Inmanuel Kant
Datos biográficos:
Inmanuel Kant nació en la ciudad de
Konigsberg, ubicada al oriente de la antigua
Prusia. Allí vivió y murió a la avanzada edad de
los 80 años. Nació de familia humilde (su
padre era talabartero), recibió desde niño una
estricta formación peitista. Era un hombre de
amplísimo conocimiento: además de dedicarse
de lleno a la reflexión filosófica era versado
en matemática, geografía, física, teología y
antropología entre otras disciplinas. Era
asimismo pacifista y antimilitarista.
Su vida fue prolongada a pesar de la dolencia pulmonar que sufría, y esto
seguramente a causa del estricto régimen de vida que llevaba. Era tenaz y
perseverante en lo que emprendía y de costumbres muy regulares. Pero la
característica principal de Kant fue, según algunos estudiosos, como tema
central la ética.
Su obra principal, Crítica de la razón pura, apareció cuando Kant contaba
ya 60 años. Escribió también la Crítica de la razón práctica y la
Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
La Ética formal
El conocimiento moral no es un conocimiento del ser, de lo que es, sino un
conocimiento de lo que debe ser; no un conocimiento del comportamiento real y
efectivo de los hombres, sino un conocimiento del comportamiento que deberían
observar los hombres. En este sentido, dicho conocimiento no se puede
verificar; cuando decimos que los hombres deberían comportarse de tal o cual
manera estamos afirmando que ese comportamiento es necesario y universal, y
esas son las características de lo a priori. Y ya hemos visto cómo Kant explicaba
la imposibilidad de derivar de la experiencia algo que fuese necesario y
universal: el primer objetivo del conocimiento moral, por lo tanto, consistirá en
identificar cuáles son los elementos a priori de la moralidad.
Kant distingue un uso teórico y un uso práctico de la razón. En su uso
teórico, que Kant estudia en la "Crítica de la razón pura", la razón constituye o
configura el objeto que se da en la intuición, mediante la aplicación de las
categorías; en su uso práctico, que estudiará en la "Fundamentación de la
metafísica de las costumbres" y en la "Crítica de la razón práctica", la razón es
la fuente de sus objetos: la producción de elecciones o decisiones morales de
acuerdo con la ley que procede de ella misma.
Todos los sistemas éticos anteriores habían partido de una determinada
concepción del bien, como objeto de la moralidad, creyendo que ese bien
determinaba la moralidad, lo que debía ser. Sin embargo, del mismo modo que el
conocimiento teórico no está determinado por el objeto, sino que éste se
encuentra determinado por las condiciones a priori de la sensibilidad y del
entendimiento, el conocimiento moral tampoco estará determinado por el
objeto, sino más bien el objeto de la moralidad determinado por ciertas
condiciones a priori de la moralidad. (Del mismo modo que Kant había provocado
una "revolución copernicana" en el ámbito del uso teórico de la razón, provocará
otra revolución similar en el ámbito del uso práctico de la razón). Estas
condiciones, siendo a priori, no pueden contener nada empírico: sólo han de
contener la forma pura de la moralidad. En consecuencia, las leyes de la
moralidad han de tener un carácter universal y necesario.
La base de la obligación, del deber ser, no puede fundarse en nada
empírico, pues: aunque deba referirse al hombre, como ser racional, no puede
fundarse ni en la naturaleza humana ni en las circunstancias humanas, sino que
ha de ser a priori. De ahí la crítica de Kant a los sistemas morales fundados en
contenidos empíricos, a los que llamaremos éticas materiales. En primer lugar,
todas ellas son a posteriori: de alguna manera todas ellas identifican el bien con
la felicidad, y consideran bueno el objeto hacia el que tiende la naturaleza
humana considerada empíricamente, aceptando la determinación de la voluntad
por objetos ofrecidos al deseo.
Además de proponer distintos bienes, entre los que no hay posibilidad de
ponerse de acuerdo, lo que pone de manifiesto su falta de universalidad, al estar
basadas en la experiencia carecen de la necesidad y universalidad necesaria de
la que deben gozar las leyes morales. En segundo lugar las normas que proponen
tienen un carácter hipotético, condicional: si quieres alcanzar la felicidad (algo
distinto para cada sistema) has de comportarte de acuerdo con esta norma. Al
estar sometida la norma a una condición sólo tiene valor si se acepta dicha
condición, lo que, además de significar que se actúa por un interés, implica que la
validez de la norma para conseguir el fin que se propone sólo puede ser
comprobada experimentalmente, por lo que tampoco puede tener carácter
universal y necesario.
Por lo demás, y en tercer lugar, esos sistemas éticos son heterónomos: el
hombre recibe la ley moral desde fuera de la razón, por lo que en realidad no
está actuando libremente, perdiendo la capacidad de autodeterminación de su
conducta, la autonomía de la voluntad. ¿Qué valor puede tener una norma moral
que no es universal y necesaria, cuyo cumplimiento está sometido a la
consecución de un objetivo, un interés, y que propone al hombre renunciar a la
libertad, a la autonomía de su voluntad?
La moralidad no puede fundarse en nada empírico. Una norma moral ha de
ser universal, ha de valer para todos los hombres en todas circunstancias, y ha
de ser necesaria, ha de cumplirse por sí misma. Ha de ser, por lo tanto, de
carácter formal; no puede establecer ningún bien o fin de la conducta, ni puede
decirnos cómo tenemos que actuar: ha de contener sólo la forma de la
moralidad. "Es imposible imaginar nada en el mundo o fuera de él que pueda ser
llamado absolutamente bueno, excepto la buena voluntad". Con esta frase
comienza la "Fundamentación de la metafísica las costumbres". ¿Qué entiende
Kant por una buena voluntad? Una voluntad que obra por deber, es decir, no por
interés, o por inclinación o por deseo. ¿Y qué es obrar por deber?: obrar por
reverencia o respeto a la ley moral que la voluntad se da a sí misma. Kant
distingue aquí entre obrar "por deber" y obrar "conforme al deber": puede
ocurrir que actúe por algún interés particular y esa actuación coincida con la ley
moral; en ese caso estoy actuando "conforme al deber".
Obro "por deber", sin embargo, cuando mi actuación no persigue ningún
interés particular, ni es el resultado de una inclinación o un deseo, sino que está
motivada solamente por reverencia o respeto a la ley moral, independientemente
de que mi actuación pueda tener consecuencias positivas o negativas para mi
persona. La ley moral se basa en la noción de deber; y en la medida en que la ley
moral pretende regular nuestra conducta ha de contener alguna orden o algún
mandato. Pero como la ley moral es universal y necesaria la orden o mandato que
contengan ha de ser categórico, es decir, no puede estar sometido a ninguna
condición (no puede ser hipotético). A la fórmula en la que se expresa ese
mandato u orden de la ley moral la llamará Kant imperativo categórico.
Ahora bien, como la ley moral no puede contener nada empírico, el
imperativo categórico en que se expresa tampoco podrá tener ningún contenido
empírico, sino sólo la forma pura de la moralidad. En la "Fundamentación" Kant
nos da tres definiciones distintas del imperativo categórico:
1.-"Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que
se torne en ley universal".
2.-"Obra de tal manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como
en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca como un medio".
Ninguna de estas formulaciones contiene nada empírico, sino sólo la forma
de la moralidad. No nos dice cómo tenemos que comportarnos concretamente, ni
nos da ninguna norma, ni nos propone ningún fin interesado. Al mismo tiempo,
contiene una exigencia de universalidad y necesidad, pero garantizando la
autodeterminación de la voluntad, su autonomía, su libertad. La voluntad, en
efecto, no queda determinada por ningún elemento empírico, por lo que es libre,
y el imperativo por el que se regula no contiene ninguna norma concreta de
conducta, por lo que la voluntad tendrá que darse a sí misma la norma de
conducta, por lo que es autónoma.