0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas6 páginas

Sorpresas del Día del Juicio Final

Cargado por

Jose Garcia P
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas6 páginas

Sorpresas del Día del Juicio Final

Cargado por

Jose Garcia P
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

SORPRESAS EN EL DIA DEL JUICIO

(Hechos 17:30, 31)

En el sermón de Pablo en el Areópago,1 él dijo, “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos
de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por
cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia” (Hechos 17:30, 31a). Los
oyentes de Pablo tenían problemas para entender y creer lo que Pablo tenía que decir (Hechos
17:32; ver 17:18). Esta lección cubriremos lo que Dios ha dicho acerca de ese día que “ha
establecido,” el día del juicio. Así como la gente tuvo dificultades para aceptar la enseñanza de
Pablo sobre Jesús, así la gente actualmente encuentra difícil aceptar lo que la Biblia enseña sobre el
juicio. Nuestra lección se centra sobre las “Sorpresas en el Día del Juicio”―detalles en relación a
ese día que probablemente sorprenderá a algunas personas.

LA REALIDAD DEL JUICIO SERÁ UNA SORPRESA


En primer lugar, la realidad del juicio será una sorpresa para muchos. Se podría trazar un paralelo
de lo que Noé le decía al pueblo acerca de que Dios enviaría un diluvio.2 Algunos probablemente se
reían y se burlaban, mientras que otros ignoraban lo que decía (ver Mateo 24:38). No obstante, a
pesar de ello, el diluvio aun vendría; el juicio de Dios cayó sobre la tierra. Actualmente en muchos
lugares, la idea del día del juicio se considera como un concepto anticuado. En muchas partes del
mundo, es popular creer en alguna clase de vida después de la muerte; sin embargo esas creencias
no necesariamente incluyen un día en el que todos deben estar presentes para ser juzgados por su
Hacedor.
Muchas razones podrían darse respecto al por qué deberíamos creer en el día del juicio. Vamos a
considerar las tres que siguen.
La enseñanza bíblica
En primer lugar, deberíamos creer en el día del juicio porque la Biblia enseña acerca de él. Ya
hemos señalado Hechos 17:31a, donde Pablo dice que Dios “ha establecido un día donde juzgará al
mundo con justicia.” El escritor del libro de los Hebreos dijo que “de la manera que está establecido
para los hombres que mueran una sola vez y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Una y otra
vez, el Nuevo Testamento habla del “día del juicio” (ver Mateo 11:22, 24; II Pedro 2:9; 3:7; I Juan
4:17b). Juan 12:48 menciona la idea de ser juzgado “en el día postrero.”
Juicios del pasado
El hecho de que la Biblia lo enseñe es la más importante razón para creer en el día del juicio, pero
se pueden dar otras razones. Por ejemplo, los juicios de Dios en el pasado hacen razonable y lógico
un juicio final. Piense acerca de las predicciones pasadas de condenas inminentes: ¿Cómo reaccionó
la gente a estas predicciones? No las creyeron. La gente no tomó en serio a Noé. Los yernos de Noé
pensaron que se estaba burlando (Génesis 19:14). Los que escucharon las advertencias de Jeremías
lo maltrataron de muchas maneras, incluso lo arrestaron, lo golpearon y lo lanzaron a un pozo
(Jeremías 20:1, 2; 37:1-16; 38:4-6). La gente se burlaba de la predicción de Jesús con respecto al
templo (Marcos 15:29, 30). No obstante, cada una de estas profecías dadas por Dios aconteció
exactamente como se predijeron. Entonces ¿por qué debería alguien pensar que las predicciones
bíblicas del día del juicio no se cumplirán?
Cuando pensamos de ello, la idea del juicio es lógica. ¿Qué acaso no esperamos un momento
cuando todos los males de esta vida sean finalmente corregidos, cuando la justicia finalmente
prevalezca? La Biblia enseña que ese tiempo será el día del juicio eterno de Dios.
La resurrección
Aquí está una razón adicional para creer en el día del juicio—quizás una, que la mayoría de
nosotros no ha pensado previamente: La resurrección de Cristo hace que el juicio sea seguro.
Hemos leído parte de la declaración de Pablo en relación al día del juicio en Hechos 17. Ahora,
terminemos el versículo: Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por
aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos
17:31; énfasis mío).
Dios dio “fe a todos” (habiendo presentado pruebas a todos los hombres, LBLA) que juzgará al
mundo a través de Jesús al “haberle levantado de los muertos.” ¿Qué relación existe entre la
resurrección y el día del juicio? Aquí una relación: Mientras estaba en la tierra, Jesús dijo que “El
Padre…todo el juicio dio al Hijo” (Juan 5:22). Él basó esta afirmación en su divinidad (ver 5:22-
29). La resurrección puso el “sello de aprobación” de Dios sobre la condición de Hijo de Dios de
Jesús (Romanos 1:4). Por lo tanto, la resurrección nos asegura que las palabras de Jesús son
verdaderas; y eso significa que realmente Él juzgará a toda la humanidad un día, tal como Él lo dijo.
Hay muchas cosas que no podemos saber, pero esto es lo que sabemos: ¡El día del juicio es seguro!
Un día, todos compareceremos ante el tribunal de Dios.
PARA LOS JUZGADOS SERÁ UNA SORPRESA
Otra sorpresa, en el día del juicio, todos seremos juzgados. Muchos de nosotros tendemos a pensar
que lo malo le sucede a otra gente: Otras personas tienen graves accidentes y otras contraen
enfermedades mortales―pero no nosotros. Es un golpe terrible cuando nos encontramos atrapados
entre los restos de un accidente de automóvil o cuando un médico nos da un diagnóstico mortal.
Aun así, al parecer, algunos de los que creen en el juicio pensamos que será solo para otros, no para
ellos.
Para todos
La Biblia enseña que todos estaremos en el juicio. Nuestro texto declara que “todos los hombres en
todo lugar, se arrepientan; por cuanto [Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo”
(Hechos 17:30, 31; énfasis mío). Jesús dijo:
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su
voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a
resurrección de condenación (Juan 5:28, 29; ).

Además, Jesús dijo que cuando Él “venga en su gloria y todos los santos ángeles con él, entonces se
sentará en su trono de gloria y serán reunidas delante de él todas las naciones y apartará los unos a
los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mateo 25:31, 32; énfasis mío). En el
libro de Apocalipsis, Juan escribió:
Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el
cielo y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante
Dios; y los libros fueron abiertos y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida y fueron
juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras (20:11, 12).
Todos estaremos ahí: grandes y chicos, jóvenes y viejos, ricos y pobres, educados y no
educados―todos los que hemos vivido. Todos estarán ahí, “porque no hay acepción de personas
para con Dios” (Romanos 2:11).
Cuando estemos delante del Señor, todos seremos juzgados personalmente. Pablo escribió: “Porque
es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo
que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (II Corintios 5:10; énfasis
mío). No seremos juzgados por congregación o como pareja o como familia; seremos juzgados
individualmente. Si fuéramos juzgados como grupo, el hombre de un talento podría haber planteado
una buena defensa: “Tu nos diste a los tres ocho talentos y te regresamos siete talentos más [Mateo
25:14-30]. Esto no está mal en la ganancia de su dinero.” Sin embargo, el hombre de un talento no
pudo hacer esa defensa. Tuvo que estar delante de su señor por sí mismo y dar cuenta del cómo uso
(o no usó) el talento que su señor le había dado.
Dado que todos estaremos presentes en el juicio, eso incluye a aquellos de nosotros en el cuerpo de
Cristo. Pedro escribió: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si
primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen el evangelio de Dios?
(I Pedro 4:17). El juicio empezará con la familia de Dios, la iglesia,3 y procederá entonces a partir
de ahí.
Sin escape
Nadie podrá escapar del juicio de Dios. En esta vida, el culpable en ocasiones escapa del castigo.
Quizás nunca son detenidos y cuando se les atrapa y se llevan a juicio, no los encuentran ulpables.4
Algunos incluso logran escapar después de haber sido puestos en prisión. Sin embargo, en el día
postrero, no habrá forma de escapar de la justicia de Dios.
En esta vida, mucha gente se niega a enfrentar la verdad de la Palabra de Dios: No leen sus Biblias
o tampoco asisten a los servicios de adoración; o cuando asisten no escuchan; o si escuchan deciden
ignorar la Palabra de Dios. No obstante, no se podrá esconder o huir del Dios que inspiró esa
Palabra. “Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla y toda
lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos
14:11, 12).
LA NORMA DEL JUICIO SERÁ UNA SORPRESA
Normas humanas
Otro detalle que sorprenderá a algunos será la norma del juicio. La gente tiene sus propias normas:
credos humanos, la religión de sus padres, razonamiento humano, la honestidad y sinceridad,
sentimientos y así sucesivamente. En el día postrero, nosotros no seremos juzgados por tales
criterios.
No seremos juzgados por lo que pensamos de nosotros mismos o por lo que otros piensan de
nosotros. (¡Podemos agradecer a Dios que no seremos juzgados sobre lo que nuestros enemigos
piensan de nosotros!)
No seremos juzgados por cómo vivimos moralmente o si tenemos buena conciencia. Necesitamos
tener buenas conciencias y Dios quiere que seamos buenos moralmente; pero estas virtudes no serán
suficientes para salvarnos en el día del juicio.
No seremos juzgados por algún criterio humano, sea una opinión personal (incluso una
cuidadosamente elaborada en la mente de alguien) o por un credo hecho por el hombre.
La norma de Dios
La norma de Dios para el juicio en el día postrero será su Palabra. Jesús le dijo a sus oyentes: “El
que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le
juzgará en el día postrero” (Juan 12:48; énfasis mío). Un día estaremos delante de Dios, los libros
serán abiertos y seremos juzgados por las cosas escritas en los libros (Apocalipsis 20:12).
¡Qué sorpresa será para algunos cuando sus vidas sean comparadas con la Palabra de Dios! Pedro
preguntó: “¿Cuál será el fin de aquellos que no obedecen el evangelio de Dios? (I Pedro 4:17b). En
II Tesalonicenses, Pablo responde esta pregunta:
Cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego,
para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen el evangelio de nuestro Señor
Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la
gloria de su poder (1:7-9; énfasis mío).
LO QUE SE JUZGARÁ SERÁ SORPRESA
Eso nos lleva a la siguiente sorpresa en el día del juicio: Algunos se sorprenderán por lo que será
expuesto y juzgado en relación a sus vidas. La gente tiene un amplio rango de ideas respecto a los
que se requiere para ir al cielo. Recientemente leí una historia en la que los ángeles trataban de
encontrar una cosa buena―solo una―que un determinado individuo había hecho. Según la historia,
si eran capaces de identificar una obra buena que él había hecho, sería admitido en el cielo. ¡Qué
concepto antibíblico es este: que el “boleto” para el cielo sea “una buena obra”!
En un sentido, esta es la parte más importante de nuestro estudio sobre el juicio. Necesitamos ser
conscientes de dos grandes verdades: En primer lugar, en el día del juicio, seremos juzgados sobre
todo lo que hayamos dicho, hecho o pensado. Todo será expuesto―y aquí está la segunda
verdad―¡excepto aquello cubierto por la sangre de Cristo!
¡Todo será expuesto!
Si, seremos juzgados de todo lo que hemos dicho, hecho o pensado. Sin duda, al considerarlo
cualquier persona se da cuenta que no quiere estar delante de Dios quien tiene un registro completo
de su vida. Todo ser humano es un pecador, que desesperadamente necesita de la gracia de Dios.
Toda palabra. Seremos juzgados sobre lo que hayamos dicho. Jesús dijo: “Mas yo os digo que toda
palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus
palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36, 37). En lo que
planeamos decir, revelamos lo que queremos aparentar ser, más que lo que realmente somos. Es en
nuestras palabras que “descuidamos”―nuestro hablar que no pensamos, ni estudiamos―que
revelamos la verdad de nosotros mismos. Jesús dijo que por nuestras palabras seremos justificados
o condenados. Seremos juzgados por lo que decimos y por lo que dejamos de decir: cuando no
hablamos palabras que edifiquen o que animen a los que nos rodean. ¿Puede alguien decir que está
satisfecho de todo lo que ha salido de su boca? He hablado muchas palabras en forma
descuidada―¡palabras que me atormentan este día!
Toda obra. Seremos juzgados por lo que hemos hecho. “Porque es necesario que todos nosotros
comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho
mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (II Corintios 5:10). Un pasaje tras otro enseña
que seremos juzgados de acuerdo a nuestras acciones (Mateo 16:27; Romanos 2:6; Apocalipsis
2:23; 20:12).
También seremos juzgados por lo que hemos dejado de hacer. En la descripción del juicio en Mateo
25, las personas no solo fueron juzgados por lo que habían hecho (25:35-40), sino también por lo
que no habían hecho (25:41-45). Santiago escribió: “Y al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, le es
pecado” (Santiago 4:17). En la parábola del buen samaritano (Lucas 10:30-37), el sacerdote y el
levita no golpearon al hombre, ni tampoco lo robaron. Solo dejaron de ayudarlo. No obstante, de
acuerdo a Santiago, eso es pecado. Pablo le dijo a los gálatas: “Así que, según tengamos
oportunidad, hagamos bien a todos y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).
¿Puede alguien de nosotros decir que siempre hemos hecho lo que deberíamos, que nunca hemos
hecho nada malo? ¿Puede alguien de nosotros afirmar que solo los inconversos están en necesidad
de la misericordia de Dios?
Todo pensamiento. Al considerar mis palabras y mis obras, estoy condenado, pero al considerar mis
pensamientos, estoy doblemente condenado. ¡Es tan difícil controlar nuestros pensamientos!
Nuestros pensamientos determinan lo que somos. “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal
es él” (Proverbios 23:7a). “Porque del corazón salen los malos pensamientos” los cuales producen
toda clase de malas obras (Mateo 15:19). En I Corintios 4:5, Pablo dice que cuando “venga el
Señor…aclarará también lo oculto de las tinieblas y manifestará las intenciones de los corazones.”
En el día postrero, Dios traerá todo a juicio, incluyendo “toda cosa encubierta” (Eclesiastés 12:14).
Todo secreto será revelado (ver Romanos 2:16). Esto incluye los pensamientos que nadie más
conoce.
¡Todo puede ser perdonado!
Seremos juzgados por todo lo que hemos dicho, todo lo que hemos hecho y todo lo que hemos
pensado. El solo contemplar esto sería suficiente para caer en profunda depresión, excepto por este
pensamiento maravilloso: ¡Todos nuestros pecados pueden ser limpiados por la sangre de Cristo!
Cuando este es el caso, en el día del juicio, no se nos acusará de lo que hemos hecho, o lo que
hemos dejado de hacer. Podemos encontrar gran consuelo en las palabras de Pablo, Pedro y Juan:
En quien [Cristo] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su
gracia (Efesios 1:7).
Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir…no con cosas corruptibles, como
ora o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin
contaminación (I Pedro 1:18, 19).
Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de
Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado (I Juan 1:7; énfasis mío).
El salmista escribió: “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada y cubierto su
pecado” (Salmo 32:1). Concluiremos esta lección con lo que podemos hacer para asegurar que la
sangre de Jesús limpie nuestras almas. No puedo sobre enfatizar la importancia de tener nuestros
pecados perdonados antes del día del juicio, de estar listo para ese día5
EL VEREDICTO SERÁ UNA SORPRESA
El veredicto
Para muchos, el veredicto dado en el día del juicio será una sorpresa. Un pasaje que muestra
claramente cuan sorprendidos estarán algunos es Mateo 7:21-23. En ese pasaje, Jesús dice:
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad
de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos
en tu nombre y en tu nombre echamos fuera demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y
entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”
Aunque algunos estarán sorprendidos, no habrá errores en la justicia en ese día. Esta vida está llena
de injusticia. En cada país de la tierra, el sistema de justicia es administrada por personas falibles;
por lo tanto, la justicia no siempre prevalece.6 Algunas veces gente inocente va a la cárcel mientras
que la gente culpable anda libre. Eso no será el caso en el juicio final.
Lo irrevocable Algunos también estarán sorprendidos de lo irrevocable del veredicto. En Mateo 25,
en la escena del juicio, se nos dice que el Rey dirá a los que están a su derecha: “Venid, benditos de
mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (25:34). Dirá a
los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus
ángeles” (25:41). Luego leemos: “E irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (25:46;
énfasis mío). El veredicto del Señor será definitivo e irrevocable. No se podrá apelar a un tribunal
superior, pues no hay otro superior al tribunal celestial. El veredicto será por la eternidad: “por los
siglos de los siglos” (ver Apocalipsis 20:10; 22:5).

CONCLUSIÓN
Jesús dijo: “Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la
hora que no pensáis” (Mateo 24:44). La pregunta que cada persona debe hacerse es “¿Estoy listo?”
¿Estamos listos para la segunda venida de Cristo? ¿Estamos listos para el día del juicio? Antes
señalamos que hemos de ser juzgados por todo pecado que hayamos cometido―todo palabra, obra
y pensamiento pecaminoso―a menos que esos pecados hayan sido limpiados por la sangre de
Jesucristo. Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor, dijo: “Porque esto es mi sangre del nuevo
pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mateo 26:28; énfasis mío). Al
menos que queramos algún día enfrentar toda cosa fea y despreciable que hayamos dicho, hecho o
pensado, tenemos que entrar en contacto con la sangre de Jesús. ¿Cómo podemos hacerlo? Podemos
responder al regalo de amor de Dios (Juan 3:16) con confianza y obediencia. El escritor a los
Hebreos dijo que Jesús es “autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:9;
énfasis mío).
Necesitamos creer en Jesús (Juan 3:16), arrepentirnos de nuestros pecados (Hechos 17:30, 31),
confesar nuestra fe en Jesús como el Hijo de Dios (Romanos 10:9, 10) y ser bautizado para perdón
de nuestros pecados (Hechos 2:38). Cuando somos sumergidos en agua, somos “bautizados en
su muerte” (Romanos 6:3), donde su sangre fue derramada. Ananías le dijo a Pablo (anteriormente
identificado como “Saulo”), “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate y lava tus
pecados, invocando su nombre.” (Hechos 22:16).
Cuando Pablo fue bautizado, sus pecados fueron lavados―no por el agua, sino por la sangre de
Jesús. Después de que somos bautizados, tenemos nueva vida en Jesús (Romanos 6:4; II Corintios
5:17).
Luego andamos con el Señor en la luz de su Palabra.7 Al hacerlo, la sangre de Jesús continuará
lavando nuestros pecados (I Juan 1:7).
La pregunta fundamental de “¿Estoy listo?” puede ampliarse para incluir detalles de lo que es
necesario para estar listo. Cada uno de nosotros debemos preguntarnos:
“¿Creo en Jesucristo con todo mi corazón?”
“¿Me he arrepentido de mis pecados?”
“¿He confesado públicamente mi fe en Jesús?”
“¿He sido bautizado [sumergido en agua] como lo ordena la Biblia?”
“Si he sido bautizado bíblicamente ¿he permanecido fiel a mi Señor?”
“En otras palabras, ¿Han sido todos mis pecados cubiertos, lavados y perdonados por la
sangre de Jesús?”

Si no puede responder a todas estas preguntas con un enfático “¡Sí!” oramos para que responda al
Señor ahora. Entonces ¡no habrá sorpresas desagradables para usted en el día del juicio!

También podría gustarte