UNIVERSIDAD NACIONAL INTERCULTURAL DE QUILLABAMBA
ASIGNATURA DE ARQUEOLOGÍA GENERAL
FUENTE: Juan Cervera Llicenciat en Química a la Universitat de Jaén.
[email protected] DATACIÓN POR RADIOCARBONO
Se definen como isótopos aquellos “elementos o átomos que tienen el mismo número atómico, por
tanto, propiedades químicas similares, pero diferente número másico”, tendríamos de esta forma, por
ejemplo, el Oxígeno-16 y Oxígeno-18, Nitrógeno-14 y Nitrógeno-15, Carbono-12, Carbono-13 y
Carbono-14, Uranio-235 y Uranio-238, etc. Existen en la naturaleza tres isótopos del carbono: el C-12
(expresado correctamente como 12C), el C-13 (13C) y el C-14 (14C). Su diferencia estriba en que, dado
un mismo elemento químico, el carbono, sus núcleos contienen el mismo número de protones y
electrones (seis), pero un número diferente de neutrones (seis, siete y ocho respectivamente), lo que
les hace tener una masa atómica diferente (doce, trece y catorce, respectivamente). Casi el 99% del
CO2 atmosférico contiene el carbono ligero 12C. Una pequeña parte, el 1,1% del CO2, es algo más
pesado, ya que contiene 13C.
Y finalmente existe también en la atmósfera, en muy pequeña proporción, CO2 que contiene 14C, que
es radiactivo e inestable. El método de datación radiocarbónica 14C fue desarrollado por Willard F.
Libby (1908-1980), en los años 40, junto a su equipo de investigación de la Universidad de Chicago, lo
que le permitió recibir el Premio Nobel de Química en 1960. Desde entonces, y hasta nuestros días,
este método se ha aplicado en multitud de disciplinas científicos, incluyendo la Arqueología.
Este método para la datación en arqueología se basa en el hecho que, por virtud de las radiaciones
cósmicas, la concentración atmosférica estable de radiocarbono (14C) se transmite de modo uniforme
a los seres vivos a través del dióxido de carbono. Nuevos átomos de 14C se forman continuamente en
las capas altas de la atmósfera como resultado del bombardeo producido por los rayos cósmicos, los
cuales provocan que el nitrógeno atmosférico (14N) reaccione con neutrones (1n) de una determinada
energía, para producir 14C e Hidrógeno (1H) (López, 2004).
Las plantas vivas asimilan el carbono del CO2 atmosférico durante la fotosíntesis y lo expulsan durante
la respiración. De esta forma, los tejidos de las plantas vivas y los de los animales vivos, humanos
incluidos, que se alimentan de esas plantas continuamente, están intercambiando 14C con la
atmósfera. De este modo, existe un aporte continuo de 14C atmosférico a la biosfera y,
consecuentemente, la concentración en cada ser vivo será similar a la atmosférica, lo que se denomina
“Principio de simultaneidad”.
Este hecho hace que la ratio, o proporción, entre las concentraciones 14 C/ 12 C, del carbono
contenido en los tejidos orgánicos de los seres vivos sea semejante a la del CO2 de la atmósfera. Sólo
al cesar la vida, el flujo de 14C se interrumpirá y, a partir de ese momento, su concentración en el resto
orgánico comenzará a disminuir por desintegración, transformándose en 14N que no es reemplazado.
La masa de 14C de cualquier fósil o material arqueológico orgánico, es decir, con presencia de carbono,
disminuye a un ritmo exponencial que es conocido. Se sabe que a los 5730 ± 30 años de la muerte de
un ser vivo la cantidad de 14C en sus restos fósiles se ha reducido a la mitad y que a los 57.300 años es
de tan sólo el 0,01% del que tenía cuando estaba vivo.
Sabiendo la diferencia entre la proporción de 14C que debería contener un fósil si aún estuviese vivo,
esto es, semejante a la de la atmósfera en el momento en el que murió, y la que realmente contiene,
se puede conocer la fecha de su muerte.
La cantidad y el porcentaje de 14C se calculan midiendo las emisiones de partículas beta de la muestra.
El método sólo es viable para fósiles no muy viejos, menores de unos 60.000 años, ya que para edades
superiores las emisiones de partículas ß son ya demasiado poco intensas y difíciles de medir, por lo que
los errores pueden ser muy grandes.
En la práctica, la datación se complica porque la concentración atmosférica de 14C ha variado
sustancialmente a lo largo del tiempo. Esto hace que se necesite saber no sólo la cantidad de 14 C que
queda en la muestra fósil, sino también la concentración atmosférica que existía en el momento de su
muerte. Se conocen, más o menos con exactitud, las variaciones de 14C habidas en los últimos 11.800
años gracias a la dendrocronología, es decir, al análisis de los anillos de la madera (cuyas edades
conocemos por conteo) de series solapadas de troncos de árboles vivos y fósiles. Más allá los datos son
más pobres e imprecisos y no pueden basarse en el estudio de árboles fósiles. Sin embargo, el período
se ha extendido más recientemente hasta hace unos 50.000 años por medio del análisis del 14C
contenido en los sedimentos laminares del fondo de ciertas cuencas lacustres y oceánicas. Otras de las
causas de las variaciones habidas en la concentración de 14C atmosférico son (Bard et al., 1990):
Cambios en la actividad solar: La llegada de mayor o menor radiación cósmica galáctica depende
inversamente de la intensidad del viento solar que la intercepta. Se puede deducir que las anomalías
detectadas en el 14C dependen de las anomalías de la emisividad solar. Las épocas en las que hubo
una mayor producción de 14C se corresponden con épocas de menor actividad solar y, por ende, más
radiación cósmica incidente.
Variaciones en la ventilación oceánica: Pueden producirse variaciones importantes en la
concentración atmosférica de 14C cuando cambian drásticamente las condiciones de ventilación de los
mares. Ocurre que hay un intercambio continuo de CO2 entre la atmósfera y los océanos. Ahora bien,
una vez que el CO2 es absorbido por el agua y penetra en el océano puede permanecer siglos atrapado
en él y, por lo tanto, su carbono se va empobreciendo en 14C. De esta forma el CO2 devuelto a la
atmósfera en los procesos de afloramiento de aguas profundas contiene un carbono empobrecido en
14C, lo cual hace que se reduzca también la concentración de 14C del CO2 atmosférico.
Esto significa que una determinación se da, en realidad, en términos de “años radiocarbono” y que
estos no equivalen necesariamente a años del calendario verdadero. Por consiguiente, el 14C de las
materias orgánicas descubiertas en un yacimiento arqueológico puede proporcionar cronologías
absolutas hasta los 35.000 años de antigüedad. No obstante, estudios realizados con el carbono
radiactivo parece que extienden su datación hasta 70.000 años, aunque a partir del 55.000 sólo se
obtienen fechas relativas.
Aunque todavía no se puedan medir las alteraciones probables de los isótopos y haya que admitir un
error de ± 50 años, ello no es obstáculo para poder afirmar la total validez del Carbono-14 como
método cronológico. Los verdaderos problemas estriban en fijar fechas para los 3000 años más
próximos y para épocas anteriores a los 55.000 años. Entre estas dos fechas límite hay que admitir que
las dataciones del carbono-14 y la importancia y los buenos resultados de este método, son
indiscutibles.
Pero entonces, ¿cómo se calcula la edad del material? Conociendo el periodo de semidesintegración
del isótopo radiactivo 14C es posible conocer la fecha de la muerte del ser vivo datado. La edad
carbono-14 no es más que la medida del contenido de 14C residual del organismo muerto, referido a
un patrón de edad conocida (curvas de calibración).
Conociendo la concentración inicial u original de 14 C del organismo (que vamos a llamar A0),
midiendo la concentración actual del isótopo (que llamaremos A), y sabiendo que la relación de
pérdida por desintegración es una función exponencial dependiente del tiempo, podemos llegar a
determinar el momento en que ese organismo murió, siguiendo la siguiente ecuación matemática
(Rodríguez, 1997):
Edad = - 8033 ln (A / A0)
El valor así obtenido se denomina “edad carbono-14 convencional”, y se expresa generalmente como
‘años antes del presente’ (before present o BP en inglés), tomando el año 1950 de nuestra era (AD en
inglés) como el presente. Esta fecha, además, incluye un error experimental de la medida definido
como ‘desviación estándar’ (López, 2004; Rodríguez, 1997).
La edad carbono-14 convencional representa en realidad un intervalo de tiempo, no una fecha
puntual. Para precisar lo más exactamente posible la concentración de 14C en la reserva a lo largo del
tiempo fue necesario utilizar la denominada “curva de calibración”, la cual se realizó midiendo la
actividad de 14C en series de anillos de árboles cuyas fechas eran conocidas por estudios
dendrocronológicos. Esta curva relaciona directamente la edad carbono-14 convencional con la edad
solar o de calendario, permitiéndonos extraer la relación entre una y otra.
La transformación de las fechas radiocarbónicas (BP, BC, AD) en fechas solares recibe así el nombre de
“calibración”, permitiendo obtener cronologías adecuadas y perfectamente comparables. La curva de
calibración no establece una relación bi-unívoca entre ambas escalas cronológicas, radiocarbónica y
solar, sino que a cada fecha radiocarbónica puede corresponderle, de hecho, más de una fecha solar.
En conclusión, la recreación de cronologías mediante la transformación de fechas carbono-14 en sus
respectivas edades calendario puede ser problemática, principalmente porque las primeras tienen una
relación no linear con las edades calendario que a menudo se obvia.
PROCESOS DE TRATAMIENTO DE LA MUESTRA
1.1 tamaño de la muestra
De manera ideal, las muestras deben proporcionar alrededor de 2 mg de carbono después de ser
procesadas. Las cantidades de muestra que se requieren, normalmente, son las siguientes:
1.2 Pretratamiento físico
Las muestras que tienen que llevarse al laboratorio para su análisis han ser sometidas, en primer lugar,
a una limpieza y un examen físico. Durante el pretratamiento físico, las muestras son examinadas por
microscopio. Los objetos extraños como raíces y hebras o hilos se retiran con pinzas. Las superficies
sucias y contaminantes como pegamento o tinta son descartadas. Las partes exteriores son limpiadas
de forma adecuada según el tipo de muestra. Otras muestras requieren ser tamizadas para seleccionar
una fracción de tamaño adecuada de muestra. Finalmente, la muestra es molturada y reducida a polvo
con el objeto de aumentar la superficie específica.
1.3 Pretratamiento químico
El objetivo de un pre - tratamiento químico es el de eliminar cualquier tipo de contaminante en la
muestra que pueda hacerse soluble por calentamiento en una serie de disolventes.
1.4 Combustión
Cuando la materia orgánica arde en presencia de oxígeno, el carbono se convierte en CO2 con agua y a
menudo otros compuestos como subproductos de la reacción.
En el proceso de combustión, durante el procesamiento de la muestra, el CO2 gas es producido a partir
del residuo de las muestras tratadas químicamente. Las muestras se someten a combustión durante 2
horas a 900o C en tubos de cuarzo al vacío, sellados y con alambres de óxido cúprico y plata.
El óxido cúprico proporciona el oxígeno para la combustión y la plata aísla el azufre y los halógenos en
formas sólidas. Después de la combustión, el CO2 es purificado criogénicamente pasándolo a través de
vasos Dewar de etanol/hielo-seco para atrapar el agua. El CO2 purificado es recolectado en vasos de
cristal para transportarlos a los laboratorios de grafitización y de espectrometría de masas. Una vez
obtenido y purificado el CO2 procedente de la muestra, para poder hacer las medidas, este puede
usarse en forma gaseosa utilizando “contadores de gas”, o bien, puede convertirse en benceno (C6H6)
para medirse usando “contadores de centelleo líquido”.
1.5 Grafitización
El paso final en el procesamiento de la muestra es la conversión de la muestra de CO2 a carbono
grafito elemental. La muestra de CO2 se mezcla con una cantidad estequiométrica de hidrógeno gas
dentro de un tubo de reacción de vidrio. El vaso de reacción contiene pequeñas cantidades de hierro
en polvo que actúa como catalizador de la reacción. El vaso se introduce en un horno a 700o C y, tras
unas 5 horas, el CO2 se ha convertido en grafito. En este caso las medidas se hacen mediante la técnica
de AMS (Espectrometría de Masas con Acelerador).
Entre los materiales que con mayor frecuencia son datados fruto de investigaciones arqueológicas,
gracias a que cuentan con átomos de carbono en su estructura, los más usuales son los siguientes
(López, 2004):
Carbón vegetal: Tiene alto contenido en carbono y es fácil de tratar en laboratorio
Huesos: La medida se realiza sobre la parte proteica de los mismos, por lo que normalmente se
necesita mayor cantidad de muestra para su procesamiento, siendo su mayor desventaja que
esta parte proteica se degrada con el tiempo, llegando incluso a desaparecer haciendo inviable
la datación.
Madera: Es un material idóneo para ser datado por su buena conservación, pero posee un
inconveniente importante, y es su posible reutilización en distintos periodos históricos. La
datación indica el momento de la formación de los anillos del árbol, y en ningún caso el
momento constructivo en el caso de maderas que han sido utilizadas a tal fin.
Otros materiales orgánicos: Pueden ser tanto de origen animal (pelo, lana, piel) como vegetal
(fibras, semillas), generalmente están bien asociados al hecho arqueológico puesto que son
materiales cuyo contenido en 14C corresponde a un solo año (materiales de vida corta).
Turba y sedimentos orgánicos: Se trata de materiales ambos muy utilizados en investigaciones
paleopalinológicas proporcionando dataciones muy fiables, especialmente la turba.
Conchas: Es un material de difícil interpretación ya que la variación de la concentración del
isótopo en el océano se rige por pautas distintas al medio terrestre. Lo mismo puede afirmarse
de la datación de plantas acuáticas, especialmente restos de algas.
ALGUNOS EJEMPLOS NOTABLES DE DATACIÓN POR RADIOCARBONO
El Sudario de Turín. La calibración del radiocarbono es de 691 ± 31 años, según medidas derivadas de
experiencias realizadas a hilos de lino, mediante técnicas de AMS. Teniendo en cuenta una pequeña
incertidumbre en la curva de calibración, para un nivel de confianza del 68%, el lapso de tiempo en el
calendario que se obtiene es de 1275–1290 D.C.; para un nivel de confianza del 95% se obtienen dos
posibles periodos de tiempo: 1260–1310 D.C. y 1355– 1385 D.C.
“Ötzi” el Hombre de las nieves de los Alpes. El estudio mediante AMS y otras técnicas, nos indica que
la edad de radiocarbono obtenida en estas medidas es de 4550 ± 19 años BP (before present = 1950
D.C.).
Además del cuerpo del Hombre de las nieves en sí mismo, se recuperaron muchas partes de equipo
material del lugar donde se encontraba en 1991, que permiten determinar la fecha del Hombre de los
hielos con mayor precisión datando muestras de la parte central del arco y del mango del hacha.
Ambas piezas están hechas de tejo, con una estructura estrecha de anillos del árbol de hasta 60 anillos
dentro de la sección transversal.