1.
El Verdadero Arrepentimiento
El Arrepentimiento no es opcional. Es un
mandato de Dios:
Dios declara ahora a todos los hombres, en
todas partes, que se arrepientan (Hechos
17:30)
Jesús habla de que el arrepentimiento se debe
de poder ver:
..den frutos dignos de arrepentimiento.. (Lucas
3:8)
El verdadero discípulo inicia con el
arrepentimiento.
..Jesús comenzó a predicar: “Arrepiéntanse,
porque el reino de los cielos se ha acercado.”
(Mat 4:17)
“No he venido a llamar a justos, sino a
pecadores al arrepentimiento.” (Luc 5:32)
.. si ustedes no se arrepienten, todos perecerán
igualmente.” (Luc 13:1-5)
La predicación superficial que vemos hoy en día
no produce cambio verdadero. Debe haber una
señal de regeneración. Somos salvos por fe,
pero la fe sin obras es muerta.
Algunos citan Hechos 16.31 (Cree en el Señor
Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa) y dicen
que la salvación viene por el arrepentimiento.
Creer NO es suficiente
Tú crees que Dios es uno (que hay un solo
Dios). Haces bien; también los demonios creen,
y tiemblan. Pero, ¿estás dispuesto a admitir
(¿quieres saber), oh hombre vano (necio), que
la fe sin obras es estéril? (Stg 2:19-20)
Pues ellos mismos cuentan acerca de nosotros,
de la acogida que tuvimos por parte de ustedes,
y de cómo se convirtieron de los ídolos a Dios
para servir al Dios vivo y verdadero, (1Tes 1:9)
Tres Áreas que deben de verse en un
arrepentimiento genuino
Emociones -Dolor del pecado…
Intelecto -Cambio de mente
Voluntad. -Cambio de vida
…pero ahora me regocijo, no de que fueron
entristecidos, sino de que fueron entristecidos
para arrepentimiento… Porque la tristeza que es
conforme a la voluntad de Dios produce un
arrepentimiento que conduce a la salvación, sin
dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce
muerte. (2Co 7:8-10)
Los frutos disgnos de arrepentimiento se
muestran de una manera práctica. Dejas de
robar, de tranzar, de hacer cosas deshonestas.
La Biblia lo señala por medio de Juan el
Bautista:
Por eso, Juan decía a las multitudes que acudían
para que él las bautizara: “¡Camada de víboras!
¿Quién les enseñó a huir de la ira que vendrá?
“Por tanto, den frutos dignos de
arrepentimiento; y no comiencen a decirse a
ustedes mismos: ‘Tenemos a Abraham por
padre,’ porque les digo que Dios puede levantar
hijos a Abraham de estas piedras. “El hacha ya
está puesta a la raíz de los árboles; por tanto,
todo árbol que no da buen fruto es cortado y
echado al fuego.” Y las multitudes le
preguntaban: “¿Qué, pues, haremos?” Juan les
respondía: “El que tiene dos túnicas, comparta
con el que no tiene; y el que tiene qué comer,
haga lo mismo.” Vinieron también unos
recaudadores de impuestos para ser bautizados,
y le dijeron: “Maestro, ¿qué haremos?” “No
exijan (No colecten) más de lo que se les ha
ordenado,” les respondió Juan. También algunos
soldados le preguntaban: “Y nosotros, ¿qué
haremos?” “A nadie quiten dinero por la fuerza,”
les dijo, “ni a nadie acusen falsamente, y
conténtense con su salario.” (Luc 3:7-14)
[Link] del Arrepentimiento
Pero, ¿estás dispuesto a admitir (¿quieres saber?), oh hombre vano
(necio), que la fe sin obras es estéril? (Stg 2:20)
Profesan, pero ¿serán Nacidos de Nuevo?
Hay personas que piensan que son salvas sólo por haber hecho la
oración de fe en algún momento de su vida. Según la revista American
Cristianity, en EEUU hay 305 millones de personas, de las cuales 250
millones profesan ser Cristianos, pero sólo 134 millones asisten
regularmente a la iglesia. ¿Cuántos serán verdaderos discípulos?
¿Cuántos viven como Cristianos? Cada año se abren 1500 iglesias
Evangélicas nuevas… ¡pero cierran 4000!
Los Católicos piensan que por haber sido bautizados en su niñez, son
salvos. Según el INEGI, sólo 26% de las personas que profesan la fe
Católica asisten regularmente a la iglesia. ¿Cuántos serán nacidos de
nuevo?
¿Cuáles son las Evidencias de los Verdaderos Discípulos?
Veamos el texto de Santiago, comenzando en el versículo 14
¿De qué sirve, hermanos míos, si alguien dice que tiene fe, pero no
tiene obras? ¿Acaso puede esa fe salvarlo? (Stg 2:14)
Recordemos que Pablo afirma en Romanos que “el hombre es justificado
por la fe aparte de las obras.” Las obras son la prueba de que tu
arrepentimiento fue genuino. En los siguientes versículos Santiago entra
en un ejemplo.
Si un hermano o una hermana no tienen ropa y carecen del sustento
diario, y uno de ustedes les dice: “Vayan en paz, caliéntense y
sáciense,” pero no les dan lo necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve?
Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. Pero
alguien dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las
obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.” (Stg 2:15-18)
Si entendemos estos versículos, nos damos cuenta que no hay
contradicción con lo que dijo Pablo en Romanos. Si no hay pruebas, tu
fe es estéril.
Tú crees que Dios es uno (que hay un solo Dios). Haces bien; también
los demonios creen, y tiemblan. (Stg 2:19)
Hay muchos que tienen la fe de los demonios. Creen, al igual que los
demonios, pero no practican.
Pero, ¿estás dispuesto a admitir (¿quieres saber?), oh hombre vano
(necio), que la fe sin obras es estéril? (Stg 2:20)
En la versión NVI se traduce “hombre vano” como “hombre tonto”.
¿No fue declarado justo nuestro padre Abraham por lo que hizo cuando
ofreció sobre el altar a su hijo Isaac? Ya lo ves: Su fe y sus obras
actuaban conjuntamente, y su fe llegó a la perfección por las obras que
hizo. (Stg 2:21-22)
¡La fe actuó! Recapitulando, nadie puede alcanzar la salvación sin creer
en Cristo; pero si alguien dice que cree, debe tener obras que lo
demuestren.
[Link] sus frutos los conocerán
Mt 7:13-20
I. Caminar y entrará(Mt 7:13-14)
A. Caminar
B. Entrar
1. Puerta espaciosa
a) lleva a la perdición
b) Muchos son los que entran
2. Puerta estrecha
a) Lleva a la vida
b) Y Poco son los que la hallan
II. Vestidos de ovejas o lobos(Mt 7:15-16)
A. Falsos Profetas
1. Con vestidos de ovejas
2. Corazón de lobo
III. Dar buen fruto (Mt 7:17-20)
A. Dar
B. Buen
C. Fruto
1. Obras de la Carne (Gal 5:19-21)
2. Fruto del Espíritu (Gal 5:22-23)
a) Ser Verdadero discípulo Jn 15:8
3. Santificación (Ro 6:22)
IV. El que hace la voluntad de Dios. (Mt 7:21-23)
A. Conocer a Dios
1. Muchos me dirán en aquél día. (Mt 7:22)
2. Nunca os conocí (Mt 7:23)
B. Apartarse de la maldad
1. Todo aquel que invoque (2Ti 2:19)
C. No practicar el pecado
1. Nacido de Dios (1Jn 3:1-10)
[Link]ípulos que dan fruto
Mr 4:3-8
I. SEMBRADOR (Mr 4:3,14)
A. Quien da la palabra
B. Ir a sembrar
C. Palabra de Dios
II. CORAZON DURO (Mr 4:4,15)
A. Cayo junto al camino
1. Oyen la palabra
a. No la entiende
B. Le quitan la palabra
1. Satanás
III. SIN RAIZ (Mr 4:5-6,16-17)
A. Entre los pedregales
1. Oyen la palabra
a. La reciben con gozo
b. Corta duración
2. Tribulación o Persecución
3. Tropieza
IV. AHOGADA (Mr 4:7,18-19)
A. Entre espinos
1. Oyen la palabra
2. Afanes
3. Engaño de Riqueza
4. Codicia de otra cosas
5. Se hace infructuosa
V. DAN FRUTO (Mr 4:8,20)
A. Buena tierra
1. Oyen la palabra
a. La recibe
2. Dan Fruto
a. Gal 5:22; Ef 5:9; Flp 1:11;
b. 30, 60 y a 100 por 1
c. Llevar más Fruto (Jn 15:1)
[Link] en La Vid
Jua 15:1-8
Introducción
Vid es un árbol y que significa conocimiento
La vid se caracteriza por su longevidad de vida hasta 100 años
I. Vid
A. Tronco //Fluye la sabia
B. ramas (pámpano)
C. fruto
II. Pámpano sin fruto
A. Va solo
B. Nada podrá ser
C. Será echado fuera
1. Se secará
2. Los recogen
3. Los echan en el fuego
III. Pámpano con fruto
A. Sera limpiado
1. Por la palabra de Dios
B. Permanecer
1. En El
a. Y EL en nosotros
2. Pedir todo lo que quieras y os será hecho
3. Es Glorificado DIOS
a. Llevar mucho fruto
b. Seáis así mis discípulos
¿Te estás alimentando de la Vid verdadera?
[Link] o Enemigos de la Cruz
Lc.9:23
Fil 3:18-20
Jn 6:60-66
Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: “Esta enseñanza es
muy difícil; ¿quién puede aceptarla?” (Jua 6:60 NVI)
La palabra «difícil» se puede traducir también como severa. La palabra
aceptarla se puede traducir también como obedecerla. Es decir, se trata
de una enseñanza rigurosa, severa y que debe obedecerse.
Jesús, muy consciente de que sus discípulos murmuraban por lo que
había dicho, les reprochó: -¿Esto les causa tropiezo? (Jua 6:61 NVI)
Hablar entre Dientes
La palabra murmuraban viene del griego «gongúzo» que significa
rezongar, gruñir, refunfuñar una orden. En palabras sencillas podríamos
traducir esta expresíón como hablar entre dientes. Imaginemos a un
muchacho a quien se le ordena deshacerse de la basura… habla entre
dientes refunfuñando porque no quiere hacer el trabajo. ¡Hay hermanos
que son así! Siguen gruñendo y hablando entre dientes después de 20
años. ¡Se parecen más al Demonio de Tasmania que al Maestro!
Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no
andaban con él. (Jua 6:66 NVI)
Estos últimos no llegaron al final, no se graduaron. En Hebreos, Dios
dice: “si {alguien} se vuelve atrás, no será de mi agrado.” Jesús dijo
que “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es
apto para el reino de Dios.” La esposa de Lot se convirtió en una estatua
de sal porque amó más al mundo y se volvió para ver la ciudad de
perdición, como si lo de atrás valiera más que lo eterno.
Jesús no engaña a nadie. Él nos dijo que no vino a dar paz, sino
disensión. Seguir a Cristo te va a poner en disensión. ¿Vas a seguirle?
(Cuando Jesús dijo que “La paz les dejo; mi paz les doy” estaba
hablando de paz espiritual, paz con Dios, no con el Mundo).
Nuestro Problema es el Pecado
Dirigiéndose a todos, declaró: -Si alguien quiere ser mi discípulo, que se
niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. (Luc 9:23 NVI)
Notemos a quiénes llamó Jesús: a todos. ¿Y cuántos responden?
Algunos. Sólo algunos. Otros vienen a Jesús por una sanidad, pero Jesús
no está tan preocupado por tu sanidad del cuerpo como por salvarte del
infierno. Acordémonos de los diez leprosos (que llegaron a Jesús por su
sanidad): sólo uno regresó y Jesús le dijo “Tu fe te ha salvado.” Otros
llegan a Jesús porque les prometieron “Entrégate a Cristó y él
solucionará tu matrimonio.” Esa es una verdad a medias e implica un
gran riesgo: podemos “acercarnos” a Dios buscando una solución y no la
salvación. Nuestro problema principal -y por tanto el problema
fundamental de nuestros matrimonios- es el pecado. ¿Y dónde se
soluciona el problema del pecado? ¿Quién es el único que puede
solucionar ese problema? Jesús, cuando nacemos de nuevo.
La cruz no es sólo un pasito que damos para llegar al bienestar. ¡La cruz
pesa tres toneladas! Y alguno dirá, pero… ¡Dios es amor! Sí, pero la
Biblia no dice que Dios es amor, amor, amor, amor, amor, amor…
Tampoco dice que Dios es misericordioso, misericordioso,
misericordioso, misericordioso…
El único atributo de Dios que aparece repetidamente es: Dios es Santo,
Santo, Santo.
¿Avivamiento o Avivo y Miento?
Dice la Biblia que el día de la multiplicación de los panes y los peces
había como cinco mil varones sin contar a las mujeres y a los niños.
Entonces seguramente eran como veinte mil personas reunidas en torno
a Jesús.
- ¡Qué avivamiento, veinte mil personas!- podrían decir hoy muchos.
Seamos claros: las multitudes no son necesariamente una señal de
avivamiento. ¿Avivamiento o avivo y miento? ¿Cuántos de estos
realmente eran discípulos? Veanis lo que la gente hizo cuando terminó
de comer sus sándwiches de sardina:
En cuanto la multitud se dio cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos
estaban allí, subieron a las barcas y se fueron a Capernaúm a buscar a
Jesús. (Jua 6:24 NVI)
En el contexto de este pasaje la palabra buscar también se puede
traducir como pedir. Fueron a pedirle más a Jesús. ¡Más sándwiches
gratis por favor!
En el Mundo se dice que si ofrecemos cosas gratuitas las gente no las
valorará. Pero este criterio no es válido en el Reino de Dios. Hoy, con tal
pretexto, algunos cobran por predicar la Palabra y otros cobran por un
milagro. ¡Son corruptos! El precio de nuestra salvación es tan alto que
Jesús tuvo que regalarla.
Se hartaron como animales
Cuando lo encontraron al otro lado del lago, le preguntaron: –Rabí,
¿cuándo llegaste acá? –Ciertamente les aseguro que ustedes me
buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta
llenarse. (Jua 6:25-26 NVI)
En estos versículos la palabra comieron viene del griego « fago » que
implica que comieron, devoraron hasta saciarse. La palabra llenarse
viene del griego «cortazo» que significa hartarse. Las dos palabras se
usaban para hablar de animales. Podríamos leer esto así: Ustedes me
buscan porque se hartaron y devoraron, comieron como animales. Eran
palabras ofensivas. Y tú, ¿por qué buscas a Jesús? ¿Cuál es tu
motivación?
Reprendiendo al Maestro
¿Te imaginas a un estudiante reprendiendo al profesor en su primer
semestre de clases? ¡Eso no debería pasar! Sin embargo, aquí vemos a
Pedro reprendiendo a Jesús:
Desde entonces comenzó Jesús a advertir a sus discípulos que tenía que
ir a Jerusalén y sufrir muchas cosas a manos de los ancianos, de los
jefes de los sacerdotes y de los maestros de la ley, y que era necesario
que lo mataran y que al tercer día resucitara. Pedro lo llevó aparte y
comenzó a reprenderlo: –¡De ninguna manera, Señor! ¡Esto no te
sucederá jamás! (Mat 16:21-22 NVI)
Si no lo hubiera entendido más tarde, Pedro habría sido el precursor de
la confesión positiva: “De ninguna manera te suceda esto”.
Jesús les declaraba a sus discípulos todo lo que habría de ocurrir: aquí lo
vemos anunciándoles cómo iba a morir. Pedro le reprende por tal
declaración: no había entendido aún lo que Pablo le advertiría más tarde
a Timoteo que “sufriría persecución”.
¿Pablo “confesó negativamente” lo que ocurriría a los cristianos?
Hermanos, ¡esa enseñanza de la confesión positiva viene de la carne!
Jesús se volvió y le dijo a Pedro: –¡Aléjate de mí, Satanás! Quieres
hacerme tropezar; no piensas en las cosas de Dios sino en las de los
hombres. (Mat 16:23 NVI)
La palabra Satanás significa adversario. Cuando Jesús le llama Satanás
a Pedro no está diciendo que éste sea el Diablo, sino que le está
llamando adversario, uno que está en contra de los planes de Dios.
Imagínate si Jesús le hubiera hecho caso a Pedro. ¿Dónde estaríamos
nosotros? ¡Pedro estaba recomendándole no enfrentar al pecado en la
cruz, no cumplir la misión que le encomendó el Padre! El hombre no
piensa como Dios.
¿Amigos o Enemigos de Dios?
Dice Pablo en Romanos que cualquiera que anda en la carne se hace
enemigo de Dios. Por tanto, el verdadero discípulo de Jesús debe dejar
sus proyectos personales a un lado. Jesús nos enseñó a orar: “Hágase
hoy Tu voluntad.” Tenemos que aprender a negarnos a nosotros
mismos, a desechar nuestros proyectos para tomar los de Él.
Recuerdo muy bien cuando Dios me llamó: yo no quería ser pastor.
Había observado la vida de los pastores y prefería ser un evangelista.
De hecho empecé a imitar uno que venía a la iglesia donde yo me
congregaba en ese tiempo. (¿Han visto a los imitadores de Benny Hinn?
Ahora hay un montón de ‘Hijines’, pero no necesariamente “Hijines” de
Dios). Dios me dijo muy claro: Tú vas a ser pastor. ¿Vas a hacer lo que
tú quieres o lo que yo quiero? Yo me sometí y le pedí el don de ser
pastor.
¿Y tu? ¿Vas a hacer lo que tú quieres o lo que Dios dice?
Tomar la Cruz
Luego dijo Jesús a sus discípulos: –Si alguien quiere ser mi discípulo,
tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. (Mat 16:24
NVI)
En el contexto cultural de hoy no entendemos muy bien el concepto de
cruz porque pertenece a otra época. Pero en tiempos de Jesús era muy
claro lo que Jesús estaba diciendo: la cruz era el instrumento para el
martirio que los Romanos tomaron de los Persas y de los Asirios. El
tomar la cruz era un sacrificio, implicaba padecer persecución.
La cruz que llevamos hoy en realidad es pequeña y liviana, como un
dije, fácil de cargar. Pero la cruz de la que hablaba Jesús era pesada.
¿Recuerdas cuando un profeta le avisó a Pablo que si iba a Roma sería
golpeado y maltratado? Los discípulos le dijeron a Pablo que no fuera,
pero él dijo “no me desanimes, estoy listo para poner mi vida“.
¿Y tú? ¿Estás dispuesto a todo?
[Link] Reto de Ser Discípulo
Mar 3:13-15
Hec 11:26
¿Elegiste o te eligieron?
¿Sabías que eres Cristiano no es meramente porque lo elegiste?
¿Has escuchado hablar a la gente: escogí a Cristo?
Jua 15:16
Mar 3:13-15 Después subió al monte, y llamó a sí a los que él quiso;
y vinieron a él. (14) Y estableció a doce, para que estuviesen con él,
y para enviarlos a predicar, (15) y que tuviesen autoridad para sanar
enfermedades y para echar fuera demonios:
“Quiso” significa “Determinar“.
“Designó” se puede traducir como “Redimir, sacar (pagando por un
precio)”.
1- Que lo Acompañaran
Jesús pasaba tiempo con ellos para perfeccionarlos. No eran perfectos,
pero estaban con Jesús. Si no tenemos comunión con Dios no tenemos
nada bueno que ofrecerle a la gente. (Jua 15:15)
2- Enviarlos a Predicar
3- Autoridad
El egoísmo y la autoridad no se llevan: juntos producen autoritarismo.
Debemos seguir el orden de Jesús: empezar por cultivar la relación con
Él, mostrar su compasión y al final ejercer la autoridad que nos da.
La autoridad es precedida por la responsabilidad.
Conclusión
Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan
grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en
especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la
carrera que tenemos por delante.
[Link] Discípulo y la Obediencia
1Sa 15:22
Esta palabra, obedecer, viene del hebreo shamá. Aparece más de mil
veces en la Biblia y significa: oír inteligentemente (no sólo oír, sino
escuchar), prestar atención, prestar oídos. Con docilidad. Sólo el hecho
de que aparezca más de mil veces en la Biblia nos habla de la
importancia de la obediencia.
1Sa 15:1-35
[Link] Escultor de Discípulos
Corría el año 1501 en Italia. Se buscaba insistentemente a un escultor
para hacer una figura del Rey David, con la honda en la mano, en el
momento en que recién había matado a Goliat. La obra le fue
encomendada al gran artista Miguel Ángel, a quien le fue dada una mole
de mármol de cinco metros de altura con la cual se dedicó durante dos
años continuos a darle forma a ésta que es considerada una de las obras
maestras de la plástica mundial de todos los tiempos: el David.
Esta historia me hace pensar seriamente en Jesús como el gran escultor
de discípulos. Un verdadero discípulo no nace, sino que se hace. El
verdadero discipulado no se recibe por herencia (”Soy cuarta generación
de predicador por parte de mi madre“). En la mente de Jesús nunca
anidó la idea de, producir discípulos en serie, como si se tratara de la
mentalidad de un moderno fabricante de productos de dudosa calidad en
China: “hagamos muchos, aunque sean malos“).
La Relación Maestro-Discípulo
Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo
de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De
este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del
Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena
estatura de Cristo. (Efe 4:11-13 NVI)
Jesús tiene una visión clara: formar discípulos y formarlos bien,
capacitados, perfeccionados para ser como Él, que a su vez preparen a
más discípulos conforme a la plena estatura de Cristo.
En los días de Jésús, la relación entre los maestros y sus discípulos era
sumamente importante: un discípulo obedecía más al maestro que a sus
propios padres. Jesús, sin embargo, fue diferente a los otros maestros
en varios aspectos:
1- Jesús nos Escogió
En aquel tiempo, una persona pedía ser discípulo de un maestro, tal
como ahora un estudiante escoge dónde estudiará. Pero, como el
mármol no escogió a Miguel Ángel, tampoco nosotros escogimos a
Jesús:
No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los
comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el
Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. (Jua 15:16 NVI)
2- Relación Permanente
Los discípulos seguían a sus maestros por cierto tiempo y luego se
separaban de ellos. Sin embargo, los de Jesús son discípulos
permanentes. Jesús dijo que, el que pone su mano en el arado y luego
mira atrás, no es digno de ser su discípulo.
Si usted dice ser Su discípulo, debe dejar el estilo de vida del mundo.
Recordemos por ejemplo la historia de la esposa de Lot, la cual no pudo
contenerse de mirar hacia Sodoma y Gomorra -símbolo del pecado- y se
convirtió en una estatua de sal.
3- Beneficio Espiritual, no Carnal
En tiempos de Jesús, además, un discípulo se revestía del prestigio de
su maestro, es decir, obtenía fama o riqueza por causa de su tutor. El
Apóstol Pablo fue discípulo de Gamaliel, un hombre tan reconocido que
superaba el título de “Rabí” (maestro) y era llamado “Rabán” (Nuestro
maestro). Sin embargo, Pablo tuvo aquello por basura al contrastarlo
con la riqueza espiritual del conocimiento de Cristo.
Los discípulos de Jesús no debemos esperar fama, todo lo contrario:
“Dichosos serán ustedes cuando por mi causa la gente los insulte, los
persiga y levante contra ustedes toda clase de calumnias. (Mat 5:11
NVI)
A Jesús le llamaron demonio, borracho, comilón, amigo de publicanos y
pecadores. Aún hoy se difama a Jesús. No hace mucho, por ejemplo, se
estrenó una película donde se afirma que Jesús tenía a María Magdalena
como amante y que a la vez sostenía relaciones homosexuales con sus
discípulos.
Calumnias
Si usted se dice cristiano, pero la forma en que vive no pone en
evidencia el pecado de los demás, se duda de que sea usted un
verdadero discípulo. Haga la prueba: viva como Jesús dice y verá cómo
el mundo se vuelve contra usted. Jesús no ofrece bienestar, riquezas,
prosperidad, o que usted “pare de sufrir”:
“He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera
ardiendo! Pero tengo que pasar por la prueba de un bautismo, y ¡cuánta
angustia siento hasta que se cumpla! ¿Creen ustedes que vine a traer
paz a la tierra? ¡Les digo que no, sino división De ahora en adelante
estarán divididos cinco en una familia, tres contra dos, y dos contra tres.
Se dividirán el padre contra su hijo y el hijo contra su padre, la madre
contra su hija y la hija contra su madre, la suegra contra su nuera y la
nuera contra su suegra. Luego añadió Jesús, dirigiéndose a la multitud:
-Cuando ustedes ven que se levanta una nube en el occidente, en
seguida dicen: ‘va a llover’, y así sucede. Y cuando sopla el viento del
sur, dicen: ‘va a hacer calor’, y así sucede. ¡Hipócritas! Ustedes saben
interpretar la apariencia de la tierra y del cielo. ¿Cómo es que no saben
interpretar el tiempo actual? (Luc 12:49-56 NVI)
Si Jesús fue calumniado… ¡cómo pensar que sus seguidores no lo
seremos! En 1989 mi esposa y yo fuimos misioneros en Argentina por
dos años. Allá nació mi hija. Cuando volvimos a México, una hermana de
la iglesia me saludó y me preguntó si nos habíamos ido a Argentina para
ocultar el hecho que mi esposa, Vicky, había quedado embarazada de
otro hombre. ¡Puras calumnias! Para ser honesto, cuando alguien te
difama así, duele. Contrariado me fui a orar y Dios me preguntó: “¿la
acusación es falsa o verdadera?”. “Es falsa, Señor” le respondí. “No te
preocupes entonces. Preocúpate cuando te acusaren de algo cierto,” me
dijo, “pues entonces te las verías conmigo”.
El discípulo verdadero ha sido esculpido por Jesús.
La Iglesia es como el Arca de Noé
¿Qué debemos hacer para no llenarnos de amargura?
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los
persiguen,* para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él
hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e
injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué
recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de
impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen
ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? (Mat 5:44-47 NVI)
Por alertar a los creyentes acerca de los falsos profetas, los líderes de
Casa de Oración hemos recibido amenazas de muerte, muchas de ellas
por teléfono, anónimas. Luego de identificar el origen de una de aquellas
llamadas nos comunicamos con la persona que nos amenazaba, quien
resultó ser -nada menos- ¡el hijo de un pastor! Alguien dijo que la
iglesia es como el Arca de Noé: soportamos el amontonamiento, las
apreturas y hasta los malos olores con tal de evitar el jucio de afuera. La
iglesia está llena de ovejas, pero también hay potros salvajes,
serpientes, cabritos, lagartos, y uno que otro Diablo rojo.
¡El colmo de lo que ocurre al interior de la iglesia de hoy es un video que
circula en Internet: un pastor maldice a todos los que se pronuncien
contra su ministerio! Que quede claro: ese no es un verdadero discípulo
de Jesús.
Martillo y Cincel
En contraparte, es hermoso observar la formación del Apóstol Pedro en
la Biblia. Su enseñanza no se parece nada a lo que se predica hoy en
día:
Pero ¿cómo pueden ustedes atribuirse mérito alguno si soportan que los
maltraten por hacer el mal? En cambio, si sufren por hacer el bien, eso
merece elogio delante de Dios. Para esto fueron llamados, porque Cristo
sufrió por ustedes, dándoles ejemplo para que sigan sus pasos. “El no
cometió ningún pecado ni hubo engaño alguno en sus labios.”* (1Pe
2:20-22 NVI)
Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque
el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes. Que ninguno tenga
que sufrir por asesino, ladrón o delincuente, ni siquiera por entrometido.
Pero si alguien sufre por ser cristiano, que no se avergüence, sino que
alabe a Dios por llevar el nombre de Cristo. (1Pe 4:14-16 NVI)
Ser llamado Cristiano era una burla durante el primer siglo. Hoy parece
ser una moda: Un montón de artistas se dicen Cristianos, pero viven
según el mundo.
Un Discípulo debe ser como el Maestro
Un verdadero discípulo, debe llevar una vida como la de su Maestro. He
aquí algunos ejemplos de las áreas de su vida en las que debemos
imitar a Jesús:
1- Vida Moral
Nuestra vida debe ser moralmente limpia. Entre nosotros, en la iglesia,
hay personas sin esta cualidad básica. Sin ir más lejos, hace unos días
me trajeron un mensaje de correo electrónico escrito por una mujer
casada quien le escribía a su amante: “Mi amor, el domingo fui a la
iglesia con mi marido y luego salimos de vacaciones. ¡Cómo me hiciste
falta!” La mujer y su marido acuden a otra iglesia en esta misma ciudad
y el amante de ella, el destinatario del correo, ¡viene a Casa de Oración!
La persona que me trajo el mensaje me explicó: “yo ya he confrontado
a este hombre pero no recibe la exhortación, así que ahora lo traigo a la
iglesia”. Esta persona estaba siguiendo el método Bíblico de Mateo 18
para enfrentar el pecado en la iglesia, aunque más de algún ignorante
de las Escrituras aún diría que a éste “le faltó amor” o que “no debería
juzgar”.
2- Vida Familiar
Nuestra vida familiar debe ser como lo desea Jesús el Maestro. Una
jovencita me buscó llorando hace unos días, diciendo que su papá
golpea a su mamá y los maltrata a todos en casa. Le pregunté si su
papá es Cristiano y ella me dijo, “sí, usted lo saluda aquí en la iglesia.”
Una verdadera vergüenza. Nuestra vida familiar debe ser agradable a
Dios; no creo que alguien no entienda en qué consiste ésto.
3- Vida Laboral
Nuestra vida laboral también debe ser conforme a lo que dice el
Maestro. Si usted le miente a su patrón o le cobra cuentas falsas o
alteradas, seamos claros: usted no es un verdadero discípulo.
¿Simpatizantes o Discípulos?
Aquí la Palabra hace una distinción entre los discípulos y la multitud de
simpatizantes:
Jesús se retiró al lago con sus discípulos, y mucha gente de Galilea lo
siguió. (Mar 3:7 NVI)
Los muchos simpatizantes sacaron ramos de palma y clamaron
“Hossana al Hijoi de David”, pero apenas unos días después le pidieron a
gritos a Pilato que liberara a Barrabás y crucificara a Jesús. ¿Es usted
un simpatizante… o un discípulo? De esto hablaremos mucho más
extensamente en nuestro próximo tema de esta serie.
Hoy en día muchos buscan a Jesús por lo que Él da: vienen por su
sanidad, a presenciar un avivamiento o a recibir polvi de oro, pero los
verdaderos discípulos se interesan por lo que dice Jesús, por su
enseñanza.
Enséñanos a Orar
Un día, los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar. Jesús
les respondió con las que ahora son las palabras más recordadas de la
Biblia. Examinemos este pasaje en el que se encuentran algunas
pruebas de quiénes son los verdaderos discípulos. Estas son las
instrucciones del Maestro formando discípulos:
Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre
¿Reconoce usted que Dios es el Altísimo? ¿O es usted de los que “pone a
Dios entre la espada y la pared para que cumpla sus promesas”? O
peor, es usted de los que le dan órdenes a Dios diciendo “a la cuenta de
tres haz caer la unción y la riqueza: Uno… Dos… Tres… ¡Ahora!”
Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
¿Hágase la voluntad… de quién? ¿Hágase mi voluntad o la de Él? Cristo
no vino a morir en la cruz para que usted haga su lista de exigencias.
¿Quiénes deben hacer su voluntad aquí en la tierra? ¡Nosotros!
Danos hoy nuestro pan cotidiano.
Aquí Jesús no está hablando de riquezas ni de abundancia. Jesús nos
dice que pidamos lo necesario, lo imprescindible. Hoy es común que se
interprete equivocadamente el versículo que habla de que Jesús vino
para darnos “vida en abundancia”: muchos dicen, sin sustento, que ahí
dice que Jesús vino para darnos abundancia material. No, Jesús nos vino
a dar abundancia espiritual.
Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado
a nuestros deudores.
¿Perdona usted a quienes le hacen daño? Los verdaderos discípulos de
Jesús sí lo hacen.
Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno.
Santiago habla de que debemos “resistir al Diablo” y que este huirá de
nosotros. Huirá, sí, pero regresará. Tenemos que luchar contra el Diablo
de la misma manera en que lo hizo el Maestro: con la Palabra de Dios,
no con aceite mágico que uno esparce desde un helicóptero.
Resistencia
El barro no se resiste al Alfarero. El mármol no se resistió a Miguel
Ángel. El verdadero discípulo no se resiste a la mano de Jesús. El cincel
del Escultor sobre nuestra vida dolerá, pero su intervención valdrá la
pena.
Señor, sólo en tus manos puedo ser formado. No quiero ser formado por
las filosofías de este Mundo.
10. ¿Discípulos o Simpatizantes?
Según el diccionario, “Simpatía” es una “comunidad de sentimientos, es
decir, tener sentimientos en común. Es, también, el modo de ser de una
persona, el cual le hace agradable ante los demás y produce una
inclinación afectiva. La simpatía está llena de emociones y sentimientos,
pero tal vínculo no incluye ninguna especie de compromiso.
La Iglesia Cristiana es, por así decirlo, simpática: son muchos los que se
sienten atraídos hacia ella por una especie de identificación con valores
como “lo bueno” o “lo bello”, pero no porque deseen establecer alguna
relación estable, firme o comprometida. Así es nuestra iglesia: está
llena de muchos simpatizantes y de pocos discípulos verdaderos. Para
Jesús no es importante que muchos le digan “yo te sigo” sino que,
quienes lo decian, lo hagan íntegramente y con buenas motivaciones,
que sus seguidores tengan una buena razón para seguirle.
El siguiente versículo deja muy claro que ciertamente hay discípulos,
pero que hay “de otros” entre los que vienen al Señor:
… salió Jesús de la ciudad acompañado de sus discípulos … y de una
gran multitud… (Mar 10:46 NVI)
Lo Espiritual antes de lo Material
Vamos a ver varios pasajes donde se establecen diferencias entre los
discípulos y los “simpatizantes”.
Comparemos la actitud contrastante de las personas que aparecen en
estos dos pasajes:
–Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto
señales sino porque comieron pan hasta llenarse. (Jua 6:26 NVI)
Luego entró en una casa, y de nuevo se aglomeró tanta gente que ni
siquiera podían comer él y sus discípulos. (Mar 3:20 NVI)
En el primer pasaje vemos a un grupo de simpatizantes que le seguían a
Jesús porque, gracias a Él, habían comido gratis. En el segundo pasaje
vemos que Jesús y los Discípulos no podían saciar sus necesidades
físicas porque tenian como prioridad lo espiritual. En Mateo 4 se relata la
historia de la tentación del Maestro: vemos cómo Jesús cita la Escritura
dando prioridad a lo Espiritual: “No sólo de pan vive el hombre, sino de
toda palabra que sale de la boca de Dios”
Cuando usted escuche un mensaje que intente conducirle a la búsqueda
de lo material antes de lo espiritual, está frente a un mensaje falso,
ajeno al Espíritu de las Escrituras. El verdadero discípulo pone lo
espiritual antes de lo material. El verdadero discípulo está agradecido
con Dios, tanto cuando tiene pan en abundancia como cuando sufre
escasez.
Gratitud
Un día vinieron a Jesús unos leprosos, usted debe recordar la historia.
Este relato nos muestra de nuevo el contraste entre discípulos y
simpatizantes.
Recordemos que la lepra era una enfermedad incurable en ese tiempo, y
que en la Biblia aparece como símbolo del pecado.
Cuando estaba por entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez
hombres enfermos de lepra. Como se habían quedado a cierta distancia,
(13) gritaron: –¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros! (14) Al
verlos, les dijo: –Vayan a presentarse a los sacerdotes. Resultó que,
mientras iban de camino, quedaron limpios. (15) Uno de ellos, al verse
ya sano, regresó alabando a Dios a grandes voces. (16) Cayó rostro en
tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante que era
samaritano. (17) –¿Acaso no quedaron limpios los diez? –preguntó
Jesús–. ¿Dónde están los otros nueve? (18) ¿No hubo ninguno que
regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? (19) Levántate y
vete –le dijo al hombre–; tu fe te ha sanado. (Luc 17:12-15 NVI)
Notemos que en el versículo 13 que lo llaman “Maestro.” Al llamarlo
maestro están afirmando que están dispuestos a ser sus discípulos.
¡Pero sólo uno regresó con Jesús! En el versículo 14 vemos que Jesús
los envía con los sacerdotes (que diagnosticaban la lepra y podían
proclamar sanidad). Es claro que todos le creyeron a Jesús, ya que
fueron. Tuvieron suficiente fe para ser sanados de su enfermedad.
Pero, insisto, sólo uno de ellos decidió regresar agradecido. El verdadero
discípulo tiene, además de fe, gratitud a Dios. Todos recibieron sanidad,
pero los otros nueve, cuando recibieron lo que querían, siguieron su
camino.
Adoración
El el versículo 16 dice que “cayó su rostro en tierra a los pies de Jesús“,
acto de adoración que únicamente se le da a Dios. Jesús recibió esta
adoración.
Cayó rostro en tierra a los pies de Jesús y le dio las gracias, no obstante
que era samaritano. (17) –¿Acaso no quedaron limpios los diez? –
preguntó Jesús–. ¿Dónde están los otros nueve? (18) ¿No hubo ninguno
que regresara a dar gloria a Dios, excepto este extranjero? (19)
Levántate y vete –le dijo al hombre–; tu fe te ha sanado. (Luc 17:16-19
NVI)
Los verdaderos discípulos siempre adoran a Dios.
Seguramente usted ha escuchado a gente que dice “mejor lleguemos
tarde al culto ya para la Palabra, porque la adoración aburre. Mucha
cantaleta”. Los verdaderos discípulos están llenos de adoración a Dios.
No vienen únicamente a buscar lo que Jesús les puede dar, sino vienen
a darle.
Hace unos años hubo una campaña evangelística en la Plaza de Toros de
Guadalajara, a la cual invitamos a una persona que venía en silla de
ruedas. Al terminar el evento pude ver a esta persona ya sana,
saltando, con la silla de ruedas levantada en sus brazos. Me pregunto…
¿dónde está esa persona hoy en día? Hizo lo mismo que los nueve
leprosos; recibió su sanidad, mas ya nunca regresó.
Jesús le dijo al hombre sano que regresó “Tu fe te ha salvado” (RV60).
Los otros nueve tuvieron fe para ser sanados, pero éste recibió además
la salvación. ¿Qué es más importante, una sanidad o la salvación
eterna? ¿Que prospere tu negocio o que viva tu alma?
No Buscando Comodidad
Si pusiéramos un anuncio en la entrada de un auditorio que dijera
“Venga a recibir su milagro” o “Venga y oraremos por su prosperidad”…
¡seguramente se llenaría de personas buscando usar a Dios para
alcanzar sus metas materiales! Pero si pusiéramos uno que dijera
”Venga y vea le costo de ser discípulo” llegarían dos o tres. Aún a Jesús
se le fueron:
–¿También ustedes quieren marcharse? (Jua 6:67 NVI)
Muchos predicadores intentan convencer a la gente diciendo “Acepta a
Cristo… Dios está llorando desconsolado afuera de tu corazón… ¡déjalo
entrar!”. Grave error: Dios NO es ningún mendigo. Ciertamente
nuestro Dios es un Dios de misericordia y de amor, pero también es un
Dios que demanda fidelidad. Los predicadores debemos enseñar sobre
TODO el carácter de Dios y no únicamente la “parte bonita”, la que tiene
que ver con recibir benciones, favores, milagros y recompensas. El
Verdadero Discípulo no anda en búsqueda de su comodidad.
Conoce al Maestro
Los verdaderos discípulos se diferencian de los simpatizantes en cómo
conocen al Maestro:
Cuando llegó a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus
discípulos: –¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Le
respondieron: (14) –Unos dicen que es Juan el Bautista, otros que Elías,
y otros que Jeremías o uno de los profetas. (15) –Y ustedes, ¿quién
dicen que soy yo? (16) –Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente –
afirmó Simón Pedro (Mat 16:13-16 NVI)
Los simpatizantes tenían un montón de respuestas: decían que Jesús
era Juan el Bautista, que era Elías el mata profetas o Jeremías el llorón.
Hoy en día los simpatizantes tienen también respuestas erróneas sobre
Jesús: dicen que Jesús se fue de muchacho al Tibet a estudiar con los
Lamas, que tuvo hijos con María Magdalena, o que se fue a Grecia a
estudiar la filosofía de Sócrates. Los que dicen estas cosas no conocen a
Jesús. El verdadero discípulo conoce a su Maestro.
Para Jesús es importante que sus discípulos sepan quién es Él. Para
Jesús es importante que sepamos porqué Él hace lo que hace, piensa lo
que piensa, dice lo que dice.
Revelación de Verdades de Dios
Jesús le dijo a Simón Pedro que, la revelación que éste tenía sobre
quién es Aquél, le vino de parte de Dios:
–Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás –le dijo Jesús–, porque eso no te lo
reveló ningún mortal,* sino mi Padre que está en el cielo. (Mat 16:17
NVI)
Al verdadero discípulo le son reveladas las verdades de Dios.
Obediencia
Luego de predicar con denuedo en las calles e incluso luego de hacer
milagros en el nombre de Dios, los apóstoles fueron apresados. Un
ángel los sacó de la prisión y les dijo “Vayan, preséntense en el templo y
comuniquen al pueblo todo este mensaje de vida.” (Hec 5.19)
No podemos comunicar sólo una parte del mensaje, notemos que hay
que comunicarlo TODO. Luego de esto, la gente se enteró que ya no
estaban en la cárcel y veamos qué respondieron los verdaderos
discípulos:
En esto, se presentó alguien que les informó: “¡Miren! Los hombres que
ustedes metieron en la cárcel están en el templo y siguen enseñando al
pueblo.” (26) Fue entonces el capitán con sus guardias y trajo a los
apóstoles sin recurrir a la fuerza, porque temían ser apedreados por la
gente. (27) Los condujeron ante el Consejo, y el sumo sacerdote les
reclamó: (28) –Les hemos prohibido terminantemente enseñar en ese
nombre. Sin embargo, ustedes han llenado a Jerusalén con sus
enseñanzas, y se han propuesto echarnos la culpa a nosotros de la
muerte* de ese hombre. (29) –¡Es necesario obedecer a Dios antes que
a los hombres! –respondieron Pedro y los demás apóstoles–. (Hec 5:25-
29 NVI)
El Verdadero Discípulo entiende que las órdenes del Señor son más altas
que las de los hombres.
Un amigo mío me buscó hace no mucho y me dijo que “le bajara” a mi
predicación, porque estaba perdiendo amigos al denunciar prácticas
contrarias a la Biblia infiltradas en la iglesia moderna. No estoy
dispuesto a ”bajarle”: ningún discípulo verdadero debe bajar el mensaje
de Dios para agradar a los hombres.
Sacrificio
Para terminar, veamos el caso de unos mártires del evangelio.
Timoteo, con Maura su esposa, no llevaban siquiera tres semanas de
casados cuando fueron separados uno del otro por la persecución.
Timoteo fue llevado ante Arriano, gobernador de The-bais, que hizo todo
lo posible para inducirlo a abrazar la superstición pagana. Percibiendo
que sus esfuerzos eran vanos, y sabiendo que Timoteo tenía las
Escrituras, el gobernador le ordenó que las entregara para quemarlas, a
lo que Timoteo respondió: “Si tuviera hijos, preferiría entregarlos para
ser sacrificados, antes que separarme de la Palabra de Dios“. El
gobernador, airado con la respuesta ordenó que le sacaran los ojos con
hierros candentes, diciendo: “Los libros serán inútiles para ti, ya que no
podrás leerlos”.
Timoteo soportó el castigo con tal paciencia que el gobernador se enojó
aun más y ordenó que lo colgaran de los pies, con un peso atado en su
cuello y una mordaza en su boca. Timoteo soportó este nuevo trance
con gran valor. Cuando el gobernador se enteró que este hombre era
recién casado y que estaba muy enamorado de su esposa, mandó a
buscar a Maura y le prometió como generosa recompensa la vida de su
marido, si ella lograba que él ofreciera sacrificio a los ídolos. Maura,
vacilante en su fe e impulsada por el amor a su marido, aceptó la impía
propuesta.
Ante su esposo, Maura trató de minar su constancia con el idioma del
afecto. Cuando le sacaron la mordaza a Timoteo, éste le señaló a su
esposa el error que ella cometía “por amor” y ratificó su resolución de
morir por su fe. Maura insistía en salvar la vida de su esposo, hasta que
Timoteo la censuró tan fuertemente que la hizo recapacitar y volver a su
fe. El gobernador ordenó que la torturaran junto a su marido, lo cual fue
hecho con gran severidad. Timoteo y Maura fueron crucificados uno
cerca del otro, en el año 304 después de Cristo. [De Desarrollo
Cristiano]
Un verdadero discípulo está dispuesto a sufrir y aún a morir antes de
negar su fe. Éstos entregaron sus vidas por amor a su Maestro. ¿Lo
haría usted?
11. El Carácter del Discípulo 1
Las enseñanzas de Jesús respecto a sus discípulos están enfocadas
primordialmente a la formación del carácter, y no como ahora se
insiste, a los dones o a los carismas de Dios. Empecemos viendo el
término “Carácter” en el diccionario:
Carácter es el conjunto de cualidades de una persona que la
distingue de otras (en su modo de ser, de vivir, de obrar).
(Diccionario de la Real Academia Española)
Ser discípulo de Jesús consiste primordialmente en tener un estilo de
vida diferente al de aquellos que no lo son. La Biblia nos dice acerca
de Jesús que “su fama se extendió” y que tenía muchos seguidores
que querían escuchar lo que Él decía. Notemos que Jesús hablaba de
las cosas internas del corazón, del carácter.
Cuando vio a las multitudes, subió a la ladera de una montaña y se
sentó. Sus discípulos se le acercaron, y tomando él la palabra,
comenzó a enseñarles diciendo: “Dichosos los pobres en espíritu,
porque el reino de los cielos les pertenece. (Mat 5:1-3 NVI)
Pobres en Espíritu
La palabra griega que se traduce como “dichosos” es «makários» que
significa supremamente dichoso y feliz. La palabra “pobres” es
«ptojós» que significa mendigo. Un mendigo es alguien que tiene
múltiples necesidades sin resolver, que no tiene recursos. Como no
tienen nada, los mendigos piden ayuda con una actitud de
humillación. Los pobres en espíritu reconocen que tampoco tienen
nada: reconocen que por sí mismos no pueden alcanzar la salvación,
reconocen su miseria espiritual.
El verdadero discípulo tiene es totalmente dependiente de Jesús. Esta
es la base para recibir las riquezas del Espíritu.
Josafat
Podemos encontrar la base de las bienaventuranzas en el Antiguo
Testamento, comenzando con la historia de Josafat.
¡Mira cómo nos pagan ahora, viniendo a arrojarnos de la tierra que tú
nos diste como herencia! Dios nuestro, ¿acaso no vas a dictar
sentencia contra ellos? Nosotros no podemos oponernos a esa gran
multitud que viene a atacarnos. ¡No sabemos qué hacer! ¡En ti
hemos puesto nuestra esperanza!” Todos los hombres de Judá
estaban de pie delante del Señor, junto con sus mujeres y sus hijos,
aun los más pequeños. Entonces el Espíritu del Señor vino sobre
Jahaziel, hijo de Zacarías y descendiente en línea directa de Benaías,
Jeyel y Matanías. Este último era un levita de los hijos de Asaf que se
encontraba en la asamblea. Y dijo Jahaziel: “Escuchen, habitantes de
Judá y de Jerusalén, y escuche también Su Majestad. Así dice el
Señor: No tengan miedo ni se acobarden cuando vean ese gran
ejército, porque la batalla no es de ustedes sino mía. (2Cr 20:11-15
NVI)
El ejército que enfrentaba al de Israel contaba con el doble de
efectivos en sus filas: todo haría pensar que el ejército de Dios
sufriría una aplastante derrota. Josafat no podía hacer nada en sus
fuerzas contra el enemigo, pero había depositado su confianza en
Dios. Igualmente nosotros, cuando no sabemos que hacer, o cuando
no podemos hacer nada… debemos refugiarnos en Jesús, no en el
licor o en los bienes materiales de otra persona. Debemos esperar a
que Dios pelee por nosotros.
Salomón
Salomón tuvo también una actitud de pobreza y dependencia de
Dios:
“Ahora, Señor mi Dios, me has hecho rey en lugar de mi padre
David. No soy más que un muchacho, y apenas sé cómo
comportarme. Sin embargo, aquí me tienes, un siervo tuyo en medio
del pueblo que has escogido, un pueblo tan numeroso que es
imposible contarlo. Yo te ruego que le des a tu siervo discernimiento
para gobernar a tu pueblo y para distinguir entre el bien y el mal. De
lo contrario, ¿quién podrá gobernar a este gran pueblo tuyo? Al
Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición, de modo
que le dijo:
Como has pedido esto, y no larga vida ni riquezas para ti, ni has
pedido la muerte de tus enemigos sino discernimiento para
administrar justicia, voy a concederte lo que has pedido. Te daré un
corazón sabio y prudente, como nadie antes de ti lo ha tenido ni lo
tendrá después. Además, aunque no me lo has pedido, te daré tantas
riquezas y esplendor que en toda tu vida ningún rey podrá
compararse contigo. (1Re 3:7-13 NVI)
Salomón reconocía que era débil, que dependía de Dios. Se limitó a
pedir un corazón entendido, discernimiento para gobernar al
numeroso pueblo que ahora dirigía.
Algunos me preguntan cómo hago para pastorear a varios miles de
personas. Mi respuesta es siempre la misma: sólo con la fuerza de
Dios se puede hacer eso. Dios nos da la fuerza y la sabiduría para
enfrentar las cosas que Él mismo pone en nuestro camino. De igual
modo, por ejemplo, cada padre de familia ha de pedir sabiduría para
pastorear a su familia.
Jesús dijo “separados de mí, no pueden ustedes hacer nada.” Un
verdadero discípulo depende de Dios.
Cuando buscas trabajo, presentas tu currículum vitae y el
departamento de Recursos Humanos dedide si te contrata con base
en tus capacidades. En el mundo es necesario enfatizar los logros,
pero el Maestro no está interesado en la trayectoria de los suyos. A
nosotros se nos pide que seamos pobres en espíritu.
David
David, aunque era Rey, también reconocía su dependencia de Dios:
Y a mí, pobre y necesitado, quiera el Señor tomarme en cuenta. Tú
eres mi socorro y mi libertador; ¡no te tardes, Dios mío! (Sal 40:17
NVI)
Hay personas que se niegan a buscar apoyo en otros. ¿Has
escuchado que ”la ropa sucia se lava en casa“?
Aquí vemos cómo David le pide socorro a Dios, reconociendo su
pobreza, no ocultando nada.
El verdadero discípulo no es orgulloso y pide ayuda a Dios.
Pablo
El Apóstol también reconocía su pobreza y rogaba a Dios:
Tres veces le rogué al Señor que me la quitara; pero él me dijo: “Te
basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.”
Por lo tanto, gustosamente haré más bien alarde de mis debilidades,
para que permanezca sobre mí el poder de Cristo. Por eso me
regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y
dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces
soy fuerte. (2Co 12:8-10 NVI)
Este sí era un Apóstol de verdad, no como los “apóstoles” de hoy que
presumen sus jets, sus trajes y las estampas de su pasaporte. Pablo
dice que se goza en sus debilidades porque muestra la supremacía de
Cristo.
Infeliz, Miserable, Pobre, Ciego y Desnudo
En Apocalipsis, Jesús se dirige a una de las iglesias:
Conozco tus obras; sé que no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras lo
uno o lo otro! Por tanto, como no eres ni frío ni caliente, sino tibio,
estoy por vomitarte de mi boca. Dices: ‘Soy rico; me he enriquecido
y no me hace falta nada’; pero no te das cuenta de que el infeliz y
miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú. Por eso te aconsejo que
de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico;
ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y
colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista. Yo
reprendo y disciplino a todos los que amo. Por lo tanto, sé fervoroso
y arrepiéntete. (Apo 3:15-19 NVI)
¿Qué sucedió para que se hicieran tibios? Sencillo: confiaban en sus
logros y en sus posesiones (’soy rico… no me hace falta nada’).
Mostraban orgullo, autosuficiencia. Pero Dios les llama infelices,
miserables, pobres, ciegos y desnudos. Eso mismo les dice Dios a
quienes no son pobres en espíritu.
Los que lloran serán consolados
Regresemos a Mateo 5 para ver una característica más del discípulo
verdadero:
Dichosos los que lloran, porque serán consolados. (Mat 5:4 NVI)
Cuando Jesús dijo “los que lloran”… ¿se refería a cualquier tipo de
llanto? ¿Bienaventurado el homosexual que llora porque su novio lo
dejó? ¿Bienaventurado el ateo que llora porque murió su esposa?
¿Bienaventurado el idólatra que llora porque perdió su trabajo? ¡No!
El Señor les está hablando a sus discípulos, no a toda persona.
Bienaventurado es el verdadero discípulo que llora, porque Dios le
consuela.
Aquí en la congregación una matrimonio acaba de pasar un momento
muy amargo. Su hija de 21 años enfermó de cáncer y, luego de sufrir
por mucho tiempo, murió hace pocas semanas. Cuando hablé con
ellos me dijeron que tenían una paz y un gozo indescriptibles. El
Consolador les dio gozo en medio de la tribulación, en medio de su
llanto.
Un día, Dios enjugará toda lágrima de nuestros ojos:
Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo
y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi
además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo,
procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente
vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono
y decía: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él
acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo
estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los
ojos.
Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las
primeras cosas han dejado de existir.” El que estaba sentado en el
trono dijo: “¡Yo hago nuevas todas las cosas!” Y añadió: “Escribe,
porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza.” (Apo
21:1-5 NVI)
Los verdaderos discípulos son consolados cuando lloran. Si usted lo
es, reciba la consolación de Dios.
12. El Carácter del Discípulo 2
En el artículo pasado veíamos cómo las multitudes quieren cosas de
Jesús, pero no quieren ningún compromiso. A diferencia de lo que
ocurre con el mundo, la formación del carácter es una prioridad para
el Maestro Jesús. Él quiere que seamos como Él, que vivamos como
Él, que pensemos como Él. Esta es la medida que el Señor estableció
para aquellos que han vivir en el Reino de Dios.
El mundo enaltece el talento, el carisma… y se olvida del carácter. Un
ejemplo es el del futbolista Diego Armando Maradona, quien en un
partido del mundial México 86 metió un gol con la mano. A los
aficionados no les importa que ese logro no haya sido honesto. Al
mundo le encanta lo que hacen sus ídolos, pero no le importa cómo
hacen éstos para alcanzar sus “logros”. Hace no mucho, otro jugador,
Messi, metió también un gol con la mano. ¿Será acaso discípulo de
Maradona?
Bienaventuranzas del Mundo.
Imaginemos una lista de “las bienaventuranzas del mundo”:
Bienaventurados los listos que engañan a medio mundo, porque ellos
serán triunfadores.
Bienaventurados los ricos y famosos porque disfrutarán las riquezas
de este mundo y de la vida.
Bienaventurados los exitosos y triunfadores porque no hay obstáculo
que se les oponga.
Bienaventurados los campeones porque no saben lo que es la
derrota.
Bienaventurados los que piensan positivo porque todo lo que
proclaman recibirán.
Bienaventurados los que confían en sí mismos, gócense y disfruten
de los Óscares y de los Grammy’s que merecen sólo los triunfadores.
Felices los que han salido de la pobreza y de la mediocridad porque
de ustedes son los reinos de este mundo.
Atentamente, su maestro, el Lucero de la Mañana.
Bienaventurados los Humildes
La enseñanza de Jesús es diametralmente opuesta:
Dichosos los humildes, porque recibirán la tierra como herencia. (Mat
5:5 NVI)
La palabra que se traduce “humildes” es el término griego praús, que
se usa en referencia a un caballo que ha sido domado. Se habla de
un caballo que es manso, obediente y sumiso. La obediencia a Dios
debe ser parte del carácter del Verdadero Discípulo. Si el Maestro te
dice que hables, debes hablar. Si dice que vayas, debes ir. Debes
obedecer.
Humildad NO es falta de poder
Humildad no es falta de valor para enfrentar cosas grandes. Tampoco
es actitud pasiva, actitud de abandono o conformismo, no es decir:
“Va suceder lo que tiene que suceder.”
En Lucas 9, cuando los discípulos vieron a alguien que no estaba
haciendo lo que a ellos les parecía correcto le preguntaron a Jesús:
“¿quieres que hagamos bajar fuego del cielo para que los destruya?”
Notemos cómo ellos sabían que tenían poder, pero pedían permiso
para usarlo. Eso es ser humilde, manso. Un Verdadero Discípulo
obedece las órdenes del Maestro.
Moisés, 40 años en preparación
La Biblia habla muy bien de Moisés:
A propósito, Moisés era muy humilde, más humilde que cualquier
otro sobre la tierra. (Num 12:3 NVI)
Pero no nació humilde. Durante sus primeros 40 años lo que menos
tenía Moisés era mansedumbre. Recordemos que Moisés nació en un
pueblo perseguido y que, para ponerlo a salvo, su madre lo puso a
flotar dentro de un canasto en el río. De ahí lo recogió la hija del
Faraón. Así, Moisés fue criado en un lugar privilegiado y con la mejor
educación posible, lo cual tiende a producir orgullo y soberbia. Eso se
muestra luego cuando Moisés mató a un Egipcio que abusaba de un
esclavo Hebreo. Evidentemente, no era entonces un hombre humilde.
Por causa de eso Moisés huyó al desierto, donde pasó 40 años sin
fiestas ni glamour, sólo alacranes y ovejas. Dios usó esta situación
para hacerlo manso. Cuarenta años en preparación para el liderazgo.
Y hoy, ¿de dónde sacan que en 40 días se preparan líderes en las
iglesias?
Moisés, humilde.
Mientras pastoreaba ovejas, Moisés vio la zarza ardiendo y fue a
investigar qué ocurría. Dios le dijo: “Moisés. Moisés. Quítate las
sandalias, porque estás pisando tierra santa.” En ese mismo instante
Moisés obedeció, no se puso a discutir con Dios. Dios le informa a
Moisés que lo va a enviar a servirle y la respuesta es “No Puedo.” Eso
era exactamente lo que quería escuchar Dios; cuarenta años antes
probablemente hubiera dicho que sí podía, aunque confiando en sus
propias fuerzas. Al final Moisés va a cumplir la voluntad de Dios,
diciendo que “Yo Soy” lo enviaba. La humildad consiste en someterse
a Dios.
Desobediencia con Milagro
Un día el pueblo deseó linchar a Moisés. La gente, en pleno éxodo en
el desierto, extrañaba la comida de Egipto. Su líder fue delante de
Dios a pedir lo que el Pueblo quería. Dios le dijo que le debía hablar a
la roca, que de ella iba a brotar agua para todo Israel. En ese
momento el enojo de Moisés rebasaba los límites y en lugar de
hablarle a la roca, la golpeó. Así, desobedeció, pero igualmente Dios
hizo el milagro y brotó agua y bebió todo el pueblo. Hoy en día a
muchos no les importa violar la Palabra de Dios, con tal de ver un
milagro.
Dios le dijo a Moisés: “me desobedeciste. Yo te dije que hablaras a la
roca y le pegaste dos veces.” El Señor no es un padre consentidor, no
nos deja hacer lo que sea. Por esa razón, a Moisés no le fue
permitido entrar en la tierra prometida:
Moisés ascendió de las llanuras de Moab al monte Nebo, a la cima del
monte Pisgá, frente a Jericó. Allí el Señor le mostró todo el territorio
que se extiende desde Galaad hasta Dan, todo el territorio de Neftalí
y de Efraín, Manasés y Judá, hasta el mar Mediterráneo. Le mostró
también la región del Néguev y la del valle de Jericó, la ciudad de
palmeras, hasta Zoar. Luego el Señor le dijo: “Éste es el territorio
que juré a Abraham, Isaac y Jacob que daría a sus descendientes. Te
he permitido verlo con tus propios ojos, pero no podrás entrar en él.”
(Deu 34:1-4 NVI)
Parece drástica la decisión de Dios, pero quién puede discutir con Él.
Moisés no lo hizo tampoco, lo cual comprueba su mansedumbre. En
contraparte, muchos no pueden pasar un problema sin reclamarle a
Dios: “¡Yo Diezmo! ¿Por qué me haces esto?”
Mis queridos hermanos: no se engañen. Toda buena dádiva y todo
don perfecto desciende de lo alto, donde está el Padre que creó las
lumbreras celestes, y que no cambia como los astros ni se mueve
como las sombras. Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la
palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores
frutos de su creación. Mis queridos hermanos, tengan presente esto:
Todos deben estar listos para escuchar, y ser lentos para hablar y
para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios
quiere. Por esto, despójense de toda inmundicia y de la maldad que
tanto abunda, para que puedan recibir con humildad la palabra
sembrada en ustedes, la cual tiene poder para salvarles la vida. (Stg
1:16-21)
El verdadero discípulo acepta la disciplina de Dios.
Meditemos la Palabra
Terminemos este artículo meditando en algunos pasajes Bíblicos que
hablan de la humildad:
“Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo
les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo
soy apacible y humilde
de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es
suave y mi carga es liviana.” (Mat 11:28-30)
La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, (6) quien,
siendo por naturaleza* Dios, no consideró el ser igual a Dios como
algo a qué aferrarse. (7) Por el contrario, se rebajó voluntariamente,
tomando la naturaleza* de siervo y haciéndose semejante a los seres
humanos. (8) Y al manifestarse como hombre, se humilló a sí mismo
y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Fil 2. Se
humilló a si mismo. (Fil 2:5,8 )
Él realiza maravillas insondables, portentos que no pueden contarse.
Él derrama lluvia sobre la tierra y envía agua sobre los campos. Él
enaltece a los humildes y da seguridad a los enlutados. (Job 5:9-11)
Yod - Él dirige en la *justicia a los humildes, y les enseña su camino.
(Sal 25:9)
El Señor es excelso, pero toma en cuenta a los humildes y mira de
lejos a los orgullosos. (Sal 138:6)
Los pobres volverán a alegrarse en el Señor, los más necesitados
se regocijarán en el *Santo de Israel. (Isa 29:19)
Porque lo dice el excelso y sublime, el que vive para siempre, cuyo
*nombre es *santo: “Yo habito en un lugar santo y sublime, pero
también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el
espíritu de los humildes y alentar el *corazón de los quebrantados.
(Isa 57:15)
Fue mi mano la que hizo todas estas cosas; fue así como llegaron a
existir afirma el Señor. “Yo estimo a los pobres y contritos de
espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra. (Isa 66:2)
13. El Carácter del Discípulo 3
Mateo 5:6-7
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque
ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque
ellos alcanzarán misericordia.
En estos versículos, Jesús nos habla metafóricamente de dos
necesidades básicas del ser humano: el hambre y la sed. En el
idioma original se hace referencia a un hambre y una sed tan
intensas que casi nos llevarían a desfallecer, las cuales serían
saciadas con pan y con agua. Por extensión, el Señor nos habla de
nuestra necesidad de Dios, de nuestra necesidad de Justicia.
La palabra que se traduce “Justicia” es el término griego dikaiosúne,
el cual se refiere a las cualidades de rectitud y justicia en el carácter.
La Palabra nos habla de que ambos rasgos forman parte del carácter
de Dios: es recto y justo.
Cuando Jesús dice “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
justicia”, nos está hablando de un rasgo de carácter que deben
desarrollar y mostrar sus discípulos.
Un Verdadero Discípulo tiene hambre y sed de justicia, es decir,
desea ser recto y justo. Así se va conformando a la imagen de Dios.
Otro significado de la palabra dikaiosúne es Justificación.
¿Qué es la Justificación?
Es el acto por el cual Dios declara absuelto, sin delito ni pecado, a
todo aquel que ha creído en el sacrificio de Cristo. Él es Justo y debe
castigar el pecado, por el cual nosotros deberíamos de haber sido
castigados, pero por amor a nosotros envió a su hijo Jesucristo a que
pagara por nuestros pecados en nuestro lugar.
Por lo que ahora la justicia de Dios es satisfecha con el sacrificio de
su hijo Jesús en la cruz. Cristo fue entregado por nuestras
transgresiones, y resucitado para nuestra justificación, según
Romanos 4:25.
Un Verdadero Discípulo necesita reconocer la justificación de sus
pecados: el castigo que merecíamos ya fue pagado por Cristo en la
cruz.
Rom. 5.1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo)
Rom. 3.22-25 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo,
para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto
todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo
justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que
es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de
la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber
pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.
2 Cor. 5.21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Cuando una persona es justificada, Dios empieza a trabajar en su
carácter. Así, es llevada a obedecer, a hacer lo recto y lo justo, a
desarrollar y manifestar un deseo intenso de agradar a Dios.
Martin Lutero, el gran reformador de la Iglesia en la Edad Media,
sufría mucho porque tenía un gran vacío en su corazón. Sabía que
iría al infierno al morir. En medio de su necesidad desesperada
ingresó a un convento donde se aplicaban castigos físicos como
método para limpiar los pecados y conseguir el favor de Dios. Lutero
seguía vacío. Un día fue a confesarse ante un sacerdote y duró 11
horas declarando sus pecados; tampoco pudo obtener la paz que
necesitaba. Tenía una carga inmensa y un gran deseo de encontrar a
Dios.
En esa búsqueda encontró a un sacerdote, quien luego sería su tutor:
él le recomendó leer la Biblia y buscar a Jesucristo, convencido de
que sólo en la Palabra de Dios encontraría la paz y el perdón que
necesitaba. Al estudiar, Lutero encontró el texto que dice: “El justo
por la fe vivirá” y entendió que creer en el sacrificio de Cristo le daría
la vida eterna, la seguridad de la salvación y la paz que tanto
necesitaba. Fue así como Lutero encontró la forma de relacionarse
correctamente con Dios, así como la equidad y la justicia de su
carácter.
¿Afán, en el Verdadero Discípulo?
Mateo 6.31-34 No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o
qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas
estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad
de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su
justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis
por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta
a cada día su propio mal.
El Verdadero discípulo debe primeramente tener un hambre y una
sed intensas de hacer lo justo para agradar al Señor. El resto Dios lo
dará como añadidura. Todos hemos escuchado y hasta memorizamos
este texto, pero son pocos los discípulos que lo practican.
La agitada vida del mundo nos ha llevado a tener otro tipo de
hambre: la de una mejor posición económica y de poder. Si nos
descuidamos, podemos vernos inmersos en la dinámica del mundo
que nos empujará a buscar más y mejores cosas materiales.
Y Dios nos cuestiona…
¿De qué tienes hambre hoy?
¿Para qué trabajas?
¿Cuál es tu afán en la vida?
¿Cómo estás edificando tu vida espiritual?
¿Cuál es tu prioridad?
Buscar el reino de Dios y su justicia es una actitud del corazón del
discípulo, el cual tiene en ello su tesoro. Donde está nuestro tesoro,
está nuestro corazón.
Preocupémonos por hacer ante todo la voluntad de Dios y no nos
afanemos en buscar cosas terrenales. Buscar primero lo material es
la actitud de cualquier incrédulo. Un verdadero discípulo tiene como
prioridad buscar al Señor y hacer lo que Él dice.
Debemos estar contentos con nuestra situación actual, como decía
Pablo en Filipenses 4.12: Sé vivir humildemente, y sé tener
abundancia; en todo y por todo estoy enseñado. Muchos no están
contentos con su escasez, pero otros van incluso más allá y, aunque
poseen bienes, no están contentos con lo que tienen porque quieren
más. Un verdadero discípulo espera la provisión de Dios y está
conforme con ella, independientemente de lo abundante o lo escasa
que ésta sea.
Los Misericordiosos
Mateo 5:7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia.
Las primeras cuatro bienaventuranzas nos hablan sobre el carácter
de Discípulo. En ellas el Señor nos describe la pobreza de espíritu, el
llanto producido por la necesidad de Dios, la humildad y la
mansedumbre, y luego del hambre y la sed de Dios y su justicia. Esto
nos habla de un orden establecido por Dios: primero forma nuestro
carácter y, una vez desarrollado, podemos ser misericordiosos. Sólo
así se formará en el verdadero discípulo un corazón que siente
compasión por las miserias y las tragedias de los demás.
Dios tuvo compasión cuando vio la condición en la que estábamos:
muertos en nuestros delitos y pecados. Él, grande en misericordia,
mostró su amor para con nosotros en que siendo aun pecadores
Cristo murió por nosotros.
El Verdadero Discípulo sabe que ha recibido misericordia de Dios y
que, por lo tanto, debe mostrar misericordia y perdonar a los que le
ofenden.
Jesús nos cuenta una historia sobre la misericordia:
Lucas 10.25-37 El buen samaritano
Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle:
Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? Él le dijo: ¿Qué
está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y
con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti
mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él,
queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi
prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de
Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le
despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole,
pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y
viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino
cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose,
vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su
cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó
dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo
que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de
estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los
ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le
dijo: Ve, y haz tú lo mismo.
¿Cómo actuamos hoy ante escenarios parecidos al que Jesús nos
describe en esta historia?
¿Reaccionamos como verdaderos discípulos, haciendo el bien al
prójimo si Dios nos presenta la oportunidad?
¿Nos compadecemos de nuestro prójimo en su necesidad y hacemos
algo para ayudarle a satisfacerla?
¿Qué tanto nos paremos a Jesús?
Reflexionemos en estas preguntas y pidamos a Dios que produzca en
nosotros una profunda hambre y una intensa sed de Él. Señor, forma
tu carácter en nosotros y danos un corazón misericordioso. En el
nombre de Jesús. Amén.
14. El Carácter del Discípulo 4
Mateo 5:8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán
a Dios.
Esta bienaventuranza tiene que ver con la parte más íntima del ser
humano: EL CORAZÓN.
El corazón es:
Limpio o Sucio
Sincero o Hipócrita
Bueno o Malo
Tengamos claros los dos elementos de esta bienaventurados: los
limpios de corazón son herederos de una promesa inconmensurable:
verán a Dios.
Estudiemos estas dos palabras: Limpio y Corazón. Así entenderemos
en toda su magnitud esta promesa que el Señor hace a sus
discípulos.
Limpio
La palabra “limpio” se traduce de la palabra griega katharos que
significa libre de impureza, sin fraude, genuino, real. Esta palabra
se usaba en tiempos de Jesús para referirse
1) al agua pura, transparente, que se podía beber;
2) al oro puro, libre de impurezas;
3) a las personas sin deudas con la sociedad o con las autoridades;
4) a los caballos pura sangre o genuinos, sin mezcla;
5) a una mujer pura y virgen, que se había guardado hasta el
matrimonio;
6) a la leche pura que no era mezclada con agua.
Así, cuando Jesús dice “bienaventurados los de limpio corazón”, se
refiere a los discípulos cuyos motivos son sinceros, puros,
transparentes como el agua limpia, diáfanos como el cristal,
transparentes como la luz.
Cuando Jesús seleccionó a sus primeros discípulos se encontró con
Felipe y con Natanael. El Señor Jesús reconoció en Natanael a un
verdadero discípulo. Veamos este pasaje en Juan 1:47
Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien
escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de
José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de
bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. Cuando Jesús vio a Natanael que se
le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no
hay engaño.
Jesús reconoció en Natanael a un hombre sin engaño, sincero, limpio
en sus aspiraciones por encontrar a Dios.
La pregunta ahora es: ¿Qué dice Jesús de ti, que dice Jesús de mí?
Los de limpio corazón son aquellos discípulos:
1) cuyas acciones son sin malicia
2) que hacen misericordia sin sacar ventaja del otro;
3) que no hacen cosas para dañar a otra persona;
4) cuyas acciones son sinceras, sin hipocresía;
5) que cuando se acercan a Dios lo hacen con sinceridad;
6) que cuando hablan con su prójimo son transparentes, sin engaño;
7) cuyos motivos son genuinos, no tienen doble cara.
El Corazón de Judas, por ejemplo, no era genuino: escondía avaricia,
traición, hipocresía. Jesús no ignoraba la condición del corazón de
Judas, como tampoco ignora la de nuestro corazón.
Salmo 24:3-4
¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar
santo? El limpio de manos y puro de corazón; el que no ha elevado
su alma a cosas vanas, ni jurado con engaño.
¿Puede usted levantar sus manos al Señor y decir: todo lo que tengo,
mi automóvil, mi casa, la ropa que uso, los he conseguido
limpiamente? ¿Puede afirmar que todo lo que posee lo logró con
manos limpias, sin engaño, sin mentiras o fraudes? Tómese un
tiempo para reflexionar y responder esta pregunta.
¿Quiénes son pues los discípulos de limpio corazón?
Aquellos que piensan y hacen las cosas sin malicia y sin hipocresía.
El Señor está seriamente interesado en limpiar diariamente su
corazón de sus discípulos. Nuestro corazón debe estar siempre
limpio, ser transparente y puro.
Corazón
La otra palabra del versículo Mateo 5:8 que vamos a estudiar es
“corazón” que se tradujo de la palabra griega kardía, cuya definición
es el órgano principal en la vida física de los seres humanos. Pero
cuando la Biblia habla de corazón, lo hace una manera simbólica: se
refiere a lo más profundo del ser humano donde se asientan los
pensamientos morales (o inmorales), donde se encuentra todo lo que
tiene que ver con la vida espiritual (buena o mala), donde se hallan
los elementos racionales y emocionales de nuestra vida.
Jesús hace énfasis en que los discípulos deben de ser de corazón
limpio, porque él observa lo más profundo e íntimo de nuestros
pensamientos. El ser humano ciertamente ve lo exterior, pero el
Señor ve el corazón.
Alguna vez se le acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos y le
dijeron: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los
ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.
Y Jesús les responde en Mateo 15:19-20, leámoslo:
Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los
adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las
blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre; pero el
comer con las manos sin lavar no contamina al hombre.
Lo que realmente somos está en el corazón; lo que tú ves en mí es
solo una fachada, pero Dios ve nuestro ser interior. Lo que piensas,
lo que hablas, lo que sientes, lo que haces, revela lo que hay en tu
corazón. Cuando estás solo y nadie te ve, ¿que ves en la televisión?
Recuerda: Dios no está ciego. Puede ser que no te vea tu esposa, tus
hijos, tu mamá o tu papá, pero Dios te está viendo. Siempre.
Jeremías 17:9. Engañoso es el corazón, más que todas las cosas, y
perverso; ¿quién lo conocerá?
¿Te has preguntado alguna vez cuántos pensamientos del corazón
nos han llevado por caminos torcidos? El corazón no sólo es
engañoso (más que todas las cosas), sino también perverso, lo cual
se traduce en frágil o quebradizo. Esto quiere decir que hay
circunstancias que quiebran el corazón, luego de lo cual anidamos
pensamientos y deseos malignos: homicidios, robos, venganzas. Por
naturaleza el corazón es así.
Por eso dice la Biblia: sobre todas las cosas que guardas, guarda tu
corazón.
El Verdadero Discípulo debe cuidar su corazón de la avaricia, del
rencor, de la envidia, de todo aquello que pueda dañarlo.
No debemos confiar nada en nuestro corazón.
Proverbios 28:26. El que confía en su propio corazón es necio; más el
que camina en sabiduría será librado.
Las inclinaciones del corazón
¿Cuáles son las inclinaciones del corazón?
• Avaricia
• Bienes materiales
• Lujos
• Dinero
• Concupiscencias
Desear algo material no es malo en sí mismo. Tú puedes desear por
ejemplo tener una casa propia, pero por si por obtenerla te olvidas de
Dios, o no lo tienes a Él como prioridad, ese deseo sano en principio
puede convertirse en avaricia y podrá dañar tu corazón.
Si no puede confiar en su corazón, ¿en qué puede confiar un
Discípulo de Dios?
Salmo 34:8. Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre
que confía en él.
El corazón del discípulo debe confiar en Dios en medio de cualquier
circunstancia y de cualquier necesidad, siempre pidiendo a Dios la
sabiduría necesaria para la vida.
Veamos algunos versículos que nos explican cómo debemos confiar
en Dios:
Salmo 37:5 Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él
hará.
Salmo 118:8 Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre.
Jeremías 17:5-8 Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en
el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de
Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene
el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra
despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y
cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a
las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá
cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de
sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.
El verdadero discípulo ha sido lavado y limpiado del corazón por
Cristo, pero no por ello debe confiar en su corazón, pues éste sigue
inclinado a las cosas del mundo y de la carne.
El discípulo ora y pide cada día al Señor de la siguiente manera: Crea
en mi oh Dios un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro
de mí. Examíname oh Dios, y conóceme, y prueba mi corazón, y ve si
hay en mi camino de perversidad, y guíame en el camino eterno, y
líbrame aún de los pecados que me son ocultos. En el nombre de
Jesús. Amén.
15. La Verdadera Paz
Sigamos estudiando el sermón del monte, una enseñanza
fundamental del Señor para nosotros sus discípulos.
Mateo 5:9
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos
de Dios
Como ya es costumbre habremos de remitirnos al significado de los
términos escritos originalmente en la Escrituras. En este caso,
vamos al griego. “Bienaventurados” viene de la palabra Makários
que significa supremamente bendecido, dichoso y glorioso, persona
que disfruta la bendición recibida. “Llamados” viene de kaléo que
significa decir en voz alta, invitar. Es usado en una amplia variedad
de aplicaciones, principalmente como sobrenombre.
Haciendo una paráfrasis, este versículo diría: Sumamente bendecidos
son los pacificadores, porque a ellos les pondrán por sobrenombre
hijos de Dios.
Ahora, dejemos claro que EL MERO HECHO DE BUSCAR, PREFERIR O
PROMOVER LA PAZ NO NOS HACE HIJOS DE DIOS: creerlo sería
erróneo, producto de una mala interpretación, pues la Biblia dice que
ser hijo de Dios sólo puede ser producto del sacrificio de Cristo.
Juan 1:11-13 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a
todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio
potestad de ser hechos hijos de Dios;
Es decir, no somos llamados Hijos de Dios sino por Jesucristo.
La palabra clave para entender bien estos versículos es “llamados”.
Como consecuencia de tu fe y de tu llamado ejerces como
pacificador, y es entonces que serás conocido como Hijo de Dios.
¿Quién es un Pacificador?
Cuando Jesús dice que sumamente feliz, o sumamente bendecido es
el pacificador… ¿a quién se refiere?
La palabra “Pacificador” es la traducción de Eirenopoiós
(pacificatorio), la cual viene del vocablo Eirene (paz), derivada a su
vez de Eiro, que significa unir. Esta cadena de significados nos
muestra que pacificador es el que propicia la paz, entendida como la
capacidad de unir, de lograr la unidad.
Veamos un ejemplo clásico: una madre de familia ve a sus dos hijos
peleando por la posesión de un juguete y decide, simplemente,
enviar a cada uno de sus hijos a una habitación diferentes, es decir,
separarlos. La pregunta aquí es… ¿los puso en paz? No, simplemente
los aquieto: paz significa unir, así que sólo los habría puesto en paz si
hubiera terminado uniéndolos.
El pacificador es un promotor de la paz, uno que es capaz de unir. ¿Y
qué es lo que une? ¿A qué paz y a qué unidad se refiere Cristo?
Veamos Romanos 8:7
Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios;
porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que
viven según la carne no pueden agradar a Dios.
Aquí se trata de tener paz con Dios, ¿Será que estamos peleados
con Dios? No, pero como el pecado sí tiene enemistad con Dios,
luego entonces el pecado nos separa de Dios.
El hombre por sí sólo no busca estar en paz con Dios; más bien se
ocupa en tener paz con el hombre… pero ni ese tipo de paz puede
lograr. No es lo mismo vivir en paz con uno mismo o con los demás,
que vivir en paz y tener la paz de Dios. Estar en paz con Dios es
estar unido a Dios.
¿Podemos estar unidos a Dios mientras vivimos llenos de pecado?
Claro que no. Necesitamos del perdón y del arrepentimiento para
tener paz con Dios. Necesitamos estar en guerra con el pecado.
Necesitamos que la sangre de Cristo que nos limpie de todo pecado.
1 Juan 1:7-9
Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos
con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo
pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a
nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos
nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados,
y limpiarnos de toda maldad.
Jesucristo es el pacificador por excelencia: su sacrificio en la cruz es
lo único que hace posible que el hombre tenga paz con Dios.
En el antiguo testamento, en el libro de Levítico capítulo 7 se nos
habla de los sacrificios que pedía Dios a sus hijos para tener paz con
Él, antes –por supuesto- de la venida de Cristo. Ahí la Biblia nos
habla de la palabra paz que en el hebreo es shélem que significa
retorno: por el pecado estoy distanciado de Dios pero puedo regresar
a Él y unírmele. La raíz de la palabra shélem es el vocablo shalám
que significa ser amistoso, reciprocar, hacer enmiendas, pagar el
daño, volver. De aquí viene la palabra Shalom, que significa Dios es
mi Paz.
Efesios 2:14
Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando
la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las
enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas,
para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo
la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo
cuerpo, matando en ella las enemistades.
Romanos 5:1
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio
de nuestro Señor Jesucristo;
Romanos 5:10
Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la
muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos
salvos por su vida.
Hermanos, que quede claro: no hay forma de tener paz con Dios,
salvo por el sacrificio de Cristo.
2 Corintios 5:17-20
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas
viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto
proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y
nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo
reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los
hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la
reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo,
como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre
de Cristo: Reconciliaos con Dios.
De todo lo anterior se entiende que un pacificador es un
reconciliador, un embajador que Cristo usa como canal para dar el
mensaje de salvación, para que la gente tenga paz con Dios. Cuando
guiamos a una persona a los pies de Cristo, somos pacificadores.
A esos pacificadores se refiere Cristo, a los que unen a los hombres
con Dios.
Ahora veamos este otro pasaje:
Mateo 10:34
No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido
para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en
disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la
nuera contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de
su casa.
Qué pasa… ¿se está contradiciendo Cristo? No. La disensión de la
que el Señor habla aquí es la que surge en las diferencias que hay
entre los miembros de una familia, entre los que creen en Jesús y
los que no creen. Es común que en una familia algunos se
convierten, pero otros no. Y viene división. ¿Quién tendrá paz en esa
familia? Evidentemente, los que tienen a Cristo.
Ampliemos el contexto en torno a esta enseñanza sobre los
pacificadores:
Mateo 10:37-39
El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que
ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma
su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida,
la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.
Aunque los lazos que unen a la familia suelen ser muy fuertes, no
pueden impedir que Cristo llame a reconciliación a alguno de sus
miembros. El tal, seguramente, tendrá disensión con aquellos que no
han creído.
Entonces ¿qué debemos hacer si pertenecemos a una familia como
esta? ¿Debemos ahogar nuestro anhelo de unirnos más a Dios
porque nuestro padre, madre o pareja no comparte nuestra fe?
¿Debemos estar en constante contienda por la fe con algún miembro
de la familia, al grado de tener poca o nula comunicación con él?
Santiago 3:13-18 nos responde:
Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena
conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos
amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis
contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo
alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y
contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la
sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica,
amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin
incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz
para aquellos que hacen la paz.
Así que, hermano, hay que pedir sabiduría a Dios: no discutas con
tus familiares incrédulos, no uses su posición de cristiano para
alardear ante ellos mejor ofréceles tu testimonio de una vida en paz
con el Señor para que, entonces, ellos también deseen reconciliarse
con Él.
¿Eres pacificador en tu casa? ¿Incitas a los de tu casa a estar en paz
con Dios? Cuándo la gente observa tu comportamiento ¿experimenta
el deseo de reconciliarse con Dios… o, por el contrario, desea alejarse
más de Dios?
Que la gente en tu trabajo, en tu casa o donde quiera que te estés,
encuentre en tu vida un motivo para reconocer que también necesita
a Cristo, en lugar de seguirlo rechazando.
Para ser pacificadores primero hay que ser sabios. Un pacificador es
constante en su deseo de reconciliar a la gente con Dios. La
oportunidad de predicar el evangelio de la paz se presenta
continuamente. No deberíamos desaprovecharla.
Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos
de Dios.
16. ¿Por qué persiguen a los discípulos?
Mateo 5:10-12. Bienaventurados los que padecen persecución por
causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os
persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos;
porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
Jesús transforma a los suyos en mejores seres humanos, más
tiernos, humildes, mansos y apacibles. ¿Por qué razón entonces estos
bellos rasgos de carácter provocan ataques, burlas, agresiones,
menosprecio y persecución?
Agresión a los rasgos de los Verdaderos Discípulos.
El que es pobre de espíritu reconoce que sin Dios no puede hacer
nada, que depende totalmente de Dios. Esta sola premisa se
contrapone absolutamente con el espíritu de autosuficiencia que tiene
la gente que no conoce a Dios. De ahí la agresión. El incrédulo se
burla del creyente diciendo cosas como “tú para todo mencionas a
Dios, tú para todo usas la Biblia, ¿qué no puedes hacer nada por ti
mismo?”.
Algunas veces con sus palabras, pero siempre con su testimonio, un
verdadero discípulo confronta a los incrédulos con su pecado;
situación por demás incómoda para estos últimos y que llega a
derivar en agresiones. Una persona humilde de espíritu por la obra
de Cristo en su vida contrasta seriamente con una persona agresiva
que no conoce a Dios. Cuando somos humildes, mansos y tememos
y amamos a Dios nuestras acciones provocan las reacciones de los
que no aman a Dios, las cuales pueden ser el vituperio y la agresión.
Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, entramos en
inevitable oposición con los que, desde la incredulidad, se complacen
en sus pecados. Pueden decirnos cosas como “no exageres
santurrón, la vida es una y hay que vivirla”.
Los que tienen hambre y sed de justicia, los discípulos de Jesús,
contrastan evidentemente con aquellos que andan en la vanagloria
de la vida, en los deseos de los ojos. Los misericordiosos contrastan
con la insensibilidad de aquellos que son egoístas, que dicen: “ lo mío
es mío y lo tuyo es mío” pero nunca dicen “lo mío es del Señor y
puedo ser generoso”.
Los limpios de corazón contrastan con los hipócritas; una persona
limpia de corazón, pone en evidencia la falsedad y la hipocresía de
los demás, provoca agresiones de todo tipo, entre ellas las verbales:
“ay sí, monja guerrillera, monje loco, santurrón”
Los pacificadores, los que ahora tienen paz con Dios y que por medio
del mensaje de la Palabra reconcilian a los hombres y los llevan a la
paz con Dios, contrastan con los que son rencorosos, amargados y
vengativos. Y provocan una reacción agresiva.
El contraste entre la luz de Cristo reflejada por un discípulo y las
tinieblas reflejadas por un incrédulo produce agresión y hasta
persecución.
Pero Jesús nos advirtió al respecto y veamos estos versículos:
Juan 3:19-21 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y
los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras
eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y
no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el
que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus
obras son hechas en Dios.
Juan 7:7 No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mí me
aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.
Juan 15:18-19 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha
aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo
amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del
mundo, por eso el mundo os aborrece.
Ahora retomemos una porción de Mateo 5:10 para estudiarla:
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la
justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
“Persecución” se tradujo de la palabra griega dióko que significa
perseguir, agredir verbal y físicamente. En el versículo se añade “por
causa de la justicia”, que significa por causa de las verdades del
evangelio, por causa de caminar como Dios quiere.
Veamos un ejemplo:
Sabemos que hay falsos cristianos, falsos maestros de la Biblia que
engañan a la gente y que cuando usted o un predicador les
confrontan con la verdad y exponen su corrupción dicen: “estoy
siendo perseguido por causa de Cristo” ¡CUIDADO!, no caigamos en
el engaño, hay que saber distinguir cuando alguien está siendo
reprendido por conductas que violan los principios de Dios y cuando
realmente es perseguido por vivir como Dios quiere o por predicar lo
que Dios quiere que se predique.
Agreden a Jesús… agreden a sus discípulos.
Jesús fue agredido verbal y físicamente por decir la verdad. Hoy,
más de de dos mil años después, el Señor sigue siendo calumniado
mediante agresiones verbales: unos dicen que tuvo una hija con
María Magdalena, otros más que era homosexual y amante de Juan
el apóstol porque éste se acostaba en su pecho.
Si eso dijeron de Jesucristo, ¡¿qué no van a decir de sus discípulos?!
A Pablo también lo difamaron, a Juan el Bautista le cortaron la
cabeza por decir la verdad. Es un destino común para los que siguen
al Señor.
1 Pedro 9:14-17 Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois
bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre
vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por
vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como
homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno;
pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino
glorifique a Dios por ello. Porque es tiempo de que el juicio
comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros,
¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?
Analicemos otra porción de Mateo 5:
Mateo 5:11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen
y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
¿Cuál es la causa de Jesús? La causa de Jesús es el Evangelio, su
mensaje, el hecho de que de tal manera amó Dios al mundo, que ha
dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en el cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna.
Esta bienaventuranza nos viene cuando defendemos celosamente el
mensaje del Evangelio, cuando defendemos lo glorioso que fue su
sacrificio y proclamamos que su sangre derramada nos limpió de
todos nuestros pecados. Así, cuando alguien habla herejías y
aberraciones respecto al sacrificio de Cristo, respecto a
su muerte expiatoria, a su resurrección, al mensaje de santidad, de
rectitud y de arrepentimiento, entonces, el verdadero discípulo
defiende con celo el Evangelio.
Judas 1:3-4 Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros
acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros
exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido
una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado
encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para
esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la
gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a
nuestro Señor Jesucristo.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os… Vituperen viene del
griego oneidizo que significa injuriar, reprochar.
Y os… Persigan, que es traducción de la palabra dióko que ya
explicamos anteriormente.
El texto continúa diciendo “y digan toda clase de mal contra vosotros,
mintiendo”.
Toda clase de mal viene de la palabra griega onerós que significa
toda clase de cosas perversas, inmorales contra vosotros, y
Mintiendo de la palabra griega pseudos que significa falso, o sea que
dirán falsedades de vosotros. Cuando un discípulo defiende el
evangelio se echa encima a esos falsos en contra, quienes aún
llegarán a agredirle física y verbalmente.
Veamos un ejemplo:
Daniel 6:1-12 Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento
veinte sátrapas, que gobernasen en todo el reino. Y sobre ellos tres
gobernadores, de los cuales Daniel era uno, a quienes estos sátrapas
diesen cuenta, para que el rey no fuese perjudicado. Pero Daniel
mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había
en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el
reino. Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para
acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar
ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue
hallado en él. Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos
contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos
contra él en relación con la ley de su Dios. Entonces estos
gobernadores y sátrapas se juntaron delante del rey, y le dijeron así:
!!Rey Darío, para siempre vive! Todos los gobernadores del reino,
magistrados, sátrapas, príncipes y capitanes han acordado por
consejo que promulgues un edicto real y lo confirmes, que cualquiera
que en el espacio de treinta días demande petición de cualquier dios
u hombre fuera de ti, oh rey, sea echado en el foso de los leones.
Ahora, oh rey, confirma el edicto y fírmalo, para que no pueda ser
revocado, conforme a la ley de Media y de Persia, la cual no puede
ser abrogada. Firmó, pues, el rey Darío el edicto y la prohibición.
Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su
casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia
Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias
delante de su Dios, como lo solía hacer antes. Entonces se juntaron
aquellos hombres, y hallaron a Daniel orando y rogando en presencia
de su Dios. Fueron luego ante el rey y le hablaron del edicto real:
¿No has confirmado edicto que cualquiera que en el espacio de
treinta días pida a cualquier dios u hombre fuera de ti, oh rey, sea
echado en el foso de los leones?
Seamos como Daniel, hermanos: valientes y rectos, confiados
siempre en el Señor. Nada debe alterar nuestra fe en Cristo.
Terminemos con la última parte del versículo que estudiamos:
Mateo 5:12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en
los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de
vosotros.
Este versículo lo vamos a ilustrar con un ejemplo oportunísimo a la
luz de lo que la Palabra nos muestra sobre Micaías profetizando la
derrota de Acab:
1 Reyes 22:1-28. Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e
Israel. Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al
rey de Israel. Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que
Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para
tomarla de mano del rey de Siria? Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir
conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey
de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis
caballos como tus caballos. Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te
ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entonces el rey de
Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los
cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y
ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. Y
dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual
consultemos? El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un
varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla;
mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente
mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así. Entonces el rey de Israel
llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. Y el
rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su
silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la
puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos.
Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de
hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios
hasta acabarlos. Y todos los profetas profetizaban de la misma
manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado;
porque Jehová la entregará en mano del rey. Y el mensajero que
había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las
palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea
ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia
también buen éxito. Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que
Jehová me hablare, eso diré. Vino, pues, al rey, y el rey le dijo:
Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El
le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en
mano del rey. Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte
que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová? Entonces él
dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que
no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada
uno a su casa en paz. Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había
yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino
solamente el mal. Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo
vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos
estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo:
¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?
Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu y
se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo:
¿De qué manera? El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en
boca de todos sus profetas.Y él dijo: Le inducirás, y aun lo
conseguirás; ve, pues, y hazlo así. Y ahora, he aquí Jehová ha puesto
espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha
decretado el mal acerca de ti. Entonces se acercó Sedequías hijo de
Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se
fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti? Y Micaías
respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo
de aposento en aposento para esconderte. Entonces el rey de Israel
dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad, y a
Joás hijo del rey; y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la
cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción,
hasta que yo vuelva en paz. Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz,
Jehová no ha hablado por mí. Enseguida dijo: Oíd, pueblos todos.
Hermanos, ¿cuántos profetas hoy en día “profetizan” lo que el pueblo
quiere escuchar?
¿Es usted de quienes prefieren que se les declare sólo el bien, el
éxito y la prosperidad… o de quienes reciben con agrado la verdad?
Entonces sepa usted que la verdad de la Palabra de Dios anuncia
persecución para los verdaderos discípulos. Y, ciertamente, también
un galardón… pero no en la tierra como anuncian los profetas de la
prosperidad, sino en los cielos, luego del sufrimiento por la
persecución a causa de la fe.
Mateo 5:10-12 Bienaventurados los que padecen persecución por
causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os
persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.
Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos;
porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.
Señor, fortalécenos la fe, afirma la convicción de los que titubean.
Que no tengamos miedo de confrontar a nadie con la palabra de
Dios. Señor, danos convicciones sólidas, fuertes. Si nosotros
fuésemos vituperados, injuriados o agredidos por causa del
evangelio… ¡nos gozaremos Señor!
Ayúdanos a cumplir con la misión de ser verdaderos discípulos. Nos
encomendamos a ti Señor y a la palabra de tu gracia. Amén.
17. La Sal de la tierra
Mateo 5:13
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con
qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera
y hollada por los hombres.
¿Qué es la Sal?
La sal es el condimento más antiguo usado por el hombre. Ya en el
año 2700 a.C. en China se usaba la sal para sazonar la comida. El
libro de Job que fue escrito hace unos 3500 años hace una mención
sobre la sal en el capítulo 6:6.
¿Comeráse lo desabrido sin sal? ¿O habrá gusto en la clara del
huevo?
El uso más primitivo de la sal es la conservación de los alimentos, por
lo cual en la antigüedad se trataba de un producto muy apreciado.
Incluso se le llegó a llamar “oro blanco”.
De “sal” viene la palabra salario, (del latín salarium). ¿Qué tiene que
ver la sal con el salario? Sencillo: a los soldados de la antigua Roma
se les retribuía su trabajo con una porción de sal. Cuando éstos
salían a la guerra salaban sus alimentos para mantenerlos en buen
estado por largo tiempo.
Se dice que la sal tiene por lo menos catorce mil usos benéficos
diferentes. En cantidades adecuadas la sal ayuda a regular el ritmo
cardiaco, previene espasmos musculares, evita la osteoporosis,
regula el sueño y mantiene el equilibrio de azúcar en la sangre. De
hecho el cuerpo humano no puede vivir sin sal. Sin embargo el
exceso en la ingesta de sal produce males como la hipertensión.
La presencia de sal en un alimento puede generar un sabor agradable
o desagradable según la porción que contiene: menos sal o más sal
de la necesaria hace que un alimento sea desagradable al paladar.
Podríamos seguir enumerando los usos de la sal, pero baste por
ahora con los mencionados.
Ahora surge una pregunta:
¿Por qué Jesús les dijo a sus discípulos que ellos eran la sal de la
tierra?
Jesús les habla a los suyos en Mateo 5:13 y les dice “vosotros sois la
sal de la tierra”. Esto quiere decir que al nacer de nuevo, el ser
humano ya tiene la capacidad o la cualidad de sazonar, de ponerle el
ingrediente necesario en la porción exacta a las cosas de la vida. El
discípulo no llegará a ser, sino que ya es sal de la tierra.
La palabra que se tradujo aquí como “sal”, viene del griego jàlas que
por supuesto se traduce sal (el condimento), pero que tiene también
un sentido figurado que se traduce como prudencia. Prudencia se
entiende como cautela, moderación, equilibrio y balance. También
significa sensatez, buen juicio. El Diccionario de la Real Academia
Española define prudencia como una virtud que consiste en discernir
y distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello.
Dos de las cualidades de la Sal que Jesús tenía en mente eran:
1.- Su poder de conservación y
2.- La cualidad de dar sabor y sazón.
Jesús nos pide que conservemos y guardemos las verdades del
evangelio y aplicar esas verdades en la medida exacta para darle el
verdadero sentido y el mejor sabor a las cosas que nos pasan en la
vida.
En Apocalipsis, el Señor le habla a la iglesia en Filadelfia, la cual
constituye el prototipo de lo que Él espera encontrar en nosotros
cuando vuelva:
Ap. 3:8
Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta
abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca
fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre.
Observemos las dos cosas que los cristianos de Filadelfia hicieron:
1.- “Has guardado mi palabra”. La palabra guardado aquí, significa
conservado, obedecido. ¿Qué conservó la iglesia en Filadelfia?
Conservó las verdades del evangelio sin diluirlas para que no pierdan
su sabor. Si uno prepara una olla de sopa para diez personas y la
sazona sólo con 5 gramos de sal no va a saber a nada, estará
insípida; pero si se le agrega un kilogramo de sal tampoco servirá:
hay que usar la cantidad exacta de sal para que tenga buen sabor.
2.- “No has negado mi nombre”. Aunque hacerlo provoca persecución
y ataques verbales o físicos como ya lo vimos en estudios anteriores,
esta iglesia era fiel al respecto.
La sal en la Biblia tiene diversos simbolismos en la escrituras. Por
ejemplo cuando se ofrecían los sacrificios en el Antiguo Testamento
se ofrecía a un animal de lo mejor del ganado o las primicias de la
cosecha, lo cual habla de que al Señor se le debe ofrecer lo mejor de
nuestro ser. Enseguida el sacerdote esparcía sal sobre el sacrificio:
Ezequiel 43:23-24
Cuando acabes de expiar, ofrecerás un becerro de la vacada sin
defecto, y un carnero sin tacha de la manada; y los ofrecerás delante
de Jehová, y los sacerdotes echarán sal sobre ellos, y los ofrecerán
en holocausto a Jehová.
La sal, como conservador de los alimentos, simboliza incorrupción,
preservación, pureza. La sal era, en estos versículos, un símbolo de
que el adorador conservaba un corazón limpio y puro delante del
Señor.
Pacto de Sal
Levítico 2:13
Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte
jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya
ofrecerás sal.
El pacto de sal simboliza el compromiso de Dios de cumplir su
palabra y sus promesas; mientras el sacerdote por su parte se
comprometía a consagrarse solamente al Señor. Más adelante Dios
ofreció a su propio hijo en sacrificio para limpiar nuestros pecados y
lo selló con su sangre: es ésta la sangre del nuevo pacto de la que
habló Jesús, y la sal que preserva el nuevo pacto es el Evangelio, ya
que éste es perdurable (su palabra durará por siempre). Por lo tanto
la Palabra es la sal que preserva las promesas de Dios. Cuando Jesús
dice que somos la sal de la tierra, deja claro que sus discípulos
tenemos la misma función que esa sal: nos conservamos, nos
guardamos caminando en santidad para con Dios.
Romanos 12:1-2
Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que
presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a
Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo,
sino transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de
Dios, agradable y perfecta.
En estos versículos, el apóstol Pablo nos exhorta a ser santos,
exclusivos, agradables a Dios, actuando de manera racional, es decir,
de acuerdo con los razonamientos de Dios y no mediante nuevos
cultos o pactos ajenos a las escrituras. Pablo nos anima a no
conformarnos ni amoldarnos al estilo de vida de estos tiempos y al
pensamiento del mundo, sino que transformemos nuestro
entendimiento y nuestra mente. Aquí la palabra transformaos viene
del griego “metamorfos”, que es la misma palabra que se usa para
describir la conversión de la oruga en mariposa. De igual manera
Jesús nos pide que nos convirtamos de nuestra vieja manera de vivir
terrenal a la de un verdadero discípulo, que pasemos de la naturaleza
de gusanos a la de águilas por medio de la metamorfosis que Jesús
obra en nosotros para que vivamos en la buena voluntad de Dios y
ser así agradables y perfectos ante Él al obedecer su palabra.
Dios ofreció a su hijo Jesús por los pecados y selló tal sacrificio en un
pacto eterno por medio de su sangre, por lo que su palabra es como
la sal que preserva y conserva sin corrupción el pacto que Dios hizo
con sus hijos: es así como Dios nos asegura que conservará la vida
eterna que nos regaló. La sangre de Cristo que tuvo la eficacia para
perdonar los pecados de los cristianos del primer siglo tiene la misma
eficacia conservada por el Evangelio para perdonar también nuestros
pecados.
¿En qué sentido somos la sal de la tierra?
Jesús ha dicho que sus discípulos hacen lo mismo que la sal:
conservar, guardar y preservar, cualidades aplicadas en este caso a
las verdades eternas que se nos han depositado. Esta afirmación
implica también que un verdadero discípulo no mancha su vida con
inmoralidad o con fraudes, sino que se mantiene honesto e íntegro.
No se deben diluir las verdades del evangelio, necesitamos la medida
exacta de la palabra de Dios para aplicarla en cada situación de la
vida. Y sin embargo esa es una de las constantes del evangelio entre
muchos cristianos de nuestros días: se ofrece un alimento impuro,
sin sabor o demasiado salado, que no se puede comer, si alguien lo
ingiere le hace daño.
Como la sal, el discípulo debe de conservar las verdades del
evangelio. ¿Cómo? A través de su testimonio, de vivir y reflejar la
palabra de Dios a los demás.
Ahora, es necesario entender que cuando un cristiano preserva las
verdades del evangelio contrasta con los que no son creyentes,
quienes se ve así confrontados con su pecado e incluso pueden
responder con agresión. Y es que un verdadero discípulo no busca la
gratitud o el reconocimiento de los hombres, está lejos de necesitar
el aplauso del mundo:
Marcos 9:33-35
Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué
disputabais entre vosotros en el camino? Mas ellos callaron; porque
en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.
Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere
ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
Hoy es común ver a supuestos ministros de Dios peleando por ser los
primeros en aparecer sobre la plataforma de un evento, esforzándose
por predicar un mensaje cuyo único fin es recibir el reconocimiento.
En contraste, Jesús nos enseño que cuando hacemos lo que Él nos
encomendó digamos “siervo inútil soy, porque hice lo que tenía que
hacer”. Jesús no nos deja siquiera una milésima de espacio para que
nosotros recibamos reconocimiento: toda la gloria es enteramente
Suya.
Alrededor del año 1625 hubo un reformador de la iglesia llamado
Jorge Fox. Dice la historia que un día llegó a predicar frente a miles
de personas y, cuando iba a subir al estrado, todos lo saludaban, le
aplaudían y, de algún modo, lo adoraban. Muy molesto, Fox les
reprendió por su actitud, les recriminó que lo idolatraran y se alejó
del lugar sin predicar. El corazón del hombre tiende a idolatrar, pero
Jorge Fox sabía que un verdadero discípulo debe ser prudente. Así
nos deja también un valioso ejemplo respecto al ser usados por Dios:
también en esta área hay que sazonar con sal, con la medida justa
según la Palabra.
Lucas 14:34
Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué se sazonará?
¿Distinción de la buena sal?
Para terminar, regresamos a nuestro versículo inicial:
Mateo 5:13
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con
qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera
y hollada por los hombres.
Encontramos aquí la palabra “desvaneciere” que viene del griego
moraino y tiene dos significados, uno literal y otro alegórico. El literal
es cuando la sal se desvanece y pierde su sabor. El simbólico implica
volverse un necio, enloquecer. Un verdadero discípulo tiene la Biblia
como norma de vida y no requiere respuestas ajenas a las sana
Palabra de Dios. En contraparte, muchos buscan respuestas en los
motivadores, en los estudiosos de la mente humana, en los filósofos
o en doctrinas novedosas. Con ello muestran que no son discípulos,
en su necedad, en su falta de sabor, en su ausencia de sal.
1 Timoteo 6:3-10. Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las
sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es
conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de
cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias,
pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres
corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la
piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran
ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada
hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así
que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque
los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas
codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción
y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el
cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados
de muchos dolores.
En el Israel de la antigüedad la sal era traída desde el Mar Muerto,
pero había una sal que al contacto con otros productos químicos
naturales a la intemperie se hacía amarga y no servía: esa sal era
distinguida fácilmente por los comerciantes, quienes la separaban,
pues ya no servía para consumo humano. Esta sal se esparcía por
las orillas de los caminos para matar las hierbas que estorbaban el
paso, esto es, una sal para muerte.
El evangelio que muchos predican hoy ha perdido su sabor porque,
precisamente, tales cristianos han perdido su sabor. Y su “sal” es
para muerte también. A los discípulos del Señor nos corresponde
guardar la sal del Verdadero Evangelio. Guardémonos en el señor. Y
que nuestro mensaje y nuestras vidas confronten el pecado.
Señor te damos gracias porque podemos entender a lo que te
referiste cuando les dijiste a tus discípulos sois la sal de la tierra:
somos la sal que preserva tus verdades a través de nuestro
testimonio, esa sal que tú dijiste que era buena. Buenos son los
cristianos que no se comprometen con el mundo, buenos son los
cristianos que renuevan su mente, que cambian su conducta, que
cada día se van renovando, que van quitando de su vida la envidia, el
rencor, los pleitos. Buena es la sal, pero si la sal se desvanece no
servimos para nada.
Nos comprometemos contigo a quitar cualquier mancha de nuestras
vestiduras con las convicciones que tú consolidas en nosotros. En el
Nombre de Jesús. Amén.
18. Somos Luz del Mundo
Mateo 5: 14-16 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad
asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una
luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra
a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a
vuestro Padre que está en los cielos.
En 1 Juan 1:5, el apóstol nos dice que Dios es luz y que no hay
ningunas tinieblas en Él. De manera simbólica, Juan pone en
contraste la LUZ con las TINIEBLAS: la luz representa la pureza, lo
santo, lo justo y lo bueno de Dios, mientras que las tinieblas
representan la condición de corrupción, de depravación, de maldad,
de pecado de los hombres.
¿Por qué Juan comparó a Dios con la Luz?
Analicemos las cualidades de la luz.
1.- La luz viaja siempre en línea recta. Dios es justo, su palabra es
recta y Dios habla directamente, sin rodeos.
2.- La luz recorre 300 mil kilómetros por segundo, irradiando a toda
velocidad todo sitio sobre el cual viaja. Cuando entra usted a su
recamara por la noche y enciende la luz, toda la habitación se ilumina
de inmediato. Dios por su parte es omnipresente, el no viaja como la
luz, el está en cualquier lugar y lo llena todo en todo.
3.- La luz disipa totalmente las tinieblas, no puede haber luz y
oscuridad a la vez. De igual manera donde está Dios el mal se aleja.
En lo espiritual las tinieblas simbolizan corrupción, pecado,
inmoralidad y ausencia de Dios. Su luz las disipa.
Veamos algunos versículos que nos hablan de la luz de Dios:
Juan 1:4-5
En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las
tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.
Juan 3:19
Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres
amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
De lo anterior se entiende que al encenderse la luz del evangelio
algunos huyen de ella; no quieren escuchar ni recibir nada de Dios,
se han habituado a vivir lejos de Él, aman la oscuridad y la
inmundicia. Esta es una reacción natural de los incrédulos que se
obstinan en permanecer en sus transgresiones. Sin embargo siempre
habrá hombres y mujeres dispuestos a recibir la luz del evangelio.
Juan 8:12
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que
me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Cada uno, como discípulo de Dios, necesita conocer Su Voluntad
manifiesta en el Evangelio, que es luz que alumbra nuestro camino,
pues aunque estamos en el mundo no somos del mundo. Como
habitamos en medio de las tinieblas, necesitamos que la Luz de su
Palabra nos ilumine.
Juan 9:5 Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.
Jesús es consciente de su papel: es luz del mundo: Mas, sabedor de
que un día tendría que marcharse, nos deja esa responsabilidad.
Juan 12:46 Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que
cree en mí no permanezca en tinieblas.
Si alguien dice que cree en Jesús, está en la luz. Pero si dice que cree
y aborrece a su hermano anda en tinieblas.
Dios es luz, Jesús es la luz del mundo y su palabra también es luz del
mundo.
Salmo 119:105 Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi
camino.
Proverbios 6:23 Porque el mandamiento es lámpara, y la enseñanza
es luz, y camino de vida las reprensiones que te instruyen.
4.- La luz participa en un fenómeno físico llamado reflexión, en el
cual cada rayo rebota sobre superficies pulidas como un espejo. Si
usted despierta en medio de la oscuridad y se planta frente al espejo
no verá absolutamente nada, pero si enciende la luz ya podrá
observarse en el espejo. Eso ocurre gracias a la acción de la luz, no
a la acción del espejo. Asimismo la luz del evangelio es la que nos
hace ver la condición en la que nos encontramos, de ahí la
importancia de ser iluminado con la luz del evangelio y no con
sabiduría o con teorías humanas.
5.- Otro fenómeno asociado a la luz es la refracción, el cual ocurre
cuando la luz atraviesa el agua, mas no en línea recta, sino de forma
dispersa, lo cual se debe a que en el medio acuoso la luz disminuye
su velocidad. La aplicación espiritual es muy similar: la palabra de
Dios, que es luz, entra por nuestros oídos y se refracta hacia nuestro
corazón, a la mente, a la conciencia y a todo nuestro ser.
Hebreos 4:12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más
cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma
y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los
pensamientos y las intenciones del corazón.
De ahí la importancia de hablar de Cristo, de la verdadera luz del
evangelio a toda persona, lo cual ilumina el entendimiento. De hecho
ahora mismo, al leer estas líneas, ninguno se escapa de recibir Su
Luz.
Nuestros ojos son la lámpara a nuestro cuerpo.
Mateo 6:22-23 La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es
bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno,
todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es
tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?
Jesús dice que la lámpara del cuerpo es el ojo, pero no nos habla del
órgano que hace posible la visión, sino de un ojo espiritual. El globo
ocular no ilumina el cuerpo, es obvio, sólo entendiendo estas
palabras en el ámbito espiritual comprendemos su significado. La
palabra “bueno” se tradujo de una palabra griega que significa ver en
una sola dirección, ante lo cual cabe preguntarnos ¿cuál es la
dirección hacia la cual, en lo espiritual, nuestros ojos deben de ver?
La Biblia dice que debemos poner nuestros ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe; sin embargo en el mundo y aún en las iglesias
muchos ponen los ojos en los hombres, en los líderes, en los
cantantes.
Debemos eliminar toda distracción respecto al mundo y poner
nuestra mirada siempre en el Señor.
Recordemos cuando dos ángeles vinieron a Lot para advertirle que
Dios destruiría Sodoma y Gomorra. Le indican que abandone su
ciudad, junto con su familia, sin mirar atrás y sin parar hasta pasar la
llanura. Mas la esposa de Lot miró hacia atrás y quedó convertida en
estatua de sal. ¿Qué significa esto? Jesús nos lo explica:
Lucas 9:62 Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es
apto para el reino de Dios.
Es decir, si tú eres un verdadero discípulo no puedes decir yo amo a
Cristo pero me gusta el mundo. Es imposible, el tal no es un
discípulo.
Por su parte la palabra maligno se tradujo de una palabra griega que
significa: ver lo perverso, ver lo corrupto, ver lo inmoral.
La forma en que Dios diseñó la anatomía del globo ocular también
arroja luz para entender mejor:
La retina tiene millones de bastones y conos. Gracias a ellos podemos
ver a colores. Cuando baja la intensidad de la luz, los conos que
están en la retina no reaccionan y se nos nubla la vista, entonces los
bastones se adaptan paulatinamente a la condición de oscuridad, lo
cual logran en un lapso de unos cuantos minutos.
Es lo que nos ocurre cuando entramos a la sala de cine cuando la
cinta ya ha iniciado: uno puede ver la pantalla radiante de luz y, al
desviar la vista, nos quedamos en tinieblas y nos es difícil encontrar
un lugar vacío para sentarnos. Luego de unos minutos podemos ver
nuevamente en la zona oscura.
Así ocurre con algunos cristianos que no ponen su vista en la luz de
Cristo, en el evangelio de la Luz: giran su vista a las penumbras
buscando su lugar y no ven con claridad; ya han nacido de nuevo,
pero un falso evangelio los tiene en penumbras, mostrándoles un
Jesús que no es el de la Biblia y que, por lo tanto, carece de luz. En
estas condiciones, cuando vienen los sinsabores de la vida, no saben
qué hacer porque carecen de la luz del evangelio que les brindaría
dirección.
Nuestra vista natural puede ser defectuosa por males como la miopía
(tienes que acercarte a las cosas para poder verlas bien) o el
astigmatismo (tienes que alejarte de las cosas para poder
apreciarlas). Una cirugía puede corregir totalmente el problema. Todo
indica que en lo espiritual muchos cristianos necesitan una
intervención para quitar de sus ojos las tinieblas en las que su vida
ya está envuelta. Es el caso de aquellos que habiendo recibido el
Evangelio no cambian de vida, que no experimentan los efectos de
una verdadera conversión, que se dicen cristianos y pretenden
engañar a quienes les rodean y aún engañarse a sí mismos. Afirman
que ven, pero viven en la oscuridad.
La luz del evangelio en alta definición.
El ojo humano tiene la habilidad de descomponer los rayos de luz
blanca para que el cerebro aprecie los colores. Eso nos diferencia de
la mayoría de los animales que, aunque también ven, no pueden
apreciar el color. Eso me hace recordar cómo, hace más de treinta
años, acostumbrados a ver televisión en blanco y negro nos la
presentaron “a todo color”: nuestra sorpresa al ver colores sobre la
pantalla era mayúscula. Mas ahora ha aparecido la televisión de alta
definición con pantallas de cristal líquido o plasma y todo se ve aún
más claro, con una calidad francamente impresionante.
Esto mismo ocurre en nuestra vida espiritual: cuando estamos
acostumbrados a recibir enseñanzas superficiales, sin sustento o
desviadas sobre el Evangelio es como si viéramos apenas a Dios
como una sombra monocromática. Mas si el líder asume la
responsabilidad de estudiar a fondo la Palabra y la enseña con
denuedo, sus ovejas comienzan a ver colores. Si el estudioso se
esmera más y, por decirlo de algún modo, se lanza desde el
trampolín al estanque de la Palabra para profundizar en ella todo se
va esclareciendo para él y para quienes reciben sus enseñanzas como
si pasaran de la visión a colores a la de pantalla de plasma.
Recibimos así, por decirlo de algún modo, la Palabra en alta
definición.
Somos luz del Mundo
Jesús dijo a que sus discípulos somos la luz del mundo. Eso quiere
decir que tenemos la capacidad de reflejar y refractar la luz que
recibimos hacia el mundo. Aquí la palabra mundo se traduce de la
palabra griega “cosmos” que tiene dos significados, uno literal que
es el globo terráqueo, y otro figurado que se refiere a la gente que
vive en el mundo. ¿Quién vive en el mundo? En el mundo vive la
gente que no conoce a Dios, los que están en tinieblas. Mas Cristo,
quien es Luz y nos ha dado la luz, va puliendo y formando nuestro
carácter. Mientras más nos parecemos a Él, más reflejamos Su Luz y
la refractamos al mundo, ¿Cómo vamos a reflejar la luz que Cristo
nos ha dado? Con nuestra vida, con nuestro testimonio.
Por ejemplo, ¿cuántas esposas esperan la conversión de sus maridos
al Señor? La Biblia dice cómo hacerlo:
1 Pedro 3:1- Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros
maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean
ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, considerando
vuestra conducta casta y respetuosa.
Tristemente muchos líderes de la iglesia de hoy, en penumbras,
aconsejan a mujeres que atraviesan por esta situación que le den
prioridad a servir en la iglesia aunque ello les cueste descuidar su
casa y a su marido, todo en nombre del amor a Dios. Algunos hasta
llegan, torpemente, a sugerir el divorcio. La ignorancia hace que
olviden lo que dice la Palabra al respecto: que las mujeres estén
sujetas a sus maridos para que también los que no creen a la palabra
sean ganados sin palabras por la conducta de sus palabras, es decir,
por el ejemplo, por su testimonio, atendiendo bien sus deberes
primeramente con los suyos.
Nuestro caminar en la luz de Cristo, dice más que nuestras palabras.
Oremos.
Padre, te damos gracias por tu palabra que es lámpara a nuestros
pies y lumbrera a nuestro camino. Gracias por el privilegio de poder
ser iluminados con la luz de tu palabra y contigo mismo Señor, que
eres luz. Nos has hecho real sacerdocio, nación Santa, pueblo
adquirido por Ti para anunciar Tus virtudes. Nos has llamado de las
tinieblas a tu luz admirable, mas si nuestra luz se apaga ¿cómo
podríamos alumbrar al mundo?
Señor, te pedimos que sigas puliendo cada día nuestro carácter para
reflejar más a Cristo, para reflejar mas tu amor, tu perdón y aún tu
juicio, como lo hizo Noé por ejemplo.
Que cada cristiano haga resplandecer el amor de Cristo, sin que
ninguno confunda el brillar de Cristo con hacer lo que hace el mundo.
Que nuestra vida permanezca rendida a ti, reflejando a Cristo. En el
Nombre de Jesús. Amén.
19. Los Obstáculos del Discípulo
A estas alturas de la serie, los Discípulos de Jesús ya entienden que
Jesús es su único maestro y rechazan a cualquier otro maestro que
pretenda enseñarles cómo deben vivir.
Los que realmente son Suyos, saben que Jesús no comparte su
enseñanza con Buda, ni con Freud, ni con el capitalismo, ni con el
socialismo y mucho menos con el materialismo.
Él trasciende todo conocimiento humano.
Jesús, nuestro único maestro.
La enseñanza de Jesús es totalmente opuesta y excluyente de
cualquier otra enseñanza. El discípulo lo sabe y, en consecuencia, no
acepta las filosofías del mundo como estilo de vida, no acepta gurús
como guías espirituales, no adopta filosofías cambiantes ni modas
religiosas.
El verdadero discípulo sólo sigue a Jesús y sabe que debe hacerlo sin
reservas, porque el Señor vomitará a los tibios. Y además sabe que
seguir a Jesús es algo irreversible: luego de poner la mano sobre el
arado ya no es posible volver atrás.
La siguiente porción de la Biblia nos muestra tres tipos de candidatos
a ser discípulos. Al conocer sus corazones y sus motivos, el Señor les
confronta.
Tres candidatos a ser discípulos de Jesús.
1.- El Candidato convenenciero.
Lucas 9:57-58 Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te
seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen
guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no
tiene dónde recostar la cabeza.
Éste había visto a Jesús hacer muchos milagros y señales. Cuando
expresa su deseo de seguirle, el Señor la informa que hay un precio a
pagar, que a veces habrá estrechez y a veces abundancia, a veces
persecución y a veces tiempos de paz, que a veces no tendrá siquiera
donde recostar la cabeza, un techo, un lugar seguro donde morar. El
Señor deja clara su postura: para seguirlo a Él hay que dejarlo todo.
El candidato esperaba lo contrario, creía que seguir a Jesús, hacedor
de milagros, le representaría multiplicar sus posesiones.
A Jesucristo le costó la vida predicar el Evangelio. Así que no va a
rebajar el precio para aquel que quiere ser su discípulo. Los seres
humanos somos muy dados a regatear, a pedir rebajas, pero un
discípulo no puede negociar con el Maestro, no puede decirle “Te
sigo, pero dame todo lo que te pido. Si no me das, no te sigo”. Que
quede claro: es Él quien marca las reglas y las condiciones para
seguirlo.
2.- El candidato sentimental.
Lucas 9:59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que
primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los
muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.
A diferencia de lo que ocurre con el primero, es Jesús quien le pide a
este candidato que lo siga. Éste antepone una condición: deja que
vaya y entierre a mi padre, sólo que, contra lo que pudiera pensarse,
su padre no ha muerto; es decir, le pide a Jesús que le permita,
primero, agradar a los suyos, a sus parientes, esperar a que muera
su padre para, entonces sí, ir tras Él. Jesús, en un juego de
palabras, expresa: que los muertos en espíritu entierren a sus
muertos, es decir, deja que aquellos que no desean agradar a Dios
vayan y agraden a su gente hasta la muerte. Y agrega finalmente
que la tarea principal de todo discípulo es anunciar el reino de Dios.
3.- El candidato de doble ánimo.
Lucas 9:61-62 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero
déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y
Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia
atrás, es apto para el reino de Dios
Este candidato también se ofrece para seguir a Jesús, pero es el
típico vacilante, el que duda y titubea. Jesús le contesta con una
frase que todo creyente ha escuchado, una figura tomada de la
agricultura: cuando el sembrador empieza a barbechar el campo
debe mirar en línea recta y guiar a los bueyes; si tiene una leve
distracción se desvía y hace mal el surco para la siembra. El
verdadero discípulo de Jesús sabe que no debe apartar su mirada del
Maestro, pues el que lo hace se desvía y, en consecuencia, no es
apto para servir a Dios.
En 1 de Reyes 19:21, Eliseo está arando con la yunta de bueyes
cuando Elías el profeta de Dios se planta frente a él, se quita el
manto y se lo pone a él, lo que en la tradición judía significa el
nombramiento de un sucesor. Eliseo acepta la responsabilidad, pero
le pide a Elías que primero le permita ir a su casa a despedirse de los
suyos. Esta escena contraste con el reproche que Jesús le hace al
candidato a discípulo en Lucas 9:62 sobre la oportunidad de
despedirse de su familia. ¿Estamos frente a una contradicción? No.
Y no lo estamos porque Elías no es Dios como sí lo es Jesús. Cuando
Eliseo pide permiso para ir a su casa a despedirse, Elías lo pasa por
alto, no le presta importancia pues, al hacerlo su sucesor, sólo está
cumpliendo un mandato de Dios al respecto. Ahí la diferencia: Elías
es hombre, Jesús es Dios.
El mismo pasaje nos muestra cómo, luego de que Eliseo se despide
de su familia, dice que tomó los bueyes y los mató, y que con la
madera de la yunta hizo un sacrificio y se lo entrego a Dios, lo que
significa que Eliseo renunciaba a sus proyectos, a su visión personal,
a sus anhelos, a lo que tenia planeado para su vida, a todo, por
seguir a Dios.
Este es un claro ejemplo de cómo el verdadero discípulo debe seguir
a Cristo sin doblez, dejándolo todo, con la absoluta disposición a
seguir y a obedecer la voluntad de su maestro porque, como lo vimos
en una de las enseñanzas pasadas, en los tiempo de Jesús la gente
escogía a sus maestros, pero Jesús escoge que han de seguirle, tal
como nos escogió a nosotros.
Ahora, ¿significa esto que, si vas a seguir a Jesús, deberás renunciar
mañana a tu trabajo? No, claro que no. Lo que la Biblia enseña es
que, si Dios te lo pide, debes obedecer de inmediato y no cuando tú
lo decidas. Recuerda que Dios nos escoge, pero no sabemos cuándo
Dios nos llamará. Bien podría ser cuando tu negocio esté marchando
viento en popa, cuando estés ganando mucho dinero. Es ahí cuando
Jesús te pregunta: ¿estarías dispuesto a dejarlo todo por seguirme?
Es entonces cuando aparecen los obstáculos, como en el caso del
joven rico que le pregunta a Jesús: “Maestro, cómo puedo hacer
para ganar la vida eterna”, a lo que Jesús responde: “Ve y vende
todo lo que tienes y repártelo a los pobres”: el joven rico estaba
dispuesto a “todo”… menos a hacer eso. Ciertamente el Señor no va
a pedir a todos los que llama que lo vendan todo y lo repartan a los
pobres: lo hizo con éste porque quería tratar con su problema
particular, en este caso la avaricia, lo que queda demostrado cuando
el joven se retira entristecido porque le resultó más importante
conservar sus posesiones que seguir a Jesús.
Les voy a confesar algo: desde que me convertí al Señor me surgió
la pregunta de por qué Jesús es tan exigente, drástico y
determinante cuando llama a alguien a seguirlo. Me resultaba muy
difícil entenderlo. Pero, al paso del tiempo, entendí que la grandeza
de su sacrificio no puede exigir menos: Él se entregó totalmente a su
obra redentora, Él hizo una obra completa, no lo golpearon sólo un
poco, no sufrió a medias, no corrió ni se escondió sino que murió en
la cruz por mí. Él lo sufrió todo, su entrega fue total y su obra de
salvación fue completa. Ahora entiendo la exigencia de amar a Dios
con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas
nuestras fuerzas.
El discípulo debe seguir a Jesús las veinticuatro horas, los siete días
de la semana, no puede dar menos. En contraparte hay discípulos
domingueros, gente que solamente desempolva la Biblia para
llevarla a la congregación, lo cual es sumamente triste. Que nos
quede claro: Jesús no puede rebajar el precio del discipulado, para Él
es todo o nada. Él no admite que sirvamos a dos señores y nuestra
decisión de seguirlo debe ser irreversible.
Permítame una ilustración: cuando usted toma un avión de México a
Madrid abrocha su cinturón y se dispone a la travesía. Jamás podrá
ocurrir que, a la mitad del trayecto, vaya usted a la cabina a pedirle
al piloto que le permita bajar porque se ha cansado del vuelo o
regresar a México porque a usted ahora ya no le interesa llegar a
Madrid. Esto mismo ocurre cuando se trata de seguir a Jesús: no hay
regreso posible.
Pablo compara la vida cristiana con una carrera de obstáculos en la
que los corredores salen al disparo del juez y, cuando van corriendo,
de pronto se encuentran con obstáculos. El corredor debe ser veloz
y, a la vez, muy exacto para saltar sobre ellos. Cuando un corredor
salta antes o después del momento oportuno termina impactándose
con el obstáculo.
Los cristianos son, en este sentido, corredores que tienen sus ojos
puestos en la meta y que durante la carrera encontrarán obstáculos.
Estudiemos ahora cinco obstáculos que un verdadero discípulo
encontrará en algún momento de su vida.
Cinco obstáculos en la vida de un discípulo.
1.- Los lazos familiares.
Lucas 14:25-26 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les
dijo: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y
mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia
vida, no puede ser mi discípulo.
¿Qué quiere decir aquí Jesús cuando afirma que si no aborreces a tu
parentela no puedes ser su discípulo? ¿Dirá que aborrezcamos a
nuestros padres, hermanos e hijos? No. A diferencia de otros
pasajes, el problema para entenderlo fácilmente no es la traducción
sino la expresión propia de la cultura judía a la que hace referencia.
En este versículo aborrecer significa “amar menos” o “preferir menos”
a alguien que a Dios. Lo que Jesús dice es “el que prefiera más a su
parentela que a mí, no es digno de mí”.
¿Por qué? Porque Dios es más que nuestros padres, es más que
nuestros hermanos y más que nuestros hijos. Esta confrontación con
la realidad de nuestros afectos, de nuestros apegos a la gente, es
uno de los obstáculos con los que tarde o temprano muchos de los
discípulos nos tendremos que enfrentar.
2.- Los proyectos personales.
Todos tenemos proyectos personales. Pero cuando Dios viene a
nuestra vida, éstos pasan a segundo término.
Lucas 9:23-24 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo
el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida
por causa de mí, éste la salvará.
Jesús les pide a sus discípulos que se nieguen a sí mismos para ir en
pos de él. Les dice que tomen su cruz, que para nosotros siempre ha
tenido una connotación religiosa, pero que en el tiempo de Jesús era
símbolo de muerte, pues la crucifixión era un castigo común para
delincuentes. Lo que Jesús nos dice aquí es que debemos morir a
nosotros mismos para vivir en la voluntad de Dios.
Ahora: Dios te puede pedir que dejes proyectos, pero también puede
no hacerlo.
Marcos 1:16-18 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a
Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran
pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis
pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron.
Un pescador, un agricultor, un comerciante o cualquiera que tiene un
negocio, quiere que su proyecto produzca y crezca, por lo que
humanamente Simón y Andrés pudieron haber tenido en mente
crecer en el negocio de la pesca, es un deseo natural. Pero Jesús les
pide dejar su proyecto personal porque tiene otra tarea para ellos.
Imaginemos la escena: qué pudieron haber pasado Simón y Andrés
al decidir seguir a Jesucristo.
3.- Los bienes materiales.
Mateo 6:24 Ninguno puede servir a dos señores; porque o
aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará
al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Ya sabemos que el dinero en sí mismo no es malo, sino que el
problema es la actitud que un discípulo puede tener hacia el dinero.
Pablo dice que la avaricia es idolatría. En este pasaje, Jesús nos dice
que nadie puede servirle a Él y, al mismo tiempo, al dinero. Ya
hemos denunciado aquí la falsedad y el peligro de la doctrina de la
prosperidad, la cual afirma que sí se puede servir a los dos: la verdad
es que eso es imposible, aunque hoy por hoy muchos cristianos
tengan su vida, su corazón y todas sus fuerzas empeñadas en
conseguir la casa y el auto de sus sueños, la estabilidad y la
abundancia económica, y aún muchos alcanzan todo esto. Pero
¿estarán dispuestos a renunciar a todo ello cuando Jesús se los
demande? Los profetas de la prosperidad dirían que no tienen por
qué hacerlo, pues aseguran incluso que Jesús murió para hacernos
ricos. Éstos predican, evidentemente, un mensaje contrario al
espíritu de las Escrituras.
Yo le creo a Jesús cuando dice que ninguno puede servir a dos
señores. En ese versículo la palabra “servir” se tradujo del griego
doulos, que significa esclavo voluntario, uno que decide libremente
servir a otro. Respecto a Jesús, cada uno debe decidir si se entrega
o no al Señor, si se convierte en esclavo de Jesucristo. Esto implica
una renuncia deliberada a sus derechos, a sus sueños, a sus anhelos,
por amor a Jesús.
4.- El reconocimiento del mundo.
El ser humano, por naturaleza, gusta del reconocimiento, del
aplauso, de sentirse admirado. Una frase común entre cantantes y
actores famosos dice “yo vivo del aplauso de mis fans”, es decir, de
la gloria que la gente les da. Este tipo de admiración o
reconocimiento no glorifica a Dios de ningún modo:
Juan 5:41 Gloria de los hombres no recibo. Más yo os conozco, que
no tenéis amor de Dios en vosotros.
Sorprende que, quien habla aquí, es Jesús. ¿Cómo es que el Señor
dice que no recibe gloria de los hombres, si en otro pasaje dice que
debemos de darle Gloria? Lo que pasa que la gloria de los hombres,
es el reconocimiento carnal, convenenciero, lisonjero. Podría decirse
que es la gloria hollywoodense, la que se rinde a los famosos vestidos
de gala durante una entrega de premios sobre la alfombra roja. Esa
gloria no le interesa a Jesús: no va a recibirla.
Juan 7:18 El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca;
pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no
hay en él injusticia.
Esto significa que el verdadero discípulo no predica su propio
mensaje, no habla lo que se le ocurre, sino que predica
exclusivamente el mensaje de Jesús. Quienes predican otras cosas
buscan su propia gloria, tratan de agradar a la gente y no al Señor.
Juan 12:42-43 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos
creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para
no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de
los hombres que la gloria de Dios.
Pablo dijo que todo lo que había ganado lo tuvo finalmente por
basura. Pero ¿entonces es malo adquirir títulos en el mundo? No,
pues éstos son el resultado del esfuerzo por especializarse en una
materia y el conocimiento ciertamente es útil para muchas cosas. El
problema está en gloriarnos en nuestros alcances y logros. Un
verdadero discípulo no permite que el reconocimiento humano que se
le pueda brindar ocupe el lugar que el Señor tiene en su vida.
5.- Los honores religiosos.
Lucas 17:7-10 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o
apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa,
siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete,
y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come
y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había
mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho
todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues
lo que debíamos hacer, hicimos.
La afirmación de que somos siervos inútiles viene de una expresión
hebraica que significa no merecedores. Esto signfica que cuando
Dios nos llama a hacer algo y lo hacemos, Él no está en obligación de
agradecérnoslo o recompensárnoslo –aunque muchas veces en su
amor lo hace-. Dios no “agradece” que oremos por los enfermos o
que ayudemos a los necesitados: antes bien deberíamos decir que,
sin merecerlo, Dios nos usó para cumplir sus propósitos.
Hay cristianos que oran por un enfermo de cáncer al que Dios más
tarde sana, pero luego se llenan de orgullo por lo que ellos “hicieron”.
Entendámoslo: todos los que servimos a Dios somos siervos inútiles,
no merecemos nada. Entonces, ¿de qué nos enorgulleceremos? De
ninguna cosa, porque todo mérito y todo reconocimiento es para el
Señor.
Un discípulo que desea seguir a Jesús para obtener prestigio
personal, para hacer crecer su reputación, para alcanzar una mejor
posición económica, prestigio religioso o jerarquía eclesiástica,
muestra una conducta tan anti cristiana y tan anti bíblica como
pocas. Espero, sinceramente, que no sea tu caso.
Padre: te damos gracias. Sabemos que tu palabra nos confronta y
nos da luz, pero también nos hace ver nuestra condición. Tú nos
conoces, sabes cuáles son nuestras verdaderas intenciones y
anhelos. Sabes cuáles son nuestros puntos débiles y entiendes cómo
para algunos es más difícil romper con los lazos familiares en el
sentido de preferirte a ti o preferirlos a ellos. Bien sabes también
que otros luchan porque les cuesta dejar sus propios proyectos y
abrazar los tuyos, que otros buscan lo material intentando servir a
dos señores y que otros buscan la gloria y el reconocimiento del
mundo o, peor aún, de la iglesia. Te rogamos, Padre, que abras
nuestros ojos para que seamos voluntariamente esclavos tuyos.
Queremos ceder nuestros derechos y entregarte nuestros planes,
porque los tuyos son mejores y más altos. Señor, queremos
entregarte todo, firmar una hoja en blanco con nuestro nombre para
que Tú la llenes como quieras.
Te damos gracias porque en tu misericordia aún nos brindas el
privilegio de ser usados por ti como siervos inútiles, que sólo hacen lo
que deben hacer y que no tienen nada de qué gloriarse, salvo de ser
tomados inmerecidamente por las manos de Su Maestro.
Que tu Palabra sea lumbrera a nuestro camino, Señor. En el nombre
de Jesús. Amén.
20. La misión del discípulo
Mateo 28.18-20
Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en
el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin
del mundo. Amén.
La Gran Comisión: “Id y haced discipulos a todas las naciones”
El versículo que con el que iniciamos presenta una encomienda que
Jesús dejó a sus discípulos y que es llamada La Gran Comisión. El
encargo es claro: ir y hacer discípulos en todas las naciones. A lo
largo de este capítulo de la Biblia, Jesús afirma tener toda potestad
tanto en el cielo como en la tierra. En él, la palabra potestad se
traduce del griego isosia que significa autoridad. Así delega a sus
discípulos la tarea de formar más discípulos en todas las naciones.
El mandato es claro: cuando expresa “id” lo hace en un modo
imperativo absoluto. Se trata de un mandamiento y no de una
opción. Formar discípulos es, a todas luces, una responsabilidad que
todo discípulo verdadero de Jesucristo deberá cumplir. Notemos
cómo -contra lo que suele pensarse- el Señor no nos encomienda
“convertir” a las personas, tarea que sólo Él a través de su Espíritu
Santo puede hacer, sino más bien formar a los creyentes.
¿Es fácil y rápido formar discípulos?
No, no es fácil. Formar discípulos es una labor a la que los ministros
de Dios deben entregarse enteramente. A su vez, los nuevos
discípulos formarán a otros. Es una secuencia, es una labor
contínua. A Jesús, por ejemplo, le tomó tres años de enseñanza
permanente, día y noche, formar a sus discípulos más cercanos. En
contraparte hoy se cree que con ayuda de un libro se pueden hacer
discípulos en apenas cuarenta días. Absurdo.
Jesús nos manda enseñar sistemáticamente.
Jesús nos manda ir y hacer discípulos a todas las naciones. La
palabra naciones viene de la palabra griega etnos, donde se deriva la
palabra etnia. Esto quiere decir que hay que enseñar a las personas
de toda lengua y de toda raza sin distinción. Y Sus instrucciones
continúan: hay que enseñarles a guardar todas las cosas que Él nos
ha enseñado.
La palabra enseñándoles, se tradujo del griego didasco que significa
instruir y enseñar sistemáticamente. La enseñanza sistemática
consiste en avanzar paso a paso, progresivamente: el alumno
aprende por ejemplo el valor de las unidades primero, luego el de las
decenas, las centenas y los millares; primero los sonidos con los que
hablamos, luego las letras con las que los representamos, luego las
sílabas, luego forma palabras, más adelante frases, párrafos y textos
enteros. Es siempre un paso a la vez.
Los pastores llegamos a pasar por alto la enseñanza sistemática. Es
muy común que se brinden todo tipo de enseñanzas, a veces sin ton
ni son, sin antes haber explicado profundamente los fundamentos.
Un domingo se enseña sobre la Santidad de Dios, al siguiente sobre
la oración, al otro sobre la segunda venida de Cristo, etc., dejando
más dudas que conocimientos sólidos.
No perdamos de vista que la Palabra de Dios es tan vasta que es
imposible exponer profundamente un tema en una sola exposición.
Es vital que retomemos la enseñanza sistemática, pues Jesús mandó
a enseñar a las personas a guardar las cosas que Él ha mandado, lo
que sólo se puede lograr paso a paso.
Ahora: ¿debe el pastor enseñar lo que se le ocurre? ¿Tal vez, para
motivar a las personas, debe recurrir a la retórica de moda? ¿Ha de
enseñar sus propios criterios? Evidente y rotundamente no. Es claro
que Jesús nos mandó a enseñar la Palabra de Dios. Si enseñamos
cualquier otra cosa no estamos formando verdaderos discípulos. Si
nuestra enseñanza no es bíblica incluso se puede dudar que quienes
la reciben hayan siquiera nacido de nuevo, pues sólo el conocimiento
de Su Palabra produce la regeneración. E insisto, ésta debe
enseñarse sistemáticamente, tal como a un niño se le instruye
primero en cuanto al comer, luego en cuanto al caminar, al hablar, al
leer, al escribir, en un orden natural y progresivo.
Una vez que hemos aprendido sistemáticamente, Jesús nos ordena
que guardemos las cosas que Él nos ha mandado. La palabra
guardar, en este versículo, se tradujo del griego tereo que tiene,
entre otros significados, el de obedecer. La instrucción cobra más
sentido: el Señor les dice a sus discípulos que vayan y hagan
discipulos a todas las naciones, enseñendoles sistemáticamente a
obedecer su palabra. Es lo que Pablo le dijo a Timoteo: predica a
tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende y exhorta con toda
paciencia y doctrina, sobre todo porque vendrán tiempos cuando las
personas no soportarán la sana doctrina sino que sólo querrán
escuchar mensajes que les agraden el oído.
Pero también la parabra tereo significa “conservar” y tiene la
connotación de permanecer en la práctica de una enseñanza.
Retomemos a partir de esto la ordenanza de Jesús: Él dice ‘vayan y
hagan discípulos, enséñenles sistemáticamente a permanecer, a
conservarse firmes en la observancia de los mandamientos
establecidos por Dios’. Los pastores y los ministros primero, pero
también todos los discípulos de Dios, tenemos la obligación de
enseñar sistemáticamente a permanecer y a poner en práctica todo
el consejo de Dios, esto es, toda Su Palabra.
Jesús dice que si nosotros permanecemos en Él y sus palabras
permanecen en nosotros, seremos verdaderamente hijos suyos. Esto
significa que debemos cumplir todos sus mandamientos, cada punto
y cada coma, sin quitar ni añadir nada a lo que Dios mismo
estableció. No podemos tomar sólo una parte de sus ordenanzas, no
es posible ser un verdadero discípulo si sólo hacemos lo que nos
agrada, si le obedecemos a medias. Esto es algo que deberían
comprender aquellos cristianos que afirman que el único mensaje que
deberíamos predicar es el amor de Dios. No es así; esa es sólo una
parte de la historia, pero no es todo.
El apóstol Pablo les dijo a los romanos que miraran bien la bondad y
la severidad de Dios. Dios es Santo, cierto, pero también es el Dios
de Juicio. Es bueno y misericordioso, sí, es lento para la ira y grande
en misericordia, pero también es el Dios que reprende y azota a todo
aquel que toma por hijo. ¿Ve usted la importancia de predicar todo
el consejo de Dios? Es fundamental que todo cristiano sea bien
discipulado, que conozca lo que ha de hacer en su paso por este
mundo.
Predicar solamente la Palabra.
1 Timoteo 6:3-4
Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de
nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,
está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y
contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos,
blasfemias, malas sospechas…
Hoy en día vemos con tristeza cómo muchos maestros de la Biblia
hacen a un lado el mensaje de Dios para poner el suyo. Predican sus
máximas, sus propios pensamientos, su opinión. No enseñan la sana
doctrina, la que nos ha enseñado nuestro maestro, Jesucristo. Peor
aún, es común ver en los púlpitos a predicadores que ni siquiera
llevan la Biblia consigo. O, si la llevan, no la abren, sino que la usan
como un mero adorno o como salvoconducto, como un elemento que
les hace aparecer frente a la gente como muy espirituales.
1 Corintios 4:6
Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en
Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no
pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os
envanezcáis unos contra otros.
La palabra de Dios es lo único que necesitamos aprender para seguir
los pasos de Jesucristo. Es esa la razón por la que Pablo nos advierte
que no pensemos más de lo que esta escrito. Que nadie le engañe:
los discípulos de Jesús no necesitamos ninguna doctrina ajena a la
que esta escrita a lo largo de toda la Biblia.
¿La gran encomienda ha cambiado?
Notemos cómo la gran comisión consiste en ir y hacer discípulos a
todas las naciones. Es claro que muchos que se dicen maestros se
han olvidado de ello. ¿Por qué lo digo? Porque, por sus hechos,
parece que muchos han escuchado una orden diferente, como si se
les hubiera encomendado: ‘vayan y enséñenles a ser grandes
empresarios, vayan y enséñenles a ser hombres exitosos, vayan y
ofrézcanles milagros, vayan y obtengan de ellos todo el dinero que
puedan ofreciéndoles que pacten con su ministerio, vayan y
ofrézcanles todo tipo de productos de apariencia espiritual para que
obtengan ustedes jugosas ganancias’.
¡No! Entendámoslo: Jesús no nos mandó a hacer ninguna de esas
cosas. Tales acciones son propias de hombres vanagloriosos que se
predican a sí mismos en lugar de presentar a Jesucristo, de hombres
y mujeres que viven hablando de su propio currículum y de sus
experiencias en el ambiente cristiano, de gente que se hace pasar
como ungida de Dios. Los tales alimentan así su propia carne y, no
es de extrañarse, alimentan también a los carnales, ávidos éstos de
encumbrar ídolos.
Si Jesús nos dejó la gran comisión de hacer discípulos, ¿porque la
iglesia no esta dedicada a ello? ¿Por qué no estamos haciendo
nuestra tarea de enseñar la Palabra? ¿Por qué no estamos formando
discípulos?
Tenemos que comenzar por ser autocríticos y analizar sinceramente
si estamos en la fe, si estamos en la sana doctrina o si necesitamos
enderezar nuestros caminos. Y aún muchos le concederán a tal o cual
ministerio que enseña falsedades una cierta autoridad espiritual
porque sus mega iglesias están repletas cada fin de semana.
Seamos claros: congregar a muchas personas no significa que
necesariamente se están formando discípulos. En muchos casos, hay
que decirlo, ciertamente forman discípulos… pero del apóstol
Armando Negocios de la Cruz.
Es lamentable obervar cómo muchos falsos profetas abren su boca
para proferir verdaderas afrentas contra Jesús sin que nadie diga
nada en contra de ellos. ¡Pero cuidado con que alguien diga alguna
cosa sobre esos falsos maestros, porque saldrán muchos a defender
a sus ídolos con un celo inconmensurable! Durante los últimos años
el Señor nos ha guiado a denunciar a los apóstatas; tristemente,
muchos creyentes engañados salen fieramente en su defensa,
airados porque hemos tocado a sus becerros de oro, a los que
idolatran. Hemos denunciado aquí a apóstoles, a cantantes, a falsos
maestros, y vemos con tristeza cómo sus seguidores se nos echan
encima como leonas despojadas de sus cachorros. ¡No entienden
que nuestra denuncia tiene como objetivo ponerles a salvo de
semejante peligro! Por el contrario, demuestran que están más
dispuestos a protestar cuando se toca a sus ídolos que cuando se
afrenta a Cristo y a su Evangelio, lo que deja claro que no se trata de
verdaderos discípulos de Jesús.
¿Porque en el cristianismo de hoy se defiende a los falsos maestros y
profetas?
Simple y rotundo: porque muchos de estos falsos maestros se han
dedicado con todas sus fuerzas a hacer discípulos suyos, a formar
seguidores para su propia causa -que no la de Cristo-. Casi siempre
la motivación principal de éstos es enriquecerse. Es así como llegan a
dominar la conciencia de las personas. Ignoran con ello el ejemplo de
los discípulos de Jesús, que no trabajaron para hacer seguidores de sí
mismos. Yo creo que semejante idea ni siquiera les pasó por la
cabeza a gente como Pedro o como Juan. Tampoco a Pablo, como
queda claro a continuación:
1 Corintios 1:11-18
Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los
de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada
uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de
Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado
Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?
Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a
Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi
nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no
sé si he bautizado a algún otro. Pues no me envió Cristo a bautizar,
sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que
no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es
locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a
nosotros, es poder de Dios.
Hermanos, es clarísimo: la Biblia nos enseña que no debemos seguir
hombres ni ministerios. Nuestro deber es ser fieles seguidores y
discípulos de Cristo. Y de nadie más.
Aún en nuestra propia iglesia, en Guadalajara, llegamos a ver cómo
tristemente algunas personas tienden a idolatrar a músicos, ministros
y pastores, conducta que rechazamos insistente y rotundamente. Sin
embargo y pese a ello, nos encontramos de cuando en cuando a
personas que predican de ’su iglesia’, poniendo en alto el nombre de
su congregación en lugar de levantar el nombre de Cristo y
alardeando sobre la calidad de los cantantes, los predicadores, las
instalaciones, las actividades y cuantas cosas se les ocurren. Éstos
no han entendido todavía que lo único que debemos predicar es el
Evangelio de Jesucristo. Y me pregunto: si aún enseñando
persistentemente la sana doctrina, siempre quedan personas en esa
condición … ¿qué será de aquellos creyentes en cuyas iglesias se les
enseña abiertamente a confiar en el hombre?
¿La Gran Comisión o la Gran Omisión?
El mandamiento de Jesús en Mateo 28:18 es tan importante que se
le ha llamado con un nombre propio: La Gran Comisión. Creo
personalmente que esta ordenanza del Señor se ha convertido en La
Gran Omisión, pues es claro que la iglesia de nuestro tiempo no está
formando discípulos.
Es relativamente fácil identificar si una persona es o no
verdaderamente un discípulo de Jesús. De hecho en nuestra
congregación cuestionamos constantemente incluso a nuestros
mismos ministros para ver si verdaderamente son estudiosos y
sabedores de la Palabra. Es común que les preguntemos sin previo
aviso cosas como ‘¿Qué es la redención?’, o ’¿Qué significa nacer de
nuevo?’ De repente, alguno titubea, pero ello les conduce a estudiar
más, a profundizar en la Palabra. Lo más lamentable es observar
cómo algunas personas no saben siquiera a qué van a la iglesia:
muchos van porque les han contado que cae polvo de oro y otros
fraudes por el estilo, pero no conocen a Dios.
Y lo peor: no sólo estamos presenciando La Gran Omisión… sino
también La Gran Comi$ión. ¿Qué quiere decir esto? Simple: algunos
fraudulentos están cobrando cuotas a los creyentes para
discipularlos. Lo ví recientemente en una congregación donde leí un
letrero que decía: ‘Padres de Familia: no olviden pagar los cinco
dólares del material de la escuela dominical, pues si no lo hacen sus
niños no podrán entrar a clases’. ¿Negar el discipulado?
¿Condicionarlo al pago de una cuota? Yo le pregunté a al pastor de
esa iglesia: ¿para qué usas entonces los diezmos y las ofrendas?
Esos recursos deben usarse precisamente para eso… y para muchas
otras cosas que la iglesia debe cubrir sin necesidad de solicitar
ofrendas especiales.
Juan 17:14
Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son
del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Si Cristo viniera ahora mismo y nos llamara a rendirle cuentas…
¿cuántos podríamos decirle ‘yo les he dado Tu Palabra’? Esto es para
pensarse seriamente y aún para tener temor. Imagínese que Dios le
llame por su nombre y entable con usted este diálogo:
Jesús: “Fulano de tal, qué hiciste con mi palabra”.
Discípulo: Bueno Señor, yo traía cantantes bien ungidos a
presentarse aquí, porque a la iglesia le gustaban los conciertos.
Jesús: “Ahh, ¿Y qué le enseñaste a la gente?”
Discípulo: Pues les enseñe cómo ser exitosos en la vida para que
tuvieran grandes empresas. ¿No viste el gran auditorio que te
construí?
Jesús: “¿Y mi Palabra? ¿Qué hiciste con mi Palabra?”
Discípulo: Señor, tu Palabra no les gustaba, decían que eso de la cruz
no era para ellos y que todo se resume en que tú eres amor. Y pues
yo les hable del amor. Les dije que todo lo que ellos hicieran estaba
bien porque tú nos amas inmensamente y… pues de todas formas
todos íbamos todos rumbo al cielo.
¿Se imaginan ustedes este diálogo con Jesús?
Evidentemente muchos han aprendido equivocadamente. Muchos
cristianos en las iglesias de hoy insisten en que la predicación del
Evangelio sólo debe mostrar el amor de Dios, el cual es real
ciertamente, pero olvidan que el mismo amor de Dios es el que nos
hace ver nuestra propia condición y que aún su paciencia debe
conducirnos al arrepentimiento.
Hablemos su Palabra, sirvamos a Jesús, no temamos ofender con ello
a la gente, prediquemos la salvación ligada, como corresponde, al
arrepentimiento, presentemos el Evangelio, no importa que las
personas se ofendan con ello, pues ciertamente este mensaje es
locura para los que se pierden, pero cuánto bien hace cuando trae a
muchos de la muerte eterna a la vida eterna.
Hacer discípulos para el fortalecimiento de la iglesia
Sin producir discípulos de Jesús, una congregación no tiene futuro.
Los discípulos, conforme aprenden, se van integrando al servicio de
Dios. Los pastores debemos delegar responsabilidades en los
discípulos que van madurando; no pretendamos hacerlo todo, pues si
por alguna causa no podemos atender alguna responsabilidad por un
tiempo, o aún si el Señor nos llama a su presencia, la iglesia no
estará lista para seguir caminando y corre incluso el riesgo de
desaparecer. No es posible que los pastores sigamos creyendo que
somos indispensables para el Señor; recordemos que los discípulos
sólo somos siervos, colaboradores.
1 Corintios 3:9-13
Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois
labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que
me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y
otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque
nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual
es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata,
piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se
hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será
revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.
Por tanto hermanos, hay que educar a las personas lo mejor posible
para que lleguen a ser discípulos de calidad y, cuando sea su tiempo,
éstos también hagan más discípulos.
2 Timoteo 2:1-3
Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. 2
Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres
fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. 3 Tú, pues,
sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.
Con esto, hermanos, damos por terminada la serie Verdaderos
Discípulos. Le animamos a llevar todas estas enseñanzas a la
práctica para llegar realmente a ser discípulos de nuestro Señor
Jesuscristo.
Padre en el nombre de Jesús te damos gracias por todas estas
enseñanzas que nos regalaste. Sinceramente queremos ser
discípulos de calidad y fieles a Ti. Señor, danos la gracia para seguir
adelante. a nuestra meta, que es llegar a ser semejantes a Ti.
Mientras vuelves por tu iglesia, estamos en este mundo como luz y
como sal de esta tierra. Te rogamos que envíes obreros a la mies,
obreros verdaderos Señor, y no mercaderes. Para que tu Nombre sea
levantado, para que seas glorificado. En el nombre de Jesús. Amen.