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Procesamiento por Abuso Sexual Agravado

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Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional

Poder Judicial de la Nación


CAMARA NACIONAL DE APELACIONES EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL - SALA 7
CCC 3897/2011/CA3 -

“C., F. O.”. Procesamiento. Abuso sexual agravado. Inst. 20/162.

///nos Aires, 13 de abril de 2016.


Y VISTOS:
La defensa recurrió en apelación el auto extendido a fs. 401/408,
en cuanto se dictó el procesamiento de F. O. C.
Se atribuye al nombrado el haber abusado sexualmente de su
hija B. Á. C., efectuándole tocamientos impúdicos por debajo de sus ropas, en
los pechos, la vagina y el ano, llegando incluso a obligarla a que le tocara el
pene, con la excusa de permitirle mirar la televisión o entregarle el control
remoto de aquella, intimidándola al decirle que si contaba algo de lo
acontecido, la mandaría a un reformatorio y a él lo “…meterían preso…”.
Todo ello habría acontecido en varias oportunidades en el interior del
inmueble ubicado en …………., de esta ciudad, lugar donde vivía C. junto a sus
hijos B. Á. y B. D. C. Los sucesos referidos habrían ocurrido por las noches y
algunas veces por la tarde, en la vivienda mencionada, más precisamente en
la habitación en la que B. dormía con su padre en una cama y su hermano B.
en otra, siendo éste testigo de varios de los tocamientos que sufría su
hermana y de lo que C. la obligaba a hacerle en la zona de sus genitales, con
la excusa de permitirles ver la televisión.
Al respecto, los testimonios de F. D. C. (fs. 4/6 y 15), Y. G. C. (fs.
99/101) –hermanos de la damnificada B. Á. C.– y S. I. R. R. –pareja de F. D. C.–
(fs. 96/98) resultan contestes entre sí en cuanto a que tomaron conocimiento
de lo sucedido a través de los dichos de la víctima y de su hermano B. D. C.
Por otro lado, la Dra. María Solange Loreley Rongerá Linares, del
Centro de Salud Nro. 9 del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (fs.
144/145), explicó que durante el transcurso de una consulta, S. I. R. R. le
comentó que B. les había referido que el padre le tocó sus partes íntimas,
afirmación que la niña asintió con la cabeza en tal oportunidad.
A lo expuesto se adunan los dichos de la licenciada Gabriela
Vanesa Wagner, psicóloga del centro de salud aludido (fs. 146/147), quien
señaló que le preguntó a B. si el padre la había tocado y la niña le contestó
que sí, que eso venía pasando hacía unos meses, que había ocurrido varias
veces y que los abusos se desencadenaban cuando miraban televisión.
De otra parte, cabe señalar que la licenciada Isabel Gens (fs.
49/52) consideró que el relato de la niña B. Á. C., presentaba estructura
lógica, con producción desestructurada y suficiente cantidad de detalles,
existiendo además una adecuación contextual entre hechos o sucesos
específicos, situados dentro de un contexto espacial y temporal, y que “…Se
observa en su testimonio descripción de interacciones, reproducción de
conversaciones. La niña verbaliza su temor acerca de las consecuencias
posibles para el acusado y para ella misma. Aparecen detalles superfluos;
detalles característicos, hace alusión al propio estado subjetivo y atribuciones
subjetivas del inculpado….”. Concluyó la profesional en que “el relato de B. A.
C. es compatible con la categoría de verosimilitud”.
En la misma dirección, la licenciada Delia Rosa Causse (fs. 60/62)
descartó en la niña alteraciones alopsíquicas, autopsíquicas y
sensoperceptivas graves, así como ideación de índole psicótica o delirante y
agregó que se observaban manifestaciones psicológicas, tales como,
“…inseguridad, bajo autoestima, malestar interno y con el entorno, necesidad
de sentirse amada y de ser tenida en cuenta, miedo al rechazo y al abandono,
sentimientos de angustia y exclusión, vergüenza, culpa, descenso del
rendimiento escolar, sentimientos de inferioridad, tristeza, angustia y
desamparo, rechazo hacia la figura masculina…”, todo lo cual resulta
compatible con indicadores de victimización sexual.
Desde otra perspectiva, no habrá de soslayarse que B. D. C.
habría sido testigo de algunos de los episodios que damnificaron a su
hermana B., y que al ser entrevistado en los términos del artículo 250 bis del
Código Procesal Penal, ante la licenciada Isabel Gens, afirmó que “…Yo vi que
B. le tocaba lo de abajo a mi papá. Y que cuando yo quería ver la tele y B.
Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional

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CCC 3897/2011/CA3 -

“C., F. O.”. Procesamiento. Abuso sexual agravado. Inst. 20/162.

también, B. le tocaba lo de abajo y a mí no me gustaba eso, entonces me iba


a la calle…”. Asimismo, al ser preguntado sobre cuándo ocurría lo narrado,
expresó que “…A la noche o al mediodía…Porque mi hermana dormía con mi
papá…Y…mi papá cuando B. quería algo le compraba y a mí no y a A.…”.
Agregó que su hermana “…No me dijo nada…A veces porque mi papá dormía
desnudo, en calzoncillos cuando estaba mareado. Estaba borracho. Tomaba
delante de nosotros los domingos a la tarde y los sábados…Pasaba cuando él
estaba mareado…Yo me quería ir con mi hermano porque no quería que me
toque a mí. Un día me cansé y me fui a vivir con mi hermano y hablé con la
novia de mi hermano y le dije a B. que diga la verdad y B. no quería, no
quería…” (fs. 149/151).
En lo que atañe al relato de B., se concluyó en que resulta
verosímil, pues realizó una narración sobre las supuestas maniobras abusivas
a las que fuera sometida su hermana, no observándose en su discurso fallas
ni confusiones lógicas. Describió interacciones, reprodujo conversaciones y la
estructura de su testimonio, conforme a los parámetros de la psicología del
testimonio, es desestructurada y con suficiente cantidad de detalles,
adecuando hechos o sucesos específicos, situados dentro de un contexto
espacial y temporal (ver fs. 151).
En cuanto a B. Á. C., cabe señalar que en la entrevista con la
licenciada Gens, manifestó que “…Me metía la mano…Yo para dormir me
cambiaba yo estaba en short, calzas y algunas veces dormía con jean…Y acá
también la vagina (La niña hace el gesto de meter la mano debajo de la
ropa…)…Pensé que lo iban a llevar preso y me iban a llevar a un
reformatorio…No se lo conté a nadie, solamente a mi hermano y a S.…B. si
estaba cuando pasaban esas cosas…” (fs. 51).
La nombrada explicitó detalles con la terminología y expresiones
propias de su edad, sobre las situaciones de abuso vividas, discurso que se
exhibió coherente a lo largo de la pesquisa.
También obsérvese que la menor, además de contar en su
lenguaje lo acontecido y de describir las circunstancias de tiempo y lugar, a
preguntas de la licenciada Causse expresó “…Mi papá abusó de mí. Me
tocaba acá abajo, donde hago pis (señala), en los senos (señala), nada más.
Solamente eso…Me tocaba por adentro de la ropa…Pasó muchas veces, 6 ó 7
veces. Pasaba todos los días, en diciembre del año pasado. Yo dormía con él
porque había dos camas. Yo dormía con él y en la otra (cama) mi hermano
B.…Yo viví mucho tiempo antes con mi papá, pero no había pasado esto…Yo
no entendía era a la noche…B. dormía…Se lo conté a S., la novia de mi
hermano (F.). Es como mi mamá…” (fs. 61).
En consecuencia, las declaraciones de la víctima y sus hermanos
-en particular la del niño B. D. C.- y las conclusiones a las que arribaran las
profesionales del Cuerpo Médico Forense, en punto a la verosimilitud del
relato de los menores y el hecho de haberse constatado indicadores de
victimización sexual en la niña, permiten tener por desvirtuado el descargo
formulado por el imputado a fs. 202/204, en cuanto a que “Todo es una
mentira. S. manipulaba a Y. y a F., porque ella quería quedarse con la casa de
mi padre…También S. manipulaba a los chicos, B. A. y B.”, pues no se aludió a
la influencia de terceros en el discurso de los menores.
En relación con la capacidad de culpabilidad del imputado, sin
desconocerse que distintos testimonios dan cuenta de que en ocasiones
aquél se encontraba alcoholizado, se estima que en el caso tales
circunstancias no permiten sostener que C. careciera de la capacidad psíquica
requerida por la ley, pues el hecho de encontrarse habituado a la ingesta de
alcohol, evoca que cada intoxicado conlleva una subjetividad alcohólica o
tóxica que le es propia, sobre la base de su constitución, hábitos y estado
psicofísico general.
Al respecto, cabe señalar que las propias características de los
hechos que se le reprochan permiten sostener que la comprensión de su
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antijuridicidad no demandó un esfuerzo singular, lo que permite estimar que


C. no se habría encontrado impedido de comprender la criminalidad de sus
actos o dirigir sus acciones, máxime si se valora que según la imputación
formulada, intimidaba a la damnificada al referirle que si contaba algo de lo
acontecido, la mandaría a un reformatorio y a él lo “…meterían preso…”,
extremo que resulta difícilmente compatible con un estado de intoxicación
que conlleve las consecuencias que trae el artículo 34, inciso 1°, del Código
Penal.
En consecuencia, siempre que el consumo de alcohol –o incluso
hacerlo con habitualidad- no importa per se alguno de los estados previstos
en la norma sustantiva citada, de momento es dable descartar que C. se
hubiera visto impedido de comprender la criminalidad de los actos
protagonizados o dirigir sus acciones.
Finalmente, en lo que atañe a la calificación legal, las
características de los sucesos y, en particular, la prolongación en el tiempo de
los abusos sexuales, permiten considerarlos gravemente ultrajantes para la
víctima, en tanto que en la agravante aludida se entiende que el requisito
típico de la duración “comprende no sólo la duración de un acto sino su
reiteración cotidiana entre idénticos sujetos” (De Luca, Javier A. y López
Casariego, Julio, Delitos contra la integridad sexual, Hammurabi, Buenos
Aires, 2009, tomo 1, pp. 81/82).
Por lo expuesto, siempre que los elementos probatorios
reunidos en la encuesta, ponderados en conjunto, se exhiben suficientes para
entender alcanzado el juicio de convicción previsto en el artículo 306 del
Código Procesal Penal para esta etapa del proceso, con arreglo a lo
argumentado por la fiscalía general en la audiencia oral, el Tribunal
RESUELVE:
CONFIRMAR la resolución documentada a fs. 401/408, en cuanto
fuera materia de recurso.
Notifíquese, devuélvase y sirva lo proveído de atenta nota.-

Juan Esteban Cicciaro

Mauro A. Divito Mariano A. Scotto

Ante mí: Maximiliano A. Sposetti

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