Todavia36 Issuu
Todavia36 Issuu
Zygmunt
Bauman
Escriben
Pantallas
equipo
tratamiento de imágenes
Cristian Idiarte
impresión
Ferraro Gráfica
Osvaldo Cruz 2677 - caba
Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad de los autores y no reflejan necesariamente
las de la revista Todavía, que tiene como uno de sus pilares promover el pluralismo de ideas.
A RT I S TA I N V I TA D O ! S E BA S T I Á N G O R D Í N
!
LA
METAMORFOSIS
DE LA
TELEVISIÓN
!
P O R L U I S A L B E RT O Q U E V E D O
S O C I Ó L O G O, D I R E C T O R D E F L AC S O A R G E N T I NA
P R O F E S O R T I T U L A R D E L A U BA
!
¿Ha muerto la TV? ¿Qué quedó de aquel mueble
que nucleaba a la familia a la hora de la cena? Es inne-
gable que durante los últimos años, los hábitos de los
espectadores y las formas clásicas de la televisión se
vieron alterados al entrar en contacto con las platafor-
mas de internet y los nuevos dispositivos tecnológicos.
Esta nota es la primera de un dossier que analiza qué
está ocurriendo con aquel fenómeno de masas que os-
cila entre la desaparición y la renovación.
Cuando mi hija cumplió 10 años y nos mudamos de casa, ella pidió pocas
cosas para su nueva habitación, pero exigió que allí estuvieran su computadora, un
equipo de música y una conexión de cable para la televisión. Además tenía su ce-
lular y su IPod, pero estos aparatos estaban pegados a su cuerpo. Un año después,
en 2005, nacía YouTube, que ella conoció y usó casi de inmediato. Al poco tiempo,
dejó de lado el equipo de música y solo agregó un amplificador para su IPod. Este
año, cuando cumplió sus 21, sacó la televisión de su pieza y también la conexión al
cable y dio sus motivos: simplemente no la usa más; dejó de interesarle lo que allí
sucede. En esos once años se había vivido una verdadera metamorfosis en el campo
de las pantallas, los sistemas de producción, circulación y consumo de los produc-
tos audiovisuales y también cambiaron todos los modelos de negocios que existían
antes de la irrupción del mundo digital. Mi hija no lo sabía ni desarrolló una re-
flexión particular sobre estos procesos, pero los experimentó todos. Ella pertenece
por completo a lo que los especialistas han llamado los millennials o Generación Y:
Todavía
jóvenes que nacieron entre 1980 y 2000 y vivieron estas transformaciones en sus
prácticas culturales, en sus hábitos sociales y también en sus cuerpos.
28
PA N TA L L A S
Actualmente, la televisión no solo vive una competencia muy alta con los otros
dispositivos de comunicación que han aparecido en estos últimos veinte años,
sino que los televisores (tal como los conocimos en el siglo xx) ya no forman parte
del ecosistema de los jóvenes y ya ni siquiera se llaman así: hoy nadie se compra
uno simplemente porque ya casi no se fabrican. El enorme poder de seducción
que ejerció la pantalla de tv durante la segunda mitad del siglo xx entró en declive
desde hace tiempo. Pero esto no ocurre solo por efecto de la competencia fren-
te a los nuevos “aparatos” que han surgido sino porque, en los últimos años, han
aparecido nuevos lenguajes, nuevas estéticas, innovaciones en los géneros y en las
formas de consumo y circulación de los productos audiovisuales que cambiaron
definitivamente eso que llamábamos televisión. Las transformaciones en la fami-
lia y el poder que tienen hoy los jóvenes sobre las decisiones de compra y ubicación
del equipamiento hogareño forman también parte de esta historia. Hace ya mucho
tiempo que la televisión dejó de unir a la familia en el living del hogar y de ordenar
los consumos y los horarios de todos sus integrantes. La televisión generalista y de
broadcasting fue dejando paso a los consumos segmentados (narrowcasting) para
llegar, finalmente, a proponer una grilla de programación que actualiza cada uno
de los usuarios que se enfrenta a una multiplicidad de pantallas (singlecasting).
Todo este proceso fue potenciado por lo que muchos autores (comenzando por
Henry Jenkins, que hace diez años publicó La cultura de la convergencia de los me-
dios de comunicación) diagnosticaron como la aparición de una nueva cultura de la
convergencia de todos los medios de comunicación: los viejos, los nuevos y los por
venir... El fenómeno de la digitalización como lenguaje tecnológico transversal, su-
mado a las fusiones industriales y la creación de dispositivos que son capaces de re-
cibir y transmitir datos sin distinguir si se trata de cine, fotografía, textos, televisión,
radio o videos caseros, hizo que desaparecieran las fronteras entre los diferentes
medios tal como los conocimos en el siglo pasado y que hoy, los millennials, miran
casi como una curiosidad histórica.
En este corto recorrido tal vez fue YouTube quien pudo oficiar como un espejo de
época, no solo por concentrar todos estos cambios en su sitio sino porque pudo dar
una vuelta de tuerca a la idea de “consumidor”, tan típica y debatida durante el siglo
xx y que estuvo siempre ligada a la pasividad del espectador ante los productores de
contenidos. En efecto, cuando en 2006 el poderoso Google compró YouTube, se pro-
dujo una nueva fusión y también un cambio simbólico en la forma en que se presen-
taba este sitio: su lema pasó a ser Broadcast Yourself, algo así como “transmítete a ti
mismo”. Esto dio lugar a que millones de usuarios llenaran de contenidos caseros a
este nuevo repositorio de imágenes que era capaz de recibir, además, producciones
de alta calidad depositadas allí por la industria; por su parte, las grabaciones caseras,
hechas con teléfonos celulares de muy baja definición, cuentan historias mínimas
de la vida cotidiana de sujetos anónimos. Pero YouTube inventó algo más: inventó
consumidores que armaban sus propios menús de audiovisuales desarrollando un
29
Luis Alberto Quevedo
gusto especial por la mezcla: productos de distinto origen, distinta calidad, distintas
narrativas y muy diferentes propósitos, todos ellos en un mismo lugar y para ser con-
sumidos por los mismos cibernavegantes. Inventó (o potenció) un gusto especial por
la mezcla, por lo bizarro, por lo heterogéneo y lo diverso. Al mismo tiempo, provocó
a cada individuo con su lema transmitirse a sí mismo y lo estimuló para que fuera no
solo un consumidor de imágenes sino también un productor de historias.
Pero todo esto duró relativamente poco, aunque el imaginario sobre este sitio si-
gue muy presente. Como explica la especialista José Van Dijck en su libro La cultura
de la conectividad, en diciembre de 2011 YouTube cambió totalmente su página de
inicio y adoptó de manera definitiva el aspecto visual de la televisión. Es decir, este
sitio emblemático de las redes sociales vivió una metamorfosis que lo llevó a crear
un entorno visual del siglo xx porque se asemejaba a una pantalla de televisión con
múltiples entradas y dividiendo sus contenidos por géneros, como lo hizo la seg-
mentación televisiva de los años ochenta del siglo pasado. En lugar de presentarse
como una colección de videos, alejado de cualquier clasificación que lo asemejara al
mundo audiovisual que imaginó la televisión, YouTube comenzó a organizarse en
canales (temáticos, personalizados, comerciales o institucionales): una especie de
inesperado retorno al pasado, un recurso que atrasaba medio siglo pero que buscaba
lo mismo que buscó siempre la tv: audiencias masivas. Y finalmente, pero no menos
importante, YouTube abandonó también su emblemático Broadcast Yourself y de-
cidió tratar al usuario también como un espectador. Al final de cuentas, el negocio
depende de las audiencias.
Entonces ¿ha muerto la televisión? No es sencilla la respuesta. Si observamos el
crecimiento de la atención que reciben los sitios web, la migración de audiencias a
las plataformas, el declive del encendido de tv, las prácticas digitales de los más jó-
venes, es claro que una parte importante de la sociedad se está alejando de ella, al
menos de la oferta de contenido lineal tal como fue concebida en la segunda mitad
del siglo xx. Esa televisión donde el espectador era un sujeto pasivo al que se lo en-
contraba en ciertos horarios sentado frente a la pantalla hogareña: esa televisión
está herida de muerte. En todo el mundo –y también en América Latina– la audien-
cia de la televisión en directo ha declinado: en Estados Unidos, según la consultora
Nielsen, entre los años 2002 y 2011 cayó un 50%. Los espectadores entre 18 y 24
años vieron ocho horas menos de televisión a la semana en el segundo cuatrimes-
tre de 2015 de lo que lo hicieron en 2011. El estado de salud de la tv tradicional se
ha deteriorado gravemente, pero aún sigue vigente la pregunta por el destino de
esta migración (porque nadie puede negar que los consumidores del siglo xxi están
más dispuestos que nunca a exponerse a las pantallas) y también por lo que la tv
clásica ha sido capaz de retener. Las plataformas representan hoy la mayor com-
petencia en materia de distribución de contenidos y la industria casi no distin-
Todavía
gue entre producciones para las pantallas tradicionales y para estos nuevos sitios
donde se agrupan los consumidores. En los dos últimos Rio Content Market (www.
30
Luis Alberto Quevedo
Como en las novelas policiales, tal vez lo más importante sea seguir el camino
del dinero. El modelo de negocios de cada uno de estos sitios o plataformas, o de
34
PA N TA L L A S
!
Este ciudadano ambiguo, complejo en sus gustos,
que a veces se tira en su sillón y le dice a la tele “por
favor, dime lo que tengo que ver” y otras es hiperactivo
a la hora de elegir horarios y contenidos, ha sido el que
más ha cambiado y al que más tenemos que prestar
atención.
la televisión clásica, sigue siendo un problema. Las audiencias se han vuelto com-
plejas, difíciles de aprehender, y los productores saben que si bien la web tiene
la capacidad de captar a millones de usuarios de uno en uno, a veces el negocio
necesita tomarlos simplemente como audiencias masivas y durante un minuto
sentarlos a todos frente a una publicidad clásica, casi sin segmentación, y vender-
les otra vez un frasco de mayonesa. No es lo mismo promocionar automóviles de
alta gama para sofisticados consumidores que pasta dental en todo un continente.
Pero dónde están los cosumidores y qué disposición tienen para prestar atención
a mis propuestas, eso no lo sabe nadie: el navegante activo de la web es ansioso y
se fastidia con los tiempos que le hace perder la publicidad, que interrumpe su
acelerada navegación, que desea saltar de pantalla en pantalla. Mientras que aquel
sujeto tirado en un sillón sin tiempo y sin exigencias que solo deposita su mirada
en una pantalla de tv clásica parece más propenso a escuchar todo lo que tenga
para ofrecerle el mercado sin pelearse con los anunciantes.
Una vez más, el problema no son los aparatos ni las tecnologías: son los sujetos, sus
prácticas culturales, sus deseos cambiantes, sus modos de vida que se despliegan en
medio de ese gran escenario que es la ciudad. Entre las tensiones y los vértigos, apa-
rece siempre la promesa del apacible refugio hogareño, ya no como espacio familiar
de consumo sino como espacio de personalización. Y frente a esto, un sistema de
producción audiovisual cada vez más global que sigue viendo a los ciudadanos como
simples agregados de consumidores. En el siglo xxi, los encuentros y desencuentros
entre estos dos mundos parecen tan inevitables como permanentes. !
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!
UN NUEVO
PAISAJE
COOL & POP
!
!
La expansión de series y videojuegos ha modifica-
do profundamente la industria del entretenimiento.
Frente a las pautas morales y las narrativas lineales de
la televisión “jurásica”, en la actualidad, existe un hori-
zonte amplio de alternativas sobre cómo experimentar
la vida a través de los nuevos paraísos audiovisuales.
Nuestros “tiempos” son más cool & pop porque sus habitantes han decidi-
do que su actitud es la de ser buscadores de tendencias y saqueadores de morales
ilustradas, por eso han hecho de la interactividad en redes digitales su modo de
estar vivos y se han convertido en hackers de levedades y críticos en el consumo.
Alessandro Baricco llamó a estos cool & pop “bárbaros” o nativos de una civiliza-
ción que emerge, busca experiencias y le encanta estar en conexión. Extremistas
contra la sociedad letrada, no saben escribir pero sí linkear; no les gusta el esfuer-
zo sino el goce; no tienen paciencia para la linealidad narrativa sino para el remix
de relatos. Son unos saqueadores que, por navegar más que leer, irritan a las auto-
ridades cognitivas y a las solemnidades del escritor Vargas Llosa, quien afirmó que
“escriben como monos”, del semiólogo Eco, que les dijo “legión de idiotas”, o del
filósofo Morin, que no les otorgó capacidad para “enunciar”. Sujetos que molestan
a las derechas por su derroche de cuerpos e ironías y a las izquierdas por su exceso
de imperialismo, pero que hacen que derechas, izquierdas, ilustrados y moralistas
se junten en el odio al pecado del entretenimiento. Y ellos y ellas dan su vida por el
entretenimiento que es el universo de sentido made in USA y constituye lo que
el investigador Frédéric Martel llamó “cultura mainstream”. En este paisaje cool &
pop somos cada vez menos nacionales y populares. Lo nacional ya no es la patria, la
nación se pierde en busca de lo local, lo cercano, lo próximo, lo instantáneo de
la red, el videojuego, la serie, la música, el tatuaje. El cuerpo deviene en el territo-
rio de la identidad y la política. Lo popular se reconvierte en bastardía de estilos,
Todavía
goces y éticas: sabor propio que lo hace a uno pertenecer a algo y que hace que las
herencias de todas partes tengan gusto propio. En este nuevo universo cultural,
38
PA N TA L L A S
Una vez fue el cine, y el cine triunfaba, y el mundo se rindió ante él. Y así el cine in-
ventó lo audiovisual y lo creó a la medida de su autonomía: celebridades, academias,
historias, festivales, industria, lenguaje, leyes. Y lo audiovisual se hizo arte, tal vez
comunicación. Y luego existió la televisión, que se dedicó a entretener, a informar
(poco), a politizar (mucho); y adoró a la masa, al pueblo, a lo popular; y dominó el
mundo a su imagen y semejanza; y se hizo máquina que todo lo que toca lo transfor-
ma, lo destruye y lo reinventa; y se convirtió en el gran ruido, el espectáculo infinito,
el placer popular. Apareció el video y dijo que todo podía ser distinto: nuevos modos
de contar, de grabar, duraciones, estructuras, dramaturgias, protagonismos.
Pero la televisión es tan poderosa que hizo que el cine y el video se convirtieran a su
fe. Se decía que el cine era un arte maravilloso, independiente, autónomo y único; pero
la televisión lo fue dominando hasta que lo transformó en algo de ella misma. Primero,
hizo que las películas parecieran hechas para entretener televidentes. Luego vinieron
los canales de cable con cine para pantallita. Más tarde, pasó a ser tendencia de arte
hacer series y, ahora, ya no se distingue si lo que vemos es tv o cine o serie o qué. Al
cine le quedó su glamour, sus festivales religiosos, sus políticas públicas burguesas, las
gafitas del 3d, el Dinamics y, sobre todo, las palomitas de maíz. Asimismo, el video es la
manera de contar de la televisión; todos los programas ahora son videoclips. El video
arte, el video seguridad, el video familiar, el video gore devinieron, también, formas te-
levisivas. Lo audiovisual se hizo televisivo. Hay mucho desperdicio, hay mucha calidad.
El último embate contra la televisión llegó con internet y las redes que impusieron
el monopolio de la pantalla. Aprendimos que no hay un único modo de expresarse y
que podemos ser activistas del yo en otras imágenes, ritmos, texturas y emociones.
La televisión resiste e incorpora en su estética a las web series, los clips, los videos, los
youtubers y las ciudadanías que desde sus redes buscan la celebridad. Y se juntaron
televisión e internet para crear plataformas como Netflix, Amazon, Hulu, e imaginar
el nuevo paraíso audiovisual, en el que dominan las series de antes y de hoy, y en el que
lo que cambió fue la forma de programar, puesto que esto ya no depende del canal sino
que cada televidente es su programador. Mutó el ritual de producir, distribuir y ver.
La mutación continúa y, para hacerse muy cool & pop, habita el celular y los vi-
deojuegos. El celular juntó todo y nos enseñó que ya no se escribe sino que el touch
es nuestro modo de navegar los sentidos. Los videojuegos estallan la narración, la
experiencia a través de las pantallas nos hacen olvidar a Aristóteles y su modelo dra-
matúrgico y nos permite ingresar en otros mundos del relato audiovisual.
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Omar Rincón
¿ Q u é n o s c u e nt a l a T V ?
jurásico. El televidente del siglo xxi quiere ver lo que quiere al instante. Se acabó el
imperio de las cableras. Ya se puede vivir sin cable, pero no sin internet.
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PA N TA L L A S
L a s n u e va s f o r m a s d e l p l a c e r t e l e v i s iv o
41
Omar Rincón
!
Las series son nuestro mejor relato de época, ahí
están todas las claves de opinión pública de nuestro
tiempo. En las series se expresa esa crisis de subjetivi-
dad que habita nuestro mundo y, a su vez, nos permiten
imaginar un nuevo espacio público contracultural.
nos hace sentir que somos muy críticos ante el sistema, pero es una crítica cool &
pop, una crítica que es posible desde y en el consumo. Las series expresan la crisis de
representación política que vivimos y reconocen el éxito de la representación digital
como nueva forma de la política.
Por eso, las series son nuestro mejor relato de época, ahí están todas las claves de
opinión pública de nuestro tiempo. En las series se expresa esa crisis de subjetividad
que habita nuestro mundo y, a su vez, nos permiten imaginar un nuevo espacio público
contracultural. Dicho de otra manera, las series son para los pop-cultos algo así como
las telenovelas son para populares-folk. Solo que los pop-cultos somos más que hijos de
la ilustración y la identidad, herederos de las simbologías pop y las fusiones cool.
Internet libera al ciudadano y lo convierte en sujeto expresivo. Triunfa la extimidad,
el poner la intimidad en público, compartir e interactuar entre todos, hacerse uno con
los desconocidos, crear comunidad. En las redes y aplicaciones, ser exitoso es ser te-
nido en cuenta y hablar desde ese yo íntimo, que es todo el mundo que nos queda. Es
por esto que se dan consejos, se guía la manada, se rompe con la solemnidad y se crea
una opinión pública “adecuada” para los nativos digitales basada en el amor, en las
tecnologías, el bullying, el videojuego, el estar en onda, en criticar/celebrar todo lo pop
dentro de una actitud muy cool. Pura coolture, en la que se juega la vida por un buen
chiste, un apunte ácido, una actitud irónica. Se elabora un look descuidado a propósi-
to, celebración de la irreverencia producida, algo que parezca no profesional pero con
onda. Una estética de oralidades visuales más que escriturales.
E l r e i n o Yo u T u b e
YouTube es el canal de tv más grande del mundo. Tiene estilo propio porque evita
Todavía
parecer cine mientras intenta ser televisión. Se expanden algunas morales, a la vez
que se crean nuevas reglas. El relato sigue el ritmo del fragmento, el corte, el brinco.
44
PA N TA L L A S
Su estética es la niebla, el ruido, lo sucio. Hay una temporalidad nueva, las historias
duran lo que tengan que durar. Su significación del mundo es pop porque se hace a
partir de referentes de películas, de series, videojuegos, cantantes de moda, ironías
adolescentes, redes sociales, la fast food, los miedos adultos y las intimidades públi-
cas. Y es que este es el capital cultural de los tiempos que corren: saber banalidades,
tener pocas densidades y mucho de secuencias. Desde estos referentes los nuevos
actores sociales construyen su opinión de la vida, el amor, la política y la sociedad.
Se busca hacer reír desde el cinismo que juega a la irreverencia adolescente y las
banalidades sin sentido. Un humor que se burla de los políticos por considerarlos
corruptos e ineptos, de los padres por incompetentes, de los profes por jurásicos.
Un humor bastardo como táctica para existir y un atrevimiento verbal grotesco que
se emociona con las malas palabras. No hay nada de tonto o carente de sentido en los
youtubers. Todo lo contrario: es lo más serio y significativo de la comunicación del
siglo xxi. Hay sinceridad y autenticidad, solo que ya no comunica cuestiones mora-
les o escriturales sino propuestas estéticas y bastardas. Burlarse de los youtubers es
arribismo adulto; adorarlos es arribismo juvenil.
Y e l m e j o r au d i o v i s u a l e s u n v i d e o g a m e
Happyyyooouuu
La televisión será expandida, transmedia y conectiva, o no será nada. Solo así podrá
seguir siendo la reina del entretenimiento, ese espacio de la vida donde es muy cool
perder el tiempo sin culpa, y es muy pop gozar de los placeres de la nada. Su virtud si-
gue siendo la misma de siempre: relajar, conversar y entrar en modo nada. Lo que cam-
bia es que el ritual se extiende por todas las tecnologías y pantallas, y cada ciudadano
programa sus placeres y disfrutes en sus propios tiempos y experiencias narrativas.
La tendencia es la de experimentar en formatos, estéticas, temporalidades y placeres
novedosos. La obligación está en que para comprendernos como sociedad debemos ir
a vernos en esos espejos llamados series, youtubers y gamers. !
45
!
DE LA
TELENOVELA
AL AUTOPLAY
DE FACEBOOK
!
P O R B E L É N I GA R Z Á BA L
F L AC S O A R G E N T I NA
!
En el proceso actual de convergencia entre nuevos
y viejos medios quedan al descubierto los siempre exis-
tentes lazos de identidad y el flujo de emociones de los
espectadores. ¿Qué permanece y qué cambia en esta
reconfiguración de pantallas?
cionales como los conocíamos hasta ahora: el cine, la radio, la televisión y también la
prensa gráfica; asimismo, se vieron modificadas las prácticas culturales que se daban
48
PA N TA L L A S
(y se dan) en vínculo con cada uno de ellos. Como dice el investigador Mario Carlón,
la “gran ola letal”, es decir, la digitalización y la masificación de internet –que implicó
un aumento de manera exponencial de las posibilidades de producción, consumo y
almacenamiento de contenidos escritos, auditivos y audiovisuales– alteró la manera
en que los públicos consumen y hacen circular los productos mediáticos.
Tal como Luis Alberto Quevedo señaló en el primer artículo de este dossier, el rasgo
principal que caracterizaba al consumo durante la primera etapa de la televisión era su
estilo “familiar” que intentaba captar la atención de cada integrante. Ese tipo de audien-
cia se puede denominar “masiva” porque es un colectivo pensado como homogéneo.
Con el desarrollo de la televisión paga comenzó la multiplicación de canales se-
gún los posibles intereses de los consumidores. Así se segmentó la programación y
el público. Cada miembro de la familia podía tener un canal de acuerdo a sus gustos
particulares. El abaratamiento de la tecnología y el aumento de televisores por ho-
gar colaboraron con la proliferación de las audiencias. El televisor del living perdió
su exclusividad y se diseminó por otros espacios de la casa, como el dormitorio o la
cocina. De este modo, la “audiencia masiva” como existía en el comienzo empezó a
fragmentarse. En los años ochenta y noventa, el total de la audiencia de televisión
por cable no superaba al canal de aire más visto. Pero, a partir de 2004 (Fuente: Me-
diaMap, 2009), el cable en su conjunto tendió a expandirse, especialmente entre el
público infantil. En 2008, llegó a concentrar el 40% de la audiencia de 4 a 12 años,
con lo cual se consolidó como líder en el segmento infantil, por encima de Telefé, el
canal de aire que, hasta ese momento, tenía el mayor rating.
La selectividad de las audiencias se inicia con la posibilidad técnica de grabar pro-
gramas de televisión en vhs; esto liberó al público de quedar sometido, necesariamen-
te, al tiempo real de los programadores de televisión. El inglés David Morley considera
que existe un quiebre interno en el hogar que puede verse reflejado en el fin de la ins-
titución de la comida familiar, grupal, reemplazada por una alimentación por turnos.
En su estudio sobre las telenovelas, Jesús Martín-Barbero plantea que los medios
masivos –primero la radio y luego la televisión– configuraban las rutinas del hogar.
Los tiempos de los programas ordenaban los horarios de las comidas, de las siestas
y de los momentos de reunión alrededor de esos grandes aparatos. Hoy en día, estas
rutinas se están modificando. Si bien todavía sobrevive un fragmento de lo que fue-
ron las audiencias masivas, solo representan un tercio de lo que solían ser. Un pro-
grama de mucho éxito hoy en la Argentina alcanza los 15 puntos de rating, mientras
que antes podía rondar los 40 o 50 puntos. La gente que antes miraba la televisión
“de aire” (broadcasting) no dejó de consumir productos audiovisuales, pero ahora
mira otras pantallas: primero viró a la programación por cable, y ahora recurre a
Netflix, a YouTube, a las redes. Y así los tiempos de la familia se vieron afectados y se
transformaron en consumos individuales.
El semiólogo Eliseo Verón planteó una nueva etapa de la programación: la del “hom-
bre común”. La grilla se pobló de “hombres comunes” que opinan, actúan y hasta
49
Belén Igarzábal
Los jóvenes simbolizan una nueva forma de consumo mediático que se extien-
de a otros rangos etáreos. Pero en ellos las diferencias se notan más: tienen otra
52
Belén Igarzábal
concepción del vínculo con la información e incluso con la privacidad y con la pro-
pia imagen. Adultos que nacieron sin internet todavía recuerdan el límite entre el
afuera y el adentro del hogar, por ejemplo. Los jóvenes, en cambio, viven en este in-
finito mundo de información, aplicaciones, videos y fotos, entre distintas pantallas
y, especialmente, con la satisfacción casi ilimitada de todos sus gustos mediáticos.
Según el estudio de meso, los jóvenes no acceden a las redes sociales para leer
noticias, sino que la actualidad les llega en encuentros “casi fortuitos” con posteos
de medios digitales en las redes o a partir de sus contactos virtuales. Esto plantea,
como asegura la investigación, una nueva forma de vínculo con la información que
genera pérdida de contexto y jerarquía del contenido periodístico: “El diario, el pro-
grama de radio y la televisión desaparecen como una unidad que presenta una visión
ordenada y representativa de la actualidad. Lo que queda son retazos de historias y
opiniones, inmersas en un mosaico gigantesco de información de todo tipo y toda
procedencia”.
Con relación al vínculo entre la audiencia y la información, se podría pensar que
todavía la legitimación está en la televisión. ¿Será así? Para la generación que creció
con este soporte, sí. Pero para los que nacieron con las redes, ¿donde está la “ver-
dad”? Hoy más que nunca volvemos a tener como referentes a las personas cerca-
nas. Si antes la “verdad” estaba en la figura televisiva, hoy está en la certificación
o recomendación de un amigo. “Amigo” en sentido de Zuckerberg, esto es: tal vez
alguien que no conocemos personalmente pero que seguimos en las redes sociales y
lo tomamos como referente.
El perrito y la emoción
Los estudios sobre los usos de los medios y la psicología de los espectadores plan-
teaban que entre las primeras causas del consumo de televisión se encuentran el en-
tretenimiento, la compañía y la activación emocional. En una telenovela, por ejemplo,
el consumo se basa en la generación de sentimientos que se da a partir de la identifi-
cación con los personajes. Lo más relevante es el formato, cómo se cuenta la trama, ya
sea un concurso de baile o un culebrón. Hay una historia con personas o personajes
que resuena en el espectador.
Para que la identificación ocurra tiene que darse una cercanía entre el especta-
dor y los personajes. Ese vínculo puede deberse a una proximidad cultural –es decir,
similaridad de costumbres y de vida cotidiana, donde el reality show es el extremo
de la identificación, porque hay un otro “como yo” televisado–, o a una resonancia
personal que activa la memoria autobiográfica o sentimientos universales. Por esto
mismo, tanto una telenovela costumbrista como una tira extranjera, como fue el úl-
timo año la producción turca Las mil y una noches, generan identificaciones.
Todavía
54
PA N TA L L A S
!
Pero cuando dos medios se unen, como por ejem-
plo telefonía móvil e internet, no implica solamente
conectividad portátil sino nuevas cosas para hacer que
antes eran impensadas. La convergencia de diferen-
tes medios modifica las audiencias y contribuye a una
construcción de las relaciones sociales diferente.
55
!
S E BA S T I Á N G O R D Í N NAC I Ó E N B U E N O S A I R E S , E N 1 9 6 9 .
E G R E S Ó D E L A E S C U E L A NAC I O NA L D E B E L L A S A RT E S M A N U E L B E L G R A N O.
E N 1 9 9 6 F U E B E C A D O P O R L A F U N DAC I Ó N A N TO R C H A S PA R A A S I S T I R A L TA L L E R
D E B A R R AC A S D I C TA D O P O R L U I S F E R NA N D O B E N E D I T Y PA B L O S UÁ R E Z .
A L A Ñ O S I G U I E N T E R E C I B I Ó U N S U B S I D I O A L A C R E AC I Ó N O T O R G A D O P O R
L A M I S M A I N S T I T UC I Ó N. E N 1 9 9 8 O BT U VO L A B E C A D E L FO N D O NAC I O NA L
D E L A S A RT E S ( S U B S I D I O A L A C R E AC I Ó N A RT Í S T I C A ) .
C O N T I N U Ó S U F O R M AC I Ó N R E A L I Z A N D O T R E S R E S I D E N C I A S E N F R A N C I A :
M O N F L AQU I N ( 1 9 9 6 , B E C A D E L A A S S O C I AT I O N P O L L E N ) ; AT E L I E R S D E A RT I S TA S
D E M A R S E L L A ( 2 0 0 1 ) Y F R AC D E S PAYS D E L A L O I R E ( 2 0 0 2 ) .
O BT U VO E L P R I M E R P R E M I O A RT E B A- P E T R O B R A S P R I M E R A E D I C I Ó N 2 0 0 4 ,
OTO R GA D O P O R P E T R O B R Á S Y L A F U N DAC I Ó N A RT E BA ; P R I M E R P R E M I O
A D Q U I S I C I Ó N D E L A B I E NA L NAC I O NA L D E A RT E D E B A H Í A B L A N C A ( M US E O
D E A RT E C O N T E M P O R Á N E O D E BA H Í A B L A N C A , 2 0 0 1 ) Y E L P R E M I O B R AQU E ,
B E C A D E E ST U D I O S D E U N A Ñ O E N PA R Í S OTO R GA DA P O R E L G O B I E R N O F R A N C É S .
DU R A N T E E S TA E S TA D Í A , F U E A LU M N O D E L A E S C U E L A NAC I O NA L D E A RT E S
D E C O R AT I VA S D E PA R Í S ( 1 9 9 4 ) .
I N V I TA D O P O R L A S GA L E R Í A S R U T H B E N Z AC A R ( B U E N O S A I R E S ) , D I S T R I T O 4
( M A D R I D ) , O S C A R C R U Z Y BA R Ó C R U Z ( SA N PA B L O ) , PA RT I C I PA D E S D E 1 9 9 9
D E L A S F E R I A S A R C O, A RT E B A , A RT B A S E L M I A M I B E AC H Y P U L S E M I A M I ,
A RT R I O, S P A RT E Y P U L S E N E W YO R K .
E X P O N E D E M A N E R A I N D I V I DUA L D E S D E 1 9 8 9 . S US O B R A S I N T E G R A N L A S
C O L E C C I O N E S D E L M US E O NAC I O NA L D E B E L L A S A RT E S D E A R G E N T I NA , M US E O
D E A RT E M O D E R N O D E BU E N O S A I R E S , M US E O D E A RT E C O N T E M P O R Á N E O
D E R O SA R I O, M US E O D E A RT E C O N T E M P O R Á N E O D E B A H Í A B L A N C A , M A L B A ,
M US E O D E A RT E C O N T E M P O R Á N E O D E C A S T I L L A Y L E Ó N, C E N T R O D E A RT E
R E I NA S O F Í A , M US E O D E A RT E D E R Í O D E JA N E I R O, M US E O B L A N TO N Y M US E O
D E B E L L A S A RT E S D E H O US T O N .
V I V E Y T R A B A JA E N B U E N O S A I R E S .
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conferencias 2016 . auditorio fundación osde
ZYGMUNT
BAUMAN
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Zygmunt Bauman
Al momento en que Eco publicó su estudio asimilación cultural a la que los actuales
(hace aproximadamente veinte años), elementos foráneos serán sometidos:
los “blancos” en la ciudad de Nueva York la inevitable derrota –ya sea voluntaria
representaban el 58% de la población, o impuesta– y la aniquilación de sus
y estaban camino a ser la primera minoría; idiosincrasias culturales. Si bien no se
un 42% de los “blancos” eran judíos, mien- la aprueba, ya se reconoce que esa hete-
tras que el resto se dividía entre wasp, rogeneidad cultural está convirtiéndose
polacos, italianos, latinos, irlandeses, etc. rápidamente en un rasgo inseparable
Se puede trazar un mapa similar de las e inamovible –de hecho, endémico– del
diversas categorías étnicas, religiosas modo urbano actual de cohabitación.
o lingüísticas, y sus representaciones
porcentuales, para la mayoría de las gran- Nos guste o no, como seres urbanos, nos encon-
des ciudades del mundo, cuya densidad tramos en una situación donde se requiere
demográfica también está en aumento. que desarrollemos y nos apropiemos de
Y tengamos en cuenta que, por primera las destrezas necesarias para convivir
vez en la historia, la mayoría de las per- a diario con lo diferente, probablemente
sonas reside en ciudades, y, a su vez, mu- para siempre. Después de pasarnos un
chas de ellas viven en un par de docenas par de siglos soñando con la asimilación
de ciudades grandes, donde se tienden (unilateral) o la convergencia (bilateral)
a establecer y a modificar diariamente los cultural, y sus prácticas correspondientes,
patrones de vida para resto del planeta. empezamos a enfrentarnos –con renuen-
cia en muchos casos, y a veces con una
Este trascendental desvío del modus operandi profunda resistencia– a la posibilidad de la
y las consecuencias de la “gente en mo- mezcla, de la interacción y la fricción entre
vimiento” son –según la distinción que identidades irreductiblemente diversas,
hace Eco– el resultado de la migración, producto de diásporas culturales tanto
no de la inmigración; esto es, un proceso cercanas como entrecruzadas. No es sen-
que, más que un emprendimiento enca- cillo tomar conciencia de tal destino, y la
rado bajo supervisión política-militar, ha primera respuesta es de escepticismo o
sido autogenerado. No es posible supo- de rechazo resuelto, enfático y beligerante.
ner, percibir o tratar a la heterogeneidad
del ambiente urbano como una molestia “La intolerancia –sugiere Eco– surge antes
temporal, una irritación que más tempra- que cualquier doctrina. En este sentido,
no que tarde desaparecerá debido a la tiene raíces biológicas; entre los animales
Todavía
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FUNDACIÓN OSDE | Número 36
ISSN 1666-5864 | Precio de reposición $ 80.–
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