Análisis del caso de histeria de Dora
Análisis del caso de histeria de Dora
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descripción de algunas peculiaridades de las representaciones inconscientes. sólo contiene atisbos del
orgánico, es decir las zonas erógenas y la bisexualidad.
El presente trabajo constituye un eslabón intermedio entre la interpretación de los sueños y los tres ensayos
de una teoría sexual.
Anamnesis
1882: Nacimiento de Dora
1889: enuresis
1890: Disnea
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1888: a los 6 años de Dora el padre enferma de tuberculosis y la familia se traslada a B
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1892: El padre sufre de un desprendimiento de retina.
1894: El padre sufre un ataque de confusión y es atendido por Freud. Migraña y tussis nerviosa en Dora,
que tenía 12 años.
1896: Dora tenía 14 años y se da la escena del beso en el local del Señor K.
1898: Dora a los 16 años acude por primera vez al consultorio de Freud (A comienzos del verano, es decir
en julio aproximadamente)A fines de junio se da la Escena del lago. En invierno (Diciembre a Marzo)
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Síntomas de Dora
- Depresión de ánimo
- Alteración de carácter
Diagnóstico
Petit Histerie con síntomas psíquicos y somáticos propios: tos nerviosa, afonía, jaqueca, depresión del
ánimo, taedium vitae.
El círculo familiar de Dora, de 18 años, incluía a sus padres y a un hermano un año y medio más grande
que ella. La persona dominante era el padre, tanto por su inteligencia y sus rasgos de carácter como por las
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claramente enferma de neurosis, y transcurridos otros dos años la pone bajo su tratamiento
psicoterapéutico.
A su vez, Freud conoció en Viena a una hermana del padre, quien sufrió una forma grave de psiconeurosis
sin los síntomas característicos de la histeria. Tras una vida abrumada por un desdichado matrimonio, esa
mujer murió a raíz de las manifestaciones de un marasmo que progresó rápidamente. El hermano mayor
del padre también era hipocondríaco.
Dora, quien se convierte en paciente de Freud a los 18 años de edad, había depositado desde siempre sus
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simpatías en la familia paterna, y después de caer enferma también, veía su modelo en la tía mencionada.
La madre de Dora era una mujer de escasa cultura, poco inteligente, que Freud no conocía. Se concentró
todo su interés en la economía doméstica. Era ama de casa y listo. Todo el día limpiaba y mantenía limpia
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la vivienda, muebles y utensilios. La relación entre Dora y la madre era desde hacía años muy inamistosa,
Dora la criticaba, no le hacía caso. Con respecto al hermano, se habían vuelto más distantes, y el hermano
se presentaba más cercano a la madre.
Dora, a la edad de ocho años ya presentaba síntomas neuróticos. En esa época contrajo una disnea
permanente, con ataques muy agudos. A los doce años le aparecieron una migraña y ataques de tos
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nerviosa. La migraña fue desapareciendo de a poco y a los 16 años ya había desaparecido. Los ataques de
tos nerviosa perduraron todo el tiempo, cuando empezó el tratamiento con Freud a los 18 tosía de nuevo
de manera característica. La duración de cada uno era de tres a cinco semanas, y en los últimos años
empezó a presentar otro síntoma más molesto: una afonía total.
Dora solía burlarse de los esfuerzos de los médicos, renunciaba a su asistencia. Todo intento de consultar a
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un médico resultaba infructuoso, no les daba pelota. Acudió a Freud movida sólo por la palabra de
autoridad del padre, sino no iba ni en pedo.
Así, Freud la ve por primera vez a comienzo de un verano, ella tenía 16 años y presentaba la tos y afonía.
Freud le prescribió un tratamiento y al desaparecer los síntomas Dora desestimó también el tratamiento.
Durante el invierno siguiente, tras la muerte de su tía, aparecieron unos cuadros febriles que terminaron en
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ellos. El padre le pide a Freud que “ponga a Dora por el buen camino”.
Entonces, Freud prosigue diciendo que en la vivencia del lago tendríamos el trauma psíquico definido como
condición previa para la génesis de un estado patológico de histeria. Ahora bien, esto no alcanza. La tos y
la afonía de Dora ya habían sido producidos por la enferma unos años antes del trauma, y sus primeras
manifestaciones se remontaban sin duda a la infancia, ya que habían sobrevenido en el octavo año de vida.
Se debe retroceder hasta la infancia para buscar allí influencias que pudieron producir efectos análogos a
los de un trauma.
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Primer desarrollo de verdad
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Dora: “Mi padre y la Sra. K son amantes y yo soy tomada como objeto del intercambio”
Dora luego le comunica a Freud una vivencia anterior con el señor K, cuando ella tenía 14 años, mucho
más apropiada para producir el efecto de un trauma sexual. El señor K, había convenido con ella y su mujer
que pasado el mediodía, ellas irían a su tienda situada frente a la plaza principal de B, para contemplar
desde allí unos festejos. Pero el Señor K hizo que la mujer se quede en la casa, sacó a los empleados de la
tienda y estaba solo cuando Dora entró al negocio. Le pidió que lo espere junto a la puerta que daba a una
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escalera que conducía al primer piso. En lugar de pasar por la puerta abierta, estrechó de pronto a la
muchacha contra sí y le estampó un beso en los labios. Dora, en vez de sentir excitación sexual, sintió un
violento asco, se desasió y pasando junto al hombre corrió hacia la escalera y de allí hacia la puerta de
calle. No obstante, el trato con el Sr. K prosiguió, ninguno de los dos aludió nunca a esa escena. Sólo evitó
encontrarse a solas con él.
Freud dice que en esta primera escena cronológicamente hablando la conducta de la niña es histérica,
denominando “histérica” a toda persona, sea o no capaz de producir síntomas somáticos, en quien una
ocasión de excitación sexual provoca predominantemente sentimientos de displacer. Además, Freud dice
que hay un desplazamiento de la sensación. En lugar de la sensación genital que en tales circunstancias
una muchacha sana hubiera sentido, le sobreviene la sensación de displacer del asco. Esta escena
también había dejado sobre sí otra secuela, una alucinación sensorial. Decía que seguía sintiendo la
presión de aquel abrazo sobre la parte superior de su cuerpo. Tampoco quería pasar junto a ningún hombre
a quien viera en tierno coloquio con una dama.
Freud termina interpretando todo esto diciendo que durante el apasionado abrazo ella no sintió meramente
el beso sobre sus labios, sino la presión del miembro erecto contra su vientre. Esta percepción fue
eliminada en el recuerdo, reprimida y sustituida por la inocente sensación de la presión en el tórax, que
recibía de la fuente reprimida su intensidad; y otro desplazamiento del sector inferior al sector superior del
cuerpo.
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Rol de Dora en el cuarteto
Dora sospecha que su padre y la Sra. K tienen una relación. Escena del bosque. Excusa de intento de
suicidio. Dora participa de un circuito de sostenimiento: ella cuida a los hijos de la familia K, sale a caminar
con el Señor K y recibe sus regalos, su padre la hace regalos a ella, a su madre y a la Sra. K, siente que el
padre la entrega a K como compensación por el amor del padre a la Sra. K.
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Primera inversión dialéctica
anteriores había hecho lo posible para encubrir las relaciones del Padre con la Señora K. Nunca iba a verla
cuando sospechaba que su padre estaba ahí, se alejaba con los niños del matrimonio K y se iba de paseo
con ellos. En casa de Dora había una persona que tempranamente le abrió los ojos sobre las relaciones del
padre con la Sra. K, y quiso incitarla a tomar partido en contra de esta mujer. Era su gobernanta, una
señorita mayor. Dora y ella se llevaron bien, hasta que Dora de pronto se enemistó con ella y pidió que la
despidieran. Esta gobernanta llamaba la atención a Dora sobre esa relación entre el padre y la Sra. K, le
decía que garchaban: pero sus esfuerzos fueron en vano, Dora seguía tiernamente afecta a la señora K y
no quiso saber de motivo alguno que hiciera parecer chocante el trato de su padre con ella. Además,
advertía las razones que movían a su gobernanta: notó que ésta estaba enamorada de su padre, cuando
éste estaba presente ella era encantadora y servicial, e indistinta e indiferente con ella cuando no estaba el
padre.
Ahora bien, el comportamiento que la gobernanta tenía con Dora era el mismo que Dora había tenido hacia
los hijos del Sr. K. Les hacía el papel de madre, los instruía, salía con ellos. El ocuparse de los niños era
para Dora la cobertura destinada a ocultar ante ella misma y ante los extraños alguna otra cosa: de su
conducta hacia los niños, tal como se extrae de la situación con la gobernanta, se extrae la misma
conclusión que de su tácito consentimiento al trato de su padre con la Sra. K: a saber, que todos esos años
ella había estado enamorada del Señor K. Dora no aceptó esta interpretación de Freud en primera
instancia, pero cuando empezó a aparecer más material se hizo difícil desconocer este designio amoroso, y
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de unos deberes conyugales que le eran odiosos. Una observación de Dora acerca de su propia alternancia
entre enfermedad y salud durante los primeros años que pasó en B cuando era niña se insertó en este
lugar. Dora había presentado gran cantidad de ataques de tos con afonía; ¿la ausencia o la presencia del
amado habrá ejercido una influencia sobre la venida y la desaparición de estas manifestaciones patológica?
La duración media de estos ataques era de entre tres a seis semanas. Las ausencias del Señor K
correspondían a este tiempo. Con sus enfermedades, ella demostraba su amor por K, así como la mujer le
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demostraba su aversión. Se había comportado a la inversa que la mujer: enfermaba cuando él estaba
ausente, y sanaba tras su regreso. Obviamente, se impuso la necesidad de borrar la coincidencia entre el
ataque y la ausencia de ese hombre a quien amaba en secreto. Además, En los primeros días de su afonía,
escribía muy bien, y mucho: El señor K le escribía mucho cuando estaba de viaje, le enviaba tarjetas
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postales. El hecho de que uno entable correspondencia con el ausente, con quien no puede hablar, no es
menos natural que el de tratar de hacerse entender por escrito cuando uno ha perdido la voz. La afonía de
Dora admitía entonces esta interpretación: Cuando el amado estaba lejos, ella renunciaba a hablar, el
hacerlo había perdido valor, pues no podía hablar con él: en cambio, la escritura cobraba importancia como
el único medio por el cual podía tratar con el ausente.
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Doble identificación: Con la madre- por los reproches. Con la Sra. K, con la afonía.
Síntomas histéricos
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¿Son los síntomas de la histeria de origen psíquico o somático? Si se admite lo primero, ¿Tienen todos
necesariamente un condicionamiento psíquico? Freud dice que todo síntoma histérico requiere de la
contribución de las dos partes. No puede producirse sin cierta solicitud somática brindada por un proceso
normal o patológico en el interior de un órgano del cuerpo, o relativo a ese órgano. Pero no se produce más
que una sola vez (y está en el carácter del síntoma histérico la capacidad de repetirse) si no posee un
significado psíquico, un sentido. El síntoma histérico no trae consigo este sentido, sino que le es prestado,
es soldado con él, y en cada caso puede ser diverso de acuerdo con la naturaleza de los pensamientos
sofocados que pugnan por expresarse. Los síntomas se solucionan en la medida en que se explora su
intencionalidad psíquica. Respecto de los ataques de tos y afonía de Dora no nos limitamos a la
interpretación psicoanalítica, sino que se pesquisará tras ella el factor orgánico del cual partió la
“solicitación somática” para que pudiera expresarse la inclinación que ella sentía por su amado
temporariamente ausente.
El síntoma es primero, en la vida psíquica, un huésped mal recibido; lo tiene todo en contra, y por eso se
desvanece tan fácilmente, en apariencia por sí solo bajo la influencia del tiempo. Al comienzo no cumple
ningún cometido útil dentro de la economía psíquica, pero muy a menudo lo obtiene secundariamente; una
corriente psíquica cualquiera halla cómodo servirse del síntoma y entonces este alcanza una función
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explicación. El relato de Dora respondía a la verdad en todos sus puntos. Apenas hubo comprendido el
propósito del Sr. K, no lo dejó explicarse, le dio una cachetada y escapó. La conducta tiene que haberle
parecido al hombre tan incomprensible como a Freud.
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continuamente, por lo que Freud empieza a asociar este síntoma con el padre. Un síntoma significa la
figuración (realización) de una fantasía de contenido sexual. Por lo menos uno de los significados de un
síntoma corresponde a la figuración de una fantasía sexual. Un síntoma tiene más de un significado y sirve
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para la figuración de varias relaciones inconscientes de pensamiento. Pronto se presentó la oportunidad de
atribuir a la tos nerviosa una interpretación de esa clase, por una situación sexual fantaseada. Cuando
insistió otra vez en que la señora K sólo amaba al padre porque era un hombre de recursos, por ciertas
circunstancias colaterales de su expresión Freud notó que tras esa frase se ocultaba su contraria: que el
padre era un hombre sin recursos. Sexualmente, el padre era impotente. Dora corroboró esta interpretación
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y Freud le expuso la contradicción en que caía cuando por un lado insistía en que la relación con la Sra K
era un vulgar asunto amoroso, y por el otro aseveraba que el padre era impotente e incapaz de sacar
partido de semejante relación. Su respuesta mostró que no le hacía falta admitir la contradicción. Sabía que
hay más de una manera de satisfacción sexual, pero dijo que la fuente de este conocimiento le era
inhallable. Sin duda ella pensaba en aquellas partes del cuerpo que en ella se encontraban en estado de
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irritación (garganta, cavidad bucal). No quiso saber nada de que sus pensamientos pudieran llegar hasta
ahí. Con su tos espasmódica, respondía al estímulo de un cosquilleo en la garganta, ella se representaba
una situación de satisfacción sexual per os entre las dos personas cuyo vínculo amoroso la ocupaba tan de
continuo.
Esto armoniza muy bien con que la tos desapareciera después de que ella recibió este esclarecimiento.
Las menos chocantes de las llamadas perversiones sexuales gozan de la más amplia difusión en nuestra
población. No es asombroso que Dora tuviera conocimiento de esa clase de comercio sexual (oral), hubiera
desarrollado una fantasía inconsciente de esa índole y la expresara a través de la sensación de estímulo en
la garganta y la tos. Tampoco sería asombroso que sin esclarecimiento de Freud hubiera llegado por sí sola
a esa fantasía. Un hecho proporcionaba en ella la precondición somática para la creación autónoma de una
fantasía que coincide con el obrar de los perversos. Recordaba muy bien que en su infancia había sido una
chupeteadora, y el padre se acordaba de haberle quitado esa costumbre. Dora recordaba una imagen de
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ella sentada en el suelo, chupándose el pulgar de la mano izquierda, mientras con la derecha daba
tironcitos al lóbulo de la oreja de su hermano. Nadie pone en duda que la mucosa de los labios y de la boca
puede considerarse una zona erógena primaria, pues una parte de esa satisfacción se ha conservado en el
beso, que se juzga normal. La intensa activación de esta zona erógena a temprana edad es la condición
para la posterior solicitación somática de parte del tracto de mucosa que empieza en los labios. Esta
fantasía perversa de la succión del pene, desde todo punto de vista chocante, tiene el más inocente origen,
es la nueva versión de una impresión que ha de llamarse prehistórica, la de la succión del pecho de la
madre o de la nodriza.
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El síntoma de la garganta de Dora II
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La interpretación del síntoma de la garganta de Dora da lugar a otra observación. Puede preguntarse cómo
se compadece esta situación sexual fantaseada con la otra explicación, que el advenimiento y desaparición
de los síntomas imitaba la presencia y ausencia del hombre amado, lo cual, por tanto, incorporando la
conducta de la señora, expresaba este pensamiento: “Si yo fuera su mujer, lo amaría de manera totalmente
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diversa, enfermaría (de nostalgia) cuando él partiera de viaje, y sanaría (de contento) cuando regresara a
casa”. No es necesario que los síntomas sean compatibles entre sí, que se complementen. Basta con que
la trabazón quede establecida por el tema que ha dado origen a las diversas fantasías. En nuestro caso,
por lo demás, esa compatibilidad no queda excluida, uno de los significados adhiere más a la tos, el otro
más a la afonía y al ciclo de los estados. Un síntoma corresponde con toda regularidad a varios significados
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simultáneamente y sucesivamente. El síntoma puede variar uno de sus significados en el curso de los años,
o el papel rector puede pasar de un significado a otro. Hay como un rasgo conservador en el carácter de la
neurosis: el hecho de que el síntoma ya constituido se preserva en lo posible por más que el pensamiento
inconsciente que en él se expresó haya perdido significado. La parte somática del síntoma histérico
aparece como el elemento más permanente, de más difícil sustitución, y la psíquica como el más mudable,
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lapso la más cariñosa armonía con la mujer que la había desalojado del lugar que ocupaba junto a él, y aun
favoreció su relación con este, como sabemos por sus auto reproches. Entonces, ese amor se había
renovado en fecha reciente y tenemos derecho a preguntarnos con qué fin sucedió. Manifiestamente, como
síntoma reactivo para sofocar alguna otra cosa que era todavía más poderosa en el inconsciente. Lo
sofocado era el amor por el señor K. El enamoramiento de ella perduraba y la muchacha había remontado
y reforzado su vieja inclinación hacia el padre a fin de no tener nada en su consciencia de ese primer amor
adolescente que se le había vuelto penoso. Por una parte le consternaba tener que rechazar la solicitud de
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ese hombre, sentía gran nostalgia por su persona y los pequeños signos de su ternura; por la otra,
poderosos motivos, entre los cuales era fácil colegir su orgullo, se revolvía contra estas mociones de
ternura y nostalgia. De tal modo, dio en imaginar que había terminado con el Sr. K y, no obstante, tenía que
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llamar en su auxilio y exagerar la inclinación infantil hacia el padre a fin de protegerse contra ese
enamoramiento que asediaba permanentemente su consciencia. Dora obviamente dice “No” al escuchar
por primera vez esto. Pero luego, ella confesó que no podía guardar hacia el señor K la inquina que este
merecía. Una situación que toma Freud para demostrar esto es que tras varios días que estuvo contenta
llega a análisis de mal humor. No podía explicarlo, se sentía contrariada, declaró que era el cumpleaños de
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su tío y no se resolvía a felicitarlo. De pronto recordó que también era el cumpleaños del Sr. K. También, al
ser su cumple, recibió regalos que no le causaron ninguna alegría. Faltaba un obsequio, el del señor K.
Freud se pregunta: ¿Con qué tienen que ver sus celos repentinos?
Dora está fascinada con la Sra. K - tiene los enigmas de la pregunta de qué es ser una mujer (Lacan).
El yo de Dora es el Yo del Señor K, identificación viril. La histérica ama por procuración para luego dirigirse
a la otra mujer.
Corriente homosexual
Tras el itinerario de pensamientos hípervalentes que la hacían ocuparse de la relación de su padre con la
Sra. K se escondía una moción de celos cuyo objeto era esa mujer, vale decir, una moción que sólo podía
basarse en una inclinación hacia el mismo sexo. Freud le pregunta respecto a sus relaciones con la Sra. K
hasta el momento de la ruptura. Se enteró de que la joven señora y la niña adolescente habían vivido
durante años en la mayor confianza. Cuando Dora se hospedaba en casa de los K, compartía el dormitorio
con la señora: el marido era desterrado. Era la confidente y consejera de la mujer en todas las dificultades
de su vida matrimonial. ¿Cómo llegó Dora a amar al hombre sobre quien su querida amiga supo decirle
cosas tan malas? En lo inconsciente los pensamientos moran con particular comodidad en vecindad
recíproca, y aun los opuestos se toleran sin trabar lucha.
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había amado por su persona, sino por la del padre. La Sra. K la había sacrificado sin reparos a fin de no
verse perturbada en su relación con el padre de Dora.
Freud dice que no cree equivocarse al suponer que el hipervalente itinerario de pensamientos de Dora, que
la hacía ocuparse de la relación de su padre con la Sra. K, no estaba destinado sólo a sofocar el amor por
el Sr. K, amor que antes fue consciente, sino que también debía ocultar el amor por la señora K,
inconsciente en un sentido más profundo. Dora se decía sin cesar que su padre la había sacrificado a esa
mujer, hacía ver ruidosamente que no la dejaría poseer al papá, y de ese modo se ocultaba lo contrario:
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que no dejaría al papá poseer el amor de esa mujer, que no le perdonaba a la mujer amada el desengaño
que le causó con su traición. La moción de celos femeninos estaba acoplada en el inconsciente con unos
celos como los que sentiría un hombre.
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EL PRIMER SUEÑO
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Dora le comunica a Freud un sueño que tuvo repetidas veces de la misma manera. El sueño era relatado
así:
En casa hay un incendio (Contó Dora); mi padre está frente a mi cama y me despierta. Me visto con
rapidez. Mamá pretende todavía salvar su alhajero, pero papá dice: “no quiero que yo y mis dos hijos nos
quememos a causa de tu alhajero”. Descendemos de prisa por las escaleras, al salir a la calle me
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despierto.
Tuvo el sueño en L (lugar de la escena del lago) tres noches sucesivas y había vuelto a tenerlo unos días
antes en Viena.
Dora empieza a asociar respecto al sueño.
Primera asociación:
Y bien, en estos días papá tuvo una disputa con mamá, porque ella cierra por la noche el comedor. Es que
la habitación de mi hermano no tiene entrada propia, sino que sólo se puede llegar a ella por el comedor.
Papá no quiere que mi hermano quede así encerrado por la noche. Dijo que no estaba bien; por la noche
podría pasar algo que obligase a salir.
Eso hizo pensar a Dora en el peligro de un incendio.
Dora halla la conexión entre la ocasión reciente y la ocasión del sueño.
Segunda asociación:
Cuando llegamos a L aquella vez, papá y yo, él expresó angustia por el hecho de que pudiera producirse un
incendio. Arribamos en medio de un violento temporal y vimos que la pequeña cabaña de madera no tenía
pararrayos. Era una angustia totalmente natural entonces.
Dora afirma que el sueño ocurrió después de la escena del lago. Era una reacción frente a aquella vivencia.
Ella permaneció en L cuatro días más después de la escena. Luego se fue con el papá. El sueño fue el
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siguientes temía que aparezca el Sr. K y entonces se vestía con mucha rapidez, tal como en el sueño.
Freud dice que el sueño se repitió cada noche justamente porque respondía a un designio: el designio de
sustraerse de esas persecuciones. Y un designio persiste hasta que se lo ejecuta. Acaso Dora se dijo: No
tendré tranquilidad, no podré dormir tranquila hasta que no me encuentre fuera de esta casa. Lo inverso
dice usted en el sueño: una vez abajo me despierto.
Queda por interpretar una buena parte del sueño. Freud sigue preguntando:
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Asociaciones respecto al alhajero
regalase a otra.”
Dora dice que no sabe cómo aparece la mamá en el sueño, ella no se encontraba en ese tiempo en L.
además, dijo que “no sabía” si ella tomaría de buena gana ese regalo (sí).
Freud le sigue preguntando si no se le ocurre nada más sobre el alhajero. Le dice que solo habló sobre
alhajas y nada sobre una cajita. (el alhajero que nombra en el sueño).
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Dice que el señor K le había regalado algún tiempo antes un costoso alhajero.
Freud le dice que le correspondía retribuir el obsequio. Alhajero es una designación preferida para los
genitales femeninos. Freud le da esta interpretación simbólica:
“Ese hombre me persigue, quiere penetrar en mi habitación, mi ‘alhajero´ corre peligro y, si ocurre alguna
desgracia, la culpa será de papá”. Por eso Dora eligió una situación que expresa lo contrario en el sueño:
un peligro del que su papá la salva. Su mamá aparece en el sueño porque es su primera competidora en el
favor de su papá. En el episodio de la pulsera Dora de buena gana hubiera aceptado lo que su mamá
rechazaba. Se sustituye el “aceptar” por “dar”, “rechazar” por rehusar”. Significa que Dora estaría dispuesta
a dar a su papá lo que su mamá le rehúsa, y aquello de lo cual se trata tendría que ver con una alhaja. Y
allí, Dora recuerda el alhajero que el señor K le obsequió. Ahí hay una serie paralela de pensamientos en
que el papá debe ser reemplazado por el señor K, tal cómo sucedía en la situación del que estaba frente a
su cama. Él le ha obsequiado un alhajero y Dora tiene que obsequiarle su alhajero, una retribución de
obsequio. En esta serie de pensamientos, su mamá tiene que ser sustituido por la Sra. K, quien sí estaba
presente en ese momento. Dora está dispuesta a obsequiarle al Sr. K lo que su mujer le rehúsa Este es el
pensamiento que debe reprimirse con tanto esfuerzo y que hace necesaria la mudanza de todos los
elementos en su contrario. El sueño refresca el viejo amor de Dora por su papá a fin de protegerse de su
amor por K. Dora tuvo miedo del señor K y de ella misma, temió ceder a su tentación. Dora obviamente no
acompañó esta interpretación.
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la base de esto se encuentra la oposición de agua y fuego. Esta oposición le presta a Dora en el sueño
servicios: su madre quiere salvar el alhajero para que no se queme, en cambio, en los pensamientos
oníricos se trata de que el “alhajero” no se moje. Fuego también sirve como subrogación directa de amor,
de estar enamorado, abrasado.
Desde fuego entonces se llega hasta los pensamientos amorosos; y también desde agua se desprende un
ramal que establece otro vínculo con “amor”: éste también hace mojarse. Dora dice en la primera
asociación: “Por la noche podría pasar algún percance que obligase a salir”. Esto decimos que se refiere a
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una necesidad física, y si se traslada este percance a la infancia, no es otra cosa que mojar la cama. Y
¿qué se hace para evitar que los niños mojen la cama? Se los despierta por la noche: lo mismo que el papá
hace con Dora en el sueño. Ese sería el episodio real del que Dora se vale para sustituir al señor K, que la
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despertó mientras dormía, por el padre. Así, Freud infiere que Dora siguió mojándose en la cama por
bastante más tiempo que el corriente en los niños. Dora le dice que le ocurrió durante un tiempo, pero sólo
en el séptimo u octavo año. Esto es la enuresis. Dice que se consultó a un doctor y que duró hasta poco
antes de su asma nerviosa.
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Freud dice que la sensación del humo se agrega a modo de suplemento, tras haber vencido un particular
esfuerzo de la represión. Probablemente pertenecía al pensamiento mejor reprimido y más oscuramente
figurado en el sueño: la tentación de mostrarse complaciente con el hombre. Difícilmente significara otra
cosa, en ese caso, que la nostalgia de un beso, que dado por un fumador por fuerza sabe a humo, ahora
bien, había habido un beso entre ellos unos dos años atrás en la tienda, y con seguridad se habría repetido
más veces si Dora hubiera cedido a los intentos de seducción del Sr. K. Los pensamientos de tentación
parecen remontarse a la escena anterior y haber despertado el recuerdo del beso frente a cuyo seductor
atractivo la chupeteadora se protegió en su momento por medio del asco. Por último, recogiendo los
indicios que hacen probable una transferencia sobre Freud, porque también es fumador, llega a la siguiente
interpretación: Un día se le ocurrió, probablemente durante la sesión, que desearía ser besada por mí. Esta
fue la ocasión que la llevó a repetir el sueño de advertencia y a formarse el designio de abandonar la cura.
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confesando haberse masturbado probablemente en su infancia. Dora lo negó de la manera más terminante,
pero en otro momento Dora tiene una acción sintomática que Freud considera como otro acercamiento a la
confesión: Un día trajo una cartera portamonedas y jugaba mientras hablaba tendida en el diván con esa
cartera: la abría, metía un dedo, volvía a cerrarla, etcétera. Es una acción sintomática, representaba la
masturbación femenina. La acción sintomática son aquellos manejos que se realizan de manera
automática, inconsciente, como jugando, y si se pregunta se les resta significado, se los declara
insignificantes y listo fue. Pero estas acciones expresan pensamientos e impulsos inconscientes, no son
casualidad.
Síntoma de la tos .C
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Vislumbramos una comprensión más amplia de los síntomas de Dora si consideramos el fluor albus
confesado por ella. La palabra “catarro” con que aprendió a designar su afección cuando un padecimiento
similar forzó a su madre a visitar Franzesbad no es sino otro “cambio de vía”, a través del cual toda la serie
de pensamientos referidos a la culpa de su papá en la enfermedad encontró abierto el acceso hacia su
manifestación en el síntoma de la tos. Esta tos, sin duda surgida de un ínfimo catarro real, era además una
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imitación de su padre, aquejado de una afección pulmonar, y pudo expresar su compasión y su cuidado por
él. Pero también proclamaba otra cosa: “Soy la hija de papá, tengo un catarro como él. Él me ha
enfermado, como enfermó también a mi mamá. De él tengo las malas pasiones que se expían por la
enfermedad.”
Entonces Freud empieza a reunir las diversas determinaciones, determinismos que se hallan para los
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ataques de tos y afonía. Debajo de todo en la estratificación cabe suponer un estímulo de tos real,
orgánicamente condicionado. Este estímulo es susceptible de fijación porque afecta a una región del cuerpo
que conservó en alto grado en la muchacha la significación de una zona erógena. Es apto para dar
expresión a la libido excitada. Quedó fijado por lo que probablemente fue el primer revestimiento psíquico
(la imitación compasiva del padre enfermo) y, después, por los autorreproches a raíz del catarro. Este
mismo grupo de síntomas se muestra además susceptible de figurar las relaciones con el Sr. K, de lamentar
su ausencia y expresar el deseo de ser para él una mejor esposa. Después que una parte de la libido se
volcó de nuevo al padre, el síntoma cobra el que quizás es su último significado: la figuración del comercio
sexual con el padre en la identificación con la Sra. K.
Análisis de Freud
El sueño corresponde según vimos a un designio que Dora retomó durmiendo. Por eso se repitió todas las
noches hasta que el designio fue cumplido, el designio podría formularse de la siguiente manera: “alejarme
de esta casa en la cual, según he visto, mi virginidad corre peligro; partiré con papá y por la mañana, al
cambiarme, tomaré mis precauciones para no ser sorprendida”. Estos pensamientos hallan expresión en el
sueño, pertenecen a una corriente que en la vida de vigilia alcanzó la consciencia y se volvió dominante.
Tras ellos puede colegirse un itinerario de pensamientos de subrogación más oscura que corresponde a la
corriente contraria y por eso cayó bajo la sofocación. Culmina en la tentación de entregarse al hombre en
agradecimiento por el amor y la ternura que él le había demostrado en los últimos años, y convoca quizás el
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por esta subrogación de personas, pasará a ser la situación principal del sueño. Y esa situación existe,
justamente como la víspera lo estuvo el señor K, una vez su padre estaba frente a su cama y la despertó tal
vez con un beso, como quizás el señor K se proponía hacerlo. El designio de huir de la casa no es, pues,
en sí y por sí soñable, se convierte en tal asociado con otro designio que se apoya en un deseo infantil. El
deseo de sustituir al señor K por el padre presta la fuerza impulsora para el sueño. La interpretación a que
me obligó el itinerario de pensamientos reforzado, referido a la relación del padre con la Sra. K: se había
despertado, evocado, una inclinación infantil hacia el padre a fin de poder mantener en la represión el amor
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reprimido hacia el Sr. K.
El trabajo del sueño comenzó la siesta del segundo día tras la escena del bosque, después de que notó
que ya no podía cerrar más con llave su habitación. Dora entonces se dijo “aquí corro peligro” y se formó el
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designio de no permanecer sola en la casa, de irse con su papá. Este designio devino susceptible de formar
un sueño porque pudo continuarse en el inconsciente. Ahí tuvo su correspondiente: convocó el amor infantil
por el padre como protección contra la tentación actual. La vuelta que así se consuma en ella se fija y la
lleva hasta la postura subrogada por su ilación hipervalente de pensamiento (celos por la Sra. K a causa del
padre, como si estuviera enamorada de él). Luchan en ella la tentación de ceder al hombre que la corteja y
LA
que repita una situación infantil. Tal como el Sr. K apareció ante su sofá y la despertó, a menudo solía
hacerlo su padre en la niñez. Toda la vuelta puede simbolizarse certeramente sustituyendo en esa situación
al Sr. K por el padre. Pero el padre, en aquel tiempo, la despertaba para que ella no se mojase en la cama.
El opuesto de mojar, de agua, fácilmente puede ser fuego, quemar. La contingencia de que el padre, al
llegar a aquel lugar, expresara angustia frente al peligro de fuego contribuye a decidir que el peligro del cual
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alhajas”. La nueva modificación, alhajero, hace valer la influencia de elementos que provienen del círculo
subyacente de la tentación por el Sr. K. Este le obsequió una cajita para las alhajas: el subrogado de todas
las distinciones y ternezas a cambio de las cuales ella debería mostrarse agradecida. El alhajero es una
imagen usual para los genitales femeninos intactos e impolutos, y por otra parte es una palabra inocente,
apropiada para ocultar los pensamientos sexuales que hay tras el sueño y para aludir al mismo tiempo a
ellos.
Así, en el contenido del sueño se dice en dos lugares: alhajero de la mamá, y este elemento sustituye a la
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mención de los celos infantiles, de las gotas; por lo tanto, de la mojadura sexual, del ensuciamiento por el
fluor y, por otra parte, de los pensamientos de tentaciones actuales y contemporáneos que presionan a
retribuir el amor contrario y pintan la situación sexual inminente. El elemento alhajero es como ningún otro
DD
un resultado de la condensación y el desplazamiento y un compromiso entre corrientes opuestas.
El sueño es la reacción frente a una vivencia fresca, de efecto excitador, que necesariamente despierta el
recuerdo de la única vivencia análoga que ella tuvo años antes. Fue la escena del beso en la tienda, a raíz
del cual surgió el asco. Puede llegarse a esta escena asociativamente desde otras direcciones: desde el
círculo de pensamiento del catarro y desde el de la tentación actual. Entonces, hace una contribución
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propia al contenido del sueño, la que tiene que adaptarse a la situación preformada. Hay un incendio… el
beso supo a humo y por eso en el contenido del sueño se huele a humo y se lo sigue oliendo tras el
despertar.
FI
EL SEGUNDO SUEÑO
Pocas semanas después del primer sueño sobrevino el segundo, con cuya solución terminó el análisis.
Contó Dora:
Ando paseando por una ciudad a la que no conozco, veo calles y plazas que me son extrañas. Después
llego a una casa donde yo vivo, voy a mi habitación y hallo una carta de mi mamá tirada ahí. Escribe que,
puesto que yo me he ido de casa sin conocimiento de los padres, ella no quiso escribirme que papá ha
enfermado. “Ahora ha muerto, y si tú quieres, puedes venir”. Entonces me encamino a la estación
ferroviaria (Banhof) y pregunto unas cien veces: “¿Dónde está la estación?”. Todas las veces recibo esta
respuesta: “cinco minutos”. Veo después frente a mí un bosque denso, penetro en él, y ahí pregunto a un
hombre a quien encuentro. Me dice: “todavía dos horas y media”. Me pide que lo deje acompañarme. Lo
rechazo, y marcho sola. Veo frente a mí la estación y no puedo alcanzarla. Ahí me sobreviene el
sentimiento de angustia usual cuando uno en el sueño no puede seguir adelante. Después yo esto en casa,
entretanto tengo que haber viajado, pero no sé nada de eso…. Me llego a la portería y pregunto al portero
por nuestra vivienda. La muchacha de servicio me abre y responde: “la mamá y los otros ya están en el
cementerio (Friedhof).”
Interpretación de Freud
OM
que mantuviese vivo su recuerdo, y se proponía en su momento aparecérsele con un requerimiento
amoroso, pero todavía no era tiempo, había que esperar.
El deambular por una ciudad extraña estaba sobre determinado. Para las fiestas había recibido la visita de
un primito a quien debió mostrar la ciudad de Viena. Ese primo le trajo a la memoria una estadía en Dresde,
donde deambuló como extranjera, pero visitó una galería. Otro primo que estaba con ellos y conocía
Dresde quiso hacer de guía en la recorrida por la galería pero ella lo rechazó y se fue sola, como en el
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sueño. Se detuvo ante las imágenes que le gustaban, y estuvo dos horas frente a la Sixtina, del cual le
gusto la imagen de “la madonna”. Estas ocurrencias pertenecen realmente al material formador del sueño.
Freud, ante todo ve que en esta primera parte del sueño ella se identifica con un joven. El deambula por el
extranjero, se afana por alcanzar una meta, pero se ve demorado, hace falta paciencia, hay que esperar. Si
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ella tenía en su mente al ingeniero, condeciría muy bien que esa meta fuera la posesión de una mujer, de
su propia persona. En vez de eso era una…. Estación ferroviaria, que por lo demás es lícito sustituir por
una cajita, según la correspondencia de la pregunta del sueño con la pregunta realmente formulada (a la
madre, por la cajita donde estaban las postales). Una cajita y una mujer, eso ya se compadece mejor.
Pregunta unas cien veces… esto lleva a otra ocasión del sueño. La noche anterior, el padre le pidió que le
LA
buscase coñac. Dora pidió a su madre la llave para ir a buscarlo, pero ella estaba en una conversación y no
le dio pelota, hasta que Dora le dijo enojada y con exageración: “ya te pregunté cien veces donde está la
llave”. “¿Dónde está la llave” es el correspondiente masculino de la pregunta “¿Dónde está la cajita?”, por
tanto son preguntas por los genitales.
FI
Contenido de la carta
El padre ha muerto, ella se había ido arbitrariamente de la casa. Freud le recuerda enseguida la carta de
despedida que había escrito a sus padres, carta destinada a horrorizar al padre para que renunciase a la
Sra. K, o vengarse de él si no era posible moverlo a que lo hiciese. La situación que constituye la fachada
del sueño corresponde a una fantasía de venganza contra el padre. La fantasía rezaba: “Ella se iba de
casa, al extranjero, y la cuita de padre, la nostalgia que sentía por ella, le partió el corazón”. Entonces
estaría vengada. La manía de venganza es otro elemento a tener en cuenta entonces.
¿De dónde venía la frase “¿Si tú quieres?”? Dora individualizó esto también como cita de la carta de la Sra.
K que contenía la invitación a L (el paraje junto al lago). Esto lleva nuevamente a la escena del lago, la cual
Freud le pide que se la cuente nuevamente. El Sr. K había comenzado un introito en alguna medida serio,
pero ella no lo dejó terminar. Tan pronto comprendió de qué se trataba, le dio una bofetada en el rostro y
escapó. Freud le pregunta por lo que le dijo el Sr. K en esa situación, y Dora le dice: “Usted sabe, no me
importa nada de mi mujer”. En ese momento ella quiso regresar a L bordeando el lago a pie, y preguntó a
un hombre a quien encontró que distancia había. Ante su respuesta dos horas y media (como en el sueño),
abandonó ese propósito y volvió en busca de la embarcación que partió poco después. El señor K estaba
allí de nuevo, se le acercó, le pidió que lo disculpara y que no contara nada de lo sucedido. Pero ella no
respondió, El bosque del sueño era en un todo parecido al bosque de la orilla del lago. Y a ese mismo
bosque denso lo había visto hace unos días en un cuadro de una exposición. En el trasfondo de la imagen
se veían ninfas.
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sobre “tranquila” y “grande”, referido al libro. Era una enciclopedia, cosa que los niños nunca leen de forma
tranquila, es algo prohibido. El padre había muerto y los otros ya habían viajado al cementerio, ella podía
leer tranquilamente. Esto querría decir que una de sus razones para la venganza era también la
sublevación contra la coerción que le imponían los padres.
Apendicitis
A su vez, Dora admite haber leído un libro de esa clase, dado que un hijo del tío había contraído
apendicitis, y ella vio que lo característico era el dolor localizado en el vientre. Freud recordó que después
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de la muerte de su tía, Dora había tenido en Viena una supuesta apendicitis, la cual Freud todavía no pone
dentro de un producto histérico, aunque si ponía la fiebre. Freud iba a abandonar esta pista hasta el
momento en que aparece un nuevo agregado al sueño:
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“Con particular nitidez, ella se ve subir por la escalera”. Dora siguió contando y contó que tras la apendicits
había tenido dificultades para caminar, pues arrastraba el pie derecho. Así le ocurrió por mucho tiempo y
entonces evitaba subir escaleras. Los médicos no encontraban explicación, no es algo que se asocie a la
apendicitis, el dolor en el vientre no había vuelto a aparecer y eso no se asocia nunca a la dificultad de
mover el pie. Entonces, era un genuino síntoma histérico. Por más que la fiebre obedeciera en ese
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momento a una causa orgánica, quedaba demostrado que la neurosis se había apropiado del ataque para
usarlo como una de sus manifestaciones. Ella se había procurado una enfermedad sobre la cual había leído
en la enciclopedia, y se había castigado por esa lectura; pero debió reconocer que el castigo se produjo por
un desplazamiento, después que a esa lectura siguió otra, más culpable, que seguía ocultando.
Freud le preguntó a Dora cuando aconteció la apendicitis, si antes o después de la escena junto al lago. La
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respuesta fue: Nueve meses después. Es el lapso del embarazo. La supuesta apendicitis había realizado
entonces la fantasía de un parto. Respecto a la pierna, uno camina así cuando se ha torcido un pie. Por
tanto, ella había dado un mal paso, y era totalmente lógico que pudiera parir nueve meses después de la
escena junto al lago.
Estos síntomas se forman cuando tienen un modelo infantil para ellos. De niña se había torcido ese mismo
pie. En B., al bajar las escaleras, resbaló sobre un escalón, el pie que después arrastraba, se le hinchó,
debió ser vendado y ella guardó reposo durante algunas semanas.
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tirando a Dora.
La gobernanta cedió, pero al poco tiempo él ya no le hizo caso, y desde ahí ella lo odiaba, pero no había
dado el preaviso para irse. Le dijo a Dora que cuando se sintió abandonada, le contó a sus padres lo
sucedido, y éstos le exigieron que abandonase al instante la casa. Pero ella no se fue, esperaba un poco
para ver si el Sr. K cambiaba de parecer, si le volvía a dar bola. Al final, la mujer se terminó yendo.
Freud le dice a Dora que ahora conoce el motivo de aquella bofetada que le dio al Sr. K. Fue una venganza
por celos. En el momento en que el Sr. K usó las palabras “nada me importa de mi mujer” que también le
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había dicho a la gobernanta, nuevas mociones se despertaron en Dora y la balanza se inclinó: “¿Cómo la
va a tratar como a una persona de servicio?”. A esta afrenta al amor propio se sumaron los celos y los
motivos de sensatez conscientes: en definitiva, era demasiado. Esta historia le había causado gran
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impresión a Dora, y se ve en las identificaciones con ella en su sueño y en su propia conducta. Dora se lo
dice a sus padres tal como lo hizo la gobernanta, y también se despide de Freud como una gobernanta, con
un preaviso de 14 días. La carta del sueño, que le permite a Dora regresar a casa, es un correspondiente
de la carta de los padres de la señorita, donde le prohibían hacerlo si no volvía ya urgentemente a la casa.
Además, le contó a sus padres sobre la escena del lago 14 días después. Así, Freud puede responder las
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preguntas que Dora había tenido al inicio del capítulo (“¿Por qué durante los primeros días que sucedieron
a la escena del lago no dije nada acerca de ella?” “¿Por qué se lo conté repentinamente a mis padres?”.)
Dora comprendió muy bien a la pobre muchacha. Ella no quería irse enseguida porque todavía tenía
esperanzas de que el Sr. K le volviera a dar su ternura. Ese mismo tiene que haber sido el motivo de Dora.
Aguardó a que expirara el plazo para ver si él renovaría su cortejo; de ahí habría inferido que él la tomaba
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en serio y que no quería jugar con ella como con la gobernanta. Como no vino nada más, Dora dio libre
curso a su venganza. E incluso en esa época, el propósito colateral de Dora era moverlo mediante la
acusación a viajar al lugar donde ella residía, a Viena.
Freud le dice a Dora que tomó su relación con el Sr. K mucho más en serio de lo que había dejado traslucir
hasta allí en el análisis. Si a veces se hablaba de divorcio entre los K, Freud le dice que podría haber
Este caso es un fragmento que no puede poner en justa luz el valor de la terapia psicoanalítica. No sólo la
brevedad del tratamiento, también otro factor, inherente al caso mismo, impidió que la cura concluyese con
la mejoría que en otras ocasiones puede alcanzarse, una mejoría admitida por el enfermo y sus parientes y
que se aproxima a una curación completa. Se alcanza ese feliz resultado cuando los fenómenos
patológicos son sustentados únicamente por el conflicto interior entre las mociones tocantes a la
sexualidad. En estos casos uno ve mejorar el estado de los enfermos, en la medida en que, traduciendo el
material patógeno en un material normal, se ha contribuido a que solucionen sus problemas psíquicos. Otro
es el desarrollo cuando los síntomas se han puesto al servicio de motivos vitales externos, como le había
ocurrido a Dora desde los últimos dos años. Uno puede errar el camino al enterarse que el estado de los
enfermos no da señales de cambiar ni aun cuando el trabajo ha proseguido largamente. En realidad, las
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cosas no son tan enfadosas; es cierto que los síntomas no desaparecen mientras dura el trabajo, pero sí un
tiempo después, cuando se han disuelto los vínculos con el médico. La dilación de la cura o de la mejoría
sólo es causada, en realidad, por la persona del médico.
En el curso de una cura psicoanalítica, la neo formación de síntoma se suspende; pero la productividad de
la neurosis no se ha extinguido en absoluto, sino que se afirma en la creación de un tipo particular de
formaciones de pensamiento, las más de las veces inconscientes, que puede darse el nombre de
transferencias.
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Las transferencias son reediciones, recreaciones de las mociones y fantasías que a medida que el análisis
avanza no pueden menos que despertarse y hacerse conscientes; pero lo característico es la sustitución de
una persona anterior por la persona del médico. Toda una serie de vivencias psíquicas no es revivida como
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algo del pasado, sino como vínculo actual con la persona de médico.
Cuando uno se adentra en la teoría de la técnica analítica, llega a la intelección de que la transferencia es
algo necesario. En la práctica no hay ningún medio para evitarla, y es preciso combatir a esta última
creación de la enfermedad como se hace con todas las anteriores.
Freud se ve obligado a hablar de la transferencia porque sólo este factor le permitió esclarecer las
particularidades del análisis de Dora. Lo que constituye su ventaja y lo hizo apto para una primera
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publicación introductoria guarda íntima relación con su gran falla, la que llevó a la ruptura prematura. Freud
declara que no logró a tiempo dominar la transferencia; a causa de la facilidad con que Dora ponía a su
disposición en la cura una parte del material patógeno, Freud olvidó tomar la precaución de estar atento a
los primeros signos de la transferencia que se preparaba con otra parte de ese mismo material.
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Freud dice que desde el principio fue claro que hacía de sustituto del padre, facilitado por la diferencia de
edad entre ellos. Dora lo comparó conscientemente con él inclusive, diciendo que su padre siempre tenía
“secretos y rodeos tortuosos”, y justamente en Freud buscaba angustiosamente asegurarse de la sinceridad
de las cosas que le decía.
Cuando sobrevino el primer sueño ella se alertaba para abandonar la cura como en su momento había
hecho con la casa del Sr. K. Freud dice que debería haberle dicho “¿Ha notado usted algo que le haga
inferir malos propósitos, parecidos a los del señor K en mí?” “¿Algo le ha llamado la atención en mí o ha
llegado a saber alguna cosa de mí que cautive su inclinación como antes le ocurrió con el Sr. K?” Entonces
su atención se habría dirigido sobre algún detalle del trato entre ellos, tras lo cual se escondería algo
análogo, pero incomparablemente más importante, concerniente al Señor K. Mediante la solución de esas
transferencias el análisis hubiera tenido acceso a nuevo material mnémico probablemente. Pero Freud
omitió hacer estas advertencias primeras. Así, fue sorprendido por la transferencia y a causa de esa x por la
cual él le recordaba al Sr. K, ella se vengó de él como se vengara del Sr. K y lo abandonó, tal como se
había creído engañada y abandonada por K. Así, actuó un fragmento esencial de sus recuerdos, en vez de
recordarlo en la cura. Esa X es un misterio (esto lo agrego yo: por fumador puede ser, Dora hacía serie
metonímica entre el padre, el Sr. K y Freud porque todos fumaban).
Post-Tratamiento
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Pasaron quince meses de la conclusión del tratamiento y del informe antes de que se recibiera noticias del
estado de Dora y con ellas del desenlace de la cura. El primero de Abril se presentó para poner fin a su
historia y pedirle auxilio a Freud de nuevo: pero Freud se daba cuenta que no tomaba en serio ese pedido
(Dora). En las cuatro a cinco semanas posteriores al fin del tratamiento Dora le dijo que anduvo “toda
revuelta”. Luego le sobrevino una gran mejoría, se puso bien. En mayo de ese año murió un hijo de los K,
que siempre había sido enfermizo. A raíz del duelo les hizo una visita de condolencias, y ellos la recibieron
como si nada hubiera pasado en esos últimos tres años. En ese momento se reconcilió con ellos, se vengó
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de ellos y llevó su asunto a una conclusión que le resultaba satisfactoria: Dijo a la Sra. K: “Sé que tienes
una relación con mi papá”, lo cual ella no negó, y movió al Sr. K a confesar la escena junto al lago, que él
antes había impugnado. Llevo entonces a su padre esa noticia, justificadora para ella. No reanudó el trato
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con esa familia.
Le fue bien hasta mediados de octubre, época en la cual le sobrevino otro ataque de afonía. El ataque
había seguido a un fuerte susto: vio cómo una persona era arrollada por un carruaje, y la víctima no era otra
persona que el Sr. K. Lo encontró un día por la calle, en un lugar de intenso tránsito; él se quedó atónito,
confuso ante la presencia de ella, y en ese estado de olvido de sí mismo se dejó atropellar por un carruaje.
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Ella se cercioró de que había pasado por el trance sin grave daño. Todavía se pica cuando oye hablar de
las relaciones de su papá con la Sra. K, pero ya no se mete en ellas.
Le demandaba ayuda a Freud por una neuralgia facial del lado derecho, lo cual le pasaba desde hacía 14
días. Freud se le cagó de risa, ya que ella llegó a él justamente 14 días después de que había leído en un
diario una noticia sobre Freud (1902). La pretendida neuralgia facial respondía entonces a un autocastigo,
FI
el arrepentimiento por el bofetón que propinó aquella vez al Sr. K, y por la transferencia vengativa que hizo
después sobre Freud.