Miguel Hernández:
En la clase de hoy nos detendremos en un poeta que tiene gran renombre
en España (aunque también ha trascendido barreras geográficas a lo largo y
ancho del mundo), Miguel Hernández. Primero encontrarán un breve recorrido por
su biografía, y después un análisis de sus obras literarias para que logren apreciar
en profundidad su estilo y sus poemas.
Si bien, por una cuestión cronológica se lo ubica en la Generación del 36,
se considera que Hernández tiene mayor vinculación con el grupo anterior de
poetas como García Lorca, Vicente Aleixandre o Rafael Alberti. Dámaso Alonso
lo define como «genial epígono de la generación del 27». Miguel Hernández
Gilabert nació el 30 de octubre de 1910 en la ciudad valenciana de Orihuela.
Desde los siete años trabajó con su padre en la crianza y pastoreo de ganado y a
los nueve años comienza su educación en las escuelas de Ave María pero pronto
debe abandonar los estudios para ayudar en la economía familiar. Aún así nunca
dejó de estudiar y en 1930 sus textos fueron publicados en periódicos locales. El
primero de ellos es Pastoril en El Pueblo de Orihuela. Creó una agrupación
literaria junto a Carlos Fenoll y Ramón Sijé que se llamó el Grupo de Orihuela.
Retrato de
Miguel
Hernández
realizado por
Antonio Buero
Vallejo. Fuente:
Lanza Digital.
En 1933 publicó en Madrid su primer poemario, Perito en lunas. Al año
siguiente se comprometió con Josefina Manresa. Los distintos viajes del poeta
fueron trascendentales para su formación poética, destacando especialmente
Pablo Neruda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, la artista Maruja Mallo. Con
Neruda fundó la revista Caballo Verde para la Poesía. Las ideas marxistas del
poeta chileno alejan a Hernández del catolicismo para llevarlo al compromiso
político. En la capital trabajó como redactor en el diccionario taurino El Cossío y en
las Misiones pedagógicas, creadas para llevar la cultura a las zonas más
deprimidas de España. Colaboró además en importantes revistas poéticas
españolas. Durante estos años escribió los poemas El silbo
vulnerado (1934), Imagen de tu huella (1934), y el más popular, El Rayo que no
cesa (1936). Ese mismo año se incorporó al Ejército Popular de la República y se
afilió al Partido Comunista. El poeta viajó a la Unión Soviética en representación
del gobierno de la República, de donde regresó en octubre para escribir el
drama Pastor de la muerte y numerosos poemas recogidos más tarde en su
obra El hombre acecha.
Su obra
Su primera obra teatral fue Quién te ha visto y quién te ve y sombra de
lo que eras: auto sacramental, publicada en 1933 en la Revista Cruz y Raya,
compuesto de: Estado de las inocencias, Estado de las malas
pasiones y Estado del arrepentimiento, escrita a partir de la influencia de la
obra de Calderón de la Barca. El torero más valiente es una tragedia amorosa
en tres actos de 1934 cuya publicación completa llegó en 1986. En 1936, El rayo
que no cesa, poemario amoroso dedicado a la artista surrealista Maruja Mallo fue
publicado por Ediciones Héroe. En 1937 llegó Viento del pueblo. Poesía en la
guerra conforma su segunda etapa poética centrada en las consecuencias
bélicas. Destacan los poemas Aceituneros (Andaluces de Jaén) y El niño
yuntero. Labrador de más aire (1937) es probablemente su obra más crítica con
la sociedad de la época. Teatro en la guerra (1937) fueron obras escritas de
manera urgente en las condiciones del frente de batalla y son de carácter
propagandístico. El hombre acecha (1939) estuvo inédito hasta 1981 y está
dedicado a Pablo Neruda en el que se distinguen cuatro tipos de poemas:
combativos, sociales, políticos y de aflicción.
Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) fue escrito durante su
estadía en prisión y publicado de manera póstuma en nuestro país. La obra
recupera la esperanza después de la guerra. Aún sin encuadernar, una comisión
depuradora franquista,
presidida por el filólogo
Joaquín de
Entrambasaguas, ordenó
la destrucción completa
de la edición. Sin
embargo, dos ejemplares
que se salvaron
permitieron reeditar el
libro en 1981.
Fuente: La Vanguardia.
Hernández participó activamente en la Guerra Civil española. Publicó
diversos poemas en las revistas El Mono Azul, Hora de España y Nueva Cultura, y
dio numerosos recitales en el frente. El fallecimiento de su primer hijo en 1938 y el
nacimiento del segundo un año después se reflejaron en sus [Link] vez
finalizada la guerra regresó a Orihuela, donde fue delatado y detenido. Condenado
a muerte, se le conmutó luego la pena por la de cadena perpetua. Después de
pasar por varias prisiones, falleció en el penal de Alicante, víctima de una
tuberculosis el 28 de marzo de 1942 a los treinta y un años. Sus últimos versos
fueron:
Adiós, hermanos, camaradas, amigos:
despedidme del sol y de los trigos.
Fue enterrado en el nicho número mil nueve del cementerio de Nuestra
Señora del Remedio de Alicante, el 30 de marzo.
El artículo que encuentran a continuación es de: [Link]
a) Creación poética hernandiana
Los poetas no nacen espontáneamente como las flores, sino que se construyen
bajo las lecturas de sus maestros y, de alguna manera, con los antecedentes de la
poesía universal, más un halo de intuición, riesgo y valor se puede alcanzar cierta
destreza, nada más, porque el poeta auténtico va por dentro como un dolor. La
poesía madura de MH hay que comprenderla desde el contexto del estado bélico de
la guerra civil española y un largo penar por cárceles hasta su
muerte. «Probablemente, la pasión hernandiana, sin la guerra y el trágico destino de
este autor, habría tomado un cariz muy diferente», anota Ricardo Bellveser. En
apenas diez años consiguió elevarse a la cumbre de la poesía española del siglo XX.
Evolucionó desde su formación inicial con el clasicismo del Siglo de Oro hacia una
poesía ideológica, política, religiosa y social.
Miguel era de formación religiosa, no autodidacta, su mentor fue ramón Sijé,
después rompió con éste, y se pasó a la «poesía sin pureza» por la influencias de
Pablo Neruda y Vicente Aleixandre, considerados neorrománticos, de aquí su fuerza
creativa y radicalidad, su originalidad en sus inicios fue un seguidor de otros poetas
clásicos, un epígono, pero quién no lo es, tener un mentor, un guía, un maestro es
una fortuna y una de las fórmulas más ventajosas para aprender la técnica como en
todo arte y aprehender la esencia del ser interior que clama. Su obra queda incluido
en la «generación del 36»35 o poesía de guerra o como la calificó Eduardo Iáñez en
su Historia de la Literatura, (Tomo 9): «poesía civil combativa». Sin embargo,
hemos de hacer notar que cuando un poeta incluye algunos guiños a la obra de otro
poeta al que admira, lo que hace es rendir un homenaje deliberado al maestro. Había
leído a los clásicos: Virgilio, y a los áureos: San Juan de la Cruz, Garcilaso, Lope de
Vega, a Quevedo, a Góngora, Calderón, a Zorrilla, y también a los del 27, como es
lógico y necesario en cualquier poeta que se precie y se quiera dedicar de por entero
al oficio de poeta. Él quiso unirse a los del 27, pero llegó tarde, además no tenía
estudios universitarios como la mayoría de los componentes de esa generación. No
es que sea conveniente leer a nuestros antecesores, sino que es imprescindible y
necesario investigar sus versos.
El primer poema publicado de MH lo fue en el semanario El Pueblo de
Orihuela, el lunes día 13-01-1930, por mediación de Carlos Fenoll, cuya primera
estrofa recojo aquí:
Pastoril
Junto al río transparente
que el astro rubio colora
y riza el aura naciente
llora Leda la pastora.
[...]
En la revista Voluntad, la primera revista de Sijé y Jesús Poveda dirigida por
Manuel Martínez Fabregat, publicó El Nazareno, que lo presentó firmando con
Miguel Hernández Giner, el segundo apellido de su madre, en lugar de Gilabert. En
la segunda revista El clamor de la verdad: (se publicó un número se editó en
homenaje al busto de Gabriel Miró en Orihuela) «Limón» y «Yo. La madre mía» 36.
Con una veintena de publicaciones y algunos recitales se creyó dueño del mundo
poético y necesitaba abrir nueva y más altas puertas del Olimpo cultural: las de
Madrid.
Su primer libro es Perito en lunas37 (20 de enero 1933) con un prólogo de
Ramón Sijé con frases en francés y ese apelativo «querencioso de pastorería de
sueños», consta de 42 octavas reales, acertijos, orfebrería de metros y simetría. Libro
pagado por el vicario de Orihuela don Luis Almarcha, más tarde obispo de León,
(425 pesetas de las de antes). Miguel quiso devolverlas pero Almarcha no aceptó, le
dijo, según testigos que se las quedara para el próximo libro. Editado en Murcia,
«Sudeste», trescientos ejemplares, cuyo director de la colección era el poeta
murciano Raimundo de los Reyes38. Salió a la calle el 20 de enero de 1933. Lo
presentó el 29-04-33, en el Ateneo de Alicante junto a Sijé.
Miguel quiso hacer en este libro un homenaje tardío a Góngora, tal como ya lo
hicieran los de la generación del 27, en el III Centenario de la muerte del cordobés
en el Ateneo de Sevilla, puesto que, como se ha comentado, deseaba ser incluido en
esa generación de poetas intelectuales. Le mandó un ejemplar a Gerardo Diego
(1896-1987). Aitor L. Larrabide publicó un interesante artículo en la
revista Portada de Orihuela (nº 337, 1ª quincena de Junio), «Miguel Hernández
visto por Gerardo Diego», donde entresaco la conclusión de que Gerardo Diego no
apreció en su momento los indudables méritos de Perito en lunas, porque no es
hasta 1949 en Mundo Hispánico, cuando a toro pasado, escribe eso de: «Otro gran
poeta, cuya muerte lloramos porque su poesía se hallaba todavía en proceso de
crecimiento...».
Pero M. Hernández no plagia a Góngora ni a Guillén, de entenderse así, todo
aquel que escribe octavas reales (ocho endecasílabos consonantes (ABABABCC),
sigue los pasos del barroquismo del cordobés Luis de Góngora (1561-1627), que su
la vez, las octavas tiene origen pretarquista, introducidos en España por Garcilaso de
la Vega. Y Bruna Cinti, escribió en Revista Occidente, número 139: «Visiones
sumergidas de Miguel Hernández», donde comenta que «las imágenes hernandianas
tienen dimensiones telúricas y cósmicas, raíces ancestrales e hilozoístas.» Y Ricardo
Bellveser en Un siglo de poesía valenciana (Prometeo, 1975, pág. 45). «La
innegable influencia gongorina se halla en todos los poemas de este periodo, así
como la de Manrique, y su propósito de homologación de lo natural, de lo que le
rodea y le sucede.»
Las octavas de Fábula de Polifemo y Galatea (1613) de Luis de Góngora, el
tema «está inspirado en un pasaje de las Metamorfosis», del poeta romano Ovidio,
que relata los amores del fauno Acis y de la ninfa Galatea. El cíclope Polifemo, que
también amaba a ésta, ciego de furor aplasta con una roca a Acis 39. Por la misma
correlación o reciprocidad todo aquel poeta que escribe sonetos con una elaboración
rigurosa, en dura lucha con las palabras, la rima y la métrica, debería estar
influenciado por Lope de Vega.
Miguel escribe Imagen de tu huella, El silbo vulnerado con evidentes rasgos
religiosos, publicado en Orihuela en El Gallo Crisis que como el auto sacramental
deben mucho a la poesía mística de San Juan de la Cruz, y de Baltasar de Alcázar,
según José María Balcells. «Poesía de factura clásica...», confesado por el propio
Miguel. Aunque a mi entender, también se ve reflejada la mano impresionista y
colorista de Gabriel Miró. Cromatismo estudiado por Concha Zardoya 40 . La que
escribiera en Ínsula número 544/92. «El hombre acecha es un anatema contra la
guerra, las cárceles y el hambre. El psicologismo ascensional combate ahora con el
descenso y la caída.».
Miguel pudo tomar la idea del silbo de unos versos de Góngora. El primer silbo
se lee el v. 8 de la octava real sexta, de la Fábula de Polifemo y Galatea:
[...]
que un silbo junta y un peñasco sella.
El segundo se lee en el v.7, de la octava 22, de la misma obra.
[...]
¡Revoca, Amor, los silbos, o a su dueño...
El tercero se lee en Soledades, en una silva.
[...]
más que el silbo al ganado.
Su segundo libro es El rayo que no cesa (compuesto entre 1934-1935)
publicado en enero de 1936, lo conforman 30 composiciones: 27 sonetos, dos
poemas y una elegía, editado en la colección Héroes de Madrid, por el matrimonio
Altolaguirre, son poemas de amor y desamor, desesperados, algunos de sutil y
sugerente erotismo, como el ya referido Me llamo barro, donde magistralmente el
poeta se metamorfosea bien en barro, en lengua, amapolas, gavilán..., etc., con tal de
conseguir tocar a la amada por el tacón de su zapatos, otras veces por el talón del
pie. Es según José María Balcells «un conjunto amoroso excepcional en el que
expresó su angustia lírica con gran fuerza expresiva, ya en gran medida dentro del
prisma de la poética de la impureza nerudiana.». Con el que no estoy del todo de
acuerdo, porque estos sonetos siguen el estilo barroco de Garcilaso de la Vega y del
Aleixandre de Espadas como labios (1932), no en vano repite cinco veces espada.
La elegía a Ramón Sijé recibió elogios en El Sol de Juan Ramón Jiménez, en la
sesión: «Con la inmensa minoría». Poemas amorosos dedicados a su novia Josefina,
así como algunos otros a Maruja Mallo y María Cegarra, según las arriesgadas
deducciones de José Luis Ferris, sin tener en cuenta el doble significado del poeta.
Poemas marcados por la influencia positiva de su segundo viaje a Madrid, tras
conocer la poesía impura de Neruda y Aleixandre, se vuelve barroco y surrealista.
Algunos de estos sonetos son de lo mejor que se han escrito en lengua castellana.
Viento del pueblo, publicado en Valencia por Socorro Rojo, 1937, con prólogo
del filólogo T. Navarro Tomás, cuyo nombre no aparece en la edición príncipe. Se lo
dedicó a Aleixandre, con ese pretensioso declaración de principios: «Vicente: A
nosotros, que hemos nacido poetas entre todos los hombres, nos ha hecho poetas la
vida...» Aunque ya le había dedicado una oda sobre 1935: «Oda entre arena y
piedra...» Busca Miguel una poesía útil que llegue al corazón del pueblo llano,
escrita para ser recitada en las trincheras, aldeas y pueblos, y busca emparejarlas con
el cancionero popular con la intención de «mantener la moral del soldado, para
adoctrinarle a propósito de la causa...», según José María Balcells. Es su primer libro
de poesía de guerra, de tono «viril y apasionado», canta el dolor de un pueblo en
guerra, preso de un feroz odio a sus propios hermanos que han desenfundado las
«garras» del instinto salvaje y del tigre. Impregnado de terrible amargura con
metáforas animalistas: fieras, hienas, liebres, podencos... Quizá sea uno de los libros
al que más estudios le han dedicado los especialistas, entre ellos José Carlos Rovira
y Carmen Alemany, « es un libro heterogéneo y publicado por razones de
propaganda política y que su organización carece de una estructura definida»41.
Poemas sacudidos por los vientos bélicos y sangrantes. Versos épicos de llanto
con la «Elegía primera» a F.G. Lorca. Atraviesa la muerte con herrumbrosas
lanzas. Verso que tomó Juan Benet para su libro Herrumbrosas lanzas, prosa
hermética sobre la guerra civil y el espacio simbólico de Región alegoría de nuestra
historia. Elegía segunda al jefe cubano Pablo de la Torriente Brau, muerto en la
defensa de Madrid a finales del 36. Canta a los niños yunteros, a la juventud, a los
camaradas: Rosario dinamitera. Pasionaria.
El hombre acecha, es una obra que sigue la línea del libro anterior, quizá con
más hondura, a pesar de que abarca temas diversos. 19 poemas, algunos escritos en
su viaje a Rusia, son sobrecogedores, y preludian al siguiente libro inacabado, y
considerado su obra maestra: Cancionero y romancero de ausencias (1938-1939),
110 poemas que escribe desde la muerte de su primogénito Manuel Ramón, que
murió con 10 meses, y en las cárceles hasta septiembre de 1939 que los entregó a su
esposa Josefina. Poemas de la oscuridad del alma, del aislamiento interior y del
dolor físico y moral, donde resume sus experiencias carcelarias y tragedia familiar,
la proximidad de la angustia del cáliz de la muerte, no es un libro sino un conjunto
de poesía de la experiencia, comprometida, de guerra y de muerte, lo escribió en un
cuaderno a lápiz y no lo vio publicado. Se han escrito extensos ensayos por
Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, José Carlos Rovira y Carmen Alemany, Darío
Puccini, Agustín Sánchez Vidal.
Últimos poemas, resaltar el tríptico amoroso Hijo de la luz y de la sombra,
como de lo más logrado, obra maestra, de Miguel Hernández, dedicado a la muerte
de su primer hijo Manuel Ramón, que murió por una diarrea que le duró varios
meses, y a la falta de medicinas. Carmen, su cuñada, iba todo los días de Cox a La
Murada, pedanía de Orihuela, a por leche para el niño. Al segundo hijo, Manuel
Miguel le conoció muy poco tiempo. Éste se casaría con Lucía Izquierdo.
Miguel Hernández es un poeta de inspiración, directo, sencillo y sincero, que
elevó su fatalidad al mito de la pena hernandiana. Es uno de los primeros en
renunciar al preciosismo en favor del lenguaje llano y próximo, poemas para ser
declamados en lugares públicos, de exaltación a la lucha.
2.- Poesía urgente o de guerra
La guerra civil supuso un revulsivo para toda la poesía española, tanto de uno
como de otro bando, sacándola del oscuro surrealismo en que se hallaba, tras la
muerte de las vanguardias, puesto que cuando la tragedia cae sobre los poetas
aparece el hombre bajo los signos de la creación acuciante, la dura necesidad, le
llevan a recapacitar sobre las dificultades de la existencia, en la patria histórica, en la
crueldad de los más bajos instintos del ser humano, a pensar en el prójimo, en las
víctimas y en los más débiles, aparece la poesía revolucionaria y comprometida. Es
momento de absorber las conquistas de las generaciones precedentes, acudir a los
supervivientes, toda ayuda es poca, y todos, salvo los desterrados o los que huyeron,
ponen los pies en la tierra quemada. No olvidemos que en Llamo a los poetas,
Miguel invoca a los poetas más reconocidos de su tiempo para que se unan con su
voz y su presencia a la lucha armada, que pongan silla en la tierra, es decir, que
salgan de sus bibliotecas, cátedras y mundos académicos, para tomar contacto con la
realidad bélica, amenaza cierta y real.
Al inicio de la guerra civil el Gobierno de la República a través de la Junta de
Defensa y sus mecanismos de propaganda, se apresura a orientar actividades
culturales para demostrar normalidad en la zona republicana y que dar a entender
que la situación quedaba controlada, lo que, sin duda, induciría a mejorar la moral
de los soldados y de las gentes. Se multiplican las actividades culturales en el 1937:
Exposición Internacional de París en la Casa de España; el II Congreso Internacional
de Intelectuales Antifascistas por la Defensa de la Cultura, en Madrid y Valencia; la
Alianza de Intelectuales Antifascistas. Pocos días después del levantamiento militar
de las tropas destinadas en Marruecos, la República reunió a todo sus poetas
proponiéndoles la creación inmediata, urgente, del Romancero de la guerra civil.. Se
quiere esgrimir la poesía como evidente fuerza comunicativa, tal y como si fueran
invisibles armas bélicas. A la salida de este romancero se recibieron miles de
colaboraciones en la redacción.
Durante la guerra civil la maquinaria de la propaganda de la II República se
puso en marcha a través de la Subsecretaría de Propaganda del Ministerio de
Instrucción Pública, y edita el ya referido Romancero de la guerra civil... que
contiene 35 romances de diferentes poetas, reconocidos, jóvenes autores, milicianos
y «espontáneos cantores populares humanos e intensamente unidos por y contra la
guerra», con una fuerza expresiva de hondo calado en la mortal de combatientes y
civiles.
Un poeta muy polémico y comprometido con la causa republicana fue el
gaditano Rafael Alberti, afiliado al partido comunista De un momento a otro (1934-
1939). Son dignos de recordar los poemas o romances beligerantes, A las Brigadas
Internacionales. El último duque de Alba. Radio Sevilla, del que recojo una estrofa:
¡Que honor ir al herradero
del ronzal! ¿Qué insigne gracia
recibir en mis pezuñas,
clavadas con alcayatas,
las herraduras que Franco
ganó con arrojo en África!
Uno de los romances más satíricos de este libro son los del madrileño José
Bergamín, El mulo de Mola. El traidor Franco, recojo una estrofa de este romance:
¡Traidor Franco, traidor Franco
tu hora será sonada!
Como una máscara del pueblo
te tira el nombre a la cara,
descubriendo la traición
que en tu nombre se amparaba.
Otro libro imprescindible de poemas de la guerra civil, es el de Ediciones
Españolas. (Madrid-Valencia 1937), que editó Poetas en la España leal. En cuyo
índice aparecen: Antonio Machado, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Luis
Cernuda, Juan Gil-Albert, Miguel Hernández, León Felipe60, José Moreno Villa61,
Emilio Prados, Arturo Serrano Plaja y Lorenzo Varela.
Recojo la nota aclaratoria existente al final del libro:
«El orden adoptado en el texto para la inserción de
nombres, es el alfabético con una sola excepción, Antonio
Machado, que preside estas páginas.
Los poemas que figuran en "POETAS EN LA
ESPAÑA LEAL" han sido recopilados, con un prólogo,
por la redacción de Hora de España.
Por no haber podido comunicar hasta ahora con Juan
Ramón Jiménez, su nombre no figura aquí junto al de
Antonio Machado. En cuanto a Vicente Aleixandre,
enfermo en Madrid, ha tenido que suspender su labor
literaria y con ella el poema que dedicaba a esta
colección».
Es interesante conocer cómo la nota editorial excusa al ínclito Juan Ramón
Jiménez, por no colaborar con un poema, anota el editor que no había podido
comunicarse con él, y no podían comunicarse con él porque no estaba en España,
cito un párrafo de Ricardo Gullón62:
«[...]La guerra, y más la guerra civil, tenía que herir
como hirió al poeta: en las primera semanas de la
contienda estableció y atendió en Madrid, con su mujer,
una pequeña guardería infantil, pues nada le conmovió
tanto como la repercusión de la lucha sobre los niños;
después, el Gobierno republicano le alejó de la lucha
designándole agregado cultural honorario en Estados
Unidos. En septiembre de 1936 Zenobria y Juan Ramón
regresaron a este país (Cherburgo a New York,
trasatlántico Aquitania [...] En 1939 los Jiménez fueron a
Florida, instalándose en Coral Gable [...]».
Vicente Aleixandre no fue un auténtico poeta de guerra, no se exilia a pesar de
sus ideas izquierdistas, aunque colaborara con el poema El Fusilado en
el Romancero de la guerra civil..., a pesar de que se le disculpa en este libro por su
enfermedad63. No aparece en nada suyo en los libros ya nombrados. Pasión de la
tierra, fue publicada en México en 1935, y La destrucción o el amor (1935 en
Signo), y ya no es hasta Sombras del paraíso en 1944 cuando aparece obra nueva.
Después de la guerra no se exilió es notable la influencia surrealista, visionario y
una especie de panteísmo amoroso. Aleixandre influyó sobre la poesía joven de
posguerra, comparable a la de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado. Premio
Nacional de Literatura por La destrucción o el amor. Por la aparición de este libro
en junio de 1935, hubo un homenaje-banquete en el restaurante Viráis, en cuya
fotografía se ve entre otros a Miguel, María Zambrano, Plaja, Neruda o Gerardo
Diego, organizador del evento.
Sin embargo, es curioso, cómo a estos dos poetas se les concedió el Premio el
Premio Nobel de Literatura, evidentemente la Academia Sueca no iba a conceder un
premio de tan relevante prestigio mundial a poetas o escritores si sospechaban que
pudieran estar manchados de sangre. Pero MH tampoco no lo estuvo.
De este poemario Poetas en la España Leal, es digno de destacar del zamorano
León Felipe, seudónimo de Felipe Camino Galicia, con los romances «Un perro
negro duerme sobre la luz». «La insignia», de cuyo romance extraigo una estrofa:
El Evangelio no es más que una manera lírica de
hablar.
Metáforas,
metáforas retóricas.
Retórica todo.
Metáforas hechas sólo para adornar el sermón
melifluo y dominical de los predicadores
elegantes.
El erudito, filólogo y académico Dámaso Alonso, a pesar de pertenecer a la
generación del 27, no figura entre los autores de romances o poemas de la guerra
civil. Hay un lapso de tiempo entre el pliego suelto, Sí, de 1925 hasta Hijos de la
Ira. Revista de Occidente en 1944.
Un poeta injustamente olvidado, por pertenecer al bando nacional es el gaditano
José María Pemán, que publicó en Zaragoza, 1938, Poema de la Bestia y el Ángel.
Tres cantos que a su vez se subdividen en poemas monotemáticos. Otro libro
imprescindible y antológico para conocer la poesía de la guerra civil española, tanto
de un bando como del otro, es el de César de Vicente Hernando, Poesía de la guerra
civil española (1936-1939) AKAL-Nuestros Clásicos.1994, donde el autor
apunta «en toda escritura subyace una poética y una matriz ideológica y es posible,
por lo tanto, rastrear su genealogía política-estética».
He leído muchos poemas sobre la guerra civil, pero a toro pasado, o sea,
publicados con posterioridad a 1939. Un interesante poema del valenciano
Guillermo Palomar64, publicado en Silbo, Alicante, 1990, se titula El Alba (1939),
con influencia de Miguel en Canción Primera:
Ay! miseria humana...
girones que arrancan al soldado muerto
llevan en las garras...
Otros escritores extranjeros y que lucharon en las Brigadas Internacionales, o el
socorrido periodista Ernest Hemingway y su alegato contra la guerra Adiós a las
Armas, Por quién doblan las campanas. El hispanista Gerald Brenan, El laberinto
español. Me gustaría anotar que Azorín, alicantino de Monóvar, de la generación del
98, periodista, novelista, no poeta y sí crítico literario, anarquista en su periodo
juvenil valenciana, y Académico de la Lengua en 1924, pertenecía a la Agrupación
de Intelectuales al servicio de la República, personaje muy influyente, residente en
Madrid, no tuvo contactos con su paisano Miguel Hernández, o quizá queda por
investigar este vacío. En octubre de 1936 Azorín salió para París con su mujer Julia
Guinda, donde conoció a Marañón, Menéndez Pidal, Ortega y Gasset, Pérez de
Ayala, Baroja y otros intelectuales exiliados Su silencio sobre los acontecimientos
de España es total. En agosto de 1939, regresa a Madrid, escribe cuentos y sus
memorias65. José Payá Bernabé posee mucha información, y José Ferrándiz Lozano,
especialista en Azorín, es autor de «La relación entre Azorín y Franco fueron
inexistentes»:
«¿Cobarde o patriota? Los acercamientos al último
tercio de la vida de Azorín, desde 1936 a su fallecimiento
en 1967, han sido muchas veces parciales. Para los
opositores a Franco fue un cobarde acomodaticio al
régimen. Para los franquistas era un patriota. Salvo
excepciones muy contadas, los investigadores de las dos
últimas décadas han eludido incluso el estudio de esta
época en la biografía del escritor. Ramón F. Llorens,
profesor de la Universidad de Alicante, ha puesto en
entredicho algunos tópicos sobre este período en su
libro El último Azorín (1936-1967)».
Es de lamentar, que también hubo poetas del pueblo que no llegaron a publicar
o que las tropas franquistas destruyeron sus obras en los registros a que sus
domicilios fueron sometidos. Poetas extranjeros también escribieron poemas sobre
la guerra civil española. El libro «Poesía anglo-norteamericana de la guerra civil
española», de Ramón López Ortega, Salamanca. Junta de Castilla y León, 1986.
Recoge autores como: Valentine Ackland, George Barker, Clive Branson, Ray
Fuller, Bill Harrington, A.M. Elliot. Por el bando nacional se publicó Cancionero de
la guerra, editado por Edición Española, 1939, edición de José Montero Alonso, se
recogen los siguientes nombre: Marquina, Ricardo León, Fernando Ardanin, José
María Pemán, Emilio Camére, los hermanos Álvarez Quintero, Manuel Machado,
Felipe Sessona, Agustín de Foxá, José M.ª Alfaro, Manuel de Góngora, Gerardo
Diego, José del Río Saínz, Tomás Borrás, Marino Tomás, Urrutia... Otro interesante
libro es la Antología poética del Alzamiento, Gerardo Diego, Dionisio Ridruejo, Luis
Rosales, Luis Felipe Vivanco, Manuel Machado. De la que se dicho, erróneamente,
que no tiene «ningún interés», todo los libros tienen algún interés. En la página 112
del libro Propaganda poética en MH de María Gómez Patiño, IJGA, Alicante 1999,
dice: «Entre los intelectuales de la parte nacionalista, o afines, ocupa un lugar
importante: Dionisio Ridruejo, Pedro Lían Entralgo, Rafael García Serrano, Eugenio
d´Ors, Gonzalo Torrente Ballester, Ernesto Giménez Caballero, Luis Rosales, Luis
Felipe Vivanco, Ángel M. Pascual, Yzurdiaga, Manuel Alcón y Saénz de Tejada.»
a) Miliciano-poeta-periodista
El 18 de Julio de 1936 Miguel Hernández tenía 25 año y se encontraba en
Madrid, aunque el día 29 mismo mes viaja a Orihuela, el 13 de Agosto unos
anarquistas asesinan en Elda al padre de Josefina Manresa en un tiroteo, guardia
civil llamado Manuel Manresa Pamies 66 , según entrevista con Carmen Manresa 67,
junto a cinco guardias más, uno de ellos el cabo José Marcos Praes. El 25 de
septiembre Miguel toma partido por la República el Gobierno elegido en las urnas y
legalmente constituido, «se entregó con entusiasmo a la lucha en la contienda civil,
y actuó generosa, casi ingenuamente». Y decide tomar parte activa con las armas y
una poesía combativa que duele y perdura en el tiempo más que las heridas de las
balas. Es consecuente con la situación en la zona republicana, hemos de recordar
que Alicante no se sublevó. Él tomó partido por la República como todos sus
compañeros madrileños de la Alianza de Intelectuales Antifascistas (AIA), sita
en C/. Marqués del Duero, 5. Conoce a Alberti, Azcoaga, Prados, Garfias, Petere,
Plaja, Aparicio, Bergamín..., allí conoce también a Langston Hugles y a Stepfen
Spender68. Además semejante actitud le presuponía ser soldado útil, ya que se le
negó el servicio militar por exceso de cupo, y quizá era la oportunidad que no tuvo
antes, una pequeña satisfacción personal. Porque también es verdad que para la
mentalidad de aquella época, los mozos que se libraban del servicio militar parecían
menos hombres.
Téngase en cuenta que sus amigos de Madrid incluido algunos pintores de la
Escuela de Vallecas69: Benjamín Palencia, Maruja Mallo, Alberto Sánchez,
defendían el orden constitucional establecido en la urnas, así como su protector
Vicente Aleixandre.
Miguel se incorpora voluntario al Quinto Regimiento de Zapadores (aunque él
dijo que fue por su reemplazo) y Minadores, 2ª Cía. 3ª Sección, es destinados a
Cubas de la Saga (Madrid), cayó enfermo por enfriamiento agudo y estuvo
ingresado dos día en el Hospital del Rey. Por su amistad con el malagueño Emilio
Prados Such le destinan a la 1ª Compañía del Cuartel General de Caballería como
Comisario Cultural70 , estuvo en varios frentes: Alcalá de Henares donde conoció al
jefe cubano Pablo de la Torriente y Antonio Aparicio, en Valdemoros, Pozuelo de
Alarcón, Majadahonda, Boadilla del Monte. En febrero del 37 es destinado al
periódico «Frente Sur». Le acompaña Pedro Garfias (Córdoba) y José Herrera
Petere. Escribe artículos en periódicos en revistas y hojas de guerra, «el uso poético
y creativo de su lenguaje periodístico se refleja hasta en momentos de máxima
crispación política e ideológica desde las mismas trincheras» según la tesis de María
Gómez y Patiño (Propaganda poética de MH, pág. 27), en un trabajo imprescindible
para los expertos, recoge los 29 textos que escribiera Hernández al servicio de la
propaganda republicana con cierto «contenido panegírico que exaltaba sus rasgos
militares...», (nota del prólogo de Miguel Ruiz a tesis de María Gómez y Patiño).
Según esta autora, Miguel tenía un discurso-poético-propagandístico. Sin perder ni
un momento de vista la contextualización de su producción discursiva.
La propaganda de esa época, por ambos bandos, era una manipulación
periodística de la realidad. Miguel ejerció una forma de periodismo tesis de J.
Manuel Carcasés, y dirigida por el profesor Francisco Esteve, y el propio artículo de
Esteve «Miguel Hernández, periodista» en las Actas del I Congreso Internacional,
2002.
El 9 de marzo del 37 estaba en la provincia de Jaén con el Comandante Carlos
Contreras (Vittorio Vidali, italiano) hay una foto de MH junto a Vittorio y al
diputado Martínez Cartón, jefe de la XVI Brigada, del ejército franco populista.
Visitó los frentes recitando poemas de Viento del Pueblo y El hombre acecha, con
poemas como Aceituneros (de Jaén). Estuvo en la conquista del Santuario de la
Virgen de la Cabeza defendido por el capitán Cortes de la Guardia Civil, según
contó el propio poeta en el Ateneo de Alicante. Miguel pasó a Extremadura y estuvo
en el frente de Castuela. Donde escribió Carta del esposo soldado. Luego destinado
en la 6ª División, encuadrada en el XXI Cuerpo de Ejército, figuró en el Ejército de
maniobras del Sector de Levante. Combate en el frente de Teruel y posible conquista
de la ciudad turolense, nos da testimonio en El soldado y la nieve...
En 1 de Julio de 1937 está en Valencia para asistir al Congreso de Escritores en
Defensa de la Cultura, que firmó junto a otros escritores la «Ponencia Colectiva» en
Valencia y publicada en Hora de España, número 8. Donde se reunieron numerosos
intelectuales para celebrar el II Congreso Internacional de Intelectuales en Defensa
de la Cultura. (Recojo la nota de Gonzalo Santonja) 71. En ese Congreso Miguel
conoció a Octavio Paz, en Letras de México 1942 escribió: «...llevaba la cabeza casi
rapada y usaba pantalones de pana y alpargatas..» 72 En dicho congreso asistieron
además de Octavio, otros extranjeros: Pablo Neruda, Nicolás Guillén 73, Ernest
Hemingway, el poeta peruano César Vallejo, Vicente Huidobro, Raúl González
Tuñón, Andrés Malraux, Luis Aragón, Jean Causso. La ya célebre y referida
Ponencia se puede leer completa por Internet 74, quiero recoger un párrafo por
alusiones a Miguel y a Juan Gil-Albert75.
«Porque lo que menos importa ya es el hecho en sí
mismo de que este grupo, esté total, absolutamente
integrado, no sólo por distintos significados de
sensibilidad, no sólo por distintas concepciones de nuestra
profesión y decidida vocación de artistas, escritores y
poetas, sino por individuos que, como procedencia social,
pueden marcar distancias tales como las que hay entre el
origen enteramente campesino de Miguel Hernández, por
ejemplo, y el de la elevada burguesía refinada que pueda
significar Gil-Albert;...»
En 21 de agosto de 1937 Miguel recibió un homenaje en el Ateneo de Alicante,
donde fue presentado por el músico José Juan Pérez, y como testigo de excepción
asistió Vicente Ramos76. La noticia apareció en Nuestra Bandera, de Alicante,
Órgano del Partido Comunista. Discurso que apareció publicado el 10 de noviembre
de 37 en el mismo semanario, con una alocución que empieza: «Siempre será la
guerra la vida de todo poeta...» Días después salió en viaje para Rusia en tren desde
Valencia junto a cuatro españoles más, que nos merece un apartado.
Leopoldo de Luis en la antología que tituló: Miguel Hernández poemas
sociales, de guerra y de muerte. (Alianza Editorial nº 655. Madrid, 1989). En la
selección dedicada a la poesía de guerra, páginas 51 a la 76, recoge dieciséis
poemas, entresacados de Viento del pueblo (1937), Pastor de la muerte (1938), El
hombre acecha (1938), Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941),
titulados: Sentado sobre los muertos. Viento del pueblo me llevan. Nuestra juventud
no muere. Llamo a la juventud. Recoged esta voz. Rosario, dinamitera. Juramento
de la alegría. De Pastor de la muerte. Canción Primera. El soldado y la nieve. El
herido. El tren de los heridos. Madre España. Guerra. La vejez de los pueblos. Vino,
dejó las armas.
Todos los poemas son sobrecogedores, sin embargo, Sentado sobre los muertos,
contiene una carga emocional y unas imágenes surrealistas de alta factura,
posiblemente escrito a los dos meses del inicio de la guerra civil (incivil). En los
versos: beso zapatos vacíos/ y empuño rabiosamente/ la mano del corazón..., nos
trae la imagen de un desolado campo de batalla con heridos que han perdido los
zapatos, este es uno de los símbolos de la muerte, cuando en un accidente de tráfico
aparecen zapatos, nos indica que, casi con toda seguridad, ha habido muertos, el
impacto es de tal magnitud que los zapatos salen volando de los pies. Y Miguel, en
un acto casi de santidad, besa los zapatos vacíos de los muertos acto de divina
humildad, semejante a cuando Jesús lavó y besó los pies a los apóstoles. Al final del
poema nos habla del estoicismo de la muerte aquí estoy para vivir/ mientras el alma
me suene,/. Considera a la muerte como un accidente de la vida que llega cuando el
alma decide callar. Las conocidas heridas: la muerte y la vida, la vida de la muerte,
el amor y la vida, son dos antagonismos que nunca coinciden, puesto que la vida no
conoce a la muerte, pero la muerte sí conoce a la vida.
Desde su detención en la frontera con Portugal, pasó por innumerables de
cárceles (trece): desde Huelva a Sevilla,
Conde de Toreno (Madrid), Torrijos,
Palencia, Yesería, Ocaña (Toledo) y Alicante
el 29-06-41. En la enfermería del
Reformatorio de Adultos, el 4 de marzo de
1942 celebró la boda religiosa, le
convencieron para que su esposa no perdiera
derechos dentro del nuevo régimen
franquista. El expediente carcelario completo
consta de sesenta documentos. Guerrero
Zamora, y Gutiérrez Carbonell, se encargaron
de poner en claro el Proceso penal a MH, por
el que fue condenado a muerte en «El
procesamiento sumarísimo de
urgencia nº 21.001». Posteriormente
conmutada la pena por 30 años y luego la de
20 años y un día, cuando ya había muerto.