SOFISTAS
Los sofistas pertenecen a una escuela filosófica en la Grecia Antigua. Sus representantes más
destacados fueron Protágoras, Gorgias, Pródico y otros (siglo V antes de nuestra era). En
algunos problemas, los sofistas oscilan entre el materialismo y el idealismo, pero en general su
filosofía se distingue por su subjetivismo y la negación de la verdad objetiva. Protágoras
enseñaba que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Gorgias defendía tres tesis: 1) nada
existe; 2) si algo existiera sería inconcebible para el hombre; 3) si fuera concebible, tampoco se
podría transmitir o explicar a los demás. Los sofistas actuaban como maestros de elocuencia y
del arte de vencer al adversario en la disputa refutando sus argumentos, sin tener en cuenta
quién estuviese en la posesión de la verdad. Esto dio también a la sofística (ver) un sentido
nominal de hábil juego de palabras, de un filosofar retórico, justo en apariencia, pero
esencialmente falso.
Protágoras de Abdera
Biografía
Según la mayoría de los autores Protágoras nació en Abdera el año 481, aunque Burnet y
Taylor retrasan su nacimiento hasta el año 500 a. c.; hacia mediados de siglo se instaló en
Atenas, entablando amistad con Pericles, ciudad en la que alcanzó un elevado protagonismo.
Acusado de impiedad, probablemente de ateísmo y/o blasfemia, por haber afirmado en su
libro "Sobre los dioses" que no es posible saber si los dioses existen ni cuál es su forma o
naturaleza, se vio obligado a abandonar Atenas refugiándose al parecer en Sicilia.
Pensamiento
Protágoras defendía el relativismo y el convencionalismo de las normas, costumbres y
creencias del hombre. Es su tesis más conocida y que queda reflejado en la frase El hombre es
la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son y de las que no son en cuanto
que no son, uno de los fragmentos que conservamos de su obra. Respecto al relativismo de
Protágoras.
Gorgias De Leontini
Fue embajador en Atenas en el 427 a.C. donde se radicó. Pertenece a la primera generación de
sofistas.
Pensamiento
Se dedicó fundamentalmente a enseñar el arte de la retórica como el camino más adecuado
para acceder al poder. Su filosofía es expresada en tres proposiciones: nada existe; si algo
existe, no puede ser conocido; si algo existe y puede ser conocido, no puede ser comunicado.
Sostenía que para cada ocasión y para cada persona hace falta un comportamiento distinto, y
entonces la moral es un instinto y no un conocimiento resumible en palabras y, por lo tanto,
enseñable.
Sócrates
Pero, si fue admirable empresa de unos griegos iniciar el camino de explicar el mundo con la
razón sola rodeada como estaban de una cultura que explicaba todo con dioses, es también
empresa admirable que otros griegos iniciasen la búsqueda de la verdad ética y de la verdad
política en la Atenas de los sofistas. El primero en hacerlo fue Sócrates y le costó la vida.
Sócrates Nacido por el año 470 A. C., unos ocho años antes de que el filósofo Anaxágoras
llegase a Atenas. Su vida fue filosofar y enseñar. Pero no le interesaron las preguntas sobre la
physis que habían interesado primordialmente a Anaxágoras y a los filósofos anteriores porque
su preocupación era la conducta degradada de sus conciudadanos; en consecuencia, enfocó su
curiosidad intelectual en el ser humano y en su capacidad de conocer la verdad.
Contemporáneo de los sofistas, muchos creyeron que era un sofista más, pero era
exactamente lo contrario. Nunca intervino en la política. No pronunciaba discursos. No escribió
nada. Según él, nunca fue maestro de nadie. Simplemente se dedicaba a conversar con quien
quería conversar con él; creía que la sabiduría se adquiere en el intercambio vivo de la
conversación, haciéndose preguntas y buscando juntos respuestas. Así y sólo así enseñó a
pensar, a buscar la verdad y a saber que es posible alcanzarla. A diferencia de los sofistas, no
cobraba por sus enseñanzas. "Esta labor fue para la inteligencia humana de una importancia
tan considerable, que uno no se extraña al ver a Sócrates dedicarse a ella como cumpliendo un
mandato recibido del cielo. Se echaba de ver en él, no solamente un alto poder de
contemplación filosófica (Aulo Gelio y Platón cuentan de él que a veces pasaba días y noches
inmóvil absorto en la meditación), sino también, como él mismo lo decía, algo de ‘demoníaco’
o de inspirado, un fervor alado, un vigor libre y mesurado, y aun quizás a veces, un instinto
interior y superior que parecen revelar una cierta asistencia extraoardinaria