EL CASO AIMÉE
Marguerite Pantaine “Aimée”, nace en el seno de una familia campesina es la quinta
hija de una fratría de siete (vivos). La primogénita Marguerite nace muy poco tiempo
después de la boda de los padres (nace en 1885), dos años después Elisa, un año
más tarde María. En 1890 Marguerite (la hija mayor) muere abrasada en su vestido
acercándose demasiado a la chimenea, se insiste mucho en la familia sobre “la
intensa emoción vivida por la madre”, inmediatamente después de esta muerte la
madre queda nuevamente embarazada y nace una niña muerta. Once meses más
tarde nace una segunda Marguerite (esta es Aimée). Luego vendrán tres hermanos
varones.
Es de destacar la frecuencia de los embarazos maternos, uno sucesivo a otro sin
hacer ningún tipo de duelo.
La niñez de Aimée está marcada por un padre cuya autoridad era indiscutible y una
madre analfabeta, muy sensible a la amenaza de las palabras. Unos diez años antes
del internamiento de Aimée se circunscribe para su madre el sentimiento de ser
espiada y escuchada por los vecinos.
No obstante, Aimée tiene una posición de excepción en la familia, es la única que
contradice la autoridad paterna. Según Lacan, este no al padre tiene que ver con
algunos detalles de su vestimenta. Es una interpretación mía, pero el detalle de
tomar en cuenta la constelación familiar, apego a la madre y no al padre, ¿podemos
pensar que es un anticipo a la forclusión del NP?, el apego a la madre es muy
intenso. Lacan dice en la tesis “fueron dos amigas”.
La relación con sus hermanos es difícil. Es su hermana mayor Elisa, quien toma a
su cargo la dirección de la casa debido al delirio materno. Esta hermana, debemos
tenerla en cuenta, abandona pronto a la familia dado que va a vivir a casa de un tío
con el que finalmente se casa; esto sucede cuando Aimée tenía nueve años.
Aimée fue el primer hijo de la familia en ingresar a la escuela primaria superior, los
maestros coinciden en señalar el futuro promisorio de la pequeña. Es interesante,
hija de padres analfabetos su destino sería para todos, padres y maestros, la
enseñanza.
Señalaré los puntos que a mi modo de ver, muestran momentos de ruptura, de
discontinuidad en lo que venía sucediendo.
LA MUERTE DE LA AMIGA
A los diecisiete años, sorprende su suspenso en los exámenes. Renuncia a los
estudios. ¿Qué pudo haber pasado? Primera discontinuidad, que parece estar
relacionada con el fallecimiento de la primera amiga de Aimée, que se presentaba
a los exámenes con ella. Tras este traspié vuelve por poco tiempo a casa de sus
padres y decide entrar en la administración de correos.
Rompe de esta forma, con el ideal parental, de señorita que enseña letras a aquella
que lleva las cartas. El punto interesante, es que con la muerte de la amiga, cae
para Aimée el sostén imaginario que esta ofrecía.
EL PRIMER AMOR
Encuentra empleo en una ciudad alejada de sus padres. Durante tres meses
mientras prepara su examen que aprueba, para cartera, vive en casa del tío casado
con Elisa (su hermana mayor)
El último mes de su estancia allí, encuentra un primer amor. “Un don Juan que la
encandila con su pinta romántica y su escandalosa reputación”, averigua que ella
no había sido nada más que objeto de una apuesta. Tiene su primera relación
sexual. Durante los tres años siguientes, habiéndose mudado debido a un cambio
administrativo de destino, mantiene una ardorosa y secreta comunicación escrita
con el seductor: “único objeto de sus pensamientos”. Rechazando cualquier otro
hombre que la pretendía.
Lacan señala el lazo erotomaníaco al poeta. Y un cambio brusco, que coincide con
un nuevo traslado administrativo, del amor al odio; luego de tres años. ¿Podemos
pensar en un desencadenamiento en este primer encuentro con un hombre?
EL NUEVO DESTINO Y LA NUEVA AMISTAD
En este nuevo destino, entabla amistad con una mujer, amistad que será
determinante en la vida de Aimée. Es a través de esta amiga aristócrata venida a
menos y cartera como ella y que ejerce sobre las demás carteras influjo debido a
su posición, quien habla a Aimée por primera vez de Sarah Bernhart, de Hugette
Duflos, las mismas que más tarde se transformarán en sus principales figuras
persecutorias.
La relación de Aimée con esta amiga está en serie con la que tuvo con su hermana
mayor Elisa y con la amiga muerta en la juventud, le ofrecen soporte imaginario, y
el ideal. Es a esta amiga precisamente a quien Aimée confía “sentirse masculina” e
inicia una serie de encuentros con hombres, aventuras ocultas a su entorno
calificadas por ella misma como “accesos de disipación”.
Se trata de un tiempo de afinidad a los hombres, no son relaciones sexuales o
amorosas que la dejan indiferente sino de “curiosidad por el alma masculina”.
Me parece muy interesante, es la dificultad de la acepción de la posición sexuada
que le lleva a este movimiento de búsqueda del alma masculina, no se trata de
ofrecerse al hombre como aquello que causa su deseo. Se trata de pesquisar la
posición masculina por un lado y la femenina por el otro en la serie organizada:
hermana, amiga del colegio, y la amiga del trabajo.
LA BODA
Bajo estas coordenadas confusas, decide casarse, con un colega de oficina. Ante
la puesta en tela de juicio de esta boda por la familia, responde: “si no lo cojo yo, lo
cogerá otra”.
No parece la elección del mismo lado, como su primer amor, el poeta de las cartas
ardientes
El matrimonio es problemático. Más adelante su marido hablará de las rarezas de
Aimée, “celos inmotivados”; “mutismos y encierros que duran semanas”; “risas
inmotivadas e intempestivas”; “fobia a las manchas” que la llevan a un
ininterrumpido lavado de manos.
Estas pequeñas perlas clínicas nos hacen suponer una sutil actividad delirante.
A los ocho meses de la boda, la hermana de Aimée, Elisa, enviuda y va a vivir a
casa de Aimée y su marido. Este es un momento especialmente delicado.
La intrusión de la hermana en la casa, provoca en Aimée una situación de
“humillación moral”. La hermana con su abnegación le devuelve a Aimée como un
espejo las cosas que ella misma es incapaz de hacer.
En la tesis Lacan asocia a la serie de las mujeres al Ideal del yo pero que se
confunde con el superyó.
Por un lado podríamos decir que son mujeres que se presentan como un ideal a
alcanzar pero por el otro la ferocidad de no alcanzarlo.
LA PRIMERA MATERNIDAD
Cuatro años más tarde de la boda, Aimée queda embarazada. Es aquí donde
aparecen por primera vez las perturbaciones persecutorias. “Sus colegas de trabajo
critican su forma de proceder, le anuncian desgracias y cuchichean en la calle”.
Finalmente una significación se le impone “ellos quieren la muerte de su hijo”.
En esa época los pasajes al acto son violentos el marido no escapaba de la cuestión
persecutoria, le asesta con una jarra en la cabeza, otra vez lo hace con una plancha.
Se puede entender, el Otro es real y quiere gozar del sujeto.
Finalmente, el bebé nace muerto, es una niña. Este franqueamiento de la
maternidad, hace eco con sus propias coordenadas de venida al mundo, luego de
la muerte de los hermanos (lectura del texto de D. Laurent, pág. 128).
La muerte del hijo, verifica su certeza delirante. Aimée culpa a su amiga de esto.
Una llamada de la amiga después del parto cristaliza la persecución. Aimée se
muestra hostil y muda durante una larga temporada y se refugia en la práctica
religiosa.
EL NUEVO EMBARAZO
Un año después queda nuevamente embarazada. La certeza y los temas delirantes
son los mismos que la otra vez.
En esta ocasión trae al mundo un niño, al que cuida con ardor. Le amamanta por
catorce meses (fecha en que es ingresada por primera vez) y hasta los cinco sólo
se ocupa ella con una feroz vigilancia. La interpretación delirante es “todos
amenazan a mi hijo”. Aimée se muestra hostil, querellante, todos están contra ella.
Sin decir a su marido se despide del trabajo y se hace el pasaporte para ir a América,
para convertirse en novelista. Ya no hay barreras, está el intento de acceso al
mundo de las letras. Letras que la acompañan desde pequeña.
Lacan dice que las cosas para Aimée empeoran en el momento en que la hermana
decide encargarse del niño, dado el estado de Aimée. La intrusión de la hermana
entre ella y el niño hace eclosión. Aimée puede atiborrar al niño de comida o dejarlo
morir de hambre, le abriga con muchas capas como una cebolla para que no pase
frío. Una vez entrometida la hermana en el cuidado del hijo, la idea de marcharse a
América se intensifica, la familia decide ingresarla en una clínica. Allí se verifica su
certeza delirante: le arrebatan al hijo. En la clínica escribe a un escritor, se ve cómo
la llamada a las letras está siempre presente, pero posteriormente este escritor
también se transformará en su perseguidor.
Sale de la clínica por pedido de la familia. Al salir, deja a su hijo al cuidado de su
hermana y su marido, pide el traslado y se marcha a Paris.
LA VIDA EN PARÍS
Ahí divide su vida entre el trabajo y el estudio (quiere dar el examen de bachillerato).
Es en Paris donde el delirio se organiza y despliega. Se ocupa mucho de los dos
campos, trabajo y estudio, podemos pensar que cómo una manera de encontrar
puntos de anclaje a su vida. Las visitas a su familia se hacen cada vez menos
frecuentes.
En este primer año de estancia en Paris, dos personajes serán centrales: la actriz y
el hombre de letras.
En su tesis Lacan señala que la actriz se convierte en un personaje persecutorio
para Aimée porque es aquella que quiere dañar a su hijo. Esta amenaza nace como
venganza de la actriz hacia Aimée, que según señala Lacan en el texto “había
hablado mal de la actriz en el trabajo diciendo que era una puta”. Todas las
apariciones de la actriz se le transforman en signos. En su tesis Lacan señala “temía
mucho por la vida de mi hijo, si no le sucedía una desgracia ahora, sería mañana y
yo me transformaría en una madre criminal”.
Lacan señala otro dato importante de Aimée: “la perversión del instinto maternal con
la pulsión del asesinato”. Se puede entender como delirante el comportamiento de
huida lejos del niño y la curación está ligada al proceso de autopunición, ya lo
veremos más adelante.
El otro elemento perseguidor es el hombre de letras, que lo hace desde la salida del
hospital, consigue Aimée una entrevista con él para acusarle de andar diciendo
cosas malas de ella y pedirle explicaciones.
Para Aimée en su delirio el novelista y la actriz están unidos por lazos indiscernibles,
no son amantes pero hay un lazo entre ellos como si fuera verdad. Aquí vemos
nuevamente la problemática de la sexualidad.
LA ESCRITURA
Comienza a escribir y a enviar sus escritos a numerosas editoriales que no publican
sus trabajos. Escribe orientada en un apostolado de redención del mundo, son
escritas con esa misión y ese sentimiento.
La amenaza de atentado al niño es cada vez más inminente para Aimée “una
carrera de mujer de letras le espera”.
Pero sus perseguidores plagian sus novelas, aún no escritas y sus manuscritos más
íntimos.
En una ocasión salta al cuello de la empleada de la editorial que le dice que su
manuscrito no será publicado. Debe indemnizarle.
A partir de aquí una certeza identificatoria se pone en juego “mujer de letras”, pero
no es reconocida como tal, y es esto lo que le precipitará en una serie de pasajes al
acto hasta el pasaje final con el cual es detenida.
El esfuerzo de esta construcción significante “mujer de letras” no es suficiente para
cifrar el goce del Otro, solo queda el recurso del pasaje al acto para barrarlo.
Dominique Laurent, en su texto sostiene “la asunción de la identificación delirante
de ser escritora está desde el inicio del delirio, la mujer de letras va tomando
sucesivas formas: maestra, cartera, el encuentro difícil con el hombre también se
da bajo el auspicio de las letras”.
Las dos novelas escritas por Aimée son enviadas al Principe de Gales, Lacan lo
sitúa en serie con su primer amor, platónico y a través de escritos.
ANTICIPO DEL PASAJE AL ACTO
El goce cada vez más amenazante del Otro, hace que Aimée no se separe de su
hijo, la amenaza sobre el niño es cada vez mayor.
Quiere divorciarse y quedarse con el niño. Está dispuesta a matar al marido si es
necesario para conseguir al niño.
La urgencia se presenta bajo la idea de “es necesario hacer alguna cosa”. Un mes
antes del atentado compra el cuchillo, busca en el listín la dirección de la Sra. Duflos,
se le impone la idea de tener un encuentro cara a cara con la enemiga bajo el texto
“¿qué pensará ella de mí si no me presento a defender a mi hijo?”. Una hora antes
de la agresión Aimée no sabe que irá al encuentro de la actriz.
EL PASAJE AL ACTO
El 10 de Abril de 1931, aborda a la actriz en la entrada de los artistas de un teatro,
tras asegurarse de la identidad de la mujer que tiene enfrente, saca un cuchillo, la
actriz al intentar parar el golpe, huye, allí es herida. Más tarde Aimée le dirá a Lacan,
que “habría podido atacar a cualquiera de sus perseguidores si hubiera podido dar
con alguno de ellos”.
En el momento de su detención, se sostiene en su interpretación delirante ante
quienes le interrogan. En prisión, contará a sus compañeras de celda
puntillosamente su delirio. Pasados unos días le escribe al Príncipe de Gales, para
decirle que “las gentes de letras hacen cosas graves”. Luego de quince días escribe
al experto que le había visto para decirle que llamarla “neurasténica” puede
perjudicar su futura carrera en las letras.
A los veinte días comienza a llorar y “dice a sus compañeras de prisión que la actriz
no tenía nada contra ella, que no debería haberla asustado”. Allí le llevan a
enfermería, y un mes después ingresa en el Sainte Anne.
Es decir, entre el pasaje al acto y “el arrepentimiento” por llamarlo de alguna manera
hay un espacio de tiempo. La “curación” en Aimée se produce luego del pasaje al
acto, pero como decíamos antes no inmediatamente, el preguntarse porqué lo había
hecho, lo distingue de algo puramente pasional donde el alivio es inmediato al acto
de violencia.
En Aimée cuando ella se da cuenta que había atacado a una persona inocente, su
delirio desaparece. Esto le lleva a Lacan a decir que su caso es una “paranoia de
autopunición”: en la medida que al golpear se golpea. Es una manera de golpear al
goce que Aimée supone al Otro. Y por otro lado, interviene la ley, ante la cual al
principio Aimée se muestra como inocente.
El pasaje al acto en esta entidad clínica no es inmediato. En el caso Aimée, ha
pasado diez años desde el principio del delirio. La agresión, es brutal, aparatosa
pero no tiene la eficacia de la agresión de las psicosis pasionales.
En el caso de los delirios pasionales, el delirante después del crimen obtiene un
alivio característico, acompañado de la caída de toda la construcción delirante.
En el caso de Aimée, la agresión ha fracasado y la enferma no muestra ninguna
satisfacción especial. Nada ha cambiado del lado de la agredida, pero sí algo del
lado de la agresora.
Ha verificado lo que significa la compañía de los delincuentes, ha palpado la
reprobación y el abandono de los suyos. Lo que comprende Aimée dice Lacan, es
que se ha agredido a sí misma y paradójicamente sólo en ese momento
experimenta alivio afectivo: llora y cae el delirio. A esto lo llama Lacan “la curación
de Aimée”.
Lacan verifica en su tesis que si bien el núcleo delirante “querían matar a mi hijo”
permanece, no así toda la otra serie de personajes que lo rodeaban, como asimismo
varía el comportamiento de la paciente.
¿En qué consiste la autopunición?
En su delirio, las persecuciones amenazan al hijo “para castigar a la madre que ha
hablado mal de la actriz, que no hace lo que debe”.
Aimée es interrogada sucesivamente sobre las razones de su acto criminal; voy a
reproducir lo que aparece en el texto de Lacan:
― ¿Por qué creía Ud. que su hijo estaba amenazado?
Responde:
― Para castigarme.
― Para castigarla ¿de qué?
Aimée titubea:
― Porque no estaba cumpliendo mi misión.
Y agrega:
― Porque mis enemigos se sentían amenazados por mi misión.
Aimée mantiene el valor de las dos cuestiones: el castigo y la amenaza.
Por otra parte, las perseguidoras son mujeres, la primera la hermana mayor de
quien Aimée sufrió la humillación y los reproches de conciencia. Luego las mujeres
de letras, actrices, mujeres de mundo. Imaginariamente, eran mujeres que
representaban su ideal, pero también su odio.
Aimée entonces dice Lacan, arremete contra un objeto que no tiene para ella más
que un valor de símbolo y de esa forma este acto no le produce ningún alivio.
Cito a Lacan: “Sin embargo, con el mismo golpe que la hace culpable frente a la ley,
Aimée se siente golpeada en sí misma: y cuando lo comprende, es cuando
experimenta la satisfacción del deseo cumplido: el delirio, ya inútil, se desvanece”
Se constata que luego del pasaje al acto la vida de Aimée se desarrolló sin grandes
acontecimientos. Lacan le anima a escribir.
En 1943, sale del hospital. Llega a ser gobernanta de una familia franco-americana
“que nunca intuyó signos de locura”, escribe Lacan, finalmente por casualidades de
la vida entra a trabajar en 1951 en la casa del padre de Lacan como cocinera.
Por otro lado, luego de estar muchos años sin verse, Aimée retoma el contacto con
su hijo Didier Anzieu, psicoanalista, paciente de Lacan desde el año 1949. Se entera
por su madre que ella es Aimée.
Aimée con Schreber
por Silvia Elena Tendlarz
Aimée es el caso clínico que le permite a Lacan aislar el tipo clínico de la "paranoia
de autopunición" dentro del cuadro general de la paranoia.
La "comunidad de estructura" de Aimée y Schreber permite que sea estudiado uno
junto a otro. De hecho, Lacan construyó el historial apoyándose en los escritos de
esta enferma. En ambos casos los escritos se sitúan pues en primer lugar.
Pero tropezamos con una dificultad. La construcción de un caso clínico no es
independiente de la teoría puesta en juego en su análisis. La teoría psicoanalítica
de las fijaciones libidinales que Lacan utiliza en su tesis lo restringe al dominio del
complejo fraterno, del "narcisismo secundario", de la "elección de objeto
homosexual".
Lacan encuentra a Aimée en el transcurso de su segunda internación, luego de un
pasaje al acto homicida: intenta apuñalar a una célebre actriz de la época, Hugue
ex – Duflos (llamada Z en la tesis), frente al teatro Saint-Georges. La primera
internación acontece siete años antes, cuando decide viajar a los [Link]. para
volverse una gran escritora.
Pero el desencadenamiento de su psicosis es anterior. Lacan sitúa como "causa
ocasional" de su psicosis el estado puerperal. Durante su primer embarazo, Aimée
comienza a temer por la vida de su futura hija. Extraños perseguidores lo amenazan.
Al nacer, el bebé está muerto, lo que refuerza sus ideas delirantes. En ese momento
recibe la llamada telefónica de la que fue su antigua amiga íntima durante años, C.
de la N., lo que la lleva a concluir que ella es la responsable de la muerte de su niña.
A partir de ese momento se plasma la certeza psicótica que la transforma en su
perseguidora.
Ahora bien, la temática de la muerte de un niño constituye un evento real padecido
por la madre de Aimée durante su gestación. Su hija mayor muere como
consecuencia de un grave accidente: cae en un horno encendido y muere
rápidamente a causa de sus quemaduras. Este evento es retomado pues por Aimée
de una manera delirante.
Dos años más tarde, ella tiene 30 años, nace su hijo, y recrudece su delirio. Se
vuelve más hostil, interpretativa, querellante. Es internada entonces por primera vez
con un diagnóstico de "delirio de interpretación" durante seis meses. Su salida es
llevada a cabo a pedido de su familia. Decide vivir en París, y durante ese periodo
construye su delirio erotomaníaco y persecutor.
Sus sucesivas perseguidoras –C. de la N., Sara Bernhardt, Huguette ex – Duflos –
son consideradas por Lacan como subrogados de su hermana mayor. El complejo
fraterno es situado en primer lugar. Esta hermana constituye de alguna manera el
ideal de Aimée, "la imagen que ella es impotente de realizar". Así, ese odio que
siente hacia ella, por un mecanismo de "desconocimiento sistemático", por
negación, es orientado hacia objetos alejados de su objeto real. Se establece
entonces una serie metonímica entre todas estas mujeres en la medida que toda
ellas representan su ideal. Debemos señalar que el concepto de ideal utilizado por
Lacan en su tesis no establece ninguna distinción entre el Ideal del yo y el Yo ideal,
que hará más adelante, por lo que constituye en punto de aspiración simbólico e
imaginario a la manera bovárica, es decir, determinado por la acción del "medio
social".
Lacan se pregunta en su tesis: ¿Cuál es en efecto el valor representativo de sus
perseguidoras para Aimée? Mujeres de letras, actrices, mujeres de mundo, ellas
representan la imagen que Aimée se hace de la mujer que, en cualquier grado, goza
de la libertad y del poder social…, la misma imagen que representa su ideal es el
objeto de su odio".
Estas consideraciones le permiten a Lacan explicar el mecanismo de la
autopunición: Aimée arremete su ideal exteriorizado, y al hacerlo, se arremete a sí
misma. En la medida en que el objeto agredido tiene el valor de un símbolo, logra
tranquilizarse – a diferencia del pasional – luego de su pasaje al acto. Cuando se
da cuenta que por su acto es culpable frente a la ley, es decir, que logró agredirse,
obtiene su pacificación.
Lacan considera que las mujeres que simbolizan el ideal de Aimée forman parte de
su "idealismo pasional", de su "erotomanía homosexual". No olvidemos que la
concepción de erotomanía que predomina en su tesis es la de Dide, en la que es
subrayado sobre todo el aspecto platónico, es decir, que a diferencia de Clérembault
deja de lado la cuestión de la sexualidad. El complejo fraterno le permite establecer
una regresión a un punto de fijación narcisista paralelo al empuje de la pulsión
homosexual (sigue en esta época tanto los lineamientos teóricos de Freud como de
Abraham acerca de la psicosis).
La erotomanía heterosexual se manifiesta en relación a Pierre Benoit (p. B. en la
tesis), analizada en términos de los tres tiempos propuestos por Clérembault, y
sobre todo hacia el príncipe de Gales (a quien le envía todos sus escritos) con la
forma del platonismo. El protegerá a Aimée y a su hijo. Dirige entonces su devoción
a este benefactor.
La estabilización delirante
Lacan formaliza la estabilización del delirio de Schreber en lo que llama el "esquema
I". Si bien este esquema pertenece a la especificidad del delirio schreberiano, los
puntos de orientación brindados por Lacan permiten bosquejar un análisis de Aimée.
Primero debemos introducir una diferencia esencial entre Schreber y Aimée en la
evolución de la enfermedad.
Las Memorias de Schreber, que constituyen la base del análisis de Freud y de
Lacan, fueron escritas durante el período de estabilización delirante. Esta metáfora
delirante produce en él una cierta pacificación. Su derrumbe conduce a Schreber a
un estado irreversible: muere entonces internado en su asilo psiquiátrico,
completamente alienado.
La enfermedad de Aimée tiene otro recorrido. El desencadenamiento de su psicosis
conlleva una progresión delirante que la conduce a su pasaje al acto. Luego, el
delirio cae de golpe. Se produce entonces una remisión delirante.
Elisabeth Roudinesco relata la continuación de la historia de Aimée, en la que
podemos constatar una estabilización relativa que le permite mantenerse alejada de
la necesidad de una re-internación.
"En este maravillosa historia la realidad se parece a una novela. En 1941 las
autoridades deciden no seguir alimentando a los pensionados de los asilos, que
cuestan demasiado caros en tiempos de guerra. Centenares de alienados son
echados sin recursos. Aimée sigue ese destino. Echada de Saint–Anne, en donde
ocupaba las funciones de ayudante de biblioteca, es acogida en el campo por su
segunda hermana. Luego de la liberación conoce a unos burgueses parisinos que
poseen una residencia secundaria en el pueblo en el que se aloja. Se vuelve su
cocinera, y como valoran sus talentos, la invitan a seguirlos a su casa de Boulogne.
Junto a sus hornillos continúa escribiendo bajo el dominio de una inspiración
religiosa. Al final de su vida proyectará escribir un ensayo sobre las mujeres de la
Biblia. A veces atraviesa crisis místicas y se siente perseguida. A pesar de su locura,
no volverá a cometer otros actos violentos y nunca será reinternada".
Una entrevista personal con Sven Follin, quien fue el último médico interno que se
encargó de ella en el hospital, me permitió afinar esta descripción. En realidad en el
momento en que sale del hospital ella se encontraba bastante bien y desde hacía
algún tiempo se planeaba la posibilidad de su salida.
Su hijo, Didier Anzieu, dice: (luego de su salida definitiva del hospital) "Luego de sus
doce años de encierro ella llevó una vida independiente. Trabajó activamente para
completar las dos escasas pensiones que le daban mi padre y los de la P.T.T. A
continuación se volcó hacia las obras de caridad, en las que fue muy querida y a
veces bastante susceptible. Hasta el momento de su declive guardó una curiosidad
intelectual insaciable. A los ochenta años proyectó escribir un largo poema de
ejecución clásica sobre las mujeres de la Biblia".
El periodo analizado por Lacan incluye sobre todo el que precede y prepara el
pasaje al acto. Podemos ver el camino hacia el misticismo constituye un viraje de
su antiguo delirio.
Pero la escritura continúa a ocupar un lugar importante en su vida. De hecho, sus
estudios y sus escritos le permiten llevar una vida estable durante los siete años
que preceden el pasaje al acto, y luego de su salida del asilo la ayudan a no
necesitar una reinternación.
El esquema I en Aimée
El rechazo de su novela Le détracteur en la editorial Flammarion marca el comienzo
de la serie de agresiones que preceden al pasaje al acto.
Si retomamos el esquema I, la primera pregunta que podemos plantearnos es qué
es lo que sostiene lo imaginario luego del desencadenamiento de la psicosis.
En Schreber Lacan indica que mantiene en todo momento una relación con su
mujer. En el esquema I esto se presenta con la forma "ama a su mujer". En Aimée
encontramos un cierto debilitamiento de sus relaciones afectivas. Deja a su marido,
se aleja de su familia y permanece muy preocupada por su trabajo intelectual y por
las persecuciones que amenazan la vida de su hijo.
Lacan subraya la discordancia manifiesta entre el lugar central de ese niño en sus
preocupaciones delirantes y el interés real que ella manifiesta hacia él. En realidad
ella ya no se ocupa de él, lo deja al cuidado de su hermana, y cuando el niño se
enferma ya no se encarga de él. Esto indica la distancia que existe entre el niño real
y el niño de su delirio.
La relación con su propia madre es diferente. Aimée lamenta haber dejado a su
madre, y considera que hubiera debido quedarse junto a ella. El lazo delirante que
existe entre estas dos mujeres, un poco impreciso, parece ser el único que
mantiene, en lo que Lacan denomina "folie a deux".
En el esquema I podemos señalar dos orientaciones: la línea de las identificaciones
imaginarias (que corresponde a los antecedentes de la conceptualización lacaniana
del estadio del espejo) y el lugar que Lacan llama "la posición del Creador".
Del lado de las identificaciones imaginarias encontramos una línea (m-i) sostenida
por su Ideal de ser una mujer de letras, una mujer conocida, con un cierto éxito
social.
La Mujer que sueña ser, relacionada a la "erotomanía homosexual", produce por un
lado la proliferación metonímica de las perseguidoras, de los dobles, que surgen por
la regresión tópica al estadio del espejo, y por otra parte, traduce su esfuerzo por
alcanzar a ser la mujer ideal. Esto la lleva a escribir, lo que produce una cierta
suplencia imaginaria a su falta simbólica.
Retomemos brevemente los tres elementos indicados por Lacan en su esquema: el
Creador, la criatura y lo creado.
La forclusión del Nombre-del-Padre produce que el lugar de la ley quede vacante.
En el delirio de Schreber esto se manifiesta por un lado en la multiplicidad de dioses,
en la jerarquía de los reinos que se disgregan en entidades desanexadas, y por otro
en el hecho de que Dios "está forcluido de cualquier aspecto de intercambio". Esto
quiere decir que Dios es completamente incapaz de comprender al ser viviente, y
que está tan alejado en el espacio que sus palabras llegan al punto de ser un
balbuceo.
El agujero en el lugar del que debe guardar el orden del universo, el propio Dios,
pone en evidencia, en el delirio de Schreber, el agujero en lo simbólico que
constituye la forclusión del Nombre-del-Padre.
Jacques-Alain Miller subraya que frente a la falta de Nombre-del-Padre, el sujeto se
pone en el lugar del Ideal para suplir esa falta, de allí su propia encarnación del lugar
de garante del orden del universo.
En el lugar de la simbolización primordial se encuentra el liegen lassen, el "dejar
caer" del Creador, es decir la forclusión del Nombre-del-Padre, forclusion que
conlleva por parte de Schreber el esfuerzo por sostener lo creado por medio de sus
palabras. Shreber se sitúa entonces en el lugar del Ideal, Ideal que no está ordenado
por la ley. Al ubicarse en la posición del "garante del orden del mundo" el psicótico
logra poner un límite al goce invasor. Elucubra entonces un saber que le permite
crear su propia ley como suplencia a la falta de la ley paterna.
En Aimée, este lugar de "garante del orden del mundo", al estilo del delirio
schreberiano, se bosqueja en la misión que debe cumplir.
Durante el período llamado por ella "acceso de disipación", cree que "tiene que ir
hacia los hombres" a causa de una misión indeterminada: "aborda a los transeúntes
al azar, les habla de su vago entusiasmo… y numerosas veces es llevada a hoteles,
en los que quiéranlo o no, debe ejecutarse". Confiesa que siente una gran curiosidad
acerca de los pensamientos de los hombres.
En el transcurso del comentario de una presentación de enfermos en Sainte-Anne,
Eric Laurent subrayó que en este período Aimée se sitúa como "la mujer que falta a
los hombres".
Al dirigirse hacia los hombres, uno por uno, podemos suponer que busca ubicarse
en el lugar de la excepción que le permite construir el universal de los hombres.
Este rasgo también es llamado por Lacan "donjuanismo", que incluye la idea del
esfuerzo por contabilizar el goce.
Lacan incluye este procedimiento extraño en el "idealismo altruista". Creía estar
destinada a una especie de apostolado que protegía a los hombres de la guerra.
Ella sabe que debe ser algo especial en el gobierno, ejercer una influencia, guiar las
reformas.
Este "idealismo altruista"se relaciona al "idealismo pasional" (ambos conceptos
forman parte de la terminología de Dide), a su platonismo dirigido hacia el príncipe
de Gales. Pero se plantea de modo inverso: es protegida por el príncipe de Gales
de las persecuciones de Pierre Benoit. Encontramos aquí su erotomanía delirante.
La protección que recibe del príncipe de Gales expresa su interés hacia ella, la
manera a través de la cual el Otro goza de ella.
Pero el goce queda también enlazado a la misión que debe cumplir. La progresión
que conduce hacia el pasaje al acto sitúa esta misión como un índice de goce.
Es más, Lacan llama la atención sobre el hecho que ninguno de sus episodios de
ansiedad aguda la impulsan a un acto delictuoso durante más de cinco años. ¿Qué
la lleva entonces a intentar matar a Huguette ex – Duflos?
Durante los últimos años antes del atentado comienza a sentir la "necesidad de
hacer algo". Esta necesidad se manifiesta como "el sentimiento de faltar a sus
deberes desconocidos que relaciona a los mandamientos de su misión delirante".
La publicación de sus escritos apunta entonces a hacer retroceder a sus
perseguidores.
Los últimos ocho meses que anteceden su pasaje al acto siente la necesidad de
"una acción directa", necesidad que se incrementa frente al rechazo de publicación
de su novela.
En el momento en que ya no se puede situar más como el "garante del orden del
mundo"-sus escritos son rechazados, vive con el miedo continuo e inminente del
atentado contra su hijo- surge "la acción directa" con la que intenta liberarse; y
simbólica, en su esfuerzo de producir una simbolización en lo real.
París, agosto de 1991.
BIBLIOGRAFÍA
[Link]
analitica/[Link]