Genero Comp3
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TEMA 1
Género y desarrollo
ÍNDICE
5. Bibliografía ......................................................................................................16
2
Género y desarrollo
Introducción:
En esta lección vamos a aprender a pensar como trabajadores y trabajadoras sociales
que van a aplicar la perspectiva de género en los planes de intervención. Vamos a
descubrir los retos y las dificultades que rodean al trabajo social cuando establece
como meta la transformación social o romper con las desigualdades que sufren las
mujeres. Para todo ello vamos a profundizar en algunos conceptos, entre ellos, el
concepto de desarrollo.
© Universidad Estatal de Milagro – UNEMI
Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial nacieron diversas teorías que
pretendían medir los niveles de desarrollo económico de las naciones. Desde ese
momento se elaboró la teoría de la modernización, la teoría de la dependencia, la de
los sistemas mundiales y, ahora, como ya sabéis, habitualmente acudimos a la teoría
de la globalización para intentar entender el mundo que nos rodea. En 1990, Naciones
Unidas cuestionó la importancia del crecimiento económico como una medida del
avance y progreso de los países, por lo tanto, se empezó a clasificar a los países “según
la libertad y la oportunidad de su población de llevar una vida que valorara. De ese
modo afloró un nuevo debate sobre lo que significa llevar una buena vida y las formas
de conseguirlo” (PNUD, 2020). Esta mirada y los diversos conceptos aportados por los
movimientos feministas y los estudios de género han introducido en el debate mundial
nuevas ideas que estudian y analizan la situación de las mujeres en entornos
empobrecidos por las diferencias de enero.
A mediados de los años 70, desde Naciones Unidas se revisan las preferencias del
desarrollo y el rol que las mujeres están desempeñando en esos procesos, declarando
1975 el año internacional de la mujer. De hecho, ya hemos visto cómo, desde esa
década, tienen lugar diferentes conferencias, declaraciones y encuentros que derivan
en un marco jurídico internacional que intenta defender y proteger a las mujeres; fue
una forma de introducir los problemas que sufren las mujeres en las agendas
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internacionales.
Es relevante recordar, en este sentido, los factores que afianzaron en los años 80 la
perspectiva de género en los proyectos de desarrollo. Siguiendo a Beatriz Pérez (2003),
el auge de los estudios de género y contemplar la identidad femenina no sólo en
oposición a la masculina, sino sobre las diferencias dentro del grupo de mujeres,
aceptando que los intereses de las mujeres no son siempre los mismos. Además:
En resumen, para los años 90, el índice de desarrollo humano establecido por el PNUD
mezclaba tres factores: la esperanza de vida al nacer, la tasa de alfabetización de los
adultos y la renta per cápita de cada país. En el año 1995, sin embargo, el propio
informe establece que “el reconocimiento de la igualdad de derechos entre la mujer y
el hombre y la decisión de combatir la discriminación basada en el sexo, son adelantos
de importancia equiparable a la abolición de la esclavitud, la eliminación del
colonialismo y el establecimiento de la igualdad de derechos para minorías raciales y
étnicas” (PNUD, 1995). Por otra parte, el informe reflejó el índice de desarrollo
relacionado con la mujer (IDM) que mide la esperanza de vida, la salud y la educación
de ellas, reflejando las disparidades “en la capacidad humana básica entre los sexos”, y
dando como resultado que, de los 130 países, solo cuatro ocupaban posiciones
elevadas respecto a las igualdades entre hombres y mujeres (Suecia, Finlandia,
Noruega y Dinamarca). El IDM se complementó con el índice de potenciación de la
mujer (IPM) que medía otras variables como la participación política y económica de
las mujeres comparándola con la participación de los hombres. Finalmente, en el año
1996, estos indicadores se fusionan y como resultado nace el índice de desarrollo
relativo al género (IDG), que permite medir las desigualdades entre los géneros.
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Es importante conocer cómo han ido cambiando las categorías que se miden para
conocer el índice de desarrollo humano. Esa evolución histórica nos permite
comprender las variables que se miden en la actualidad para conocer el estado de cada
uno de los países. El informe de desarrollo humano de 2020 elaborado por Naciones
Unidas se denomina “La próxima frontera. El desarrollo humano y el Antropoceno”.
Vamos a intentar descubrir qué significa y cómo se intenta medir en la actualidad el
IDH.
Para ello es necesario hacer un planteamiento nuevo del IDH adaptándolo a la nueva
etapa del Antropoceno, por lo que hay que buscar nuevos parámetros para frenar la
desestabilización del planeta. Por tanto, se va a necesitar una nueva forma de vivir y de
trabajar que exigirá normas sociales diferentes para trabajar con la naturaleza. Esta es
parte de la reflexión que propone Naciones Unidas cuando, año tras año, intenta
exponer y someter a debate las desigualdades existentes entre países. Un
planteamiento nuevo del IDH exige una nueva generación de indicadores, por ello,
hemos pasado de medir el IDH (“índice que mide el promedio de tres dimensiones:
una vida larga y saludable, el conocimiento y un nivel de vida decente” [Informe
2020]), a medir el IDHP, es decir, el índice de desarrollo humano ajustado a las
presiones planetarias. Esto significa que el IDH se relaciona con el nivel de emisiones
de dióxido de carbono y la cantidad de materia prima que se extrae en el mundo hasta
lograr la demanda final de consumo, con la finalidad de tener en cuenta la presión que
la actividad del hombre ejerce sobre el planeta.
Lógicamente los que dependan de los recursos naturales, aquellas personas que vivan
del sector agrícola y ganadero, de los recursos del mar o de los recursos forestales y
ello, a su vez, repercutirá en los alimentos y en el agua.
las más altas en países con desarrollo humano muy alto (más del 20%). Sin
embargo, en los países con desarrollo humano bajo, más de la mitad de las
mujeres vive de la tierra, en comparación con tan solo el 3,4% en los países con
desarrollo humano muy alto. La legislación y las restricciones sobre la propiedad
de la tierra actúan como un mecanismo discriminatorio que agrava estas
desigualdades. Incluso cuando existen leyes que regulan este tema, es posible
que no se hagan cumplir (Informe de Naciones Unidas, 2020).
Las consecuencias de las desigualdades que sufren las mujeres tienen graves
consecuencias porque la propiedad y la gestión de la tierra determinan la producción
y, en consecuencia, la prosperidad de la familia.
Dado que las mujeres tienen mayor probabilidad de atender las necesidades
nutricionales y educativas de sus hijos, la propiedad de la tierra les brinda un
mayor poder de negociación en sus hogares para tomar decisiones beneficiosas
en favor de las capacidades de sus familias a largo plazo. Los datos obtenidos en
Colombia y la India indican que la seguridad financiera y la propiedad de la tierra
mejoran la seguridad de las mujeres y reducen el riesgo de que sufran violencia
de género. Por lo tanto, está claro que la propiedad de la tierra puede
empoderar a las mujeres (Informe de Naciones Unidas, 2020).
Los nuevos indicadores que van a medir el IDH van a estar condicionados por el IDHP,
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el índice ajustado a las presiones que se ejercen sobre el planeta, y en esos procesos,
ante el papel y las desigualdades que sufren las mujeres, va a ser necesario pensar y
repensar en la población a la que se dirigen, por ejemplo, los proyectos de desarrollo.
Es de imperiosa necesidad identificar de forma correcta a la población en la que se va a
intervenir y ajustar las acciones y propuestas con una mirada de género con el fin de
corregir las asimetrías de poder que existen.
Dice Marcela Lagarde (2012) que cada persona es ejemplar y “al vivir, al ser, al existir
se educa y educa, redefine y modifica el entorno. Educar en los derechos humanos con
perspectiva de género es vivir en esa perspectiva en todo tiempo y lugar”. Pero, ¿qué
es?, ¿qué significa la perspectiva de género? Para definir el concepto vamos a seguir el
glosario elaborado por Senescyt y el glosario de género del Instituto Nacional de las
Mujeres de México.
En ello, también coincide el glosario de género del Instituto Nacional de las mujeres de
México que, a su vez, entiende que este enfoque cuestiona todos los estereotipos con
los que las sociedades educan a hombres y mujeres. Al aplicar la perspectiva de género
se favorece realizar acciones que puedan reducir las desigualdades. Acciones como,
por ejemplo, equilibrar las actividades que realizan hombres y mujeres tanto en el
ámbito público como privado, pero, sobre todo, en las actividades que tienen que ver
con la crianza y educación de la prole o el cuidado de la familia; fortalecer la decisión
de las mujeres o modificar las estructuras que generan las desigualdades.
Para la Ley General de Acceso de las mujeres a una vida libre de violencia de México
(2007), la perspectiva de género es “una visión científica, analítica y política sobre las
mujeres y los hombres” que pretende hacer desaparecer las causas que generan las
desigualdades entre hombres y mujeres y que ambos tengan los mismos derechos y
oportunidades para acceder a “los recursos económicos y a la representación política y
social en los ámbitos de toma de decisiones” (Título 1°, capítulo 1°, Artículo 5, Inciso
IX). Por ejemplo, los indicadores del milenio miden cómo van a avanzando los objetivos
de desarrollo que deben cumplir los países. Una mirada desde la perspectiva de género
permite identificar qué es lo que no se está realizando correctamente desde las
políticas públicas.
de ser discriminadas por ser mujeres también lo eran por ser negras o por ser pobres.
El término interseccionalidad se ha utilizado habitualmente para expresar la relación
entre las categorías de sexo, raza y clase.
variables de análisis que permiten observar la situación que tienen las mujeres y los
hombres en la sociedad o en el grupo que vayamos a estudiar. De hecho, cuando
desagregamos los datos estadísticos, por ejemplo, por sexo, es un indicador que
permite ver otros indicadores que explican la realidad social que estemos o
necesitemos estudiar y analizar.
En resumen, este tipo de análisis nos va a permitir ver los problemas que sufren las
mujeres y que socialmente se mantienen silenciados, o ver las presiones patriarcales
que sufren las mujeres, para poder aplicar acciones que ayuden a transformar las
sociedades desiguales en las que nos desenvolvemos. Aplicar la perspectiva de género
ayuda a evitar las generalizaciones que se utilizan para diferenciar la igualdad formal
(la contemplada en las leyes) y la igualdad real traducida en desigualdades.
Si el trabajador social lo que pretende, y por tanto tiene como meta profesional, es
transformar la sociedad y lograr una sociedad más justa e igualitaria, tendrá que
aplicar la perspectiva de género en todas sus investigaciones y en todos sus planes de
intervención. Es decir, existen razones políticas para aplicar la perspectiva de género
en cualquier intervención desde el trabajo social. Estas razones tienen que ver con los
marcos jurídicos nacionales e internaciones, y tal y como hemos visto en lecciones
anteriores, Ecuador cuenta con un marco regulatorio nacional y ha suscrito las
Convenciones y los Acuerdos internacionales. Los lineamientos políticos han
reconocido la igualdad de género como una prioridad de la intervención social. Para
lograr cumplir los objetivos del milenio y, concretamente, los objetivos de Desarrollo,
hay que coordinar acciones y trabajar por la igualdad de género porque sin esa
igualdad tampoco se puede construir una sociedad sostenible.
También existen razones éticas porque la igualdad de género, tal y como hemos visto
en esta asignatura, es un tema de derechos humanos, por lo tanto, se trata de justicia
social. Y, por último, existen razones de eficacia, porque no se puede pensar en
desarrollo social cuando el trabajo de mitad de la población está infrautilizado.
Por todo ello, todas las intervenciones sociales deben diseñarse con perspectiva de
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género, sea cual sea el sector con el que se trabaje: enfermos, migrantes, adultos
mayores, población infantil y juvenil, personas desempleadas, personas empobrecidas,
trabajadoras sexuales, minorías étnicas, mujeres víctimas de violencia de género, etc.
Una vez recogida la información, tanto la cualitativa como la cuantitativa, hay que
realizar un análisis de datos diferenciados por sexo, de tal manera que se pueda
observar, por ejemplo, quiénes controlan los recursos de la familia, qué posición
ocupan hombres y mujeres en el contexto, cuáles son sus roles, cómo es la división del
trabajo, y, entre otros, qué necesidades presentan mujeres y hombres.
Según el proyecto Sendotu, que está financiado por el Fondo Social Europeo e
instituciones públicas y privadas del País Vasco (España), con la finalidad de fomentar
la inclusión social y la igualdad de género, “todos los componentes de la intervención
social se ven afectados por la construcción de género”. Se ven afectados los equipos de
personas que participan en el diseño y proceso de la intervención, porque “en ningún
caso, son personas ajenas al papel social que se les asigna por el hecho de ser hombres
o mujeres” (Sendotu, 2010). Se ven influenciados los objetivos de la intervención, así
como los contenidos y las estrategias. Quiere decir que una intervención aplicada sin la
perspectiva de género puede fomentar las desigualdades que se pretenden eliminar
haciéndolo consciente o inconscientemente. Por último, también influye en las
personas que son destinatarias de la misma intervención porque el proceso sirve como
una toma de conciencia de las desigualdades que socialmente se sostienen.
La diversidad. Debe entenderse que las grandes protagonistas de los cambios que
rompen las desigualdades también son las mujeres, pero hay que comprender que
existe una diversidad de percepciones, destrezas y necesidades que exigen soluciones
diversas y colectivas, sobre todo cuando las mujeres coinciden en el cómo afrontar los
problemas y las desigualdades detectadas.
A veces las dificultades nacen desde las propias mujeres que no quieren que se aplique
la perspectiva de género, porque tienen muy interiorizados los estereotipos de género
o por entender que al aplicar la perspectiva de género se deja fuera a los hombres.
3. Préguntas dé Comprénsion dé la
Unidad
¿Cuál fue el enfoque de desarrollo que caracterizó a Naciones Unidas en los años 80?
A una etapa geológica que, según algunos científicos, le sigue a la etapa geológica
actual que se denomina Holoceno. El daño que hemos hecho sobre el planeta ha sido
tan grande que los científicos consideran que hemos entrado en un período geológico
diferente. Esta nueva etapa ha influido en la concepción del desarrollo mundial, por lo
que, según el informe del desarrollo humano de 2020, se incrementaron los
indicadores para relacionar el desarrollo humano “aliviando las presiones planetarias”.
¿Qué significa la perspectiva de género según la Ley General de Acceso a las Mujeres
a una vida libre de violencia de México de 2007?
Es “una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres” que
pretende hacer desaparecer las causas que generan las desigualdades entre hombres y
mujeres y que ambos tengan los mismos derechos y oportunidades para acceder a “los
recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de
decisiones” (Título 1°, capítulo 1°, Artículo 5, Inciso IX).
4. Matérial Compléméntario
Los siguientes recursos complementarios son sugerencias para que se pueda ampliar la
información sobre el tema trabajado, como parte de su proceso de aprendizaje
autónomo:
Videos de apoyo:
Bibliografía de apoyo:
Género y desarrollo
Links de apoyo:
ONU Mujeres
© Universidad Estatal de Milagro – UNEMI
5. Bibliografía