FIN DE ANÁLISIS ...
APERTURA DE CAMINOS
Beatriz Janin*
S iempre el final de un análisis implica un comienzo, pero en el caso de
los niños, ¿cuándo podemos pensar en un “fin”? ¿Qué elementos pode-
mos tomar en cuenta?
En tanto estamos trabajando con un psiquismo que está en vías de estruc-
turación parece ser fundamental pensar cuándo podemos plantearnos que
“ese” análisis puede ser concluido. ¿Cuando no hay ya síntomas que nos
preocupen? Esto deberá ser tenido en cuenta pero sabemos que muchas ve-
ces los síntomas desaparecen con cierta facilidad mientras que siguen dán-
dose repeticiones que se expresan de modos más complejos.
Son conocidas las “dificultades externas” en el análisis de un niño cuando
en muchas ocasiones son los padres los que determinan la finalización del
tratamiento. Pero, ¿son los padres un elemento “externo” al análisis mismo?
¿Cuándo podemos hablar de un análisis “terminado” en la infancia?
“En nombre de él [el término de un análisis] se inquiere si se ha promovi-
do el influjo sobre el paciente hasta un punto en que la continuación del
análisis no prometería ninguna ulterior alteración. Vale decir, la pregunta es
si mediante el análisis se podría alcanzar un nivel de normalidad psíquica
absoluta, al cual pudiera atribuirse además la capacidad para mantenerse
estable”. (Freud, 1937, pág. 222/223). […] “Si el paciente así restablecido
nunca vuelve a producir una perturbación que le hiciere necesitar del aná-
lisis, uno en verdad no sabe cuánto de esta inmunidad se debe al favor del
destino, que quizás le ha ahorrado unas pruebas demasiado severas”. (Freud,
íd, pág. 223).
* Licenciada en Psicología. Directora del Programa de Especialización en Psicoanálisis con
Niños y Adolescentes de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (en convenio
con la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires). Investigadora. Profesora en seminarios
de diferentes universidades, hospitales y centros de salud de Argentina y España. Ha escrito
numerosos artículos sobre psicoanálisis con niños y adolescentes en revistas especializadas
de Argentina, España, Francia, Brasil, Uruguay e Italia. Autora de los libros Intervenciones en
la clínica psicoanalítica con niños (2013), El sufrimiento psíquico en los niños (2011), Niños
desatentos e hiperactivos (2007). Co-autora y compiladora del libro Marcas en el cuerpo (2009).
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He recibido consultas de adultos y de adolescentes que transitaron un análi-
sis en su infancia. Y me ha llamado la atención el olvido. También he recibi-
do adolescentes a los que he analizado cuando eran niños y que vuelven por
pedido propio. En todos, los efectos del análisis infantil era evidente.
Pero... ¿se podía hablar de un fin de análisis? Y, si el análisis es interminable, en
tanto siempre hay representaciones a hacer concientes, en los niños, donde
hay reestructuraciones importantes que no han ocurrido, ¿no resultará más
difícil aún hablar de una terminación del análisis?
A la vez, sabemos que cada análisis se termina. ¿Cuándo?, ¿cómo?...
¿Qué nos proponemos en el análisis de un niño, a qué apuntamos como metas
clínicas, qué es lo que podemos pensar como la “cura” en el análisis de un niño?
“A mis padres no les puedo contar lo que me pasa: estoy muy mal porque cor-
té con mi primera novia. Estuve tres meses de novio. Aunque no nos veíamos,
nos hablábamos todos los días y de un día para otro me cortó. Y por eso me
cuesta estudiar. Y ellos se enojan porque no entienden. Necesitaba hablar con
vos”, cuenta muy angustiado un adolescente de quince años que había reali-
zado su primer análisis de pequeño por dificultades importantes en establecer
vínculos con los otros. Otra adolescente, que estuvo en tratamiento desde los
seis años por estallidos, graves dificultades escolares, indiferenciación familar-
extraño, vuelve a consultar al terminar el colegio secundario preocupada por
la elección de carrera universitaria y por pedido de ella.
Ha habido un cambio en el tipo de padecimiento. Niños que habían con-
sultado por trastornos en la estructuración psíquica vuelven demandando un
análisis por síntomas neuróticos o por dificultades del momento.
¿Qué transformaciones se produjeron?
Otro ejemplo: consultan por una niñita de tres años. Casi no habla, y no hay
modo de que se separe de la mamá (no se quiere quedar en el jardín). Sólo se
queda con la abuela materna. Tengo entrevistas con los padres (que no pueden
venir sin la niña), con la mamá y la nena hasta que la mamá comienza a ha-
blar de su historia y a pensar la conveniencia de hablar a solas. Comenzamos
así un período de entrevistas individuales en las que vamos analizando los
avatares de la relación de esta mamá con su propia madre. Al tiempo, M. vie-
ne a una sesión con su hijita porque ese día “no tenía con quién dejarla”. La
nena comenzó a ir al jardín, habla correctamente y despliega simpatía. ¿Qué
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transformaciones se produjeron en la niña a partir del trabajo con la madre?
¿Qué efectos tuvo para ella la creación de ese espacio de análisis?
Tendremos en cuenta:
1) ¿Cuáles son las transformaciones posibles?
2) ¿Cómo operar sobre la estructuración psíquica previa a la estabilización
de la divisoria intersistémica? ¿Cuáles son las defensas tempranas y cuáles
las intervenciones posibles sobre ellas?
3) ¿Cómo conceptualizar los trastornos infantiles y cómo abordarlos? ¿Cómo
operar con las patologías tempranas?
Y también: ¿qué efecto especial promueve el “frente a frente” con el analista,
el muchas veces “cuerpo a cuerpo”, qué posibilita y qué obtura?
¿Cuántas transferencias soportamos, cuántas transferencias ponemos en jue-
go?
Diversas cuestiones en las que se aúnan el modo en que abordemos al pa-
ciente, las primeras entrevistas, la inclusión de otros en el tratamiento con el
modo en que pensemos la cura y el fin de un análisis en la infancia.
Si pensamos la problemática de las marcas tempranas y la insistencia pul-
sional nos encontramos con insistencias, exigencias psíquicas reiteradas con
las que deberemos lidiar y con un recorrido que se arma y rearma a partir
de las primeras vivencias... Hay una historia que pasa a ser pre-historia y
que insiste en sus determinaciones, en los caminos abiertos de una vez y
para siempre... Una historia en la que nos incluímos ¿abriendo espacios...?,
¿destrabando “nudos”?
Estamos frente a la problemática del vacío, de lo desconocido, de “lo nega-
tivo”, de aquello que arrasó ligaduras y dejó la huella de un rayo. Son restos
de vivencias, vivencias de placer y de dolor que, anudándose, van constru-
yendo espacios diferenciados. Es la insistencia de la repetición de lo idéntico
aquello que debemos desarmar para dar lugar a nuevos armados psíquicos.
En relación a las transformaciones posibles, nos planteamos cómo operar
sobre la estructuración psíquica previa a la diferenciación intersistémica y,
más aún, cuando no se ha operado la separación yo-no yo.
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Aportar para una complejización creciente del aparato psíquico, constituir
ligazones, implica trabajar en la línea de la vida contra la insistencia de la
pulsión de muerte.
Cuando trabajamos con los padres, a veces, operamos sobre lo “consti-
tucional” del niño, entendiendo por ésto aquello que Freud define en la
“Conferencia 23” (los caminos de la formación de síntoma) como la dispo-
sición (“anlage”) como el vivenciar pre-histórico, lo transmitido por genera-
ciones anteriores y que se hace carne en el niño mismo.
Cualificar lo que parece ser pura excitación, nombrar afectos (transforma-
ción del afecto en sentimiento), pasaje del signo perceptivo a la represen-
tación cosa y de ésta a la representación-palabra. Posibilitar el armado fan-
tasmático.
De la compulsión a la repetición a la creación (apertura de caminos).
Hay diferentes tipos de repetición. Podemos diferenciar la repetición “tal
cual” , mortífera, la repetición de lo idéntico, de la repetición elaborativa, la
repetición “ligadora”.
Una de las cuestiones más complicadas cuando psicoanalizamos a un niño
es la de las expectativas puestas en juego por los otros (padres, maestros), en
relación al análisis.
¿Qué esperan de ese niño?
Y¿qué es lo que el niño mismo espera del análisis?
Si no nos proponemos como modelos, ni intentamos “adaptar” al paciente,
si tenemos claro que no somos educadores, deberemos tener conciencia de
nuestros deseos, ideales, expectativas en relación a ese niño (porque todo
niño mueve inevitablemente pasiones, esperanzas, nos remite a un futuro,
nos plantea interrogantes), ¿cómo pensar el fin del análisis de un niño, cuá-
les serían las metas clínicas que nos propondremos?
“Uno no se propondrá como meta limitar todas las peculiaridades humanas
a favor de una normalidad esquemática, ni demandará que los “analizados
a fondo” no registren pasiones ni puedan desarrollar conflictos internos de
ninguna índole. El análisis debe crear las condiciones psicológicas más fa-
vorables para las funciones del yo; con ello quedaría tramitada su tarea”.
(Freud, 1937, pág. 251).
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Y, tal como plantea Freud en el mismo texto, no podremos preveer los ava-
tares posteriores al fin de un análisis ni qué decurso van a tomar las fuerzas
que han sido liberadas de la repetición. Hay siempre algo de impredictible
en los caminos que pueden abrirse y esto en los niños y adolescentes cobra
una fuerza especial.
Así como cada uno tiene su propia imagen de la felicidad (tal como aparece
claramente en el libro de Kundera La insoportable levedad del ser, en que
mientras que para una de las mujeres, la felicidad residía en dormirse aferra-
da a la mano de alguien, para la otra estaba ligada a hacer el amor vestida
con un sombrero que había sido del abuelo), se podría decir que cada uno
tiene también un ideal de niño, una representación del modo en que un
niño debería comportarse. También los que psicoanalizamos niños. Y lo que
se pone en juego en esas representaciones de “niño ideal” son historias pro-
pias, historias familiares y sociales e ideologías.
Trabajamos con la idea de que estamos sobredeterminados y que es esa
asunción de las propias determinaciones lo que nos permite encontrar un
recorrido propio, armar una historia diferente y acceder a la libertad posible,
que lleva siempre a un devenir impredictible.
Si pensamos la pulsión de muerte como desligadura, tal como lo plantea
André Green, podemos suponer que la tendencia al cero, la expulsión de
toda tensión, es aquéllo con lo que nos encontramos permanentemente en
psicoanálisis con niños y que una de las metas fundamentales es la de trans-
formar la repetición mortífera en posibilidad creadora.
Intentamos que el paciente pase de la tendencia expulsora a la apertura de
vías mediatizadoras, que pueda armar nuevos recorridos, que vaya constru-
yendo una historia allí donde había retazos, fragmentos que convocaban
al dolor. Así, las palabras, los juegos, los dibujos son disparadores que po-
sibilitan que el vacío de lugar a la representación, que se vayan ligando las
marcas de vivencias.
Muchas veces es ésto lo que está en juego: la posibilidad de que alguien sea,
que pueda registrar ideas y sentimientos, que se pueda reconocer a sí mismo
como ser humano, deseante y pensante. Lo que no es poco.
Por otra parte, el psicoanálisis con niños nos enfrenta a algunos problemas
específicos: 1) quién determina que un análisis ha terminado, en tanto los
protagonistas son varios y cada uno puede tener diferentes metas en relación
al análisis y 2) qué es la cura en niños.
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El primer punto nos remite a una cuestión central: los que deciden el fin de
análisis suelen ser los padres, aludiendo diferentes cuestiones, entre ellos
la remisión sintomática o las dificultades para proseguir el tratamiento. Esto
plantea la necesariedad del trabajo con ellos, para poder ir procesando todas
estas cuestiones.
También es necesario tener en cuenta que hay algo de interminable en el
análisis de todo niño. Además, es frecuente que los análisis se interrum-
pan y se retomen al tiempo, o que el analista del niño sea una especie de
“consultor” al que se le pide hora cada tanto. Así, es habitual que una vez
“finalizado” un análisis se planteen entrevistas posteriores, que haya algún
llamado (después de algún tiempo ) para hablar de algún punto específico.
Espacio abierto que en algún momento se interrumpe y el análisis mismo
pasa a formar parte de la historia.
El segundo problema, el de la cura, nos remite a los momentos estructurantes
del aparato psíquico y a las operaciones posibles que posibilitan esa estruc-
turación.
Constitución narcisista, diferenciación yo-no yo, apertura del narcisismo, es-
tabilización de la divisoria intersistémica, son solo algunos de los momentos
fundamentales.
Pensar las transformaciones en un tratamiento supone también pensar al
psiquismo como irrupción de otros e inmerso en una cultura. Y ésto como
efecto de otros funcionamientos psíquicos.
Diferentes tipos de representaciones inconcientes y de ligazón entre ellas,
diferentes tipos de representaciones preconcientes nos exigen afinar nues-
tros instrumentos para intervenir produciendo modificaciones.
La construcción es muchas veces el armado de una historia a partir de los
puntos que aparecen a través de sus señales “sensoriales” (olor, sabor, etc.).
Pero... ¿cómo ligar lo que nunca tuvo palabras? Muchas veces, es desde el
trabajo psicoanalítico con los padres que ésto se va posibilitando, en tanto se
develan historias que, en su silencio, obturan conexiones en el niño mismo.
A veces, es con el niño, con palabras acompañadas de gestos y acciones,
que se producen trasformaciones y algo que irrumpía desde una marca vacía
pasa a formar parte de una red representacional.
Construcción de la historia que permite ubicar al pequeño paciente en un
antes y un después, diferenciar un pasado y un futuro.
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Armado de un mito que sostenga y de cuenta de los avatares posteriores.
Entonces, curar no es hacer que el otro responda al modelo propio, tampoco
al de los padres, ni al de los maestros, ni implica obturar o tapar conflictos.
Por el contrario, implica que cada uno arme “su” propio camino (lo que no
implica un invento novedoso sino el desarrollo de las máximas posibilida-
des traductoras, ligadoras, mediatizadoras, para la asunción de sus propias
determinaciones).
Tenemos que tener en cuenta que curar no es educar, no es responder a
las demandas de padres y maestros ni intentar que ese niño sea el “niño
ideal”. La cura supone ligazón, articulación, armado de una trama y no
sólo develamiento del inconciente sino a veces construcción de la diferen-
cia Inc-Prcc.
O sea que a veces el fin de un análisis supone la posibilidad de otro... Un
recorrido estructurante posibilita un espacio en el que “hacer conciente lo
inconciente” tenga lugar.
También hay veces en que la transformación intrapsíquica, en cuanto a de-
velamiento de contenidos reprimidos, desarme de desmentidas o modifica-
ciones en funcionamientos compulsivos, se da en los padres y esto incide
enormemente en las transformaciones del psiquismo infantil, posibilitando
nuevos recorridos en el niño mismo.
Nuestra meta es ir del devenir expulsor al entramado de Eros, del cortocicui-
to ciego, la tendencia al cero a la mayor complejización posible.
A través de las intervenciones estructurantes, se tenderá a procesar lo si-
niestro. Simbolizar, traducir, resignificar, en una complejización creciente,
conectar, arborizar, es tarea de Eros.
Y quedarán caminos abiertos, con dudas e incertidumbres, en tanto esa niña
o ese niño deberá todavía transitar momentos de reestructuración psíquica
importantes, como la adolescencia y sufrirá diferentes avatares, frente a los
cuales podrá estar más preparada/o, con mayores recursos y más plasticidad
psíquica, pero que de cualquier modo implicarán un nuevo desafío.
Primera versión: 19/09/2016
Aprobado:10/11/2016
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Resumen
A lo largo del texto se formulan interrogantes sobre lo que significa la cura
en el psicoanálisis con niños, quiénes determinan su terminación y cuáles
son las modificaciones psíquicas que podemos pensar como necesarias para
dar por concluido un análisis. Análisis que si siempre es interminable, lo
será más en este caso, en tanto ese niño no ha vivido aún algunos momentos
importantes de la constitución subjetiva.
Palabras clave: psicoanálisis con niños; cura; fin de análisis; simbolización.
Summary
Throughout the text, questions arise about what constitutes a “cure” in child
psychoanalysis, who determines the termination of therapy and which are
the psychological modifications we may consider necessary in order to
conclude an analysis. Analysis, which is always at risk of being interminable,
will be more so in this case, as long as the child has not yet reached some
important junctures of subjetive constitution.
Key words: child psychoanalysis; cure; end of analysis; symbolization.
Résumé
Tout au long du text ils sont formulés des questions sur ce que signifique la
cure en le psychoanalysis avec les enfants, qui determinent son finissons et
quels sont les changements psychologiques que nous pensons que nécessaire
de mettre fin à une analyse sont. Si tout pshycoanalysis est toujours sans fin,
ce qui sera plus dans ce cas, alors que l’enfant n’a pas encore vécu des
moments importants de la constitution subjective.
Mots clés: psychoanalysis des enfants; cure; fin de l’analysis; symbolisation.
Beatriz Janin
[email protected]
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