Sonreír para creer
En un pequeño pueblo llamado Sarola, vivían dos pequeños amigos llamados Pedro y Luis,
ellos eran unos niños muy curiosos, divertidos y les gustaba aprender cosas nuevas. Una
noche, después de un largo día de travesuras, decidieron ir a sus casas por un camino nuevo y
diferente al comúnmente concurrido, mientras iban por allí, observaron una luz que
inmediatamente ambos siguieron con mucha intriga, esa luz era brillante, y hermosa, no
sentían miedo alguno, pues iban juntos y misteriosamente se sentían acompañados. Ellos
continuaron el camino que les indicaba la luz pupilante, pasaron por un bosque y por un
pequeño puente, hasta que finalmente llegaron a un lugar que jamás habían visto, era
hermoso, lleno de luz y muchos colores, ellos se miraron y se dieron cuenta que estaban en el
mundo mágico y escondido que tanto habían oído escuchar de sus abuelos, aunque no parecia
estar habitado, tenía mucha maleza y no era tan colorido como lo imaginaban, pues sus
abuelos les decían que hace mucho tiempo había existido un mundo lleno de color, dónde
habían hadas y cada sueño se hacía realidad, así que estaban muy preocupados, no sabian qué
hacer, pero se llenaron de valor ya que está sería una nueva aventura que contar, sin embargo,
al notar que no había ningún hada a los alrededores, comenzaron a buscar las, y
descubrieron que habían algunas pistas, de que no estaban desaparecidas y cuando ya
estaban a punto de irse, observaron un camino de migas de polvo mágico y corrieron tras el,
hasta que lograron llegar dónde las bellas hadas estaban escondidas, pues últimamente se
sentían muy enfermas y agotadas y les tocaba caminar para desplazarse. Ellos con su
curiosidad les preguntaron la razón, y ellas sin dudar le respondieron: " nuestro pueblo
necesita de la felicidad, necesitamos sonrisas para obtener nuestra energía y nutrir nuestro
polvo mágico y ahora son pocos los niños que ríen y disfrutan como ustedes, por eso nuestra
luz los trajo acá, para recordarnos que aún existen niños felices y pedir les que sigan
disfrutando y sonriendo". Al escuchar esto, comenzaron a sacar del refugio a una por una, y
a contar sus chistes y aventuras, rieron tanto que ellas lograron recuperar su energía y volver
a nutrir el mundo mágico, así que su misión había casi terminado, ya que la otra parte sería un
poco más larga, pues Pablo y Luis debían volver al mundo real y seguir disfrutando y
motivando a más niños, jóvenes y adultos de sonreír y vivir grandes aventuras y ser los
héroes no solo del mundo mágico, sino de su mundo real.