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10 Leyendas

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La Leyenda del Maíz:

Anaya era un joven y hermoso guerrero, que en vez de cuidar de


su gente que luchaba en la guerra defendiendo lo que les
pertenecía, pasaba sus días entregado a los placeres
mundanales. Su belleza y atractivo masculino le daban buenos
dividendos a la hora de las conquistas … Pero como le pasa a
todos, un día el amor golpeó a la puerta del joven y esta vez
Anaya se enamoró de verdad de la hija de uno de los jefes
guerreros.

Dispuesto a conquistarla, comenzó a hacer buena letra, dejo sus hábitos licenciosos y se
entregó por entero a la tarea de obtener el amor de la muchacha. Conocedora de los
antecedentes y la vanidad del enamorado, la joven lo despreció cuantas veces pudo y
rechazó todos sus pedidos de amor …

Quien fuera un valiente y heroico guerrero en las batallas, no soportó el dolor de su corazón,
por la derrota en el campo del amor. Un día en que la joven pasó a su lado, Anaya sacó un
puñal y poniéndose frente a ella para que lo viera bien, se suicidó clavándoselo en el medio
del corazón. Inmediatamente cayó al suelo. Al verlo, la muchacha corrió presurosa para
ayudarlo, pero ya era tarde. El joven y valiente guerrero había muerto.

De su pecho ensangrentado brotó una hermosa planta … la planta del maíz.

La leyenda del venado:

“Por aquel tiempo antiguo, en San Pedro la Laguna, había un


cazador que se llamaba Salvador Cuaín, que tenía fama de
buen cazador, nunca regresaba sin nada, su pulso era bueno,
le pegaba a todo lo que veía.

Pero nunca imagino que el señor del cerro se burlaría de él y


dijo el señor cuando lo vio cazar; -Ya vino otra vez, mi hijo a cazar venados-.

Al dueño de los cerros le gustaba que antes de que saliera de cacería, se le hiciera “La
costumbre” porque le gustaba el olor del pom y del incienso, pero aquel día Cuaín no hizo
nada. Por eso el señor del cerro, cuando lo vio salir llamó a dos de sus mejores venados que
tenia dentro de su palacio, para que se burlara del cazador. Cuando lo vieron, el señor del
cerro, les dijo a los venados:

-vos te le acercas y cuando te corran los perros, te vas al pueblo para perderlos y después
te venís para acá.

-ahora vos le dijo al otro – cuando te corran los perros te dirigís al lago, y te dejas agarrar,
espera que quemen pom e incienso y rápido te soltas y te fugaz y regresas.
Entonces los se fueron y tardó rato para que regresara. Entonces el venado que le toco que
lo agarraran, regreso oloroso a pom y vino con el señor del cerro que quedo muy contento.
Entonces Salvador Cuaín regreso bravo a su casa, porque el animal que había logrado cazar
se le escabulló de las manos”.

Leyenda de Alta Verapaz:

Se cree en Chahal y en Chisec, área q'eqchi', que Tz¸ltak'a se


enamoró de una mujer, llamada Dominga, a quien regaló una flor
en señal de compromiso para que le fuera entregada al padre de
la muchacha. Cuando "la niña dio al padre la flor del Tz¸ltak'a, se
convirtió en monja blanca de plata". De este modo, el padre de la Dominga se convence que
es Tz¸ltak'a el que desea casarse con su hija.

La muchacha se va a vivir con el Tuztaká al interior del cerro, después de realizar las
ceremonias rituales correspondientes.
Cuando no se llevan a cabo "las antiguas costumbres", para pedir permiso a Tz¸ltak'a, para
cazar animales, cortar árboles o utilizar las fuentes de agua, el Señor del Cerro castigo al
transgresor. Así,

El cadejo blanco y el negro

La leyenda del cadejo o cadejos está presente en casi todo


centroamérica, se trata de un perro enorme de color blanco y ojos
rojos que protege a los hombres cuando llegan a altas horas de la
noche, sin embargo el cadejo tiene un enemigo, el cadejo negro,
un ser diabólico que ataca y mata a las personas de dudosa
moral, cuando ambos el espíritu protector y el diabólico se encuentran comienza entre ambos
una lucha a muerte que normalmente da tiempo a la persona a huir.

El cadejo blanco como protector acompaña al hombre que trasnocha hasta su casa lo hace
muchas veces desde las sombras y sin dejarse ver, normalmente se siente como un
presencia que no puedes localizar. Su finalidad es defender al borracho o trasnochador del
cadejo negro.

El cadejo negro dependiendo de la cultura que enfoca la leyenda puede tener dos fines,
matar a las personas de dudosa moral a las que no puede defender el cadejo blanco siempre
a altas horas de la noche, o simplemente golpearle y aplastarle, en ambas creencias el
cadejo nunca muerde (salvo en su lucha con el cadejo blanco) y causa el daño golpeando y
aplastando, debido a su gran tamaño deja al hombre al que ataca como si hubiera recibido
una paliza.

Según las leyendas en Guatemala, es un animal fantásmagórico que aparece en suelo


guatemalteco. La versión más conocida de este animal es la de forma de un perro de color
negro y ojos rojos que pareciera tienen fuego. Se cree que cuida a aquellos que se
embriagan y deambulan por las noches ayudándoles a encontrar el camino a casa o bien
durmiendo cerca de ellos para evitar les roben o dañen. Las otras versiones refieren que este
ser tiene dualidad, el negro y blanco, este último cuida de mujeres en el mismo estado físico,
sin embargo éstos son rivales y no pierden oportunidad de agredirse, aunque se narra que se
han unido para salvaguardar a sus protegidos de otro espectro como La Llorona, Siguanaba
o de algún maleante. También este personaje tiene su resonancia precolombina maya en un
espectro bienechor guardián de los caminos.

El carretón de la Muerte

Llegada la media noche, muchas personas del Centro


Histórico de la ciudad capital de Guatemala, estamos
hablando de alla por los años mosos de la ciudad, se
escuchan el roce de las ruedas de una carreta con el
suelo. Hay quienes aseguran han oído hasta relinchar a
los caballos que algunos dicen que por los ojos lanzan
llamas. Cuando la curiosidad hace que las personas
vayan a ver, no ven nada, aunque escuchan y hay quienes dicen sienten un aire extraño que
pasa sobre sus cabezas porque este carretón no roza el piso sino que vuela... La piel se
eriza y se pone como de gallina solo de oír, la gente prefiere quedarse en su casa y solo
escucharlo pasar porque dicen que en ese carretón nos iremos todos, el dia que la muerte
decida trasladarnos al mas allá, pobre y ricos iremos en él.

Todos los días a los doce de la noche, los vecinos del Barrio de La Recolección escuchan
pasos de encadenados. Son penitentes fantasmas que quieren librarse de sus culpas.

Cuando los han visto no solo van encadenados sino con capuchones antiguos. Algunos se
flagelan. Son animas por las cuales las viejitas dicen hay que rezar.

Verlos atemoriza pero también produce pena y compasión porque a nadie le gustaría estar
eternamente encadenado a sus malas acciones.

Los penitentes de la Recolección

Todos los días a los doce de la noche, los vecinos del Barrio de La Recolección escuchan
pasos de encadenados. Son penitentes fantasmas que quieren librarse de sus culpas.

Cuando los han visto no solo van encadenados sino con capuchones antiguos. Algunos se
flagelan. Son animas por las cuales las viejitas dicen hay que rezar.
Verlos atemoriza pero también produce pena y compasión porque a nadie le gustaría estar
eternamente encadenado a sus malas acciones.

Una noche en que pasaba la procesión de cucuruchos Mario un muchacho valiente y


aventado, decidio salir a su encuentro, cuando oyo que se acercaban los penitentes por las
viejas calles, vacias a esa hora, hasta el ambiente estaba frio y nuboso mas que de
costumbre, pues cuando vio desfilar los cucuruchos se le erizo la piel, se puso como de
gallina, uno de los cucuruchos salio de la fila y se le acerco, le dijo: -toma, cuidamelo hasta
que refrese por él.

Mario no pudo negarse y tomo el cirio que llevaba el cucurucho, Mario al siguiente día
empezo a enfermar, lo peor de todo era que, los doctores no encontraban del porque estaba
enfermo Mario, este habia guardado el cirio que le diera el espectro en un baúl, cuando
volvieron a pasar los cucuruchos, Mario salio con el cirio en la mano listo para entregarselo a
su dueño, pero oh sorpresa, el cirio ya no erea esto, sino era un femur, el espectro al ver el
hueso le dijo: Yo te he dado un cirio y tu me quieres entregar un femur. De castigo tendras
que acompañarme, dicho y echo, Mario fue tomado de los brazos que por la enfermedad ya
estaban bastante flacos, le pusieron un cucurucho, le dieron un cirio encendido y paso a
formar parte de la larga fila de los penitentes de la Recolección, esto me lo conto mi abuilito
Julio, dice que sucedio hace muchos años alla por los viejos barrios de la capital.

La Leyenda Del Jilguerillo

Cuenta la leyenda que hace cientos de años una tribu indígena


se estableció en la zona Atlántica de nuestras tierras. Entre
ellos había un guerrero muy cruel llamado Batsu. Un buen día
Batsu decidió buscar esposa y escogió a Jilgue, una hermosa
joven que acostumbraba pasear por el bosque cantando como
un pajarillo. Cuando Jilgue se enteró de las intenciones de
Batsu huyó a esconderse en el bosque.

Batsu estalló en cólera cuando supo que la joven había desaparecido y mandó a sus
guerreros a buscarla. Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez que se
acercaban al sitio de dónde venía el canto, Jilgue había desapareció. Entonces Batsu mandó
a quemar el bosque. Cuando las llamas comenzaban a levantarse le gritó a Jilgue que si
salía podía salvarse. Ella le respondió que prefería la muerte. El fuego se hacía cada vez
más fuerte. De pronto vieron como Jilgue cayó al cuelo u agonizó. Pero un pajarillo color
ceniza, con el pico y las patas rojas, comenzó a cantar sobre sus cabezas. No era el canto
de un pájaro, era la voz de Jilgue, que desde entonces se
sigue escuchando en el canto de los jilgueros que hoy
pueblan los bosques de nuestras tierras.
La Leyenda Del Mico Brujo

En todo Centroamérica se conoce la leyenda del “Mico Brujo”. En algunas partes también le
dicen la Mona.

Decían nuestros antepasados que había unas mujeres que a las once de la noche se daban
tres volantines para atrás y luego tres para adelante; que esta mujeres tenían un guacal
blanco y que a la última voltereta vomitaban el alma en el guacal. Ya sin alma, tomaban
figura de monos o micos y se dedicaban a hacer “diabluras”.

Y así, estas brujas, acompañadas de la oscuridad de la noche, se trepaban a los árboles y


tiraban frutas a la gente. Se subían a los techos de las casas, saltando de un lugar a otro y
arrojando pedradas contra las piedras de la calle. Muchas personas han tratado de agarrar y
matar a la mona o al mico, pero de nada les sirve, pues cuando ya están cerca y creen
tenerlo acorralado se les esfuma como por encanto.

También contaban nuestros antepasados que estas mujeres podían convertirse en chanchas
grandes, negras y llenas de lodo.

Apenas veían a la persona “señalada”, aligeraban su trote y comenzaban a gruñir. Embestían


furiosamente a la persona y le daban trompadas y mordiscos en las piernas hasta derribarla
y hacerle perder el conocimiento. Al día siguiente, la víctima amanecía molida y mordida, y
con los bolsillos vacíos.

La Leyenda de la Segua

Hay varias leyendas de la Segua. Una de ellas cuenta que es una


joven muy linda, que persigue a los hombres mujeriegos para
castigarlos. Se aparece de pronto en el camino pidiendo que el
jinete la lleve en su caballo, pues va para el pueblo más cercano.
Y dicen que ningún hombre se resiste a su ruego. Hay quienes le
ofrecen la delantera de la montura y otros la llevan a la polca. Para ella es lo mismo. Pero a
medio camino, si va adelante vuelve la cabeza y si va atrás hace que el jinete la vuelva.
Entonces aquella hermosa mujer ya no es ella. Su cara es como la calavera de un caballo,
sus ojos echan fuego y enseña unos dientes muy grandes, al mismo tiempo que se sujeta
como un fierro al jinete. Y el caballo, como si se diera cuenta de lo que lleva encima, arranca
a correr como loco, sin que nada lo pueda detener.
Otras leyendas cuentan que las Seguas son varias. Y no faltan ancianos que aseguren que
cuando ellos eran jóvenes atraparon a una Segua.
Pero que una vez atrapada y echa prisionera se les murió de vergüenza. Y que al día
siguiente no encontraron el cadáver, sino solamente un montón de hojas de guarumo,
mechas de cabuya y cáscaras de plátano.

El Sombrerón:

La leyenda dice que el Sombrerón es un hombre de muy


pequeña estatura, con un sombrero extremadamente grande para
su tamaño (charro o mexicano), el sombrero hace que no se le
pueda ver la cara.

Dicen que quienes llegan a ver su cara se vuelven locos de por


vida.

Se dice tambien que el sombreron le gusta dar serenatas a las muchachas de largos
cabellos y muy guapas, esto lo hace para que las muchachas se enamoren de el, y este
pueda ganarles el espiritu.

Al sombreron tambien le gusta los caballos. Se dice que el sombreron trenza el pelo de las
muchachas y de los caballos dando señal que es propiedad de el. A quienes les llega a
trenzar el pelo es imposible deshacer, por lo que se tiene que cortar el pelo de las victimas.

Cuando el sombreron va a dar serenata a las muchachas, se dice que solo ellas pueden oir
el sonido de la guitarra. Muchas personas creyentes de esta fantastica leyenda, se cortan el
pelo para espantar el sombreron y no ser victimas de que este señor haga de las suyas.

Leyenda del tesoro del Lugar Florido

Esta leyenda tiene lugar en el momento en que los


conquistadores españoles llegaron a Guatemala, mientras los
nativos celebraban el fin de una guerra. Está situada cerca del
lago de Atitlán, en el territorio de los Tz'utujiles. Cerca del
lago, el volcán "Abuelo del Agua" esconde el tesoro de las tribus ribereñas que escaparon del
saqueo español. La leyenda empieza en el crepúsculo, que puede compararse al declive de
la civilización indígena. El fin de al guerra se anuncia y la celebración de paz entre los
pueblos indígenas dura toda la noche. Hay una lista de los escuadrones de soldados, y cada
uno es distinguido por los colores de las plumas que visten.
El jefe maya local lleva a aquéllos que serán sacrificados. El momento de destrucción
empieza cuando el sacerdote maya exclama las frases rituales al volcán, mientras los
españoles se acercan. Las tribus se aterrorizan y huyen al lago para protegerse de la
invasión, dejando el tesoro atrás.

De los 8 textos que componen la primera edición original, este último es el único ambientado
en la época pre-hispánica, aún y cuando sucede justo en el momento de la llegada de los
españoles. Asturias contrasta a las 2 culturas; describe a los nativos como conectados al
mundo natural y los asocia con abundancia y un sentido de riqueza (tenían flores, frutos,
aves, plumas, oro y piedras preciosas), mientras enfatiza la escasez de los europeos al
repetir la preposición "sin" una y otra vez en su contexto.

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