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Selección de Mitos y Leyendas.

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INSTRUCCIONES:

 A continuación se te presenta mitos y leyendas de nuestro país. Estos corresponden a


la evaluación del plan lector de mayo.

 Se sugiere que a medida que vayas leyendo los textos identifiques los componentes del
género narrativo y los anotes en tu cuaderno:

 Tipo de narrador.
 Personajes y sus características.
 Espacio y tiempo en el que se desarrolla la historia.
 Conflicto y acciones más importantes del relato.
 Acciones que consideres relevantes en la historia.
 Lugar donde se desarrollan los hechos.

 También sugerimos que si mientras lees te encuentras con una palabra cuyo
significado desconoces la anotes en tu cuaderno e investigues su significado.

¡QUÉ DISFRUTES LA LECTURA!


Adaptación del cuento popular mapuche

Cada año, a orillas del lago Titicaca, se celebraba una gran fiesta que
reunía a muchísimos animales de todo tipo y condición. Las encargadas de
extender la noticia por cielo y tierra solían ser las gaviotas que, con sus
agudos grititos, convocaban a todos a asistir en la fecha convenida. Esta
vez, el guateque tendría lugar la siguiente noche en que hubiera luna llena.

A medida que pasaban los días, los invitados se mostraban más nerviosos
que de costumbre ¡El tiempo apremiaba y debían prepararse a conciencia
para lucir sus mejores galas!

El que más se inquietó fue Tatú, el armadillo. Su cuerpo estaba cubierto


por una coraza gris que, la verdad, no le favorecía mucho. A menudo,
cuando contemplaba los bellos colores de las aves o el largo y sedoso
pelaje de las alpacas, pensaba que la madre naturaleza no había sido
demasiado espléndida con él. La única oportunidad que tenía para
deslumbrar a los demás en esa fiesta tan distinguida, era tejer una
hermosa capa que tapara su caparazón. No disponía de muchos días, así
que debía ponerse manos a la obra cuanto antes.

Coser se le daba muy bien ya que era muy habilidoso manejando los hilos
de seda. Con paciencia y mucho tesón, se puso a trabajar durante horas
para fabricar el tejido más delicado y llamativo que nadie hubiera visto
antes ¡Estaba seguro de que causaría sensación!

Una tarde, un zorro pasó por su lado y se le quedó mirando. Viéndole tan
atareado, le preguntó:

– ¡Hola! ¿Qué haces que no levantas la vista ni un segundo de esa tela?

No me distraigas ¿Acaso no ves que estoy muy ocupado?

– ¡Bueno, bueno, no te enfades! Sólo tengo curiosidad ¿No me lo vas a


decir?
– ¡Ay, qué pesado eres! Estoy tejiendo una capa para ponérmela el día de
la fiesta del lago ¡¿Satisfecho?!

El zorro sintió mucha envidia porque la capa era preciosa. Si el armadillo


se la ponía en la fiesta nadie le haría sombra y en cambio a él, no le
mirarían ni las moscas. No pudo evitar sentir el deseo de fastidiarle.

– ¡Uy, Tatú, pues siento mucho decirte que no te va a dar tiempo de


terminarla! ¡La fiesta es esta noche y mira cuánto te queda por hacer!

El pobre armadillo se quedó de piedra y su cara se puso blanca como el


nácar.

¿Esta noche?! … ¡¿Se celebra esta noche?!

– ¡Pues claro! Yo que tú me daba prisa porque dentro de un ratito


empezará a salir la luna. Me marcho a arreglarme yo también ¡Luego nos
vemos!

El zorro se alejó riéndose por lo bajo ¡El inocente Tatú había picado el
anzuelo! Ahora no le quedaría más remedio que acabar su trabajo a toda
velocidad y el resultado sería un bodrio ¡Ni en sueños conseguiría ser el
galán de la fiesta!

Mientas el zorro bribón se alejaba, Tatú, desesperado y con el sudor


cayéndole a chorros por el hocico, se puso a bordar como loco. Para ir
más rápido, utilizó un ovillo de lana gruesa que nada tenía que ver con la
primorosa y finísima seda. Sabía que el tejido quedaría mucho más burdo,
pero era la única manera de terminar la capa antes del anochecer. Encima,
como las desgracias nunca vienen solas, con las prisas las hebras de lana
se enredaron y formaron algunos nudos grandes como garbanzos que se
veían a un metro de distancia ¡Qué desastre!

Tatú consiguió terminar a tiempo, justo cuando la luna aparecía en el


firmamento, pero no estaba nada contento con el resultado. Había
trabajado muy duro para confeccionar la capa más increíble y al final había
tenido que terminarla apretando el acelerador y de forma chapucera. Los
fallos, pensó tatú, eran más que evidentes.

Se quedó mirando a la luna con carita de pena y…

– ¡Oh, no! ¡Pero si hoy no es luna llena! ¡Ese zorro estúpido me engañó!

Tatú no se equivocaba. La luna estaba creciente, lo que significaba que


aún faltaban unas cuantas noches para la gran fiesta.

Se enfadó muchísimo y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojillos. Lo


que más rabia le daba era que ya no podría descoser la última parte del
trabajo: deshacer los nudos era misión imposible porque estaban
demasiado apretados y tampoco había tiempo a cambiar la tosca lana por
la seda. Tuvo que aceptar que tendría que ponérsela tal cual, con todos
esos defectos incluidos.

Unas cuantas noches después, la luna llena apareció inmensa sobre el


lago ¡El momento había llegado! Tatú se colocó la capa a regañadientes,
pero cuando se vio al espejo cambió de opinión. No, no era la capa más
perfecta del mundo, pero sí la más original. La mezcla de hilos finos y
gruesos le daban un toque muy chic y curiosamente los nudos quedaban
fenomenal. Sin quererlo había creado una prenda extravagante de esas
que crean tendencia en la moda que le daban un aire de tipo moderno y a
la última.

Cuando apareció en la fiesta, se formó un revuelo de animales a su


alrededor ¡Todos se quedaron fascinados de lo elegante que iba y de lo
especial que era su capa! Tatú se dio cuenta de que la mala jugada del
zorro al final le había beneficiado. Se convirtió en el centro de todas las
miradas y fue la mejor fiesta de su vida.
LEYENDA SELKNAM : LOS ONAS Y LA LUNA.

Hace mucho tiempo , el sol y la luna vivian en la tierra de los Onas.En ese
entonces las mujeres dominaban a los varones y eran ellos los que hacian
todas las tareas del hogar. En determinadas ocaciones, las mujeres se reunían
en un amplio toldo para llevar a cabo una ceremonia secreta . Durante el rito,
las participantes se reunían alrededor del fuego y se disfrazaban: se pintaban
el cuerpo con arcilla roja y blanca y se cubrían de plumas. Los hombres,
mientras tanto, escuchaban los gritos y no se atrevían a acercarse por miedo a
contrariar a los espíritus convocados. Pero un día tres hombres decidieron
espiarlas. Se fueron acercando con sigilo, mirando atentamente a su alrededor
y ocultándose. Al llegar junto al toldo y ver por entre las junturas de los cueros
se dieron cuenta de la gran verdad: los temidos espíritus no eran más que sus
propias mujeres, a quienes reconocieron una por una.

Esto enfuereció a los hombres, y se desató una terrible pelea,donde todos


juntos se lanzaron contra las mujeres y las golpearon hasta matarlas. Krren (el
sol) enceguesido le dio fuertes golpes en la cara a la luna. Después de la
derrota, Krah (la luna), desesperada de dolor y humillación, se sumergió en el
mar, nadó hasta el horizonte y desde allí subió al cielo, que sería desde
entonces su nueva morada. Estaba furiosa con Krren, con los hombres y con
todos los espíritus masculinos, pero también se sentía ufana de ser la única
que había salvado la vida. El Sol fue tras ella, burlándose de su cara manchada
por los moretones y las quemaduras, pero no pudo ni podrá alcanzarla jamás.

La gran persecución se repite todos los meses. Krah asoma poco a poco su
rostro dolorido y se muestra por completo, clara y redonda, pero cuando divisa
a Krren y comprende que él sigue dispuesto a maltratarla, comienza a
esconderse hasta desaparecer.
Graciela Repún (recopiladora) Kamshout y el otoño

Leyenda sélknam

En Tierra del Fuego, en la tribu sélknam, había un joven indio llamado


Kamshout al que le gustaba hablar. Le gustaba tanto, que cuando no tenía
nada que decir -y eso era muy notable porque siempre encontraba tema-
repetía las últimas palabras que escuchaba de boca de otro. —Me duele la
panza —le contaba un amigo. —Claro, la panza —repetía Kamshout. —
Miremos este maravilloso cielo estrellado en silencio —le sugería una
amiga. —Sí, es cierto. Mirémoslo en silencio. ¡Es verdad! ¡Está hermoso! Y
es mucho más lindo así, cuando uno lo mira con la boca cerrada, ¿no es
cierto? —respondía Kamshout. —¡No quiero escuchar una palabra más! —
gritaba, de vez en cuando, el malhumorado cacique. —Una palabra más...
—repetía Kamshout. Por su charlatanería, toda la tribu sintió su ausencia
cuando tuvo que partir.

—Kamshout se ha ido a cumplir con los ritos de iniciación —comentaba


alguno. —¡Lo sé! —respondía otro. Ahora puedo oír cantar a los pájaros.
—Yo escucho mis pensamientos —decía alguien más. —Yo lo extraño —
decía una. Pero enmudecía inmediatamente, ante las miradas de
reprobación. Y pasó el tiempo. Y Kamshout regresó y las aves al verlo
emigraron porque, ¿para qué cantar dónde nadie puede escucharte?
Kamshout estaba maravillado. Repetía y repetía a quien quisiese oírlo
(pero más a quien no) que en el Norte, los árboles cambian el color de sus
hojas. Les hablaba de primaveras y otoños. De hojas verdes, frescas,
secándose de a poco, hasta quedar doradas y crujientes. (Y los que lo oían
imaginaban, tal vez, un pan recién sacado del fuego.) De árboles
desnudos. (Y los que lo escuchaban se horrorizaban de semejante
desfachatez.) De paisajes dorados, amarillos, y rojos. (Y los obligados
oyentes miraban sus pinturas para poder imaginar mejor.) De caminos
hechos de hojas crujientes y árboles desnudos. ¡Y semejante mentira
cerraba todas las posibilidades de imaginación! Porque era demasiado. Ya
en la tribu, todos creían que Kamshout estaba inventando un poco. ¿Qué
era esa tontería de decir que los árboles no tienen hojas eternamente
verdes? ¿Qué quería decir “Otoño”? ¿Quién iba a tragarse el cuento de
que los árboles pierden su follaje y luego les brota otro nuevo? El
descreimiento de su tribu enojó a Kamshout. Lo enojó muchísimo. Lo hizo
poner colorado de odio, le salieron canas verdes.

Desesperado por convencerlos de que decía la verdad, Kamshout contó lo


mismo sin parar. Día y noche, sin parar. Segundo tras segundo hasta que
sus palabras se fueron encimando una con otra y se convirtieron en un
extraño sonido. La tribu trataba de esquivarlo. Por hacerse los que no lo
veían, no vieron, en serio, su prodigiosa transformación: Kamshout se
convirtió en un loro gordo. Recién lo notaron cuando escucharon que les
hablaba desde los árboles. ¡Era él! No había duda. Era su voz, que ahora
sólo decía: kerrhprrh, kerrhprrh... hasta el cansancio. Kamshout volaba
sobre las hojas, y a al rozarlas, las teñía del color de sus plumas. De
pronto, una hoja cayó. Corrieron a verla, a levantarla. La palparon y la
volvieron a dejar en el suelo. Entonces, la pisaron. La hora crujió bajo sus
pies. —¡Es verdad! —dijeron Pero Kamshout no respondió. Se había ido
muy lejos. Dicen que acompañado por su amiga y enamorada. La tribu
quedó más en silencio que nunca. Recién en la primavera, cuando las
hojas volvieron a cubrir las ramas erizadas de frío, volvió Kamshout,
acompañado de su nueva familia. O tal vez no. O tal vez sólo era un grupo
de loros haciendo kerrhprrh sin cesar desde las copas de los árboles.
Leyenda de Tierra del Fuego.
YINCIHAUA

(Leyenda Selk’nam - Ona)

Todos los años en la primavera, las jóvenes mujeres


onas se juntaban en una choza especial, para la
importante fiesta llamada “yincihaua”. Acudían
desnudas, con el cuerpo pintado y en sus rostros
máscaras multicolores. Tenían gran imaginación
para hacerse hermosos dibujos geométricos, que
representaban los distintos espíritus que viven en la
naturaleza. Ellos les daban los poderes que ejercían
sobre los hombres.

Ese día una de las niñas tomó con mucho cuidado


un poco de tierra blanca y empezó lentamente a trazar las cinco líneas que
pensaba pintar desde su nariz hasta las orejas. Las otras jóvenes trataron de
imitarla, ya que las figuras en el rostro eran muy importantes.

La fantasía de cada una se echó a volar y se pintaron de arriba abajo con


armoniosas figuras. Unas a otras se ayudaban, pero para no ser reconocidas,
se pusieron en sus rostros unas máscaras talladas. Blanco, negro y rojo eran
los colores preferidos. En un momento dado, cuando ya estaban todas
preparadas, salieron de la choza con grandes chillidos y mucho alboroto para
asustar a los hombres que las esperaban afuera.

La bulliciosa ceremonia se encontraba en su apogeo y todos daban gritos,


cuando sobre el tremendo ruido reinante se escuchó una fuerte discusión entre
el hombre sol y su hermana, la mujer-luna.

-Yo no te necesito- insistía con altivez la luna.

-Sin mí, no puedes vivir- le contestó sarcástico el sol.

-Perdería mi brillo quizás, pero seguiría viviendo.

-Sin el brillo que yo te doy no vales nada.

-No seas tan presumido, hermano sol.

-Tú deberías ser más humilde, hermana luna.

Y así siguieron la disputa como dos niños chicos. Todos los hombres se
pusieron de parte del sol y las mujeres apoyaron a la luna. La discusión fue
creciendo, creciendo y ni siquiera el marido de la mujer luna, que era el arcoiris
o “akaynic”, pudo lograr que la armonía volviera a reinar entre la gente de la
tribu.
De pronto, un gran fuego estalló en la choza del “yincihaua”, donde las mujeres
habían ido a buscar refugio cuando la pelea se hizo más fuerte. Allí estaban
encerradas cuando las alcanzaron las llamas.

Aunque el griterío fue inmenso, ninguna logro salvarse. Todas murieron en el


incendio. Pero se transformaron en animales de hermosa apariencia, según
había sido su maquillaje. Hasta hoy mantienen esas características y las
podemos ver, por ejemplo, en el cisne de cuello negro, en el cóndor o en el
ñandú.
Los delfines.
Cuentan los viejos cuentacuentos del Sur, de muy, muy al Sur... De lo más al

sur del mundo... que los antiguos habitantes, que se llamaban selknam y que

hoy conocemos como Onas, cuando veían a lo lejos, en el mar, acercarse una

Ballena, acampaban en la playa durante varios días porque eso significaba

comida y alegría por mucho tiempo.

Y entonces, para calentarse, prendían un lindo fuego. Pero aquella vez no se

trataba de una ballena, sino de un barco! Eran los españoles que estaban

cumpliendo la hazaña de dar la vuelta al mundo por primera vez. Y mirando la

costa no dudaron al poner el nombre a la nueva tierra: Tierra del fuego! Desde

la costa, una familia ona decidió acercarse a los visitantes en canoas a darles

la bienvenida. -Atrapadlos! _rugió el capitán del barco- Servirán para diversión

de los reyes en la corte!. Y así la familia Ona fue hecha prisionera. Pero no

todos en el barco estaban felices con esto, y, en medio de una feroz

tempestad, un grumete llamado Miguel, los ayudó a escapar, y mientras los

españoles temblaban de miedo porque creían haber llegado al fin del mundo,

los Onas se arrojaron al mar para llegar nadando hasta sus playas.

_ Preferimos nadar, antes que ser esclavos... Pero el mar es inmenso, y por

más que nadaran muy bien, nunca llegarían. Así que algo pasó, algo fantástico,

algo increíble: Los Onas se transformaron en los delfines! Si! Así nacieron los

primeros delfines! Nadan como peces, pero respiran y piensan como personas,

y, como los Onas, viven y crecen juntos, ayudándose en una gran comunidad.
El mito Selknam de la creación del mundo.

Kenos era un Howenh, un “antepasado”, que fue enviado por


Timaukel a organizar la tierra de los Selk’nam y se estableció al sur
de Karukinka, actualmente Tierra del Fuego. Recorrió y observo
todos los rincones y comenzó a repartir todo el ancho mundo,
asignando esta tierra a los Selk’nam.
Kenos venía con la misión de crear los tres reinos de este mundo,
creo montañas, lagos, ríos, todo aquello que hoy existe. La luz era
escasa y uniforme y todas las horas pasaban en un alba perpetua.
Entonces Kenos creo a luna (Kreeh) y a Sol (Kreen) ordenando a
este ultimo que brillara más fuerte a mediodía y que se retirara por
la tarde para ser reemplazado por la blanca luz de Kreeh. En aquel
tiempo el cielo estaba muy cerca de la tierra y aplastaba todo en su
magnificencia, por lo cual Kenos empujó la cúpula hacia arriba y la
dejó allí, para que todo creciera alto y hermoso.
Sin embargo Kenos se sentía solo pues era el único sobre la tierra.
Miro alrededor suyo y fue hacia un pantano de donde extrajo un
haruwenthos (mata de pasto con tierra adherida ) exprimió el agua
obscura, la deposito sobre la tierra y formo un Sees ( genital
masculino ) Luego extrajo otro terrón húmedo y formo un Asken
( genital femenino ) para luego partir y dejar juntos estos dos
terrones. Cada vez que se ponía el sol, Sees y Asken se unían y un
nuevo ser humano nacía. Estos seres humanos crecieron y a la
noche siguiente se unian para hacer nacer un nuevo antepasado y
así sucedió todas las noches, durante mucho tiempo, cada noche
surgía un nuevo antepasado y rápidamente se pobló Karukinka,
Tierra del Fuego.
Pronto la región estuvo llena de hombres y mujeres, los primeros
Selk’nam. Kenos, el creador, les enseño la palabra, señalando que
hombres y mujeres deben vivir juntos y dispuso cual seria el trabajo
de cada uno. Padre y Madre deben enseñar a los niños lo
establecido por Kenos y de acuerdo a eso han de actuar.
Kenos habitaba la tierra hacia ya mucho, y junto a él, tres
antepasados lo acompañaban a todas partes. Pasado un largo
tiempo Kenos envejeció y trato de conciliar un sueño de
metamorfosis con mucha dificultad, es por ello que los cuatro
antepasados iniciaron una larga caminata hacia al norte, pues en el
sur no habían logrado dormir. Completamente agotados alcanzaron
el norte donde pidieron a otros antepasados que los envolvieran en
sus capas y los depositaran en la tierra.
Así quedaron totalmente inertes viviendo un largo sueño-muerte.
Los demás antepasados continuaron esta rutina milenaria de
sueños de vida-muerte y aprendieron que al envejecer debían
envolverse en una capa, quedarse completamente quietos, para
luego de un tiempo eterno, despertar frescos y de aspecto juvenil.
Pero la muerte no era eterna, de modo que después de yacer un
largo tiempo todos vieron que Kenos y los demás comenzaban a
suspirar y a recuperar los movimientos. Entonces se irguieron, se
miraron unos a otros y comprendieron que eran jóvenes otra vez.
De modo que todos los Selk’nam decidieron hacer lo mismo que
Kenos.
El que se sentía tan viejo y que había perdido las ganas de vivir se
envolvía en su capa y se tendía en el suelo y yacía como si
estuviese muerto. Los que tenían la suerte de rejuvenecer iban
entonces hasta la choza de Kenos para ser bañados y quitarles el
desagradable olor del que estaban impregnados para nuevamente
recomenzar. Pero con el tiempo la vejez se adueñaba de los
cuerpos y de los corazones y a veces sucedía que alguien ya no se
levantara más. Sin embargo, no desaparecía, sino que se
transformaba en un cerro, en un pájaro, en una cascada.
Cuando a Kenos le llegó la hora de volver por fin a su casa celeste,
los que tuvieron el privilegio de acompañarlo se convirtieron en las
estrellas y los planetas que pueblan el luminoso cielo de la Tierra
del Fuego.
EL ORIGEN DEL CALAFATE (Leyenda Selknam)

Cuando los Selknam señoreaban la Tierra del Fuego y nadie había


llegado a apoderarse de su territorio, ellos se encontraban
agrupados en tribus.

Dos de ellas estaban en gran conflicto, pues los jefes de ambas


comunidades habían tenido una disputa y juraron que su odio
llegaría hasta la muerte.

Calafate, la hermosa hija de uno de los jefes de esta tribu, vivía


ajena al odio de su padre, disfrutando de la vida y el vigor de su
juventud. Un día al atardecer, que es la hora del amor, se encontró
con un joven fuerte y apuesto. Los grandes y bellos ojos de Calafate
lo hechizaron desde el primer momento. El amor creció y era fuerte
he indestructible para cuando descubrieron que eran hijos de
enemigos.

Cuando el padre se enteró de la relación de su hija con la del


guerrero que consideraba su enemigo, recurrió al brujo de la tribu
para poner fin a este amor.
“Tan solo sus dulces ojos deben permanecer”, sentenció el padre.
El brujo la transformó en un arbusto, cuyo fruto guardara la belleza
y dulzura de sus ojos negros. Sin embargo, estaría rodeado de
espinas para que el joven enamorado no pudiera tocarla.

El padre, sin embargo, no contaba con la fuerza ni la felicidad de


este amor: el guerrero permaneció a su lado hasta el día de su
muerte.

Es por esta razón que si comes de este fruto caerás en el embrujo y


tu corazón se sentirá atraído hacia la Patagonia y siempre querrás
volver, pues el poder del amor que encierra el calafate provoca el
deseo de volver a la tierra donde esta historia tuvo lugar.

Leyenda Selknam, de la tradición oral, relatada por Mariella Argüelles.

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