Pecheux – El mecanismo del reconocimiento ideológico
Sobre las condiciones ideológicas de la reproducción / transformación de las relaciones de producción
Comenzaré explicando esta expresión: “condiciones ideológicas de la reproducción / transformación de las relaciones
de producción”.
Antes, unas cuestiones generales referentes a la teoría de las ideologías, la práctica de la producción de conocimientos y
la práctica política…
(a) Si subrayo “condiciones ideológicas de la reproducción / transformación de las relaciones de producción”, es
porque el área de la ideología NO es el único elemento en el que se lleva a cabo la reproducción /transformación
de las relaciones de producción de una formación social; eso sería ignorar las determinaciones económicas que
condicionan en última instancia esa reproducción/transformación…
(b) Al escribir “reproducción/transformación” quiero designar el carácter contradictorio de cualquier modo de
producción basado en la división de clases… Considero un error ubicar en diferentes lugares por un lado la
reproducción de las relaciones de producción y por otro lo que contribuye a su transformación: la lucha de
clases atraviesa el modo de producción en su conjunto, lo que, en el área de la ideología, significa que la lucha
de clases “atraviesa” lo que Althusser ha llamado los Aparatos Ideológicos de Estado.
Al decir Aparatos Ideológicos de Estado, intento subrayar aspectos cruciales (además de recordar que las ideologías no
están hechas de ideas, sino de prácticas):
1. La ideología no se reproduce en la forma general de un “espíritu de época”, “mentalidad” de una era,
impuesto de un modo parejo y homogéneo sobre la “sociedad” como un espacio que preexiste a la lucha de
clases: “Los Aparatos Ideológicos de Estado no son la realización de la ideología en general…”
2. “…ni siquiera la realización sin conflictos de la ideología de la clase dominante”, lo que significa que es
imposible atribuir a cada clase su propia ideología, como si cada una existiera “antes de la lucha de clases”…
como si la lucha ideológica de clases fuera el punto de encuentro de dos mundos distintos, cada uno con sus
prácticas y su “visión del mundo”, y este encuentro fuera seguido por la victoria de la clase “más fuerte” que
impondría su ideología a la otra.
3. Los Aparatos Ideológicos de Estado no son la expresión de la dominación de la ideología dominante, la
ideología de la clase dominante, sino el lugar y el medio de realización de esa dominación: “Es por la
consolidación de los Aparatos Ideológicos de Estado en los que esta ideología [la de la clase dominante]
está realizada y se realiza como se transforma en ideología dominante…”.
4. Los Aparatos Ideológicos de Estado no son meros instrumentos de la clase dominante, máquinas ideológicas
que simplemente reproducen las relaciones de producción existentes. La consolidación de los AIE es lo que
está en juego en la lucha de clases…”(Althusser); los AIE constituyen el lugar y las condiciones ideológicas de
la transformación de las relaciones de producción (de la revolución, en término marxistas-leninistas). De ahí
la expresión reproducción/transformación”.
Ahora puedo avanzar en el estudio de las condiciones ideológicas de la reproducción/transformación de las relaciones
de producción, afirmando que estas condiciones contradictorias son constituidas, en un momento histórico dado y para
una formación social dada, por el complejo conjunto de los AIE contenidos en esa formación social.
Digo conjunto complejo, un conjunto de relaciones de contradicción-desigualdad-subordinación entre sus “elementos”:
sería absurdo pensar que en una coyuntura dada¸ todos los AIE contribuyen por igual a la reproducción de las relaciones
de producción y a su transformación… sus propiedades “regionales” –su especialización en religión, conocimiento,
política, etc.- condicionan su importancia relativa dentro del conjunto de los AIE, y eso en función del estado de la lucha
de clases en la formación social dada.
Esto explica por qué la instancia ideológica en su materialidad concreta existe en la forma de “formaciones ideológicas”
(referidas a los AIE) que tienen un carácter “regional” y suponen a la vez posiciones de clase: los “objetos” ideológicos
siempre se entregan junto con “el modo de usarlos” –su “significado”, su orientación, los intereses de clase a los que
responden-… las ideologías prácticas son prácticas de clase (prácticas de la lucha de clase) en la ideología. Es decir, en la
lucha ideológica (tanto como en otras formas de la lucha de clases), no hay “posiciones de clase” que existan en forma
abstracta y se apliquen después a los diferentes “objetos” ideológicos regionales de las situaciones concretas, en la
escuela, la familia, etc. En realidad, aquí es donde el vínculo contradictorio entre la reproducción y la transformación de
las relaciones de producción se une en el nivel ideológico… es la división en regiones (Dios, la Ética, la Ley, la Justicia, la
Familia, el Conocimiento, etc.) y las relaciones de desigualdad-subordinación entre esas regiones lo que está en juego en
la lucha ideológica de clases.
La dominación de la ideología dominante (la ideología de la clase dominante), que se caracteriza, en el nivel ideológico,
por el hecho de que la reproducción de las relaciones de producción “triunfa” sobre su transformación (la obstruye, la
hace más lenta o la suprime), corresponde menos a mantener sin cambio cada “región” ideológica considerada en sí
misma que a reproducir las relaciones de desigualdad-subordinación entre esas regiones (con sus “objetos” y las
prácticas en las que se inscriben): esto es lo que permitió a Althusser proponer la tesis escandalosa de que el conjunto
de los AIE en una formación social capitalista incluye también a los sindicatos y a los partidos políticos…
Este ejemplo explica cómo las relaciones de desigualdad-subordinación entre diferentes AIE (y las regiones, los objetos y
las prácticas que les corresponden) constituyen lo que está en juego en la lucha ideológica de clases. El aspecto
ideológico de la lucha por la transformación de las relaciones de producción reside, por encima de todo, en la lucha por
imponer, dentro del complejo de AIE, nuevas relaciones de desigualdad-subordinación que tengan como resultado una
transformación del conjunto del “complejo de AIE” en su relación con el aparato del Estado y una transformación de este
mismo aparato.
Para resumir: la objetividad material de la instancia ideológica se caracteriza por la estructura de desigualdad-
subordinación de la “totalidad compleja en dominación” de las formaciones ideológicas de una formación social dada,
una estructura que no es otra cosa que la de la contradicción entre reproducción y transformación que constituye la
lucha de clases.
Respecto de la forma de esta contradicción, ésta no puede pensarse como la oposición entre dos fuerzas que actúan una
contra la otra en un único espacio. La forma de la contradicción inherente a la lucha ideológica entre las dos clases
antagónicas no es simétrica en el sentido de que cada clase trate de alcanzar, en beneficio propio, lo mismo que la otra:
insisto en este punto porque concepciones de la lucha ideológica toman como un hecho evidente antes de la lucha que
existe la “sociedad” como un espacio, como el terreno de esa lucha. Como lo señala Balibar, la relación de clase se oculta
en la operación del aparato del Estado por el mismo mecanismo que la realiza, según el cual la sociedad, el Estado y los
sujetos de la ley son producidos-reproducidos como “nociones naturalmente evidentes”. Esto revela un segundo error
concerniente a la naturaleza de esta contradicción, que opone la reproducción a la transformación: la idea de que la
reproducción de las relaciones de producción no necesita explicación porque “funcionan por su propio impulso” en
tanto se las deje solas, sin tener en cuenta los defectos y las fallas del “sistema”, es un ilusión… la reproducción, tanto
como la transformación de las relaciones de producción es un proceso objetivo cuyo misterio debe ser comprendido,
La tesis central de Althusser: “La ideología interpela a los individuos como sujetos”. ¿Cómo está tesis “comprende el
misterio” y cómo la forma en que comprende este misterio conduce directamente a la problemática de una teoría
materialista de los procesos discursivos, articulada a la problemática de las condiciones ideológicas de la
reproducción/transformación de las relaciones de producción.
Una observación sobre la terminología: han aparecido términos como AIE, formación ideológica, ideología dominante,
etc., pero no han aparecido ni el término “ideología” ni el término “sujeto”… ¿Por qué será que como resultado del
desarrollo anterior, y para poder fortalecer sus conclusiones, me veo obligado a cambiar mi terminología e introducir
palabras nuevas (“ideología, en singular, “individuo”, “sujeto”, “interpelar”)? La respuesta reside en las siguientes
proposiciones que Althusser enuncia antes de presentar su “tesis central”.
1. No existe la práctica si no es por y en una ideología;
2. No existe la ideología si no es por el sujeto y para los sujetos,
He destacado los determinativos que acompañan a la palabra “ideología”: el artículo indefinido… en la segunda, el
término “Ideología” es determinado “en general”, el significado de esta segunda proposición, que prefigura la “tesis
central”, es que “la categoría del sujeto es la categoría constitutiva de toda ideología. En otras palabas, la emergencia
del término “sujeto” en la exposición teórica es contemporánea del uso del término “Ideología” en singular, en el sentido
de “toda ideología”.
Esto me lleva a distinguir entre formación ideológica, ideología dominante e Ideología.
Ideología, interpelación, efecto “Munchhausen”
La ideología en general que no se realiza en los AIE –de modo que no puede coincidir con una formación ideológica
históricamente concreta- tampoco es lo mismo que la ideología dominante, como resultado total, la forma
históricamente concreta que resulta de las relaciones de desigualdad-contradicción-subordinación que en una
formación social históricamente determinada caracterizan la “totalidad compleja en dominación” de las formaciones
ideológicas que operan en ella. En otras palabras, mientras que “las ideologías tienen una historia propia” porque tienen
una existencia histórica concreta, “la Ideología en general no tiene historia” en la medida en que está “dotada de una
estructura y una operación que la convierten en una realidad ahistórica, es decir, una realidad omnihistórica, en el
sentido de que esa estructura y esa operación son inmutables, están presentes en la misma forma a través de lo que
podemos llamar historia, en el sentido en que el Manifiesto Comunista define la historia como la historia de la lucha de
clases… El concepto de Ideología en general aparece como la forma de designar, dentro del marxismo-leninismo, el
hecho de que las relaciones de producción son relaciones entre “hombres”, no son relaciones entre cosas, máquinas…
El concepto de Ideología en general permite conceptualizar el “hombre” como un “animal ideológico”… es dentro de
este proceso “humano-natural” de la historia donde “la Ideología es eterna” (omnihistórica), una afirmación que
recuerda a la expresión freudiana: “el inconsciente es eterno”; estas dos categorías no se encuentran aquí por
casualidad. Pero sobre este punto queda por hace el trabajo teórico esencial… señalaré que el rasgo común de las dos
estructuras ideología e inconsciente es el hecho de que ocultan su propia existencia dentro de su funcionamiento
produciendo una red de verdades evidentes “subjetivas”, esto significa “en las que el sujeto se constituye”…
Ahora –y es creo en este momento donde comienza la necesidad de una teoría materialista del discurso- la evidencia de
la existencia espontánea del sujeto es comparada por Althuseer con otra evidencia: la evidencia del significado.
Recordemos los términos de esta comparación:
Como todas las evidencias, esta evidencia de que ustedes como yo somos sujetos –y de que esto no constituye
un problema- es un efecto ideológico, el efecto ideológico fundamental.(de Althuseser, Ideología…)
Agrego que en el texto se encuentra una nota que toca directamente el problema que estoy examinando:
Los lingüistas tropiezan con dificultades que resultan de su desconocimiento del juego de los efectos ideológicos
en todos los discursos, incluso en los científicos.
Toda mi obra encuentra aquí su definición, en esta vinculación del problema de la constitución del significado con el de
la constitución del sujeto, una vinculación que está ubicada dentro de la “tesis central”, en la figura de la interpelación.
Diego en la figura de la interpelación para designar el hecho de que, como sugiere Althusser, “la interpelación” es una
“ilustración”… Esta figura tiene la ventaja de que hace manifiesto el vínculo superestructural –determinado por la
infraestructura económica- entre el aparato represivo del Estado y los Aparatos Ideológicos de Estado… Tiene una
segunda ventaja, que presenta este vínculo de tal manera que el teatro de la conciencia es observado desde detrás de
escena, desde el lugar en el que uno puedo comprender el hecho de que se habla del sujeto, se habla al sujeto, antes de
que el sujeto pueda decir: “Hablo”.
La ultima ventaja, pero importante, es que designa la paradoja por la cual el sujeto es llamado a la existencia: … lo que
designa la tesis “la Ideología interpela a los individuos como sujetos” es que el “no sujeto” es interpelado-constituido
como sujeto por la Ideología. La paradoja es precisamente que la interpelación tiene un efecto retroactivo, con el
resultado de que todo individuo es “siempre-ya un sujeto”.
La evidencia del sujeto como único, irreemplazable e idéntico a sí mismo: la respuesta “¡Soy yo!” a la pregunta “¿Quién
es?” es evidente… esta evidencia oculta algo: el hecho de que el sujeto siempre ha sido “un individuo interpelado como
sujeto”… Porque esto es, sin duda, lo que está en juego: la “evidencia” de la identidad oculta el hecho de que se trata
del resultado de una identificación-interpelación del sujeto, cuyo origen ajeno es “extrañamente familiar” para él.
Ahora, es posible considerar el efecto de lo preconstruido como la modalidad discursiva de la discrepancia por la cual el
individuo es interpelado como sujeto a pesar de ser “siempre-ya sujeto”, subrayando que esta discrepancia opera “por
contradicción”, ya sea que el sujeto lo sufra en ignorancia o que lo comprenda… : muchos chistes están gobernados por
la contradicción inherente a esta discrepancia…
El papel del síntoma que he identificado en el funcionamiento de algunos chistes (en los que lo que está en juego es la
identidad de un sujeto, una cosa o un acontecimiento) con respecto a la cuestión de la interpelación–identificación
ideológica me lleva a afirmar, en relación a este síntoma, la existencia de un proceso del significante, en la interpealción-
identificación. Me explico: no se trata de evocar el “papel del lenguaje” en general o “el poder de las palabras”, sin
precisar si nos referimos al signo, que designa algo para alguien, como dice Lacan, o al significante, es decir, lo que
representa al sujeto para otro significante (nuevamente Lacan). Para mis fines, esta segunda hipótesis es la correcta,
porque se ocupa del sujeto como proceso (de representación) dentro del no sujeto constituido por la red de significantes,
en el sentido de Lacan: el sujeto es “atrapado” en esta red de modo que resulta ser “la causa de sí mismo”), … Y es la
existencia de esta contradicción (la producción como resultado de una “cauda de sí mismo”), y su papel motor para el
proceso del significante en la interpelación-identificación, lo que justifica sostener que se trata sin duda de un proceso,
en la medida en que los “objetos” que aparecen en él se duplican y se dividen para actuar sobre sí mismos como algo
distinto de sí mismos.
Una de las consecuencias de la necesaria obliteración (obstrucción) dentro del sujeto como “causa de sí mismo”, del
hecho de que él es el resultado de un proceso, son las fantasías metafísicas… Propongo llamar a este efecto de la
fantasía –por la cual el individuo es interpelado como sujeto- efecto Munchhausen…
Si es cierto que la ideología “recluta” sujetos entre los individuos y que los recluta a todos, necesitamos saber cómo se
designan los “voluntarios” en ese reclutamiento, es decir, cómo todos los individuos aceptan como evidente el
significado de lo que oyen y dicen, leen y escriben (de lo que pretenden decir y de lo que se pretende decirles) como
“sujetos hablantes”: en realidad, entender esto es la única manera de evitar repetir el “efecto Munchhausen”,
postulando el sujeto del discurso como origen del sujeto del discurso.