos tus recuerdos, ni siquiera puedes
recordar las runas simples. —Se quitó el abrigo y lo sostuvo en alto.
Empujé mis brazos a través de las mangas. —Entonces, eh, ¿Escribiste las
runas en nuestro camión?
—Sí. Espero que no te moleste.
—¿Por qué debería? ¿Qué quieren decir?
—Son runas de protección contra accidentes automovilísticos —Tus padres
estarán a salvo ahora. Y antes de preguntar, no los grabé en los tuyos porque
asumí que estabas cubierta, para que pudieras enfrentarte a las runas curativas y
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curarte a ti mismo. Necesitarás un curso acelerado sobre runas, cara de muñeca.
Una vez que los conozcas, puede visualizarlas y hacerlas aparecer en su piel
siempre que lo desees. —Comenzó a abotonar su capucha— Hay runas de curación,
velocidad, fuerza, protección, guía...
Algo presionó mis costillas izquierdas. Metí la mano dentro, la saqué y fruncí
el ceño. Era su guadaña.
—Mi artavus —Lo tomó y tocó la punta— Lo siento, me olvidé de esto. No
quieres que esto te corte. Es filoso y profundo.
—¿Artavus es otro nombre para una guadaña?
—No, artavus sólo significa cuchilla mágica, que es lo que una guadaña es
para un Grimnir. Nuestra cuchilla mágica más importante. Puede dispersar un alma
en este reino con una varilla de metal, pero la guadaña lo hace e inflige dolor
insoportable. Es por eso que las almas se asustan cuando lo ven. También abre un
portal a Hel's Hall. La guadaña, como cualquier artavus, es sagrada para su dueño.
—Se la metió en el bolsillo trasero, me ayudó con los botones y se ató las cadenas
de su abrigo. El abrigo estaba más largo sobre mí y arrastrado al suelo.
—Me veo como un payaso —dije.
—Te ves peligrosa. Mi tipo de chica. —Abrió la puerta del pasajero— Entra.
Estoy conduciendo.
|
—Oh no, no lo estás —Comencé a caminar alrededor del auto, pero él agarró
mi mano.
—Necesito centrarme en otra cosa, Cora, no en ti o lo increíble que hueles o
cómo te sentiste en mis brazos hace unos minutos. Necesito estar ocupado o no
voy a mantener mis manos lejos de ti mientras conduces.
Puesto de esa manera, ¿quién iba a discutir? Abrí la puerta y me instalé en
el asiento del pasajero.
—¿No hay comentarios sarcásticos? —Bromeó.
—No. —Hasta que supe cómo engancharme a mis runas y auto sanarme,
estaba jugando a lo seguro— Pero me alegra saber que no puedes mantenerme
fuera de tus pensamientos y sueños, o que me quites las manos de encima.
Él se rió entre dientes y pasó sus nudillos por mi mejilla. —Esa boca tuya me
vuelve loco. ¿Quieres ir a tu casa y hablar?
—No. —Negué con la cabeza— Si me voy a casa ahora, mis padres querrán
saber por qué y comenzar a preocuparse de que alguien haya dicho o haya hecho
algo para hacerme abandonar la fiesta temprano. Tengo hasta la medianoche y sé
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el lugar perfecto para nuestra pequeña charla. Es tranquilo, y con la fiesta de
Drew aquí, nadie estará allí para molestarnos.
—Bien —Echo corrió hacia el asiento del conductor, se deslizó detrás del
volante y estudió el tablero.
—¿Sabes cómo conducir, verdad? —Pregunté.
Él se rió entre dientes y extendió su mano hacia mí, con la palma hacia
arriba. Solté la llave en su mano. —He estado conduciendo durante siglos, Cara de
Muñeca. Del vapor a los autos eléctricos. —Arrancó el automóvil y se alejó del
lugar.
No recuerdo los detalles de la revolución industrial. Pero…. Los motores de
vapor se usaron en el 1700. —¿Cuántos años tienes?
—Soy viejo —Cogió mi mano, entrelazó nuestros dedos y presionó un beso en
mis nudillos— Al menos mucho, mucho más viejo que tú.
—¿Dónde naciste?
—Francia.
—Entonces, ¿Eres francés?
—Podrías decirlo.
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Suspiré. Para alguien que hablaba mucho, estaba siendo mezquino con la
información. —Está bien, Echo. Oculta tu identidad. Continúa siendo el Sr.
misterioso. Gira a la izquierda hacia adelante. —Esperé hasta que él giró— Quédate
en esta carretera y luego gira a la derecha en la luz.
—¿Dime de nuevo hacia dónde vamos?
—Una vista panorámica. Es tranquilo, y el paisaje de la noche es
impresionante. Está a solo cinco minutos de la ciudad. Ahora viene la vuelta
derecha.
El silencio llenó el auto. Pronto salimos de la ciudad por la I-5.
—Sobre mi pasado —dijo Echo— No estoy tratando de ser misterioso. Solo
odio hablar de eso.
La cautela en su voz me sorprendió. Echo no era del tipo para ser tan
cauteloso. —¿Por qué? ¿Qué pasó?
Soltó mi mano y agarró el volante.
—Larga historia.
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—Tenemos… —Miré la hora en el tablero. Eran un poco después de las
nueve— Alrededor de tres horas y soy una buena oyente.
Más silencio. De acuerdo, esto fue fuera de lugar. Echo era engreído, audaz,
rudo e imparable. Era el mejor segador de Hel. ¿Qué podría haber pasado en el
pasado que fue tan horrible que no podía compartir?
Tomé su mano, la envolví entre la mía, y descansé mi cabeza en su hombro.
—Está bien. Háblame cuando estés listo. Solo sé que no te juzgaré ni nada de eso.
Solo escucharé y mantendré mi opinión, buena o mala, para mí misma. Por
supuesto, también debes saber que odio a las personas que me ocultan secretos y
no creo en los dobles caras.
—No querías hablar sobre Eirik antes —me recordó.
—Sí, bueno, eso es porque él no es importante. Tú sí.
Él se rió entre dientes. —¿Estás tratando de manipularme, Cora Jemison?
—Por supuesto. ¿De qué otra manera voy a conseguir que me hables? En
serio, ¿Qué hay de malo en que no puedas decirme? Juro que no me reiré ni
bromearé sobre eso. Si es triste, me guardaré mis lágrimas.
Él se rió de nuevo. —Eres fabulosa.
—Lo sé.
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Él rió. —Vengo de una familia druida.
—Mira, eso no fue tan malo. —No sabía casi nada sobre los druidas, excepto
lo que había leído en la ficción y visto en televisión. Eran una gente mágica—
¿Quiénes fueron los druidas?
—Fuimos una raza sacerdotal durante la Edad del Hierro. Muy espiritual
Buscamos el conocimiento y la iluminación. Respeto a la naturaleza e intentado
aprender de ella. Nuestros eruditos fueron respetados y reverenciados. De hecho,
los gobernantes no podían tomar decisiones ni mantener el orden sin nuestra
ayuda.
—También usaste magia —dije.
—Para hacer el bien, no lastimar a la gente. Durante el apogeo de la Edad
de Hierro, estábamos en todas partes: Gran Bretaña, Irlanda, Galia y Europa celta.
Mi familia vino de Galia.
—Casi estamos allí. El signo está a la izquierda. ¿Dónde está Galia?
—Una región que cubría la mayor parte de Europa occidental, hoy en día
Francia, Luxemburgo, Bélgica, Suiza, el norte de Italia, los Países Bajos y
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Alemania. Mi padre era un funcionario importante, así que me convertí en novicio
de un sacerdote a una edad temprana. Ayudó que el jefe de los druidas en ese
momento fuera mi tío. Para cuando tenía diecisiete años, aprendí todos los versos
de memoria.
—¿Versos?
—Sagradas enseñanzas transmitidas de Bardos, Ovatos y Druidas a los
novatos. No creíamos firmemente en mantener registros ni escribir nuestras
prácticas. Todo fue oral. Hechizos, amuletos, conjuros: todos fueron memorizados.
Cuando Roma atacó Galia, yo tenía dieciocho. Éramos una gente pacífica. Ni
siquiera nos unimos al ejército, pero los romanos estaban decididos a destruirnos.
—Sus manos se flexionaron sobre el volante— Una vez que conquistaron Galia,
asesinaron a mi pueblo y prohibieron nuestras prácticas religiosas. Creo que nos
atacaron por miedo porque la sociedad de Gaulles dependía de nosotros, pero
nuestras enseñanzas eran sagradas y no compartidas con los no druidas. ¿Es ese el
signo? —Preguntó.
Un cartel blanco con las palabras -Kayville Point- estaba delante.
—Sí. Continúa con tu historia.
—Algunos de nosotros fuimos forzados a luchar usando magia. Los eruditos
tomaron el bosque, escondiéndose y moviéndose de un lugar a otro. Mi grupo logró
sobrevivir durante dos años cuando un viajero de Otro Mundo lo visitó.
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—¿Un alien?
Él rió. —Ese es un término más reciente.
Se detuvo en el terraplén de grava con espacios de estacionamiento
claramente mapeados. Solo un auto estaba estacionado en el área, sus ventanas
estaban empañadas.
—¿Es este el lugar para ir cuando los estudiantes quieren besarse? —Preguntó
Echo.
Lo es. —Si y no.
Apagó el motor y me miró. Las runas aparecieron en su cuerpo, algunas
iluminaron su rostro y el interior del automóvil. Nunca podría tener suficiente de
mirarlo cuando sus runas estaban ocupadas. Se veía hermoso, pero peligroso.
Entonces noté sus ojos entrecerrados. No era la mirada de -no puedo esperar a
besarte- que había llevado en lugar de Drew. —¿Qué es?
—¿Has venido mucho aquí? —Preguntó.
—No, solo un par de veces. El equipo de fútbol celebra fiestas locas aquí
después de los juegos. No vienen por la vista, a pesar de que es increíble. Señalé a
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la izquierda. —Hay una fuerte caída con más botellas de cerveza que en el
basurero de la ciudad.
Los párpados de Echo cayeron cuando me pasó los dedos por el pelo y me
agarró la parte posterior de la cabeza. —¿Tú y Drew alguna vez conducen hasta
aquí, Cara de Muñeca?
Él habló en voz baja, pero escuché los celos en su voz. —No. No tuvimos ese
tipo de relación. Quiero decir que lo besé, pero fue una cosa de una sola vez.
Él me estudió como si tratara de ver si le había mentido. —¿Eirik?
Él regresará... Tú eras todo lo que le preocupaba antes de irse... —No.
Nosotros, uh, no quiero hablar de Eirik. Cuéntame sobre el Otro Mundo.
El calor brilló en los ojos de Echo. —¿Qué pasa si él regresa?
Me encogí de hombros. —No me importa. Él no es quien yo pensé que era.
—Sí, él es un maldito dios entre Mort...
Presioné un dedo en sus labios. —No hablemos de Eirik, está bien. Él nunca
me entendió, y él no estaba allí cuando lo necesitaba. Tú me entiendes, y estás
aquí. —Me besó los nudillos y sonrió.
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—Sí, te entiendo —Solo un segundo. Salió del automóvil, sacó la cuchilla de
su bolsillo trasero y entró en alta velocidad. Salí del auto y lo miré, pero estaba
borroso, así que me concentré en lo que estaba dibujando en mi auto. Estaba
grabando runas. Tantas de ellas.
—¿Disculpe? —Dijo un tipo detrás de mí, y me giré, se me cayó el estómago.
La pareja del otro coche me miró.
—¿Cora? —Preguntó la chica.
La reconocí de la escuela. Kendra algo u otro. Su cita me resultaba familiar,
pero no pude ubicar su rostro.
—Hola, Kendra.
—¿Qué estás haciendo aquí sola? —Preguntó ella, estudiando curiosamente el
abrigo de Echo. Ella no presentó su cita, y realmente no le preste atención.
—No estoy sola. —Eché un vistazo a Echo, quien todavía garabateaba. Por
supuesto, no podían verlo. Redujo la velocidad, y capté su sonrisa antes de
desaparecer dentro del auto.
—Entonces, ¿Están pasando el rato? —Pregunté sin convicción y traté de no
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encogerme.
Kendra miró su cita. —Sí.
Su cita miró el automóvil. Afortunadamente, la puerta se abrió y Echo salió.
—Oh, ahí estás —le dije con alivio.
Él ignoró por completo a la pareja. —Vamos.
—Encantado de verte otra vez, Kendra. —Abrí la puerta del pasajero y me
deslicé dentro.
Echo abrió la puerta de atrás y buscó el asiento del conductor hasta que se
dobló, creando más espacio. —Aquí atrás. Si realmente vamos a hablar,
sentémonos cómodos.
Traté de subir la bandeja con los titulares de los cafés, pero el abrigo se
interponía en mi camino. Gruñendo de frustración, me senté en mi asiento y abrí
la puerta.
Kendra y su amigo estaban regresando a su auto. Se volvieron y saludaron.
Normalmente me avergonzaría si alguien me viera arrastrándome en el asiento
trasero de un automóvil con un hombre, pero esta vez no. Podía besarme con Echo
en cualquier lado y no sentirme avergonzado. No es que estuviéramos pensando en
besarnos ahora.
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Entre en el asiento trasero y me senté en el asiento doblado frente a él,
pero el abrigo quedó atrapado en la puerta. ¿Cómo se movió usándolo? Peor aún,
mi auto tenía poco espacio para las piernas.
—Fácil, cariño. Ese es mi abrigo favorito —Echo decidió ayudar
desabrochando los botones. Una sonrisa curvó sus labios cuando vio mi camisa
rasgada.
Mi cara se calentó. —Y esta era mi parte superior favorita.
Se quitó los artavus de su bolsillo trasero, levantó mi camisa y grabó runas
en ella. Supuse que dibujó las runas, pero resultó que una luz disparó desde la hoja
hasta la tela. La tela de mi camisa se movió y se arregló, hasta que la rasgadura
fue reparada. No era perfecto, pero ahora estaba cubierto.
—Eso se ve horrible. Te compraré una docena para reemplazarla.
—¿Con que? Los mortales no comercian en las almas. Se necesita efectivo
frío y duro para comprar bienes.
—Tengo dinero, principalmente en oro. —Me tiró sobre él y estiró sus piernas
sobre el asiento doblado. Fue un ajuste apretado, pero lo hicimos funcionar. Metió
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mi cabeza debajo de su barbilla, y suspiré. Olía increíble, y me encantaba
escuchar sus latidos del corazón.
—Quiero escuchar el resto de tu historia —le dije— Estabas en la parte con
los extraterrestres de Otro Mundo.
—Acabo de decirte que tengo oro.
—¿Y esto debería interesarme porque...?
—Eres un nuevo Grimnir y no has acumulado nada. He tenido miles de años
para recolectar cosas, propiedades, dinero, juguetes caros, lo que significa que
puedo darte todo lo que quiero. Las mujeres se emocionan por esas cosas.
Abrí mis ojos de par en par y revoloteé mis párpados. —Oh, Echo, eres tan
rico. ¿Me puedes comprar una isla?
—Por supuesto. ¿Cúal?
Me reí. —Deja de presumir y cuéntame sobre los extraterrestres que
visitaron a tu gente.
Él se rió, el sonido vibraba en su pecho. Me encantó esa risa. Era oscuro y
sexy y nunca fallaba en enviar un escalofrío de pura emoción a través de mí.
—No eran extraterrestres —dijo— Seres de otros mundos. Creíamos que
existían otros reinos. Lo que no sabíamos era con qué frecuencia Valquirias
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reclutaban entre mi gente. El secreto estaba bien guardado. Los pocos
seleccionados pasaron por un entrenamiento intenso, aprendiendo sobre los reinos
y las runas mágicas. Tenía veinte años cuando me convertí en un Inmortal.
Usualmente tomaba años de entrenamiento antes de que uno comenzará a
cosechar, pero mi caso era inusual. Dentro de un año, estaba cosechando almas
para Valhalla.
—¿Eras una Valquiria?
—Sí, pero no por mucho tiempo. Mi gente aún estaba escondida, siendo
perseguida como animales. Mis hermanas... —Él lanzó aire— Murieron
horriblemente, apedreados hasta la muerte cuando ni siquiera eran hechiceras.
Mi corazón se apretó. Miró sombrío al espacio, pero pude verlo luchar para
ganar el control. Le toqué la cara, queriendo consolarlo, pero ¿Qué palabras
podían transmitir lo horrorizada que estaba por su historia? Así que dejé que mis
labios hablarán por mí.
Lo besé. Suavemente al principio, luego profundamente, tratando de
absorber su dolor. Hacerle olvidar incluso si era solo por un momento. No paré
hasta que él se hizo cargo. Sus labios se alejaron de los míos y presionaron mi
frente.
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—Los emperadores romanos eran fanfarrones, tenían miedo de los viejos y
las mujeres, los aprendices eran demasiado jóvenes para afeitarse —dijo, hablando
lentamente— No podríamos ser druidas y ciudadanos romanos. Estaba en
condiciones de rescatar a la mayor cantidad posible de mi gente, así que ideé un
plan y obtuve el apoyo de un grupo de Valquirias, todos ex Druidas, y les dije lo
que había planeado. No les di la oportunidad de negarse. Les dije que se lo debían
a nuestra gente, que éramos Druidas primero y Valquirias después. Empezamos a
rescatar a nuestra gente. Podría haber dicho antes que hay reglas que rompo y
aquellas que no, pero las circunstancias eran diferentes entonces. Nos inclinamos
un poco y rompimos algunas. —Se calló.
Levanté mi cabeza y lo miré, las runas en su frente le daban un suave
resplandor que lo hacía parecer aún más exótico de lo normal.
Él sonrió. —En realidad, rompimos muchas. Los moribundos, llevamos sus
almas a Valhalla y Falkvang. No nos importó si eran luchadores o no. El resto lo
marcamos con runas curativas y los convertimos en Inmortales. Va contra las leyes
de la Valquiria convertir a los mortales en inmortales, no sin el entrenamiento
adecuado y el artavo correcto.
—¿Artavo es como artavus?
—Artavus es uno. Artavo es plural. Me hice amigo de enanos, fabricantes de
armas, y los convencí de hacernos más artavo, que utilizamos para convertir a mi
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gente. Cuando los dioses descubrieron lo que habíamos hecho, fuimos arrastrados
ante el Consejo. El castigo fue duro. Tenemos el deber de Hel para la eternidad.
Estudié su rostro, los surcos de su frente y el giro hacia abajo de sus
sensuales labios. Al principio no pudo mirarme a los ojos. Cuando finalmente lo
hizo, respiré hondo. Había tanto tormento en sus ojos.
—Hiciste lo correcto, Echo.
—¿Lo hice?
—Por supuesto que sí. Tu gente estaba siendo asesinada. Hiciste lo que
tenías que hacer para salvarlos. Entonces rompiste algunas reglas...
—Forcé a mis amigos a seguirme, Cora, y los condené a servidumbre eterna
para Hel.
—No tenían que seguirte. No los amenazaste con daños corporales.
La risa que se le escapó fue burlona. —En realidad, lo hice. A los que no
logre que se unieran mediante la culpa, los amenacé.
Por supuesto, él lo hizo. Él no sería Echo si no lo hubiera hecho. —¿Cuando
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son algunos moretones entre Valquirias? Se auto-sanan, ¿Verdad?
—Cierto, pero no están contentos de servir a Hel.
—Entonces son un montón de idiotas —repliqué.
—Me odian. Empecé una banda secreta, y hasta hace poco, era el cantante
principal. Las cosas se pusieron tan mal que decidí renunciar.
Los Segadores. No es de extrañar que Kicker casi lo reconociera. Me
encantaría escucharlo cantar. —Su pérdida.
Él se rió, levantando mi pierna sobre su cadera y pasando una mano arriba y
abajo de mi muslo desnudo. Mi falda se había subido bajo su abrigo. —Maté a dos
de ellos.
Habló tan suavemente que pensé que lo había escuchado mal.
—¿Dos de qué?
—Druidas. Bueno, Grimnirs. Incluso después de un par de milenios, todavía
pienso en ellos como druidas, lo cual es bastante divertido porque te he hecho
pasar un mal rato por llamarnos desalentados o...
Agarré su rostro y lo obligué a mirarme. —¿Por qué los mataste?
—Iban detrás de ti, Cora.
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Guau. Él había matado a su propia gente por mí. ¿Cómo se supone que debo
procesar eso? Era obvio que se sentía terrible por eso. Sus ojos dorados estaban
sombreados. Me di cuenta de cómo se volvieron dorados cuando estaba excitado o
emocionado, pero el anillo verde creció cuando estaba triste. —No sé qué decir.
—No tienes que decir nada. No podía dejar que te alejaran de mí.
No fueron sólo las palabras, sino cómo las dijo, con una convicción
inquebrantable, que mi interior se convirtió en una masa caliente. Me encantaba la
sensación, pero al mismo tiempo, daba miedo. Nadie me había hecho sentir como
él. —¿Te metes en problemas?
—Solo si la diosa se entera.
—¿Por qué me querían?—. Se quedó en silencio.
—¿Echo?
—La Diosa Hel te había enviado a una misión secreta, algo que hace con
nosotros cada vez que está interesada en un alma en particular. Por lo general,
ella llama a uno de nosotros a su sala del trono para una reunión privada. En tu
caso, te acercaste a ella cuando todavía estabas con las Norns y te pidieron que
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trabajaras para ella. Así es como nos conocimos, en Hel's Hall. Parecías fuera de
lugar, fría y enojada. Ella no había decidido confiar en ti, pero, una vez más, tiene
problemas de confianza. —Echo se detuvo y frunció el ceño— ¿Ese era tu estómago?
Mi estómago gruñó de nuevo. El calor se arrastró a través de mi cara. —No te
preocupes.
—¿Ya comiste?
—Comí medio trozo de pizza en casa de Drew, pero la comida puede
esperar. ¿Hice un trato con Hel? ¿Qué estaba pensando? No puedo creer que soy
malvada.
—No iría tan lejos como para llamarte malvada. Parecías manipulada cuando
nos conocimos. Las Norns rara vez se asocian con los dioses o trabajan
voluntariamente con ellos. Nadie se atrevió a acercarse a la diosa Hel. Incluso
Valquirias odian trabajar para ella. Es por eso que muchos de sus segadores son
viejos y fantasmales. Ella recluta Grimnirs entre las almas bajo su cuidado, lo que
explica la representación de los segadores en el folclore Mortal.
Lo escuché sin comentar. Hubo algo mal conmigo. ¿Cómo pude haber hecho
un trato con Hel? ¿Qué estaba pensando? —¿Cuál fue mi misión?
—No lo sé. Pregunté en los últimos días, pero nadie parecía saber nada.
Cuando fallaste en dar a luz, la diosa envió a Grimnirs a buscarte. Dos tuvieron
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éxito, y tuve que encargarme de ellos. He distraído a los demás, pero volverán. Los
Grimnir son ingeniosos.
Sabía que podía ser una perra, pero no había manera de que pudiera ser
malvada. O tal vez la Inmortal Maliina había hecho algo para hacerme malvada.
Cualquiera sea la razón, estaba siendo perseguida ahora. No es extraño que
estuviera de vuelta en casa con mis padres. Un pensamiento pasó por mi cabeza.
¿Podría ponerlos en peligro quedándome con ellos? Echo ya estaba violando las
leyes para ayudarme.
Me senté, completamente a horcajadas sobre Echo. Rodeó mi cintura y me
atrajo más cerca hasta que nuestras caderas se cerraron. La posición era íntima a
pesar de sus jeans, así que no me sorprendió cuando su cuerpo respondió.
—¿En qué estás pensando? —Preguntó.
—Nada. —Me encogí de hombros bajo su abrigo. Era demasiado voluminoso.
—No eres una chica de 'nada'. Escupirás y rascarás. Tú... —Sus labios rozaron
los míos en una exploración suave, como si estuviera saboreando la textura de mis
labios, memorizándolos. Luego se movió hacia el húmedo interior mientras su
lengua se deslizaba entre mi boca— Estás llena de sorpresas —susurró contra mis
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labios. —Hace una semana, nunca me hubiera imaginado esto.
Negué con la cabeza, sin comprender. —¿Qué?
—Te tengo en mis brazos. Contando mis secretos más oscuros. No eras una
habladora o una oyente. Tuvimos sexo y jugamos juegos sin sentido. No sé qué
pasó, pero me gusta la nueva tú. Eres más dulce. Me haces desear...
—¿Sí?
Giró un mechón de mi cabello y sonrió. Fue una sonrisa triste. —No importa.
Te protegeré y ayudaré a terminar tu misión. Una vez que lo hagamos, la furia de
Hel desaparecerá y podremos seguir con nuestras vidas.
¿Nosotros? Me gustó. Obviamente, él vio un futuro para nosotros. Puse mis
brazos alrededor de su cuello y me contoneé en su regazo. Él gimió, y yo sonreí.
—¿Y quién te protegerá, Echo?
—Tú, mi Cora. Somos un equipo.
Me encantó la forma en que dijo mi nombre y me gustó la idea de
protegernos unos a otros. —¿Cómo se mata a un Grimnir?
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—Te lo dije antes. Decapitación o tiras el corazón fuera de su pecho. —Sus
brazos se apretaron alrededor de mi cintura, sus dedos rozaron mi piel. Me
estremecí.
—Eso suena horrible —murmuré— ¿Pueden los Grimnirs hacerle eso a los
mortales?
—No. Las Valquirias y los Grimnires no pueden matar a los Mortales sin ser
castigados. Los que te atacaron a ti y a tus padres no estaban obedeciendo las
reglas y se merecían lo que obtuvieron. Cuando los seguí desde el hospital, pensé
que estaban fuera para liquidar cuentas antiguas. Ya sabes, yendo después del mío
para llegar a mí. Después de que alardearon de su misión, no podía dejar que
siguieran con su misión. Nadie persigue lo que es mío y se sale con la suya.
¿Mía? ¿Eso también lo hace mío? Eso esperaba, porque no me importaba
reclamarlo. Me obligué a enfocarme en nuestra conversación. A pesar de su
seguridad, había matado a su propia gente para protegerme. Eso no podría ser
bueno.
—Tal vez debería irme a casa ahora —le dije.
—Tal vez no deberías —Deslizó sus manos por debajo de mi camisa y me
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acarició la espalda, con los párpados caídos. La cálida presión de sus palmas envió
escalofríos a través de mí.
—¿Por qué no?
—Porque te quiero. Primero, vamos a ir a mi casa, donde te voy a alimentar
para que tu estómago pueda dejar de gruñir cada pocos segundos. Entonces puedes
tenerme a tu manera perversa. Cuando termines, será mi turno.
El calor se deslizó por mi cara. Él tenía algo con las palabras, y me encantó.
A pesar de mis ardientes mejillas, estaba babeando con anticipación. —¿Tenemos
tiempo?
—Tus padres no te esperan en tu hogar por varias horas más. Segundo, no
permitiré que corras y te escondas en casa porque el ejército privado de Hel está
detrás de ti. No eres una cobarde. No estarías conmigo si lo fueras.
Lo hizo sonar tan simple. Estaba acostumbrado a doblar y romper reglas
mientras yo... Sí, ¿Y yo? La señorita Hacedora-de-tratos-con-Hel. Era como él. Gah,
deseé poder recordar lo que las Norns me habían quitado. Recordar lo que estaba
pensando cuando elegí ir a Hel's Hall y ofrecí un trato. Recordar mis momentos
pasados con Echo.
Toqué su rostro, la mandíbula cincelada y los labios sensuales. Él no me
detuvo, solo me miró con ojos entornados. —Tú y yo somos iguales —susurré.
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Arqueó las cejas. —¿Cómo te imaginas?
—Vivimos según nuestras propias reglas. Bueno o malo. Un día, cruzaremos
una línea. —Ya lo hice— Las Nornas probablemente borraron mis recuerdos porque
los traicioné uniendo fuerzas con tu diosa.
—Lo hicieron. —Una sonrisa tiró de la esquina de los labios de Echo— Pero no
eres como yo, Cora. Soy un completo desastre. Tiendo a actuar primero y hacer
preguntas más tarde. Lo he estado haciendo durante siglos y probablemente
continuaré haciéndolo por el resto de mi vida miserable. Apenas te convertiste en
un Grimnir. Puedes cometer un error o dos.
—¿Vida miserable? —Su cabeza descansaba en el reposacabezas, sus ojos casi
cerrados, pero sabía que me estaba estudiando— ¿Qué hay para que seas
miserable? Vas a vivir para siempre, no envejeces, y eres rico.
—La riqueza no significa nada para mí, y ser joven siempre está
sobrevalorado.
—¿Qué te haría feliz?
—Tú.
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Bueno. No es lo que esperaba. —Me tienes.
—¿En serio? —Se inclinó y siguió besos a lo largo de mi cuello hasta mi oreja—
Me gusta estar tan cerca de ti, tenerte en mis brazos. Eres cálida, Cora. Ligera.
Dulzura pura. Me haces sentir cosas que nunca antes había sentido.
Solté una risita. —¿Cosas buenas o malas?
Él acarició mi cuello. —No lo he decidido todavía. Es inquietante, pero aún
así te quiero. Quiero hacer cosas malas contigo. Cosas que nunca hemos hecho
antes, pero al mismo tiempo quiero solo abrazarte y sentir tu suave aliento contra
mi piel.
Su cálido aliento avivó mi piel, y me estremecí. Concentrarse en nuestra
conversación fue cada vez más difícil. —¿No nos abrazamos antes?
Él mordisqueó mi hombro, disparando calor a través de mi cuerpo. —No
estabas interesada.
Extraño. Me encantaba abrazar. Había imaginado abrazarme con Eirik
durante tanto tiempo que se sentía tan privado. Sin embargo, ahora no quería
estar en los brazos de nadie más que de Echo. —Tal vez tuve más tratos malvados
para hacer con otras diosas.
|
La risa retumbó a través de él. Agarré su cabeza y dirigí sus labios hacia los
míos. El mundo se inclinó cuando nos besamos, nuestra respiración se mezcló, los
corazones palpitaban. Cuando le mordí el labio inferior, se estremeció y dejó
escapar un gruñido bajo. Él me empujó con fuerza contra él, su dureza enviaba
placer a través de mi cuerpo.
No quería esperar hasta que fuéramos a su casa. Ya me estaba perdiendo en
sus besos y en la neblina sensual que estábamos creando. Cuando se mordió mi
labio inferior, caí en tierra contra él. Ambos gemimos y tiramos el uno contra el
otro.
Agarrando su rostro, aparté mis labios de los suyos.
—No me pidas que te lleve a casa otra vez, Cora —susurró— Aún no. Te
quiero.
—Entonces tómame —Me quité la camisa y la arrojé a un lado. Alcanzando
detrás de mí, desabroché mi sujetador.
Echo contuvo el aliento. Siempre me he quejado de que los muchachos se
comían mis pechos en vez de escuchar cada vez que hablaba, y sí, los había usado
a mi favor en una o dos ocasiones. Pero esta fue la primera vez que me sentí
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orgullosa de que alguien los mirara. Ver a Echo babear fue un gran cambio. El
asombro en sus ojos. El temblor en su mano cuando extendió la mano y ahuecó sus
lados inferiores como si los estuviera agarrando. Luego levantó la cabeza y
nuestros ojos se encontraron.
—Eres tan hermosa —susurró con voz ronca y acarició mi piel. Mi cuerpo
tembló.
—Así eres tú —logré decir.
Él sonrió, se inclinó hacia adelante y acarició mi pecho. Luego su boca
reemplazó sus dedos. Los gemidos de placer se escaparon cuando las sensaciones
me inundaron. Aparecieron más runas en su cuerpo, brillando y oscureciéndose,
enviando una oleada de sensaciones nuevas a través de mí. Lo que sea que estaban
haciendo las runas, yo quería más. Más contacto con la piel. Más conexión.
Tiré y empujé su camiseta sobre su cabeza, necesitando tocarlo
íntimamente también. Acaricié sus abdominales y pectorales, pasé las manos por
sus hombros, defini sus brazos y bajé por su espalda. Sus músculos se flexionaron
bajo mis palmas. La piel de su espalda estaba un poco llena de baches, como
cicatrizada, pero no me dio la oportunidad de explorarla.
Me besó con fuerza, me inclinó hacia atrás y se curvó hacia mí como si
también ansiara el contacto con la piel. Luego se congeló.
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Claro que había hecho algo mal, me encogí. —¿Echo?
Él ahogó una maldición, me pasó los dedos por el pelo y fusionó mi boca con
la suya otra vez. El empuje de su lengua era urgente, exigente, consumidor. Lo
agarré por los hombros y me aferré como si fuera mi vida. Cuando él arrancó sus
labios del mío, gemí en señal de protesta.
Estaba respirando con dificultad, sus ojos más dorados que verdes. —
Quédate aquí mientras me deshago de él. —Me levantó de su regazo y me sentó en
el asiento— No te muevas.
No podía moverme, si el ejército de Hel atacaba. A través de la ventana
tintada de mi auto, pude ver una luz brillante. Cuando el rugido en mis oídos
disminuyó, me di cuenta de que se había mezclado con el sonido de una
motocicleta.
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08. NO VALE LA PENA
Las voces se silenciaron, pero sabía que era una discusión cuando la
escuché. ¿Se había detenido un policía en una motocicleta? A menudo venían aquí
para dispersar las fiestas. Echo discutiendo con él no iba a ayudar.
Me puse a buscar mi sujetador. Estaba oscuro dentro del automóvil, pero me
negué a encender las luces cuando estaba desnuda de cintura para arriba. Por las
voces alzadas, Echo probablemente estaba cabreando a un policía y comprándonos
boletos de ida a la cárcel del condado. Él realmente era una cabeza caliente. ¿Por
qué le arrojé el maldito sujetador y la camisa?
Encontré mi top y me lo puse.
Palmeé alrededor y algo afilado se hundió en mi mano. El dolor se disparó
por mi brazo.
Mierda. Echo debe haber puesto sus artavus allí.
Levanté mi mano y la cálida sangre rodó hasta mi muñeca. Eso fue un
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sangrado abundante. Encendí las luces interiores del auto y vi mi mano. El corte
fue largo y más profundo de lo que había pensado, y estaba sangrando demasiado.
Afuera, las voces se hicieron más fuertes.
Demonios. ¿Qué estaba haciendo Echo ahora? ¿Arrancarle la cabeza a un
policía local? ¿Y dónde estaban mis runas de curación cuando las necesitaba? Cogí
la guantera, agarré fajos de pañuelos y los apreté contra la palma de mi mano.
Un fuerte rugido vino del exterior, y mi auto tembló y giró como si algo le
hubiera golpeado en la parte trasera.
No algo. Alguien no humano. Más choques siguieron.
Agarré el abrigo de Echo, me encogí de hombros, abrí la puerta y salí. Mis
ojos se abrieron ante las escenas de caos. Echo estaba peleando con alguien o algo
así, su movimiento era tan rápido que eran borrones de luz mientras sus runas
brillaban y atenuaban. Chocaron y rodaron en el suelo, dejando grietas en el
estacionamiento como un volcán volátil.
¿Estas personas nunca hablaron? No estaba segura de qué hacer, me
mantuve quieta y seguí el cuerpo del automóvil mientras los miraba. ¿Era una de
sus Deidades Grimnirs? Disminuyeron la velocidad el tiempo suficiente para que yo
pudiera ver el rostro de su atacante. Jadeé.
¿Torin? ¿Por qué el novio de Raine estaba peleando con mi Grimnir?
|
Estaban de nuevo de pie, rodeándose el uno con el otro, apretando y
soltando las manos. Abrí la boca para gritar, pero luego vi las sonrisas en sus caras.
Ellos estaban disfrutando esto. Los dos idiotas en realidad se emocionaban
golpeándose y destruyendo todo lo que les rodeaba.
—Te dije que te fueras, Valquiria. —La voz de Echo rompió el silencio.
—Y dije que no me iría sin ella.
¿Quién? ¿Yo? Incluso cuando las preguntas aparecieron en mi cabeza, los dos
se cargaron entre sí, cambiando a una velocidad hiper. Grité, pero el sonido fue
tragado por el golpe del puño de Echo al conectar con el cuerpo de Torin. La
fuerza lo arrojó hacia atrás y en el aire, a través del estacionamiento y el camino
hacia los árboles del otro lado.
Una grieta llenó el aire e hice una mueca. Más árboles desarraigados y sin
explicación. La gente de esta ciudad iba a creer que nos habían invadido los
alienígenas.
—Apártate, Valkiria —gritó Echo, girando lentamente, perforando los ojos de
lobo estudiando la oscuridad que lo rodeaba.
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—Vete a casa a tu…
Torin voló por el estacionamiento en remolinos de luces intermitentes y
atrapó a Echo en el costado. La fuerza de su ataque lo golpeó hacia atrás. Se
estrelló contra la Harley de Torin, lo que rompió su impulso. Sus manos y dedos
cavaron en el suelo, dejando surcos.
—¡DETÉNTE! —Grité— ¡ECHO!
Pero también podría haber estado hablando sola. Se impulsó hacia adelante
como un velocista, pero Torin estaba listo. Sus cuerpos se estrellaron, el sonido de
un cañón sonando. Rodaron por el estacionamiento y desaparecieron por el lado de
la montaña, llevándose consigo la mitad de la valla de seguridad de madera.
Corrí, casi torciendo mi tobillo en las fisuras que habían dejado atrás, con
miedo agarré mi estómago. No había vegetación allí abajo para menguar su caída,
solo las botellas de cerveza rotas que habían arrojado a los estudiantes.
Miré en la oscuridad. No había nada más que el sonido del río corriendo en
el fondo del cañón.
—¿ECHO? —Grité. El sonido atravesó el aire, pero las únicas respuestas
fueron temblores desde abajo mientras continuaban destrozándose unos a otros. —
¡TORIN!
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Enojada, di media vuelta y volví a mi auto. La gran abolladura en la parte
trasera solo me enojó más. Todavía con la mano lastimada, encontré la llave en la
bandeja al lado de los portavasos, donde Echo había puesto sus cuchillas y había
arrancado el automóvil. Encendiendo los faros, di la vuelta, casi corriendo sobre la
Harley de Torin, que se había caído de lado. Me sorprendió que no se sumará.
El auto se balanceó cuando golpeó las grietas. Mi mano palpitaba y
continuaba sangrando. Llevé el automóvil hasta donde la valla se abría como algo
de una casa embrujada y encendí las luces.
Por favor, que esté bien. Por favor, que esté a salvo.
Bajé las ventanillas y grité de nuevo, —¡ECHO!, ¡TORIN!
De repente, Echo apareció frente a los faros, parecía sacado de una película
de terror, con sangre en el pecho y la cara. Me olvidé de mi mano y la golpeé en la
boca. El dolor se disparó por mi brazo y grité.
Echo miró el automóvil como si me hubiera escuchado. Comenzó a caminar
hacia mí, pero Torin apareció detrás de él, con la camiseta rasgada y la chaqueta
de cuero sucia. El alivio de que ambos estaban bien me dejó mareada, pero fue de
corta duración. Sus brazos se dispararon el uno hacia el otro, y lo perdí.
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Agarré los artavus de Echo, abrí la puerta de un tirón y salté. —Juro que si
ustedes dos no detienen esta estúpida pelea, personalmente los decapitaré a los
dos en este momento.
Sus cabezas se volvieron en mi dirección.
Blandí la espada con mi mano buena. —Lo digo en serio. Basta o iré detrás
de los dos, y ganaré porque estoy enojada y lucho sucio, y no pueden pelear
porque soy una chica.
—Cariño —dijo Echo.
—No me digas cariño. No puedo simplemente sentarme aquí mientras
ustedes dos intentan matarse el uno al otro... ¿Qué? ¿Alguna estúpida mierda de
ego? La peor parte es que la estás disfrutando mientras estoy desangrado.
Echo levantó su mano en un gesto de apaciguamiento. —Está bien, Cara de
Muñeca. Ya no estamos peleando.
—¿No lo...están? —Los miré. Sus manos estaban apretadas como si estuvieran
a punto de armar la lucha. Se dieron palmadas en los hombros en un abrazo
masculino. El gesto pareció escenificado porque ambos estaban tiesos como
esperando que el otro atacara.
|
—¿Ves? Nos reconciliamos —Echo se movió hacia mí, pasando los ojos de mi
cara a mi mano— Usaste tus runas.
Lo miré estúpidamente. —¿Huh?
—Tus runas. Están brillando.
Miré hacia abajo, tratando de verlos bajo la luz de los faros. Tenía runas en
mis brazos. No muchas, pero aun así...las tuve. Se atenuaron y desaparecieron.
Abrí la palma para comprobar mi corte. No dolió tanto, pero el corte todavía
estaba allí.
—Echo, esas no son regulares…
—Cállate, St. James —espetó Echo, pero su mano, cuando se cerró alrededor
de mi muñeca, fue suave. Sacó la espada de mi mano, vio el tejido ensangrentado
en mi otra mano y se puso pálido. —¿Estás sangrando? ¿Te cortaste a ti misma?
Negué con la cabeza, tratando de procesar muchas cosas a la vez. Me había
comprometido con mis runas, pero no me habían curado. Torin estaba tratando de
advertir a Echo sobre algo. ¿Yo? Mis runas? ¿Por qué vendría a buscarme? Para el
caso, ¿Por qué Torin no quería que Echo estuviera conmigo cuando tenía a Raine?
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No fue justo.
—Fue un accidente —le dije, buscando en la cara de Echo— Estaba buscando
mis cosas y me corte en tu artavus —Tenía el rostro ensangrentado, pero no vi
ninguna herida abierta. No en su pecho o sus abdominales. Se había quedado sin
camisa.
—¿Por qué las runas me quitaron el dolor pero no me curaron?
—Porque no tienes el derecho…
Un segundo Eco estaba a mi lado, al siguiente estaba junto a Torin, el
artavus que me había quitado apretado contra la garganta de Torin.
—Estoy cansado de tu mierda, Valquiria. Quiero que escuches con mucho
cuidado porque solo voy a decir esto una vez. La conozco. Ella no es una perra
inmortal con una vendetta contra tu gente. Es Cora Jemison, y es mía. Una palabra
más de ti y tu cabeza dice adiós a tu cuello —Echo gruñó.
Torin sonrió, y me di cuenta de por qué. Su mano estaba presionada contra
el pecho de Echo. —Veremos quién es más rápido, Grimnir —replicó Torin— Si no
fueras tan irracional y obstinado, verías que estoy en lo correcto. O haz un
esfuerzo por confirmarlo.
Cansada de su mierda, me dirigí hacia donde se enfrentaban y presioné mis
manos sobre sus pechos. —Ustedes dos tienen demasiada testosterona para ser
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racional. Echo, guarda la espada. Torin, manos fuera de su pecho. Lo lastimas y
vendré por ti.
Torin ladeó las cejas y sonrió.
Por supuesto, no tuve oportunidad de lastimarlo alguna vez. —En tu sueño
cuando eres vulnerable —espeté.
Torin dejó de sonreír mientras Echo se reía.
Miré a Echo. —Y tú, no más caricias y no más besos durante una semana si
no te detienes.
Él dejó de sonreír.
Empujé sus pechos, pero podría haber estado tratando de mover una pared
de acero reforzado. Peor aún, la sangre de mi mano se estaba filtrando en la
camisa de Torin.
—Retrocedan, chicos. Ahora.
—Cualquier cosa para ti, Cara de Muñeca. —Echo le quitó la cuchilla del
cuello a Torin y la deslizó en el escondite que tenía en la parte trasera de sus
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pantalones. La mano de Torin cayó del pecho de Echo.
Di un paso atrás, con la temeridad que amenazaba con succionarme.
—En serio, ustedes dos actúan como niños pequeños cuando están, como,
¿Qué? ¿Gazillions de años de edad? —Espeté.
—En realidad, estoy…
—No me importa, Torin. Simplemente juega agradable —Me alejé de ellos,
tan agotada que solo quería irme a casa. Peor aún, las lágrimas corrieron a mis
ojos. Me volví y tropecé con el terreno desigual. Brazos se envolvieron alrededor
de mí.
—Te tengo —Echo me levantó y me acunó más cerca de su pecho.
Estudié su rostro. Su hermosa cara. —Te ves terrible.
—Todos los cortes están curados —Caminó alrededor del automóvil, abrió la
puerta del acompañante y se sentó conmigo en su regazo y con los pies en el suelo.
—Déjame ver el daño que te has hecho a ti misma. —Su mano fue suave
mientras probaba mi palma. Es curioso lo horrible que parecía, pero no sentía
dolor— ¿Qué idiota Valquiria te convirtió sin darte runas curativas?
—Maliina.
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Echo se puso rígido. —¿Cómo lo sabes?
—Ingrid me dijo. Maliina es su hermana, y ella no es una Valquiria. Es una
Inmortal. ¿Puedes darme runas sanadoras?
—¡Hel's Mist! —Maldijo y miró a Torin, quien nos miraba con una expresión
indescifrable— Piérdete, St. James. —Torin se dio vuelta y se alejó— Maldito Andris
y sus hábitos idiotas. Lo siento mucho, Cara de Muñeca.
La angustia en su voz no tenía sentido. —Es solo un corte.
Echo suspiró. —No, es más que eso. No te estás auto curando por una razón.
St. James tenía razón.
—¿Acerca de?
—Tú —La angustia brilló en la cara de Echo, y con sus runas brillantes, no me
perdí nada. Sus ojos se oscurecieron, el verde tragándose el oro. Dejó caer el
tejido ensangrentado, se inclinó sobre el piso y sacó su camiseta. La envolvió
alrededor de mi mano, sus movimientos lentos y gentiles. —Las cosas que te han
pasado. No debería llamar a Andris un idiota. Soy el idiota. Debería haberlo visto.
Debería haberte escuchado, pero te pareces a ella. No, ella se parecía a ti. Había
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diferencias sutiles y obvias, pero te quería y no me importaba. Me gustaron los
cambios en ti. Eras más dulce y más agradable, y lo quería todo. Lo siento mucho.
—Él besó mi mano envuelta— Necesitas puntos en ese corte.
Él presionó sus labios en mi sien. —Hel's Mist, este es mi peor accidente
hasta ahora. Lo siento mucho.
Deseé que dejara de decir eso. Mi miedo se había transformado en un pánico
en toda regla.
—¿De qué estás hablando? ¿Quién es como yo? ¿Y por qué tenemos que ir al
hospital?
Se puso de pie, fácilmente llevándome, luego caminó hacia el otro lado del
auto y de mala gana me puso de pie. Sus manos, cuando me tomó la cara, eran
inestables. Su rostro era gris bajo el brillo rúnico. Él atrajo mi cabeza hacia la suya
hasta que nuestras frentes se tocaron. Luego cerró los ojos, sus pestañas
ridículamente largas formaban un dosel en sus pómulos cincelados.
—No creo que pueda explicar nada en este momento sin sobrepasar el límite
—dijo lentamente, como si sintiera un dolor extremo— Necesito pensar. Confirmar
algunas cosas.
Abrió los ojos. La locura en ellos decía que pensar o confirmar algo era lo
último en lo que pensaba. Parecía listo para matar a alguien. Nivel una montaña o
algo así.
|
—Echo...
—Solo sé que quería estar contigo, así que ignoré las señales. Te quiero,
Cora, nadie más. Tú. Tu calidez y dulzura.
—Lo sé. —Busqué en su rostro, mi corazón latía con miedo— Pero estás
empezando a asustarme, Echo. Nada de lo que dices tiene sentido. Por favor, dime
qué está pasando. ¿Quién es como yo? ¿De qué signos estás hablando?
—Señales de que no se supone que seas mía —Su voz era ahora un ronco
susurro de dolor y auto recriminación. La sangre rugió más allá de mis oídos,
amortiguando su voz y distorsionando sus palabras porque no había manera de que
él hubiera dicho lo que acabo de escuchar— Nunca lo fuiste.
La tierra cedió debajo de mí, y me habría caído si él no hubiera envuelto un
brazo alrededor de mí y me hubiera sostenido. Agarré sus brazos para
estabilizarme.
—No —protesté.
—Sí. Lo siento.
—Deja de decir eso. Dime qué está pasando.
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—No quiero dejarte ir —susurró Echo, apretando los brazos hasta que no
hubo espacio entre nosotros. Ni siquiera me importaba que estuviera untando
sangre sobre mí. Mi cuerpo reconoció el de él, y mi corazón latió al unísono con el
suyo.
—Entonces no me dejes ir —le supliqué, sin entender completamente lo que
estaba pasando.
—Pero debo. Es lo único decente que se puede hacer. —Su boca cayó sobre
la mía, y un estremecimiento sacudió su cuerpo. Mi cuerpo hizo eco de eso. Sus
dientes se hundieron en mi labio inferior y cayeron como si quisiera dejarme
marcada. Grité y envolví mis brazos alrededor de su cuello, sosteniendo su cabeza
en su lugar mientras su lengua calmaba el dolor y luego se deslizaba dentro de mi
boca para encontrar la mía. Me perdí en el calor del momento. Entre sus brazos.
¿Cómo podría negar que yo era suya y él mío?
Él arrancó sus labios del mío. —No puedo hacer esto. Me tengo que ir.
Me dolía el cuerpo y gritaba en señal de protesta, pero mi corazón...mi
corazón se sentía como si hubiera llegado dentro y lo hubiera sacado de mi pecho.
Nada tiene sentido.
—Por favor, no te vayas sin explicar lo que está pasando. No me hagas esto.
|
Echo sacudió su cabeza, sus ojos feroces. Él y el cuerpo del auto detrás de
mí fueron las únicas cosas que me sostenían. Si él me deja ir, estaba segura de que
me derrumbaría donde estaba. Como si lo supiera, lentamente retrocedió, sus
manos agarrando mis brazos para estabilizarme contra el auto.
—Echo, por favor.
—Lo siento mucho, Cora. No debería haber dejado que mis sentimientos se
interpusieran en mi forma de pensar. St. James —gritó y Torin se acercó— Le
explicaré todo personalmente. Abre la boca y haré que mi misión personal sea
hacer tu vida miserable. Por ahora, llévala al hospital.
—No —protesté.
—Sí —Echo me soltó y se arrastró hacia atrás, sin apartar los ojos de los
míos. Todavía estaba sin camisa y yo tenía su capucha, pero eso no pareció
molestarlo. Sacó su guadaña de detrás de él, runas cruzando sus brazos
ensangrentados, pecho, estómago y rostro mientras la guadaña se alargaba a su
tamaño real. Se veía tan hermoso, como un guerrero antiguo, una fantasía, y
estaba rompiendo mi corazón.
—Dime qué está pasando —le supliqué.
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—Lo explicaré cuando regrese, después de confirmar algunas cosas. Por
ahora, solo sé que tú y yo no podemos estar juntos. Por nuestro bien, acéptalo —
Cortó el aire a su derecha, y el portal comenzó a formarse. Encontré mis piernas y
comencé a caminar hacia él.
—No dejaré que te vayas, Echo. Si tengo que seguirte las salas más frías de
Hel…
—No lo hagas, Cora. No valgo la pena —La derrota en su voz envió ira a
través de mí.
—No me digas qué hacer. Y tú vales cada…
Pasó por el portal corriendo antes de que me diera cuenta de lo que había
planeado. Corrí hacia adelante, pero la entrada se cerró detrás de él.
Demasiado sorprendida, miré aturdida y confundida, tratando de entender
lo que acababa de pasar. Extendí la mano y presioné mi mano contra mi pecho.
Algo lo estaba apretando. Aplastando. Le dolía respirar. Pensar. Entonces, ¿Cómo
se sintió un corazón roto? Como si el mismo aire que respiraba no pudiera llegar a
mis pulmones.
Empecé a temblar. Mi visión se volvió borrosa.
|
Primero Eirik. Ahora Echo. ¿Qué estaba mal conmigo para que los chicos no
tuvieran problemas para salir conmigo? Las lágrimas me quemaron los ojos.
No lloraré. No lo haré... no lo haré…
Eso sería admitir que todo había terminado, que me había dado por vencida.
Titulé mi cabeza y parpadeé con fuerza. Yo era Cora Jemison. Pude ver almas. Me
habían ingresado en una maldita sala de psiquiatría y deidades nórdicas habían
borrado mis recuerdos. No había nada en la tierra que pudiera hacerme llorar
porque el hombre del que estaba loca acababa de salir de mi vida. Probablemente
iría a Hel.
Sin camisa. Y probablemente se resfriaría.
¿Por qué me estaba enfocando en algo tan mundano? Él no moriría de frío.
Echo había estado yendo a Hel's Hall y de regreso durante siglos. Era inmortal y
probablemente no se había resfriado un día en un milenio. El hecho es que me
había dejado. Al igual que Eirik. Parpadeé más fuerte.
—¿Cora?
La voz de Torin me llegó como desde lejos. Me negué a mirarlo hasta que
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tuve mis emociones bajo control. Hasta que dejé de temblar. Como si lo hubiera
entendido, me dejó sola.
Echo no se había ido. Él estaría de vuelta. Debía regresar.
Los temblores sacudieron la tierra debajo de mí y me volví. Los faros aún
estaban encendidos, así que pude ver el estacionamiento y el mirador. Torin
estaba borrando a Echo, pensé irracionalmente. La cerca estaba completa, como si
nunca hubiera sido rota. El suelo ya no tenía fisuras. Era como si él y Echo nunca
pelearan. Incluso la abolladura en mi auto se había ido. Si no fuera por su abrigo,
que aún usaba, hubiera pensado que había imaginado a Echo.
Las lágrimas corrieron a mis ojos, y parpadeé con fuerza.
Torin se paró al lado derecho de mi auto, frunciendo el ceño. No parecía
que no iría a ningún lado sin mí. No quería ir a ningún lado con él. Por su culpa,
Echo se había ido.
—¿Por qué lo hiciste? —Le pregunté.
—Tenía que decirle la verdad. No pensé que lo tomaría tan duro.
Mi enojo se levantó.
—¿Qué verdad? —Grité.
Torin permaneció en silencio.
|
—Quiero saber qué pasó aquí esta noche, Torin, y quiero saberlo ahora —
grité— No tenías derecho a venir e interferir con nosotros. Cuando termines de
hablar, ve a buscar a Echo y tráelo de vuelta.
Torin suspiró. —Déjame llevarte al hospital; luego iremos a casa de Raine.
Ella te explicará todo.
—No, empiezas a hablar. Ahora mismo.
—La amenaza de Echo era real, Cora.
—Entonces lidia con eso —espeté.
Él sonrió, y yo quería darle una bofetada.
—Puedo hacer frente a Echo cualquier día, pero tengo personas que
dependen de mí que quedarán atrapadas en el fuego cruzado. Andris. Ingrid.
Raine. Almas destinadas a Valhalla que terminarán en Corpse Strand. No puedo
arriesgar la ira de Echo, ni siquiera por ti —Su acento británico se había vuelto más
claro— Raine lo explicará. Él no puede tocarla sin evocar la ira de los dioses. Está
preocupada por ti. Ella fue quien me envió a buscarte después de que fuimos a la
fiesta de Drew y descubrimos que te habías ido con alguien. La descripción que nos
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dieron coincidía con la de Echo.
Había entrado en la escucha selectiva tan pronto como mencionó la ira de
los dioses.
—¿Raine es una Valkiria también?
—No, ella es otra cosa. Algo más poderoso y raro. Te llevaré al hospital —
dijo Torin, indicando mi auto— Raine te dirá todo lo que necesitas saber.
¿Solo cosas que necesito saber? Ya lo veremos.
Me senté en el asiento del copiloto y me abroché el cinturón de seguridad.
Los guantes de Echo, incluido el que yo había usado, estaban en la bandeja entre
nuestros asientos. Los recogí con mi mano buena y los presioné contra mi pecho.
Una vez más, el impulso de llorar me inundó. Cerré los ojos y luché contra las
lágrimas.
Torin retrocedió y se dirigió hacia el centro de Kayville. Empecé de nuevo
con él.
—¿Por qué está bien que estés con Raine, pero no puedo estar con Echo?
***
—¿Cómo sucedió esto, cariño? —Preguntó una mujer.
|
Parpadeé y miré a mi alrededor. Debo haber perdido el conocimiento
durante el viaje y el registro en la sala de emergencias porque ya me habían
asignado una habitación. Torin se sentó en una silla al otro lado de la cama, sus
ojos preocupados no me abandonaron.
—¿Cora? —Preguntó la mujer de nuevo, consultando sus notas.
Su etiqueta decía Dr. P. Satchel. Algo sobre ella me recordó a Naya. Tal vez
era la piel marrón miel o los astutos ojos marrones.
—La corté con un cuchillo por accidente —murmuré.
Ella sondeó el corte, su mirada se deslizó hacia Torin. —¿Es esta la primera
vez que esto sucede?
¿Qué? ¿Ella pensó que me cortaría a propósito? Claro, el corte estaba cerca
de mi muñeca, pero aun así... —No me lastimé a propósito, si eso es lo que estás
preguntando, doctora —le dije con rudeza.
Ella me estudió, luego el abrigo de Echo y frunció el ceño. —¿Puedes
mostrarme tu otra mano, por favor?
Torin reaccionó, un segundo estaba en su asiento; al siguiente dibujó runas
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en el brazo del médico y volvió a su asiento.
—¿Por qué hiciste eso? —Le pregunté en un susurro.
—Hace demasiadas preguntas estúpidas. Las enfermeras en la recepción
también lo hicieron.
La doctora suturó mi herida sin hacer más preguntas y agregó steri-strips. Su
mirada siguió hacia Torin como si no pudiera evitarlo. Tal vez sentía que él no era
humano o que tenía lujuria en su mente. Por el momento, no pensé que él estaba
tan caliente. Era solo el idiota que había hecho que Echo se fuera.
El Dr. Satchel terminó con mi mano. —La enfermera le dará una lista de
instrucciones sobre cómo cuidar tu herida, Cora. Si ves rayas rojas, hinchazón, pus
o fiebre, comunícate con tu médico de atención primaria —La doctora volvió a
consultar sus notas para ver quién era mi médico de atención primaria. Todavía
estaba viendo a mi pediatra, el Dr. Olsen— También quiero que hagas un
seguimiento con el Dr. Olsen el lunes. Mientras tanto, no mojes las suturas en las
próximas veinticuatro horas. Después de eso, puedes ducharte y lavar el área con
jabón y agua tibia.
—¿Cuándo puedo volver a nadar?
—Después de que se cure. El Dr. Olsen quitará las suturas y te dirá cuándo
puedes volver a nadar. La herida no era profunda, por lo que debería sanar
|
rápidamente. Si no lo agravas, eso si. Si sientes dolor, toma ibuprofeno. ¿Alguna
pregunta?
Negué con la cabeza. Torin no reaccionó. Pude sentir su impaciencia. La
doctora nos sonrió una última vez y salió de la habitación. Una enfermera entró y
me dio una lista impresa de instrucciones, que eran básicamente lo que la doctora
me había dicho.
—Eso fue rápido —dije mientras nos íbamos.
—Odio los hospitales —dijo Torin.
Actitud extraña para un segador. Espiaban algunas almas merodeando.
Miraron fijamente, pero mantuvieron la distancia.
—¿Me has dormido en nuestro camino al hospital? —Le pregunté.
Él se encogió de hombros. —Quería que descansaras y dejaras de darme un
mal momento.
—Si puedes controlar a la gente así, ¿Por qué no me sanaste? —Le pregunté
cuando llegamos a mi coche.
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—Hay una gran diferencia entre las runas de enfoque que utilicé allá atrás, o
las runas de descanso que grabé sobre ti, y las runas de sanación. Las runas
curativas son runas de enlace. Son poderosos y duraderos. Brindan a las personas la
capacidad de regenerar nuevas células, por lo que se auto curan y detienen el
envejecimiento. Es contra la ley usarlos en un Mortal. Los que usé contigo solo
duran unos minutos. Treinta minutos masomenos.
—¿Cuáles me dio Maliina? ¿Cuánto tiempo van a durar? ¿Y cómo puedes dejar
que ella me haga esto?
Torin frunció el ceño, abriendo la puerta del pasajero. —No sabemos lo que
ella usó, Cora. Ni siquiera sabíamos que te había mandado a dormir hasta la noche
del juego en casa hace dos semanas.
Todo siempre regresó a esa noche. Esta noche, estaba obteniendo las
respuestas. —Desearía que no me manipulado dirigido. No me gusta ver almas.
Odio que no pueda ir a ningún lado sin que alguien se me acerque. Ni siquiera
puedo dormirme sin despertarme y encontrarme a alguien mirándome. ¿Por qué se
sienten atraídos por mí? ¿Por qué no a ustedes, chicos? Ustedes son los segadores.
—No tengo todas las respuestas, Cora. Si tuviera que adivinar, diría que
Maliina te marcó con runas especiales.— Torin caminó alrededor del auto y se
deslizó detrás del volante— ¿Alguna vez pensaste en preguntarle a las almas qué es
lo que quieren?
|
—¿Qué piensas? —Miré en la noche mientras despegaba, notando un alma
aquí y allá. Supongo que ahora que Echo realmente se había ido, volverían incluso
en mayor número.
Suspirando, miré a Torin por el rabillo de mis ojos. Debería dejar de
comportarme como una perra con él. Fue contraproducente. Era el novio de mi
mejor amiga. Además, no era su culpa que Maliina me hubiera ejecutado. Pudo
haber facilitado el vuelo repentino de Echo, pero no lo lanzó a través de ese
portal. Echo eligió irse.
—Intenté preguntarles qué es lo que quieren, pero no es fácil cuando no
puedo escucharlos —le dije, hablando lentamente— Es como estar dentro de una
película de terror silenciosa. Algunos de ellos me tocaron, hacía frío y era
asqueroso.
—Si te parece bien, podemos usar runas especiales en tu casa y alrededor de
tu granja para evitar que entren.
Prefiero tener a Echo como mi escudo. —Eso estaría bien. Gracias.
—Nos ocuparemos de eso esta noche —dijo.
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Quizás él no era tan malo. —Voy a exponer esto antes de llegar a Raine.
Ojalá no hubieras venido a buscarnos esta noche e hicieras que Echo se fuera.
Torin se rió entre dientes. —Cora, nadie hace que Echo haga nada. Es
obstinado, un dolor total en el...— Negó con la cabeza— Me disculpo.
Echo era todo lo de arriba. —Eso no explica por qué no pudo curarme.
Torin se detuvo frente a la casa de Raine y apagó el motor. —Le preocupa
que nunca se conviertan a los Mortales en Inmortales, lo cual está completamente
fuera de lugar porque se esfuerza por romper las reglas.
Tal vez yo era la única que sabía sobre su pasado. Convertir a su gente fue
la razón por la que terminó en el servicio de Hel. Torin abrió la puerta, y salí del
auto. No hablamos mientras nos dirigíamos hacia la entrada principal de la casa de
Raine.
Raine abrió la puerta, y sus ojos se dirigieron a mi mano. —¿Qué pasó?
Eché un vistazo detrás de ella para asegurarme de estar solos. —Mi mundo
colisionó con el tuyo; eso es qué ¿Qué eres? ¿Y alguna vez me dirías la verdad, tú?
—Le pellizqué el brazo— traidora.
—¡Ay! —Se frotó el brazo y dio un paso atrás.— ¿Por qué soy una traidora?
|
—Hicimos un pacto de que nunca nos mantendríamos secretos la una a la
otra. —La seguí— ¿Como pudiste? La semana pasada sabías que...esa perra que
todos pensaban que era yo no era realmente yo, y no dijiste nada.
Ella hizo una mueca. —Realmente no tuvimos tiempo para hablar. Ya sabes,
con el ataque de papá y todo eso.
La pellizqué de nuevo. —No lo uses como una excusa. Toma unos segundos
decir: Oye, Cora, sé la verdad, así que no te estreses. Pensé que tenía una
proyección astral mientras estaba en la casa loca o algo así.
Raine se rió. —Astral... eso es ridículo —Ella saltó hacia atrás cuando extendí
la mano para pellizcarla de nuevo— Ya es suficiente con los pellizcos. Iba a
contarte todo. Necesitaba el momento adecuado y, ya sabes, para confirmar que
todavía podías ver almas. —Ella miró a Torin, quien sonrió— No es gracioso. Te dije
que estaría enojada cuando se enterara.
Él levantó sus manos. —No me incluyas en este lío. Voy a recoger a Rod y
luego a casa. Estaré allí si me necesitas, pero no puedo estar aquí cuando ustedes
dos hablen.
Raine agarró su mano. —¿Por qué no? Explica algunas cosas mejor.
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Él me miró. —No puedo. Pero estaré en casa cuando termines —Él la besó y
se alejó.
—¿Estás en casa como en Asgard? —Le pregunté después de que desapareció
a la vuelta de la esquina.
Raine se rió, cerrando la puerta. —No. Al lado.
—¿Vive al lado? Que conveniente. Ahora comienza a hablar. Preguntaré de
nuevo. ¿Alguna vez me dirías la verdad?
—Eirik fue.
Me quedé boquiabierta. —¿Es uno de ustedes también? No, no respondas eso.
Quiero saber todo desde el principio —La señalé y luego al piso de arriba—
Vamonos.
—¿Quieres algo para beber? ¿Te duele la mano?
Lo fulminé con la mirada. —¿Parezco que quiero un trago o necesito
medicamentos para el dolor? Las estúpidas runas que Maliina grabó en mí me
quitan el dolor. No sé cuánto durará el efecto. No me importa en este momento.
Yo. Solo. Quiero. Respuestas. —Levanté el dobladillo de la capucha para no
tropezar con él, y subí las escaleras.
|
Para cuando Raine entró a su habitación con dos botellas de agua, yo estaba
sentada en su cama con pilas de almohadas detrás de mí. Puso una botella de agua
a mi alcance y tomó una silla. Cuando abrió la parte superior y tomó un sorbo,
quise pegarle para que se diera prisa.
Puso el agua sobre la mesa y acercó su silla a la cama. —Bueno, comenzó el
día en que Torin se mudó a la casa de al lado.
—¿Donde estaba?
—Vlogging arriba. Yo estaba aquí haciendo los deberes, así que abrí la
puerta. No recuerdas nada de esto porque las Norns borraron tus recuerdos.
—Así que tenía razón sobre eso.
—¿Quien?
Echo. Incluso pensando que su nombre duele. —No importa. Sigue.
Raine asintió y continuó. La historia era como algo sacado de una fantasía.
Desde Torin curándola hasta su pesadilla de juegos de gato y ratón con las Norns
para descubrir que su madre también fue una antigua Valquiria. Si no pudiera ver
las almas, no me creería nada de lo que acaba de decir.
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—¿Eirik es qué? —Le pregunté.
—Un Dios. Nieto de Odin y Loki.
No es de extrañar que Echo lo hubiera llamado un dios entre los mortales.
Solo asumí que estaba siendo sarcástico. Mi estómago comenzó a gruñir, pero lo
ignoré. Abrí la tapa del agua embotellada que Raine me había traído y bebí un
sorbo. Mi mano se apretó en la botella cuando mencionó a Maliina.
—Ella había vuelto, pero no la reconocimos. Las norns pueden cambiar sus
apariencias por capricho. Usó sus nuevos poderes Norn para crear un disfraz, el
disfraz perfecto para infiltrarse en nosotros. Ella te eligió a ti.
Fruncí el ceño. —¿Qué quieres decir?
—Sabía que estabas en PMI, Cora. Nosotros no. Ella cambió su apariencia
para verse exactamente como tú. Actúa como tu. Habla como tú. Ella sabía cosas
que solo tú sabrías, lo cual es posible porque las Norns lo saben todo. Incluso vine
a tu casa a buscarla una vez y ella me encontró en tu puerta como tu madre.
Luego usó un portal y me estaba esperando en tu habitación como tú. Nos engaño
a todos. Quiero decir, hubo algunos momentos aquí y allá cuando actuó de forma
extraña, y a mi entrenador, Lavania, no le gustó desde el primer momento en que
se conocieron, pero nadie pensó que era Maliina.
|
Mi estómago se revolvió cuando todo cayó en su lugar. Mientras estaba en la
casa loca, esa perra Inmortal había robado mi identidad, se había apoderado de mi
vida. Mis amigos. Mi vlog. Mi casa, ya que mis padres a menudo venían a PMI a
verme y se quedaban por días. Oh Dios…
Ella se había acostado con Echo. No es de extrañar que él supusiera que sí.
Ella tenía a mi Echo.
Las náuseas subieron a mi garganta, y salté de la cama de Raine. Apenas
llegué al baño y me arrodillé. El agua que había bebido hace unos minutos salió de
mi boca. Unas sacudidas rasparon mi cuerpo, mis ojos llorando.
Echo pensó que yo era Maliina. Su amante. Con el que había jugado juegos
sexuales. Solo había sido una sustituta. Una maldita sustituta. No es de extrañar
que despegara después de descubrir la verdad.
Torin debe haberle dicho y lo confirmé cuando no pude sanar y mencioné a
Maliina. Ese era el punto en el que parecía que alguien lo había destripado. Que
humillante. Yo quería desaparecer en algún rincón oscuro de la existencia humana
y nunca volver a emerger.
Raine me sostuvo el cabello y me puso un paño húmedo en la frente. —¿Estás
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bien?
¿Qué piensas? Yo quería romper. Le quité la tela y me sequé la cara. Cerré
la taza del inodoro y me sonrojé. Nuestros ojos se encontraron. Estaba sentada en
el borde de la bañera, con las manos en las rodillas y los ojos color avellana llenos
de preocupación.
—Estoy bien. Me sorprendiste con Maliina. Sabía que ella me había marcado,
pero esto... —Negué con la cabeza— ¿Qué más hizo ella?
—Pasó mucho tiempo con Eirik.
—¿Por qué no podía decir que ella no era yo? ¿Por qué no podrías? Su
hermana tiene un acento. ¿No tenía ella uno, también?
Raine suspiró. —Sí. Pero cuando regresó como tú, habló como tú, Cora. Vivió
en tu casa, escribió en tu vlog, tenía tu teléfono celular y nadó con el equipo.
—Ella también superó todas las clases —gemí. Era mejor que yo en todo.
Gracias a ella, mi GPA estaba por encima de 3.9. Eso solo me hizo odiarla más. Ella
había tenido a Echo. No me importaba que ahora supiera la verdad, que no había
proyectado astral desde la sala de psiquiatría. La Inmortal que arruinó mi vida
también tenía el hombre que yo quería.
|
—Jugó juegos mentales con Eirik porque en realidad no estaba trabajando
con las Norns como habían pensado. Había hecho un trato con la Diosa Hel, que
quería a Eirik.
No es extraño que el ejército de Hel me persiguiera. Maliina había fallado en
su misión de atraer a Eirik a Hel, y ahora Eirik estaba con sus abuelos. Los buenos
abuelos: Odin y Frigga. El chico guapo Eirik era realmente una deidad. No es
sorprendente.
—Nos enteramos de quién era esa noche que llegamos a su casa y su madre
nos dijo que nos fuéramos. Te había visto, eh, la noche anterior, grabando las
runas de Eirik, y vinimos a tu casa para enfrentarla. No tienes idea de lo aliviada y
feliz que estaba cuando tu madre me habló de PMI.
Ladeé mi ceja. —Estaba en una casa de locos, Raine.
—No me importó. No me hubiera importado si realmente hubieras estado
loca —dijo, riendo— Eres mi mejor amiga. Loca es mejor que lo que Maliina era...
lo que es: pura maldad. Si hubiéramos sabido que estabas en PMI, Cora, Eirik y yo
habríamos estado allí cada fin de semana. Está loco por ti.
—¿Estás segura? Tal vez es Maliina por quien está loco. Si él y Maliina
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pasaron tiempo juntos, probablemente durmieron juntos.
—No, no lo creo. Ella dibujó runas malvadas en Eirik para volverlo malvado.
Luego ella jugó juegos para ponerlo celoso y obligar a su malvado a tomar el
control. Como besar a Drew la noche del juego y flirteando con deportistas cuando
salíamos. Eirik estaba consumido por los celos por sus sentimientos hacia ti, no a
ella.
Ya era demasiado tarde. No quería que Eirik me quisiera. —¿Sabía la verdad
antes de irse?
—Sí. Estaba devastado porque no sabíamos sobre PMI. Dijo que volvería solo
para verte.
—No debería —susurré.
—No digas eso —suplicó Raine.
La atracción física que había sentido hacia Eirik no era nada comparada con
lo que ahora sentía hacia Echo. Pensar en Echo me dolió, pero aún así lo quería de
vuelta. Me puse de pie, me enjuagué la boca con agua y la lave.
—Llama a tus padres y diles que te vas a quedar a pasar la noche —dijo
Raine— Te traeré algo de comer.
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Había olvidado lo mandona que Raine podía ser a veces. —No tengo ganas de
comer y, ¿Cómo sabías que no quería ir a casa?
—Porque te conozco, Cora Jemison.
Hice una cara. —Sí. Cierto. Una impostora malvada te engañó.
—¿Has visto sus entradas de vlog? —Raine puso los ojos en blanco e imitó mi
voz.
—Oye, Hottie of the Week está fumando sin camisa. No preguntes cómo lo
sé. ¿Te suena familiar?
—Cállate.
—Conseguiré la comida de la casa de Torin. Él cocina los platos más
sorprendentes.
Miró por la ventana y saludó. Comprobé que la había entretenido. Torin. —
Antes de decir que no tienes hambre, todavía tenemos que hablar. Quiero saber
sobre ti y las almas y el PMI.
Gracias a Dios ella no mencionó a Echo. No estaba lista para hablar de él. Vi
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como Raine se detuvo frente a su espejo y se disolvió en un portal. Cuando se
cerró, pude verla en la habitación de Torin. Tenía a su hombre justo al otro lado
del césped mientras el mío estaba en Hel's Hall. No, el mío ya no era mío. Nunca
fue mío. Él era de Maliina.
Por primera vez, quería llorar. Solo acurrucarme en la cama y llorar hasta
que estuviera exhausto.
No, no hay más pensamientos de celos. Mi mejor amiga era una poderosa
vidente. Una joven, pero un día, se convertiría en una fuerza de la naturaleza. Tal
vez ella podría prever mi futuro.
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09. SUBCONTRATADA
Me quedé dormida. No podía recordar la última vez que tuve una pijamada
con Raine. Las Norns probablemente tomaron esa memoria cuando borraron mi
mente. Ellas estaban hasta arriba de mi lista de odiados, junto a Maliina.
Estiré mi estremecida y palpitante mano. Supongo que el efecto de las runas
está desapareciendo. ¿Tenía que hacerlas aparecer en mi piel para que
funcionarán? ¿Siquiera quiero hacerlo? Suspiré y miré a mi alrededor.
El abrigo de Echo estaba cubriendo el respaldo de la silla. El alivio se
apoderó de mí, el dolor de perderlo se colocaba profundamente en mi pecho. Él
fácilmente pudo haber venido hasta aquí mientras dormía. Me alegraba que no lo
hiciera. Quería verlo de nuevo, incluso si era para decir adiós o gritarle por
haberse ido sin ninguna explicación.
Me senté y ajusté el top. El top de la pijama de Raine era demasiado
elástico para mi gusto. Los pantalones encajaban bien, pero el top apretaba. Ella y
yo hablamos hasta tarde en la noche y nos dimos un atracón de aperitivos. Torin
había cumplido. El hombre podía cocinar. Raine era una suertuda. Ella tenía todo
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el paquete en ese hombre.
Bostecé, giré mis piernas sobre el piso y me deslice sobre las pantuflas que
Raine me había prestado.
Me fui de la habitación. Ruidos se filtraban del piso de arriba, pero no
podría decir quién era el que hablaba. Hice medio camino hacía las escaleras,
cuando Andris pasó las escaleras en camino a la cocina, me vio, y retrocedió.
Sonriendo, me miraba abiertamente, sus ojos se tardaron en mi pecho. No
me importaba lo suficiente para sentirme insultada.
—¿Has visto suficiente, Valquiria? —pregunté.
—No, pero estoy en camino.
Sonreí. —Apuesto a que esa frase no te ha dado nada en todo el último siglo.
—No, me ha dado mucho para jugar. ¿Quieres quitártela? Ha pasado mucho
desde que fui a un club de striptease.
—¿Por qué tienes que ser tan sátiro temprano en la mañana, Andris? —Dijo
Raine, viniendo detrás de él. Lo golpeó tras la cabeza— Vete de aquí. Mamá acaba
de llamar. Estarán aquí en cualquier segundo.
|
—También quiero darle la bienvenida a tu papá —se quejó— Y Cora estaba a
punto de hacer mi mañana.
Me detuve en el último escalón para estudiarlo realmente por primera vez.
Los valquirias debían reclutar a jóvenes modelos porque la combinación de cabello
plateado y ojos color chocolate, cara andrógina y su forma de vestirse hacían a
Andris ardiente a su manera. A diferencia de Torin y Echo, quienes se veían como
unos patea traseros sin romper en sudor, Andris tenía una suavidad alrededor de
los bordes. El podría pasar por artista rico o hipster.
—Estás mirando, Mortal —dijo.
Agarre el borde del top. —¿Qué harás si me quito esto?
—Inténtalo y mira. Resulta que me encantan los Mortales.
Perdí el interés en provocarlo. Él fue quien convirtió a Maliina. —Eso
escuché.
La sonrisa desapareció de su rostro. —Siento lo que Maliina te hizo. Tuve que
conseguir una nadadora para Falkvang, estaba retrasado. Si hubiera estado
alrededor…
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—Está bien —dije— ella fue la que me arruinó, no tú. Tú deberías sentirte
culpable por convertirla, pero todos hacemos cosas estúpidas cuando estamos
enamorados.
—Te has hecho más interesante, Cora Jeminson —dijo. Sus ojos se fueron a
mi mano— ¿Qué le pasó a tu mano? ¿Y qué estúpida cosa has hecho en el nombre
del amor?
Enamorarme de una parca. No, no enamorada. No estaba enamorada de
Echo. Sólo lo quería.
—No estamos discutiendo sobre mi. —Caminé pasándolo. Mi mano palpitaba.
El dulce aroma del café recién preparado me dio la bienvenida a la cocina, donde
Raine estaba limpiando las cosas del desayuno. Varias sartenes cubrían la estufa.
—Necesito café. —Murmuré y alcancé una taza— Y medicamentos para el
dolor.
—¿Ibuprofeno?
—Dos.
Se estiró por un armario que estaba sobre el refrigerador y sacó del
contenedor de plástico con todos los tipos de medicamentos para un mostrador. —
Papá no las ha usado en un tiempo. Espero que tengamos algunas que no hayan
|
expirado— Sacó el bote de Ibuprofeno y revisó la fecha de expiración antes de
darme dos pastillas.
Las lancé hacía mi garganta y las pase con café sin azúcar. —Gah, esto está
amargo.
—Las cremas para el café están en el refrigerador. Torin se fue, así que hice
el desayuno. —Apuntó hacia la estufa— No comentarios sarcásticos si el tocino no
está como lo esperaban.
Reuní una sonrisa, tomé la crema de avellana y vertí una gran cantidad en
mi café. Raine realmente apestaba en la cocina. Su papá lo hacía casi todo en la
cocina. Al menos lo hacía. Aprendí a cocinar de mi mamá, quién podría hacerle
competencia a Rachel Ray, excepto mi mamá, ella hacía comidas más organicas y
saludables.
—¿Dónde está el señor perfecto St. James? —Pregunté.
Raine sonrió soñadora. —Se fue con el equipo para JeldWen. Estarán jugando
esta tarde.
—¿Perfecto? —Habló Andris desde la sala— Él es perfeccionista, arrogante y
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un sabelotodo. Vivan con él durante un siglo y estarán cantando mi canción.
—Simplemente estás celoso —dijo Raine de vuelta.
Andris rió. —Yo no quiero ser como él. Ellos están aquí.
Miré a la ventana pero no vi ningún carro estacionándose. En su lugar, aire
caliente atravesó el cuarto, y me di cuenta de que ellos estaban utilizando un
portal. Cuando Torin apareció cerca de los lockers el Lunes, sentí el mismo aire
caliente.
Raine se apresuró a la sala de estar, y la seguí.
El padre y la madre de Raine caminaron lentamente a la sala de estar, el
portal se cerraba tras ellos. Ella tenía su brazo alrededor de su hombro.
—Papi —dijo Raine corriendo hacia su lado. Lo abrazó— ¿Estás seguro de que
deberías estar caminando?
—Siempre que me queden fuerzas. —Presionó un beso sobre su sien. O al
menos lo intentó. El se veía tan mal, como su alma en la cafetería.
—Es bueno tenerlo en casa Sr. C —dije.
Sus ojos se dirigieron a mi mano. —Gracias. ¿Qué le pasó a tu mano?
|
El no podía sostenerse a sí mismo en sus dos pies, y aún así estaba pensando
en mi. Ese era Tristán Cooper el hombre más dulce conocido. Era fácil ver por qué
la mamá de Raine dejó un futuro con Norns por él.
—Solo es una cortada. Las personas de emergencias se encargaron de esto.
—Ven aquí, cariño. —Me abrazó y besó mi sien— Es bueno tenerte a ti en
casa —dijo.
Así que él sabía sobre el PMI. ¿Qué más? —Gracias.
—Sí me permite, señor —dijo Andris y miró a Raine y a su madre— Señoritas,
sí nos permiten. —Lo levantó en brazos como si no pesara nada.
—¿Estas disfrutando esto, verdad? —Dijo el Sr. C. mientras Andris lo cargaba
hacia el estudio.
—Inmensamente, señor. —Podía escuchar la sonrisa en la voz de Andris.
—Olvida a esos dos —dijo la mamá de Raine, abrazándome— Siempre están
discutiendo sobre algo. —Se acercó y acunó mi rostro— Oh linda, siento mucho lo
que mi gente te ha hecho pasar. Los Valquirias y los Mortales no deben mezclarse.
Alguien siempre resulta herido.
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—Pero te casaste con el Sr. C.
—Sí, lo hice. Y lo haría de nuevo en un latido —susurró— el amor siempre
reconoce el bien del mal.
Sus ojos se tornaron tristes. —Charlemos después. Responderé cualquier
pregunta que puedan tener. Ahora, necesito rescatar a Andris antes de que Tristán
lo golpee en la cabeza. —Acarició mi mejilla y corrió.
—Sé cuidadosa, hay muchas cosas que ella puede contarte —dijo Raine
caminando hacia la cocina.
—¿El Consejo no la dejó volver?
—Nope.
—¿Ni siquiera porque eres una vol-lo que sea?
—Völva, o sólo di vidente —se volteó y caminó de espaldas— O profetisa.
—Estas disfrutando esto.
Asintió. –Oh sí, estoy empezando a tener visiones. –Alcanzó tres platos de la
alacena y vertió huevos en cada plato— ¿Quieres un poco de esto?
—Seguro.
|
Sostuve los platos mientras ella distribuía los huevos, el tocino y los
panqueques. —No me sirvas panqueques.
—¿Segura? Usé la famosa receta de papá.
—La palabra clave está en use.
Arrugó su nariz.
—¿Me dirías si tienes una visión sobre mi? —pregunté.
Pensó en eso e hizo un gesto. —No lo sé. Realmente no pienso en eso.
Quiero decir, ¿Te gustaría saber si algo malo te va a pasar?
—Oh sí. Entonces podría hacer cualquier cosa para detenerlo. ¿Tú no?
—Sí, pero desafortunadamente yo no puedo ver mi propio futuro.
—Eso apesta. —La ayudé a poner la mesa y empecé mi comida mientras ella
tomaba la comida para sus padres. Andris caminó a la cocina, preparándose una
taza de café, y mirándome. Lo ignoré.
—Entonces ¿Tú y Echo?
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Mi mano se detuvo con el tenedor a mitad de camino a mi boca. Exhalando,
puse el pedazo de huevo en mi boca. Sí él hablaba mal de Echo, iba a golpearlo tan
fuerte que no podría hablar en una semana.
—Ustedes Mortales saben cómo atraparlos ¿No es cierto?
¿Cuántos Mortales enamorados de Valquirias o Grimnirs conocía? No es como
si estuviera enamorada de Echo ni nada de eso.
—Él y yo nos odiamos el uno al otro. ¿Sabes por qué? —Andris preguntó.
—¿Tenías un crush en él y no estaba interesado?
Se atragantó en su bebida. —¿Él te dijo eso?
Sonreí. La manera en la que su voz desafino me dijo que le di al blanco. —
No, solo fue una adivinación educada.
—Pues estás mal. Nunca he tenido un crush en él. Odia a los Romanos.
Los Romanos habían destruido a las druidas, la gente de Echo. Estudié a
Andris. —¿Eres de la antigua Roma?
—Y orgulloso de eso, quién cabrea más a tu Grimnir —dijo Andris— No sé por
qué. Él es misterioso y solitario, un completo idiota la mayoría del tiempo. Otros
Grimnirs son cool. Sabes, se cruzan nuestros caminos, pasamos un rato,
|
comparamos notas e incluso ligamos. No Echo. Algunos Grimnirs están lejos de él,
otros simplemente lo odian.
Druidas. Como sea.
—Ellos cuentan las historias más locas sobre él. No me las creo. Pero tú
podrías verificar algunas por mi. Ya sabes, preguntándole.
Me detuve dejando mi plato en el fregadero, y me voltee. —Andris —dije,
moviéndome lento y forzándolo a retroceder. —Me encantaría ser tu chica que va a
donde sea con cualquier chico o chica. —Aferrándome a la esquina, lo encerré
hasta que mi cara estuvo a algunas pulgadas de él— Pero no menciones a Echo
frente a mí otra vez, ¿De acuerdo?
—Eres ardiente cuando estás enojada. —Sus ojos se movieron hacia mi
escote— ¿Esas bebés son reales? Se ven muy firmes.
Lo golpeé con la palma de mi mano, tomé mi café, y empecé a subir las
escaleras. Andris me siguió, con las manos en los bolsillos delanteros, sus hombros
estaban encorvados.
—¿Dónde está Ingrid?
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—En el estadio Jeld-Wen. Echando porras. Ella tiene algo por alguien, un
jugador de fútbol de todos los mortales. Sólo fue al juego para apoyarlo.
Detuve mi pie en el escalón. Él se veía tan solo. —¿No es ella una porrista?
—Sí ¿Y?
—Y ella tiene que estar ahí con el equipo. Y tu estas actuando como un
punk.
Sus ojos se estrecharon. —¿Un punk?
Él sonaba insultado. Sonreí. —Sí, por dejar que un deportista se robe a tu
chica.
—No es mi chica —dijo frunciendo el ceño.
Negándome a hacer sus problemas míos, me despedí con un ademán y corrí
escaleras arriba. Raine aún estaba en el piso de abajo cuando terminé de bañarme.
Bañarse con una mano manteniendo la otra seca no era fácil. Tomé prestada la
sudadera más grande que tenía Raine y una de sus mallas y me sentía en casa.
—¿Qué hay? ¿Tú papá está…?
—Él está bien. Quería verte. A solas.
Hice un gesto. —¿Por qué?
|
Se encogió de hombros. –No sé. Él está actuando raro. Andris necesita grabar
runas de dolor y sueño en él, así podrá descansar, pero podrá hacerlo hasta que
ustedes dos hablen.
Corrí escaleras abajo. El padre de Raine estaba solo en el estudio cuando
toqué y eché una ojeada dentro. —¿Quería verme Sr. C?
Hizo un ademán para que entrara. —Cierra la puerta, cariño.
Mi estómago se retorcía al momento en el que puse una silla junto a su
cama. La habitación había cambiado, una seria transformación.
El colchón que solía dominar la habitación fue cambiado por una cama
queen-size, y la computadora que solía estar en su escritorio fue cambiado por una
televisión de pantalla plana.
Siempre pensé que el padre de Raine era indestructible. Con su risa ruidosa
y su amor por los debates largos. Nos hizo pensar profundamente sobre los eventos
que nunca había visitado. Algunas veces iba con Raine y con él a los triatlones, no
para participar. Natación era mi único deporte.
—Sé sobre tu habilidad, Cora. Estuve muerto por un minuto o dos el Lunes, y
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llegué a ti a la cafetería. Me viste.
Asentí. —¿Por qué llegaste a mi?
—No lo sé. No había ningún Valquiria o Grimnir para escoltarme, estaba un
poco confundido. Recuerdo que pensaba que aún quería decirle algunas cosas a
Svana y a Raine, pero ya era muy tarde. Entonces te vi, la luz al final del túnel.
—¿A qué te refieres?
—Las runas de tu cuerpo brillaban como un tocino, Cora. Ellos me atrajeron
hacia ti. Tal vez ese es tu regalo.
—¿Ser vista y acosada por almas pérdidas? No lo creo, Sr. C.
Sonrió. —Me refería a ayudar a las almas perdidas. Traté de hablar contigo.
Pero te veías muy perturbada.
—Eso es porque me sorprendiste, y no escuché nada. De hecho, no puedo
escuchar a las almas. Me siguen alrededor con sus bocas abriéndose y cerrándose —
sacudí mi cabeza— Pero eso es todo. Nada de sonidos.
Frunció el ceño. —Me pregunto por qué.
—La mayor parte del tiempo, solo quiero que se vayan y me dejen a solas. Es
difícil tratar tener un balance entre y vivir y… ellos. Y hablar con ellos solo
resultaría en ir al psiquiátrico de nuevo.
|
Asintió y cerró sus ojos, se veía exhausto. El silencio siguió, su pecho subía y
bajaba debajo de la manta. Imágenes de mi abuela llegaron a mi mente. Ella se
veía como él antes de morir. ¿Habrán sido Grimnirs o Valquirias quienes la
tomaron? Es gracioso que no haya pensado eso hasta ahora.
—Ya entiendo —dijo el Sr. C. hablando lento, sus ojos aún estaban cerrados—
Es un poco confuso una vez que este mundo está cerrado para ti. Tal vez podrías
intentar ser más, uh, amistosa, escuchar con compasión. Incluso podrías intentar
alejarlos de la gente para poder hablar con ellos.
El Sr. C. lo había perdido. No había manera de que yo me hiciera una
amistad con almas. Con solo verlos enloquecía. ¿Hablar con ellos? No pasaría.
—Lo intentaré —mentí.
—Ese es el espíritu —tomó un respiro profundo, abrió sus ojos y sonrió—
Ahora necesito descansar. Hablaremos pronto otra vez. Esperemos que sea en este
mundo y no en el que sigue.
Él estaba intentando ser divertido. Me agaché y besé su frente. —
Definitivamente en este, Sr. C.
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***
—¡CORA!
La voz de Kicker atravesó la voz de Jessie James de mi smartphone. No
necesitaba tener atención, pero sabía que pronto la tendría. Las miradas y los
susurros que obtuve de la gente que estaba en la fiesta de Drew me habían
prevenido. Volteé y me quité los audífonos.
El alma que me seguía aún estaba ahí, sus ojos suplicando, su caro traje
arrugado. Debió haber muerto en él. Kicker corrió a través de él, sin reducir la
velocidad, y se estiró hasta llegar a mi lado, su respiración era desigual, sus ojos
azules brillaban.
—Te perdiste un asombroso juego el sábado —dijo.
Okey. Estaba siendo totalmente egocéntrica ahora. Esto no era sobre la
fiesta de Drew. Habíamos ganado y eso era algo. Raine me había texteado después
de que dejé el lugar el Sábado con las noticias. Ella y Andris habían usado un
portal para ir al estadio antes de que comenzara el juego.
—Estaremos encabezando en el Jeld-Wen en dos semanas —su voz tenía un
toque de excitación— Deberíamos hacer las estatales el siguiente año.
Amaba el fútbol. Raine y Andris me habían invitado a ir con ellos, pero mi
apestoso humor había arruinado mi entusiasmo por el deporte. Mentí y le dije que
|
tenía un montón de tarea, pero Raine no era estúpida. Había visto a través de la
mentira.
De hecho, esperaba que Echo se detuviera con eso de su capucha. En su
lugar estuve reviviendo nuestros momentos juntos todo el fin de semana, con
pensamientos ocasionales sobre mi conversación con el papá de Raine. Con las
runas en mi casa, ningún alma me molestaba. Por primera vez deseaba que
estuvieran aquí así podría dispersarlos y mandar a la mierda a Echo. La mejor
parte era que ellos estaban donde sea, como el hombre de cabello gris que me
estaba siguiendo. Qué lástima que no podía traer mi atizador a la escuela. Al
menos estaba en el carro.
—Así que… sobre el chico en lo de Drew —dijo Kicker, su voz era baja, su
entusiasmo disparaba una mueca— Aquel que besaste. ¿Quién era? —entonces vio
mi mano— ¿Qué le pasó a tu mano?
Me gustaría que la gente dejara de mencionarlo. Mi mamá había enloquecido
por eso. A todos los que veía me preguntaban por eso. Era un constante
recordatorio de que Echo de pronto salió de mi vida.
—¿Cora?
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Miré a mi mano. Tenía que ver a mi doctor hoy. —Fue un accidente.
—¿Eso significa que no podrás nadar?
Me encogí. —El doctor dijo que no.
—Eso apesta. Tenemos una junta el sábado.
—Hablaré con mi doctor y a ver que dice. Le mandé mensaje a Doc también,
él sabe lo de mi mano.
Kicker suspiró. —¡Maldición! Dependemos de… olvídalo. ¿Qué hay del Sr.
Gabardina? ¿Quién es él?
—Alguien que conocí en Portland cuando estaba allá.
—¿Ustedes dos están, como, saliendo?
—Hemos terminado. —No quería discutir sobre Echo. Miré atrás. El alma aún
estaba ahí.
—¿Cómo pudiste dejarlo ir? Él es ardiente. Y ese beso… —Ella sola se avivó—
Debiste ver la cara de Drew. Te apuesto a que ninguna chica ha hecho eso con él.
Por supuesto, Leigh estaba ahí para confortarlo. Ustedes dos eran lo único de lo
que todos hablaban después de que te fuiste. Quiero decir, tu y, uh, ¿Cuál es su
nombre?
|
—No importa, Kicker. Se fue.
—Pero Portland solo está a una hora. Pueden verse los fines de semana y…
—Déjalo ir, Kicker. —Empujé mis audífonos de vuelta a mis oídos.
En el momento en el que entré al salón principal. Un escalofrío recorrió mi
espina. La familiar esencia de Echo. Me volteé y busqué entre los estudiantes ya
sentados, mi corazón latía. Mis ojos se centraron en unos familiares.
¿Andris estaba en mi clase de inglés? ¿Desde cuando? Y ¿por qué estaba
cubierto de runas brillantes? Él no se veía feliz tampoco.
Me apuré pasando las sillas, dejando a Kicker atrás, y me deslice en el
asiento al lado de Andris. —¿Echo estuvo aquí?
—Buenos días para ti también, Mortal. Es emocionante tener que estar de
niñera. Otra vez. Por favor, intenta no mirarme cuando me hables. —Se deslizó
despacio sobre su asiento.
Fruncí el ceño. —¿Por qué no?
—Te verás como una idiota.
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Era un gran cretino algunas veces. —¿Qué estás haciendo en mi clase?
—Soy el maldito niñero de lo que sea para lo que tu hombre quiso
contratarme. Primero Raine. Ahora tú.
—Suena como internalización para mi, y estoy un poco insultada por la
palabra niñero. ¿Estaba él aquí?
—¿Qué parte de no me mires cuando me hables no entendiste? La gente lo
notará.
Estaba en uno de sus humores raros. —¿Y qué si lo hacen?
—Soy invisible justo ahora, Mortal.
Oops. Miré a la clase. Unos cuantos fruncían el ceño hacia mí. Levante mi
smartphone y ajusté los audífonos. Pia, la cabeza hueca de la fiesta de Drew, y dos
porristas escogieron ese momento para entrar a clase. Me vieron, pararon, e
intercambiaron susurros. Las risitas y miradas a mi dirección me decían que
estaban hablando de mi.
Sí, cómo si me importara.
Descansé mi hombro en el escritorio, descansando mi cabeza en mi brazo y
mirando a Andris, o al asiento vacío al lado de mi. —Okey, pretenderé estar
texteando a un amigo, o… podemos textearnos. ¿Traes tu teléfono?
|
Lo sacó del bolsillo de su teléfono y me lo enseñó. —Lo mejor que el dinero
puede comprar. Pero los pocos Mortales que tienen mi número son con los que
estoy enganchado para una base diaria, o estoy interesado en ellos. Y tu estas
incluida. Estas dentro. Humm, me pregunto a quién elegirás al final. ¿Eirik, el hijo
perfecto de Baldur, o al grande, Grimnir malo? Mi apuesta es por Eirik, él es de la
realeza entre los dioses. Los Mortales tienden a casarse, no pasarlos.
No quería discutir sobre Eirik o jugar los juegos mentales de Andris.
—¿Qué es lo que quería?
—¿Qué quería quién?
Lo miré. —No te metas conmigo, Andris. Puedo convertirme en una perra
muy rápido.
–Oh, ahórrate el drama adolescente —espetó— Él nos ordenó estar
alrededor. Ni siquiera lo preguntó. Un buen día, le hubiera dicho que se joda, pero
hermano mayor estaba cerca y quería que jugara bien.
Ignoré su discurso. —¿Qué quería?
—No lo explicó. Solo dijo que necesitabas ser protegida y se fue. Tal vez
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algunos malvados Grimnirs están aquí y no por las almas.
Mi corazón disminuyó. Ni siquiera tenía que decirlo. Ellos estaban aquí por
Maliina, lo que significaba que también por mi. Miré hacia la entrada. El alma
estaba visible ahí. —¿El viejo paseando en la entrada es uno de ellos?
Andris estudió al hombre. —Nah, solo es un alma.
—¿Por qué no puedes escoltarlo al Valhalla?
Andris rió, estudiando el alma. —Traje barato, cara demacrada, regordete,
un poco de verde alrededor de las cejas. Yo diría que murió de una seria
enfermedad. Lo que lo hace un Hel atado.
—¡Cora Jemison! —Llamó el Sr. Pepperidge, y volteé— Apaga tu teléfono o
tendré que confiscarlo.
Los estudiantes rieron. Usualmente lo maestros no les decían a los
estudiantes que apagaran sus teléfonos. Ellos solo los confiscaban hasta el final del
día. Me pregunto cuando el Sr. Pepperinge empezará a tratarme como a los otros
estudiantes. Probablemente después de leer mi siguiente escrito, el cual no he
empezado a escribir.
|
—Está apagado. —Sacudí mi teléfono y me quite los audífonos. Andris se rió y
cerró los ojos. Él estuvo cerca el resto de la clase. Golpeé sus pies unas veces y
respondió con un gruñido.
Le escribí “estabas roncando” en un pedazo de papel y se lo mostré. No lo
hacía pero, necesitaba una distracción, el Sr. Pepperimge era bastante aburrido.
El alma aún estaba en el pasillo, cuando la clase terminó, pero mantuvo su
distancia. Torin estaba esperándome. Al menos él era visible.
—Ella es toda tuya —dijo Andris y se fue.
Volteé los ojos. —¿Por cuánto tiempo estarán haciendo esto, chicos?
—Por unos cuantos días más o menos.
Fruncí el ceño. —¿Qué estará pasando en unos días?
—No lo sé. Echo apesta en explicar cosas, y argumentar con él no tiene
punto. Vamos.
—Buen juego, St. James. —Nos siguió. Chocamos los puños con algunas
bromas mientras caminábamos por el pasillo. Algunos alumnos le levantaron los
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pulgares y le dieron grandes sonrisas. No podía recordar a un atleta siendo así de
popular.
—¿Cuánto tiempo ha estado siguiendote esa alma? —preguntó cuando
rompimos el flujo de fans.
—Desde que llegue a la escuela. No sé cómo librarme de él. En casa
usualmente uso un atizador para dispersarlos.
Torin se estremeció.
—Eso no los hiere, ¿O sí?
—No creo, pero no debe ser placentero. Les toma bastante conseguir energía
para unirse.
—Oh, tal vez no debería hacerlo más.
—Tal vez no deberías. Aquí estamos. —Esperó a que estuviera sentada antes
de irse. Volvió unos segundos después con runas enganchadas. Supongo que el ser
invisible le evitaría estar explicando su presencia en clases que usualmente no
toma.
A la hora del almuerzo, que usualmente era en mis clases. Torin fue cool
porque no habló mucho, Andris se quejaba sin parar. Qué suerte tenía porque
nadie podía escucharlo. Qué mal por mi, lo escuchaba. Y tenía que tratar de no
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reír muy alto, él podía ser muy divertido algunas veces. Dijo muchas cosas
graciosas sobre los estudiantes en cada clase.
Durante el almuerzo, me mandó a uno de sus amigos, Pretty Boy Roger, para
preguntarme si quería unirme a ellos y me senté junto a Kicker y otros nadadores.
Raine me dijo que Andris sólo estaba jugando con el chico, pero vi como miraba a
Roger. Ahí había algo.
—Disculpa, Roger. Dile que si paso un momento más en su presencia.
Probablemente voy a estrangularlo. —Sacudí mis dedos hacía Andris y él se quedó
donde estaba. Me disparó una mirada molesta.
Sonreí. Sí, lo mismo digo.
Pasar el tiempo con él no era tan malo. Me acompañó cuando fui con el
doctor Oslen para mi seguimiento. Mi mamá llegó después que nosotros, dudé si
ella había notado que estaba con nosotros. Después, le dije que iba a reunirme con
un amigo en The Hub para una sesión de tareas.
Resulta que Andris realmente era inteligente y me ayudó con mi tarea,
después de haber arrasado con ella. Pero la mayor sorpresa fue verlo con una copia
agotada de un libro de ciencia ficción. Era como si hubiera encontrado el Santo
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Grial.
—Me rendí de buscar una copia original después de perder la mía —sus ojos
se estrecharon cuando me atrapó mirando— Si le dices a alguien que amo los libros
de ciencia ficción, te desapareceré.
Sonreí. —Deberías intentar con los de mi papá.
—¿Intentar los que de tu papá?
—Sus libros. Él es un autor de ciencia ficción. —Le dije orgullosamente.
Me lanzó una mirada incrédula. —Sí, está bien.
—Ven, te mostraré —fuimos a la parte de la tienda donde se encontraban los
autores regionales. Tome dos copias de los libros de mi papá y los colgué frente a
la nariz de Andris— ¡Ta-da!
Tomó los libros de mis manos. —De ninguna manera. He leído todos los libros
de J.C. Cooper. Digo, son libros para los de medio año, pero a quién le importó —
volteó los libros y estudió la fotografía de mi padre de la cubierta— ¿Estás segura
de que es tu padre?
Me reí. —¿Qué? ¿No puedes ver el parecido?
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—Sí, ahora que lo mencionaste —se burló— La barba y el pelo gris son un
regalo de muerte. ¿Puede firmar mis copias? No, mejor, preséntanos, así puedo
dárselas y ver como las firma. —Su entusiasmo era contagioso.
—Seguro. Una vez que esto termine, lo haré. Él incluso podría dejarte leer
su nuevo libro antes de publicarlo.
La mirada en la cara de Andris era invaluable. —Creo que tu y yo seremos
amigos ahora, Cora Jemison.
—¿Quieres decir que no lo éramos?
—No, pero no te ofendas. Raramente tolero a los mortales. A menos que
ellos tengan algo que quiera.
—¿No es eso una gran contradicción? —cuando él alzó sus cejas, añadí— Tu
eres egocéntrico y orgulloso de serlo.
Sonrió y asintió. Su teléfono timbró. Era un texto de Ingrid. Usó un portal y
se nos unió, pero Andris no la escuchó cuando intento hablarle. Ella golpeó su
cabeza y se sentó a mi lado.
—Así que sabes su secreto —dijo suavemente. Su acento escandinavo era
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hermoso.
—¿A qué te refieres? —pregunté.
—Andris guarda su lado nerd para todos ellos que no son cercanos a él.
Incluso dudo que Roger lo haya visto tocar un libro —dijo el nombre de Roger con
disgusto— Él desaparece en librerías y bibliotecas cuando no está recogiendo, o
compra libros en internet. Deberías ver su oficina. Se desborda de colecciones de
libros y comics que tiene, algunos tan viejos que deberían pertenecer a un museo.
Y cuando no lee, él escribe —miró a Andris y sus mejillas se sonrojaron— Él es un
tipo de genio, no hay computadora que no pueda arreglar, ni sistema que no pueda
hackear.
Qué hombre tan ciego. Sin contar toda esa inteligencia, Andris no podía ver
que Ingrid lo adoraba. Cuando finalmente lo sacamos de la tienda, él ya era un
orgulloso dueño de varios libros.
Ambos me siguieron a mi casa, pero no entraron. Dieron vuelta en U y se
fueron. Ellos debían creer que estaría segura con mis padres. Obviamente, Echo
había olvidado contarles sobre nuestro ataque y la abolladura que reparó de la
camioneta.
Echo fue a mi habitación esa noche mientras dormía. Me di cuenta el Martes
después de despertar de un sueño donde él se inclinaba sobre mí y me decía “Lo
siento”.
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Lo habría dejado como sólo un sueño sí él no hubiera tomado su playera, su
sudadera y sus guantes de mi tocador. El que haya elegido tomarlos sin
despertarme, me decía que él no quería hablar.
Eso dolía.
Andris e Ingrid estaban esperando en mi portón en su SUV, y me siguieron
todo el camino a la escuela. Después Torin estuvo conmigo gran parte del día. Él y
Raine habían decidido almorzar en la escuela, así que compartimos una mesa con
unos cuantos atletas y mis amigos de natación. Era una mezcla interesante. Naya
debió haberse liado con uno de los atletas en la fiesta de Drew, porque estaban el
uno sobre el otro.
Torin tenía práctica de fútbol, Ingrid de porrista y Raine tenía lecciones con
su instructor Valquiria, así que pasé el rato con Andris, otra vez. Esta vez, fuimos
al Creperie. Y una vez más, Andris me ayudó con mi tarea, y me contó sobre sus
autores favoritos. Amaba ver este lado de él. Era opuesto al descarado misógino,
arrogante, idiota.
En la noche, intenté estar despierta y esperar a Echo. Algo me despertó
después de media noche. Tal vez hizo un sonido, o fue el frío que de pronto llenó
el aire. No tuve que esforzarme mucho para encontrarlo. Él estaba sentado en mi
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silla, sus runas brillaban, sus brazos como si estuviera tratando de mantener el
calor. No tenía que tocarlo para saber que venía del Hel.
—¿Echo?
—Vuelve a dormir, Cora.
—Estás frío —susurre.
—Estaré bien.
Quería decirle que viniera a la cama, donde estaba caliente, pero temí que
me rechazara, así que me levanté, fui al closet, tomé una cobija. Se la di. Sus ojos
dorados se intensificaron.
—Por favor habla conmigo. —Susurré, mirándolo, esperando correr a su
regazo.
—Ve a la cama, Cora. Estoy aquí para protegerte. Nada más.
Su voz era fría, sin ninguna invitación. Sentimentalmente humillada, me
arrastré de nuevo a la cama. El sueño me eludía, por lo que estuve moviéndome y
dando vueltas. Debió haberme puesto unas runas porque lentamente me quedé
dormida y no me desperté hasta en la mañana.
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El miércoles en la noche, Andris me dijo que Ingrid tenía una cita. Él no se
veía muy feliz por eso, pero se fue animando mientras pasaba el tiempo. Nos llevó
a mi y a Roger a cenar, así que no volví a casa hasta tarde.
Antes de irme a dormir, dejé dos cobijas en la silla, para Echo. Incluso, supe
el momento en el que entró al cuarto, y pretendí estar dormida. Caminó hacia mi
cama y me estuvo mirando por un largo tiempo. Unas veces se agachó como si
quisiera acariciar mi cara, pero cada vez se detuvo. Me tomo toda mi fuerza seguir
acostada, incluso cuando lo que quería hacer era ponerlo a mi lado.
Estaba enojada cuando me desperté. Él debió de poner runas sobre mi otra
vez porque no recordaba nada después de que se parara junto a mi cama. Las
cobijas estaban en mi cama, como si él se hubiera cobijado con ellas, y ahí estaba
la marca dónde él debió haber puesto la cabeza.
¿Cómo se atrevió a ponerme runas y privarme del recuerdo de haber
dormido en sus brazos?
Yo enojada fui una gran perra con Andris y Torin. De repente, su presencia
me molestaba. Odiaba no poder ir a ninguna parte sin uno de ellos flotando
alrededor, y escribiéndoles grandes cartas en mi cuaderno, dónde me metía con
ellos.
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Drew había mantenido su distancia los últimos días. Igualmente lo atrapé
mirándome con un calculador destello en sus ojos. Su orgullo había sido herido,
pero él había sido un idiota o lo había intentado. Leigh y Pia fueron más que
estúpidas y cometieron el error de acorralarme en el baño durante el almuerzo.
—Aléjate de Drew si sabes que es lo mejor para ti —Leigh gruñó.
—¿O qué? —Pregunté, mirándola a través del espejo.
—Te enterraré —espetó— Una sola palabra y todos te tratarán como lodo. Ni
siquiera tu amistad con Raine y St. James te salvarán.
Me reí. —¿Crees que me importa mi estatus social en esta escuela? Ya no
más. Además, le gusto a Drew. Sí él decide hablarme..
—No lo hará.
—No después de ver el tipo de hombres con los que sales —Pia se apresuró—
¿Quién era él, de todas formas? Nunca lo hemos visto por aquí.
—Es un estudiante de un colegio. A diferencia de ustedes, yo salgo con
chicos más grandes —me moví cerca de Leigh obligándola a hacerse para atrás— No
se metan conmigo. Porque no tienen ni idea de lo que soy capaz de hacer —sonreí
a sus expresiones y dejé el baño.
|
Andris fue conmigo a con el Dr. Oslen para mi chequeo del martes y, una vez
más, espero en la sala de espera con su nariz metida en un libro electrónico.
Esperaba que mi papá me trajera al doctor, pero era mi mamá quien estaba en el
cuarto de espera.
—Tendré una junta el sábado. ¿Hay alguna manera de que pueda participar?
El Dr. Olsen estudió mi herida suturada y miró a mi mamá. —Está curándose
bien, pero no creo que sea buena idea. Lo último que necesitas es una infección.
—Eso fue lo que le dije —dijo mi mamá vencedora.
—Mamá, el equipo me necesita. ¿No hay algo que pueda usar para cubrirla?
No planeo nadar grandes carreras, y como usted dijo, está prácticamente curada.
No está hinchada ni rosada. He estado cuidándola bien. He usado la pomada de
antibiótico y limpiado la herida con peróxido.
El doctor sacudió su cabeza y compartió otra mirada con mamá. —Tan
testaruda como siempre.
Mamá asintió. —Lo obtuvo de su padre. ¿No hay algo que pueda usar para
cubrirse?
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—Por supuesto, pero tienes que ser muy cuidadosa, jovencita.
Dejé la oficina del doctor con almohadillas adhesivas de hidrocoloide.
Estuve esperando para estar con Echo esa noche, pero no apareció. O si lo hizo,
debió haberme dibujado runas otra vez.
—Es viernes. Dime que estas planeando ir de club, o mínimo, jugar al beer
boing en una fiesta en alguna viña —dijo Andris, deslizándose a mi lado, con su
chico juguete Roger a su lado.
—Tengo práctica de natación. Luego planeo irme a dormir temprano.
Andris suspiró. —¿Cómo alguien tan ardiente tiene una vida tan aburrida? —
Estaba segura de que dijo eso por el beneficio de su amigo— Roger ¿Habrá algo en
algún lugar esta noche?
Roger sacudió su cabeza. —Geoff tendrá un torneo de Minecraft en su casa.
Andris se rió y tocó la mejilla de Roger. —Tu sabes que no voy a ese tipo de
cosas. Necesitamos salir y tener diversión seria. ¿Qué te parece, Cora? Elige un
lugar. Conexión L. A. o Bill’s Trampoon, el nuevo bar en la octava al norte.
—Lo siento, tengo una junta mañana temprano, así que tengo que ir
temprano a la cama.
|
—¿Qué? ¿En dónde? —sus ojos se estrecharon— ¿Qué tan temprano es esta
junta? Sí tengo que levantarme temprano por ti, Echo me la deberá.
—¿Quién es Echo? —Preguntó Roger.
—Un chico por el cuál ella tiene un crush. Es por él por quién intenta ser
Miss Goody dos zapatos. Ella no sabe que esa no es la manera de mantener a
alguien como Echo interesado.
Sí una mirada pudiera matar, él sería hombre muerto. —La junta es aquí, y
tú no tienes que estar, imbécil. No te quiero ahí. Y para tu información no tengo
un crush en él —añadí apretando mis dientes— Oh, y tu servicios no serán
necesarios esta tarde tampoco. Vete a un club o de fiesta para lo que me importa.
—Me encaminé al edificio, pero Andris estaba justo detrás de mí.
—Cora, espera —dijo.
Lo ignoré.
—Está bien, me disculpo. Deja de pisotear como Atila la Hun, se supone que
las chicas se deslizan.
Me detuve y volteé. —Deberías saber que cuando haces enojar a alguien, se
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supone que te disculpes, no que lances más insultos.
Levantó sus manos como rendición y sonrió.
—¿Qué parte te hizo enojar? La del crush, Miss Goody dos zapatos, o
mantener a cierto Grimnir interesado.
El enojo se deslizo fuera de mi. No podía estar enojada con él sin importar
cuanto me hiciera enojar. Él era lindo y había sido genial toda la semana. Además,
me encantaba su inestabilidad. —Olvídalo.
—Ahora necesito un abrazo. Ven aquí —Extendió sus brazos alrededor de mi.
Volteé mis ojos y le di un abrazo. Sus manos fueron bajando. —Tocas mi
trasero, Andris, y te daré un rodillazo tan fuerte que tus bolas subirán hasta tu
cuello.
Sonriendo camino hacia atrás. —Okey, no necesitas convertirme en un
eunuco. Vamos. Te llevaré a la piscina y estaré alrededor hasta que estés a salvo
en tu casa. Otra vez. ¿A qué hora es la junta mañana?
—Temprano. Estará bien. Iré con Raine —Raine ha estado estudiado con su
instructor Valquiria después de la escuela, y no hemos pasado el rato, pero ella
tiene libre hoy. Se unió a nosotros antes de que encontráramos mi carro.
—Roger te está esperando, Andris. —dijo ella.
|
—Lo sé. ¿No es adorable? ¿Realmente estarás siendo niñera de Cora esta
tarde?
—¿Niñera? —Dijimos Raine y yo al mismo tiempo.
Andris dejó de reír. —Ustedes dos sean buenas. Vigílense de los Grimnirs.
Estaba empezando a dudar de la historia sobre “la presencia de otros
Grimnirs” que Echo les había contado a Torin y Andris.
—Al menos no tienes que saltarte clases para ser mi niñera —le dije a Raine
y lancé mi mochila en la parte de atrás del auto. Ella añadió la suya y su oboe y se
sentó en el asiento del copiloto. Arranqué el motor. Mientras iba hacia atrás casi
golpeé a una chica. El alma que había estado siguiéndome el lunes caminaba junto
a ella. Él levantó su puño hacia mi. —¿Qué, a Andris ni a tu hombre les importa
perder clases?
—No realmente. La escuela es para mezclarse no para aprender. ¿Estás
emocionada por la junta de mañana?
—Síp —siempre disfrutaba las juntas. A Raine siempre le gustaba decir que
yo era una adicta a la adrenalina, debe estar en lo cierto. Eso explicaría el porque
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estaba lujuriosa por cierto chico malo. —¿Puedes venir conmigo?
—De ninguna manera. Incluso venir ahora contigo me asusta como la mierda.
No sé como los demás reaccionarán a mi presencia.
—Oh, por favor. La manera en la que todos vinieron después de que el coma
de tu padre nos asustara, debería decirte que el pasado no importa.
En la siguiente parada el frío lleno el carro y sonreí.
Echo.
Volteé y gemí con decepción cuando vi al alma de cabello gris de la escuela.
¿Cómo se recuperó tan rápido? Pensé que él había sido atacado con la chica con la
que lo vi. Lo estudié en el espejo retrovisor. Tenía una morada expectante.
¿Por qué siempre me miraba como si yo fuera la respuesta a lo que sea que
lo estuviera molestando? Me dio un escalofrío. ¿Y por qué tenían que ser tan
helados?
—¿Qué es lo que quieres? —Exclamé.
—¿Qué? —Preguntó Raine.
—Hablo con el hombre muerto, no contigo —dije, mirando al alma a través
del espejo.
|
Raine miró alrededor, con ojos amplios. —¿Dónde?
—El alma, Raine.
Entrecerró los ojos, mirando a todos lados.
—Atrás de mi. ¿No puedes verlo?
Suspiró. —No. ¿Por qué no puedo verlos? Todos pueden verlos a excepción de
mi.
—Pero pensé que querías ser una Valquiria.
—Eso no significa que pueda ver almas aún. Mi mamá y Lavana dicen que el
tiempo es correcto. Que el velo se abrirá lentamente para que no nos abrumamos
con lo que vemos. El tuyo se abrió muy rápido, y tú, uh…
—Me volví loca —terminé, no estaba molesta por mi situación en el
psiquiatra— Puedo ver porque lento es bueno. Un cerebro abrumado es una perra.
—¿Cómo se ve? —continuó con el tema del alma.
—Viejo. Cabello haciéndose gris. Barrigón. Traje arrugado. Andris dice que
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es barato.
—Andris es un snob de la moda. ¿Qué está haciendo ahora?
—Hablando. Aún no puedo escuchar a las almas —miré adelante, tratando de
encontrar el mejor lugar para estacionarme. Pasé oficinas de negocios y
restaurantes. Todos los estacionamientos estaban llenos de carros— Necesito
estacionarme en un lugar privado. Un lugar dónde nadie pueda vernos.
—La primera iglesia Presbiteriana.
La primera IP estaba cerca de la escuela. —Ahí está un camino.
—Haz una vuelta en U. Está apartado y el estacionamiento está vacío.
Y no tenía un cementerio, así que no más almas. Di una vuelta en U e hice el
camino de regreso a la escuela. Estudié al alma a través del espejo retrovisor. Se
veía inofensivo. Solo un hombre muerto.
—¿Vas a dispersarlo? —preguntó Raine.
Lo haría si Echo se apareciera. Para hacerme una lectura sobre meterme con
sus cargos. Desafortunadamente, las palabras de Torin continuaban sonando en mi
cabeza. Y también estaba el consejo del Sr. C. Nunca creí que llegaría el día en el
que quisiera ser buena con un alma.
—Voy a mostrar compasión —dije.
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Raine frunció el ceño. —¿Qué?
—Loco, ¿No? Pero alguien a quien respeto me dijo me dijo que necesitaba
cambiar mis métodos para tratarlos.
—¿Echo?
—Tu padre.
—¿Para eso te llamó a su oficina el sábado?
Reí ante su tono incrédulo. No tengo planeado decirle que vi a su padre en
la cafetería después de que murió. —Sí, dijo que debía aceptar mi regalo.
Mi regalo. Es más como una maldición. Yo aún no puedo verme aceptándolo.
Señalé, entrando al estacionamiento vacío de la iglesia. Soplé. Abrí la
puerta, salí, y esperé. El alma siguió. Raine abrió su puerta y me miró a través del
capó. Estaba mirando al carro, si alguien me veía, asumiría que estaba hablando
con ella. Mi corazón palpitaba, sonreí.
—Okey, señor. Dígame lo que quiere —dije calmada y confiable. Cómo si
supiera lo que estaba haciendo. Esto era loco.
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Su boca se abría y se cerraba sin hacer ningún sonido.
—Lo siento, no puedo escucharte.
Hizo señas fuertemente con sus manos, sus labios se movían rápido.
Suspiré. —Esto es ridículo. No puedo escuchar nada ni leer sus labios.
—Las nuevas almas son como recién nacidos —Raine susurró— Ellos no saben
cómo expresar sus emociones propiamente. La mayoría del tiempo, los Valquiria
hacen toda la platica mientras las almas los siguen. Ellos entrenan, comen y…
duermen, entrenan, comen y duermen. La misma rutina sin desviación. Ningún
tiempo para pensar en ellos. Las almas que se quedan atrás para encontrar algo
familiar y unirse a él.
No me imaginaba que se unieran a construcciones o miembros familiares. —
O caminar sin rumbo como perdidos. Bien, intentaré esto de nuevo. Escuche señor,
yo —toqué mi pecho— voy a —apunté hacia él— ayudarlo.
Dejó de hablar. Giró su cabeza hacia un lado, y apuntó a su pecho y luego al
mío.
—Estamos llegando a algún lugar. Sí. Voy a ayudarte. Dime lo que quieres.
Apuntó a su pecho otra vez y luego al mío.
|
Sonreí. —Sí.
Se movió tan rápido que no supe su intención hasta que nuestros cuerpos se
mezclaron. El frío me llegó hasta los huesos y me asfixió. Mi piel se sentía pegajosa
y ajustada. Mis pulmones comenzaron a tomar aire forzosamente, y mi visión se
hizo nublosa.
—¿Qué está pasando, Cora? —Dijo Raine.
Su voz hizo eco como si hablara a través de un túnel. Intenté responder,
pero no podía abrir mi boca. Me sentí liviana, como si estuviera flotando. Unas
manos agarraron mis brazos.
—¡Cora! ¡Demonios! Habla…
La voz de Raine desapareció para ser reemplazada por otra. La de un
hombre. ¿La del alma? Probablemente. Intenté entender lo que estaba diciendo. Su
voz se hizo fuerte y luego débil… fuerte y luego débil.
Mi cabeza dolía, y mi pecho ardía por falta de oxígeno. La oscuridad me
tragaba, pero peleé contra ella. Peleaba y peleaba… hasta que el sonido comenzó
a filtrarse.
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Reconocí la voz de Andris luego la de Raine y Torin. Estaban discutiendo.
—No me miren —Andris se quejó— Ellas querían hacer esta cosa de reunión
de chicas y me dijeron que me fuera.
—Él no debería estar aquí —susurró Raine.
¿Quién no debería estar aquí? ¿Andris?
—No hay nada que podamos hacer sobre él ahora —dijo Torin
tranquilizadoramente.
—Eso es correcto —dijo una voz familiar— Pueden quejarse todo lo que
quieran de mi presencia, pero no me iré. Sin mi, ella estaría peleando por su vida.
Echo.
Mi corazón palpitaba, abrí mis ojos. El podría sonar divertido, pero el enojo
brillaba en lo profundo de sus ojos dorados mientras me estudiaba. Sonreí
—Y sonríe. ¿Qué estás haciendo Cara de Muñeca?
|
10. ENCUENTRO CERCANO
Odiaba ese nombre. Ese probablemente era el apodo de Maliina.
—Estoy checando qué tan cómodo es el suelo —moví mis brazos y piernas.
Ningún hueso roto. Raine debió detener mi caída— Muy cómodo. ¿Qué haces aquí
durante el día?
Se puso en cuclillas frente a mí, trayendo con él su cruda sensual energía, y
su esencia tentadora. Quería inhalarlo y disfrutarlo. Luego cubrirme de él.
—Rescatándote de un alma. Otra vez. ¿Estás bien? —Tocó mi cabeza.
—Gah, tu mano está helada —me senté— ¿Acabas de volver del Hall de Hel?
O… —recordé la vez que nos conocimos por primera vez— Tú sabías lo que querían,
¿no es cierto? La primera vez que nos conocimos. Lo sabías.
Echo asintió.
—¿Ella atrae a las almas también?
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Sus párpados cayeron. —No lo sé. Nuestras interacciones estaban limitadas
a… otros pasatiempos. Gracias —añadió, estudiándome a través del dosel de sus
ridículamente largas pestañas.
—¿Por qué? —¿Recordarle que todo lo que él y Maliina hacían era tener sexo?
La odiaba.
—Por calentar mi mano —dijo suavemente, una sexy sonrisa tiraba de la
esquina de sus labios.
Mis ojos fueron a mis manos. Su mano estaba atrapada entre las mías,
calentándola instintivamente. Lo dejé ir, el calor corría por mi cara.
—Lo que hiciste hoy fue peligroso e imprudente, Cara de Muñeca. ¿Sabes qué
es lo que les pasa a los mortales cuando son poseídos por un alma? —preguntó.
—No, pero estoy segura de que vas a explicarme con insoportables detalles.
Y por favor, no me digas Cara de Muñeca.
—¿Has visto a los duendes? —Echo preguntó.
—Sí, ¿Y?
—Los duendes no son nada comparado con una posesión real. Podrías
volverte loca fácilmente, herirte, o peor.
|
¿No era él el portador de la floración? ¿Y desde cuando me convertía tan
fácilmente? Se suponía que estaba enojada con él. En su lugar, mi corazón
palpitaba con emoción y la urgencia de lanzarme a sus brazos amenazando con
abrumarme.
—Sí estás aquí para hacerme una lectura, vete. Estaba tratando de ayudar a
un alma a encontrar el final. Algo, que creo que tú no entenderías. Y nada de
mirarme mientras duermo, tampoco. Si vuelves a hacerme runas te haré
lamentarlo como no lo imaginas. —Estaba siendo una completa perra, pero no me
importaba.
—¿Quién dijo que era tu trabajo darles un fin? —dijo, ignorando las demás
cosas que dije.
—Yo, y no hay nada que puedas hacer al respecto.
Una risa vino de mi izquierda. Mi cabeza giró ahí, y atrapé a Andris
sonriendo. Incluso Torin estaba esforzándose por no sonreír. Raine era la única
sombría. Se veía agitada.
—Tu presencia está molestando a Raine —me levanté y fui hacia ella. Nos
abrazamos— Lo siento —susurré.
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—Él no me asusta. Tú lo haces. Y no deberías haber escuchado a mi... —miró
a Echo— Él está bien. No deberías volver a hacer esto de nuevo.
—¿Qué pasó? —pregunté.
—Entraste en un trance. Ya sabes, tus ojos volteándose atrás de tu cabeza,
tu cuerpo sacudiéndose. Por poco no te atrapaba antes de que cayeras. Luego
empezaste a hablar con una voz extraña. Finalmente te desmayaste.
Fruncí el ceño. No creí que me hubiera desmayado. —¿Cuánto tiempo estuve
así?
—Como diez minutos.
Eso era mucho. —¿Y, uh, qué pasó con el alma?
—Yo pasé —dijo Echo, sonaba cerca.
Él debió haberlo llevado al Hall de Hel, lo que explicaría lo frío de sus
manos, me volteé para encararlo. —¿Le ordenaste salirse de mí?
Echo asintió. —Para suerte tuya, sabía su nombre. Él no tenía ningún asunto
poseyéndote.
Fruncí el ceño, escuchando preocupación debajo de la ira, o quise
escucharla. —Él quería darme un mensaje de alguien llamado Clare Bear —lo rodeé
|
para caminar a mi carro abrí la puerta de atrás, y busqué mi folder. Ya estaba
abierto. Raro. No recuerdo haberlo abierto. Me senté en el asiento de atrás con los
pies en el suelo, y empecé a escribir nombres y números.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Raine.
Subí la mirada para encontrar a los cuatro mirándome. —Estoy escribiendo
todo lo que me dijo. Espero recordarlo todo.
Raine agitó un cuaderno. —Pero tú ya los escribiste.
Miré a la libreta en su mano. Las mismas palabras y números escribí
garabatos una y otra vez en un pedazo de papel. Algunas eran iniciales. CDS en vez
de caja de depósito segura, o LB en vez de llave del banco. CS en vez de
contraseña. La letra no era mía. —¿Hice eso?
—Me pediste en una extraña voz que te diera papel y lápiz. Cuando lo hice,
escribiste eso —señaló la página.
Después de lo que Maliina me hizo, debería estar enojada o ser más astuta
cuando alguien quiera usarme. En su lugar, estaba emocionada por la posibilidad
de lo que podría hacer con mi rara habilidad. Yo realmente podría ayudar a alguien
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a encontrar su fin. Tal vez eso era a lo que el Sr. C se refería, encontrar lo que
ellos querían. Esa alma me había dado un mensaje.
—No puedes hacer esto otra vez, Cora —dijo Raine— Es muy peligroso.
Torin asintió. —Muchos Mortales han enloquecido por la posesión. Por siglos,
poderosos sacerdotes y sacerdotisas, han limpiado a los poseídos ordenándole a las
almas irse. No siempre lo logran.
—Pero eso significa que les han ordenado salirse una vez que ellos entran,
¿Verdad? —los barrí con la mirada. La expresión de Torin era ilegible. Andris
sonreía mientras Raine aún se veía preocupada. Conociéndola le reclamaría por
este fiasco. El alma me había cegado— Quiero decir, los Valquirias y Grimnirs son
la crème de la crème de los sacerdotes y sacerdotisas —incliné una mirada a Echo.
Su ceño estaba fruncido sin embargo su gente eran sacerdotes— ¿Verdad?
—Creo que tú y yo debemos discutir esto en privado —dijo Echo lentamente.
—Eso no pasará —dijo Torin.
Algo letal y mortal cruzó la mirada de Echo, pero sus ojos no dejaron los
míos. —Quédate fuera de mis negocios, Valquiria —advirtió suavemente.
—Te dije, no la usarás mientras estemos cerca —Torin replicó.
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—A ti no te importa ni un pedazo de esto, St. James. A ella sí —Echo sonrió y
me dio una lenta lectura. Estaba usando mis pantalones de chándal de natación y
una chaqueta, pero por el brillo de sus ojos, bien podría estar sentada desnuda. Su
voz bajó una octava y se hizo profunda— Además, "usar" es una palabra que puede
malinterpretarse.
El timbre de su voz acarició mis sentidos. Incluso cuando él me hacía enojar,
aún lo quería. Torin se movió para estar a mi lado como si fuera un guardián y
encaró a Echo, quién sostenía la puerta del carro. Yo aún estaba sentada en el
asiento de atrás con los pies en el piso. Estaban siendo ridículos. Echo no me
lastimaría. No físicamente, de todos modos. Y el comportamiento antagónico de
Torin no tenía sentido.
—Te conozco, Echo —dijo Torin— Tú nunca haces algo sin una razón.
—Y siempre es para tú beneficio —añadió Andris—. ¿No es por eso que eres su
favorito? El chico al que ella va cuando quiere un trabajo hecho.
Un espasmo cruzó la cara de Echo como si Andris hubiera dado en el nervio,
pero él se recuperó y sonrió. —¿El favorito de Hel? Ustedes han leído mucho sobre
mi, chico lindo. Qué halagador —finalmente alejó su vista de mi hacia Andris y
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luego Torin—. Lo diré una vez más. Aléjense, Valkirias. Aprecio el hecho de que la
hayan vigilado cuando no pude, pero estoy de vuelta ahora. Esto es entre Cora y
yo.
Torin casualmente puso su mano en el capó de mi auto y se recostó como si
no tuviera la intención de irse. Él usaba el uniforme del equipo de Fútbol. Lo que
significa que dejó el partido para llegar hasta aquí.
—Todo lo que concierne a ella, nos concierne —Torin dijo.
Ya tenía demasiado con su show. No tenía sentido. —Déjenme estar al tanto,
chicos, están apunto de tener otro enfrentamiento estúpido de testosterona, y
esta vez no pienso plantarme alrededor y detenerlos —apunte hacia Andris y
Torin—. Ustedes dos fueron mis guardaespaldas porque Echo se los pidió y ahora se
ponen en su contra porque...
—Él nunca nos lo pidió —dijo Torin—. Dijo que estabas en peligro y se fue.
Sacudí mi cabeza. —Estoy confundida. ¿Eso no lo hace el chico bueno?
—No —dijeron Andris y Torin al mismo tiempo. Echo solo sonrió.
—No vimos a ningún Grimnir cuando él estuvo fuera —dijo Andris.
—Tal vez me hice cargo de ellos —dijo Echo, sonando indiferente, como si no
le importará si le creían o no.
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—Tal vez no había ningún Grimnir, para empezar —rompió Andris—. Tal vez
los árboles rotos y las enredaderas arruinadas cerca de la casa de Cora fueron
preparadas para hacernos pensar que ella estaba en peligro.
—Y no matarías a uno de los tuyos sin encarar la ira de Hel —Torin remarcó—
. Estás en un trabajo, y la involucra. Así que lo diré una vez más, déjala en paz, o
lidia con nosotros.
Sí todo lo que decían era cierto... No, no empezaré a creer todo lo que ellos
digan, y no me gustaba la manera en la que ellos enfrentaban a Echo.
—Wow... despacio, chicos —caminé lejos del carro y me paré junto a Raine.
Quién no había hablado desde que iniciaron su pequeña pelea—. Gracias por
mantener un ojo en mí, pero ustedes no van a decidir sí hablo con Echo o no.
Echo sonrió.
Miré a Echo. —Tú tuviste tu oportunidad de explicar las cosas. Pero
caminaste fuera de mí en su lugar. Y cada noche desde entonces, tuviste la
oportunidad de hablarme. Pero me hiciste runas de sueño en su lugar, así que no
estoy lista para escuchar nada de lo que tengas que decirme. De hecho, no sé si
confío en ti lo suficiente para creer lo que me digas.
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Sus ojos se sombrearon, Echo caminó a donde estaba parada, estaba tan
cerca, el calor de su cuerpo saltó entre nosotros, rodeándome. Una parte de mi
quería poner distancia entre nosotros, pero otra parte quería tomarlo y mantenerlo
cerca. Perdonarlo por su comportamiento de mierda de la semana pasada.
Él no habló, dejando a sus ojos hablar por él. Él lo sentía, decían.
—Puedes confiar en mí. Nunca te mentiría. Tú Cora, no Maliina. Ella no me
importa, ni significa nada para mí. Ellos —movió su mano hacia Andris y Torin— no
importan. Tú lo haces —calor llenó sus ojos. Cuando sus ojos se movieron a mis
labios, estos brillaron como si quisiera besarme.
Era tiempo de crear espacio entre nosotros.
—Nunca me menciones su nombre otra vez —me moví a un lado y corrí a mi
carro. Cuando nuestros ojos se encontraron, había dolor en su mirada. Él no tenía
ninguna razón para estar herido. Yo era la única a la que le hizo mal—. ¿Vienes,
Raine?
Raine besó a Torin y corrió al asiento delantero. Retrocedí y me fui. Pude
ver a los chicos en el espejo lateral. Ellos seguían parados cuando nos fuimos. La
Harley de Torin y el SUV de Andris usualmente eran manejados hasta la escuela y
vos habíamos estacionado a varios pies de ahí.
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—¿Crees que estarán bien? —pregunté, volteando mi mirada a Echo, él nos
miraba alejarnos, su expresión era difícil de leer.
—Sí, Andris odia pelear pero los detendrá antes de que las cosas se salgan de
las manos.
—No sé por qué a Torin no le gusta Echo, cuando él le hizo un favor, uh,
olvídalo —ella no debía saber sobre el alma de su padre.
—¿Te refieres a que él decidió no llevarse el alma de mi padre? —preguntó
Raine.
—Así que lo sabes.
—Torin no me guarda secretos. Torin le debe un alma a Echo, y él planea
cobrarla —hizo un sonido como si Echo estuviera mal.
—Suena justo para mí —dije a la defensiva—. Un alma por un alma.
—O él pudo dejarlo ir. Quiero decir, son solo estadísticas para él. Me alegro
que que le hayas dicho que te diera un descanso. Él no es bueno para ti. Ni Andris
ni Torin confían en él.
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—Lo sé.
—Él es un tipo raro, sabes. Muchos Grimnirs no lo soportan.
Detalles de la historia de Echo llegaron a mi cabeza. —Druidas —murmure.
—¿Qué?
—Nada.
—Le pregunté a Torin porque los Grimnirs lo odian tanto, pero él no sabe —
Raine continuó—. Posibilidades de Grimnirs vinieran después que lo lastimaras. Eso
asumiendo que la historia que te contó fuera cierta. Él antes era un Valquiria,
sabías, pero él hizo algo horrible que lo sacó del Asgard y lo dejó en el Hel de
manera permanente.
Odiaba la manera en la que alegremente escuchaba las fallas de Echo. —Sé
sobre eso, Raine.
—¿Lo haces?
La miré. —Sí, lo hago. Echo me dijo. Él no me guarda secretos. Es la misma
razón por la que sus compañeros Grimnirs lo odian. Él hizo algo noble, y aquellos
que no están de acuerdo son unos idiotas.
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El silencio se había filtrado al carro cuando entre a universidad Boulevard,
el camino que corría a mitad de universidad Walkersville. Miré a Raine y la atrapé
con una sonrisa.
—¿Qué? —pregunté.
—Lo sabía —rió—. Me estaba preguntando cuánto me dejarías odiar a Echo
antes de decirme que me calle. Miré tu reacción cuando Andris y Torin estaban
discutieron con él y cuando calentabas su mano. Estás muy enamorada de él.
—No, no lo estoy. Él es un arrogante sabelotodo, quien parece pensar que
puede hacer lo que quiera e irse solo porque... porque él es ardiente.
—Y estás muy enamorada de él —Raine añadió.
Suspiré. —¿Soy tan obvia?
—Sólo para mí. Y, en una escala de Drew a Eirik ¿Dónde se encuentra él?
—¿Te refieres a cuando él no está volviéndome loca y haciéndome querer
patearlo? —Raine sonrió, y sonreí—. Muy muy arriba de Eirik. Drew no cuenta.
—Aw. Pobre Eirik.
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—Me siento mal por él también, pero Echo me atrapó por sorpresa —
estacione el auto en el terreno de estacionamiento de la universidad y nos
acercamos al edificio Draper, en el complejo de recreación de deportes del
Walkersville—. No puedo evitar lo que siento.
—Lo sé. ¿A qué te referías cuando dijiste que te hizo runas para dormir?
Rápidamente le expliqué sobre Echo viniendo en la noche para mantener un
ojo en mí.
—Qué dulce. ¿Vas a perdonarlo?
—Eventualmente. Justo ahora, lo dejaré pasar. Él actuó como si lo hiriera,
cuando fue al revés. Estoy enojada y herida.
—No creo que te haga fácil el estar enojada con él ya que está aquí.
Seguí su mirada y suspiré. Echo nos miraba desde la entrada del edificio e
ignorando a los estudiantes del colegio que volteaban a mirarlo. Incluso los chicos
lo encontraban intrigante. ¿Y cómo no cuando él lucía como un ángel caído en su
ropa oscura, emplumado, y esos ojos inusuales?
—Por favor, no le menciones nuestra conversación —susurré.
Raine me lanzó una mirada molesta —¿En serio? ¿Realmente crees que lo
haría?
|
—Él puede ser muy encantador y persuasivo.
Raine volteó sus ojos.
Echo se enderezó cuando nos acercamos a la puerta, pero lo ignoré. Raine
ralentizó.
—Te veo después de la práctica, Raine.
Corrí adentro, casi empujando a los estudiantes. El edificio tendía a estar
ocupado a esta hora de la tarde. Les enseñe a las chicas de la recepción mi
credencial de la escuela y me agache dentro del vestidor. Los calentamientos ya
habían comenzado cuando entré a la piscina. El entrenador me saludo.
—¿Estás segura de que deberías nadar?
—Mi mano está sanando rápido —le mostré los hidrocoloides adhesivos—. El
doctor dice que esto debe mantener el agua fuera.
—Muy bien. Usa el cuarto carril y ven a verme después de la práctica.
—Bien —fui a mi carril y miré a las gradas a ver si Raine y Echo estaban ahí.
No estaban. Frunciendo el ceño me sumergí. Los calentamientos eran intensos,
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pero Doc los mantenía cortos. Él siempre nos hacía hacer la forma cónica antes de
cada junta. Como si nadar nos sacará los músculos, o quedar lastimados,
estaríamos en problemas. Cómo era, éramos los nadadores más veloces.
Nos alineamos para la carrera. Kicker estaba en el equipo del carril a mi
derecha. Ella guiñó. —¿Entonces todo ha terminado entre tú y el tipo ardiente del
abrigo?
Le lancé una mirada molesta. —Sí.
—¿Entonces por qué está aquí?
Seguí su mirada a las gradas, y mis ojos se cruzaron con los de Echo. ¿Dónde
estaba Raine? Casi perdí mi turno y me sumergí segundos después. Me empujé,
pateando y tirando, feliz como un payaso. Echo estaba aquí. Mirándome. Tal vez
escuche lo que tiene que decir.
Terminé la línea y me empujé fuera de la piscina.
Doc checó su cronómetro y levantó sus pulgares hacia mí. —Quiero ver ese
manejo mañana, Jeminson. Saliste al menos nueve décimas de segundo tarde.
Sonreí y miré a las gradas. Echo se levantó y mi estómago se revolvió.
Demonios. Él se iba. En vez de caminar fuera, caminó cerca de la piscina y se
volvió a sentar.
|
Sonriendo, volví a la práctica. Aún estaba ahí cuando terminé.
Doc se acercó a mí cuando terminó la práctica. Checó mi mano —¿Se quedó
ahí?
—Oh, sí —sacudí mis dedos—. Estaré aquí mañana.
—¿Cómo está Raine?
Me encogí de hombros. —Bien.
—¿Crees que volverá al equipo? Ella realmente nos serviría.
Raine estaba muy ocupada con sus actividades de después de la escuela para
nadar. —Puedo hablar con ella, pero no puedo prometerte nada. Su papá está algo
enfermo, y él es todo en lo que su familia se está enfocando justo ahora.
—Ya veo —dijo Doc, agachándose y tomando unos lentes que un nadador
dejó atrás.
—Como dije, hablaré con ella —lo dejé haciendo rondas, tomando lo que los
estudiantes habían dejado atrás. Puse mis cosas en una bolsa y desaparecí en las
regaderas.
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—¿Entonces ustedes dos han vuelto? —preguntó Kicker mientras nos
cambiábamos.
No entendía su obsesión con Echo. Por qué a ella le importaría sí volví con él
o no. —No.
—Quiero saber dónde compró su abrigo. Es exactamente parecida a la que
usaba el vocalista de la banda The Reapers.
—Oh, le preguntaré sí quieres.
Me levantó los pulgares y se fue con Naya. Terminé de vestirme y tomé mi
bolsa. Echo estaba parado junto a mi carro cuando entré en el aparcamiento, y no
estaba solo. Una chica hablaba con él.
El monstruo de ojos verdes sacó su fea cabeza de algún lugar muy dentro de
mí. Le peleé. Me reusó a ser una de esas chicas quienes se ponían celosas sólo
porque sus novios le decían hola a otra chica. No es que Echo fuera mi novio ni
nada de eso.
Él me vio y empezó a adelantarse, dejando a la chica completamente
olvidada. Ella lo miró y luego a mí, se encogió de hombros, y se alejó. El monstruo
se calmó.
Ralenticé el paso mientras se acercaba. —Aún no estoy lista para escuchar...
|
Puso sus brazos alrededor de mí y me acercó, bolsa de natación, cabello
mojado, y todo.
—Lo siento te herí, Cora —susurró—. No quería hacerlo. Hice todo a mi
manera de comportarme. Quiero una oportunidad de explicarte, y si decides no
volverme hablar de nuevo, lo entenderé completamente.
El timbre de su voz llenó mis sentidos de una manera tan encantadora que
temblé. El sonaba realmente arrepentido, y se sentía maravilloso estar entre sus
brazos. Era divertido ver lo cálido que era cuando no visitaba el Hel.
Se enderezó y estudió mi cara con gran intensidad, sus ojos ardiendo. —La
gema escondida debajo del vampírico exterior, excepto que estaba tratando con
dos mujeres diferentes. Sólo que tú eras la gema y ella la vampira —metió un
mechón de cabello húmedo detrás de mi oreja, mientras acunaba mi rostro. Paró,
cerró la mano y la dejó caer a su lado—. St. James estaba bien sobre mí. Uso a la
gente y la descarto cuando he terminado. Juego sucio y no me importa quien
quede lastimado mientras gano.
—Pero…
Puso un dedo en mis labios. —Déjame terminar. He hecho esto por siglos, y
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no creo que pueda cambiar. No soy bueno para nadie, menos para ti, Cara de
Muñeca.
—No digas eso —susurré.
Cerró sus ojos, luego continuó, su voz era de un triste rompecorazones. —No
voy a traerte nada que miseria y dolor de cabeza, Cora. Créeme. Sé de lo que
estoy hablando —abrió sus ojos y recorrió mis labios con su pulgar. Su cabeza se
inclinó como si fuera a besarme, pero dio un paso atrás, dejando caer su brazo—.
No debería siquiera tocarte. Vamos. Te escoltaré a casa. —abrió la puerta del carro
y me indicó que entrara.
Azoté la puerta. —¿A qué te refieres con que sabes de lo que hablas?
—No puede funcionar entre nosotros.
—¿Por qué no?
—Sabes por qué.
El dolor de la semana anterior regresó. Esta vez, era peor. —¿Porque no soy
Mallina? ¿No pienso como ella y sería fácil resultar herida por el gran Grimnir
malvado?
Suspiró —Esto no tiene nada que ver con ella. Por favor, entra al carro.
|
No me moví —¿Es nuestra diferencia de edades? Raine y Torin lo hacen
funcionar.
—Nuestra diferencia de edades no me importa. Eres mortal, Cora, yo soy un
Grimnir. Yo lidio con la muerte.
—Igual yo.
—No es lo mismo. Se supone que nuestros mundos no se mezclen.
—La mamá de Raine y su padre lo hicieron funcionar —dije.
—Y mira lo que le pasó a Raine y a él.
—¿A qué te refieres?
—Los Norns y las Valquirias, incluso los dioses, nunca olvidan. ¿Por qué crees
que su padre, un hombre que se cuida físicamente y mira que es lo que tiene que
comer, obtuvo cáncer a una edad temprana? Es lo que hacen los Norns. Odiaría
verte herida por culpa de mis decisiones.
Reí. —¿Odiarías verme herida? ¿Cómo llamas a lo que estás haciendo ahora,
Echo?
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—Hacer lo correcto.
—Para ti, no para mí —jalé la puerta del carro y me puse detrás del volante.
Él agarró la puerta antes de que la cerrara—. Déjame ir.
—Lo siento.
—Lo que sea que te deje dormir por la noche, amigo. —Encendí el auto y lo
puse en reversa, obligándolo a saltar hacia atrás. Se movió al otro lado del carro,
abrió la puerta, y se sentó a mi lado antes de que avanzara—. Fuera de mi auto,
Echo. Hagamos este rompimiento limpio.
—No puedo. Necesito explicarte por qué vine a tu cuarto esa primera noche.
—Eso se explica sólo —exclamé y golpeé el gas— Pensaste que era Maliina, y
viniste por un botín.
—No es cierto.
—Oh, por favor. ¿Te parezco estúpida? Yo estaba ahí. Prácticamente me
destrozaste.
Cerró sus ojos y suspiró. —Esa es la razón por la que estuve ahí, Cora, y sí
tenía que ver con ella.
|
Paré en la caseta del estacionamiento y le di al tipo el dinero exacto —No
quiero discutir sobre ella o esa noche, Echo.
—Entonces escucha.
—No creo querer hacer eso tampoco —herida por su actitud no podía pensar
bien, avancé y me detuve en el gas cuando la barra del estacionamiento se elevó.
Di vuelta en la esquina sin bajar la velocidad.
—Tal vez quieras bajar la velocidad antes de que un policía te vea —advirtió.
Odiaba que tuviera razón. Bajé la velocidad y tomé un respiro. Se había
terminado entre nosotros. Tenía que aceptarlo. Avanzar.
—Sobre esa noche, sabes…
—No. No creo que pueda recibir más confesiones de ti hoy. Por favor.
Sorpresivamente, se calmó. Me concentré en llegar a casa en una pieza.
¿Qué involucra el avanzar una vez que un chico te rechaza? ¿Salir con uno nuevo?
¿Olvidarse de salir y enfocarse en la escuela? No, no era buena sentándome y
cuidando mi orgullo. Necesitaba un nuevo novio. Alguien más ardiente que Echo.
Alguien que nunca me hiriera.
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—Aún necesitamos hablar —me recordó Echo cuando me estacione frente a
mi casa.
—No ahora —salté fuera del auto, él era más rápido. Bloqueó mi paso, sus
runas brillaban, la mirada de sus ojos rompía corazones.
—¿Puedo ir al piso de arriba, para terminar esta discusión?
Parpadeé —¿Hablas en serio?
—Sí —dijo—. Te esperaré en tu habitación hasta que estés lista para
escuchar.
—No, no te quiero en ningún lugar cerca de mí.
Hizo un gesto herido —Bien.
—Bien. Adiós —Caminé y no miré atrás.
Mis padres estaban en el piso de abajo, y las probabilidades de que ellos nos
hubieran visto hablar eran altas. Pero no dijeron nada. Fuimos a mi usual ritual de
después de la escuela, me preguntaron sobre la escuela y la práctica de natación,
les di unas respuestas vagas, tomé algo para comer y subí las escaleras.
|
Por primera vez, no busqué a Echo cuando entré al cuarto. Él estaba parado
junto al auto como si hubiera planeado quedarse ahí toda la noche, sus ojos en mi
ventana. Mi corazón se disparaba. Estúpido corazón.
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11. BUSCANDO A MALIINA
Echo aún estaba afuera cuando me fui a la cama, pero supe el momento
en que apareció en mi habitación. Ese conocimiento tensó mi espina dorsal.
Demasiado cansada para luchar, lo ignoré. O lo intenté. Sorprendentemente, me
quede dormida.
Se había ido a la mañana siguiente, las alfombras en la silla de indicaban
que él había dormido allí. Mamá ya estaba en la cocina, un abundante desayuno en
la estufa. Aún usaba su pijama y su cabello rubio canoso estaba revuelto por el
sueño. Fue mi primera reunión en semanas, y mi estómago se revolvió. Siempre me
ponía nerviosa antes de una reunión.
—¿No puedes comer? —preguntó mamá, colocando una bolsa de almuerzo
con mis suministros habituales de energía para nadar: plátano, barras de granola y
agua embotellada en el mostrador.
Ella me conocía demasiado bien. Renuncié a la pretensión de comer y baje
el tenedor. El clima tampoco ayudaba. Estaba lloviendo fuerte. La situación con
Echo y los Grimnirs hacía cosas peores.
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Mamá me dio un abrazo, y dejé que mi cabeza descansara sobre su
estómago y envolví mis brazos alrededor de su cintura. Necesitaba un momento
con mamá. Necesitaba sentirme querida.
—¿Vienes a la reunión? —Nunca antes se lo había pedido.
Ella se rió entre dientes. —Qué pregunta tan tonta. Por supuesto —Ella me
dio un beso en la coronilla de mi cabeza— ¿Cuándo inicia el calentamiento?
—Ocho —Miré mi reloj y suspiré— Será mejor que me prepare
—Y despertaré a tu papá. Tuvo una noche larga, pero está deseando verte
nadar. Estaremos allí antes de que la reunión comience —Sirvió una taza de café y
se detuvo en el proceso de salir de la cocina— Asegúrate de llevar extra…
—Gafas y gorras, los llevó, mamá —Le di otro abrazo, aparté mi plato, y me
lleve mi bolsa de suministros. Doc siempre proporcionada sándwiches y bebidas,
que nunca comí. Obtenían sus sandwiches de una tienda local, y odiaba la lechuga
y el pan que usaban. Si necesitaba más bocadillos, sabía exactamente dónde ir.
Esta era una reunión en casa, y sabía dónde estaban todas las máquinas
expendedoras del edificio.
Mi maleta lista, deslicé la capucha de mi impermeable sobre mi cabeza
y me apresuré hacia mi coche.
|
Echo no estaba allí. De alguna manera, esperaba que estuviera dentro
del auto. Ni Andris ni Torin me estaban esperando para escoltarme como lo habían
estado haciendo.
Aventé mi equipo en el asiento del copiloto y puse en marcha el motor.
Un escalofrío se recorrió mi piel cuando llegué al camino del Huerto. No
estaba sola, y no era Echo. Revisé el espejo retrovisor, pero no había nadie en el
asiento trasero. Mi cabeza giraba de izquierda a derecha, pero no podía ver nada.
Estaba lloviendo demasiado.
Entonces noté las vides a ambos lados de la carretera crujían en una
dirección como si algo invisible los estuviera direccionando.
Grimnirs en velocidad hiperactiva. ¡Mierda!
Busqué mi teléfono celular y pisé el acelerador.
Mi corazón latía con fuerza, mi mano temblaba tanto que casi no podía
marcar los números. Esperaba que en cualquier momento los Grimnirs golpearan el
auto y me aplastaran como un bicho. Raine no contestó su teléfono.
Grité algo al teléfono y lo dejé caer, mi mano volvió al volante. Los
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Grimnirs se quedaron conmigo, acercándose un poco más. Estaban ahora en la
hierba y los arbustos, mini tornados borrosos de Hel. Temblando, mi pecho dolía a
cada respiro, me pasé una señal de alto y entré en otra calle, las llantas chillaron.
Por suerte para mí, era sábado y el tráfico era inexistente. Y solo un tonto saldría
en este aguacero.
Una sombra apareció en la parte trasera de mi auto. No, no era una
sombra. Era el inicio de un portal. Uno de ellos estaba tratando de meterse dentro
de mi auto. Las palabras de Echo retumbaron en mi cabeza. No tenían problema
atacando a un Mortal.
¿Dónde estaba Echo? Me balancee deliberadamente, haciendo el
automóvil zigzaguear para evitar que se cree un portal. Mis ojos se movieron
rápidamente entre la carretera, los demonios de Tasmania irrumpiendo en mi
auto, y el espejo retrovisor. Mis ventanas están escarchadas y una corriente de aire
lleno mi coche. Mi conducción loca no los había detenido.
Un grito llenó mi auto.
No me di cuenta de que era mío, hasta que la voz de Echo me llegó desde el
asiento trasero. —Soy yo —dijo con calma— Para el coche.
Pisé los frenos. Los neumáticos chirriaron en señal de protesta, y las
ruedas traseras giraron y patinaron cuando el automóvil se desvió y giró hasta que
|
quedó mirando en dirección opuesta. Quedamos estáticos al lado de una señal de
“Alto” al lado de la carretera, casi aterrizando en una zanja. Frenéticamente
Busqué los cercos.
—Estás bien? —Preguntó Echo.
No. Abrí la boca, pero mis dientes castañeteaban, difícilmente podría
hablar. Se movió al asiento del copiloto.
—Vas a reabrir tu herida —advirtió, moviendo suavemente mis dedos desde
el volante. Estaba frío, su ropa, su piel, sus manos, pero esos brazos nunca se
sintieron más seguros o más cómodos como cuando me empujaron hacia su pecho.
Su cara, cuando la enterró en mi cuello, también era el ártico, pero lo acogí con
satisfacción.
Era familiar.
—Lo siento, no estuve aquí. Solo me fui por un momento y no pensé que
vendrían detrás de ti justo después de que me fuera. Afortunadamente, yo te oí.
No tenía sentido. ¿Cómo pudo haberme escuchado cuando nunca lo había
llamado? Pero su aliento era cálido en mi nuca. Otra cosa familiar. Los latidos de
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mi corazón se ralentizaron, y abrí mis ojos.
—¿Los... los detuviste? —pregunté.
—Se están ocupando de ellos.
—¿Quién? —Cuando la pregunta salió de mis labios, Torin apareció desde el
otro lado de la carretera y paseaba por la calle. La lluvia no pareció molestarlo. Él
usaba pantalones de chándal y su chaqueta de cuero solamente. Él también estaba
descalzo.
Torin abrió la puerta y se deslizó en el asiento trasero. —Los tenemos.
—Bueno. Estamos a mano —dijo Echo.
—No lo hice esto por ti.
—No importa. Tu deuda ha sido pagada —agregó Echo firmemente cuando la
otra puerta se abrió y Andris se unió a nosotros, con su pijama de seda pegada a su
cuerpo.
—¡Nieblas de Hel! Hace frío afuera —se quejó— La próxima vez que tengas
ganas de correr con Grimnirs, Mortal, asegúrate de que es de tarde o muy, muy
lejos de este estúpido estado y clima .
Echo se puso rígido.
|
—Me tengo que ir —murmuré— El calentamiento comenzará pronto.
—¿Hablas en serio? —Preguntó Andris— Después de ser perseguido por el
ejército privado de Hel, ¿Todavía quieres ir a esa estúpida reunión? —Echo gruñó—
Cállate, Andris. Le hablas así de nuevo y haré...
—¿Qué harás? —Preguntó Andris.
Torin agarró el hombro de Andris. —Cálmate, hermano.
—Deberías disculparte, no molestarme Valquiria —Echo advirtió— Te dije que
los Grimnirs estaban detrás ella.
—Excepto que no nos has dicho por qué —replicó Torin— Dos Grimnirs
muertos no te hacen inocente —Él usó un artavus para grabar runas en la puerta
del auto y apareció un portal. No vi hacia dónde conducía, pero tan pronto entró,
escuché la voz de Rain.
Andris nos miró y sonrió.
—Estás tentando mi paciencia, Valquiria —dijo Echo.
—Tomará mucho más que unos pocos Grimnirs muertos para convencernos
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de que has cambiado, Echo —replicó Andris.
—Lástima que no tengo ningún interés en convencerte de nada. Cora está en
este lío debido a tu decisión idiota. Sal de aquí antes de que olvide que ella me
necesita.
—¿Y…? —dijo bruscamente Andris.
—Déjalo en paz, Andris —interrumpí— Solo vete.
Una risilla escapó de Andris. —Quizás ustedes dos se merecen el uno al
otro —Creó su propio portal y se fue.
—Me defendiste —dijo Echo, su voz suavizándose, su aliento cálido en mi
nuca.
Me quedé mirando nuestras manos unidas. Sus manos grandes guardaban mis
manos más pequeñas. Ya no tenía frío. —Odio cuando te tratan así . Y no es culpa
de Andris que Maliina se haya convertido en una psicópata. Deberías cortarlo un
poco.
—Es un idiota. La convirtió usando sus artavus, después de que yo le advertí
que no lo hiciera.
|
—Estaba enamorado y cometió un error —Giré la cabeza y nuestras miradas
se encontraron. Sus ojos eran cálidos e hipnóticos. Quise agarrar su rostro y
besarlo, hacer que me quiera.
—¿Estás lo suficientemente caliente como para dejarme ir? —Le pregunté,
incluso aunque sabía la respuesta.
—Sí. ¿Estás lo suficientemente tranquila como para conducir? —Su voz se
había tornado vaporosa. Sexy.
—Estoy bien.
Él no se movió. Yo tampoco.
—Tu pobre mano —Sin romper el contacto visual, él llevó mi palma derecha
herida a sus labios y presionó un beso a la herida en curación. Me quedé sin
aliento. Sus ojos se posaron en mis labios.
Mis dientes se hundieron en la carne suave de mi labio inferior y él gimió.
Mis ojos volaron a los suyos. Contuve la respiración y esperé a ver qué iba a
hacer.
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—Cora — dijo.
La forma en que dijo mi nombre era una voz dolorosa de Te-quiero-besar-
tani-intensamente hizo que mi corazón saltara y el calor se desplegará en mi
estómago. —¿Sí?
—Conduce.
Parpadeé. —¿Qué?
—Arranca el auto —Hablaba con los dientes apretados, voz cortante.
—Pero…
—Ahora.
No tuvo que gruñir. Entendía. Él no me quería. Él estaba aquí para
protegerme Nada más. Nada menos.
—Lo entiendo —respondí, me alejé de él, metí la llave, y arrancó Se inclinó
hacia atrás y tomó su calidez con él. Gracioso, qué tan rápido pasó de frío a cálido
y a caliente.
Y no estaba hablando de su piel.
|
Enojada conmigo misma por bajar la guardia, me repetí a mí misma, él no
me quiere... él está aquí para protegerme... una y otra vez, hasta que entré en el
Boulevard de la Universidad.
Los autobuses escolares estaban en el estacionamiento fuera del edificio
Draper, pero los estudiantes ya estaban adentro. Eran las ocho y cuarto, y Doc
probablemente estaba pensando que me había perdido la reunión.
Aparqué y eché un vistazo a la parca melancólica en mi coche. Llamas de
oro saltaron a sus ojos, pero todo lo que dijo fue: — Vete. Voy justo detrás de ti.
Agarré mi bolso y me dirigí al edificio, no mirando hacia atrás hasta que
estuve adentro. Mi auto estaba visible, pero yo no podía decir si Echo todavía
estaba dentro. Tenerlo alrededor era frustrante y tranquilizador a la vez.
Él no me quiere. Él está aquí para protegerme. Me mantuve repitiendo eso
cuando me cambié y me dirigí a la piscina.
***
No vi a Echo en las gradas durante la reunión, pero sentí su presencia. Mamá
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y papá eran difíciles de perderse. Papá exclamó más fuerte que nadie, su voz me
siguió fuera de la piscina. — ¡Así se hace, Cora!
—¡Esa es mi chica!
Lo bueno fue que aplaudió igual de duro para los otros Troyanos. La mayoría
de nuestros estudiantes estaban acostumbrados a él y solo sonrieron. Otros incluso
saludaron. Tenía una gran base de seguidores locales en el Valle. No le llevó mucho
tiempo al equipo visitante conectarme con él. Lo miraron como si él estuviera loco
y luego sonrieron.
Cómo deseé que Raine todavía estuviera con el equipo. Sus padres habrían
sido tan malos como mi padre, y habríamos sufrido la vergüenza juntas.
—Por favor, ven a mi padre con las runas y hazlo invisible —le envie un
mensaje de texto a Raine.
—No creo que saber cómo —me respondió.
—Eres un vidente. Usa tus poderes.
—Estoy usando lo que sé para hacerme invisible, sabelotodo. Apesto.
—¿Por qué dices eso?
|
—El hombre de mi izquierda está sobre mí o algo así. Fue agradable para
ver a otros atrapar tus olas durante la última eliminatoria.
Eché un vistazo a las gradas, pero no vi a ningún ser brillante. — ¿Dónde
estás?
—El pasillo —Miré hacia la pared adyacente a las gradas. La pared de vidrio
del pasillo era otra área de visualización, a pesar de que no había asientos la vi y
casi la salude.
—¿Estás segura de que no quieres unirte a mis padres? Podrías calmar a
mi padre.
—Estoy a punto de irme. Solo quería asegurarme de que las cosas estaban
bien.
Se me cayó el estómago. —¿Están los Norns por aquí?
—LOL —escribió de regreso— No, gracias a Dios.
—¿Has visto a Echo?
—Brevemente cuando llegué aquí, pero ya se fue. Tengo que irme, Cora.
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—Tengo dos eliminatorias más. Nos vemos en tu casa más tarde.
Comienza a trabajar en mi alma perdida.
—Bueno. Tendré que escuchar más sobre el desastre de esta mañana,
también. Torin fue inexacto con los detalles.
—Gracias por enviarlos.
—Para eso están los amigos. Nos vemos —Desapareció de la ventana.
Guarde mi teléfono y volví a enfocarme en la reunión. Algunas veces, me encontré
buscando Echo, y cada vez quería abofetearme a mí misma.
Era todo entre nosotros.
Siete escuelas estaban en la reunión, la mayoría de ellos no eran rivales
para los campeonatos estatales. Era obvio que algunos vinieron por curiosidad de
ver la piscina donde el relámpago casi había diezmado nuestro equipo. Algunos
chicos de los otros equipos incluso preguntaron directamente cuál de nosotras era
la chica que había tenido la Premonición.
La reunión terminó a las dos. Terminamos con el segundo lugar, mientras
que los chicos en tercer lugar. La mayoría de nosotros mejoró en tiempo, por lo
que era todo bueno. En los vestuarios, me hicieron más preguntas sobre el Rayo
Trágico, como todo el mundo estaba llamando ahora, y obtuve muchas miradas
|
furtivas. Algún chismoso de mi equipo les había dicho que yo era la mejor amiga de
Raine.
Les mantuve una mirada seria a algunos, pero eso no los detuvo. No me
moleste en cambiarme, me puse mis pantalones deportivos y chaqueta, cogí mis
cosas y me fui.
Fuera, la lluvia se había detenido, pero el cielo estaba todavía nublado.
Kicker y sus mejores dúo dinámicos atrapados conmigo justo después de que
saliera del edificio. Habíamos ganado, y estaban eufóricas.
—Nos dirigimos a mi lugar para pasar el rato y ver grabaciones de
Supernatural —dijo kicker.
—¿Quieres venir?
Me encantó Supernatural, pero no tenía ganas de pasar el rato con ellas.
—No puedo. Estoy tan cansada que sólo quiero irme a casa y dormir.
Saludé a mis padres que me estaban esperando. —Si cambio de opinion, te
enviaré un mensaje de texto.
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Me apresuré a mis padres, mientras Kicker y las demás caminaban en la
dirección opuesta.
—Estuvieron increíbles —dijo papá, dándome un abrazo de oso.
Le envolví un brazo alrededor de la cintura. —Y gracias por avergonzarme
otra vez. Uno de estos días te echarán por ser demasiado ruidoso.
Papá se rió. —Que lo intenten. Es mi derecho apoyar a mi hija.
—Así que nos vemos en casa? —Mamá preguntó
—Más tarde. Le prometí a Raine que pasaría por donde ella para una visita.
—Busque a Echo.
—¿Cuándo vas a estar en casa? —Mamá preguntó.
Me encogí. Raine y yo teníamos planes. —No lo sé, mamá. Raine me va a
ayudar con mi tarea.
Me dieron más abrazos y se fueron.
Me dirigí a mi auto, lo desbloqueo cuando me acerqué. Corazón golpeando,
abrí la puerta y miró por dentro. Sin Echo. La decepción se asentó sobre mí.
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Odiaba cómo mis emociones estaban atadas a si estaba alrededor o no. De
alguna manera, eran lentas en entender lo que ya lo sabía. No era para mí.
Grimnirs no salían con los mortales.
—Me gusta tu padre.
Me giré alrededor, casi golpeando mi cabeza en la puerta. Echo se apoyaba
en el coche, los brazos cruzados y sus ojos en mis padres, que se estaban alejando.
Tenía runas sobre todo su cuerpo, así que sabía que no lo veían mientras
saludaban. Saludé de vuelta.
—No te vi dentro.
—Yo estaba por aquí. Vi tu reacción cuando terminaste y viste el tablero.
¿Cuántos segundos mejoraste? Me olvidé completamente de todo lo demás
mientras hablábamos.
Tomó el asiento del pasajero mientras me deslizaba detrás del volante. Aún
estábamos hablando de la reunión cuando me detuve fuera de la casa de Raine.
—¿Qué estamos haciendo aquí? —Echo preguntó.
Me encogí de hombros. —Voy a pasar el rato con Raine por el resto del día.
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Sus ojos se estrecharon. —¿Por qué?
—Porque no hay nada que hacer en mi casa, que sentarse alrededor y
esperar a que los Grimnirs ataquen.
Se rió entre dientes. —Esperaba que quisieras ir a comer o ver un película.
Mi corazón saltó a hacer algo con él. Para poder fingir que éramos normales,
actuar como la gente joven en una cita sería maravilloso. No, eso fue una mentira.
Sería terrible.
Me miraba como había hecho antes, como si no podía esperar a devorarme,
y luego a dar la vuelta. No era fuerte. Un rechazo más y me desmoronaría.
—No tengo hambre —dije— Y realmente creo que entre menos tiempo
pasamos juntos mejor es.
—Cora...
—De hecho, no necesito que me protejas aquí —continué rápidamente—
Estoy segura que Torin puede mantener un ojo en nosotras por el resto del día.
Echo sonrió. —Lo que digas,Cara de Muñeca.
Cogí mi bolsa de gimnasia y salí del auto, me siento mal por haberlo
rechazado. Pero era mejor así. Podía sentir sus ojos en mí. La piel de gallina se
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extendió a través de mí, pero el calor palpitaba en mis venas. Era peculiar la
forma en que reacciono cada vez que me mira. Caliente y frío. Enojada con él
todavía, queriendo empujarlo lejos, pero el anhelo de mantenerlo más cerca.
No mire atrás, aunque me moría de ganas. Raine abrió la puerta antes de
que tocara, y nos abrazamos. Se me cayó mi bolsa de gimnasia junto a la puerta.
—¿Dónde está Echo? —preguntó.
—Se fue.
Frunció el ceño. —Hmm. de acuerdo. ¿Cómo fue la reunión?
—Tenemos el segundo lugar. Los chicos tienen el tercero. —Sonidos vinieron
de la guarida, la nueva habitación de sus padres— Necesitamos más nadadores
serios. Doc incluso me preguntó si volverías al equipo.
Raine se rió. —¿Con todas las cosas que hago? Yo no lo creo.
La seguí hasta la cocina. —Me muero de hambre.
—Tenemos restos de salteado de anoche o un sándwich.
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—Salteado. Quiero algo caliente.
Me conseguí agua embotellada mientras ella calienta el salteado.
—Entonces, ¿Qué averiguaste sobre nuestra alma?
—Mucho. Su nombre es William ' Bill ' Burgess. Tuvo un ataque al corazón el
domingo pasado, mientras que iba camino a casa de un viaje de negocios. Estaba
conduciendo, el pobre. Ha sobrevivido a tres hijos mayores de un matrimonio
anterior y una hija adolescente, Victoria, de su segunda esposa, Clare.
—Clare Bear —susurré
—Correcto. Victoria Burgess está en nuestra escuela. —Raine colocó un tazón
humeante de aspecto delicioso delante de mí. —¿Quieres saber cómo lo hice?"
—De acuerdo, Sherlock. ¿Cómo? —Me dio un tenedor y giré el espagueti.
—Comencé con obituarios en línea para Bear. Comprobando Kayville luego el
condado. No había nadie con ese nombre que había murió en la última semana.
Volví semanas. Nada. Entonces lo hice por su descripción, estudié las imágenes en
su lugar y encontré fotografías de un joven y un viejo Burgess.
Había un montón de periódicos en el mostrador. Sacó el que está encima.
—Papá lee los periódicos de inicio a fin. Ya sabes, de por aburrimiento. Aquí
está William ' Bill ' Burgess. —Señaló a un artículo.
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Mostró una imagen del alma de la escuela y la historia
sobre el accidente. Lo miré mientras comía. —¿No dice donde viven?
—Newfort. Llamé a la Funeraria Defoe y fingí ser una vendedora
farmacéutica, una ex asociada del Sr. Burgess. Debo haber sido convincente
porque el director de la funeraria Director me dijo que la velorio fue el miércoles
por la noche y el funeral fue hace dos días.
¡Dang! Podríamos habernos mezclado con los huéspedes a su paso y deslizar
el sobre con la información de la caja de seguridad entre las tarjetas de pésame.
Raine frunció los labios en el pensamiento. —En realidad, esto podría ser
más fácil. El hombre era un vendedor. Podríamos decir que dejó caer el trozo de
papel cuando se detuvo en nuestra casa para vender sus productos y acabamos de
oír que había muerto.
Las ventajas de tener una mejor amiga brillante. Sonreí. —Me gusta.
¿Conseguiste la dirección?
—Oh, sí.
—Genial. Podemos irnos después de terminar de comer. Esto es realmente
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bueno. —La salsa de ajo era cremosa— ¿Lo hizo Torin?
—No. Uno de los platos especiales de Lavania.
—¿Qué hace ella cuando no trabaja contigo?
—Ella visita Asgard y prepará mis lecciones. —rodó sus ojos— A veces, me
pregunto acerca de esta cosa vidente. Todo lo que quiero ser es una Valquiria,
pero sigue diciendo que todavía no. Todavía no. No todavía. No me asusté todavía.
Tengo la sensación de que está recibiendo órdenes de alguien allá arriba.
—¿diosa Freya? —Le pregunté— Ella está a cargo de ese tipo de la magia,
¿Verdad?
Raine asintió con la cabeza, sonriendo. —Estoy tan feliz que puedo discutir
estas cosas contigo. Hablé con Lavania sobre tu problema de posesión y ella dijo
que debería ser capaz de ayudar cuando los chicos están alrededor. Utilizan su
artavo, como hizo Echo, y pueden llamar a las almas por sus nombres, mientras yo
uso encantamientos.
Hice una pausa en el proceso de poner un trozo de pollo en mi boca. —
¿Como Dean y Sam en Supernatural?
Ella se rió. —Sí, excepto que voy a usar el lenguaje antiguo.
—¿Qué es qué?
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—No sé. Nórdico viejo, supongo. Lavania da la información rara vez. Tal vez
Echo pueda saberlo. Deberías contactarlo. Podríamos necesitarlo cuando vayamos
al Hogar de los ciudadanos. Torin y Andris fueron segando. No sé dónde o cuándo
volverán. Puedo protegerte si somos atacadas, pero no soy tan hábil como los
chicos, por lo que podríamos salir heridas. ¿Qué? ¿Por qué me miras así?
—Yo tampoco sé dónde está Echo.
—¿Por qué no? ¿Cómo te puedes contactar con él cuando lo necesites?
—No lo se. Por lo general, él sólo, uh solo aparece.
Raine sonrió. —Torin, también. Él insiste en que puede sentir cuando lo
necesito. Obviamente es lo mismo contigo y Echo.
Eso sería genial. Si fueramos pareja. —No sé sobre eso.
—Lo viste después de la reunión?
—Sí —Me comí otro bocado— Él vino aquí conmigo.
—¿Y?
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—Lo dejé en el coche.
La mandíbula de Raine cayó. —¡Cora! Deberías haberlo invitado adentro.
—No sabía que Torin y Andris se habían ido. No creí que lo necesitábamos, y
él entendió. Algo así.
—¿Pelearon?
—No. Estamos en perfecto acuerdo sobre todo. Está aquí para protegerme.
Nada más. Nada menos.
Los ojos de Raine se estrecharon. —¿Qué? Así que, no vas a, ya sabes, estar
juntos?
—No. Es un Grimnir y yo soy mortal. Los dos no nos debemos mezclar.
Raine desapareció hacia la entrada principal, y me fui de vuelta a mi
comida. Sabía que ella fue afuera, y esperé a ver si volvería con Echo o no. La
puerta se abrió y la risa de Echo se desvió por dentro.
—¿Hambriento? —Raine preguntó, entrando en la casa.
La siguió por dentro. —Hambriento.
Nuestros ojos se conocieron. Miré hacia otro, sintiéndome un poco culpable
por dejarlo afuera. De acuerdo, no un poco.
|
—Haré un sándwich. —dijo Raine, abriendo la puerta de la refrigeradora—
Jamón, pechuga de pollo o carne de res.
—Sólo tira todo. No soy exigente. —Hizo una pausa en mi taburete— Hey
Cara de muñeca.
—No me llames así. —Tomó el taburete junto a la mía, frente a Raine de
espaldas al mostrador. Estaba tan cerca de su el muslo que me rozó la cadera.
—Te perdono —susurró.
—¿Por qué?
—Dejarme.
Hice una cara.
—¿Sintiéndote culpable todavía? —preguntó.
Lo estaba y él lo sabía. —No.
Se acercó, lo suficientemente cerca que podía contar su pestañas
ridículamente exuberantes. Me moví hacia atrás y se me cayó el brazo en mi
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regazo. Se rió entre dientes. —Entonces, ¿Cuál es el plan?
Negándome a jugar a sus juegos infantiles, me fui. Raine nos miraba con una
sonrisa divertida. —Voy arriba a cambiarme.
—¿Por? Te ves perfecta como estas. —dijo eco.
Lo ignoré, aunque el cumplido era agradable.
—Llámame cuando sea hora de irnos.
—Vamos a la casa de Burgess después de esto —Raine le dijo cuando me
alejé. —¿Recuerdas el alma que poseyó a Cora?
—Él está deseando no haberlo hecho —dijo Echo con una voz áspera.
—¿Qué quieres decir? —Oí a Raine preguntar.
—Hay una isla en Hel llamada Corpse Strand, donde las almas son sometidas
al dolor más atroz...
No escuché el resto de la respuesta de Echo. Agarré mi bolsa y desapareci
arriba. Echo estaba enojado con esa alma por nada. Burgess había preguntado si
estaba bien poseerme y estuve de acuerdo. Por supuesto, no tenía ni idea de lo
que estaba de acuerdo en ese momento. Echo y yo íbamos a tener una pequeña
charla sobre el tipo.
|
Arriba, reemplace mis pantalones de chándal con jeans ajustados,
mocasines y mi sudadera con una franela de manga larga. Rimel y el brillo labial
vinieron después. Estudié mi reflejo y suspiré. Mi pelo era un desastre. Semanas en
PMI significaba que tenía puntas abiertas serias. Suspirando, me lavé el pelo y
luego se deslice mi bolsa de artículos de tocador en mi bolsa de gimnasia.
Raine entró justo cuando terminé.
—¿Lista?
—Sí.
Ella recogió su brillo labial y lo aplicó, pero me estudió a través del espejo.
—¿Qué? —Le pregunté.
Negó con la cabeza. —Nada.
—Odio cuando me miras como si te estuvieras muriendo por decir algo, pero
no lo haces porque no quieres herir a mis sentimientos —Me frote la crema
hidratante en mis manos y esperé. No habló. —En serio, Raine. Dilo o..
—Bien —Terminó con el brillo y lo dejó.
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—Echo no es exactamente lo que esperaba".
Me prepare para defenderlo por si ella decía algo malo. —¿Qué quieres
decir?
—Es encantador.
Me relaje. —Él no es tan encantador.
Raine se rió. —Lo es y lo sabes. Sólo lo odias porque te toca a ti. Él hace lo
mismo con Andris y Torin. ¿Sabes dónde estaba la semana pasada?
—Realmente no me importa.
—Estaba buscando a Maliina.
—¿Por qué?
—Le pregunté, y él sólo sonrió. Debes preguntarle.
Sí. Correcto. Empezaremos abajo. —¿Dónde está?
—En el coche. Insistió. Ve y hazle compañía antes de que Cara de Pasa
Rutledge decide llamar a la policía. Ella estaba mirándolo desde la seguridad de su
cortina como si estuviera a punto de sacarnos.
|
Me encantaría hacerle una runa a la señora Rutledge. Ella tenía una cosa
contra los adolescentes. ¿O eran mujeres más jóvenes? Tenía la sensación de que
había nunca le gustó la madre de Raine tampoco. —De acuerdo, estaré en el auto.
—No pelees con él —advirtió Raine.
Le saque la lengua antes de cerrar la puerta.
La señora Rutledge me miró desde detrás de su cortina. La salude y le di una
gran sonrisa. Las cortinas cayeron hacia atrás. Una ráfaga de frío me golpeó
cuando abrí la puerta del coche, y esperaba ver un portal a la sala de Hel en la
parte trasera de mi coche otra vez. En su lugar, Echo se sentó en él, de nuevo
como si no se hubiera ido, el asiento delantero plegado para dar su piernas largas
más espacio. Recuerdos de la última vez que habíamos doblado que asiento tenía
mi pulso saltando. Su sándwich no comido y la agua embotellada estaba en el
asiento a su lado.
Me deslicé detrás del volante, y nuestros ojos se reunieron en el espejo
retrovisor.
—No vas a unirse a mí de nuevo aquí —preguntó con picardía, el timbre de su
voz pecaminosamente sexy.
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—No.
—Pero necesito tu calidez y dulzura.
¿Dulzura? Me encogí. —No soy dulce.
Fingió pensar en ello. —No, no lo eres. He visto tus entradas del Vlog y las
actualizaciones de las redes sociales. Eres ardiente. —Me dio una sonrisa lenta—
Hace que tu dulzura, cuando eliges mostrarla, sea aún más especial. Por favor,
vuelve aquí, Cora. —Le dio unas palmaditas en el asiento a su lado.
—Acabo de volver de la sala de Hel y te necesito.
—Ayer por la noche, estuvimos de acuerdo en que mantendría nuestra
distancia —le recordé
—¿Lo hicimos? Dijiste muchas cosas anoche y no me diste la oportunidad de
responder. Quiero que seamos amigos, Cara de Muñeca.
¿Amigos? ¿Estaba loco? No podría ser amiga de un tipo que quería golpear un
minuto y besar al siguiente. —Claro, Echo. Podemos ser amigos. Empezando por no
llamarme Cara de Muñeca.
—Maliina odiaba ese nombre, también.
—Oh. Entonces me gusta.
|
No me di cuenta de que había hablado en voz alta hasta que se rió. —Así que
ven aquí y calienta a un amigo frío, y miserable. —me dio una mirada falsa de
cachorro perdido— ¿Por favor?
Parte de mí quería ignorarlo. Debería, pero tenía preguntas. Era un poco
más fresco dentro del coche, por lo que realmente podría necesitarme. Le toqué la
capucha. Estaba frío.
—¿Que solía calentarte antes de mí?
Él sonrió. —No quieres que yo responda a esa pregunta.
Probablemente mujeres mortales. —¿Por qué fuiste a la sala de Hel de todos
modos?
—Para comprobar si sabían que faltaban dos Grimnirs más.
Registré antes y durante su reunión, pero no sabían nada entonces. Ahora lo
hacen. Extendió su mano hacia mí. por favor.
Arranque el coche y encendí la calefacción. —Listo. ¿Qué hicieron Torin y
Andris con los cuerpos de los Grimnirs? Quiero decir, no sólo los van a dejar en el
viñedo.
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Echo se encogió. —Estoy seguro de que se ocuparon de ellos. En cuanto a ti,
estás desarrollando una gran reputación.
—¿Yo? ¿Por qué?
—Todo el mundo piensa que eres la que los está sacando.
Fruncí las cejas. —¿No te refieres a Maliina?
Se frotó las manos y sopló en ellas. Suspirando, Salí del coche, ignoré a la
bruja espiando a través de la cortina y me deslicé a su lado. Él se movió para crear
más espacio para mí, envolviendo sus brazos a mi alrededor, y dejó caer su mejilla
en mi cuello. Estaba muy frío.
Frotó sus manos. Soy una idiota. —¿Por qué todavía piensan que soy Maliina?
¿No les dijiste la verdad?
—No —Su aliento se burlaba de mi oreja, y mi cuerpo respondió.
Me inquietaba. —¿Por qué no?
—Tengo un plan —dijo— Recuerda que te dije ayer que hay una razón por la
que vine a su lugar la primera noche. Si estás lista para escuchar esa historia,
Avísame. Pero tú debes saber que, para los Grimnirs, eres un medio para un fin, es
|
decir, darle a la diosa lo que quiere. Tan pronto como encuentre Maliina, arreglaré
este lío y estarás a salvo.
Aún no quería hablar de Maliina. —Así que nadie sabe sobre ti, Torin, y
Andris hiriendo a Grimnirs?
—No. Me he asegurado de que los Grimnirs que vinieron por ti no se
reportaron a la diosa. Si no, estarían en el tope de lista también.
Yo era el objetivo. Me temblaba. Al menos él y los otros estaban a salvo.
—Oye —Echo levantó la barbilla— no te van a atrapar mientras estoy
alrededor.
Mirando a sus hermosos ojos me recordó por qué acepté calentarlo. Él era
irresistible cuando se volvió en Modo-Encanto. Y no importa lo mucho que quería
fingir que las cosas había terminado entre nosotros, no era así. Lo vi en sus ojos.
Sentí el fuerte golpeo de su corazón y el cambio en su respiración. Mis manos se
apretaron alrededor de la suya.
—Cora —susurró. Su cabeza comenzó un descenso lento, y mi aliento quedó
atrapado en mi garganta. Quería besarlo tanto que me dolió. Pero no. No quería
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invitar más angustia. Tal vez es hora de hablar de la inmortal que me jodió.
Giré mi cabeza. —¿Sabes dónde está Maliina escondida?
Hubo silencio. Le lancé una mirada y me atrapo con sus mirada caliente
antes de que la protegiera con sus pestañas.
—No. He comprobado la mayoría de los reinos, excepto Muspell y Asgard.
Soy una persona no grata en Asgard, así que Torin y Andris están revisando allí
ahora. Si no está, está con las Norns en Muspell.
Me frunció el ceño. —¿No viven los Norns en Asgard?
—Los buenos lo hacen. Los malvados están en Muspell, la tierra de los
demonios y gigantes de fuego. Nunca nadie ha ido allí y regresó para hablar de
ello.
—Entonces, ¿Qué vamos a hacer? No puedo ser perseguida por Grimnirs para
siempre .
—No lo harás. Pronto se enterará de cómo está siendo culpa de la
desaparición de Grimnirs y saldrá de donde se esté escondiendo. Nadie quiere
cabrear a Hel. Maliina ya lo hizo por no entregar Eirik. Matar a Grimnirs la hará la
más mujer buscada en la historia.
|
—Mientras tanto, su pueblo seguirá pensando que soy Maliina y seguir
viniendo después de mí. —Suspire— Debe haber una manera de obligarla a salir de
la clandestinidad.
—Ella podría ayudar. —Miré afuera, y seguí su Mirada. Raine estaba
caminando hacia nosotros.
Me fruncí el ceño. —¿Raine?
—Ella es una vidente de gran alcance, y sus poderes están atados a las
Norns. Ella puede convocarlas, escucharlas, y cuando sea posible, ver lo que ven.
Yikes. No es de extrañar que la quieren.
Raine abrió la puerta del pasajero delantero y se asomó a nosotros,
sonriendo. —¿Acogedor?
—No —le dije.
—Sí —dijo Echo al mismo tiempo.
—¿Crees que ustedes pueden ir sin mí? Mamá necesita mi ayuda con algo.
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Me movía de los brazos de Echo y salí del auto. —¿Es tu papá? ¿Está bien?
Raine suspiró. —Hoy ha sido duro para él, por lo que necesidad de sentarse
con él.
Echó un vistazo a Echo, que había salido del coche y estaba caminando hacia
la puerta del pasajero delantero. —¿Seguimos yendo a tu casa más tarde?
—Sí.
—Entonces recogerme cuando termines con los ciudadanos.
—Buena suerte. —Ella saludó a Echo— Cuida bien de ella.
Él le dio una sonrisa. —Planeo hacerlo.
El intercambio entre ellos tenía matices extraños que no me sorprendió.
Raine acababa de mentirme, su cara girando roja. Raine Cooper no podía mentir si
una vida dependiera de ello.
—¿Cuánto tiempo crees que tiene el Sr. C? —Le pregunté a medida que
tiraba
fuera.
Echo se detuvo en el proceso de morder su sándwich y frunció. —¿Sr. C?"
—El padre de Raine.
|
—No sé. De hecho me sorprende que siga vivo.
Algo le impide morir. No sonaba preocupado
—Amor.
Echo se rió entre dientes. —Norns.
—¿Qué ganarían al prevenir su muerte?
—Esa es la pregunta, ¿No? Norns están torcidos. Es por eso que no me gusta
tratar con ellos.
Él tomó un bocado de su sándwich y mastico con gusto. —Entonces, ¿Qué vas
a decirle a la familia Burgess?
—No lo sé todavía. —Cuanto más cerca estoy de Newfort, más nerviosa me
pongo. Tal vez no fue una buena idea.
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12. RESPUESTAS
Newfort estaba a media hora en auto desde Kayville. Se consideraba una
ciudad, aunque tenía una farola y una escuela primaria. La mayoría de sus hijos
asistieron a la escuela secundaria y preparatoria en Kayville. La Funeraria Defoe
servía a varias ciudades, por lo que no era sorprendente que la familia la hubiera
utilizado para el velatorio.
—Gira a la izquierda en la próxima señal de alto —dijo Echo. Su brazo
descansaba en el respaldo de mi asiento y un leve tirón de mi cabello me dijo que
estaba jugando con él. ¿Cuánto tiempo había estado haciendo eso?
—Ojos en el camino, cariño. Gira a la izquierda hacia arriba.
Seguí sus instrucciones. Para cuando me detuve frente a un bungalow
amarillo con un porche envolvente y una cerca blanca, él me acariciaba el pelo.
—Estarás bien —dijo tranquilizador.
Solté un suspiro y alcancé su mano por encima de mi hombro. ¿Cómo habría
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sabido que estaba haciendo hincapié en la reunión? Ojalá Raine hubiese venido con
nosotros. Ella era buena en este tipo de cosas. Cuando el resto del equipo de
natación se negó a ofrecerse como voluntario para pronunciar un panegírico
después de la muerte de uno de nuestros nadadores, Raine fue la única que había
dado un paso al frente.
—¿Quieres que lo haga? —Preguntó Echo.
Ojalá pudiera dejarlo hacerlo, pero este era mi problema. Si confiaba en él,
pero si lo dejaba hacerlo nunca me enfrentaría a parientes de las almas a las que
estaba tratando de ayudar. —Gracias, pero creo que puedo hacerlo.
Solté la mano de Echo y salí del auto. Agarrando el sobre, me dirigí al frente
de la casa, llamé al timbre y esperé. Cuando nadie respondió, miré hacia el
automóvil y encontré a Echo apoyado contra él, con los brazos cruzados, los ojos
vigilantes. Parecía relajado, pero sabía que estaría a mi lado en segundos si
estuviera en peligro.
Presioné el timbre de nuevo.
La puerta se abrió y Victoria Burgess, la chica de mi escuela, me miró con
ojos perplejos. —¿Cora? —Preguntó, frunciendo el ceño.
Sonreí. —Oye, Victoria.
Salió, cerró la puerta y se cruzó de brazos. —¿Qué estás haciendo aquí?
|
—¿Esperaba poder hablar con tu madre? —Resultó ser una pregunta, una
señal reveladora de que estaba nerviosa.
—Oh —Miró hacia mi auto— ¿Por qué?
Seguí su mirada hacia Echo. Él sonrió. Fue tranquilizador.
—Tengo algo para ella, pero prefiero dárselo en persona —Levanté el sobre.
Estudió el sobre, pero no parecía ansiosa por invitarme a entrar. —Mi madre
está sufriendo en este momento, así que si esto es por la escuela …
—No, no lo es.
La puerta se abrió detrás de ella y un hombre mayor y viejo me miró.
Parecía desgastado. —Vicky, ¿Qué está pasando aquí? ¿Quién es esta linda chica?
—Es amiga de la escuela, tío Reed —Una vez más, miró detrás de mí.
—¿Y quién eres? —Preguntó su tío, siguiendo su mirada.
—Echo —Sonó cerca. Una mirada sobre mi hombro y lo vi haciendo guardia
detrás de mí.
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El tío Reed dejó escapar un fuerte eructo. —¿Qué clase de nombre es Echo?
—De la clase que una madre le da a un hijo que es tan rápido que nadie
puede verlo venir o irse —dijo Echo— Todo lo que escuchas es un eco.
—Es un nombre estúpido. Entonces, ¿Eres rápido en tus pies o con tu puño?
Hubo un silencio, pero sentí el cambio en el aire detrás de mí.
—Haces preguntas estúpidas —dijo Echo, enunciando sus palabras.
—Y eres demasiado inteligente, chico —El tío de Vicky lo miró. Era alto y
fornido, parecía que podía romper la columna vertebral de Echo por la mitad, pero
sabía que Eco podría herirlo de un solo golpe.
Di un paso atrás hasta que mi espalda tocó a Echo. Extendí la mano hacia mí
y le tomé la mano antes de que él hiciera algo que los dos lamentaríamos. Mis ojos
fueron hacia Vicky. —Tal vez volveremos en otro momento, Vicky.
—Sí, hazlo —dijo su tío.
Vicky cerró los ojos y suspiró. —Está bien. Ven por aquí.
Ella nos llevó lejos de la puerta de entrada, a lo largo del porche envolvente
a la parte posterior, y en la cocina. Varios adultos y niños fueron visibles a través
|
de una puerta que conducía a su sala de estar. Por el sonido del comentarista
deportivo, estaban viendo un partido de fútbol en la televisión.
Una vez más, los ojos de Victoria se dirigieron al sobre en mi mano. —Espera
aquí.
Echo y yo nos paramos torpemente en la pequeña cocina. No era de extrañar
que Victoria pareciera reacia a invitarnos a entrar. El sitio era un desastre.
—¿Fue eso cierto lo que dijiste sobre tu madre? —Le pregunté.
Echo sonrió. —Nah. Cuando vivíamos en el bosque, a veces nos quedábamos
sin comida y teníamos que visitar pueblos cercanos en la oscuridad de la noche
para robar. Tuvimos que ser rápidos.
Lo miré con los ojos muy abiertos. —¿Tú robaste?
—Día y noche. Cuando crecí, mi rutina cambió. Un pequeño encanto va un
largo camino con las damas, especialmente las más ricas.
Apuesto a que tampoco podían resistirlo. Traté de imaginarlo en una
sociedad romana, usando toga y túnica, y sonreí. Echo no era un conformista.
Probablemente se vistió como su maestro druida sacerdotal para cabrear a los
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romanos.
—Entonces, ¿Por qué te llamas Echo?
—Me llamaron Eocho. Después de convertirme en Valkiria y decidí ayudar a
mi gente, lo cambié a Echo. Porque eso es todo lo que escucharon los romanos
cada vez que les hacía una visita.
¿Podría ser más fascinante? Victoria entró en la cocina y dejé de mirar a
Echo a los ojos como una idiota embrutecida.
—Ven conmigo. Solo Cora —agregó.
—Estaré bien —le aseguré a Echo. Desenrede nuestros dedos entrelazados
luego seguí a Vicky. No se veía feliz quedándose atrás.
Vicky me llevó a una habitación de tamaño mediano con cortinas corridas.
Una lámpara de noche estaba encendida. Su madre se sentó en la cama con
almohadas apiladas detrás de ella. De su rostro destrozado, ella debe haber estado
llorando por días.
—Señora. Burgess, lo siento por tu pérdida —comencé.
Ella asintió, se sonó la nariz con un pañuelo y la arrugó. —¿Vas a la escuela
con mi Vicky?
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Me acerqué. —Sí, señora. Mi nombre es Cora Jemison.
Ella me dio una sonrisa temblorosa. —¿Qué puedo hacer por ti, Cora?
Ahora que estaba frente a ella, la mentira que Raine había encontrado
parecía tan poco convincente. Me apresuré a encontrar una mejor explicación. —
Uh, el fin de semana pasado, estaba en un restaurante al otro lado de la calle
cuando un hombre salió de Key Bank y dejó caer un pedazo de papel en el suelo.
Para cuando lo recogí, él ya no estaba. No supe qué hacer con él hasta que me
enteré del accidente y me di cuenta de que el hombre era su marido.
Sus ojos se dirigieron al sobre, así que se lo di. La abrió y buscó
ansiosamente la hoja de papel. Ella lo leyó y frunció el ceño.
—Esta es la letra de mi Bill. A él le gusta... Le gustaba enviar tarjetas de
felicitación a casa cuando estaba en el camino —Hizo un gesto hacia una pila de
tarjetas— Pero no entiendo lo que significan estas palabras y letras —dijo.
Me acerqué. —No estaba segura de lo que significaban tampoco, pero creo
que estas iniciales, KB, significan Key Bank, porque dejó la de Main Street cuando
dejó caer los papeles. Los números deben ser para una caja de seguridad, porque
están escritos al lado de SDB. Y escribió Clare Bear una y otra vez y PW.
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Probablemente sea la contraseña para la caja fuerte.
Ella me estudió como si me hubiera transformado en un psicópata. Entonces
ella suspiró. Reconocí la mirada en su rostro. Algunas enfermeras de PMI mirarían
pacientes así.
—Clare Bear era tu apodo, ¿Verdad? —Pregunté, desesperada por
convencerla.
—Sí —Ella sonrió de nuevo— Gracias por traer esto, pero no sé cómo llegaron
a estas conclusiones sobre una caja de seguridad. Mi Bill no podría haber alquilado
una caja de seguridad sin discutirlo primero conmigo.
Ella no creía todo lo que le dije. —¿Al menos verificará en el banco para ver
si estoy en lo cierto?
—Lo haré querida. Gracias. —Sonrió, deslizándose más abajo para descansar
su cabeza sobre las almohadas— ¿Podrías cerrar la puerta detrás de ti y enviarme a
mi hija?
Ella no me creyó. ¿Qué había esperado? Salí de la habitación, casi
tropezándome con Vicky. —Ella quiere verte.
—He oído. También escuché por casualidad lo que le dijiste. Si papá abrió
una cuenta… —echó un vistazo hacia la habitación— Espérame afuera —susurró.
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Mientras ella desapareció dentro de la habitación de su madre, volví
rápidamente a la cocina y prácticamente saqué a Echo de allí.
—Ella no me creyó. Quiero decir, ella me miró como si estuviera loca. Me
miraba como si estuviera loca. ¿Qué estaba pensando?
—¡Whoa! —Echo se agarró a mis brazos y me giró para enfrentarlo— No te
rindas tan pronto. Si ella no lo mira, no será tu culpa. Has hecho tu parte.
—Y haré lo mío —dijo Vicky, caminando hacia nosotros— Dime otra vez lo
que le dijiste a mi madre.
Rápidamente revisé mi mentira y lo que había en el papel mientras
caminábamos hacia el automóvil. —Sé que puede sonar descabellado, pero sé lo
que significan las iniciales.
Al menos, Victoria no me miró como si hubiera perdido mis canicas. —Pasaré
por el banco el lunes, así que gracias por traer la nota.
Me encogí de hombros como si nada. Luego me deslicé detrás del volante.
—Sabes que no hay restaurante o cafetería al otro lado de la calle de Key
Bank —dijo Echo mientras Victoria regresaba a su casa.
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—¿Estás seguro?
Él sonrió. —Soy un segador, cara de muñeca. Conozco todas las ciudades,
pueblos, granjas, carreteras y caminos secundarios en este ámbito. Una vez que
encuentre lo que haya escondido su padre en esa caja de seguridad, a ella no le
importará tu intrincada mentira.
—Oh, apesto con las mentiras —Dejé caer la cabeza sobre el volante.
—Soy un experto. La próxima vez, déjame pensar en una.
¿La próxima vez? Lo miré y negué con la cabeza. —No sé si quiero volver a
hacerlo. Fue horrible. Su madre me miró como si hubiera perdido la cabeza. Tal
vez debería decirles que puedo comunicarme con las personas muertas.
Echo se rió entre dientes, pero no dijo nada.
—¿No vas a decir nada? —Le pregunté.
—No.
—¿Estoy haciendo lo correcto al dejarlo?
—¿Estás renunciando?
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Él no fue de ayuda. —Que buen amigo que eres —Inicié el auto— Necesito
pensar.
—Bueno. ¿Podemos parar por el yogurt congelado de Kip mientras piensas?
—¿Por qué?
—Porque necesito alimentar mi estomago y te niegas a almorzar conmigo.
—¿Qué tienen que ver tus antojos con el almuerzo?
—Tenía planeado llevarte a este increíble restaurante italiano que sirve el
mejor ge…
—No hay heladerías en Kayville.
Él sonrió. —¿Quién dijo que el restaurante estaba en Kayville?
—Está bien, iremos a Kip's con una condición —le dije.
—De acuerdo.
—No sabes lo que quiero todavía.
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—Hacer que aceptes cualquier cosa es un paso adelante, así que estoy
siendo generoso.
No por mucho tiempo. —Bueno. Elimina el alma de Burgess de Isla Tortura y
ponlo con el público en general en Hel. No merece ser torturado cuando yo fui
quien le dio la luz verde para poseerme. Y si no lo hubiera hecho, nunca hubiera
sabido cómo ayudarlo.
Echo se rió entre dientes. Ese sonido sexy nunca dejó de causar escalofríos
en mi espina dorsal.
—Un alma para el yogurt congelado, ¿Eh?
—Entonces, ¿Lo harás? —Le pregunté.
—Para ti, seguro. Y se llama Corpse Strand, o Naastrand, no Isla Tortura.
—¿No es una isla donde las almas son torturadas?
—Sí.
—Entonces es Isla Tortura.
Una vez que llegué a Main Street, me dirigí hacia el norte, giré a la luz en la
5th North y me detuve en la de Kip. El lugar estaba lleno.
—Vamos. Mi regalo —Echo saltó y me miró expectante.
|
Eché un vistazo a la concurrida tienda. Esta cosa de amistad simplemente no
funcionó para mí. Entendí y acepté que tenía que protegerme. Sabía que tenía que
estar cerca, pero hacer cosas como esta juntas no era inteligente.
Mi puerta se abrió, y Echo me ofreció su mano. —¿Por favor?
—Puedo esperarte aquí…
Se puso en cuclillas y me estudió. —¿Qué pasa, Cara de Muñeca? ¿He hecho o
dicho algo para lastimarte? Dime y lo arreglaré. Quiero que esta amistad funcione.
¿Cómo podría estar tan ciego? Yo quería gritarle. Sacudirlo. Pero una mirada
a sus preciosos ojos de lobo y mi renuencia se desvanecieron. Argh, no jugó limpio.
—No es nada. Solo estoy cansada. Ya sabes, el encuentro de natación y el fiasco en
Victoria's.
Extendió la mano y pasó sus nudillos por mi mejilla. Luego empujó un
mechón de cabello detrás de mi oreja. —Te llevaré a casa.
—No. Entramos, obtienes tu yogurt y nos vamos. No nos quedamos.
Las comisuras de sus labios se levantaron en una sonrisa irresistible y sexy.
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—Bueno. Comeremos en el auto —Se puso de pie y sostuvo la puerta.
—Obtienes algo, también.
No me molesté en discutir. Él ganaría de todos modos. Agarró mi mano
mientras cruzábamos la calle. Ojos nos siguieron adentro. Las mesas y los
mostradores que bordeaban las paredes estaban todos ocupados, pero mis ojos
encontraron a Drew, Pia y Leigh. La cuarta persona en su mesa nos daba la
espalda, pero había algo familiar en el ondulado cabello castaño.
El silencio cayó en la habitación ya que la mayoría de ellos, la mayoría
niñas, olvidaron sus delicias congeladas y se miraron. Echo parecía ajeno a la
atención que estaba recibiendo. Volvía a usar pantalones de cuero, un suéter gris
oscuro debajo de su abrigo y botas. Su barbilla estaba sin afeitar, y su cabello
desordenado como si hubiera pasado los dedos por él. Se destacó sin importar lo
que vistiera.
Él me llevó al área de tazas y seleccionó la más grande. Elegí uno más
pequeño y lo acuné con mi mano derecha lesionada. Los dispensadores de yogurt
de acero inoxidable cubrieron una pared mientras que los ingredientes fueron
hechos por el cajero.
Se movió detrás de mí, su mano descansando en mi cadera. —¿Cuál es tu
sabor favorito?
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—Delicioso limón —le dije, tratando de advertir a mi corazón que se
comportara. Estar tan cerca de él realmente causó estragos en mi cabeza.
—Probé tres o cuatro sabores nuevos cada vez y los mezclé. Deberías
probarlo alguna vez.
—No, gracias. Una vez que encuentro algo que amo, me apego a él.
Bajó la cabeza y susurró: —Vive un poco, Cara de Muñeca. Incluso te dejaré
elegir los sabores para mí.
—¿Cora?
Me volví, y mis ojos se abrieron. —¿Blaine? ¿Qué estás haciendo aquí?
Blaine Chapman había sido el mariscal de campo antes de que Torin se
hiciera cargo. Raine dijo que su familia se había mudado. Él mostró su famosa
sonrisa de Sé que estoy caliente.
—He vuelto —dijo— El equipo necesita que los lleve al estado.
Me reí. —Tenemos un mariscal de campo.
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—St. James es demasiado raro. Ayer despegó en medio de la práctica. Hoy,
él ni siquiera apareció. El entrenador Higgins cree que podría desaparecer durante
un juego, por lo que llamó a mis padres y dijeron que estaba bien. ¿Dónde está mi
abrazo?
Ignoró a Echo y me dio un abrazo. Un abrazo largo, que no tenía sentido
porque él y yo nunca habíamos estado tan cerca. Antes de que su familia se
mudara, él había estado saliendo con Casey Riverside. Antes de Raine y Torin, él y
Casey había sido la pareja perfecta de Kayville High.
Me sacudí de sus brazos, ya que no parecía querer soltarme, retrocedí y
encontré una pared dura e inmóvil. Echo. Su mano serpenteó alrededor de mi
cintura, anclándome a él. Quería recostarme y saborear su tacto, pero no me
atrevía a bajar la guardia.
Miré sobre mi hombro y gemí. Sus ojos se estrecharon en Blaine como si
quisiera chasquear la cabeza. Lo último que necesitaba era que Echo fuera
psicótico con un humano por mi culpa. Pero me dio esperanza. Tal vez había
esperanza para nosotros.
—Uh, Blaine, este es…
—Echo —dijo Blaine, la sonrisa desapareció de sus ojos de topacio— Nos
hemos encontrado.
—Piérdete, Chapman —dijo Echo.
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—Cora y yo somos viejos amigos, segador —dijo Blaine, mirando hacia mí.
—¿Podemos conectarnos más tarde? Necesito ejecutar algo por ti.
—Uh, seguro. Envíame un mensaje de texto primero —¿Blaine también era
una Valquiria? ¿Y por qué estaba actuando como si fuéramos cercanos? Podríamos
haber salido un par de veces, pero él nunca tuvo ojos para nadie excepto para
Casey— Y, perdón por Casey.
La ira brilló en sus ojos. —Sí, ella no necesitaba morir.
Él asintió y volvió a unirse a Drew y los demás.
Fue mi culpa que Torin se haya perdido la práctica el viernes y hoy. ¿Cómo
podría el entrenador llamar a Blaine después de todo lo que Torin había hecho por
el equipo?
—¿Qué tan bien lo conoces? —Preguntó Echo.
—Obviamente no lo suficientemente bien. Fue mariscal de campo antes que
Torin, y su novia, Casey, murió durante el último partido en casa. Parece que lo
conoces bien.
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—Nuestros caminos se han cruzado. Viene de una larga línea de Inmortales, y
como ellos, él piensa que es mejor que nosotros porque sirve a los dioses.
Entonces Blaine era un Inmortal. Explicaba su destreza en los deportes.
Intenté alejarme del brazo de Echo, pero él se negó a dejarme ir.
—¿Qué estás haciendo? —Susurré.
—Manteniéndote cerca. Elegiré los sabores y presionarás los botones.
Estaba cada vez más impaciente con su comportamiento. Peor aún, sabía
que estaba haciendo esto por culpa de Blaine. —No necesitas abrazarme para eso.
Bajó la cabeza y su mejilla rozó la mía. —Pero yo si. Me gusta tenerte. Eres
mi cuddlebunny 3.
En lugar de causar una escena, me rendí y presioné los botones de
dispensación. Cuando llegamos a los ingredientes, elegí frutas (fresas y arándanos),
mientras él amontonaba caramelos, ositos de goma y desmenuzaba Oreos sobre los
suyos.
—Eres muy goloso —dije.
3
Cuddlebunny: conejo para acurrucarse.
|
—Culpable. —Se rió entre dientes, pero parecía distraído. Pesamos las tazas,
pagamos y nos dirigimos afuera, susurros siguiéndonos. Blaine saludó. Sonreí y le
devolví el saludo.
—No me gusta la forma en que te está mirando —dijo Echo, siguiéndome
hasta el coche.
Lo ignoré y me deslicé detrás del volante. No estaba haciendo esto de celos
con él. Él había dejado en claro que nunca podríamos estar juntos.
—¿Escuchaste lo que dije? —Preguntó, deslizándose a mi lado.
Él no iba a dejar ir esto. —No pensé que quisieras una respuesta.
—¿Por qué estás de acuerdo en reunirte con él?
—Porque me pidió que lo hiciera —Recogí mi yogurt y lo probé. Tarta.
Perfecto.
Echo me miró frunciendo el ceño. —No confío en él. No me gusta —Miró a
través del parabrisas mientras comía su yogurt— Sus ojos son demasiado furtivos,
su cabello demasiado gelificado.
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Me reí. —Estás siendo ridículo. Blaine es un chico guapo.
Él rodó los ojos.
—Prueba esto —Echo me dio una cucharada de su delicia.
—¿Qué sabor es ese?
—Chocolate macadamia. —Él lamió su cuchara. Sus ojos se estrecharon.
—Chapman anda un poco raro, ¿No? Y sus orejas se salen de su cabeza como
ese elefante... eh, ya sabes, el que podría volar.
—¿Dumbo? ¿En serio?
Él sonrió.
—Sí, Dumbo. Probablemente sea estúpido también.
Traté de no reírme. —Blaine quiere hablar de algo conmigo, Echo, no salir
conmigo. Además, no es de tu incumbencia con quien salgo.
Su sonrisa desapareció. —¿Así que crees que está caliente?
Solía pensar que Blaine era perfecto. Ya no. Me encogí de hombros.
—¿Te gusta él?
|
Suspiré. Echo estaba actuando como si solo quisiera a él y a nadie más. —No
estoy haciendo esto contigo, Echo. Estoy lidiando con suficiente basura sin que me
des una pena por un amigo que solo quiere hablar. ¿Sabes que es mi culpa que el
entrenador Higgins se haya comunicado con la familia de Blaine? Torin se perdió la
práctica hoy porque fue a buscar a Maliina. Y se fue a la una de ayer cuando Raine
se puso en contacto con él después de que el alma me poseyó.
—Los problemas de Torin son su asunto. Los tuyos son míos, Blaine no es
adecuado para ti.
Negué con la cabeza, poniéndome impaciente de nuevo. —¿Por qué no?
Después de todo, él no es una Valkiria o un Grimnir. Y salió con un Mortal antes.
Casey. Tus nobles leyes no se aplican a él.
—Oh, pero lo hacen. Simplemente eligió ignorarlos, y mira lo que sucedió.
Las Norns se llevaron a Casey de él. Idiota. Los únicos por encima de la ley son los
dioses, e incluso sus destinos están controlados por las Norns. No pierdas tu tiempo
con una mierda como Blaine. De hecho, ninguno de los idiotas de tu escuela es lo
suficientemente bueno para ti.
Habló con tanto júbilo que quise golpearlo. ¿Cómo podría ser tan posesivo
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conmigo pero rehusarse a darnos una oportunidad?
—Eirik es un dios —le dije antes de poder detenerme.
Echo frunció el ceño. —¿Y?
—Y que prometió volver.
—No puede volver aquí.
Fruncí el ceño. — ¿Por qué no?
—¿Recuerdas la discusión inconclusa que no querías escuchar ayer?
—¿Te refieres a la que querías discutir después de que me dijiste que no
salías con unos Mortales insignificantes? Que, por cierto, estoy de acuerdo con eso
ahora. He seguido. Encontraré a alguien que crea que valgo la pena romper
algunas reglas estúpidas.
El silencio llenó el automóvil, del tipo que vino antes de una explosión.
Le eché un vistazo a Echo y deseé no haberlo hecho. Sus ojos brillaron con
furia. Debo haber golpeado un nervio. En lugar de sentirme triunfante, quise
recuperar mis palabras. Había roto las reglas suficientes y había pagado el precio
supremo: la servidumbre eterna para Hel. Ya no podía permitirse romper las
reglas.
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Echo abrió la puerta, marchó hacia la basura junto a la entrada de Kip's y
arrojó su yogur sobrante. Apenas lo había tocado. Con la mano en puño, apuntó a
la lata como para aplastarla. Me preparé, seguro de que destruiría toda la acera
con un golpe. Él se contuvo y se congeló.
Suspiré de alivio cuando dio un paso atrás, se giró y caminó hacia el
automóvil.
Se abrochó el cinturón y gruñó: —Vamos.
Me sentí peor. No estoy segura de qué parte de la basura que había
vomitado lo había molestado, le dije: —Lo siento. No debería haberme burlado de
tu posición. Sé lo que te pasaría si rompieras más reglas.
Él dio media vuelta. —¿Crees que me importa la ira de Hel si te di vuelta? Yo
aceptaría un siglo en Corpse Strand si eso significaba volver contigo —Él negó con
la cabeza— Pero me niego a hacerte pasar por lo que he visto soportar a los
Mortales cuando eligen a uno de nosotros. No dejaré que suceda. Entonces, sí,
puedo odiar escuchar que has seguido adelante y encontrar a alguien más, pero es
lo mejor. Tu nunca podrás ser mía. Nunca me puedes amar.
Demasiado tarde. —No te preocupes, Echo. Eso nunca sucederá. —Puse mi
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yogur sobrante en el portavasos y encendí el auto.
El viaje hasta Raine fue incómodo, el silencio opresivo. Odiaba pelear con
Echo pero, deseé que dejara de tratarme como a una niña. No estaba pidiendo
para siempre con él, solo una oportunidad de estar con él el mayor tiempo posible.
Hice detener el auto y lo apagué.
—Cora…
—No lo hagas. Tengo una pregunta. ¿Por qué Eirik no puede volver aquí?
—Porque lo capturaré y personalmente lo acompañaré a Hel.
Se me cayó el estómago. A veces no estaba segura de si él decía cosas para
sacarme de quicio o porque dejaba que su lado imprudente se hiciera cargo.
Estudié su rostro. —¿Por qué harías eso?
—La conversación que nunca terminamos ayer involucra a Eirik. Atraerlo de
vuelta a la Tierra es la razón por la que vine a tu casa después de que nos
conocimos en la tienda.
Ahora estaba confundida. —Pensé que habías venido porque tú y Maliina
eran amantes.
Echo se frotó la nuca. —No, estaba en una misión, Cora. El plan era usar a la
niña amada del hijo de Hel como cebo y atraerlo de vuelta a la Tierra. Esa chica
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era Maliina la última vez que lo revisé. O debería decir, Maliina haciéndote pasar
por otra persona. El hecho de que Maliina y yo tuvimos relaciones sexuales algunas
veces simplemente hizo las cosas más fáciles para mí que los otros Grimnirs .
—¿Cebo?
—Sí. Excepto que te encontré a ti, no a Maliina. Y te puse en peligro — Se
calló y luego me miró— Torin y Andris tenían razón. Siempre tengo una agenda y
soy bueno en lo que hago. Miento, doblego las leyes y juego sucio para ganar. Eso
es lo que soy, y nunca tuve un motivo para cambiar.
—No te creo. No eres tan manipulador.
—Oh, pero lo soy. Estaba planeando acostarme contigo, o la persona que
pensé que era Maliina pretendiendo ser tú, y asegurarme de que las Valquirias lo
supieran para poder contactar a Eirik para que viniera a rescatarte. Él está
enamorado de ti. Todos lo saben, incluida la diosa Hel. Ella sabe que cualquiera
que te tenga puede sacar a Eirik de su escondite.
No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Podía Echo realmente ser tan frío
de corazón? —Entonces, cuando dijiste que la diosa me quería muerta porque
Maliina no había logrado atraer a Eirik hacia ella, ¿mentiste?
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—Sí.
Él ni siquiera se inmutó. —Pero eso fue antes de que supieras que yo no era
Maliina.
—¿Importa? Iba a hacerlo hasta el punto en que supe de Torin que no eras
Maliina. Que estaba tratando con dos mujeres diferentes. La verdad cambió todo,
excepto el objetivo. Nunca te usaré como cebo. Eres la persona inocente en todo
esto, y por eso, te protegeré de mis hermanos y hermanas deseosos de complacer
a la diosa. Pero si Eirik viene aquí, lo llevaré con su madre. ¿Por qué? Porque es un
trabajo. Es mi objetivo. Mi misión. Y nunca dejó de cumplir —Hizo una pausa, pero
sus ojos no se apartaron de los míos.
—Como te dije antes, no soy bueno para ti, Cora. No perderé el sueño antes
de entregar a Eirik a su madre o mentirle a las Valquirias, pero cuando se trata de
ti, no puedo…
Presioné un dedo en sus labios. —Shh. Lo sé.
El silencio llenó el auto.
—¿Entonces estás diciendo que eres cruel, despiadado, un mentiroso, un
manipulador, y básicamente un tipo rudo con el que no debería asociarme?
Él sonrió, pero sus ojos estaban tristes. —Eso lo cubre todo.
|
Sin embargo, él estaba siendo honesto conmigo. Como cuando se abrió y me
contó sobre su experiencia en Druid y por qué había terminado en Hel. Él era un
buen tipo. Él simplemente no lo vio.
—¿Realmente estabas buscando a Maliina la semana pasada?
—Oh si. Quiero saber qué runas grabó sobre ti para que podamos arreglarlo,
pero también tengo otros planes para ella. Ella no se saldrá con la suya con lo que
te hizo.
Si no pudiera ver qué tipo tan increíble era, encontraría la forma de
mostrarlo. Tampoco creí que él le entregara a Eirik a su madre.
—Creo que Raine está tratando de llamar tu atención —dijo Echo, su mirada
en el segundo piso de la casa de los Cooper. Seguí sus ojos y vi a Raine en el
asiento de su ventana. Ella saludó.
—Solo una pregunta más, luego me iré. ¿Por qué me dices la verdad sobre tu
misión?
—Odio mentirte. Te dije ayer que siempre te diría la verdad.
—¿Y si te dijera que llevar a Eirik a Hel me haría daño?
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Echo me dio una mirada triste y resignada. —Pediría tu perdón y luego lo
tomaría de todos modos. Recuerda, sus dos padres están allí. Y estando vivo, no
puede quedar atrapado detrás de los pasillos de Hel como su padre.
Es curioso, no lo había visto de esa manera. Aún así, no creí que lo hiciera,
sabiendo que me haría daño.
Él frunció el ceño. —No me mires así.
—¿Comó?
—Comó qué crees que no lo haría. Me gustaría. Quiero decir, lo haré.
Sonaba como si estuviera tratando de convencerse a sí mismo. Quería
envolverme en él, besarlo, amarlo y nunca dejarlo ir. Pudo haber hecho cosas
terribles en el pasado, o lo que otros percibieron como terrible, pero yo estaba
detrás de él al cien por cien. Si estuviera en su lugar, habría rescatado a mis
hermanas y hermanos druidas.
—Creo que harías lo correcto —dije.
—Ahí le has dado. Justo yo, porque si tengo la oportunidad de llevarlo y
dejarlo ir, su madre me encerrará con las almas de los peores criminales hasta
Ragnarok. No estoy dispuesto a pasar por eso por él —Giró un mechón de mi
|
cabello alrededor de su dedo— Ve. Si tienes más preguntas, pregúntame más
tarde. Te veré esta noche.
Cuando soltó mi cabello, hice algo tan audaz que me sorprendí. Me incliné
hacia adelante, suavemente tome su mejilla, y presioné mis labios en los de él en
un susurro de un beso.
Él se congeló.
Froté mis labios sobre los suyos, amando las chispas de hormigueo que
generaba el contacto y esperando que él me devolviera el beso. Él no retrocedió,
pero tampoco me devolvió el beso. De hecho, creo que aguantó la respiración, con
el cuerpo rígido. Podría hacer que me quiera. Haz que me bese, pero no sería lo
mismo.
Me recosté y lo miré a los ojos, esperando ver que creía en él. Que lo quería
a él. Que lo amaba. Nada de lo que dijo o hizo alguna vez me impedirá desearlo y
amarlo.
Si hubiera tomado un artavus y lo hubiera apuñalado en el pecho, no se
hubiera visto más torturado. Levantó las manos como para agarrarme, se detuvo y
apretó las manos.
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—Por favor —susurró.
No estaba segura de si la súplica era que me fuera o lo amara. Me gustaría
pensar que fue el segundo. Sonriendo, salí del auto.
|
13. CON EL CORAZÓN ROTO
—Alguien se ve satisfecha consigo misma —dijo Raine cuando entre al cuarto.
—Lo estoy. Algo así. Estoy siendo optimista sobre… un montón de cosas —Echo. Me
desplomé sobre su cama, puse las manos debajo de mi cabeza y sonreí al techo —
Gracias por no venir con nosotros. Por cierto, aún apestas mintiendo. Sé que tu
mamá no te necesitaba realmente.
Hizo una cara —¿Entonces ustedes “hablaron”? Noté las ventanas empañadas.
Sonreí. Oh, quería empañar las ventanas con esa parca, pero tomaría algunas
maniobras —Sólo hablamos. Nada delicioso o asqueroso.
—¿Tendrán una cita?
—No.
Se unió a mi, acostándose sobre su estómago. ¿Entonces por qué la sonrisa del gato
Cheshire?
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Me alcé en mis codos, sin esperar arruinar las cosas entre Echo y yo por hablar de
mis esperanzas. —Vamos a ser amigos.
—¿Amigos? ¿Con derechos?
Reí. La Raine Cooper de hace seis meses no habría dicho eso. —Tienes una mente
sucia. ¿Torin y tú están haciendo lo de los beneficios o están perfectamente
unidos?
Se sonrojó. —No estamos hablando de mi.
—Entonces no hablaré de Echo. Vi a Blane Champman en Rip’s, y tuvo el valor de
decir que dirigirá a los Trojans al estado.
Raine hizo una cara. —Él está algo bien. Torin llamó a su familia hace unos días y
habló con sus padres. Se supone que los Inmortales son el equipo de apoyo de los
Valquirias. Recuerda que te dije que Andris, Maliina e Ingrid estuvieron con su
familia cuando vinieron.
Asentí.
—Es por que son inmortales. Torin sabía que las cosas se harían complicadas tan
pronto Echo apareciera y se interesara en ti. Protegerte se convirtió en algo más
importante que jugar.
Bien. Mi opinión sobre Torin acaba de subir varios escalones. —Él es algo más.
|
Sonrió. —Es más que dedicarse. Los negocios de los Valquiria siempre son primero.
—¿Incluso sobre tu bienestar? —me burlé.
Sus mejillas se sonrojaron otra vez. Pero no necesitó responder. Los vi juntos. No
podían alejar sus manos del otro. —Blaine se veía enojado cuando hablamos. Dijo
que necesitábamos hablar.
—Él y Andris casi destruyen el velatorio en el funeral de Casey. Él reclamó a Andris
y Torin por no advertirle —hizo una mueca—. Como si ellos supieran con seguridad
quién se va a morir antes de que pase. Las listas que les dan cambian cada
segundo, así que nunca están seguros de quién morirá y quién no. Da igual, basta
de platicar sobre Blaine. ¿Cómo va lo de los ciudadanos?
Me fui al borde de la cama —Hablemos camino a mi casa.
Nos detuvimos en la sala de estar y ambos padres voltearon a vernos cuando abrió
la puerta. Su padre se veía mucho mejor, su color había vuelto, y estaba sentado
jugando ajedrez con la madre de Raine.
—Hola, Cora —dijo el señor C cuando me vio.
Le saludé con la mano, pero me quede en la puerta.
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—¿Cómo han estado las cosas, Cora? —añadió.
—Bien —No estaba segura sí Raine le había contado sobre mi primer posesión.
Olvidé advertirle que no lo hiciera—. ¿Cómo te has sentido?
—Mucho mejor. ¿Van a salir?
Raine besó su frente. —A la casa de Cora. ¿Quieres que recoja la cena?
Sus padres intercambiaron una mirada y sonrieron.
—No, cocinaremos esta noche —dijo su madre.
—¿Crees que sea buena idea? Papá justo…
—Lo sé —dijo su madre—. Él se sentará y me dirá qué hacer. Que se diviertan. —su
madre prácticamente nos corrió de la sala de estar.
Raine aún fruncía el ceño cuando nos fuimos. Maneje a través de la ciudad. —
¿Crees que tu papá no está listo para levantarse y hacer cosas?
—Creo que mamá está preocupada. De que no se levante y no pueda ir al
Valhallan. Enfermo para ir al Hel. No hay manera de que esté alrededor. Peor, mi
mamá debería irse en cualquier momento. Ella será llamada antes que el Consejo y
el Forseti.
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—¿Qué es eso?
—El dios de la Justicia. A veces creo que está prolongando la vida de papá cómo
un tipo de castigo por algo que hizo.
Eso suena un poco a lo que Echo dijo. Luego, pensé que solo eran excusas. —¿Te
refieres a tu mamá negociando su varita de Norn por tu papá?
Raine sonrió. —Nah, reponiendo la vida de papá. Se supone que sería
temporalmente. Ya sabes, así podríamos decir nuestro adiós, pero ahora… —
suspiró—. Creo que los Norns están prolongando la vida de papá para castigarnos.
Cuando murió, mamá dijo que su alma no dejó su cuerpo. Usualmente, las almas
dejan el cuerpo y deambulan, esperando a ser llevados o se quedan, como las que
ves. Pero no vio la de él. Estaba atrapada. Lo sé —sus manos estaban apretadas y
su tono de voz había subido— Tanto como él no deje su cuerpo, no morirá. Él
continuará sufriendo.
Alcancé su mano y la apreté. —No, Raine. Yo la vi.
Me miró. —¿Qué viste?
—Vi a tu padre la semana pasada en la cafetería. Él intentó hablarme. No hablamos
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sobre nada, no pude decirte. Su alma se me apareció.
Una arruga apareció en su frente. —¿Por qué tú?
—No lo sé. ¿Pero recuerdas cuando quería verme? Me dijo que todo era completa
oscuridad hasta que me vio. O mejor dicho, él vio las brillantes runas que Maliina
marcó en mi, las siguió y me encontró. Es por eso que quiso hablar conmigo cuando
regresó del hospital.
—Eso es por lo que te pidió que mostraras compasión con las almas.
Asentí. —Dijo que estaba oscuro y asustado hasta que vio mis runas. Tal vez estés
en lo cierto de que estaba atrapado en algún lugar. Cómo sea que fue, me vio —
me detuve afuera de la tienda.
—Deberíamos decirle a Torin y Lavania. Ellos podrían tener una explicación —miró
hacia la tienda—. ¿Qué hacemos aquí?
—Necesitamos botanas, y conoces a mi madre —salí del carro seguida de Raine. Mi
madre odiaba la comida procesada.
—Me gustan sus tartas —dijo Raine.
—También yo, pero las como todo el tiempo, así que necesito comidas bañadas en
azúcar y frituras con grasas saturadas. Las escondo en mi cuarto.
—Ella siempre lo sabe —dijo Raine.
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Cierto. Me reí con nerviosismo. Ella suspiraba y agitaba la cabeza siempre que
encontraba latas de soda, envolturas de Twizzler o de papas fritas y no me
molestaba. Mi padre tenía algo por los chocolates, así que no era la única con
problemas.
Agarré una canasta cuando entramos a la tienda. El cajero que estaba aquí la
última vez que vine con mamá estaba en la tienda y sonrió cuando nuestros ojos se
encontraron. No estaba con él el alma que jugaba con su cabello la vez pasada. Me
pregunto qué es lo que ella quería decirle. Tendría que dejarla poseerme, como si
no supiera.
Entré al pasillo de las botanas, agarré un par de barras de chocolate para papá, y
me detuve cuando una idea rebotó en mi mente. Raine chocó conmigo.
—¿Qué es? —siguió mi mirada a lo largo del pasillo— ¿Ves algo? ¿Almas? —preguntó
en un susurro. Le platique de la primera vez que conocí a Echo.
—No —a menos que mi negación haya hecho aparecer a uno, el alma de un hombre
musculoso en una playera sin manga y pantalones militares apareció al final del
pasillo. Me miró de una manera extraña. Una mujer de a mitad de sus veintes
camino a través de la repisa de mi izquierda—. Olvida eso. Dos almas están aquí.
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—¿Te quieres ir? —dijo Raine, su voz se elevaba.
—No, vine por Twizzlers y Baked lays, e intentaré tomar algunas —empecé a
acercarme, mi corazón se aceleraba. Las almas se movieron más cerca, tomé una
gran bolsa de Twizzlers, y la dejé en la canasta, seguí caminando —En su lugar, he
decidido ayudarles.
—¿Qué?
—Voy a dejar que las almas me posean. Ayudé a los Ciudadanos, Raine. Victoria va
a ir al banco. Así que, pensé, ¿Por qué no ayudar a otros?
—¿Ahora?
Reí por el tono de pánico en su voz.
—No. Pero necesito practicar así podré practicar con el factor eek.
—Entonces necesitaremos a Echo o a Torin para ordenarles que salgan de ti. Aún
trabajo en mis iniciaciones, no puedo hacer un exotismo.
—Lo sé —trato de estar calmada, miré a los ojos de la mujer. Estaba parloteando, y
yo aún era sorda con las alma— Regresaré y te ayudaré —dije, hablando
lentamente, y mirando directamente a los ojos de la mujer.
Ella dejó de hablar y enderezó su cabeza.
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—Te prometo que regresaré y te ayudaré —añadí.
Giró y desapareció. El chico musculoso había dejado de hablar y caminar también.
—Te ayudaré, también. Después. Lo prometo.
Se desapareció yendo hacia atrás. Respiré profundamente y miré a Raine. Ella me
miraba con los ojos bien abiertos, mientras mordía su labio. Echo estaba parado
detrás de ella. Guiñó un ojo, y luego desapareció.
Raine miró hacia atrás. —¿Están detrás de mi?
—No. Ellos se fueron. Echo estaba detrás de ti.
—Oh, sí, sentí su presencia cuando dejamos la casa.
—¿En serio? —estaba un poco decepcionada de que ella sintiera su presencia. No
era uno de ellos, pero siempre sabía cuando Echo estaba cerca. Pensaba que nos
hacía especiales.
—No es nada especial —continuó Raine— Tenemos esta habilidad de sentir la
esencia de otros como nosotros. Es más fuerte cuando estás unido a esa persona,
pero está ahí, podría saber cuando un Grimnir está cerca.
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Bien, no es tan malo. Más fuerte con una unión. ¿Estaba unida a Echo? —¿Unidos
cómo?
—Es un poco difícil de explicar. Pregúntale a Echo sobre eso. Sobre las almas, creo
que estás loca por querer ayudarlas.
—Lo sé. Estoy aprendiendo a vivir un poco. Vamos, Angustias. Las botanas saladas
están en el siguiente pasillo —pasé mi brazo alrededor de ella y reí—. ¿Has peleado
con cosas más poderosas en la tierra y las almas te están enloqueciendo?
—Tú no viste como reaccionaste con la posesión, chica lista. Enloquecerías
también. Además, sabes lo que dicen sobre el miedo a lo desconocido. Hasta que
vea un alma tengo el derecho de ser cautelosa y asustarme.
—Lo que hacen algunos Valquirias.
—Cállate.
Pagué por las botanas y una botella de un litro de cerveza de raíz. Luego fuimos al
carro.
Papá estaba en la sala y no nos miró cuando entramos a la casa. Mamá no estaba
en la cocina, lo que significaba que estaba terminando sus tareas en la cochera.
Tomamos unos vasos y desaparecimos por la escalera.
—No he estado aquí en semanas —dijo Raine.
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—Ni me lo recuerdes. ¿Qué hicieron ustedes dos cuando se visitaron?
Raine se encogió de hombros. —Pinté mis uñas y ella se secó el pelo.
La miré. —¿Y no hay alguna pista de que estaban lidiando con una perra psicópata?
—¡Cora Jeminson! —exclamó mi mamá desde la puerta—. Fíjate en lo que dices.
Raine —caminó hacia donde Raine estaba sentada junto a mi escritorio y le dio un
abrazo—. ¿Cómo estás?
—Bien, señora Jeminson.
—¿Y tu papá?
Raine se encogió de hombros —Mejor que la semana pasada. Está planeando hacer
la cena hoy.
Mamá sonrió. —Eso es maravilloso. Es bueno verlas juntas otra vez, chicas. ¿Qué
harán esta noche? Haré chili para la cena.
—Raine me ayudará con mi tarea, mamá.
Mamá parpadeó y alzó las cejas. —¿En un sábado por la noche? Eso es lindo —sus
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ojos fueron a la bolsa de botanas en la cama y sacudió la cabeza—. Asegúrense de
dejar espacio para el chili.
—Está bien —caminé a la puerta y la sostuve—. Adiós, mamá.
Acunó mi mejilla mientras se iba. Cerré la puerta. —Tenemos que hacer algo esta
noche.
Raine frunció el ceño. —No.
—¿Por qué no?
—Uh, una palabra, Grimnirs.
Caminé hacia la cama. —¿Así que se supone que deje de vivir porque van tras de
mi?
—Se llama perfil bajo. ¿Con que empezamos? —preguntó Raine cerrando el asunto.
—Papas —le lancé una bolsa.
La atrapó. —Me refiero al asunto.
Por una hora, trabajamos tema tras tema. Raine empezó a leer mi hoja de Inglés e
hizo una cara. Se la arrebaté. —Aún trabajo en eso.
Sonrió. —Bien. Porque es tan…
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—Cállate. No quiero escuchar lo malo que es. Sé que necesita reescribirse una vez
más.
—O dos —añadió.
Un nudo se atoró en mi garganta. La extrañaba.
El tono de llamada de mi celular sonó, y busqué en mi chaqueta. Tomé mi teléfono
de la bolsa y miré el número. Desconocido. Temerosa, tome la llamada.
—¿Sí? —dije lentamente.
—Cora, soy Blaine.
Miré a Raine y moví la boca diciendo “Blaine”, luego hablé al teléfono. —Hola,
Blaine. ¿Qué pasa?
—¿Estás ocupada?
Hice una cara. —Uh, no realmente. Estamos pasando el rato en mi casa.
—¿Estamos?
—Raine está aquí.
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Hubo un silencio. —¿Por qué no paso por ustedes, digamos, en una hora? Algunos de
nosotros iremos a ver este nuevo club, Xanaboo. Necesitamos hablar. Es
importante.
—Dame un segundo —mi reloj decía que era cuarto para las siete. Apreté mi
teléfono en mi pecho— Vamos a salir Raine.
Tomó una nota y me enseñó lo que estaba escrito en él “¡NO!”.
“¡Sí! Él quiere hablar”. Le escribí de vuelta detrás de mi hoja de Inglés.
“¿Sobre qué?”, respondió.
Sonreí y puse mi teléfono de nuevo en mi oído. —No necesitas pasar por nosotras.
Estaremos ahí a las —alcé las cejas a Raine. Me miró de vuelta— ocho.
—Que agradable —dijo Blaine—. Las veo después —y la línea murió.
—No saldré, Cora —dijo Raine, parándose.
—¿Por qué no? ¿Por qué Torin no está cerca para sostener tu mano?
Sus mejillas se enrojecieron. —No es eso y lo sabes. Grimnirs…
—Quiero un poco de mi, sabes. Iré. Puedes venir y ayudarme a descubrir qué es lo
que Blaine quiere o quedarte en casa preocupándote hasta la muerte.
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—Lo que sea que es, él puede contarte mañana o en la escuela el lunes.
—Vamos, Raine —la tomé de sus brazos, la miré, e hice un puchero—. Por favor,
necesito hacer algo normal. Pasar el rato con estudiantes de secundaria normales.
Me lanzó una mirada de disgusto. —Él está muy lejos de ser normal. Él es un
Inmortal con un chip en su espalda.
Suspiré y la solté. —Mira, por semanas pensé que estaba loca, que la vida cómo la
conocía había terminado. Luego mejoré, no fingiendo que estaba mejor así me
dejarían en paz, sólo para venir a casa con Echo y ver una nueva perspectiva de la
realidad. Necesito pasar una tarde siendo una adolescente normal —esperé con una
sonrisa brillante. Raine nunca ha sido de clubes, incluso antes de conocer a Torin.
Soy una criatura social y necesito salir.
—Cora. Raine. Cena —la voz de mamá nos alcanzó, pero no me moví.
—Por favor, Raine.
Suspiró. —Bien. Cenemos primero, y sí algo sucede cuando estemos en este… este
nuevo club, harás lo que sea que hacer que Echo aparezca.
Reí y la abracé. —Nunca hago nada. Él solo aparece —salimos de mi cuarto—. En la
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tienda, creí que se fueron porque escucharon lo que les dije, pero ahora, pensando
sobre eso, creo que se fueron porque lo vieron.
Mamá estaba sacando la cena recién horneada. Raine y yo pusimos la mesa.
—¡A comer! —dijo mamá cuando nos sentamos, sirviendo sidra de manzana hecha
en casa en nuestros vasos.
Los rollos estaban esponjosos y calientes. Papá partió un rollo a la mitad y lo
sumergió en mantequilla. —Tengo una pregunta para ustedes, jovencitas. Uno de
mis personajes principales, una princesa, ha sido descubierta viviendo entre
plebeyos. Ella ha crecido con el nombre Lumae, pero su verdadero nombre es
Luminous Pendgaryn. ¿Qué creen? ¿Su nombre es muy cursi?
—Luminous es bonito —dije.
—Me gusta también —añadió—. ¿Ella es un Dorganian o una de los Paladins?
—Una Paladin —dijo papá.
Raine se estremeció. —Pobre chica. Los Dorganian no la dejarán vivir.
Papá puso una sonrisa misteriosa mientras se servía chili.
—¿Es ella una de Las guerreras Paladin? —Raine preguntó. Ama los libros, y ha leído
todos los libros de ciencia ficción de mi papá—. ¿La salvadora de su gente?
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—No diré una palabra más —dijo papá.
—¿Puedo tener una copia avanzada?
—¿Qué? ¿Quiénes son los Dorganians? —pregunté pasando mi mirada de uno a otro.
Mamá se rió. —Eso es lo que obtienes cuando te rehúsas a leer los libros de tu
padre.
—Leí los primeros dos libros —dije defensivamente y luego miré a papá—. Hasta
que mató a mi personaje favorito.
Papá rio. —Lo sé. Iniciaste una petición en mi página de fans.
—¿Entonces? ¿Volverá?
Papá, mamá y Raine sólo sonrieron.
—Bien. Leeré los dos libros antes de que el nuevo salga a la venta. Quiero conocer
a esta guerrera Paladin.
Por el resto de la cena, hablamos de complots, héroes, y villanos. O más bien,
Raine y papá lo hicieron y mamá hablaba mientras me mantuve. Tengo que
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regresar a leer sus libros, después de la cena, Raine siguió a mi papá a su cueva de
escritura, mientras limpiaba la mesa.
—Mamá ¿Está bien si Raine y yo salimos un par de horas? Algunos amigos se
reunirán en este nuevo club, Xanaboo en una media hora.
Mamá miró a su reloj, luego sus ojos fueron a mi cara. —Okey, pero te quiero de
regreso a media noche.
—Gracias mamá —besé su mejilla y arrastré a Raine al piso de arriba. Cuando
empezaba a hablar de libros, solía dejarse llevar —Tiempo de arreglarnos.
—Tengo que ir a casa a cambiarme —se quejó, sonando como si tuviera que hacer
tarea.
—Me cambiaré luego me maquillaré en tu… ¿Qué estás haciendo? —cerré la puerta,
pero mis ojos permanecieron en ella. Estaba grabando runas en el espejo con un
artavus.
—Hago un portal a mi cuarto —dijo despreocupadamente.
Debe haber montones de formas de crear portales. Antes, en su casa, no usó un
artavus. Echo ni siquiera necesita una superficie. Usa su guadaña para abrir un
oscuro portal al Hel.
Me acerqué al espejo mientras este cambiaba su textura y se hacía granoso. La
superficie se agitó, enrollándose hasta que se convirtió en un portal. El piso y las
|
paredes lucían si estuvieran empañadas, una nube blanca. El cuarto de Raine era
visible hasta el final.
Toqué la pared. Sólida. Toqué el piso. Sólido.
—Anda, pruébalo —dijo Raine.
Caminé a través del portal, el piso sólido debajo de mis pies. No noté que sostuve
mi aliento hasta que estuve en su cuarto. Sonriendo, caminé de regreso a mi
cuarto.
—¿Cómo es que no usaste un artavus en tu casa? El portal sólo apareció.
—Las runas ya estaban grabadas en la orilla de mi espejo, haciéndolo un portal.
Volveré en media hora.
La miré caminar a su cuarto, me pregunto sí debería decirle lo que Echo me dijo
sobre los Grimnirs usándome para llegar hasta Eirik. Tal vez alguien debería
advertirle a Eirik no regresar.
***
—Se ve lleno —dijo Raine.
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Lo estaba. Teníamos suerte de que alguien se echó para atrás cuando llegamos.
Cerré mi bolsa, crucé mi brazo con el de Raine, y nos apresuramos al edificio. Mi
vestido de suéter era sexy y no necesitaba un bra. Me cubrí con un abrigo de piel y
me puse unas botas hasta la rodilla.
Raine se veía asombrosa en sus mayas y su top esmeralda. Rizó su cabello, y su
maquillaje era perfecto. La Raine que conocía de antes de ir al psiquiatra se había
ido. Tal vez descubrió su destino, o el tener a Torin en su vida causó ese cambio.
Cual fuera que fue la razón mi mejor amiga noqueaba completamente.
Entramos en Xanavoo y miramos alrededor. Los deportistas y sus novias ocupaban
la mayoría de las mesas, reconocí a varias caras de nuestra escuela en la multitud,
incluyendo a Ingrid. La mayoría de los clientes eran de la Universidad Walkersville.
Algunos silbidos nos siguieron, mientras que otros nos volteaban a ver mientras
caminábamos.
Drew nos miró primero. Sus ojos bajaron y luego subieron. ¿Seguía enfurruñado
como la última semana? Pia y otra animadora estaban sentadas a cada lado de
Blaine. Sentadas era la palabra incorrecta. Ambas estaban prácticamente en su
regazo. Él había salido con mujeres mortales antes, así que sé que no tiene
problemas con humanas. No había notado que llegamos hasta que alguien gritó. —
Oye, Raine. ¿Dónde está St James?
—Emergencia Familiar —dijo Raine sin inmutarse.
|
—¿Cuándo volverá? —alguien preguntó.
—Ésta noche —dijo.
Blaine, como caballero, se paró y le dio a Raine su lugar para sentarse. Luego,
prácticamente puso a Pia en el regazo de Heath Kincaid, y me ofreció el asiento.
Heath era un chico con rastas y piel café. Él cambiaba de novia seguido, así que no
me sorprendí cuando lo atrapé mirando mi pecho en el momento en que me quité
la chaqueta para ponerla en el respaldo de mi silla.
—Estaba a punto de darme por vencido con ustedes dos —dijo Blaine—. ¿Qué les
puedo dar de beber? ¿Soda? ¿Cerveza?
—Cerveza de raíz —dijimos Raine y yo al mismo tiempo y sonreímos.
Un silencio descendió en la mesa.
—¿Qué pasó con Torin? —preguntó Heath—. No estuvo en la práctica hoy o ayer.
—Su tía se volvió a enfermar —Raine me miró y añadió— La madre de Lavania.
Asentí, entrando al juego. Raine siempre debe inventar excusas cada que Torin
desaparece.
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—Pobre Lavania. No me extraña que dejara la escuela en unas semanas —dijo
Leigh, luego me miró—. Recuerdo que ustedes dos no se caían bien.
No caí en el truco. Simplemente me enderecé y respondí. —Lo hicimos.
La mesera llegó con nuestras bebidas y las puso a un costado de nosotras. Blaine
trajo una silla, y se sentó entre Raine y yo, su brazo descansaba en el respaldo de
mi silla. La molestia de Drew y la manera en pasar su mirada entre Blaine y yo
como si fuera partido de tenis no se me escapó. ¿Qué era yo? ¿La que se escapó?
Solo fue un beso. O Maliina hizo algo atornillando su cabeza.
Acerqué mi bebida y escuché la conversación a medias que estaba alrededor de
mi. Como usualmente hacían, hablaron de fútbol. Raine tenía que convivir con
estos chicos porque se adentro en esto. Incluso había coqueteado con ellos,
incluido Drew, quién se veía derretido por ella. Esta no es mi escena, por mucho.
—Baila conmigo, Cora —susurró Blaine en mi oído.
Cómo el motivo de venir aquí era hacer cosas normales, estaba aliviada de
levantarme e ir a la pista de baile. El club era como los demás que había en la
ciudad. Área para bailar de un lado, área para sentarse y beber del otro, y mesas
de billar atrás.
|
Blaine me tomó en sus brazos. Es gracioso, cómo solía pensar que él era ardiente.
Hace seis meses, yo habría amado esto, mi cabeza en su pecho, perdiéndome en la
música, y la envidia de todas las chicas del lugar.
Las cosas eran diferentes ahora. Sus brazos no eran los que yo quería. Su esencia
masculina y picante, no hacía a mi corazón acelerarse. Sólo un hombre, un
Grimnir, tiene el poder de hacer mi corazón acelerarse de esa manera. No debí
haber venido aquí hoy. Echo incluso podría estar en mi habitación ahora,
preguntándose dónde estoy.
—Sé todo sobre ti, Cora Jeminson —Blaine susurró en mi oído.
Mi estómago cayó. Me hice hacia atrás para estudiar su rostro. —¿De qué hablas?
—Sé sobre el PMI y por qué terminaste aquí.
Mi pie se dobló, pero me recuperé. —Desde que eres inmortal, creí que lo harías.
—Sé que Maliina te marcó. Ella vivió unas cuantas semanas con nosotros. Cuando
llegaron aquí por primera vez. No sé los detalles, pero se unió a los Norns malignos
e intentó herir a Eirik.
Me relajé un poco, no estaba segura de a dónde iba esta conversación, pero no se
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veía como si fuera a gritar mi secreto a los cuatro vientos.
—Se cuidadosa con los Grimnirs y los Valquiria, especialmente Echo —dijo Blaine—.
Ninguno de ellos es confiable —se puso rígido—. Están aquí.
—¿Echo? —volteé a ver.
—Hola, St James —llegó a nosotros antes de que lo viera. Andris fue al bar,
mientras Torin chocaba puños con otros jugadores, caminó hacia Raine y la tomó.
Al hombre no le importaba que toda la atención del lugar estaba en ellos. Besó a
Raine como si estuviera muriendo por probarla.
Blaine notó que estaba distraída. —No puedes confiar en esa gente, Cora —susurró
severamente—. Ellos toman y nunca regresan. Ellos no miran atrás.
Recordé lo que Raine dijo sobre los Inmortales ofreciéndole apoyo a los Valquiria.
—¿Pero que no trabajabas con ellos?
—Mis padres lo hacen, pero ahora eres Inmortal, y nosotros los Inmortales debemos
estar unidos.
—Blaine…
—Déjame terminar. Los Grimnirs y los Valquirias creen que pueden ser nuestros
jefes, mandandónos a hacer lo que quieren, pero cuando los necesitamos, nos
ignoran.
|
Eso no sonaba bien. —¿Qué pasó?
—Le pregunté a Andris convertir a mi novia Casey en Inmortal, pero se negó.
Nosotros los Inmortales no podemos convertir a los humanos. Ellos pueden. Ella
estuviera viva sí él lo hubiera hecho.
—¿Así que tienes un problema con Andris?
—Y con Torin. Él le dijo a Andris que no lo hiciera.
Suspire. —Torin nunca habría convertido a Raine, Blaine. Y mira lo qué pasó con
Maliina cuando la convirtió. Él usó su propio artavus y ella se hizo una psicópata.
—Ingrid está bien —replicó.
Lo sentía por él. Realmente debió amar a Casey. —Creo que la decisión de no
convertir a Casey no fue personal. Hay reglas.
—Y una mierda. Andris ha convertido a dos mortales. Se rumorea que Echo a
cientos. Perdí a la chica que amo por su culpa. Mi familia está ligada a la tierra. Y
quiero estar en Asgard sirviendo a los dioses.
Y para estar con Casey. Gúau, cuando esta gente se enamoraba, lo hacían con
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todo. Cuerpo y alma. Sin echarse para atrás. Yo quería todo ese amor consumista.
Miré a Torin y a Raine, quienes estaban en la pista de baile, mejilla contra mejilla.
Quería lo que tenían. Quería a alguien que me besara como si nunca tuviera
suficiente de mi. Que me tocara como si fuera a morir si no lo hiciéramos. Que me
mirara como si fuera la primera vez cada vez que estuviéramos juntos. Quería a
Echo. No sólo ahora. Lo quería siempre. Para siempre.
—Ahí es donde entras tú —dijo Blaine. Él debió seguir hablando cuando me
distraje— Sólo un Valquiria o Grimnir poderoso puede terminar mis intentos, o un
dios puede pedir mis servicios. Torin y Andris no ayudarán, así que sólo queda…
—¿Echo?
Blaine rió. —No. Traté de hablar con él y sólo se rió en mi cara. Quiero que hables
con Eirik. Preguntále por mi.
Un tibio estremecimiento pasó por mi espalda, volteé mi cabeza y vi a Echo. Más
gente estaba en la pista de baile, y alguien había encendido luces LED de colores,
pero sabía que estaba en el lugar.
—A su lado. Puedo moverme libremente por Asgard.
Mis ojos encontraron a Echo cerca de la puerta. Sus ojos directos a los míos.
Parecía enojado. Se volteó y abrió la puerta. ¿A dónde iba?
|
Con pánico, aleje los brazos de Blaine de mi.
—¿Escuchaste lo que dije? —dijo siguiéndome.
—No sé dónde está Eirik o si siquiera lo volveré a ver —fui empujada por la
multitud, grité para que me escuchara—. Sí lo hago, le diré —me apuré a llegar a la
entrada. Empujé la puerta y di unos pasos afuera.
Blaine agarró mi brazo. —Espera. ¿A dónde vas?
—Oye —traté de liberar mi brazo. Al siguiente segundo una explosión helada me
azotó y Blaine se había ido.
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|
14. MALOS GRIMNIRS
Un golpe sordo vino de mi izquierda, y mi cabeza giró. Echo agarró el cuello
de Blaine.
La espalda de Blaine estaba contra la pared.
—Nunca pongas tu mano sobre ella, Chapman. No la mires mal, levantas la
voz o le das una razón para llorar. Te ríes y lloras con ella. Adoras la jodida tierra
por la que camina. Si ella está sufriendo, será mejor que te lastimes diez veces
peor porque su dolor no sea demasiado fuerte. ¿Entiendes? —Blaine negó con la
cabeza e intentó hablar.
—Respuesta incorrecta, Chapman. —Golpeó a Blaine contra la pared. Sus
pies ahora estaban fuera del suelo.
Corrí hacia ellos. —Echo, detente.
—Si ella está triste, descubres por qué y lo arreglas —continuó como si no
hubiera hablado. —Si ella esta asustada, encuentras a los bastardos responsables y
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los aniquilas. Matas a sus dragones y ahuyentas a sus demonios.
Agarré el brazo de Echo. —Bájalo. Él no me lastimó.
—Él lo hizo. Gritaste —Su voz era cortante, y él todavía no me miraba, su
enfoque en Blaine— Si alguna vez la lastimaste de alguna manera o forma, no
habrá un lugar o reino para que te escondas porque te encontraré, Chapman, te
arrancaré el corazón y alimentaré con el las serpientes de Naastrand 4. ¿Entiendes?
Blaine asintió.
—Bien —Derribó a Blaine. No, lo arrojó, ya que Blaine aterrizó en la cuneta a
unos pocos metros de distancia. El sonido del crujido de hormigón sonaba como un
mazo.
Echo me miró. Luego su mirada se movió hacia alguien detrás de mí, y
sonrió.
Atrapado entre meter algo de sentido en su gruesa cabeza y perseguir a
Blaine, miré a Blaine. —¿Estás bien?
Él se puso en pie tambaleándose, una mano frotándose el cuello. —¡El
bastardo está loco!
4
Naastrand Isla, sobre la cual se levanta una gran cámara de tortura que espera a aquellos que fueron viles durante su vida.
|
Una risita vino detrás de mí y me volví, esperando ver a Echo. Él ya había
desaparecido. En cambio, Andris, Ingrid, Torin y Raine me observaban con
expresiones variadas. El novio de Ingrid estaba en la puerta y me pregunté cuánto
había visto.
—No, lo has cabreado, Chapman —dijo Andris— ¿Qué estabas pensando
jugando con Cora?
—No me metí con ella —espetó Blaine— Estábamos hablando, así que cuando
ella despegó, la seguí. Y ese Neanderthal casi me rompe el cuello.
—En realidad, podría haberlo roto —Andris se acercó a donde estaba con
Blaine —La agarraste, amigo. Eso está mal.
—Deja de darle un momento difícil, Andris —le dije—Lo siento mucho,
Blaine. Le explicaré las cosas a Echo.
—Has eso. Y dile que se mantenga alejado de mí —En lugar de volver al club,
Blaine desapareció en la oscuridad. El motor de un auto comenzó, y en cuestión de
segundos, un auto deportivo rojo pasó rápidamente a nuestro lado.
Me volví y enfrenté a los demás. Torin y Raine aún no habían hablado.
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Parecía que Andris se moría por decir algo, pero yo no quería escucharlo.
Empecé a pasarlos. —He terminado. Me voy a casa.
—Voy a conducir —dijo Raine. Ella tenía mi bolso y mi chaqueta.
—¿Puedo tener un aventón? —Preguntó Andris.
No me importó. Solo quería ir a casa y esperar a Echo. Será mejor que
venga. Las cosas que le había dicho a Blaine del corazón. Quería escucharlos de
nuevo. Diciendolas directamente a mí.
Estaba perdida en mi mundo y no me di cuenta de que no íbamos a casa
hasta que el auto se detuvo. Estábamos en la casa de Eirik. —Pensé que habías
dicho que vivían al lado.
—Nos estamos moviendo —Andris se dirigió hacia la entrada— Entra.
Queremos mostrarte algo.
Torin se detuvo detrás de nosotros en su Harley, apagó el motor y se dirigió
hacia la entrada. La luz de seguridad en la parte delantera de la casa se había
encendido, así que noté la mirada que intercambió con Raine. Algo estaba
pasando. —Vamos —dijo Raine, tomando mi mano.
Me rehusé a moverme. —¿Qué está pasando?
—Quieren hablar contigo —dijo Raine.
|
Estreché mis ojos. —¿Acerca de?
—Echo.
Negué con la cabeza. —No voy a escuchar más discursos de 'él es un tipo
malo' de ustedes.
—No me metas con ellos —dijo Raine— No sé lo que está pasando tampoco.
Torin dijo... —Ella lo miró. Se detuvo en la entrada, pero Andris ya estaba
adentro— Tu dile a ella.
—Queremos mostrarte algo. Eso es todo —dijo Torin caminando hacia
nosotros.
No me gustó la mirada en sus ojos. —¿Y si dijera que no estoy interesada?
Algo letal brilló en sus ojos. —Te llevaría dentro y te los mostraría de todos
modos.
—¿Me obligarías? —Él sonrió— ¿Sabes qué tan rápido llegaría Echo aquí si me
tocas?
Torin suspiró. —No quiero pelear con él, pero lo haré si no nos ayuda a llegar
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al fondo de este lío y cómo está conectado a él. Garantizo que está metido en eso.
—Hay una razón perfectamente buena de por qué —espeté, lista para
defender a Echo, a pesar de que no tenía idea de lo que estaba pasando.
—Siempre hay. Por favor, solo escúchanos.
—No. Lo que sea que tengas que decir, lo dices delante de Echo para que
pueda defenderse. Me voy a casa. —Tomé mis llaves de Raine— Buenas noches.
—Tenemos a los dos Grimnirs que te persiguieron esta mañana —dijo.
¿Eso fue esta mañana? Mucho había sucedido desde entonces. Me volví y
estudié a Torin. —Le dijiste a Echo que los mataste.
—No estamos en el negocio de matar, Cora. Le dijimos que nos ocupamos de
ellos, y lo hicimos. Les rompimos el cuello, pero como cualquier Inmortal, un
cuello roto es un moretón. Les tomó horas sin runas frescas, pero se auto-sanaron.
Ahora son nuestros prisioneros. Hemos tratado de interrogarlos para averiguar por
qué están detrás de ti, pero siguen diciéndonos que le preguntemos a Echo.
—Entonces encuentra a Echo y pregúntale —le espeté.
—Nosotros tratamos. Él solo aparece cuando estás en problemas.
—¿Entonces me trajiste aquí como carnada? ¿Sabes lo que la diosa le hará
una vez que los Grimnirs regresen e informen que él está trabajando contigo?
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Torin me estudió y frunció el ceño. —¿Sabes por qué están detrás de ti,
verdad?
—Sí. Echo me dijo. —Pasé por delante de Torin. Raine lo siguió mientras él
tomaba la retaguardia. Andris, que había estado esperando en la puerta, lo cerró.
—¿Dónde están?
—En el grupo —dijo Andris— Lo drenamos y corrimos, por lo que no pueden
crear portales. Ven a la cocina.
Lo seguimos a la cocina. La casa de Eirik seguía siendo la misma. Faltaban
algunos jarrones y cuadros aquí y allá, pero era el mismo gran vestíbulo, el mismo
mobiliario caro y la misma cocina. Nos sentamos alrededor del mostrador mientras
Andris distribuía bebidas. Nadie, excepto él, tocó su bebida.
—Dinos lo que sabes —dijo Torin.
—Los Grimnirs no están aquí por mí. Solo soy el cebo. Realmente están
detrás de Eirik. Quién me tenga puede usarme para atraer a Eirik fuera de su
escondite.
—¿Echo también está detrás de Eirik? —Preguntó Raine.
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—Lo estaba, pero ya no. Decidió decírmelo en su lugar, así que puedo
decirle a los chicos y puedes advertir a Eirik —mentí, sin sentir ni una pizca de
vergüenza— Si él viene aquí, lo agarrarán. Entonces debes decidir qué hacer con
tus prisioneros porque están exactamente donde quieren estar. Cerca de mí y
dentro de la casa de Eirik.
Andris y Torin intercambiaron una mirada.
—Raine, mantenla fuera de la vista. —La mirada de Torin me tocó a
continuación, a Raine. —Quédate aquí. —Siguió a Andris fuera de la habitación.
—¿A dónde van? —Pregunté.
—Ver a los dos Grimnirs. Vamos.
Raine comenzó a salir de la habitación.
Fruncí el ceño. —Pero Torin dijo...
—Sí, dice muchas cosas. No significa que yo escuche. Además, ¿Cómo vas a
decirle a Echo lo que han hecho sin ver que lo hagan? —Ella miró por la puerta— De
esta manera.
Torin y Andris se dirigieron a la izquierda hacia la piscina. Fuimos a la
derecha —¿Qué te hace pensar que están haciendo algo?
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—Los Grimnirs están buscando información —explicó Raine mientras
subíamos las escaleras— Torin dijo que no paraban de decir: pregúntale a Echo,
una forma astuta de comprobar si estamos trabajando con él. No creo que a Hel le
gustaría saber que su segador favorito la ha traicionado.
Entramos al den. La pared de vidrio tenía una vista espectacular de la
piscina. Como Andris había dicho, lo habían agotado y lo habían acabado.
Encontramos el lugar perfecto para verlos sin ser observadas. Dos enormes
hombres vestidos de cuero, como Echo, permanecían inmóviles en el piso de la
piscina. Deberían haber estado usado abrigos, Torin y Andris deben haberlos
quitado.
—¿Dónde están los chicos? —Le pregunté.
—Probablemente trazando su plan de acción —murmuró Raine.
Estábamos sentados en el piso detrás de un banco cuando entraron a la
terraza de la piscina. Nos agachamos más abajo y los miramos. Torin levantó la
vista como si supiera que estábamos mirando. Quizás sabía que Raine lo estaba
mirando. Nos agachamos, nos miramos y sonreímos.
Miré hacia abajo otra vez justo cuando Torin se inclinó y, moviéndose tan
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rápido, empujó su mano hacia el pecho del Grimnir. El Grimnir rodó fuera del
camino sobre los azulejos azules. El puño de Torin se conectó con la pared de la
piscina, y la casa tembló. La pared de azulejos se agrietó como porcelana fina, los
platos se dispararon por el aire y llovieron al suelo.
Raine y yo nos pusimos en pie tambaleándonos, los ojos aterrorizados se
conectaron brevemente antes de regresar a la escena de abajo. Mi respiración se
detuvo cuando Torin se puso en cuclillas y el Grimnir se precipitó sobre él, pasando
de una velocidad de cero a un huracán de categoría diez en fracciones de segundo.
Se estrelló contra Torin con la fuerza de una bola de demolición, y los dos volaron
hacia atrás, golpeando un lado de la piscina. Más grietas corrieron a través de la
pared de la piscina como una telaraña.
Las otras dos sombras, Andris y su atacante, se encontraron en el medio de
la piscina y se deslizaron por el piso, dejando tras de sí fisuras tan profundas que
no pude ver sus piernas. Iban a derribar la casa, con nosotros en ella.
—Se matarán el uno al otro — susurró Raine.
Una ráfaga de aire gélido atravesó la habitación, y me volví aliviada. Echo
estaba detrás de nosotros luciendo como el ángel de la muerte.
—¿Están ustedes dos bien? —Preguntó.
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Asentí, mi mandíbula cerrada. El habla me había abandonado por mucho
tiempo. —Ayúdalos —dijo Raine.
Un segundo estuvo con nosotros; al siguiente estaba en medio del caos. La
casa tembló y se estremeció con cada golpe. Cuando un Grimnir se conectó con la
pared de la madriguera, dedos de diminutas fisuras se extendieron por el vidrio.
Nos levantamos de un salto y nos arrojamos detrás del sofá para cubrirnos justo a
tiempo antes de que explotara el vaso. Sin ninguna barrera entre nosotros, cada
palabra, golpe y gemido de la planta baja nos alcanzó.
—Eres mío ahora —gruñó Echo.
—No en esta vida, hijo traidor de un —Siguió un sonido de náuseas.
Cerré los ojos y esperé que no fuera Echo quien hiciera ese sonido. El sonido
de la muerte. Mi corazón latía con fuerza y mis pulmones ardían. Un fuerte rugido
retumbó en la casa. Luego hubo silencio.
Chupé aire en mis pulmones hambrientos y levanté mi cabeza. Raine ya
estaba parada donde había estado la pared. Me levanté, me abrí paso entre los
fragmentos de vidrio, libros y estanterías rotas, y me uní a ella. La escena de
abajo era escalofriante.
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Un suspiro de alivio escapé de mis labios. Echo estaba bien. En un buen día,
me habría sentido rechazada por cómo se veía y lo que había hecho, pero este no
era un buen día.
Él tenía un corazón en su mano, la sangre goteaba en el piso. A sus pies
yacía uno de los Grimnirs, un enorme agujero en su pecho, su cuerpo todavía
temblaba. A unos pocos metros de distancia, el segundo Grimnir estaba a medio
camino dentro de la fisura en el suelo, con la cabeza perdida. Torin se paró a unos
metros de él, la sangre aún goteaba de la punta de su artavus.
—Me desharé de los cuerpos —dijo Echo y abrió un portal. Lanzó el corazón,
levantó a los dos hombres como si fueran muñecos de trapo, y los arrojó dentro.
Una rápida mirada hacia mí y él se fue.
Andris se inclinó y sacó algo de la fisura. Fue la cabeza. Lo arrojó por el
portal antes de que se cerrara. Como si mis sentidos no estuvieran sincronizados,
se abrió una compuerta y todo se vino abajo. Empecé a temblar. Las náuseas me
revolvían el estómago. Me tambaleé y apenas logré contener el contenido de mi
estómago. Tomando respiraciones profundas, busqué a Raine.
Ella se fue. Una mirada me dijo que estaba abajo. Como tenía las runas
brillantes, debe haber cambiado a la súper velocidad. La seguí lentamente, aún
tratando de abarcar lo que había visto. Una cosa era escuchar a Echo y Torin
amenazar con desgarrar corazones y decapitarse unos a otros y otra muy distinta
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verlos realmente hacerlo. Estaba temblando tanto que tuve que sujetar la
barandilla y detenerme cada pocos pasos.
—Podemos reparar la habitación esta noche —decía Torin cuando me
acercaba a la plataforma de la piscina con las piernas temblorosas. La pared se
había ido, y los fragmentos de vidrio estaban en todas partes.
—Antes de que Lavania regrese —dijo Andris, haciendo un inventario del
daño.
—Yo ayudaré —dijo Raine. Ella tenía sus brazos alrededor de la cintura de
Torin. Los dos Valquirias parecían un desastre, sus ropas rasgadas, salpicadas de
sangre y polvo.
—No estamos en el negocio de matar —había dicho Torin.
Correcto.
Solté un aliento desigual. Me gustará o no, era parte de su mundo. El mundo
de los Inmortales, Valquirias, Grimnrs, dioses, Norns y videntes, o Vol, cualquiera
que sea el nombre que use Raine. No significaba que me gustaba.
La histeria salió a la superficie y un impulso insano de reírse me golpeó.
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Pensamientos inconexos se estrellaron contra mi cabeza. Necesitaba la seguridad
de mi casa. Cosas que consideraba normales. El aroma de la cocina de mi madre.
Tartas de manzana con sidra de manzana. Nunca volveré a quejarme de los
pasteles de mamá y los platos orgánicos. Iba a comer lasaña de espinacas como si
tuviera capas de Twizzlers bañadas en chocolate.
—Me voy a casa ahora —le dije, el sonido de mi voz tranquila me sorprendió.
Los tres seres sobrenaturales, porque eso era lo que eran, incluso mi mejor
amiga, me miraban como si hubieran olvidado mi existencia.
—Te llevaré —dijo Andris.
Raine y Torin intercambiaron una mirada, y luego ella dijo, —No, lo haré.
Torin te necesita aquí.
Las Valquirias no discutieron. No discutí. Solo gire y me aleje.
El camino a casa fue un borrón, las imágenes y los sonidos de la muerte
jugaban en mi cabeza. Me estremecí. Fuera de mi casa, apagué el motor y miré a
Raine.
—¿Siempre es así con ellos? —Le pregunté.
Ella sonrió. Estaba brillando con runas, así que si mis padres miraban por la
ventana, solo verían mi silueta.
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—No. Nunca los había visto matar a uno de los suyos. Lucha, sí. Ajustar los
cuellos, sí. ¿Estás bien?
Empecé a asentir pero terminé negando con la cabeza. —¿Tú?
Ella se encogió de hombros. —He aceptado que su mundo, nuestro mundo,
es violento.
Suspiré. —No sé si alguna vez lo haré.
—Debes. Te guste o no, ahora eres uno de nosotros, Cora. Echo te ama, y
conociéndolo, él encontrará la forma de hacerte inmortal.
—No, no puede —Negué con la cabeza, no estoy segura de si estaba
respondiendo a Echo amándome o convirtiéndome en un Inmortal.
—Es la única forma de protegerte, Cora.
—No sé si quiero que lo haga. Está tratando de encontrar a Maliina para que
pueda arreglarme. Tal vez entonces dejaré de ver almas.
—Oh, Cora. Las runas no son borrables. Si ese fuera el caso, los dioses ya
habrían arreglado Eirik. A menos que Echo sepa algo que nosotros no sabemos, lo
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que sea que Maliina grabe no puede ser cambiado tampoco. Pero se desvanecerán
con el tiempo y sus efectos desaparecerán. Mientras tanto, solo aprende a vivir con
ellos. Ya lo estás haciendo. Incluso estás dispuesta a ayudar a las almas perdidas,
lo que creo que es valiente y amable de tu parte.
Después de esta noche, ya no sabía lo que quería. Ni siquiera sabía si quería
ayudar a las almas. ¿Cómo podría querer Echo y rechazar un aspecto de lo que lo
hizo ser quien era?
—Pregúntate una cosa. Una vez que los efectos de las runas se desvanezcan,
¿Estás dispuesta a alejarte de Echo? Porque si lo haces, utilizaremos runas para
olvidar y seguir haciéndolo por el resto de tu vida natural.
No tenía respuesta para Raine. —Tengo que irme antes de que mis padres se
den cuenta de que estoy hablando sola. ¿Necesitas entrar y usar el espejo?
—No. —Buscó dentro de su bota y sacó un artavus— Ve. Estaré bien.
—Bueno. Buenas noches. —Agarré mi chaqueta, bolso y llaves y salí del auto.
Cuando miré hacia atrás, ella se había ido.
Papá todavía estaba trabajando y levantó la vista. —¿En casa temprano?
—El club era aburrido —Cerré la puerta con llave y fui a la cocina,
encendiendo las luces mientras iba. Corté una rebanada grande de pastel de
manzana y serví un vaso de leche. Ahora que estaba más tranquila, no podía
|
imaginar comer el pastel con sidra. Y nunca me gustaron las lasañas de espinacas.
Quejarse de eso era normal. Mi normal.
—Corta una porción para mí también, cariño —me llamó papá cuando me vio
dirigiéndome hacia las escaleras.
Sonriendo, puse mi porción y leche en una mesa auxiliar y obtuve la suya. Lo
abracé y presioné un beso en su sien.
—Buenas noches papá.
Él me palmeó el brazo. —Buenas noches, cariño.
Tenía la esperanza de que él me devolviera el abrazo, pero papá era papá
cuando estaba escribiendo. Arriba, fui en busca de mamá. Ella estaba en la cama
leyendo. Solía leer libros y revistas de agricultura orgánica, con ocasionales
romances históricos.
—Solo vengo a decir buenas noches —dije, poniendo mi merienda y bebida
en la mesa junto a la puerta.
Dejó la revista a un lado y dio unas palmaditas en la cama. Tan pronto como
me senté, ella tomó mis manos y me miró. —¿Estás bien?
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Un impulso repentino de llorar me inundó. —Sí.
El agarre de mamá se apretó. —Cariño, te conozco. ¿Que está pasando? Estás
en casa temprano.
—No estaba divertido el club.
Ella asintió, pero podía decir que vio a través de la mentira. —¿Y el fin de
semana pasado? Sonabas horrible cuando nos llamaste de Raine. Y esto —ella
agregó, volteando mi mano derecha con el corte ahora curativo.
Suspiré. —Mamá, estoy bien. Te dije que me corté la mano por accidente.
Me llevará un tiempo volver a mi vieja rutina.
Ella se estremeció. —No, una rutina aceptable. Tu vieja rutina fue
angustiante. Demasiadas fiestas, actividades en línea y muchachos.
Puse los ojos en blanco.
Mamá se rió. —Ven acá.
La abracé fuertemente y luché contra el impulso de llorar otra vez.
—Buenas noches, bebé —dijo y me besó en la sien.
|
La dejé y corrí a mi habitación, pero Echo no estaba allí. Una hora más
tarde, mi pastel comido, me arrastré en la cama. Él todavía era un no aparecía.
Las lágrimas se deslizaron bajo mis párpados. Ni siquiera estaba segura de
por qué estaba llorando. ¿Mi inocencia perdida? Realmente no. Lo perdí en el
momento en que acepté el hecho de que podía ver almas y no estaba loca.
Tal vez fue porque me sentía sola. Desconectada de todo lo familiar. Los
abrazos y el amor de mis padres a menudo alivian mi dolor e hicieron mi mundo
correcto cuando se inclinaba. Ahora pertenecía a un mundo diferente del que no
sabían nada. No podían ahuyentar a todos mis demonios.
El aire caliente rozó mis mejillas, y los latidos de mi corazón se dispararon.
Miré por encima del hombro y sonreí. Echo estaba de pie junto al portal del espejo
que acababa de usar. La calidez dijo que no había venido de Hel. No es que me
importara. Él estaba aquí ahora.
No dije nada ni encendí las luces. Solo lo observé mientras caminaba hacia
mi cama. Él me tomó en sus brazos, abrigo, botas, y todo, y me acunó más cerca.
Su aroma embriagador era familiar y tranquilizador. Él era mi nueva normalidad.
Lo inhalé y suspiré.
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Su mano fue gentil mientras él rozaba la humedad de mi mejilla. Él no
preguntó por qué estaba llorando, solo me abrazó hasta que estuve tranquila.
Cerré los ojos, acurrucada en su pecho, y escuché los latidos de su corazón,
saboreando su sensación. No importaba que la manta estuviera entre nosotros. Él
estaba aquí.
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15. FANTASÍAS
—Sé que hoy fue duro para ti —susurró Echo— Nuestro mundo puede ser
brutal.
No tuve una respuesta. Estaba más preocupada por él. —¿No les reportarán
sus almas a Hel? ¿Que tú y Torin los mataron?
Él se rió entre dientes, el sonido sexy vibraba a través de su pecho y hacía
que mi cuerpo se moviera. —No lo harán. Esos dos Grimnirs eran antiguos y estaban
empeñados en reclamar su gloria al agarrarte. No iba a dejar que eso sucediera, y
tampoco lo hacían las Valquirias. Cuando muere una Valquiria o Grimnir, están
condenados a vagar por este mundo como sombras. Fantasmas sin propósito.
Sabía que debería sentirme mal por los Grimnirs muertos, pero no pude.
Habrían matado a Torin y Andris si hubieran ganado.
—Perdemos un poco de nuestra humanidad cuando nos volvemos segadores,
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Cora. Cuanto más podamos cosechar, más nuestras almas se marchitarán. —Echo
sonaba triste.
Deslicé mis brazos alrededor de él, colocando mis manos entre él y la cama.
—Eso es terrible.
—Nada en este mundo es gratis, Cora. La inmortalidad viene con una
etiqueta de precio. Es por eso que tratamos de mantenernos atados a la tierra.
Valquirias, naturalmente, pasan más tiempo aquí y cosechan menos. No tenemos
tanta suerte. Tenemos más almas para escoltar. No solo para Hel's Hall, sino para
Corpse Strand. A diferencia de la mayoría de los Grimnirs, paso tanto tiempo como
puedo en la Tierra. Interactuar con los mortales nutre nuestras almas. Podemos
amarlos, sin convertirlos, y sufrir como cuando nuestros compañeros elegidos
envejecen mientras permanecemos jóvenes para siempre. Es peor que una
temporada en Corpse Strand. O los convertimos y somos castigados por ello.
Escuché la frustración y la aceptación en su voz. Nunca podría haber un
para siempre para nosotros. Quería preguntarle si alguna vez había estado
enamorado. Alguna vez he tenido la tentación de convertirme en un Mortal, pero
tenía miedo de la respuesta.
—¿Entonces, que se supone que debes hacer? ¿Quédate solo para siempre? —
Él se rió, su cálido aliento abanicando mi frente.
—Ámarla por el tiempo que pueda; luego irte. Si tienes suerte como Torin,
tu compañera elegida resulta ser uno de nosotros.
|
—¿Cuéntame más sobre Corpse Strand?
—Hay muchas mansiones para los enfermos y los ancianos en Hel, pero solo
hay un Corpse Strand. Tiene enormes cámaras donde las almas de los criminales
son guardadas y torturadas hasta el fin del mundo.
—¿Tú, eh, los torturas?
—No. Las serpientes se alimentan de ellos. Lo llaman una segunda muerte,
mordida y desgarrada por serpientes y dragones, y quemada por el veneno
venenoso que gotea de sus colmillos, sus gritos haciendo eco en la oscuridad —Se
estremeció— Otros mueren una segunda muerte durante el viaje a la isla en el río
que la separa de Hel's Hall, un río de cuchillos, dagas y espadas. Cuando un Grimnir
es castigado, se envía a Corpse Strand durante unos años. Si la diosa te quiere,
tienes unos meses, tal vez un año. De lo contrario, ella te deja allí durante
décadas.
—¿Alguna vez has tenido la tentación de convertir a alguien que no sean tus
hermanos druidas? —Le pregunté. No pude evitarlo.
—No. Nunca.
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No hubo vacilación en su voz, lo que me dijo que no estaba mintiendo. Una
parte de mí estaba dolida de que no creía que valiera la pena ir a Corpse Strand,
pero otra parte se sintió aliviada.
—Hasta ahora —añadió en voz baja— Hasta ti.
El aire salió de mis pulmones y mi cuerpo se relajó. —Echo...
—Pero no puedo tenerte a ti. No te haré esperar por mí.
—Entonces no lo hagas —Llevé los dedos a los labios cuando intentó
protestar— No me digas que no puedes tenerme cuando me estoy entregando a ti
yo misma.
Echo se quedó muy quieto, brillantes runas apareciendo en su rostro. No
quería darle la oportunidad de rechazarme, así que continué, hablando rápido,
tropezando con la lengua, mi corazón latiendo con fuerza.
—Y no me digas que no puedo desearte, porque ya lo hago. Nada de lo que
digas o hagas va a cambiar eso.
Más runas aparecieron en su rostro, sus inusuales ojos brillaron.
—No quiero que nadie más mate a mis dragones ni ahuyente a mis demonios.
Quiero que lo hagas. Contigo, a tu lado. Quiero reír, llorar y pelear contigo.
|
El amarillo en sus ojos se había tragado el verde exterior, haciéndolo
parecer salvaje y de otro mundo. Él ahuecó mi cara. Estaba acostada sobre su
pecho, nuestras caras separadas unas pulgadas.
—¿Te estás entregando a mí? —Preguntó, su voz baja y sexy.
—Sí —dije sin dudarlo.
—¿Incluso cuando no puedo darte un por siempre?
—El Para siempre está sobrevalorado.
Él sonrió. —Entonces me entregaré a ti el mayor tiempo posible.
Él unió nuestros labios.
El sabor de él fue directamente a mi cabeza. Mis sentidos respondieron,
enviando mi corazón fuera de la tabla. Le puse ambas manos alrededor de su
cuello y lo abracé, temiendo que cambiara de opinión y comenzara a hablar de él
para siempre y de Corpse Strand.
Gruñendo, Echo inclinó su cabeza para profundizar el beso. Una mano se
movió hacia abajo para tirar de la manta de mi torso inferior y pasar mi pierna por
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sus caderas para que mis piernas se sentaran a horcajadas sobre él. Mi pijama era
un pantalón corto y una camiseta sin mangas, el material tan delgado que bien
podría estar desnuda. Sentí su dureza desde mi pecho hasta mis muslos cuando me
presioné contra él, y el placer recorrió mi cuerpo.
Ambos gemimos.
Su boca dejó la mía para mordisquear mi mandíbula y mi cuello. Él tomó mi
lóbulo de oreja en su boca y mordió. Me estremecí incluso mientras lo calmaba con
su lengua. Agarré su cabeza y acerqué su boca a la mía, necesitando saborearlo de
nuevo.
Dejándome tomar el control del beso, sus manos se deslizaron por mi
espalda, acariciando la piel entre mi camiseta sin mangas y mis pantalones cortos,
sobre mis caderas y mis muslos.
La sensación de sus manos sobre mi piel fue electrizante. Las sensaciones
corrieron por mi. Ahuecando mis nalgas, me empujó más alto y se apoyó contra mí,
su excitación acurrucada entre mis piernas. Presioné con fuerza, y él murmuró algo
en mi boca.
Con un movimiento suave, rodó hasta un lado de mi cama, se sentó
conmigo, y arrancó su boca de la mía, su respiración laboriosa.
—Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura —ordenó.
|
Apenas me conformé cuando se levantó y caminó hacia la puerta.
—¿A dónde vamos?
En lugar de responder, entró en el modo súper velocidad. Cuando disminuyó
la velocidad, las runas cubrieron mi puerta. —Tus padres no abrirán tu puerta
mientras no estemos.
—¿Dónde vamos?
—A mi casa.
—No. No Italia. —Era donde solía llevar a Maliina.
—No ahí. Ya lo vendí. —Capturó mi boca en un beso abrasador y se dirigió
hacia el espejo, mi habitación se volvió borrosa. El siguiente segundo, estábamos
en un gran dormitorio dominado por una gran cama redonda. Una única lámpara de
noche estaba en la mesita de noche. No sabía dónde estábamos, realmente no me
importaba. Tenía todo lo que quería a mi alcance.
Echo.
Me bajó a la cama, rompió el beso y retrocedió. El aire frío se apresuró a
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reemplazar su calor, pero no tenía frío. El calor en sus ojos cuando se arrodilló
entre mis piernas fue suficiente para derretir el ártico.
—¿Sabes con qué frecuencia he querido traerte aquí? ¿Fantaseado contigo en
esta cama? —En una fracción de segundo, se quitó el abrigo y lo tiró a un lado. Le
siguieron las botas y los calcetines, dejándolo con solo el chaleco de cuero marrón
oscuro, la camisa blanca de pirata de manga larga y los pantalones de cuero.
—Tengo fantasías, también. —Intenté sentarme, pero él me detuvo.
—No, no te muevas. Quiero que el recuerdo de ti quede grabado en mi
cerebro —Se desabrochó el chaleco, un botón a la vez.
—¿Solo un recuerdo? —Bromeé.
—Uno de los muchos por venir. —Dejó su chaleco y se inclinó para pasar sus
dedos a lo largo de mi estómago, la parte quedó desnuda entre mis pantalones
cortos y la parte superior del top —Cuéntame sobre tus fantasías, Cora.
El calor se arrastró por mi cara. Negué con la cabeza.
Se inclinó, apoyó su peso sobre un codo y besó la piel sobre mi camiseta sin
mangas. Dejó un rastro caliente cuando sus labios se movieron hacia mi hombro,
una mano deslizándose debajo de mi camiseta sin mangas y acariciándome
íntimamente. Me estremecí. No sabía qué hacer con mis manos, así que le acaricié
|
el pelo y los hombros. Sus músculos se movieron espasmódicamente como si mi
contacto lo hubiera conmocionado.
—Si me dices las tuyas, te diré las mías —susurró contra mi cuello, y me
estremecí ante la sensación— Por favor, Cora. Cuéntame sobre tus fantasías más
oscuras y jugosas.
Intenté enfocarme en la conversación, pero mi mente tardó en responder. —
Quiero desnudarte. Despacio.
No podía creer que realmente lo hubiera dicho. Él se quedó quieto, y estaba
seguro de que se iba a reír.
—Está bien, cara de muñeca. Desnúdame —Él saltó de la cama y esperó, con
las manos en las caderas, una actitud arrogante y un intenso brillo sensual en sus
ojos.
Con el corazón latiendo con fuerza, la anticipación me mareaba, me deslicé
de la cama y me puse de pie frente a él con las piernas temblorosas. Mordiendo mi
labio inferior en concentración, desabroché el siguiente botón de su chaleco.
—Mírame —ordenó.
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Nuestros ojos se encontraron, y mi mano se detuvo. El calor saltó en sus
ojos lobunos. Me rozó el labio inferior, obligándome a renunciar a él. Murmurando
una maldición, ahuecó la parte posterior de mi cabeza y capturó mis labios, su
lengua deslizándose dentro de mi boca para encontrar la mía.
Aturdido, me olvidé de desvestirlo. El beso fue feroz. Caliente. Mi mente se
entumecio. Agarré sus brazos y me sostuve.
Levantó la cabeza para gruñir, —Tienes treinta segundos, cariño. Entonces
me haré cargo.
Mis movimientos eran torpes, deshice los últimos botones y aparté el
chaleco de sus anchos hombros. Tiré la camisa metida en sus pantalones, la
abotoné y la levanté, mostrando sus abdominales inferiores y la delgada línea de
cabello oscuro que serpenteaba desde su ombligo. Echo fue pura perfección.
Babeé en los seis abdominales, el amplio pecho y los anchos hombros. Su
pecho estaba allí, rogándome que lo besara, y lo hice, y él gimió. La mejor
fantasía de todas. Le saqué la camisa por la cabeza y tiré hasta que sus brazos
estuvieron libres. Tiré la camisa a un lado.
—Eres tan hermoso —susurré con asombro.
Él se rió entre dientes. —Dices cosas así y esta fantasía tuya ha terminado.
|
Sonriendo, mi mano se fue por la hebilla de su cinturón, la desenganché y le
quité el cinturón. Se unió su camisa en el piso. Deslicé el botón y bajé la
cremallera. Él tomó aliento.
—Eso es. No puedo soportarlo más. —Me acercó a él y me besó— Fuera —Me
agarró al borde de mi camiseta y me la quitó, sus ojos se oscurecieron mientras me
bebía. —Magnífico —susurró y corrió sus dedos sobre mi pecho, me molestaban
mientras yo gemía y temblaba. —Me cortas la respiración.
—Lo hiciste tú desde el primer momento en que nos conocimos. Necesito
verte —susurré.
—¿En serio? —Él me recogió y me tiró sobre la cama— ¿Qué más? —Se
arrodilló entre mis piernas y llovió besos en mi ombligo, sus manos suaves como
una pluma mientras acariciaba mis muslos y caderas. Se movió hacia arriba,
volviéndome loca con sus caricias y besos. La peor parte fue que observó cada una
de mis reacciones. Cuando jadeé, él sonrió.
—¿Te gusta eso? —Preguntó con voz ronca, el brillo hambriento en sus ojos
hipnótico y emocionante.
—Sí.
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Mi cuerpo dejó de ser mío. Él estaba en control, tomando indicios de mis
respuestas. Lo agarré por el hombro y dejé que me amara, mis gritos de placer
llenando la habitación. Sin detenerse, se inclinó y acarició mi estómago, mis
caderas y mis muslos. Se puso en cuclillas y me despojó por completo.
Pasó sus ojos sobre mí y me dio una sonrisa lenta y malvada. —Cara de
muñeca, si fuera un hombre inferior, explotaría por solo mirarte.
—Quiero verte, también. —Y tocarlo y besarlo.
Él enganchó sus dedos debajo de la pretina de sus pantalones de cuero y tiró
de ellos hacia abajo.
Se veía magnífico en la ropa interior y... wow, era espléndido en su
desnudez. Había visto suficientes hombres del equipo de natación en sus Speedos,
pero él fue el primero. Mi primer hombre desnudo. El primero en dejarme sin
palabras.
—Deja de mirarme así —bromeó, arrodillado entre mis piernas.
Solté una risita. —¿Como?
Echo levantó mi pierna y plantó un beso en mi pantorrilla. Luego se movió
más abajo y plantó otro en la parte interna de mi muslo. —Como si no pudieras
esperar para hacer cosas malvadas en mi cuerpo.
|
Todo mi cuerpo se sonrojó. No tenía sentido negarlo. Quería hacerle cosas
realmente malas. —Lo hago.
—¿Hacer qué? —Él acarició su camino hacia mi estómago, más allá de él para
encontrarme.— ¿Hacer qué? —Preguntó de nuevo, atormentándome con sus dedos.
—Cosas malvadas en ti. —Lo atraje hacia mí, amando su peso, su cuerpo
caliente contra el mío.
Echo me besó el cuello y luego mi boca, nuestras lenguas se acariciaron, sus
dedos me empujaron más y más alto. El placer fue tan intenso que me volví un
poco loca con cada golpe. Deje besos en toda su cara, mis manos acariciando sus
hombros y brazos, en cualquier lugar que pudiera alcanzar.
Fui al límite cuando mi mundo se desintegró. Todavía estaba recuperando el
aliento cuando entró en hipervelocidad. No entendí hasta que regresó antes de que
el frío pudiera reemplazar su calor. Él había conseguido algo de protección. Es
curioso que nunca pensé en eso. El calor inundó mi cara.
Echo ubicado perfectamente entre mis piernas. —Mírame —Me tensé.
¿Debería recordarle que esta era mi primera vez?
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—Cora, mírame. Por favor.
Lo miré a los ojos y recordé que era Echo. El tipo que podría ser tan duro y
severo un segundo y suave y dulce al siguiente. El chico que amo.
Él me atrajo más cerca, su cuerpo tenso como si se estuviera conteniendo.
Ahuequé su rostro, lo besé y empujé contra él, queriendo que la parte dolorosa
terminara, pero se congeló y comenzó a retirarse.
—No pares —supliqué, envolviendo mis piernas alrededor de él.
Sus manos agarraron mis caderas. —Realmente eres virgen.
El calor inundó mi cara otra vez. —No dejes que eso te detenga. Estoy lista.
Por favor, hazme tuya, Echo.
Estaba rogando y no me importó.
—¿Por qué? —Se movió, rompiendo el contacto frágil. Alzó la mano para
acariciar mi mejilla con sus nudillos.
Lágrimas corrieron a mis ojos. Él se detuvo. —¿Por qué qué?
—¿Por qué no antes de mí? —Me besó en los labios y luego se movió hacia mi
cuello.
—No lo sé.
|
—Ya sabes. Dímelo —dijo, su aliento cálido en mi cuello.
Finalmente caí en la cuenta de que él no se había detenido. Estaba
empezando de nuevo, sus movimientos más suaves.
—Estaba esperando a la persona adecuada —Lo había estado esperando. Se
movió más abajo, burlándose de mí con sus dientes, labios y lengua. Jadeé y
arqueé mi espalda.
—Tu cumpleaños es el próximo mes —susurró contra mi piel.
—Sí —respondí, pasándome los dedos por el pelo, deseando que dejara de
hablar.
—Tendrás dieciocho años.
No me gustaba a dónde iba esto.
—Podemos esperar hasta que seas oficialmente un adulto, cara de muñeca.
No me importa.
—A mi sí.
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Levantó su cabeza y me estudió a través de ojos de párpados pesados. —
¿Estás segura?
Asentí.
Él se rió entre dientes y me besó, se movió más bajo y me introdujo a un
tipo diferente de intimidad. Todo lo que podía hacer era aguantar mientras él
tomaba el control de todo lo que yo creía que sabía sobre mí y lo volteaba.
Mientras mi mundo explotaba, él se movió rápido y nos unimos. El dolor estaba
allí, pero pronto se olvidó mientras lo miraba a los ojos.
—¿Estás bien? —Susurró.
—Sí —Nunca quise moverme.
Entonces noté que estaba rígido, como si temiera moverse.
—¿Estás bien? —Susurré.
—Sí. Solo no te muevas. Hel's Mist, esto es tan perfecto como puede ser —
Cubrió mi boca con la suya, y luego comenzó a moverse.
Nada de lo que había hecho antes me había preparado para esto. La
intensidad. Las sensaciones. La sensación de completa integridad. Sus runas
resplandecientes, sus besos intensos, nuestra unión tan hermosa y el alma
destrozada. Sabía que había encontrado al hombre que estaba destinado a amar:
mi alma gemela.
|
***
Estaba sola en la cama cuando me desperté. La almohada al lado de la mía
aún tenía la hendidura de la cabeza de Echo. Me lo llevé a la cara, inhalé y sonreí.
Entonces noté que la luz del sol se filtraba por las esquinas de las pesadas cortinas
doradas. ¿Que hora era?
Miré alrededor de la habitación, buscando un reloj. La habitación estaba
decorada en verde cazador y dorado, y todo, desde la gruesa alfombra hasta el
candelabro, parecía caro.
¿Donde estaba?
La puerta se abrió, y Echo entró. Sin camisa. Sin zapatos. Pantalones de
cuero y esa irresistible sonrisa sexy. ¿Alguna vez me cansaría de mirarlo? ¿Querer
tocarlo, besarlo, amarlo?
Recordando anoche y esta mañana, mi cara se calentó.
—Sigan mirándome así y no saldremos de esta habitación —advirtió.
Sonreí. —¿Que hora es?
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—Casi a las diez en punto.
—Oh, no —Me arrastré hasta el borde de la cama y busqué mi ropa, que
parecía haber desaparecido— Tengo que ir a casa. Mis padres probablemente
rompieron mi puerta, me encontraron desaparecida y llamaron a la policía. Crucé
los brazos y miré a todos lados menos a Echo. —¿Dónde está mi ropa?
Se detuvo frente a mí, tomó mi rostro y me obligó a mirarlo. Sus ojos
brillaron. —¿Es la tigresa tímida?
—No —le dije, pero todavía no podía mirarlo sin recordarlo anoche o esta
mañana.
Él bajó mis brazos y se arrodilló frente a mí. Su mano se movió hacia arriba
y acarició mi labio inferior. —Tu ropa está justo detrás de ti.
Claro, suficiente, mi pijama y mis bragas estaban prolijamente dobladas y
colocados en la parte superior de la cabecera.
—¿Dónde estamos?
—La Gorce, North Miami Beach. Puede que sean diez aquí, pero son solo
siete en Kayville.
Me besó.
|
Hmm, podría besarlo por horas. Él sabía a café, menta y su sabor
embriagador único.
—Tus padres todavía están dormidos. Te lo mostraré. Se enderezó, caminó
hacia atrás, las runas aparecieron en su piel, y se giró cuando estaba cerca del
espejo. Él era pura perfección. Buen trasero, cintura estrecha, amplio...
Mis ojos se agrandaron. Cicatrices cruzadas en su espalda, algunas delgadas
y angostas como por pestañas. Otros eran bajos y harapientos. Probablemente de
cortes profundos o heridas de arma blanca. No podía creer que esta fuera la
primera vez que los veía. Había sentido la piel desigual mientras estábamos
besándonos en el automóvil hace una semana, pero eso fue todo. ¿Quién se atrevió
a lastimarlo así?
Capté su sonrisa y me di cuenta de que podía verme mirándolo a través del
espejo.
—No me importa —dijo traviesamente, con los ojos brillantes— Me encantan
tus ojos.
—Eres hermoso.
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—No, no lo soy, pero estoy feliz de que pienses eso —El espejo respondió a
su cercanía y se formó un portal. Parte de mi habitación era visible, la luz antes
del amanecer se deslizaba por los bordes de las cortinas.
Me puse las bragas y la camiseta sin mangas y lo seguí, mis ojos se clavaron
en él mientras permanecía de pie junto a mi ventana. El silencio en mi casa
significaba que mis padres todavía estaban dormidos. A menudo dormían hasta
tarde los domingos, y cada vez que podía, les preparaba el desayuno. Una rápida
mirada por la ventana dijo que pronto saldría el sol.
De cerca, las viejas cicatrices en la espalda de Echo apenas se notaban. Sin
las runas iluminando su piel, nunca las hubiera notado antes.
Me detuve detrás de él y pasé una mano por su espalda.
—¿Quien te hizo esto?
Él se tensó. —No importa.
Con mi garganta apretada con tantas emociones, la ira más alta, besé una
cicatriz desigual y luego otra. Su pecho era impecable, lo que significaba que
alguien le había hecho esto deliberadamente mientras cubría su frente. —¿Quien?
—Besé otra cicatriz.
—Te dije que no era hermoso —dijo en voz baja y palpitante, como si mi
reacción lo hubiera afectado de alguna manera.
|
—No. Eres mucho más. Eres perfecto.
Echo giró y me tomó en sus brazos. En lugar de besarme, simplemente me
abrazó fuerte. Deslicé mis brazos alrededor de su cintura, asombrada de no haber
sentido los bordes de algunas de las cicatrices dentadas cuando habíamos hecho el
amor. Probablemente estaba demasiado atrapada en el momento.
—¿Quién te lastimó, Echo? —Así que podría patearle el culo.
Él se rió entre dientes y pasó sus nudillos a lo largo de mi mejilla. —Parece
que estás lista para librar una guerra.
—Si están vivos...
Él me levantó tan alto que tuve que arrimarme a sus hombros. Mirándome a
la cara con una expresión que no podía explicar, dijo: —No tengo cicatrices
recientes, cara de muñeca. Estos son viejas. Ya no importan porque los perdoné.
—Bueno, yo no. Cuando estés listo, háblame de ellos.
—Ya lo hice. —Caminó conmigo hacia su habitación, el portal cerrándose
detrás de nosotros. Él me bajó hasta que pude rodear su cintura y nuestros labios
estaban más cerca— Me salté los detalles.
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¿Estaba hablando de los romanos que habían cazado a su tipo? Me besó de
nuevo, lenta pero a la vez que aparté la cuestión de sus cicatrices.
—Quise despertarte con un beso — dijo con voz ronca.
Envolví mis brazos alrededor de su cuello. —Hazlo la próxima vez.
—Lo planeo.
Esta vez lo besé, mis dedos se enterraron en su cabello y lo sostuvieron en
su lugar. Su cabello era suave. —Sabes bien.
Él se rió entre dientes. —Tú también. Cada pulgada de ti.
El calor inundó mi rostro, recordando. —No es justo. No puedo decir lo
mismo. La próxima vez.
Echo gimió.
—Ahora no pensaré en nada más. —Él me bajó al piso, nuestros cuerpos se
tocaron. Me moví, burlándome de él. Él gimió y envolvió sus brazos alrededor de
mi cintura. —Compórtate o volveremos a la cama, lo cual es una mala idea porque
todavía estás dolorida.
Lo era, pero no me importaba. —Estoy bien.
|
Él se rió entre dientes. —¿Qué quieres primero? ¿Ducha o desayuno?
—Ducha. En mi baño.
Él frunció el ceño. —Es demasiado pequeño.
—Mamá se levantará pronto, y yo suelo preparar el desayuno los domingos.
Ella vendrá a buscarme.
—Espera aquí. —Desapareció por el portal hacia mi habitación y luego entró
a mi baño. En cuestión de segundos, escuché el agua corriendo. Entonces él estaba
caminando hacia atrás.
—Ahora escuchará el agua corriendo y supondrá que estás en la ducha.
Deshagámonos de esto. —Se quitó los pantalones, quitó la parte superior de mi
pijama y me tiró sobre sus hombros como un hombre de las cavernas.
Solté una risita. Él tenía el trasero más lindo de todos. Lo golpeé
—Compórtate, mujer, o no te gustarán las consecuencias.
—¿Lo prometes?
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Él rió.
El baño era enorme y estaba hecho en mármol negro. A través de una
ventana, pude ver una glorieta y más allá un muelle con un bote y palmeras. La
ducha también era espaciosa, con dos cabezales de ducha.
Perdí interés en la propiedad. Se veía tan adorable con su pelo pegado a su
cuero cabelludo. Nos lavamos el pelo el uno al otro.
—Date la vuelta —ordenó. Me besó en el hombro, el agua caía sobre su
cabeza— Estoy tan feliz de ser tu primero, Cora-mia.
—Yo también —Quería que fuera el último, y yo el suyo. Por ahora, estaba
disfrutando el viaje. Me dio la vuelta y me besó larga y duramente.
—Tu turno —dije.
Sacudió la cabeza. —De ninguna manera.
—Date la vuelta —Vaciló.
—No voy a hacerte daño, Echo.
Se rió como si dijera que eso era imposible, pero se volvió, se apoyó contra
la pared y apoyó la cabeza en los brazos cruzados.
|
Enjabillé la esponja y la pasé por sus anchos hombros. Incapaz de ayudarme,
besé sus cicatrices. —Giro de vuelta.
—Uh-mm, no creo que sea una buena idea.
—Gallina —bromeé.
Miró por encima del hombro e hizo una mueca. —¿Sabes que cada vez que te
veo, oigo tu voz, o incluso pienso en ti, te quiero?
—No, no lo sabía. —Presioné contra su espalda y le limpie el pecho con una
esponja. —Pero estoy feliz de escucharlo.
Para cuando terminamos en el baño, el agua estaba tibia.
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|
16. Almas
“Planeo ayudar a las almas esta tarde. ¿Vienes?” le mensajeé a Raine, antes de
empezar mi desayuno. Debería estar desayunando con Echo en vez de cocinar.
Mi teléfono sonó. Era Raine. “Seguro. ¿A qué hora?”
“Después del almuerzo. Pasaré por ti.”
“Estaré en la vieja casa de Eirik”
Mamá entró a la cocina y sonreí. Aún estaba usando su pijama de vestido, su
cabello iba hacia todos lados. Le pasé una taza de café.
—Gracias. ¿Qué hiciste con el agua caliente? Traté de bañarme pero el agua ni
siquiera estaba tibia.
Me sonrojé. —Yo, uh, lo siento. Lavé mi pelo y luego tome un gran baño de agua
caliente.
—Supongo que está bien. Puedo esperar —le dio un sorbo a su bebida y miró a la
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waflera— Algo huele bien. ¿Qué vamos a desayunar?
—Croquetas de papa en la waflera y salchichas.
—Bien. A tu padre le encantará —besó mi sien— Estuvo despierto hasta muy noche,
hay que mantenerlo cómodo.
Después del desayuno. Me cambié la ropa sucia y decidí hacer algo con mi cabello.
La tarde no estaba suficientemente cerca.
Las puertas de la vieja casa de Eirik, o debería decir de la nueva casa de las
Valquirias, estaban abiertas cuando llegue. Dentro, noté algunos cambios. Pintura
más colorida en las paredes. Plantas y flores. Ninguna evidencia del caos de
anoche. Nada roto. Ni siquiera la pared. Ni un vidrio roto.
Incluso la piscina tenía agua. Ingrid tenía algunos amigo ahí, principalmente
animadoras y sus novios. Su cita de la otra noche estaba ahí.
—¿Cómo? —le pregunté a Raine.
—Runas de reparación. Vamos —nos dirigió al piso de arriba a través de la sala de
estar, donde vimos a Echo y a Torin matar a dos Grimnirs. Como en el piso de
abajo todo estaba perfecto y limpio.
—Cora, es lindo verte de nuevo —dijo Lavania entrando al cuarto. Me envolvió en
un abrazo y besó mi mejilla—. Ven, siéntate conmigo.
|
Miré a Raine, pero ella solo movió sus dedos. —Estaré en el piso de abajo hasta que
estés lista para irnos.
Seguí a Lavania al sillón. Se sentó derecha y con las piernas cruzadas por sus
tobillos. Estaba usando unos leggins, una blusa y tenía el pelo recogido. Ella podría
usar lo que sea y verse majestuosa, como un recuerdo de princesas y damas, no
estaba segura de que quería, pero no podía ser bueno. No sonreía.
—Así que… —me estudió con los ojos entrecerrados— Raine me dijo que planeas
ayudar a las almas.
No sonaba como si lo aprobará. —Sí. ¿Eso está bien?
—Sólo si está bien para ti. Raine me dijo lo que pasó cuando te poseyó. ¿No estabas
asustada?
Asentí. —Oh, lo estaba.
—¿Entonces porqué lo haces?
Me encogí de hombros. —No lo sé. Es algo que hacer —suspiré—. No, no es verdad.
Siento lastima por ellos, y sí puedo ayudarlos a encontrar el final, ¿Por qué no
hacerlo? Así puedo convertir lo que Maliina me hizo en algo positivo.
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Lavania me sorprendió cuando sonrió aprobatoriamente. —Ahora entiendo porque
tu amistad es tan valiosa para Raine. Eres fuerte y compasiva —se hizo hacia
atrás—. Cuando conocí a Maliina, después de que tomó tu imagen y personalidad,
supe que había algo maligno en ella. No me gustaba, y le dije a Raine que ella no
debía promover una asociación con Eirik. Por supuesto, conoces a Raine, sabes lo
terca que puede llegar a ser. Le insistió a Eirik que tenía el derecho de cortejarte.
Tu eras su mejor amiga, y su mejor amiga no podía ser maligna. Ahora que conozco
a la verdadera tú —extendió su mano hacia mi y palmeó mi mejilla—. Concuerdo
con ella. Harás un maravilloso consorte con nuestro joven dios.
Parpadeé. —¿Consorte?
—Pareja. Esposa. Creo que Echo eligió bien.
Sacudí mi cabeza. —Oh, no. Eirik y yo… no. No me siento así con Eirik. Quiero
decir, tuve un crush en él, pero está en el pasado, se fue.
Lavania sólo rió. —El tiempo lo dirá. Sabrás a lo que me refiero cuando regrese.
—¿Regrese?¿Volverá?
—Pronto. Espero —Lavania se levantó—. Él quería volver antes, pero sus abuelos no
le dejaron. No creyeron que estuviera listo. Tenía que aprender a usar las runas
|
sobre sus cuerpos. Sigue diciendo que estás en peligro. Pero le aseguré que ustedes
estaban bien, que estaban más seguras que nunca.
Mierda. ¿Raine y los demás no le habían dicho nada?
Lavania tomó mi brazo y me acompañó a las escaleras. —También insiste en que
debes terminar tu transformación a Inmortal. Incluso me ofrecí a ayudar, le dije
que tenía varios artavus de dónde escoger, pero él puede ser terco también.
No supe como responder. La idea de ser Inmortal me intrigaba, pero no me
apetecía si Echo no era parte de eso.
—Parar a las almas de quedarse, es lo que necesitas hacer —dijo Lavania y
comenzamos a bajar las escaleras— primero debes…
Raine y yo dejamos el complejo, y las puertas se cerraron detrás de nosotras —
¿Cómo es que ustedes, chicos, no le han contado a Lavania sobre las Fuerzas
Especiales del Hel? —pregunté.
—¿Estás bromeando? Sí le cuenta a Eirik, tan pronto como sepa que estás en
peligro, el vendrá corriendo. No, él está estudiando y entrenando, y eso está bien.
Mientras sepa que estás bien, él se quedará allá.
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—De acuerdo con Lavania, el vendrá de todas formas a cortejarme.
Raine sonrió.
Fruncí el ceño. —No es gracioso.
Raine solo se encogió de hombros. —Lo sé. Pero es como dos chicos ardientes
yendo tras de ti.
Volteé mis ojos. —¿Te refieres a cuando Torin y Eirik iban detrás de ti al mismo
tiempo? —suspiré, aunque no en modo de burla— Escucha, creo que deberíamos
advertirle.
—Entonces, él creerá que estamos en peligro por su culpa y vendrá de todas
formas. Conoces a Eirik, Cora. A él no le importa sí mismo. Solo piensa en nosotros
y será atrapado por Grimnirs.
Tenía razón. Yo sólo quería encontrar una manera de contarle lo de Echo, así
pasaría la página. Incluso el pensamiento de volver a ver a Eirik producía una
emoción en mi. No podía esperar para volverlo a ver.
Volteé en la segunda del Este y me dirigí al centro de Keyville. ¿De qué estábamos
hablando? Ah, Eirik. —¿Por qué necesita entrenar?
—Todos lo dioses entrenan. Los Valquirias y Grimnirs también, desde que tienen
que pelear en el Ragnarok. En caso de Eirik, él tendrá un arma especial. Ya sabes,
|
cómo el martillo de Thor o la lanza de Odin. También está estudiando runas, lo
que es obligatorio en todos los dioses.
—¿Es feliz?
—Torin cree que sí, me parece que sólo lo ha visto una vez. No han cosechado
mucho estas semanas.
Probablemente por mi culpa. —Lo siento por eso, no pueden cuidarme y…
—No, no es por ti. La gente sana no ha muerto últimamente. Sé que suena raro,
pero es verdad. La semana pasada, Torin y Andris estuvieron en Calagary, donde
un equipo de ski fue golpeado por una avalancha. Cuatro de ellos estuvieron
enterrados en la nieve como por media hora. La temperatura de sus cuerpos
estuvieron debajo de los 20 grados, no deberían haber sobrevivido, pero todos lo
hicieron. Lo mínimo fueron costillas rotas e hipotermia. Todo el mundo lo está
llamando milagro. Un incidente es un milagro; varias al mes son como mucho una
coincidencia.
—¿A qué te refieres?
—Un chico de la NFL, con los Seahawks chocó su Lamborgini a las afueras de
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Seattle, quedó muy mal, pero él estará bien. Un triatleta fue a los suburbios y un
grupo de adolescentes aburridos le dispararon. Estuvo en cirugía un par de horas y
sobrevivió. Él no debió volver a correr, pero sobrevivió. Más historias como esa
vienen desde todo el mundo, y no tienen sentido. Ninguno de los destinados a
Asgard murió.
—¿Y los de Hel?
—Cayendo como cucarachas. Los Valquirias están teniendo una conferencia justo
ahora. Es por eso que ni Andris ni Torin están. Lavania ya no cosecha, pero
también fue. Algo está fuera de la sincronización, apostaría a que las Norns tienen
algo que ver.
Eso explicaría mejor la supervivencia de su padre. —¿Qué ganan ellos cambiando
los destinos?
—No lo sé, pero de alguna manera sé que tiene que ver conmigo. Siempre están
molestos conmigo.
—Lo siento —alcancé su mano y la apreté.
Rio. —No es tu culpa. Mamá me advirtió que no sería fácil ir contra ellos. Solo
quisiera saber que es lo que planean para mi.
Antes de que pudiera responder, no es que supiera que decir, un relámpago de aire
frío llenó el auto. Echo. Raine se volteó y tosió.
|
—Echo, me has asustado. ¿De dónde vienes?
—Hel —sonrió. Nuestros ojos se cruzaron en el espejo, guiñó. Se acercó, acomodo
mi cabello y plantó un beso en mi cuello.
Sus labios estaban helados, pero no duró mucho. Me hice hacia atrás acunando su
cara mientras que acariciaba mi cuello. Mi cuerpo tembló en respuesta. Las
palabras entre nosotros ya no eran necesarias, y me estaba volviendo buena en
esto de las multitareas. Desafortunadamente mi cuerpo no siempre coordinaba con
mi cabeza. Y recordar lo de anoche no ayudó. El carro se tambaleó.
—¿Creen que deberían hacer esto justo ahora, chicos? —Raine preguntó.
Sonreí y entré en el estacionamiento de Harvest Foods.
Echo la miró. —No, pero a ella le gusta, y estoy aquí para concederle cualquier
deseo. A menos que tú prefieras venir aquí atrás a calentarme, Raine Cooper.
Raine se había sonrojado, pero yo no estaba entretenida. Echo era muy coqueto.
Lo golpeé en la cabeza.
—Solo bromeaba —protestó—. Nadie tiene permitido calentarme, excepto tú,
muñeca.
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Detuve el motor y lo miré. —Y más te vale no olvidarlo, tu…
Sus labios se llevaron el resto de mis palabras. En el momento en el que alzó su
cabeza no me importó que coqueteara con un montón de mujeres. Raine tenía una
gran sonrisa, la cual, pretendí no ver. Me sonrojé, luego tomé un cuaderno y una
pluma.
—Bien, Raine esto es lo que haremos. Primero iré a la tienda. Luego las almas
aparecerán y accederé ser su anfitriona y los traeré al carro. Dejaré que me posea
uno por uno y escribiré cual sea el mensaje que tengan para sus seres amados.
Lavania sugirió que me tomes de la mano para estar conectada al mundo físico.
Raine asintió, pero se veía preocupada.
—¿Puedo hacer una sugerencia? —preguntó pero no espero una respuesta antes de
añadir— Ustedes dos se quedan aquí mientras yo voy y los traigo después de una
charla.
Lo escuché, pero mi atención se dirigió a la entrada de la tienda. Las dos almas
que había visto hace dos días estaban parados en la entrada, y no estaban solas.
—Eso no es bueno —murmuré.
—¿Por qué? Su idea es maravillosa —dijo Raine.
|
—No, ellos aparecieron. Muchos de ellos —apunté al frente de la tienda. Raine
suspiró con decepción por que no podía verlos.
—Quédense aquí —dijo Echo y se fue. Apareció con las almas, su guadaña estaba
afuera, las runas brillaban en cada parte visible de su cuerpo.
—¿Qué está haciendo? —preguntó Raine.
—Hablando con las almas. Probablemente tratando con ellas. Son al menos una
docena —Echo caminó hacia el auto, y las almas lo siguieron—. Ya vienen.
—¿Ahora qué?
Exhale. —Esperar a que sobreviva esta sesión.
—Si se puede llamar así —añadió Raine. Sonaba preocupada. Ya éramos dos.
***
Una hora después ya estaba exhausta y adormecida. Cada alma se sentía cómo una
eternidad. Ya había hecho siete y diez más esperaban porque más iban llegando.
Estábamos en el asiento de atrás con las ventanas abiertas, así podría hablar con
Echo, quién hacía de guardia afuera dejando pasar alma por alma.
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Con sus brillantes runas, no teníamos que preocuparnos de que lo vieran. Raine y
yo les dimos algo a qué mirar y sonreír, dos chicas en el asiento de atrás
tomándose las manos y hablando tranquilamente. Esa era una de las cosas que
amaba de Keyville. Quitando que era un pueblo pequeño, a la gente no le
molestaba ver parejas del mismo sexo.
Echo me miró y alzó una ceja. —¿Lista?
—Ella debería parar —dijo Raine. No era la primera vez que lo decía.
En cada posesión juraba que sería la última. —No puedo.
—Pero ya estás exhausta y —tocó mi frente— estás viscosa y grisácea.
Estaba cansada, pero una chica como de mi edad, con una mascada cubriendo su
cabeza, como la mayoría de los pacientes de cáncer, era la siguiente. Se veía
miserable. Miré a Echo a los ojos y asintió.
—Está es la última —dijo firmemente.
No respondí. Podía hacer más.
Miró a los ojos de la chica. —Hazlo rápido o sabrás las consecuencias.
El alma entró al carro. Y como todas, invadió mis sentidos, su presencia era
asfixiante. Sus pensamientos se combinaron con los míos. El matrimonio de sus
|
padres se había arruinado, y ella se culpaba a sí misma. O a su enfermedad. Ella
fue diagnosticada de un cáncer agresivo hace un año, murió en sólo seis meses. Su
madre se rindió en la vida y no volvió a dejar su casa, y su padre se casó con su
trabajo. Ya no hablan. Pelearon. Y para el momento en que me dejó ir, yo ya
estaba llorando.
Echo me dio una mirada y se lanzó al asiento de atrás del auto. —Ya terminaste.
—Dame un segundo, puedo hacer algunos más.
—No —levantó mi mentón y evaluó mi rostro—. No vas a cansarte de ellos. Irás a
casa. Te veo esta noche —besó mi gente y se fue.
Cuando miré afuera, él estaba escoltando las almas a través de un portal, con su
capucha puesta, y su guadaña en mano. El recordatorio de que nueve almas
seguían afuera, mirándome. No tenía nada que darles, incluso aunque le hubiera
dicho lo contrario a Echo.
Raine, ya detrás del volante, encendió el motor. —Iremos a mi casa.
—No, llévame a casa —cerré los ojos.
—¿Estás segura? Tu madre te verá y te llevará corriendo al hospital más cercano.
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—¿Tan mal me veo? —pregunté sin abrir los ojos.
—Como la mierda.
Traté de sonreí pero no lo logré. —No me preocupa mi madre —no abrí mis ojos
hasta que se estacionó afuera de mi casa—. ¿Quieres entrar?
—Debo asegurarme de que llegues a tu cuarto. Creo que si haces esto de nuevo, tu
límite es de tres o cuatro almas.
—Lo sé —para mi suerte, mis padres no estaban en casa, así que fuimos a mi cuarto
directamente por las escaleras, donde me lancé a mi cama. Raine me preguntó
algo sobre unas runas en mi cuarto, murmuré una respuesta. Al menos, creo que lo
hice.
***
Cuando me desperté, estaba enrollada con, uno de sus brazos estaba sobre mi
cintura y el otro debajo de mi cabeza. Me acomodé y miré su cara.
—Estoy despierto —su mano subió hasta mi cara— ¿Cómo te sientes?
—Descansada.
—No creo que debas hacer esto de nuevo —me acomodó sobre su pecho y se acostó
sobre su escalada— Nunca.
|
Él era tan lindo cuando era protector. Deslicé una mano entre él y la cama y
escuché los latidos de su corazón.
—No les debes nada, Cora —dijo Echo, acomodando mi cabello.
—Lo sé, pero se ven tan miserables, los mensajes que me dan quizá los ayudan a
encontrar el fin.
—Y sigo diciendo que ese no es tu problema. Sí los Mortales no pasarán la mayoría
del tiempo guardando secretos, no harían un gran problema cuando se les acaba el
tiempo.
—No seas tan duro de corazón, Echo. Seguramente…
—Si se trata de mantenerte a salvo, no me interesan —acunó mi cara y besó el
contorno de mis labios— ¿Tienes hambre?
Mi reloj decía que eran las cuatro de la madrugada. Las siete en Miami. —Estoy
hambrienta.
Rodó y me tomó en brazos. —¿Y después de eso?
—Tengo escuela.
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Echo rió. —Tenemos bastante tiempo.
***
—¿Qué hay de nuevo? —pregunté, acercándome detrás de Raine, cerca de nuestros
casilleros. Estaba con Torin y algunos jugadores.
—Asamblea —dijo Raine—. El director seguramente quiere hablar de la reunión
planeada para el viernes. Vamos —pasó un brazo alrededor del mío. No hemos
tenido tiempo para hablar desde que me dejó en casa anoche—. ¿Cómo te sientes?
—preguntó.
—Mejor que en la noche. Dormí hasta en la mañana. Mamá dice que he estado
esforzándome demasiado desde que regresamos.
—Lo haces. Yendo de fiesta cada fin de semana. Paseando con cierto Grimnir…
—Calla.
—Seriamente, creo que no deberías ayudar a ya sabes quién si causa un efecto
negativo en ti.
—Echo dijo lo mismos, sólo que más cautelosamente.
—¿Entonces no lo harás de nuevo?
|
Volteé mis ojos. —Por supuesto que lo haré. Oh, tienes que ser más cautelosa la
próxima vez que decidas usar un portal. Recuerda habernos encontrado y llevado a
casa, pero no recuerda a nadie yendo a recogerte. Le mentí y dije que Torin lo
hizo. Ella aún tiene esa cara escéptica porque no recuerda ningún motor
encendiéndose y apagándose.
Raine hizo una mueca. —¡Ay!
—Exacto.
Drew, Blaine y otros dos jugadores ya estaban en la puerta del auditorio cuando
llegamos. Los ojos de Blaine estaban fijos en los míos. Sonreí y asentí, pero fue
como si fuera invisible. Los ojos de Drew hablaron por él. Dios, ¿Cuánto iba a durar
ese resentimiento?
—¿Quién iniciará el juego el sábado? —pregunté cuando me senté dentro del
auditorio, mi mirada se movía de Torin a Raine.
Torin sonrió. —Eso depende.
—¿De qué? —preguntamos Raine y yo al mismo tiempo.
—De sí alguien ha visto algún Grimnir hoy.
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Raine se quedó con la boca abierta. Le dio un codazo. —Eres un idiota. No deberías
recordárnoslos.
—¿Por qué no? Prefiero pelear con ellos que jugar con una pelota —me miró —¿Has
visto a Echo?
—Está mañana ¿Por qué?
Antes de que pudiera responder, el director del colegio y el entrenador del equipo
de fútbol, Jim Higgins, caminaron al podio. El ruido murió gradualmente hasta que
el silencio llenó el auditorio.
Al mismo tiempo un calambre familiar pasó por mi espalda. Echo estaba aquí. Miré
las puertas de la entrada pero no lo vi. Esta mañana, preparamos el desayuno en
su casa y lo comimos en su patio mientras escuchábamos las olas y a las gaviotas.
Echo apestaba cocinando. Pero no me importaba, no estaba con él por su forma
cocinar. Luego nos fuimos. Era un área donde sabíamos perfectamente qué hacer.
—¿Qué es? —preguntó Raine.
—Echo está por algún lugar aquí cerca, pero no puedo verlo.
—¿Quieres que lo encuentre? —Torin preguntó.
—No. Así está bien. Estoy segura de que aparecerá si quiere.
|
—Probablemente está haciendo sus rondas —dijo Torin.
Levanté una ceja. —¿Sus rondas?
—Asegurándose de que no hay Grimnirs cerca.
Él siempre estaba viendo por mi. No había duda de porqué estaba loca por él. No
era un crush o una cosa pasajera. Yo amaba a Echo. El auditorio estalló en chiflidos
y aplausos aprobando algo, reí.
Raine me preguntó algo con la mirada. Como ella estaba recargada en Torin,
recargué mi cabeza en ella. Apostaría a que si le digo sobre mis sentimientos, lo
entendería. Mis ojos se fijaron en los de Drew, quien parecía más interesado en mi
que en el discurso del director.
Avanza, de una vez por todas.
Sonrió como si supiera algo de mi. Fruncí el ceño. Lo ignoré y me concentré en el
director.
—Queremos que Keyville se presente en Jeld-Wen el sábado —dijo—. El gobernador
quiere que vengan y demuestren su apoyo al equipo. Si pueden vayan a Jeld-Wen y
muestren lo orgullosos que están de ellos. Una reunión está planeada para el
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viernes —Miró al entrenador del equipo, quien asintió— Pero el resto de las
semanas, las clases se desarrollarán como usualmente, la asistencia es obligatoria.
Nadie, incluyendo a los jugadores, está exento de aprender. Por que el motivo por
el que estamos aquí es el aprendizaje…
Ignoré el resto del discurso y traté de encontrar a Echo. Mis ojos se encontraron
con los de Drew un par de veces. Aún tenía esa extraña sonrisa. Tal vez Blaine le
contó sobre mi estadía en el PMI.
Cuando la asamblea terminó, todos salimos del auditorio y me dirigí a mi clase de
inglés. Echo no se mostraba. No sé porque espera a que me siguiera por toda la
escuela como un loco enamorado. Un acosador ya era suficiente. No podía ir a
ningún lado con Drew mirándome. ¿Cuál era su problema?
En el almuerzo, él, Blaine, y algunos otros jugadores estaban parados en la entrada
de la cafetería cuando pasé entre Kicker y Naya. Nuestros ojos se encontraron,
luego pasé mis ojos a Blaine. No regresó mi sonrisa. Desearía poder decirle la
verdad, que no soy una Inmortal como él.
Sí le contó a Drew sobre mi estadía en el psiquiátrico, la gente empezará a hablar
de eso. Aunque, no he escuchado nada. Noticias como esa vuelan rápido, y Kicker,
gurú de la información y chismosa general, no había dicho nada, así que la sonrisa
de Drew no tenía sentido.
Durante el almuerzo, sentí sus ojos en mi.
|
—Cora, espera —me llamaron mientras caminaba a mi carro.
Volteé para ver a Victoria correr a través de la calle. Sonreía, lo que significaba
buenas noticias.
—Gracias por esa nota. Mamá y yo fuimos al banco durante el almuerzo, y
encontramos todos esos papeles que papá dejó. Tenía un seguro de vida en caso de
que le ocurriera un accidente, ahora tenemos las escrituras de la casa. Él incluso
abrió una cuenta para mi.
Un calambre de advertencia me dijo que Echo estaba detrás de mí antes de que
pusiera un brazo a mi alrededor y me atrajera a él.
Victoria lo miró y se sonrojó. —Gracias a ti también.
—No me agradezcas —dijo Echo— ella lo hizo todo.
—Es asombrosa —dijo Victoria, se despidió y se fue.
Me volteé, y mirando sus rasgos cincelados, sonreí. Alcancé su cabello y lo
acaricié, estaba más largo que cuando nos conocimos. —Soy asombrosa.
Se rió. —En más maneras de las que ella conoce.
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Nuestros labios se juntaron, y el mundo dejó de existir. Lancé mi mochila y junté
mis manos alrededor de su cuellos. Inclinó su cabeza y susurró. —¿Quieres irte?
—Sí. Tengo clase de natación.
Gruñó. —¿Tienes que ir?
—Sí. Puedes mirarme, como hiciste esta mañana.
Me dio una mirada confusa. —No tengo idea de lo que estás hablando.
—No eres tan furtivo, estabas en el auditorio.
Se rió, tomó mi bolsa del piso, y me siguió al carro. Antes de que nos fuéramos,
mis ojos se cruzaron con los de Drew en el estacionamiento, él ya no sonreía.
—¿Qué es eso? —preguntó Echo.
—Nada.
—¿Drew te está molestando?
El cambio en su tono de voz me dijo que destrozaría a Drew si decía la palabra. —
No. Es amigo de Blaine y eso me molesta.
—¿Por qué?
|
—Blaine está enojado por la muerte de su novia, y los culpa a ustedes por no
advertirle y salvarla.
Se le escapó una risita. —No es nuestro trabajo advertirle a nadie cuando van a
morir.
—¿Entonces si un cosechador viene por mi alma y…?
—Nadie se atrevería —exclamó.
¿No notaba lo ridículo que sonaba? —Moriré algún día, Echo.
Se enojó.
Bien, mala frase. —De cualquier manera, Blaine piensa que soy Inmortal y verme
contigo y Torin es como una traición. Me advirtió estar alejada de ustedes.
Echo rió. —No es su trabajo decidir con quién sales.
—¿Estamos saliendo? —pregunté.
—¿Tu que crees?
No debí mencionar la muerte. Ahora está en una actitud insoportable. Alcancé su
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mano y la apreté. —Está bien. Quiero salir contigo.
—¿Por qué? Soy una molestia.
Sonreí. —Sí, lo eres. A veces.
—¿Entonces por qué estás conmigo?
Porque te amo. Si le digo la verdad, se encerrará. Ya me dijo que no me
enamorara de él. Lo pensé por un momento y le sonreí. —Siempre voy detrás de lo
que quiero, y te quiero y me gustas.
—Tu también me gustas —besó mi hombro, luego tomó mi mano y entrelazó
nuestros dedos. Él usaba varios de los anillos góticos que usaba cuando nos
conocimos.
Después de un rato, necesité mi mano de regreso para buscar dentro de un
compartimiento el pequeño cuaderno con la información de las almas. —Ten. Haz
algo útil.
Hojeó entre los mensajes. —¿Qué quieres que haga?
—Necesito ideas. Que decirles. Que mentiras usar. La chica del cáncer, puedo
mandarle a sus padres un link a un video de ella. Era una vlogger, como yo, pero su
vlog era privado.
|
—Los mensajes pueden ser rastreados de vuelta a tu teléfono.
—Oh, no pensé en eso —detuve el carro en el estacionamiento del Drapper
Building.
—Puedo ayudar a encontrar sus direcciones y hablar con ellos. —dijo Echo.
—Esa es una gran idea. Quiero decir, lo de encontrar sus direcciones, no confío que
que seas bueno y amable.
—Puedo ser bueno —tomó mi barbilla y estudió mi cara—. Especialmente cuando
tengo una razón.
—¿Y cuál es?
—Haz sido muy buena conmigo otras veces —apretó mi mejilla—. Muchas veces.
Oh sí, lo haría. Me forcé a mi misma a concentrarme. No era fácil con una de sus
manos en su nuca y su respiración en mi piel. —Bien, puedes ayudar, pero tengo
que estar ahí.
Suspiró. —Pero eso se interpondría en mi propósito, muñeca.
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—¿Cuál es?
—Protegerte. Este es un pueblo pequeño. La gente habla. Cuando me vaya, aún
vivirás aquí.
Algo se cerró en mi pecho con sus palabras. No quería que se fuera. Y ¿Por qué
habla de cuándo se irá tan tranquilamente, cuando se veía como si fuera a golpear
a alguien cuando mencioné mi muerte?
—Ellos no me recordarán, pero te recordarán a ti. Eres inolvidable.
—Sí, claro —alcancé mi mochila de natación de la parte de atrás. Tomó mi mano,
impidiéndome salir del auto.
—¿Qué está mal, nena? —me preguntó, estudiándome debajo de sus gruesos
parpados. Amaba esa mirada. Me hacía querer contarle lo mucho que lo amaba.
—Nada —planté un beso es sus labios—. Te veo adentro.
Se paró afuera del carro mientras caminaba lejos. Cuando miré atrás, él me
estaba mirando con el ceño fruncido. Entre al edificio y miré una figura alta muy
familiar, con una bolsa colgando de su hombro.
—¡Papá! ¿Qué haces aquí?
—Quería verte practicar. Han pasado meses desde la última vez.
|
¿Meses? ¿No serán años? Mis padres nunca asistieron a una práctica de natación de
la preparatoria. Mamá debe haberlo obligado. —Bien, te veo adentro.
—¿Quién era ese joven?
Mis pies fallaron. —¿Cuál?
—El joven que estaba contigo en el auto.
¿Nos vio besarnos? —Él es, uh, un amigo. Me tengo que ir, papá —corrí al escritorio
de natación, les mostré mi credencial de estudiante, y desaparecí dentro del
vestuario. Explicarle a mi papá sobre Echo. Mis padres siempre quieren conocer a
cada chico con el que salgo.
Cuando aparecí en la piscina, mi papá ya estaba sentado. Me mantuve mirando las
gradas nerviosamente. Me saludó algunas veces. Cuando Echo apareció, mi papá lo
reconoció bastante bien. En aquel lugar, él no era difícil de reconocer.
A media práctica, ambos estaban sentados uno del otro. Hablando. ¿Sobre que?
Traté de llamar su atención algunas veces, con pocos resultados. Finalmente, Echo
me miró y me guiñó el ojo.
Él era tan atrevido.
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La práctica pasó en un borrón. Me bañé rápido y corrí afuera, pensando que
encontraría a Echo esperándome. En su lugar, encontré a papá de pie junto a mi
carro. Solo. No sabía si eso era bueno o malo.
—Te veías distraída —dijo.
Hice una mueca. —Era la única con un padre en las gradas.
Sonreí. —No te preocupes. Después de unos días no notarás que estoy ahí.
—¿Qué? ¿Planeas seguir…?
—Solo bromeo, muffin. Tengo que irme, le prometí a tu madre que recogería unas
cosas de la tienda. Te veo en la casa.
—Bien, pasaré con Jenny para arreglar mi cabello.
—¿Qué está mal con tu pelo? Es perfecto de la manera en la que es.
Considerando que su largo cabello gris siempre estaba desordenado, él no podía
saber cómo es un cabello perfecto. —Necesito un corte —lancé mi bolsa en el
asiento de atrás—. Oh ¿papá?
Se volteó.
—¿Te vi hablar con Echo?
|
Papá frunció el ceño. —¿Quién?
—El chico al que le di un aventón. Creo que, uh, creo haberlos visto hablar durante
la práctica.
Sus ojos me estudiaron mientras sacudió su cabeza. —¿Le diste un aventón a
alguien? ¿Es especial? ¿Alguien a quien debería conocer? Lo recordaría si hablara
con él.
Oh no, Echo debe haberle borrado la memoria. —No, para nada. Debió ser un truco
de la luz.
Frunció el ceño, su mirada estaba llena de preocupación. —¿No estás viendo cosas
otra vez?
—No —sacudí mi cabeza— ya no más.
Su ceño se intensificó. De alguna manera debí esperar que no me creyera del todo.
—Si lo haces, ven y habla conmigo. No quiero mandarte al PMI otra vez. Estuvo mal
que lo hiciéramos la primera vez. A veces pasan cosas que no podemos explicar.
Si tan solo supiera. Lo abracé fuerte. —Te amo, papá.
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17. Un individuo Asombroso
Mamá me estaba esperando cuando crucé las puertas. Ella estudió mi
cabello y sonrió. —Oh, estaba preocupada de que hicieras algo drástico con tu
cabello.
Me reí. —No. Necesitaba cuidar las puntas abiertas. Eso es todo. ¿Papá está
en casa?
—Aún no. Se detuvo junto a la casa de Raine para ver a Tristán. Entonces,
¿A quién le diste un paseo?
Puse los ojos en blanco. —Es solo un amigo, mamá. ¿Necesitas ayuda en la
cocina o...?
—No. La cena está lista. Estamos tomando carne asada. Este chico...
—Es solo un amigo —agregué de nuevo. No había forma de que hablara de
Echo con ella. ¿Dónde comenzaría? ¿Tiene siglos de edad o es un segador?— ¿Puedo
comer arriba? Por favor. Tengo tarea y papá no está aquí.
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Ella se rió entre dientes. —Bueno. Adelante. Espero conocer a este joven en
algún momento.
—Claro, mamá —Más bien como nunca, mamá. Conseguí un tazón, me serví
y me dirigí al piso de arriba.
Echo no estaba en mi habitación. Decepcionada, me senté en mi escritorio
y me puse en línea mientras comía. Maliina había estropeado el vlogging para mí,
pero mis vídeos aún estaban activos.
Saqué el libro con los mensajes de las almas y escribí el enlace que la alma
con cáncer me había dado. Después de cinco minutos de ver, no pude soportarlo.
Era el mensaje privado de una niña moribunda para sus padres, triste y
desgarrador. De alguna manera, tenía que llevarles el mensaje.
Hice lo que Raine había hecho y revisé los obituarios para localizar a las
familias. La mayoría de ellos había muerto en el último año. Algunos los últimos
dos años. Terminé la cena y comencé con mi tarea.
El sonido de un automóvil que se detenía frente a mi casa me llamó la
atención. Papá finalmente estaba en casa. La conversación que habíamos tenido
antes pasó por mi cabeza y sonreí. Si alguna vez decidiera decirle a mi familia la
verdad sobre mi capacidad para ver almas, comenzaría con papá. Eché un vistazo
por la ventana, pero no era nuestra camioneta la que vi junto a mi auto. Era el
SUV de Drew.
|
¿Qué estaba haciendo en mi casa tan tarde? Mi reloj decía que eran casi las
nueve. Me alejé de la ventana y corrí escaleras abajo. La voz de mamá mezclada
con una profunda voz familiar me alcanzó antes de bajar. Esa no era la voz de
Drew. Fue la de Blaine. Ahora estaba realmente confundida.
—Oh, ahí estás —dijo mamá cuando me vio— No me dijiste que Blaine
estaba de vuelta en la ciudad.
A papá le encantaba el fútbol y veía todo, desde los juegos locales de la
escuela secundaria hasta la NFL, así que, por supuesto, mamá sabía quién era
Blaine. —Solo me acabo de enterar.
—Bueno, entra, Blaine —dijo mamá, dando un paso atrás.
—Si no le importa, señora Jemison, me gustaría hablar con Cora en privado.
Sé que es tarde, así que no la retendré por mucho tiempo. Estaremos afuera.
—Pero hace frío y...
—Está bien, mamá. Usaré esto. —Agarré su pesado abrigo del perchero
junto a la puerta y me encogí de hombros. Todavía usaba el perchero junto a la
puerta y se encogió de hombros. Todavía tenía una expresión preocupada cuando
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pasé por su lado.
Blaine estaba vestido para el clima con un abrigo y botas caras. Su padre
era un banquero de inversión, y habían vivido en una de las mansiones en el lado
este de la ciudad, donde residía la élite de Kayville. De hecho, su antigua casa no
estaba lejos de la de Eirik.
Ahora no podía dejar de preguntarme qué edad tenían sus padres, cuánto
tiempo habían sido inversores, con qué frecuencia se mudaban para que la gente
no se diera cuenta de que no envejecen. Luego estaba Blaine. ¿Tenía solo
dieciocho años?
Había un banco en el porche, pero Blaine siguió caminando, así que lo
seguí. Cuando pasó del SUV y se dirigió hacia el huerto, fruncí el ceño. Un alma se
movió de árbol en árbol a unos pocos pies de distancia. Desde que Andris y Torin
grabaron runas en mi casa, mantuvieron su distancia.
—¿A dónde vamos? —Le pregunté.
—Lejos de tu madre. Ella nos está mirando .
Miré hacia atrás, y mamá dejó caer la cortina. Cuando me giré para
enfrentar a Blaine, el alma estaba más cerca. —Vete —Hizo una pausa, parpadeó y
se alejó.
—¿Todavía ves almas? —Preguntó Blaine.
|
—Sí. ¿Como supiste?
Él sonrió. —Lo sentí. Tú sabes que con las runas correctas, puedes
bloquearlas.
—¿De Verdad?
—Sí. Puedo grabarlas en ti si quieres. —Sacó un artavus del bolsillo interior
de su abrigo.
Miré la hoja y pensé en todas las posibilidades. No más almas. Mi vida
volvería a la normalidad. No más ver runas. No más ver a Echo cuando era
invisible. No, lo normal estaba sobrevalorado.
Negué con la cabeza. —No, gracias.
Él frunció el ceño. —¿Estás segura? La mayoría de los Inmortales eligen ir
por esa ruta.
—No soy la mayoría de los Inmortales —Demonios, ni siquiera era un
Inmortal. Además, mis runas eran especiales, impermeables e irreversibles si Raine
tenía razón. —Entonces, ¿Qué está pasando?
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—Deja de joder con la cabeza de Drew.
Parpadeé. —¿Qué?
—¿Sabes que abandonó a Leigh por ti?
—No lo he alentado —protesté.
—Lo haces. Te he visto, Cora. E ignorarlo en la escuela es más que cruel.
No te metas con él así. Demasiadas personas tratan a los mortales como a los
juegos. Ellos son los que se lastiman. Decide a quién quieres. Drew o Echo, pero no
puedes tener ambos. Echo es bueno en su trabajo. Si él sabe que tienes dos
tiempos, él lastimará a Drew. Si bien eso puede parecer genial o romántico, matar
a un mortal tiene consecuencias.
Puse los ojos en blanco. —Echo no lo mataría.
—Me hubiera roto el cuello si no fuera inmortal.
—Está bien, te escucho, pero estás equivocado sobre mí y Drew. Coqueteé
con él...
—Has hecho más y lo sabes.
Maliina debe haber realmente ensuciado con su cabeza. ¿Qué más había
hecho ella? ¿Dormí con él? —Blaine, no quiero pelear contigo por esto. ¿Quieres que
|
le cuente oficialmente a Drew que no hay nada entre nosotros? ¿Dejarlo en línea
recta?
—Sí, haz eso. Me quedo en su casa y agradecería una noche de sueño
ininterrumpido, si sabes a qué me refiero.
¿Qué hacía Drew? ¿Tocar música fuerte en el medio de la noche y gritar mi
nombre? ¿Mantener a Blaine despierto por la noche con historias sobre mí?
—¿Echo está en tu habitación? —Dijo Blaine, y me giré, mis ojos se
encontraron con los de Echo.
Saludé y comencé a caminar hacia la casa. Blaine se puso al paso conmigo.
—No te olvides de romper las cosas con Drew —me recordó. Blaine Chapman
era en realidad un tipo dulce.
—¿Cuánto tiempo te vas a quedar con su familia?
—Hasta la graduación —Se detuvo junto al SUV y miró a mi casa y luego a
mí. —No sé cómo lo haces, pero... ten cuidado.
Saludé y corrí a la casa. Dentro, mamá estaba terminando en la cocina,
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pero sabía que nos había estado mirando.
—Buenas noches mamá.
—Entonces tú y Blaine están...
—Amigos. Adiós, mamá. —Corrí escaleras arriba. Entré en mi habitación y
cerré la puerta, pero fue en vano. Echo se había ido.
Decepcionada y un poco enojada, miré al espejo y me preparé para la
cama. Mejor no haber pensado que estaba con Blaine y enfadarse. Estaba
cepillándome los dientes cuando sentí su presencia. Luego apareció en el espejo.
Debió haberse duchado porque tenía el pelo mojado y solo se había puesto una
toalla alrededor de la cintura. La cadena con el colgante pesado que lo había visto
ponerse el primer día que nos encontramos estaba vuelta alrededor de su cuello.
Lo estudié a través del espejo. Él le devolvió la mirada con los ojos
entrecerrados. Me encantó esa mirada en él. Dijo que me quería. Me volví y sonreí.
Sus ojos me devoraban.
Llevaba una camisola de lencería de seda de dos piezas.
Mi corazón se estrelló contra mi pecho cuando se acercó.
—¿Me tientas?
—No. Simplemente me lo puse y me gusta.
|
—No necesitas usarlo para mí. Eres naturalmente hermosa. —Levantó mi
barbilla y rozó sus labios con los míos. —Quítatelo.
Estaba de un humor extraño. Di un paso atrás, tiré de la cuerda que
sostenía los dos lados, y la camisola de seda se abrió. Lo dejé caer al suelo.
Él tomó aliento.
Lo había usado con una tanga a juego. Empecé a quitarlo, pero Echo dijo:
—No. Deja esas puestas.
—Está bien —Di un paso atrás— Quítate la toalla. Para mí. —Él lanzó una
sonrisa maliciosa y luego la quitó.
Su magnificencia nunca dejó de sorprenderme.
Riéndose, él me levantó. Envolví mis piernas alrededor de él, me incliné y
lo besé. Él me devolvió el beso. Había algo diferente en su beso.
—Quiero que me ames, cara de muñeca —susurró.
No estaba seguro de si se refería a hacerle el amor o simplemente a
amarlo. —Entonces déjame entrar.
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—Estás dentro. Me tienes a mí. Todo de mí. De formas que nunca imaginé.
Eres todo lo que pienso. Todo lo que siempre he querido. Quiero que me quieras.
—Salió del baño, las runas aparecieron en su piel. El espejo respondió y cruzamos a
su habitación. Se sentó en la cama conmigo en su regazo. —Quiero que me ames.
Ahuequé su rostro, besé su sien, mejilla y labios. —Lo hago.
—Muéstrame —Pasó sus manos por mis piernas, con los párpados caídos
mientras me estudiaba.
No estaba seguro de lo que estaba pasando, pero él quería algo de mí esta
noche. Quizás necesitaba que le mostrara que lo quería. Él y nadie más. Como si
alguna vez hubiera una duda sobre lo que significaba para mí. Pero tal vez
necesitaba tranquilidad o algo así.
Lo besé, y él me dejó tomar la iniciativa. Mis besos fueron suaves, tímidos
al principio. Luego me puse más audaz, recordando todo lo que había aprendido de
él. Descubrí algo sobre mí: aprendí rápidamente y no había nada que no haría para
mostrarle a este hombre lo que significaba para mí.
Como las runas cubrieron su cuerpo y la sensación después de que la
sensación se hinchó a través de mí, algo extraño comenzó a suceder. Era como si
pudiera sentir lo que sentía. Cada beso y caricia, cada golpe fluía en mí,
|
aumentando la magnitud de las sensaciones. Por su expresión de asombro, él
también lo estaba sintiendo.
—Hel's Mist —Echo gruño.
Mirándonos a los ojos, nuestras almas se mezclaron y se volvieron una. No
había otra forma de describirlo. Esto lo confirmó. Él era mi alma gemela. Él y yo
nos completamos el uno al otro.
—Cora-mio —susurró, envolvió sus brazos alrededor de mí, y me abrazó con
fuerza como para absorberme dentro de él. Lo agarré por el hombro y me
acurruqué a su alrededor. Nunca queriendo dejarlo ir.
***
Parecía una eternidad antes de que el mundo se enfocara. Echo mordisqueó
mi hombro. Sonreí, volví su cara hacia la mía, y susurré, —¿Sentiste eso?
—Sí —Él sonrió, luciendo infantil— Nunca antes había sentido algo así. Todo
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lo que sentiste fluyó en mí. ¿Quieres hacerlo de nuevo?
Me reí. —¿De nuevo conmigo arriba? Sí.
Él se rió entre dientes. —Cualquier cosa para ti, cariño. Me tienes.
Le acaricié la cara. —¿De verdad?
Rodó sobre su espalda, llevándome con él. Sus manos se deslizaron por mi
espalda. —¿De verdad, que?
—¿Te tengo? ¿A todo tú?
Él se rió entre dientes. —Mi alma está demasiado oscura y mi corazón está
demasiado dañado para ti. No son buenos para nadie, y mucho menos para ti.
Mereces más. Pero mi cuerpo es tuyo para hacer con lo que quieras —Me besó larga
y duramente— Estoy feliz de que no te importe que esté lleno de cicatrices.
—Tienes un alma hermosa y un corazón generoso. En cuanto a tu cuerpo,
eres perfecto. —Deslicé mis manos entre su cuerpo y la cama y acaricié las
cicatrices. Miré sus ojos inusuales. —Estas cicatrices ayudan a dar forma a lo que
eres, Echo.— Enterró la cara en mi pelo y se estremeció.
—Cuéntame la historia detrás de las cicatrices.
Pasó sus nudillos arriba y abajo por mi espalda como si memorizará la curva
de mi espalda. —Tú sabes la historia.
|
—Sé que tu pueblo, los druidas, fueron perseguidos por soldados romanos.
Tu grupo se escondió en el bosque, pero los soldados te alcanzaron y tus hermanas
fueron asesinadas.
Entonces las Valquirias vinieron y te reclutaron.
Su mano dejó de acariciar mi espalda. —Estabas escuchando.
Sonreí. ¿No sabía que algo que alguna vez me había contado sobre él estaba
grabado en mi cerebro? —Claro que lo hacía. Entonces, ¿Cuándo obtuviste las
cicatrices? ¿De los soldados?
El silencio siguió, y estaba seguro de que no diría nada. Pero luego
comenzó a hablar, y mi corazón se sentía como si estuviera siendo aplastado.
—Fui a un pueblo a robar algo de comida cuando los soldados me atraparon.
Decidieron usarme para atraer a mi gente. Todos los días, me ataron a un poste y
me humillaron. Me azotaron. Los aldeanos usaron todo lo que pudieron encontrar.
Palos. Rocas Agua caliente. Pensaron que si pedía ayuda, mi gente saldría del
bosque e intentaría rescatarme.
Lágrimas llenaron mis ojos, y lo apreté con fuerza, queriendo absorber su
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dolor. —Bastardos.
—No lo hice. Ni una vez hice un sonido. Los enfureció. Cuanto más me
resistía, más se me ocurrían nuevas formas de torturarme. Me desmayaría solo
para despertar al día siguiente por más.
Las lágrimas corrieron por mi rostro y cayeron sobre su pecho. En ese
momento, sabía que me encantaría Echo para siempre. Quería la oportunidad de
amarlo por cientos y miles de años.
—Lo que no sabía era que mi gente estaba observando y tramando un
rescate. Esperaron hasta que los aldeanos llegaron con sus habituales rondas de
verduras podridas, palos y piedras, se mezclaron con ellos e intentaron rescatarlos.
Pero los soldados los estaban esperando. Lo que siguió fue una masacre. —Un
estremecimiento sacudió su cuerpo— Fue horrible. Solo algunos de nosotros
sobrevivimos. Mis hermanas no lo hicieron. Mi madre murió en mis brazos. Y mi tío,
el autor intelectual, de alguna manera logró ponerme a salvo. Unos meses más
tarde conocí a una Valquiria, mi creador.
Estaba llorando tan fuerte que mi cuerpo tembló. ¿Cómo podría una
persona soportar tanto y aún así lograr sonreír y reír? Nunca antes había estado
sometido a un dolor real. Excepto por mi estadía en PMI y la pérdida de mi abuela,
mi educación había sido encantada en comparación con la suya.
|
—Lamento haberte hecho llorar —susurró Echo, levantando mi rostro para
besar mis lágrimas— No quise hacerlo. Y no quiero que sientas pena por mí. De
hecho, lo tenía mejor que algunos.
Como sea posible, lloré más fuerte. Me dolió por él y no tenía nada más
que odio por aquellos que lo habían lastimado. Deseé poder encontrar a las
personas responsables y hacer que paguen.
—Por favor, no llores. Me estás matando.
El dolor en su voz me obligó a reinar en mi enojo. —Si pudiera encontrar a
la gente que te hizo esto...
—Lo hice, Cora-mio. —La sonrisa que curvó sus labios fue engreída— Me
propuse encontrarlos y me aseguré de que pagaran por lo que hicieron. Para la
eternidad.
Cuando lo miré a los ojos, todo cayó en su lugar. —Cosechaste
deliberadamente a tu gente para que terminaras en el servicio permanente de Hel.
Él sonrió. —Toda la razón. Y los encontré, hasta el último de ellos. Te lo
dije, mi alma está oscura y...
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—No, es hermoso —interrumpí— Eres increíble y maravilloso —Puntué cada
palabra con un beso— No me importa lo que diga o lo que alguien diga. Tú eres el
ángel vengador. Esos soldados merecían lo que obtuvieron, y tú lo hiciste realidad.
Si hubiera estado allí, habría estado orgullosamente a tu lado. Tu alma es
hermosa. Es pura. Y pertenece a mí. Tu corazón... Oh, Echo. Quiero que me lo des
a mí para que pueda mantenerlo a salvo y nunca hacer nada para lastimarlo.
Dejé de besarlo y lo miré a los ojos. —Te amo.
Él tocó mi cara. —Cora...
—No, no digas nada. Esto no es un concurso. No te estoy diciendo esto para
que puedas volver a decírtelo. Esta soy yo dándote mi corazón porque sé que lo
mantendrás a salvo. Sé que matarás a los dragones y monstruos que me amenazan.
Quiero que lo hagas porque te amo. Amo tu locura. Tu arrogancia impulsividad e
incluso la forma en que pateas el culo. No me importa lo que hayas hecho o harás.
Eso no cambiará lo que siento por ti. Todo lo que pregunto es una cosa: dame la
oportunidad de amarte. No solo ahora. Siempre. Quiero pasar la eternidad a tu
lado. Luchando contigo. Riendo. Llorando. Quiero amarte por el próximo siglo o
dos o tres. Quiero amarte por la eternidad. Hazme inmortal.
Ahí. Lo había dicho. Esperé con la respiración agotada.
Echo se sentó, pero su expresión no era la de un amante.
|
Él parecía preocupado. —Tu padre está subiendo las escaleras.
Mis ojos volaron al espejo. —¿Cómo lo sabes?
—Las runas que puse en tu puerta están conectadas a las que están en el
portal y en tu pasillo. Ve. Dile buenas noches o algo así.
Me levantó de su regazo.
Fruncí el ceño y lo miré fijamente. —¿Estás tratando de alejarme porque te
dije que te amo?
—No, cariño.
—¿Que quiero ser inmortal?
Se levantó y plantó un duro beso en mis labios. —No. Venga. Tu padre está
realmente arriba.
Echo me tomó del brazo y me condujo hacia el espejo, apareciendo runas
en su piel. El portal formado.
Levanté la mano y lo besé. —Vuelvo enseguida.
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Corriendo hacia mi habitación, agarré la bata en el respaldo de mi silla, me
encogí de hombros y até el cinturón. Una mirada hacia atrás me dijo que Echo me
había seguido. Cruzó la habitación, recogió su toalla del suelo donde la había
dejado caer y se la puso alrededor de la cintura. Él se acercó más, una sonrisa
malvada curvó sus labios.
—Está fuera de tu puerta —advirtió.
Las runas en su cuerpo lo hacían invisible, pero aún así...
—Compórtate —dije. Entonces abrí la puerta. Papá estaba a punto de tocar.
—Hola papá.
—Hola cariño. Solo vine a decir buenas noches. —Frunció el ceño, sus ojos
buscando en mi rostro y probablemente viendo que había estado llorando. —¿Estás
bien?
—Oh si. No podría estar mejor. —Levanté la mano y le di un beso en la
mejilla— Buenas noches papá.
—Creo que quiere hablar —dijo Echo detrás de mí.
—¿Podemos hablar? —Preguntó papá.
—Te lo dije —dijo Echo.
|
Di un paso atrás, casi topando con Echo. —Por supuesto. Adelante.
Pero papá no entró. En cambio, se quedó parado en la puerta, miro mi
habitación con una mirada penetrante y se concentró en mí.
—Tu madre dijo que Blaine Chapman está de vuelta.
—Sí. Él, eh, podría comenzar el juego el sábado.
—¿Hizo o dijo algo para lastimarte?
—No. —Negué con la cabeza— Blaine es un tipo dulce.
—No lo es —replicó Echo— Es un imbécil egoísta.
Papá me miró a la cara. —Muffin, puedo decir que has estado llorando.
Me reí. —Estaba viendo una película triste. Tú me conoces, papá. Olvidé
que era solo una película.
Echo se rió entre dientes.
Papá me tocó la mejilla. —Mientras no sea Chapman rompiendo el corazón
de mi niña. Entonces tendría que hacerle una visita. Siempre pensé que era un
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niño decente y un jugador decente, pero St. James es un mariscal de campo
mucho mejor. Con los dos al frente, es posible que ganes estado este año. Le
prometí a Tristán que vería el partido del sábado en su casa. Él tiene una pantalla
más grande, y podría usar alguna compañía. Se ve mucho mejor de lo que
esperaba. —Papá sonrió tímidamente, como si se diera cuenta de que había salido
del tema— De todos modos, recuerda de lo que hablamos. Estoy aquí si necesitas
hablar.
Asenti. —Gracias Papá.
—Tu madre dijo que la llamé y mencioné haber visto a un niño en tu
automóvil, pero no recuerdo haber llamado ni visto a nadie. Pero luego recordé
que mencionaste a un amigo después de la práctica de natación.
—Es culpa mía —dijo Echo detrás de mí— No sabía que había llamado a
casa.
Una vez más, ignoré a Echo y me concentré en mi padre. —Eso fue mi
culpa. Había un estudiante detrás de ti y supuse que estabas hablando con él.
—¿Así que no le diste a nadie una vuelta esta tarde?
—Haré que se olvide de mí —dijo Echo, que apareció a mi derecha, con una
espada rúnica en la mano. No me di cuenta de que se había ido y consiguido una.
|
—No —le dije, bloqueando su camino cuando podría haberse deslizado más
allá de mí.
—¿No? ¿Estás segura? —Preguntó papá, asumiendo que estaba hablando con
él.
Negué con la cabeza. —Quiero decir, no, no estabas equivocado. Estaba con
un chico en el auto. Él es un amigo. —Sonreí— En realidad, él es mi novio y un tipo
increíble. Y cuando esté lista y listo, me gustaría traerlo a casa para la cena o algo
así, para que tú y mamá puedan conocerlo y ver lo maravilloso que es.
Papá se rió entre dientes. —Eso es bueno.
Sabía lo que estaba pensando, otro más. Se entusiasmo con cada chico con
el que había salido.
—Buenas noches, cariño.—Papá plantó un beso en mi frente.
—Buenas noches, papá.
Lo vi caminar hasta el final del pasillo. Luego cerré la puerta y exhalé.
Echo ya estaba sentado en mi cama, con una expresión extraña en su rostro, una
mezcla de asombro y preocupación.
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—Grabaste runas olvidadizas en mi padre —dije.
—Se acordó de mí y me dio en el tercer grado —Tiró del cinturón de mi bata
y sonrió cuando se cayó— Se supone que los mortales no deben recordarnos.
—Él es mi papá, Echo. Una persona con runas en mi familia es suficiente.
—Está bien —Rodeó mi cintura, acarició mi estómago y me besó en el
ombligo. Luego me tiró a su regazo. Su mano se deslizó bajo mi bata para acariciar
mi piel. Le encantaba tocarme y me encantó su toque, así que no me quejaba.
—¿Me invitarías a tu casa a cenar? —Preguntó en una voz extraña.
Ah, eso explicaba la expresión de su rostro. —Sí, y para conocer a mis
padres. Si pudiera, les contaría todo sobre ti para que puedan entender por qué te
amo.
—Cora-mio —susurró Echo, inclinó mi barbilla, y reclamó mis labios. Fue un
beso suave. Un beso suave lleno de reverencia y promesas. Tal vez no pueda
decirlo todavía, pero sabía que me amaba.
—¿Qué quería Blaine? —Me preguntó con voz tranquila, dibujando círculos
en mi estómago con la punta de los dedos.
|
—No quiero hablar sobre Blaine. —Me puse de pie y me senté a horcajadas
sobre él— Quiero hacerte el amor otra vez.
Él se rió entre dientes y tiró de mí más cerca en su regazo, la toalla
alrededor de su cintura era la única barrera entre nosotros.
—Lo haremos, pero primero, hablemos de Blaine. Él te quiere.
—No. Él piensa que Drew está obsesionado conmigo.
Echo se quedó quieto. —¿Drew dijo o hizo algo para mostrar eso? Porque
si...
—No. Solo me mira con una expresión de cachorro perdido, como si le
rompiera el corazón o algo así. Fui a su fiesta y me fui contigo. Eso es todo.
Tiré de la toalla.
Él agarró mis manos. —Enfócate, Cora. Dime exactamente lo que dijo
Blaine.
Algo en su voz hizo sonar campanas de advertencia en mi cabeza. —Me dijo
que dejara de joder con la cabeza de Drew. Dijo que me había visto y que ignorar
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a Drew en la escuela era cruel, y que ambos no tenían sentido. Ah, y le gustaría
dormir bien por la noche. —Puse los ojos en blanco— Tal vez Drew ha estado
gimiendo mi nombre mientras dormía.
Echo frunció el ceño. —O mientras está despierto.
¿Por qué estaría él gimiendo? ¡Oh! Masturbándose —Ew.
—Ella ha vuelto —dijo Echo, su expresión sombría.
Fruncí el ceño, sin entender lo que quería decir. —¿Quién?
—Maliina.
|
18. UN VISITANTE SORPRESA
Se me cayó el estómago. Echo tenía razón. Explicaba todo lo que Blaine
había dicho sobre verme e ignorar a Drew en la escuela. Ella obviamente estaba
durmiendo con él.
—¿Qué quiere ella ahora? —Le pregunté.
—No lo sé, pero ella está tramando algo o no se habría robado tu identidad
otra vez.
¿Por qué no podría ella elegir a otra persona? ¿Por qué yo? A menos que...
—¿Crees que ella sabe que Hel todavía quiere a Eirik?
—Estoy seguro de que lo hace y que la única forma de que ella arregle las
cosas con la diosa es encontrar a Eirik y llevarlo con su madre. —Las manos de Echo
se apretaron contra las mías— Pero ella no te usará. Me aseguraré de eso.
No pensé que podía dormir después de eso, pero lo hice, gracias a Echo. Y a
la mañana siguiente, me despertó con un beso.
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—Buenos días, Cora-mio —susurró— Me tengo que ir, pero te veré luego.
Cora-mio.
Lo había usado antes aquí y allá, pero ahora con más frecuencia. No sabía
lo que significaba, pero me encantó el sonido. Lo busqué en Google en cuanto
reinicie mi computadora portátil.
En italiano, significaba —Mi Cora—. Echo ahora me estaba llamando suya.
Sonriendo, cambié para la escuela. Sabía que no debería estar así de feliz
con la presencia de Maliina colgando sobre mi cabeza. Miré mi reflejo y debatí si
abandonaría la escuela hasta que Echo la atrapara. No dudé ni por un minuto que
lo haría. Él la atrapará. No dudé ni por un minuto que lo haría. Él era imparable.
No, no me estaba escondiendo. Me negué a dejar que ella se hiciera cargo
de mi identidad de nuevo. Agarré mi bolso y corrí escaleras abajo. Dos voces
masculinas me alcanzaron antes de que bajara las escaleras. Cuando lo hice, mis
ojos se agrandaron en la escena alrededor de la barra de mi cocina. Mamá estaba
sirviendo el desayuno a Blaine Chapman, mientras él y papá discutían sobre fútbol.
Blaine me vio primero, se levantó y sonrió. —Buenos días, Cora.
—Buenos días —Estaba confundida. ¿Qué estaba haciendo en mi casa?
|
Mamá sonrió con aprobación como si estuviera planeando mi boda. La
apariencia limpia de Blaine sería atractiva para ella. La expresión de papá era
atenta. Probablemente se estaba preguntando si Blaine era el Sr. Increíble que
mencioné anoche.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Le pregunté.
Blaine mostró su famosa sonrisa. —Pensé que iríamos a la escuela juntos.
¿De Verdad? La granja de Drew estaba al otro lado de la ciudad.
Algo estaba pasando. —Por supuesto.
—Siéntate y come, cariño —dijo mamá, sacando huevos y tocino en un
plato.
—Les estaba diciendo a tus padres que volveré para ayudar a los troyanos a
ganar el estado, pero Torin comenzará el próximo fin de semana.
Bueno, algo extraño definitivamente estaba pasando. La semana pasada, él
estaba por recuperar a su equipo. ¿Ahora estaba feliz jugando el segundo violín con
Torin? ¿Echo puso un golpe en él? ¿Podrían los inmortales ser influenciados por las
runas? ¿Tenía mucho que aprender.
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—Eso está bien. —Tomé una tostada y comí mientras vertía café en una
taza de viaje. Mis ojos se encontraron con los de papá. Vi la pregunta en sus ojos.
Sonreí y sacudí mi cabeza.
—Está bien, vámonos, Blaine —le dije, girando la tapa de la taza.
—Apenas comiste algo —protestó mamá.
Levanté mi taza de café. Ella me lanzó una mirada penetrante. Puse los
ojos en blanco. Ella sabía que no era una persona de desayuno. Arranqué una hoja
del rollo de toallas de papel, tomé una tostada más y se la enseñé. Ella suspiró.
Blaine se despidió y agarró mi bolsa de natación. Fuera, me volví y lo encaré tan
pronto como se cerró la puerta.
—¿Que pasa?
—Hablemos en el auto —Lideró el camino hacia el SUV, que parecía
familiar. Aunque no fue de Drew. Tiré mi mochila por la espalda y me deslicé en el
asiento delantero del pasajero, demasiado consciente de que mis padres nos
estaban mirando a través de la ventana.
Blaine puso en marcha el automóvil, retrocedió y se alejó de la granja. —
Hubo una reunión anoche, y se decidió que hoy debería ser su conductor
designado.
|
—¿Qué reunión? ¿Por qué no fui invitada y quién tomó la decisión sin
consultarme?
—Echo.
—Oh.
Blaine se rió entre dientes. —En realidad, estabas allí, solo dormías. Echo
no estaba demasiado emocionado por dejarte sola en tu pequeña granja en caso de
que Maliina apareciera y cambiara de lugar contigo, así que te llevó a la reunión.
Sonaba como algo que haría. Fruncí el ceño. —¿Dónde estaba esta reunión y
quién estaba allí?
—La mansión de Sevilla. Todos nosotros: Lavania, Torin, Andris, Ingrid,
Raine, Echo y yo. Básicamente, debemos mantenerte vigilada hasta que se ocupen
de Maliina. Me miró por el rabillo del ojo. —Deberías haberme dicho que eras un
Mortal, Cora.
—¿Es por eso que eres mi guardaespaldas en lugar de Echo o uno de los
otros?
—Si y no. Tus padres me conocen y ya piensan que estoy interesado en ti,
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así que era la única opción. —Él sonrió— Echo fue a ver a Hel para asegurarse de
que Maliina no lo estuviera delatando. Lo último que necesita es que la diosa sepa
que está trabajando con las Valquirias. Ella podría juntar dos y dos y concluir que
él fue quien mató a los Grimnirs desaparecidos. ¿Cómo lo puso? Si Hel lo
persiguiera, tendría que pasar a la clandestinidad y no te haría pasar por eso. —
Blaine me miró de nuevo— ¿Entonces ustedes dos están juntos?
—Sí. Y antes de preguntar si lo amo, la respuesta es sí.
—Tendrá que voltearte.
—No. No dejaré que lo haga —. La conversación que habíamos tenido brilló
en mi mente. Si Echo me rechazara, terminaría en la misma isla donde había
enviado las almas de los que habían asesinado a su gente. —Pero encontraremos la
manera de estar juntos.
—Sentí lo mismo por Casey.
Y ahora ella estaba muerta. El pánico se apoderó de mi estómago. Si
Maliina me alcanzará, sería como Casey. No podría imaginarme la vida sin Echo.
No, él no dejaría que me pasara nada.
—¿Desde cuándo sigues lo que decidan Echo y Torin? —Pregunté— Lo último
que supe es que me dijiste que me mantuviera alejada de ellos.
|
—Eso cambió cuando supe que tú, un Mortal, estaba involucrada. Los
inmortales no solo sirven a los dioses. También los ayudamos cuidando a las
personas. Si supieras cuántas guerras tengo... —Sonrió— Solo sé que es mi deber
velar por ti ahora.
—¿Así que qué edad tienes?
Blaine sonrió. —Edad suficiente. ¿Podemos hablar de algo más?
¿Alguna vez me acostumbré a esta edad con esta gente? Blaine parecía
tener dieciocho años. Joven para siempre. La tentación era demasiada,
especialmente cuando estabas enamorado de uno de ellos.
—¿A dónde vamos? —Le pregunté cuando me di cuenta de que no nos
dirigíamos hacia la escuela.
—A la mansión para devolver el SUV a Andris.
No es de extrañar que el SUV me pareciera familiar. Era el que Andris
conducía a menudo. Blaine tomó atajos y pronto se dirigió hacia el este. —¿Por qué
no pueden simplemente crear un portal que se abre en el automóvil y aterriza en
la parte trasera mientras conduces?
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Blaine se rió. —Nadie cuerdo hace eso. Es muy peligroso.
Sonreí. Oh, Echo. Las cosas que haces.
—Realmente deberías haberme dicho que no eras un Inmortal —dijo Blaine.
—Lo sé. Mi vida se volvió complicada después de haber aprendido sobre tu
mundo, por lo que nunca estoy seguro de en quién confiar. Pero parece que Echo
decidió confiar en ti.
Blaine rió ante la idea. —No lo hace. Él no tenía elección. Torin le explicó
algunas cosas. Ya sabes cómo funcionan las cosas en este mundo. —Blaine se frotó
el pecho— No hace falta decir que no le gustó oírlas y prometió arrancar mi
corazón y alimentar mi alma con las serpientes de Corpse Strand si algo te sucede.
Sonreí.
Blaine me miró e hizo una mueca. —No es gracioso. Ningún Inmortal,
Valquiria o incluso Grimnir deberían terminar en esa isla. Desafortunadamente, ahí
es donde Echo esconde a todos los que lo enojan.
—Y se lo merecen.
—Tu novio tiene problemas de ira.
Me reí. —Echo es perfecto.
|
—Sí, el amor nos hace creer cualquier cosa —Dejó de sonreír, y me
pregunté si estaba pensando en Casey. El silencio llenó el automóvil por el resto de
la unidad.
—¿Todavía quieres estar estacionado en Asgard? —Pregunté al entrar en el
complejo de Sevilla.
—Más que nada. Andris dijo que intentará localizar a Casey la próxima vez
que esté allí. Aparcó junto al Mercedes plateado que había conducido unas noches
atrás, saltó y rodeó el automóvil para abrir la puerta.
—Buen coche —le dije, mirando el costoso auto deportivo.
—Hermoso, ¿No es así? —Él sonrió— Solo soy el conductor designado de tu
casa. Andris lo tomará desde aquí. Se supone que Drew no nos vea o creerá que
estoy trabajando con ustedes, así que está bien ignorarme en la escuela —Blaine
hizo una mueca— Se supone que debo estar atento a Maliina en la casa de Drew
también.
Un escalofrío se deslizó por mi piel, y crucé los brazos. ¿Qué pasa si ella
sospecha algo? ¿Y que?
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—¿Vas a estar bien? Quiero decir, ¿No te preocupa que ella lo descubra y se
vuelva contra ti?
Él sonrió. —¿Qué puede hacer ella? Soy un Inmortal.
Y estaba la arrogancia inherente en todos ellos. Ingrid salió de la casa,
vestida con ropa de moda, cabello rubio perfectamente diseñado. Ella sonrió y
saludó. Me preguntaba cómo se sentía acerca de todo este lío con su hermana.
Probablemente estaba deseando tener una hermana diferente.
Andris la siguió, con el cabello desordenado como si un amante lo hubiera
pasado con los dedos. Era un estilo que Echo había perfeccionado con su cabello.
Como de costumbre, Andris parecía ir a una sesión de fotos para cubrir algunas
revistas en lugar de ir a la escuela.
Blaine le arrojó las llaves del auto, y Andris las arrebató en el aire. —Así
que te estoy cuidando de nuevo, Mortal —bromeó Andris.
Sonreí ante su voz disgustada. —Apesta para ti, ¿Verdad, Valquiria? Pero, de
nuevo, ¿Qué esperas? Nosotros los mortales somos débiles e indefensos. Y
necesitamos grandes y fuertes inmortales para sobrevivir —le dije con sarcasmo.
Ingrid soltó una risita.
Andris hizo una mueca. —Buen regreso para alguien que es cebo de
Grimnir. Chapman, ¿Cuándo te vas a mudar?
|
—Cuando termine este lío —dijo Blaine. Él no parecía feliz por eso.
—¿Te estás mudando con ellos? —Le pregunté.
Blaine asintió. —Mi padre insistió.
—¿Por qué lo dices así? —Preguntó Andris, mirándolo fijamente y luego a
mí— Vivir con nosotros es divertido. Él no tendrá que preocuparse por usar portales
o cambiar a súper velocidad. Además, hacemos fiestas de grupo asesinas.
—¿Con o sin agua? —Le pregunté.
Andris hizo una mueca. —Solo tienes que mencionar eso.
—¿Qué pasa? —Preguntó Ingrid.
—Sí, ¿Qué significa una fiesta en la piscina con o sin agua?—, Preguntó
Blaine.
—Es una necesidad de saber, y ustedes dos Inmortales —señaló la llave a
Blaine y luego a Ingrid— no es necesario que lo sepan.
—Ella es mortal y ella lo sabe —dijo Ingrid, haciendo pucheros.
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—Ella está vinculada a la cadera con nuestro chico Hel residente, por lo que
te supera en rango —Me guiñó un ojo— Sabes cómo elegir la crème de la crème,
¿Verdad? Le da un nuevo significado a dormir hasta llegar a la cima.
Andris podría ser tan crudo a veces. Lo ignoré y me senté en el asiento
trasero mientras Ingrid se sentaba en frente. Blaine se fue por delante de nosotros.
—Textea a Raine —le dijo Andris a Ingrid mientras disparaba el motor—
Diles que nos vamos.
—¿Torin no se está quedando en la mansión?
Andris se rió entre dientes. —No. Le gusta estar cerca de su amor. Mira por
su ventana y miralos. No importa que solo esten a un portal de distancia. Él está
tan azotado.
—Se llama amor —dijo Ingrid.
Andris le tomó de la mano y le besó los nudillos. —Se llama azotado, cariño.
Amar significa aprender a dejar ir.
Me desconecté de su conversación y miré hacia adelante, preocupándome
por Echo. Si Hel descubriera que él me estaba protegiendo, ¿Qué le haría ella? ¿O a
mí? Calle abajo, Torin y Raine nos siguieron a la escuela. Luego nos movimos en
grupo al otro lado de la calle hacia el edificio de la escuela.
|
Drew, Blaine y algunos deportistas estaban hablando y riendo cuando
entramos al vestíbulo. Blaine ni siquiera perdió el ritmo. Les dijo algo a los demás
mientras miraba a Torin y soltó una risita. Los ignorábamos, aunque sentía los ojos
de Drew en mí. Fue difícil no mirar hacia atrás.
Pobre tipo.
Todos fuimos a guardar nuestras maletas. Entonces Andris me acompañó a
mi clase mientras Torin y Raine desaparecían en el piso de arriba.
—Mira quién te está esperando —susurró Andris cuando llegamos a la puerta
de mi clase.
Mi corazón se disparó cuando vi a Echo esperando en mi silla. Menos su
capucha. Él también estaba vestido informalmente con jeans y un suéter de manga
larga. Ningún hombre se veía bien en Levis como Echo, y el suéter abrazó su pecho
masculino. No pude evitar mirarlo.
Las runas dijeron que era invisible, así que no pude besarlo sin parecer un
idiota. Él jugó con un mechón de mi cabello, luego trazó una línea por mi mejilla
hasta mis labios y pasó su pulgar sobre mi labio inferior, provocándome. Él me dio
esa sonrisa lenta y sexy que amaba. Él sabía que yo estaba deseándolo, el chico
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travieso.
—Te ves increíble —susurró roncamente, con los ojos en mi boca.
Cubrí su mano. Me estaba matando no besarlo, y él no estaba ayudando.
Fingiendo indiferencia, lo cual era difícil porque sus deliciosos labios estaban a
solo unos centímetros de distancia, me eché el pelo por encima del hombro y
levanté la barbilla. Su mano se movió hacia mi nuca.
Puse mi teléfono en mi oreja para que cualquiera que me viera no pensara
que estaba hablando con la pared. —¿Qué estás haciendo aquí? —Le pregunté.
—Comprobando cosas. ¿Te gustaría un beso, Cora-mio?
Yo lo perdoné cuando él me llamó su Cora, podía salirse con la suya. —Sí.
Él se rió entre dientes, levantó mi barbilla y se tomó su tiempo. El beso fue
dulce y demasiado breve. Apreté mis manos para evitar levantar mi mano y agarrar
su rostro. Gruñí en frustración.
—Inclina o niega con la cabeza —susurró contra mis labios— ¿Todo salió bien
esta mañana?
Asentí.
|
—Bueno. No me quedaré, solo estoy haciendo rondas. —Me acarició la
mejilla. —Maliina no está aquí, pero volveré a verificar. ¿Quieres almorzar
conmigo?
—Sí —Entonces, recordando que se suponía que debía asentir con la cabeza,
eché un vistazo alrededor. Afortunadamente, nadie en clase parecía estar
prestándome atención.
—Estaré fuera de la escuela. —Esta vez el beso fue más profundo,
persistente. Luego salió de la clase presumiendo. Agradable paso. Buen culo. Todo
mío. Era injusto que un chico se viera tan bien temprano en la mañana. Por otro
lado, lo había visto sin nada antes.
No podía esperar a la hora del almuerzo, pero la mañana se arrastró. Peor
aún, Echo no estaba afuera cuando sonó la campana. Andris, Ingrid, Raine y Torin
sí.
—¿Dónde está Echo? —Le pregunté.
—En la mansión —dijo Torin— Fue a almorzar.
El almuerzo resultó ser bastante festivo. Los muchachos fueron
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entretenidos mientras discutían sobre la cantidad de almas que se habían cogido el
uno al otro. No tenía idea de que las almas pudieran ser robadas. Cualquier
problema que las Valquirias tuvieran con Echo, y viceversa, ya no parecía
importante. O tal vez lo dejarían de lado para protegerme. Lavania se asomó a la
cocina, sonrió y desapareció de nuevo.
Más tarde esa noche, Andris y Raine me vieron nadar, pero ella me llevó a
casa. Cogimos bocadillos y desaparecimos en mi habitación para hacer la tarea.
Cuando terminamos, comenzamos con el correo para los parientes de las almas con
las que me había comunicado.
—¿Sabías que hay runas que pueden impedirte ver almas? —Le pregunté.
Raine, acostada en mi cama, arqueó una ceja. —¿De Verdad? Lavania nunca
los mencionó.
—Blaine me dijo que la mayoría de los Inmortales los usan.
—¿Usar qué? —Preguntó Echo, entrando a la habitación.
—Runas que les impiden ver almas —dije.
—¿De dónde vienes? —Preguntó Raine.
—Florida —Echo caminó hacia donde yo estaba sentada en la silla y levantó
mi barbilla. —¿Por qué estás discutiendo runas de bloqueo de alma con él?
|
Su muestra de celos era dulce e innecesaria. —Había un alma en los árboles
cuando él estaba aquí y Blaine mencionó las runas. Dijo que la mayoría de los
Inmortales los usan para dejar de ver almas. Por supuesto, pensó que yo era un
Inmortal en ese momento. De todos modos, le dije que no estaba interesada.
Esperé a que Echo respondiera, pero todo lo que hizo fue fruncir el ceño.
—Y de todos modos probablemente no me funcionarían —agregué.
No sabía si Echo me creyó. Él me levantó, se sentó y me puso en su regazo.
Sin hablar, él pasó la punta de sus dedos arriba y abajo de mi brazo desnudo. Me
estremecí. Por la lenta sonrisa que rizaba sus labios esculpidos, le gustó mi
reacción.
—Me dirías si querías salir, ¿No es así, cara de muñeca? —Preguntó.
Asenti. —Pero yo no quiero.
Él presionó un beso en mi hombro. —Bien, porque si Blaine o alguien más te
marca alguna vez, los mataría.
Puse los ojos en blanco. —Sí claro.
—Uh, creo que lo dice en serio —dijo Raine. Había estado tan callada que
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había olvidado su presencia.
Me incliné hacia atrás y estudié la cara de Echo. Se veía como siempre.
Sexy. Ojos brillando. Empujé el pelo de su frente. —Estas bromeando, ¿Verdad?
Quiero decir, no lo harías.
Él sonrió. —Me gustaría. Ya ves, si alguien te va a marcar, voy a ser yo.
Yikes. Si él supiera que Torin lo hizo después de que mi mano se lastimara,
¿Iría tras él? —Bueno.
—Bueno. Entonces, ¿Qué están haciendo las chicas?
—Estábamos terminando esto —Raine agitó las cartas— Entonces, ¿Por qué
Florida?
—Tengo un lugar allí —Él levantó mi cabello y se enterró en mi cuello.
Raine se sentó. —¿Puedo verlo?
—Adelante. —Hizo un gesto hacia el espejo.
Todavía tratando de entender lo que Echo había dicho, cambie al modo de
escucha selectiva. Si él no permitía que nadie me volteara y él ya había hecho su
posición obvia, ¿No significaba eso que nunca sería inmortal?
***
|
—¿Puedo romper su escuálido cuello? —Preguntó Andris el viernes por la
mañana cuando Blaine me dejó en su casa. Estábamos hablando de Drew, que
estaba cada vez más obsesionado conmigo a medida que pasaban los días sin
Maliina. Para él, lo había abandonado después de dormir con él durante varias
noches. En cierto modo, sentí pena por él.
—¿Estás olvidando algo, Valquiria? —Espetó Blaine.
—Estoy seguro de que me iluminarás, Campeón de Todos los Mortales —dijo
Andris mientras agitaba el pomo raíz. Tuvimos un buen día y todos vestimos algo
carmesí o dorado.
Blaine entornó los ojos. —Es inocente en todo esto. Él y Cora son víctimas
aquí.
—¿Siempre has sido tan melodramático? —Preguntó Andris— Eso no es
atractivo.
—Qué jodido, Andris —espetó Blaine.
Andris se rió. —Lo siento, no eres mi tipo. Aunque podrías convencerme si
suplicaras.
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Blaine parecía listo para golpearlo. Lo tomé del brazo y lo aparté,
deseando que Torin y Echo estuvieran cerca. Se empujaban a sí mismos, tratando
de encontrar a Maliina. Andris solo se comportó cuando esos dos estaban cerca, y
Blaine aún no los había perdonado por la muerte de Casey. Se volvió irritable los
últimos días. En realidad, todos se habían puesto de mal humor desde que Maliina
pasó a la clandestinidad.
—Deja de jugar con él, Andris —le regañó Ingrid, y luego nos echó un
vistazo— No se preocupen, muchachos. Él solo está hablando. Torin se volvería loco
si algo le sucediera a Drew. —Ella pasó un brazo por Andris— Vamos —Continuaron
hacia el SUV.
Blaine y yo seguimos lentamente.
—¿Cómo puedes soportarlos? —Preguntó— Son arrogantes, groseros y actúan
como si fueran invencibles.
—Son invencibles. Eres invencible, también. Eres simplemente... más
agradable. Pero dado que vas a vivir con ellos, necesitas saber algunas cosas.
Ingrid es dulce y siempre será neutral.
Blaine rió disimuladamente. —Ella siempre toma el lado de Andris.
—Pero lo detiene de ser un burro. La palabra de Torin es la ley. Cuando
dice que no, Andris puede quejarse y quejarse, pero él escuchará.
|
—Excepto cuando se trata de una chica o chico con quien se acuesta.
¿Sabes que ahora está saliendo con una chica universitaria local?
No me molesté en mantenerme al día con quién dormía Andris, ya que
Raine me dijo que era bisexual y cambió las preferencias por capricho.
—No lo sabía, pero él dice y hace cosas para obtener una reacción. No
dejes que te atrape. Ignorarlo tampoco funciona, así que dale lo mejor que
consigas —Le di unas palmaditas en el brazo— Te veo en la escuela.
—Y esta noche, me mudaré de la casa de Drew después de la escuela —
Parecía aliviado.
Saludé con la mano mientras despegaba. El viaje a la escuela siguió la
misma rutina desde que descubrimos que Maliina estaba durmiendo con Drew. Mis
padres ahora estaban convencidos de que estaba saliendo con Blaine ya que él me
recogió y me dejó en las tardes. Torin y Echo estaban ocupados buscando todo el
valle, Hel, y lugares que se habían negado a revelar cada mañana y cada tarde.
Con sus poderes rúnicos Norn, podría ser cualquiera, y no lo sabríamos. Raine, con
su habilidad para sentir y escuchar las Norns, tampoco había tenido suerte de
sentirla.
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La escuela estaba llena de actividades de motivación. Los pompones raíz se
habían puesto a la venta hace una semana y la mayoría de los estudiantes llevaron
los suyos mientras entrábamos en el edificio de la escuela.
—Los veo chicos —dijo Ingrid y se unió a las porristas.
Casi todos usaban los colores de la escuela: carmesí, negro y dorado. Una
grabación de nuestra canción de lucha escolar salió de los altavoces. Banners,
folletos, globos y serpentinas decoraban los pasillos y los casilleros de los
jugadores de fútbol. Cheerleaders y nuestros bailarines actuaron en el pasillo
cuando los estudiantes llegaron. Otros vendían pompones sobrantes y regalaban
botellas de agua con monedas para hacer ruido.
Las porristas separaron a Torin de nuestro grupo, colocándose cuentas
alrededor de su cuello. Los jugadores estaban siendo tratados como la realeza, que
justamente se merecían. Si ganaran el juego mañana, harían historia.
—El pep rally comenzará durante los dos últimos períodos de la escuela —
anunció el director entre canciones. A pesar de mis problemas, quedé atrapada en
el momento.
Según cada día de reunión, las clases eran más cortas y se celebraban
concursos y vivas entre las clases. Todos los maestros estaban vestidos con trajes
extravagantes. Un Andris invisible me siguió de clase en clase y se sentó en la
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parte trasera con una pila de libros de historietas como lo había hecho los últimos
tres días. Había dejado de refunfuñar sobre cuidarme.
Justo antes del almuerzo, Raine entró en mi clase de historia y le dio una
nota al maestro. Ella no se veía muy bien. Me levanté de la silla con Andris de
cerca antes de que la maestra termina de decir: —Cora Jemison, presentese en la
recepción.
—¿Qué es? —Pregunté tan pronto como nos alejamos de la puerta.
—Tenemos un problema —dijo Raine sin disminuir la velocidad.
—¿Qué? —Andris y yo preguntamos al mismo tiempo.
—Vamos a la mansión —Empujó la puerta del baño de las chicas, y la
seguimos adentro. Ya había un portal y, a través de él, pudimos ver el vestíbulo de
la mansión.
—Tenemos un visitante —susurró, guiando el camino.
—¿Maliina? —Pregunté, corriendo detrás de ella. Ahora estaba
acostumbrada a tratar los portales como puertas.
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—No. —Antes de que ella pudiera explicar, estaba mirando la parte trasera
del familiar cabello Chex Mix.
—¿Eirik?
Dio media vuelta y sonrió. —¡Sorpresa!
—¿Qué estás haciendo aquí? —Pregunté, mirándolo.
Él no estaba solo. Un tipo unos pocos centímetros más bajo que él con
cabello de cobre estaba parado a su derecha. Ambos llevaban un uniforme de
algunas camisas negras de manga larga, pantalones a juego y botas hasta la rodilla.
Los cinturones de armas colgaban bajos alrededor de sus cinturas.
Torin se paró a unos metros a su izquierda con su espalda a la pared. Él no
se veía feliz. Mis sentidos recobraron la presencia de Echo. ¿Dónde estuvo él? Eché
un vistazo alrededor e intenté encontrarlo.
—No puedes estar aquí —le dije, caminando hacia él.
—¿No te dijeron el peligro en el que estás?
Eirik se rió. —Vine todo este camino para verte y me encuentras con una
conferencia. Te he echado de menos. —Me abrazó, me levantó del suelo y se dio la
vuelta. Cuando se detuvo, me miró a los ojos— Pensé que era demasiado tarde.
—¿Para qué? —Todavía no podía ver a Echo.
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—Esto. —Su cabeza se agachó y aplastó mis labios con los suyos.
Por un breve momento, estaba demasiado conmocionada para reaccionar.
Justo cuando estiré la mano para empujarlo, un rugido llenó el vestíbulo. Echo. Vi
una imagen borrosa por el rabillo de mis ojos. Entonces Eirik fue arrancado de mí.
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19. De malo en Peor
La fuerza del ataque envió a Eirik volando por la habitación. Golpeó la
pared, el ruido sordo resonó alrededor de la habitación, una abolladura apareció
en la pared. Echo estaba sobre él antes de tocar el suelo, agarrándolo por el
cuello.
—La vuelves a tocar y eres un hombre muerto —gruñó, con el brazo
levantado.
Eirik golpeó a Echo en el plexo solar. La fuerza habría roto la caja torácica
de Echo. Pero como Echo todavía sostenía a Eirik por el cuello, los dos rodaron por
el suelo. Torin fue al rescate. Agarró a Echo, mientras que el hombre de cabello
cobrizo agarró a Eirik con la daga desenvainada.
—¿Quién en Hel's Mist es él? —Gritó Eirik, tratando de liberarse del agarre
de su amigo.
—Tu verdugo si solo miras en su dirección —gruñó Echo.
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—¡Basta! —Grité, pero mis palabras fueron ahogadas por otra.
—¡SUFICIENTE!
Todos miramos la parte superior de las escaleras, donde se encontraba
Lavania, luciendo majestuosa con un vestido blanco hasta los tobillos. —Echo, te
dije que te mantuvieras fuera del camino hasta que Cora hablara con Eirik.
—Y no recuerdo haber estado de acuerdo —espetó Echo, alejando a Torin—
El la beso. Debería llevar su trasero a Hel solo por eso.
—¿Qué te detiene? —Preguntó Lavania, bajando las escaleras.
Él me miró, entrecerrando los ojos. Vi la respuesta en sus ojos. Lo haría si
Eirik me tocaba de nuevo. Suspirando, crucé el vestíbulo y lo miré directamente a
los ojos. —Eirik y yo necesitamos hablar.
Echo se puso rígido, y sus ojos se movieron hacia Eirik. —No. No te dejaré
sola con él.
Eché un vistazo a Eirik y me pregunté qué estaba pasando en su cabeza.
Tendría que ser un idiota para no darse cuenta de que el comportamiento de Echo
era el de un amante. Primero Raine lo abandonó por Torin, y ahora yo estaba
siguiendo sus pasos, abandonándolo por Echo.
Mis noticias iban a lastimarlo, pero primero lo primero.
|
Cogí la mano de Echo y la coloqué junto a la mía. —Mírame. ¿Por favor? —Él
lo hizo— Confia.
—Sí —Miró a Eirik— Es en él en quien no confío.
—¿Quién es él? —Escuché a Eirik preguntar enojado, y sabía que teníamos
que hablar antes de que él lo perdiera. Raine me había contado lo que le sucedía a
la gente cada vez que Eirik se ponía loco. Los otros estaban a salvo, pero no estaba
segura de mí.
—Entonces confía en mí para hacer lo correcto —le dije suavemente a Echo
y di media vuelta.
Cogió mi muñeca, y estaba seguro de que me iba a tomar en sus brazos y
mostrarle a Eirik quién era, mi novio, pero algo en mis ojos debió haberlo
convencido para que se portara bien porque sonrió.
—Está bien, cara de muñeca. Ten tu charla. Estaré aquí cuando hayas
terminado —Su voz se elevó durante la última frase, y supe que le estaba
advirtiendo a Eirik. Me soltó, cruzó los brazos y clavó sus ojos entornados en Eirik.
Eirik todavía tenía una expresión perpleja. Todos los demás parecían
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tensos. Cuanto más rápido resolviera esto, antes podría irse. Él no debería estar
aquí. —Hablemos en la cocina.
—La sala de estar está más cerca —sugirió Echo, acero en sus palabras.
Sí, claro, solo lo sugería porque no tenía puerta y nos escucharía. —No.
Vamos a la cocina. Eirik.
Me fui sin ver si me estaba siguiendo. El comedor se abría al vestíbulo y la
cocina estaba al otro lado. Usé esa entrada en lugar de la que conducía al pasillo y
la piscina.
Estaba buscando agua embotellada en la nevera cuando Eirik apareció.
—¿Quieres algo de beber? —Le pregunté mientras reorganizaba mis
pensamientos.
—No. —Eirik se apoyó contra el mostrador y cruzó su brazo— ¿Quién era ese
tipo?
Me tomé mi tiempo girando la tapa y sorbiendo agua mientras lo estudiaba.
Él se veía diferente. Más maduro. Su cabello era más corto de lo que recordaba,
sus rasgos más cincelados. Las cosas que Raine me había contado acerca de él
pasaron por mi cabeza. Había pasado por tanta mierda, y se notaba. Eirik no era el
chico inocente y fresco que había conocido meses atrás. Él había cambiado.
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—Su nombre es Echo —le dije.
La forma en que sus ojos se abrieron, sabía que había oído hablar de él.
Tragué saliva, odiando lo que tenía que decir a continuación. Una parte de
mí quería retrasar lo inevitable, pero otra parte sabía que tenía que hacerlo ahora.
—Echo es mi novio.
Un espasmo cruzó la cara de Eirik, los ojos se agudizaron mientras las
emociones se agitaban en su profundidad. Por un momento, él no habló.
Él solo me miró, apretando y soltando la mano.
Sacudió la cabeza. —No, él no puede ser tu novio. Él es un Grimnir. Lo sé
porque lo vi en tu habitación hace semanas y sabía que tenía que rescatarte. Si mis
abuelos no me hubieran retrasado...
—¿Me viste?
—Usé la silla de mi abuelo, pero eso no viene al caso. Te extrañé, y quería
asegurarme de que estabas bien. —Se acercó— Tenía la intención de contarte todo
sobre mí, quién era y por qué me había ido, y lo más importante de todo, cómo me
siento por ti, Cora.—Extendió la mano y tocó mi mejilla, una sonrisa triste tirando
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sus labios— Cómo siempre me he sentido por ti.
Oh Dios. Esto fue malo. —Eirik...
—No digo que se suponía que debías esperarme, Cora. Ni siquiera estoy
enojado por el Grimnir. Eres hermosa y siempre saliste con otros chicos, pero eso
nunca me detuvo de deseárte. Le dije a mi abuelo que te llevaría a Asgard. Que tú
eres la que he elegido.
Esto fue más que malo. —Eirik...
"Déjame terminar. Mi abuela estaba convencida de que nunca volvería a
Asgard si me fuera. Les dije que si me obligaban a quedarme y no me dejaban
atraparte, me iría para siempre. No necesitamos vivir con ellos. Puedo hacerte
inmortal con la ayuda de Lavania, y podemos terminar la secundaria y hacer lo que
sea que...
—No. —Lo interrumpí esta vez— No puedo estar contigo, Eirik. Lo siento
mucho. —Nuestra amistad era importante, pero Echo era mi vida. No podría vivir
sin él— Lo amo.
Eirik parpadeó, incredulidad en sus ojos color ámbar. —No puedes amarlo.
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La forma en que hizo caso omiso de mis sentimientos me molestó. Dejé la
botella, sintiéndome mejor de que le estuviera diciendo la verdad ahora. —Lo
amo. No quise hacerlo, pero sucedió. Si pudiera perdonarte...
—No —Se alejó de mí, pero sentí su dolor.
—Soy un idiota.
—No digas eso.
—Primero pensé que tenía una oportunidad con Raine, pero luego pasó
Torin y dejé de importar. Entonces pensé que tenía una oportunidad contigo. Creí
en Raine cuando ella me dijo que tenías sentimientos por mí. Creí que teníamos
una oportunidad.
Sonó tan derrotado que las lágrimas corrieron a mis ojos.
—Sentí algo por ti. Todavía lo hago, pero es diferente con Echo. —El
aparador nos separaba ahora.
—Al igual que era diferente con Torin —Una risa sarcástica se le escapó—
Creo que realmente soy el hijo de mi madre.
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Fruncí el ceño, no me gustaba la amargura que se había deslizado en su
voz. —¿Qué quieres decir?
Él sonrió, las emociones se agitaban en sus ojos difíciles de mirar. —Mi
madre tampoco pudo encontrar a nadie que la amara. Ella tuvo que atrapar a mi
padre en Hel con ella. Tal vez estoy destinado a estar solo como ella. Condenado a
nunca encontrar el amor.
Cerré la brecha entre nosotros. —No digas eso. Conocerás a alguien.
"No tengo ningún interés en conocer a alguien. —Se giró y golpeó el
mostrador. La parte superior de mármol se dividió y los bordes se levantaron
cuando se derrumbó en los armarios debajo de él. El sonido fue repetido por otro
desde el vestíbulo.
Echo.
—Tengo que irme, y tú también. No quiero que tu y Echo peleen por mí
porque no hará ninguna diferencia. Regresa a Asgard, Eirik. Vete a casa.
Realmente no deberías estar aquí con Grimnirs buscándote. —Cerré el espacio
entre nosotros y le toqué el brazo. Él se puso rígido. Más sonidos vinieron de la
otra habitación, diciéndome que los otros estaban tratando de detener a Echo. —
Por favor, vete.
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Me volteé para irme, pero él me agarró, me tomó en sus brazos, y enterró
su rostro en mi pelo. No sabía qué hacer o decirle. Estaba temblando, lo que solo
me hizo sentir mal. Le puse mi brazo alrededor de su cintura y lo abracé.
—Lo siento mucho, Eirik. Nunca quise hacerte daño.
"Desearía que me hubieras esperado, Cora. ¿Por qué no me esperaste?
Más golpes sacudieron la casa.
—Debo ir a Echo antes de que lo lastimen —Me moví de los brazos de Eirik,
levanté la vista y tragué saliva. Los ojos de Eirik tenían un brillo extraño en ellos.
No tenía idea de lo que eso significaba. Raine lo había explicado, pero por mi vida
no podía recordar si era algo bueno o no. No tuve tiempo de calmarlo o ayudarlo a
lidiar con su dolor. Los sonidos que venían del vestíbulo eran cada vez más fuertes
y llegaban más rápido.
Corrí hacia la puerta entre la cocina y el comedor y empujé. La puerta no
se movió. Algo lo estaba bloqueando desde el otro lado. Me di la vuelta, pasé
rápidamente junto a Eirik y corrí hacia la puerta que daba al pasillo. Irrumpí a
través de las puertas giratorias para ver a Raine y el amigo de Eirik, de pelo
cobrizo, corriendo hacia mí.
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—¿Dónde está Eirik? —Preguntó Raine.
—En la cocina. ¿Qué está pasando?
—Los Grimnirs están aquí. —Raine corrió hacia mí— Ellos saben que él está
aquí. Debemos sacarlo. También saben que Echo está trabajando con nosotros.
—No —susurré con horror.
—Él estará bien. Solo no entres ahí, Cora. Él dijo que te mantuvieras
alejada.
Dudé, no estaba segura de qué hacer. No tenía superpoderes y no podía
luchar contra esta gente, pero tampoco podía esconderme en el pasillo mientras
mataban a Echo.
Un rugido vino de la cocina seguido de golpes y choques. Sin mirar atrás,
corrí hacia el vestíbulo. Mi estómago cayó en la escena.
La pared que separaba el vestíbulo de la sala de estar ya no estaba. A
partir de la cantidad de borrones cubiertos por largas capas que recorrían la
habitación, los Grimnirs superaron en número a nuestra gente dos a uno. Incluso
Lavania con su elegante vestido fluido estaba luchando.
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No estoy segura de qué podría hacer para ayudar, con el corazón
palpitando, busqué a Echo en el caos. Me agaché detrás de la pared cuando la
mitad de las escaleras se derrumbó a mi izquierda, yeso y escombros cayendo al
suelo. Sentí una presencia detrás de mí y giré, esperando a Raine.
Una mujer rubia pálida vestida completamente de negro, incluyendo botas
hasta la rodilla, y una chaqueta de cuero con cinturón estaba detrás de mí.
Nunca la había visto antes.
—Así que nos volvemos a encontrar, Cora —dijo con acento.
—Maliina —susurré.
—Echo se pudrirá en la isla de Hel por desobedecer a la diosa. ¿Y para qué?
¿Tú? ¿Una simple Mortal?
—Aléjate de ella —rugió Echo, y lo vi, o el borrón que era él, se deslizó
hacia nosotros. Dos Grimnirs lo interceptaron, y los tres derribaron el resto de la
pared del comedor.
—Echo —grité y comencé a caminar hacia él, buscando una losa de yeso.
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—¿De verdad crees que puedes luchar contra nosotros? —Dijo Maliina con
una sonrisa burlona. —Podrían romper tu cuello así —Ella chasqueó los dedos.
—Estás olvidando algo. Inmortal. Si me tocan, serán castigados por la
eternidad.
—No si dicen que no pueden ver la diferencia —dijo Malina con malicia.
Luego su cara, cabello y ropa cambiaron y se transformaron hasta que miré a mi
doble. —Al igual que Echo no podía ver la diferencia. Él solo está contigo porque
me parecía a ti cuando nos conocimos. Apuesto a que cuando él te toque, es a mí a
quien ve.
Me había afectado esas inseguridades hace mucho tiempo. —Para una
Inmortal, eres estúpida. ¿Por qué no te preguntas por qué se ha quedado después
de saber que no soy tú?
—Porque él sabe que estaré esperando para reemplazarte una vez que tu
cuerpo se marchite y muera.
La perdí y golpeé la losa. Se rompió en pequeños pedazos mientras ella se
reía burlonamente. Salté hacia ella, agarrando un mechón de su cabello y tirando.
Ella me sacudió como si no pesara nada. Aterricé en mi culo y el dolor subió por mi
espina dorsal. La batalla en el vestíbulo no disminuía, pero escuché a Echo gritar
mi nombre por encima del ruido.
|
Maliina me agarró del brazo y me levantó. —Camina o te romperé el brazo.
—Si crees que te dejaré distraer a Echo...
Su mano se movió hacia mi espalda. —Un golpe y voy a romper tu columna
vertebral en dos, Mortal. Ahora camina. Vamos al portal cerca de la entrada. Eirik
nos seguirá una vez que se dé cuenta de que te tengo a ti.
Tragando, comencé a cruzar la zona de guerra.
—¡Cuidado, Cora! —Gritó Raine.
Me volví rápidamente para ver a Eirik yendo hacia nosotros, un mayal con
pinchos medievales colgando de su mano. Raine y su amigo se apresuraron a su
lado, gritándole como si estuvieran tratando de razonar con él.
Eirik disminuyó la velocidad cuando nos vio a mí y a Maliina, sus ojos
recorriendo mi rostro y el de Maliina. Todavía estaban desenfocados.
—¿Cora? —Preguntó.
—Sí —dijimos Maliina y yo al mismo tiempo.
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La mano de Maliina cayó de mi espalda. —Ella está tratando de lastimarme,
Eirik. Destruyelá.
Levantó el mayal, la cadena se envolvió alrededor de su muñeca, la cabeza
con púas se posó en la parte posterior de su brazo. En lugar de confusión, sus ojos
ahora ardían de rabia. Estaba seguro de que ya no le importaba quién era la
verdadera yo. Su enojo probablemente fue dirigido a mí por no esperarlo, por no
amarlo. Mi corazón se detuvo.
—Eirik, soy yo —susurré.
—Eirik, soy yo —Maliina me imitó.
Eirik negó con la cabeza, su respiración laboriosa, los ojos comenzando a
brillar inquietantemente de nuevo. Su amigo y Raine intentaron alejarlo. Por la
expresión de Raine, tampoco podía distinguirnos.
Un Echo ensangrentado apareció en mi periferia, y me di la vuelta, el alivio
me golpeó. Él detendría a Eirik.
—Me lastimó, Echo —suplicó Maliina— Ácabala.
Echo ni siquiera disminuyó la velocidad, agarró mi mano y me empujó
detrás de él. —¿Crees que no puedo ver la diferencia, perra malvada? Ella es toda
tuya, Eirik.
|
El puño de Eirik se estrelló contra Maliina, enviándola a volar a través de la
habitación. Él lo siguió, su amigo detrás de él. Echo me empujó hacia Raine y
ordenó, —Sácala de aquí ahora.
Un segundo estuvo a mi lado; al siguiente, se metió con un Grimnir y los
dos desaparecieron dentro de lo que solía ser el comedor.
—Vamos —instó Raine.
Sé que era completamente inútil aquí, pero aún así... —Tenemos que
detener esto de alguna manera.
—Eirik puede, pero debo ayudarlo —dijo Raine— Ve a su habitación vieja y
espera allí mientras...
Algo afilado perforó mi espalda, y contuve el aliento. No escuché el resto
de las palabras de Raine. El dolor desapareció rápidamente, pero el calor en el
lugar me dijo que estaba sangrando. Traté de llegar a donde se originó el dolor,
incluso cuando el calor irradiaba. Al otro lado de la habitación, Maliina disminuyó
la velocidad y me sonrió.
Ella me había hecho esto. ¿Había roto mi espina como lo había prometido?
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—Ve, Cora —gritó Raine— Corre —Luego ella se había ido.
Traté de devolverle la llamada, decirle que algo andaba mal en mi espalda,
pero todo lo que dije, si dije algo, fue tragado por los golpes y golpes que
reverberaron a nuestro alrededor. Entumecimiento reemplazó la calidez,
extendiéndose arriba y abajo de mi columna vertebral. Puntos negros aparecieron
en mi visión. Traté de alejarme de la carnicería, pero no podía mover mis manos,
piernas o cabeza.
Traté de encontrar a Echo, pero todos los luchadores tenían el mismo
aspecto: masas borrosas de negro y gris. Mis ojos encontraron a Raine y Eirik. Ella
le estaba gritando. Mi visión se volvió borrosa, y se salieron de foco. Iba a
desmayarme.
No lo haré. Voy a ver. No. Mi visión se agudizó.
La batalla aún continuaba, pero Eirik estaba en el centro de la habitación
con su mano derecha levantada, la cadena y la bola con púas en el extremo de su
mayal azotaban el aire con un sonido sibilante. Los latidos de mi corazón se
ralentizaron, cada latido fuerte en mis oídos. Bajé los ojos y tragué al ver la sangre
que se acumulaba a mis pies. Mi sangre.
Lágrimas llenaron mis ojos. Alguien gritó mi nombre. ¿Fue Echo? No podía
decirlo, pero quería verlo. Incluso si fuera para decir adiós.
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—¡Dios, Cora! —Gritó Raine y corrió hacia mí. Eirik había soltado el mayal.
Ella me abordó, y las dos bajamos. No pude romper mi caída y aterrizar
boca abajo en mi propia sangre, probablemente con moretones en las mejillas y la
barbilla. Todavía no podía sentir dolor. Pero el entumecimiento se extendió. Fue
algo surrealista Raine debe haberse dado cuenta de que estaba herida porque la
escuché gritar.
Ella apareció en mi línea de visión, abriendo y cerrando la boca. No
escuché nada. Ella desapareció. Entonces algunas de sus palabras se filtraron a
través de la extraña bruma que me envolvía. —Demasiado profundo... no puedo
jalarlo... sangra...
Vi el arma de Eirik actuar como un boomerang, girando y silbando mientras
navegaba por la habitación, rompiendo todo a su paso sin disminuir la velocidad.
Todos se zambulleron fuera de su camino. Levantó la mano y la tomó por el
mango. La cadena se envolvió alrededor de su muñeca, la parte superior pinchada
se detuvo como si tuviera algún poder sobre ella.
El silencio siguió.
La gente se levantó del suelo y detrás de las paredes y los muebles rotos,
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pero la lucha se había detenido. Eirik había llamado la atención de todos. Cerré los
ojos con alivio.
—Soy Eirik, hijo de Baldur, nieto de Odín, padre de los dioses —bramó—
Cuando hablo, escuchan. Cuando hago una pregunta, responden, o responderán a
mí y a los dioses.
No vi ni escuché la respuesta de los demás porque Raine gritó: —¡Ayúdenme
En el silencio, su voz cargó. Echo fue el primero en llegar. No lo vi. Lo
sentí. Sentí su mano en mi cara.
Lo escuchó mientras gritaba su ira. —¡MALIINA! —Rugió.
—¡No, ella es mía! —Gritó Andris.
Unos pocos golpes seguidos. Luego hubo silencio, del tipo espeluznante.
Sabía el momento en que Echo regresó. Sentí su aliento en mi rostro, el único lugar
que parecía tener sensibilidad en todo mi cuerpo. No podía sentir nada de mi
cuello hacia abajo.
—Abre los ojos, Cora-mio. Mírame —Echo rogó.
Estaba decidida a obedecerlo, así que me concentré mucho hasta que abrí
los párpados. Su cara amada estaba a solo unos centímetros de distancia, pero no
|
podía tocarlo. Yacía en el suelo de costado, con los ojos brillantes. Sabía que lo
estaba matando verme tan impotente.
Lágrimas llenaron mis ojos.
—Frío —susurré. Al menos creo que lo hice.
—Está bien —dijo y mostró sus artavus. El otro, no la guadaña— Voy a
grabar runas sanadoras sobre ti.
—Nnn-no —logré decir— Amor. Tú. Debes. Dejarme. Ir.
—No. Tú y yo, Cora-mio, estamos destinados a estar juntos.
—Llévala al hospital —escuché decir a Torin.
—No lo logrará —dijo Raine.
—Retrocede —gruñó Echo.
—Echo, no puedes —protestó Raine— Sabes lo que te pasará si lo haces.
Luego bajó la voz. —Dejaron de pelear porque Eirik les ordenó que lo hicieran, no
por el amor que sienten por ti. Si la marcas, te reportarán a tu diosa.
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—Déjalos. No voy a dejar que muera. —Tocó mi rostro, su calidez
tranquilizadora. —Aceptaré cualquier castigo que Hel arroje en mi camino, pero
ella debe vivir.
—Ella lo hará. Hazte a un lado. —Reconocí la voz de Lavania— Hablé con la
diosa sobre el trabajo que Cora ha estado haciendo con las almas perdidas, y ella
dio su aprobación. Cora es compasiva y afectuosa. Su amor por sus compañeros
humanos la convertirá en una Inmortal perfecta —Se arrodilló junto a Echo— Ve a
dormir, Cora Jemison. Cuando te despiertes, tu nueva vida comenzará. —No sentí
nada, pero mis párpados se volvieron pesados.
—Te amo, Cora.
Tal vez quería escucharlo o imaginarlo, pero sonaba como si Echo
simplemente me hubiera dicho que me amaba.
***
Las voces me alcanzaron desde lejos. Me esforcé por escucharlos, para
entender lo que estaban diciendo. Se hicieron más fuertes y se volvieron una.
—Vuelve a mí, Cora-mio —suplicó Echo— Necesito que me ames, que hagas
mi vida completa.
Me acarició la cara.
|
Su voz se desvaneció, y luché por aferrarme a ella a través de la neblinosa
oscuridad que amenazaba con tragarme.
—Tuve mi existencia infeliz —dijo Echo, su voz más fuerte— Floja.
Durmiendo por ahí. Comprando cosas por capricho y venderlas. Luego te besé y mi
vida cambió. Me diste una razón para reír. Amar. Ahora espero volver de Hel
porque sé que me estarás esperando.
Su voz se desvaneció de nuevo. Quería decirle que voluntariamente lo
esperaría, pero una vez más, hubo silencio. Traté de moverme, lo busqué en la
oscuridad. Luego su voz regresó.
—Me has demostrado que lo que está afuera no importa. Que mi corazón
podría estar dañado, pero está bien dártelo. Es tuyo, cara de muñeca. Lo has
tenido desde el momento en que me miraste a los ojos y me enseñaste que era
digno de tu amor. En el momento en que te sostuve en mis brazos, te convertiste
en mía y me convertí en tuyo. Tienes que volver y completarme.
Un golpe interrumpió su hermoso monólogo. Entonces Raine dijo: —¿Cómo
está ella?
Raine sonaba mal. Como si hubiera estado llorando.
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—Todavía está afuera —dijo Echo en voz baja, lleno de angustia.
—¿Y los otros? —Preguntó Raine tentativamente.
¿Que otros? Luché para abrir los ojos, mover los dedos de las manos y los
pies. Podía sentirlos ahora, como si alguien estuviera llenándome de adrenalina,
respirando vida en mis extremidades.
—Almas malditas —gruñó Echo— Los amenacé, pero no se irán. Su mentora
Valquiria hizo algo mal. Debería haber revisado todas las runas que grabó en Cora.
¿Dónde está el maldito libro? Si ella cometió un error...
—Lavania no cometió un error, Echo —dijo Raine suavemente— Ella nunca lo
hace. Maliina cortó la médula espinal de Cora con esa daga. Ella podría necesitar
un tiempo para sanar. O podrías agregarle más runas si quieres.
¿Añadir más? Él se metería en problemas. Luché por la niebla, abrí los ojos
y lo encontré. Estaba arrodillado junto a la cama, con la cabeza inclinada sobre mi
mano y los hombros encorvados por la derrota. No es de extrañar que no pudiera
mover mi mano. Lo sostenía con firmeza.
Eché un vistazo alrededor y vi las almas. Habían tantas. Reconocí a algunas
de fuera de la tienda de comestibles. Uno por uno, salieron de la habitación.
Debieron haber estado esperando para ver si lo lograba. Sin ellos, pude ver que
estaba en la cama de Raine.
|
—No puedo vivir sin ella, Raine —murmuró Echo— Me niego a vivir sin ella.
Echo no era del tipo para abrirse a alguien. Que había admitido sus
sentimientos más íntimos hacia Raine dijo que estaba realmente asustado.
Asustado de perderme, y nunca lo hubiera amado más. Mis ojos se encontraron con
los de Raine. Ellos tenían el borde rojo. Ella sonrió, tocó sus labios y salió de la
habitación.
—Y tampoco quiero vivir sin ti, Echo —susurré.
La cabeza de Echo se alzó antes de que terminara la oración. Se puso de
pie y se sentó en el borde de la cama. Extendió la mano como para estrecharme en
sus brazos, pero luego se detuvo. —¿Cómo te sientes? ¿Estás adolorida? ¿Puedes
moverte? ¿Puedo sostenerte?
—Sí. Me siento genial. —Moví los brazos y moví los dedos de los pies— Sin
dolor. —Empecé a sentarme.
—No. No te muevas —Se deslizó a mi lado— Solo quiero abrazarte. Las
últimas dos horas fueron las peores de mi vida.
Me acurruqué en sus brazos e inhalé. Él olía tan bien. Me sentí aún mejor.
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Cuando enterró su cara en mi cuello, envolví su amplio hombro con un brazo y
presioné el otro contra su pecho. Su corazón latía con fuerza.
—Nunca te dejaré fuera de mi vista. Nunca.
Esa fue una promesa inútil ya que él era un segador y yo tenía escuela,
pero fue agradable escucharlo decirlo.
—Me voy a inscribir en tu escuela hasta que termines.
—Odias estar con los mortales —le recordé.
Él rió, su cálido aliento en mi cuello sensible enviando sensaciones dulces
por mi espalda. —Te estaré rondando a ti, no a ellos. Nunca me asustes así. Cada
segundo que no te despertabas, mi corazón se marchitaba.
—Todavía lo quiero. Marchitado o dañado. Es mio.
—Entonces lo tienes. Y mi alma oscura. Y cuerpo con cicatrices.
—Me encanta tu cuerpo con cicatrices.
Él se rió entre dientes, el sonido sexy retumbó a través de mí. —Te amo,
Cora Jemison —me susurró al oído. Luego siguió besos calientes a lo largo de mi
cuello. Incliné mi cabeza, dándole un mejor acceso— Prometo amarte y apreciarte
por el resto de nuestras vidas y más allá.
|
Él reclamó mis labios y selló la promesa. Su calidez me rodeó mientras
tomaba mis sentidos hasta que nada más importaba sino besarlo. Abrazándolo. Casi
no la logré. Casi perdí esta oportunidad de estar con él. Para sostenerlo y besarlo.
Para tocarlo. Las lágrimas corrieron a mis ojos y corrieron por mi cara. Debió
haberlas probado porque levantó la cabeza.
—Whoa, cariño —murmuró, ahuecando mi rostro y limpiando la humedad
con su pulgar. —¿Qué es?
—Casi me perdí de nosotros —murmuré, sintiéndome ridícula por llorar por
nada. —Sobre amarte.
—No hubiera permitido que sucediera. Eres mía, Cora-Mio. Nunca te dejaré
ir. Viva o muerta, eres mía —dijo con voz feroz.
Estudié su hermoso rostro, sus increíblemente sexy, largas pestañas, sus
sensuales labios. No podía imaginar una vida sin él, y ahora teníamos la eternidad.
—Siempre.
Él sonrió. —No podría tenerlo de otra manera.
Entonces se me ocurrió un pensamiento. —¿Qué hay de Eirik?
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Echo frunció el ceño. —Él quiere visitar a sus padres. Envió a los otros
Grimnirs con un mensaje después de que Andris terminará con Maliina. Él se va a
casa.
Fruncí el ceño. —Eso no es bueno.
—Es brillante. Se dio cuenta de que su madre nunca lo dejaría a él, ni a ti,
ni a Raine a solas hasta que ella lo tuviera, por lo que decidió estar disponible. No
puedes secuestrar a alguien que voluntariamente vaya directo a tu puerta y te pida
entrar. Y como no está muerto, puede simplemente bailar el vals directamente
desde Hel. Las puertas de Hel no pueden detenerlo.
Este fue un nuevo desarrollo, y no estaba segura de cómo me sentía al
respecto.
—No sé si él querrá irse —dije lentamente— Estaba tan enojado y amargado
cuando hablamos. Incluso dijo que no estaba interesado en el amor porque lo
quemaron dos veces. Que tal vez no estaba destinado a encontrar el amor, como
su madre. Él podría decidir quedarse allí.
—Entonces será su elección. Tiene problemas para trabajar, Cora, y ha
elegido trabajar en Hel, no aquí o en Asgard. Tu amigo se va con nosotros.
—¿Contigo?
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—Eirik le dijo a los Grimnirs que ya había accedido a irse conmigo. También
les dijo que Maliina era responsable de la muerte de los otros Grimnirs, lo que ata
los cabos sueltos bastante bien —Echo se rió entre dientes— Mis hermanos Grimnir
estaban aterrados de él. Estaban convencidos de que podría decirle a Hel que
estaban trabajando con Maliina, por lo que harán y dirán lo que les diga. Puede
que no me guste el hecho de que él está enamorado de ti, pero tengo que dárselo.
Él es el nieto de Odin. Sabio e inteligente para su edad. Él estará bien, así que
deja de preocuparte.
Él me mordió el hombro y yo temblé. Sonriendo por mi reacción, lo suavizó
con su lengua. Por un momento, estábamos perdidos el uno en el otro. Él me jaló
hacia su pecho y se recostó contra las almohadas. —Él quiere verte.
Echo no parecía listo para dejarme ir todavía. No me importó. Me
encantaba abrazarlo. —Está bien —El reloj de la mesita dijo que eran las dos de la
tarde. —¿Cuando te vas?
—Estábamos esperando que te despertaras.—Rodó y me sujetó a la cama, su
pierna entre mis piernas— No quiero dejarte.
—No voy a ninguna parte. Estaré aquí esperando. Siempre.
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Sus ojos acariciaron mi rostro y sonrió. —No tienes idea de lo feliz que me
haces. Hay tanto que quiero compartir contigo, mostrarte...
Un golpe golpeó la puerta.
—Vete —dijo Echo.
Eirik entró a la habitación. Vernos juntos todavía era doloroso para él, y se
notó en sus ojos. Caminó hacia la ventana y nos dio la espalda.
—Tendremos que irnos pronto —dijo con firmeza y con autoridad.
Definitivamente había cambiado.
Echo se sentó.
—Los dejaré solos, pero si la haces llorar, no importará que seas el hijo de
la diosa. Tendrás que lidiar conmigo. —Tocó mi mejilla, sus dedos se demoraron.
Luego cambió a la súper velocidad y salió de la habitación.
Capté mi reflejo en el espejo cuando balanceé mis piernas hasta el borde
de la cama y me senté. Es curioso no haberlo pensado hasta ahora, pero antes de
que me trajeran aquí, había estado boca abajo en mi propia sangre. Todavía usaba
la misma ropa, pero no había ninguna muestra de sangre seca en mí. Deben haber
usado runas para limpiarme.
Eirik no se volvió de la ventana. —Sabes que fue una amenaza vacía.
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Le permiti jactarse. Después de todo, él había salvado el día y aún estaba
dolido por mi culpa. —Lo sé. Eres el nieto de Odin y tienes un mayal especial como
el martillo de Thor.
Eirik miró el mango de metal que se asomaba desde la funda que colgaba
de su cintura. —Eso no es. Sé la verdad sobre lo que sucedió aquí. Sé que él y Torin
mataron a los Grimnirs. Una palabra mía y yo podríamos condenarlos a ambos.
Se me cayó el estómago. Él no se atrevería. Me quedé mirando su amplia
espalda. Vestido de negro con ese cinturón alrededor de su cintura, parecía
distante. Quería enojarme con él, pero sabía que estaba arremetiendo.
—¿Qué te detiene? —Le pregunté.
—Amo a Raine y nunca haría nada para lastimarla. Quitarle a Torin haría
eso. —Se giró. Su rostro era inexpresivo, y cuando sonrió, sus ojos permanecieron
planos. —Y te amo, Cora. Puede que no esté cerca de lo que Echo siente por ti,
pero siempre te he amado, siempre quise que me miras como lo hizo Raine.
—Ella te adoraba.
—Como un hermano. No lo vimos. Todo lo que sabía era que no podía hacer
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nada malo ante sus ojos, pero todo lo que hice y dije te hizo enojar.
—Quería que me quisieras y me amaras. Solo yo. Siempre fui la segunda.
Puede que no quieras escuchar esto, pero fuiste mi primer enamoramiento y dolio
cuando la elegiste.
Eirik suspiró, acercó una silla y se sentó. Se inclinó hacia delante y apoyó
los codos en las rodillas, con los hermosos ojos ámbar clavados en mí. Un mechón
de su cabello había caído sobre su frente. Recordé cómo solía querer pasar mis
dedos por su cabello. Era tan hermoso, y un día, conocería a alguien que se lo
merecía.
—Lo arruiné, ¿No? —Dijo, hablando lentamente.
Negué con la cabeza. Echo era mi alma gemela. Me gustaría pensar que nos
hubiéramos encontrado sin importar qué. —A veces no podemos luchar contra el
destino.
—No lo creo. Creo que eliges tu camino y configuras tu propio destino. Si no
hubiera puesto a Raine primero, habríamos tenido la oportunidad.
—Eso es verdad —Extendí la mano y aparté el pelo de su frente. Inhaló
bruscamente, pero se movió para no tocarlo. Dejé que mi mano cayera sobre mi
regazo. —Lo siento. Siempre te amaré a mi manera, Eirik. Por favor, créelo.
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Él se encogió de hombros. —No importa ahora. No quiero que pienses que
voy a Hel solo para salvar a tus hombres. Quiero conocer a mis padres, conocerlos.
Le dije a Raine lo mismo y ella no está contenta con mi decisión, pero es mi
decisión.
Cogí sus manos y aguanté cuando trató de alejarse. —Prométeme una cosa.
—No te debo...
—Por favor, Eirik. Solo escucha. —Él me miró, pero no retrocedí— No te
quedes allí demasiado tiempo. Vuelve. Cuanto antes mejor.
—¿Volver a qué?
Estaba segura de que había alguien allí para él. No importaba si ella era
humana, Inmortal, Valquiria o Grimnir. —Vuelve a la Tierra, o Asgard si quieres,
porque necesitas encontrar ese camino y dar forma a tu destino.
La sonrisa que tocó sus labios era amarga, pero él no me sorprendió. Él
liberó sus manos de las mías y se levantó. —Tengo que ir. Tal vez algún día
nuestros caminos se crucen, Cora. ¿Quién sabe?
Sin abrazo. No beso. No adios. Me puse de pie y lo vi salir de la habitación,
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sintiéndose terrible e indefenso. Echo entró a la habitación segundos más tarde.
Bueno, entraron en la sala como si fuera un fanático. Llevaba la capucha puesta,
guantes y los anillos góticos con grabados extraños. Se veía como lo hizo el primer
día que nos vimos. Tal vez más caliente ya que lo conocía mejor. Caminé a sus
brazos para un abrazo y un beso.
—Mira la espalda de Eirik mientras estás allí abajo —susurré.
Echo puso los ojos en blanco. —Raine exigió lo mismo. El tipo es un maldito
dios y puede encargarse de...
—Por favor —agregue.
Echo suspiró. —¿Cómo puedo negarte algo?
Sonreí y lo besé. —Gracias. Vuelve pronto.
—¿Por ti? Siempre. —Tocó mi mejilla y se fue.
FIN