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Adivinación en la Biblia: Prohibiciones y Don

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ADIVINACIÓN

Heb. 7081 qósem, ‫« = קֹ סֵ ם‬suertes» que se dividen o reparten;


vb. 7080 qasam, ‫ קסם‬, aplicado solo a
los falsos profetas (cf. Dt. 18:10, 14; Miq. 3:6, 7, 11),
nigromantes (1 Sam. 28:8) o adivinos como
los filisteos (1 Sam. 6:2) y > Balaam (Jos. 13:22); gr. manteía,
μαντε􀀀α; en Hch. 16:16 «espíritu de
pitón», 4436 Python, π􀀀θων, de Pythó, nombre de la región en
donde se ubicaba el famoso oráculo
de Delfos.
1. Prohibición general.
2. Adivinación legítima.
3. Adivinación ilegítima.
I. PROHIBICIÓN GENERAL. En Israel se dieron diversas
formas de adivinación, tanto
permitidas como prohibidas, a semejanza de los pueblos
entorno. La curiosidad humana, mezclada
con el interés personal por conocer el futuro para así actuar
de un modo u otro en el presente, ha
llevado a crear multitud de artes adivinatorias con diversas
técnicas, signos externos, premoniciones
interiores, o comunicaciones directas por parte de la
divinidad, que se han institucionalizado en
muchas culturas y religiones desde la más remota
antigüedad. Prohibida tradicionalmente en la
religión judeocristiana, entra en la problemática
teológicomoral relativa a la > magia y a la
superstición.
La adivinación, ajena a la fe de Yahvé, está condenada bajo
pena de muerte en la Ley (Ex. 22:18;
Lv. 19:26, 31; 20:27); es propia de pueblos idólatras y, por
tanto, se le prohibe al pueblo santo de
Israel (Dt. 18:9-14). El Deuteronomio se preocupa por el
profetismo cananeo y con él por los
diversos «indagadores» de lo divino. A juzgar por la amplia
terminología usada para designarlos
debían existir muchas variedades: vaticinadores, astrólogos,
agoreros, hechiceros, encantadores,
espiritistas, adivinos, nigromantes (Dt. 18:10-11). Alude aquí
el texto sagrado a casi todas las formas
corrientes de adivinación que se daban en su época y a las
que condena en su totalidad. La crítica a
la adivinación que tiene sus raíces en el politeísmo y la
magia, está bien presente en los profetas. En
Is. 44:25 Dios declara: «Deshago las señales de los adivinos
[esto es, los falsos milagros de ellos],
y enloquezco a los agoreros»; y en Jer. 14:14: «Falsamente
profetizan los profetas en mi nombre; no
los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa,
adivinación, vanidad y engaño de su corazón
os profetizan» (cf. Jer. 27:9; 29:8; Ez. 12:24; 13:6, 7, 9, 23;
21:29; 22:28; Mi. 3:6, 7; Zac. 10:2). Un
notable pasaje en Ez. 21:21-22 da unos ejemplos de cómo
adivinaban los paganos. El rey de
Babilonia había llegado a una encrucijada; deseando saber si
debía tomar el camino a Rabá o a
Jerusalén, recurrió a la adivinación. Primeramente, «sacudió
sus flechas». Es indudable que se
escribieron en dos o más flechas los nombres de las
ciudades y las agitó en el carcaj; la flecha
tomada con la mano derecha decidiría cuál era el camino a
tomar. Jerusalén cayó en su mano
derecha. Es posible que el rey tuviera todavía dudas, pero se
desconoce cómo se solventaban estas
en la adivinación (cf. Zac. 10:2). El rey buscó aún otra guía:
«miró el hígado». Había ciertas normas
por las que se podía deducir si las entrañas de un sacrificio
eran propicias para algo o no. Que el rey
utilizara tres maneras diferentes de adivinación demuestra
que no tenía una gran confianza en ellas; es
posible que hubiera sido engañado en este terreno
anteriormente.
Se mencionan otros medios de adivinación, como
«adivinación por la copa» (Gn. 44:5, 15). Este
método era practicado por egipcios, asirios y persas, y entre
otras variantes, se echaban pequeños
trozos de metal y piedrecitas marcados con signos en la copa
y se obtenían respuestas de ellas al
caer. En ocasiones se llenaba la copa con agua, y al
proyectarse sobre ella la luz del sol se veían o se
imaginaban figuras sobre la superficie. Otra referencia es:
«Mi pueblo a su ídolo de madera
pregunta, y el leño le responde» (Os. 4:12). Los árabes
usaban dos varas sobre una de las cuales se
escribía «Dios lo quiere» y sobre la otra «Dios lo prohíbe». Se
agitaban juntas y la primera en caer o
en ser sacada era aceptada como la respuesta; o bien se
lanzaba una vara y la respuesta se deducía
por la dirección en la que caía. El texto de Oseas indica que
se invocaba a un «ídolo de madera» y
que lo que «el leño» o la vara dijeran quedaba controlado por
él. Así que en toda adivinación se
usaban encantamientos y se invocaba a los dioses para que
dieran las respuestas más favorables.
II. ADIVINACIÓN LEGÍTIMA. El auténtico profeta de Israel
desenmascara toda falsedad y libera
al pueblo de la fascinación que siente por la magia y la
adivinación. Con todo, en Israel se dieron
ciertas formas de adivinación en el contexto de la fe de
Yahvé, depuradas de cualquier tipo de
relación con la magia y la idolatría y, por tanto, permitidas.
Son las siguientes:
1. Suertes, heb. 1486 goral, ‫􀁌􀁌 ָרל‬, gr. kleromanteía,
κληρομαντε􀀀α. Fueron utilizadas por los
hebreos en asuntos de extrema importancia y siempre de
modo solemne, en el contexto de un acto
religioso (Jos. 7:13). La tierra prometida fue dividida por
suertes (goral, ‫􀁌􀁌 ָרל‬, kleron, κλ􀀀ρων Num.
26:55, 56; Jos. 14:2); la culpa de > Acán fue descubierta
mediante este método (Jos. 7:16-19); y >
Saúl fue elegido rey por el mismo medio (1 Sam. 10:20, 21);
lo mismo podemos decir de la elección
de > Matías para el apostolado (Hch. 1:26). Esta práctica se
basaba en la convicción de que «las
suertes se echan en el regazo, pero a Yahvé pertenece toda
su decisión» (Prov. 16:33; 18:18).
2. Oniromancia, del gr. oneiromanteía, 􀀀νειρομαντε􀀀α,
adivinación por sueños (Det. 13:2,3; Jue.
7:13; Jer. 23:32; Josefo, Ant. 17:6,4). La interpretación de los
sueños del faraón por parte de José se
considera un don divino (Gn. 41:25-32), así como el caso de
Daniel en la corte de Nabucodonosor
(Dan. 2:27; 4:19-28). Dios enviaba sueños a los patriarcas, a
los reyes y a los piadosos (Gn. 20:6;
Jue. 7:15; 1 R. 3:5; Mt. 1:20; 2:12, 13, 19, 22). Por contra, «los
adivinos ven mentiras y refieren
sueños falsos» (Zc. 10:2). Jeremías no duda en arremeter
«contra los profetas que profetizan falsos
sueños oráculo de Yahveh y los cuentan, y hacen errar a mi
pueblo con sus falsedades y su
presunción» (Jr. 23:32. cf. Ecl. 5:2, 6).
3. El >Urim y Tumim parece haber estado relacionado con la
adivinación en el buen sentido del
término, en cuanto relacionado con Yahvé: «Él estará de pie
delante del sacerdote Eleazar, quien
consultará por él delante de Yahvé mediante el juicio del
Urim» (Nm. 27:21), también referidos a
veces como > Efod (1 Sam. 2:28; 14:3; 23:6; 30:7). Eran un
tipo de suertes que el Sumo Sacerdote
vestía en su pectoral con las doce piedras preciosas (Ex.
28:15-30; Lv. 8:8), y según la suerte que se
sacaba se traía la respuesta divina, probablemente por
medio de un “sí” o un “no” (1 Sam. 30:7-8; cf.
14:41; 23:9-12; Nm. 27:21). Por contra, se condena toda
idolomancia o consulta idolátrica (Os. 3:4).
4. Profetas. Los profetas también sirvieron como
adivinadores. El profeta Samuel dio conocer la
suerte de las asnas perdidas Saúl (1 Sam. 9:11-25). Ahías
anunció a la mujer del rey Jeroboam I la
próxima muerte de su hijo (1 R. 14:1-18; cf. 1 R. 22:5s; 2 R.
3:11s). La capacidad de adivinación fue
considerada un rasgo fundamental de la institución profética,
hasta el punto que el cumplimiento o no
del vaticinio se transformó en el criterio central para definir
el carácter mismo del profeta (Dt.
18:19-22).
III. ADIVINACIÓN ILEGÍTIMA. Figuras de adivinación
expresamente prohibidas en la Escritura
son:
1. Adivino. Literal. «adivino de adivinaciones» (Dt. 18:10),
heb. qosem qesamim, ‫ק; 􀁌 סֵ ם ְקסָ מיִם‬
Sept. manteuómenon mantís, μαντευ􀀀μενων μαντ􀀀ς, Vulg. qui
ariolos sciscitatur. El término se usa
referido a > Balaam (Jos. 13:22), los adivinos filisteos (1
Sam. 6:2) y los falsos profetas hebreos
(Miq. 3:3, 6, 7, 11). No se especifica el método que utilizaban
para realizar sus adivinaciones.
2. Agorero, heb. 6049 anén, ‫ עָ נֵן‬, raíz prim. «cubrir», «nublar»,
se traduce «observador de los
tiempos [mediante el examen de las nubes]», también
«adivino, hechicero». Estos observadores o
agoreros son clasificados con todos los demás que se
entrometen en actividades ilegítimas en Dt.
18:10, 14.
El observador de los tiempos determinaba los días propicios
y no propicios, algo vital en un tipo
de sociedades en las que nada debía hacerse sin consultar
previamente a los dioses. Romanos y
griegos consideraban algunos días fastos y otros nefastos,
candidi y atri (Hesíodo, Trabajos, 770;
Suetonio, Augusto, 92). San Pablo critica la observancia de
«los días, los meses, las estaciones y los
años» (Gal. 4:10). Un ejemplo de ello en el AT es cuando >
Amán echó suertes para hallar el día en
que llevar a cabo sus planes contra los judíos (Est. 3:7). Es
indudable que al echar la suerte
invocaron a sus dioses para asegurarse el éxito. Otros
practicaban los augurios con el similar
propósito de determinar la voluntad de su dios. La respuesta
a sus preguntas podía venir de los
truenos (keraunoskopía, κεραυνοσκοπ􀀀α), los relámpagos, la
forma de las nubes, o también del
vuelo o la aparición de ciertas aves (Catón, De mor. Claud.
Neron; Nonius, 63,21; Cicerón, De div.
2,53).
En esta categoría hay que incluir a los:
3. Astrólogos, «los que contemplan las estrellas, hajozim
bakkokhabim, ‫ ַ הַ חֹ זִ ים 􀁌􀁌􀁌 כ ִָבים‬y anuncian
el comienzo de los meses, para pronosticar lo que vendrá
sobre ti, modiim lejodashim measher
yaboú aláyikh, 􀁌 ‫( »מ 􀁌 ִ ִדיעִ ם לחֳ ָד 􀁌 ים מֵ א 􀁌 ר יָב ֹא 􀁌 עָ לָ ִי‬Is.
47:13). En Daniel, la palabra traducida >
«astrólogo», heb. 825, 826 ashshaph, es distinta y no implica
ninguna relación con los cielos, sino
que se trata de «hechiceros» o «encantadores», como leemos
en referencia a Babilonia en Is. 47:9,
12, donde se habla de una multitud de hechizos y de
encantamientos. Juntamente con los astrólogos
babilónicos del v. 13 se mencionan los que observan los
astros, que pueden haberse dedicado a
pronosticar acontecimientos en base a las posiciones
alteradas de los planetas en relación con las
estrellas. A esto se añaden los que cada mes pronosticaban,
probablemente a partir de las fases
lunares. También en relación con Babilonia nos aparece el
término «adivino», gezar, «dividir,
determinar el hado o el destino», que implica cualquier forma
pretendida de predecir
acontecimientos.
4. Sortílego, del lat. sors, sortis = «suerte» y légere, «leer»,
«lectura de la suerte»; heb. 5172 raíz
verbal najash, 􀁌 ‫« = נח‬sisear, murmurar»; Sept.
oionizómenon, ο􀀀ωνιζ􀀀μενον; Vulg. qui observat
auguria. Parece referirse a los cánticos o encantamientos
murmurados como un preliminar para
obtener la respuesta de los espíritus que se deseaban
consultar. Se traduce «ser agoreros» en Lv.
19:26; «sortílego» en Dt. 18:10; «agüero» en Nm. 23:23; 24:1
(con referencia a Balaam); 2 R. 17:17;
«agorero», 21:6; «mirar en agüeros», 2 Cro. 33:6. Estos
pasajes implican que este término era más
bien de origen cananeo que egipcio. Hay dos personas
mencionadas en el AT cuyos nombres se
derivan de esta raíz: > Naasón (Najshon), el hijo de
Aminadab (Ex. 6:23), y > Nehushta, la madre de
Joaquín (2 R. 24:8).
5. Hechicero. El término utilizado es la raíz verbal khashaph,
‫כ 􀁌ף‬, y se refiere a la utilización de
encantamientos mágicos, con el intento de dañar a hombres
o animales, o de pervertir la mente, es
decir, hechizar (cf. Ex. 7:11; Dt. 18:10; Dan. 2:2). Puede que
no tuvieran poder para dañar a otros a
no ser que aquella persona, por curiosidad o amistad, oyera
voluntariamente los encantamientos
utilizados. Manasés también practicó esta iniquidad (2 Cro.
33:6). Nínive es comparada a una ramera
bien favorecida, maestra en hechizos (Nah. 3:4).
6. Encantador, heb. 2267 jéber, ‫ חבר‬, de jabar, ‫« = חבר‬enlazar
mediante conjuros»; Sept.
epaoidós, 􀀀παοιδ􀀀ς. Se asocia a otro término, 3907 la raíz
lajash, 􀁌 ‫ לח‬, que hace referencia a un
modo de «hablar de una manera suave y gentil», y se aplica
después al encantamiento de serpientes
(Sal. 58:5). En Is. 19:3, otro término, heb. 328 ittim, se
traduce «evocador» con un sentido similar,
como aquel que da un suave sonido en los encantamientos
de los hechiceros. Es posible que se trate
de encantadores de serpientes (cf. Sal. 58:6). La misma
palabra se utiliza de > Acab, que anduvo
«callado» (1 R. 21:27) como señal de su humildad y
arrepentimiento.
7. Espíritu de adivinación, heb. 178 shed ob, ‫ ; ֵ􀁌 ד א 􀁌ב‬Sept.
engastrímythos, 􀀀􀀀αστρ􀀀μυθος =
«ventrílocuo»; Vulg. qui Pythones consulit. El término heb.
178 ob, ‫ א 􀁌ב‬significa «odre de agua» y
denota la idea de «balbucear», de donde quizá el sonido
hueco que pudiera ser producido por el
viento o el aliento en un odre vacío, con lo que se debía
suponer que las personas aludidas eran
utilizadas por un espíritu al modo de los «ventrílocuos» con
su muñeco, tal como traduce la LXX:
eggastrímythos, 􀀀􀀀αστρ􀀀μυθος. Se aplicaba a los «magos», a
quienes se creía «inflados,
arrebatados por un espíritu», gr. daimonoleptos, δαιμονολ􀀀π
τος. Aparece dieciséis veces, traducido
en este sentido en todas ellas, menos en Job 32:19. Como
ejemplo del significado de esta palabra
está la > pitonisa de Endor, consultada por Saúl.
8. Consultor de muertos. Del heb. doresh el hammethim, ‫ִתים‬
􀁌 ַ‫ ד ֵֹר 􀁌 ֵ אל־ה‬, lit. «buscador de
muertos». Este término aparece solamente en Dt. 18:11,
aunque en Is. 8:19 se halla la misma idea:
«¿Debieran ir los vivos a los muertos? ¿No debieran ir en pos
de su Dios?» Y en Sal. 106:28 se lee
de algunos que «comieron los sacrificios de los muertos», lo
que puede haber constituido un acto
preliminar para consultarles.
El caso más notable del AT es la ya mencionada pitonisa de
Endor, a quien Saúl, que
paradójicamente «había arrojado de la tierra a los
encantadores y adivinos», mandó buscar después
de no haber obtenido respuesta de Yahvé «ni por sueños ni
por los urim, ni por los profetas» (1 Sam.
28:6) para conocer la suerte que habría de correr en la
próxima batalla contra los filisteos. Se dice
que los enviados encontraron una mujer que tenía «espíritu
de adivinación» (1 Sam. 28:7), heb.
baalath-ob, ‫ בַ עלַ ת־א 􀁌ב‬, lit. «señora de ob», traducido a veces
«espíritu de pitón», al creer que ob
corresponde al espíritu pythón griego (Plutarco, De def. Or.
414; Cicerón, De div. 1,19). Visitada de
incógnito y bajo disfraz, Saúl le pidió que le adivinara por ob y
que le hiciera subir a aquel a quien
él le nombrara. Tan pronto como su vida quedó garantizada
por un juramento, la mujer le preguntó a
quién iba a llamar. Es evidente que su arte consistía en
llamar a los espíritus de los muertos. No hay
ninguna indicación en ningún otro pasaje de la Escritura en el
que ob, ‫ א 􀁌ב‬se refiera a que hubiera
normalmente una aparición, sino que por lo general se oía
una voz, que se suponía era del difunto y
que parecía proceder de la tierra, en ocasiones murmurando
ininteligiblemente o también
«graznando» o «gorjeando», esto es, piando o trinando como
las agudas notas de un pájaro. Saúl
dijo: «Hazme venir a Samuel» (1 Sam. 28:11). Tan pronto
como el nombre es pronunciado, la mujer,
sorprendida, percibe a Samuel y se aterroriza diciéndole a su
visitante: «¿Por qué me has engañado?
pues tú eres Saúl» (v. 12). La narración bíblica no supone
engaño alguno por parte de la pitonisa. El
espíritu del profeta se aparece con reproche para Saúl: «¿
Para qué me consultas si Yahvé se ha
separado de ti y se ha pasado a otro?» (vv. 15). ¿Hizo la
mujer subir a Samuel? Ella después
pretendió haberlo hecho (v. 21), pero la narración implica más
bien que no fue ella. Samuel vaticinó
a Saúl que al día siguiente él y sus hijos estarían haciéndole
compañía (v. 19).
En el NT se narra el caso de una joven poseída por espíritu
de adivinación, o de Pitón. Tal era el
nombre del oráculo profético de Delfos, considerado como el
centro focal de la adivinación griega.
Es notable el testimonio del espíritu maligno hacia los
siervos del Dios Altísimo; puede haberse
visto forzado a hablar así al verse ante el poder de Dios, del
mismo modo que los > demonios
reconocían atemorizados a Cristo; sin embargo, el apóstol
San Pablo no podía tolerar
recomendaciones procedentes de tal fuente, que hubieran
terminado por neutralizar el significado del
mensaje evangélico, por lo que el espíritu fue reprendido y
arrojado de la joven. Aquí acabó su
adivinación, y su dueño perdió la fuente de sus inicuos
beneficios (Hch. 16:16-19).
También se habla de > Simón, «el cual había sido antes
practicante de las artes mágicas»,
mageúon μαγε􀀀ων, que usó de encantamientos y fascinó por
largo tiempo a la gente de Samaria
(Hch. 8:9-11); y de > Elimas, el mago, ho magos, 􀀀 μ􀀀γος, un
judío que en Chipre procuraba
oponerse a la obra de Dios (Hch. 13:6, 8). Estos usaban artes
mágicas (Hch. 19:19), atrayendo tras
de sí a las gentes. En Apocalipsis se usa otra palabra,
traducida «hechicería», gr. 5331 pharmakeía,
φαρμακε􀀀α, referida al «aturdimiento producido por medio de
drogas», y por extensión a cualquier
sistema de hechicería mediante encantamientos (Ap. 9:21;
18:23; cf. 21:8; 22:15). La hechicería
queda clasificada entre los pecados más graves, y se aplica
también a la iglesia profesante en la
Babilonia mística. Aparece en la lista de los frutos de la
carne (Gal. 5:20). Véase AGORERO,
ASTRÓLOGOS, HECHICERÍA, HÍGADO, INVOCACIÓN DE
MUERTOS, MAGIA, PITONISA

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