El Trabajo como valor.
“El trabajo aleja de nosotros tres cosas: el aburrimiento, el vicio y la necesidad”
- Honoré de Balzac
Aunque el trabajo se conciba, en muchos contextos, como un castigo, el hecho es que la laboriosidad
es un valor muy noble en la vida de la persona. El trabajo no se ha de convertir en el motivo principal de
la vida humana, pero tampoco en algo irrelevante. En términos generales, el trabajo se concibe, en un
sentido puramente material, como aquella actividad que es necesaria realizar para poder sobrevivir o
vivir humanamente. Se entiende como un medio para conseguir bienes y, de hecho, el trabajo es un
medio, pero no tan sólo para conseguir bienes de tipo material. Existen muchas formas de trabajar y
motivaciones diferentes a la hora de hacer esta actividad humana, pero todas requieren el valor de la
laboriosidad.
El trabajo no es un castigo, sino un don, un privilegio con el que la persona se auto perfecciona. No se
puede limitar a su relación con el dinero; sus valores agregados son más importantes: disciplina,
honradez, superación, tolerancia, respeto, eficacia.
¿QUÉ ES EL TRABAJO COMO VALOR HUMANO? (LABORIOSIDAD)
· Es el hábito de laborar con diligencia, intensidad, esmero y constancia, atendiendo
cuidadosamente os detalles de las tareas que nos son propias, buscando conseguir el mejor resultado
posible.
· Disposición de ánimo y voluntad constante de transformar la realidad y cambiar las cosas a mejor.
· Es la virtud propia de una persona laboriosa.
· La laboriosidad, es hacer algo más que cumplir con lo imprescindible, lo obligatorio o lo mínimo
necesario. Supone realizar un esfuerzo extra para conseguir un logro adicional y progresar.
¿POR QUÉ PRACTICAR EL VALOR?
Aquí algunos beneficios de trabajar con propósito:
· Satisface las necesidades de subsistencia.
· Desarrolla la personalidad.
· Incrementa las capacidades.
· Genera riqueza.
· Favorece el sentimiento de contribución.
· Aporta al bienestar social.
· Permite transformar la realidad (presente y futuro).
· Favorece el desarrollo de valores.
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OBSTÁCULOS
• Pereza
• Negligencia
• Desmotivación
• Trabajoadicción (workaholic)
¿CÓMO PRACTICAR EL VALOR?
· DISPONER DE BUENA ACTITUD PARA COMENZAR Y TERMINAR: Indispensable para
comenzar y llevar a buen término la labor. La actitud no lo es todo, pero hace una gran diferencia, ya
que, con ella la habilidad y el conocimiento fluyen de mejor forma.
· CUMPLIR CON TODOS LOS DEBERES EN TIEMPO Y FORMA: Cumplir los deberes laborales
es propio de la justicia y la lealtad, y también ejercicio de laboriosidad. Incluye el cuidado de los detalles
para lograr un trabajo a tiempo y de excelente calidad.
· FIJAR PRIORIDADES: Es preciso establecer prioridades para distinguir lo importante y no
perderse en el loco mundo de lo urgente.
· ESTABLECER UN PROGRAMA DE ACTIVIDADES: Un cronograma ayuda para hacer eficiente el
uso del tiempo.
· MANTENER ORDEN Y LIMPIEZA: En palabras de Benjamín Franklin: “El desorden almuerza con
la abundancia, cena con la pobreza y se acuesta con la muerte”.
· EVITAR DISTRACCIONES: Nuestro mundo se ha convertido en una fuente constante de
información, de ruido y de entretenimiento. Nuestra capacidad de concentración y escucha activa sufre
significativamente a consecuencia de la hiperestimulación y la distracción.
· DESARROLLAR HABILIDADES PARA MEJORAR: Capacitarse, estudiar, buscar ayuda de
expertos; nos da la oportunidad de mejorar continuamente.
· COLABORAR PARA ALCANZAR OBJETIVOS DE EQUIPO: La persona laboriosa tiene en cuenta
la visión de conjunto y se esfuerza para alcanzarla.
· BRINDAR UN SERVICIO EFECTIVO Y AMABLE: La laboriosidad no riñe con el trato amable y la
calidez humana, antes bien se complementan.
REFLEXIÓN
¿Procuro capacitarme constantemente para desarrollar mis competencias profesionales?
CONCLUSIÓN
El trabajo forja el carácter y afina la personalidad del ser humano, incrementa las capacidades, sirve
para sacar adelante a la familia y contribuye al bienestar social.
Jorge Prado, Desarrollo en Talento Humano, 2021.
Preguntas
1. Según Honoré de Balzac, ¿qué tres cosas aleja de nosotros el trabajo?
2. ¿Cómo describe el texto el valor de la laboriosidad?
3. Menciona dos beneficios de practicar el valor del trabajo según el texto.
4. ¿Qué actitud es indispensable para comenzar y terminar una labor correctamente?
5. ¿Por qué es importante evitar distracciones según el texto?
La importancia del trabajo en la transición hacia la vida adulta
Todo niño y joven se enfrenta, en algún momento de la vida, a la pregunta: ¿qué serás de mayor? La
respuesta dada y esperada, casi siempre, se refiere a una identificación con una profesión, un trabajo,
un empleo.
El trabajo ocupa un lugar central en la vida cotidiana. Es centro de preocupaciones e inversiones
individuales y colectivas; es fuente de ingresos, estructura nuestro calendario, es mecanismo de
integración social. Sin embargo, pasamos, en la actualidad, por un momento de reconfiguración de los
valores, tradiciones e instituciones que hasta el momento han servido de orientación para nuestras
vidas, tanto en la esfera privada como en la esfera pública, entre los cuales la esfera del trabajo se
presenta como una de las más afectadas por cambios relacionados a procesos de individualización y
flexibilización. Considerando su importancia como organizador de la vida y la sociedad, objetivamos en
este artículo discutir cómo los referidos cambios impactan en los jóvenes y, principalmente, en el
momento de su ingreso a la vida adulta1.
En un panorama de crisis del empleo, que ha tenido sus modalidades, funciones y significados
reformulados, son los jóvenes los que se hallan más vulnerables a esos cambios. Y para atenuar los
efectos de esta crisis, estos sujetos han sido “invitados a permanecer fuera del juego” (en las palabras
de Bourdieu, 1983), en una moratoria que se alarga cada vez más, no amenazando así los pocos
puestos de trabajo todavía disponibles para los adultos.
A pesar de este panorama pesimista, observamos que el trabajo todavía constituye un valor importante
y desempeña una función especial para los jóvenes, tanto en Brasil como en otros países (Guimarães,
2004; Korman, 2007; Provonost & Royer, 2004). En el proceso de transición hacia la vida adulta, se
ponen en juego diversos elementos – conyugalidad, parentalidad, fin de la escolaridad, salida de la
casa de los padres. Sin embargo, enfocaremos el trabajo, una vez que lo reconocemos como elemento
posibilitador de los demás, como, por ejemplo, a través de la independencia económica, aspecto
bastante destacado por los jóvenes como atributo de la vida adulta.
La importancia del trabajo en la construcción de la identidad adulta
A partir de la idea de socialización2 y construcción de identidad, podemos pensar que el momento de
inserción profesional puede tener un rol importante en la construcción de una identidad de adulto, una
vez que el rol social del adulto es tradicionalmente asociado al de trabajador. La etapa de vida de
establecimiento de la identidad adulta es tradicionalmente marcada por la inserción profesional.
La idea de inserción en el trabajo solo ha adquirido sentido social – a través de la idea del paso de
estudiante a trabajador – a fines del siglo XIX a partir de la institucionalización de la escolarización
compulsoria (Dubar, 2001 apud Guimarães, 2006). En el auge de la Modernidad, periodo de intenso
crecimiento y desarrollo de la posguerra, los jóvenes pasaron a disponer de un “tránsito
preprogramado”, un paso de la escuela al empleo de manera casi inmediata y automática.
Sin embargo, a fines de los años 70, los jóvenes dejaron de vivenciar esta seguridad del “tránsito
preprogramado” y pasaron a enfrentarse a una situación de “inserción aleatoria” (Guimarães, 2006)
debido a cambios en la esfera laboral y el sistema de empleo, cuando la esfera laboral pasa a sufrir los
efectos de los procesos de individualización, característicos del momento actual.
“[…] el trabajo – o la inserción laboral, para seguir en los términos precedentes – pasa a carecer de
rumbo predeterminable, y adquiere un sentido algo caótico, con intensas transiciones entre situaciones
ocupacionales, puesto que las trayectorias profesionales ya no son previsibles a partir de mecanismos
de regulación socialmente institucionalizados. La individualización decurrente echa sobre las espaldas
del trabajador, joven o adulto, la responsabilidad de enfrentar todas las incertidumbres y nuevos
riesgos, como gestor solitario de su propio recorrido” (Guimarães, 2006:175-176).
El joven hoy se ve confrontado a resolver la paradoja entre un destino (todavía) socialmente esperado –
que codificaba el tránsito hacia la vida adulta como un movimiento que, empezando por la familia, se
extendía a la escuela y culminaba con la inserción en el mercado laboral y la participación política – y
sus escasos chances de realización para una parte no despreciable de las nuevas generaciones
(Guimarães, 2006).
Pero a lo largo de la historia de la humanidad parece que la transformación en un sujeto-productivo, o
sea, en un individuo insertado en la lógica de producción y contribución a la sociedad, es lo que se ha
configurado para el joven – sus pares y la comunidad de la que forma parte – como asunción de una
identidad adulta, un reconocimiento como adulto. Es, por lo tanto, en el momento de ingreso a la vida
adulta que se espera, tradicionalmente, que, por su transformación en un sujeto-productivo, el joven
encuentre un nuevo lugar en el sistema social y a la vez sufre transformaciones en su subjetividad en el
sentido de hacerse adulto.
Bajo la lógica de una equivalencia entre sujeto-productivo y sujeto-adulto, en el momento en el que ese
espacio de la producción pasa por modificaciones, se espera que se sufran los efectos en el tránsito
hacia la vida adulta. Según Korman, “[…] el joven se encuentra ante la demanda de asimilar todas las
transformaciones, dándoles sentido dentro de la expectativa de ascender a la condición de sujeto-
productivo” (2007, p. 30). Y, se puede añadir, sujeto-adulto. El trabajo, en vez de ser un rol social, que
tiene la función de organizar y orientar el ingreso a la vida adulta, pasa al registro de “elección”, a ser
considerado como una expresión de autorrealización. En vez de que, por ejemplo, se ejerza la profesión
de profesor debido a un histórico de profesores en la familia, la elección de ser profesor se encamina
como resultado del desarrollo de un proceso identitario autorreferenciado.
Birman (2006) y Costa (2006) hablan de implicaciones de cambios operados en la esfera de la
naturaleza del trabajo en el “hacerse adulto”. Birman (2006) afirma que “los impases económicos y
sociales de la sociedad brasileña contemporánea crean una selección excluyente, que es preocupante
para la juventud, y configura una situación bastante diferente a la que existía en los años 60, cuando el
abanico de posibilidades existentes en el mercado laboral era bastante mayor” (Birman, 2006, p.39).
Costa (2006) habla de la pérdida del valor del trabajo como referencial para los jóvenes: “[…]
Pensémoslo bien: hemos luchado durante siglos y siglos para mostrar que el trabajo dignifica el sujeto;
que el trabajo era fuente de virtudes como la previdencia, la diligencia, la disciplina, la responsabilidad,
etc. De repente, todo eso parece pura palabrería […]” (Costa, 2006, p. 20). Debido al desempleo, la
crisis ha tenido como consecuencia la redefinición del horizonte temporal en el que los individuos
piensan su futuro. Para los jóvenes, la temporalidad en la que se les invita a inscribir sus aspiraciones
profesionales toma una forma diferente.
Tesis Doctoral “La transición hacia la vida adulta en la contemporaneidad: un estudio con jóvenes
cariocas y quebequenses” (Monteiro, 2011).
Preguntas
1. Según el texto, ¿cómo han cambiado los valores y las estructuras tradicionales relacionadas con el
trabajo en la vida moderna?
2. ¿Qué efectos tiene la crisis del empleo en los jóvenes y cómo describe Bourdieu esta situación?
3. Explica la relación entre la independencia económica y la transición hacia la vida adulta que
menciona el texto.
4. ¿Cómo ha cambiado la percepción del trabajo desde el siglo XIX hasta la actualidad, según Dubar y
Guimarães?
5. Analiza la paradoja que enfrentan los jóvenes al intentar insertarse en el mercado laboral en el
contexto actual.