Climaterio
Es considerado como un amplio periodo de tiempo en la vida de la mujer, que separa dos épocas bien
diferentes: la época de la madurez sexual con plena capacidad reproductiva y la época de la senectud.
Durante el mismo, se pasa de una función ovárica normal y cíclica a una situación establecida y prolongada
de fracaso definitivo de la función ovárica que se continúa hasta la senectud. Esta modificación de la
función ovárica no es brusca sino paulatina y progresiva y está marcada por un fenómeno claro que es la
pérdida de la menstruación o menopausia.
Tiene una duración que oscila entre 5 y 15 años
Menopausia
Para la OMS, el término menopausia significa el cese de la menstruación debido a la pérdida de la actividad
folicular cíclica en el ovario, el final del periodo menstrual. Es un suceso puntual: la fecha de la última regla.
Su valoración es necesariamente retrospectiva; han de pasar 12 meses sin menstruaciones para poder
afirmar que ha ocurrido la menopausia, aunque para algunos son suficientes 6 meses sin menstruación.
La causa es la disminución de estrógenos.
Edad aproximada de 50 años, de hecho, entre 45 y los 55 años, como margen amplio.
Cuando este episodio se da antes de los 40 años se denomina Menopausia precoz.
INTRODUCCIÓN
En el mundo de hoy, se le está dando gran importancia al conocimiento del climaterio, dada
la creciente población involucrada, las amplias perspectivas en prevención asociadas a las
principales causas de morbimortalidad femenina y su relación con la productividad y la
calidad de vida de esta población.
En muchos lugares se crean programas informativos para la mujer, la familia y sociedad
con el objetivo de educar la población sobre esta etapa tan importante en la vida de la
mujer, así como la participación activa por parte de la familia como célula fundamental de
la sociedad.
La modificación de factores de riesgo que mejoran directamente la calidad de vida de las
pacientes climatéricas justifica su enfoque integral. Éste incluye en la terapéutica: medidas
generales de nutrición, estilo de vida, salud psicológica, ejercicio y medicamentos. Estos
últimos deben utilizarse para mujeres con patologías específica, aunque en muchas ocasiones
son utilizados en exceso.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha emprendido en las últimas décadas
campañas en favor de la promoción de la salud y prevención de la enfermedad, para reducir
los riesgos en esta etapa de la vida y estimular el autocuidado para la obtención de mejores
condiciones de vida en la población femenina. Dichas estrategias se dirigen al fomento de
la actividad física, que hace que las mujeres mayores sean más aptas y más saludables y
proporciona una mejora en la percepción de su salud, debido a los beneficios que éste
ofrece.
Dichos efectos benéficos van desde lo fisiológico y lo psicológico hasta las esferas de tipo
social. Parte de estos beneficios se atribuyen a los cambios en las mediciones
antropométricas, bioquímicas o fisiológicas, mientras que otros resultan de la percepción de
la autoobservación. Sumado a esto, la actividad física en el climaterio contribuye a disminuir
los efectos del envejecimiento y proporciona beneficios en diferentes funciones, que incluyen
los percibidos por el practicante. Estos beneficios repercuten en la permanencia de los sujetos
incorporados, es decir, existe relación entre la motivación y el beneficio percibido, aspecto
que puede contextualizarse desde la medición de su calidad de vida.
CAMBIOS FISIOLOGICOS, PSICOLOGOS, ANATOMICOS QUE PUEDEN DARSE
DURANTE EL CLIMATERIO
1- Vasomotores: el síntoma más frecuente son los sofocos, además aparecen
sudoración intensa, fatiga, irritabilidad, alteración del sueño, disminución de la
concentración, etc. Según estudios el 80% de las mujeres sufren de sofocos
2- Atrofia vaginal
3- Más propensión a padecer infecciones del tracto urinario e incontinencia urinaria,
aunque esta última está asociada a otros factores como la edad, la paridad,
prolapsos uterinos, etc.
4- Se produce sequedad de piel y mucosas.
5- Estado de ánimo: Durante la menopausia, son frecuentes las alteraciones del estado
de ánimo que se manifiesta por disminución de la energía, cansancio, abatimiento,
falta de concentración, ansiedad, irritabilidad y agresividad.
Se sabe que los estrógenos ejercen una función importante en el sistema nervioso
central y son responsables de la sensación psicológica de bienestar. Simultáneamente,
es un momento de la vida en el que se produce una leve inestabilidad emocional,
pues muchas mujeres sienten que, al perder su capacidad reproductora, dejan de ser
valoradas por su entorno social.
6- Osteoporosis: La pérdida de masa ósea se produce por la descalcificación que
sufren los huesos y, en el caso de las mujeres menopáusicas, se ve intensificada por
la pérdida de la acción protectora que las hormonas femeninas ejercen sobre ellos.
Se sabe que existe una importante relación entre la disminución de la masa ósea y
el riesgo de fracturas. La detección precoz de la pérdida excesiva de masa ósea
en nuestro cuerpo es la única manera con la que podemos prevenir la aparición de
osteoporosis y, por tanto, de fracturas.
A través de la densitometría ósea podemos detectar la osteoporosis. Es
recomendable realizarla en aquellas mujeres que se encuentren entre las variables
que aparecen en la tabla 1.
Debido a que los niveles de estrógenos disminuyen en la menopausia, la densidad
ósea puede reducirse y favorecer la aparición de osteoporosis.
7- Obesidad: La menopausia se asocia a un incremento de peso. A pesar de los cambios
hormonales propios de esta etapa, que favorecen una modificación en la distribución
de la grasa corporal, existe una parte importante del aumento de peso relacionado
con ingerir más energía de la que se gasta. De hecho, la prevalencia de obesidad
es más elevada en la menopausia y ello conlleva riesgos asociados al exceso de
peso.
Existe durante la menopausia un aumento del índice de masa corporal (IMC), pero
también un incremento de la grasa corporal debido a cambios metabólicos. Según
datos de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), la
proporción de grasa corporal, que a los 20 años es del 26%, sube al 33% a los 40
años y al 42%, a los 50. A pesar de que en algunas mujeres el cambio en la
distribución del tejido adiposo produce una ligera modificación de la figura, en otras,
genera un importante aumento de peso. Sin embargo, como hemos comentado
anteriormente, este incremento estaría más relacionado con una mayor ingesta
calórica y una disminución del gasto energético, lo que favorece la ganancia de peso
o el agravamiento de la obesidad. Esto no sólo tiene implicaciones a nivel estético,
sino también de riesgo cardiovascular y diabetes.
Además, el sobrepeso por sí mismo y en proporción al valor del IMC es por sí mismo
un factor de riesgo de las siguientes patologías:
– Enfermedades cardiovasculares (la enfermedad isquémica es la primera causa de
fallecimiento en menopáusicas).
– Diabetes mellitus tipo 2 (insulinorresistencia)
– Trastornos del aparato locomotor (osteoartritis).
– Algunos cánceres (endometrio, mama y colon).
RECOMENDACIONES DIETÉTICAS
A pesar de los cambios hormonales y metabólicos propios de esta etapa, hay que desterrar
creencias como que el incremento de peso y la menopausia van siempre de la mano o como
que no es posible adelgazar. En líneas generales, la dieta para las mujeres en la menopausia
no dista demasiado de las recomendaciones que debería tener en cuenta el resto de la
población.
Debido a que los niveles de estrógenos disminuyen en este período, la densidad ósea puede
reducirse y favorecer la aparición de osteoporosis.
Por ello, el aumento de la ingesta de calcio ayuda a mantener los huesos saludables. Pero el
aporte de calcio proviene no sólo de lácteos (conviene recordar que un exceso de su consumo
puede elevar los niveles de colesterol), sino también de frutos secos y semillas (sésamo, pipas
de calabaza, de girasol...), de cereales integrales, verduras verdes (brócoli, espinacas,
acelga, achicoria...) y sardinas o pequeños peces con espinas.
Para asegurar que el calcio se absorbe por completo y se deposita en los huesos, se debe
combinar con alimentos ricos en vitamina D, presente en el pescado azul, los huevos y el arroz
integral, si bien el organismo produce esta vitamina por la exposición al sol. Es por ello que
conviene hacer ejercicio y pasear al aire libre siempre que sea posible. Una exposición al
sol de entre 15 y 30 minutos al día en cara y brazos es suficiente.
En general, es recomendable elevar la ingesta de frutas, verduras y hortalizas, legumbres,
cereales integrales y frutos secos, así como reducir la ingesta de alimentos muy grasos. Todos
los alimentos señalados son habituales en una dieta saludable, pero en este período es
recomendable cumplir rigurosamente con ella.
Otra costumbre saludable es reducir el consumo de café y de alcohol y dejar de lado, por
su aporte de calorías vacías, las bebidas con gas y azúcar.
Los productos procesados como bollería, pizzas industriales, cualquier preparado industrial
con mucho sodio y aceites vegetales, así como las grasas hidrogenadas o trans son poco
saludables por su exceso de sal y calorías y grasas no saludables.
Como cualquier dieta equilibrada, la alimentación durante la menopausia debe contener las
vitaminas, los minerales y los nutrientes necesarios para reducir los problemas generados en
esta etapa. En las siguientes tablas se indican las vitaminas, minerales y oligoelementos
recomendados, junto con sus funciones sobre el organismo y los alimentos donde pueden
encontrarse.
EJERCICIO FÍSICO
Además de los consejos dietéticos hasta ahora mencionados, es también básico llevar un
estilo de vida saludable. Ello implica el abandono de hábitos tóxicos como el tabaquismo y
el consumo abusivo del alcohol. Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología
(SEGG), la nicotina produce un efecto antiestrogénico porque acelera la eliminación de los
estrógenos, por esta razón, a las mujeres fumadoras les llega antes la menopausia. Asimismo,
también está probado que la nicotina aumenta la eliminación del calcio por orina.
El ejercicio físico ha adquirido cada vez mayor importancia dentro de la terapéutica en el
climaterio, dado que se ha demostrado que por sí mismo modifica factores de riesgo
importantes y otorga varias ventajas, tal como indica la tabla 5.
La práctica de ejercicio físico de manera pautada e integrada dentro de la vida diaria es
básica en esta etapa de la vida. Se recomienda dedicar 1 hora al día, al menos 5 días a
la semana, a esta actividad. Otra opción pasa por establecer la rutina de caminar a paso
ligero al aire libre cada día. Los estudios indican que la actividad física ayuda a controlar
el apetito, mejora la digestión, el control del peso y potencia la agilidad, mejora la salud
en general. Además, hacer deporte en una hora reservada todos los días tiene un efecto
positivo para la salud mental.
Se recomienda una combinación de 3 tipos de ejercicio:
– Actividades como caminar a paso ligero, correr, nadar, jugar a pádel o subir escaleras
(ayudan a mantener la densidad ósea).
– Ejercicio aeróbico con máquinas cardiovasculares, que controlan la frecuencia cardíaca y
favorecen la circulación.
– Ejercicios de flexibilidad y concentración (yoga, pilates, chi kung) ayudan a mantener la
estabilidad, la flexibilidad y la movilidad articular, además de favorecer la consciencia
sobre el propio cuerpo y las emociones.