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Historia de los Seléucidas y Tolomeos

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Los Seleucos en Siria Era de los Seléucidas Seleuco, el mayor de los sucesores de Alejandro, fundó

en Babilonia una nueva dinastía, que se mantuvo hasta el tiempo de los Romanos. Dominaba entre
el Indo, el Éufrates y el Oxo; penetró hasta el Bengala, aliándose con Sandrocoto, que tenía allí uno
de los imperios más vastos y armaba 600 mil combatientes. Él fue quien reanudó el comercio con
la India, nunca más interrumpido desde entonces. Seleucia, fundada a orillas del Tigris, y
Antioquía, sobre el Oronte, llegaron a ser reinas del Oriente, y Seleuco mantuvo diez y ocho años
de paz y de gran prosperidad que concluyeron con él. Su hijo Antíoco fue vencido y muerto por los
Galos, que habían invadido la Macedonia y la Tracia, siendo rechazados por Antíoco Sóter (117),
que habían ocupado el país llamado Galacia, y vendido su brazo a quien quisiese pagarlo;
vencedores o vencidos, eran siempre formidables. 313 281 260 Atioco Dios (118) [sic] dejó decaer
el reino de Siria entre intrigas de mujeres; varias provincias se desprendieron de él; Teodoto,
gobernador de la Macedonia, constituyó el reino de la Bactriana, rica de 1000 ciudades, que se
extendió tal vez hasta las orillas del Ganges y los confines de la China. Los Partos Los Partos,
terribles jinetes, se derivaban, al parecer, del país de los Escitas, o del de los Turcos. Establecidos
en las cercanías del Caspio, hacían sus correrías por la Persia oriental; extendiéndose a despecho
de la Siria, sometían fácilmente a los países, corrompidos por la lascivia y las crueldades; Tirídates,
su rey, coaligado con el de Bactriana, venció a Seleuco II y lo tuvo diez años prisionero. 258
Antíoco el Grande pudo domar a los Sátrapas rebeldes, y después de largas guerras restableció la
dominación de los Seléucidas en el Alta Asia, y pensaba quitar el Egipto a los Tolomeos, pero
encontrose con los Romanos, como veremos más tarde. 18. -Tolomeos en Egipto Egipto Los
Lágidas habían hecho soportar en Egipto su dominación, merced a su tolerancia y a la prosperidad
comercial que proporcionaron al país; Alejandría adquirió suma importancia. Tolomeo de Lago
(119) fue el único capitán de Alejandro que supo resistir a la tentación de la conquista; se
reconcilió con los vencidos, aunque solo confería la magistratura a los Griegos y a los Macedonios;
creó una flota y un ejército y se aseguró la Fenicia y la Cele-Siria, que lo abastecían de madera de
construcción; sojuzgó igualmente a Jerusalén y a Chipre, y a la africana Cirene. Las riquezas del
Egipto, grandes ya, se acrecentaron con aquellas excursiones al Asia. Las fiestas eran
solemnísimas; muy activo el comercio, en pro del cual abrió Antíoco nuevos puertos en Berenice y
en Miosormos, sobre el Golfo Arábigo, y un camino de Berenice al Nilo. Los edificios de Alejandría
rivalizan con los antiguos de Ramesa y Sesostris, principalmente el Faro, que figura entre las siete
maravillas, y el Museo, grande establecimiento de enseñanza donde se congregaban los sabios
más ilustres, y que disputaba la primacía a Atenas. Famosa era la Biblioteca, incendiada luego bajo
Julio César, como incendiaron los Sarracenos la de Serapeón. Aquellos grandes sabios no sirvieron
más que por su erudición y su crítica, ni hicieron ningún trabajo insigne, pero tuvieron el mérito de
conservar para las futuras generaciones las obras maestras antiguas y comentarlas cuando la
persistencia de las costumbres las hacían aún inteligibles. Tolomeo Sóter (120) Alejandría Tolomeo
Sóter, que se asoció luego con Tolomeo Filadelfo, conservó larguísima paz, embellecida por
suntuosas fiestas y procesiones en todos los pueblos sometidos, y por variadas riquezas del suelo.
Tolomeo Filadelfo estuvo en continua discordia con sus hermanos, y tuvo una corte muy fastuosa,
que corrompió las costumbres. Tolomeo III pensó conquistar la Siria y la Bactriana, de donde
importó 2500 simulacros que Darío había tomado al Egipto, por lo cual obtuvo el título de
Euerguetes (121) (bienhechor), y concluyó la paz con Seleuco, a quien cedió los países
conquistados. Su mujer Berenice había prometido que si él volvía vencedor, entregaría sus
cabellos al templo de Chipre; cumplió el voto, pero pronto desapareció su cabellera, y el
astrónomo Conón aseguró haberla reconocido en el firmamento. Fiestas, sabios y poetas
celebraron desde entonces la cabellera de Berenice.

Cabellos de Berenice Aunque gobernado por tres grandes reyes, el Egipto decaía, y más aún bajo
Tolomeo Filopátor, quien, con ser tan espléndido y tan protector de las artes, que consagró un
templo a Homero, se encenagó (122) en libidinosas costumbres y en la tiranía, llegando al extremo
de hacerse reo de parricidio y fratricidio. La tutela de su quinto hijo Tolomeo Epífanes dio lugar a
discordias y a guerra, hasta que fue fatalmente confiada a los Romanos. 19. -La Grecia bajo los
Macedonios. Las ligas Aunque la Grecia y la Macedonia formasen un Estado más pequeño, eran
consideradas como el corazón de la desmembrada monarquía de Alejandro, hasta que fue
destruida toda la familia de éste. Entonces los monarcas tuvieron que luchar contra los grandes
señores de la Macedonia, mientras que la Grecia, aunque caída en la esclavitud, siempre le
comunicaba algún brillo de su antiguo esplendor. 382 Lisímaco asegurose el reino de la
Macedonia, al cual unió la Tesalia y por algún tiempo el Asia Anterior, y venció a los valientes
Tracios. Muerto en la batalla en Ciropedión, le sucedió Seleuco; pero Tolomeo Cerauno le quitó el
trono y la vida. Entonces los Galos devastaron el país y la Grecia; aunque al fin perecieron casi
todos. Antígono Gónatas, hijo de Demetrio Poliorcetes, restablecía la Macedonia, cuando Pirro,
rey del Epiro, de regreso de una expedición a Italia, lo desposeyó. Pirro se parece a los guerrilleros
de nuestra Edad Media, puesto que entonces se formaban partidas de soldados, comprados entre
los mercenarios o entre los Galos; por lo que los Estados andaban siempre revueltos, y solo
aspiraban a reunir dinero para comprar soldados; había mercados especiales de gentes de armas,
a quienes se confiaba el arte de la guerra, de las máquinas y de las galeras. Pirro sitió a Esparta,
pero fue rechazado, y en la toma de Argos, murió de una pedrada que le tiró una mujer. Concluida
la estirpe de los Eacidas, el Epiro se gobernó democráticamente, hasta que cayó bajo el yugo
romano. 274 Liga Aquea Antígono Gónatas asegurose el trono macedónico y pensó subyugar a
toda la Grecia; pero despertose el antiguo patriotismo griego, dando lugar a la Liga Aquea. Tima,
Patra y Faro, al grito de libertad, se coaligaron, agregándose luego otras ciudades, con cuyo apoyo
lograron rechazar a los tiranos, y concluyeron por solidificar un pacto federal, con la igualdad
política de todos los confederados, conservando empero cada ciudad en gobierno propio, con
leyes comunes, pesos y mondas iguales, y congresos generales dos veces al año, primero en Egío y
luego en Corinto. Redobladas así las fuerzas con la unión, el más insignificante de los pueblos
griegos prevaleció sobre la tiránica Esparta, la demagógica Argos y la locuaz Atenas, y recogió el
último suspiro de la libertad. Arato Juntáronse otras ciudades, entre ellas Sición (123), patria de
Arato (124), quien le aseguró la libertad, gracias al auxilio de los Aqueos, y fue el alma de aquella
liga; fue generalísimo a los 26 años, y pudo agregar a la liga a Corinto, Mégara, Trezenas, Epidauro,
la Élide, todo el Peloponeso, exceptuando a Esparta, y por último Atenas. Liga etolia Otra liga
opusieron a ésta los Etolios, hermanándose con los de la Lócride, de la Fócida, de la Tesalia
meridional, de la Acarnania meridional y de muchas islas. Etolios y los federados tenían iguales
derechos; se reunían en el Panetolio de Termo, donde se elegía a un estratégico que proponía sin
deliberar, y ejecutaba. Solo entre los Griegos tenían una fuerza nacional. Con ellos se alió Antígono
Gónatas (125), para deprimir a los Aqueos, pero bajo su hijo Demetrio, unos y otros se coaligaron.
A los Aqueos se opuso Esparta, la cual, demasiado degenerada por las austeridades de Licurgo, y
falta de elementos reformadores, conservaba las formas antiguas con los peores vicios modernos.
Gemían los buenos, los que no veían esperanza alguna más que en volver a la primitiva
constitución, vigorizando al rey para debilitar a los éforos, y aliviará los pobres con leyes agrarias y
la abolición de las deudas. Así pensaba regenerar a la patria el rey Agis III (126). Vestía y comía a lo
antiguo, y seguíale la juventud; igualmente pensaba realizar la comunidad de bienes y la quema de
los recibos. Logró su intento al principio, pero engañado luego por los malvados, fue procesado y
muerto.

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