AA LLEGA A SU MAYORÍA DE EDAD. PAGS. 156-159.
¿No es verdad que la mayoría de nosotros fuimos víctimas de relaciones paternas defectuosas?
No lo digo en forma peyorativa; pero ¿no es verdad para la mayoría de nosotros los alcohólicos
que nuestros padres adoptaron una de las siguientes alternativas: o se retiraron demasiado
pronto y nos dejaron sueltos antes de tiempo o por el contrario nos abrumaron y nunca nos
dejaron llegar a la mayoría de edad? ¿Y cuando nosotros los alcohólicos contrajimos
matrimonio, no fue debido a nuestra incapacidad el hecho de que forzamos nuestras esposas o
nuestros esposos para que se convirtieran en nuestras madres o padres? Estas fueron
relaciones paternales defectuosas, que siempre perjudicaron nuestro crecimiento y nuestra
posibilidad de vivir en comunidad. Es por consiguiente, el deber de cada padre de familia decir
cuando llegue el momento, aquí está nuestra experiencia aglutinada en esta familia. Esta es su
herencia. A ustedes corresponde multiplicarla o evaporarla. Se las entregamos. Salgan a buscar
la vida. Nosotros permaneceremos aquí. Estamos dispuestos a ayudarlos cuando existan
grandes dificultades. Pero ahora ustedes son los dueños de sus vidas. No podemos continuar
decidiendo ni actuando por ustedes ni protegiéndolos. Lo único que podemos hacer es amarlos
con todos nuestros corazones. El resto lo dejamos a Dios y a ustedes mismos”. Cuando los
padres dejan de hacer esto, casi inevitablemente están sembrando las semillas de la miseria.
Supongo que cuando los hijos han crecido y declaran ser mayores de edad (no personas
mayores, sino en edad de ser responsables) es adecuado que sus padres les den una o dos
palabras de admonición junto con el abrazo final de despedida.
Que las lecciones y ejemplos de nuestra experiencia pueden, en alguna medida, traer
comodidad y seguridad al mundo confuso y sufrido que nos rodea. Este mundo en el cual
tenemos el privilegio de vivir, en este tiempo excitante y peligroso, este siglo en el cual el
renacimiento espiritual puede ser la única alternativa a la extinción. Naturalmente, en el curso
de los próximos años cometeremos errores. La experiencia nos ha enseñado que no
necesitamos temer el cometerlos, siempre y cuando mantengamos nuestra buena voluntad
para confesar nuestras faltas y para corregirlas rápidamente. Nuestro crecimiento como
individuos ha dependido de este saludable proceso de ensayo y error. Así crecerá nuestra
comunidad como tal. Recordemos siempre que cualquier sociedad de hombres y mujeres que
no pueda corregir libremente sus propias faltas debe inevitablemente llegar a la decadencia o
al colapso total. Tal es el castigo universal por no continuar creciendo. Así como cada uno de los
A.A. debe continuar haciendo su inventario moral y actuando consecuentemente, así toda
nuestra comunidad debe hacerlo si quiere sobrevivir y desea servir útil y eficientemente. Tengo
una gran fe de que nunca nos aferraremos y persistiremos en errores fatales; sin embargo
podríamos hacerlo puesto que somos seres humanos falibles. Esta es el área en la vida futura
de A.A. donde nunca exageraremos en ser prudentes o vigilantes. No supongamos, por el hecho
de que A.A. como tal nunca ha tenido un problema de gravedad que nunca podrá presentarse.
Si una dificultad así llegara a sobrevivir, me siento seguro de que estará centrada alrededor del
falso orgullo o la ira, los dos defectos más destructivos que tenemos los alcohólicos.
Hay quienes predican que Alcohólicos Anónimos podría volverse una nueva punta de lanza para
un despertar espiritual en todo el mundo. Al decir esto nuestros amigos son a la vez generosos
y sinceros. Pero nosotros en A.A. debemos reflexionar que tal tributo y tal preferencia podría
ser una amarga bebida para todos nosotros, esto es, si llegamos a convencernos que el
propósito real de A.A. es una tarea espiritual, y comenzamos a comportarnos
consecuentemente. Nuestra sociedad, por consiguiente, deberá ajustarse prudentemente a su
único propósito cual es el de llevar el mensaje al alcohólico que aún sufre. Tratemos 28/VII de
resistir a la orgullosa idea de que si Dios nos ha permitido el éxito en una determinada área, por
ello estamos destinados a convertirnos en un canal de gracia salvadora para todos.
No neguemos nuestra experiencia cuando sea útil o valiosa para el mundo que nos rodea.
Permitamos a nuestros miembros que en forma individual atiendan el llamado de cada uno de
los campos de la actividad humana. Dejémoslos transmitir la experiencia y el espíritu de A.A. en
todos estos asuntos, siempre que exista un bien que pueda cumplirse. Porque no solamente
dios nos salvó del alcoholismo sino que el mundo nos ha recibido de nuevo en su seno. Y
puesto que creemos en paradojas, debemos darnos cuenta de que mientras la sociedad de
Alcohólicos Anónimos como tal tienda en mayor medida a manejar sus propios asuntos y
preocuparse por sus propias actividades, mayor será nuestra influencia general, menor
oposición encontraremos y más amplio será el círculo en el cual nuestra comunidad podrá
moverse para gozar de la confianza y el respeto de todos los hombres. Habiendo examinado los
peligros del orgullo, demos una somera mirada a la forma como la ira, aun aquella indignación
bienintencionada, puede perjudicarnos. Supongo que dentro de A.A. siempre estaremos
disputando.
Es probable que tengamos discusiones infantiles sobre pequeñas dificultades de dinero,
cualquier puñado de niños en crecimiento (y esto es lo que somos) haría una cosa similar y esto
se ajustaría a su carácter. Tales son los dolores de crecimiento de la infancia, y actualmente
estamos pasando por ellos. El remontar y solucionar estos problemas en la escuela de vida de
A.A., es un saludable ejercicio. Pero hay, sin embargo, algunas áreas donde la ira y la
contención podrían hacernos fracasar. Sabemos esto porque sociedades mucho más fuertes
que la nuestra se han deshecho. Todo el mundo moderno está en realidad dividiéndose como
nunca antes a causa de desavenencias políticas y religiosas; porque los hombres persiguen
ciegamente la riqueza, la fama, el poder personal sin tener en cuenta las consecuencias
resultantes, aún para ellos mismos. Estas son las tendencias destructivas que inevitablemente
son disfrazadas por la autojustificación, y en sus desastrosas colisiones son siempre dirigidas
por la indignación bien intencionada, luego por una ira irrazonable y finalmente por la furia
ciega.
Hemos tenido grandes problemas, es cierto, pero siempre han sido resueltos. Nunca hemos
tenido una división que no hubiéramos podido curar. Pero, repito, ésta no es una virtud
aprendida por nosotros. Muchos de nosotros en nuestros días de bebedores hemos sufrido los
terribles castigos del orgullo y la ira como para olvidarlos ahora. Estas penas han sido el
comienzo de alguna sabiduría que, desde entonces, hemos incorporado a nuestras Doce
Tradiciones. Por consiguiente, siento la confianza de que estas fuerzas de destrucción nunca
prevalecerán entre nosotros. Estamos preparados para pagar el precio de la paz. Haremos
27/VII todos los sacrificios personales necesarios para asegurar la unidad de Alcohólicos
Anónimos. Y lo hacemos porque hemos aprendido a amar a Dios y a nuestros semejantes. Así
como estas reuniones empezaron con un tema de gratitud, así debieran terminar. Le damos
gracias a nuestro Padre Celestial quien, a través de tantos amigos y tantos medios y formas
distintos, nos ha permitido construir este maravilloso edificio del Espíritu en el cual ahora
vivimos. Parece como si El nos hubiera dirigido para construir esta catedral cuyos cimientos
reposan en todas las esquinas de la tierra. En su enorme edificación 200.000 de nosotros somos
sostenidos en paz, y desde hace tiempo hemos inscrito en ella nuestros Doce Pasos de
Recuperación. Los más antiguos de entre nosotros hemos visto alzarse los muros laterales de
esta catedral, y uno a uno se han ido colocando los grandes capiteles de la Tradición de A.A.
para contenernos en la unidad durante tanto tiempo como Dios tenga dispuesto. Y ahora,
nuestros ansiosos corazones han alzado la torre de esta catedral y la han colocado en su lugar.
Esta torre lleva el nombre de Servicio. ¡Que siempre señale hacia arriba!. ¡Hacia Dios!.