La Revolución Rusa (1917)
La Revolución Rusa de 1917 es uno de los eventos más trascendentales del siglo XX,
marcando el fin de la dinastía Romanov y el ascenso del comunismo bajo el liderazgo de
los bolcheviques. La revolución se desarrolló en dos fases principales: la Revolución de
Febrero y la Revolución de Octubre, cada una con causas y consecuencias distintas pero
interrelacionadas.
Antecedentes y Causas
El contexto de la Revolución Rusa se sitúa en un Imperio Ruso desgastado por la
autocracia zarista, la guerra y la miseria. A principios del siglo XX, Rusia era un país vasto
pero atrasado en términos industriales y sociales, con una gran parte de su población
viviendo en condiciones de extrema pobreza. La Revolución de 1905, aunque reprimida,
había dejado una huella profunda en la sociedad rusa, demostrando la vulnerabilidad del
régimen zarista.
La insatisfacción con la autocracia zarista había estado en aumento durante años. Los
campesinos, que constituían la mayoría de la población, sufrían bajo un sistema de
servidumbre virtual y enfrentaban condiciones de vida extremadamente duras. Los
obreros industriales, aunque más pequeños en número, también estaban descontentos
debido a las malas condiciones de trabajo, los bajos salarios y la falta de derechos
laborales.
Los intentos de reforma, como la creación de la Duma (parlamento) tras la Revolución de
1905, resultaron insuficientes. La Duma tenía poderes limitados y el zar Nicolás II no
estaba dispuesto a ceder poder real. Además, las crecientes demandas de las
nacionalidades no rusas dentro del Imperio, que buscaban mayor autonomía o
independencia, añadían otra capa de tensión.
La Primera Guerra Mundial exacerbó las tensiones. Rusia sufrió enormes pérdidas
humanas y materiales, lo que aumentó el descontento popular. La incompetencia del zar
Nicolás II y su corte en la gestión de la guerra y la economía debilitó aún más su
autoridad. El ejército, mal equipado y desmoralizado, enfrentó derrotas humillantes en el
frente. Además, la participación de la zarina Alejandra y su asesor, el místico Rasputín, en
los asuntos de estado generó escándalo y desconfianza.
Revolución de Febrero
La Revolución de Febrero comenzó con manifestaciones espontáneas en Petrogrado
(actual San Petersburgo) en marzo de 1917 (febrero en el calendario juliano entonces
vigente en Rusia). Las huelgas y las protestas por la falta de pan y las duras condiciones
de vida se intensificaron rápidamente. Las tropas enviadas para reprimir a los
manifestantes terminaron uniéndose a ellos, y el desorden se convirtió en una
insurrección masiva.
El 15 de marzo de 1917, Nicolás II abdicó, poniendo fin a más de tres siglos de dominio
de los Romanov. Se estableció un gobierno provisional, liderado inicialmente por el
príncipe Georgy Lvov y más tarde por Alexander Kerensky, con la esperanza de
establecer un régimen democrático. Sin embargo, el gobierno provisional enfrentó
múltiples desafíos: la continuación de la guerra, la falta de reformas agrarias y la creciente
influencia de
ión de monárquicos, capitalistas y otros socialistas moderados (blancos), apoyados por
potencias extranjeras. Los bolcheviques, gracias a su organización superior y la brutal
eficacia del Ejército Rojo bajo Leon Trotsky, finalmente prevalecieron.
Durante la guerra civil, los bolcheviques implementaron el "Comunismo de Guerra", una
serie de políticas económicas y sociales diseñadas para mantener el esfuerzo de guerra y
consolidar el control sobre la economía. Esto incluyó la nacionalización de industrias, la
requisición de granos a los campesinos y la centralización de la producción. Aunque estas
medidas permitieron a los bolcheviques sostener el esfuerzo de guerra, también
generaron un gran descontento y hambre entre la población.
Tras la victoria en la guerra civil, los bolcheviques enfrentaron la tarea de reconstruir un
país devastado. Lenin introdujo la Nueva Política Económica (NEP) en 1921, que permitía
una cierta liberalización económica, como la propiedad privada limitada y el comercio
privado, para revitalizar la economía. Esta política tuvo cierto éxito en estabilizar la
situación económica y mejorar las condiciones de vida.
Consecuencias y Legado
La Revolución Rusa transformó profundamente la estructura política y social de Rusia. La
victoria bolchevique llevó al establecimiento de la Unión Soviética en 1922, un estado
socialista que perduraría hasta 1991. Bajo el liderazgo de Lenin y, más tarde, de Joseph
Stalin, el país experimentó una rápida industrialización, colectivización de la agricultura y
una estricta centralización del poder. Estas políticas, aunque modernizaron la economía,
también resultaron en un costo humano enorme, incluyendo hambrunas y purgas
políticas.
La revolución inspiró movimientos comunistas en todo el mundo, influyendo en la política
global durante gran parte del siglo XX. La lucha de clases y la ideología marxista-leninista
se convirtieron en fuerzas motrices de numerosos movimientos y conflictos
internacionales.
El impacto de la Revolución Rusa fue profundo y duradero. No solo transformó Rusia, sino
que también tuvo repercusiones en todo el mundo. El ascenso de la Unión Soviética como
una superpotencia global influyó en la política internacional, contribuyendo a la
polarización de la Guerra Fría. Las ideas de la revolución inspiraron movimientos
comunistas y antiimperialistas en Asia, América Latina y África, cambiando el curso de la
historia en muchas regiones.
En conclusión, la Revolución Rusa de 1917 no solo marcó el fin de la autocracia zarista y
el comienzo del comunismo en Rusia, sino que también alteró el curso de la historia
mundial, dejando un legado de profundas transformaciones y conflictos que continúan
resonando en el presente. La revolución y sus consecuencias son objeto de estudio y
debate continuo, reflejando su importancia en la configuración del mundo moderno.