EL SABER JUGAR
DE LA ACEPTACIÓN, LA MODIFICACIÓN Y EL RESPETO POR LAS REGLAS. La idea de “qué es una regla”, para qué sirve, es
fundamental en la educación de los chicos. Es necesario enseñarles que son indispensables para la convivencia (en el
juego y en la vida). Es necesario que comprendan que hay diferencia entre las reglas “convencionales” (pisar o no la
línea, por ejemplo), y las que regulan la equidad y el respeto básico de la integridad y de los derechos de los jugadores
(foul, actitudes antideportivas); que son reguladoras del juego y es necesario respetarlas para poder jugar; y que son
posibles y necesarias de “crear” para inventar un juego o resolver un problema que las requiera. También es importante
que aprendan que las reglas explicitan ciertas limitaciones, pero, simultáneamente, pueden “ser aprovechadas”, porque
brindan un marco para elaborar soluciones a los problemas de juego.
DEL RESPETO POR EL OTRO. “El otro” es, seguro, alguien distinto a mí, que puede mostrarme como en un espejo cuáles
son mis relaciones con lo diferente. Pero también mis actitudes hacia el otro son “su espejo”, son materia fundante de la
estructuración de su personalidad… Y si esas actitudes no son de respeto, si se trata mal o se discrimina a alguien
“porque juega mal”, “porque las nenas no sirven”, “porque tiene olor”, etc., debemos saber que ese chico dejado de
lado por sus compañeros, no juega. Puede estar en el campo de juego, pero no juega. Porque si sufre, no juega. Si no
entiende, no juega. Porque si no está comprometido plenamente, no juega. Porque si no disfruta, no juega.
Si estas cosas pasan, tenemos que revisar qué enseñar, y cómo, para asegurar que todos aprendan y jueguen. El respeto
por el otro es el respeto por las diferencias… Las diferencias que más se evidencian en la clase de Educación física, y que
suelen ser motivo de “problemas” en el momento de jugar, de elegir equipos, de reunirse por parejas o pequeños
grupos, son las de “nenas y varones”, “de rápidos o más lentos” en términos de tiempos de aprendizaje, de “hábiles y no
hábiles”, “gordos y flacos” (y otras variantes morfológicas o de aspecto corporal). A estas se agregan, en algunos lugares,
otras relacionadas con la nacionalidad o la procedencia social. Enseñar a respetar implica enseñar a aceptar ideas,
formas de ser y de actuar, actitudes diferentes de las propias. Es algo muy diferente de la cortesía o de la “urbanidad”.
Es reconocer que todos son personas, con su dignidad, con el derecho a ser bien tratado, con derecho a aprender, con
derecho a jugar. Niños y niñas conviven en la sociedad, como también conviven personas de características disímiles en
los diversos sentidos antes mencionados. La escuela (y por lo tanto la EF) es la encargada de enseñarles a ser
respetuosos los unos con los otros.
DEL CUIDADO DE SÍ MISMO, DEL OTRO Y DEL MEDIO DE LAS ACTITUDES COMO JUGADORES Y ESPECTADORES:
El aporte que podemos hacer desde la EF para que los chicos puedan hacer un análisis crítico de las actitudes de
jugadores y espectadores, requiere algunas propuestas especialmente pensadas por nosotros, y no sólo la intervención
ocasional, cuando se produce un conflicto. Está bueno grabar algún partido que pasen por TV y analizar con ellos las
distintas actitudes (algún día observar actitudes del público, otro de los jugadores, o de los árbitros, según veamos que
el material filmado lo facilita). También se puede presentar unos minutos de alguna situación conflictiva y proponerles
algún dilema a discutir (por ejemplo “si vos hubieses sido tal jugador…, qué hubieras hecho en esta situación..?, ¿por
qué?…”.) Lo mismo puede plantearse respecto a su presencia en alguna situación como espectador. La idea de estas
propuestas es analizar y discutir las explicaciones que dan, que les ayuden a ir construyendo la posibilidad de saber que
las acciones tienen un fundamento -y no son meras reacciones emocionales-, y también anticipar las consecuencias de
sus actos.
DESDE LOS DESAFÍOS MÁS SENCILLO…
A LOS MÁS COMPLEJOS…