DIALÉCTICA.
¿QUÉ ES LA DIALÉCTICA?
por Milcíades Peña
Milcíades Peña, Introducción al pensamiento de Marx (Notas inéditas de
un curso de 1958), Ediciones El cielo por asalto, Buenos Aires, 2004.
La dialéctica es un enfoque que trata
de captar toda la realidad
exactamente como es, y a la vez
como debiera ser, de acuerdo a lo que
ella misma contiene en potencia.
La dialéctica reestructura nuestro
pensamiento sobre la realidad
reemplazando la noción del sentido
común de 'la cosa' por una noción
donde la cosa tiene una historia y
tiene conexión externa con otras
cosas.
La dialéctica significa conocer las
cosas concretamente, con todas sus
características, y no como entes
abstractos, vacíos, reducidos a una o
dos características.
Por eso la dialéctica significa ver las
cosas en movimiento, es decir, como
procesos; por eso la dialéctica
descubre y estudia la contradicción
que hay en el seno de toda unidad, y
la unidad a la que tiende toda
contradicción.
El pensamiento formal común, que
tiene su coronación en la lógica
formal, tiende a despojar a la realidad
de su inmensa riqueza de contenido,
de su infinita complejidad, y reduce
todo a esquemas y fórmulas vacías
de contenido.
Por eso la lógica formal dice "toda
cosa es igual a sí misma" y dice
también "una cosa es o no es". Así se
ahorra el trabajo de tomar en cuenta
que en la realidad viva toda cosa a la
vez es y no es, porque en todo hay
movimiento; y toda cosa es igual a sí
misma pero a la vez es distinta de sí
misma, porque en su seno hay
diferencias, y al haber diferencias hay
el germen de contradicciones.
Tomar en cuenta esta realidad, no
renunciar a su conocimiento ni
falsear su conocimiento olvidando la
riqueza del contenido real,
contentándose con conocer partes
aisladas y disociadas excepto de una
o dos características; al contrario,
penetrar a fondo en la realidad,
captarla tal cual es, con su infinita
complejidad, con su inagotable
riqueza de contenidos, eso es
dialéctica.
La realidad es maravillosa e
infinitamente rica en complejidad, en
contradicciones, en movimiento. Hay
dos enfoques para conocerla:
1. el enfoque más elemental, más
simple: el enfoque del pensamiento
común. Este enfoque dice: la realidad
es demasiado compleja; no puedo
captarla tal cual es, porque entonces
no entiendo nada. Para entenderla
tengo que tomar las cosas una por
vez, separándolas, poniéndolas una
al lado de otra, evitando que se
mezclen o cambien de lugar o se
transformen. Este pensamiento, que
es abstracto, es decir, que separa,
que desgaja lo que en realidad está
unido, es el pensamiento formal
abstracto.
2. Por el contrario, hay un enfoque
que trata de captar la realidad tal cual
es: rica, contradictoria, móvil. Este
enfoque no se conforma con entender
la realidad en partes y vaciada de
contenido; al contrario, exige
aprehender a la realidad con todo lo
que ella tiene. Este enfoque es
precisamente el pensamiento
dialéctico.
Con esto, queda dicho que la dialéctica
no se reduce en modo alguno a la serie
de "leyes" que los manuales presentan
como dialéctica: la transformación de la
cantidad en calidad, la unidad de los
contrarios, etc.
Estas son solamente algunas partes
de la dialéctica, que es la lógica, y
nada más que partes. Y ponerlas
separadas del conjunto, como
recetas a aplicar a la realidad, es lo
más antidialéctico que pueda
concebirse.
Recién entramos en el terreno de la
dialéctica cuando nos esforzamos por
comprender cuándo, dónde y en qué
condiciones una cantidad se transforma
en calidad, o un polo se transforma en su
opuesto, etc. Es decir, sólo entramos en
el terreno de la dialéctica cuando nos
esforzamos por captar la realidad viva,
en su totalidad, con su movimiento, sus
contradicciones y sus mutaciones.
El hombre primitivo pensaba
dialécticamente porque pensaba en
concreto, es decir, veía las cosas
como totalidades, en el conjunto, con
toda la riqueza de su contenido.
Para el hombre primitivo, en cada
elemento de la realidad se
encuentran lo uno y lo múltiple, el
quietismo y el movimiento, la
identidad y la diferencia.
Por eso el lenguaje del hombre
primitivo pinta y describe a la realidad
en toda su riqueza: el primitivo no
dice "esto" en abstracto, dice "esto
que toco", "esto que está muy cerca",
"esto que está de pie" o "esto que
está al alcance de mi vista".
El primitivo no entiende cosas
aisladas; ve situaciones, conjuntos,
totalidades. Del mismo modo, los
niños pequeños no entienden letras,
pero entienden palabras, es decir,
conjuntos concretos que tienen un
sentido.
Pero cuando la humanidad comenzó
a dominar la naturaleza y a conocerla
mejor, pudo y debió crearse una
formidable herramienta intelectual,
que es el concepto abstracto.
El hombre pudo dejar de ver las cosas
en su totalidad, pudo
descomponerlas en partes, pudo
analizarlas, pudo hacer abstracción.
El hombre aprendió a decir "este" en
abstracto y "este árbol", sin decir
"este árbol verde aquí sobre la colina"
como decía el primitivo.
Así, desmenuzando la realidad en
partes, pudo avanzar el
conocimiento. Así avanzaron las
ciencias naturales. La lógica formal,
con su afirmación de que una cosa es
o no es, coronó esta aspiración del
pensamiento abstracto y fue un
formidable paso adelante... pero a la
vez un formidable paso atrás.
Un formidable paso adelante porque
permitió aplicarse al análisis
minucioso de los elementos y partes
integrantes de la realidad; permitió el
estudio intensivo de los mismos y
aportó así la inmensa masa de
conocimientos que constituyen las
ciencias naturales.
Pero el pensamiento abstracto y la
lógica formal significaron también un
formidable paso atrás, en el sentido
de que se perdió para muchos siglos
esa riqueza que caracterizaba el
pensamiento del primitivo, esa
frescura de la capacidad para
aprehender la realidad como es,
como un todo complejo y cambiante,
lleno de cualidades y atributos.
La dialéctica recupera para el
pensamiento esa riqueza de
contenido, esa creación, esa frescura
del pensamiento del hombre
primitivo, pero le incorpora el rigor, la
precisión, la exactitud que han
aportado siglos de pensamiento
abstracto y lógica formal.
"La verdad está en la totalidad", dice
Hegel. Es decir, la idea verdadera es
superación de las verdades limitadas
y parciales, que se transforman en
errores al considerarlas inmóviles.
Sólo la captación de la totalidad,
donde se unen lo idéntico y lo
distinto, la quietud y el movimiento, lo
uno y lo múltiple –es decir, sólo la
captación de lo concreto-, sólo eso
nos muestra la verdad.
La lógica formal dice que toda cosa
es idéntica consigo misma. Pero para
esto es preciso que sea diferente de
todas las demás, de modo que la
identidad más pura supone ya la
diferencia, pero la lógica formal no
toma nota de esto.
El hecho de que la identidad, aun la
identidad más abstracta, contiene en
sí la diferencia, se revela en todo
juicio en que el predicado es distinto
del sujeto. Al decir, por ejemplo, la
rosa es roja, decimos que la rosa, sin
dejar de ser una rosa, es roja, vale
decir, algo distinto que la rosa.
Por eso explica Hegel que "quien
postula que no existe nada que lleve
dentro de sí la contradicción, como la
identidad de los contrarios, postula,
al mismo tiempo, que no existe nada
vivo. Pues la fuerza de la vida consiste
precisamente en llevar dentro de sí la
contradicción, es soportarla y
superarla. Este poner y quitar de la
contradicción de unidad ideal y
disgregación real de los términos
forma el proceso constante de la vida,
y la vida no es más que como
proceso".
Y en otro lugar dice Hegel: "nada hay
en lo que no se pueda y se deba
mostrar la contradicción, es decir, las
determinaciones opuestas; el
abstraer del intelecto es el aferrarse
violentamente a una determinación,
un esfuerzo para oscurecer y alejar la
conciencia de la otra determinación
que allí se encuentra"
Y más adelante: "la proposición que
expresa la identidad es: toda cosa es
idéntica a sí misma: A=A, y
negativamente, A no puede ser a la
vez A y no-A. Esta proposición, en vez
de ser una verdadera ley del
pensamiento, no es sino la ley del
intelecto abstracto.
El hablar, según la ley de la verdad (un
planeta es... un planeta; el
magnetismo es... magnetismo; el
espíritu es... el espíritu) pasa, con
plena razón, como un hablar
estúpido, y ésta sí que es una
experiencia universal" (Lógica,
parágrafo 115).
Hemos dicho que la dialéctica es
pensamiento concreto, y hemos
señalado las limitaciones del
pensamiento abstracto. ¿Qué quiere
decir "pensamiento abstracto"?
Oigamos a Hegel: "¿Quién piensa en
abstracto? El hombre inculto, no el
culto.
EJEMPLO:
Un asesino es conducido al cadalso.
Para el pueblo común no es otra cosa
que un asesino. Tal vez las damas, al
verlo pasar, comenten su aspecto físico,
digan que es un hombre fuerte, hermoso,
interesante. Al escuchar esto, el hombre
de pueblo exclamará indignado: ¡Cómo!
¡Un asesino hermoso! Un conocedor del
hombre tratará de indagar la trayectoria
seguida por la educación de este
criminal; descubrirá tal vez en su
historia, en su infancia o en su primera
juventud, o en las relaciones familiares
del padre y de la madre; descubrirá que
una ligera transgresión de este hombre
fue castigada con una fuerza exagerada
que le hizo rebelarse contra el orden
existente, que lo hizo colocarse al
margen de este orden y acabó
empujándolo al crimen para poder
subsistir".
Pues bien; pensar así, ver todo el
proceso con todos sus elementos, es
pensar en concreto. En cambio,
pensar en abstracto es el
pensamiento vulgar, que no ve en el
asesino más que esa nota única y
aislada, abstracta, la de que es un
asesino, de tal modo que esta simple
cualidad destruye y no deja ver
cuánto hay en él de naturaleza
humana.
El materialismo dialéctico desconoce
el dualismo de medios y fines. El fin
se deduce naturalmente del
movimiento histórico mismo. Los
medios están orgánicamente
subordinados al fin. El fin inmediato
se convierte en medio del fin ulterior.
En su drama Franz von Sickingen,
Ferdinand Lasalle pone las palabras
siguientes en boca de uno de sus
personajes:
No muestres sólo el fin, muestra
también la ruta. Pues el fin y el camino
tan unidos se hallan que uno en otro se
cambian y cada ruta descubre un nuevo
fin.
La interdependencia del fin y de los
medios está expresada, en el caso de
los versos reproducidos, de un modo
enteramente exacto. Es preciso
sembrar un grano de trigo para
cosechar una espiga de trigo" (Su
moral y la nuestra).
DIALÉCTICA DEL
CONOCIMIENTO.
Fernando Antonio F A S G Salas Granado
Santa Ana de Coro, 6-12-2020.
La dialéctica, desde Hegel, “Constituye la
naturaleza y estructura de lo real, y por
ello el modo de proceder del
conocimiento”.
La pertinencia del conocimiento se
encuentra precedente en la mente,
permitió a Platón explicar la variedad del
conocimiento intelectual de los
individuos, donde él consideraba que
cada uno de nosotros tenemos una
mezcla de cualidades que nos
diferencian.
De esta manera, la estructura y esencia
de la dialéctica es imbricada en la
postura conservadora-tradicional de
Platón y Aristóteles, donde la autoridad
del maestro consiste en impartir a sus
alumnos el conjunto requerido de las
asignaturas, donde no les prestan
atención a las diferencias individuales o a
los intereses de las personas.
Su postulado estaba centrado en que “
La educación queda separada de la vida
exterior y lo primordial es prepararlos
para el futuro, el enriquecimiento del
conocimiento que deben adquirir y deben
omitir son las nociones del desarrollo de
las potencialidades y autorrealización”.
En esta postura conservadora, ellos
consideraban que el conocimiento
utilitario práctico, se consideraba
apropiado, para aquel sector con
escasos o ningún recurso, quienes
recibirían un mínimo de educación, pues
el plan formativo completo, sólo está
disponible para los intelectualmente
dotados.
La tradición filosófica griega de Platón,
consideraba que “El universo posee un
principio de equilibrio o armonía que
mantiene la continuidad frente al cambio
y la diversidad, alegando que los
fenómenos se hallan en un proceso
constante de mutación, son individuales,
atemporales y absolutos”.
Este momento abstracto e intelectual,
que solía interpretar como una
afirmación, una realidad, un concepto;
lleva en su esencia una paradoja, que la
realidad formativa no es estática, sino
dinámica.
La dialéctica del conocimiento, es vital en
la razón humana porque reproduce en el
pensamiento, el análisis que le da forma
a una realidad de una manera objetiva,
por lo tanto, no se basa en falsedades, ni
falacias, sino en el contexto mismo y en
el reconocimiento de la dinámica, el
movimiento permanente e intercambio de
experiencias.
Los prototipos de cada individuo están
contemplados en mantener un equilibrio,
propuesto por Sócrates, quién indicaba
que “ La enseñanza es en realidad la
práctica de la tocología psíquica”, donde
la postura del maestro es conductista, en
formular las preguntas, estimular a los
alumnos, para que ordenen sus ideas de
tal manera, que logren producir un
resultado pertinente.
En los albores del siglo XVIII, las ideas
de Rosseau y Dewey, son el modelo
liberal y progresista para la difuminación
de la enseñanza-aprendizaje, donde los
intereses y necesidades de quienes
desean obtener un conocimiento práctico
e instrumental; el papel del educador es
fomentar el desarrollo de las
potencialidades individuales, no en
imponer un patrón preconcebido, deben
ser guías más que una figura autoritaria
Napoleónica.
En colación a este período de
introducción, correspondiente a la
infancia, apenas el conocimiento
comienza a crecer paulatinamente, sería
una etapa crucial en el presente
inmediato, para consolidar las bases del
futuro de un producto que estará
fuertemente influenciado por lo que
ocurra.
En la etapa de crecimiento, madurez y,
declinación, es habitual en las personas
hoy en día, buscan el crecimiento y las
oportunidades de desarrollo, no todos se
plantean la promoción y continuidad de
los estudios como un objetivo primordial,
esto no significa que estén equivocados,
como en todo proceso existe la
diversidad y, esto es normal.
Algunos prefieren permanecer donde
están, quizás les gusta su trabajo, su
situación geográfica, recibir bonos, tomar
conciencia de que no todo el mundo
tiene las mismas ambiciones
profesionales, lo que conlleva a tener
algunas implicaciones para la gestión del
conocimiento.
Por lo tanto, deberíamos preguntar:
¿Que una persona quiera permanecer en
su puesto no significa que no tenga
ambición? ¿Cuáles son las ambiciones
profesionales de las personas?
¿Permanecer en un puesto de trabajo,
significa estar estancado? ¿Las
oportunidades de desarrollo y
aprendizaje pueden ser importantes
también para los trabajadores que
quieren permanecer en su puesto?
¿Pueden ampliar su papel estático y
dejar su estado de supuesto confort para
contribuir de otras maneras? ¿Pueden
asumir el papel de liderar una iniciativa
de emprendimiento? ¿Cuál es el
conocimiento más valioso? ¿Es valiosa
la educación por sí misma o es sólo un
medio para un fin ulterior? ¿Cuál es el rol
de los académicos? ¿Tiene sentido en la
educación el término Libertad? ¿Acaso
las personas deben adquirir valores
morales en su formación académica o en
el hogar?, etc. etc.
Jhon Dewey, rechazó todo el dualismo
fenomenológico (es el
estudio filosófico del mundo en tanto se
manifiesta directamente en la conciencia;
el estudio de las estructuras de la
experiencia humana) de la mente e
insistió que la educación es “La solución
inteligente de los problemas actuales, en
un ambiente práctico y no por método del
pensamiento científico no reflexivo”.
Por lo anteriormente expuesto, desde la
perspectiva fenomenológica, es esencial
para la concepción del paradigma
científico cualitativo, la forma como se
aprende, la esencia de la enseñanza, la
interpretación obtenida de las personas
como producto del modo en que definen
su entorno.
Nuestro medio ambiente, está
conformado de innumerables variables
físicas y etéreas, que poseen una
arquitectura, un plan deliberado, como
las venas de las hojas, la imbricación de
los pétalos de una flor, la transmisión
racional, intencional, de la experiencia y
el pensamiento a los demás, donde
requerimos de un sistema mediatizador,
el prototipo del lenguaje humano hecho
de la necesidad de intercomunicación
diaria.
La dialéctica del conocimiento, es
fehaciente para influir en el
comportamiento de las personas, a
través de las experiencias y sentimientos
que se construyen, con dinamismo,
incentivando el compromiso y la fidelidad
de las personas, para dar continuidad a
una funcionalidad social, flexibilizando el
pensamiento crítico y las habilidades
para solucionar problemas, en un
entorno vivencial con interacciones
complejas, de contextos, objetos, metas,
reglas, condiciones y muchos retos.
LEYES DE LA
DIALÉCTICA
Flor Estrada
Principalmente estas leyes explican las
relaciones dialécticas que existen entre
los fenómenos existentes en la realidad.
Todas las leyes descritas en los textos
hablan de cómo se da el desarrollo en el
mundo en el que vivimos. Tanto la ley de
tránsito de los cambios cuantitativos en
cualitativos, la de unión y lucha de
contrarios como la de negación de la
negación tienen como consecuencia
inminente el movimiento, el desarrollo.
La primera ley: Ley de tránsito de los
cambios cuantitativos en cualitativos:
explica el movimiento de manera que los
cambios cuantitativos se acumulan hasta
llegar a uno cualitativo. Este cambio
cualitativo es el perceptible, es el avance,
el movimiento, el desarrollo. Al existir
este cambio cualitativo que es notable es
que existe todo avance o evolución que
tienen los objetos y los fenómenos. Sin
estos cambios todo quedaría estático, no
habría retroceso pero tampoco avance;
no existiría el movimiento.
Por ejemplo, un metal puede aguantar
cierto incremento de calor que va
aumentando poco a poco. Pero llega un
momento en el que la capacidad del objeto
rebasa su límite y este se funde; el aumento
del calor (el cambio cuantitativo que
aumentaba) llega a un punto en el que hace
un cambio abrupto cualitativamente.
Los cambios cuantitativos se producen de
manera lenta, progresiva, van creciendo
poco a poco. Mientras los cambios
cualitativos tienen transformaciones
abruptas, se producen de un momento a
otro, cambios notables y grandes. El
desarrollo se expresa al unirse la
continuidad y discontinuidad. La primera es
una fase de acumulaciones cuantitativas
que no son perceptibles y se acumulan
como a poco. La discontinuidad expresa los
cambios cualitativos significativos y
radicales, que ya son perceptibles y se
producen de manera rápida, a diferencia de
los cuantitativos. Estas dos fases son
distintas pero interdependientes la una de la
otra.
Como ejemplo podemos tomar la
evolución progresiva del hombre desde
la primera especie registrada: los homo
sapiens. Estos fueron reproduciéndose
cuantitativamente y con el paso del
tiempo se dieron en miles de años
cambios cualitativos en la estructura del
esqueleto hasta llegar a ser lo que es el
humano hoy en día.
La segunda Ley: Ley de la unidad y
lucha de contrarios
La segunda ley data como existen
contrarios y como estos se excluyen,
pero a la vez necesitan el uno del otro
para su existir. Explica como en esta
lucha de contrarios puede llegar a tal
punto de contradicción que la misma
disputa se resuelva, se forme un todo
como solución y de esta parta una nueva
disputa con otro contrario nuevo. La base
del desarrollo en esta ley también
proviene de como los contrarios pueden
pasar a ser su opuesto y viceversa, de
esta manera pueden ser aquel a que
repudian o excluyen, pero el cual es
indispensable para su existencia.
Por ejemplo, un átomo tiene partículas
positivas como negativas. Al querer
eliminar una de las dos resulta imposible,
pues conforman el todo del átomo y sin
ellas el átomo deja de ser lo que es, se
convierte en algo más. Si se desea
suprimir uno y conservar la esencia del
átomo; se debe suprimir la contraparte
también. Los contrarios se dice que son
entonces “condiciones de su existencia
recíproca” que significa que la existencia
de uno depende del otro, sin el deja de
existir.
Por ejemplo, si un objeto está en un
lugar; existe un lugar vacío en el que
este no está, pero a su vez este puede
moverse, cambiar su lugar a uno
diferente. La lucha es acá, del espacio
en el que esta y en el que no está, pero
así como el objeto puede moverse y
transformar un lugar en el otro; este
nunca podrá estar en dos lugares al
mismo tiempo. Es una relación dialéctica,
en la que sin el objeto los dos lugares
serán espacios vacíos, no existiría la
contradicción misma.
La tercera y última ley de la dialéctica,
la negación de la negación:
explica básicamente como es que surgen
nuevas y mejores cosas de todos los
fenómenos y objetos. Esta expone como
el proceso natural de los objetos, que en
algún punto llega a la caducidad o a la
destrucción son el punto clave del
desarrollo. Al dejar de existir o de servir
cualquier objeto, uno nuevo y mejorado
lo reemplaza; este nuevo objeto
conserva la esencia y lo importante del
objeto anterior, pero siempre
superándolo y progresando en el grado
de funcionalidad. A la vez, esta mejora
en algún punto será negada por otra,
continuando la línea del desarrollo en el
que otro venga a superar a esta mejorar
ya creada y así sucesivamente.
Por ejemplo: un teléfono celular de hace
más de 20 años, aún tiene la función vital
de realizar llamadas telefónicas, pero no
posee las grandes capacidades de los
celulares actuales. Por esta razón el
teléfono antiguo pierde su valor y es
reemplazado por el nuevo modelo.
También podemos observar el cambio
del esclavismo al capitalismo; en el que
se dan mejorías significativas y notables,
pero que conservan todos aquellos
aspectos positivos que ayudan al
desarrollo y que funcionan en la
sociedad. A la vez, el capitalismo es
negado más adelante por el comunismo
y el socialismo proporcionando un
desarrollo progresivo al modo de
producción pero que sigue conservando
aquellos aspectos “buenos” o
beneficiosos que tiene.