LA INCOMPRENSIBILIDAD DE DIOS
(DAVID LEGTERS M.)
“El bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene
inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al
cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.” (Pablo: 1Tm.6:15-16)
“La felicidad y bienaventuranza consiste en conocer a Dios”. (Calvino, Instituciones, I,V,1)
“Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has
enviado”. (Jesús: Jn.17:3)
“Por lo cual conviene que pongamos tal diligencia en buscar a Dios, que nuestro buscarle, de tal suerte 1
tenga suspenso de admiración nuestro entendimiento, que lo toque en lo vivo allá dentro y suscite su
afición; puesto que nosotros no lo podemos comprender, a causa de la distancia entre nuestra bajeza
y su grandeza, es menester que pongamos los ojos en sus obras, para recrearnos con su bondad”.
(Calvino, Instituciones, I,V,10)
INTRODUCCIÓN
Estamos aquí para pensar en lo impensable, para considerar lo que está posible sólo para
aquellos que se someten a la revelación de Dios. Para cualquier ser humano, su pensamiento más
elevado y al mismo tiempo más profundo, ha de ser de Dios. El hecho más portentoso que puede
concebir el hombre en lo profundo de su corazón, es Dios. La palabra de mayor peso que puede
pronunciar la lengua humana es “Dios”.
Pero, ¿cómo es Dios? ¿Qué idea hemos de tener de Dios? ¿Podemos en verdad conocer lo
que es más allá de nuestro conocimiento? ¿Podemos hablar de algo que ni siquiera está en nuestro
idioma?
Todo cristiano es un teólogo, pues el que cree en Dios ha de tener en su mente una imagen de
cómo es ese Dios en quien dice creer. El que invoca el nombre de Dios ha de tener en su alma una fe
de que ese Dios corresponde a lo que cree acerca de él, y en su vida ha de vivir de acuerdo a ese
concepto de Dios que tiene. Sólo el necio dice en su corazón “No hay Dios” (Sal.14:1 y 53:1), y procede
a conducir su vida como si en verdad Dios no existiese. Por ello, es importante el concepto de Dios,
así en nuestro CREDO, como en nuestra CONDUCTA.
1. EL DILEMA SOBRE LA INCOMPRENSIBILIDAD DE DIOS
¿Puede Dios ser conocido? No deseo por el momento tocar el tema de si Dios existe o no. No pretendo
argumentar su existencia, sea con los argumentos clásicos (el ontológico, el teleológico, el moral, etc.)
o los más contemporáneos (el racionalismo, las religiones de misterio y otros). La Biblia simplemente
acepta a Dios, y da su existencia por sentado. Eso mismo haremos nosotros aquí. Pero, si Dios existe,
¿cómo es? ¿Acaso se le puede conocer? ¿O por siempre será para el hombre “el Dios desconocido”?
1. 1. PABLO EN ATENAS: HECHOS 17:16-34
Atenas era una ciudad entregada a la idolatría, lo cual enardeció el espíritu de Pablo (v.16). En
lugar de dedicarse al turismo, se dedicó al evangelismo (v.17). Su mensaje era Cristocéntrico,
pues hablaba de un Jesús resucitado (v.18). Quedó picada la curiosidad de los epicúreos, los
estoicos y los demás amantes de filosofías diversas, por lo que fue invitado a dar una
conferencia en el centro de convenciones más importante de la ciudad, el Areópago (v.19-21).
Con tacto y entereza habló de lo propio de ellos, en especial su “religiosidad”, evidenciado
inclusive por un altar “Al Dios no conocido” (v.22-23).
¡Qué triste, adorar al Dios desconocido! Y ¡qué incongruencia! ¿Cómo se puede adorar al
desconocido? Porque la adoración es imposible sin el conocimiento. Mas sin embargo, es tanto
el deseo y tanta la necesidad que el hombre tiene de Dios, que aun sin conocerlo, piensa en él.
Y Pablo tuvo, pues, la oportunidad de explicar a los atenienses precisamente acerca de ese
Dios que para ellos era desconocido.
1. 2. LA IMPORTANCIA DE UN CONCEPTO DE DIOS.
Es importante conocer a Dios, porque ni podemos orar sin tener un concepto de Dios. Cada vez
que buscamos la cara de Dios en gratitud, en plegaria, en adoración, tenemos un concepto de
Dios. Y lo más importante en nuestra vida de oración en general, es nuestro concepto de Dios. 2
Hay, por ejemplo los que tienen un concepto de Dios como si fuese un baal, pues hacen las
mismas cosas que hacía la gente con baal en los días de Elías. Gritan, brincan, se lastiman,
hasta el cansancio.
Pero el concepto de Dios que tienen tristemente no corresponde al concepto que Dios nos ha
dado de sí mismo. El concepto correcto de Dios es el elemento más importante para la oración,
y los atenienses no podían ni orar a Dios, pues tenían un concepto equivocado de él.
1. 3. LA IMPOSIBILIDAD DE CONCEBIR ALGO DE DIOS.
Muchos hoy en día estarían de acuerdo con los atenienses, pues dicen que “no se puede
conocer a Dios”. Imagínate del edificio más alto que puedas, luego multiplícalo por 100, y luego
por 1,000. ¿Puedes pensar en ello? O imagínate una persona que pesa muchísimo, la persona
más pesada del mundo, luego multiplícalo por 100, o por 1,000. ¿Podrías pensarlo? O sea, es
algo más allá de nuestra imaginación. Algo parecido a eso es Dios. Los filósofos hoy dicen que
no es posible conocer a Dios, y afirman que: Dios es incomprensible.
Nosotros también decimos, si Dios es tan grande, y no podemos tener idea de su
grandeza, su majestad o su gloria, pues a lo mejor los filósofos tienen razón. Pero debemos
tener mucho cuidado con una afirmación así. Porque la incomprensibilidad de Dios no es un
atributo de Dios, no es una descripción de Dios. Es más, decir que Dios es incomprensible es
en cierta manera una contradicción implícita. Es afirmar algo acerca de lo que se dice que no
se puede afirmar nada. ¡Sí sabemos algo de Dios, pues por lo menos sabemos que Dios es
incomprensible!
1. 4. RAZONES DE LA INCOMPRENSIBILIDAD DE DIOS
a) LA LIMITACIÓN DE NUESTRA CONDICIÓN HUMANA
Somos creados, no somos el Creador; somos finitos, no somos infinitos; somos presos del
tiempo, no somos eternos. En una palabra, somos LIMITADOS. Tan es así nuestra condición, tan
diferente a Dios, que unos han dicho que Dios es el ―totalmente Otro‖, y tan totalmente Otro que no
hay manera alguna de saber quién y cómo es Dios. Dios no es hombre, ni vive en el mundo o en la
experiencia del hombre. Dios es vasto, no finito; Dios está en el más allá, y no en el aquí y ahora. Dios
no es parte del universo, es más allá del universo. Dios es Dios, no hombre, y ¿cómo presumir de
poder hablar algo de lo que no es nuestro? No sabemos lo que decimos, quedaremos eternamente
cortos, somos bebés en la materia. Para el hombre, limitado cual es, hablar de Dios será siempre sólo
balbuceo.
“¿Descubrirás tú los secretos de Dios?”, le dice a Job su amigo Zofar ”¿Llegarás tú a la
perfección del Todopoderoso? Es más alta que los cielos; ¿qué harás? Es más profunda que el Seol;
¿cómo la conocerás?” (Job 11:7-8) Como lo dijera Nicolás de Cusa: en su libro la visión de Dios, “El
intelecto sabe que te ignora, porque no podrás ser conocido al menos que lo no conocible pueda
conocerse, lo invisible verse, lo inaccesible tenerse.”
Pero la Biblia no nos permite así pensar. La Biblia muestra que el hombre fue creado por Dios
a su imagen. Y a diferencia de todo el resto de la creación, a diferencia de todos los seres animados,
incluso a los mismos ángeles de Dios, el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn.1:26-
27). Y Dios creó un Edén para estar ellos (Dios y hombre) juntos en comunión y gozo mutuos.
Entonces, ¿qué fue lo que pasó? ¡El pecado!
b) EL DISTANCIAMIENTO QUE HA PRODUCIDO EL PECADO DEL HOMBRE
O sea, Dios no creó al hombre para dejarlo solo, irse a una distancia enorme y esconderse,
para no ser conocido por el hombre. No, ¡fue todo lo contrario! Creó al hombre, se reveló al hombre, 3
incluso tuvo comunión con el hombre. Luego, si Dios es incomprensible, la razón o la “culpa” de ello
no está tanto en él, sino es porque el mismo hombre se ha alejado de Dios. Dios no se esconde de
nosotros; nosotros somos los que huimos de él, y nos escondemos de él.
Cuando Adán y Eva pecaron, fueron a esconderse entre los árboles del huerto; mejor dicho
fueron a esconderse de Dios (Gn.3:8). Habían desobedecido a Dios y se habían vuelto vanidosos,
mentirosos, egoístas, rebeldes. Por supuesto que ya no querían estar con Dios. Ahora, ¿creen que
Dios no sabía dónde estaban? Claro que sí lo sabía bien; sin embargo, preguntó ¿dónde estás tú?
para obligarlo a responder. Una persona atrapada en su pecado nunca va a querer encontrarse con
Dios. Para esa persona Dios es totalmente incomprensible.
Por eso la incomprensibilidad de Dios no es una descripción de Dios. Más bien es la admisión,
o descripción, de nuestra propia condición como humanos, no sólo como seres limitados que somos,
sino ahora seres alejados de Dios por el pecado. Nuestra imaginación no es suficiente para imaginar
a Dios. Y la imaginación parte de nosotros. Podemos imaginar cosas raras, pero no serían reales.
Nuestra imaginación no puede concebir a Dios, y por más que lo intentamos, simplemente nos es
imposible. Es una imaginación afectada por el pecado. Si preguntamos a un incrédulo ¿cómo es Dios?
diría mentiras, pues no le conviene la verdad.
Hay ignorancia, y hay pecado. Ambos afectan nuestra comprensión de Dios. La tendencia
humana es siempre la de reducir a Dios a términos humanos; términos entendibles y controlables por
el hombre. Así los dioses de la naturaleza (el dios de la lluvia, del sol, del elote, de la fertilidad, etc.),
los dioses de los espiritistas y de las religiones étnicas, los dioses con cualidades humanas como los
de los griegos y romanos, los dioses de las religiones orientales. El deseo de conocer lo que es
incomprensible, de palpar y de probar lo que es inaccesible, esto nace de la imagen de Dios que está
impregnada en la naturaleza de cada ser humano. La profundidad clama a la profundidad, y aun
cuando el corazón humano está retorcido y reducido, hay algo que le hace ansiar un retorno a su
origen. ¿Cómo podrá ser?
2. EL DISCIPULADO (LA COGNOSCIBILIDAD DE DIOS)
Dios es incomprensible, pues, porque nuestro conocimiento es limitado. No podemos ir más allá
de lo que Dios revela. Por nosotros mismos, no podríamos conocer a Dios. Pero ¡gracias a Dios! él ha
tomado la iniciativa y se ha revelado al hombre. Lo ha hecho, porque es la clase de Dios que es. El
Dios vivo y verdadero no es un Dios alejado, sino cercano; no es un Dios silencioso, sino uno que
habla; no es un Dios desinteresado, sino uno que ama, perdona y busca. Por la gracia de Dios, ¡hay
conocimiento de Dios!
Así fue con Adán y Eva. Ellos no merecían que Dios los buscara. El perdido no fue Dios, fue Adán.
Como el niño que en un gran supermercado lloraba y lloraba, y al ser preguntado, ¿por qué lloras,
niño, estás perdido?, contestó “no, la que se perdió es mi mamá”. Nosotros también nos engañamos.
El perdido no fue Dios, fue Adán. Adán fue el que no quería regresar a Dios, más bien quería irse lo
más lejos de él posible. Pero en su gracia, Dios lo buscó y lo atrajo a él. Adán respondió a Dios, no
porque primero haya buscado a Dios, sino porque Dios lo buscó a él, y lo llamó. Fue iniciativa de Dios.
Y así siempre lo será. Nunca sabríamos nada de Dios, al menos que Dios tome la iniciativa para
revelarse a nosotros. Y esto es lo que ha hecho: se ha revelado en la naturaleza, en su Palabra, y en
la persona de su Hijo, Jesucristo. Es que no se puede conocer a Dios sin saber algo de Dios; y si
sabemos algo de Dios, es porque Dios se ha revelado. Tanto en la creación como en las Escrituras y
en la encarnación, Dios se revela y nos dice, “Así soy”.
2.1. UNA REVELACIÓN FIDEDIGNA
Dios es idéntico a su revelación. Esto es importante. Nosotros no así nos revelamos, pues preferimos 4
que la gente conozca lo bueno que somos, y no lo malo. De modo que no nos mostramos tal cual
somos, sino sólo como quisiéramos ser conocidos. Por eso yo casi siempre uso guayaberas; es que
no quiero que se den cuenta de mi problema de peso! Y así hacemos la mayoría: ponemos nuestra
mejor cara. Fingimos ser amables o inteligentes, aunque sabemos bien que no muy lo somos. O sea,
no somos idénticos a como nos revelamos. En cambio Dios no hace así. El sí es idéntico a como se
revela. Por ello, cuando sabemos algo de Dios, por su auto-revelación, podemos estar seguros de que
así es Dios.
2.2. UNA REVELACIÓN NATURAL
Quien mira la creación comprende que ella es fiel revelación de Dios.
• Sal.19:1-2, “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría.”
• Hch.14:16-17, “En las edades pasadas él ha dejado a todas las gentes andar en sus propios
caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándonos lluvias del cielo
y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones.”
• Rm.1:19-20, “Lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque
las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visible desde la
creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen
excusa.”
La luz de la naturaleza y las obras de creación y de providencia son suficientes para dar a los
hombres una certeza del hecho de la existencia de Dios, y también de una parte de su naturaleza y
carácter, de tal manera que la desobediencia de los hombres es inexcusable. Por eso, no existe
sociedad alguna que sea atea; no existe ninguna tribu atea. En todas las naciones, épocas y grados
de cultura se han discernido las evidencias de la presencia de un Dios en las obras de la naturaleza,
de la providencia, y en los hechos secretos de su misma alma.
2.3. UNA REVELACIÓN ESCRITURAL
Con todo, la luz de la naturaleza no basta para hacernos capaces para alcanzar un conocimiento de
Dios y de su voluntad tanto cuanto es necesario para la salvación. En la naturaleza no se lee ningún
NOMBRE de Dios; no se aprecia indicación alguna del camino a seguir para volver a tener comunión
con Dios y gozar de su favor. En la naturaleza, sólo se ve la realidad de Dios, no la redención de Dios.
En su bondad, Dios tiene un mensaje específico de salvación para los hombres perdidos, y ha tenido
a bien darnos ese mensaje por medio de escritores sagrados, testigos escogidos por él mismo, que,
bajo la inspiración del Espíritu Santo, plasmasen en palabras humanas y en estilo humano dicho
mensaje de salvación. Así Pablo a Timoteo, “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras (“hierá
grámmata”), las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”
(2Tm.3:15).
En su Palabra escrita Dios se revela a sí mismo como el Hacedor, como el Principio y el Fin del
hombre...¡y de la historia toda! Como tal, exige una respuesta de arrepentimiento y de fe (pues sin ella,
nos es imposible agradar a Dios, Heb.11:6). Escuchen a Lacueva:
“Esta Palabra interpela, por fin, al exégeta y al teólogo, al pastor y al maestro, para que, con
humildad orante, la estudien, la hagan carne de su vida y la irradien al exterior por la predicación, la
enseñanza y el testimonio. Es así como nosotros podremos, como Felipe, satisfacer el anhelo de las
gentes que nos digan: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”, después de haberle dicho a Jesús, también
como Felipe, “Señor, muéstranos al Padre”. (Juan 12:21 y 14:8)”.
2.4. UNA REVELACIÓN ENCARNADA 5
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los
profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y
por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de
su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la
purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las
alturas” (Heb.1:1-3).
El Verbo, Palabra Personal de Dios, es enviado para hacerse hombre como nosotros, para que
“nos tradujese con exactitud a nuestro lenguaje y nos interpretase auténtica y claramente al Dios a
quien nadie vio jamás”. De modo que a Felipe, cuando éste pide “Señor, muéstranos el Padre, y nos
basta”, le responde, “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe? El
que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn.14:8-9). Y es que Jesús anteriormente había dicho, “Si me
conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto” (v.7).
CONCLUSIONES:
1) REVELACIÓN CON SENTIDO
¿Tenemos conocimiento completo, exhaustivo, de Dios? Por supuesto que no, por cuanto somos
limitados en nuestra capacidad de comprensión, y nunca podremos alcanzar a entender todo lo que
es Dios en su infinitud. Pero no por ello ponemos en duda lo que sí sabemos, pues Dios es quien se
ha auto-revelado. Y lo que nos ha revelado es idéntico a lo que es.
No es conocimiento exhaustivo de Dios el que tenemos, pero sí es verdadero, auténtico y
fidedigno. Nuestro aparato intelectual está limitado (como todo estudiante sabe). Pero Dios se ha dado
a conocer en su revelación, y nos ha hablado en lenguaje humano, precisamente para que podamos
entender lo que nos está revelando.
Dios usa ilustraciones humanas: antropomorfismos (el atribuir a Dios formas humanas: ojos,
manos, pies, espalda, etc.) y antropopatismos (el atribuir a Dios emociones humanas: el arrepentirse,
por ej). Dios las usa para que nosotros tuviéramos una mejor idea de lo que él es. De modo que a
pesar de las limitaciones de nuestro aparato intelectual, Dios se comunica con nosotros. ¡Eso es
gracia, pura gracia, soberana gracia! Dios se hace conocido a propósito. Es idéntico a lo que ha
revelado, y lo hace en términos que podemos entender. ¡Gloria a él!
2) REVELACIÓN CON PROPÓSITO
Es tan importante la revelación que Dios hace de sí mismo, y ello por varias razones:
Primera, porque sólo a través del conocimiento de Dios podemos tener la vida eterna: “Y esta
es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”
(Jn.17:3) Es el camino que Dios ofrece para que el hombre pueda vivir plenamente como un auténtico
ser humano.
La segunda razón de conocer a Dios, es porque así hemos de conocernos a nosotros mismos.
Es por el conocimiento de Dios que el hombre mide su propia valía y sus limitaciones. Implica tener
humildad. No somos Dios, ni nos parecemos a él. Él es santo, nosotros no lo somos. Es el bondad,
nosotros no lo somos. Él es sabio, nosotros somos necios. Él es poderoso, nosotros somos débiles.
Él es Dios de amor y gracia, nosotros estamos plagados de odio y de egoísmo. Por ello, cuando
conocemos a Dios, haremos eco de lo dicho por Pedro, “Apártate de mí, Señor, porque soy hombre
pecador”. Pero a pesar de lo que nos hemos convertido, todavía somos criaturas de Dios, y él nos
ama. No existe dignidad más alta para un hombre o una mujer que la dignidad que Dios nos da.
La tercera razón para conocer a Dios, es porque nos brinda un conocimiento del mundo: lo
bueno y lo malo que hay en él; su pasado y su futuro; el propósito de la historia y el juicio final que 6
pende sobre él. El mundo tiene una relación especial con Dios, pues es el vehículo para los propósitos
divinos. Es un lugar confuso hasta que conocemos al Dios que lo creó, y aprendemos por qué lo creó.
La cuarta razón, es porque es el único camino para la santidad personal. Conocer a Dios
conduce a la santidad. Es más, el verbo “conocer” --por lo menos en su sentido bíblico--implica amor,
favor, elección y compromiso con (“A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra”,
Am.3:2). Por eso, para el ser humano, conocer a Dios tal cual es, es amarlo como es, y desear ser
como él es. Jeremías lo resume en la frase célebre:
“No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe
en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme que
yo soy YHWH, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice
YHWH” (9:23-24).
UNA ADVERTENCIA FINAL
Al entrar al estudio del testimonio bíblico sobre el carácter y la naturaleza de nuestro Creador y
Redentor, el Dios trino y uno, es él quien pone los límites a la investigación. Si en verdad queremos
conocerle, hay que estar dispuestos a permitirle que nos revele lo que él quiere que sepamos, y
exclusivamente en la manera que él quiere revelárnoslo.
En verdad, nos ha dado ricos tesoros de conocimiento sobre su persona y su voluntad, mas no
le ha placido revelárnoslo todo (aun si esto fuera posible!). Por ello, no nos conviene ir más allá de lo
que él mismo nos ha mostrado y enseñado, pues...
“Las cosas secretas pertenecen a YHWH nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y
para nuestros hijos para siempre para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Dt 29:29). ―
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos,
dijo YHWH. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros
caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. (Is.55:8-9)
¡A él sea la gloria! Amén.
LA NATURALEZA DE DIOS
(DAVID LEGTERS M.)
“Oye, Israel: YHWH nuestro Dios, YHWH uno es.” (Dt.6:4)
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas
tus fuerzas. Este es el primer mandamiento.” (Mar. 12:30)
“Te amo, oh YHWH, fortaleza mía.” (Sal. 18:1)
Pregunta #4- ¿Qué es Dios?
Dios es un espíritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, bondad, justicia
7
y verdad. (Catecismo Menor de Westminster)
Pregunta #5- ¿Hay más de un Dios? No hay sino uno solo, el Dios vivo y verdadero (Catecismo Menor
de Westminster)
INTRODUCCIÓN
¿Cuál será el mejor curso de estudio para una persona que es hijo(a) de Dios? ¿No será el propio
Dios? Si bien es cierto que existen otras áreas de estudio también válidas, la ciencia más elevada, el
área que más abrirá nuestras mentes, será el estudio de la naturaleza divina de Dios. El predicador
bautista del siglo pasado, Carlos Spurgeon, así lo sintió:
Existe en la contemplación de la Divinidad algo que perfecciona la mente. El tema es tan vasto, que
todos nuestros pensamientos se pierden en su inmensidad; es tan profundo, que nuestro orgullo se
ahoga en su infinita profundidad. Hay otros temas que podemos comprender y entender; cuando nos
ocupamos de ellos sentimos una especie de auto satisfacción, y podemos seguir nuestro camino
pensando: “¡Qué sabio soy!” Pero cuando nos encontramos con esta ciencia maestra, y vemos que no
podemos sondear su profundidad, y que nuestra vista de águila no puede apreciar su altura, nos damos
vuelta con la solemne exclamación: “Soy sólo de ayer, y nada conozco”. ... Pero mientras el tema
humilla la mente, también la expande. ... No existe nada que pueda ampliar el intelecto de esta manera,
nada que pueda magnificar el alma del hombre, como la investigación devota, aplicada, y continua del
gran tema de la Deidad.
El sabio Salomón, mientras todavía preservaba su sabiduría, y bajo la inspiración divina, declaró: “El
temor de YHWH es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia”
(Prv.9:10). Aprendamos, pues a temer a YHWH, es decir, a amar al Señor nuestro Dios, como lo dijera
Jesús, inclusive con nuestra mente.
a) DIOS ES UN ESPÍRITU
“Dios es espíritu” (mejor traducido como ―Dios es un espíritu‖) fue la declaración hecha por mismo
nuestro bendito y amado Salvador (Juan 4:24), y ningún creyente verdadero puede poner en duda las
palabras de Jesús. Muchos hombres no pueden creer que Dios exista, tan sólo porque no lo ven.
Podemos ver todo lo que es material; mejor dicho, algo de lo que es material, pues aún en el mundo
material existe muchísimo que no es posible ver a la simple vista; pero lo espiritual no puede verse
con los ojos materiales. No podemos ver a Dios porque es un espíritu; pero él existe, ha existido y
existirá para siempre. Él es el único que en todo tiempo puede decir: YO SOY (Ex.3:14). Esto es lo
mismo que decir que él es el único que existe por sí mismo; todo lo demás que existe en los cielos
como en la tierra, es obra de su infinito poder.
Dios no es el único espíritu, pues también los ángeles que él creó, “son todos espíritus
ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Heb.1:14).
Por eso, no sería muy correcto decir “Dios es espíritu”, pues así no estaríamos haciendo distinción
entre Dios y los demás seres espirituales que existen. Tampoco evitaríamos fácilmente la idea
panteísta, que enseña que todo espíritu es parte de Dios, o una manifestación de la divinidad.
Pero cuando decimos, “Dios es un espíritu”, queremos con ello distinguirlo de otros seres
espirituales. Ahora bien, ¿qué es “un espíritu”? Pablo dijo, “Porque ¿quién de los hombres sabe las
cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de
Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Co.2:11).
El pensar y comprender son actividades del espíritu humano. Y el espíritu humano es comparable
a Dios, en virtud de que el hombre fue creado a imagen de Dios. El espíritu del hombre es la parte no
material de su ser; no puede verse, palparse o medirse. Podríamos decir que el espíritu de una persona 8
es algo así como los pensamientos de esa persona. Pero aún así, hay que confesar que no hemos
contestado perfectamente la pregunta. Es más, nos vemos precisados a confesar que es difícil dar
una definición exacta a la pregunta ¿Qué es un espíritu? Existe un elemento de misterio en el asunto
que no podemos superar. Ahora bien, lo importante de esto es, que al decir que Dios es un espíritu,
estamos negando que tenga substancia material alguna. Por ello, es importante insistir sobre la
invisibilidad de Dios.
Dios no es como el hombre que es cuerpo. Dios no tiene cuerpo. Es IN-visible. En toda la historia,
no hay persona humana que haya visto a Dios con sus ojos físicos: “A Dios nadie le vio jamás...Nadie
ha visto jamás a Dios” (Jn.1:18 y 1Jn.4:12). Esto explica la importancia de observar el 2° mandamiento:
“No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en
las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy YHWH tu Dios,
fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación
de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis
mandamientos.” (Ex.20:4-6) El pecado en el que cayeron los israelitas, recién salidos de Egipto,
cuando Aarón hizo el becerro de oro, no fue el quebrantar el primer mandamiento, “no tendrás dioses
ajenos delante de mí”, sino el segundo, que era la prohibición de hacer imagen o semejanza de Dios.
Cuando presentó Aarón el becerro al pueblo, proclamó: “Israel: estos son tus dioses, que te sacaron
de la tierra de Egipto”. Levantó luego un altar y pregonó así: “Mañana será fiesta para YHWH”.
(Ex.32:4-5)
¡Cuánta arrogancia la del hombre pensar que puede adorar a Dios a su manera! Dios es celoso, y
desea ser adorado en espíritu y en verdad. Y a la vez, ¡cuánta ingenuidad la del hombre pensar que
puede representar con una imagen al Dios Santísimo, aquel que habita en luz inaccesible! Por más
bella que sea la imagen, jamás podrá representar la plenitud de la majestad de Dios. Al contrario, es
un insulto a Dios: oscurece su gloria, limita sus atributos, desvía la adoración. Sólo uno que ignora la
voluntad de Dios, o bien no le teme, podría intentar semejante abominación. Mas es la historia del
hombre, y por ello la insistencia sobre la espiritualidad de Dios, y la espiritualidad de nuestro culto a
Dios. No sacrificios, ni ofrendas, sino un corazón humillado, quiere Dios. No rezos, ni besos, ni pesos
quiere Dios, sino un corazón confiado y confiante. No lo exterior ha de mirar Dios; lo interior del corazón
sincero, arrepentido, agradecido y amante es lo que mira.
“Dios es un espíritu, y los que le adoran en espíritu y en ver-dad es necesario que adoren”. Isaías,
hablando en nombre de Dios, preguntó: “¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le
compondréis?” El mismo contestó su pregunta: “Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó
estas cosas” (Is.40:18,26).
9
Entonces la única manera que tenemos para poder ver a Dios, es la indirecta. Sólo a través de su
“reflejo” que ha dejado en las cosas que ha creado. Es como la función de un espejo, cuando José se
quiere peinar. Hay dos cosas ciertas:
a) Se ven dos cuerpos (el de José y el de su imagen), que son completamente diferentes, el uno
vivo y verdadero, el otro no
b) Se ven como exactamente iguales, pues la imagen en el espejo es fiel a José hasta el último
detalle.
Algo así sucede cuando comparamos a Dios con el hombre, que es creado a la imagen de Dios.
Vemos las mismas dos cosas: Primero que Dios es completamente diferente al hombre. Segundo, que
al mismo tiempo, el hombre es hecho en la exacta imagen de Dios.
El cuadro arriba ilustra esta verdad, y está basado en los términos del Catecismo citado al inicio
del estudio, pregunta #4: Las 3 líneas horizontales representan 3 atributos “incomunicables” de Dios:
su infinidad, su eternidad y su inmutabilidad. Las 6 columnas verticales representan sendos atributos
“comunicables”, de los que también participa el hombre como ser creado a la imagen de Dios, los
cuales serían: la sabiduría, el poder, la santidad, la bondad, la justicia y la verdad.
b) DIOS ES INDEPENDIENTE
En la gráfica de la página anterior, el círculo inferior representa al hombre creado a la imagen de
Dios, y se aprecia una línea vertical que lo une con un círculo más grande, superior a él. No se aprecia
ninguna línea más que lo una con algo más arriba de él. Con esto se quiere indicar que Dios no
depende de nadie ni de nada, a diferencia del hombre (y de todo el universo creado) que sí depende(n)
de Dios.
Al decir que Dios es independiente, damos a entender que él es auto-existente y autosuficiente.
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn.1:1). “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin,
el primero y el último” (Ap.22:13).
Cuando Dios llama a Moisés de la zarza ardiente, éste le hace la observación, “Si ellos (los
israelitas) me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” La respuesta de Dios: “YO
SOY EL QUE SOY” (Ex.3:13-14). Díles: “YO SOY me envió a vosotros”. Con este nombre Dios está
señalando lo que él es en sí mismo. En particular, nos está mostrando que es un ser completamente
auto-existente, auto-suficiente y eterno.
Si yo dijera de mí mismo, “Yo soy lo que soy”, para ser fiel a mi realidad tendría que añadir la
frase, “Por la gracia de Dios, soy lo que soy”. No es así con Dios. Los atributos de los renglones
horizontales de la gráfica anterior, sólo Dios los posee. Sólo él existe en sí mismo y de sí mismo; no
así nosotros. Sólo él es completamente auto-suficiente; nosotros no lo somos. Sólo él es eterno, 10
nosotros acabamos de entrar en escena.
2.1. DIOS ES AUTO-EXISTENTE
La independencia de Dios significa que Dios no tiene ningún origen, y en consecuencia no es
responsable frente a nadie. Es un concepto difícil para el hombre de entender, pues no podemos
conocer la esencia de Dios. En la experiencia nuestra, todo lo que vemos, olemos, oímos, etc., tiene
un origen. Cualquier cosa que observamos debe tener una causa adecuada que explique su
existencia. Y buscamos las causas, para entender las cosas que suceden. Incluso, esto nos ayuda a
creer en Dios, pues todo proviene de algo; y como consecuencia, debe haber algo muy grande detrás
de todo. Pero si Dios trasciende la relación causa y efecto, entonces supera nuestro entendimiento y
no puede ser evaluado de la misma manera que todo lo demás.
Él, pues, no es responsable frente a nadie. No tiene por qué defender sus acciones, o
explicarlas. A veces Dios sí nos explica las cosas, pero muchas otras veces no lo hace. Sucede que
él es independiente, no tiene por qué dar explicaciones de sí mismo a nadie. Cuando no hay
explicación a la vista, lo que a nosotros nos resta es, confiar en él. Y porque lo conocemos, podemos
confiar, aún sin entender. El justo ¡por la fe vivirá!
2.2. DIOS ES AUTOSUFICIENTE
El nombre divino, dado a su pueblo en gracia por el pacto de amor y redención, YO SOY EL
QUE SOY, también comunica que Dios es autosuficiente. Aun cuando no lo entendamos
completamente, sí podemos entender algo de su sentido. Ser autosuficiente significa que Dios no
necesita nada de nadie, y por lo tanto no depende de nadie. ¡Goza de una independencia absoluta!
Aquí vamos en contra de ideas populares muy arraigadas, en el sentido de que Dios coopera
con el hombre, cada cual proveyendo lo que carece el otro. Por ejemplo, la idea de que Dios carece
de gloria, y creó al hombre para que se la proveyera. O que Dios se sintió solo y creó al hombre para
que le haga compañía. Quienes así piensan olvidan la declaración de Jesús: “Dios mismo puede
levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Lc.3:8).
a) DIOS NO NECESITA ADORADORES.
Que los busca, sí: “porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Jn.4:23); pero no
los necesita. “Dios no tiene nada que ganar de nosotros. Si nos creó, fue porque quiso. “El hace todas
las cosas según el designio de su voluntad,...según el puro afecto de su voluntad”.(Ef.1:11,5) Él es
como es, independientemente de toda otra cosa. “Creer en él, no agrega nada a su perfección; dudar
de él, no le quita nada”.
b) TAMPOCO NECESITA DIOS DE COLABORADORES.
Que haya encomendado él una misión al hombre, sí es cierto: la mayordomía de este mundo. Ante la
necesidad del mundo pecador, hay que extender el evangelio de gracia y hacer presente en el mundo
el Reino de Dios: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio...” No necesitaba hacerlo Dios así;
podía haberlo hecho de millones de otras maneras. Pero así lo hizo, y porque así lo quiso.
c). NO NECESITA DIOS DE DEFENSORES.
Él es como es, y lo seguirá siendo, sordo a los ataques arrogantes y pecaminosos de gente malvada.
Si Dios tuviera necesidad de ser defendido, no sería Dios. Más bien, es él que defiende a su pueblo y
lo libra. Ya los malvados tendrán su día.
En suma, Dios es el único verdaderamente autosuficiente. Por ello, la necesidad imperiosa de 11
confiar más en él. Quien no está dispuesto a confiar en Dios, es porque piensa que hay alguna otra
persona o cosa más digna de confianza (Por ejemplo, ¿en uno mismo?) Por supuesto, esto no es otra
cosa que una calumnia en contra del carácter de Dios, y una necedad. Nada ni nadie es todo-suficiente.
Sólo porque Dios es totalmente autosuficiente es que podemos descansar en esa suficiencia y trabajar
efectivamente por él. Dios no necesita de nosotros para nada. Pero el gozo de llegar a conocerle radica
en que, con todo, él se inclina para trabajar en, y por intermedio de, sus hijos fieles y obedientes.
2.3. DIOS ES ETERNO
YO SOY EL QUE SOY, habla de su calidad de eterno, perpetuo, que nunca tuvo inicio y nunca tiene
fin. ¡Qué difícil es pensar en esto! Nosotros, siendo sujetos al tiempo, ¿cómo pensar de alguien sin
principio y sin fin? Antes de que hubiera tiempo, antes de la fundación del mundo ¿cómo era (es) el
existir de Dios? Y digo “es”, porque la eternidad existe hoy día, fuera del tiempo, ahí en la existencia
de Dios. ¿Será ella “la luz inaccesible” de la que habla la Biblia?
Abraham reconoció esta cualidad de Dios, y lo llamó: “YHWH Dios eterno” (Gn.21:33). Moisés
(Sal. 90:1-2) lo entonó así: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que
naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.” En
Apocalipsis se ensalza al “que era, que es y que ha de venir”. Ahora bien, son 2 las consecuencias de
esta cualidad divina para el hombre:
a) PODEMOS CONFIAR EN ÉL, PORQUE EN ÉL “NO HAY MUDANZA NI SOMBRA DE
VARIACIÓN”.
Sus atributos no cambian. Su sabiduría no aumenta ni mengua, su poder permanece igual, su santidad
no varía, su bondad, justicia y verdad fueron, son y serán las mismas por toda la eternidad. Por ello,
nunca dejará de amar a su pueblo. Nunca modificará su actitud hacia el pecado, aun cuando hay los
que hoy ya califican de ―permisible‖ cosas que antes estaban prohibidas. Además, sus consejos son
inmutables: “El consejo de YHWH permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por
todas las generaciones” (Sal.33:11); “irrevocables son los dones y el llama- miento de Dios”
(Rm.11:29); ”el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá, porque no es hombre para que
se arrepienta” (1Sm.15:29). Todo esto es de gran consuelo para nosotros los creyentes. Si Dios fuera
como nosotros, ¿quién confiaría en él? Pero él no es como nosotros. Él no cambia; su carácter fiel
garantiza el cumplimiento de sus promesas.
b) LA SEGUNDA CONSECUENCIA DE LA ETERNIDAD DE DIOS, ES QUE NO LE
PODEMOS ELUDIR.
En nuestra experiencia, cuando no nos gusta alguien o lo que hace, podemos ignorarlo, porque
sabemos que hay la posibilidad de que o bien cambie de parecer, o bien se fuera a otro lugar, o bien
se muera. Pero Dios ni cambia de parecer, ni se va a otro lado, ni mucho menos se muere (como lo
sabía el cantante mexicano Pedro Infante). O sea, que no lo vamos a poder eludir. Si lo ignoramos
hoy, en el futuro lo tendremos que encarar; y si lo rechazamos hoy, eventualmente él nos dará su
rechazo eterno.
c) DIOS ES UNICO, Y UNO
Que sólo hay un Dios es una verdad que encontramos por toda la Biblia, frente de la creencia
pagana de que hay muchos dioses. Un solo Creador Omnipotente, un solo Sustentador de su creación,
un solo Glorificador de los hijos obedientes. Pablo confortó a los corintios, “sabemos que un ídolo nada
es en el mundo, y que no hay más que un Dios” (1ªCor. 8:4). En las palabras del catecismo citadas 12
arriba, es “el Dios vivo y verdadero”. “Vivo”, no solamente porque vive y siempre ha vivido, sino también
es la fuente de la vida para todas las criaturas que tienen vida, y que sólo de él esperan la vida. Los
creyentes y la iglesia son del Dios vivo (Rm. 9:26 y 1Tm.3:15). Y “verdadero”, porque todos los dioses
que los hombres se han forjado o han imaginado, son sólo dioses falsos cuya existencia es nada más
una ilusión. Estas consideraciones nos enseñan que es nuestro santo deber propagar esta verdad
entre los que la desconocen, orar mucho a Dios por los que adoran dioses falsos, y recordar
constantemente que es una gran bendición la que disfrutamos, al conocer a este único Dios vivo y
verdadero.
No sólo es único, sino solamente es uno. Al afirmar esto, estamos frente a lo que se llama el
misterio de la Santísima Trinidad, porque es difícil para la humana inteligencia entender cómo Dios
siendo UNO, puede, sin embargo, existir en TRES diferentes personas. Sólo la gracia de Dios
impartida al corazón del creyente sincero, es capaz de llevarlo al convencimiento de esta gran verdad
que encontramos en la Santa Biblia, y que nos sirve para entender mejor el precioso Plan de la
Salvación.
No es aquí donde comentaremos más sobre la doctrina de la Trinidad. Simplemente se afirma
de una vez, pues es la naturaleza de Dios ser UNO. Que exista o no en 3 personas, no quita el hecho
de que sea UNO. Es UNO en esencia, UNO en poder, UNO en gloria, UNO en majestad.
d) DIOS ES SOBERANO
De acuerdo a la Biblia, Dios es trascendente como inmanente. Su trascendencia estriba
sencillamente del hecho de que es radicalmente diferente a nosotros. Él es el Creador, nosotros sus
criaturas. Él es absoluto, no así nosotros. Incluso su personalidad es diferente a la nuestra, porque la
suya es original, la nuestra es adquirida, derivada.
La inmanencia de Dios estriba del hecho de que se involucra constantemente en todas las áreas
de su creación. Por cuanto él es absoluto, luego él controla todas las cosas, él interpreta todas las
cosas, y él evalúa y juzga todas las cosas. Por cuanto es omnipotente, ejerce su poder en todo lugar.
Tan es así, que nadie puede escapar de él, de modo que es omnipresente.
4.1. EN SU PUEBLO
Dios, como persona que es, constantemente busca tener conversaciones, estar en comunión,
y vivir con su pueblo. Habló con Adán en el huerto del Edén, y cuando cayeron nuestros primeros
padres en pecado, siguió Dios visitando al ser humano, haciendo pactos con él y adoptando como
suyo a familias enteras (como las de Noé, de Abraham, de Israel). En varios puntos de la historia Dios
(de alguna manera misteriosa que no menoscaba en nada su omnipresencia general) ha puesto su
presencia dentro del tiempo y del espacio, para morar en ciertos lugares particulares, como por
ejemplo, en la zarza ardiente, en el monte Sinaí, en el tabernáculo, en el templo, en la persona de
Jesús, y en la iglesia como templo del Espíritu Santo.
4.2. EN LA HISTORIA
Dios es el Gran Orquestador de, y el Actor Principal en, la historia humana. En última instancia,
es con él que tendremos que ver. Desde el Génesis hasta el Apocalipsis, la más grande pregunta al
que se tiene que enfrentar el ser humano es, ¿cómo responderemos a Dios y a su mundo? Lo mismo
sucede hoy en día: detrás de todos los retos y las dificultades de la vida, el reto final es: ¿honramos a
Dios y obedecimos su Palabra, o no?
La soberanía de Dios es el atributo por el cual gobierna sobre toda la creación. Para poder ser 13
soberano, por supuesto debe conocer todas las cosas, porque si hubiese un insignificante elemento
del universo fuera de su atención, no tendría control sobre él. Y para ser soberano, también debe ser
completamente libre, como hemos dicho arriba. Es difícil para el hombre entender este tipo de libertad,
porque en nuestra experiencia humana toda libertad es imperfecta y relativa. No existe la libertad
absoluta. Incluso ser libre como un pájaro, realmente no es ser libre. No puede el ave ir al fondo del
mar, ni resistir los embates del ciclón. Pero Dios sí es libre. Nada ni nadie le puede detener. Es capaz
de hacer lo que quiere en todo lugar, y en todo momento. Tiene autoridad universal.
El altivo Nabucodonosor, arrepentido ya y restaurado a su trono, lo testificó así:
“Bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno,
y su reino por todas las edades. Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él
hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga
su mano, y le diga: ¿Qué haces?”
Hay muchas interrogantes con este concepto, que no nos permite el tiempo tocar, tales como
la presencia activa del mal en el mundo, o la idea de la responsabilidad humana. Estas se verán en
otro momento. Por ahora, les quiero dejar 3 textos que nos permiten confiar en este Dios soberano:
2Tm.1:12, “Yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito
para aquel día.”
Ef.3:20, “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente
de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros...”
Jd.24-25, “Y a Aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha
delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad,
imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.”
¡A él sea la gloria! Amén.
LA SOBERANA VOLUNTAD DE DIOS
1. LA VOLUNTAD DE DIOS EN GENERAL. La Biblia emplea diversas palabras para señalar la
voluntad de Dios, es decir, los vocablos hebreos chaphets, tsebhu, ratson, y los griegos, boule y
thelema. La importancia de la voluntad divina se hace visible de múltiples modos en la Escritura. Se le
presenta como la causa última de todas las cosas. Todas las cosas se originan de ella: la creación y
la preservación, Sal 135:6; Jer. 18:6; Apoc. 4: 11; el gobierno, Prov. 21: f; Dan 4: 35; la elección y la
reprobación, Rom. 9: 15 y 16; Efesios 1: 11; los sufrimientos de Cristo, Luc. 22: 42; Hech. 2: 23; la
regeneración, Santo 1: 18; la santificación, Fil 2: 13; los sufrimientos de los creyentes, 1 de Pedro 3:
17, la vida del hombre y su fin, Hech. 18: 21; Rom. 77 15: 32; Santo 4: 15 y hasta las cosas más
pequeñas de la vida, Mat. 10: 29. De aquí que la teología cristiana siempre ha reconocido que la
voluntad de Dios es la causa última de todas las cosas, aunque la filosofía algunas veces ha mostrado 14
inclinación a buscar una causa más profunda en el íntimo Ser del Absoluto. Sin embargo, el empeño
de fundar todas las cosas en el mero Ser de Dios casi siempre termina en panteísmo. La palabra
"voluntad" aplicada a Dios, no siempre tiene el mismo significado en la Escritura.
a. Puede denotar la completa naturaleza moral de Dios incluyendo atributos tales como el amor,
la santidad, la justicia, etc.
b. La facultad de propia determinación, es decir, el poder de determinar uno mismo su curso de
acción, o de formar un plan
c. El producto de esta actividad, en otras palabras, el plan o propósito predeterminado
d. El poder de ejecutar este plan y de realizar este propósito (la voluntad de acción u
omnipotencia); y
e. El régimen de vida trazado para las criaturas racionales. Lo que ahora vamos a considerar
principalmente es la voluntad de Dios como la facultad de propia determinación. Esta puede
definirse como aquella perfección del Ser Divino por medio de la cual, El; en un acto por demás
sencillo, sale en busca de sí mismo como el supremo bien (es decir, se deleita en sí mismo,
como Dios) y en busca de sus criaturas por causa de su mismo nombre y así su voluntad es el
fundamento del ser y de la continuada existencia de esas criatura. Con referencia al universo y
a todas las criaturas que hay en El, su voluntad incluye naturalmente la idea de causación.
2. DISTINCIONES APLICADAS A LA VOLUNTAD DE DIOS. Varias distinciones han sido
aplicadas a la voluntad de Dios. Algunas de estas han encontrado muy poca acogida en la Teología
Reformada, tales como la distinción entre voluntad antecedente y voluntad consecuente de Dios, y
aquella otra distinción entre voluntad absoluta y voluntad condicional. Estas distinciones fueron no
solamente susceptibles de mal entendimiento, sino que también se interpretaron en formas
objetables. Otras, sin embargo, se encontraron útiles y por lo mismo fueron más generalmente
aceptadas. Pueden expresarse como sigue:
a. La voluntad decretiva y la voluntad preceptiva de Dios. La primera es aquella por medio de
la cual Dios se propone o decreta todo lo que tiene que suceder, sea que quiera cumplirlo
efectivamente (causativamente) o permitir que ocurra por medio de la agencia irrestricta de
sus criaturas racional. La segunda es la regla de vida que Dios ha trazado para sus criaturas
morales, indicando los deberes que les impone. La primera siempre se cumple, en tanto que
la segunda es desobedecida con frecuencia.
b. La voluntad' de eudokia y la voluntad de eurestia. Esta división se hizo no tanto en relación
con el propósito que se ha de ejecutar, sino más bien en relación al placer de hacerlo, o el
deseo de ver hecha algunas cosas. Corresponde con la distinción precedente, en el hecho
de que la voluntad de eudokia como la decretiva comprende lo que inevitablemente se
cumplirá; en tanto que la voluntad de eurestia como la preceptiva abarca simplemente
aquello en que Dios se complace que hagan sus criaturas. La palabra eudokia no debe
conducirnos al error de que tiene referencia solamente al bien y no al mal. Compárese Mat.
11: 26. Difícilmente resultaría correcto decir que el elemento de complacencia o deleite está
siempre presente en ella.
c. La voluntad de beneplacitum, y la voluntad de signum. Con frecuencia la primera designa la
voluntad de Dios personificada en su oculto consejo hasta que la da a conocer por medio de
alguna revelación o por el acontecimiento mismo. Toda voluntad revelada en esta forma se
con vierte en signum. Se ha querido que esta distinción corresponda con la que existe entre
la voluntad decretiva y la preceptiva; pero resulta difícil afirmado. La buena voluntad de Dios
encuentra expresión también en su voluntad preceptiva, y la decretiva también se dará a
conocer algunas veces por un signum. 15
d. La voluntad secreta y la voluntad revelada de Dios. Esta es la distinción más común. La
primera es la voluntad de Dios decretada que en su mayor parte está escondida en Dios, en
tanto que la segunda es la voluntad de precepto revelada en la ley y el evangelio. Esta
distinción tiene su base en Deut. 29: 29. La voluntad secreta de Dios se menciona en el Sal
115: 3 ; Dan 4: 17, 25, 32 Y 35; Rom. 9: 18 y 19; 11: 33 y 34; Ef. 1: 5, 9 Y 11; Y su voluntad
revelada en Mat. 7:21; 12:50; Juan 4:34; 7: 17; Rom. 12:2. Esta última está al alcance de
todos; pues no está lejos de nosotros, Deut. 30: 14; Rom. 10: 8. A la voluntad secreta de
Dios le pertenecen todas las cosas que El quiere, o efectuar o permitir, y las cuales, por
tanto, son absolutamente fijas. La voluntad revelada prescribe los deberes del hombre y
representa para éste el sendero en el cual puede gozar de las bendiciones de Dios.
3. LA LIBERTAD DE LA VOLUNTAD DE DIOS. Frecuentemente se discute acerca de que si Dios en
el ejercicio de su voluntad actúa necesaria o libremente. La respuesta demanda una cuidadosa
diferenciación. Así como hay en Dios una scientia necessaria y una scientia libera, también hay en Él
una voluntas necessaria (voluntad necesaria) y una voluntas libera (voluntad libre). Dios mismo es el
objeto de la primera. El, necesariamente se quiere, y quiere su santa naturaleza y las distinciones
personales en la Deidad. Lo cual significa que necesariamente se ama y se deleita en la contemplación
de sus propias perfecciones, Y, sin embargo, no está compelido, sino que actúa de acuerdo con la ley
de su Ser, y esto, aunque tenga que ser necesario es también la más alta libertad. Es de completa
evidencia que la idea de causación está ausente aquí y que el pensamiento de complacencia o de
aprobación propia queda al frente. Las criaturas de Dios son, sin embargo, objetos de su voluntas
libera. Dios determina voluntariamente qué y a quiénes creará, así como también los tiempos, los
lugares y las circunstancias de sus existencias. El marca la senda de sus criaturas racionales,
determina su destino, y los utiliza para los elevados propósitos de Él. Y aunque los dota con libertad
personal, sin embargo, la voluntad divina domina sus acciones. La Biblia habla de esta libertad de la
voluntad de Dios utilizando los términos más absolutos, Job 11: 10; 33: 13; Sal 115: 3; Prov. 21: 1; Is.
10: 15; 29: 16; 45: 9; Mat. 20: 15; Rom. 9: 15 18 y 20 Y 21; I Cor. 12: 11; Apoc. 4: 11. La Iglesia siempre
defiende esta libertad pero también insiste en el hecho de que no debe ser considerada como
indiferencia absoluta. Duns Escoto ofreció la idea de una voluntad que en ningún sentido ejerce
determinación alguna .sobre Dios; pero semejante idea de una voluntad ciega que actúa con perfecta
indiferencia fue rechazada por la Iglesia. La libertad de Dios no es pura indiferencia, sino racional
determinación propia. Dios tiene razones para querer precisamente lo que hace y eso lo induce a elegir
un fin más bien que otro; y preferir entre muchos media la serie de ellos que llevará al fin propuesto.
En cada caso hay un motivo predominante que hace que el fin elegido y los medios seleccionados
sean en extremo agradables a Él, aunque no seamos capaces de determinar cuál es ese motivo. En
general debe afirmarse que Dios no puede querer ninguna cosa que sea contraria a su naturaleza, a
su sabiduría y amor, a su justicia o santidad. El Dr. Bavinck señala que rara vez podemos discernir por
qué Dios quiso una cosa más bien que otra y que no es posible, ni siquiera permisible, que busquemos
para las cosas alguna base más profunda que la voluntad divina, porque toda clase de intentos
semejantes resultaría en buscar para la criatura una base dentro del íntimo Ser de Dios, despojando
así a la criatura de su carácter contingente, y convirtiéndola necesariamente en eterna y divina.
4. LA VOLUNTAD DE DIOS EN RELACIÓN CON EL PECADO. La doctrina de la voluntad de Dios
con frecuencia da motivo a serias interrogaciones. Surgen en este terreno problemas que jamás hasta
hoy han encontrado solución y los cuales, probablemente, nunca serán resueltos por el hombre.
a. Se dice que si la voluntad decretiva de Dios también determinó la entrada del pecado en el
mundo, Dios, entonces, se convierte en el autor del pecado y realmente quiere algo que es
contrario a sus perfecciones morales. Los arminianos escapan de la dificultad haciendo que la 16
voluntad de Dios que permite el pecado dependa de su presciencia del derrotero que el hombre
quiera escoger. Los teólogos reformados en tanto que sostienen sobre la base de pasajes
como Hech. 2: 23; 3: 8, etc., que la voluntad decretiva de Dios también incluye los hechos
pecaminosos del hombre, tienen siempre mucho cuidado de señalar que esto debe entenderse
de tal manera que no se convierta a Dios en el autor del pecado. Francamente admiten que no
pueden resolver la dificultad; pero al mismo tiempo hacen algunas valiosas distinciones que
resultan provechosas. La mayor parte de ellos insisten en que la voluntad de Dios respecto al
pecado es simplemente voluntad de permitir el pecado y no voluntad de efectuado como hace
con el bien moral. Se puede permitir esta terminología siempre que se la entienda
correctamente. Debe entenderse que la voluntad de Dios que permite el pecado, hará
ciertamente que acontezca. Otros llaman la atención al hecho de que en tanto que los vocablos
"voluntad" o "querer" pueden incluir la idea de complacencia o deleite, algunas veces indican
una simple determinación de la voluntad, y que por lo mismo, la voluntad de Dios que permite
el pecado, no necesariamente implican que El tome deleite o placer en el pecado.
b. A menudo se dice que hay frecuente contradicción entre la voluntad decretiva de Dios y la
preceptiva. Su voluntad decretiva incluye muchas cosas que prohíbe su voluntad preceptiva..
y excluye muchas cosas que demanda en su voluntad preceptiva, compárese: Gen 22; Ex 4:
21 23; 11 Reyes 20: 1 7; Hech. 2: 23. Entonces, pues, es de gran importancia sostener ambas,
la voluntad decretiva y la preceptiva pero entendiendo definidamente que aunque nos parecen
distintas, las dos son fundamentalmente una en Dios. Aunque una perfecta y satisfactoria
solución de esta dificultad está por el momento fuera de nuestra discusión, es posible formular
algunas aproximaciones a una solución. Cuando hablamos de una voluntad decretiva y de una
voluntad preceptiva de Dios, usamos la palabra "voluntad" en dos sentidos diferentes. Mediante
el primero, Dios ha determinado lo que hará o lo que acontecerá; conforme al segundo, El nos
revela lo que el deber nos obliga a hacer. Al mismo tiempo deberíamos recordar que la ley
moral, la regla de nuestra vida, es también, en un sentido, la corporificación de la voluntad de
Dios. Es una expresión de su naturaleza santa y de lo que esta naturaleza requiere de todas
las criaturas morales. De aquí que debamos añadir otra nota a la precedente. La voluntad
decretiva de Dios y la preceptiva no se oponen en el sentido de que en. la primera El se
complazca en el pecado y en la segunda no tenga El tal complacencia; ni en el sentido de que
conforme a la primera El no despliegue una volición positiva en querer la salvación de cada
individuo, y de acuerdo con la segunda sí despliegue tal voluntad, queriendo la salvación de
todos los hombres. Aun de acuerdo con su voluntad decretiva, Dios no se complace en el
pecado, y aun conforme a su voluntad preceptiva, El no quiere con volición positiva la salvación
de cada individuo.
LOS DECRETOS DIVINOS EN GENERAL
El decreto de Dios es su eterno plan o propósito, por el cual ha predestinado todas las cosas que
suceden. Puesto que tal definición incluye muchos particulares, hablamos con frecuencia de los
decretos divinos en plural, aunque en realidad existe sólo un decreto. Este decreto cubre todas las
obras de Dios en la creación y la redención, y abarca todas las acciones de los hombres, sin excluir
sus acciones pecaminosas. Mientras este decreto hizo cierta la entrada del pecado al mundo, no hace
a Dios responsable de nuestras acciones pecaminosas. Con respecto al pecado este decreto es un
decreto permisivo.
CARACTERÍSTICAS DEL DECRETO
El decreto de Dios está fundado en la sabiduría, Efesios 3:9-11, aunque no siempre lo entendamos. 17
Fue formado en las profundidades de la eternidad, y por lo tanto es eterno en el sentido más estricto
de la palabra, Efesios 3:11. Además es eficaz, de modo que todo aquello que está incluido en él, ocurre
con toda certeza, Isaías 46:10. El plan de Dios es también inmutable, porque Dios es fiel y verdadero,
Job 23:13-14; Isaías 46:10; Lucas 22:22. Es también incondicional, a saber, que su ejecución no
depende de acción humana alguna, sino que al Contrario es omnímodo, o sea que abarca las acciones
buenas y malas de los hombres, Efesios 2: 10; Hechos 2:23, sucesos fortuitos, Gen. 50:20, la duración
de la vida humana, Job. 14:5, Sal. 39:4, y los términos de su habitación, Hechos 17 :26. Tocante al
pecado es permisivo.
OBJECIONES A LA DOCTRINA DE LOS DECRETOS DIVINOS
Hay muchos que no creen en esta doctrina de los decretos divinos y presentan en especial estas tres
objeciones:
1. Que tal doctrina es inconsistente con la libertad moral del ser humano. La Biblia, en cambio,
enseña que Dios ha decretado no tan sólo los actos libres del hombre, sino que el hombre es a
pesar de todo libre en sus actos y responsable, Génesis 50:19-20; Hechos 2:23; 4:27-29. Es
cierto que no podemos armonizar completamente estos dos extremos, pero es evidente en las
Escrituras que el uno no revoca o invalida al otro.
2. Que tal enseñanza hace a los hombres negligentes en buscar su salvación. Los que así razonan
añaden que si Dios ya ha determinado de antemano los que han de ser salvos y los que no lo
serán, es indiferente todo lo que éstos puedan hacer. Este razonamiento es erróneo, ya que
ningún hombre sabe lo que Dios ha decretado respecto a él. Además, Dios ha decretado no
solamente el destino final del hombre, sino también los medios por los cuales tal destino se
llevará a cabo. Puesto que el fin fue decretado solamente como resultado de los medios
prescritos, más bien es un estímulo a usar tales medios que un motivo para desanimamos en
su uso.
3. Que hace a Dios autor del pecado. Lo único que se puede decir sobre este decreto es que hace
a Dios el autor de seres morales libres, y que éstos son en sí los autores del pecado. El pecado
se hizo cierto por decreto divino, pero Dios mismo no lo produjo por su acción directa. Debemos
admitir que el problema sobre la relación entre Dios y el pecado es en todo caso un misterio
que somos incapaces de resolver.
LA PREDESTINACIÓN
La predestinación es el plan o propósito de Dios con respecto a sus criaturas morales. La
predestinación tiene que ver con todos los hombres, buenos y malos, los ángeles y los demonios, y
con Cristo como Mediador. La predestinación incluye dos partes: la elección y la reprobación.
LA ELECCIÓN. LA BIBLIA NOS HABLA DE LA ELECCIÓN EN MÁS DE UN SENTIDO:
1. La elección del pueblo de Israel en el Antiguo Testamento para ser el pueblo de Dios, Deut.
4:37; 7:6-8; 10:15; Óseas 13:5.
2. La elección de ciertas personas para un servicio u oficio especial, Deut. 18:5; 1 Sam. 10 :24;
Sal. 78:70; y
3. La elección de individuos para la salvación, Mateo 22:14; Romanos 11:5; Efesios 1:4. Es a esta 18
fase última a la que nos referimos ahora y puede ser definida como el propósito eterno de Dios
para salvar a algunos seres humanos de entre la raza humana en y por mediación de Cristo.
LA REPROBACIÓN
La doctrina de la elección implica por naturaleza que Dios no se propuso salvar a todos los
hombres. Si era su propósito salvar solamente a algunos, era también natural que no salvara a los
otros. También esto está de acuerdo con las enseñanzas de las Escrituras, Mateo 11:25-26; Romanos
9:13. 17, 18, 21, 21; 11:7, 8; 2 Pedro 2:9; 38 Judas 4. La reprobación ha sido definida como al propósito
eterno de Dios de pasar por alto en la operación de su gracia especial a algunos hombres, y de
castigarlos por sus pecados. Existe pues en la reprobación un doble propósito: 1) pasar a algunos por
alto con respecto al don de su gracia salvadora; y 2) castigarlos por sus pro:" píos pecados.
Se ha dicho con frecuencia que la doctrina de la predestinación abre las puertas a la acusación
de que Dios es injusto, pero no podría existir un equívoco mayor que éste. El único motivo que nos
permitiría hablar de injusticia divina sería solamente en el caso de que el hombre tuviera algún derecho
sobre Dios, y en el caso de que Dios le debiera al hombre su eterna salvación. Pero puesto que todos
los hombres, sin excepción, han perdido el derecho a las bendiciones de Dios, la situación es muy
diferente. Nadie tiene el derecho más mínimo a pedir cuentas a Dios por el hecho de haber elegido a
algunos y rechazado a otros. Dios habría continuado siendo perfectamente justo, si no hubiera salvado
a ninguno, Mateo 20:14-15; Rom. 9: 14- 15.
PARA ESTUDIO BIBLlCO ADICIONAL
1. ¿Es la presciencia lo mismo que la predeterminación o predestinación? Hechos 2:23; Rom.
8:29; 11¬2; 1 Pedro 1:2.
2. ¿En qué forma nos enseña la Biblia que Cristo fue asimismo el objeto de la predestinación?
¿En qué sentido debemos interpretar Salmo 2:7; Isaías 42:1 1 Pedro 1:20; 2:4?
3. ¿Qué indicaciones tenemos de que también los ángeles fueron objetos de la predestinación?
¿Qué debemos pensar de 1 Timoteo 5:21?
PREGUNTAS PARA REPASO
1. ¿Qué cosa es el decreto divino?
2. ¿Por qué hablamos algunas veces de «decretos en plural?
3. ¿Cuáles son las características del decreto?
4. ¿Cuál es la naturaleza del decreto divino concerniente al pecado?
5. ¿Qué objeciones se han levantado en contra de la doctrina de los decretos'?
6. ¿Qué podemos decir en respuesta a las mismas?
7. ¿Qué relación existe entre la predestinación y el decreto divino en general?
8. ¿En que forma debemos interpretar la predestinación de los ángeles y la de Cristo?
9. ¿En que formas nos habla la Biblia sobre la elección?
10. ¿Qué está incluido en la reprobación, y que pruebas tenemos de ello?
11. ¿Significa injusticia por parte de Dios la doctrina de la predestinación? ¿Por qué no?
19
LA CREACIÓN
Nuestra discusión sobre los decretos divinos nos conduce al examen de su ejecución, es
decir, a la obra de la creación que señala su comienzo. Este es el principio y base de toda
revelación y el fundamento de la vida religiosa.
LA CREACIÓN EN GENERAL
La palabra creación no siempre se usa en la Biblia con el mismo significado. En su sentido
estricto tal palabra denota la obra de Dios por la cual produjo el universo y todo lo que en él
hay, en parte sin el uso de materiales pre-existentes, pero también usando materiales que
por su naturaleza son inapropiados para la manifestación de Su gloria. La creación es obra
del Dios trino, Génesis 1:2, Job. 26:13; 33:4; Salmo 33:6; Isaías 40:12-13; Juan 1:3; 1 Cor...
8:6; Col. 1:15-17. En contra del Panteísmo debemos sostener que la creación fue un acto 20
libre de Dios. Es decir, Dios no necesitaba al universo material, Efesios 1:11; Apoc. 4:11.
Contra el deísmo afirmamos que Dios creó al universo de tal modo que dependiera de El
para siempre. Es pues Dios quien debe sostenerlo de día en día, Hechos 17:28; Hebreos
1:3.
EL TIEMPO DE LA CREACIÓN
La Biblia nos enseña que Dios creó el mundo «en el principio», es decir, al principio de
todas las cosas temporales. Detrás de este «principio» nos hallamos frente a una eternidad
infinita. La primera parte de la obra creadora nos es mencionada en Génesis 1:1 y fue la
creación sin material pre-existente o mejor dicho creación de la nada. La expresión «crear
de la nada» no se encuentra en la Biblia, sino solamente en uno de los libros apócrifos, 2
Macabeos 7:28. La idea de creación de la nada se encuentra encerrada en los pasajes
siguientes: Génesis 1:1; Salmo 33:9; 148:5; Romanos 4:7 y Hebreos 11:3.
EL PROPÓSITO FINAL DE LA CREACIÓN
Algunos enseñan que el propósito de la creación es la felicidad del hombre. Arguyen que
Dios no puede ser en sí mismo el propósito final de la creación porque Dios es un ser
suficiente en sí mismo. Al contrario, el hombre existe por Dios y no Dios para el hombre. La
Biblia nos enseña claramente que Dios creó al mundo para así manifestar Su gloria.
Naturalmente esta manifestación de su gloria no tiene por objeto promover una cierta
admiración por parte de la criatura, sino que desea contribuir a su bienestar, hacer surgir en
sus corazones la adoración al Creador. Isaías 43:7; 60:21; 61:3; Ezequiel 36:21-22; 39:7;
Lucas 2:14; Romanos 9:17; 11; 36; 1 Cor... 15:28; Efesios 1:5. 6, 12, 14; 3:9-10; Col. 1:16.
SUSTITUTOS PARA LA DOCTRINA DE LA CREACIÓN
Los que rehúsan aceptar la doctrina de la creación presentan las siguientes teorías para
explicar el universo.
1. Algunos dicen que la materia original es eterna y que el universo surgió de ella por
pura casualidad o por efecto de alguna fuerza superior. Esta teoría incurre en la
contradicción de suponer la existencia de dos cosas eternas e infinitas, existiendo la una al
lado de la otra, es decir, la materia y la fuerza. Tal explicación es lógicamente imposible.
2. Otros mantienen que Dios y el universo son en realidad una sola cosa y que el universo
es la consecuencia necesaria o producto del divino ser. Esta teoría quita a Dios el poder de
su propia determinación, y niega a los hombres su libertad y su carácter moral y responsable.
Al mismo tiempo hace a Dios autor del mal que existe en el mundo.
3. Finalmente algunos se refugian en la teoría de la evolución. La evolución no ofrece
solución alguna para explicar el origen del mundo, ya que en principio supone la existencia
de algo que se desarrolla gradualmente.
EL MUNDO ESPIRITUAL
Dios no tan sólo creó un universo material sino que creó también un mundo espiritual
angélico.
PRUEBA PARA LA EXISTENCIA DE LOS ÁNGELES
La teología liberal moderna ha abandonado su fe en los seres espirituales. La Biblia, al
contrario, asume su existencia y les atribuye una personalidad real. 2 Samuel 14:20; Mateo
24:36; Judas 6; Apoc. 14:10. Algunos enseñan que los ángeles tienen cuerpos etéreos, pero 21
esto es contrario a las Escrituras. Los ángeles son seres espirituales y puros (aunque
algunas veces se nos presentan en formas materiales), Efesios 6:12; Hebreos 1:14, sin
carne y huesos, Lucas 24:39, y por tanto invisibles, Col. 1:16. Algunos de ellos Son buenos,
santos y elegidos, Marcos 8:38; Lucas 9:26; 2 Cor... 11:14; 1 Tim. 5:21; Apoc. 14:10, y otros
cayeron de su estado original y consecuentemente son seres malos, Juan 8:44; 2 Pedro 2:4;
Judas 6.
CLASES DE ÁNGELES
Es evidente que existen diferentes clases de ángeles. La Biblia nos habla de los
querubines, quienes revelan el poder, majestad y gloria de Dios, y guardan su santidad en
el jardín del Edén, en el tabernáculo y el templo. Génesis 3:24; Ex 25:18; 2 Sam 22:11; Sal.
18:10; 80:1; 99:1; Isaías 37:16. Además encontramos a los serafines mencionados
solamente en Isaías 6:2, 3. 6. Los serafines son los siervos de Dios en su trono, cantan
alabanzas a El y están siempre listos para hacer sus propósitos. Su fin es reconciliar y
preparar a los hombres para que se acerquen debidamente a Dios.
Dos de los ángeles los conocemos por su nombre. El primero es Gabriel, Dan. 8:16; 9:21
Lucas 1:10, 26. Su tarea especial era comunicar a los hombres revelaciones divinas e
interpretadas. El segundo es Miguel, Daniel 10:13, 21; Judas 9; Apoc. 12:7. En la carta de
Judas recibe el nombre de arcángel. Es un luchador valiente que pelea las, batallas de Dios
contra los enemigos de Su pueblo y los poderes malos en el mundo espiritual. La Biblia
menciona también varios términos generales a saber, principados, potestades, tronos,
dominios, señoríos, Efesios 1 :21; 3 :10; Col. 1 :16; 2: 10; 1 Pedro 3 :22. Estos nombres
denotan diferencias en jerarquía y dignidad entre los ángeles.
LA OBRA DE LOS ÁNGELES
Los ángeles adoran y alaban a Dios sin cesar, Salmo 130:20; Isaías 6, Apoc. 5:11. Desde
que el pecado entró en el mundo, los ángeles sirven a los herederos de la salvación, Hebreos
1 :14, se gozan en la conversión de los pecadores, Lucas 15 :10, guardan a los creyentes,
Salmo 34:7; 91 :11, protegen a los pequeños, Mateo 18:10, se hallan presentes en la iglesia,
1 Cor... 11 :10; Efesios 3 :10; 1 Tim. 5 :21, y conducen a los creyentes al seno de Abraham,
Lucas 16 :22. A menudo son los portadores de revelaciones especiales de Dios, Daniel 9:21-
23, Zac. 1:12-14. Imparten las bendiciones de Dios a su pueblo, Salmo 91:11-12; Isaías 63:9;
Dan .6:22; Hechos 5:19 y ejecutan los juicios de Dios contra sus enemigos, Génesis 19: 1,
13; 2 Reyes 19:35; Mateo 13:41.
LOS ÁNGELES MALOS
Aparte de los ángeles buenos hay también ángeles malos que se gozan en oponerse a
Dios y destruir su obra. Estos ángeles fueron creados buenos, pero no llegaron a retener su
posición original, 2 Pedro 2:4; Judas 6. No sabemos exactamente cuál fue su pecado, pero
probablemente se rebelaron contra Dios y aspiraron a su divina autoridad, v. 2 Tes. 2:4, 9.
Satán, que era un príncipe entre los ángeles, vino a ser el jefe de los que cayeron en pecado,
Mateo 25:41; 9:34; Efesios 2:2. Con sus poderes sobrenaturales Satán y sus huestes tratan
de destruir la obra de Dios. Sabemos que tratan de cegar y engañar hasta a los elegidos, y
dan ánimo a los pecadores para que sigan en sus malos caminos.
EL UNIVERSO MATERIAL En Génesis 1:1 encontramos la historia de la creación
original de los cielos y la tierra. El resto del capítulo nos explica lo que algunos han llamado 22
la creación secundaria, es decir, cómo Dios llevó a cabo la creación del mundo en seis días.
LOS DÍAS DE LA CREACIÓN
Se ha deliberado mucho sobre la cuestión de si los días de la creación fueron días
ordinarios o no. Los geólogos y los proponentes de la teoría de la evolución nos hablan de
largos períodos de tiempo. Es cierto que la palabra «día» en la Escritura no siempre significa
un día de 24 horas. Véase: Génesis 1: 5; 2:4; Salmo 50: 15; Eclesiastés 7: 14; Zac. 4:10. Sin
embargo, creemos que las siguientes consideraciones favorecen el interpretar los días de la
creación como días de 24 horas:
1. La palabra hebrea yom (día) denota normalmente un día ordinario, y a menos que el
contexto requiera otra interpretación, deberíamos entenderlo como un día de 24
horas.
2. La repetición de las expresiones «mañana» y «tarde» favorece esta interpretación.
3. Fue también un día de 24 horas que Dios separó como a día de descanso al final de
la creación.
4. Éxodo 20: 9-11 nos enseña que Israel debe trabajar seis días y descansar el séptimo,
porque Jehová hizo los cielos y la tierra en seis días y descansó el séptimo.
5. Es evidente que los tres últimos días fueron días de 24 horas porque se hallaban
determinados por la relación de la tierra al sol. Ahora bien, si los tres últimos días eran
de 24 horas, ¿por qué no los cuatro primeros?
LA OBRA DE LOS SEIS DÍAS
En el primer día Dios creó la luz y formó el día y la noche al separar la luz de las tinieblas. Esto no
contradice el hecho de que el sol, la luna y las estrellas fueron creados en el cuarto día, ya que los
astros no son la misma luz sino solamente lumbreras. La obra del segundo día fue también una obra
separadora. Dios separó las aguas superiores e inferiores y estableció el firmamento. En el tercer día
la obra de separación continuó con la separación del mar y la tierra Seca. Además Dios estableció en
este día el reino vegetal, los árboles y las plantas. Por el poder de su Palabra Dios hizo que la tierra
produjese plantas sin flor, vegetales y árboles frutales cada uno según su simiente y clase. En el cuarto
día Dios creó el sol, la luna y las estrellas para varios fines, es decir, para dividir el día de la noche,
ser señales de las condiciones atmosféricas, regular la sucesión de días, meses y años y de las
estaciones, pero al mismo tiempo para ser lumbreras de la tierra. La obra del quinto día fue la creación
de pájaros y peces, los habitantes del aire y del agua. Finalmente, el sexto día marcó el clímax de la
obra creadora. Dios creó los animales superiores, y como corona de esta creación puso al hombre
hecho a la imagen de Dios. El cuerpo del hombre fue hecho del polvo de la tierra, pero su alma fue
producto de la creación inmediata de Dios. En el séptimo día Dios descansó de su obra y se alegró al
contemplar la misma.
Notemos el paralelo que existe entre la obra de los tres primeros días y de los tres últimos:
1 4
Creación de la luz. Creación de las libreras.
2 5
Creación de la expansión y separación de las Creación de los pájaros del aire y de los peces
aguas. del mar.
3 6
23
Separación de las aguas y la tierra seca y Creación de las bestias del campo, ganado y
preparación de ésta para ser la habitación de reptiles, y finalmente del hombre.
los animales y el hombre.
LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN
Los evolucionistas tratan de sustituir el origen bíblico de la creación por sus propios puntos de vista y
teorías. Dicen que todas las especies de plantas y animales, incluyendo al hombre, y que las diferentes
manifestaciones de vida tales como la inteligencia, moralidad y religión se desarrollaron por un proceso
natural perfecto, 45 simplemente como resultado de las fuerzas de la Naturaleza. Sin embargo, tal
teoría es una simple suposición y tiene innumerables errores. Además está en serio conflicto con el
relato de la creación que encontramos en la Biblia.
PARA ESTUDIO BIBLlCO ADICIONAL
1. ¿En qué sentido se usa la palabra «crear» en Salmo 51:10; 104:30; Isaías 45:7?
2. ¿Podemos decir que Génesis 1:11, 12, 20, 24, favorecen la teoría de la evolución? Véase
también Génesis 1:21, 25; 2:9.
3. ¿Qué nos enseñan los siguientes pasajes sobre el pecado de los ángeles? 2 Pedro 2:4; Judas
6; véase también 2 Tesalonicenses 2:4-12.
PREGUNTAS PARA REPASO
1. ¿Qué es la creación?
2. La creación ¿fue un acto libre de Dios o necesario?
3. ¿Usamos siempre en las Escrituras la palabra 'crear' en el mismo sentido?
4. ¿Podemos probar con la Biblia que la creación fue hecha de la nada?
5. ¿Cuáles Son las dos teorías sobre el propósito final de la creación?
6. ¿En qué sentido decimos que la gloria de Dios es el propósito final de la creación?
7. ¿Qué teorías tratan de sustituir la doctrina bíblica de la creación?
8. ¿Cuál es la naturaleza de los ángeles?
9. ¿Qué categorías de ángeles encontramos en la Biblia?
10. ¿Cuál es la obra de Gabriel y de Miguel?
11. ¿Cuál es la obra de los ángeles en general?
12. ¿'Qué pruebas tenemos de que existen ángeles malos?
13. ¿Fueron creados malos por naturaleza?
14. ¿Los días de la creación fueron días ordinarios o largos períodos?
15. ¿Qué hizo Dios en cada uno de los siete días de la creación?
16. ¿La teoría de la evolución armoniza con la doctrina bíblica de la creación?
17. ¿En qué puntos difiere de la misma?
24
LA PROVIDENCIA
Puesto que Dios no sólo creó al mundo sino que también lo sostiene, la doctrina de la creación nos
conduce lógicamente a la doctrina de la providencia. Podemos definirla así: La providencia es
aquella operación divina por la cual Dios cuida de todas sus criaturas, manifiesta su actividad en
todo lo que ocurre en el mundo, y dirige todas las cosas hacia un fin predeterminado. Esta doctrina
incluye tres elementos, el primero es el ser divino, el segundo su actividad, y el tercero es el
propósito de todas las cosas.
LOS ELEMENTOS DE LA PROVIDENCIA DIVINA. PODEMOS DISTINGUIR TRES:
LA CONSERVACIÓN DIVINA
25
Es aquella obra continúa de Dios pOr la cual sostiene todo lo que existe. Aunque el mundo tiene
una existencia diferente del ser divino y no es parte de Dios, a pesar de todo la base de esta
existencia continua del mundo es Dios mismo. Permanece así porque Dios manifiesta
continuamente su poder, por el cual todas las cosas retienen su ser y su actividad. Encontramos
tal doctrina en los pasajes siguientes: Salmo 136:25; 145:5; Nehemías 9: 6; Hechos 17:28;
Colosenses 1:17; Hebreos 1:3.
LA CONCURRENCIA DIVINA
Es aquella obra divina por la cual Dios coopera con todas sus criaturas y hace que obren
precisamente tal como obran. Ello implica que hay causas secundarias en el mundo como los
poderes de la naturaleza y la voluntad humana, pero afirma que los tales no actúan
independientemente de Dios. Dios obra en cada acto de sus criaturas, no solamente en sus actos
buenos sino también en los malos. Dios los estimula para la acción, acompaña tal acción en todo
momento y hace que tal acción sea eficaz. De todos modos no debemos suponer que Dios y
hombre sean causas iguales; Dios es la causa primaria y el hombre la causa secundaria. Tampoco
debemos concebir tal cooperación como si cada agente hiciera una parte de la misma. Toda obra
es enteramente un acto de Dios y un acto del hombre en su totalidad. Además, deberíamos tener
presente que esta cooperación no hace a Dios responsable de los actos malos del hombre.
Encontramos las bases de tal doctrina en las Escrituras, Deuteronomio 8:18; Salmo 104:20, 21, 30;
Amos 3:6; Mateo 5:45; 10:29; Hechos 14:17; Filipenses 2:13.
EL GOBIERNO DIVINO
Es la actividad continua de Dios por la cual gobierna todas las cosas de modo que sirvan para el
objeto por el cual fueron creadas. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos presentan a
Dios como Rey del universo. Dios adapta su gobierno a la naturaleza de las criaturas que El rige.
Así su gobierno físico difiere de su gobierno del mundo espiritual. El gobierno divino es universal,
Salmo 103: 19; Daniel 4:34-35, e incluye los seres más insignificantes, Mateo [Link], y aun
aquello que parece accidental, Proverbios 16:33. Asimismo tiene que ver con las obras buenas y
malas del hombre, Filipenses [Link] Génesis 50:20 y Hechos 14:16.
FALSOS CONCEPTOS SOBRE LA PROVIDENCIA DIVINA
Al estudiar la doctrina de la providencia debemos evitarnos contra dos errores:
EL ERROR DEÍSTA
Los deístas enseñan que Dios sólo se preocupa del mundo de un modo muy general. Dios, según
ellos, creó al mundo, estableció sus leyes, lo puso en movimiento, y luego lo abandonó. Es decir,
le dio cuerda como si fuera un reloj y dejó que siguiera su curso. Sólo cuando algo se desequilibra
Dios interviene en su curso normal. Dios es pues un Dios alejado del mundo.
EL ERROR PANTEÍSTA
El panteísmo no reconoce la diferencia que existe entre Dios y el mundo. Al hacer tal cosa, los
identifica y no deja lugar para la obra de la providencia divina en el verdadero sentido de la palabra.
El panteísmo enseña que en un sentido estricto no existen causas secundarias y que Dios es el
autor directo de todo lo que ocurre en el mundo. Así aun los actos que atribuimos al hombre son 26
realmente actos divinos. Dios es sólo un Dios que está cerca y no lejos de nosotros.
LA PROVIDENCIA EXTRAORDINARIA O MILAGROS
Distinguimos entre la providencia general y la especial, y en esta última los milagros ocupan un
lugar importante. El milagro es una obra sobrenatural de Dios, es decir, una obra que Dios ejecuta
sin la mediación de causas secundarias. Aun cuando Dios aparentemente usa causas secundarias
en la ejecución de milagros, lo hace de forma tan extraordinaria, que tal obra es siempre algo
sobrenatural. Algunos niegan los milagros diciendo que rompen las leyes de la naturaleza, pero se
hallan en un grave error. Las leyes de, la naturaleza simplemente representan la forma ordinaria
en el método de obrar divino. El hecho de que Dios obra generalmente de acuerdo a un orden
definido, no significa que Dios no pueda apartarse del orden establecido sin frustrarlo o estorbarlo,
para efectuar obras extraordinarias. Por ejemplo, cualquier hombre puede levantar su mano y
arrojar al aire una pelota a pesar 'de la ley de la gravedad, y sin estorbarla. Ciertamente, los
milagros no son imposibles para un Dios omnipotente. Además, los milagros Son medios de la
revelación divina. Números 16:28; Jeremías 32:20; Juan 2.11; 5:36.
PARA ESTUDIO BÍBLICO ADICIONAL
1. Cite algunos ejemplos de la providencia especial. Véase: Deuteronomio 2:7, 1 Reyes 17:6; II
Reyes 4:6; Mateo 14:20.
2. ¿En qué forma nuestra fe en la providencia divina debería afectar los cuidados de la vida? Isaías
41:10; Mateo 6:32; Lucas 12:7; Filipenses 4:6-7; 1 Pedro 5:7.
3. Cite algunas de las bendiciones de la providencia divina. Véase Isaías 25:4; Salmo 121:4; Lucas
12: 7; Deuteronomio 33:27; Salmo 37:28; 2 Timoteo 4: 18.
PREGUNTAS PARA EL REPASO
1. ¿Qué relación existe entre la doctrina de la providencia y la de la creación?
2. ¿Qué cosa es la providencia divina?
3. ¿Qué diferencia existe entre la providencia general y la especial?
4. ¿Quiénes son objeto de la providencia divina?
5. ¿Cuáles son los tres elementos de la providencia y en qué se diferencian?
6. ¿Qué debemos pensar sobre la concurrencia divina?
7. ¿Hasta qué punto se extiende el gobierno divino?
8. ¿Qué es un milagro y cuál es el propósito de los milagros bíblicos?
9. ¿Por qué motivos hay personas que consideran los milagros como algo imposible?