UNIÓN TEMPORAL ALIANZA EDUCATIVA
NIT: 901.238.166-5
COLEGIO LAS MARGARITAS I.E.D.
“Comprometidos con la excelencia, construimos una sociedad en paz,
equitativa e incluyente, retando los desafíos del futuro”
2024
• Todo cuanto Schopenhauer escribía estaba destinado a desarrollar, ilustrar, explicitar,
complementar, corroborar o precisar la cosmovisión filosófica que contenía “El mundo como
voluntad y representación”.
• Por eso puede afirmarse que dicho texto no fue no fue tan sólo su obra principal, sino más bien el
único texto que, a lo largo de toda su vida, estuvo redactando sin descanso durante casi medio
siglo, entre 1813 y 1859.
• Con ello pretendía comunicar un único pensamiento, tal como él mismo explicita en las primeras
líneas de su obra.
• Por supuesto, este “único pensamiento” no debe ser confundido con el “pensamiento único” del
que tanto se habla hoy en día.
• Desde luego, con ese “único pensamiento” Schopenhauer no alude a una ideología
hegemónica, sino a la matriz de su cosmovisión, que se podría formular así: “El mundo entero es
una mera representación del sujeto que lo conoce y, por otra parte, todo el universo es la
manifestación de una voluntad primigenia”
• Arthur Schopenhauer consideraba que el mundo tiene dos maneras de ser: una forma
representativa que conocemos a través de nuestros sentidos perceptuales y una forma más
profunda, oculta a la percepción, que él denomina voluntad.
• Esta voluntad, eterna y amorfa, que subyace al mundo de la representación, se manifiesta
parcialmente en el ámbito emocional y pasional de la humanidad, pues es el impulso ciego que
está a la base de todos nuestros deseos y nuestras acciones, aunque no seamos completamente
conscientes de ella.
• En la medida que esta dimensión de la existencia no está presente de manera obvia en nuestra
vida cotidiana o en experiencias transcendentales de tipo religioso o traumático, pueden tomar
consciencia de su incidencia sobre el mundo y ver a través del “Velo de Maya” la verdad que el
mundo de los sentidos nos oculta”
• Y así, con la misma razón con que afirmamos "el mundo es mi representación" podemos también
afirmar "el mundo es mi voluntad".
• Así pues, en el principio no era el logos sino la voluntad. Ella es la realidad originaria, la cosa en sí
idéntica que se manifiesta en todos los seres y fuerzas de la naturaleza, desde la gravedad que
hace caer la piedra hasta el carácter que determina las voliciones del hombre ante unos motivos
dados.
• Cada uno de los seres naturales, cada uno de sus impulsos, acciones y afecciones, representan la
concreción individual de una voluntad de vivir absoluta e ilimitada.
• La afirmación de la vida, el afán por mantenerse en la existencia constituye la esencia íntima de
todos los seres y, por ello, un prius del intelecto ante el que no cabe plantear un porqué.
• La voluntad de vivir se afirma en todos los seres existentes. Pero la afirmación de la voluntad es
afirmación de la negatividad, la escisión y la carencia que lleva en su seno y que no se aminoran
en su objetivación fenoménica sino más bien se multiplican, dando lugar a una vida que es en
esencia dolor.
• El querer y su satisfacción o, en otras palabras, el sufrimiento y el tedio, son los dos extremos entre
los que oscila el péndulo de la vida.
• Mientras queremos, sufrimos por la carencia que ese sufrimiento supone; cuando el querer es
satisfecho, surge algo peor que el sufrimiento: el aburrimiento, que nos hace sentir el vacío de la
voluntad desocupada.
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• Pero la rueda de Ixión nunca se detiene: pronto aparecerá un nuevo deseo con un nuevo dolor,
y su satisfacción volverá a mostrarse vana para calmar la sed de la voluntad; una voluntad que
nunca encuentra un objeto que satisfaga su querer, porque en realidad no quiere nada y en el
mundo fenoménico se limita a aparentar un querer.
• El dolor del mundo no es en último término sino la manifestación del absurdo de una voluntad
que es incapaz de querer.
• Por si eso fuera poco, a nuestra índole esencial se añaden las condiciones fenoménicas que
constituyen una nueva fuente de dolor. Pues si en esencia somos un absoluto -la voluntad y toda
la voluntad-, al mismo tiempo somos individuos que, cegados por el velo de Maya, pretendemos
afirmarnos en nuestra propia individualidad aun a costa del aniquilamiento del resto del universo.
• De ahí surge un estado de hostilidad universal en el que todos somos verdugos y víctimas; porque
todos causamos daño a otros y lo sufrimos de los demás, y porque todos somos una misma
voluntad.
• No obstante, y a pesar de todo el sufrimiento de nuestra existencia, nos aferramos a ella y nos
estremecemos ante la perspectiva de una muerte que en todo caso ha de llegar; pues le
pertenecemos por el hecho de haber nacido, y ella no hace más que jugar con su presa antes
de devorarla.
• La liberación de la voluntad de vivir, fuente de todo dolor, encuentra en Schopenhauer dos vías:
una puramente contemplativa (el arte) y otra de carácter práctico (la ética y la ascética). Pero
no nos engañemos: no vamos a encontrar aquí recetas para una vida feliz: en primer lugar,
porque "vida" y "feliz" son aquí conceptos contradictorios; y, además, porque no hay recetas para
ser un genio ni para ser santo.
• Tanto lo uno como lo otro procede de un conocimiento; pero de un conocimiento inmediato e
imposible de transmitir en palabras. En la ética y la estética abandonamos el dominio de la razón
y entramos en el terreno de lo místico: aquí no caben ya las explicaciones sino solamente la
descripción de su manifestación en el fenómeno.
• El arte ofrece una liberación momentánea del dolor en cuanto nos permite evadirnos de la
servidumbre de la voluntad. Pero no es una solución definitiva ni radical. Si el mal no es un
accidente de la historia, si el sufrimiento está enraizado en el origen mismo de la existencia, está
claro que la única vía para liberarse definitivamente de él será atacar directamente su causa: la
voluntad misma. El intento de cambiar los acontecimientos en la búsqueda de un mundo feliz
será siempre vano.
• Pues, aparte de que no podremos nunca alterarlos porque pertenecen a una cadena de causas
regidas por una necesidad férrea, los acontecimientos son puramente exteriores y no afectan a
la esencia de las cosas.
• Por mucho que intentemos aliviar los síntomas, la gangrena sigue estando ahí y terminará por
manifestarse en todo el hedor de su putrefacción: al final hay que extirpar.
• «El mundo es mi representación»: esta es la verdad que vale para todo ser viviente y
cognoscente, aunque solo el hombre puede llevarla a la conciencia reflexiva abstracta: y
cuando lo hace realmente, surge en él la reflexión filosófica.
• Entonces le resulta claro y cierto que no conoce ningún sol ni ninguna tierra, sino solamente un
ojo que ve el sol, una mano que siente la tierra; que el mundo que le rodea no existe más que
como representación, es decir, solo en relación con otro ser, el representante, que es él mismo. -Si
alguna verdad a priori puede enunciarse, es esta: pues ella constituye la expresión de aquella
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forma de toda experiencia posible e imaginable, forma que es más general que cualquier otra,
más que el tiempo, el espacio y la causalidad: porque todas estas suponen ya aquella; y si cada
una de estas formas que nosotros hemos conocido como otras tantas configuraciones especiales
del principio de razón vale solo para una clase especial de representaciones, la división en sujeto
y objeto es, por el contrario, la forma común de todas aquellas clases; es aquella forma solo bajo
la cual es en general posible y pensable alguna representación de cualquier clase, abstracta o
intuitiva, pura o empírica.
• Ninguna verdad es, pues, más cierta, más independiente de todas las demás y menos
necesitada de demostración que esta: que todo lo que existe para el conocimiento, o sea, todo
este mundo, es solamente objeto en referencia a un sujeto, intuición de alguien que intuye; en
una palabra, representación.
• Naturalmente, esto vale, igual que del presente, también de todo pasado y futuro, de lo más
lejano como de lo próximo: pues vale del tiempo y el espacio mismos, únicamente en los cuales
todo aquello se distingue.
• Todo lo que pertenece y puede pertenecer al mundo adolece inevitablemente de ese estar
condicionado por el sujeto y existe sólo para el sujeto. El mundo es representación.
• Así pues, el mundo como representación, en cualquier respecto en que lo consideremos, posee
dos mitades esenciales, necesarias e inseparables.
• Una es el objeto: su forma es el espacio y el tiempo, y mediante ellos la pluralidad. Pero la otra
mitad, el sujeto, no se halla en el espacio y el tiempo, pues está entero e indiviso en cada uno de
los seres representantes; de ahí que uno solo de ellos complete con el objeto el mundo como
representación, tan plenamente como todos los millones que existen: pero si aquel ser único
desapareciera, dejaría de existir el mundo como representación.
• Esas mitades son, por lo tanto, inseparables incluso para el pensamiento: pues cada una de ellas
tiene significado y existencia exclusivamente por y para la otra, existe con ella y desaparece con
ella.
• Se limitan inmediatamente: donde comienza el objeto, cesa el sujeto. El carácter común de esos
límites se muestra precisamente en que las formas esenciales y universales de todo objeto:
tiempo, espacio y causalidad, pueden ser descubiertas y plenamente conocidas partiendo del
sujeto y sin conocer siquiera el objeto; es decir, en lenguaje kantiano, se hallan a priori en nuestra
conciencia.
• Solo mediante la unión del tiempo y el espacio surge la materia, es decir, la posibilidad de la
simultaneidad y con ella de la duración, y con esta a su vez la de la permanencia de la sustancia
bajo el cambio de los estados.
• Al tener su esencia en la unión del tiempo y el espacio, la materia lleva el sello de ambos. Su
origen espacial se documenta en parte por la forma, de la que es inseparable, pero en especial
(y dado que la alteración solo pertenece al tiempo y que en este por sí solo nada hay
permanente) por su permanencia (sustancia), cuya certeza a priori se deriva en su totalidad de la
del espacio, su origen temporal lo revela en la cualidad (accidente), sin la cual nunca se
manifiesta, y que esto en sentido estricto es siempre causalidad, acción en otra materia, o sea,
cambio (un concepto temporal).
• Mas la legalidad de esa acción se refiere siempre al espacio y el tiempo a la vez, y solamente así
tiene significado