Roma se fue expandiendo, las responsabilidades fueron creciendo y el número de regidores
aumentando; de esta forma, la administración de la República (509 – 27 a.C.), primero, y
después el Principado (a partir de Octavio Augusto), estuvo gobernada a lo largo de todo el
Imperio por ediles, tribunos, cuestores, gobernadores. Para que los puestos tuvieran validez
siempre, tenían que ser sancionados por el Senado. Así nació el Cursus Honorum, que era el
nombre con el que se conocía tanto en la República Romana como en el Imperio Romano al
orden secuencial de cargos públicos, tanto políticos como militares, que un hombre romano de
buena familia debía ir asumiendo y completando a lo largo de su vida para así subir en la escala
social romana.
Originalmente solo los patricios podían seguir el cursus honorum, y las magistraturas necesarias
(más la tribunicia militar) eran las de cuestor, la de pretor y la de cónsul Al finalizarlas la
persona en cuestión gozaba de las distinciones, lo que significaba pertenecer a la más selecta y
distinguida élite social de Roma.
La oficina de los ediles, que se creó junto a la del tribuno de la plebe, fue introducida de manera
informal en el año 494 a. C. No obstante, el Senado se negó a reconocerla durante más de un
siglo y medio. Finalmente aceptándola y agregándola al cursus honorum con la promulgación
de la Lex Furia de Aedilibus tras una serie de pujas sociales.
Por último, gracias a la apertura de las magistraturas de cónsul y de pretor a los plebeyos, estos
comenzaron a poder tener acceso y completar el cursus honorum. Debemos recordar que
originalmente solo las clases más altas de Roma podían completarlo, y los distintos caminos al
mismo se fueron abriendo a lo largo de los siglos tras una lucha social por parte de los plebeyos.
* Vigintivirato: Era la primera fase del Cursus Honorum, la selectividad. Un grupo
de veteranos senadores se ocupaba de iniciar a los postulantes para la ocupación
gubernamental en temas, sobre todo, de derecho civil y penal, Derecho Romano, una
especie de pruebas de acceso a la carrera política.
Cuestor: Los responsables de Hacienda. Estos magistrados eran los encargados de la
administración fiscal, los responsables de la tesorería. En algunas ocasiones también realizaban
cometidos policiales. La edad para este cargo, en los plebeyos, era de 30 años; los patricios, que
solían evitar parte de la milicia a base de sobornos, lo solían hacer entre los 22 – 25 años.
Tribuno de la Plebe: El defensor del Pueblo. El Tribuno de la Plebe no formaba parte del Cursus
Honorum como tal, pero era uno de los cargos más importantes, sobre todo, en la época
republicana; desde su creación a principios del siglo V a.C., fue la persona más cercana al
pueblo. Eran elegidos en asamblea (comicios) y su misión era la de velar por los derechos de los
plebeyos; tenían, incluso, poder de veto en decisiones del Senado que perjudicaran claramente
los intereses de los humildes. Los Tribunos de la Plebe eran sagrados, cualquier acto de acoso o
violencia contra ellos estaba penado con la muerte.
Edil: El Concejo de la Ciudad (los alcaldes). Los ediles de la ciudad eran cuatro, dos patricios
(curules) y dos plebeyos: tanto los patricios como los plebeyos eran elegidos en asamblea por el
Pueblo, en comitia centuriata los de rango senatorial, y en comitia tributa los plebeyos. Las
atribuciones de los ediles eran, fundamentalmente, la planificación de la ciudad, los juegos, las
fiestas, los mercados, la conservación de las calzadas y lugares públicos, el reparto de cereal en
tiempos de escasez, todo lo relativo al buen funcionamiento de una urbe. Esta magistratura era
de gran repercusión, para llegar al Senado, era casi imprescindible haber pasado por esta etapa;
muchos de los Patres que llegaron al consulado habían ocupado el puesto de Edil (Ej. César)
Tribuno Militar: Oficial de rango superior en el ejército. Tampoco este cargo estaba dentro del
Cursus Honorum, pero era esencial para acceder a él, sobre todo para los jóvenes nobles, ya que
era su forma de cumplir con la milicia. Durante la República temprana fueron elegidos por el
Senado con el fin de bregarse con la tropa y sustituir, llegado el caso, al Comandante (Cónsul o
Pretor). A mediados del siglo IV a.C., estos tribunos, igual que los otros, eran elegidos por la
plebe en comitia tributa; tenían las mismas atribuciones, más la encomienda de custodiar las
preocupaciones de los soldados. Los tribunos electos para cada misión eran seis y la durabilidad
en el cargo era de un año.
Pretor: Dignatario del Tribunal de Justicia. Eran el segundo mando superior de Roma, eran
quienes presidían los tribunales, un escalón por debajo del Cónsul, los únicos que, junto al
Cónsul, tenían potestad para mandar un ejército; su ejercicio estaba indicado para un año y eran
elegidos en comitia centuriata, unos comicios donde la aristocracia era mayoría, por lo que a los
plebeyos les era muy difícil acceder a tan alto rango. En principio, eran dos los pretores; según
se iba dilatando el Imperio el número de pretores fue en aumento, a mediados del siglo III a.C.,
estos magistrados ya eran seis. Los destinados en provincias, una vez finalizado el mandato,
adquirían el título de Propretor por dos años en calidad de Gobernador. Los pretores, al igual
que cónsules y dictadores, tenían guardaespaldas: seis lictores. La connotación «pretoriano»
viene derivada de los guardias que custodiaban la tienda del Pretor. La edad para acceder a esta
magistratura era de 40 años mínima.
Cónsul: Presidente del Gobierno o Primer Ministro. El Cónsul era el mayor cargo al que se
podía aspirar durante la época republicana, eran elegidos en comitia centuriata y la duración en
el puesto era por un año, para poder presentarse a la reelección tenían que pasar diez años; a
finales de la República también los plebeyos pudieron optar a los comicios. El hecho de que
fueran dos los cónsules en cada legislatura fue para evitar disposiciones autoritarias; de esta
forma, las decisiones eran colegiadas ante un Senado con tendencias políticas, más o menos
conservadoras, y familiares. Al menos, uno de los dos, tenía que superar los 43 años. En materia
política, acaparaban la convocatoria y presidencia del Senado, la administración de la justicia, la
promoción de obras públicas, etc.; en asuntos militares, eran los comandantes en jefe del
ejército, al ser dos, se turnaban por días en el mando. Finalizado el mandato anual, podían
ejercer como gobernadores de provincia con el título de Procónsul. Los cónsules disponían de
doce lictores.
Censor: Censo y moral pública. Los censores, dos: uno patricio y otro plebeyo, eran veteranos
magistrados que habían sido cónsules; las responsabilidades eran dos: El censo de ciudadanos y
la moral pública; esta segunda cuestión fue variando mucho en función del gobernante del
momento, de hecho, algunos emperadores se ocuparon ellos mismos de la censura. El tiempo
asignado para el cargo era de cinco años, aunque sólo cumplían 18 meses.
Dictador: Magistrado con poder supremo. El matiz «Dictador« era una responsabilidad que se le
encomendaba a un Cónsul, o a un Pretor, en caso de extrema gravedad: una invasión exterior,
una contienda por resolver, un estado de excepción. La duración en el cargo era de seis meses y
tenía poderes absolutos; las leyes eran dictadas, sin previa aprobación, por encima de los
cónsules y del Senado. Esta prerrogativa sólo existió en los tiempos de la República (el primer
Dictador fue Tito Larcio Flavo, 498 a.C., cuando hubo una sublevación de los aliados latinos, y
el último, Cayo Julio César, 44 a.C., tras la victoria contra Pompeyo), durante la época Imperial,
Octavio Augusto abolió esta Magistratura, los dictadores eran los propios emperadores. El
Dictador disponía de 24 lictores.
En la dilatada Historia del Imperio Romano, República e Imperio, las magistraturas sufrieron
importantes cambios, algunas pasaron de ser influyentes a ser simbólicas; otras, por el contrario,
adquirieron más poder (Procónsul, Propretor), y también, hubo otras nuevas: Prefecto de la
Urbe, Prefecto del Pretorio y Pontifex Maximo.
Desde Augusto, bajo el Imperio, pasó a ser una carrera funcionarial, ya que el poder político y
militar estaba solamente en manos del emperador. Este podía hacer adelantar escalones a
determinados senadores de su preferencia mediante la adlectio, o proponerles para uno
determinado, en cuyo caso se les llamaba candidati.
En la época imperial se añadió la obligación de pasar por una función militar en una legión
como tribuno laticlavio, de los cuales cada legión tenía uno, siendo los otros cinco del orden
ecuestre; este mando se desempeñaba antes o después del vigintivirato.
En la época de Augusto se fue creando un cursus honorum específico para los equites,
caballeros o miembros del ordo equester que, en general, se destinaban al ejército (tribuno
angusticlavio), y más adelante a ocupar puestos en la administración imperial.