Concurso de Ensayo sobre Belaunde Terry
Concurso de Ensayo sobre Belaunde Terry
Tiraje:
1300
Fotografía:
Archivo de Raúl Diez Canseco
Diseño y diagramación:
Artprint
Impresión:
Tarea Asociación de Publicaciones Educativas,
Pje. Maria Auxiliadora 156 – 164 Breña
ISBN: 000-0000-00-000-0
“Se prohíbe la reproducción, distribución y/o comunicación pública total y/o parcial de esta obra sin contar con
la autorización previa y expresa, conforme lo dispone el D. Leg. 822”.
Presentación
Presentación
Pensamiento Vivo
Pensamiento Vivo
10
La Pampilla, planta que
rompió el monopolio de la re-
finación petrolífera en el Perú,
fue puesta en servicio por el
Presidente Belaunde en 1967.
11
1. La tierra como capital
Los grandes héroes, en la línea de la interpretación histórica deThomas Carlyle, más que
suscitar adhesiones y apasionamientos, gestan civilizaciones, construyen los cimientos
sobre los que se erigirán culturas y ciudades. Fernando Belaunde aportó a la Historia
nacional la obra y visión de un estadista constructor. Constructor en el sentido lato del
término, como aquel que traza las bases de una civilización. Basta con recurrir a la obser-
vación y constatar el espíritu de su obra. Millares de campesinos lograron romper el viejo
esquema del atraso alrededor de los miles de kilómetros que recorre la carretera margi-
nal en su trazado serpenteante. Miles los que se integraron al mercado y a la educación,
miles los que sembraron sobre esa base un segmento del destino nacional.
Civilización es cultura, evolución e integración, también abastecimiento. Para
este visionario del siglo XX, su construcción requería, primero, el dominio de una
geografía agreste y hostil, esto es asumir “la epopeya de la tierra”. La hazaña que
Benedetto Croce afincó en la libertad, el líder desafiante la volcó en el espíritu indó-
mito del peruano que no se somete a la topografía abrupta ni a los andes empinados
que los reta: el peruano amplía su frontera agrícola, extiende su espacio vital, traza
sendas en las nieves perpetuas.
En esta nueva interpretación del pensamiento Belaunde, la organización social
es el instrumento de una empresa mayor: vencer el territorio, tornarlo en ser-
vidor del quehacer humano, socavar los cerros para acortar las distancias, tender
vías sobre los ríos, encauzar las aguas y derivarlas para potenciar la tierra, que es,
en su esencia, el gran capital peruano; transformarla y ponerla en valor es el eje y
la mejor herencia intelectual y política de Belaunde.
Ese espíritu es el que debe subyacer a todos los gobiernos. Fue visible en la obra
civilizadora y modernista de Manuel Pardo, en la concepción urbanística de Augusto
B. Leguía. Pero Belaunde “vio más” y, en fascinante alquimia, convirtió el desafío en
doctrina. En esta, la riqueza copiosa que acompaña a la geografía adquiere valor y
así el hombre nacional es llamado a ser el artífice de su ciudad, su puente, su camino
y su propia trayectoria. Ese es el “Perú Promesa” de Basadre, que Belaunde tornó en
“Perú Potencia”. Es también el Perú lánguido y paradójicamente rico de Raymondi.
Se potencia lo que puede convertirse en acción, en realidad tangente y en riqueza
actual. Se potencia la autoestima dormida del hombre que desconoce el capital es-
condido a sus ojos. Se potencia el ímpetu de una nación que ignora sus derroteros.
Belaunde es así, el eje de una nueva forma de entender el Perú. Su doctrina, interpreta-
da por Francisco Miró Quesada Cantuarias como un humanismo situacional, trasciende
la vida de su propio partido para tornarse en una concepción del Perú y de su Historia.
12
¿Por qué es “pensamiento vivo”? Porque el legado histórico del incario, en lo
que le es esencial, es antes que todo un reto pendiente, algo “por hacer”, la con-
quista de una geografía portentosa, que reposa más que en las prácticas sociales
telúricas en la ingeniería que los antiguos concibieron para sortear la naturaleza
ruda, para cultivar las laderas, para doblegar los espacios y los climas fieros, para
figurar sendas y cubrir las provisiones, para derrotar a los ríos y remover las rocas.
Ningún partido o ideología, ningún jusnaturalismo hermético puede sustraerse a
esa Historia, que es también magisterio de política.
“La conquista del Perú por los peruanos” resume la doctrina que Belaunde ci-
mentó como una huella imperecedera. No la sustentó para la agenda de un go-
bierno, acaso el suyo, o para un programa, la concibió como un cúmulo de res-
puestas que habrían de trascender su propio tiempo histórico. Por esta razón, de
poco sirve tejer letras y concebir biografías, de poco sirve el lirismo de una reseña
señera o el balance de una gestión si no se rescata lo fundamental del estadista, lo
que supera la anécdota y la memoria, es decir, al tiempo: su pensamiento.
El dominio del territorio es una idea que trasciende su tiempo y su espacio,
que pervive en el siglo XXI, que la cobija tanto el social cristiano, como el liberal
o el socialista, que la amasa y asimila para regenerarla, que en su entremezcla la
transforma en propuesta. Su espíritu es la permanencia y la expansión, su aliento:
la autoestima del Hombre nacional.
La acción humana, sin embargo, no fertiliza ni capitaliza la tierra si deambula a
sobresaltos en las tinieblas, requiere conocimiento y horizonte. Las estadísticas,
los censos y los diagnósticos tanto como los planes sirven a ese fin.
La memoria histórica tiene una racionalidad, sorber de la experiencia y la do-
cencia de los hombres para volcarlas en grandes visiones. La doctrina Belaunde
rebasa, así, al estadista, al demócrata leal y al hombre, siempre finito, se extiende,
llana, en el mundo inmarcesible del porvenir. Nos propone a los peruanos del si-
glo XXI un desafío que acaso el estadista, sin concebirlo, dejó como tarea: un plan
nacional integral de infraestructura con perspectiva de décadas y firme pacto con
la Historia; el gran Plan del Perú, un material cerrado provisto de retos que sea,
finalmente, el insobornable hilo conductor de la política hacia el mañana.
13
Roosevelt impulsó en Norteamérica para salvar a la democracia y al capita-
lismo liberal de las fauces del comunismo y el fascismo, así como el amor a la
Historia precolombina. La urbanística francesa y los contenidos de la arqui-
tectura moldearon la mente de un planificador de obra física. El liberalismo
rooselvetiano le dio a conocer la sustancia de un liderazgo anímico que recla-
maba “fe” y energía colectiva para derrotar la parálisis nacional. La grandeza
del incario marca la tercera fase evolutiva del pensamiento Belaunde. Trazada
la senda, se volcó al estudio del pasado indígena y halló en la organización
comunal las respuestas al reto geográfico: vida social e ingeniería al servicio
de la conquista del territorio.
Los destinos humanos se forjan, muchas veces, en las grandes encrucijadas. Como
en “El Jardín de los senderos que se bifurcan” de Borges, a Don Rafael Belaunde
(su padre) la persecución leguiísta le significó trazar las líneas de una ardua elec-
ción, tuvo apenas dos opciones: Estados Unidos o Europa. “En los primeros no tenía
ocupación. En la segunda, Francia se mostraba atractiva, pues debido a la acelerada
inflación resultaba barata para la entonces firme moneda peruana, circunstancia que
le permitiría a la familia –dependiente para su subsistencia de su módica pensión
de cesantía -sobrellevar con dignidad su destierro”2. El exilio paterno, como en las
más insospechadas ucronías3, fabricó una vocación, que otra hubiera sido lejos de
los clásicos trazos de París. El joven Belaunde forjó, en efecto, una vocación plena
en Europa, la que, a su vez, sería más adelante el germen de su visión ideológica.
Confiesa Belaunde: “La belleza y el trazo de París tal vez encendieron en mí la vo-
cación del urbanismo”4.
En el recorrido de los primeros años, la magnífica urbanística francesa dio paso
a las novedosas visiones de la época. Fue en septiembre de 1930, cuando Belaunde
tuvo su primer contacto con Estados Unidos. Tiempos difíciles, de desánimo y
crisis, que contrastaban a los ojos perplejos del futuro visionario, con la dinámica
heroica de millones de pioneros, que desafiando los hielos y los desiertos funda-
ron ciudades y enfilaron al Oeste. Vencieron climas adversos y distancias inmen-
surables para construir una Nación.
2 MONGRUT, Octavio. Fernando Belaunde Terry: peruanidad, democracia e integración.
Fondo Editorial Pro biografía del Presidente Fernando Belaunde Terry. Lima, 2006. p.35.
3 Es un subgénero de la ciencia ficción caracterizado por retomar hechos históricos del pasado y sub-
vertir su historia.
4 CHIRINOS SOTO, Enrique. Conversaciones con Belaunde. Testimonio y confidencias.
Editorial Minerva. Lima, 1987. P.20.
14
En su pequeña biblioteca de su
domicilio, en San Isidro, rodeado
de decenas de libros y portando la
réplica del símbolo de su partido
Acción Popular, la Lampa.
15
Temprano admiró a Henry Flagler, el magnate ferroviario que por los 900 amplió la
red vial costera hasta Miami. Flagler fue, en efecto, para el joven estudiante de arquitectu-
ra, el gran constructor, no solo fue quien extendió la vía férrea desde Key West a Miami,
delineando luego la integración de Florida al norte de los Estados Unidos, fue más: el ojo
avizor que concibió en lontananza el embrión de una ciudad. Belaunde constató que las vías
de comunicación, por sí solas, integran espacios, pero más aún, generan polos de desarro-
llo. Cuando Flagler conectó la pantanosa Florida con el norte por medio del ferrocarril,
en 1896, sabía que el impacto iba a ser mayor al que cualquier constructor de obras pueda
proyectar. En poco tiempo, los amigos de Flagler empezaron a construir gigantescas man-
siones en las vistosas playas delineadas por palmeras. De las mansiones a los negocios, del
asentamiento y el comercio a la urbe emergente, la senda fue corta y llana.
Pero la obra ingenieril de Miami no sólo fue el despliegue de rieles sobre mohosas
extensiones, fue un desafío a la geografía costera, “el tren más bajo y más largo a
nivel de las olas- que enlaza como piedras de un collar los famosos cayos del sur de
la península de Florida con tierra firme; ora sobre pilotes hincados en el océano, ora
sobre aisladas y pantanosas islas le hizo recordar el más alto del mundo, el Ferroca-
rril Central de su lejana patria, sobre las cumbres andinas, con su rosario de puentes
y de túneles. Dos maravillas de la ingeniería mundial unidas en su mente”5.
Precisamente en aquellos años, la arquitectura de academia habría de vivir una
radical transición. El clasicismo, con énfasis en el estilo, a la usanza del “Beaux Arts
Institute” dio paso a nuevos modelos de enseñanza. En la Universidad de Texas, su
destino posterior, habría de sorber lo clásico solo a través de sus cursos de Historia de
la Arquitectura. Sin embargo, poco tiempo después, Belaunde viraría su destino hacia
México, donde su padre ejercía la representación diplomática. México fue significativo
en la experiencia del arquitecto novel y en el molde de su doctrina política.
Una escuela irrumpe en la arquitectura mexicana, el “funcionalismo”. Cada dise-
ño debe responder a la función que tendrá el edificio. La utilitas iguala a la venusta y
la supera. Utilidad y estética se funden en una composición que da a la arquitectura
una nueva identidad. “La forma sigue a la función”, decía Sullivan. El joven arqui-
tecto asimilaría las lecciones de su entorno y de sus maestros. Se familiarizaría con
la técnica de Obregón Santacilia y Villagrán García. El influjo de Mario Pani lo
induciría al estudio de los grandes planes habitacionales6. Los personajes son hijos
de su tiempo y de su clima, de sus corrientes y transformaciones. De esos torrentes
culturales, el joven Belaunde recibió las materias primas de su creación intelectual.
Pani incorporaría en el pensamiento arquitectónico de los jóvenes urbanistas la
corriente de la vivienda multifamiliar. Con Río Balsas (1944), Pani coloca las bases
5 MONGRUT, Octavio. Ibíd.
6 Op.Cit p36.
16
de la economía habitacional. En 1947 erigiría el centro urbano Presidente Alemán
(1947-1949), que es la primera supermanzana residencial en América Latina.
Las influencias de la profesión obrarían en Belaunde un poderoso influjo políti-
co. El arquitecto no ve en el diseño el sutil trazo y el estilo magnífico de la obra, ve
más allá de la estética y la función. La edificación dejará de ser un fin en sí mismo
para adquirir una razón social. La arquitectura se desplaza de la vía de los planos y
tableros de diseño, a la geografía social y las necesidades humanas.
Cuando Belaunde retorna definitivamente al Perú muy pocos arquitectos traba-
jaban en Lima. El futuro estadista asume exitosamente la profesión convirtiéndose
en uno de los pioneros y en un forjador del conocimiento técnico. En 1937 funda
“El Arquitecto Peruano”, revista que, durante décadas, fue el eje de la discusión
especializada y que midió el ritmo con el que el profesional de entonces se iba
adentrando en los pasadizos de la inquietud política. Pero la política asomaría más
adelante, los reclamos del joven arquitecto por un diseño urbano con utilidad social
sólo fue el preámbulo de una vocación esencial y escondida. Regía por entonces la
escuela modernista, que registró una evolución que lo rescató de las antiguas pautas
del funcionalismo. Esta fase del modernismo afirmaba que “el crecimiento de las
ciudades debía ser planificado profesionalmente y que no debía quedar librado a la
espontaneidad”7. La modernidad que Belaunde plasma intelectualmente en su tra-
bajo político tiene una vinculación temprana con la arquitectura.
Cuando a fines del siglo XIX, Manuel Pardo decía que “por donde la maquinaria
pasa, civiliza” fundaba el discurso de la modernización en el Perú; pero fundamen-
talmente ligaba la política a la ciencia y la técnica. Belaunde, que representaba a
los nuevos profesionales, entendió el discurso modernizador como una conquista
del espacio territorial con base en el desarrollo científico, “la etapa más política de
Belaunde sólo se entiende con relación al antecedente de su vida profesional”8.
Una primera aproximación al pensamiento fue la concepción norteamericana
de la Ciudad Jardín. El modelo que la revista sugirió como necesaria para cumplir
con las demandas sociales fue el de la Unidad Vecinal, la que redundaría en una
vivienda plena y en concordancia con un desarrollo urbano ordenado. A lo largo
de su existencia, “El Arquitecto Peruano”, promovió la ciudad-satélite, como una
respuesta a la problemática social. Belaunde consolidó su propuesta tras su viaje a
Suecia, impactado por el crecimiento planificado de Estocolmo.
La teoría profesional incidió, así, en la formación de un pensador político; fue
en ella que halló muchas de las respuestas a las grandes interrogantes nacionales.
En cierta forma, Belaunde fue el alter ego de la revista que fundó, la evolución
7 ZAPATA, Antonio. El joven Belaunde. Editorial Minerva, Lima, 1985. p24.
8 Op. Cit p.97.
17
ideológica de sus contenidos fue la suya; los debates que cobijó fueron el reflejo
de sus más profundos dilemas.
“El Arquitecto Peruano” fue su primera tribuna y en ella diseñó su propio desig-
nio. Planificar obra física requiere data de necesidades, ciencia. Ese fue una de las
inquietudes que la revista expresó en algunos de sus números. Señala, en efecto,
Belaunde: “La estadística bien llevada tiene una evidente utilidad orientadora”9.
Invita a proyecciones mayores, al sugerir el Censo Continental del 50. El visiona-
rio asoma y nos da luces, el espíritu de su mensaje es que la información prelimi-
nar precede a los planes.
En sugestiva remembranza escribe: “El censo de 1940, cuyos resultados han
sido reunidos por la Dirección Nacional de Estadística en un interesante volumen
(…) ha resultado poseer insospechada utilidad, justificando con creces, el esfuer-
zo que se desplegó para realizarlo. Superó notablemente a los censos anteriores y
descorrió velos que dejaron ver con claridad hechos que antes habían permaneci-
do ocultos. En el terreno del planeamiento urbano constituyó una voz de alarma
al exhibir en toda su gravedad el problema del tugurio, carente de las más elemen-
tales instalaciones eléctricas y sanitarias en plena capital de la república. Mostró
con precisión el número de los peruanos en edad escolar e inscribió, en negros
caracteres, la severa carga de un pavoroso índice de mortandad infantil”10.
El censo no se agotó en el dato gélido que se deshace, le planteó retos descomu-
nales. Con él descubrió el incremento de las migraciones internas hacia las ciudades
y con él, la necesidad de elucubrar nuevas respuestas para antiguos problemas, el
principal de todos: el espacio vital. La experiencia que los Estados Unidos había
vivido en los siglos XVIII y XIX, el Perú lo experimentó recién a mediados del siglo
XX. Los desplazamientos humanos expandieron la urbe costera y transformaron el
arenal y la yerma en abigarradas barriadas. Era razonable que en el contexto univer-
sal que le tocó vivir en sus años primeros, Belaunde destacara, ante el déficit físico,
la urgencia del planeamiento urbano, el orden racional de la ciudad.
La misión de un pensador ávido de transformaciones es extender su teoría a
todos los ámbitos y, aunque no lo hizo manifiesto, su paradigma abordaba natu-
ralmente no sólo la superficie de las urbes sino también la hirsuta geografía; para
explotarla es clave conocer las necesidades humanas, pero también el número y
ubicación de planicies, concavidades y elevaciones donde, por cálculo económico,
el estadista invita a tejer un tramado de caminos, un puente, una irrigación, un
desvío de aguas, un túnel, una fuente de energía, un puerto. Conocer la realidad
sirve para remontarla y labrar el destino de un pueblo.
9 Revista “El Arquitecto Peruano”. Lima, abril de 1948. Nº 129 Año 12.
10 Revista “El Arquitecto Peruano”. Lima, abril de 1948 Ibíd.
18
Del liderazgo emprendedor de Roosevelt al liderazgo emprendedor
de Belaunde.
La política como liderazgo no es gestión administrativa y gobierno de las cosas, es
animación del espíritu público, es una invitación al optimismo. La dinámica de los
años 30, en la línea de reconstrucción económica le proveyó al joven visionario de un
concepto del liderazgo y, por consecuencia, de conciencia política. La política es pro-
mover la fe de un pueblo en su propio destino, es solidificar su autoestima. Mientras
que Roosevelt halló esa fe en el influjo del rudo individualismo y en la tarea estatal
planificada; Belaunde la descubrió en el pasado, en el portento de la ingeniería agrícola
y vial. Si el norteamericano se irguió en su fatigosa humanidad invocando la proeza
pionera hacia el Oeste, el peruano blandió la coraza de la obra incaica. Cuando el im-
perio incaico vivía su apogeo, su poder y unidad reposaban en los caminos.
Entusiasmo por la vida y energía ilimitada aún en el cautiverio de su cuerpo desfalle-
ciente, Roosevelt supo imprimir su propio ánimo a un pueblo que requería continuar
la ruta del tosco emprendimiento, ese con el que había edificado ciudades en el Oeste,
devorado praderas y montes, cincelado cumbres e invadido el mar. Insuflar de espíritu
y dar batalla fueron las claves de la política rooseveltiana ante el acecho de corrientes
monstruosas, enemigas de la libertad. La depresión económica se nutre de la pasivi-
dad y la quietud del que desconfía, de la indolencia de quien asume la crisis como un
colofón de la Historia y no como la fuerza propulsora del porvenir. En el arquitecto
maduro, el ánimo de un pueblo se centraba en el orgullo frente a su Historia, en la
dimensión de su victoria ante las condiciones del clima y de la tierra.
Roosevelt, en ese empeño, le señaló a su pueblo la ruta del progreso a través
de la ampliación del espacio vital. La conquista de la tierra, del gran capital
ignorado por los hombres, fue raíz de doctrina en Belaunde. Observó, desde
sus albores intelectuales, la relación perversa entre áreas cultivables y consu-
midores en el Perú. El reto geográfico le planteó múltiples problemas, uno de
ellos, el del abastecimiento. Para el joven estudiante, Roosevelt no sólo fue el
héroe que cabalgaba entre las densas sombras de un pueblo en desconcierto,
fue el artífice genial de nuevas fronteras. El proyecto de desarrollo del valle de
Tennessee fue un modelo ecuménico, la ecuación hombre-tierra, “incorporó,
en gran escala, tierras de cultivo aprovechando la fuerza hidráulica”11. Señala
Belaunde que la relación hombre-tierra es la clave de la prosperidad americana
y lo es, también, de la desnutrición de nuestro pueblo.
11 BELAUNDE TERRY, Fernando. La conquista del Perú por los peruanos. Ediciones Tawan-
tinsuyu. Lima, 1959. p.26.
19
La Tennessee Valley Authority, creada a instancias de Roosevelt, fue el músculo
que puso en movimiento el lánguido cuerpo de una región. Conservó y reforestó
las riberas del río Tennessee y mejoró su navegabilidad. Combatió los accidentes
de la geografía ribereña, las inundaciones fueron controladas y el desarrollo agrí-
cola e industrial del valle fue una de las consecuencias inmediatas. El valle, que era
de los más atrasados de los Estados Unidos, devino en uno de los más florecientes
y desarrollados. La energía eléctrica fue abundante, asequible y barata. Esos años
fueron fundamentales en el aprendizaje del estadista.
Así como la arquitectura le proveyó de la lógica del orden físico planificado
y una concepción del crecimiento urbano, el New Deal le dio las señales del
liderazgo histórico, pero también las líneas matrices de la política urbana. La di-
námica constructora fue, en efecto, una de las principales variables para reactivar
la economía, lo que derivó en un programa masivo de construcciones. La política
urbana del primer y segundo belaundismo, en una importante medida, tuvo ins-
piración en la lacerada aunque pujante Norteamérica de los 30.
20
Lo que infinidad de cronistas y, principalmente, Garcilaso recogió del pasado
y de los monumentos consagrados a la geografía fue lo que tomó Belaunde para
hilar su pensamiento. ¿Qué vio el joven arquitecto? Vio que el hombre peruano
allanó la tierra para ararla y cultivarla. Las sinuosidades las tornó en explanadas y
bordeó los cerros de semillas. Inventó las terrazas agrícolas en las cumbres empi-
nadas. “Estas terrazas tenían muros de contención y estaban hechas de piedra seca,
que se ajustaban unas con otras con toda exactitud”12.
Abonó con maestría. Lo hizo en las hoyas de Atico, Atiquita, Villacori, Malla,
Chilca y otros valles13. Señala Garcilaso que los antiguos medían el agua y sabían
qué espacio y tiempo era menester para regar la tierra. El fruto de los sembríos
pasaba a graneros llamados Pirua, hechos de barro y con pisados de paja14.
Tendió una gran acequia por toda la extensión del Contisuyo, 150 leguas por
lo alto de las tierras, serpiente platinada que regaba los pastos como provisión di-
vina. En las provincias quechuas, cuando el otoño detenía la marcha de las aguas,
obraba como un milagro de la ingeniería de los hombres. El Padre Cobo señala,
animado:”Aprovechaban el agua de los ríos, regando con ellas todas las tierras
donde alcanzaba y esta obra de sus acequias era la más grande y admirable, porque
eran buenas y ordenadas. Careciendo de nuestras herramientas, las podían abrir
y edificar, porque en la toma de los ríos hacían muy fuertes reparos contra sus
crecientes y avenidas; las llevaban por muchas leguas y encima del nivel, siendo
algunas muy caudalosas; y no sólo las encaminaba por tierra llana, sino también
por laderas y cerros altos y fragosos, riscos y peñascos, lajas empinadas…”15.
Trazó largos caminos, vías longitudinales que sirvieron para delinear la corrien-
te sanguínea de su imperio, hirió los valles con zanjas y erigió tapias, invadiendo
el arenal. Perforó las mesetas y los ascensos con hincados de estacas y cordeles.
Desafió, enhiesto, con sus vías, a los más ásperos accidentes. Excedió a la obra
romana de caminos. Llevó el camino real de los llanos por los bordes del océano
y socavó los cerros para adentrarse en las alturas. Atravesó con dos troncales todo
el imperio, uno en la costa y otro en la sierra. En ese mapa de trazos inteligentes
delineado en tierra, gestó vías transversales, desde Tumbes a la serranía, desde
Trujillo a los interiores de Cajamarca y hasta los márgenes de la selva en Chacha-
poyas; desde Lima a Jauja y de Chuquiabo a los Chunchos. Los caminos fueron las
venas palpitantes del imperio, desde el valle marítimo que circunda la costa a las
rocosidades trasandinas.
12 VALCARCEL, Luis. Historia del Perú antiguo. Tomo II. Editorial Universitaria. Lima. P.406.
13 Op. Cit p. 409.
14 Op. Cit p. 410.
15 Op. Citp. 415.
21
El antiguo peruano fue un constructor, delineó calzadas para superar los panta-
nos, anchas y sólidas como su argamasa y su piedra. Calzadas de césped, calzadas
toscas en los valles hondos y entre las recias peñas.
El triunfo sobre la naturaleza reflejó su carácter y desde Wiracocha a Wayna
Cápac, la obra física fue portento y grandeza, desde los cortes que partieron la sie-
rra en retazos a los tambos que sirvieron de despensa para el Inca, desde los grandes
habitáculos enclavados en la cordillera a los andenes magníficos. Belaunde sorbió de
esa larga Historia de héroes anónimos que desmontaron rocas sobre las grietas y las
planicies, que usaron su técnica para horadar la piedra y afirmarse en las tierras.
El carácter colectivo del peruano telúrico no es, como se cree, la del pasivo ha-
bitante que, en las restricciones y la crisis, inclina la cerviz. La suya es una historia
de lecciones bravías sobre sí mismo, sobre sus potencias y posibilidades. Pocas
naciones -dice- tienen el raro privilegio de contener en su propio suelo la fuente
de inspiración de una doctrina. El Perú es una de ellas16.
Ese mismo impulso que convirtió a Lleras o Kubitschek en gestores de ánimo co-
lectivo, condujo a Belaunde, inspirado en la técnica, el liderazgo anímico y el legado
histórico, a diseñar un pensamiento. Su doctrina debía derivar en una profusa obra
material y en una línea de continuidad que uniera lo antiguo con varias generaciones
de constructores futuros que, a lampa y pico, abrieran túneles y socavones y que,
finalmente, extendieran el cemento entre las yermas y las cordilleras. La naturaleza
impone sus retos y los hombres animados de intransigente fe lo asumen como un
designio. El territorio es un factor fundamental de la formación del carácter nacio-
nal y ese debe ser el eje de la visión del Perú al bicentenario de su independencia. Es
un duro reto la lección que Belaunde prodigó para la política futura. El territorio,
dice, “no está aquí como en otras civilizaciones a favor, sino en contra del hombre.
No es, como en Egipto, un valle fértil y acogedor el que lo define, sino una cordi-
llera áspera y empinada; y, sin embargo, los Andes implacables fueron cuna, como
el Nilo fecundo, de una civilización inmortal”17. El Amazonas no riega las serranías
ávidas, corre con majestad entre riberas que no lo necesitan, boscosos altibajos y
llanuras fértiles que cobijan su trayecto sin apenas requerirlo.
Belaunde atisba que el recurso para superar las altas vallas de la geografía es la téc-
nica. La técnica magnífica del incario fue la que nutrió a un pueblo cautivo entre las
cumbres. Los antiguos voltearon los atascos irrigando y colonizando. Precisamente,
16 Belaunde, Fernando. Op. Cit p. 17.
17 Op. Cit p.21.
22
la irrigación y colonización vial permitirán – dice- sincronizar nuevamente la ex-
pansión de las áreas laborables con el crecimiento vegetativo. “La unidad nacional
es la suma de las unidades regionales y resulta muy grave para una nación como el
Perú la pérdida de la unidad de la sierra, que es el granero para su abastecimiento y
un verdadero vivero de hombres para desarrollar otras zonas”18.
En el Perú las riquezas son potencia, dada su geografía retadora; en ella la na-
turaleza agita y crepita sin dar. El capital subyace a la tierra, y en el ímpetu de
tomarlo, al Hombre peruano no le queda sino cavar, y en su trajín, consagrar la
lampa y el tractor. La ingeniería andina fue el punto de referencia que comunica
al futuro. No obstante que Belaunde halló en los hábitos comunitarios el resorte
de una civilización; lo que le sorprendió más fue la capacidad del ande para trans-
formar el medio, colocándolo al servicio del Hombre.
Al estadista en germen le interesaba descubrir la fuerza motriz detrás de las
grandes proezas. Más allá de la ingeniería y el genio vernacular, más allá de la pla-
nificación racional de los antiguos, había una interacción compleja que le prestaba
energía a la acción. En sustancia, detrás de la hazaña reposaba como sustrato la
acción popular, médula de la vida democrática. Su principio es esencial: el destino
de una sociedad lo construye ella misma. El Estado orienta y planifica la obra fí-
sica, pero es una entidad frágil, subsumible, tangencial. El villorrio, la parroquia,
el barrio, la comunidad primera, los individuos y sus empresas, ellos son quienes
portan el estandarte del futuro y la titularidad de la acción. La democracia es li-
bertad y diversidad en Belaunde, pero también ejercicio de participación.
El hombre político, despojado de su aspiración inmediata, había llegado a Chin-
cheros en busca de ideas, allí plasmó el ideario que, como faro luminiscente, le
señaló la ruta. Vio que en aquel pueblo olvidado entre las nubes y los riscos, todo
se hizo por esfuerzo local. Enciclopedia abierta y viva, aquella tierra sería magis-
terio: el templo fue reconstruido, las escuelas edificadas, el camino al santuario,
todo era obra del pueblo, de la “acción humana”.
La doctrina que se plantea, situacional en su elaboración y praxis, difiere de las
ideologías estatistas porque confía la ejecución de la obra a los ciudadanos. En julio de
1956, lo proclamó en la plaza: “Mucho de lo grande que tenemos se lo debemos a la
acción popular. Por acción popular llegaron a Sacsahuamán los inmensos monolitos de
su triple muralla. Por acción popular surgió una ciudad misteriosa y poética en la cum-
bre de la montaña y se elevaron catedrales sobre los cimientos de los templos paganos.
Y es la acción popular, perdida en lo remoto del pasado y en la lejanía del porvenir la
que lleva a las comunidades indígenas a unirse en el esfuerzo del sembrío y el festejo
23
Belaunde logró reconstruir la red de ca-
nales de 400 kilómetros de la represa de
Los Egidos, en Piura, que fue afectada
por las inundaciones causadas por el
fenómeno El Niño, en 1983.
24
25
de la cosecha”. La acción humana que cinceló el lenguaje y las dinámicas económicas,
las instituciones y todo aquello que, por siglos, constituyó la simiente civilizatoria, es
una entidad vital en Belaunde. Su centro no es el Estado, como algunos sugieren, lo
suyo es la energía popular, colectiva o individual destinada a la obra, la democracia en
rutilante pureza. “Por acción popular los pueblos apartados de las serranías suplen con
su esfuerzo los olvidos y las postergaciones de los gobiernos centralistas y frívolos”19.
Son los pueblos los que derro-
tan a la geografía, es verdad; pero
en sustancia, las más descomuna-
les proezas, las que trascienden a
las comunidades pequeñas, son
la concreción de un liderazgo
inicial. Solo el estadista que ve
más allá, que punza la distancia
del mañana, define la ruta. Be-
launde cinceló el ánimo de una
Nación en la lid de someter a la
naturaleza, de asirla, tornarla en
el gran capital. Ese es el espíritu
y el derrotero que el visionario
estadista legó a los gobernantes
y pueblos por venir.
Para gobernar el Perú hay que conocerlo. Cada tramo de geografía, cada necesidad, cada
intrincada vegetación. Para definir lo que requiere como infraestructura hay que haberlo
palpado en sus honduras y sus superficies. Belaunde conoció el Perú como pocos y afir-
mó en esa “totalidad viviente” los pilares de su doctrina. El llamado belaundismo radica
más en la realidad mensurable y viva que en categorías aéreas, se forjó sobre el estudio
de lo humano concreto, de lo físico concreto, de lo azaroso concreto, esto es, en el Perú
terrestre y real que cobija al habitante de carne hueso.
Con ese temperamento, recorrió el territorio nacional cientos de veces, no solo
los departamentos y provincias fueron su punto de llegada sino los más escondidos
pueblos de la geografía nacional. Rastreó con su piel los problemas inmediatos de
26
cada localidad, en vehículos o a lomo de bestia, por arenales y selvas tupidas, por pu-
nas esquivas y manglares, por aldeas ignoradas aunque ineluctables, transitó Belaunde.
Integró lo físico y también lo espiritual. Portó el mensaje de los pueblos desde las
llanuras a las cordilleras. “Traigo del borde del Rímac un saludo a los que viven a orillas
del Amazonas”20.
Belaunde no aguardaba a los pueblos, él iba hacia ellos para escuchar sus latidos: “voy en
busca de los pueblos a escuchar sus reclamos y a recoger su esperanza… No aguardo en la
quietud de mi casa que ellos toquen a mi puerta. Soy yo quien los visita en la costa, en las
serranías, las punas y las selvas.Y en todas partes se congregan para dar calor de hogar a las
calles y a las plazas. Más que el encuentro de adherentes a una noble causa voy en busca de
mis compatriotas; más que en solicitud de votos, salgo en pos de inspiración e ideas…”21.
El suyo es un pensamiento científico. El político que pretenda, apenas, desde la dis-
tancia de un gabinete, entender al Perú, yerra la senda. El país real no habita en los libros
sesudos ni en las cartografías planas. El testimonio y la academia no calzan a cabalidad
con el verdadero Perú, ese que se crispa y crepita su dolor en lo profundo, más allá de
las urbes. La aproximación a la realidad es un imperativo de la política grande, más que
eso, una responsabilidad insalvable. Ese es el magisterio de Belaunde, sabiduría que no
germina de la demagogia sino del aprendizaje sereno de los años y los itinerarios.
En efecto, dado que este es un retrato que pretende explicar al pensador político y,
por consecuencia, al estadista, es útil rememorar sus andanzas tempranas. Belaunde
reparó que para el ejercicio de la arquitectura había que internarse en el nervio de
la gente, conocer sus hábitos y sus padecimientos, el núcleo de la vida misma: “Para
las clases de dibujo a pulso, salíamos a recorrer los barrios de covachas habitados por
la población de color. Lo pintoresco intentamos inscribirlo fugazmente en el papel;
lo dramático ha quedado, hasta ahora, grabado en el corazón”22.
El pensamiento de un líder vive tesoneramente cuando las generaciones por llegar
lo convierten en crisálida. De él sorbemos como aprendizaje que el Perú territorial,
mineral, agrario es el gran capital. Inyectarle la vida es darle alcance y definición
política. Un plan integral nacional de infraestructura, el gran Plan del Perú físico que
aún se aguarda, una visión precisa que liquide la improvisación y el azar, será el más
grande ejercicio de apostolado de los peruanos. El catedrático de los 50 despertó a las
primeras grandes inquietudes precisamente cuando alentó a que una generación de
jóvenes estudiantes recogiera los datos que servirían a lo que llamó:”Contribución a
un Plan del Perú”. Señaló desde su magisterio universitario: “Interesaba sacar a la luz
todos los proyectos o ideas en vialidad, puertos, irrigación, electrificación, agricultura,
20 Discurso pronunciado por Fernando Belaunde Terry en Iquitos, mayo de 1956.
21 Discurso pronunciado en la Comunidad de Uripa, mayo de 1956.
22 Recuerdos de los días de estudiante de arquitectura en el sur de los Estados Unidos.
27
saneamiento, aeropuertos, que planteados alguna vez por competentes profesionales
no se hubiera llevado a la práctica”23. De tal progenie y espíritu, plasmado en 15 tomos,
deberá nacer el sublime consenso, el nuevo derrotero nacional.
Este nuevo proyecto de la república será el puente que conecte el mañana con
el pasado magistral: la colonización de la selva alta con la carretera Marginal; las
represas de Pañe, Tinajones, Condoroma, Gallito Ciego; las grandes vías, la de
Los Libertadores, las de Lima - Puerto Fiel; los tramos Chancay - Río Seco y Julia-
ca - Yunguyo; las carreteras Piura - Paita y Piura - Sullana, los puertos San Martín
y Yurimaguas - los de Salaverry, Pucallpa y Matarani-; los túneles Regal y Balta;
la hidroeléctrica del Mantaro, la de Charcani V, la de Carhuaquero; el conjunto
habitacional de Santa Rosa en el Callao, las Torres de San Borja, Limatambo, San
Felipe y Palomino en Lima; Gamarra en Cusco, Ignacio Merino en Piura24.
La vida de un visionario no culmina con la consumación de su obra o de su
ciclo biológico, pues se abrirá alguna vez, abrupta, como la puerta de un nuevo
comienzo o acaso será la inspiración de un nuevo sendero. Como Ernest Bloch
lo sugiere en su principio esperanza: “siempre se vive en la prehistoria, pero el
verdadero génesis está al final y no al principio”.
28
29
Segundo Premio
Una huella
Una huella con
con
Nombre
Nombre
Oswaldo González Crisanto25
25 Seudónimo: Pico.
30
Belaunde implementó en su primer Gobierno
el Servicio Cívico Fluvial que benefició a
comunidades indígenas establecidas a lo largo
del amazonas
31
Introducción
Muchas cosas sentidas y elogiosas han sido escritas ya sobre Fernando Belaunde Te-
rry, merecidas todas; y dichas en diversos momentos de su vida política y personal y,
posteriormente a su fallecimiento, al punto que hacen difícil añadir otras sin caer en
redundancias. Narraré a continuación algunas escenas vividas en primera persona.
Siendo aún alumno de la Escuela Nacional de Agricultura, en La Molina (1945),
recogí, por la madrugada, a mi padre -entonces ministro de Agricultura- de la casa
de don Rafael Belaunde, Primer Ministro del presidente José Luis Bustamante
y Rivero. Ambos discutían alcances y otros efectos posibles de la ley de imprenta.
Este fue mi primer contacto con la familia Belaunde.
Muchos años después (1984-1985), ya profesional, y trabajando en el Instituto
Nacional de Desarrollo (INADE), tuve el alto honor, en diversas ocasiones, de asis-
tir a los despachos semanales en Palacio de Gobierno, acompañando al entonces
jefe del INADE, Ing. Juan de Madalengoitia Alva. Recuerdo vivamente aún que esos
despachos no eran un paseo protocolar, sino más bien una clase del presidente sobre
el Perú, con su agudo interés por la marcha de la administración, o su fastidiada
expresión cuando se sentía negado de los medios económicos que no permitían el
avance que él soñaba, siempre insuficiente para su impaciencia por avanzar.
Me gratifican esos recuerdos que hoy, íntimamente, me acompañan al mezclar
imparcialmente la grandeza del hombre, con aquella admiración y simpatía que irra-
diaba ese notable caballero peruano que fue Fernando Belaunde Terry.
32
arengaba a los pueblos a emprender por propia cuenta e iniciativa una serie de
obras, según sentimientos emanados de su tradición genuina.
Recorramos, con Fernando Belaunde Terry, para recordar su vivencia, algunos
aspectos físicos de este territorio que tanto admiró, que quiso poner en valor para
todos los peruanos, pero que la ignorancia colectiva de los mismos, no permitía
entenderlo a cabalidad, que es modestamente lo que trataremos de hacer para
relacionar en cada caso su empeño. Nos centraremos en el hombre y su territorio,
como demócrata y estadista, que es la letra de la partitura. Lo demás es la música
que toca cada cual, con el instrumento que le gusta o le conviene.
Arenal Costeño
La frontera marítima del Perú, que denominamos Costa, por su ubicación geográfi-
ca, constituye el único desierto tropical del mundo, situación singular que le confiere
características productivas especiales de contra-estación y posibilidades comerciales
de excepción. Pone en valor esta circunstancia, sus 53 ríos principales que bajan de
la sierra por las lluvias en dicha región, que a su vez alimenta con agua en el estiaje a
partir de sus nieves andinas. Eso hace posible la agricultura en dichos valles, que en
su área natural no aprovechan la totalidad de la vertiente del Pacifico, perdiéndose
un valioso caudal en el mar todos los años, amén de la tierra en suspensión que en-
turbia el agua y que no es otra cosa que el suelo erosionado de la Sierra. Fenómeno
que en nuestro territorio, confirma lo que poéticamente alguna vez se expresara y
que ahora por su similitud recordamos: que el suelo es solo la parada temporaria de
la roca en su camino al mar.
Cortar este desbalance y desperdicio, con aprovechamiento agrícola y derivados,
es lo que sustenta el mayor aprovechamiento al que apuntan los proyectos de irriga-
ción en esta región, que Fernando Belaunde Terry asumió inteligentemente, hacien-
do realidad muchas iniciativas anteriores y dando todo su impulso a lo que denomi-
nó proyectos hidráulicos. Hoy son presencia común, pero fue Fernando Belaunde
Terry, en un ayer cercano, el que le puso el sello estatal definitivo, con realizaciones
que todos conocen y que partiendo de Puyango, Tumbes; siguen a Chira, Piura; Ol-
mos; Alto Piura; Tinajones; Jequetepeque, Zaña; Chavimóchic; y Chinecas. Lugares
comunes hoy, que puso en valor un hombre cuyo único pensamiento fue el Perú.
Pensó con acierto el presidente, que mejorar el riego de los valles de la costa
y lograr su ampliación de área; utilizar todos los recursos de agua y procurar su
conservación en la Sierra; y utilizar en forma combinada lluvia natural y riego
en la Selva (irrigación en Sisa, por ejemplo) era una tarea nacional que se debía
33
priorizar en sus ejecuciones parciales, pero llevarla adelante, dejando de lado opi-
niones diferentes, a veces carentes de sentido técnico.
Obviamente «teñir de verde el arenal» no acababa en lo anteriormente men-
cionado. Impulsando estudios para el sur chico (Chincha – Ica) por un lado; y
por el otro, trabajando en la Pampa de Majes, un interesante piso ecológico a algo
más de mil metros de altura, de aridez extrema y azotada permanentemente por
altísimas temperaturas. En este lugar ya se habían iniciado obras de derivación y
riego incipiente, en busca de un afianzamiento hídrico basado en la represa de
Condoroma y en un futuro aún hoy pendiente, de la presa de Angostura.
Al respecto recuerdo dos cosas: una placa de bronce en plena pampa de Majes,
que decía: «Teñir de verde el desierto, tarea segura en manos del agricultor arequi-
peño» y la inauguración del vaso de la represa de Condoroma, con distinguida asis-
tencia. La inmensidad seca de la misma y la vista imponente del muro totalmente vi-
sible, con la maquinaria adornando la cumbre, provocó, en el discurso de Fernando
Belaunde Terry, la frase calificadora de «la Sacsahuamán del siglo 20». Un desborde
entusiasta en un hombre teñido de los colores y el nombre del Perú.
Los proyectos de esta naturaleza terminaban en Moquegua, con Pasto Grande, lu-
gar en el que los estudios estaban prácticamente en su fase final; además de la regula-
ción hídrica en Tacna, basada en la laguna de Aricota y obras complementarias.Todo
lo que quería el corazón no lo alcanzaba ni el tiempo ni el dinero. A pesar de ello,
don Fernando cumplió con una parte importante de «teñir de verde el arenal».
Citaré una idea soñadora del presidente, surgida en una conversación tranquila,
con motivo de la inauguración del desvío del río Jequetepeque, en la presa de Ga-
llito Ciego: la ilusión hacia una red de riego longitudinal en la costa, que enlazara
los proyectos Puyango/ Tumbes, Chira/Piura, Olmos, Tinajones, Jequetepeque/
Zaña, Chavimochic y Chinecas. Físicamente complicada por las soluciones de
continuidad, pero valiosamente patriótica.
Obviamente para la febril mente de don Fernando, la costa era como su paseo
matinal. El Perú era mucho, mucho más para esa mente lúcida para la cual nuestro
suelo era indisolublemente, interdependiente y complementario, física e históri-
camente, amalgamado en transiciones de tiempos, pueblos y culturas.
34
Región natural ordenadora de la ecología peruana que, en una especie de arco, integra
a la costa con la selva, orquestando un complejo de zonas de vida, franjas climáticas,
regiones geográficas, cuencas hidrográficas, ríos y vertientes.
Es bueno saber relacionar que, en el mundo, las zonas de montaña ocupan un quinto
de los territorios, cobijan a un décimo de la población y que aproximadamente dos
mil millones de personas dependen de sus recursos. Asimismo, concentran la mayor
diversidad biológica y dan formación al 80 % del agua dulce a nivel mundial
Nuestra sierra, como denominación peruana de su sistema de montañas, es
solo una sección de los 7,000 Km. de la cordillera de los Andes, que a su vez es
parte de los 15,000 Km. de las cordilleras del nuevo mundo. Con 1,800 Km. de
longitud la sierra comprende 39.2 millones de hectáreas y cobija al 30% de la
población nacional. Se afirma que su clima, desde hace 7,000 años, no presenta
variaciones muy amplias; y su vegetación es muy parecida desde entonces. Situa-
ción ahora cuestionada por lo impredecible del cambio climático.
Sabía el presidente Belaunde, por su amplia cultura y los conocimientos de su pro-
fesión, que en la región de la sierra, para proteger los suelos de la erosión y ampliar
la frontera agrícola, para hacer producir sus laderas y optimizar el uso del agua, para
sembrar y cosechar zonas inundables y azotadas por las heladas y para combatir los
periodos de sequía, los antiguos habitantes de nuestro país construyeron andenes,
camellones, waru waru y qochas. Y lo acongojaba el olvido y postergación de ese
conocimiento ancestral, perdido en el tiempo y sin apoyo oficial.
Para dicho efecto, en 1982 estableció los Proyectos Micro Regionales en la
Sierra, con la misión de brindar asistencia técnica a las Corporaciones de Desa-
rrollo, a partir de la formación y ejecución de programas de desarrollo ad hoc en
la sierra que se incluyeran dentro de una estrategia de desarrollo para esa región.
Obviamente, don Fernando sabía que sembraba en un jardín de envidias y confia-
ba en que la inteligencia y la lógica vencieran, aunque se percataba, como buen
aficionado a las corridas de toros, que, como dice el verso: «gavilanes de celos se
escondían en las mantillas». Mucho de ello siguió, pero con nombre cambiado y
fotos distintas. Aun así, su huella tiene nombre.
Institucionalidad previsora
35
de junio de 1983, institución que el tiempo y juego de la política se encar-
gó poco a poco de debilitar y desarmar.
La naturaleza interdependiente y complementaria del territorio del Perú y sus
numerosos recursos requería de un trabajo unitario, que relacionara las diferen-
cias naturales en busca de un accionar armónico. Esta idea de la unidad en la
diferencia, a través de un trabajo coordinado, fue una de las líneas fuerza en el
pensamiento de Fernando Belaunde Terry. Intuía que si bien la realidad de un
territorio era producto de las fuerzas telúricas, su acondicionamiento estaba en
manos de la inteligencia del hombre.
Pero la naturaleza que crea y relaciona, también destruye y no distingue. Por eso
los desastres naturales en nuestro país, sobre todo cuando son intensos, originan una
problemática situación, afectan la vida y los bienes materiales.Y cuando se apacigua y
pasa, el restablecimiento de las condiciones anteriores demanda un esfuerzo enorme
y urgente de reconstrucción que comprende un resarcimiento material y humano.
Y todo eso, que es esporádico y no previsible aún, menos en un territorio como el
peruano (atípico continental), es lo que sucedió en el verano de 1983, afectando 17
departamentos, con acento verdaderamente destructivo sobre todo en la zona nor-
te costera del Perú. El genio constructor de don Fernando y su profunda emoción
social no necesitaron ninguna pose oficial para ponerse al frente. Ordenó y organizó
un enorme esfuerzo de reconstrucción que, por estar suficientemente documentado
a nivel oficial, nos exime del detalle. El INADE, coordinando esfuerzos de distinto
origen, nacionales y de cooperación internacional, llevó adelante esa inmensa tarea,
a la que el presidente puso toda su preferente atención, primero en la emergencia y
luego en la reconstrucción.
El camino verde
36
de Madre de Dios en el sureste, en su mayor parte dentro de lo que denominamos
selva alta, basta para apreciar su valor estratégico nacional. La interconexión de di-
cha vía con las carreteras de penetración costa/sierra y los tramos viales en la selva,
más los ríos, deja sin piso pensamientos menores.
En el fórum «Amazonía, conquista del presente», realizado en Lima, en 1978, or-
ganizado por el colegio
de arquitectos del Perú,
Belaunde pronunció un
brillante discurso sobre
la «Visión de la Ama-
zonía Americana» en la
sesión inaugural, sus-
tentando con elocuen-
cia y precisión técnica
cómo en la gran tarea
común del desarrollo
de la Amazonía, la his-
toria le señala al Perú
un rol fundamental.
Diversos tópicos como
la conquista del espacio
y la ubicación de los re-
cursos naturales, abun-
dante energía potencial y esfuerzos colonizadores, con abundante información y 80
transparencias fueron técnicamente tratados, adelantando criterios que la realidad va
confirmando. Opinó, con vigorosa convicción, que la selva alta constituye un hábitat
particularmente atractivo, no solo por sus condiciones climáticas, en que una cierta
altitud (de 400 a 1,500 metros) compensa la latitud tropical, por su ondulada y fácil-
mente drenable topografía; por sus excelentes condiciones ecológicas y su probado
potencial energético. Afirmó que la selva alta reúne óptimas condiciones para atraer el
excedente de población que congestiona nuestras pauperizadas ciudades.
Terminó su discurso magistral proféticamente, afirmando que «por eso he di-
cho y no me cansaré de repetirlo: creer en la selva no es obsesión: es solución».
Premonición de un hombre valioso que se llevó al Perú en su corazón y visión de
un peruano ilustre, que sentía y conocía profundamente al Perú y tuvo el acierto
de entender los peligros de un futuro que otros alegremente lo jugaban a la ruleta
de la razón política inmediata.
37
Haciendo una especial defensa de la Carretera Marginal de la Selva expresó que
«comparando a la Amazonía con un teatro, veremos que la marginal ocupa los
balcones y galerías en lo que se ha dado en llamarse el anfiteatro andino, mientras
que la transamazónica discurre a baja altitud en la planicie o platea. En el primer
caso hay buen drenaje; en el segundo, la inundación es una perenne amenaza».
Obviamente, toda obra física es perfectible en su ejecución y puede ser sus-
ceptible de algunas variaciones que no desvirtúan la esencia de su concepción.
Extrañamente, esta
concepción de dimen-
sión continental, fue,
en un inicio, mejor
apreciada fuera del
Perú, como ocurrió en
la Bienal de Rimini, en
donde fue comparada
a los caminos romanos
e incaicos, al camino
de la sal y al camino de
la seda en el oriente.
Pero aquí nuevamente
«gavilanes de celos se
esconden en las man-
tillas». No importa, la
historia depara sus jus-
tas reivindicaciones.
La imagen integral
Don Fernando fue, como peruano, un hijo predilecto y como arquitecto supo sem-
brar las disímiles tierras unidas por la nación; para eso desperdigó semillas por todo
el Perú. Comprendió que nuestro territorio, por su geografía, anteponía un obstá-
culo para cada acción de desarrollo y crecimiento; y de ahí su inquietud por el cami-
no y la carretera y su pasión por la ocupación de espacios y que todo eso venía por
varias vías. De ahí la pasión en sus discursos al mencionar el leit motiv del dominio
de dichos espacios por el hombre.
El Presidente sabía que somos un país de grandes y desconcertantes contrastes,
como alguna vez se dijo, por estar parcelado por su geografía. Somos un país del
38
que no puede mirarse solo de uno de sus lados. Sus regiones, como se ha reite-
rado, son interdependientes y complementarias, son una continuidad con transi-
ciones de clima y ambiente, pero ávidas de unidad para patentizar sus ventajas o
compensar sus necesidades.
Fernando Belaunde Terry conocía y sentía la presencia antigua del hombre en
nuestro país, casi 10,000 años antes de nuestro tiempo, nada menos, sembrando
historia, realizaciones grandiosas, costumbres, lecciones imborrables de cultura
y adaptación; y también desarrollando idiosincrasias propias en la población, que
tercian ahora como otro factor que a veces suma pero que también resta.
Sin duda, don Fernando visualizaba bien el desafío por superar, pero al mismo
tiempo se imponía a él, invocando a todos para que las dificultades -los retos de
la coyuntura- no nos impidan enrumbar la imagen integral de la tarea pendiente,
teniendo en cuenta su labor pionera y la impronta relacionante de sus pasos.
Fronteras vinculantes
Y uno de esos pasos apuntaba a la relación física sudamericana del Perú, territorio más
grande ayer, hoy confinado a sus fronteras políticas como corolario histórico.Y pensaba
el Presidente, obviamente, en un desarrollo económico y social como fuente soberana,
cuando ya habíamos superado las trasnochadas ideas de basarnos en la fuerza física.
En un ejercicio de síntesis y simplicidad demostrativa, veamos cuáles son las
características del medio natural en dicha frontera, pensando en desarrollo eco-
nómico y social como fuerza soberana. El perímetro de la frontera nacional to-
taliza 10,153 km., de los cuales, descontando los 3,080 km. de litoral (Océano
Pacífico), 2,962 km. son terrestres y 3,961 km., fluviales y 150 km., lacustre
(Lago Titicaca), compartidas con Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia y Chile. Flu-
viales y terrestres todas, menos la frontera con Chile que es solo terrestre. La
frontera litoral en cambio con sus 200 millas de ancho configura un tema distinto,
porque su interrelación inmediata es con el mar y este medio configura un recur-
so natural de particularidades especiales, con una riqueza ictiológica notable. En
consecuencia, siguieron perfeccionándose las tratativas internacionales iniciadas
por el Presidente Bustamante y Rivero. El desarrollo alcanzado después da fe de
lo acertado en lo dispuesto.
La vinculación entre fronteras, de otro lado, no solo es demarcadora. Es bueno
recordar que esos linderos constituyen ecotonos, es decir, fajas de interconexión
concentrada entre dos ecosistemas. En este sentido, ambos lados de la frontera
(política y limítrofe) se interrelacionan y esto obliga, necesariamente, a acuerdos
39
complementarios entre países limítrofes. Hacia esa vinculación, Fernando Be-
launde Terry entendía que las fronteras del Perú serían vivas y fuertes solo cuando
como confín del Estado se convirtiesen en la cara de un país desarrollado y pode-
roso. De ahí, en parte, la dimensión continental de su pensamiento.
Fernando Belaunde Terry fue —como hemos dicho al comenzar esta visión ne-
cesariamente parcial, pero insuficiente en relación a su obra y al recuerdo entra-
ñable que se guarda de él— un peruano de corazón que, como hombre y señor
puso, con desprendimiento ejemplar, todo lo que de bueno tiene un ser humano
agradecido y complacido del suelo que lo vio nacer. Sentimiento que a través de
su vida profesional, como ciudadano, maestro, político y, por dos veces, presi-
dente del Perú hizo de nuestro territorio su sueño. Un sueño al que le dio una
dimensión continental, de base cierta y natural.
La puesta en valor de lo nuestro, en función a su naturaleza, hermanado a una
dimensión continental, fue un concepto que lleva su nombre en la búsqueda sud-
americana de presencia unida, ante un mundo donde no solo el clima se calienta.
Valga la salvedad que la pretendida cronología de los hechos relatados, no co-
rresponde en realidad a su verdadera secuencia. Primero por la dimensión de la
obra realizada, la amplitud de sus conceptos, la dimensión nacional y continental
que dichos hechos encarnan. Y, además, por estar referidos a dos periodos pre-
sidenciales fecundos llenos de realizaciones, con intermedio confuso entre ellos
y, finalmente, por la atrevida libertad de interpretar con fidelidad y respeto a un
peruano de la talla de Fernando Belaunde Terry.
Su obra y sus conceptos, relacionados a la realidad física e histórica del Perú, se
condicen con la circunstancia del mundo de hoy, en relación, principalmente, al tra-
tamiento integral de los territorios en función a sus recursos naturales y a su conser-
vación. El dominio y conocimiento del medio natural son hoy más importantes que
nunca y, en nuestro caso, la interrelación inteligente entre nuestras tres regiones y sus
naturales transiciones, que suman y no restan, son y serán un sólido argumento ante lo
que anuncia un calentamiento climático global, que ya alimenta el miedo de los felices.
Y que, por lo tanto, nos hermana en su tratamiento no solo con los vecinos. Hacia esa
sólida presencia del Perú apuntaba el pensamiento de ese valioso peruano que hemos
pretendido interpretar con modestia, respeto y afectuoso recuerdo.
Toda historia tiene su tiempo y su espacio. Lo relatado podría tal vez haber
tomado otras orientaciones o fines. Lo importante es aquilatar la visión dentro
40
de la realidad en que fueron esbozadas. Pero aún así, lo que mantiene su vigencia
intacta es el medio físico de referencia tomado, es decir, la cara del Perú que ahí
sigue pidiendo racionalidad. Más aún ahora, ante un medio ambiente trastornado
que requiere de un nuevo soñador.
Algún día el Perú tendrá el Estado que necesita. Hacia dicho fin apuntaba don
Fernando. Si bien esta famosa frase no fue hecha para él, sí, en cambio, se le aplica
apropiadamente en su sentido lato: “y su nombre crecerá como crece la sombra
cuando el sol declina”.
41
Luego de presidir
solemne ceremonia, con
su esposa Violeta Correa
de Belaunde.
42
Finalista Área El maestro Universitario
El maestro
El maestro visto
visto
por el
por el alumno
alumno
26 Seudónimo: El Alumno.
43
El presente ensayo pretende mostrar algunas vivencias que, como alumno primero y
luego en la actividad profesional he tenido con el arquitecto Fernando BelaundeTerry. Al
Maestro Universitario nuestra profesión de arquitectos y urbanistas le debe mucho.
Desde la cátedra “Problema Nacional de la Vivienda” que dictaba en el antiguo
Departamento de Arquitectura de la Escuela Nacional de Ingenieros, de la cual
era Jefe, que luego pasó a ser Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes de la
cual fue decano, el Maestro nos inculcó respeto a nuestra realidad social y econó-
mica, para estudiarla, analizarla y tratar de aportar con nuestra actividad profe-
sional a la solución de los principales problemas de nuestro país y, en particular,
los referidos a la vivienda.
Nos enseñaba no solamente el aspecto teórico de esta problemática, sino con ejem-
plos concretos; basta citar la Unidad Vecinal Nº 3 que constituye un referente paradig-
mático de la solución del problema de la vivienda, que en su concepción y luego en
su realización nos muestra cómo se debe dignificar el hábitat. El Conjunto Residencial
San Felipe, ubicado en el distrito de Jesús María es otra realización ejemplar.
Como es sabido, posteriormente siguieron otras obras de complejos habitacio-
nales de notable calidad arquitectónica y urbanística, tanto en Lima como en otras
ciudades del territorio nacional, como en Cusco y Arequipa.
Mi promoción se graduó en 1953 en la entonces Escuela de Ingenieros y lleva
con orgullo el nombre del arquitecto Fernando Belaunde Terry. La ceremonia de
graduación se realizó en la Municipalidad de Lima. A ella asistieron como invita-
dos de honor –por expresa gestión de Don Fernando- los maestros de la arqui-
tectura universal Walter Gropius y Josep Luis Sert, quienes fueron incorporados
como docentes honorarios de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Na-
cional de Ingeniería, que precisamente ese año, 1953, cambió su denominación de
Escuela de Ingenieros del Perú a Universidad Nacional de Ingeniería. El maestro
Walter Gropius –fundador de la Escuela de Arquitectura Bauhaus, cuna de la Ar-
quitectura Moderna- pronunció un discurso especialmente dirigido a los jóvenes
arquitectos que nos graduábamos.
Nuestro Maestro tuvo el buen criterio de proponer a los alumnos del último
año académico hacer el esfuerzo para elaborar el tema de tesis y concluirlo al
término de los estudios universitarios. Esta propuesta, que fue aceptada por todos
los estudiantes, determinó que nos graduáramos todos los integrantes de nuestra
Promoción. Lamentablemente, esta saludable práctica no tuvo continuidad en las
siguientes promociones.
Cuando un grupo pequeño de los recién graduados seguíamos estudios de post-
grado en el Instituto de Urbanismo de la Universidad Nacional de Ingeniería, el
44
eminente historiador Dr. Raúl Porras Barrenechea dictaba el curso: “Historia de
la Conquista del Perú”; junto a nosotros asistía puntualmente Don Fernando Be-
launde Terry, como un alumno más.
A propósito del interés de establecer vínculos estrechos entre profesores, egresados
y alumnos, ese mismo año de 1953, nuestro Maestro, en coordinación con un grupo
de estudiantes, creamos el “Día del Retorno” que, como enraizada tradición de cama-
radería, subsiste hasta la fecha y ha permitido establecer relaciones amistosas entre
los profesionales de diversas promociones, convirtiéndose en un buen pretexto para
regresar a las aulas donde nos formamos y crecimos como seres humanos y profesio-
nales, así como donde establecimos entrañables amistades que perduran a lo largo del
tiempo. Ese Día regresamos como los jóvenes que vivían en su Facultad.
Una de las manifestaciones de la gran vocación de educador del arquitecto Fer-
nando Belaunde Terry se demostró cuando apenas asumido su cargo de Primer
Mandatario de la Nación, en su primer gobierno, nos convocó a profesores y
alumnos de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes, para encomendar-
nos elaborar el Estudio: “Diagnóstico de la Realidad Escolar en el Perú a nivel de
Primaria”. Una vez concluido el Estudio, fue presentado al Sr. Presidente y sirvió
para establecer las prioridades en la ejecución de la infraestructura de los locales
escolares y también la mejora de las condiciones de los docentes, sobre todo en
aquellos lugares apartados de nuestro territorio. Recuerdo que al poco tiempo
viajamos a Vilcashuamán para la inauguración de un complejo escolar, el Ministro
de Educación, Dr. Carlos Cueto Fernandini, su esposa Lily Caballero de Cueto y
el que escribe estas líneas.
Una de las facetas poco difundidas de nuestro gran maestro, Fernando Belaunde
Terry, fue su preocupación por nuestro patrimonio cultural edificado y el queha-
cer cultural en general.
Se dice que los verdaderos educadores deben dedicar todo su cuidado a que la
infancia y la juventud se abstengan de todo acto que pueda degradar a los bienes
culturales y los guíen para que entiendan su significado.
En consonancia con la preocupación de nuestro maestro para que los futuros
arquitectos no sean solamente buenos diseñadores, sino también constructores
idóneos, se decidió que en la obra inaugurada el año 1953, sede de nuestra Facul-
tad de Arquitectura, urbanismo y Artes, se estableciera el Museo de Materiales de
Construcción, tolvas para el depósito de materiales y anexo a estas instalaciones
el Patio de Experimentación de procedimientos constructivos.
Este patio que fue muy activo, estaba a cargo de nuestros profesores de Materia-
les y Procedimientos de Construcción el arquitecto Carlos Morales Macchiavello
45
y el ingeniero Pedro Arévalo. Nuestro maestro Belaunde visitaba frecuentemente
las prácticas que se hacían en este ambiente.
El nombre de nuestra Facultad, como se indica, también incluía el Arte, pues-
to que se impartían cursos vinculados a ello. Con este motivo nuestro maestro
designó al distinguido artista plástico Juan Manuel Ugarte Eléspuru para que nos
enseñara el curso “Expresión Plástica”. En esos años de la década de 1950, el pro-
fesor Ugarte Eléspuru dirigía la Escuela Nacional de Bellas Artes y por esta cir-
cunstancia muchas veces traía a la “Rotonda”, que era el local donde nos enseñaba,
a modelos vivos, en otros casos solo bodegones, de tal suerte que aprendimos a
dibujar y también a pintar.
Las veces que nos tocaba taller libre eran las más atractivas, pues no éramos
simples copistas, sino incursionábamos en la creación propia con resultados des-
de luego catastróficos al principio, pero que paulatinamente fueron progresando
gracias a la guía de nuestro profesor de Arte.
El aprendizaje de la técnica de la acuarela nos fue muy beneficioso por cuanto en
los talleres de diseño se nos exigía, además de planos, perspectivas “a todo color”.
En este ensayo no se puede describir todos los beneficios que recibimos en
nuestro paso por las aulas universitarias, sin embargo se puede apreciar, por al-
gunas de las acciones que realizó nuestro maestro, tanto en la parte física como
en la docente, el privilegio que tuvimos los que fuimos sus discípulos y a los que,
además, nos tocó trabajar con él en la actividad profesional.
Se puede apreciar cómo se preocupó apasionadamente por que se impartiese
un currículo interdisciplinario, lo que nos permitió adquirir una formación só-
lida que luego posibilitó que nuestro accionar en el ejercicio profesional fuera
digno. Por ello, nuestra permanente gratitud al maestro Belaunde y a los demás
profesores que él convocó para hacer de nuestra Alma Mater el mejor referente
académico en la formación de la arquitectura, el urbanismo y las artes.
En este deseo de ver a sus discípulos adecuadamente formados profesional-
mente, nuestro maestro se preocupó en gestionar, para los egresados que habían
destacado durante sus estudios, becas para seguir cursos de perfeccionamiento en
prestigiosas universidades del extranjero.
Esta preocupación académica se hizo también patente cuando, en 1954 y a
mérito de un Convenio Internacional con la Universidad de Chile y la Uni-
versidad Nacional de Ingeniería, a nivel de sus correspondientes facultades
de arquitectura, un grupo selecto de profesores de diversas áreas académicas
viajó a Chile con resultados muy positivos en la confrontación de experien-
cias tecnológicas y científicas.
46
Estas preocupaciones ocuparon la mente y la acción de nuestro Maestro, a quien
se debe rendir permanente homenaje, pues fue por su iniciativa que se instaura-
ron los viajes de promoción de nuestra facultad a diversos departamentos como
Ica, Arequipa, Puno, Cusco, Ayacucho y Junín.
Estos viajes tenían por finalidad no solamente visitar y admirar lugares de gran
belleza natural, tan pródigos en nuestra patria, sino también, y principalmente,
saber observar y valorar los testimonios arquitectónicos y de creación urbana de
nuestro país. Asimismo, el recorrer los hermosos parajes de los diferentes de-
partamentos era una manera muy directa de aproximarnos a la realidad social de
nuestro país. Estas experiencias fueron sumamente positivas por cuanto al cons-
tatar las carencias que tenían la mayor parte de los sitios visitados, nos sentimos
motivados a realizar proyectos a través de instituciones como las Corporaciones
de Desarrollo, durante los años siguientes a nuestra graduación.
La docencia de nuestro Maestro no se limitó al ámbito de las aulas univer-
sitarias, sino que se extendió al conocimiento de nuestra realidad en todos los
aspectos, con énfasis en aquellos de carácter cultural y específicamente el de
nuestro ingente patrimonio edificado de diversas épocas, tales como la prehispá-
nica, virreinal, republicana y contemporánea. Él tenía particular predilección por
lo arqueológico o prehispánico; recuérdese, como dato curioso, las réplicas que
mandó a elaborar: una del Lanzón de Chavín –que hasta hoy se conserva en el
local de nuestra Alma Mater- y la otra, la Piedra de Saywite, esta última réplica la
hizo colocar en un jardín interior del Palacio de Gobierno.
Al respecto es necesario señalar que entre las materias de estudio que introdujo en
la enseñanza de la arquitectura estaba la de Arqueología Peruana. Nuestra promoción
tuvo el privilegio de tener como profesor de este curso al Dr. Jorge Muelle, al cual si-
guieron años después los arqueólogos Frederic Ángel y Luis Guillermo Lumbreras. Es
una lástima que la enseñanza de esta disciplina tan importante para nuestra identidad y
autoestima como país, cuna de culturas milenarias, no haya continuado.
El maestro Belaunde tuvo, además, el mérito de ser gestor de una serie de
proyectos y obras de diversa índole, destacando nítidamente los referidos a la
vivienda, como se ha mencionado precedentemente; a la vialidad, como la Mar-
ginal de la Selva, por ejemplo; al turismo; y al patrimonio cultural, en particular
modo al patrimonio edificado en las diversas épocas y con particular énfasis en las
creaciones arquitectónicas y urbanísticas de la época prehispánica.
Nuestra profesión de arquitectos y urbanistas le debe permanente gratitud a
don Fernando, por su dedicación a la docencia, pero también por su gran preocu-
pación de dotar a nuestra sede académica de un ambiente digno.
47
Para hacer realidad esta aspiración convocó a los profesores de diseño arqui-
tectónico para que diseñaran su propuesta del local de nuestra Facultad. Salió
ganador el proyecto presentado por el arquitecto italiano Mario Bianco. En el año
1950 se inició la construcción del Pabellón de Arquitectura, cuya obra se conclu-
yó el año 1953. Este edificio se hizo realidad gracias a la tenacidad y perseverancia
de nuestro maestro Belaunde, quien solicitó ayuda económica y materiales de
construcción a sus numerosos colegas y empresarios. En una placa de travertinos,
que se ubica a un costado del ingreso a nuestro local, se menciona una serie de
nombres de profesionales y empresarios que generosamente aportaron para hacer
realidad esta obra que, dicho sea de paso, podría ser considerada monumento
histórico por los merecimientos que tiene como obra arquitectónica moderna
contemporánea y que además ha marcado un hito en la historia de la arquitectura
peruana, a la vez que evidenció el momento de cambio de la enseñanza de la
arquitectura. De esta manera, los futuros arquitectos no solo recibían en clases la
teoría de la nueva arquitectura, sino que convivían con los principios de diseño
que sus maestros les enseñaban.
Es de mucho mérito que el maestro Belaunde se preocupara de la formación
académica, pero también que esta formación se realizara en ambientes adecua-
dos, como ya se ha señalado. Recuérdese que antes de la construcción de este
local, la Facultad de Arquitectura funcionaba en un pequeño ambiente del local
central de la Escuela de Ingenieros, siendo por ello llamada la cenicienta de la
Escuela de Ingenieros.
La preocupación por la calidad docente de nuestros maestros lo motivó a incor-
porar en nuestras aulas a profesores como el arquitecto Paul Linder, proveniente
de la Escuela de la Bauhaus, quien nos enseñaba los cursos de Estética y Filosofía
del Arte. El curso de la Experiencia Profesional y Ética fue también fundamental
en nuestra formación. Desde luego no se puede pasar por alto el curso de Ma-
teriales y Procedimientos de la Construcción. Todos estos unidos a los de diseño
arquitectónico, estructuras e instalaciones sanitarias y eléctricas, así como los de
Historia de la Arquitectura Universal y Peruana, el urbanismo y otras disciplinas
nos proporcionó una formación integral.
He señalado, líneas arriba, que don Fernando tuvo también gran preocupación
e interés por los testimonios valiosos que nuestro país posee en lo referente a la
creación urbana y arquitectónica de nuestros ancestros.
Estas preocupaciones se pueden apreciar en numerosos artículos que figuran en
varios números de la revista de su creación: “El Arquitecto Peruano”, en el año 1937.
Este medio de comunicación también se debe considerar como actividad docente de
48
nuestro Maestro. En sus diversas ediciones se puede revisar el registro de una épo-
ca importante del quehacer arquitectónico, que vio trascurrir de una etapa a otra el
modo de hacer arquitectura en el Perú. Pero no sólo se dedicó a difundir los testi-
monios valiosos de nuestro pasado: su preocupación también se manifestó en hechos
tangibles. Citaré algunos ejemplos de su actuación en este aspecto.
Fue por su decisión como decano de la Facultad de Arquitectura de la UNI que
se inició, en el año 1960, el dictado del curso Restauración de Monumentos,
importante e indispensable disciplina en un país como el nuestro, poseedor de
un ingente patrimonio edificado en diversas épocas de nuestro devenir histórico.
Cabe mencionar que este curso fue el primero que se dictó a nivel nacional y que
hoy se imparte en varias universidades del país.
Fue también por ese año, y por su intermediación con el entonces Presiden-
te del Consejo Nacional de Monumentos Históricos y Artísticos, el distinguido
historiador jesuita Rubén Vargas Ugarte, que se creó la Oficina Técnica en esa ins-
titución, la que de inmediato inició su primera misión en la ciudad de Arequipa,
asolada por el terremoto del mismo año, para disponer la correcta restauración
de sus monumentos y la reconstrucción de la ciudad donde ya no era posible la
sola restauración. Fue así que, con asesoría técnica del Consejo Nacional de Mo-
numentos y la financiación de las entonces llamadas Corporaciones de Desarro-
llo, y también con la participación de sus profesionales, se logró restaurar valiosos
testimonios de nuestro patrimonio edificado. Solamente citaré los de las iglesias
de La Compañía de San Francisco, la Merced y, posteriormente, el Monasterio de
Santa Catalina, que luego se abrió al turismo cultural, todos ellos notables testi-
monios de la arquitectura religiosa en la ciudad de Arequipa.
Esta labor se extiende luego a Cusco, Moquegua, Huancavelica, Puno, Cajamarca, Aya-
cucho y a todos los lugares donde era preciso dar las directivas técnicas aptas para la correcta
conservación y restauración de monumentos arqueológicos e histórico-artísticos.
Cuando por su iniciativa se creó la Corporación de Turismo del Perú, instalada
en la Casa de Oquendo —que luego se llamó de Osambela por el nombre de su
primer propietario, Martín de Osambela. La institución no solamente se abocó
a la dotación de la infraestructura hotelera y de otros servicios turísticos a nivel
nacional, sino también -aún con limitados recursos económicos- se restauraron
algunos notables monumentos, como la casa donde nació el autor de Los Comen-
tarios Reales de los Incas, el Inca Garcilaso de la Vega, y el Palacio del Almirante
en el Cusco, así como la Fortaleza del Real Felipe en el Callao.
El arquitecto Fernando Belaunde Terry comprendió claramente que era de gran be-
neficio para el desarrollo integral de nuestro país, en sus aspectos sociales, culturales y
49
económicos, asociar nuestro patrimonio cultural y natural, como recursos fundamenta-
les, con el turismo, dentro del concepto que entonces apenas se mencionaba: elTurismo
Cultual, hoy aplicado en todo el mundo y del cual el Perú fue pionero al presentar, a pe-
dido de la Unesco, en la reunión de Tlatelolco – México, la tesis del Turismo Cultural.
El permanente interés por nuestro patrimonio arqueológico e histórico-artísti-
co hizo posible algunas acciones que dispuso, siendo Mandatario de la Nación.
Fue el Presidente Belaunde quien nombró, por resolución suprema, a la Comisión
que elaboró primero el anteproyecto y luego el Proyecto de la Ley de Protección
del Patrimonio Cultural de la Nación, que luego se presentó al Parlamento Nacio-
nal. Con este motivo, el Poder Legislativo designó al entonces diputado por Acción
Popular y eminente escritor, Sr. Ciro Alegría, para que coordinara con los miembros
de la Comisión, nombrada por el Poder Ejecutivo, todos los aspectos relacionados
con el contenido de la propuesta de Ley. Infelizmente esta coordinación se truncó
con la muerte de tan ilustre intelectual y el proyecto del Ejecutivo terminó siendo
una ley que no estaba de acuerdo con el contenido de dicha propuesta.
Su preocupación e interés por nuestro patrimonio cultural se manifestó también
en la designación, mediante resolución suprema, del delegado oficial del Perú al
“Segundo Congreso Internacional de Arquitectos y Técnicos en Restauración de
Monumentos”, que se realizó en la ciudad italiana de Venecia, en el año 1964. La
participación del representante nacional fue meritoria, por cuanto fue designado
Vicepresidente de tan magno evento y además participó en la redacción de la
“Carta de Venecia” que tiene vigencia mundial en la conservación y restauración
de monumentos y sitios. También nuestro representante intervino en la redacción
de la propuesta del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, más conocido
como ICOMOS, por sus siglas en inglés.
El interés por nuestro patrimonio arqueológico se hizo evidente otra vez. En
los años 1965 y 1966, el Presidente Belaunde dispuso la organización de las expe-
diciones cívico-militares al Gran Pajatén, notable conjunto arqueológico situado
en la selva alta del departamento de San Martín.
La primera expedición se realizó por tierra y en esa ocasión, siguiendo las ins-
trucciones de la Fuerza Aérea del Perú, se habilitó un helipuerto en la vecindad
del conjunto arqueológico, al que se bautizó con el nombre de Fernando Belaun-
de. Este helipuerto se utilizó en la segunda expedición.
Al retorno de estas expediciones el presidente Fernando Belaunde Terry recibió
los informes correspondientes. Este acto se realizó en la llamada Casa Pilatos, en-
tonces sede de la Casa de la Cultura del Perú, y asistió el gabinete ministerial en ple-
no, y numeroso público interesado en este hallazgo arqueológico, el mismo que fue
50
ocasionalmente hallado por un grupo de pobladores de Pataz, que liderados por su
alcalde, Sr. Carlos Tomás Torrealva, se internaron en la selva alta en busca de tierras
propicias para la agricultura y la extracción de madera. Ellos fueron los verdaderos
descubridores y sirvieron de guías en las expediciones.
Poco después, ante la gentil invitación del presidente Belaunde, se mostró –en
el teatrín del Palacio de Gobierno- la importancia de este hallazgo. Fue en ocasión
de una cena privada en honor del poeta Pablo Neruda, premio Nobel de Lite-
ratura, a la que asistieron, además, el Dr. Francisco Miró Quesada, Ministro de
Educación y el Dr. Luis Alberto Sánchez.
En el año 1966, a solicitud del entonces Primer Ministro, Dr. Daniel Becerra de la
Flor, el Presidente Belaunde dispuso que la Oficina Nacional de Planeamiento y Urba-
nístico -dicho sea de paso, que él fundó- elaborara el estudio arquitectónico y urbanístico
tendiente a la conservación del carácter edilicio de la histórica ciudad de Moquegua.
51
Cuando existía el Banco Hipotecario del Perú, cuyo presidente de directorio
era el arquitecto Carlos Ausejo, fue también iniciativa del presidente Belaunde
que, pese a las limitaciones presupuestales, se restaurase el Palacio de Osambela
en Lima, el cual primero fue sede de la Corporación de Turismo (COTUR) y que
luego de su restauración se adecuó a la sede del Instituto Cultural Inca Garcilaso
de la Vega, el cual cobija la sede de instituciones de gran prestigio como la Acade-
mia de Historia, Academia de la Lengua, Academia de Medicina, Academia de Ar-
quitectura y Urbanismo, y donde además se realizan frecuentemente actividades
de carácter científico y cultural.
Fue en el auditorio de este Instituto donde, en 1991, se otorgó al arquitecto Fer-
nando Belaunde, y a otros docentes de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes
de la Universidad Nacional de Ingeniería, la distinción de Profesor Emérito, por su
destacada labor docente en esta casa de estudios. Esta distinción la otorgó por Acuerdo
del Consejo Universitario, el Rector de entonces, arquitecto Javier Sota Nadal.
Durante el primer gobierno del Maestro Belaunde se dio inició al Plan COPES-
CO PERÚ-Unesco, que en síntesis se refiere al Plan de Desarrollo Integral de la
Región Cusco-Puno, en función del turismo cultural.
Se eligió prioritariamente esta Región por poseer cuantiosa riqueza en bienes cul-
turales de diversa época, como por ejemplo Piquillacta de la cultura Wari, los sitios
arqueológicos de la ciudad del Cusco y los del Valle Sagrado de los Incas y por que,
irónicamente, su población era social y económicamente muy deprimida.
La idea era que este Plan piloto se aplicara luego en otras regiones del Perú,
pero esto no ha sucedido. Bajo la idea inicial, además de las obras de infraes-
tructura vial, hoteles y otros servicios turísticos, se efectuó el acondicionamiento
urbano y la dotación de servicios básicos a las poblaciones menores. También se
elaboraron estudios y se ejecutaron obras de conservación, restauración y puesta
en valor, sin alterar la fisonomía y autenticidad de conjuntos arqueológicos como
Machu Picchu, Ollantaytambo, Pisac, Moray, Cusco, Pucará y también en monu-
mentos histórico – artísticos, como en las iglesias de Juli en Puno.
Este Plan de Desarrollo Integral: social, cultural y económico, ha proseguido
desde su inicio, en la década de 1960, hasta la fecha, algo insólito en nuestro
medio, donde los planes que inicia un gobierno, no tienen continuidad en las
administraciones siguientes. Sin embargo, la importancia que se le confiere no es
la misma que tuvo en sus orígenes y se ha convertido en apenas un apéndice del
Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (MINCETUR).
No sucedió lo mismo, en cuanto se refiere a la continuidad de planes de un
gobierno anterior a otro, con el proyecto para el nuevo local del Museo Nacional
52
de Antropología y Arqueología. Este proyecto fue diseñado por los arquitectos
Julio Gianella, Juan Sierra y Enrique Alegre, quienes, meritoriamente, ganaron el
concurso público auspiciado por el Colegio de Arquitectos del Perú. Intervinie-
ron también asesores y expertos nacionales y extranjeros de gran prestigio en los
aspectos de conservación de objetos arqueológicos, museografía, administración
de museos, seguridad en museos, iluminación, instalaciones sanitarias, etc.
Luego de concluido el mandato presidencial del segundo gobierno del arqui-
tecto Belaunde (1980-1985), la nueva administración no continuó la obra de la
cual ya se habían ejecutado las primeras acciones consistentes en movimiento
de tierras y explanaciones.
Esta obra estaba prevista a edificarse en un sector del Conjunto Arqueológico de
Maranga en una superficie de 8 ha. exenta de vestigios arqueológicos, lo que se verifi-
có previamente mediante prospecciones arqueológicas. Entre sus fines tenía además la
de estudiar, conservar científicamente y restaurar las edificaciones de este importante
sitio prehispánico, que hubieran dado un marco excepcional al previsto Museo.
En el entendido que un museo es una institución que trasmite no solamente infor-
mación sobre repositorios, sino que constituye también un medio eficaz de transmi-
sión de conocimientos, es decir, educa, el maestro universitario, arquitecto Fernando
Belaunde Terry, dispuso durante su primer gobierno constitucional, que se diera inicio
al proyecto del nuevo local para el museo nacional de Antropología y Arqueología,
gestión que luego prosiguió en su segundo mandato constitucional, 1980-1985.
Por ser una obra de la máxima importancia para la valoración de nuestro in-
gente patrimonio arqueológico y antropológico, nuestro maestro le dedicó veinte
años de su fructífera existencia a salvaguardar la cultura de nuestro país. Desafor-
tunadamente no llegó a materializarse. Considero que el mejor homenaje a la
memoria del insigne maestro universitario, don Fernando Belaunde Terry, sería la
prosecución de esta obra que en vida tanto ansió.
La realización de esta obra serviría para investigar científicamente el ingente re-
positorio de variados objetos y creaciones del antiguo Perú, como textiles, objetos
de orfebrería, material orgánico, ceramios, etc. y mostrarlos dignamente de acuer-
do al guión museográfico diseñado, a nosotros mismos y para el mundo entero.
El museo cumple, entre sus funciones, una labor didáctica, por ello el interés de
hacer realidad esta obra de parte de nuestro Maestro.
Al respecto, es necesario señalar que las actuales instalaciones del hoy llama-
do Museo Nacional de Antropología, Arqueología e Historia de Pueblo Libre no
ofrecen las condiciones óptimas para su normal funcionamiento. Es digno señalar
que, felizmente, el nuevo local de la Biblioteca Nacional se pudo culminar.
53
Tanto el previsto local para el Museo de Antropología, Arqueología e Historia
en Maranga, como la Biblioteca Nacional, constituirían la cabeza de sistemas na-
cionales de museos y bibliotecas, instituciones de la máxima importancia para la
valoración y difusión de nuestros bienes culturales, lo que contribuiría a reforzar
nuestra identidad y autoestima como país que ha sido cuna de la civilización Caral,
la más antigua del continente americano, contemporánea a las civilización del Me-
dio Oriente, Egipto y China y que recientemente ha sido declarada por la Unesco
como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Otra actividad que también ocupó la mente del Maestro fue el diseño de una
auténtica política cultural que el Perú reclama hace tiempo, pero que circunstan-
cias adversas no lo permitieron.
No hay que olvidar que además de maestro universitario, don Fernando fue
también un constructor de importantes obras, destinadas a la dignificación de
las condiciones de vida de nuestra población, a través de numerosos conjuntos
habitacionales a nivel nacional; también obras viales para unir nuestros pueblos
e incorporarlos a la vida productiva, tal es el caso de la Carretera Marginal de la
Selva, que merecidamente lleva su nombre.
Finalmente, su gran preocupación por la docencia universitaria, así como por la
valoración de nuestro legado cultural y todos los esfuerzos que realizó en esta di-
rección, ameritan nuestro permanente reconocimiento al político probo, al gran
estadista y al insigne Maestro Universitario.
54
Explicando las bonda-
des de la gran represa de
Condoroma y el Proyec-
to Especial Majes.
55
Finalista Área El maestro Universitario
El maestro
El maestro de
de los
los
arquitectos
arquitectos
peruanos
peruanos
Gladys Vásquez Prada27
27 Seudónimo: Giselle.
56
Contemplando la
edificación progresiva
de uno de los conjuntos
habitacionales que im-
pulsara su Gobierno.
57
Introducción
El propósito de este ensayo es resaltar los valores positivos que se encuentran como
parte de su actividad en el mundo académico y sus discursos públicos. Solo me
concretaré en resaltar las que considere más importantes y que estén relacionadas
con su quehacer en la enseñanza y la gestión universitaria, y en especial con la exce-
lente huella académica que dejó en la Universidad Nacional de Ingeniería, ponién-
dola a niveles de calidad competitivas entre las mejores de Latinoamérica.
Leer sus obras y haberlo escuchado en sus conferencias dadas en sus visitas
a la Universidad Nacional de Ingeniería, Facultad de Arquitectura Urbanismo y
Artes, durante sus últimos años de vida, son un privilegio y el mejor material
para emprender esta difícil pero grata tarea. Es parte de la nobleza de un pueblo
el reconocer a sus más ilustres ciudadanos, como lo fue y lo es el imperecedero
Arquitecto Fernando Belaunde Terry.
I. El Maestro
Maestro, palabra con un significado especial para quienes tienen o tuvieron la opor-
tunidad de tener en su vida un personaje dueño de valores excepcionales, cuya vida
fue un ejemplo de virtudes, unidas a enseñanzas que se convirtieron en lecciones
para guiar el buen camino, el que conduce a un fin supremo, la Patria libre y justa,
equitativa e inclusiva para algunos, para otros Dios grande y bondadoso. Gabriela
Mistral, en la delicadeza y genialidad de su pluma nos describe en su poema: “La
Oración de la Maestra” toda la belleza de esta noble palabra, la señala como digna
del Señor y la define con la inmensa misión de enseñar.
El arquitecto Fernando Belaunde Terry fue un verdadero maestro, el maestro de los
arquitectos peruanos, cuyas enseñanzas abarcaron todas las actividades que realizó en
su vida como arquitecto, profesor universitario, planificador y conductor del país, en
el cargo de presidente del Perú. Las lecciones que se desprenden de sus discursos, y
de sus acciones trascienden la vida universitaria, la simplicidad y encanto de las aulas
de clase, para apoderarse de las plazas más alejadas de Lima, pero también trascienden
su tiempo, no pierden vigencia, porque están llenas de valores profundos de verdad,
justicia y honestidad, que corresponden a todos los tiempos de la humanidad.
¿Cuál es la verdad que practica el arquitecto Belaunde? La verdad como la define
Platón: “es lo que realmente es”, o la verdad ontológica de Santo Tomás de Aquino,
para quien “la verdad es uno de los trascendentales del ser”. En el caso del arquitec-
to ambas verdades se unen y conjugan armoniosamente en la conducción de la obra
58
que realizó en el campo político, universitario o familiar. Su verdad es la búsqueda
del bien común, su trascendencia es hacer de la política una defensora de la plena
realización del hombre y de lo humano dentro de un marco de principios cristianos,
por eso convoca, por eso se le respeta, por eso es capaz de construir con escasos
recursos económicos, por eso se le recuerda.
¿Cómo entender “La justicia” que él practicaba? San Agustín define la verdade-
ra justicia como “la posibilidad del amor de unos a otros y de la concordia de los
intereses comunes de un pueblo que busca su fin temporal y que practica aunque
imperfectamente la justicia, porque el hombre en este mundo no puede llegar
a esa perfección”. Fernando Belaunde fue un tenaz defensor del amor entre los
peruanos, buscó la unión, no habló de indigenismo sino de hombre rural peruano,
de hombre amazónico, todos somos peruanos.
La honestidad, virtud difícil de adjudicar a un político, la practicó a lo largo de
su vida, porque cuando honestidad y política se unen se hace democracia, servir
antes de servirse, era su frase cotidiana, ese es el ejemplo del profesor universi-
tario, del Decano, del ciudadano, del gobernante que defendió tenazmente y con
honradez un sistema político que consideró justo y verdadero.
Después de haber sido Presidente del Perú en dos oportunidades, después de haber
sido galardonado por universidades tan prestigiosas como Harvard y Miami, visitó
la Facultad de Arquitectura para decirnos que la tarea de enseñar es la mejor tarea
que se le ha encomendado. Es el pensamiento de un humanista que encuentra en la
esencia misma del ser la razón de la trascendencia humana.
La importancia de enseñar en los primeros años de la carrera universitaria fue un
tema que expuso ante un auditorio formado por profesores y alumnos de arquitec-
tura. En una mañana de la Lima gris, explicó como la sed de aprendizaje de estos
alumnos hace que sea muy delicado darles los conceptos adecuados, porque ellos
vienen a escuchar a sus maestros con mayor atención que otros alumnos de niveles
educativos mayores. El maestro tiene frente a sí, jóvenes que escuchan, dispues-
tos a aprender las lecciones de sus profesores para aplicarlas posteriormente en la
realidad que el futuro les designe, eso conlleva una enorme responsabilidad, hacién-
donos reflexionar sobre cómo los profesores de los primeros niveles de la carrera
deben ser los mejores en calidad profesional y humana. Gran lección si tenemos en
cuenta que en nuestras universidades hacemos todo lo contrario.
59
III. El amor por el Perú
El amor por el Perú es la lección más repetida por el arquitecto Belaunde, así lo
recuerdan sus alumnos. El espacio, principal preocupación de los arquitectos para
realizar la tarea de diseñar, la entendía como el territorio peruano. Al respecto, el
arquitecto Víctor Smirnoff Bracamonte, -uno de sus destacados alumnos de la Uni-
versidad Nacional de Ingeniería- dice sobre sus clases lo siguiente: “El Perú era su
Archivo personal FBT
60
estructura agropecuaria primitiva con la explotación minera y el desarrollo in-
dustrial; síntesis política, porque la unidad política hispana continuó con la crea-
das por el Incario; síntesis espiritual, porque el sentimiento hacia una religión
esencialista y paternal se transforma y eleva en el culto a Cristo” .
El Perú como doctrina era para él la síntesis de una peruanidad que busca res-
catar nuestros valores ancestrales de solidaridad, a los que denominó la Ley de la
Hermandad, es el aprecio por la organización social del Perú Antiguo. Conceptos
que hizo suyos e incluyó en la doctrina de su partido, Acción Popular. Al respecto,
con fervor casi religioso, escribe: “pocas naciones en el mundo tienen el raro pri-
vilegio de contener en su propio suelo la fuente de inspiraron de una doctrina”.
“El pueblo lo hizo” es la frase que acuñó y la convirtió en la acción de un pueblo
que busca surgir, trascendió las aulas universitarias. Es el concepto de la minka, que
tomado de su admiración por la cultura inca, lo extendió por todo el territorio
peruano en el sistema de Cooperación Popular, cuyo “propósito era garantizar la
vigencia, permanencia y actualización de la practica ancestral de trabajo voluntario
por el bien común, mediante la promoción, desarrollo y ejecución de pequeñas
obras comunales. El Perú tiene el privilegio de contar con cientos de brazos de las
comunidades rurales que ancestralmente practicaban la ayuda mutua para construir
carreteras vecinales, obras sanitarias, escuelas, superando limitaciones y dificultades
de la falta de asistencia técnica y económica que son asumidas por ellas mismas”.
Recorrió los caminos del Perú profundo, en todos los medios de transporte que tuvo
a su alcance, venció montañas y caminos agrestes. Gracias a eso conoció a los pobladores,
sus familias y sus chozas y pudo afirmar: “Lo mejor del Perú es su gente. En el mestizaje
racial, de distintos orígenes, se advierte un denominador común: el calor humano”. De
esta forma logró entender al Perú, y pudo hacer propuestas basadas en la complejidad
de su geografía, la riqueza de sus costumbres ancestrales, y la nobleza de su gente.
Para Belaunde, el Perú era el aula, la asignatura y el maestro. En un discurso en
el Instituto Pedagógico Nacional se refiere a la grandeza de un país que afincó una
civilización en el más complejo aislamiento, que dominó un territorio vasto, desde
el río Maule, en Chile, hasta Pasto, en Colombia. Sus dimensiones eran comparadas
con los apoteósicos alcances de los romanos. Su sistema social buscó repartir de
forma equitativa las tierras de la comunidad: primero se cultivaban las de los desva-
lidos, las viudas y los huérfanos. Para ellos el bien común tenía mayor importancia
que la tierra del Inca y aun que la tierra del Sol.
Ahora nos toca reconocer, adicionalmente, la diversidad cultural del Perú y
los cambios producidos por el desarrollo de la tecnología, pero en la lección de
peruanidad que nos mostró.
61
IV. El pueblo lo hizo
Cuando Fernando Belaunde fue nombrado, en 1951, jefe del departamento de Ar-
quitectura de la Escuela de Ingenieros; y en 1955, Decano Fundador de la Facultad
de Arquitectura de la actual Universidad Nacional de Ingeniería desarrolló una ges-
tión universitaria con excelentes resultados, que pusieron a este centro de estudios
en la cima de la calidad educativa del escenario latinoamericano.
Es el principal promotor de la construcción del local de la Facultad, la capacidad de
organización y liderazgo que lo caracterizó, congregó a profesores y empresas relacio-
nadas con la construcción para ofrecer a la comunidad universitaria un local de singular
belleza, que según el arquitectoVíctor Pimentel, quien trabajó con él desde el inicio hasta
terminar la obra, mantiene una calidad arquitectónica es digna de ser preservada.
Al respecto, frente al local de la Facultad de Arquitectura, el maestro Fernan-
do Belaunde nos explicó: “Esta obra se hizo por el pueblo, el pueblo fueron
los alumnos y los profesores, costó 26,000 dólares, lo que corresponde -en esa
época- a una vivienda de interés social, fue gracias al aporte de todos los alum-
nos y profesores. Todo lo dio la profesión, la construcción, mucha gente con sus
habilidades. El arquitecto que dio el esquema general fue Mario Bianco y Juan
Benites desarrolló el proyecto. Bianco lo construyó con una actitud franciscana,
lo hizo no para ganar sino para servir” y después de casi 50 años concluyó: “Este
honroso origen de la Facultad de Arquitectura me llena de satisfacción”. El local
de la actual Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería fue
una obra dirigida por una comisión presidida por el arquitecto Belaunde Terry e
integrada por los arquitectos Mario Bianco y Raúl Morey. Los arquitectos Benites
y Tode fueron los constructores, Damco SA los ingenieros calculistas y Sarmiento
y Diseño se encargaron de las instalaciones.
El Diseño arquitectónico estaba definido por una funcionalidad que buscaba
la articulación entre la tarea de la enseñanza en los talleres con la producción de
libros y revistas actualizadas, por eso el punto focal de la obra es la Biblioteca, que
se ubica en los niveles intermedios de los talleres.
Esta lección nos muestra al maestro que hace más de lo que predica. El pueblo
lo hizo. Es la fraternidad ancestral llevada a la práctica en el campo universitario.
Belaunde no se atribuye el mérito, sino que se lo da a una comunidad, a un grupo,
a un equipo con nombres propios que procura mencionar, a pesar de que habían
transcurrido 50 años en el momento de su último discurso a propósito de la Fa-
cultad. Para él no era más que una muestra de gratitud, respeto y honestidad ante
quienes lo acompañaron en la empresa.
62
Su obra universitaria está también ligada a la producción de la revista “El Arqui-
tecto Peruano”, de la cual fue el director, llegando a publicar 202 números inin-
terrumpidos. La primera revista se publicó en agosto de 1937. En ese entonces
tenía solo 26 años y era el director de la revista. A propósito del primer número
publicó una editorial titulada “Razón de ser”: “inspirados en el vivo deseo de con-
tribuir al progreso del país, dentro de la lógica y el arte, hemos decidido poner al
alcance del público en general y de la industria constructora, un órgano que llene
tan importante finalidad”. Esta primera publicación se inicia con un dibujo de la
Iglesia de Pomata, Puno, hecha por el ilustre maestro Arquitecto Harth Terré, y
continúan sus páginas mostrando una casa estilo buque del Arquitecto Héctor Ve-
larde y otra vivienda del arquitecto Eduardo Elejalde. Continuando las siguientes
hojas, se puede ir apreciando la producción arquitectónica peruana de la época,
por eso hoy es un documento valioso para estudiar el aporte de las generaciones
desde los años 1937 hasta 1977. El primer artículo publicado, resultado de la in-
vestigación del arquitecto Héctor Velarde, es una expresión del ambiente intelec-
tual que se desarrollaba en las aulas de la Facultad de Arquitectura dirigidas por el
maestro Arquitecto Fernando Belaunde Terry, el artículo titulado “La Arquitectu-
ra y la Música” afirma que la Arquitectura es música, simple música, y explica las
analogías de la Arquitectura y de la música en tres órdenes: la analogía de orden
estético, la analogía de orden científico y la analogía de orden histórico; Velarde
continua con su analogía diciendo “Platón, nos habla, nos cuenta que las Musas nos
dan armonía no solo como placer, sino como una aliada de nuestro espíritu, para
que corrija y ponga orden a su movimientos periódicos que se ha desarreglado en
nosotros. Igualmente el ritmo nos lo han dado con ese fin”.
En los diferentes números editados se trataron temas de composición, cons-
tructivos y tecnológicos, como es el caso del artículo de Julio Haacker Fort:
“¿Qué cosa es ‘escala’?”; y otros que se refieren a las bondades de diferentes mate-
riales para embellecer o construir, tales como el vidrio y la madera.
La revista no solo fue la más importante en el campo de la arquitectura, sino
también en el urbanismo. Ahí se publicaron propuestas de ordenamiento para la
vivienda y la infraestructura vial que Lima demandaba para desarrollarse en un
patrón morfológico de crecimiento ordenado y eficiente.
Con los arquitectos Luis Dorich, Luis Ortiz de Zevallos y Carlos Morales Ma-
chiavello se fundó el Instituto de Urbanismo del Perú, del cual se desprendieron
dos instituciones: el Instituto de Planeamiento Urbano, encargado de realizar los
planes y estudios urbanos; y el Instituto de Planeamiento de Lima, que ofrece, a
nivel latinoamericano, un curso de maestría, financiado por la Organización de
63
Estados Americanos, y que llegó a tener una influencia del Perú en la Planifica-
ción de los países latinoamericanos. Se estuvo a la vanguardia en el estudio de
la Planificación Urbana en la propuesta que contempla la visión integral de lo
urbano – regional.
La Facultad de Arquitectura tuvo ilustres visitantes como Walter Gropius, el
fundador de la escuela de la Bauhaus, y el arquitecto Josep Lluis Sert, quien sirvió
de motivación a los jóvenes estudiantes en la tarea de diseñar bajo los principios
modernos que la escuela de la Bauhaus y Le Corbusier pregonaban.
El pueblo lo hizo, pero Fernando Belaunde creo la cultura que convirtió a la
vida universitaria en el ambiente propicio para cultivar la mente inquieta de los
jóvenes estudiantes que asistieron a la Facultad de Arquitectura, desarrollados con
valores de amor por el Perú. Algunos son hoy afamados arquitectos reconocidos
a nivel internacional, otros fueron acogidos por la acción política y acompañaron
al presidente en los altos cargos que se les encomendó. ¡Qué orgullo y qué mejor
obra puede tener un maestro!
La Universidad es el centro de producción intelectual, donde se forjan los lí-
deres que dirigen al país, o los que construirán su desarrollo, cuán importante
es esta lección. La responsabilidad de tener mentes jóvenes y con deseos de for-
marse en un campo del trabajo requiere de una cultura de paz y cooperación, de
desarrollo libre del pensamiento, esa fue la mejor obra del arquitecto Fernando
Belaunde como maestro universitario, es la más bella de todas las obras; sin em-
bargo, es la que solo se puede entender en la reflexión y en el corazón, porque
está en el mundo espiritual y no en el mundo material.
Si esta es la actitud soñadora que se le reprochó, cuanta falta hace soñar en la
Universidad de hoy, donde existen ilustres maestros que tocan su música en un
ambiente de soledad, donde la sinfonía del conocimiento está ausente, y los gru-
pos más fuertes tejen redes de pensamiento maquiavélicos para llegar al poder y
servirse de la Universidad. Cuánta falta hace maestros como el arquitecto Belaun-
de, que en el verdadero sentido de liderazgo conduzcan a la legión de universita-
rios que buscan nutrirse del Perú y desarrollar ideas que nos unan más.
V. La visión planificadora
64
Fernando Belaunde fue un planificador por excelencia, por eso se convirtió
en un visionario del Perú, por eso planteó una extraordinaria organización del
territorio, integradora a nivel latinoamericano. Ese es el valor de la carretera
Marginal de la Selva, reconocida en el Congreso Mundial de Arquitectos de 1969,
como una obra excepcional, la magnífica obra que pueda realizar un arquitecto.
En 1970, el Congreso Mundial de Arquitectos, realizado en Remini, le otorgó
una medalla de oro por esta obra.
En su libro “La Conquista del Perú por los peruanos”, dedica un capítulo a
“La Tradición Planificadora en el Perú”, donde escribe: “el notable impulso que
alcanzó el antiguo Perú –pese a las tremendas dificultades del territorio- tiene
su explicación en el alto grado de desarrollo que adquirió el planeamiento,
en todos los órdenes, que ha dejado las pruebas irrefutables y enseñanzas de
permanente vigencia”. Afirma la influencia de la cordillera de los Andes en la
fuerte personalidad del hombre andino, el maestro era un sintetizador de las
cualidades de los habitantes de todas las regiones del Perú porque recorrió,
pueblo por pueblo, el territorio peruano, recordando con admirable memoria
cada detalle de los lugares visitados.
La visión planificadora del arquitecto da énfasis a dos elementos del espacio
para desarrollar el hábitat de los peruanos: el territorio y la vivienda.
Describe el territorio peruano como una topografía agreste formada por la
presencia de la Cordillera de los Andes; sin embargo, los incas integraron el te-
rritorio andino con unos diez mil kilómetros de carreteras, los caminos incas de
Tumbes – Talca y Quito-Cuzco- Talca fueron inspiradores para que el arquitecto
Fernando Belaunde Terry trazara los ejes viales de la Carretera Marginal de la
Selva con el afán de incorporar tierras productivas.
La fragilidad del ecosistema de la Selva se tiene en cuenta en la explotación
de las mismas y con la mira de preservar los bosques, da lugar a los proyectos
de desarrollo rural integrado, para realizar un manejo sostenible en las áreas de
influencia de la Carretera Marginal.
La ciudad Constitución fue una propuesta de Planificación urbana-regional, que
contempló el sistema de los asentamientos humanos de los ríos Pichis–Palcazu,
fue una propuesta acorde con las aspiraciones de ordenamiento urbano que en el
año 1984 se venía discutiendo en el ámbito académico para elaborar propuestas
de construir ciudades nuevas. Estaba diseñada para ser un polo de desarrollo de la
región central del Perú, en la confluencia de los ríos Pichis y Palcazu que forman
el río Pachitea, ciudad Constitución está ubicada al noreste de la provincia de
Oxapampa en el departamento de Pasco.
65
Belaunde, con su extraordinaria habilidad para expresar acontecimientos, fundó
esta ciudad en el medio de la selva con la siguiente alocución: “El mundo percibe
ya el eco de una actividad arrolladora y se pregunta por doquier: ¿Qué rumor es
este de vida, qué chispazo de creación? ¿De dónde este vibrar de máquinas, esta
orquestación de herramientas en movimiento, este triturar de rocas…? ¿De dónde
el aliento agitado de hombres y mujeres que trabajan cantando… y esa fragancia de
selva desflorada…? El historiador, sabiendo que la historia se repite, nostálgica de
viejas glorias andinas, presagia ya la respuesta: ¡Es el Perú que despierta!”.
El Urbanismo moderno, que aparece en el Perú en la década de 1940, se re-
laciona con la agrupación Espacio, formada por jóvenes e inquietos arquitectos
relacionados con la generación del arquitecto Fernando Belaunde.
Uno de los logros más importantes en las propuestas de vivienda que realizó el
arquitecto Belaunde fue la Unidad Vecinal Numero 3, que presenta conceptos de
suburbios con edificios en bloque, rodeados de cinturones verdes y áreas comunes
que favorecen la vida de la vecindad. Es la realización de la propuesta de la ciudad
comunitaria, aplicada en el Plan de Londres de 1943, la unidad vecinal es el ele-
mento básico de una teoría urbanístico-sociológica que enfatiza la formación de
grupos comunitarios escalonados para el planeamiento urbano.
La vivienda es el tema principal del maestro, y propugna como gobernante una
vasta obra de complejos habitacionales, de densidad media, para mejorar la calidad de
vida de familias de Lima y provincias. Muchas de las obras que construyó las encargó a
jóvenes arquitectos, y eso muestra la importancia que tenía para él la juventud.
La institucionalización de la Planificación fue una de las principales preocupa-
ciones. En consonancia con esto se creó el Instituto de Planeamiento de Lima, la
Corporación Nacional de Vivienda (1946) y la Oficina Nacional de Planeamiento
y Urbanismo (1946), las cuales fueron las encargadas de proponer soluciones a los
problemas urbanos y de hábitat de los peruanos.
La gran preocupación del maestro fue la juventud; en ella confió y trabajó proyectos en
zonas andinas, con un voluntariado generoso que construyó Cooperación Popular.
En su segundo gobierno contrató a jóvenes arquitectos para realizar el diseño de
complejos arquitectónicos. Tal es el caso de Limatambo y el Complejo Santa Rosa,
que lo define como una comunidad a escala humana. Cuando se refirió a esta obra
dijo, con especial agrado, que veía cómo los jóvenes arquitectos profesionales son
receptivos a los requerimientos sociales y al mensaje de nuestro tiempo.
66
Cuando uno visita estos lugares de especial atractivo se pregunta ¿cuál es la
atracción mágica?, y la respuesta la encuentra en el sentido envolvente de la ar-
quitectura, lo que el crítico Bruno Zevi dice al respecto: “el espacio exterior de la
arquitectura es el espacio interior de la ciudad.”
Finalmente, el maestro nos ensaya un mensaje que dirigió a los estudiantes de
arquitectura, en una entrevista que pude realizar, y ahora trato de reproducir: “Este
es un mensaje de afecto, de colaboración, de identidad con la juventud peruana,
con las nuevas generaciones, especialmente, aquellas que tiene la misión de crear
un hábitat mejor, pero sin olvidar nuestras raíces. No se trata de hacer arqueología,
hay que hacer arquitectura de nuestro tiempo pero con el recuerdo de nuestra civi-
lización. Para ello miremos este ceramio, que es de la época prehispánica, donde se
ve que en esos lejanos años había una juventud de constructores; sigamos sus pasos
logrando que el Perú mantenga su sitio en la historia de la civilización”.
Recordemos al maestro en la acción edificadora de un país que requiere concor-
dia, que reconozca sus virtudes, que sepa alimentarse de su privilegiada historia.
Recordemos los arquitectos que nunca dejó de serlo. Su profesión lo señaló
como el señor del manejo del espacio, el del territorio que abarca todas las acti-
vidades de culturas diversas y complejas.
Recordemos al maestro de la peruanidad, el maestro que sobre todo amó al
Perú en la síntesis de toda su grandeza.
67
En la imponente infraestruc-
tura del Puente Ocoña de
más de 300 metros de largo
en la Panamericana Sur,
departamento de Arequipa.
68
Finalista Área El Arquitecto y el Urbanista
El arquitecto
El arquitecto
peruano
peruano
69
En la poliédrica figura de Fernando Belaunde Terry, su revista hace las veces del papel
tornasol que ante una observación y lectura atentas da testimonio del tránsito tan
natural y espontáneo como impredecible: del profesional como promotor técnico cul-
tural al líder gremial, luego al político y finalmente al estadista.Todo eso en 25 años.
Por varias razones, el de Belaunde es un caso inédito en la arquitectura peruana,
pues el espacio editorial que creó y mantuvo con inusual continuidad, permanen-
cia, eficiencia y autonomía, registró nítidamente la elaboración y articulación de
su pensamiento sobre la ciudad, la arquitectura, el urbanismo, el diseño urbano
y arquitectónico contemporáneos, vistos
desde la inusual óptica de la arquitectura
como institución, en los términos en que
la entiende Manfredo Tafuri29. He ahí la
clave para entender su inusitada trascen-
dencia, cuyos alcances irían mucho más
allá de sus propias previsiones.
Considerándolo como paradigmático
exponente de la modernización, la presen-
te es una reflexión sobre su pensamiento en
torno a la arquitectura y el urbanismo, con
la intención de identificarlo y valorarlo.
La revista
29 El exponente más lúcido de la crítica radical, vigente entre las décadas del sesenta y setenta, enten-
día la arquitectura como parte del proceso de reproducción capitalista. Salvando las evidentes distan-
cias ideológicas, FBT construyó una visión articulada entre arquitectura y urbanismo, y entre ellas y
las condiciones socioeconómicas y culturales que la propician.
70
cuando fue elegido Presidente de la Republica, absorbido por la actividad política, no
solo dejó la revista sino también la arquitectura. No cabe duda que la revista constituyó
el espacio articulador y propiciatorio de sus actividades.
Lejos estuvo, nuestro personaje, de imaginar que a los ocho años de su apari-
ción, es decir en 1945, iba a realizar un rápido, ágil y exitoso salto a la esfera polí-
tica al ser elegido Diputado por el Frente Democrático Nacional (FDN); tampoco
imaginó que la celebración de los 25 años de la revista prácticamente coincidiría
con la apoteosis de su elección para el más alto cargo político del país.
71
Si la modernidad es un proyecto, no cabe duda que en estos momentos esta
empresa fue un proyecto relacionado a la idea de modernidad y progreso.
Una aproximación ideológica ayudaría a entender mejor este enigma, su pensa-
miento reúne el humanismo europeo (absorbido en su europea formación básica),
la democracia norteamericana en su vertiente humanista jeffersoniana (adoptada
en su época universitaria), mientras la búsqueda de un entroncamiento con la tra-
dición histórica ancestral, como tuvo ocasión de evocar, provino de la persuasiva
visión paterna, en medio de las circunstancias provocadas por el exilio.
La responsabilidad asumida por Belaunde a través de la revista refleja la nítida
influencia que dejó en él su experiencia norteamericana, evidente en su adopción
del pensamiento democrático liberal, su eficiente visión empresarial, su compro-
miso y desarrollo de los valores ciudadanos y su consistente actitud proactiva.
Una prueba sencilla la tenemos en el rol que la revista jugó en la cohesión y
difusión de la actividad de la Sociedad de Arquitectos, así como en el proceso de
construcción de su sede institucional, ocasión en la que ensayaría un inédito tipo
de financiación, a través de donaciones del sector privado de la construcción,
promovida a través de la revista. Esta experiencia sería luego reeditada, diez años
más tarde (1951-1953), en la construcción de la sede del Departamento de Ar-
quitectura de la Escuela Nacional de Ingenieros (DAENI), del que era Jefe.
Todo esto ayuda a entender mejor que si bien es cierto la explícita proyección
política no estuvo en sus objetivos iniciales, una visión política implícita, desde la
comprensión de la conciencia ciudadana, fue su consciente germen.
Pensamiento arquitectónico
Los inicios de la revista le revelarían pronto sus implicancias: asumir el rol de analis-
ta, comentarista y crítico de la práctica proyectual, de divulgador y promotor de los
conocimientos en el ámbito de la historia, la tecnología y una variedad de temas co-
nexos, y eso imponía una elección que él aceptó con una alta dosis de conciencia.
Su elección primera fue por desarrollar la identidad y trascendencia profesio-
nal, la institucionalización gremial, académica y sectorial de la arquitectura mis-
ma, después del urbanismo y la vivienda. Lejos de toda solemnidad, dejó algo
más: su concepción del diseño arquitectónico, de la arquitectura, del urbanismo
y de lo que debían ser en el país.
Como veremos a continuación, visión dinámica de la realidad, sentido dialécti-
co, orientación racional y tendencia hacia una visión sistémica, son las caracterís-
ticas más relevantes de su pensamiento arquitectónico.
72
Como sujeto paradigmático de la modernización, abordó y enfrentó la dialéctica
contemporánea expresada en los pares contradictorios: ingeniería-arquitectura,
técnica-política, tradición-modernidad, localismo-cosmopolitismo, público-pri-
vado, nacionalismo-internacionalismo; teoría-práctica, arquitectura-urbanismo,
figuración-abstracción y pintoresco-sublime.
Ingeniería-Arquitectura
73
En 1963, por esos azares de la historia, el presidente Fernando Belaunde Terry
fue el encargado de juramentar a la primera directiva del Colegio de Arquitectos
del Perú, creado en 1962 por ley del gobierno de Manuel Prado, a iniciativa de
dos parlamentarios arquitectos.
Cuando en colaboración con los primeros especialistas en urbanismo formados
en el extranjero, crea, en 1944, el Instituto de Urbanismo, el espacio académico
que construyen, integraría no solo a los ingenieros con los arquitectos, sino tam-
bién a otros profesionales.
Técnica-política
Los roces entre las prerrogativas del técnico y las del político emergieron cuando
a punto de conseguir las metas formuladas desde una óptica técnica y social, los
adversarios las veían como rédito político. Sin embargo nunca estuvo desentendido
de este potencial conflicto y lo abordó en el diseño de las normas que propuso. Esos
dos hechos se aprecian en el editorial de enero de 1947, en el que, como técnico-
político, lamenta cómo la cuota de poder está neutralizando la actuación del FDN
en otros sectores, y se felicita que ello no ocurra en el relativo a la vivienda y la
urbanística, debido a que la elección de sus funcionarios se hace a través de una
normativa que ha neutralizado esta temible contaminación, y agrega que es gracias
a esa feliz circunstancia que ya se ven las primeras metas visibles: la construcción de
la Unidad Vecinal Nº 3 (UV3), “el proyecto más importante que se ha hecho en la
historia del país en materia de vivienda colectiva”.
Su experiencia como Presidente, entre 1963 y 1968, mantienen esencialmente
el perfil del técnico-político. Sin embargo, luego del golpe de 1968 y de su retor-
no en 1980 la balanza se inclinó hacia el político-técnico, el desandar el camino
abierto por el régimen militar pudo más.
Nacionalismo-internacionalismo
74
defensa de la idoneidad profesional. Lo propio ocurrió en la crisis de la cons-
trucción en pleno periodo bélico, cuando sus esfuerzos por evitar la parálisis
del sector y de la economía le hicieron plantear sostenidamente la necesidad
y posibilidad de la construcción basada en los insumos locales, que a la postre
persuadieron al empresariado local a invertir en la sustitución de importaciones
de componentes constructivos, como ocurrió con los aparatos sanitarios, por
ejemplo. Un pequeño detalle ilustrativo: cuando en 1941 estalló la guerra con
Ecuador, la revista registró sugerentes avisos publicitarios en los que se exaltó
el sentimiento nacional.
Público-privado
Una de las polaridades en la que reiteró su coherencia fue en la relativa a la función del
sector público y del privado en la vivienda colectiva; por ejemplo, señaló que el asunto
demandaba la intervención financiera de ambos, a través de la emisión de bonos. Aun
cuando la realidad le demostraría luego que el empresariado local no lograría finalmente
sintonizar plenamente con la inversión para los sectores pobres, parte de eso tiene que
ver con la dosis de voluntarismo que acompañó al idealismo humanista de sus propues-
tas, que algunos críticos caricaturizarían, sobre todo en sus momentos más difíciles.
75
No cabe duda que la coyuntura afrontada por él decididamente lo llevaría a prestar una ma-
yor atención a ese tema, verificado su enorme impacto económico, social, y sus implicancias
urbanas (la vivienda, escribía él: “…dará a nuestras clases modestas no solo el ansiado techo
decoroso sino algo que vale mucho más que eso: la esperanza, el optimismo y la salud, sólidas
bases sobre las cuales podrá construirse una efectiva solidaridad nacional.” (mayo, 1945).
Su éxito como proyectista le permitió equilibrar teoría y práctica, y “tocar con
la mano” la incoherente forma como se hacía ciudad: el exceso influjo centrípeto
Parte de la Represa del Centro de Lima (que sofocaba e inundaba sus estrechas ca-
Condoroma lles), el irracional proceso de expansión (que multiplicaba inne-
cesariamente las distancias y las necesidades de los servicios ur-
banos), la caótica configuración del tejido urbano (que permitía
la incontrolada acumulación o subdivisión de la parcelación), la
inadecuada convivencia de actividades urbanas (como la indus-
tria, por ejemplo), la dispersión aleatoria de las actividades y
lugares urbanos (que lo llevaría a las propuestas orgánicas que
acercaban la residencia a los lugares de trabajo).
Eso planteó la necesidad de una herramienta proyectual (o sea,
moderna) para la ciudad: el plan urbano, y los profesionales espe-
cialistas que lo formularan (o sea los urbanistas). Esos serían temas
recurrentes en la revista desde inicios de la década de 1940.
76
Proyecto urbano y modernidad
77
predominante de priorizar el flujo y el estacionamiento vehicular, razón por la
cual se promueven los ensanches viales ya iniciados en la Av. Tacna y Abancay.
Finalmente, también apoya la intervención en el Convento de la Merced con el
ensanche del Jr. Huancavelica entre el Jr. Camaná y la Av. Tacna, para crear una
zona turística de teatros y tiendas, partiendo de los equipamientos existentes en
dicho tramo.
Cosmopolitismo y localismo
78
Su conciencia cosmopolita será un útil instrumento en las búsquedas urbanas
que tendrían un lugar en la revista y apuntaron a introducir una morfología urba-
na distinta “para romper los viejos moldes del trazado urbano, que se basaba en el
“damero”, el “emparrillado”… que hacían caso omiso de la topografía…” (julio
de 1946). Esa actitud lo llevó a adoptar la difundida y prestigiosa idea del espa-
cio isotrópico de las supermanzanas y los
nuevos tipos unifamiliares (casa aislada),
los multifamiliares (el bloque y la barra),
así como la discriminación entre las vías
vehiculares y las peatonales, las solucio-
nes tipo cul de sac. Su proyecto para un
balneario en la región de Lima (1943) se
acerca notablemente a los principios con-
tenidos en el proyecto de Gropius y Wagner en Harvard, reprodu-
cido en la revista recién en junio de 1944, lo que sugiere que su
conocimiento y apropiada asimilación ocurrió antes.
A ese referente se suma la difusión casi simultánea de la expe-
riencia norteamericana de las Greenbelt (mayo de 1944), así como
varios artículos de estos mismos años se dedicaron a los planes ur-
banísticos ingleses para la reconstrucción.
Al finalizar el primer lustro de esa década, formuló un meditado
Plan de Vivienda propuesto y sustentado desde su escaño de Dipu-
tado en 1945, que concluiría en la creación de una institución fun-
damental en los cuarenta años siguientes: la Corporación Nacional
de la Vivienda (que cambiaría de nombre y ajustaría sus funciones
más de una vez), por ley, en septiembre de 1946.
La síntesis teórico-práctica más relevante fue publicada en la
revista en 1945, donde señala el modelo de ciudad y su Plan: descentralizar la
ciudad, construir Unidades Vecinales en áreas relacionadas al trabajo y, luego, re-
habilitación de los tugurios, evitando la urbanización indiscriminada a lo largo de
las vías irradiadas desde el centro, a través de áreas de reserva.
El año 1946, parece ser clave en términos del afianzamiento institucional del urbanis-
mo, la revista lo mencionó, como en el caso de la legislación urbanística, por las leyes de
creación de la CNV y la ONPU, y la de propiedad horizontal, que allanaba el camino
para la construcción de edificios de vivienda colectiva. Pero en realidad la gesta fue ante-
rior, digamos en 1944, en torno al espacio profesional y académico creado por el Institu-
to de Urbanismo que resalta la existencia de dos posturas frente a la expansión de Lima.
79
Santiago Basurco publicó en noviembre de ese año en “El Comercio”, un artículo sobre
el problema de la vivienda y la manera cómo las UnidadesVecinales constituían una eficaz
manera de contribuir a su solución. Sin demora, el Instituto de Urbanismo, a través de
su Secretario, publicó en la revista un comentario al texto puntualizando su coincidencia
sobre las Unidades Vecinales, pero su discrepancia en torno al carácter de las vías que
unían el centro de la ciudad con el Callao, Miraflores y Magdalena. Según el Instituto,
esas vías no debían terminar conformando una “ciudad lineal”, sino que deberían excluir
la urbanización de sus bordes, y quedar como eficiente, rápido y seguro acceso a las Uni-
dades Vecinales, que además debían estar vinculadas a ellas a través de accesos propios
que mantuvieran su escala, carácter autosuficiente y seguro.
Cuando en 1945 ocupa su escaño como Diputado del Frente Democrático Na-
cional (FDN), uno de los primeros proyectos que aprueba el Congreso sería la
Ley de creación de la Comisión Nacional de la Vivienda que inmediatamente que-
daría facultada para iniciar estudios de orden urbano, arquitectónico, financiero
y legal que se convertirían pronto en sendas propuestas que revelaban no solo el
conocimiento sobre el tema, sino la conciencia y responsabilidad con que se asu-
mió la vía política, adoptada como un medio y no como un fin.
Las objeciones no se hicieron esperar, por eso tuvo que sostener la defensa
(febrero de 1946) de la opción por la vivienda colectiva, contra la individual, por
razones no solo de orden económico, sino también urbanístico y por la calidad
de vida implícita en esa opción.
Sin embargo, la visión de FBT con todo lo amplia, previsora y actualizada que
evidentemente fue, en el fondo partía de aceptar la realidad existente, y su pre-
ocupación apuntó a encontrar las soluciones. En esto, su actitud también revela la
influencia del pensamiento anglosajón, que asume la realidad tal cual es, y luego
racionaliza su solución.
En esas condiciones el camino para el Plano Piloto de Lima de 1949, estaba alla-
nado, la única voz disonante sería la de Héctor Velarde, que sobre la propuesta de
Joseph Luis Sert y Paul Lester Wiener con su típica ironía abordaría bajo el título
“¿Plano Piloto o plano bombardero?”.
80
de la Municipalidad, el Ministerio de Fomento y otras oficinas sectoriales que, con recur-
sos económicos convenientes, formulasen esa herramienta fundamental para organizar
la expansión armónica de la ciudad. Como lo expresó en el documento de esa fecha,
Belaunde consideraba la creación de dicha institución como un primer paso que debería
llevar a la creación de un
ente nacional, que en di-
ciembre de 1946, sería
la Oficina Nacional de
Planeamiento Urbano
(ONPU), otra de sus va-
liosas contribuciones.
Su preocupación
previsora por los gran-
des equipamientos e
infraestructuras para
la ciudad futura que
veía venir lo hicieron
abrir distintos frentes
de sensibilización que
tuvieron efectos in-
mediatos, como en el
caso de la Ciudad Universitaria, acogida con diligencia por autoridades de la
Universidad de San Marcos, quienes acudieron a profesionales idóneos para elegir
la ubicación y luego a la Sociedad de Arquitectos para que sugirieran a los profe-
sionales que podrían encargarse del diseño urbano y arquitectónico.
Así, en diciembre de 1946 escribió entusiasmado por la actitud de las autori-
dades universitarias y deslindó con las críticas sobre la destrucción de terreno
agrícola que sería anulado por la nueva ubicación propuesta. Reclamó por qué no
se había hecho esas mismas válidas críticas a la acción de las urbanizadoras, para
agregar que se debía pensar en dotar de los equipamientos urbanos que la actual
ciudad capital requería y merecía, pero pensando en su proyección y la ciudad
futura, no sólo por necesidad sino también por conveniencia, tendría que anular la
tierra agrícola, por lo que, y aquí viene lo más interesante: “…Hay que abordar el
planeamiento regional de Lima”, necesidad sobre la que había ya hablado Patrick
Geddes (también reseñado en la revista) y que en Lima la introduciría después,
con toda su metodología, el italiano Mario Bianco, a partir de 1948 en la ONPU,
bajo el nombre de Urbanismo Integral.
81
Arquitectura, modernidad y tradición
Perteneció al grupo de quienes entendían que aquí, el presente no tenía que reñirse
con el pasado, aunque su comprensión del pasado fuese unilateral, porque en las
incursiones peruanistas, de un lado, considera poco sensato involucrar el pasado
prehispánico (que solo debía quedar en “arqueología y cerámica”); mientras, de otro
lado, promovía la homologación del neocolonial, y el californiano en el que apre-
ciaba la desenvoltura de los proyectistas norteamericanos al evocar las formas de
la arquitectura hispana de las misiones españolas “tan familiares a las nuestras”. Su
arquitectura doméstica estaría fundamentalmente marcada por esa opinión.
Pero Belaunde poseía una actitud atenta, una visión incluyente y una concepción diná-
mica de la realidad, las que le permitieron distinguir y apreciar los aportes locales en la
búsqueda de una arquitectura contemporánea de matriz tradicional, como lo demostró
su efusiva y entusiasta crónica sobre la arquitectura doméstica neocolonial moderna de
Enrique Seoane, a inicios de la decisiva década del cuarenta.
También era consciente que para evocar la tradición, primero era menester co-
nocerla, por esa razón persuadió a uno de sus más entusiastas articulistas, Emilio
Harth Terré, para que donase los derechos de autor de su libro sobre “La historia
de la Arquitectura en el Perú” (septiembre de 1946), para su publicación por el
Parlamento Nacional y cuya venta iría a incrementar el presupuesto de la Bibliote-
ca Nacional. Desafortunadamente, la propuesta no se hizo realidad a pesar de que
fue aprobada, y ese anhelo constituye hasta el momento uno de los más severos
vacíos de la cultura arquitectónica de nuestro país, las palabras de Belaunde siguen
dramáticamente en pie: “¿Qué hacemos con nuestro pasado los peruanos? Como
única, desconcertante respuesta bástenos decir que, en muchos aspectos, lo igno-
ramos...La arquitectura del Perú, decididamente, no es profeta en su tierra...”
Su visión de las relaciones entre tradición y modernidad arquitectónica en el de-
bate sobre el destino de la ciudad histórica, recién se haría suficientemente explícita
cuando bajo el título “La libertad de Expresión Arquitectónica” escribiera el edito-
rial de marzo de 1946. Clara conciencia histórica (es decir, no solo del pasado sino
del presente y del futuro), visión unitaria (es decir, urbana y arquitectónica) y el
reclamo de un procedimiento ad hoc que permitiera discriminar la realidad, culmi-
narían así: “...en el campo de la arquitectura comercial e industrial, por lo menos,
demos al arquitecto la oportunidad (…) para que intente escribir una nueva página
en la historia de nuestra arquitectura. Esa será la mejor manera de respetar el pasa-
do; permitiendo que descansen en paz los edificios sin mérito y que subsistan en pie
aquellos pocos ejemplos que merezcan los honores de la inmortalidad”.
82
¿Una réplica local del PlanVoisin corbusiano?, en cierta medida sí, pues de otra manera
no se entendería su aprobación para la publicación de “Los Planes Municipales” de Emilio
Harth Terré (una auténtica tabula rasa) en junio del mismo año, como ya lo señalamos.
Las coordenadas culturales del tiempo, actuaron a favor de las imágenes de lo nuevo.
Pero volvamos a su diseño arquitectónico refiriéndonos a su casa en Inca Ripac
(1944), uno de sus mejores proyectos de arquitectura doméstica. Una sorprenden-
te unidad entre área edificada y área libre, lograda confinando la primera hacia un
extremo del terreno, dejando una amplia y unitaria área libre a la cual proyectan
los espacios más importantes y dinámicos de la casa. Eso llevó a un insólito y muy
importante cerco que aisló el área libre de la calle, haciendo de aquella un cosmos
privado e íntimo. La expresión volumétrica plena de geometría, y más bien breve en
sus referencias figurativas, muestran su acercamiento a la abstracción moderna.
Sin embargo, en el arreglo del espacio interior gana por amplio margen el gusto
ecléctico por los estilos y lo figurativo. Ahí se expresa también una ambigüedad en
el discurso entre lo figurativo y lo abstracto, que empezó a definirse más nítida-
mente recién después del V Congreso Panamericano de Arquitectos, realizado en
Lima en 1947, en el que presidió la comisión encargada de organizar la exposición
de arquitectura de las delegaciones participantes. Su contacto con los proyectos y
proyectistas más avanzados del continente ejercería, sin duda, un impacto deter-
minante que se haría sentir en los proyectos de vivienda (una casa pareada y un
edificio), realizados inmediatamente después (1947, 1948).
Abstracto-figurativo, pintoresco-sublime
83
Vista panorámica del puente Bolivia, cons-
truido en el primer Gobierno de Belaunde
(1963-1968) sobre el río Mayo, en la
Marginal de la Selva.
84
85
Dos hechos confirman que la política editorial, respecto a la expresión moder-
na, de “El Arquitecto Peruano”, no fue un asunto de mercado, lo encontramos en
el ya mencionado proyecto de Belaunde para su casa y en su gusto ecléctico en los
interiores. Así lo entendieron los jóvenes de “Espacio”, que crearon su propia re-
vista con la finalidad de suplir el vacío en la difusión de la arquitectura moderna.
Su proyecto para el edificio Ferrand (julio de 1945), en la Av. Wilson, en torno
a la plazuela Elguera, acaso uno de los bordes modernos más logrados en Lima
(dos de cuyos edificios fueron proyectados por Enrique Seoane), señalan su trán-
sito del lenguaje pintoresco al sublime y del figurativo al abstracto. Por ironías
del destino, sin embargo, a “insinuaciones de los propietarios y del Municipio” la
elevación exterior del proyecto fue solicitada al arquitecto Alejandro Alva, que lo
hizo en un neocolonial que le restó fuerza contextual y legitimidad arquitectó-
nica a la propuesta.
En 1945, con ocasión de celebrar los ocho años de su aparición, el editorial hace
una lúcida explicación de los valores que dan soporte a la línea editorial de la revis-
ta, texto que adicionalmente ayuda a dimensionar la exitosa capacidad de gestión
empresarial, en momentos de serias dificultades económicas, producto de la crisis
generada por la Segunda Guerra Mundial. Allí subraya la consciente defensa de su
autonomía, ajena a todo interés subalterno.
Es elocuente no encontrar en las páginas de la revista rastros de proselitismo polí-
tico, aún en aquellos momentos clave de las bregas electorales en las que participó.
Epílogo
86
Lo que está claro, hasta 1963, es que el suceso que alcanzó fue producto de su
racionalidad dialéctica, su postura democrática, su capacidad de gestión y persua-
sión, así como su honestidad intelectual, que atravesó sin dudas ni exabruptos
del campo profesional al político, renunciando a sus logros seguros y eligiendo
el camino menos predecible de la política, dejando ejemplos que merecían haber
tendido mayor trascendencia y reconocimiento.
87
Finalista Área El Arquitecto y el Urbanista
Un arquietecto
Un arquitecto
visionario yy la
visionario la
vivienda en
vivienda en el
el Perú
Perú
Gladys Valenzuela Saldaña30
Estudió Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Profesor de Cien-
cias Sociales en el Colegio María Alvarado, Lima. Ha realizado investigaciones con
fondos documentales y bibliográficos, como la investigación sobre niños trabajadores
en los mercados de Lima, auspiciado por la OIT; y la investigación y elaboración de
documentos para el proyecto de Seguridad Social para Trabajadores Independientes.
Actualmente desarrolla un trabajo de investigación sobre los Barrios Obreros de Lima
(década del 30), la misma que cuenta con el auspicio del Instituto de Investigaciones
Histórico Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNMSM.
30 Seudónimo: Natividad.
31 Seudónimo: Filisdei.
88
En Palacio de Gobierno no faltaban jamás numero-
sas maquetas y mapas de diversos proyectos viales,
hidroenergéticos, hidroeléctricos, de hospitales,
colegios y, entre otros, de proyectos de represas
como la de la escena.
89
Introducción
El Perú constituye un territorio fértil para la investigación, debido a que es muy poco
lo que se invierte en ella; sin embargo, no se debe negar el esfuerzo de nuestros an-
tepasados y el de personajes ilustres que, desde distintas tribunas, contribuyen a que
nuestro querido país salga adelante. En ese sentido cabe destacar el empeño de hom-
bres y mujeres desde el intelectual hasta el artesano que, con sus manos, conserva y
difunde en soporte material nuestro acervo cultural. Uno de esos personajes ilustres
que trabajó firmemente para el progreso y desarrollo del país fue el arquitecto Fernan-
do Belaunde Terry, quien con su talento, el talento de construir, contribuyó a formar
una nación, la nación peruana, formada no solo por edificios y vías o carreteras, sino
que más allá de eso formada por ciudadanos, hombres y mujeres.
Desde esa perspectiva el proyecto de Belaunde giró en torno a la construcción
del ciudadano a partir de la propiedad de la vivienda. Como arquitecto científico y
humanista a la vez, Belaunde sabía que había mucho que hacer por el país, por eso
su empeño en institucionalizar la arquitectura y el urbanismo como herramientas
fundamentales para el desarrollo nacional. Su preocupación por los destinos del
Perú se inició cuando fundó la revista “El arquitecto peruano” y la utilizó como
tribuna de expresión, no sólo para hablar de arte y decoración, sino también para
hablarnos de su compromiso como profesional en los aspectos urbanísticos, ade-
más de hablarnos también de la evolución de la arquitectura como profesión.
El siguiente ensayo habla sobre la vida de este ilustre personaje desde su forma-
ción como arquitecto, hasta llegar a la presidencia y desde allí ejecutar todos los
ideales constructivos de su juventud.
90
y el posterior desarrollo epistemológico de las ciencias sociales en general. Las
corrientes cientificistas -surgidas a la luz del desarrollo industrial en Europa y
Estados Unidos- logran imponer su discurso en los países periféricos (sobre todo
en el ámbito Latinoamericano) con desigual resultado.
Se deduce que el afán por acelerar el desarrollo empujaba a estos países a adop-
tar similares medidas a las europeas, que asumidas como fórmulas, se implemen-
taban a fin de lograr el tan anhelado avance, aunque en algunos casos solo pudie-
ron dar la ilusión de progreso.
Así, la renovación científica y epistemológica que promovía el positivismo se ex-
tendió por todo el orbe, sobre todo en el campo educativo. El Estado peruano lo-
gró hacer suyo el discurso modernizador planteado en Europa, creando centros de
educación superior cuyos contenidos curriculares estén acordes con lo avanzado en
Europa y acordes también con las necesidades consideradas urgentes para el país.
En el caso del Perú, el afán por las disciplinas científicas motivó la creación de
instituciones educativas especializadas, como es el caso de la Escuela de Ingenieros
(hoy Universidad Nacional de Ingeniería) y la Escuela de Agricultura (hoy Univer-
sidad Nacional Agraria) y la creación de Facultades de carreras Administrativas y
Ciencias en la Universidad de San Marcos. Todas estas iniciativas, si bien son esta-
tales, requieren de organizadores europeos para su consolidación, de modo tal que
el ingeniero polaco Edgardo de Habich es convocado por el Estado peruano para la
organización de la recién formada Escuela de Ingenieros, hacia el año 1876.
Podríamos entonces afirmar que la primera generación de técnicos, ingenieros del
Perú son formados por profesionales extranjeros. Sin embargo, esta dependencia con
respecto a especialistas foráneos iría modificándose con el transcurrir de las décadas.
La formación de un grupo de científicos peruanos ligados a la docencia uni-
versitaria se va consolidando desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo
XX, en el campo de la medicina en la Universidad de San Marcos y la ingeniería
civil en la Escuela de Ingenieros32.
Este periodo de formación intelectual se manifestó en la aparición de publica-
ciones científicas en ambas disciplinas, los “Anales de Medicina” e “Informaciones y
Memorias” en el caso de los ingenieros. Revistas que tenían por objetivo compartir
los conocimientos generados en la práctica profesional, así como sus inquietudes
profesionales y el afán por fortalecer la profesión en la sociedad peruana.
La ingeniería aun no había logrado el nivel de especialización que adquiriría
décadas después, siendo así que la arquitectura era un curso más dentro del currí-
culo de la sección de ingeniería civil.
32 Un estudio ampliado sobre la emergencia de científicos nacionales en ese periodo lo encontramos
en el libro de Marcos Cueto, Excelencia Científica en la periferia. GRADE. Lima 1988.
91
Es la arquitectura precisamente la que años después alcanzaría autonomía
académica, cuando oficialmente es creada como sección, en 1910, en la Escuela
de Ingenieros, desarrollando su propio camino científico-técnico, buscando -al
igual que la medicina y la ingeniería- su fortalecimiento profesional y mostrán-
dose como una disciplina necesaria para el desarrollo del país. En esa tarea de
demostrar la función social de la arquitectura se empeñaron tanto docentes
como alumnos de la nueva especialidad.
Hacia el año 1931 se impulsaron algunas reformas en el currículo de la sección de
arquitectura de la Escuela de Ingenieros -bajo la gestión del ingeniero José de la Puen-
te, director de la Escuela de Ingenieros- como parte de una política por modernizar y
dotar de mayor funcionalidad a la práctica de la arquitectura. Dicha reforma contó con
la participación de Rafael Marquina, Bruno Paprocki y Ricardo Malachowski.
Uno de los personajes que asumió la tarea de promover la función social de
esta disciplina fue Fernando Belaunde Terry. Si bien su formación inicial como
arquitecto se desarrolló en Estados Unidos, fue precisamente ello lo que le otorgó
mayor capacidad de asumir la necesidad de promover la arquitectura como herra-
mienta importante para el desarrollo del país.
Sin embargo, Fernando Belaunde no era el único arquitecto peruano formado
en el exterior33, pero, sin duda, fue el más dinámico y activo. Ingresó a la docencia
en la Escuela de Ingenieros, organizó años más tarde la Sociedad de Arquitectos -el
primer intento de agremiación de estos profesionales- y fundó, en el año de 1937,
una de las revistas pioneras sobre arquitectura en el Perú: “El Arquitecto Peruano”.
La formación universitaria recibida por Belaunde se desarrolló dentro del con-
texto del New Deal norteamericano, que de alguna manera definió un modo de
entender la arquitectura y su funcionalidad.
Es el caso de Belaunde, cuya formación como arquitecto34 se dio en Estados Unidos,
y de regreso en el Perú pretendió difundir las innovaciones teórica y técnicas aprendi-
das en el país del norte, para lo cual entró a la docencia a la Escuela de Ingenieros.
Esta pretensión tomaría cuerpo a lo largo de muchos años, desde la cátedra
universitaria en la Escuela de Ingenieros, donde impulsaría la renovación curri-
cular y posteriormente como promotor de la profesión y su importancia social.
Además de ser unos de los iniciadores y destacado exponente de la arquitectura
moderna funcional en el Perú.
33 Alfredo Dammert, formado en Alemania, es considerado como uno de los arquitectos más impor-
tantes de este periodo (décadas de 1930-1960) dada la inmensa obra proyectada y ejecutada.
34 Disciplina que en el Perú no tenía aún carácter profesional, siendo Belaunde precisamente un
promotor dinámico de la importancia de la arquitectura, no solo para particulares sino además para
el desarrollo de la nación.
92
El Modernismo arquitectónico empezó a asomarse en el Perú a mediados de la
década de 1920, por la concurrencia de varios factores, entre los que podemos
mencionar la influencia de los estilos arquitectónicos desarrollados en la Bauhaus
y en la Alemania de postguerra y además por iniciativa de un grupo de arquitectos
jóvenes formados en el exterior que llegados al Perú fueron quienes le otorgaron
un nuevo impulso a la arquitectura.
El modernismo intentó dar practicidad al diseño arquitectónico, despojándolo de
su carácter ornamental y enfatizando, sobre todo, su utilidad y funcionalidad. Es
por su carácter utilitario que destacará en la construcción de viviendas colectivas.
Estas características generales de la Arquitectura Moderna se irán imponiendo pau-
latinamente en el Perú por la influencia que ejercería el conocimiento desarrollado
en ese ámbito en Europa (básicamente Alemania) y Estados Unidos, y que llegaría a
nuestra realidad por el arribo de profesionales peruanos formados en estos países.
35 TORRE TORO, Juan José. “La higiene como argumento: Conflictos entre ocupantes y propietarios
de casas de vecindad vistas por la Inspección Obrera (1937-1949)”, Uku Pacha. Revista de investiga-
ciones históricas. N° 13. Lima 2009.
Este trabajo constituye un acercamiento preliminar sobre las condiciones de viviendas populares entre
las décadas del 30 y 50.
93
alemán, siguiendo las pautas urbanísticas que se imponían en el mundo. De ese modo
se empezó con la edificación de los barrios obreros en el año 1937.
Se debe anotar que la incorporación del modernismo arquitectónico como modelo de
viviendas estatales tendría antecedentes en la construcción de viviendas particulares que,
diseñadas por los jóvenes arquitectos, guardarían las características propias de aquel estilo.
Conjunto habitacional
Santa Rosa. Construido
en la década de 1980, en
el gobierno de Fernan-
do Belaunde Terry.
94
Belaunde era ya, en los años 30 y 40 un dinámico impulsor de la arquitectura en
el Perú y de su importancia para el desarrollo sostenido del país.
El urbanismo, dado que es una ciencia aplicada, requería de un trabajo coordi-
nado con el Estado para llevar a cabo las nuevas propuestas. No sería casual, en-
tonces, que Belaunde viese en la participación política un medio para dinamizar el
desarrollo urbanístico del Perú. En las elecciones de 1945, Belaunde alcanzaría un
escaño en la Cámara de Diputados desde donde empezaría una fulgurante carrera
política en la que la preocupación por el desarrollo urbano y la infraestructura
estarían siempre presentes.
En 1972 realizó un
proyecto en San Martín
de Porres de la mano
de Fumihiko Maki,
uno de los más grandes
arquitectos del mundo.
95
Entre las temáticas que destacaron en la revista encontramos una que en pala-
bras del propio Belaunde constituyó su tema favorito: la vivienda.
Desde los años cuarenta, el Perú vivía una seria explosión demográfica, debido
en gran parte a la reducción de la mortalidad infantil y al control de las princi-
pales enfermedades de infección, las cuales se lograron dominar gracias al lento
proceso de construcción de agua y desagüe36; es importante resaltar el papel de
la medicina en ese sentido, ya que desde los inicios del siglo XX eran patentes los
perjuicios en la tasa de natalidad que causaron epidemias como la fiebre amarilla,
la peste bubónica, la malaria37, etc. Es recién en el siglo XX, cuando la medicina
empezaría a tener una función social de alcance popular.
Por otro lado, la migración del campo a la ciudad fue otro hecho que conllevó al
crecimiento poblacional de la ciudad, muchos jóvenes provenientes de las diferentes
provincias del Perú vieron en la universidad una forma de ascenso social, movilidad
social que los llevaría paulatinamente al éxito personal y posteriormente familiar; es
en este contexto que se originan las primeras barriadas en Lima, precarias viviendas
construidas en las faldas de los cerros como la del cerro San Cosme en el año 1946.
Ante este fenómeno social urbano Belaunde propone la construcción de vivien-
das para la población de menores recursos, es decir, para la clase obrera de Lima,
su propuesta giró en torno a la construcción de viviendas multifamiliares de ade-
cuadas condiciones higiénicas, confortables y sobre todo de arrendamiento bajo,
se trataba, por cierto, de la consigna que el grupo de arquitectos que trabajaron
con él durante la primera mitad del siglo XX le atribuiría a Belaunde.
Para Belaunde, la vivienda constituyó la base del trabajo, es decir, de la producción;
sin vivienda no hay progreso material ni espiritual, siendo su acceso restringido a las
clases pudientes. Belaunde, junto con su grupo de arquitectos, planteó la construcción
de unidades vecinales para las clases populares y también para el sector medio.
El problema de la vivienda, mi más intenso sentimiento profesional y humano, me
lleva al urbanismo. Porque la vivienda, no para unos pocos, sino para miles de miles que
no la tienen o la tienen en condición penosa, más que un problema arquitectónico, lo es
urbanístico. Nosotros como estudiantes hacíamos inspecciones de las diferentes vivien-
das que ocupaban los pobres de Miami, generalmente de sectores de raza negra38.
A lo largo de toda su vida profesional y política, Belaunde consideró el tema
36 CONTRERAS, Carlos. Historia del Perú republicano. pp. 281-286.
37 CUETO, Marcos. El regreso a las epidemias: salud y sociedad en el Perú del siglo XX. pp. 45-48.
38 CHIRINOS SOTO, Enrique. Conversaciones con Belaunde.Testimonios y confidencias. pp. 23
96
de la vivienda como base de la estructura social de la ciudad, ella contemplaba
el funcionamiento, el orden, la integridad de las relaciones humanas dentro de la
urbe, y, sobre todo, la consolidación de la familia como institución fundamental
de la sociedad; es por eso su preocupación constante por este tema, porque si la
familia posee una vivienda confortable, higiénica y recreativa, en tanto se encuen-
tra cerca de los espacios de recreación, podrá formar por consiguiente a ciudada-
nos ordenados, con menores problemas con los cuales lidiar diariamente.
Por otro lado, la estructura de estas viviendas se caracterizó por ser princi-
palmente funcional, es decir, se preocuparon por que cada espacio construido
cumpliera un rol importante dentro del núcleo familiar, asimismo, estas unidades
vecinales fueron diseñadas desde la perspectiva de la inclusión, es decir, las unida-
des vecinales se encontraban dentro de la idea de una mini ciudad. Esto significaba
construir viviendas cercanas a los lugares de trabajo de los empleados, obreros y
profesionales, con el fin de descongestionar el tráfico de Lima de aquellos años.
Desde esta perspectiva, Belaunde consideraba que al estar las unidades vecinales cerca
de los lugares de trabajo o cerca de las zonas industriales, esto permitiría que el ciudada-
no no tuviera que utilizar un vehículo de transporte para trasladarse del hogar al centro
de trabajo; y ello haría al hombre más productivo en términos de tiempo y eficiencia.
Además de ello, la ejecución de estas obras comprendería la construcción de centros
comerciales, mercados modernos, centro cívico y centro de salud, colegios, áreas recrea-
tivas con teatro, restauran popular, cine, y el templo39. Estos espacios, como centros de
socialización dentro del núcleo urbano contribuirían al desarrollo integral del individuo,
del ciudadano como ser gregario, en ese sentido el proyecto de la vivienda contribuiría
también a la formación del ciudadano.
La parte recreativa dentro del proyecto de unidad vecinal constituyó también
un elemento importante para la construcción del ciudadano. Recordemos que en
los albores del siglo XX el deporte era considerado elemento fundamental para
el desarrollo físico y mental del individuo, por eso su difusión como modelo de
conducta que diera importancia al trabajo, al orden y las leyes.
(…) Sacar al niño de la calzada, llevándolo al parque infantil, para que disfrute
de las ventajas de la naturaleza lejos de los peligros del tránsito, constituye una de
nuestras mayores aspiraciones, y formarlo deportivamente40.
39 Desde su visión cristiana, Belaunde afirmaba que con la nueva ciudad surgía también además de la moder-
nidad, el templo; no como elemento nuevo, sino más bien como instrumento tradicional para el desarrollo
de la ciudad: “Dentro del revolucionario plan hay una honrosa nota tradicional. Con la nueva ciudad surge el
templo (…) ella forma parte del proyecto inicial, nace y crece con él, se bautizarán nuevas generaciones, se
celebrarán matrimonios y se recordará a sus desaparecidos”. El arquitecto peruano, Nº 116, 1947.
40 BELAUNDE TERRY, Fernando. “Conclusiones del Foro urbanístico”. El arquitecto peruano, Nº
160, 1950.
97
Otro de los temas recurrentes en la revista es el que nos habla sobre la función
social del arquitecto.
41 Ídem.
98
Desde esa perspectiva cabe destacar la formación del arquitecto como profesional
científico y humanista, es decir, un intelectual que busca el desarrollo sostenible de
una sociedad. Belaunde siempre tuvo clara esta premisa y la demostró en los dos
gobiernos que presidió y en los que tuvo la oportunidad no solo de demostrar su
hondo compromiso con el país como arquitecto, sino que además de ello contribu-
yó a la formación del ciudadano como elemento importante de la familia y por ende
de la sociedad, porque la ciudad
no solo está hecha de edificios
o carreteras, sino que por sobre
todo esto, está constituida por
los individuos que la integran.
A los arquitectos se nos educa
para estudiar al ser humano en fa-
milia o en sociedad y a analizar a
fondo su hábitat, el terreno donde
nos proponemos construir. Nos
enseñan a adentrarnos en la reali-
dad del hombre y la tierra (…)
El destino me convirtió en
un arquitecto cuyo cliente no
era simplemente una familia en
busca de albergue en un terreno
dado. La familia resultó ser la so-
ciedad y el terreno se extendió a
todo el territorio42.
Como recinto importante para la formación del ciudadano, Belaunde juntó a su
grupo de arquitectos diseñando la ciudad universitaria.
99
En el caso de la Universidad San Marcos, ubicada en el parque universitario, hoy
Centro Cultural, se vio muy reducida en sus dimensiones debido al incremento de
la población estudiantil. Belaunde, junto con su generación de arquitectos, apostó
por la construcción de una ciudad universitaria que contemplara en ella una forma-
ción integral, es decir, se proponía la construcción no solo de áreas académicas sino
también de áreas de esparcimiento para los futuros jóvenes profesionales. Las ideas
modernistas de la época contemplaban la integridad total de la ciudad.
Es así que el primer modelo o croquis de la distribución de espacios de la ciudad
universitaria se llevó a cabo en 1950 con la firma de Alfredo Dammert. Esta ciu-
dad avistaba la construcción de un estadio, un paseo de estudiantes de circulación
peatonal arbolada, un teatro libre, un observatorio, además de la construcción de
las primeras facultades de la Universidad como las facultades de Letras y de Cien-
cias. Sin embargo, es recién en 1956 cuando se reconsidera el proyecto definitivo
firmado por Alfredo Dammert, Luis Dorich, Carlos Morales y, como consultor,
Fernando Belaunde
Y, por último, en “El arquitecto peruano” vemos temas constantes sobre la
cultura del paisaje.
El paisaje es un término que aun siendo nuevo en las ciencias ambientales, como
variable de valoración, nos permite analizar la perspectiva que se tenía de él en la
sociedad que agrupó a la primera generación de arquitectos del Perú.
Desde antaño el paisaje ha sido considerado como parte del ornato, de allí las
denuncias puestas en el Cabildo de Lima sobre construcciones que obstruían la be-
lleza del entorno. Para el caso de Lima colonial, esta identificación del paisaje es
interesante en un espacio urbano que recién salía del intimismo de sus casas. Fueron
los Borbones quienes se preocuparon en realzar el paisaje natural y el cultural. El
natural a través de la belleza de la naturaleza en su paseos y alamedas, y el cultural a
través de la nuevas construcciones que comenzaron a adornar sus fachadas y a sobre-
salir en un paisaje hasta entonces dominado por la fisonomía urbana intimista.
En ese sentido, es sumamente importante destacar la labor paisajista de Be-
launde y del grupo de arquitectos que se reunió en torno a la revista, ya que
ellos también contribuyeron a embellecer el ornato de la ciudad desde el plano
arquitectónico, a través de la puesta en valor del paisaje natural y cultural. Ellos
consideraron el paisaje como elemento de cultura, una forma de manifestación
artística expresada en el paisaje urbano.
100
El paisaje, que es la apariencia del campo de la ciudad, de la aldea en que el hom-
bre vive, es un aspecto muy importante de ese medio. El paisaje es una expresión de
la relación fundamental entre la tierra y la vida. Su belleza tiene por eso un significa-
do potencial profundo, además del placer que el ojo puede tener en lo que ve.
(…) La humanidad necesita del contacto con la naturaleza y con el suelo, y del
refresco y verificación de la belleza natural de sus alrededores44.
Las obras arquitectónicas ejecutadas por esta primera generación de urbanistas
mantenían la idea de que las formas arquitectónicas por ellos producidas debían
expresar cabalmente un contenido social y una finalidad económica al igual que
la realidad regional, en donde esta expresión sería necesariamente una manifesta-
ción de arte colectivo. La cultura del paisaje es sumamente importante en países
como el nuestro, ya que la belleza de parques y jardines le dan al espacio en el que
se habita una realidad distinta a la realidad social y económica. Por esa razón resul-
ta importante que detrás de una obra arquitectónica haya previamente un estudio
técnico, de impacto social y ecológico, para evitar aberraciones paisajísticas como
las que vemos en la actualidad.
101
de Lima y sobretodo de provincias. Tomando conceptos de la cultura andina y los
suyos, como arquitecto, Belaunde vio en el Perú un gran terreno para construir y
ejercer su talento no como un presidente más, sino más bien como un ciudadano
comprometido con el país.
102
sufriendo Lima. Si bien en un inicio se plantea la construcción de las unidades vecina-
les como modelo de destugurización urbana, estos modelos irán adquiriendo forma
propia en los proyectos de Belaunde durante su etapa como presidente.
La unidad vecinal estuvo destinada a resolver los problemas de la habitación, de
educación, de sanidad, de recreación y de comercio para un número previamente
determinado de habitantes48, además de estar construidas en zonas industriales.
Sin embargo estas ideas se quedaron estáticas en el tiempo. Belaunde como visio-
nario político viajó mucho por diferentes pueblitos del país, conociendo el Perú
profundo, llegando así a redescubrir conceptos estructurales de la cultura andina.
Es así que Belaunde, desde una visión andina, hizo una reinterpretación de las
unidades vecinales. Como sabemos, los Incas desarrollaron un complejo sistema
de redes de caminos, los cuales conectaban con todas las ciudades del imperio
incaico, logrando de esta manera desarrollar técnicas innovadoras en cuanto al
tema de planeamiento urbano.
El redescubrimiento de Belaunde de la cultura andina le permitió, como bien lo se-
ñala el arquitecto Wiley Ludeña, proponer un nuevo sistema organizativo del territo-
rio que abarcase todas las escalas de organización social e intervención urbanística49.
48 BELAUNDE TERRY, Fernando. “El barrio unidad, intento de descentralización urbana”, El arqui-
tecto peruano Nº 83, 1944.
49 Belaunde planteará una analogía insospechable hasta entonces: la analogía entre la moderna teoría
de la unidad vecinal y el antiguo módulo de organización social y territorial peruano: el ayllu incaico.
Wiley Ludeña. Tres buenos tigres. pp. 128-137.
50 BELAUNDE TERRY, Fernando. Perú 1981. Mensaje al congreso del presidente de la república. pp. 214.
103
Materiales51, organismo que se creó con la intención de otorgar a las familias de
escasos recursos créditos de materiales de construcción para la edificación de sus
viviendas. Estos préstamos se hacían a 30 meses y con un período de gracia.
-Limatambo
Ubicado en el distrito de San Borja, benefició a 2427 familias. 151 lotes con servi-
cios y 2316 departamentos de 2 y 3 dormitorios. El programa contenía también 167
tiendas, 95 oficinas y como equipamiento se dispuso cuatro centros de educación
inicial y un centro deportivo.
104
el tema de la vivienda en el Perú crea en su segundo gobierno el Instituto Nacional
de Investigación de la Vivienda (ININVI), institución pública, descentralizada que
se encargó de realizar trabajos científicos, tecnológicos y socioeconómicos en el
campo de la vivienda y la edificación, asimismo impulsó la creación de la Empresa
Nacional de Edificación (ENACE), organismo encargado de promover, financiar,
proyectar, y ejecutar programas de habilitación urbana y construir viviendas y
servicios públicos y complementarios, así como toda clase de edificaciones en el
ámbito nacional.
Conclusiones
105
BIBLIOGRAFIA
BEINGOLEA, José y DE LA
TORRE, Marco:
1988 “La arquitectura de la mo-
dernidad”. En: Revista Huaca N°
2. FAUA UNI. Lima
CALDERÓN, Gladys:
2000 La Casa Limeña. Lima
106
CUETO, Marcos:
1989 Excelencia científica en la periferia. Actividades científicas e investigaciones
biomédicas en el Perú 1890-1950. GRADE. Lima
ENACE
1985 Revolución habitacional en democracia. Lima: Empresa Nacional de edifica-
ciones, ENACE.
REVISTAS
El arquitecto peruano 1937-1977
107
Finalista Área El demócrata y el estadista
La persona
La persona
yy el
el político
político
54 Seudónimo: Lampa.
108
En Palacio de Gobierno con
su esposa Violeta Correa
Miller.
109
I. La visión inicial
En lomo de mula, a caballo y acaso a pie a través de los senderos formados por los
viajeros, Belaunde recorre el camino descrito por Riva Agüero y, desde la entrañas del
país, se ensimisma en pensar acerca del Perú, rodeado de la naturaleza y flagelado por
el abandono, el paisaje surge ruta a ruta frente a él. Hubo tiempo para pensar y repen-
sar, para la búsqueda gonzalespradina de culpables y para la indignación del hombre
bien criado frente a la pobreza extrema en medio de poblados detenidos por el tiem-
po, iguales ante el paso de los años, indiferentes a los cambios de gobiernos.
Entre los extremos, el líder hurga en la inteligencia, en los conocimientos
del arquitecto y la sapiencia del hombre ilustrado de mitad del siglo XX. Algo
tiene que haber, algo concreto, efectivo y, sobre todo, pronto, porque la miseria
asedia.Y allí, en Chincheros, es la población quien da la razón y le explica lo que
busca: “El pueblo lo hizo”.
La semilla de entonces se convirtió en una tesis de acción política que dio en lla-
marse “El Perú como Doctrina” y por medio del cual, las experiencias creativas y
cooperativas de los hombres del Perú en muchos pueblos daba sustento a las obras
públicas mínimas que permitían el desarrollo básico de los pueblos. A partir de
esta concepción, la participación ciudadana directa, permanente y auspiciada por
el Estado sería el eje de los trabajos de infraestructura esenciales que formuló en
la aserción de postulados como el ideal de justicia agraria, la necesidad ineludible
de la planificación, la tradición cooperativista, el mestizaje en todos sus aspectos
y la justicia social desde una concepción que afirmaba que “existía déficit de soles
y superávit de brazos”. Así, y desde el inicio, Belaunde consideraba la importancia
de la participación del conjunto ciudadano como una manera eficaz de integra-
ción y de cumplimiento de objetivos.
Probablemente desde entonces, la visión del Perú fue sencillamente prístina.
Los políticos siempre han existido y no cesarán de aparecer, pues representan
una forma de interactuar entre las necesidades de la gente y las capacidades para
captar los intereses ciudadanos y llevarlos a la práctica. Muchas veces la lucha es
infructuosa y nuestra historia muestra abundantes ejemplos de políticos como
brillantes ideólogos, pero desprovistos del poder durante sus carreras, carentes
de la posibilidad de hacer realidad sus planteamientos y sus sueños, incapaces de
sobrepasar sus soberbias o sus carencias de virtudes cívicas si alguna vez ostenta-
ron un cargo público por el descuido ciudadano.
Belaunde pertenecía a una casta distinta, pues la actividad diaria lo acercaba a
un destino manifiesto: gobernar; y dicha visión fue tan evidente para sus muchos
110
seguidores que no le faltó equipo dondequiera que se asomara su presencia. Su
verbo despertaba admiración y comunicaba eficazmente los anhelos que muchos
tenían aunque, al mismo tiempo, comprometía a los demás en las soluciones coti-
dianas, porque la palabra pasa furtiva mientras que la obra concreta es mucho más
elocuente e imperecedera.
111
Fue llevado a la política por la fuerza de un imperativo moral. No hubo en él
ambición de riqueza, pues le dio a las comodidades el lugar que merecen en la
vida de un hombre de mentalidad superior, es decir, simples medios. Hasta el final
de su existencia hizo gala de una vida austera y, sorprendentemente, jamás se le
pudo achacar puerilidades, escandalitos, deméritos privados o visos de enriqueci-
miento indebido que alteraran una imagen pública solo sostenible por la veracidad
de una vida y por la coherencia de las acciones personales.
Precisamente la pulcritud moral le permitió aglutinar a gente de todas las
profesiones y oficios. Lejos de formar una plataforma política personal aseguró
las condiciones para la creación de un partido político llamado Acción Popular,
que gobernó el país y administró gobiernos locales y provinciales como lo hace
hasta la actualidad. La formación de una agrupación política es compleja en
la medida que prevalecen intereses subalternos, alejados de los ideales que se
pretenden proteger y difundir.
Para evitar caciquismos nocivos, Belaunde puso en práctica otra de sus virtu-
des cívicas: la delegación. Puso al mando de las instancias partidarias a los más
idóneos, a los perseverantes y a los hábiles forjados en la lucha política. Ellos
supieron consolidar el mensaje del líder y dieron vida consistente al mecanismo
necesario para enfrentar lides electorales y obtener los cuadros necesarios para
gobernar. Las generaciones formadas en Acción Popular han tenido desde enton-
ces una participación notoria en la vida nacional, incluso los que se alejaron del
partido en la búsqueda de otros caminos políticos.
A la cabeza del organigrama partidario, Belaunde gestó la acción política y
le proporcionó sustento ideológico por medio de una serie de escritos que
revisó muchos años después para agregar otras apreciaciones provenientes del
resultado de diez años de gestión pública en la más alta representación nacional
producto de sendas victorias en las ánforas que llevaron al Hombre de la Ban-
dera a la casa de Pizarro, tal es el caso de libros como Pueblo por pueblo o La
conquista del Perú por los peruanos que anticiparon los ejes fundamentales de
la política de los gobiernos belaundistas.
Se le ha llamado Hombre de la Bandera por un acto de audacia y tino político,
sucedido en los inicios de su vida pública de líder nacional. Con ocasión de la can-
didatura presidencial que las juventudes democráticas le ofrecieron, el candidato
del Frente fue a inscribir su nómina ante el Jurado Electoral, que no aceptaba la
formalización. Se produjo el Ultimátum de La Merced y, frente a la Iglesia del mis-
mo nombre, en el centro de la ciudad, Belaunde apareció con la enseña nacional y
jaqueó a la dictadura para que se plasmara el anhelo popular de su candidatura hasta
112
conseguir el objetivo. Dicha dictadura es recordada ahora por haberse opuesto a la
voluntad popular. Un líder cansino, calculador o de escritorio no hubiera asumido
valientemente el liderazgo en momentos de peligro como tampoco hubiese sopor-
tado a los intolerantes que lanzaron piedras al conglomerado populista en la Plaza de
Armas del Cuzco, cuando Belaunde, sangrando y en hombros del pueblo, alcanzó a
decir: “¡Qué valen unas gotas de sangre de Fernando Belaunde en esta plaza donde
fue martirizado y descuartizado Túpac Amaru!”.
La conducción férrea caló muy hondo en los estratos sociales del país y lo favo-
recieron con sus votos la mayor parte de las veces que se presentó ante el escruti-
nio nacional. Han pasado los años y las cosas del pasado nos dejan en claro que la
imagen de Belaunde como político es más cercana a la de un personaje convenci-
do de la pureza de sus ideales y consciente de las necesidades cotidianas que debe
enfrentar. Las soluciones prácticas son imperativas, pero la herencia del pasado
fue otra. La posteridad necesitaba de un líder que dejara algo más que obras pú-
blicas, algo que los años no depreciaran y allí surgió la visión del estadista.
Quienes vivimos el Perú de los últimos años hemos visto sucederse a varios
presidentes, todos ellos funcionarios públicos elegidos por el voto popular, gene-
ralmente en condiciones de transparencia democrática. No hemos visto, sin em-
bargo, auténticos hombres de Estado. Para ser tal, Belaunde supo distanciarse de
los comentarios livianos y marcar sus diferencias con la politiquería que muchas
veces nos circunda. Dio la cara siempre, defendió a sus subordinados, explicó al
país sus decisiones, manejó terribles crisis financieras y desastres climáticos de
duro impacto en la geografía del país, pero no perdió el rumbo, pues continuó
siempre los proyectos centrales con una serenidad a prueba de ataques y sataniza-
ciones de quienes la historia no alcanza recordar apellidos.
Hubo muchas críticas en ambos periodos gubernamentales. Jaques políticos continuos
ante un Congreso adverso en los años sesenta. Belaunde se refugió en el pueblo, trazó las
rutas, emprendió grandes proyectos, manejó la hacienda pública con austeridad y resistió
estoicamente los cambios antojadizos de sus gabinetes ministeriales forzados por las censu-
ras fraguadas en el Poder Legislativo bajo el amparo de la Constitución Política de 1933.
Después, una vez repuesto del desaire militar estatista nefasto de los años seten-
ta, Belaunde volvió y el pueblo no solo lo restituyó en el poder, desagraviándolo,
sino que además lo protegió con la mayoría parlamentaria para que no sufra los
absurdos desgastes de sus ocasionales adversarios. Con una nueva Constitución
113
114
Política, con el poder ganado legítimamente en las urnas por el aluvión electoral
de 1980, Belaunde prefirió cumplir con la moral pública y, al devolver los medios
de prensa a sus legítimos propietarios, restituyó plenamente la libertad de expre-
sión que muy pronto no dejaría de usarse incluso para satanizar sus políticas de
gobierno. Parece contradictorio, pero lejos de hacerlo parecer iluso, dicho acto le
aseguró el respeto unánime de la colectividad ciudadana.
La docencia política no era una casualidad en la vida de Belaunde. Supo mejor
que nadie el valor de la educación no solamente porque era catedrático universi-
tario, sino debido a la carencia manifiesta de una educación pública moderna en
nuestro país, de allí que su segundo gobierno fuera nominado “el quinquenio de
la educación”, avizorando que el desarrollo del conocimiento era la única forma
de evitar la brecha insalvable del mundo del siglo XXI, entre los que producen co-
nocimiento y quienes persisten en la producción de materias primas. La unión de
los conceptos de democracia y educación fueron baluartes de la actividad estatal,
como lo realizó uno de los ejecutores de las ideas del líder, Luis Felipe Alarco y de
lo que dio testimonio años después del primer periodo.
El flagelo terrorista, mucho peor que los brotes guerrilleros que debió manejar
en 1965, comenzaron a surgir pavorosamente en los sitios más alejados y abandona-
dos de la patria, sin contar con el apoyo popular, pero sometidos a la arremetida de
la violencia y a las denuncias de sectores interesados contra las fuerzas de seguridad.
Usó, como es debido en primer lugar, a la Policía, pero ante el avance del contrario
y las muertes absurdas de campesinos, debió recurrir a las Fuerzas Armadas en unos
escenarios no convencionales de la guerra y con errores y excesos que recuerda la
Comisión de la Verdad y de la Reconciliación. Otra vez, una decisión de estadista.
Dio la batalla política en la escena política y continuó gobernando para todo el
país. El plano militar no era el suyo y lo delegó a los especialistas con resultados de
diversa índole. Nunca se ha sugerido válidamente siquiera que el presidente Belaun-
de haya insinuado algo cercano al concepto de “guerra sucia”, pues incluso cuando
sucedió la terrible masacre de Uchuraccay (Ayacucho) no dudó en convocar a una
comisión de notables para esclarecer los hechos y remitir los resultados al Poder
Judicial, quien debía dilucidar las investigaciones de orden penal, planteadas por
medio del Ministerio Público. Su gobierno no pudo ser culpado de excesos.
En aplicación a sus ideales de integración, Belaunde restituyó el voto ciudadano
como mecanismo para elegir a las autoridades edilicias en todo el país, lo que fue
un ejemplo de democracia plena. Los partidos políticos y después las agrupacio-
nes regionales tendrían el espacio suficiente para generar iniciativas, así como
para dejar el camino libre para el surgimiento de otra generación de políticos.
115
Este ejercicio democrático es uno de los legados más importantes de Belaunde,
puesto que supo, sabiamente, entender las inquietudes populares y les dio la res-
ponsabilidad de decidir su futuro desde el ámbito más pequeño de la vida política.
No fue un acto vano. Ahora participamos en elecciones con regularidad y se ha
ido perfeccionando el sistema con las revocatorias, elementos impensables en la
costumbre de antaño que consistía en elegir a notables para dichos cargos, en
completa desconexión con la voluntad popular.
El estadista se forjó en el contraste. Manejó el entorno político en las formas previstas
por la Constitución, hizo de ella un símbolo e inclusive fundó una ciudad con ese nombre
para acercarla a la cotidianeidad de la población. Buscó siempre mecanismos de fácil co-
municación con los peruanos, explicó, hizo docencia política y no perdió de vista la situa-
ción internacional donde convivía. Además, fue respetuoso de los escenarios que visitó.
¿Quién no lo veía en la Plaza deToros de Acho, alejado del palco oficial y en un burladero
discreto donde siempre era reconocido por los asistentes, premiado con ovaciones y
homenajeado por los matadores que pisaban el coso bicentenario de Lima?
Seguramente hay fragmentos de su vida política que pueden ser cuestionados porque
al ser humano errores y defectos lo circundan. Empero, ninguno de ellos lindó con la
chabacanería ni con el insulto ni con el crimen ni con las patrañas. El juicio de la Historia
avanza con el tiempo y nos deja cada vez más nítida y brillante la imagen del líder nacio-
nal. El veredicto de los historiadores comienza a rescatar lo auténticamente relevante, las
cifras económicas a la distancia se entienden mejor al recordar cómo recibió las finanzas
públicas y cómo las entregó. El tiempo le va dando el efecto del buen vino.
Muchos han sido los mandatarios que han impactado a los concurrentes de las
asambleas de las Naciones Unidas, estrellas efímeras que aprovecharon sus pocos
minutos de audiencia mundial para decir frases obvias o generar circunloquios cul-
tistas. Belaunde escapó a dichos cánones, pues cuando hubo la urgencia de hablar de
la pobreza y proponer acciones concretas fue el primero y el más elocuente. Punta
del Este, durante su primer gobierno, lo mostró en su más alta dimensión. Transfi-
rió siglos de experiencia peruana, explicó las formas y las hizo sencillas. El pueblo
se conmovió y lo recibió apoteósicamente. Belaunde correspondió con, acaso, su
mejor discurso “¡Qué me aplaudes pueblo peruano!”
Años después, en el segundo periodo, debió vivir los momentos tensos de la Guerra
de las Malvinas y, en reciprocidad a San Martín, el argentino libertador del Perú, puso
de por medio los esfuerzos de la diplomacia y cuantos medios materiales estuvieron a
116
su alcance para la defensa de la soberanía argentina.Tiempo después, en Buenos Aires,
veteranos de guerra, emocionados hasta las lágrimas, le rendirían el homenaje al amigo
de horas inciertas. La gratitud es la cosecha del estadista, es el reconocimiento a la obra
bien hecha. Era más fácil seguir los dictados del oportunismo y mantener distancia
frente a los designios del poder de Reagan y Thatcher. Belaunde no se inmutó. Buscó
siempre la paz, trató
de mediar, priorizó
la agenda sudameri-
cana y saldó la deuda
de honor con don
José de San Martín
Matorras, con cre-
ces.
Y si de gratitud hay
que volver a hablar,
no se pierde en la
memoria la defen-
sa de la integridad
territorial nacional.
Acompañado de sol-
dados y oficiales, Be-
launde compartió los
riesgos del ejército y
estuvo a la cabeza, en
la línea del frente con
un mensaje claro de
unidad nacional. Días después, en el último acto multitudinario que se recuerda en la
Plaza de Armas de Lima, el líder nacional hizo enarbolar en Palacio la bandera peruana
instaurada en Falsa Paquisha y llenó de orgullo al país al traer la paz: hija de la victoria.
Tuvo la fortuna de no estar presente cuando nuestro gobierno debió negociar
la paz porque las armas no estaban de nuestro lado para hacer respetar los acuer-
dos firmados. El contraste es evidente. El buen manejo, aún en tiempos de cri-
sis mundial, permitió mantener una fuerza armada con carácter disuasivo, al día
tecnológicamente. El empobrecimiento moral de gobiernos posteriores impidió
que nuestras tropas contaran con los medios adecuados y se tuvo que revisar lo
irrevisable. La Historia demostró que Belaunde fue el primer soldado de la paz y
el primer soldado en la defensa moral del país. No ha sido igualado.
117
Alejado del poder, activo en foros internacionales, no dejó de ser vivo ejemplo
de virtudes cívicas. Donde quiera que estuviera dio cátedra de democracia y de
peruanidad. Podía hacerlo porque había ejercido el mando con ponderación y
firmeza. Consultó con Torre Tagle las decisiones de sus gestiones internacionales
y continuó las posturas de nuestra diplomacia, cuya independencia profesional
respetó permanentemente. Años después, también allí sería añorado.
En el concierto internacional, los modales y gestos son muy apreciados. Belaunde fue
más allá. Fortaleció lazos con las democracias y respetó los gobiernos de facto de los pue-
blos hermanos, pues no fue invadido por las coyunturas y así evitó perjudicar la posición
y el aprecio por el Perú. Estas consideraciones le granjearon el reconocimiento interna-
cional, pues llevaba la voz de los peruanos y nunca los caprichos personales.
El día que abandonó el poder , tras el acto formal de entrega de la banda presiden-
cial en el Congreso de la República, enfiló al local central de Acción Popular y ante
una multitud enfervorizada proclamó a todas las fronteras: “¡Misión cumplida!”
El paso del político al estadista no le está franqueado a muchos. Belaunde tuvo que man-
tenerse al margen de las veleidades del poder y evitó verse infecto de ellas. Logró la natu-
ralidad de quien se maneja bien en un escenario que pasará indefectiblemente. No hubo
frases anecdóticas en su derrotero, solo la promoción constante del Perú a donde le tocaba
ir. Productos peruanos, escenarios geográficos peruanos, música peruana, textilería perua-
na, platería peruana; todo fue una constante: primero el Perú, y él como el primero de los
promotores de lo peruano por el conocimiento de las capacidades de su pueblo.
Tras la desaparición física del líder nacional, las tareas de la peruanidad siguen vigentes,
pues la nacionalidad sigue siendo la misma, aunque más numerosa, y la patria seguirá
siendo el símbolo sagrado del suelo convertido en una palabra. No generará las mismas
emociones del pasado, así como las arengas de las épicas batallas no se repetirán jamás.
Acaso los oídos posmodernos ya no pueden emocionarse ante las hazañas cívicas y no
sean capaces de vivir en carne propia la emoción de la devolución del poder a la civilidad.
El mundo de ahora es menos afectivo en la búsqueda de ser más efectivo y la vida virtual
ha calado tanto en nuestros paradigmas que vemos a Belaunde como a los personajes
literarios de tiempos añejos, como al coronel Aureliano Buendía en su porfía por vencer,
como al querido Alonso Quijano en su lucha equívoca por un amor inexistente, como a
Santiago Zavala en su pregunta existencial para saber qué pasó con el Perú.
De todas las formas en que abordemos a la figura de Belaunde, esta no podrá permanecer
indiferente ante nosotros. Sus partidarios lo seguirán arengando como al Piérola de su siglo
118
y sus detractores lo seguirán minimizando como al que, de tanto ignorar, darán por inferior
y así desaparecerán detrás de su sombra pues vivieron de su fama y de su verbo.
Cierto es, los tiempos han cambiado, como dice el tango añejo, y la fanfarria ha caducado
como el valsecito de la Lima antigua. Sin embargo, para los que escriben la Historia, ella
no puede prescindir de sus principales protagonistas y cuando se investigue de las maneras
democráticas, allí estará la figura de Belaunde; cuando se recuerde la Guerra de las Malvi-
nas, surgirá la presencia de Belaunde; cuando se redacte la historia de los partidos políticos
peruanos, allí estará a la obra cívica de Belaunde; cuando se recorra la selva peruana estará la
obra física de Belaunde, en la otrora carretera Marginal de la Selva que ahora lleva su nom-
bre; cuando se quiera movilizar a las masas y conmoverlas, quien hable tendrá que recordar
a Belaunde; y, cuando finalmente, todos podamos gozar de los beneficios de la democracia
plenamente y solo estemos ocupados en lograr la prosperidad de la patria, volverá a escu-
charse la voz de Belaunde en cada peruano que le susurrará sonriendo ¡Adelante!
119
120
121
122
123
Finalista Área El demócrata y el estadista
Viajero
Viajero
e ideólogo
e ideólogo
55 Seudónimo: Sinclair
56 Seudónimo: Suyano.
124
Introducción
Pocos son los líderes políticos peruanos que han establecido una ideología y un
programa que le sirvan para gobernar el país, y muchos menos aquellos que se
hayan basado en el conocimiento de la realidad de la nación. Uno de esos pocos lí-
deres fue el arquitecto Fernando Belaunde Terry, quien a través del conocimiento
adquirido durante sus viajes y recorridos a lo largo y ancho del país, supo revelar
una ideología y programa sustentados en las virtudes y costumbres practicados en
las comunidades del Perú desde los tiempos prehispánicos; y, además, fundamen-
tado en un certero diagnóstico de las necesidades y problemas que ameritaban
una ingeniosa y democrática solución.
Pretendemos exponer que la ideología y programa planteado por el demócrata Fer-
nando Belaunde Terry se fundamenta en el conocimiento que adquirió a través de los
viajes que desarrolló por todo el país. Para constatar lo dicho anteriormente, descri-
biremos muchos de sus viajes, y cómo, a partir de ellos, estableció el profundo cono-
cimiento de la realidad peruana, que, tras la visita a un villorrio o a una comunidad, le
daba la inspiración para idear políticas y soluciones inspiradas por el contacto directo
que entablaba con la población. Los viajes que tomaremos en cuenta se basan en casi
los ocho años que duró su campaña política, que comprende desde 1956 a 1963.
Por ello es importante entender la época en que se dieron estos aconteci-
mientos. Todavía en la década del cincuenta se vivía un período de polarización
ideológica; por un lado estaban los representantes de la derecha conservadora
autocrática, política representada por los militares y terratenientes; y por el otro,
se encontraban los apristas y la izquierda en menor proporción.
En ese contexto aparece Belaunde Terry con el partido Acción Popular, que
deslindaba con las formas tradicionales de hacer política57. Este nuevo personaje,
con ideas democráticas y de respeto irrestricto de las libertades políticas y que
contaba con un importante apoyo de sectores profesionales acomodados con res-
ponsabilidad social58, formó parte de un movimiento nuevo que no tenía ataduras
ni compromisos con nadie y que representaba a los jóvenes con ideas de renova-
ción y progreso inspiradas por las mismas poblaciones que había recorrido.
57 Doris Gibson, reconocida defensora de las ideas democráticas y progresistas, y además directora
de la revista Caretas señala: “El arquitecto Fernando Belaunde Terry ha escogido el medio y la forma
política más eficaz para arribar al gobierno y solucionar los problemas nacionales desde arriba, ya que
sería muy difícil lograr ese objetivo sin llegar al poder. Creo que no hay en el señor Belaunde el solo
deseo de llegar al poder por el poder, sino el deseo de alcanzar mas rápidamente una renovación que
se hace del todo urgente en el Perú”. (Caretas 7 al 23 de junio de 1962).
58 DI TELLA Torcuato. Historia de los Partidos Políticos en América Latina. Siglo XX. Fondo
de Cultura Económica. Argentina 1999; 156.
125
Belaunde pretendía comprender a la sociedad peruana como un empírico inspi-
rado, señalando al Perú como doctrina y otros lemas como “la conquista del Perú
por los peruanos”, “cooperación popular”; los cuales eran una forma de alejarse de
los debates confrontacionales de esa época y de establecer una alternativa propia sin
recurrir a ideologías o programas que no coincidían con la forma de ser el Perú.
Candidato a la presidencia
59 ROJAS SAMANEZ, Álvaro. Partidos Políticos en el Perú. Manual y registro. Centro de Docu-
mentación e Información Andina. Lima 1982; 162.
60 Fondo Editorial Pro Biografía del Presidente Fernando Belaunde Terry. Fernando Belaunde Terry,
Peruanidad, Democracia, Integración. Auge S.A Editores. Lima 2006; 86-87.
126
127
chorro de agua fría en pleno invierno”61. Estas desventajas sumadas al pacto funesto entre
el odrismo, pradismo y el aprismo a vísperas del proceso electoral, conocido como el
“Pacto de Monterrico”, mediante el cual el aprismo endosaba su caudal de votos hacia el
candidato Manuel Prado y Ugarteche a cambio de legalidad, dieron como resultado la
derrota electoral del joven candidato Belaunde.
Sería después de esta derrota que el arquitecto consideraría un deber cívico confor-
mar un partido, el cual nacería de los gérmenes del Frente Nacional de Juventudes
Democráticas. Este partido sería denominado “Acción Popular” y fue fundado el
7 de julio de 1956 en la provincia apuricmeña de Chincheros. Como el mismo ex
presidente sostuvo en su momento: “Acción Popular es un partido nuevo. No ha
surgido antes sino después de las elecciones. No nace pues de la ambición sino del
deber. Los comicios están lejanos mientras que los deberes cívicos ofrecen ya su
inmediato horizonte de la lucha y sacrificio”.
La irrupción de Belaunde en la arena política varió radicalmente las cosas. En primer
lugar, dio un contenido diferente a la acción política de los dirigentes. Comenzó por via-
jar por el país, recorriéndolo palmo a palmo, conociendo sus problemas, compenetrán-
dose con sus habitantes. Luego eliminó el viejo sistema de corrillo y del conventículo ca-
pitalino donde se fabricaban presidentes a espaldas de la voluntad popular. De este modo,
imponiendo un nuevo estilo, Belaunde descentralizó la actividad del hombre público y
elevó la categoría cívica de la provincia, que pasó del olvido tradicional al primer plano
de la atención pública. Rumbos saludables y renovadores de los que nadie que aspirara a
la primera magistratura del Estado podría prescindir en el futuro62.
Con el afán de dotar de una ideología a su partido y de hacerse una idea clara de
lo que realmente es el Perú, el por entonces Decano de la Facultad de Arquitectura
de la Universidad Nacional de Ingeniería y profesor de un curso de Vivienda Popu-
lar, proseguiría su larga travesía por los más recónditos villorrios y comunidades de
nuestros patria. “Voy en busca de los pueblos a escuchar sus reclamos y a recoger su
esperanza… No aguardo en la quietud de mi casa que ellos toquen mi puerta. Soy
yo quien los visita en la costa, en las serranías, en las punas y en las selvas. Más que
al encuentro de adherentes a una noble causa voy en busca de mis compatriotas; más
que en solicitud de votos salgo en pos de inspiración y de ideas”63.
128
Peregrinaje por el país
64 Ídem, 18.
65 Ídem, 22.
129
les educativos. Este cura solo quería que el gobierno le proporcione un permiso
para abrir la escuela secundaria con valor oficial. Pero el gobierno se lo rechazaba,
ante eso Belaunde sustentó “y eso se lo niegan. No pide ni dinero ni maestros ni
local. Él se las arreglará, como lo hizo con el jardín de la infancia.Y sin embargo,
no lo atiende (…) en Lima están tan ciegos que no quieren ver su luz”66.
Otro problema, en otro pueblo ribereño es al que se enfrentaban los producto-
res de Barbasco, a quienes se les pagaba precios ínfimos por lo producido, gracias
a la especulación, otra vez el demócrata sentenció “no ha habido orientación del
Ministerio de Agricultura ni existe protección alguna en esta emergencia. Se ha
debido prevenir a tiempo a estos pequeños productores o respaldarlos con gestio-
nes destinadas a asegurar el mercado”67.
Después de este aleccionador viaje, impartido en la gran universidad de la vida,
Belaunde llegó a su destino final, Iquitos. Un cercano colaborador, compartiendo el
entusiasmo de Belaunde, le mencionó “no lo recibe una salva de veintiún cañonazos
-dijo Jorge Melgar- pero si los ruidosos aplausos de la multitud… ni hay una insignia
presidencial en el buque, pero en el mástil flamea un banderín que dice ‘libertad’ ”68.
Otra travesía, esta vez por el norte del país, en 1956, que consistía en ir desde
Chiclayo hacia el Marañón, le dio una lección acerca de cómo los gobernantes cen-
tralistas desperdiciaban las capacidades existentes en las provincias, usurpando el
fuero municipal. Siendo esta usurpación justificada por la supuesta incapacidad de
los ciudadanos provincianos para gobernarse ellos mismos. Ante esto, Belaunde sos-
tuvo: “nosotros hemos salido a recorrer el país, pueblo por pueblo, entre otras razo-
nes, para demostrar lo absurdo de esta tesis primitivamente centralista”69. Además,
continuaba diciendo: “hemos podido comprobar en nuestros viajes que aun en el
villorrio más humilde se encuentran ciudadanos capaces y activos, que sus vecinos
sin duda escogerían para las tareas de gobierno local si se pusiera término a la usur-
pación que cometen impunemente nuestros gobernantes nacionales”70.
En Porculla, uno de los puntos de su travesía, entró a una fonda para tomar desa-
yuno, la cual tenía un comedor desvencijado, en esta fonda conoció a un arriero que
llevaba ganado desde la serranía de San Felipe hasta su pueblo natal de Olmos. Este
66 Ídem, 24.
67 Ibídem.
68 Ídem, 29.
69 Ídem, 77.
70 Ídem, 80
130
era un hombre muy locuaz que amaba mucho a su tierra natal y sostenía que “cuando
a mi pueblo llega algo de agua (…) la tierra prueba su feracidad dando frutos mag-
níficos”. Posteriormente, este humilde hombre reveló a Belaunde el anhelo máximo
de su pueblo natal: la irrigación. Belaunde le expuso el proyecto de un renombrado
especialista en materia de hidráulica para la irrigación de Olmos apellidado Sutton,
a lo cual el arriero objetó: “tengo seguridad (…) que los cuarenta kilómetros de
canales y túneles propuestos por el ingeniero Sutton se podrían reducir a la mitad si
se modificara el proyecto original por esa ruta (variante que proponía el arriero)”.
Meses después, con estudios de nivelación en la zona propuesta por el arriero a la mano,
Belaunde y otros ingenieros descubrieron que la variante propuesta podría reducir hasta
una tercera parte el recorrido de las costosas obras de desviación. Como él mismo mani-
festó “recordé en esos momentos al entusiasta ciudadano que, sin haber pasado por la Uni-
versidad, nos dio, con simultánea elocuencia, una mañana, en Porculla, la doble lección de
ingeniería y de civismo en las aulas majestuosas de nuestros Andes”.A lo antes dicho, añadió:
“Este viaje, como tantos otros, me enseñó a apreciar en el rudo arriero de la cordillera (…)
las cualidades que con tanta ignorancia y mezquindad les niega nuestra disfrazada democra-
cia para seguir usurpando a los pueblos el derecho milenario de regir sus destinos”71.
71 Ídem, 82-84.
131
Los viajes, una constante
Para el año 1957, Fernando Belaunde Terry ya había vuelto de su quinta incursión a
la selva. En esa oportunidad llegó hasta Oxapampa y Satipo y, a su regreso, el pueblo
de La Oroya le brindó una bienvenida multitudinaria, que inclusive supero la mani-
festación que había sostenido en 1956.
Al regreso de su viaje, Belaunde señalaría “no debe extrañar que mis obje-
tivos en este viaje hayan sido pueblos lejanos y pequeños como Oxapampa y
Satipo. Más que en busca de adherentes he llegado a ellos en busca de ideas y
al encuentro de los pioneros peruanos del Chanchamayo. Allí, a San Ramón
y la Merced nuestra sangre nativa e hispánica está remozada por tonificantes
aportes germanos e italianos. Y no falta la nota oriental, que da a las mujeres
un atractivo misterioso y exótico. Esa fecunda “ceja de montaña” es un vivero
de pioneros. Apenas se ha penetrado a ella. Ahora precisa extenderse entre los
quinientos y mil metros de altitud, al otro lado de los Andes. Acción Popular
tiene puestos sus ojos en esa región, desde el Marañón hasta el Urubamba, el
Apurímac y Madre de Dios”72.
Para 1959, luego de una triunfal gira por el centro de la República, Fernando
Belaunde Terry cumplía una etapa más de su largo y fructífero peregrinaje por los
pueblos del Perú. La importancia de esa gira radicaría en demostrar que los miles
de manifestantes, que entonces lo aclamaron, expresaron con su actitud dos hechos
de honda y promisoria significación cívica: el feliz renacer de una auténtica política
nacional y la clamorosa condena a la sempiterna política del régimen pradista.
En sus manifestaciones, Belaunde proclamaba sus intenciones de seguir conociendo
el Perú profundo: “Nuestro retorno porYauyos, cruzando a caballo la cordillera de los
Andes, no es un alarde deportivo, sino el afán de conocer, palmo a palmo, una ruta que
ofrece grandes posibilidades. De completarse la carretera entre la ciudad de Yauyos y
las nacientes del rió Cañete, se acortaría la ruta a Huancayo unos 50 kilómetros, y, por
consiguiente, la penetración al Satipo. El Valle del Cañete ganaría notablemente con
ello y los pueblos que languidecen en sus alturas podrían resurgir.
“Hemos pasado horas inolvidables en Piños y Canaria, villorrios andinos mon-
tados en la cordillera. Nuestra permanencia allí ha sido como una vuelta a la Edad
Media, careciendo de todo servicio o facilidad de nuestro tiempo. Hemos vuelto
a la escala y al ritmo del pasado del hombre de la bestia. Hemos visto de cerca la
insalubridad, y se nos ha relatado como una fugaz epidemia de sarampión, que en
la costa no habría hecho estragos, se llevó en pocos días a treinta y cinco niños.
132
“Hemos comprobado el esfuerzo titánico de los pueblos por abrirse paso al pro-
greso, ante la más egoísta indiferencia del Gobierno. Se nos ha señalado tramos de
carreteras, hechos por acción popular, que han costado varias vidas de los desintere-
sados comuneros. Se nos ha indicado el sitio donde cayó al abismo un hombre que
colgado de una soga perforaba el acantilado para dotar de agua potable a su pueblo.
Y, cumplida esta tarea, sus paisanos esperan todavía que el Estado haga su parte,
porque no ha cumplido con enviar la tubería que, infortunadamente, los pueblos no
pueden fabricar con sus manos. El viaje ha sido profundamente aleccionador y nos
ha demostrado que Acción Popular es una planta que surge del pueblo del país”73.
Aun en las peores circunstancias, Belaunde continuaba indagando acerca de las con-
trariedades que aquejaban a la población peruana y la formulación de sus posibles
soluciones. Esta indagación lo llevó a dialogar con todo tipo de persona, no im-
portándole el status económico, el color de la piel, creencia religiosa o incluso la
condición de criminal de la persona.
Esto último se puede evidenciar en las conversaciones que Belaunde establece
con los presos en El Frontón o como el mismo lo denomina: “La Sorbona del
delito”, cárcel a la que ingresó gracias a la política represiva contra los parti-
dos demócratas que ejerció el gobierno pradista en junio de 1959. Dentro de
esta cárcel escuchó a muchos presos, entre ellos un tal Pandal Amarillo, a quien
atentamente escuchó: “yo le pedí que me relatara brevemente su vida. ‘Comencé
como delincuente infantil’, me confesó tristemente (…) Yo lo escuchaba más que
como preso político, punitivamente recluido, como el maestro universitario que
obtiene en la escuela de la vida su beca de postgraduado ”.
A medida que continuaba dialogando con otros presos se dio cuenta que
“todos los reclusos que se acercaron (a conversar) tuvieron como hogar el
tugurio urbano o rural. Lo compruebo sin sorpresa”. Notamos en esta afir-
mación que la preocupación de Belaunde estaba más en descubrir la raíz, el
origen del los problemas. Hablando con Ezequiel Zapata, un famoso preso
de la época, Belaunde vuelve a notar la raíz del problema- según su parecer:
“la orfandad es la circunstancia atenuante en el caso de Zapata. Su madre lo
dejó de 8 años, en un callejón de Siete Jeringas… Después pasó a otro, en
San Bartolomé. La vivienda malsana y estrecha es, una vez más, el cincel que
modela el delito”74.
73 Caretas. Edición 199. Lima, 3-17 febrero 1959.
74 Belaunde TERRY, Fernando; Pueblo por Pueblo. Ediciones Tahuantisuyu, Lima, 1960; pág. 61.
133
Otra vez señala, en esta afirmación, que la fuente del problema es una vivienda
malsana y estrecha, preocupación que lo llevaría más adelante a lanzar programas
de vivienda para que muchos peruanos de bajos recursos pudieran vivir digna-
mente. Lo más encomiable de este valeroso peruano es que nunca escapó, aun de
los temas más espinosos, los cuales supo escuchar con magnánima comprensión.
“Me dedico a investigar un crimen que repugna hasta a los que, en estado de em-
briaguez, lo cometieron: el delito contra el honor sexual en agravio de menores.
Cada caso que consulto agrava al anterior (…) puse punto final a la investigación
cuando un hombre reveló la acusación que pesaba en contra de él: violación de
una menor de tres meses”.
Belaunde se dio cuenta de que la cárcel de “El Frontón” no servía para reformar sino
para reforzar la criminalidad, como él mismo señala, “El Frontón” se había transfor-
mado en la mejor universidad de la criminalidad: “el penal se ha convertido así en un
almacigo de delincuentes ascendidos por el medio en la escala de la infamia. La ‘re-
forma’ carcelaria es otro de los grandes fracasos del régimen actual”75. Como en otros
tantos casos, él plantea con una urgencia una reforma, esta vez carcelaria.
134
Sin embargo, a las doce en punto de la noche pasó algo digno de recordar.
Un 7 de octubre, Belaunde recuerda, “me tocaron la puerta mis acompañantes
Víctor Nogaro, Javier Velarde y mi hermano Francisco. Me felicitaban por ser
mi cumpleaños y, de paso, echaban un vistazo a mi situación. Esto sorprendió
grandemente a mi anfitrión (el minero), cuyo semblante fue tornándose menos
hostil. ‘¿Usted permanece entre nosotros mientras su contendor de 1956 duerme
en Palacio, pudiendo recibir su cumpleaños en su propia casa de Lima?’”. Eso
demuestra todos los sacrificios que tuvo que realizar este gran líder político. Y,
además, expone cómo este gran hombre ilustró al minero que en el Perú todavía
existen hombres que sacrifican comodidad con tal de que sus propuestas políticas
sean escuchadas pueblo por pueblo.
Pero como ya hemos mencionado, él no solo aleccionaba sino que además
aprendía de su contacto con el pueblo, como el mismo señaló: “al dejar el campa-
mento, un trabajador me dijo: ‘debe haber estado usted muy incómodo en el pre-
cario alojamiento provisional de un obrero’. Y yo le contesté: ‘tengo a mi cargo
en la Universidad una cátedra sobre la Vivienda Popular, ¿no cree usted que esta
era una brillante oportunidad para conocerla más de cerca?’Y, en efecto, después
de esa agitada noche en Marcona, me he sentido con más autoridad para dictar
una lección que la vida misma me ha enseñado”. Vemos, pues, que mediante esta
experiencia directa con el pueblo el catedrático y demócrata aprendió cómo es
realmente una vivienda popular76.
Del norte al sur, del este al oeste, pareciéndole no importar las inclemencias del clima,
Fernando Belaunde Terry recorría incansablemente el país, no solo con el propósito
de hacer proselitismo político, sino también con el ánimo de adentrarse en las nece-
sidades básicas del Perú. Un viaje a algún punto de nuestro país podía convertirse en
una toda aventura, ya que lo que más importaba a Belaunde era ese Perú no oficial,
ese Perú recóndito y desconocido. Podía unir ciudades que nadie creía posible por
entonces. En esta oportunidad observaremos cómo, el inquieto e intrépido Belaunde,
unió las ciudades de Trujillo y Tingo María caminando días enteros, montado a lomo
de mula y viajando en canoa.Yendo de ciudad en ciudad, muchas veces consideradas
insignificantes, muchas de ellas desconocidas para muchos peruanos.
La aventura comienza cuando “en las primeras horas de la mañana del viernes 7
(mayo de 1961), Fernando Belaunde Terry y un reducido grupo de afiliados de Acción
76 Ídem, 126-129.
135
136
137
Popular (tomaron) el avión de itinerario para Trujillo, con el fin de proseguir el pro-
grama de giras de estudios”, estudios que Belaunde y sus colaboradores llevaban a cabo
por todo el Perú, desde 1956. “Probablemente nadie de los que fueron a despedirlos y
quizás -a excepción de Belaunde- ninguno de los propios viajeros pudo imaginar que
se iniciaba en esos momentos una verdadera expedición que, tras recorrer centenares
de kilómetros, trasmontar los Andes a miles de metros, internarse en la selva durante
varios días y luego de subir el Huallaga en canoa habría de llegar a Tingo María, demos-
trando prácticamente la viabilidad de esa necesaria ruta de penetración y, lo que es
más importante, obligando al Gobierno a ‘descubrirla’ apresuradamente y a incluirla a
regañadientes dentro de su plan de carreteras”.
Este viaje tuvo “dos etapas o aspectos claramente diferenciables (…) Una que
abarcó la visita a numerosas ciudades situadas en la sierra de la Libertad. Subiendo
por la serpenteante carretera, una vez dejada la ciudad de Trujillo, Otuzco fue la
primera población que brindó su calurosa acogida a Fernando Belaunde Terry”.
Luego se desviaron hasta “llegar a Usquil, enclavada en las alturas, a 3 horas de
distancia, regresando en la noche del mismo día (…) A la mañana siguiente (se
dirigieron) a Huamachuco. En el trayecto (se detuvieron) en los asientos mineros
de Shorey y Quiruvilca, cuyas poblaciones trabajadoras se volcaron a la calle para
recibirlos. Ya al atardecer, luego de franquear alturas sobre los cuatro mil me-
tros, (arribaron) a Huamachuco. Una entusiasta recepción (ofreció) el pueblo de
Huamachuco al jefe de Acción Popular (…) Al otro día (siguieron) a Cajabamba,
cuyos pobladores dieron una demostración de fervor y entusiasmo extraordinario
(…) Después regresaron a Huamachuco. El camino de esta ciudad a Tayabamba
(fue) largo y fatigoso, pues la carretera se encontraba en malas condiciones (…)
En esta localidad (Huaylillas, localidad cercana a Tayabamba) la carretera se inte-
rrumpe, porque falta que se termine el puente (…) Pasando por el río por un
vado, se siguió a Tayabamba a lomo de bestia. Allí (llegaron) de noche a pesar de lo
cual el pueblo había salido a las afueras para dar la bienvenida a Belaunde”.
La segunda parte “fue la que saliendo de Tayabamba, comprendió un recorrido
que se efectuó a mula—tres días-, a pie –cuatro días-, y canoa remontando el
Huallaga hasta Tingo María -dos días. Su objetivo consistía en estudiar el trazo
viable de una ruta de penetración que pusiese en contacto Tayabamba con la mon-
taña, llegando al Huallaga por Tocache. Así pues, (…) Fernando Belaunde Terry
(recorrió) otra extensa zona del territorio nacional, no en busca de votos, sino
de soluciones a los problemas que afectan a estas regiones. Una vez más Belaunde
(puso) en práctica su lema: ¡Adelante!”77.
138
Actitud democrática y descentralista
decisión de reafirmar con un mayor énfasis los derechos supremos del Perú sobre
la totalidad del territorio nacional y de hacer respetar los límites que le corres-
ponden como nación libre, independiente y soberana.
Belaunde Terry había llegado a la capital de Loreto a bordo de la motonave “Sin-
chi Roca”, procedente de Pucallpa. Desde esa ciudad en la margen del Ucayali y a
todo lo largo del río hasta su confluencia con el Marañón y, luego, descendiendo
el curso del majestuoso Amazonas hasta Iquitos, las riveras de dichas vías fluviales
se vistieron de fiesta. Los pueblos se acercaron a sus orillas, sus habitantes emban-
deraron sus casas, sus partidarios iluminaron las calles y sus familias escucharon
139
ansiosas y esperanzadas las palabras de Belaunde, que fueron portadoras de un
mensaje de seguridad, de progreso y de reivindicación.
Belaunde había realizado tantas manifestaciones en la selva en tan corto tiempo
y muchas de ellas tuvieron lugar a las horas más increíbles. Porque hubo sitios,
como San RoqueY Túpac Amaru, en los que no obstante haber llegado Belaunde a
la una de la madrugada y a las cinco de la mañana, sus pobladores salieron a darle
la bienvenida cual si fueran esas las horas normales para tal clase de actuaciones.
Muchas de sus visitas causaban emocionantes esperas de la población que estaba al
tanto de la visita del líder y por más dificultades del mal tiempo que azotaba a la zona con
lluvias y tormentas, la gente siempre abrigaba la esperanza de verlo llegar, vitoreando el
coro que se hizo popular en la selva: ¡llueva o no llueva Belaunde siempre llega! Por ello
la sorpresa se atenuaba ante la apoteósica recepción que le brindaba Iquitos.
Dentro del vértigo imperante, se podía observar pasar con emocionante fugacidad
las decenas de barcos y canoas a motor que empavesadas escoltaban más de dos horas a
la “Sinchi Roca”; los vivas, aclamaciones y aplausos que sus tripulantes, a través de tan
dilatado recorrido le prodigaban ininterrumpidamente; las largas filas de personas que
por varios kilómetros se acordonaron en las riberas para festejar la llegada78.
Otro de los viajes importantes de Belaunde fue la gira que realizó en el departamento
de Puno, iniciada con el prefijado cálculo de visitar regiones de estudio y que termina-
ría con un acto político en la plaza de la capital. Cuando Fernando BelaundeTerry llegó
a la Plaza de Armas de Puno, “entre el Lago sagrado y el Sagrado templo”, cumplía una
etapa imprevista en su recorrido por los apartados rincones de ese departamento.
El pueblo acudió a respaldar al hombre que se había internado en las selvas de
Sandia de Carabaya, el líder que desmentiría con autoridad el mito de la acción
gubernativa en Puno. Antes de visitar la capital del Departamento, los populistas se
habían anotado grandes éxitos en Lampa, en Huancané, donde una gran multitud lo
recibió a las doce del día. En el viaje a Sandia, los visitantes se encontraron con una
de las maravillas del Perú: las monumentales andenerías de Cuyo Cuyo. La prueba
más elocuente de que los antiguos peruanos fueron un pueblo reconstructor de tie-
rras. Sandia salió a las calles en una de las más calurosas manifestaciones de la gira.
Después vino Macusani,tras un nuevo cruce de la cordillera,por encima de los cinco mil
metros. El recibimiento allí fue intenso y colorido. Las comunidades indígenas aguarda-
ron a los viajeros hasta las diez de la noche con sus trajes típicos,bailando al son de la música
78 Caretas. Belaunde y su Fórmula. José María de la Jara y Ureta. Edición 222. Lima, 15-30 de junio
1961, 7.
140
autóctona. Luego se inició la penetración a la selva, hasta la “punta de carretera”.Acción
Popular dio fe del lento ritmo de esa obra vital para Puno. Los pequeños pueblos
predilectos de Acción Popular no fueron omitidos.Villque Chico, Crucero, Asillo, Pu-
cará y Choquehuanca acogieron calurosamente al equipo populista. Juliaca, la activa y
comercial ciudad puneña salió a la calle multitudinariamente, como prólogo de la gran
jornada culminante en la capital del departamento. Allí, entre miles de manifestantes,
Belaunde dialogó amenamente con el pueblo y fulminó a un grupo de apristas que
intentaban opacar el inobjetable triunfo de la oposición79.
El pueblo lo hizo
141
142
143
La cooperación popular –que proponía Belaunde- sintetiza, pues, la renovación
y actualización del sistema del trabajo comunitario y la ayuda mutua que hoy per-
dura como la norma de conducta e indestructible lazo de unidad de los pequeños
pueblos de la inmensa región andina del país83. En ese sentido, en el esfuerzo que
los pueblos despliegan por cooperación popular hay un inmenso caudal de capi-
tales, ampliables al infinito mediante una ley orgánica descentralizadora, merced
a lo cual el Estado no solo brindaría ayuda y orientación técnica, sino un positivo
apoyo económico que funcione automáticamente84.
Todos estos viajes que desarrolló el arquitecto Fernando Belaunde Terry se carac-
terizaron por la constante búsqueda de inspiración de ideas que formarían parte del
ideario político de Acción Popular. Por esa razón se afirma que la ideología populista es
inductiva, porque nace de la misma realidad nacional. En ese sentido, el largo desem-
peño de los hombres de Acción Popular, con Belaunde Terry a la cabeza, recorrieron
hasta los últimos rincones del territorio. No solo movidos por un legítimo proseli-
tismo político, sino para estudiar sobre el terreno los problemas locales y regionales
preparando un inventario de soluciones. En avión, en automóvil, en lancha, en canoa,
a mula y aun a pie, Belaunde Terry visitó detenidamente todos los departamentos.
Otra de las cosas innovadoras de Fernando Belaunde Terry fueron las celebra-
ciones de congresos y convenciones al interior del país como una manera de des-
centralizar la política, acercándose más hacia la población de las provincias como
sucedía cada año los primeros de junio, de esa manera se fue montando una gran
estructura partidaria, organizada en los congresos nacionales de Lima (1957),
Arequipa (1959) y en Iquitos (1961), y en las convenciones regionales del Cuzco
(1958), precedidas estas actuaciones por grandes concentraciones multitudina-
rias. Todo ese notable esfuerzo dio como resultado la creación de un gran mo-
vimiento político, hondamente arraigado en el pueblo. Impulso esencialmente
renovador, no se basaba en el rencor de los unos contra los otros, sino en un
propósito de mejoramiento colectivo.
Acción Popular se caracterizó por haber sido capaz de llevar su palabra y hacer
conocer su programa de acción, aun por los pueblos más remotos del territorio
nacional. Acción Popular fue reacio a la ciega aplicación de los métodos de fuera.
Así se elaboró la original teoría del “mestizaje de la economía”, que preconizaba
la combinación armoniosa de técnicas foráneas con prácticas ancestrales del Perú,
como la “minka” y el “Ayni”.
83 JARA VILLAVICENCIO, Esteban. La cooperación popular, el reto de una opción para el desarrollo
andino. Articulo publicado en “El Perú como doctrina”, Edit. Andrés Cardo. Editorial Minerva, Lima,
1988.
84 Fondo Editorial Pro Biografía del Presidente Fernando Belaunde Terry (op.cit); 142.
144
Acción Popular resultó en una nueva ideología, netamente peruana, que se ges-
tó en nuestro propio medio, una respuesta a sus necesidades y sus características,
con ingredientes teóricos y prácticos, y que alcanzó plena coherencia doctrinaria.
Puede decirse que el populismo venía luchando en dos frentes. De un lado, por
la reconstrucción moral de la república, por el restablecimiento de la decencia
en la vida cívica, por la autenticidad y eficiencia de las instituciones. Y de otro
lado, por el levantamiento material de la nación, por la “conquista del Perú por
los peruanos”.
145
Finalista Área El demócrata y el estadista
Pasión por
Pasión por
la democracia
la democracia
Raúl H. Villacorta Vigo85
146
1.Introducción
147
2.Antecedentes
La integración del continente americano es una idea que viene de larga data. Diversos
pensadores, tratadistas, gobernantes y políticos se han visto subyugados por tal visión,
aunque su concepción haya tenido diferentes causas, enfoques, propósitos y ámbitos de
cobertura. Puede mencionarse a ilustres protagonistas de la historia americana como
Artigas, Humboldt, Belgrano, San Martín y Bolívar y, por qué no, el Inca Pachacútec.
Sin embargo, escapa de los alcances del presente ensayo tratar sobre todos ellos por lo
que nos limitaremos a revisar, en forma somera los planteamientos de quienes, según
nuestro criterio, tienen mayor pertinencia y relación con nuestro estudio.
Simón Bolívar
Las ideas integracionistas de Simón Bolívar pueden analizarse en sus cartas de Jamaica
y La Magdalena, y el denominado Congreso Anfictiónico. En la Carta de Jamaica, que
Bolívar escribió el 6 de septiembre de 1815 al inglés Henry Cullen, el Libertador ex-
presó: “Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del
mundo… Aunque aspiro a la perfección del gobierno de mi patria, no puedo persua-
dirme que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una gran república; como
es imposible, no me atrevo a desearlo, y menos deseo aún una monarquía universal de
América, porque este proyecto… es también imposible… Para que un solo gobierno
dé vida, anime, ponga en acción todos los resortes de la prosperidad pública, corrija,
ilustre y perfeccione al Nuevo Mundo, sería necesario que tuviese las facultades de un
Dios, y cuando menos las luces y virtudes de todos los hombres”.
Varios párrafos después, Bolívar continúa: “… una gran monarquía no será fácil de
consolidar; una gran república, imposible… Es una idea grandiosa pretender formar
de todo el mundo nuevo una sola nación con un solo vínculo que ligue sus partes entre
sí y con el todo.Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión de-
bería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados
que hayan de formarse; mas no es posible porque climas remotos, situaciones diversas,
intereses opuestos, caracteres desemejantes dividen a la América”.
Bolívar añade: “¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que
el de Corinto para los griegos! Ojalá que algún día tengamos la fortuna de instalar
allí un augusto Congreso de los representantes de las repúblicas, reinos e imperios
a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz y de la guerra, con las naciones
de las otras tres partes del mundo. Esta especie de corporación podrá tener lugar en
alguna época dichosa de nuestra regeneración, otra esperanza es infundada…”.
148
Como puede verse, cuando redactó la citada epístola, Bolívar creía en las bondades
de una América unida, pero consideraba irrealizable tal proyecto. Sin embargo, en la
carta que el 12 de mayo de 1826 escribió a Sucre, con quien lo hermanaba una sólida
amistad, su concepción y actitud eran muy diferentes, como puede verse en los párra-
fos que siguen: “Se está imprimiendo hoy mismo mi constitución boliviana: esta debe
servir para los estados en particular y para la federación en general, haciéndose aque-
llas variaciones que se crean necesarias (…) La intención de este pacto debe ser la más
perfecta unidad posible bajo una forma federal. El gobierno de los estados particulares
quedará al presidente y vicepresidente con sus cámaras con (para) todo lo relativo a la
religión, justicia, administración civil, económica, y, en fin, todo lo que no sea relacio-
nes exteriores, guerra y hacienda nacional. El gobierno general se compondrá de un
presidente, vicepresidente y tres cámaras para manejar la hacienda nacional, la guerra
y las relaciones exteriores. Cada departamento de las tres repúblicas mandará un dipu-
tado al gran congreso federal, y ellos se dividirán en las tres secciones correspondien-
tes, teniendo cada sección un tercio de diputados de cada república. Estas tres cámaras,
con el vicepresidente y los secretarios de estado (que serán escogidos éstos en toda
la república) gobernarán la federación. El Libertador, como jefe supremo, marchará
cada año a visitar los departamentos de cada estado. La capital será un punto céntrico
como Quito o Guayaquil (…) la federación llevará el nombre que se quiera, pero sería
probable que fuese Boliviana. Habrá una bandera, un ejército y una nación sola”.
En suma, en el momento en que Bolívar redacta la mencionada carta, ya su pen-
samiento y planes estaban plenamente orientados a formar una sola Nación. Así
lo entiende Jorge Basadre, en su “Historia de la República del Perú (1822-1933)”
al referirse a la Federación de los Andes, señalando que estaría integrada por “…
Colombia (o sea Ecuador, Venezuela, Panamá y la actual Colombia), Perú y Boli-
via…”. Asimismo, Basadre describe esta unión como “… una liga estrecha (…)
dentro de ella cada estado retenía, en parte, sus leyes y gobierno, quedando para
el gobierno federal las relaciones exteriores y los ramos de guerra y hacienda”.
Por cierto que en el texto citado se evidencia el enorme ego de Bolívar, fir-
memente convencido de que era acreedor de un destino pletórico de gloria y de
grandeza. Un porvenir donde no se descartaba la asunción de una Monarquía o
del poder omnímodo al mando de una Nación, en este caso, Su Nación, creada a
la medida de sus deseos. No otra cosa puede inferirse de su planteamiento de que
“El Libertador”, o sea, él mismo, sería el Jefe Supremo de la confederación, y, más
aun, de su idea de que el nuevo estado pudiera llamarse Federación Boliviana.
El otro hito de las ideas integracionistas de Bolívar es el Congreso Anfictiónico
de Panamá que él convocaría siendo Jefe de Estado del Perú, el 7 de diciembre de
149
150
151
1824. El Congreso se realizó entre el 22 de junio y el 15 de julio de 1826 con la
asistencia de representantes de Perú, México, las Provincias Unidas del Centro de
América (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica), y la Gran
Colombia (Hoy en día Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela). Asistió como
observador un representante de Inglaterra y casi al final del Congreso arribó el
delegado holandés. Estados Unidos, que había aceptado asistir, no lo hizo.
Sobre la temática a tratarse, dice Germán de la Reza: “La agenda del congreso,
en gran parte definida por Bolívar, consta de diez puntos:
152
Bernardo Monteagudo
153
respectiva de los independientes nos hacen esperar que en el año 25 se realizará, sin
duda, la federación hispano americana bajo los auspicios de una asamblea…”
154
un preludio de la concepción que tuviera posteriormente, de mayor envergadura,
tal como lo pusiera en relieve el propio Belaunde cuando señaló: “Pero en el siglo
pasado, evidentemente el mayor realce lo dio a la cuenca el gran Sarmiento, que
durante su gestión como embajador de Argentina en los Estados Unidos, dictó
conferencias en varios puntos y especialmente en la Sociedad Geográfica de Rho-
de Island, señalando la urgencia de emprender la integración de las cuencas, tarea
que, en esa época, naturalmente era mucho más compleja de lo que es hoy”.
Al respecto, es pertinente señalar que, al igual que Belaunde, otros pensadores
han valorado el pensamiento integracionista de Sarmiento, como es el caso de Ge-
rardo Oviedo, quien considera al planteamiento de creación de Arjirópolis como
la idea auroral del Mercosur, tal cual lo expresa en la cita siguiente: “Creemos
que estos párrafos son de por sí elocuentes para expresar que la idea sarmentina
de la isla de Martín García como “capital permanente” y “centro administrativo,
económico y comercial” de la unión confederada argentino-uruguayo-paraguaya,
constituye el antecedente utópico más claro de lo que hoy conocemos como el
Mercosur en su proyección integracionista supraestatal”.
155
la posibilidad de la unión navegable entre el Amazonas y El Plata por sus respec-
tivos afluentes, el Tapajoz y el Paraguay, así como desde los trabajos alrededor del
1800 de Humboldt, que estudió el Orinoco con Bonpland y más tarde Michelena
y Rojas, Schomburg en el descubrimiento de sus puentes y Chaffaujón en la pre-
cisión del recorrido de este gran río, quedó vista o en expectativa la posibilidad
de unión navegable entre el Orinoco y el Amazonas”.
Igualmente se refiere a varios foros en los que se trató sobre el tema, como la
Conferencia Regional de los Países del Plata (Montevideo, a comienzos de 1941),
el III Congreso Argentino de Ingeniería (Córdoba, 1942), y la V Convención de
la Unión Sudamericana de Asociaciones de Ingenieros (Montevideo, 1947). Del
primer evento destaca la propuesta de “…habilitar una nueva gran vía para el
tránsito de hombres y mercaderías, multiplicando los vínculos humanos y abrien-
do la perspectiva de nuevos centros de consumo y de transformación de materias
primas. La idea tiene en cuenta la ingente riqueza continental inmóvil y la indis-
cutible importancia de la red de canales naturales sudamericanos”. A la vez, sobre
el tercer foro citado, pone en relieve la siguiente declaración: “…los grandes sis-
temas hidrográficos que en Sudamérica tienen extraordinaria importancia, como
ser: el Amazonas, Orinoco, Paraná, Paraguay, Uruguay, Lago Titicaca, que atravie-
san o delimitan varios países, constituyen valiosísimas arterias de comunicación”
Del Mazo menciona también lo que él considera como el primer planteamiento
de intercomunicación de las cuencas del Río de la Plata, el Amazonas y el Orino-
co, atribuyéndolo al uruguayo Cincinato. Al respecto, en su propuesta a la Cámara
de Diputados de Argentina señala: “Aunque por virtud de estos estudios y de los
posteriores, está implicada la perspectiva de una comunicación visible entre las
tres grandes cuencas continentales, nadie…la señaló y recomendó expresamente
hasta 1909, en que un geógrafo uruguayo publicó un libro que se refiere a lo que
llama “la futura gran ruta comercial de Sud América” (Luis Cincinato Bollo, South
America, past and present. NewYork, 1919). En este libro se señala la convenien-
cia de unir el río de la Plata con el canal del Panamá, por medio de la canalización
del Paraná, el Paraguay, el Tapajoz, el Amazonas, el río Negro y el Orinoco. La
última parte de la ruta se salvaría concertando la navegabilidad del Guaiare o
Meta con un ferrocarril que pasara por Bogotá”.
Del Mazo también considera en su propuesta la posibilidad de que la co-
municación del Amazonas con el Río de la Plata se realice por el Madeira,
como alternativa al Tapajoz.
Con relación a la interconexión del Orinoco y el Amazonas, Del Mazo se re-
fiere a los trabajos de Chaffaujon que plantea el río Casiquiare como vía y destaca
156
también el trabajo publicado en 1941 por Pedro Ezequiel Rojas sobre la navega-
ción fluvial entre Venezuela y Brasil. Señala que, según Rojas, “La vía de unión
escogida por este proyecto es la siguiente: Orinoco, río Guairúa, río Negro, río
Amazonas. La verdadera llave de la comunicación está en el Casiquiare, canal na-
tural que comunica el Orinoco con el Negro. Esta comunicación se hace por dos
vías: una formada por los Mé e Iconorochito y otra por los ríos Pacimoni, Baria,
“canal” Matiraca y río Canabury. Por la segunda de estas rutas pueden también
pasar embarcaciones, aunque de menor porte. Con todo, según aquella memoria,
habría una mejor solución, consistente en construir un canal de solo veinticinco
kilómetros que cortará el terreno ligando las dos corrientes principales”.
Así pues, la integración americana en el pensamiento de Gabriel del Mazo, a tono
con su formación de ingeniero, se encamina fundamentalmente por los cauces de la
interconexión hidrovial, planteamiento que él desarrolla con singular solvencia.
Claves del pensamiento integracionista de Fernando Belaunde Terry y las implicancias geopo-
líticas de su visión
157
punto conviene recordar que más de 20 años antes de escribir dichas líneas, Belaunde
ya se refería a lo que él llamaba la filosofía de la penetración, que habría inspirado las
obras de comunicación en el continente, y que él definía como “…escalar y cruzar una
gran muralla geográfica…” casi siempre partiendo de un “…puerto marítimo…”, y
teniendo como destino “… el puerto fluvial, al otro lado de los Andes”.
En contraposición, planteaba una filosofía de la colonización siguiendo la cual
había que “… enlazar las tres grandes cuencas fluviales como una vía que ya no
será de penetración, sino de colonización”, debiendo ser “… la vía que incorpora
más tierras aprovechables para el cultivo…” Y Belaunde seguía diciendo: “…su
origen será la tierra y su destino, la tierra”, para finalmente sentenciar: “Las ciuda-
des vendrán después. No serán madres sino hijas del camino colonizador”.
Adicionalmente, un análisis del párrafo final que hemos escogido del discurso
de julio de 1983 nos muestra la diferencia que hay entre la concepción de Belaun-
de con la de sus ilustres antecesores.Y esa diferencia radica en la ‘plenitud’ de su
propuesta, pues no solamente considera la integración física del continente por
medio de la interconexión vial, sino que ha pensado en la necesidad de contar con
las fuentes de energía indispensables para el desarrollo, a lo que se agrega la suge-
rencia de acordar normas y procedimientos que permitan la libre circulación en la
región de los ciudadanos de los diferentes países que la componen, y la adopción
de una moneda común que facilite el intercambio comercial en el continente.
Es, pues, un planteamiento cabal, que cubre todos los aspectos que se requiere
considerar para impulsar el desarrollo global en Iberoamérica.
Cabe aquí poner en relieve un objetivo que subyace en el planteamiento de Be-
launde, muy diferente de los criterios económicos, pero igualmente importante.
Él lo expresa en su artículo “La Carretera Marginal de la Selva” cuando dice, refi-
riéndose a esta, que “Pocas obras ofrecen en el mundo (…) la oportunidad de unir
a todos los países de un continente en una operación mancomunada y fructífera. Si
bien la vía será un nexo físico entre nuestros países, su mayor ventaja ha de radicar
en los redoblados sentimientos de solidaridad que este esfuerzo común producirá”.
Otra notable característica de la propuesta de Belaunde reside en la magnitud
que le confiere a la conexión hidrovial, puesto que no solamente sostiene (Dis-
curso de 19 de octubre de 1981 - Inauguración de la Primera Reunión Técnica
Especializada para la Interconexión de las Cuencas) la necesidad y posibilidad de
conectar los ríos Orinoco, Amazonas y de la Plata, sino que visualiza la creación
del “…eje acuático más grande del mundo: el eje Québec-Buenos Aires”.
Belaunde se refiere al “camino acuático de San Lorenzo”, aludiendo a la interco-
nexión lograda por Estados Unidos y Canadá entrelazando el río San Lorenzo con
158
los Grandes Lagos y el río Mississippi, permitiendo la comunicación multimodal
entre sitios tan distantes como Québec, Duluth y Nueva Orleáns. Señala que para
conseguirlo solo se requeriría cubrir una distancia oceánica pequeña, cruzando el
Caribe y el Golfo de México.
Adicionalmente, es notable la connotación macroeconómica del expuesto plan-
teamiento, tal como lo expresa Belaunde al referirse a “…las grandes reservas
que se encuentran a lo largo del recorrido de 10 mil kilómetros entre Buenos
Aires y el río Orinoco…” a las que considera como “…complementarias del eje
de América del Norte, que es un eje de avance industrial y científico (…) el nues-
tro (…) ya tiene una industrialización incipiente pero es potencialmente gran
proveedor de recursos naturales.
¿Tenía razón Belaunde al propiciar el uso de las vías naturales de comunicación
que constituyen los ríos y que forman parte importante de las redes hidroviales?
Irene Canalejos en su conferencia “Rutas Fluviales como Polos de Desarrollo”, sus-
tentada con ocasión del Seminario Internacional “Desarrollo de Puertos Fluviales e
Hidrovías”, realizado en Iquitos en agosto de 2008, sostiene que las rutas fluviales
como medio de transporte son un medio altamente competitivo desde el punto de
vista económico y constituyen un sistema totalmente compatible con la conserva-
ción del medio ambiente. A la vez, João Gomes de Oliveira, en la misma reunión,
informa que una sola barcaza de 1500 toneladas transporta el mismo volumen que
60 camiones de 25 toneladas… y debe tomarse en cuenta que es usual la formación
de convoyes con varias barcazas que son empujadas por un solo barco.
Y, por cierto, las implicancias geopolíticas y los matices estratégicos son puestos en evi-
dencia por Belaunde cuando dice: “Si el hemisferio logra organizar el espacio de esta mane-
ra, el abastecimiento de materia prima estratégica, en caso de guerra, sería tan amplio ¡que
el continente sería realmente invulnerable!Y como éste es un hemisferio de paz, tengo la
esperanza de que esta obra constituya la mayor garantía para la paz del mundo”.
Y es que la propuesta de Belaunde apuntaba a la ocupación y desarrollo del
inmenso hinterland constituido por el llano amazónico y las extensas zonas rega-
das por el Orinoco, el Río de la Plata y los afluentes de sus respectivas cuencas.
Quién sabe si la creativa mente de Belaunde imaginaba a las capitales y otros
núcleos poblacionales de Sudamérica como brillantes estrellas en pleno desarro-
llo, fungiendo de múltiples heartlands impulsoras del progreso de sus respectivas
áreas de influencia, con su potencial optimizado al máximo por un sistema de
interconexión hidrovial en pleno funcionamiento.
Además de lo señalado, es pertinente marcar una diferencia más.Y es que, po-
niendo en evidencia la rara combinación de pragmatismo y visionaria anticipación
159
160
que lo caracterizó, Belaunde hizo realidad, probó en forma fehaciente y ante los
ojos del todo el mundo, que la navegación entre el Amazonas y el Orinoco, en
barcos de calado suficiente para el intercambio comercial, era posible. Para ello,
embarcado en una nave de regular tamaño como es la cañonera peruana “Amazo-
nas” (4 ½ pies de calado y 50 m. de eslora), el 18 de julio de 1983, se embarcó en
San Carlos de Río Negro (Cuenca del Amazonas), en Venezuela, y cubrió los 370
km. del Casiquiare hasta llegar a Tama Tama, población asentada en el Orinoco,
donde desembarcó el 22 de julio. Así lo registra la historia.
161
Integración y democracia en el pensamiento de FBT
162
BIBLIOGRAFÍA
Basadre, J., (1939) “Historia de la República del Perú (1822-1933)”. Pág. 154 y
siguientes. Proyecto Editorial del Diario El Comercio, 2005. Lima. Perú
163
teagudo y Domingo Faustino Sarmiento”. II Congreso Interoceánico de Estudios
Latinoamericanos. Cuyo. Mendoza. Argentina
164
Finalista Área El demócrata y el estadista
Un parlamentario
Un parlamentario
histórico
histórico
Blanca Sobrevilla 86
Dedicatoria:
A la memoria del arquitecto Fernando Belaunde Terry
“La personalidad insigne del principal actor de ese acontecimiento cívico, presente en la prime-
ra página de nuestra historia parlamentaria permanece en ella, como símbolo de respeto a la
legalidad y de amor a la Patria, aun después de su retiro de la vida política y del término de
su existencia terrenal”.
86 Seudónimo: Hermandad.
165
Introducción
166
de vivienda para los más necesitados, asumiendo actitudes muy especiales como
aquella en que, siendo Diputado, pidió permiso a la Cámara para ponerse a tra-
bajar en el campo de la elaboración de los planos y proyectos urbanísticos con los
ingenieros y arquitectos del Ministerio de Fomento y Obras Públicas, en acto sin
precedentes ni posteriores consecuentes en el parlamento del país. Defender los
derechos a la Libertad de Imprenta que equivalen ahora a defender los derechos
a la libertad de expresión e información. Su capacidad para cuestionar la actitud
que considera equivocada por parte del Ministro de Gobierno y Policía, miembro
de su propio gobierno, frente a los sucesos del crimen Graña.
No fue un oscuro parlamentario, anodino y sin iniciativa, fue un legislador con
presencia y liderazgo, preocupado por un cumplimiento responsable de la fun-
ción, inquieto por la solución de los problemas sociales, especialmente los de
vivienda, defensor de las libertades y los derechos del pueblo, y un esclarecido
luchador por la democracia. Sucede que su importante ejercicio de la Presidencia
Constitucional de la República en dos oportunidades absorbe su también impor-
tante función parlamentaria.
La primera mitad del siglo se vio marcada por el conflicto bélico con el Ecuador,
iniciado por la agresividad del vecino país del norte, que fue ganado por nuestras
fuerzas militares que llegaron hasta la provincia de El Oro y que fue concluido
en los campos de la diplomacia. Terminándose la conflagración con la firma del
Protocolo de Paz, Amistad y Límites en Río de Janeiro, el 29 de enero de 1942,
con mediación de Argentina, Chile, Brasil y Estados Unidos.
Asimismo, la Segunda Guerra Mundial comprometió la paz de todas las naciones
del mundo, que en alguna forma u otra veían comprometida su participación, como
fue el caso del Perú, gobernado por Manuel Prado Ugarteche, que tomó partido por
los países aliados, es decir, por la Alianza Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, tanto que
el Banco Italiano se vio precisado a cambiar de nombre por el de Banco de Crédito.
Con la secuela de estos acontecimientos vivió el país los años sucesivos, hasta que llegó
la nueva convocatoria a elecciones para el año 1945, donde fue conformado el Frente
Democrático Nacional, integrado por el Partido Aprista Peruano, los grupos sindicalis-
tas, la Acción Peruana, el Partido Socialista de Luciano Castillo y Acción Democrática
Peruana, quienes llevaron la candidatura del Dr. José Luis Bustamante Rivero, ganador
167
168
de las Elecciones Generales de 1945, mientras que el arquitecto Fernando Belaunde
Terry, integrado al Frente como independiente, era elegido Diputado por Lima, con
72,157 sufragios, la segunda más alta votación nacional luego de Luis Alberto Sánchez,
que obtuvo 74,401 votos.
El Frente aparentemente obedecía a una necesidad de buscar fortalecer el régi-
men democrático, tratando de hacerlo invulnerable a las amenazas del militaris-
mo, camino a forjar un país con estabilidad. Sin embargo solo era la reunión de
diferentes partidos políticos, de centro y de izquierda, para poder ganar la Pre-
sidencia de la República, lo que se buscaba era que alguien con el prestigio y las
calidades de Bustamante y Rivero pudiera garantizar el ejercicio de las libertades
democráticas. En este medio Fernando Belaunde Terry, que fue una de las perso-
nalidades que dio vida al Frente, tenía que cumplir sus funciones de legislador.
169
porque ella sirve mejor para demostrar la presencia y la personalidad política del
arquitecto Fernando Belaunde Terry en el Parlamento Nacional, en funciones de
Diputado Nacional por el Departamento de Lima.
Pretendo ofrecer a través de intervenciones en el hemiciclo, aspectos rele-
vantes de la actuación parlamentaria del Fernando Belaunde Terry, brindando la
imagen de un Diputado con autonomía y personalidad dentro del Frente Demo-
crático, dueño de su propia identidad, consecuente con su singularidad ideológica
y política, pero respetuoso también de los intereses generales del colectivo que
integraba. Sabido es que el Frente Democrático era la mayoría parlamentaria que
respaldaba el Gobierno del Presidente José Luis Bustamante Rivero, constituida
en mayor número por la Célula Parlamentaria Aprista.
A través de las intervenciones que he escogido podremos encontrar que con
los demás integrantes del Frente existía el importante compromiso de estar uni-
dos en defensa de la democracia, pero que en el tratamiento de otros aspectos él
tenía sus propias concepciones, mostrando en los debates sus claras discrepancias
con los voceros de la Célula Parlamentaria Aprista.
Por eso hemos tomado discursos relacionados con cuatro temas que nos per-
miten visualizar estos aspectos en asuntos de importancia nacional en todos los
tiempos y que nos sirven para demostrar que jamás Acción Popular fue furgón
de cola del Partido Aprista ni Fernando Belaunde fue un servidor de la Célula
Parlamentaria Aprista, él formó parte del Núcleo de Parlamentarios del Frente
Democrático, habiendo sido su líder.
170
sobre el hecho mismo, porque no debe olvidarse que el Gobierno del Perú tenía
relaciones con España cuando Franco estaba fuerte y ahora que está débil me parece
que podría ser criticado por el hecho de romperlas súbitamente.
“El Perú, cuando Rusia era potencia de segundo orden, no tenía relaciones con ella; ahora
que está poderosa, queremos tener relaciones con Rusia.Yo hago simplemente la observa-
ción, tal vez no estoy capacitado para hacer un estudio inmediato del asunto; es muy posible
que sea conveniente entablar relaciones; pero se ha hecho una serie de referencias y a mí me
parece que se deben pesar los argumentos para que nuestra acción internacional, simultá-
nea en el mundo en ambos casos, no se preste a comentarios enojosos.
“Yo soy contrario al caudillo Franco, pero este no es el único. Con todo respeto
a Rusia, existe también el caudillo Stalin. Por ello, hago esta observación para que
seamos cautos. Por el decoro del Perú, debemos tener en cuenta que España es
la Madre Patria, sea quien fuere su gobernante. Este homenaje que se quiere ha-
cer rompiendo relaciones no puede ser tal, porque ellos se hacen, precisamente,
manteniendo las relaciones aunque el gobierno sea contrario a nuestros principios
democráticos. (Murmullos en la barra). “Señor Presidente: dejo constancia
una vez más de que el Artículo 154ª de la Constitución da al Poder Ejecutivo el
atributo de regir las relaciones internacionales y de que me parece que sería de
mal gusto ir a esta acción simultánea y conjunta en forma precipitada. Considero
que debe dejarse este delicado caso al libre juicio del Poder Ejecutivo. Dejo, pues,
constancia, repito, de la Disposición Constitucional que he mencionado y de que
en mi opinión puede ser mal interpretado que el Perú tome esta actitud, sin sin-
cronizarla siquiera con la de otros países hermanos de acuerdo con los compro-
misos contraídos en Chapultepec y San Francisco”.
Seguidamente intervino el Diputado Luis Alberto Sánchez discrepando de la
posición sustentada por Fernando Belaunde Terry, quien a su vez respondió con
la siguiente dúplica:
El Señor Fernando Belaunde Terry. “Señor Presidente: quiero agradecer en la
forma más sincera y cordial las expresiones gentiles de mi colega, el doctor Luis
Alberto Sánchez, con quien no solo tengo este pequeño debate de discrepancia
hoy, sino con el que he tenido grandes debates de coincidencia profunda durante
la campaña electoral y sé que los tendré durante estos años de nuestro común
mandato. Pero quiero aclarar, señor Presidente, que el artículo 154ª de la Cons-
titución faculta al Poder Ejecutivo para dirigir las relaciones internacionales, otro
establece cuáles son las atribuciones del Parlamento con respecto a la política in-
ternacional. Si mal no recuerdo, estas son las de refrendar los tratados y declarar
la guerra a iniciativa del Ejecutivo. No recuerdo ninguna otra.
171
Belaunde en uno de los nume-
rosos conjuntos habitacionales
que fueron edificados durante
su segundo Gobierno.
172
173
“Ciertamente, no vamos a dirigir la política internacional. Las Comisiones Di-
plomáticas de las Cámaras son precisamente para el estudio de los tratados, de los
conflictos que pudieran surgir en ellos. Como consecuencia de la argumentación
que se hizo al respecto, voy a hacer una observación: me parece que si nosotros
vamos a dividir a los habitantes de los países entre buenos y malos y solo vamos a
tener relaciones con las naciones en las cuales los gobiernos son los buenos, nece-
sitaremos tener una comisión investigadora en cada uno de los países del mundo.
“En el caso de España, señor Presidente, es evidente que se trata de un Go-
bierno contrario a los principios que felizmente predominan en el Perú. Eso es
evidente. No se pone en duda porque se ha palpado profundamente en la gran
contienda mundial. Pero hay muchas otras naciones cuya política internacional
hemos investigado y sería peligroso entrar en cada caso en una investigación de
esa naturaleza. Yo hago estas reservas, porque no estoy contra la Madre España,
sino contra el Gobierno de Franco”.
Esta intervención, del 10 de agosto de 1945, es una de las muchas relacionadas con
la solución del problema de la vivienda. Estoy reproduciendo únicamente este texto,
pero existen muchas otras intervenciones vinculadas a este tema y el del urbanismo.
El Señor Fernando Belaunde Terry. “Señor Presidente: he pedido la palabra para
hacer un breve comentario sobre dos resoluciones supremas de enorme trascen-
dencia, que han sido expedidas por el Poder Ejecutivo en la semana pasada. Una
de ellas prohíbe el trámite de nuevas urbanizaciones en la capital y sus alrededo-
res. Esta prohibición tiene por objeto el que se reserve extensas áreas rústicas
para ser empleadas en la construcción de viviendas populares y es el primer paso
efectivo, la primera acción real a favor de la vivienda popular. Hace mucho tiem-
po, urbanistas y estudiosos en materia de vivienda, esperaban una acción de esta
clase, de este tipo, a la cual rindo hoy mi caluroso aplauso. Desde luego, hay que
hacer las demarcaciones consiguientes a fin de liberar las zonas que no están com-
prendidas entre las necesitadas por la vivienda popular.
“La otra resolución, dictada la semana pasada, contempla la creación de
la Comisión Nacional de Vivienda que tiene por objeto formular un plan de
acción inmediato, así como un programa definitivo para que en colaboración
con el Poder Legislativo pueda trabajar constantemente una serie de proyec-
tos relacionados con la vivienda.
174
La razón por la cual me refiero a estas dos resoluciones es que el Ministerio de
Fomento y Obras Públicas me ha honrado pidiéndome que integre el personal
de la Comisión de Vivienda, con carácter ad honorem, a fin de que preste mis
servicios profesionales no solo en el campo legislativo sino, también, en la misma
obra como asesor profesional; y como estoy dispuesto a prestar gratuitamente mi
contingente a efecto de solucionar el problema de la vivienda, en armonía con el
artículo pertinente de la Constitución, me permito pedir a la Cámara se sirva au-
torizarme a fin de poder integrar tanto la Comisión Nacional de Vivienda como la
Comisión Técnica Asesora de la misma, para lo cual he sido gentilmente solicitado
por el señor Ministro de Fomento y Obras Públicas.
“Ya que ha llegado la oportunidad, señor Presidente, creo que satisfago una justi-
ficada curiosidad de la Cámara de Diputados al decir que el Supremo Gobierno ha
abordado con toda decisión el problema de la vivienda y ha reunido a los técnicos más
capacitados, más preparados en este campo, encomendándoles la inmediata acción de
proyectos para construir nueve mil casas. (Aplausos en las galerías). Esos proyectos
ya están siendo elaborados y las respectivas zonas han sido seleccionadas, siendo el
propósito de la Comisión el de escoger, dentro de ellas, los terrenos más apropiados,
y es de esperar que el Poder Legislativo estudie y apruebe la legislación necesaria en
el momento oportuno a fin de que el Poder Ejecutivo pueda presentar una serie de
programas concretos y se conozca su costo, su ubicación, características, etc.
“Sé, por la honrosa consulta que se me ha hecho, que el Poder Ejecutivo tiene la
intención de entrar en contacto cada vez más estrecho y permanente con el Poder
Legislativo, a efecto de que ambos poderes colaboren y surja una solución efectiva
del problema de la vivienda. Estos proyectos están ya trazados en el tablero y he
tenido oportunidad de saber que muy pronto serán una realidad.
“Creo, señor Presidente, que el problema de la habitación hay que atacarlo en
esta forma y me parece oportuno ocuparme de él, porque se ha estado hablando
de diferentes leyes al respecto. Yo sé que esas leyes solo son paliativos pasajeros
del problema y que la solución está en construir casas, y eso es, precisamente, lo
que se ha comenzado a hacer; es decir, se ha comenzado por el principio, o sea por
la selección de tierras y la confección de planos en gran escala, de acuerdo a los
principios urbanísticos más modernos y empleando el personal técnico del Estado
más capaz en ese campo de acción.
“Tengo, pues, el agrado de pedir a la Cámara que, de conformidad con la res-
pectiva disposición constitucional, me permita integrar esas dos comisiones para
prestar servicios en el plan de construcción de viviendas, en la que he puesto
grandes esperanzas cívicas desde hace mucho tiempo”. (Aplausos prolongados).
175
El Señor Presidente: “Se va a consultar a la Cámara el pedido que formuló el señor
Diputado por Lima, arquitecto Fernando Belaunde Terry, a fin de que, de acuerdo
con el artículo ciento tres de la Constitución del Estado, se le autorice para formar
parte de las Comisiones que el Gobierno ha tenido a bien designar con el objeto de
solucionar el problema de la vivienda. (Pausa). Los señores Diputados que acuerden
el mencionado pedido, se servirán manifestarlo. (Votación). Los señores Diputados
que estén en contra (votación). Ha sido acordado”. (Aplausos prolongados).
También los Diarios de Debates conservan los archivos de intervenciones del di-
putado Fernando Belaunde Terry relacionadas con la Vivienda y el Urbanismo, cuan-
do planteaba alternativas de solución para paliar la escasez de cemento, como “una
cuota más elevada para la construcción de la habitación modesta” o expresaba su
frecuente preocupación por la terminación de las obras de la Unidad Vecinal Nº 3.
176
cambio, que esa división entre partidarios serenos y partidarios agresivos de esa libertad
fundamental.Y aparentan amarla más vehementemente los que más alejados estuvieron
de ella. (Aplausos en la barra y en los bancos de los señores representantes).
“Pero este régimen que, por un lado, ha restablecido la libertad de imprenta en
el Perú, por el otro, ha terminado con el viejo y oprobioso sistema de la incon-
dicionalidad. Por ello no extraña que en bandos aliados como son el Núcleo del
Frente Democrático Nacional y la Célula Parlamentaria Aprista surjan, a veces,
discrepancias de criterio y que esas discrepancias sean francamente, sin disimulos,
exhibidos a la luz pública. (Aplausos).
“Quiero referirme al primer artículo de la ley, que es el único al cual los di-
putados del Frente Democrático hacemos algunas objeciones. Hemos acordado
votar a favor del proyecto desde el artículo 2º hasta el artículo 9ª, y proponer una
fórmula sustitutoria al artículo 1º, entendiendo que ella nos exime a la Cámara
como enmienda moral del artículo 1º, que quizás debido a la forma precipitada
como se debatió en el Senado, peca de lirismo, que no cabe en el lenguaje legal
que debe ser concreto y no abstracto, que no debe prestarse a tergiversaciones.
No creo que encierre peligro porque en última instancia es la Corte Suprema a la
que encarga las decisiones, no a la autoridad política, y no tener fe en la equidad
de la Corte Suprema sería insinuar que el Perú está perdido.
“Por consiguiente, señor, el Núcleo Parlamentario del Frente Democrático Na-
cional hace un llamado a sus compañeros de la Célula Parlamentaria Aprista, para
que se acojan al proyecto sustitutorio que, en realidad es el proyecto original con
exclusión del párrafo inconveniente del artículo 1º, quedando así su reducción
original de la primera parte: “Todos tienen derecho a editar cualquier órgano de
publicidad”. Hasta aquí la modificación exigida por nuestra divergencia y a partir
de aquí la coincidencia profunda con los otros artículos del proyecto.
“El señor diputado Muñiz se ha referido a que se hace mucho hincapié en el artí-
culo primero para atacar solapadamente al artículo 3º, hablando de los periodistas
que hacen campaña desleal al proyecto. Por consiguiente, creo oportuno mostrar
este número de la revista “Time”, y una parte muy interesante que da detalles de sus
propietarios y accionistas, de acuerdo con las leyes que indica en 1912 y de 1933. Es
más conveniente citarla a ella que a “Life” y a “Readers Dieggest” como lo ha hecho
“La Tribuna”, porque “Time” es un periódico esencialmente político con gran difu-
sión en el mundo y a pesar de estar escrito en inglés vende en los puestos de Lima.
Y es notoria la oposición que ha hecho “Time” al gobierno americano, aun en los
momentos más álgidos del conflicto. Es una revista cuya agresividad y rebeldía no se
ha sentido amainada por la declaración legal de propietarios que hace en sus propias
177
páginas. No es, pues, el tercero un artículo inusitado en el mundo democrático y
solo determina que el que tire la piedra esconda cobardemente la mano. Queremos
libertad de prensa, pero no queremos libertad de anónimo.
“No teniendo más objeción que hacer que la indicada hace algunos instantes
sobre el artículo 1º, me permito mandar a la Mesa para que el señor Presidente se
sirva dar lectura al proyecto sustitutorio y espero, señores, que los miembros de
la Célula Parlamentaria Aprista y todos los compañeros de la Cámara nos acom-
pañen a votar esta fórmula que evitará suspicacias y no dará lugar a campañas
inspiradas, más de una vez, en propósitos inconfesables”.
El señor Presidente: “Se va a leer para ilustración de la Cámara”. El Relator leyó:
“Artículo 1º. Todos tienen el derecho de editar cualquier órgano de publicidad”.
Fernando Belaunde Terry:
Por la mayoría del Núcleo Parlamentario del Frente Democrático Nacional.
El 7 de enero de 1947 el asesinato del Director del Diario “La Prensa”, Francisco
Graña, conmocionó el ambiente nacional en los ámbitos sociales, políticos y cul-
turales, tanto que fue llevado al escenario del Parlamento, donde se interpeló al
Ministro de Gobierno y Policía, general Manuel A. Odría, siendo el encargado de
dicha interpelación el diputado Fernando Belaunde Terry.
El Señor Belaunde. “Señor Presidente: como autor del pliego de interpelaciones
que estamos ventilando en este momento, me toca saludar al señor Ministro, general
Odría, en quien reconozco la gran virtud de la abnegación demostrada al hacerse car-
go de la Cartera en un momento tan difícil y al asumir una responsabilidad tan grave.
No soy hombre de zalamerías, señor Presidente; me basta con esta declaración para
demostrar al señor Ministro que su persona me merece los mayores respetos, y que es
únicamente al Ministro de Gobierno a quien voy a dirigirme en lo sucesivo.
“He asumido, señor Presidente, una grave responsabilidad al provocar esta inter-
pelación y, como sucede a menudo cuando se cumple un deber, me he expuesto
también a las murmuraciones y a las críticas de la malevolencia. “Debo aclarar, en
primer término, señor Presidente, que soy incapaz de componendas, que cuando
actúo espontáneamente o cuando asumo la personería de un grupo lo digo y nadie
tiene el derecho de dudar de mi honorabilidad. (Grandes y prolongados aplausos).
“En este caso, señor, cualquier compromiso político sería un verdadero baldón. Son
dos grandes corrientes las que me traen a tomar esta actitud: la poderosa corriente
del deber de Diputado por Lima, tal como yo lo entiendo; y otra corriente, poderosa
178
también, de amistad, porque si bien la amistad con Francisco Graña no fue una vin-
culación íntima, fue lo suficientemente frecuentada para poder captar sus dotes de
caballerosidad, de hombría de bien y su espíritu bondadoso que aleja la posibilidad de
que haya provocado, alguna vez, sentimientos de odio.
“No sería yo, señor Presidente, quien pudiera manchar mi nombre haciendo de
este drama una comedia y no pueden tampoco empañar mi modesta pero limpia
vida política, mis oscuros y mediocres atacantes.
“El móvil de esta interpelación, señor Presidente, es, pues, exclusivamente, el con-
tribuir a que se establezca la verdad, el de demostrar palpablemente el celo que tiene
el Parlamento, celo del que di una prueba personal, ratificada por el voto unánime de
toda la representación al producir estas interpelaciones. Celo del Parlamento que no
podía dejar de buscar la verdad y de clamar porque se sancione un crimen doblemente
grave, porque ha traído la desgracia a un hogar y la zozobra al país.
“Al formular el pliego de preguntas y al asumir esta grave responsabilidad se me
ha creado un problema muy complejo, señor Presidente. ¿De dónde iba a sacar
mis preguntas? ¿Iba a sacarlas del lodo? No era mi misión, señor Presidente. Tenía
que confeccionar mis preguntas del recto concepto público, de lo que decían las
gentes que honradamente se ocupaban de este asunto, y tenía que hacer preguntas
fundamentales. Por eso hice un Pliego escueto, que el señor Ministro acaba de
responder con frases muy sinceras, que dejan en limpio el honor del Gobierno,
pero que no dejan en claro todavía su capacidad y eficiencia para encontrar y
castigar a los culpables. (Grandes y prolongados aplausos).
“Al traer al señor Ministro a esta Cámara, en base a un pliego de interpe-
laciones, que de acuerdo con la Constitución y el reglamento establecen un
rígido marco dentro del cual debo actuar, debo recordarle que si bien yo estoy
limitado, él no está limitado para nada ni por nadie. El interpelante debe cir-
cunscribirse a sus preguntas; el interpelado debe decir todo lo que le interese a
la Nación.Y debo agregar, señor Presidente: no soy el único hombre que puede
hacer preguntas en esta sesión. Todos los señores Representantes de este Parla-
mento democrático, que representan diversas fuerzas políticas, fuerzas opues-
tas, tienen no solamente el derecho sino el deber de decir lo que sepan y lo que
pueda ayudar a esclarecer este asunto.
“Ahora, señor Presidente, paso a ocuparme de las respuestas que ha dado el
señor Ministro a mis preguntas. Dejo en claro que la forma como han sido expre-
sadas las respuestas, la manera como ha sido redactado el preámbulo, muestra que
hay el deseo de hablar claro, muestra que hay una conciencia pura y limpia. Pero,
señor Presidente, las preguntas no me dejan ampliamente satisfecho. (Aplausos).
179
“Tengo que decir, señor Presidente, ante todo, ¿el señor Ministro conocía antes
de su publicación el comunicado emitido por uno de sus subalternos? Ese es un dato
que tenemos que esclarecer, y en todo caso, ¿cómo es posible que en la institución
policial se puedan confundir las palabras “sospechoso” y “culpable”? Esto denota que
hay algo que no marcha bien. Y otra cosa más, señor Presidente, ¿cómo es posible
que se haya necesitado de una interpelación para despejar una incógnita tan grave?
Es verdad que se ha hecho política con este asunto, es exacto que se ha puesto al país
en la intranquilidad, pero es verdad, también, que el Gobierno ha contribuido con
un comunicado torpe a crear la discordia y a ahondar el problema. (Aplausos).
“La discreción, se dijo, había sido la causa de que no se pusiera en claro la verdad
sobre este comunicado. La discreción, señor Presidente, es una virtud cuando se
usa para guardar aquellos datos que deben detenerse hasta llegar a la solución de
un problema como éste, pero es un vicio cuando se emplea para tapar las fallas o
errores de un despacho ministerial. (Grandes y prolongados aplausos).
“Viene, en seguida, la respuesta a la pregunta por la separación y los cambios
de los funcionarios. Me parece, señor, que es un acto muy grave el cambiar de
funcionarios que desde el primer momento han tenido el hilo de esta investi-
gación. La falta de discreción es ciertamente cosa muy extraña en la institución
policial. En cuanto a las otras fallas de que habla el señor Ministro, no sabemos
a cuáles se puede referir. Saco de su respuesta que no eran graves esas fallas
que determinaron el cambio de funcionarios y, en todo caso, habríamos podido
aplaudir esa actitud si los sucesores de los funcionarios primitivos hubieran
tenido mejor éxito. (Aplausos).
“En cuanto a la tercera pregunta, tomo nota de la firme decisión del Gobierno
y respeto la discreción a la que alude el señor Ministro.Y me felicito de haber lle-
vado a cabo este acto de mi exclusiva responsabilidad, al producir la concurrencia
del señor Ministro, porque así estamos poniendo a su disposición para dirigirse al
país la amplia tribuna parlamentaria, tribuna de un Parlamento ansioso de coope-
rar en todo noble propósito y de cumplir con su deber.
“Y quiero terminar, señor Presidente, afirmando que la impunidad, que es gra-
ve en cualquier delito, es mucho más grave en un delito como el que nos ocupa,
en que está comprometida no sólo la felicidad de un hogar sino la tranquilidad
pública. No podemos aceptar la impunidad.
“Hace un momento, señor Presidente, debatíamos en esta misma sala las bases
de un arreglo para cancelar una deuda que tiene el Perú para con los extranjeros;
ahora tenemos que sentar las bases para arreglar una deuda que tiene el Perú para
con los peruanos”. (Grandes y prolongados aplausos).
180
Luego de la intervención del Ministro de Gobierno y Policía, General Manuel
A. Odría Amoretti, dando respuesta a las interrogantes de los parlamentarios,
volvió a intervenir Fernando Belaunde Terry en los siguientes términos:
El señor Belaunde Terry. “Señor Presidente: ante las respuestas que da el señor
Ministro de Gobierno, voy a circunscribirme a la que corresponde a mi pregunta
principal, porque considero que es insatisfactoria su explicación. Me parece que
un Ministro de Estado que llega al Portafolio con la finalidad primordial de dirigir
la investigación de un asesinato sensacional debe conocer todos aquellos actos que
se relacionan a ello. El señor Ministro debió conocer ese comunicado y si no fue
así debió rectificarlo; el hecho de que no lo haya conocido prueba que no estaba
íntegramente dedicado a la investigación policial. Se basa en esto la moción que
envío a la Mesa para que se dé cuenta de ella en la debida estación”.
III. Conclusión
181