Héctor, S-Psicología, conceptos preliminares
¿Qué es la psicología? Cobrará sentido una vez podamos vincularnos con las cosmovisiones de las cuales emergen
sus diferentes respuestas…
Esbozo de las respuestas al problema del objeto y método de la psicología, desde una perspectiva histórica
(S. XIX) se pone en crisis una división hasta entonces imperante entre la filosofía y la ciencia. Hasta el S.XIX las
llamadas “ciencias del hombre” constituían distintas ramas, entre ellas la psicología. Dichas ramas buscaban dar
cuenta del hombre en su totalidad, ello provocaba confusiones entre ellas y la filosofía, sus postulados se
corresponden a las concepciones dadas en cada momento histórico. Concepciones occidentales: clásica, cristiana y
moderna (antropocéntrica).
Concepción clásica o metafísica: con un hombre como parte del cosmos, dotado de razón. Habría una
preocupación por establecer relación entre alma y materia, Platón fue el primero que introdujo la distinción
entre el espíritu y materia, afirmando que las ideas son reveladas por la razón, mientras que las cosas son
reveladas por los sentidos. Aristóteles, por el contrario, afirma que materia y espíritu no pueden vivir por
separado: el cuerpo existe en razón del alma, pero el alma solo existe en razón del cuerpo. Canguilem dice que,
la psyche es un ser natural, para él la ciencia del alma es ineludiblemente una facultad y provincia de la filosofía.
Concepción cristiana o teológica: toda fuente de conocimiento es situada por fuera del hombre, planteando a
Dios como creador, la razón ya no es suficiente, se acude a la fe como fuente del conocimiento. El estudio del
alma forma parte de las preocupaciones derivadas de la teología, y la utilización de la introspección se basa en la
convicción de que en el fondo del alma se halla Dios.
Concepción moderna: iluminismo, su llegada introdujo una diferenciación tajante entre el conocimiento
científico y el conocimiento filosófico, ya no le corresponde a la filosofía ocuparse de los asuntos de la ciencia.
Esta unidad comienza a debilitarse en el S.XVII con la aparición del método experimental. Con esto el hombre
pasa a ser valorado como sujeto de conocimiento y, como tal. La concepción moderna es profundamente
antropocéntrica, sustituyendo a Dios y posicionando al hombre como objeto de conocimiento.
Intento de constitución de una psicología independiente a partir del modelo de las ciencias físico-naturales del
S.XIX
1879: primer laboratorio de psicología experimental (W, Wundt) Leipzig, Alemania. Los influjos de la filosofía
cartesiana seguían ejerciéndose sobre la psicología, manteniendo la idea de que el hombre es un ser dotado de
conciencia. Por ende la psicología se constituía como la explicación racional de los hechos de la conciencia. El gran
avance de las ciencias experimentales proporciona un modelo tentador, que permite ampliar los dominios a través de
la formulación de leyes universales, verdades claras, univocas e inmutables. La ciencia experimental tiene su máximo
exponente en el “Positivismo” de Augusto Comte. Inmanuel Kant consideraba que la psicología no se convertiría e
ciencia dado que sus fenómenos carecen de medición espacial ni de “tratamiento matemático”. Más tarde, Comte le
negaría su lugar como ciencia, ubicándola entre fisiología y sociología.
Algunos postulados del Positivismo
Rechazo a la metafísica: el fenomenismo, es decir, la consistencia de la realidad, estaría dada por los hechos
observables, por las impresiones sensoriales.
Unidad de las ciencias: un mismo abordaje e inclusive un mismo método.
El espíritu humano debe renunciar a conocer la esencia de las cosas y limitarse a la observación de los hechos de
la experiencia y de sus relaciones invariables, de donde surgen las leyes de la naturaleza. Toda proposición que
no pueda ser reducida al simple enunciado de un hecho no puede ofrecer ningún sentido real ni inteligible.
Es importante señalar la influencia que tuvieron en la ciencia y la cultura de Occidente del siglo XIX las teorías
evolucionistas de Lamarck y particularmente de Darwin, quienes dan a conocer la idea que ya venía siendo
anunciada desde el siglo anterior: la diferencia entre el hombre y los animales es fundamentalmente de grado, ya que
“el origen de la variedad de las especies tiene un tronco común”. A partir de estas teorías se cuestiona la concepción
de ser humano como un ser privilegiado respecto del resto.
Lo que rescatamos de la teoría darwiniana es fundamentalmente la noción de continuidad en la cadena evolutiva que
culmina con el ser humano. Cabe señalar que la teoría darwiniana es esencialmente biologicista y trata de explicar
los mecanismos de la evolución, a los que deben corresponder descripciones filogenéticas; es decir que esa
continuidad de la cadena evolutiva tiene sustento esencialmente en el plano biológico (aunque el alcance y
profundidad en el orden de las ideas desborda largamente el ámbito de lo biológico e influye en las ciencias sociales
y en las ideologías políticas).
Esta apretada síntesis intenta dibujar los trazos más gruesos que caracterizaron el clima positivista del S.XIX, con el
objeto de “delimitar el contexto en el cual se produce el fenómeno fundacional de la psicología como campo
autónomo del saber”. Wundt ocupa un lugar de fundamental importancia en la constitución de la psicología
experimental. El rechazo a lo metafísico por especulativo, ya que su objetivo fue elaborar una psicología admitiendo
solo hechos observables, termina por aseverar “que nada ocurre en nuestra conciencia que no encuentre su
funcionamiento sensorial en procesos físicos determinados”
No es posible dejar de mencionar este hecho como un hito entre el periodo pre-científico y científico en psicología.
Esta naciente disciplina autónoma comenzó siendo una psicofísica o psicofisiología, que establecía conexiones entre
la vida psíquica y sus correlatos anatómicos. Con respecto al objeto de estudio de estudio: Wundt señala que “toda
manifestación del espíritu humano tiene su causa última en los fenómenos elementales de la experiencia interna”,
dichos elementos fueron desde un primer momento la sensación y la imagen. La psicología de Wundt era una
psicología elementalista y analítica: intentaba descomponer la vida psíquica en sus elementos simples para
estudiarlos y luego recomponerlos a través de la asociación, como su su antecesora filosófica, la corriente
“asociacionista”, la cual se basaba en “ideas” y “elementos” capaces de asociarse entre sí.
Para Wundt todo lo que ocurre en la conciencia tiene su base en procesos fisiológicos que perciben impresiones
externas y las transforman en movimiento, posicionando a la vida psíquica como un estamento intermedio, entre lo
sensorial y el movimiento. La experimentación permite el control de los datos pasivos, proporcionados por la
introspección. De este modo, el método se transforma de “especulativo” a “científico”. Es posible afirmar que la
frontera entre la psicología anterior (metafísica, especulativa) y la nueva psicología experimental del siglo XIX es
una frontera metodológica: de un lado habría métodos reflexivos, intuitivos o especulativos; del otro, métodos
objetivos.
Dos posturas: En este momento de ruptura entre la psicología como rama de la filosofía y la psicología como ciencia
experimental se sientan las bases de una discusión epistemológica que va a atravesar la historia de la psicología
hasta el presente: de un lado, quienes postulan la necesidad de que la psicología, si pretende ser una ciencia, debe
adoptar los criterios de la ciencia experimental positiva; del otro, quienes afirman que, al ser el objeto de estudio de
la psicología un objeto histórico y no estático, el estatuto de cientificidad de la psicología debe alcanzarse a través de
criterios radicalmente diferentes a los de las ciencias naturales.
Criterios de cientificidad y aproximación epistemológica: Contexto de descubrimiento, contexto de justificación y
contexto de aplicación…
El primero tiene que ver con la manera en la que un investigador llega a enunciar sus hipótesis o afirmaciones y,
en el como intervienen los factores más variados. Hace referencia a como surgen en el científico las hipótesis a
estudiar, que surgen en la subjetividad e influencia de los diferentes factores.
El segundo, es aquel que está en relación con la validación del conocimiento, como por ejemplo si la teoría es
justificable o no, si el proceso confirma la hipótesis, etc.
El tercero incluye todo lo relacionado con la aplicación del conocimiento adquirido y de las consecuencias,
positivas o negativas, para la sociedad.
La identidad de cualquier campo científico, la posibilidad de diferenciarse de otras disciplinas, se funda en la
posibilidad de recortar, en el amplio espectro del saber humano, un sector de problemas que le son propios. Existen
campos científicos mejor delimitados y otros cuyos límites resultan todavía confusos, pero que están en permanente
construcción.
En el prefacio de su libro La estructura de las revoluciones científicas, Thomas S. Kuhn, que es un físico teórico
contemporáneo dedicado al estudio de la historia de la ciencia, señala que después de pasar un año en un Centro de
Estudios Avanzados sobre las Ciencias de la Conducta observó el siguiente fenómeno: “...Lo más importante es que, el
pasar un año en una comunidad compuesta principalmente de científicos sociales, hizo que me enfrentara a problemas
imprevistos sobre las diferencias entre tales comunidades y las de los científicos naturales, entre quienes había recibido mi
preparación. Principalmente me asombré ante el número y el alcance de los desacuerdos patentes entre los científicos sociales
sobre la naturaleza de problemas y métodos científicos aceptados.”
De esta observación de Kuhn podemos subrayar dos aspectos: La diferenciación de dos ámbitos del conocimiento: el
de las ciencias naturales y el de las ciencias sociales; los desacuerdos no se refieren a tal o cual problema específico
dentro de un campo de conocimientos, sino a la naturaleza misma de los problemas (es decir, al objeto de estudio) y a
la cuestión del método.
Estas cuestiones instalan al lector en el centro del debate epistemológico que históricamente ha caracterizado la
búsqueda de una identidad por parte de la psicología. Dicho debate a menudo ha tomado la forma de una disputa en
la que la psicología es reclamada desde el ámbito de las ciencias naturales y desde el ámbito de las ciencias sociales.
Consecuentemente, se delimitan objetos de estudio y se proponen métodos que resulten compatibles con los
respectivos criterios de cientificidad sustentados.
Quizá resulte necesario aclarar que el objeto de estudio de una ciencia no es un objeto empírico, sino conceptual. Es
un objeto abstracto, delimitado desde el punto de vista epistemológico, y no la suma de los temas y de los problemas
que esa ciencia trata de resolver. Por ejemplo, se sabe que la caída de los cuerpos es un tema que estudia la física,
pero no resulta lícito decir que la caída de los cuerpos es el objeto de estudio de la física. Del mismo modo, la
historia de la psicología muestra que hay temas o problemas de los que se han ocupado distintas escuelas del
pensamiento psicológico, pero las respuestas a esos problemas varían de acuerdo con la perspectiva epistemológica
en que se sitúen los investigadores para definir el objeto de estudio.
Vezetti, Hugo y Talak. La psicología entre el 'prejuicio de la naturaleza' y el
'descubrimiento del sentido'
El artículo de Michel Foucault "La Psicología de 1850 a 1950", publicado en 1957, fue escrito por encargo para una
Historia de la filosofía europea. En él busca mostrar que el desarrollo de la psicología del siglo XIX al siglo XX se
caracterizó por el descubrimiento del sentido en la comprensión del sujeto humano. Este desarrollo de la psicología
se muestra como el pasaje de su consideración como ciencia natural, a su inclusión entre las ciencias humanas, una
vez asumido que el ser del hombre no se agota en su ser natural.
El proyecto de la Ilustración y el prejuicio de la naturaleza en la psicología
La psicología en el siglo XIX, dice Foucault, recibe una herencia de la Ilustración: debe ser como las ciencias de la
naturaleza. Intenta cumplirlo mediante "la determinación de vínculos cuantitativos", "la elaboración de leyes que
operan a la manera de las funciones matemáticas" y las "hipótesis explicativas". Esta psicología se funda en dos
postulados filosóficos: "que la verdad del hombre se agotaba en su ser natural y que el camino de todo conocimiento
científico debía pasar por la determinación de vínculos cuantitativos, la construcción de hipótesis y la verificación
experimental." "Toda la historia de la psicología hasta mediados de siglo XX es la historia paradojal de las
contradicciones entre ese proyecto y estos postulados; por perseguir el ideal del rigor y la exactitud de las ciencias de
la naturaleza fue llevada a renunciar a sus postulados."
Las contradicciones
Foucault destaca que la renovación de la psicología como ciencia del hombre es aún una tarea incompleta que queda
por realizar. En esta tarea de renovación, la relación entre el saber psicológico y las prácticas en él apoyadas ocupan
un lugar central: el intento de dar cuenta de las contradicciones que el ser humano encuentra en esas prácticas
constituyen el motor que lleva al abandono de los postulados naturalistas y a la búsqueda de nuevas formas de
comprensión de lo humano. No puede dejar de notarse aquí la mirada de la historia de la psicología que Foucault
realiza desde la tradición psicopatológica francesa, que elabora sus teorías psicológicas a partir de los problemas
que la anormalidad, la patología y el sufrimiento plantean.
"La psicología nace en ese punto en el que la práctica del hombre encuentra su propia contradicción. La psicología
del desarrollo nació como una reflexión sobre la detención del desarrollo; la psicología de la adaptación como un
análisis de los fenómenos de inadaptación; las de la memoria, de la conciencia, del sentimiento aparecieron como
psicologías del olvido, del inconsciente y de las perturbaciones afectivas. Sin forzar los términos se puede decir que la
psicología contemporánea es, en su origen, un análisis de lo anormal, de lo patológico, de lo conflictivo, una
reflexión sobre las contradicciones del hombre consigo mismo. Y si se transformó en una psicología de lo normal, de
lo adaptativo, de lo ordenado, es de una manera secundaria, como un esfuerzo por dominar esas contradicciones."
La fenomenología y las "significaciones objetivas"
Al escribir este artículo, Foucault se encuentra en un momento de ambigüedad en cuanto a sus inclinaciones hacia la
psicología y la filosofía. Todavía no ha publicado ninguna de sus grandes obras (la primera de ellas, Historia de la
locura en la época clásica, se publica en 1961). En 1954 publicó Enfermedad mental y personalidad, en la cual
desarrolla una crítica de los aspectos naturalistas del pensamiento freudiano. En el artículo de 1957 retoma esa
crítica del modelo evolutivo y su noción de enfermedad como regresión, resabios del modelo naturalista. Y luego
emprende una labor de rescate:
Gracias a Freud, el sentido es co-extensivo a toda conducta, aún aquellas aparentemente incoherentes;
El pasado se recupera en el presente a través de ciertas operaciones sobre el sentido;
Pero a la vez, el presente se defiende de distintas maneras contra la reaparición de los contenidos arcaicos,
inactuales;
Finalmente, ese presente es esencialmente una instancia social (un "conjunto de normas") que entra en conflicto
con las formas individuales de satisfacción.
Estas operaciones llevadas a cabo por la obra freudiana hicieron posible, según Foucault, un estudio objetivo de las
significaciones, en la medida en que Freud ubica la expresión de la significación en el comportamiento, y el
contenido de la significación es “la confrontación de dos historias reales: la del individuo, en la serie de sus
experiencias vividas, y la de la sociedad, en las estructuras por las cuales ella se impone al individuo.”
No entramos en los detalles del análisis del “prejuicio de la naturaleza” (bajo el cual Foucault incluye tres modelos
diferentes: el f'ísico-químico, el orgánico basado en la fisiología y el de la biología evolucionista) y de los múltiples
caminos del descubrimiento del sentido, ya que serán estudiados detenidamente en las clases de Trabajos Prácticos.
Es necesario destacar, sin embargo, varias cuestiones.
1. En primer lugar, el sentido presente en el mundo humano es un sentido fundamentalmente histórico, un sentido
cuyo tiempo no puede reducirse a la dimensión temporal presente en la evolución de la naturaleza. Un tiempo que
para convertirse en histórico necesita de la significación humana.
2. En segundo lugar, el estudio de la significación se relaciona con la comprensión y la descripción
fenomenológica (opuestas a la explicación).
3. En tercer lugar, en este descubrimiento del sentido, Foucault aproxima Freud a la fenomenología (Husserl).
Después de La estructura del comportamiento, y de la Fenomenología de la percepción, de Merleau-Ponty, puede
haber una fenomenología de la conducta, y por lo tanto, "significaciones objetivas". Las dicotomías entre
explicacióncomprensión, lo individual-lo social, parecen poder ser superados por la fenomenología. Por lo tanto,
se trata de una diversidad de disciplinas psicológicas que tienen en común ser parte de ese momento de
superación.
Dentro de las diversas lecturas posibles de la obra de Freud, esta es una que, a mediados del siglo XX, acerca el
pensamiento freudiano a la fenomenología. En la década de los '60, la lectura de Freud estará más ligada al
lenguaje. La operación de lectura que realiza Foucault en este momento es diferente a la que se verá en desarrollos
posteriores de su obra, como por ejemplo en Vigilar y Castigar y en el primer volumen de Historia de la sexualidad,
que serán abordados en la última unidad del programa.
Ambigüedad e historia: La noción de "significaciones objetivas", sin embargo, permanece oscura. Foucault señala
que ellas se ubican en ciertas "contradicciones" sobre las cuales formula una pregunta fundamental que se entronca
con la introducción y con el final del texto:
"Todos esos análisis de las significaciones objetivas se sitúan entre los dos tiempos de una oposición: totalidad o
elemento, génesis inteligible o evolución biológica, performance actual o aptitud permanente e implícita,
manifestaciones expresivas momentáneas o constancia de un carácter latente, institución social o conductas
individuales: temas contradictorios cuya distancia constituye la dimensión propia de la psicología. Pero ¿incumbe a
la psicología superarlos, o debe contentarse con describirlos como las formas empíricas, concretas, objetivas de una
ambigüedad que es la marca del destino del hombre? Ante estos límites, la psicología ¿debe negarse como ciencia
objetiva y sustraerse a la reflexión filosófica que ponga en duda su propia validez? ¿O debe apuntar a descubrir
fundamentos que, si no suprimen la contradicción, al menos permitan dar cuenta de ella?"
He ahí la cuestión central. Vemos, otra vez, la postulación de una ambigüedad inherente a lo humano, que da
lugar a contradicciones pero, a la vez, delimita la tarea que la misma psicología tiene por realizar:
"...la psicología no busca ya probar su posibilidad por su existencia, sino fundar a partir de su esencia, y no busca
suprimir, ni tampoco atenuar sus contradicciones, sino justificarlas." Desde una perspectiva fenomenológica,
Foucault agrega: "... las contradicciones de la psicología, o la ambigüedad de las significaciones que describe,
habrán encontrado su razón de ser, su necesidad, y al mismo tiempo su contingencia, en la libertad fundamental de
una existencia que escapa, por derecho pleno, a la causalidad psicológica." De ahí que las contradicciones que
motivaron sus desplazamientos desde el modelo de las ciencias naturales, permanecen ahora bajo la forma de una
ambigüedad, inherente a la existencia humana.
Finalmente, "el porvenir de la psicología, ¿no depende entonces de que tome en serio esas contradicciones, cuya
experiencia justamente hizo nacer a la psicología? A partir de ello no habría psicología posible sino por el análisis
de la existencia del hombre y por la recuperación de lo que hay de más humano en el hombre, es decir, su historia."
Aquí aparece la idea de una fenomenología histórica, y la definición del ser humano como un ser histórico (no un ser
natural) cuya esencia es la ambigüedad de la significación.
El abordaje de Foucault constituye un ejemplo de historia crítica, distanciada de la historia tradicional de la
psicología. Como se verá en el punto siguiente, hay historias "críticas" que consideran el surgimiento disciplinar
como una cuestión de hecho, contingente: el desarrollo de la psicología se debe explicar desde las condiciones
institucionales y culturales en las que se producen los acuerdos y las diferencias. Foucault, en cambio, propone una
consideración ante todo epistémica del desarrollo de la psicología, que tiene su fundamento en una concepción
determinada del ser humano. Para el joven Foucault la comprensión de lo humano aparece como la tarea central de
la psicología. Pero las contradicciones inherentes a lo humano, fundamentan una diversidad disciplinar que, sin
embargo, encuentran en la fenomenología histórica un ámbito de superación. La historia no solo contribuye a definir
la identidad de lo humano, sino fundamentalmente constituye su ser.
Barbato, Carlos. “Modos de elusión de la psicología y los anatemas en contra de su
cientificidad”.
I: La opinión de I. Kant y A. Comte sobre la imposibilidad de la existencia de la Psicología como ciencia: Comte:
crea el Positivismo: El positivismo solo admite la realidad de los hechos e investiga específicamente las relaciones
entre ellos, nuevo orden lógico y mental que busca la comunión espiritual entre toda la especie. Se propone romper
con los estados de la ciencia anteriores al positivismo (estado teológico y estado metafísico), y que todas las ciencias
existentes sean sumisas a un método único para considerarse como tal, para lograr un conocimiento verdadero, un
saber acumulativo y certero. Kant: No puede dársele estatuto de ciencia porque los fenómenos humanos pertenecen a
lo natural y pueden ser estudiados por la fisiología, física social e inclusive por la física y la química.
II: La Psicología de W. Wundt: Elusión de los anatemas kanteano y Comteano dictados en contra de la
cientificidad de la Psicología. Psicología de los Pueblos y Psicología Experimental.
Wundt: Wundt describe a la psicología como la doctrina de los fenómenos espirituales en general, y le constituye así
en el fundamento de las ciencias del espíritu. . En el caso de Wundt, NO está dispuesto a abandonar el campo de la
filosofía y se opone a la constitución de la psicología como un campo profesional autónomo. Nace la psicología
social: Deja de lados a la teoría positivista. Se preocupa por estudiar así el individuo en la sociedad. El método es la
observación, y su objeto de estudio la conciencia, pensamiento, afecto, memoria, imaginación, atención. Se
fundamenta en las ciencias del espíritu o humanas.
III: La Psicología de J. Watson: Alianza con el mercado, obediencia metodológica.
Watson: creador del conductismo (positivista). El Objeto de estudio es la Conducta y el énfasis está puesto en el
estímulo, el método es la Observación, que procura ser objetiva y la experimentación en laboratorio con animales y
humanos. Toma el modelo de Pavlov del estímulo-respuesta, arco-reflejo. El niño posee amor, cariño y miedo
IV: La Psicología en Alemania, Francia e Inglaterra en las últimas décadas del s.XIX
Inglaterra: Focalizan sobre la adaptación del individuo al medio, o sea a la herencia, al instinto, la evolución de
las especies (relación organismo-medio). Presenta el modelo científico de la biología y ciencias naturales. Se
basa en el estudio del mejoramiento de la raza humana.
Alemania: Wundt explica cuáles son los elementos más simples y complejos de la conciencia. Toma como Modelo
a la Física y la Filosofía y un intento de sostener un ideal de medición (matemática) y un espíritu científico con
fuerte arraigo en la observación y la experimentación (social).
Francia: Modelo de la medicina mental y método de observación clínica, se desarrollan en el campo de la
psicopatología, la clínica de las neurosis y la Psicología médica. Teniendo como marco el ambiente hospitalario
y los ámbitos educativos, y centrando su interés en el hipnotismo, el automatismo psíquico, la histeria, la
disolución de la consciencia y el conflicto psíquico.
Vezzetti, Hugo y Talak, Ana María-Tres tradiciones en las psicologías del Siglo XIX.
Psicología- UBA.
Inglesa: Corriente psicológica muy influenciada por el empirismo y evolucionismo de Darwin. Plantean una
psicología que trate del organismo, los problemas giran hacia la conducta del organismo, y la tensión entre este y
el medio. Presentan un modelo o perspectiva biológica. En esta tradición se encuentran también: psicología
eugenesia, psicología comparada, psicotecnia (psicología basada en los test que nacen en Inglaterra). Es una
psicología continuista y evolucionista (entre el animal y el hombre), y hace énfasis en la herencia. Utiliza el
método génesis o genético (evolución y desarrollo). Algunos términos claves: adaptación, herencia, instinto, lo
innato y lo adquirido. La noción de la evolución se aplica tanto a las especies (del animal al hombre: psicología
comparada), como a las edades evolutivas (del niño al adulto) y los estadios de civilización (delos pueblos a las
sociedades blancas civilizadas).
Francesa: Tradición ligada a la medicina, psiquiatría. Gira alrededor de las cuestiones de la psicopatología y la
clínica de la hipnosis. Utiliza el método clínico (lugares físicos para tratamientos mentales). Y, su modelo es el de
la medicina mental. Intereses: sus problemas giran en torno del síntoma, histeria, hipnosis, sugestión, conductas
en masa/sociales. Su co-nacimiento es entre la psicología social y la psicología individual: no hay explicación de
lo individual sin recurrir a lo social, y viceversa. En esta tradición aparece la psicoterapia: la cura por la
palabra. Se encuentran disciplinas como: psiquiatría y psicopatología, clínica de las neurosis y psicología de las
masas.
Alemana: Tradición positivista de una psicología de la conciencia, apegada a las relaciones entre fenómeno
físico, proceso fisiológico y representación mental (que es la mente y la conciencia). El marco problemático de la
relación de conocimiento, la distinción entre lo el peso del modelo de la física y de la fisiología (que en su versión
experimental era, a su vez, tributaria de la física), caracterizan esta corriente. Su modelo se basa en la física y su
método es el psicofísico y experimental. En esta tradición se encuentran disciplinas como: psicofísica y psicología
sensorial.
Freud, Sigmund, “Las resistencias contra el psicoanálisis”
Sería tentador hacer de la resistencia psíquica frente a lo nuevo el tema de un estudio especial, pues en ciertas -
aunque ya no primordiales condiciones también se suele observar la actitud opuesta: una sed de estimulación que se
apodera de cuanto nuevo encuentra, simplemente por ser nuevo. La aprensión ante lo nuevo no debería sentar plaza
en la labor científica. La ciencia, eternamente incompleta e insuficiente, está destinada a perseguir su fortuna en
nuevos descubrimientos y en nuevas concepciones. Todos sabemos cuán frecuentemente en la historia de la
investigación científica las innovaciones fueron recibidas con intensa y pertinaz resistencia. Por lo general eran
ciertos elementos temáticos de la novedad los que provocaban la resistencia, aunque por otro lado siempre debían
concurrir varios factores para poder desencadenar esa reacción primitiva.
Una recepción particularmente ingrata le fue deparada al psicoanálisis, que el autor comenzó a desarrollar hace casi
treinta años, basándose en las comprobaciones de Josef Breuer, de Viena, relativas al origen de los síntomas
neuróticos. Su novedad era indiscutible, aunque junto a estos hallazgos elaborara cuantioso material ya conocido de
otras fuentes, además de resultados emanados de las doctrinas del gran neuropatólogo Charcot y de impresiones
surgidas de los fenómenos hipnóticos. Al principio su importancia fue puramente terapéutica: pretendía establecer un
nuevo y eficaz tratamiento de las enfermedades neuróticas. Pero ciertas vinculaciones, que al principio no pudieron
ser sospechadas, llevaron al psicoanálisis más allá de su objetivo original.
Basta observar que la lucha en torno de esta novedad de ningún modo ha tocado a su fin. El psicoanálisis, cuyo
representante único fui hace veinte años, halló desde entonces numerosos seguidores de importancia, animados por
diligente afán, tanto médicos como profanos, que lo ejercen como procedimiento terapéutico para los enfermos
nerviosos, como método de investigación psicológica y como recurso auxiliar de la labor científica en los más
diversos campos del espíritu. Ahora bien: tanto las experiencias de Charcot como las observaciones clínicas de
Breuer nos enseñaron que también los síntomas somáticos de la histeria son psicogénicos, es decir, que representan
sedimentos de procesos psíquicos transcurridos. Gracias al establecimiento del estado hipnótico se pudo provocar
arbitraria y experimentalmente dichos síntomas somáticos de la histeria.
El psicoanálisis tomó este nuevo conocimiento como punto de partida, comenzando por preguntarse acerca de la
índole de esos procesos psíquicos que dan lugar a tan singulares consecuencias. Pero semejante orientación,
científica no podía agradar a la generación médica de entonces, educada en el sentido de la valoración exclusiva de
los factores anatómicos, físicos y químicos, sin estar preparada para apreciar lo psíquico, de modo que lo
enfrentaron con indiferencia y aversión. Evidentemente, los médicos dudaban de que los hechos psíquicos pudieran
ser sometidos, en principio, a una elaboración científica exacta. Reaccionando desmesuradamente contra una fase
superada de la medicina en la que habían reinado las concepciones de la llamada filosofía de la naturaleza, esa
generación consideraba nebulosas, fantásticas y místicas a las abstracciones del tipo que la psicología debe por
fuerza utilizar; en cuanto a los fenómenos enigmáticos que podrían convertirse en puntos de partida paca la
investigación, simplemente les negaba todo crédito.
Los síntomas de la neurosis histérica eran tenidos por productos de la simulación; las manifestaciones del
hipnotismo, por supercherías. Hasta los psiquiatras, cuya atención se ve asediada por los fenómenos psíquicos más
extraordinarios y asombrosos, no se mostraban dispuestos a considerarlos en detalle y a perseguir sus vinculaciones,
conformándose con clasificar el abigarrado cuadro de las exteriorizaciones mórbidas y con reducirlas, siempre que
fuera posible, a factores patógenos somáticos, anatómicos o químicos. En esta época materialista -o, más bien,
mecanicista- la medicina realizó magníficos progresos, pero, no obstante, ignoró ciegamente el más excelso y difícil
de los problemas que plantea la vida. Es comprensible que los médicos, embargados por semejante posición frente a
lo psíquico, no concedieran su favor al psicoanálisis ni se mostraran dispuestos a seguir su invitación.
Pero cabría aceptar que la nueva doctrina despertara tanto más fácilmente el aplauso de los filósofos. Pero aquí
tropezó con un nuevo obstáculo, pues lo psíquico de los filósofos no equivalía a lo psíquico del psicoanálisis. En su
mayoría, los filósofos sólo califican de psíquico a lo que es un fenómeno de consciencia; para ellos, el mundo de lo
consciente coincide con el ámbito de lo psíquico. En el «alma», tan difícil de captar, la adjudican a las
precondiciones orgánicas o a los procesos paralelos de lo psíquico. En términos más concisos, el alma no tiene otro
contenido, sino los fenómenos conscientes, de modo que la ciencia del alma, la psicología, mal puede tener otro
objeto. Tampoco el profano piensa de distinta manera. ¿Qué puede decir, pues, el filósofo ante una ciencia como el
psicoanálisis, según la cual lo psíquico, en sí, sería inconsciente, y la consciencia, sólo una cualidad que puede
agregarse, o no, a cada acto psíquico, sin que su eventual ausencia modifique algo en éste? Naturalmente, el filósofo
afirmará que un ente psíquico inconsciente es un desatino, una contradictio in adjecto, y no advertirá que con
semejante juicio no hace sino repetir su propia -y quizá demasiado estrecha- definición de lo psíquico. Al filósofo le
resulta fácil lograr esta certidumbre, pues ignora el material cuyo estudio impuso al analista la convicción de los
actos psíquicos inconscientes. No ha considerado el hipnotismo; no se esforzó en la interpretación de los sueños -que
prefiere considerar, como el médico, cual productos sin sentido, resultantes de la actividad mental atenuada durante
el reposo-; apenas sospecha que existen cosas como las ideas obsesivas y delirantes, y se le pondría en gran aprieto
invitándole a explicarlas mediante sus premisas psicológicas.
Semejante situación bastaría para explicar la recepción indignada y reticente. que los círculos científicos dispensaron
al psicoanálisis, pero no permite comprender cómo se pudo llegar a esos estallidos de furia, sarcasmo y desprecio, al
abandono de todos los preceptos de la lógica y del buen gusto en la polémica. La doctrina psicoanalítica contiene, en
efecto, bastantes elementos a los cuales se podría atribuir tal repercusión sobre las pasiones humanas, y no sólo
sobre las de los hombres de ciencia. Estas afirmaciones no eran totalmente nuevas, pues ya el filósofo Schopenhauer
había señalado con palabras de inolvidable vigor la incomparable importancia de la vida sexual; por otra parte, lo
que el psicoanálisis denominó «sexualidad», de ningún modo coincidía con el impulso a la unión de los sexos o a la
provocación de sensaciones placenteras en los órganos genitales, sino más bien con el Eros del Symposion platónico,
fuerza ubicua y fuente de toda vida.
Pero los adversarios olvidaron la existencia de tan ilustres precursores, ensañándose con el psicoanálisis como si
éste hubiera cometido un atentado contra la dignidad de la especie humana. Le achacaron un «pansexualismo».
Originalmente esta antítesis de los instintos se había establecido entre los instintos sexuales y los del yo, mientras que
una orientación más reciente de la teoría la plantea entre el Eros y el instinto de muerte o de destrucción. La parcial
atribución del arte, la religión y el orden social, a la injerencia de energías instintivas sexuales, fue recibida como
una denigración de los más altos patrimonios de la cultura, proclamándose solemnemente que el hombre también
tendría otros intereses, además de los sexuales, pero olvidando en el apuro que también los tiene el animal -pues sólo
está supeditado a la sexualidad esporádicamente en ciertas épocas, y no permanentemente, como el hombre-;
olvidando que estos otros intereses jamás fueron negados en el hombre.
Tanta falta de lógica y tamaña injusticia exige una explicación. No será difícil hallar su causa provocadora. La
cultura humana reposa sobre dos pilares: uno, la dominación de las fuerzas naturales; el otro, la coerción de
nuestros instintos. Esclavos encadenados son los que soportan el trono de la soberana. Descuellan por su fuerza y su
salvajez los instintos sexuales en sentido más estricto. ¡Ay si quedasen en libertad!: el trono sería derribado
estrepitosamente, y la soberana, pisoteada sin conmiseración. Bien lo sabe la sociedad, y no quiere que de ello se
hable. El psicoanálisis jamás estimuló el desencadenamiento de nuestros instintos socialmente perniciosos; bien al
contrario, señaló su peligro y recomendó su corrección. Pero la sociedad nada quiere saber de que se revelen tales
condiciones, porque su conciencia le remuerde en más de un sentido. Ante todo, ha implantado un alto ideal de
moralidad -moralidad significa coerción de los instintos-, cuyo cumplimiento exige a todos sus miembros, sin
preocuparse de lo difícil que esta obediencia pueda resultarle al individuo.
El hombre se ve obligado a exceder psicológicamente sus medios de vida mientras que por otro lado sus exigencias
instintuales insatisfechas le hacen sentir las imposiciones culturales como una constante opresión. El psicoanálisis
pone al descubierto las flaquezas de este sistema y recomienda su corrección. Propone ceder en la rigidez de la
represión instintual, concediendo, en cambio, más espacio a la sinceridad. Con su teoría de los instintos, el
psicoanálisis ofendió al hombre en su orgullo de sentirse miembro de la comunidad social; otro elemento de su
sistema teórico, en cambio, pudo herir a todo individuo en el punto más sensible de su propia evolución psíquica. El
psicoanálisis puso fin a la fábula de la infancia asexual, demostrando que los intereses y las actividades sexuales
existen en el niño pequeño desde el comienzo de su vida, revelando las transformaciones que sufren, mostrando cómo
experimentan cierta inhibición alrededor de los cinco años, para ponerse al servicio de la función genésica a partir
de la pubertad. Reconoció que la temprana vida sexual infantil culmina en el denominado complejo de Edipo, en la
vinculación afectiva con el personaje parental del sexo opuesto, acompañada de rivalidad frente al del mismo sexo,
tendencia que en esa época de la vida aún se manifiesta libremente, como deseo sexual directo.
Las fuertes resistencias contra el psicoanálisis no eran, pues, de índole intelectual, sino que procedían de fuentes
afectivas; esto permitía explicar su apasionamiento y su falta de lógica. La situación se adaptaba a una fórmula muy
simple: los hombres, en tanto que masa humana, se conducían frente al psicoanálisis exactamente igual que un
individuo neurótico sometido a tratamiento por sus trastornos, pero al cual se podía demostrar pacientemente que
todo había sucedido como el análisis lo afirmaba. Por otra parte, tales hechos no fueron inventados por esta ciencia,
sino hallados en el estudio de otros neuróticos mediante esfuerzos prolongados durante varios decenios.
Freud, Sigmund. “una dificultad del psicoanálisis”
Haremos constar, desde luego, que no nos referimos a una dificultad intelectual, a algo que haga incomprensible,
para el lector o el oyente, el psicoanálisis, sino a una dificultad afectiva; a algo que enajena al psicoanálisis de los
sentimientos del oyente o el lector, inclinándole a no interesarse por él o a no darle crédito. Y, evidentemente, ambos
órdenes de dificultad producen la misma consecuencia. Alguien que no ve con simpatía suficiente una cosa, no la
comprenderá tampoco fácilmente.
Queda, pues, a nuestro arbitrio la elección de la forma en que hayamos de procurarnos una primera orientación en
este campo. La concepción vulgar destaca el hambre y el amor como representantes de los instintos que aspiran,
respectivamente, a la conservación del individuo y a su reproducción. Agregándonos a esta distinción, tan próxima,
discriminamos nosotros también en el psicoanálisis los instintos de conservación, o instintos del yo, de los instintos
sexuales, y damos a la energía, con la que el instinto sexual actúa en la vida anímica, el nombre de la libido -apetito
sexual- como algo análogo al hambre, a la voluntad de poderío, etc., entre los instintos del yo
Sobre la base de esta hipótesis hacemos luego el primer descubrimiento importante. Averiguamos que los instintos
sexuales entrañan máxima importancia para la comprensión de las enfermedades neuróticas, y que las neurosis
son, por decirlo así, las enfermedades específicas de la función sexual. Que de la cantidad de libido y de la
posibilidad de satisfacerla y derivarla por medio de la satisfacción depende, en general, que una persona enferme o
no de neurosis.
Que la forma de la enfermedad es determinada por el modo en que el individuo haya recorrido la trayectoria
evolutiva de la función sexual o, como nosotros decimos, por las fijaciones que su libido haya experimentado en el
curso de evolución. Y que poseemos, en cierta técnica, no muy sencilla, de la influencia psíquica, un medio de
explicar y curar, al mismo tiempo, varios grupos de neurosis. Nuestra labor terapéutica alcanza máxima eficacia en
una cierta clase de neurosis nacida del conflicto entre los instintos del yo y los instintos sexuales.
La terapia psicoanalítica consigue, en tales casos, someter a revisión el proceso de represión y derivar el conflicto
hacia un desenlace mejor, compatible con la salud. Algunos incomprensivos tachan de unilateral nuestra
valoración de los instintos sexuales, alegando que el hombre tiene intereses distintos de los del sexo. Ello es cosa
que jamás hemos olvidado o negado.
En este proceso hemos llegado a formarnos una idea muy singular de la distribución inicial, primitiva, de la libido en
el hombre. Nos hemos visto forzados a admitir que al principio de la evolución individual, toda la libido (todas las
aspiraciones eróticas y toda la capacidad de amar) está ligada a la propia persona o, como nosotros decimos,
constituye una carga psíquica del yo. Sólo más tarde, en concomitancia con la satisfacción de las grandes
necesidades vitales, fluye la libido desde el yo a los objetos exteriores, lo cual nos permite ya reconocer a los instintos
libidinosos como tales y distinguirlos de los instintos del yo. La libido puede ser nuevamente desligada de estos
objetos y retraída al yo.
Al estado en que el yo conserva en sí la libido le damos el nombre de «narcisismo» en recuerdo de la leyenda griega
del adolescente Narciso, enamorado de su propia imagen.
Así pues, atribuimos al individuo un progreso desde el narcisismo al amor objetivado. Pero no creemos que la libido
del yo pase nunca, en su totalidad, a los objetos. Cierto montante de libido permanece siempre ligado al yo,
perdurando así, no obstante, un máximo desarrollo del amor objetivado, una cierta medida del narcisismo, El yo es
un gran depósito, del que fluye la libido destinada a los objetos y al que afluye de nuevo desde los mismos. La libido
del objeto fue primero libido del yo y puede volver a serlo. Para la buena salud del individuo es esencial que su
libido no pierda esta movilidad.
Después de esta introducción indicaremos que el narcisismo general, el amor propio de la Humanidad, ha sufrido
hasta ahora tres graves ofensas por parte de la investigación científica:
A)- El hombre creía al principio, en la época inicial de su investigación, que la Tierra, su sede, se encontraba en
reposo en el centro del Universo tanto que el Sol, la Luna y los planetas giraban circularmente en derredor de ella.
Seguía así ingenuamente la impresión de sus percepciones sensoriales, pues no advertía ni advierte movimiento
alguno de la Tierra, y dondequiera que su vista puede extenderse libremente, se encuentra siempre en el centro de un
círculo, que encierra el mundo exterior. La situación central de la Tierra le era garantía de su función predominante
en el Universo, y le parecía muy de acuerdo con su tendencia a sentirse dueño y señor del Mundo.
La destrucción de esta ilusión narcisista se enlaza, para nosotros, al nombre y a los trabajos de Nicolás Copérnico en
el siglo XVI. Mucho antes que él, ya los pitagóricos habían puesto en duda la situación preferente de la Tierra, y
Aristarco de Samos había afirmado, en el siglo III a. de J. C., que la Tierra era mucho más pequeña que el Sol, y se
movía en derredor del mismo. Así pues, también el gran descubrimiento de Copérnico había sido hecho antes de él.
Pero cuando fue ya generalmente reconocido, el amor propio humano sufrió su primera ofensa: la ofensa
cosmológica.
B)- En el curso de su evolución cultural, el hombre se consideró como soberano de todos los seres que poblaban la
Tierra. Y no contento con tal soberanía, comenzó a abrir un abismo entre él y ellos. Les negó la razón, y se atribuyó
un alma inmortal y un origen divino, que le permitió romper todo lazo de comunidad con el mundo animal. Es
singular que esta exaltación permanezca aún ajena al niño pequeño, como al primitivo y al hombre primordial. Es el
resultado de una presuntuosa evolución posterior.
En el estadio del totemismo el primitivo no encontraba depresivo hacer descender su estirpe de un antepasado
animal. El mito, que integra los residuos de aquella antigua manera de pensar, hace adoptar a los dioses figura de
animales, y el arte primitivo crea dioses con cabeza de animal. El niño no siente diferencia alguna entre su propio ser
y el del animal; acepta sin asombro que los animales de las fábulas piensen y hablen, y desplaza un afecto de
angustia, que le es inspirado por su padre, sobre un determinado animal -perro o caballo-, sin tender con ello a
rebajar a aquél. Sólo más tarde llega a sentirse tan distinto de los animales, que le es ya dado servirse de sus
nombres como de un calificativo insultante para otras personas.
Todos sabemos que las investigaciones de Darwin y las de sus precursores y colaboradores pusieron fin, hace poco
más de medio siglo, a esta exaltación del hombre. El hombre no es nada distinto del animal ni algo mejor que él;
procede de la escala zoológica y está próximamente emparentado a unas especies, y más lejanamente, a otras. Sus
adquisiciones posteriores no han logrado borrar los testimonios de su equiparación, dados tanto en su constitución
física como en sus disposiciones anímicas. Esta es la segunda ofensa -la ofensa biológica- inferida al narcisismo
humano.
C)- Pero la ofensa más sensible es la tercera, de naturaleza psicológica. El hombre, aunque exteriormente
humillado, se siente soberano en su propia alma. En algún lugar del nódulo de su yo se ha creado un órgano
inspector, que vigila sus impulsos y sus actos, inhibiéndolos y retrayéndolos implacablemente cuando no coinciden
con sus aspiraciones. Su percepción interna, su conciencia, da cuenta al yo en todos los sucesos de importancia que
se desarrollan en el mecanismo anímico, y la voluntad dirigida por estas informaciones ejecuta lo que el yo ordena y
modifica aquello que quisiera cumplirse independientemente.
Pues esta alma no es algo simple, sino más bien una jerarquía de instancias, una confusión de impulsos, que tienden,
independientemente unos de otros, a su cumplimiento correlativamente a la multiplicidad de los instintos y de las
relaciones con el mundo exterior. Para la función es preciso que la instancia superior reciba noticia de cuanto se
prepara, y que su voluntad pueda llegar a todas partes y ejercer por doquiera su influjo. Pero el yo se siente seguro,
tanto de la amplitud y de la fidelidad de las noticias como de la transmisión de sus mandatos.
La Psiquiatría niega, desde luego, en estos casos que se hayan introducido en la vida anímica extraños espíritus
perversos; pero, aparte de ello, no hace más que encogerse de hombros y hablar de degeneración, disposición
hereditaria e inferioridad constitucional. El psicoanálisis procura esclarecer estos inquietantes casos patológicos,
emprende largas y minuciosas investigaciones y puede, por fin, decir al yo:
No se ha introducido en ti nada extraño; una parte de tu propia vida anímica se ha sustraído a tu conocimiento y a la
soberanía de tu voluntad. Por eso es tan débil tu defensa; combates con una parte de su fuerza contra la otra parte, y
no puedes reunir, como lo harías contra un enemigo exterior, toda tu energía. Y ni siquiera es la peor parte, o la
menos importante, de tus fuerzas anímicas la que así se te ha puesto enfrente y se ha hecho independiente de ti.
Pero es toda la culpa tuya: Has sobreestimado tus fuerzas, creyendo que podías hacer lo que quisieras con tus
instintos sexuales, sin tener para nada en cuenta sus propias tendencias. Los instintos sexuales se han rebelado
entonces y han seguido sus propios oscuros caminos para sustraerse al sometimiento, y se han salido con la suya de
un modo que no puede serte grato. De cómo lo han logrado y qué caminos han seguido, no has tenido tú la menor
noticia; sólo el resultado de tal proceso, el síntoma, que tú sientes como un signo de enfermedad, ha llegado a tu
conocimiento. Pero no lo reconoces como una derivación de tus propios instintos rechazados ni sabes que es una
satisfacción sustitutiva de los mismos.
Ahora bien: todo este proceso sólo se hace posible por el hecho de que también en otro punto importantísimo estás en
error. Confías en que todo lo que sucede en tu alma llega a tu conocimiento, por cuanto la consciencia se encarga de
anunciártelo. Y cuando no has tenido noticia ninguna de algo, crees que no puede existir en tu alma. Llegas incluso a
identificar lo «anímico» con lo «consciente»; esto es, con lo que te es conocido, a pesar de la evidencia de que a tu
vida psíquica tiene que suceder de continuo mucho más de lo que llega a ser conocido a tu consciencia. Déjate
instruir sobre este punto.
Pero no debes acariciar la ilusión de que obtienes noticia de todo lo importante. En algunos casos (por ejemplo, en el
de un tal conflicto de los instintos), el servicio de información falla, y tu voluntad no alcanza entonces más allá de tu
conocimiento. Pero, además, en todos los casos, las noticias de tu consciencia son incompletas, y muchas veces nada
fidedignas, sucediendo también con frecuencia que sólo llegas a tener noticia de los acontecimientos cuando los
mismos se han cumplido ya, y en nada puedes modificarlos.
Te conduces como un rey absoluto, que se contenta con la información que le procuran sus altos dignatarios y no
desciende jamás hasta el pueblo para oír su voz. Adéntrate en ti, desciende a tus estratos más profundos y aprende a
conocerte a ti mismo: sólo entonces podrás llegar a comprender por qué puedes enfermar y, acaso, también a evitar
la enfermedad.»
Así quiso el psicoanálisis aleccionar al yo. Pero sus dos tesis, la de que la vida instintiva de la sexualidad no puede
ser totalmente domada en nosotros y la de que los procesos anímicos son en sí inconscientes, y sólo mediante una
percepción incompleta y poco fidedigna llegan a ser accesibles al yo y sometidos por él, equivalen a la afirmación de
que el yo no es dueño y señor en su propia casa.
Sólo una minoría entre los hombres se ha dado clara cuenta de la importancia decisiva que supone para la ciencia y
para la vida la hipótesis de la existencia de procesos psíquicos inconscientes. Lo que el psicoanálisis ha hecho ha
sido no limitarse a afirmar abstractamente las dos tesis, tan ingratas al narcisismo, de la importancia psíquica de la
sexualidad y la inconsciencia de la vida anímica, sino que las ha demostrado con su aplicación a un material que a
todos nos atañe personalmente y nos fuerza a adoptar una actitud ante estos problemas. Pero precisamente por ello
ha atraído sobre sí la repulsa y las resistencias que aluden aun respetuosamente al gran nombre del filósofo.
John Watson-la psicología tal como la ve un conductista
La psicología, tal y como la ve el conductista, es una rama experimental, puramente objetiva de la ciencia natural. Su
meta teórica es la predicción y control de la conducta. El conductista, en sus esfuerzos por lograr un esquema
unitario de la respuesta animal, no reconoce ninguna línea divisoria entre el ser humano y el animal.
Generalmente los partidarios de la psicología de la conciencia han mantenido que la psicología es un estudio o
ciencia de los fenómenos de la conciencia. Para ellos,- el problema de la psicología ha sido, por una parte, el
análisis de los estados (o procesos) mentales complejos en sus partes elementales simples, y, por otra, la
construcción de los estados complejos cuando se tienen las partes elementales. El mundo de los objetos físicos
(estímulos, incluyendo aquí todo lo que puede excitar la actividad de un receptor), que constituyen los fenómenos
totales del científico natural, es considerado como un mero medio para lograr un fin. Este fin es la producción de
estados mentales que puedan ser «inspeccionados» y «observados».
Todos concuerdan en que la introspección es el método por excelencia mediante el cual pueden ser manipulados los
estados mentales con propósitos psicológicos. Asumiendo esto, los datos de conducta (incluyendo en este término todo
aquello que entra dentro de la psicología comparada) no tiene ningún valor per se, Sólo son importantes en la medida
en que puedan arrojar luz sobre los estados conscientes. Para pertenecer al campo de la psicología, estos datos han
de hacer referencia por lo menos analógica o indirecta a la conciencia. Pero en ocasiones uno se encuentra con
psicólogos que dudan incluso de esta referencia por analogía. Este escepticismo suele revelarse en la pregunta
dirigida al estudioso de la conducta, « ¿qué tiene que ver el trabajo animal con la psicología humana?», Yo le he
dado muchas vueltas a esta pregunta. Siempre me ha dejado un poco desconcertado.
Hemos de admitir con franqueza que los hechos, para nosotros tan importantes, que hemos podido reunir después de
un trabajo amplio sobre los sentidos de los animales siguiendo el método de la conducta, han contribuido sólo de un
modo fragmentario a la teoría de los procesos de los órganos sensoriales humanos, ni tampoco han sugerido nuevos
puntos de estudio experimental. El enorme número de experimentos sobre el aprendizaje realizados por nosotros,
tampoco ha hecho muchas contribuciones a la psicología humana. Parece razonablemente claro que se precisa una
suerte de compromiso: o bien la psicología cambia de punto de vista, e incluye dentro de sí a los hechos de la
conducta, estén o no relacionados con los problemas de la «conciencia», o bien la conducta se establece por sí sola
como ciencia totalmente separada e independiente. Si los psicólogos humanos no consideraran favorablemente
nuestras propuestas y se negaran a cambiar de postura, entonces los conductistas se verían obligados a usar a los
seres humanos como sujetos, y utilizar métodos de investigación exactamente similares a los ahora empleados en el
trabajo con animales.
Nuestra definición de la psicología nos hace sentirnos molestos e inquietos: nos sentimos forzados a decir algo
sobre los posibles procesos mentales de nuestro animal. Decimos que, al no tener ojos, su corriente de la conciencia
no puede contener sensaciones del brillo y del color tal y como nosotros las conocemos, como no tienen papilas
gustativas, esta corriente no puede contener las sensaciones de lo dulce, ácido, salado y amargo. Pero por otra parte,
como sí responde a los estímulos térmicos, táctiles y orgánicos, su contenido consciente tiene que estar compuesto
fundamentalmente de estas sensaciones; y de ordinario solemos añadir, para protegernos del reproche de
antropomorfismo, «si es que tiene conciencia». Ciertamente es fácil demostrar que esta doctrina que exige una
interpretación por analogía de todos los datos de conducta es falsa: la posición de que el valor de una observación de
conducta viene determinado por su capacidad de dar resultados interpretables únicamente en el ámbito estrecho de la
conciencia {realmente humana). Este énfasis de los psicólogos en la analogía ha llevado al conductista a una
posición distante.
No estando dispuesto a liberarse del yugo de la conciencia, se siente impulsado a reservar en el esquema de la
conducta un lugar para la determinación del origen de la conciencia. Este punto ha sufrido muchos cambios. Hace
algunos años se suponía que ciertos animales poseían una «memoria asociativa», mientras que otros carecían de ella.
Podemos ver esta búsqueda de los orígenes de la conciencia disfrazada con muchos ropajes. Algunos de nuestros
libros de texto dicen que la conciencia surge en el momento en que las actividades reflejas e instintivas no sirven para
conservar el organismo. Un organismo perfectamente ajustado carecería de conciencia. Por otro lado, podemos
suponer con toda justicia la presencia de conciencia siempre que nos encontremos con una actividad difusa que lleva
a la formación de un hábito.
Más de un estudioso de la conducta ha pretendido establecer los criterios de lo psíquico, diseñar un conjunto de
criterios objetivos, estructurales y funcionales que, aplicados al caso particular, nos permitan decidir si ésta o
aquella respuesta es positivamente consciente, meramente indicativa de conciencia, o, por el contrario, puramente
«fisiológica». Problemas como éstos no pueden dejar satisfechos a los conductistas. Sería mejor abandonar nuestro
campo y admitir sinceramente que el estudio de la conducta de los animales carece de justificación. Este intento de
razonamiento analógico que de los procesos conscientes humanos deduce procesos conscientes en los animales y
viceversa: que con- vierte a la conciencia, tal como la conoce el ser humano, en el centro de referencia de toda
conducta, nos lleva necesariamente a una situación similar a la de la biología de la época de Darwin. Todo el
movimiento darwiniano era juzgado en función de su incidencia sobre el origen y desarrollo de la raza humana. Se
emprendieron expediciones para recoger datos demostrativos de que el nacimiento de la raza humana era un
fenómeno perfectamente natural y no un acto de creación especial. Se buscaron con todo cuidado las variaciones y
las evidencias favorables al efecto acumulativo y eliminativo de la selección: ya que en éstos y en los demás
mecanismos darwinianos se encontrarían factores lo suficientemente complejos como para explicar el origen y la
diferenciación racial del hombre.
La situación cambió inmediatamente en el momento en que la zoología inició el estudio experimental de la evolución
y de la descendencia. El hombre dejó de ser el centro de referencia. No creo que haya en nuestros días ningún
biólogo experimental, excepto el dedicado al problema de la diferenciación racial del hombre, que intente interpretar
los datos en función de la evolución humana, o haga alguna referencia a ella ni siquiera en su pensamiento.
No nos interesa (en cuanto psicólogos) reunir todos los procesos de ajuste utilizados por el animal en su conjunto, ver
cómo se asocian y cómo se separan todas esas respuestas, y de esta forma construir un esquema sistemático para la
predicción y el control de la respuesta en general. Si los hechos observados no revelan ninguna conciencia, los
consideramos como algo inútil; si nuestros aparatos y métodos no están diseñados para poner de relieve estos hechos
de conciencia, los miramos con desprecio.
La psicología, tal como generalmente se la considera, tiene algo de esotérico en sus métodos. Si no logras reproducir
mis resultados ello no se debe a fallos del aparato o de control del estímulo, sino a que tu introspección no ha sido lo
suficientemente entrenada. La culpa es del observador, no de las condiciones experimentales. En cambio, en física y
química estos fallos son atribuidos a las condiciones experimentales. El aparato no era lo suficientemente sensible, se
emplearon sustancias químicas impuras, etc. La psicología es distinta. Si eres incapaz de observar de 3 a 9 estados
de atención clara, tu introspección es pobre. Si, por otra parte, crees que un sentimiento es razonablemente claro, tu
introspección es de nuevo defectuosa. Estás viendo demasiado. Los sentimientos no son claros nunca.
Un psicólogo dirá a todo correr que los atributos de una sensación son la cualidad, extensión, duración e
intensidad. Otro añadirá la claridad. Otro el orden. Dudo que algún psicólogo pueda hacer una serie de
afirmaciones descriptivas de lo que él entiende por sensación que sean aceptadas por otros tres psicólogos de
distinta formación.
Creo firmemente que, si no se elimina el método de la introspección, la psicología seguirá dividida en la cuestión de
si las sensaciones auditivas tienen la cualidad de «extensión», si la íntensidad es un atributo aplicable al color, si la
imagen y la sensación tienen diferentes «texturas», y en otros muchos cientos de cuestiones similares. Mi reyerta
(discrepancia) psicológica no sólo va contra el psicólogo sistemático y estructuralista. Durante los últimos quince
años hemos presenciado el desarrollo de la llamada psicología funcional. Este tipo de psicología es contraria al uso
de elementos en el sentido estático de los estructuralistas. Insiste en el significado biológico de los procesos
conscientes y no en el análisis de los estados conscientes en elementos aislables por la introspección. He hecho todo
lo que he podido a fin de poder comprender la diferencia entre las psicologías funcional y estructural. Pero en lugar
de hallar claridad, me he visto sumido en una gran confusión. Los términos de sensación, percepción, afecto,
emoción, volición son tan usados por el funcionalista como por el estructuralista.
Resulta bastante interesante el hecho de que ningún psicólogo funcionalista haya distinguido entre «percepción» y
«proceso perceptivo», como lo utiliza la psicología funcional. Parece ilógico y poco justo criticar la psicología que
nos ofrece el estructuralista, y utilizar después sus términos sin señalar los cambios de significado que han de
vincularse a ellos. Hace algún tiempo me sorprendí enormemente cuando abrí el libro de Pillsbury y vi que la
psicología era definida como «ciencia de la conducta». Un texto todavía más reciente dice que la psicología es la
«ciencia de la conducta mental ». Cuando leí estas frases prometedoras pensé encontrarme con libros de texto
basados en líneas de pensamiento diferentes. Pero a las pocas páginas, la ciencia de la conducta se había
desvanecido y uno se encontraba con el tratamiento convencional de la sensación, percepción, imágenes.
Una de las dificultades con que tropieza una psicología funcional coherente es la hipótesis del paralelismo. Si el
funcionalista intenta expresar sus formulaciones en términos que hacen que los estados mentales parezcan funcionar
realmente, jugar algún papel activo en el mundo del ajuste, inevitablemente incide en términos que connotan
interacción. Cuando se le acusa de esto, el funcionalista responde que esto es lo más conveniente, y que lo hace con el
fin de evitar la circunlocución y la torpeza inherentes a todo paralelismo cabal. En realidad creo que el
funcionalista piensa verdadera- mente en términos de interacción y recurre al paralelismo sólo cuando se ve forzado
a expresar sus ideas. Creo que el conductismo es el único funcionalismo consistente y lógico. Es el único que evita
del paralelismo de la interacción. Esas reliquias venerables de la especulación filosófica no deben preocupar al
estudioso de la conducta más de lo que preocupan al físico. La consideración del problema mente-cuerpo no afecta
para nada al problema elegido, ni a la formulación de su solución. La mejor manera de expresar mi posición en esta
materia es decir que quisiera que mis alumnos ignoraran estas hipótesis lo mismo que las ignoran los estudiosos de
las demás ramas de la ciencia.
La psicología que yo intentaría elaborar tomaría como punto de partida, en primer lugar, el hecho observable de que
los organismos, tanto humano como animal, se adaptan al medio gracias a sus dotaciones de la herencia y del hábito.
Estos ajustes pueden ser muy adecuados, o bien tan inadecuados que el organismo apenas pueda conservar su
existencia; y en segundo lugar, el hecho de que ciertos estímulos llevan a los organismos a dar determinadas
respuestas. En un sistema de psicología completamente elaborado, dada la respuesta pueden predecirse los
estímulos; y dados los estímulos, es posible predecir la respuesta. Estas afirmaciones son toscas y extremadamente
crudas, como tienen que serio todo este tipo de generalizaciones.
Básica- mente, mi deseo al realizar todo este trabajo es conseguir un conocimiento exacto de los ajustes y de los
estímulos que los provocan. La razón última de todo él es aprender métodos generales y particulares mediante los
cuales podamos controlar la conducta. Mi meta no es la «descripción y explicación de los estados de conciencia en
cuanto tales», ni tampoco lograr una perfección tal en la gimnasia mental que me permita captar un estado de
conciencia y afirmar inmediatamente: «En cuanto totalidad, consiste en una sensación gris número 350, de tal y tal
magnitud, que se da junto con una sensación de frío de una determinada intensidad; una sensación de presión de tal
intensidad y magnitud» y así hasta el infinito. Si la psicología siguiera este plan que estamos proponiendo, nuestros
datos podrían ser utilizados en la práctica por el educador, médico, jurista, hombre de negocios, inmediata- mente
después de haber sido obtenidos por el método experimental. Preguntad a cualquier médico o abogado si la
psicología juega algún papel importante en su práctica diaria, y veréis que os responderá diciendo que la psicología
de los laboratorios no tiene ningún sitio en su esquema de trabajo. Creo que todas estas críticas son justas. Una de
las primeras cosas que me hizo sentirme insatisfecho con la psicología actual fue el sentimiento de no encontrar
ningún campo de aplicación para los principios elaborados en términos de contenido.
Independientemente de cómo se formule la pregunta, tomamos al animal después de formada la asociación, e
introducimos ciertos experimentos de control que nos permitan dar una respuesta a las preguntas anteriormente
formuladas. Pero asimismo nos interesa mucho medir al ser humano en estas mismas condiciones, y formular los
resultados en términos similares a los del experimento animal.
El hombre y el animal deberían ser puestos en condiciones experimentales lo más idénticas posibles. En el caso del
hombre, en vez de alimentarle o castigarle, habría que emplear un segundo método, pedirle que respondiera hasta
que el estímulo en el de control no ofrecieran ninguna base a una respuesta diferencial. ¿Se me puede acusar en este
caso de estar utilizando la introspección? Mi respuesta es negativa; que aunque podría muy bien dar comida a mi
sujeto humano cuando éste eligiera correctamente, y castigarle cuando se equivocara, y de este modo producir la
respuesta siempre que fuera posible, no es preciso recurrir a estos extremos ni siquiera en la plataforma que estoy
sugiriendo.
Los experimentos tienen el propósito de discutir la maquinaria mental implicada en el aprendizaje, en el recuerdo,
rememoración y olvido, y no les interesa determinar cómo configura sus respuestas el ser humano a fin de resolver
los problemas del medio ambiente terriblemente complejo en el que se ve inmerso, ni encontrar las semejanzas y
diferencias entre los métodos usados por el hombre y los animales.
Sumario
1. La psicología humana no ha logrado hacer válida su pretensión de ser una ciencia natural. Debido a la idea
equivocada de que sus campos fácticos son los fenómenos conscientes, y la introspección el único método directo
de asegurar esos hechos, la psicología se ha embrollado en una serie de cuestiones especulativas que, aunque
fundamentales para sus dogmas presentes, no pueden ser susceptibles de tratamiento experimental. En su
búsqueda de respuestas a estas cuestiones, la psicología se ha ido divorciando cada vez más del contacto con los
problemas vitales para los intereses humanos.
2. La psicología, tal como la ve el conductista, es una rama experimental, puramente objetiva, de la ciencia
natural que, lo mismo que la física y la química, no necesita de la introspección. El conductista da por supuesto
que la conducta de los animales puede ser investigada sin apelar a la conciencia. Hasta este momento se había
pensado que los datos de conducta sólo tenían valor en la medida en que pudieran ser interpretados
analógicamente en términos de conciencia. Nosotros sostenemos que la conducta del hombre y la del animal
pueden ser consideradas en un mismo plano; ambas son igualmente esenciales para un conocimiento general de
la conducta. Nuestra posición puede prescindir de la conciencia en el sentido psicológico. Para nosotros, la
observación separada de los «estados de conciencia» no pertenece a la tarea del psicólogo, de la misma manera
que no pertenece a la del físico -Podríamos decir- que esto es un retorno a la utilización ingenua y no refleja de
la conciencia. En este sentido, podemos afirmar que la conciencia es el instrumento o herramienta de todos los
científicos. Determinar si esta herramienta es empleada correctamente por los científicos, es asunto de la filosofía
y no de la psicología.
3. Desde el punto de vista indicado en este artículo, los hechos de la conducta de la ameba tienen valor en y por sí
mismos, sin referencia a la conducta del hombre. En biología los estudios sobre la diferenciación y herencia
racial en las amebas constituyen una división independiente que ha de ser evaluada en términos de sus propias
leyes. Las conclusiones de esta disciplina quizá no sirvan para otras formas vivas. Pero, prescindiendo de su
posible falta de generalidad, estos estudios son necesarios para regular y controlar todo el proceso de la
evolución. De modo similar, las leyes de la conducta de las amebas, la amplitud de sus respuestas, y la
determinación de los estímulos eficaces, de la formación y persistencia de los hábitos, han de hacerse y tienen que
evaluarse en y por sí mismas, prescindiendo de su validez general o de su relación con las leyes de otras formas,
si es que queremos que los fenómenos de la conducta entren dentro de la esfera del control científico.
4. Esta eliminación de los estados de conciencia, en cuanto a objetos propios de investigación independiente,
acabará con la barrera existente entre la psicología y las demás ciencias. Los resultados de la psicología se
convierten en los correlatos funcionales de la estructura, y se prestan a explicaciones físico-químicas.
5. La psicología en cuanto a la conducta, después de todo, sólo tendrá que ignorar unos pocos problemas realmente
esenciales de los estudiados por la psicología introspectiva actual. Con toda probabilidad, estos problemas
residuales podrán ser formulados de modo que sea posible su solución mediante métodos de conducta más
refinados (que ciertamente llegarán).
John Watson-¿qué es el conductismo?
Dos criterios en el pensamiento psicológico norteamericano: la psicología introspeccionista (subjetivista) y el
conductismo (psicología objetiva). Hasta el conductismo, la psicología introspeccionista dominaba totalmente la vida
psicológica.
Representantes del introspeccionismo: Titchener y William James. El introspeccionismo proclamaba que a
conciencia era la materia de estudio de la psicología. El conductismo, por lo contrario, sostiene que es la conducta
del ser humano el objeto de la psicología y afirman que el concepto de conciencia no es preciso. Afirma que el
concepto de conciencia no es preciso ni utilizable.
Habiendo recibido una formación experimentalista el conductista entiende que la creencia de que existe la conciencia
se remonta a la antigüedad, superstición y magia. Las leyendas tejen la tradición popular, se constituyen en
religiones, estas a su vez se enredan en la política y economía. Se las usa como instrumentos, el pueblo se ve obligado
a aceptar esto. Estos conceptos han entorpecido el desarrollo de la psicología científica. Ejemplo de tales conceptos:
Todo individuo posee un alma separada y distinta del cuerpo. (Esta doctrina conduce al principio filosófico llamado
“dualismo”) dudar de su existencia involucraba convertirse en hereje.
Con el desarrollo de las ciencias físicas en el Renacimiento esta idea tendió a desaparecer en cierta medida. La
psicología y la filosofía, ocupándose de objetos inmateriales, encontraron muy difícil eludir a la Iglesia, de ahí que el
concepto de alma llegase a nuestros días. En 1879, Wundt (psicología experimental), quería una psicología
Científica, aunque no pudo discriminar con claridad la solución mente-cuerpo. Sustituyó el término de alma por el de
conciencia, la conciencia a diferencia del alma se observa por medio de la introspección. Para demostrar lo anti-
científico del concepto basta con fijarse en la definición de psicología que formuló James: La psicología es la
descripción y explicación de los estados de conciencia en cuanto tales somos concientes cuando experimentamos una
percepción, un pensamiento, cuando queremos algo. Es ilógico, no nos dice que es la conciencia, se comienza a
introducir supuestos. De esta manera en el análisis de la conciencia hallamos elementos como las sensaciones o
imágenes, en otros, elementos afectivos, más aún, en otros la voluntad. La cosa que llamamos conciencia solo se
puede examinar por introspección: una ojeada a lo que acontece en nuestro interior. Existe una cosa que llamamos
conciencia y que podemos estudiarla por introspección. Pero no existe modo de atacar experimentalmente, resolver
los problemas psicológicos y establecer métodos normativos.
Advenimiento del conductismo: En 1912 los psicólogos objetivistas (conductistas) llegaron a la conclusión de que ya
no podía satisfacerlos seguir trabajando con las fórmulas de Wundt. Habían probado que la llamada psicología
introspectista de Alemania se fundaba sobre hipótesis falsas: que ninguna psicología que incluyese el problema
religioso mente-cuerpo, podría alcanzar jamás resultados “verificables”. Decidieron que era preciso renunciar a la
psicología o bien transformarla en una ciencia natural.
Programa del conductismo: El conductista se limita a observar y a formular leyes solo relativas a estas cosas, puede
observar la conducta (lo que el organismo hace o dice), el hablar explícito o con uno mismo representa un tipo de
conducta objetiva. El conductista describe la conducta en términos de estímulo-respuesta. Un estímulo es cualquier
objeto externo o cualquier cambio en los tejidos mismos debido a la condición fisiológica del animal. Una respuesta
es todo lo que el animal hace.
Algunos problemas específicos del conductismo: El único objetivo del conductista es reunir hechos tocantes a la
conducta, verificar sus datos, someterlos al examen de la lógica y de la matemática. Si al nacer solo dos estímulos
provocan miedo (sonido fuerte y base de sustentación), ¿Cómo es posible que otras cosas produzcan lo mismo? La
respuesta se encuentra mediante experimentos:
Si se le muestra un perro a un niño este comenzara a acariciarlo, se debe verificar que nunca huirá de este (reacción
positiva) y que tampoco provocara una respuesta miedo. Si se toma una barra de acero y se la golpea a espaldas del
niño mientras esta con el animal, aparecerán las manifestaciones de miedo. Al repetirse el experimento más de una
vez, el animal provocara la misma respuesta que la barra de acero, miedo. En el conductismo esta es una respuesta
condicionada. Esto demuestra que se basa en la ciencia natural, sin intervención de los procesos mentales. Se ve cuan
simples son las respuestas al principio, y cuan terriblemente las complica pronto la vida del hogar. Otros tipos de
respuestas se relacionan con el amor y con la ira.
En los adultos también surgen problemas, ¿Qué métodos hay que utilizar para condicionar al adulto? ¿Cómo se
mantiene el nivel de eficiencia luego de enseñarle la técnica y habilidad, y los hábitos de hablar y pensar? Se sabe
muy poco de la cantidad y calidad de los hábitos emocionales que debieran crearse. En el presente, uno de los
problemas en las grandes organizaciones es el de la adaptación de la personalidad, Los jóvenes de ambos sexos
tienen adecuada capacidad para desempeñar sus tareas, mas fracasan por no adaptarse a los demás.
Definición del conductismo
Para comprender el conductismo es necesario comenzar por la observación de la gente. La auto-observación no es la
manera más fácil y natural de estudiar la psicología, resulta simplemente imposible. Dentro de nosotros mismos solo
podemos comprobar las formas elementales de respuesta. Si empezamos a estudiar lo que hace el vecino adquirimos
experiencia para clasificar su conducta.
El conductismo es una ciencia natural que se arroga todo el campo de las adaptaciones humanas. Solo difiere de la
fisiología en el ordenamiento de sus problemas; no en sus principios fundamentales ni en su punto de vista central.
La fisiología se interesa especialmente en el funcionamiento de las partes del animal (por ejemplo: sistema digestivo).
Al conductismo le importa intrínsecamente lo que el animal hace desde la mañana hasta la noche y desde la noche
hasta la mañana.
El interés conductista es controlar las reacciones del hombre. Corresponde a la psicología conductista poder
anticipar y fiscalizar la actividad humana a fin de conseguirlo, debe reunir datos científicos mediante procedimientos
experimentales. Sólo entonces al conductista experto le será posible inferir, dado los estímulos, cuál será la reacción
o, dada la reacción, cuál ha sido la situación o estimulo que la ha provocado.
¿Qué es un estímulo?: Si de improvisto, dirijo al ojo una luz intensa, la pupila se contraerá rápidamente. Si apagara
toda la iluminación de un cuarto en el que se encuentra una persona, sus pupilas comenzarían a dilatarse. El
organismo se halla sometido a la acción de estímulos (llegan por la vista, el oído, la nariz y la boca) los denominados
objetos de nuestro medio, y al mismo tiempo también en el interior de nuestro cuerpo. Éste se halla a cada instante
sometido por estímulos que nacen en los tejidos. A través del proceso de la evolución humana, los seres han
desarrollado órganos sensoriales (como las orejas, nariz, boca, etc.) los que determinan tipos de estímulos, son
sumamente efectivos. Los músculos no son órganos de reacción solamente, sino también sensoriales.
Como el aprendizaje multiplica los estímulos: Uno de los problemas del conductismo es “la multiplicación continua
de los estímulos” a los cuales responde el individuo. Si bien gran cantidad de estímulos provocan reacciones en el
recién nacido, otras no despiertan ninguna. No determinan una reacción igual a la que producen más tarde. No se
consigue mucho enseñándole a un infante un lápiz o una partitura. Antes que ciertos estímulos puedan ejercer su
influencia es indispensable que se forme un hábito. (Condicionamiento) Es el condicionamiento lo que dificulta tanto
al conductista poder anticipar cuál será una determinada reacción. Es muy fácil señalar aproximadamente qué
situación de la primera infancia del sujeto pudo provocar este tipo de reacción poco frecuente en el adulto. (Correr
porque ve un caballo suelto).
¿Qué entiende el conductismo por respuesta?: Desde el nacimiento hasta la muerte el organismo es atacado por
estímulos en su parte exterior y por estímulos, engendrados en el cuerpo mismo. La respuesta del organismo al
estímulo trae aparejada una adaptación. Por adaptación solo entendemos que el organismo, al moverse, altera su
estado fisiológico de tal manera que el estímulo no provoque ya reacciones. A menudo se cree que el conductista sólo
está interesado en las respuestas, cuando en realidad afirma que todo estímulo efectivo tiene su respuesta y que ella
es inmediata. Estímulo afectivo: Estímulo suficientemente fuerte para vencer la normal resistencia al pase del impulso
sensorial desde los órganos de los sentidos a los músculos.
Clasificación general de la respuesta: Las dos clasificaciones sensatas de la respuesta son: externas (explicitas), los
actos ordinarios del ser humano (inclinarse para agarrar algo, escribir una carta); o internas (implícitas), no son
observables, están ocultas a la mirada. Otra clasificación general es la de respuestas aprendidas o no aprendidas. La
mayoría de los actos adultos son aprendidos, sin embargo, llevamos a cabo muchas cosas sin necesidad de aprender
(respirar, transpirar).
Respuestas aprendidas: Hábitos complicados y todas las respuestas condicionadas.
Respuestas no aprendidas: Las que se realizan desde la infancia antes que el proceso de condicionamiento y los
hábitos predominen.
Otra forma de calificar las respuestas puramente lógica es la de caracterizarla por el órgano sensorial que las
origina. Esta digresión acerca del estímulo y la respuesta suministra una idea de lo que se trabaja en la psicología
conductista, y por qué se propone como meta el que dado el estímulo poder predecir la respuesta, o viendo que
reacción tiene lugar poder inferir cuál es el estímulo que la ha provocado.
¿Es el conductismo una mera orientación en el estudio de los problemas psicológicos o constituye un verdadero
sistema de psicología?
El conductismo es una vía satisfactoria para arribar a la solución de problemas psicológicos. Acaso nunca pretenda
construir una ciencia. Reúnen hechos de observación, seleccionan grupos y se extraer ciertas conclusiones generales.
La técnica experimental, la recolección de hechos por esta técnica y la tentativa de consolidarlos en una teoría o
hipótesis, describen el procedimiento científico. Juzgado sobre esta base, el conductismo constituye una verdadera
ciencia natural.
La teoría de la Gestalt: un enfoque estructural para el estudio de lo mental
El proyecto de la primera psicología científica trato de dar descripción acerca de los elementos de la experiencia
consciente, en un orden y agrupamiento, buscando explicar su totalidad. Para resolver el problema de la
descomposición los primeros psicólogos experimentales adoptaron una vieja corriente filosófica: “el
asociacionismo”. Se levantan respuestas críticas muy divergentes frente a este primer proyecto de psicología, y se
produce una apertura a nuevas preguntas y propuestas. En estados unidos, conservando las bases postivistas y la
mirada elementalista-asociacionista sobre el objeto de estudio, se renuncia al estudio de lo mental. Nos estamos
refiriendo al surgimiento del movimiento conductista iniciado por J. Watson. En tanto, Alemania, un grupo de
psicólogos optan por continuar con el estudio de los procesos mentales, rechazando el enfoque asociacionista,
elementalista y mecanicista elegido por el conductismo. Adoptan un enfoque fenomenológico, opuesto al positivismo.
Podríamos, a pesar de estas divergencias, establecer alguna analogía entre las dos propuestas ya que ambas dirigen
su mirada a lo inmediatamente observable. Pero, cuando los gestaltistas se refieren a las sencillas observaciones de
fenómenos, lo hacen para salir de los sofisticados laboratorios de introspección experimental y contrastar las
hipótesis, mientras, los conductistas, por el contrario, llevan la experiencia observable al máximo control por
laboratorio con el objetivo de manipularla y operar sobre ella. Una ilustrativa cita de Bertrand Rusell nos permitirá
comprender las diferencias en las bases epistemológicas asumidas por ambos enfoques:
“Los animales estudiados por los americanos se precipitan frenéticamente de forma de forma increíblemente apresurada y
vigorosa, y al final alcanzan por azar el resultado deseado. Los animales observados por los alemanes se sientan
tranquilamente y piensan, y finalmente obtienen la solución de su conciencia interna”
La psicología de la Gestalt, al rechazar los enfoques elementalistas y asociacionistas, se compromete con una visión
“molar” de su objeto de estudio. Con sus propuestas e ideas busca poner en duda lo ya establecido y construir una
nueva manera de pensar e investigar los fenómenos psicológicos. Al realizar los experimentos, ignoran la regla
fundamental d los primeros psicólogos experimentales: el estudio de los hechos locales más simples y perturbaciones
secundarias que pudieran enturbiar la naturaleza simple de esos elementos.
Como ejemplo de estas demostraciones nos podemos referir a las realizadas por Max Wertheimer (1912) sobre un
interesante fenómeno llamado “movimiento aparente”. El fenómeno es en sí muy sencillo y puede graficarse en la
siguiente figura:
Para realizar este experimento se instalaron dos focos de luz detrás de una pantalla transparente y entre ellos, en
posición equidistante pero más cerca dela pantalla, se colocó una vara verticalmente. Cuando se enciende cada foco
de manera intermitente, la sombra de la varilla se proyecta en la pantalla a la derecha o a la izquierda, según cual
sea la luz que la ilumine. Físicamente sucede que, cuando se enciende una lamparita y luego se la apaga y se
enciende la otra y se la apaga, la sombra de la varilla aparece y desaparece en un lugar y luego aparece y
desaparece en otro lugar. En síntesis, no hay movimiento físico, solo se prenden y apagan los focos de luz, de manera
intermitente. Sin embargo el sujeto sometido a este experimento, “ve” una sombra que se mueve de un lado a otro.
Este fenómeno llamado movimiento aparente fue tomado por la escuela de Wundt como una “ilusión”, como un juicio
erróneo del observador y nunca fue considerado un hecho perceptivo. Los hechos perceptivos, sostenían los
psicólogos de bajo el dominio de la psicología clásica, solo se podían componer de “sensaciones locales
independientes”. Max Wertheimer a pesar de su condición de discípulo buscó dar prueba de que el “movimiento
aparente” es un hecho perceptivo tan real como el llamado movimiento real. Se trata del mismo efecto de
movimiento de imágenes que vemos en el cine, donde una fotografía es sustituida rápidamente por otra, sin proyectar
luz durante el cuadro fotográfico.
De esta manera se entiende que no es la asociación de hechos locales independientes lo que permite explicar esta
experiencia perceptiva, sino, y en todo caso, se trata de la interacción dinámica de estímulos locales, bajo ciertas
condiciones temporales y espaciales. Otro grupo de hechos, “demostraciones vividas y notables” son las ilusiones
geométricas, tratándose así de distorsiones en formas visuales debidas a otras formas que aparecen en sus entornos.
Estas sorprendentes “percepciones” también fueron consideradas errores de juicio o de interpretación por parte del
observador, ya que se concebía que la percepción de la disposición en el espacio tenía que estar determinada por la
disposición geométrica de los correspondientes datos físicos.
Los psicólogos de la forma (Gestalt) hacen caso omiso de esta interpretación y al intentar comprender lo que sucede
con el fenómeno de la percepción, sus observaciones se refieren desde un principio a conjuntos, totalidades dentro de
las cuales operan interacciones dinámicas y no copias fieles del estímulo físico. Una demostración, antecedente al
enfoque gestáltico, fue efectuada en 1890 por un discípulo de Franz bentrano, Chistoph Von Ehrenfels, quien
sostenía que las notas musicales poseían una “cualidad de la forma” o “gestaltquialiten”. Las ideas de Von
Ehrenfels no alcanzaron a tener gran repercusión en la psicología de la época y eso se debe a la versión oficial de la
psicología comprometida con el modelo de Wundt. No fue hasta 1912 que Max Wertheimer dio a conocer
públicamente una interpretación diferente acerca de los experimento del “movimiento aparente” anteriormente
expresado.
Max Wertheimer (1880-1943) es considerado como el principal fundador de la escuela de la Gestalt, pero su tarea la
realiza estrechamente asociado a sus colegas Wolfgang Kohler (1887-1967) y Kurt Koffa (1886-1941). Los tres se
propusieron fundar una psicología que pudiera dar cuenta de lo significativo e inmediatamente organizado de la
experiencia psicológica consciente, conservando el espíritu experimental y rechazando cualquier intento de
descomposición de la vida psicológica.
Una sintética expresión, que se convirtió en carta de presentación de la Gestalt, permite resumir la posición que
adoptan: “el todo es más que la suma de sus partes”
La totalidad se capta de una sola vez, porque todo se da en junto y de manera inmediata. Nunca la cualidad total
puede ser efecto de una generalización a partir de casos. El todo es el punto de partida de la experiencia psicológica
y jamás el de llegada. Mientras que la psicología elementalista supuso que las propiedades de las partes al ser
asociadas determinan las características de la totalidad, la Gestalt sostuvo que es “la organización estructural
global” la que determina el lugar y significado de cualquier parte componente. En este sentido una misma sensación,
o elemento local, puede cobrar distinto significado según la totalidad a la que pertenezca. Por ejemplo, un sabor, un
aroma, un gusto, son estructurados a partir de la conducta en la que están incluidas y no a la inversa.
Si bien psicofisiológicamente una sensación puede ser distinta en sí misma, el esfuerzo analítico solo logrará
desvitalizarla al eliminar el contexto en que tiene expresión la conducta. En la vida cotidiana desaparece la identidad
molecular de cada sensación, tornándose significativas al incluirse en la totalidad de la experiencia conductual.
Desde la perspectiva de la Gestalt, toda producción de conducta, todo proceso fisiológico implicado es una totalidad
organizada y con significado, ya que lleva consigo una cualidad estructural que no puede reducirse a las partes que
la componen. Este propósito de estudiar la experiencia consciente como “totalidad organizada y significativa”, se
constituye en objeto de sus estudios sistemáticos.
Percibir una situación, imaginarla, resolver un problema, producir una solución, solo se pueden comprender como
fenómenos conductuales si entendemos a la conducta como “molar”, como una totalidad organizada. El termino
alemán “Gestalt” es apropiado para denominar a esta escuela, ya que significa forma, figura o configuración,
implicando entonces, oposición a cualquier tipo de análisis reduccionista de la experiencia psicológica, que si se
llegara a aplicar, solo conduciría a la misma destrucción de la experiencia. De una manera sintética podemos decir
que la Gestalt representa un punto de vista molar en psicología en oposición al punto de vista molecular adoptado
por las psicologías elementalistas y asociacionistas.
Los aportes para la comprensión del fenómeno de la percepción
Fue en el área de la percepción donde la Gestalt produjo las contribuciones más originales y valiosas, en lo principal
a lo que refiere a los principios del campo perceptivo-visual. Sin embargo su esquema teórico se expandió también a
otros aspectos cognitivos, como el aprendizaje, le pensamiento, los estudios de la personalidad, etc. Intentando
siempre detectar las formas o estructuras organizadas que están presentes en cualquier fenómeno psicológico, sea
cual fuere el material en el que se explicita. Al preguntarse ¿cómo se organiza la percepción? responden que la
experiencia perceptiva es una totalidad en la cual la relación entre las partes que la componen tiene significado a
partir d leyes de composición de la estructura total de esa experiencia.
Deducen que el valor de cada elemento que compone el campo perceptual depende de la totalidad en la cual se halla
incluido y que el mismo puede variar cuando forma parte d otro contexto perceptivo que ha logrado un nuevo
equilibrio. Cuando los gestaltistas ponen el acento en destacar nuestra posibilidad de captar unidades perceptivas
estructuradas y significantes desde el inicio, se están contraponiendo al empirismo. El peso de la experiencia pasada
no es lo que determina el resultado de la experiencia psicológica actual, o sea no es la reiteración de conexiones y
asociaciones lo que otorga significación. Esta es producto de la organización emergente de la dinámica del campo
actual ordenada de acuerdo a leyes y principios que la regulan, pero a pesar de estas afirmaciones, no caen en la
posición diametralmente opuesta: el innatismo.
Al observarlo real se acepta la experiencia de manera directa, aquello que se presenta de manera manifiesta; en esto
consiste la actitud fenomenológica que impregna el método estudiado por la Gestalt, captándose inmediatamente lo
genuino de la experiencia psicológica, los aspectos no son específicamente mensurables. Una hipótesis determinante
para la comprensión de los fenómenos estudiados por la Gestalt es el “isomorfismo”, término de origen griego que
intenta dar cuenta de una identidad estructural entre el plano de la experiencia consciente directa y los procesos
fisiológicos subyacentes de la misma. La Gestalt propone, en cambio, una concepción del sistema nervioso entendido
como un todo dinámico, funcionalmente flexible y no suma de zonas cerebrales; las leyes del funcionamiento cerebral
serian análogas a las que rigen en la organización del campo perceptual.
Mediante el isomorfismo se establece que no existe una relación punto por punto entre el estímulo externo y la
imagen mental de ese estímulo, resultando por tanto que la forma perceptiva es una representación del mundo físico
y no su copia gráfica, es un equilibrio logrado, siempre instantáneo y cualquier cambio en el campo estimular
produce un cambio en la forma psicológicamente percibida.
Los psicólogos de la Gestalt enuncian además del isomorfismo, otros principios o leyes que lo
complementan:
“Ley de la pregnancia o de la buena forma”: expresa que la percepción adopta la mejor forma posible,
coordinando la totalidad de factores que coexisten en el campo perceptivo en un momento determinado.
“Ley del cierre” o inclusión: se refiere a nuestra tendencia a percibir formas “completas”, aun partiendo de
datos perceptuales incompleto. Por ejemplo, frente a un dibujo incompleto de un cuadrado, reconstruimos o
imaginamos el lado faltante.
“Ley de la proximidad”: aquello que está próximo en tiempo y espacio en nuestro campo perceptual tiende a
agruparse significativamente. Por ejemplo, ruidos dispersos que se reiteran en el tiempo terminan conformando
un ritmo.
“ley de figura-fondo”: según la cual la organización de la percepción se da en función de una figura sobre un
fondo.
“ley de semejanza”: según la cual lo similar en tamaño, color, peso o forma tiende a ser percibido como un
conjunto o totalidad.
La psicología gestaltista considera a la realidad como psicofísica. El campo psicofísico está vinculados otros
términos como distribución de fuerzas, condiciones de equilibrio, interacción entre partes, valencias, etc.
La ciencia cognitiva y psicología cognitiva
Contexto: A fines de los años 50 se produce un giro, un cambio de paradigma, que implicó el abandono gradual del
modelo explicativo conductista y su reemplazo por las explicaciones cognitivas de la conducta humana. La caída del
imperio conductista comienza, ya que el contexto había cambiado (post-guerra) y ya no tenía las mismas
repercusiones. Además, aparecen seguidores del conductismo con muchas diferencias y contradicciones a lo
planteado primeramente por esta psicología, como Skinner, Tolman y Hull, pero todos conservaban el
asociacionismo (descomponer en elementos simples la conducta), el reduccionismo (conductas complejas se reducen
a fines de hacer una comparación entre lo que pasa en la conducta de ciertos animales, y se haga un paralelismo con
las conductas humanas), el antimentalismo (negar los procesos mentales en el comportamiento, siendo fiel al
estímulo-respuesta) y la equi-potencialidad (en los principios generales se tendía a ignorar las diferencias que había
entre conductas entre especies humanas, etc., se explotaban directamente los condicionamientos de forma
generalizada).
El objeto de estudio de la psicología cognitiva va a estar centrado en la mente humana. Podemos denominar a esta
como: 1) Sistema que organiza y procesa todo lo que ingresa (que se almacena) y todo lo que egresa. 2) Organización
interna que necesita ser estudiada sin ningún tipo de estímulo ambiental, por esto es que la estudian
independientemente de los niveles biológicos, neurológicos y sociales. Los psicólogos estudian las representaciones
que están en la mente, estas son aquellas entidades simbólicas internas que permiten hacer planes, esquemas,
conceptos, guiones, etc., representaciones que la persona evoca para resolver situaciones o accionar. Dichos
psicólogos tendrán como objeto de estudio investigar el funcionamiento mental ya que este determina la conducta.
Retomando el conductismo, este había rechazado la caja negra, es decir, la mente que presenta muchos circuitos
internos, mientras que la ciencia y psicología cognitiva la aceptan y ven cómo funciona.
Psicología cognitiva: Plantea buscar los procesos, las organizaciones y los mecanismos por los cuales las personas
resuelven, piensan, recuerdan, eligen, aprenden, etc. Surge post segunda guerra mundial, cuando se comienzan a
replantear posicionamientos filosóficos, científicos y formas de investigar, que empiezan a reconocer otros principios
que están por fuera de la que sostenía hasta el momento (positivismo: conductismo; positivismo lógico:
neoconductismo). Este momento post-guerra había llevado a un gran desarrollo en medios de comunicación,
transporte, tecnologías de información, de los diferentes campos como la educación. La psicología cognitiva también
realizó un cambio epistemológico, en el cual pasan del empirismo al racionalismo y comienzan a preguntarse por
cómo conocemos, que es el conocer y aparece lo que se conoce como “revolución cognitiva”, se comienza a trabajar
con el sujeto cognoscente. En dicha revolución se produce una investigación interdisciplinar en la que las diferentes
ciencias se ponen de acuerdo con que su sustento sea el racionalismo, y a partir de esto, que la actividad cognitiva se
conciba en términos de representaciones mentales.
Es necesario pensar en la metáfora “mente=ordenador” y de un análisis “propio cognitivo”, lo que requiere de dicha
tradición racionalista, la cual establece que el ordenador digital/computadora electrónica se constituye en un modelo
viable para explicar el funcionamiento de la mente humana Para el caso de la Psicología Cognitiva, los métodos
serán empíricos, preferentemente cuantitativos. Se sostiene un compromiso muy fuerte con los estudios
interdisciplinarios, lo que implica cooperación entre las disciplinas, pero nunca una fusión total y también
emergencia de nuevos campos disciplinares. Suele afirmarse que las principales influencias extra-disciplinarias
provienen de la Teoría de la Comunicación, la Cibernética, los estudios matemáticos relacionados con la
computación, el desarrollo de los ordenadores, la psicolingüística de Chomsky, la teoría de la información, las
relaciones entre la Neurología y la Lógica, los estudios sobre síndromes neuropsicológicos, entre otros.
Aportes interdisciplinarios
Cibernética: Aportes de Wiener (1954), un matemático que trabaja los cambios que hay en un sistema, que tienen que
ver con el ida y vuelta de las operaciones (interior y exterior), y que esto es circular, es decir, que se produce una
retroalimentación entre todo lo que tiene que ver con el mundo interno y lo que tiene que tiene que ver con el mundo
externo. Todos son “sistemas” que accionan provistos de recursos limitados y que se dirigen hacia un objetivo en una
situación cambiante, no realizan su acción respondiendo sin más a estímulos del ambiente, sino que, provistos de
alguna organización interna alcanzan los objetivos buscados en función de alguna evaluación de información que
circula en su sistema.
Teorías de la comunicación y la información: Aportes de Shannon (1948), ingeniero en comunicaciones, referidos a
canales que proporcionan la entrada y salida, y que puede haber distorsiones del mensaje (esquema de
comunicación). A partir de esta teoría se hizo posible comenzar a trabajar la idea de que todo mensaje que va por
distintos canales no necesariamente queda clavado en donde se recibe, sino que también hay una respuesta.
Psicolingüística: Aportes de Chomsky (1957), habla de un giro lingüístico en la época porque le pone hincapié en lo
que significa el lenguaje para el sujeto, argumentando que todos tenemos la capacidad de expresión y comprensión
del lenguaje. Afirma que nuestra capacidad psicolingüística se basa en sistemas representacionales abstractos,
conocimiento de reglas que no se reducen a porciones de zonas cerebrales. Esta capacidad depende de una estructura
universal mental innata que se despliega en cada hablante al exponerse al contacto de su lengua nativa, se trata por
tanto de una capacidad preformada y nunca puede derivar del mundo exterior.
Teoría de la computación: Aportes de Turing (1940), un matemático británico que propuso en 1936 la idea de una
“máquina teórica” capaz de realizar cualquier cálculo concebido. Von Neumann crea un ordenador digital y trata
de que este actúe de manera inteligente con distintos programas computacionales en donde este podía saber cómo se
selecciona, cómo se almacena, cómo combina, cómo manipular la información. A partir de esto se habla de todo lo
que es inteligencia artificial en las ciencias cognitivas, cómo se pueden simular los procesos a nivel psicológico del
sujeto a partir de la investigación y el traslado a la mente o inteligencia artificial.
Etapas:
1° etapa de la psicología cognitiva: Los psicólogos estudian la mente humana como un ordenador. Puntos
importantes: como ingresan datos, como se procesan, como egresan, que se almacena, que se selecciona y porqué,
etc. Estudios de la memoria humana en paralelismo con las 3 memorias de un ordenador, y distingue que hay
almacenamiento que tiene que ver con lo sensorial, de memoria a corto y largo plazo, memoria selectiva, de trabajo,
memoria emocional, etc.
2° etapa de la psicología cognitiva: Los psicólogos comienzan a estudiar al sujeto en la cultura a partir del lenguaje.
Por ser sujetos sociales estamos influenciados por el contexto e influenciamos al contexto (aprendemos, recordamos,
evocamos, experimentamos, etc.).
Existe un sujeto con infinitas interconexiones que va cambiando y tiene diversas explicaciones a las cuales les
da significaciones.
El humano es complejo, tiene un sentido ecológico (porque está dentro de un sistema con muchos elementos)
y pragmático (porque la conducta va más allá del estímulo-respuesta, del orden simbólico de una oración) de
su conducta.
Comprender el sujeto en su accionar en su cultura.
Un humano que narra nuestro accionar cotidiano, que es protagonista de sus experiencias y les da un
significado o un valor.
Fundamentos de las terapias sistémicas
1.1 Introducción en la problemática
En líneas generales se puede afirmar que la primera parte del siglo XX estuvo dominada casi enteramente por el
psicoanálisis y la psicología profunda. Sólo después alcanzaron una difusión amplia y su propia autodefinición otras
corrientes: en la década de 1950, la terapia de la conducta (cuyos abordajes cognitivos son posteriores en unos
quince años); en la de 1960, las variedades de la terapia humanista, y en la de 1970, los abordajes sistémicos. Si, con
el fin de atenernos a una esquematización aproximativa, queremos caracterizar esas diversas orientaciones por medio
de algunas palabras-clave, podemos atribuir a los abordajes de psicología profunda los conceptos de «inconsciente»,
«conflicto» y «energía»; a las terapias de la conducta, los de «aprendizaje», «estímulo-reacción» y «cognición»; a
los abordajes humanistas, los de «encuentro», «crecimiento» y «autonomía»; y a los sistémicos, los de
«circularidad», «comunicación», «estructura», «ecología» y «evolución». En este sentido, una de las concepciones
que se han cuestionado, y muy central por cierto, es la «causalidad» lineal (usual) de la forma «A-B» (p.ej., estímulo-
reacción); es decir, el supuesto básico de que todo tiene una causa (o varias causas) y que por lo tanto reviste una
importancia particular averiguar «por qué». El punto de vista sistémico le opone la «causalidad circular» (o,
simplemente, la «circularidad»), en que A y B se influyen entre sí según un complejo proceso en red (en general, por
mediación de otros elementos, C, D, etc.). Estos sistemas son concebidos casi siempre de manera dinámica, es decir
que se trata de cambios en el tiempo, en los cuales todo influjo de A sobre otros elementos revierte sobre A; esta
perspectiva recibe el nombre de «autorreferencia». La averiguación del «cómo» es, en consecuencia, más importante
que la del «porqué».
La autorreferencia (ya mencionada) es precisamente lo que otorga a este sistema la capacidad de adaptarse y de
modificar él mismo sus estructuras (rasgo típico de todos los sistemas vivos). No hay que ser demasiado ocurrente
para descubrir semejanzas entre este sistema y los sistemas humanos. Si tomamos «trabajo del ama de casa» y
«colaboración del marido», con el supuesto de que una sola persona no puede hacer todo ese trabajo y de que «él»
colabora únicamente cuando «ella» no puede más, podemos construir un ciclo enteramente análogo al del ejemplo
anterior. Ella hace sola todo el trabajo, que se vuelve cada vez más abrumador; finalmente, manifiesta una
postración (o algún síntoma parecido que se defina como «no poder más»). Entonces él se muestra dispuesto a
colaborar, el trabajo disminuye, ella se recupera. En ese momento él se retrae de nuevo, el trabajo se vuelve cada vez
más abrumador, etcétera.
Una postración por exceso de trabajo admite una buena explicación también por medio del pensamiento lineal. Pero
si sustituimos «trabajo» por «deseo de atenciones», «postración» por «accesos de llanto» y «colaboración» por
«ternura», se llegaría a un diagnóstico de «depresiones cíclicas» (nuestro ejemplo es una simplificación extrema) en
caso de que se consideraran solamente los síntomas de la esposa. Como las lágrimas no salen de una cañería sino
que las produce el cuerpo, una «investigación médica» precisa descubriría desde luego alteraciones somáticas que
serían señaladas como la «causa» cíclica de la enfermedad. Es cierto que del hecho de ver en la enfermedad un
problema individual no se sigue forzosamente que se descuide toda consideración sistémica. El ejemplo (típico) que
acabamos de dar, de la «postración», muestra más bien algo que conoce repentinos cambios de estructura, es decir,
que pasa de un estado de equilibrio a otro. Y es común hablar del sistema circulatorio o del sistema inmunológico
(en estos campos el concepto de «sistema» se aplica desde hace mucho tiempo).
1.2 Digresión sobre el «sistema» de la «familia»
En las elucidaciones anteriores hemos expuesto ya algunos aspectos importantes de los sistemas. Lo común es que se
nos remita a abordajes centrales, básicos, sobre todo a la teoría general de sistemas (Ludwig von Bertalanffy), a la
teoría de la información (Claude Shannon), a la cibernética (Norbert Wiener) y a la antropología cultural sistémica
(Gregory Bateson). Pero no está muy clara la exacta contribución de estas teorías a la noción de «sistema de la
familia». Para definiciones del concepto de «sistema» se recurre de preferencia a Hall y Fagen (1956): «Un sistema
es un conjunto de objetos junto con relaciones entre los objetos y sus propiedades», definición bastante curiosa
porque se mencionan «objetos» y (!) «Sus propiedades», entre los cuales se consideran relaciones; y no está claro
qué serían unos objetos sin (!) propiedades. Parece más razonable definir un sistema como un conjunto de objetos y
determinadas relaciones entre estos: precisamente estas relaciones son las «propiedades».
«La interacción puede ser considerada como un sistema, de modo que se vuelva aplicable la teoría general de
sistemas» ¿qué se caracteriza así, los objetos o las relaciones? ¿Y cómo puede un sistema consistir una vez en
interacción y la otra en comunicadores (siendo que se lo define por las dos cosas)?. No tengo la pretensión de ofrecer
en este lugar una conceptualización precisa de teoría de sistemas referida a lo que se debe entender por «familia» y
«sistema» en la terapia familiar. Pero me parece que conviene distinguir entre diversos planos de consideración,
cuya confusión usual desemboca en las dificultades que hemos intentado esbozar. En primer lugar se deben
caracterizar de una manera un poco más precisa «sistema», «elemento» (o bien «objeto») y «relación»: un sistema
consiste en un conjunto de elementos y en un conjunto de relaciones que se definen entre esos elementos del
conjunto. Es común y atinado distinguir entre relaciones de un solo elemento, diádicas, triádicas, etc., según que
hagan falta uno, dos, tres o más elementos en orden a la relación.
En el marco de la terapia familiar sistémica se puede considerar en el nivel inferior un sistema cuyos elementos sean
las personas y cuyas relaciones sean comunicaciones, en cuyo caso parece razonable suponer que estas relaciones
son por lo menos diádicas, en vista de la idea de que es imposible no comunicar. Hay Metaniveles (o bien jerarquías
de sistemas, si se toman en cuenta las dos direcciones posibles) se pueden formar no sólo en orden a las relaciones,
como en el caso del párrafo anterior, sino también en orden a los elementos. Si se escogen los elementos para formar
jerarquías de sistemas, respecto del nivel siguiente de la jerarquía (o «nivel de organización») un sistema se
convertirá en elemento de un sistema supraordinado. Se suele decir entonces que por encima del sistema «familia»
se encuentran sistemas supraordinados, metasistemas (o suprasistemas), p.ej., la «sociedad» (en cuyo caso desde
luego varios niveles sistémicos se interponen entre familia y sociedad); si miramos esto en la dirección inversa, la
familia se puede caracterizar como un subsistema de la sociedad. Hay que señalar empero que en formulaciones de
esta índole no está claro qué relaciones son las constitutivas de estos sistemas (y aún menos claros están los niveles
en que son consideradas). A raíz de estas aplicaciones más bien metafóricas del concepto de «sistema» se cae con
facilidad en malentendidos ontológicos.
Desde luego que los sistemas no existen de una manera simple en sentido óntico sino que son creaciones cognitivas
de sujetos cognoscentes; por lo tanto, la respuesta a la pregunta por los elementos que «pertenecen» a cierto
sistema dependerá del interés a que respondan la explicación y el conocimiento, en síntesis: de la perspectiva que el
sujeto cognoscente haya adoptado
Existen entonces muchas perspectivas desde las cuales atribuir metasistemas a una persona X. Por lo tanto, una
consideración sistémica no implica con evidencia que se deba escoger la «familia» como metasistema para X y
aplicar la «comunicación» como aspecto de jerarquía; me parece que este punto de vista se suele pasar por alto en la
discusión de la terapia sistémica. Tal vez sea sólo aconsejable (!) escoger la comunicación porque la relación
terapeuta-cliente es siempre comunicativa (salvo el caso de las terapias corporales) y porque los demás miembros de
la familia entran en competencia con el terapeuta dentro del mismo esquema sistémico. Así considerado, conviene al
terapeuta intervenir en esa relación de competencia entrando en el sistema F (que ahora, desde luego, se convierte
en el sistema F') e intentando llevarlo a un equilibrio nuevo. Se trata de un procedimiento que en la terapia familiar
se procura llevar a cabo con sesiones frecuentes. Un camino de alternativa para evitar esa competencia consiste en
que el terapeuta comunique lo menos posible, intervenga poco y produzca señalamientos escasos pero claros (es
decir, que haga estallar «bombas comunicativas» desde «afuera» para que el sistema se vea expulsado de un
equilibrio consuetudinario y se activen en un nivel diferente sus capacidades de auto-organización). Este es el
procedimiento escogido por la «escuela de Milán» agrupada en torno de Selvini Palazzoli, que organiza para una
familia sesiones separadas por unas seis semanas más o menos, en las que se practica una intervención sistémica
radical (cf. el capítulo 19, 5). Ludewig (1983) señala que los sistemas vivos no pueden ser modificados de manera
deliberada sino que, por medio de influjos perturbadores, se los puede mover a que abandonen su actual forma
estructural para que después se organicen ellos de nuevo de manera autónoma. Este autor indica una «perturbación
significativa» en calidad de intervención terapéutica sistémica.
Todos estos sistemas ejercen su acción conjugada no sólo respecto del paciente «enfermo» sino que algo semejante
les sucede (con otros sistemas) a los demás miembros de la familia. Si se supusiera que sólo esta jerarquía existe y
que la familia es el único metasistema posible para un individuo, se caería, en el plano de la consideración de las
jerarquías sistémicas, justamente en aquel pensamiento lineal uni/mono-causal que la terapia sistémica quiso
superar. Si tenemos presentes estas reservas respecto del dominio de los enunciados y su validez, las perspectivas de
la terapia sistémica pueden efectivamente aportar un fructífero cambio de punto de vista: las «enfermedades»
psíquicas, que hasta ese momento se consideraban «individuales» (desencadenadas por conflictos internos, por un
proceso de aprendizaje, un «pensamiento erróneo» o lo que fuera), se analizan ahora con relación a su papel y su
función en las estructuras comunicativas del sistema social.
Desde luego que la elección de la familia como sistema social no importa reduccionismo sólo respecto de la
dimensión de las jerarquías (cf. supra) sino, también, del nivel de ellas. Con la misma consecuencia con la cual el
«síntoma individual» es examinado según su papel dentro de la estructura familiar, se puede estudiar desde luego «la
estructura familiar específica « según su papel dentro de la estructura de la sociedad. En este sentido, ya Wilhelm
Reich no sólo consideró los síntomas como resultado de la relación padres-hijo sino que entendió que los padres
inconscientemente actuaban por encargo de la sociedad. Con las restricciones que venimos indicando, el sistema
«familia» se sitúa en efecto (¡es una de las consideraciones posibles!) entre individuo y sociedad. Por una parte,
quien destaque el progreso cumplido por el abordaje sistémico al pasar del individuo a la familia no puede eliminar
del cuadro a la sociedad u otros metasistemas; y por otra parte, quien insista en la autonomía de la familia frente a
«los influjos del ambiente que provienen de la sociedad no puede descuidar por completo la autonomía del individuo
frente a la familia.
Desde Freud sabemos, en efecto, que, vistos dentro de un contexto más amplio, los síntomas de la «enfermedad» son
al mismo tiempo recursos que la persona emplea para desempeñarse en la lucha por la vida en las circunstancias
dadas. De igual modo es inadecuado hablar de un sistema «enfermo»; al menos es preciso reparar en que lo mismo
que se presenta como enfermedad desde determinada perspectiva aparece, desde otra, como el recurso del sistema (y
de la persona que se incluye en él) para organizarse en las circunstancias imperantes o adaptarse al contexto. Esta
experiencia, por lo demás, influyó para la elaboración de los abordajes sistémicos, es decir, para la decisión de dar
el paso consiguiente de incluir en la terapia a la familia entera.
1.3 Raíces de los abordajes sistémicos
El concepto de ««sistémico», que cuestionamos en la sección anterior, recibe empero diversas significaciones en
conexión con la terapia, de suerte que según el punto de vista adoptado se aprecian variadamente los «precursores».
Como término, «terapia sistémica» se aplica en general sólo a un determinado abordaje «estratégico», el del «grupo
de Milán» nucleado en torno de Mara Selvini Palazzoli (cf. infra). A causa de la ya señalada imprecisión en la
aplicación del concepto (p.ej., a niveles diferentes, a distintas jerarquías), en lo que sigue señalaremos sólo algunos
aspectos de la historia de los métodos sistémicos. En el análisis transaccional, el análisis de los juegos destaca
plenamente aspectos sistémicos; lo propio se puede decir del análisis de los guiones. Pero en concreto se trabaja con
el individuo, y el análisis de los juegos es asombrosamente lineal, centrado en el individuo. En el análisis de los
guiones, la familia en principio es tomada en cuenta sólo con relación a los adoctrinamientos que impartió en el
pasado, en tanto causante de los síntomas que se han cristalizado en pautas de comunicación neuróticas. Y a pesar de
ello, poner de relieve una estructura básica de juegos «víctima, perseguidor, salvador» e insistir en que estos roles
presentan alternancia dinámica supone, precisamente, elementos sistémicos.
Señalamos ya que también Freud, en su teoría psicoanalítica de las neurosis, tomó en cuenta aspectos sistémicos: el
síntoma es concebido por él como una operación significativa del organismo, que sólo se puede comprender en el
contexto (!) de la reconstrucción de una interacción temprana padres-hijo. Y el psicoanalista no interpreta las
manifestaciones de su paciente como lo haría un observador objetivo; más bien es asunto del análisis el proceso,
como tal, que se desenvuelve entre él mismo y el paciente. Que una terapia que trabaje en efecto con la familia entera
pero que no tome de manera explícita las redes sistémicas como objeto de la reflexión y de la intervención.) Adler,
hacia fines de la década de 1920, incluyó familias enteras (a veces también grupos de padres) en el marco de su
asesoramiento pedagógico; recuérdese que la «constelación familiar» desempeña un papel nuclear en sus
concepciones. A su vez, ejerció notable influjo sobre los «neo-freudianos» -Horney, Fromm, Sullivan-, que
destacaron la conexión de los síntomas con factores socioculturales y situaron la relación madre-hijo en el primer
plano del análisis. Aspectos sistémicos se encuentran también en Frankl en su explicación de la angustia de
expectativa; y su forma de intervención consistente en la «intención paradójica» (cf. el capítulo 15, 1.4) reaparece
con ligeras modificaciones como una de las más importantes variedades de intervención de los abordajes sistémicos
(cf. los capítulos 17 y 19). Por último, el psicodrama de Moreno incluye muchos factores sistémicos.
En la investigación clínica, sobre todo en los intentos de explicación de la esquizofrenia, diversos abordajes
propusieron tempranamente tomar en cuenta el ambiente social del esquizofrénico. Además de los ya mencionados
esbozos de Sullivan, David Levy señaló ya en 1943 el nexo entre rasgos patógenos de la madre. Aunque en estos
trabajos iniciales se enfocaban todavía propiedades determinadas de miembros singulares de la familia y se
buscaban las «causas» de la esquizofrenia (es decir que el abordaje seguía siendo «lineal»), a comienzos de la
década de 1950, con el concepto de «lazo simbiótico», se produjo un notable desplazamiento de la perspectiva porque
se tomaron en cuenta pautas de relaciones patógenas en el seno de la familia en general (es cierto que ya en 1938
Oberndorf había dilucidado pautas de interacción neurótica para las relaciones de pareja).
En la década de 1950 cobraron vuelo la elaboración de concepciones específicas y de técnicas de intervención así
como el trabajo sistemático con pacientes. La terapia familiar trató al comienzo principalmente familias de
esquizofrénicos (con un hijo esquizofrénico, en la mayoría de los casos). Esta circunstancia obedeció a la
mencionada tradición clínica pero en buena medida también a que los psicoanalistas trataban profesionalmente a
neuróticos, y entonces los terapeutas de familia «quedaron disponer a prueba nuevos abordajes, en particular en el
caso de los "incurables» esquizofrénicos. Ya existía considerable bibliografía especializada cuando apareció en 1956
(versión en alemán, 1969) el famoso trabajo de Bateson, Jackson, Haley y Weakland, Towards “Una teoría de la
esquizofrenia”, que reinterpretaba esa afección en el marco de la teoría del «doble vínculo», en términos sistémicos,
como perturbación relacional. Pero lo esencial de este trabajo consistió en que, rebasando la descripción empírico-
fenomenológica, esbozaba una teoría. De esta manera se ofrecía una concepción sustancialmente contraria a la
explicación somático-médica o psicoanalítica: la esquizofrenia como comunicación perturbada, a saber, como «la
única reacción posible a un contexto interhumano absurdo e intolerable», sin ninguna duda, esto dio fuerte impulso
al ulterior desarrollo de la terapia familiar.
Carl Whitaker ya en 1946 en Atlanta trataba a esquizofrénicos en el seno de su familia; aspectos nucleares de su
trabajo eran la necesidad de experiencias emocionales, la inclusión de su propia personalidad y de sus intuiciones (lo
cual volvió muy difícil la enseñanza de sus procedimientos) así como aspectos que desempeñaron importante papel
también en la psicología humanista, como crecimiento, totalidad, espontaneidad, etc. Virginia Satir elaboró un
abordaje parecido -si bien independientemente de Whitaker-; ella trabajó con familias desde 1951, e influyó en
considerable medida sobre el desarrollo de la terapia familiar. Ha publicado muy poco y rara vez con pretensión de
«elevada ciencia» (lo que en cambio hicieron los «hombres» próximos a ella, sobre la base de experiencias del
trabajo de Satir, p.ej., Paul Watzlawick, Jay Haley, Richard Bandler). Pero ha sido muy vasta su práctica de la
terapia familiar; ha organizado programas de formación y ha difundido experiencias y puntos de vista en una vasta
actividad docente que se extendió por diversos estados de los Estados Unidos a fines de la década de 1950; y por
Europa, después de 1960.
En 1959, Virginia Satir, Don Jackson y Jules Riskin fundaron el MRI («Mental Research Institute») en Palo Alto.
En la década de 1960 se sumaron entre otros Paul Wátzlawick, Jay Haley, John Weakland, John Bell (el nuevo
director del MRI tras el suicidio de Jackson en 1967). También Gregory Bateson, uno de los «padres» de los
abordajes sistémicos (cf. infra) colaboró con ese instituto de 1961 a 1963, y del, mismo modo en 1961 y 1962 se
mantuvieron contactos regulares con Milton Erickson, el «fundador» de la hipnoterapia moderna (Haley y Weakland
se habían formado con él). Gracias a sus programas de formación en terapia familiar, dirigidos por Satir hasta 1967,
el MRI fue conocido también en Europa como una de las células germinales de la terapia familiar. La escuela de Palo
Alto, que sitúa en el centro de su trabajo la interacción actual que se produce en el seno de la familia, en particular
sus pautas de comunicación, recibe además la designación de «escuela de la comunicación» en terapia familiar. Satir
hizo su aporte con la elaboración de cuatro tipos de comunicación.
Salvador Minuchin, introducido en la terapia familiar por Ackerman, elaboró en la década de 1960 en Filadelfia (en
Nueva York primero, y desde 1965 en Filadelfia) un influyente abordaje que ha recibido el nombre de «terapia
familiar estructural» Este atiende sobre todo a la diferenciación del sistema familiar en subsistemas, a su deslinde y
a sus estructuras de interacción. Junto con Minuchin trabajó de 1967 a 1976 Jay Haley, quien provenía del MRI e
hizo también una notable contribución al abordaje estructural. El propio Haley es además fundador de un abordaje
de orientación marcadamente sistémica, la «terapia familiar estratégica»
2.1 Terapia individual sistémica: comunicación y paradoja
Una «terapia individual sistémica»» en el sentido estricto del concepto sería aquella en que un terapeuta se tratara a
sí mismo tomando en cuenta aspectos sistémicos -lo cual en principio es posible, p.ej., podría intentar curarse el
insomnio por medio de una auto intervención paradójica-, pero no es lo que queremos decir aquí. «Terapia
individual» es más bien un concepto tomado de la psicoterapia usual, en que un terapeuta trabaja con un cliente
individual. Vale la pena señalar que este concepto parece indicar que no siempre se da por evidente la participación
de dos personas, cliente y terapeuta, y que la dinámica del trabajo terapéutico está presidida por gin sistema
complejo de comunicaciones (incluido el «diálogo interior» en la forma de expectativas, autodefiniciones, etc.) y de
relaciones.
“Comunicación” denota, en este contexto, toda conducta dentro de una situación interhumana por lo tanto, no se
refiere únicamente a las palabras sino que incluye todos los aspectos «paralingüísticos»» (tono de voz, acento,
modulación, velocidad, pausas, risas, etc.), la mímica, los gestos, la postura corporal, etc. Ahora bien, la
comunicación misma puede ser tomada como asunto de la comunicación, p.ej., a la pregunta (comunicación) «¿qué
hora es'?» se puede responder «¿por qué lo preguntas?»» o «¿no puedes dejar de hacerme preguntas
continuamente'?; A esta comunicación sobre la comunicación se la llama «metacomunicación»; desde luego que es
posible comunicar también acerca de la metacomunicación, lo que sería una metametacomunicación (p.ej., si la
primera persona replicara «me disgusta que respondas a mis preguntas con otras preguntas»). En teoría, para
cualquier nivel E se puede generar un nivel E' superior si los procesos de comunicación de E se toman como asunto
de la comunicación.
Ahora bien, se elaboraron algunas propiedades fundamentales (pragmáticas) de la comunicación humana, que ellos
definieron en la forma de los cinco «axiomas» que a continuación expondremos. Según ellos mismos lo entienden, se
trata de formulaciones provisionales que no pretenden ser completas. Estos axiomas (aun formulados con
posterioridad) constituyen por así decir la base de la «teoría del doble vínculo» que explica la esquizofrenia como
una perturbación de la comunicación), dada a conocer por Bateson, Jackson, Haley y Weakland en 1956. De esta
teoría del «doble vínculo» -y, en relación con ella, del análisis de la comunicación paradójica y perturbada- se siguen
estrategias para una terapia sistémica. En lo que sigue esbozamos sus aspectos esenciales.
2.2 Axiomas pragmáticos y perturbaciones de la comunicación
Axioma 1: Es imposible no comunicar. Este axioma resulta de la definición anterior según la cual toda conducta
dentro de una situación interhumana es comunicación. Perturbaciones de la comunicación, tematizadas por medio
de este axioma: se encuentran sobre todo en el terreno de la esquizofrenia: muchos autores (p.ej., Bateson et al.,
1956; Haley, 1978, primera edición norteamericana, 1963; Laing, 1977, primera edición inglesa, 1961) coinciden
con Watzlawick et al. En que el esquizofrénico se comporta como si intentara no comunicar (véase infra, para más
precisiones). Para sustraernos de una situación apremiante en que otro procura interrogarnos o reinterpretar
nuestros propios enunciados, no tenemos más salida que alejarnos, declarar de manera explícita que no queremos
seguir hablando, desvalorizar los enunciados
Axioma 2: Toda comunicación presenta un aspecto de contenido y uno relacional de tal manera que el segundo
comanda al primero y por eso es una metacomunicación. El lenguaje no comunica sólo estados de cosas sino que es
por excelencia creador de relaciones. Así, la oración « ¿Tienes tú automóvil?», según se la acentúe y según el
contexto, puede significar cosas muy diferentes, p.ej., recalcar «tú» tal vez dé a entender que uno no lo habría creído
del otro. Los enunciados nunca son enteramente unívocos. Ya por el hecho de que todo enunciado se puede entender
en sentido irónico (y por lo tanto puede significar su contrario), la diferencia entre «se entiende así» y «no se
entiende así» sólo se puede establecer en un nivel metacomunicativo. Perturbaciones de la comunicación en orden a
este axioma: se producen a menudo como contaminación de los niveles contextual y del contenido. Para sobrellevar
una controversia sobre una cuestión objetiva, p.ej., es preciso estar de acuerdo en el nivel contextual, o sea que uno
tiene que estar de acuerdo en estar en desacuerdo. Si una de las partes o las dos cuestionan esto, el resultado puede
ser una gran confusión.
Axioma 3: La índole de un contexto está condicionada por las puntuaciones que introduce el participante. El tiempo
es un fenómeno en continuo fluir; para cada situación, permite descubrir una precedente y otra consecuente. Según el
axioma 1, en toda situación producen conductas los dos participantes. Por eso para una conducta a de A se puede
descubrir una conducta b de B que la precede (y a la inversa). Se introduce una puntuación cuando esta serie infinita
de conductas es descompuesta en partes y es, así, estructurada de un modo determinado. Perturbaciones de la
comunicación referidas a este axioma: se esquematizaron ya en el ejemplo anterior. Además de la divergencia en la
interpretación causal existe otro fenómeno que puede dar lugar a perturbaciones, «la profecía que crea las bases
para su propio cumplimiento».
Axioma 4: La comunicación humana se vale de modalidades digitales y analógicas. Las comunicaciones digitales
tienen una sintaxis lógica compleja y variada pero una semántica insuficiente en el terreno de lo contextual. Las
comunicaciones analógicas, por el contrario, poseen este potencial semántico, pero carecen de la sintaxis lógica
requerida para una comunicación unívoca. Perturbaciones de la comunicación referidas a estas modalidades
digital/analógica: responden con frecuencia a los ya esbozados problemas de la plurivocidad y la dificultad de
traducción. En un trabajo sobre perturbaciones de la comunicación, Bateson y Jackson (1964) formulan incluso la
hipótesis de que los síntomas histéricos serían una retraducción de material digital en analógico, p.ej., un dolor de
cabeza que se adujo verbalmente para librarse de un requerimiento, pasa a ser después una realidad subjetiva y se
produce en efecto. La particular problemática que es consecuencia de una contradicción entre aspectos analógicos y
digitales se volverá a considerar más adelante, a raíz de la teoría del «doble vínculo».
Axioma 5: Los decursos de la comunicación interhumana son simétricos o bien son complementarios, según que la
relación entre los participantes se base en una igualdad o en una diferencia. La conducta se acrecienta de manera
simétrica (el desafío es «respondido» con más desafío, y este con un desafío aún mayor, etc.); si a y b son diferentes y
se complementan entre sí (p.ej., a: dominación; b: sumisión; o bien a: estar desvalido; b: asistir), esta conducta
complementaria de igual manera se acrecienta en reciprocidad (p.ej., la asistencia puede volver al otro todavía más
desvalido y «requerir» más asistencia, etc.). En ambos casos, los dos participantes, sobre la base de una interacción
diferenciada, perciben su conducta como una «reacción necesaria» ante la conducta del otro. Las perturbaciones en
estas interacciones simétricas y complementarias: provienen sobre todo de una opción rígida, excluyente, entre una
de las dos posibilidades, mientras que si la relación de ambos participantes es buena, aquellas dos formas concurren
y se pueden intercambiar de una manera enteramente flexible.
2.3 Conceptos y aspectos de la comunicación desde el punto de vista sistémico
En lo que sigue, sin más cuestionamientos, elucidamos algunos conceptos centrales que tienen importancia tanto en el
abordaje de teoría de la comunicación de Watzlawick et al. Como en los demás abordajes de la terapia sistémica:
A) Realimentación y regulación: Ya hemos considerado en particular el aspecto de la circularidad o realimentación
(«feedback»): el influjo de un elemento, A, sobre otros, B, C, etc., revierte sobre A (con una demora en el tiempo).
En la cibernética se distingue entre realimentación positiva y negativa: en la realimentación positiva, la
desviación respecto de un «valor normal» conduce a una desviación más grande, y a su vez está a una todavía
mayor, etc.; el sistema, por así decir, explota. En cambio, en la realimentación negativa esa misma desviación se
corrige por la activación de mecanismos que operan en el sentido contrario y reconducen el sistema a su estado
inicial. Por lo tanto, un sistema con realimentación negativa muestra una considerable estabilidad.
B) Sistemas cerrados y abiertos: En los sistemas cerrados sólo existen relaciones entre los elementos del propio
sistema. En los abiertos, en cambio, existen además relaciones entre elementos del sistema (al menos algunos de
ellos) y otros elementos que no pertenecen al sistema. Los sistemas vivos son por principio abiertos porque
intercambian con el medio materia, energía o información.
C) Homeostasis, calibración, función de los niveles: Durante mucho tiempo, el aspecto de la realimentación
negativa fue casi el único considerado, o sea que los sistemas se abordaron desde el punto de vista del modo en
que se regulaban a sí mismos, es decir, permanecían estables frente a la variación de las condiciones del
ambiente y se ajustaban a un determinado equilibrio. En lugar de «equilibrio» o de «estabilidad» se habla
también de «homeostasis».
A la morfostasis, la estabilidad dentro de un ambiente que varía, se contrapone la morfogénesis, el cambio estructural
que se vuelve necesario ante modificaciones demasiado grandes del ambiente. Estos procesos se suelen consumar por
saltos discontinuos cuyo resultado no se puede prever con exactitud. Tras uno de estos saltos (que se podría describir
formalmente por medio de la teoría de las catástrofes), el sistema reencuentra un equilibrio, o sea que durante el
salto fue necesaria una realimentación positiva, pero ahora se restablece una realimentación negativa. A manera de
ejemplo pensemos en un grifo que se abra lentamente: al comienzo el chorro es parejo; después, a partir de un
determinado volumen del agua que fluye por unidad de tiempo, adopta una determinada forma desigual, que
finalmente se vuelve a estabilizar; si el grifo se sigue abriendo, se alcanzará un nivel superior en que la forma de
repente se modifique, etc. Se dice que el sistema «se calibra» en otro «nivel», o sea que el sistema es apartado del
equilibrio hasta el punto en que en otra forma tiene que encontrar una nueva estructura de equilibrio, que se
mantiene (al comienzo) estable.
2.4 Paradojas comunicativas y «doble vínculo»
«Una paradoja se puede definir como una contradicción que deriva de una deducción consecuente a partir de
premisas exentas de contradicción» (Watzlawick et al., 1969, pág. 171).
En la vida cotidiana se pueden dar indicaciones que sean paradójicas, es decir, insostenibles lógicamente. Un
ejemplo típico es la exhortación hecha a la persona A: « ¡Sé espontánea! ». Como la espontaneidad se define en
principio por el hecho de no ser deliberada, aquella exhortación no puede ser acatada. Porque si A acata la
exhortación, no es espontánea. En el momento en que la persona A acepta este «juego», ya ha perdido. Watzlawick
et al. Llaman a esto una «paradoja pragmática». La posibilidad de encontrar una salida adecuada está en
metacomunicar, es decir, en señalar la imposibilidad lógica de acatar la exhortación. Ahora bien, esta salida puede
estar bloqueada por estar prohibido metacomunicar y/o por el hecho de no ser trasparente la paradoja lógica que
está en la base de la exhortación
Con esta ilación argumental se insinúa una explicación de la «esquizofrenia» como reacción adecuada frente a
situaciones insostenibles, que ha sido formulada por Bateson. He aquí las características esenciales del «doble
vínculo»:
a) Dos o más personas mantienen entre ellas una relación que para una o para todas tiene una elevada importancia
vital psíquica y/o física (la constelación típica es la de madre-hijo).
b) Dentro de este contexto, se produce una comunicación que: 1) enuncia algo; 2) enuncia algo sobre el propio
enunciado, y 3) está compuesta de modo que los dos enunciados se niegan uno al otro o son incompatibles entre
sí. En el caso de una exhortación a actuar, se trata por lo tanto de una de las paradojas que describimos antes.
En el caso de una definición de «yo» o de «tú», la persona definida es sólo si no es, y a la inversa.
c) El receptor de esta comunicación no puede sustraerse de la estructura relacional así construida ni por
metacomunicación ni por retraimiento. Aunque carece de sentido lógico, la comunicación es una realidad
pragmática. Es imposible no reaccionar a ella, pero es imposible también dejar de comportarse de manera
paradójica porque la comunicación misma es paradójica.
Para la génesis de una esquizofrenia se agregan otros dos elementos:
d) Un «doble vínculo» frecuente o crónico induce expectativas habituales de difícil modificación respecto de la
naturaleza de las relaciones humanas, expectativas que a partir de cierto momento ya no necesitan de ulterior
refuerzo.
e) La conducta paradójica causada por el «doble vínculo» tiene a su vez los correspondientes retroefectos, y esto
eterniza determinadas estructuras de comunicación. Si se la aísla artificialmente, la conducta del participante en
la comunicación que se ve más evidentemente perturbado reúne los criterios clínicos de la esquizofrenia.
Alejandro Dagfal – “breve historia de la psicología en la argentina (1896-1976)”
Con el fin de acotar el objeto de análisis, se propone una periodización de la “historia psi” en la Argentina. Período
pre-profesional (1896 – 1955): Comenzaría a fines del siglo XIX, con la creación de las primeras cátedras
universitarias de psicología) y se extendería hasta fines de los años ‟50 (con la creación de las primeras carreras de
psicología). Este periodo trata de una “psicología sin psicólogos”, entendida como una disciplina de conocimiento,
que se enseñaba en el marco de otras especialidades, era un momento de recepción de teorías. Sub-períodos
presentes:
1. Nacimiento de la psicología en Argentina: Positivismo y nación (1876 – 1925).
El nacimiento de la psicología en nuestro país puede situarse a fines del siglo XIX, en un contexto estrechamente
ligado al proyecto de la generación del ‟80 y a la fundación de la Argentina como estado moderno y nación unificada.
A esta psicología la destaca su definición como ciencia natural, a partir de una cosmovisión positivista, y su filiación
privilegiada con el pensamiento francés. El positivismo implicaba una forma de ver el mundo que se apoyaba en una
fe casi ilimitada en el progreso y en una confianza extendida en los métodos de las ciencias naturales. Una de las
figuras más importantes de este sub-período es José Ingenieros (psiquiatra, criminólogo y sociólogo), quien
desarrollo una “psicología biológica” con una influencia evolucionista. Para Ingenieros, los conocimientos que no
provenían de la clínica (es decir, del tratamiento de pacientes) o del laboratorio, carecían de un valor científico
cierto. Y este interés por la clínica fue el rasgo saliente de estos psiquiatras (entre los cuales también estaba Horacio
Piñero, otro de los primeros profesores de psicología de la UBA) que integraron lo que se dio en llamar la “escuela
de Buenos Aires”.
En 1905, en la ciudad de La Plata, se desarrolló una tradición psicológica no médica (inspiración positivista), a
partir de la cual en 1906, en la Facultad de Ciencias Jurídicas, se implementó una Sección Pedagógica para la
formación de profesores. El punto de aplicación de estas teorías eran los alumnos de las escuelas primarias, cuya
educación debía basarse en normas generales que le aportaran racionalidad, así como en determinados
conocimientos prácticos que tenían que cimentarse de manera empírica, privilegiando en sus investigaciones la
utilización de métodos experimentales y estadísticos. Por otra parte, el positivismo no solo implicaba una forma de
ver el mundo, sino también una decidida voluntad de transformarlo a partir de una concepción secular (es decir, no
religiosa) de los problemas sociales e institucionales. En ese contexto, las diversas psicologías desarrolladas en esa
época debieron hacerse cargo de problemas muy concretos, ligados a una circunstancia histórica particular, tales
como la locura y las neurosis (psicopatología), la “cruzada civilizatoria” (psicología educacional), el delito
(psicología criminológica), las masas (psicología social), la creación de una identidad nacional en los inmigrantes
(psicología política), etc.
2. La reacción anti-positivista: psicología y fisiología (1925 – 1943).
Tuvo lugar en Argentina una “reacción anti-positivista”, que se ocupó de señalar en qué medida el hombre no podía
ser reducido a su dimensión natural. Las tres visitas del filósofo español José Ortega y Gasset a Argentina sirvieron
para difundir la obra de intelectuales que anunciaba la muerte del positivismo. Ortega promovía la lectura de autores
emparentados con el neokantismo y la fenomenología, que rehabilitaban el lugar de la conciencia y de la experiencia
subjetiva como fundamento de una cientificidad diferente de aquella de las ciencias naturales. Donde antes se
hablaba de observación y experimentación, ahora debía atenderse a la comprensión y a la interpretación, poniendo
de relieve el problema del sentido. Una psicología que se interesaba más bien en problemas como los valores, la
libertad, la creación y la vida misma, desde perspectivas ligadas a la filosofía y a la historia.
El horror causado por los millones de muertes provocadas por la Primera Guerra Mundial también había
contribuido a minar la fe en la ciencia y el progreso. Y en el plano local, la creación del Colegio Novecentista, en
1917, y la Reforma Universitaria de 1918 habían traído nuevos aires, renovando tanto el ideario en boga como la
conformación de los planteles universitarios. En definitiva, la generación del Centenario, caracterizada por cierta
recuperación del idealismo y el espiritualismo de la generación del ‟37, había tomado la posta de la generación del
‟80. Uno de los principales autores de referencia de esta nueva generación fue el filósofo francés Henri Bergson
quien argumentaba que la medición y las matemáticas, pilares de los enfoques experimentales, sólo podían aplicarse
a los fenómenos psíquicos en la medida en que se los despojara de su característica más esencial: la de ser cualidad y
no cantidad. Bergson fue un referente fundamental de Alejandro Korn (psiquiatra, filósofo y político), Coriolano
Alberini (profesor de filosofía) y Enrique Mouchet (psiquiatra graduado en filosofía), figuras destacadas que se
ocuparon de la psicología en la Argentina en este período. Alberini y Mouchet tuvieron a su cargo los dos cursos de
psicología de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Mouchet: dictó un programa multifacético, incluyendo
temas de psicología experimental, psicología de la Gestalt, conductismo y, de psicoanálisis (1922). Desarrolló
también su propio sistema teórico (una psicología vital basada en la “sensibilidad interna”), además de refundar en
1930 la Sociedad de Psicología de Buenos Aires y de fundar, en 1931, un Instituto de Psicología junto a Alberini. La
obra institucional de este último alcanzó mayor relevancia que su actividad teórica, en la que adscribió a una
psicología axiológica (es decir, que considera que la conciencia solo puede entenderse como la actividad libre de
otorgar y crear valores) situada en las antípodas de la psicología experimental. Luego de la “reacción anti-
positivista”, las psicologías llamadas científicas, de corte objetivista, nunca tuvieron en la Argentina el desarrollo
que sí alcanzaron en el resto del mundo, donde imperan aún hoy en día. En nuestro país, por el contrario, siempre
primaron las psicologías centradas en la subjetividad, probablemente en virtud de la fuerte influencia del
pensamiento filosófico francés.
3. Las psicologías aplicadas: psicotecnia y orientación profesional (1943 – 1955).
Durante los años ‟40, se produjo en la Argentina un proceso de industrialización, lo que permitió la constitución de
una nueva clase obrera urbana que encontró en el peronismo una vía de acceso a la representación política.
Promediando el siglo XX la educación sería indispensable para formar las nuevas generaciones en el espíritu de esa
época, atravesada por ideales de justicia social. Con ese fin, la educación necesitaba incorporar la utilización de
técnicas innovadoras, basadas particularmente en la psicología aplicada. A diferencia de la universidad, que era un
foco opositor, la escuela parecía ser mucho más permeable a las estrategias del poder central lo cual la hacía apta
para la implementación de esas nuevas técnicas de intervención psicológica. Sin embargo estos abordajes novedosos
debían coexistir con elementos conservadores, ligados a valores espirituales, a la vida familiar y al respeto al líder.
En todo caso, justo sería reconocer que en esa época la escuela también constituyó un instrumento de modernización
social, particularmente por su articulación con el mundo del trabajo. Las industrias incipientes tenían necesidad de
un nuevo tipo de mano de obra, mejor formada y más motivada. De tal modo, la elección de una profesión u
ocupación ya no podía resultar de una decisión improvisada, sino que tenía que ser el fruto de un proceso tan
científico como fuera posible, y en ese marco la orientación profesional y la psicotecnia adquirían su importancia. Así
en 1948, se creaba un Instituto de Orientación Profesional en la esfera de la Dirección General de Escuelas de la
provincia de Buenos Aires, y en 1949, la Constitución Nacional reformada detallaba esos derechos referidos a la
orientación profesional de los jóvenes. En ese marco, por primera vez en la Argentina los docentes de muchas
escuelas se formaron para administrar a gran escala pruebas psicométricas y cuestionarios psicológicos.
Al mismo tiempo, en las universidades más importantes, en las que muchos de los antiguos profesores reformistas
habían sido reemplazados, la psicología seguía ligada a preocupaciones teóricas, a partir de posiciones filosóficas
más tradicionales. Esta difusión extendida de las prácticas psicológicas condujo a la organización del Primer
Congreso Argentino de Psicología, realizado en 1954 en San Miguel de Tucumán. También se forjaron los acuerdos
conducentes a la creación de la carrera de psicología, que sólo pudieron plasmarse en ese período en la creación de
la primera carrera en la ciudad de Rosario en abril de 1955. Sin embargo, el golpe de Estado del mes de septiembre
hizo que esta carrera fuese cerrada, para reabrirse recién en 1956, bajo condiciones muy diferentes.
En el pasaje del primer al segundo sub-período puede reencontrarse en Argentina, más tardíamente, el mismo pasaje
entre ciencia natural y disciplina del sentido que Foucault sitúa en Europa entre fines del siglo XIX y principios del
siglo XX (Foucault, 1957). En efecto, según veremos, en nuestro país, ese cambio de referencias (entre una psicología
guiada por una cosmovisión positivista y una disciplina que más bien recusaba los fundamentos de ese modelo de
ciencia para privilegiar otro tipo de métodos) recién se produjo dos o tres décadas más tarde. Los problemas de la
recepción de las teorías y conceptos no se limitan a las traducciones y desplazamientos entre espacios culturales
nacionales; también la circulación y las trasposiciones entre campos disciplinares configurados como “culturas”
diversas con lenguajes y reglas propios, exige tomar en cuenta el problema de la recepción como una práctica activa
que modifica aquello sobre lo que se aplica. La recepción no implica una mera copia de lo original ya que, por
ejemplo, la recepción argentina de la teoría general de la conducta de Daniel Lagache incorporó una dimensión que
no existía en absoluto en la obra de ese autor, que postulaba la unidad de la psicología en torno de un único objeto.
A continuación, el período profesional…
Se caracteriza por la emergencia del psicólogo como profesional y por diversos problemas como el de su formación
universitaria, sus competencias específicas, sus preferencias teóricas, sus modelos de práctica, su relación con otros
especialistas (como el psiquiatra o el psicoanalista), su habilitación por parte del Estado, su reconocimiento social,
su organización gremial, su identidad profesional, etc. No obstante, esta división de la historia en dos tiempos no
implica que antes de la profesionalización no haya habido prácticas psicológicas. De hecho, ya a fines del siglo XIX,
en nuestro país, la psicología había servido, por un lado, para interpretar la realidad social y política, y, por el otro,
como un saber aplicado, que pretendía resolver problemas de orden público. Del mismo modo, después de la
creación de las carreras, además de convertirse en profesión, la psicología tampoco dejó de existir como disciplina
de conocimiento.
4. La “invención” del psicólogo: psicología y psicoanálisis (1955 – 1966).
El inicio de este periodo se corresponde con el advenimiento de la autodenominada “Revolución Libertadora” y su
fin coincide con el derrocamiento de Arturo Illia, la “noche de los bastones largos” (vaciamiento de profesores de las
universidades que se fueron alojando en diferentes institutos como el Di Tella) y la intervención de las universidades
públicas. Se desarrolló una renovación social y cultural, en el seno de la cual las universidades se democratizaron,
incorporaron nuevos profesores y modernizaron sus planes de estudios. Así, se crearon carreras de psicología en
cinco universidades nacionales: Buenos Aires (1957), La Plata, Córdoba y San Luis (1958) y Tucumán (1959). Al
mismo tiempo, el psicoanálisis (cuya primera asociación oficial había sido creada en 1942) dejaba de ser patrimonio
exclusivo de algunos médicos vinculados con las élites porteñas, para insertarse en ámbitos diversos, desde los
hospitales públicos hasta las carreras de psicología.
A su vez, la psicología se nutría de ciertas formas del psicoanálisis, proyectándolo a la escena pública, más allá de
los consultorios privados y de la asociación oficial. Se destacan en este periodo figuras como la de Enrique Pichon-
Rivière y su discípulo José Bleger, psicoanalistas que se dedicaban también a la psicología, sin por ello dejar de ser
psiquiatras. Presentaban una corriente progresista que se inspiraba en el psicoanálisis y las ciencias sociales,
promoviendo el trabajo en equipo con psicólogos y trabajadores sociales, la cual ingresó en las carreras de
psicología, incidiendo de manera decisiva en la orientación de la formación. A fines de los años „50, cuando se
produjeron las primeras disputas con la corporación médica por el derecho al ejercicio de las psicoterapias, muchos
psiquiatras progresistas apoyaron la posición de los futuros psicólogos, oponiéndose a buena parte de sus propios
colegas. Así, en 1959 a 1962, los psicoanalistas y psiquiatras ligados a la salud mental se convirtieron en referentes
fundamentales para los estudiantes de psicología. El proceso de “clinicización psicoanalítica” se produjo en contra
de la voluntad explícita de los profesores que habían participado en la creación de las carreras, a pesar de la férrea
oposición de los psiquiatras y a pesar de la desaprobación de la Asociación Psicoanalítica Argentina (A.P.A) que
aspiraba a mantener el monopolio de los “usos legítimos del psicoanálisis”. Por otro lado, el ejercicio de las
psicoterapias por parte de los psicólogos no contaba con ningún sustento legal.
La implantación del psicoanálisis en la cultura fue una condición de posibilidad para la consolidación de ese modelo
profesional de “atención de pacientes en consultorio privado” que durante décadas se desarrolló al margen de las
regulaciones estatales. Enrique Butelman, Jaime Bernstein y Gino Germani (intelectuales, docentes y editores),
jugaron un rol decisivo en la construcción de un público ampliado para la “nueva psicología”: por un lado,
dirigieron las carreras de psicología de Buenos Aires (Butelman) y Rosario (Bernstein), además de la carrera de
sociología de la UBA (Germani), donde elaboraron planes de estudios y promovieron la contratación de profesores
afines. Por el otro, a través de la editorial Paidós, tradujeron a autores extranjeros y publicaron a autores locales
que situaban la psicología y el psicoanálisis en el seno de las ciencias humanas y sociales. Enseñaron materias de la
formación básica de los psicólogos, dándoles los elementos teóricos fundamentales para entender la psicología como
una disciplina del sentido. La identidad profesional de los psicólogos fue forjándose de manera proactiva, en
relación con los modelos que les brindaban algunos psiquiatras reformistas, ciertos psicoanalistas y algunos
profesores, que les reconocían competencias específicas para trabajar en el ámbito clínico, ya sea en grupo o de
manera individual.
Al mismo tiempo, esa identidad profesional se constituyó de manera reactiva, en rechazo de los roles subalternos
propuestos por los fundadores de las carreras, los analistas más tradicionales y los psiquiatras asilares, quienes
esperaban que el psicólogo se desempeñara como auxiliar del psiquiatra, como testista, como psicotécnico o como
consejero. Por lo que los psicólogos se aferraban cada vez más al ejercicio de las psicoterapias desde una
perspectiva psicoanalítica. Los primeros psicólogos que se graduaron en la carrera de psicología de la UBA
fundaron en 1962 “la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires” debido a la necesidad de organizarse en el marco
de las luchas por el ejercicio de la psicología. Paralelamente al ejercicio profesional en el ámbito público, los jóvenes
psicólogos (en su gran mayoría mujeres) comenzaron a atender pacientes en sus consultorios privados, a la vez que
emprendían (o continuaban) sus propios análisis de manera individual o grupal. Se iniciaba así una tradición según
la cual los psicólogos argentinos iban a combinar actividades institucionales más o menos precarias, más o menos
mal remuneradas, y una práctica privada cada vez más reconocida, que se mantenía al abrigo de la regulación
estatal y de los vaivenes de la vida política del país.
5. El psicólogo como psicoanalista. La recepción del Lacanismo (1966-1976)
A partir de la segunda mitad de los años ‟60, la recepción del estructuralismo francés planteó una disyunción
excluyente entre psicoanálisis y psicología. En efecto, al apropiarse de las enseñanzas de Jacques Lacan
(psicoanalista francés), muchos psicólogos, además de utilizar el psicoanálisis como referencia teórica privilegiada,
lo adoptaron también como matriz identitaria. Así, se identificaron como psicoanalistas y debieron renunciar a su
identidad profesional como psicólogos. Si la psicología implicaba ahora un “error de perspectiva” (en la medida en
que se centraba en las conductas conscientes y no en sus determinismos inconscientes), el psicoanálisis no sólo no se
presentaba como una psicología, sino que pretendía impugnar todas las psicologías ya que privilegiaba el punto de
vista de la conciencia.
Una figura importante de este período es Oscar Masotta (filósofo autodidacta) que, en ese momento de cambios y
vacilaciones, comenzaba a interesarse en Lacan y el estructuralismo, sin renunciar del todo, aún, al existencialismo.
A fines de los ‟60, se convertiría en uno de los referentes de los psicólogos de sus grupos de estudio. Para ese
entonces, Masotta ya habría hecho su elección, convirtiéndose en lacaniano. Del mismo modo, no pocos de sus
seguidores estaban dispuestos a abandonar la alianza entre el psicoanálisis kleiniano, la psicología francesa, la
fenomenología existencial y el marxismo reformista (promovida por Pichon-Rivière y Bleger) para dejarse seducir
por las enseñanzas de Lacan y Althusser. Se configuraba así un nuevo rol profesional que, en gran medida, sigue
vigente hoy en día: el del psicólogo-psicoanalista de filiación lacaniana, en la cual los modelos intelectuales y
profesionales privilegiados seguirían estando ubicados en Francia. En el marco en el que el monopolio de la
Asociación Psicoanalítica Argentina había sido fuertemente cuestionado por los centenares de psicólogos que
ejercían el “análisis profano”, a fines de 1971 se produjeron las primeras grandes escisiones, con el
desprendimiento de los grupos “Plataforma” y “Documento”, que implicaron para la institución la pérdida de casi
un tercio de sus analistas didactas, además de muchos de sus miembros adherentes y candidatos.
Los analistas renunciantes cuestionaban la organización jerárquica y la supuesta neutralidad de la APA respecto de
una escena social cada vez más conflictiva. Rápidamente se acercaron a otros psiquiatras, psicólogos y trabajadores
sociales comprometidos en el movimiento de la salud mental, participando en instituciones como la Federación
Argentina de Psiquiatras, la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental, el Centro de Docencia e
Investigación, etc. Paralelamente, el lacanismo adoptaba nuevas formas organizativas, de tal suerte que, en 1974, se
creó la Escuela Freudiana de Buenos Aires, la primera institución lacaniana en el Río de la Plata. Y es difícil saber
qué hubiera sucedido con este circuito alternativo a la universidad en el que comenzaban a involucrarse los
psicólogos, ya que, en 1976, el golpe de estado interrumpió violentamente este proceso. El corte abrupto de la vida
democrática que trajo aparejado el golpe de 1976 implicó el cierre (o la suspensión de la inscripción) en muchas de
las carreras de psicología en universidades públicas, así como el desmantelamiento de muchas instituciones de los
circuitos considerados “progresistas”. En un contexto signado por la persecución política y una represión,
numerosos docentes se exiliaron o fueron cesanteados, con la consecuente desintegración de sus equipos de trabajo.
Es difícil estimar a ciencia cierta la cantidad de desaparecidos en el campo de la salud mental, entre docentes,
profesionales y alumnos, aunque nadie discute que fueron más de una centena. En este marco, es comprensible que
toda práctica de tipo grupal o colectivo pasara a ser sospechosa (y, por ende, peligrosa) mientras que el consultorio
privado se constituía en una suerte de refugio. Se reforzó así el rol del psicólogo como profesional liberal, que
atiende pacientes de manera individual, en detrimento de otro tipo de experiencias que sólo habían sido posibles en
contextos más propicios.
La reapertura democrática, a fines de 1983, implicó un renovado auge de los estudios psicológicos en la Argentina. A
partir de la normalización de las universidades y la reapertura plena de las carreras de psicología, el fenómeno de la
masividad fue acompañado por la adopción del lacanismo como marco teórico de la mayor parte de las cátedras
clínicas (al menos en las universidades públicas). En nuestro país, la recepción del psicoanálisis lacaniano recién
llegaría a su punto máximo durante este período, aunque más alejado de las lecturas marxistas y más cercano a las
teorizaciones de tipo clínico. En cuanto a la implantación de la psicología en la sociedad, la mayoría de los
testimonios coinciden en señalar que fue una época en la que los consultorios “rebozaban de pacientes”
Alejandro Dagfal – “entre parís y buenos aires” (capítulo 2)
Pichón Riviere una biografía entre el mito y la leyenda
Enrique Pichón Riviere es sin duda uno de los protagonistas más apasionantes de la historia psi en el rio de la plata.
Psiquiatra y psicoanalista, devenido psicólogo social, conocedor de los placeres de la vida y amigo de la noche. Por
un lado, fue uno de los miembros fundadores de la APA, de la cual se separaría –y sería apartado-durante los años
60´. Por otra parte en el imaginario de muchos psicoanalistas, Pichón sigue siendo el padre simbólico del lacanismo
argentino, ya que todo indica que habría sido el, quien a fines de los años 50 introdujo a Oscar Masotta en la obra
lacaniana. En todo caso, gracias a un recorrido poco ortodoxo y lleno de contrastes, pichón terminaría
transformándose en el representante de una psicología “de base psicoanalítica” que se implantó en la sociedad
luego de encontrar un público ampliado, incluso más allá de la institución analítica y la universidad.
En 1910, partiría junto a su familia rumbo a buenos aires, para instalarse luego en el nordeste argentino, en las
provincias de chaco y corrientes. Aquel fue el escenario de la infancia de pichón, quien de ahora en más se vería
apodado como “el francesito”. A los 18 años el joven enrique partió a rosario, con el fin de iniciar sus estudios de
medicina. Supuestamente allí fue contratado como profesor de urbanidad y de francés, para que las prostitutas
polacas parecieran verdaderas francesas. Sin embargo, una fuerte neumonía lo obligo a regresar a Goya antes
devolver a partir, esta vez hacia buenos aires. Allí retomó la carrera de medicina, mientras se alojaba en una
pensión, donde conoció a escritores como Roberto Arlt, un verdadero caudillo de la provincia. Según su relato, Arlt
habría sido un verdadero Amigo y mentor. Este hombre todavía ignoto y de bajo perfil, habría llevado por primera
vez a pichón a un estadio de futbol, y lo acompañaría más tarde en las páginas del diario “critica”.
La fascinación por el misterio y la tristeza fueron sentimientos que se hicieron presentes a lo largo de toda la vida y
obra de pichón. El los atribuía en parte a su exposición al mundo mítico y pensamiento mágico de los guaraníes, cuya
cultura situaba a la muerte como valor organizador: “la tristeza me acompaño toda la vida; acaso por eso no
recuerdo ninguna tristeza especial de mi niñez (…)”. El recorrido de pichón iba a estar marcado por este origen
melancólico y confuso, que estimularía en él una sed insaciable de saber de todos los dominios. En efecto, hacia
1934, antes de recibirse, pichón había comenzado a ejercer como practicante en el asilo oligofrénico de torres, en la
provincia de buenos aires. Allí realizo algunas investigaciones sobre los problemas sexuales de los “débiles
mentales”, asombrándose por las propiedades benéficas de la práctica de futbol con los pacientes internados. En
1936 obtiene finalmente su diploma, antes de casarse con Arminda Aberastury, la hermana de su compañero de
estudios, Federico Aberastury. Quien al parecer tuvo gran influencia sobre los intereses de pichón, introduciéndolo
en la literatura del campo psicoanalítico, desde una perspectiva heterodoxa, desde el lado de autores como Adler y
Jung, esto tendría un papel muy importante en la futura profesión de pichón. También lo habría llevado a unirse a la
heteróclita asociación de biotipología, eugenesia y medicina social.
La psiquiatría, la muerte y el psicoanálisis
En 1936, pichón accedió a un cargo por concurso como médico en el hospicio de las mercedes, institución tan
monumental como decadente y emblemática de la vieja psiquiatría. Poco después, en 1938 comenzó a atender
pacientes en su consultorio privado, tratando las “enfermedades nerviosas y mentales de pacientes adultos y niños”.
Ese mismo año publico una monografía psiquiátrica sobre la historia de las concepciones de los delirios crónicos.
Una comparación entre escuela francesa y escuela alemana, hecha desde una perspectiva dinámica, ya aludiendo a
Autores como Henri Claude y jaques lacan. En esta época comenzó a frecuentar a Arnaldo Rascovsky, un pediatra
amigo de Federico Aberastury. Juntos, pichón riviere y Rascovsky, iban a funcionar como el núcleo local que
posibilito la asociación psicoanalítica argentina a fines de 1942. Con ese fin, debieron esperar la llegada de ángel
garma, un psiquiatra español que escapaba de la guerra civil, Celes cárcamo, un especializado neuropsiquiatra en
parís y Marie langer, una médica austriaca que huía del nazismo. Todos ellos habrían recibido en Europa una
formación analítica, que incluía el análisis didáctico.
A decir verdad, el encuentro de pichón con el psicoanálisis se había producido en contextos bastante particulares. A
fines de los años 30, el joven psiquiatra hacia sus primeros tanteos en el medio asilar. Confrontando la realidad de la
angustia y el encierro, siempre trato de producir ideas innovadoras. Ante la falta de atención terapéutica de los
alienados, recurría a un arsenal de métodos heterodoxos y alternativos, desde el futbol hasta el psicoanálisis, por no
mencionar la formación grupal de los enfermos. A principio de los años 40, pichón haría de la epilepsia el
paradigma de la psicosis y de la enfermedad mental en general, lo cual entrañaba varias consecuencias. En primer
lugar, esto implicaba un doble desplazamiento con relación a la histeria. La histeria destacaba la feminidad y el
cuero sexuado, la epilepsia pichoniana venía a plantear el problema masculino del cuerpo torturado por la
agresividad, la culpabilidad y la pulsión de muerte. Interpretaba entonces la crisis epiléptica como una formación
sintomática, como el resultado de un conflicto primario entre el odio mortífero de un superyó sádico y las débiles
defensas de un yo masoquistas. Las convulsiones configuraban situaciones cercanas a la muerte, que servían de
exutorio para la violencia de la energía superyoica.
Pichón fue uno de los introductores del electroshock en argentina, consideraba que este tratamiento implicaba una
suerte de epilepsia artificialmente provocada, “una pseudo muerte”. Era entonces la forma de aliviar al yo
satisfaciendo sus tendencias masoquistas y engañando al superyó. Por otra parte, con la misma lógica, pichón
experimentaba con drogas con el fin de provocar convulsiones a repetición, supuestamente menos riesgosas que el
electroshock. Combinaba este enfoque con la narco terapia, la cual llamaría más tarde “narcoanálisis”. Siguiendo el
modelo abreactivo de Freud, administraba medicamentos a los enfermos, con el fin de inducirlos en un sueño y de
facilitar así los conflictos inconscientes y su asimilación parte del yo. En suma, si la convulsión ayudaba a eliminar el
conflicto más importante (entre el yo y el superyó), la abreacción luego del sueño inducido resultaba en un buen
complemento, aliviando la tensión entre el yo y el ello.
En los años 40, podría decirse que pichón solo recurría al psicoanálisis como psiquiatra. Aunque este fuera uno de
los fundamentos de su síntesis teórico-práctica, hasta los años 50, pichón mantendría una identidad profesional
fuertemente médica y psiquiátrica. Y eso se tradujo en el plano discursivo de una búsqueda continua de referencias
empíricas externas. Ya en 1943 pichón aplicaba su hipótesis sobre la epilepsia, tanto en neurosis obsesiva como en
jaqueca. Sin embargo, pichón siempre tenía la necesidad de argumentar su investigación sobre una base empírica
ampliada, legitimándose por el sesgo de numerosas referencias literarias, en cuanto a la jaqueca, tres años más tarde
en 1946, pichón le dedicaría un estudio de caso digno del maestro vienés (Freud). En resumen de este primer periodo
psiquiátrico de la obra de enrique pichón riviere, ya pueden señalarse algunos rasgos particulares. Por un lado,
estaba bien ubicado en el seno de la corporación psiquiátrica local a la cual había entrado gracias a Gonzalo Bosch.
Su filiación analítica no le impedía tejer lazos estrechos con sus colegas médicos “no iniciados”.
La falta de referencias científicas excluyentes le confería una libertad sin límites para servirse de elementos y
tradiciones diversas, para construir su propia doctrina y erigirse a sí mismo como maestro y referente. Esto
comenzaría a hacerse evidente en 1951, año en el que pichón realizaría con su esposa un largo viaje por Europa,
cuyo recorrido anticiparía en cierto modo el itinerario posterior del psicoanálisis en argentina: del consultorio de
Melanie Klein al de Jaques Lacan.
La recepción local de la obra kleiniana
Bueno es recordar que Melanie Klein fue la primer analista que logró confrontarse abiertamente en algunas de las
ideas freudianas, forjando un sistema de pensamiento original y autónomo, sin por ello transformarse en la
protagonista de una escisión o de un movimiento disidente. En 1921, huyendo del antisemitismo que asolaba Hungría,
la joven Melanie se mudó a Berlín, donde se hizo miembro de la DPG (asociación psicoanalítica alemana) e inició, en
1924, un segundo análisis con Karl Abraham. Ese mismo año, apoyada por Abraham se situó en el centro de las
primeras querellas sobre la teoría y la técnica de psicoanálisis en niños, que iban a oponerla a Anna Freud por el
resto de su vida. Mientras que la hija de Freud proponía un análisis de tipo casi “educativo”, centrado en el yo y los
mecanismos de defensa, su adversaria analizaba el juego del niño e interpretaba la transferencia a la luz de
fantasmas infantiles inconscientes. Si Klein consideraba el abordaje del niño como radicalmente diferente al
tratamiento del adulto, para Anna Freud había que analizar incluso las tendencias agresivas que dominaban al bebé
desde el comienzo de su vida. En 1925, luego de la muerte de Abraham, Ernest jones, el fundador de la asociación
psicoanalítica británica, invitó a Klein a instalarse en Londres, invitación que terminaría aceptando. Jones se sentía
teóricamente atraído por los intereses de Klein y su obra. Melanie Klein se trasformaría en un conflicto entre los
Freud y la escuela inglesa, entre Viena y Londres. En lo que respecta al contexto internacional, resulta evidente que,
en los años veinte, luego de la caída del imperio austro húngaro, el centro del reino psicoanalítico se había
desplazado de Viena a Berlín, y se estaba desplazando de Berlín a Londres. Es innegable que, desde 1932, la
aparición del primer libro de Klein habría contribuido a cambiar aún más el horizonte de problemas del grupo
británico.
Puesto a que el “salvataje” de jones del psicoanálisis alemán en su viaje a Berlín fracasó. Debido a conflictos y
malas apariencias políticas, se comenzó a implementar un programa político de “anglicización” y de
“desgermanización”. El alemán, desde la fundación de la IPA en 1910, había sido la lengua utilizada en su
organización y lenguaje materno de la mayoría de sus miembros, esto cuarenta años más tarde, se habría invertido.
En 1949, de los 800 miembros de la IPA, 450 eran estadounidenses y 122 ingleses, el 72% de ellos empleaban una
lengua anglófona.
Las primeras filiaciones del grupo fundador de la APA
Para tener una idea más precisa de las filiaciones teóricas de la APA en este periodo inicial, podemos tomar como
muestra los primeros contenidos de su órgano, la “revista de psicoanálisis”, creada en 1943. La elección de los
temas que se abordaban, de los autores que se traducían y de los debates que se comentaban aporta información
bastante reveladora sobre las relaciones preexistentes en este campo embrionario. Aberastury era una profesora de
pedagogía, graduada en la facultad de filosofía y letras de la UBA. Miembro de una familia prospera de origen
vasco, compartía la pasión de su marido por la filosofía y las artes. En 1937, mientras pichón trataba con una
paciente psicótica, en la sala de espera, ella comenzaba a atender todas las semanas a la hija de 8 años de aquella
paciente. Como el tratamiento daba sus frutos, entusiasmada, Aberastury comenzó a atender pacientes en el hospicio
de las mercedes, y a ampliar sus conocimientos en materia gracias a la lectura de los trabajos e Anna Freud. Viendo
su interés por el análisis en niños, ángel garma, su analista y analista de su marido, la oriento en 1942 hacia los
trabajos kleinianos. En 1945, ella entablaría, directamente con Melanie Klein, una correspondencia y una
supervisión epistolar que abrían de continuar hasta 1957. Es claro que los primeros intercambios entre estas dos
mujeres se produjeron en un plano eminentemente técnico, a partir de inquietudes de tipo práctico sobre las formas
concretas de proceder en el tratamiento de niños. Por ello, Aberastury no se privaba de combinar a voluntad las
técnicas de Klein con las de Anna Freud, sin preocuparse demasiado por eventuales incompatibilidades teóricas.
Las significaciones particulares de la elección kleiniana
A partir de esta exposición resumida de las primeras filiaciones del grupo fundador, hemos tratado de mostrar que la
hegemonía del kleinismo en el seno de la APA, más que un dato inicial, fue el resultado de una construcción histórica
progresiva. A primera vista, todo indica que las posiciones teóricas de los hombres eran muy ecléticas, con diferentes
matices. Las mujeres, por su parte aunque estuvieran muy al tanto de los debates teóricos más actuales, estaban más
focalizadas en intereses precisos, como la infancia y maternidad. En este sentido, la cuestión del género no resulta
indiferente. En primer lugar, del mismo modo en que el análisis de niños era “asunto de mujeres”, en los años
cuarenta, la BPS se había convertido en una “sociedad de mujeres”. En efecto, en esta época, Freud acababa de
morir en Londres, y eran dos mujeres las que se disputaban su legado. Podríamos decir que Anna Freud representaba
la disciplina y educación, situándose más del lao de la represión que de lo reprimido, del lado normativo masculino
más que del costado femenino. Melanie Klein, en cambio, se presentaba a sí misma como la mujer innovadora y
audaz que podía mantener el psicoanálisis con vida. Pretendiendo ser fiel al mejor Freud, el de los años 20, rodeada
de un cortejo de mujeres como paula Heimann, henna Segal, etc. Ella iba a aventurarse muy lejos en “el corazón de
las profundidades”, justamente donde el maestro vienés se había detenido. Como mujer podía comprender mejor las
maravillas y los horrores de la relación arcaica madre-hijo, y estaba en condiciones de aprehender la esencia de la
feminidad más allá del falo, e incluso de arriesgarse a incursionar en las entrañas de la psicosis. Teniendo en cuenta
lo anteriormente enunciado, e fácil comprender como un Marie Langer militante, que acababa de participar en la
guerra civil y que se iba a convertir en feminista, pudo finalmente preferir a Klein en lugar de Anna Freud. Aquella
Klein no solo aparecía como una fuente de inspiración teórica; para las mujeres de la APA, sería también un modelo
de identificación profesional con connotaciones de género, una mujer realizada gracias a sus propios méritos, que
había tenido el coraje de enfrentarse con la ortodoxia institucional.
Gracias a la mediación de paula Heimann y gracias al hecho de que Goode fuera bilingüe, los garma pudieron
establecer con la célebre Klein una relación bastante fluida. En consecuencia, en enero de 1952, durante el verano
argentino, pasarían unas semanas en Londres, supervisando con ella cotidianamente. Cierta vez que Klein no estaba
del todo de acuerdo con las afirmaciones de su interlocutor, le habría dicho: “el problema es que usted no es lo
suficientemente kleiniano”. “Es cierto” habría respondido Garma, “porque soy garmiano”. Más allá de la anécdota
es claro que garma, como todos los miembros de la primera generación de analistas de la APA que se hicieron
kleinianos, estaba lejos de adherir ciegamente al kleinismo y de elevarlo a la condición de dogma. Aunque los
miembros de la segunda generación estarían más que dispuestos a emprender esa tarea. Todo indica, no obstante,
que Ángel garma y enrique pichón riviere fueron los introductores del kleinismo en el plano teórico. Sin embargo, en
el nivel de práctica, sus mujeres fueron las primeras en dedicarse al análisis de niños desde una perspectiva
kleiniana. Pichón, cautivado como estaba por el mundo mágico de su infancia, encontraba en la teoría kleiniana una
herramienta especialmente apropiada para canalizar sus inquietudes literarias y estéticas. Por añadidura, el sujeto
pichoniano, tanto como el de garma, era desde el inicio un “sujeto sujetado”, a merced del inconsciente y del
superyó. Se trataba en definitiva, de un sujeto traumatizado y culpable, mucho más cercano al sujeto de Klein y
Abraham que al de las concepciones de Anna Freud y los freudo-americanos.
Los avatares del kleinismo en el triángulo Buenos aires-parís-Londres
El lector se sorprenderá de constatar que, en el ámbito del psicoanálisis, las relaciones parís-buenos aires y Londres-
buenos aires a menudo eran más estrechas que las que unían las dos capitales europeas entre sí. Para esclarecer
algunos aspectos del segmento parís-bs as de este triángulo, serpia necesario recordar que dos de os fundadores del
movimiento analítico argentino habían hecho una parte importante de su formación en Francia. Garma conoció a
rene laforgue y Daniel lagache en el instituto de la SPP, con este último iba a entablar una relación de amistad que
duraría hasta el final de sus vidas. También conoció allí a celes cárcamo, que completaba entonces su formación
psiquiátrica. Estos dos hombres de características muy diferentes habrían soñado por primera vez en los cafés de
parís, con fundar un movimiento psicoanalítico en la argentina. Antes de convertir el sueño en realidad, Cárcamo
seria aceptado como miembro de la SPP en 1939, y se casaría, al igual que garma, con una mujer francesa. En este
contexto, teniendo en cuenta además los orígenes franceses de pichón, podía entenderse mejor que en 1947, Willy
Baranger, un joven francés diplomado en filosofía hubiese escrito a lagache una carta donde contenía, además de un
proyecto personal de una tesis, el proyecto de una editorial, tendiente a estimular los intercambios entre la APA y la
SPP. De este modo, en un periodo muy corto y a pesar de su juventud, baranger logró ubicarse en el centro de un
proceso d aproximación entre las dos sociedades, que por otra parte, estaban cercanas en cuanto a razones culturales
e incluso personales. Fue en 1946, en una de las primeras conferencias de pichón sobre el conde lautreamont, allí
donde el joven filósofo, queriendo situar su enseñanza conoció a pichón riviere. Ese encuentro fue crucial para el
cambio de vocación que habría de llevarlo al psicoanálisis.
En el plano editorial, los contenidos de la revista francesa de psicoanálisis, a partir de su reaparición en 1948, serian
la mejor prueba del éxito de Baranger. Además, si carácter de poliglota le permitió, en 1954, con su esposa
Madeleine, traducir el primer libro de garma, un libro psicoanalítico de un autor hispanohablante al francés. Se trata
de un hecho remarcable, aún más si se tiene en cuenta que, en esa época, ningún trabajo de Melanie Klein había sido
todavía traducido al francés. Sin embargo, esto es en especial cierto, que en esos años la revista de psicoanálisis no
aumentó su cuota de artículos en francés significativamente. Al menos hasta 1953, la cantidad de artículos de autores
pertenecientes a las corrientes anglo-americanas continuó siendo mayor que la de los franceses. En general era
común encontrar como Klein, Menninger y Bellak. Por supuesto no faltaban los clásicos: Freud, Ferenczi, Abraham,
etc. Durante este periodo, todo indica que en parís se leía de buen agrado algunos autores argentinos, lo cual no
ocurría con los de la escuela inglesa. Simultáneamente, en bueno aires se leía con mayor facilidad a los ingleses y
norteamericanos que a los franceses, en suma es curioso, la producción psicoanalítica argentina, que más allá de su
originalidad, estaba influenciada y expresada en un lenguaje kleiniano, la misma fue mejor recibida que la propia
obra de Melanie Klein.
La recepción de Melanie Klein en Francia
En realidad, la historia de la recepción de Klein en Francia no fue saga de conquistas, sino de fracasos y
malentendidos. En ese sentido, el comienzo de la ayuda de lagache, de la que la analista austro-inglesa hablaba en
sus cartas, puede fecharse en 1939, cuando este citó por primera vez la versión alemana de “Die psychoanalyse des
kindes”, específicamente a propósito de las técnicas del psicoanálisis de niños. A fines de 1939, una reunión entre la
BSP y la SPP tuvo lugar en londrres, con el fin de proceder a una elucidación más amplia de los puntos de vista
divergentes de Klein y anna Freud. Cabe destacar que el establishment del psicoanálisis francés, pese a su
ecleticismo teorico, siempre había estado más cerca de Anna Freud. Después de todo o hay que olvidar que, en el
plano político-institucional, ella encarnaba la legitimidad de la filiación paterna. En ese contexto, no resulta extraño
que la otra persona involucrada en la recepción de Klein haya sido jaques lacan, quien era entonces compañero de
ruta de lagache. Ya en 1938 Lacan había citado a Klein en su texto sobre familia, aparecido en la enciclopedia
francesa, respecto del origen de los fantasmas de fragmentación que preceden a la castración. Diez años más tarde la
volvería a citar, en 1948, sobre la agresividad, definiendo la cura analítica en relación con la posición paranoide
kleiniana, como una paranoia dirigida. Klein por su parte, en una carta dirigida a Clifford Scott el mismo año,
hablaba de lacan como “el miembro más progresista” de la SPP. En junio de 1949, la analista volvió a parís por
primera vez después del estallido de la guerra, con motivo de la XII conferencia de psicoanalistas de lengua francesa,
cuyo tema era el narcisismo.
Ese fue, quizás, el punto de mayor acercamiento entre estos dos innovadores del psicoanálisis, unidos por la
transgresión. En el futuro no habría entre ellos sino desencuentros, particularmente respecto de la traducción
francesa del primer libro de Klein, que ella apreciaba tanto. Al haber sido desacreditado lacan, quien había sido el
primero en defenderla en el plano intelectual, paradójicamente, la recepción francesa de la obra kleiniana quedaba
en manos de alguien que no la valoraba demasiado. En suma, podríamos decir que, a principios de los 50, aunque
Klein le hubiera interesado mucho conquistar el público francés, lejos estaba de conseguirlo. En cambio, aunque eso
le interesara menos, su nombre ya era más que conocido en el río de la plata.
Los pichón-riviere entre Londres y parís
Todo este largo rodeo sirve para mostrar el contexto en el cual, en 1951, Pichón Riviere, entonces presidente de la
APA, inicio su recorrido europeo con Arminda Aberastury. Esta última, según vimos, había mantenido con Melanie
Klein una correspondencia regular a partir de 1945. Después de haber terminado la traducción de su primer libro,
había obtenido también los derechos de traducción del resto de su obra, incluyendo los trabajos aun no publicados.
De este modo, la pareja llegó a Londres, donde Arminda, entre otras actividades, puedo supervisar con Klein. Luego
de la visita a Inglaterra, los pichón riviere atravesaron la mancha para visitar la capital francesa. Si el pasaje por
Londres había sido fundamental para Arminda, la estadía en parís, según el relato del mismo pichón, parece haber
sido una parodia del regreso de hijo prodigo. Encontramos aquí a “pichón el legendario”, situado una vez más bajo
auspicios literarios del conde lautreamont. Supuestamente colmado de atenciones por Breton y Lacan, se presentaba
como teniendo todo que explicar y nada que aprender. Una cosa parece ser indudable: a parte de su filiación freudo-
kleiniana, el único linaje que pichón reconoció de buena gana a lo largo de toda su carrera fue el de los artistas
malditos y los pensadores marginales. Sin embargo, su insistencia en este punto no debe hacernos perder de vista que
el motivo de su visita a Francia junto a su esposa era su participación, como invitado “oficial”, en la XIV conferencia
de psicoanálisis de lengua francesa, organizada por la SPP en 1951. En parís, Arminda tuvo también la posibilidad
de hacer sus propias relaciones. Primeramente, dio algunas clases en el seminario de serge lebovici, donde se
discutieron problemas técnicos del análisis de niños. Luego, en el seminario de Francoise Doltó, expuso los
fundamentos de su “test de construcción de casas”.
Es evidente que, mientras enrique pichón riviere conservaba su interés por la psiquiatría dinámica, por la vía
kleiniana los esposos podrían aventurarse más allá en los dominios de la infancia y la psicosis. Si los orígenes de
pichón estaban quizás más cerca de los de lacan, su futuro estaría más ligado al kleinismo y a la psicología social
lagachiana que a la irrupción del estructuralismo. Aunque en la argentina se haya hecho a menudo el esfuerzo de
comparar a pichón con lacan, sus semejanzas y afinidades se limitaban a una filiación psiquiátrica y literaria
compartida, además de relacionarse con el hecho de que ambos ocupaban una posición de maestro carismático y
excéntrico, papel que cada uno desempeñaba a su manera. Lacan se quejaría ante pichón: “¿por qué psicología
social, por qué no psicoanálisis?”. Al contrario, todo indica que, en esa época, en el nivel propiamente científico,
nuestro autor había sido más bien seducido por lagache, quien ya había realizado su célebre síntesis entre
psicoanálisis y psicología.
La segunda generación de analistas y la adopción de una madre inglesa
Acabamos de mostrar como el pensamiento kleiniano fue recibido en la argentina por primera vez en los años
cuarenta, situando su implantación local respecto de lo sucedido en Francia con esa misma corriente teórica. Ahora
veremos como, a principios de los cincuenta, el kleinismo se transformó en la matriz de pensamiento del movimiento
psicoanalítico local, siendo al mismo tiempo su guía práctica y credo político. Seguiremos el nacimiento el
nacimiento de dos tendencias diferentes, que no eran fáciles de identificar según fronteras institucionales. Se trataba
en suma, por un lado, de explicar la conformación de una suerte de “ortodoxia kleiniana” y, por otra parte, de
elucidar los primeros pasos de una tendencia eclética que combinaba el kleinismo con diversas corrientes de la
psicología contemporánea. Sin embargo, la separación entre estos dos grupos no radicaba en el plano teórico, en la
medida en que ambos eran más o menos ecléticos, sino que estaba más bien ligada a la fuerza del lazo institucional.
Aunque desde el principio la mayoría de los miembros de la APA tuvieran a convicción de pertenecer a una elite
esclarecida, encargada de decidir sobre “los usos legítimos” del psicoanálisis, ello no impedía que algunos de ellos,
conservando ese monopolio autoproclamado, pudieran franquear con mayor facilidad que el resto las fronteras de la
institución oficial. Para abordar el tema de la segunda generación de analistas de la APA, el caso de Emilio rodrigue
resulta muy ilustrativo. Se trataba de un joven proveniente de una familia francesa, perteneciente a la alta burguesía.
En 1944, todavía no había terminado sus estudios de medicina cuando comenzó su tratamiento con rscovsky. Sus
lecturas de Melanie Klein, iniciadas en 1945, lo llevaron a desconfiar de la dirección de la cura y a criticar cada vez
más las interpretaciones de su analista, hasta que finalmente, en 1947, abandonaría el diván de Rascovsky. Al ser
rechazado por otros analistas didácticos, escribió a Ronald fairbairn y decidió instalarse en Londres. Aconsejado por
fairbairn, inicio su tratamiento con paula heimann, en 1948. En poco tiempo, rodrigue iba a convertirse en uno de los
analistas extranjeros más prometedores del circulo kleiniano, llegando incluso a escribir un capítulo del libro que
celebraba el 70 aniversario de la líder del grupo. Tuvo también el privilegio de analizar a hazel, una de las nietas de
Melanie Klein, por pedido de la mismísima Klein y bajo su supervisión. En 1958, paula heimann llegaría Brasil,
donde impartió algunos seminarios y dio supervisiones. El año siguiente, en el XXI congreso internacional de la IPA,
en Copenhague, se produjo una filiación de la sociedad brasilera de psicoanálisis (SBPRJ), que había sido fundada
por kleinianos de pura cepa. En esa ocasión, la propia Melanie Klein estupefacta por el número de admiradores
latinoamericanos que querían conocerla. En este contexto, en el que la marea kleiniana había barrido las cosas del
atlántico sur, no es raro que aberastury y goode hayan tratado de contar con la presencia de Klein.
Las innovaciones teóricas de paula heimann la habían alejado de su antigua mentora. De este modo, aunque Melanie
Klein no viniera a la argentina, no tardaría en enviar a su nueva mano derecha: hanna segal, quien acababa de
ocupar la vacante que había dejado paula heimann. Asi fue que en 1952 segal llego a buenos aires, con el fin de dar
algunas conferencias y supervisiones mientras Klein seguia sus pasos muy de cerca. La APA era una institución
familiar, endogámica y conflictiva, o idílica y calurosa, pero familiar. Sin embargo, en los años cincuenta, se había
trasnformado en gran medidad , y su influencia ya se extendia a todo el subcontinente. El paraíso original constituido
por parejas de analistas comenzaba a desintregarse e incluso amenazaba con convertirse en algo catastrófico. Si se
quería una organización que estuviera a la altura de las actividades por realizar, había que organizar el caos inicial,
legislando, entre otras cosas, sobre las relaciones entre analistas. De este modo, por ejemplo, según hanna segal, el
análisis didáctico debía constar de al menos cuatro sesiones semanales de una hora de duración. Asimismo, ella
insistía en la prohibición de toda otra relación entre analistas didácticos y candidatos. Esta restricción revolucionó
los usos y las costumbres de la comunidad local, donde analistas habituados a incorporar a sus pacientes en sus
propios grupos de estudio y las relaciones personales eran bastante fluidas. En adelante, todo cambiaría: las
distancias entre generaciones iban a profundizarse, mientras que la vida institucional se tornaría mucho más rígida.
Resulta paradójico que, el kleinismo, la primera “heterodoxia” que se desarrolló dentro del movimiento
psicoanalítico, luego de controversias profundas, haya servido poco después para la consolidación de una especie de
ortodoxia en américa del sur.
Cuando rodrigue volvió a la argentina a principios de los cincuenta, su odisea en Londres, le había permitido tomar
la delantera respecto de sus compañeros de generación, ya que había mamado de los principios del kleinismo sin
intermediarios, directamente del pecho bueno de la madre nutricia. Siendo apenas adherente, comenzó a dar
seminarios de formación, a los cuales asistían también los didactos, ávidos como estaban de actualizaciones teóricas.
En esta época, la estructura de la APA no era demasiado jerarquica. A diferencia de otras sociedades, la asociación
argentina nunca reconoció a un jefe único. De este modo, aunque la APA no fuera en absoluto una democracia, en
virtud de estas dependencias cruzadas, el poder estaba bastante repartido. En este marco, pichón riviere ya se
perfilaba como aquel que sintonizaba mejor con los “tiempos modernos” y con los intereses de los más jóvenes.
Habiando ocupado el cargo de presidente entre 1951 y 1953, su poder no provenía tanto de su lugar formal, sino más
bien de la seducción que ejercían su enseñanza oral y supervisiones clínicas. Incluso aquellos que se analizaban con
cárcamo se hacían llamar pichonianos. Muchos buscaron su consejo, ya sea para iniciar un tratamiento o para
cambiar de analista. Rascovsky, por su parte, se mantendría alejado, con su propio grupo, más cerca de garma, su
antiguo analista, que de pichón, su rival. Dentro de la APA las filiaciones de los miembros eran difíciles de
establecer, es innegable, que casi sin excepción, todos pretendían ser hijos de un padre nacido en Moravia (Freud) y
de una madre austro-inglesa (Klein), por consiguiente, la familia “freudo-kleiniana”
Pichón riviere, los grupos y las psicoterapias neokleinianas
En 1946, salomon resnik, un joven médico porteño, conoció a Willy baranger en una conferencia sobre la psicosis
dada por pichon riviere en el hospicio de las mercedes. Fue en ese servicio que pichón comenzó a desarrollar los
rudimentos de una psicología social. Apoyándose en su erudición sobre la psiquiatría francesa, daba cursos a los
cuales asistían no solo candidatos de la APA, sino también los miembros titulares. Según rodrigue, “la fiesta de los
sábados empezaba yendo al hospital, a verlo a pichon”. Pichón elaboro algunas de las primeras psicoterapias de
grupo de orientación psicoanalítica, considerándolas un complemento del tratamiento clásico. Finalmente sus
jóvenes colegas de nueva york terminaron negándole el estatuto de didacta, lo cual lo impulso a crear su propia
institución: la new york society of psychology. En consecuencia, pichón ya entonces se hacía eco de un analista no
ortodoxo, que no respetaba en absoluto los estándares de la IPA, y cuyo recorrido había desembocado en la
psicología. Según el relato de pichón, en 1938, con la autorización de Bosch, como jefe de admisión, emprendió la
tarea de formar y sensibilizar a los enfermos. En 1945, su servicio habría sido privado de enfermeros por razones
políticas. Por consiguiente, tuvo que enfrentar ese problema utilizando como enfermeros a los pacientes “en mejor
condición”, a quienes formó en la técnica de grupos según el “encuadre de la escuela de líderes”. Finalmente
concluía nuestro autor, los enfermos devenidos enfermeros “no solo trataban al resto de sus compañeros con mayor
dedicación, sino que incluso eran más competentes para esas funciones que los propios profesionales a los que
reemplazaban”. Frente al contexto desolador de la institución, para pichón, schilder había destacad la ventaja más
concreta de la terapia de grupos: permitía tratar muchos pacientes más que en el análisis clásico.
En 1947, pichón logró crear un servicio específico para adolescentes psicóticos en el seno del asilo. Se trataba
igualmente de una experiencia innovadora, ya que, en la mayoría de las instituciones, los adolescentes eran ubicados
con los adultos o con los niños. Sea como fuere, en 1947, pichón debió renunciar a la dirección del servicio, que
termino siendo cerrado después de su dimisión. Según balan, los “experimentos” que el hacía, sumado a la presencia
de analistas en formación, habían revolucionado el viejo hospicio. Los líderes de los grupos adolescentes,
aprovechando el clima democrático creado, desafiaban la autoridad de los enfermeros y hacían resaltar los costados
más oscuros de la institución total. Por otra parte, todo eso ocurría durante el apogeo del peronismo popular como
tradicionalista, y las ideas innovadoras de esos universitarios “progresistas” no hacían más que estigmatizarlos aún
más, considerando las concepciones más o menos conservadoras y jerárquicas de los otros trabajadores del hospital.
Así, la experiencia del servicio de los adolescentes llego a su fin, para entrar en el imaginario de los “psi” argentinos
como el origen mítico de una tradición grupal autóctona.
Ya en 1948, acompañado de muchos colaboradores del servicio de adolescentes, había fundado el instituto medicinal
psicosomático, conocido también como instituto pichón riviere o más simplemente, “clínica de la calle Copérnico”.
De este modo, en la argentina, aunque al margen de la psiquiatría tradicional, las primeras experiencias grupales
tuvieron lugar en un medio asilar y con pacientes psicóticos, para extenderse luego a algunos consultorios privados.
Su llegada a un público masivo demoraría algunos años más. Paradójicamente, mientras la terapia de grupos salía
del asilo para ser aplicada también en la neurosis, sus referencias teóricas seguían el camino inverso. Si en 1920, en
“psicología de las masas y análisis del yo”, Freud había esbozado una psicología social basada en la identificación
histérica, en los años cincuenta, wilfred bion, a partir de una perspectiva kleiniana, preferiría fundar su psicología de
los grupos de psicosis. Para los analistas argentinos, que en su mayoría ya eran kleinianos, Bion no hacía más que
confirmar certezas teóricas fundamentales, a diferencia de otros autores que no terminaban de hablar el mismo
lenguaje. Para ellos, aunque schilder hubiera captado la riqueza de ese nuevo campo, no había logrado comprender
el grupo en su unidad, como una totalidad diferente de la suma de sus elementos. Bion había elaborado además una
teoría psicoanalítica grupal que constaba de una metapsicología y una tópica específicas. Acuño conceptos, que
siendo originales, se apoyaban claramente sobre una matriz kleiniana, subrayando la importancia de la relación
primaria con la madre y de la identificación proyectiva. Para el, en el plano inconsciente, los grupos se organizaban
siguiendo supuestos de base, que correspondían a necesidades primordiales. Por ello, como analista, se limitaba a
interpretar de tanto en tanto, esclareciendo “organización inconsciente” del grupo en momento determinados. El
resto del tiempo, al considerar que él no era más que un polo para las identificaciones proyectivas, solo observaba,
permitiendo el desarrollo del juego de atribución de roles
Dagfal – “entre parís y buenos aires” (capítulo 4)
Contexto general: el final del primer peronismo. Primera presidencia de Perón (1946-1952): Período de prosperidad,
acompañado de una importante redistribución de la riqueza y de una promoción considerable de beneficios sociales.
Segunda presidencia de Perón (1952-1955): Conflictos políticos y crisis económica progresiva.
“Revolución Libertadora” Gobierno conducido por el general Eduardo Lonardi, que respondía al ala liberal del
Ejército. Época de bienestar económico y de relativa estabilidad política. La universidad recuperó su tradicional
autonomía e inició un proceso de modernización de sus planes de estudios. Entre 1955 y 1959 se crearon carreras de
Psicología en 6 universidades nacionales. De este modo, la psicología dejó de ser tan solo una disciplina autónoma e
inició un proceso de modernización de sus planes de estudio, transformándose en una profesión. Durante esos años,
la psicología se implantaría en la cultura accediendo a un público masivo gracias a las editoriales y por medio de
publicaciones de interés general y de la televisión. Todo esto implicaría además una increíble difusión del
psicoanálisis, que iba a instalarse como uno de los nuevos productos de consumo cultural. Presidencia de Aramburu,
este fue reemplazo a instancias de los sectores más duros del Ejército que llevaron a la presidencias al general Pedro
Aramburu. Era el final de una década que había transformado profundamente el tejido social de la Argentina, pero
también era el principio de una crisis de legitimidad del sistema político que iba a extenderse aún más allá del
retorno de Perón al poder en 1973. Todos los gobiernos que se sucedieron debieron enfrentar el hecho de que las
clases populares seguían siendo leales a Perón. Así, en esta nueva etapa de relativa estabilidad socioeconómica, el
peronismo siempre estaría presente. Gobierno militar de Videla (1976-1983)
La psicología más allá de la universidad: las editoriales y las revistas
Período de 1955-1966, la conformación del campo intelectual a partir de las editoriales y revistas: Estos medios
permitieron esbozar un proyecto intelectual que poco tiempo después lograrían plasmar en el ámbito universitario.
Para el peronismo, la universidad en general había representado un problema político o policial. Después de la
expulsión masiva de profesores de 1946, la ley universitaria promulgada en 1947 suprimió la autonomía universitaria
de manera explícita. En este periodo, cobraron nueva vida diversas instituciones no oficiales, entre las que pueden
destacarse el Colegio Libre de Estudios Superiores (Buenos Aires) y la Universidad Popular Alejandro Korn (La
Plata). Estas instituciones ligadas a la izquierda antifascista (hasta los „50) desempeñaron un papel fundamental en
la difusión de nuevos conocimientos para un público ampliado, funcionaron como tribuna a partir de la cual los
intelectuales podían impartir sus enseñanzas sin restricciones. Entre las editoriales más importantes se encuentra
Paidós --> fundada por Bernstein y Butelman en 1945. En un principio de dedicó al campo de la psicología infantil.
Ambos hombres con el tiempo habían logrado satisfacer las demandas de un público heterogéneo, que comenzaba a
constituirse como tal, y habían ampliado su oferta mucho más allá de su idea original, extendiéndola a otros
dominios como la psicotecnia, el psicodiagnóstico, las nuevas corrientes psicológicas y el psicoanálisis. También se
ocuparía de las perspectivas sociológica, política y económica, historia y filosofía.
Diferencias con Kapelusz: Kapelusz quería prolongar la tradición experimental que había primado a principios de
siglo. En cambio, Paidós trataba de apoyarse en la novedad de las Estciencias sociales y el psicoanálisis. Mientras
Kapelusz traducía a autores franceses cuya vocación científica había sido mejor recibida en el pasado, Paidós
prefería a los culturalistas norteamericanos, que podían atraer a un público más amplio. Esta diferenciación nos deja
ver la coexistencia de al menos 2 proyectos claramente divergentes en el “espacio psi” argentino. En lo que respecta
a las carreras de Psicología, la perspectiva de los fundadores de Paidós fue mejor recibida, y sus socios fundadores y
los directores de sus colecciones ocuparían puestos importantes en las carreras de psicología de Rosario, Buenos
Aires y La Plata.
Durante el primer peronismo surgieron revistas independientes (“antiperonismo intelectual”), que anticipaban la
renovación sociocultural que iba a producirse luego de la caída de Perón, contribuyendo a la construcción de un
público ampliado para los discursos psicológicos. Sus contenidos permiten analizar las características del campo
intelectual extrauniversitario de la época. En ellas encontramos ya a algunos jóvenes intelectuales que iban a
favorecer la institucionalización de la psicología en la universidad: La revista Contorno --> constituida sobre todo
por estudiantes y jóvenes graduados de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, buscaba romper con los
valores de sus mayores. Este grupo logró revolucionar la crítica literaria y cultural de la época, agregando
perspectivas políticas y sociológicas que hasta entonces habían sido ajenas a los dominios estético-literarios. La
revista aspiraba a ser nacional y popular, se identificaba con el marxismo y buscaba establecer nuevos criterios de
legitimación que luego serían reconocidos por una buena parte del campo intelectual. La revista Imago Mundi -->
grupo que trataba ubicarse más allá de la coyuntura política nacional, con el fin de resituar los problemas de
Argentina en un contexto internacional y en una temporalidad de más largo alcance, donde lo político no era más que
uno de los ingredientes de “la cultura”. Trataban de mostrar hasta qué punto el intelectual podía desprenderse de la
lucha política e historia política centrada en los acontecimientos. Buscaban compensar su exclusión de la universidad
con una hiperinclusión en la comunidad académica internacional y con una enorme preocupación por el
profesionalismo de sus actividades intelectuales. Imago Mundi funcionaba como una verdadera universidad en las
sombras, proveyendo a sus lectores las referencias omitidas en la enseñanza superior.
La “normalización” de las universidades: Período 1955/1966, “La edad de oro” de las universidades --> En 1955
los sectores reformistas (estudiantes y graduados) tomaron varias universidades. Resultaba casi natural que hayan
sido los miembros de algunas editoriales y revistas, luego de la caída del gobierno de Perón, los que ocupasen
puestos importantes dentro de las universidades públicas que volvían a transformarse en el eje principal de la vida
intelectual. Todo el personal docente fue puesto en disponibilidad por decreto y los cargos fueron provistos por
concurso público, que serían cruciales para perfilar el futuro de la psicología académica.
En 1956 estallaron varios conflictos: El ministro de Educación (Atilio Dell „Oro Maini) manifestó la necesidad de
excluir de los claustros a todos aquellos que hubieran “colaborado” con el gobierno peronista, el establecimiento del
artículo 28 que planteaba las bases de la jerarquización de las universidades privadas. En 1957, Frondizi fue elegido
rector de la UBA y un año más tarde fue reelegido. Lo mismo sucedía en las demás universidades nacionales,
inaugurando un período de inédita autonomía y participación, que no iba a estar exento de conflictos.
Reorganización de la carrera de Psicología en Rosario y su creación en Buenos Aires: 1955: Apertura de la
carrera de Psicología en Rosario. 1956: El plan de estudios de Psicología debió ser reformulado y algunos
profesores fueron reemplazados (renovación universitaria luego de la caída de Perón). Los codirectores de Paidós
comenzaban una década de gran compromiso con la psicología académica argentina, ocupando puestos en las
universidades. El plan de estudios nuevo incorporaba una asignatura llamada “Psicoanálisis” (doctrina
freudiana). 1957: Creación de la carrera de Psicología en la UBA, ligada a la renovación institucional que se
produjo en el seno de la universidad a partir de la caída de Perón. Esto fue impulsado por la FUBA a partir de la
estrategia de “hacer pasar” la carrera de Sociología dentro de un paquete que incluía también las carreras de
Psicología y Ciencias de la Educación. Gino Germani fue el principal impulsor institucional de la carrera de
Psicología en la UBA.
La creación de la carrera de Psicología en la Universidad nacional de La Plata: 1955, Se introdujeron numerosos
cambios en la Facultad de Humanidades: se modificaron los planes de estudio y se amplió la oferta de materias de
filosofía y psicología. 1957: Se convocó a una comisión especial encargada de proporcionar un plan de estudios para
un profesorado en psicología, con un grado de heterogeneidad de las orientaciones de los profesores que
intervinieron en ese proceso: Calcagno y Monasterio concebían a la psicología como una ciencia natural y desde una
perspectiva evolucionista; Arumí, al igual de Monasterio, era un representante del humanismo médico español, que
combinaba su interés por la filosofía con la investigación de las bases biológicas de la conducta; Garma interesado
por el psicoanálisis; Ravagnan cuya concepción de la psicología estaba ligada a la filosofía, lo que lo separaba de
los otros profesores de extracción médica o de los que privilegiaban la psicología aplicada. Garma se hizo cargo de
la catedra Psicología I, del Departamento de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades. Se trató de
una de las primeras cátedras de psicoanálisis de la que tenga registro en las universidades argentinas. Ravagnan fue
titular del primer curso de Psicología de la Facultad de Filosofía y Letras. 1958: En febrero, la asociación de
estudiantes del Instituto de Perfeccionamiento Docente había solicitado formalmente que se creara la carrera de
Psicología. Las decenas de asistentes educacionales veían en la psicología la posibilidad de ampliar sus horizontes
laborales. Así, el asunto de la creación de la carrera se convirtió en una causa militante. En este contexto, Calcagno
y Monasterio propusieron la creación de un profesorado de psicología y también de una carrera de psicólogo
profesional. Esto fue rápidamente aprobado, pero con una modificación ya que el consejo académico resolvió
suprimir el doctorado correspondiente a la carrera de psicólogo. Esto era debido a que la apelación de “doctor” era
para médicos y abogados. Sin embargo, fue aprobado para los profesores de psicología.
Los fundadores de las primeras carreras de psicología de la Argentina tenían formaciones y proyectos muy
heterogéneos. Aunque cada institución tuviese un perfil particular, dentro de cada carrera podía encontrarse un
mosaico teórico de una gran complejidad, que reflejaba fielmente la fragmentación de los discursos psicológicos. A
diferencia de Francia, los principales responsables de la profesionalización universitaria de la psicología argentina
no tenían ninguna intención de privilegiar el desarrollo de una psicología clínica de filiación psicoanalítica.
Algunos de ellos flirteaban con el psicoanálisis, pero no en el plano de la clínica. Garma como único interesado de la
carrera de psicología como lugar de difusión para el psicoanálisis se opondría al ejercicio del psicoanálisis por los
no médicos.
Vida y obra de José Bleger
Bleger es de la segunda generación de psicoanalistas. Es discípulo de Pichon-Rivière, o sea, es de la segunda
generación de la que también participa, por ejemplo, Emilio Rodrigué que fue presidente en la APA en los años
50/60. Bleger se analizaba con Pichon-Rivière y es discípulo, junto con otros analistas como Armando Bauleo,
Fernando Ulloa o Liberman por ejemplo. Son todos nombres que tienen que ver con el grupo del que formaba parte
Bleger. Son gente que se dedicó a la psicología institucional.
José Bleger nace en 1922. Vive solamente 49 años. Muere el 20 de junio del „72. Bleger nace en Ceres, que es una
ciudad del norte de Santa Fe, que limita con Santiago del Estero. Una ciudad agrícola. Bleger era judío, de padres
rusos, judíos rusos, de una condición modesta. A los 12 años, como no había escuela secundaria en Ceres, lo mandan
a Rosario a estudiar. O sea que a los 12 años ya tiene ese desarraigo que en estas épocas tienen los estudiantes
universitarios. En el año „34, ya tiene que irse a una ciudad con sus dimensiones, sus códigos y sus atractivos
también. Él se fue a vivir a una pensión ahí, que es algo que puede ser bastante triste hasta que se le encuentra algo
bueno. Bleger vivió ahí desde los 12 años para asistir a su colegio secundario y después entra en la Universidad
Nacional del Litoral (luego Universidad Nacional de Rosario), en la Facultad de Medicina. Es importante saber esto:
se perfilaba como un alumno bastante brillante.
Él trabaja en persona con Clemente Álvarez en la cátedra de Clínica, que era una de las cátedras más importantes.
Después de formarse con Clemente Álvarez se va a trabajar con Teodoro Fracassi. Teodoro Fracassi es un
neurólogo, pero no era un neurólogo muy tradicional. Tenía una orientación comunitaria, higienista de la salud
mental que en esa época (en los „40/‟50) todavía no se llamaba salud mental sino higiene mental. Entonces tiene los
dos grandes puntapiés, tanto la orientación clínica como la comunitaria que después van a ser importantes, mucho
más adelante, en sus planteos. Desde muy chico, muy joven, empieza a ser parte del Partido Comunista. Se afilia al
Partido Comunista. Es antifascista, y por lo tanto antiperonista (por ciertos rasgos que tenía el peronismo en esa
época), lo cual le trae bastantes problemas porque cuando él se recibe con esta orientación comunitaria, por supuesto
que su pretensión es ingresar en algún servicio de salud de servicio público; y en esa época si no eras peronista no
entrabas. Así que en el año „46, con su mujer (después de querer obtener una beca a París que finalmente no puede
tener) decide irse a Santiago del Estero, lugar de origen de ella. Deciden irse a un lugar no tan codiciado y hacer esa
experiencia de ser el médico del pueblo.
Encuentra que puede relacionarse con distintas provincias como por ejemplo Tucumán. Entonces allí conoce a un
ruso, que había venido de Rusia huyendo, que se llama Konstantine Gavrilov y que había traído las teorías de Pavlov
(antecedente del conductismo) al país. Era un defensor de la reflexología pávloviana. Gavrilov es una curiosidad
dentro de la psicología de Argentina porque es el primero que intenta hacer un cruce entre el psicoanálisis y la
reflexología pávloviana. Por otro lado, también va a Córdoba en muchas oportunidades. Viaja de vez en cuando y se
encuentra con un personaje, un psiquiatra también, muy conocido en esa época en Argentina que había empezado a
hablar de psicoanálisis antes que cualquiera. Se llama Gregorio Bermann. Bleger empieza a ser como su discípulo,
su protegido. Se empieza a formar con Bermann, empiezan a tener muchos encuentros, y sobre todo Bleger ahí tiene
acceso a la biblioteca de Bermann que era una biblioteca muy tupida.
Situémonos en el contexto: Santiago del Estero. ¿Era posible, por ejemplo, un psicoanálisis a largo plazo? ¿Someter
a un paciente a una terapia a largo plazo? Aparte de que él no estaba habilitado por la APA. No había entrado
todavía a la APA. Él empieza a pensar en tratamientos cortos, o sea, una especie de psicoanálisis simplificado y en
tratamientos que confiaban mucho en los medicamentos. En la farmacología. Confiaba mucho en los tratamientos que
incluían fármacos. Era un interés de la época, Pichon-Rivière también había escrito un libro sobre la narcolexia,
sobre cómo trabajar con los pacientes, acerca de cómo la administración de fármacos habilitaba o facilitaba ciertos
accesos a la conciencia. Bleger también. El primer libro que escribe sobre este tema se llama Teoría y práctica del
Narcoanálisis. Es como que inventa una especie de análisis ligado a la administración de fármacos. Una especie de
tratamiento, de terapéutica. Todos estaban en esta época preocupados por hacer un abordaje integral, que incluyera
cuerpo y mente. En los años „40 en la APA estaban trabajando la psicosomática. En el año „54 se postula como
candidato para ingresar a la Asociación Psicoanalítica de Argentina y lo aceptan. Allí decide mudarse para Buenos
Aires. Ya había tenido dos hijos, una nena y un nene. Hay una anécdota que él cuenta que también lo inclinó a
estudiar psicoanálisis.
Dice que una noche él estaba durmiendo en su casa en La Banda. Era el médico del pueblo, por lo tanto frente a
cualquier eventualidad iban a golpearle la puerta a cualquier hora. Y él tenía que estar siempre disponible y para
curar lo que sea. Entonces vienen a decirle que una mujer estaba en crisis. Él estaba tan dormido que le da tal y tal
cosa para que tome y la mujer se va. Al otro día viene la familia, muy contenta, y como suele suceder en las zonas
rurales, le paga con un chanchito, con una gallina. Y Bleger dice: ¿Qué le di? Se pone a buscar qué era lo que le
había suministrado y vio un frasquito de botones con el que jugaba su nena. Había agarrado un botón, dormido, y se
lo había dado. La mujer había tomado eso y al otro día estaba espléndida. Ahí empieza un poco a desconfiar de la
medicina clásica, de la farmacología y dice: acá hay otra cosa. Él contaba esa anécdota que lo inclinó a estudiar
“esa otra cosa” y a dedicarse al psicoanálisis. Todos los que trabajan la trayectoria Bleger en general comienzan
acá. En este libro. Incluso el capítulo 6 de Dagfal. Como diciendo: “Acá empieza la verdadera carrera de Bleger”. El
libro es Psicoanálisis y Dialéctica Materialista.
La APA se funda en el „42. Diez o dice años después se ajustan las condiciones de ingreso a la APA, esto es que
solamente los médicos pueden ingresar a hacer la carrera de psicoanálisis, a formarse como psicoanalistas. Lo cual
funciona como un embudo. ¿En que año surge este libro? En el año „58. En el momento en que se fundan las carreras
de psicología desde el año „56, para ingresar a la APA, a que te analizara un analista de la APA (tratándose de un
análisis didáctico), había que esperar 6/8 años. Difícil de imaginar en estos tiempos. Decir: Yo estoy en el proyecto
de ser psicoanalista, pero dentro de 6 años tal analista me va a poder atender. Esa era la situación de la APA en ese
momento, bastante opresiva.
Bleger participa en la APA. Sistemáticamente Bleger critica las instituciones en las que participa pero no se va de
ellas. Salvo por una excepción, pero no era su práctica habitual la de irse porque no le gustaban las condiciones. Él
decía que el debate había que darlo adentro de la institución. Soportaba el malestar de la institución. Entonces, ¿qué
hace? En el „56 se abre la primera carrera de psicología en Rosario. En el „57 la de Buenos Aires. En el „58 surge
este libro, Psicoanálisis y Dialéctica Materialista, donde Bleger trata de conciliar lo inconciliable de ese momento:
psicoanálisis y marxismo. Para explicarle a los miembros del Partido Comunista que el psicoanálisis era
revolucionario y para explicarle a los psicoanalistas que se podía hacer algún tipo de práctica que no tuviese que ver
con esa ortodoxia que ellos estaban realizando, y que tenga que ver con pensar al psicólogo y al psicoanalista como
agente de cambio, agente social. Quería dialogar con esos tres grupos en los que él participaba. ¿Cuáles son las
preguntas que organizan ese texto? Son: ¿Qué es la psicología? ¿Qué es un psicólogo? ¿Cómo pueden articularse la
teoría, la práctica, la praxis, la disciplina y la profesión? Este texto es inaugural en el sentido de que es uno de esos
psicoanalistas de la APA, una institución cerrada, rígida, que se anima a saltar al otro lado. Al lado de la
Universidad, a la formación de los psicólogos.
Por un lado, los psicoanalistas tenían que ser médicos. O sea, solamente el que era médico podía practicar el
psicoanálisis. Por otro lado, los psicólogos (que estaban en formación pero en pocos años ya habría una camada de
psicólogos) no podían ejercer prácticas terapéuticas. Es algo que en la actualidad parece demencial. Uno dice,
¿cómo? si el psicólogo trabaja en el consultorio. Pero no, en ese momento no podían tener un consultorio. Entonces,
¿qué hacían los psicólogos? No podían tener un consultorio y tampoco ser psicoanalistas, porque para eso tenían que
ser médicos. Bleger estaba ahí en ese borde tratando de inventar qué hacían los psicólogos, siendo él psicoanalista. O
sea, era parte de esa institución cerrada pero que aspiraba a la apertura de esa institución. Era del sector crítico.
Incluso más adelante, en los años „60, dentro de la APA (cuando ya el malestar era bastante más notable) él abre un
Instituto (del que no recuerdo ahora el nombre) para atender pacientes en forma gratuita. Pero vamos más atrás.
Bleger empieza a ser profesor. Primero, en el „58, es profesor de “Introducción a la psicología” en la UBA. Era una
materia importantísima. Todo se da en consonancia con su libro. Es inaugural de todos estos lugares. Del psicólogo,
de él como docente. En el „59 en Rosario dicta la primera cátedra de psicoanálisis de Latinoamérica. La primera fue
en Francia, pero la primera cátedra de psicoanálisis de Latinoamérica la inaugura José Bleger en el „59.
En el Partido Comunista cae bastante mal el libro de Bleger por lo que relataba antes. Le critican que él quiere
reivindicar al psicoanálisis cuando el psicoanálisis es burgués, una ciencia burguesa y una falsa ciencia. Entonces
Bleger, en vez de huir o rechazarlos, intenta entablar un diálogo, un debate de alto vuelo acerca de cuáles eran las
premisas que fundamentaban estas tomas de posiciones u opiniones. Entonces le piden que se retracte, que lo vuelva
escribir, que diga otra cosa. Bleger por supuesto que cada vez se vuelve más reacio a esa idea y cada vez argumenta
más. Sin embargo, no se va del partido. Recién se va cuando le tocan una fibra íntima. En el año „62 viaja a la Unión
Soviética. En el „62 Bleger viaja a la URSS y ahí ve algo que lo desarma: cómo trataban a los judíos; los perseguían,
torturaban, asesinaban. Cuando retorna, renuncia al Partido Comunista. Incluso la autobiografía que Bleger estaba
escribiendo y no terminó porque falleció se iba a llamar judío, psicoanalista y marxista, algo así. Y él decía que ese
orden era el que a él lo identificaba. Primero era judío, después psicoanalista y después marxista.
El proyecto del „58 de Psicoanálisis y Dialéctica Materialista, un intento por conciliar los dos discursos, es un
proyecto influenciado por Pichon-Rivière. Él le había dado a Bleger para leer a Politzer. Politzer fue un húngaro que
influenció toda una generación. En su tercer libro, que es Psicología de la Conducta, cuando ya se ganó su auditorio
que está esperando ese libro, lo sigue retomando a Politzer pero suma a su estilo como un marco teórico a Daniel
Lagache. Volvemos a este nombre que hemos nombrado varias veces. ¿Qué es lo que intentó? Un proyecto unificador
llamado “Teoría general de la conducta”. Unificar psicología y psicoanálisis. Realizar una síntesis entre psicología y
psicoanálisis, centrado en el concepto de conducta. Entonces, desde el año „62 al „65 Bleger qué hace. Volvemos a
esto de qué pueden hacer los psicólogos que no sea hacer el paramédico, el ayudante del médico, el testista. ¿Qué
puede hacer un psicólogo? Bleger de alguna manera empieza a explorar estos ámbitos y dice que el psicólogo tiene
que salir del ámbito privado para dedicarse a lo comunitario. Es decir, salir de la enfermedad para dedicarse a la
prevención, a la vida cotidiana. Está muy influenciado por Pichon-Rivière y el trabajo con los grupos. En la
medicina, en el campo de la salud se habla de: prevención, tratamiento y rehabilitación. Entonces, estar en el primer
escalón de la prevención para que alguien no se enferme y no tener que intervenir cuando alguien ya se enfermó. Esto
abre la posibilidad para el que el psicólogo empiece a trabajar con la gente. La idea es que salga a la calle. Entonces
empieza a hablar de psicohigiene, de higiene mental, como le decían en esa época. Ahora se llama salud mental. Y
también empieza a hablar de psicología institucional. Ese es el libro que él (como consecuencia de estos seminarios
que da en la UBA de higiene mental y psicología de la personalidad) publica en el año „66: Psicohigiene y Psicología
Institucional. Que el psicólogo pueda desplazarse del campo de la enfermedad individual al campo de la salud
comunitaria. Abrió todo este campo que es en lo que los psicólogos se ocupan actualmente, entre otras cosas.
¿Qué pasa en la APA? Venía sucediendo todo esto que comentaba antes, de este clima opresivo, elitista. Una segunda
o tercera generación de analistas, que se empezaban a sentir molestos con este tipo de institucionalidad. ¿Por qué?
Por un lado, los psicoanalistas que habían logrado su posición, habían logrado ingresar a la APA, hacer su análisis
didáctico, que tenían su lugar social e institucional/legal para atender pacientes y querían hacer otra cosa. Querían
llevar al psicoanálisis a esos ámbitos comunitarios fuera del consultorio. No querían estar ceñidos por esa obligación
de la atención del paciente de „50 minutos por sesión, todos los días de su vida, en el consultorio particular. Y por
otro lado, los psicólogos que ya se venían formando y había varias camadas (hacía 10 años que existía la
Universidad y la carrera era de 4 o 5), querían ingresar en la APA para ser psicoanalistas. O sea, lo que un grupo
tenía lo quería el otro, como suele suceder. Bleger funciona como un nudo en esa problemática. Él era psicoanalista
de la APA, que tenía esas condiciones para formar psicoanalistas, y les enseñaba psicoanálisis a psicólogos que no
iban a poder ser psicoanalistas. Confiando que iban a llevar ese saber a sus prácticas habituales de higiene mental,
de psicología institucional, de psicotecnia, etcétera.
Cuando se arma el conflicto con el grupo Plataforma, empiezan a formarse grupos dentro de la APA que presionan
fuertemente para que cambien las condiciones y que los psicoanalistas puedan hacer otras cosas. Muy influenciados
por la ideología de izquierda, por todo lo que estaba sucediendo en Argentina en los años ‟60, de extrema politización
de los intelectuales. Impulsado por los ecos del Mayo Francés (1968), arrastrado por la onda expansiva del
Cordobazo (1969), conmocionado por el auge de masas de los „60, el grupo Plataforma se propuso compartir
barricadas con otros trabajadores de la cultura que se proponían derribar el mito de la neutralidad valorativa del
científico. Entonces, estos grupos que fueron dos: Plataforma y Documento. Hicieron una presentación y toda una
serie de reuniones hasta que rompieron con la APA. Se procuraron la autonomía respecto de la APA. Y Bleger, que
estuvo participando junto a ellos en reuniones, ideológicamente, aconsejando, en el momento en que hubo que romper
no firmó el documento. Decidió quedarse en la APA. ¿Qué pasó que Bleger, tan combativo y crítico de las
condiciones de la APA, decide finalmente no irse? En principio Bleger estaba enfermo ya en esa época. En el „70/‟71
que fue la ruptura ya había tenido problemas cardíacos y estaba muy débil.
Bleger decía también (y esto hay que tenerlo en cuenta) que estos grupos se estaban dejando llevar demasiado por la
ideología, o sea, por su posición de izquierda y nada de nada por el psicoanálisis. Entonces iban a ser muy malos
psicoanalistas y muy malos políticos, porque se trataba de una institución de psicoanálisis y había que resguardar lo
específico de la institución. Esto es de absoluta relevancia, mostraba su lucidez. Estaba a favor de sostener que el
psicoanálisis era algo específico y no lucha política, por eso Bleger no se fue con ellos.
Oscar Masotta-El extranjero
Lo primero que vamos hacer es contextualizar al autor dentro de los subperíodos que trabajamos en breve historia de
la Argentina. A Masotta lo encontramos en el subperíodo 5 (la inflexión la da dentro de esa época que es del 66 al
76). En el 66 se produce el golpe de estado de Onganía. Se empieza deslucir la universidad. Este golpe se mete
directamente en la universidad con la noche de los bastones largos. En esta época hay muchos docentes que
renuncian y comienza así el exilio que va esos años. Este empieza en el 66 en nuestro país. Ya había habido uno con
el peronismo, pero ahora en el 66 es masivo de intelectuales, y en el 76, con el período de reorganización nacional, se
produjo el gran exilio de Argentina. En consecuencia, la universidad deja de ser el centro de producción intelectual y
ésta se desplaza a grupos o instituciones que no son estatales. En el plano de las ideas vamos a ver que hay un
desplazamiento del existencialismo al estructuralismo que empieza a ser el movimiento de moda en los años 60/70.
Podemos decir: En el plano de las ideas, del existencialismo al estructuralismo, y el segundo desplazamiento es de la
universidad a otros lugares donde circulaba la producción “vanguardista” tanto intelectual como artística. Oscar
Masotta Nace en 1930 y fallece en 1979. Vive 49 años. Es un intelectual diferente a los “universitarios”. No forma
parte de la Academia, no obtuvo ningún título. Podemos plantear tres momentos biográficos:
Primer tiempo: La participación en una revista que funda con algunos amigos. Es muy conocida y estudiada por los
historiadores, se llama contorno. Le hacía el contrapunto a la revista Sur. Esta tenía que ver con la élite intelectual
de la época, y quería desconectar la literatura de la política, ya que eran escritores a los que no les interesaba hacer
esta conexión. Contorno está fundada por David Ismael viñas, que fueron intelectuales, críticos literarios y filósofos
muy importantes. Participante toda una corriente ensayística Qué es muy Argentina. Todos los jóvenes que
participaron de la revista intentaban hacer una que tendiera puentes entre literatura y política. Desde el 53 hasta el
59 salió hasta revista. Ellos se propusieron generar una opinión pública. Se establecían debates muy fuertes entre
distintos grupos ideológicos y políticos. Masotta formaba un subgrupo ahí, junto con otros dos compañeros (Correas
y Sebreli). Masotta no tuvo un recorrido académico, no se dedicó sólo un tema, no estuvo siempre en el mismo lugar
> hay un pasaje que se va dando en el entre el existencialismo Y el estructuralismo qué tiene que ver con dejar de leer
algunos autores y empezar a leer a otros.
El segundo tiempo tiene que ver con su pertenencia y participación al instituto di Tella. Este fue el lugar de
producción intelectual y artística vanguardista novedosa de los 60. Tenía dos ámbitos: Uno para estudios artísticos y
otro para estudios sociales, culturales. El di Tella Abre toda una percepción del arte que no estaba en Argentina. Los
artistas de ahí empiezan a hacer instalaciones en zonas urbanas en lugares donde no está adecuado para eso ni está
pensado que va a suceder algo artístico. Masotta participa activamente de la crítica cultural de estas producciones >
de la lectura, de la interpretación de lo que está sucediendo ahí. Y para entender esto, tiene que leer algunas lecturas
que no había leído antes, qué son los estructuralistas franceses. Entonces lee a Barthes, Levi Strauss y Saussure que
van aportando una visión que rompe con el existencialismo y tiene que ver con desplazarse del ámbito de la
conciencia > ir de esta algo inconsciente que toma al sujeto, que lo precede. Masotta era un crítico literario en esta
época. No está cerca del psicoanálisis todavía, pero las lecturas que él va haciendo lo preparan para recibir a Lacan,
porque él también trabaja en torno a estas referencias > introducir referencias externas en el psicoanálisis que son:
Antropología estructural Levi Strauss y la lingüística de Saussure. Entonces, hay una cuestión con la extranjerizad.
Masotta era un extranjero en la universidad y en los temas internos del psicoanálisis > esto es lo que le permite
acercarse a la lectura de lacan.
Él es el introductor de Lacan en Argentina. Empieza a leerlo porque pichón se va a Francia, trae textos de lacan en
francés y el mito dice que un día se los da. En esa época, en el instituto de pichón Riviére da una conferencia que es
inaugural > es la primera vez que alguien habla de Lacan psicoanalista, no psiquiatra. Pero la primera vez que
alguien presenta a Lacan en Argentina es en el 64, en una conferencia que se llama “Jacques Lacan el inconsciente
en los fundamentos de filosofía”. Es un texto muy complejo, pero igual podemos entender algunas cosas > lo nombra
mucho a Politzer, quién quería articular psicoanálisis y psicología. Entonces, Oscar lo retoma para criticarlo y para
presentar a Lacan. En esta vuelta, propone volver a Freud. No se lo lee más en la APA, se lo habían “olvidado”,
generando así cualquier tipo de lectura. Entonces, el 64 inaugura una época y el cada vez se hace más lector de
Lacan. Entra en una disputa, en una discusión pública vía revistas con Emilio Rodrigué que en ese momento era la
cabeza oficial de la APA. Le apunta y lo desarma, porque así fue, y esto tuvo consecuencias para el psicoanálisis en
Argentina. Le decía que era un simbolista, que no era freudiano. Básicamente lo que le criticaba era que no lean
Freud y que no respetaban sus fundamentos. ¿Por qué el psicoanálisis de la APA no podía leer a Lacan? Porque
tenían una matriz teórica kleniana. Entonces, en el interior del psicoanálisis, hay un pasaje en los años 60 y 70 de
una matriz teórica kleniana a una matriz lacaniana. Por otro lado, hay un basamento filosófico que también tiene que
virar para que pueda ingresar Lacan Qué es: Del existencialismo al estructuralismo.
En el 67 de Masotta abre su primer grupo de estudio sobre psicoanálisis en su casa. Eran cuatro personas, pero a los
tres o cuatro años ya tenía 300 alumnos. En los 70 aparecen los grupos plataforma y documento, qué hacen toda una
avanzada en la APA, critican la forma, la ortodoxia, las condiciones… Entonces, un montón de gente empieza a
hablar de psicoanálisis y el querer ser psicoanalíticas y en las condiciones que planteaba la APA: Que tenían que ser
médicos, que tenían que hacer un análisis didáctico durante un montón de años, esperar el analista didáctico durante
6/8 años para que los atendiera, etc. Entonces, hay un movimiento enorme sumado a que como más otra toma la
Consigna de lacan de leer a Freud, se lo vuelve a leer. Y él decía que no había que ser médico para ser psicoanalista.
Entonces para sintetizar podemos decir tres cosas:
1. El retorno a Freud: Empieza los seminarios en 1953 con esa idea. No es un retorno al estilo regresión, sino
desde otras categorías que existen en la época y no existían en los tiempos de Freud. Ejemplo la lingüística o la
antropología estructural.
2. El retorno al análisis profano o laico: Retomar la idea freudiana de que no había que ser médico para ser
psicoanalista. Incluso más hasta tenía pacientes y ni siquiera título universitario. Obviamente era ilegal.
3. Plantear o proponer una política propia para el psicoanálisis: Que pueda darse su propia política y no quedar
El dominio de la política de la medicina, de la filosofía, etc. Todo acompañado de la fundación en el año 74 de
una escuela psicoanálisis qué es la EFBA (escuela freudiana de Buenos AIRES). Ahí rompen definitivamente con
la APA y con sus limitaciones. Psicoanalistas firman “nosotros nos reunimos aparte, no respetamos más esa
legalidad”. Esto se fue gestando en los grupos de lectura que hacía Masotta, la necesidad de darse una política
propiedad esto que ellos venían pensando, y a eso se refería a fundar una nueva institución, con otras reglas que
no eran los oficiales. Después comienza otra época en Argentina Qué es la triple A, se da el golpe de estado del
76 y Masotta se exilia. Empieza su colaboración con España y da conferencias allá. No solamente en el 74 funda
la EFBA, sino que después se instala en Barcelona a hacer grupos y enseñar, y funda en el 79 de la biblioteca
freudiana de Barcelona y también ha sido una institución muy importante. Masotta tuvo mucho que ver con la
instalación del psicoanálisis en España con la colaboración de muchos de los psicoanalistas que se había
exiliados del 76 en adelante. En el 79 Oscar falleció por un cáncer de pulmón. En los años 80, con la vuelta de la
democracia en Argentina, se elabora una especie de Alianza entre Universidad y el psicoanálisis que perduró
hasta ahora.
Por último: Diferencias entre existencialismo y estructuralismo: Sartre intenta en Francia recuperar La
fenomenología alemana, entonces Lee mucho a filósofos alemanes un poco anteriores o contemporáneos a él. A partir
de estas lecturas, lo que hace de fundar una especie de fenomenología existencial, pero también le interesa fundar
psicoanálisis existencial. Lo que predomina en él es la conciencia. En cambio, el estructuralismo de la mano de Levi
Strauss va a hablar de inconsciente > una estructura que nos procede, que nos toma, que nos aliena. Hay un yo como
desconocimiento. Entonces nosotros nos manejamos como que somos muy autónomos, pero en un momento
cometemos un lapsus. Es ahí que se quiebra es autonomía. Por otro lado, Sartre hablaba de compromiso y decía que,
si la conciencia es algo que nosotros tenemos que registrar, o sea que no es algo fijo, en realidad es algo que nos
acerca más a la nada que hacer. Lo importante para Sartre era el proyecto, que alguien pueda tener un proyecto y en
esa posibilidad de opciones que tiene, poder ir eligiendo de acuerdo a un proyecto. En cambio, los estructuralistas
van a plantear que hay un determinismo, no libertad. Todo lo contrario. En el existencialismo el sujeto es un centro
organizador de la experiencia y en el estructuralismo el sujeto es un efecto de esa estructura. Ese cambio de matriz
filosófica de pensamiento, encarnada en Oscar Masotta, tuvo que estar presente para que la lectura de Lacan Se
puede instalar en Argentina y haya un cambio Entonces de esa matriz más kleniana del psicoanálisis a la propuesta
lacaniana.
Los años 70´ y sus efectos en las prácticas actuales del “campo psi” (primera parte)
Los años sesenta para el mundo entero fue un período de rotundo cambio, monumental. Eric Hobsbawm en su
Historia del Siglo XX, dice que los años ‟60 provocaron tantos cambios y de tanta profundidad como hacía siglos no
sucedía. Ni siquiera la revolución industrial tiene este espesor para este historiador. En los años sesenta se da una
auténtica “edad de oro”. Recuerden que es “posguerra”, después de la segunda guerra mundial, donde comienza a
haber una serie de movimientos, transformaciones, discusiones, rebeliones, que van a tocar los fundamentos de la
política, de la vida. Está la pregunta acerca de que bajo qué lógica establecerse, vivir. En los años sesenta se relanza
esta posibilidad de que pueda haber una vida diferente a la vida organizada por la lógica del capital, del mercado.
Los historiadores, para caracterizar a los años ‟60, hablan de una “década larga”. En Latinoamérica podemos decir
que comienza en el año ‟59, con la Revolución Cubana. Si bien había habido una Revolución Rusa en 1917 y la
instalación de la Unión Soviética, este era un tipo de experiencia revolucionaria que no era como el stanilismo o el
leninismo, sino que tenía otro tipo de dinámica, más creativa, más latinoamericana, con otras características. Esto
repercute en Argentina, esa vivencia, esa esperanza.
Los historiadores de la historia argentina, por ejemplo Oscar Terán, dicen que la década larga comienza en nuestro
país en el año ‟55 con el golpe de estado autodenominado “Revolución Libertadora”, que trae la proscripción del
peronismo. Esa década larga dura en Argentina desde el ‟55 hasta el golpe de estado del ‟76, que inaugura la época
más cruenta que tuvo nuestro país de toda la historia de sus golpes de estado. Hay toda una lógica que se va
desarrollando que excede la década exacta. Durante los años sesenta, en el mundo, se dan tres transformaciones
decisivas, según Hobsbawm. Uno es el cambio de eje del poder, la consolidación de la hegemonía norteamericana,
por el pasaje del eurocentrismo a la nueva potencia que es EEUU. Ese pasaje es una consecuencia de la segunda
guerra mundial. EEUU gana la segunda guerra. La producción del campo psi también sufre ese desplazamiento en
el foco de producción.
La segunda transformación es la consolidación de un régimen único al modo de una unidad operativa, lo que tiene
que ver con la globalización del mundo, que lo que hace es poner en peligro las economías nacionales, locales. Esto
se sigue discutiendo, entre políticas que son proteccionistas respecto a lo nacional, a lo propio, y políticas que se
abren al juego del mercado internacional y quedan a expensas de esos intereses. La tercera transformación es más
cercana a nuestros asuntos. En los años ‟60, recuerdan el flower power, el hipismo, las legislaciones relativas al
divorcio, al aborto. En Argentina la ley de divorcio llegó en el año 1987, y la ley de interrupción voluntaria del
embarazo todavía no llega. Todos estos movimientos que se van dando en distintos lugares del mundo hacen a una
reconfiguración de los lazos modernos. La familia tradicional no va a ser el único modo de reunirse, de encontrarse,
de hacer familia, y en esto también aparece una repercusión en la que Hobsbawm se detiene, que él lo dice de todo el
Siglo XX. Dice que el Siglo XX se dedica a cortar lazos con las generaciones anteriores, con 2 la tradición. Esto hace
que de alguna manera se avance pero también tiene su retroceso. Porque tiene que ver con también poner a distancia
a la memoria. Por lo tanto el capitalismo apunta a crear ese tipo de subjetividades, sujetos que no tengan lazos,
compromisos, que sea sólo el hoy, que no tenga responsabilidades. Es una de las líneas de fuga del asunto. Seres
egocéntricos con poco registro del otro, del prójimo.
En Argentina se da un proceso de modernización, que es en términos tecnológicos también. Aparecen los medios
masivos de comunicación, la televisión, la radio juega un papel aunque es más antigua. Las revistas tienen un lugar
muy importante como lugares de formación de la opinión pública. Nosotros en la investigación anterior estudiamos
eso. Cómo de alguna manera los psicoanalistas de la APA, se vuelven conocidos interviniendo en las revistas, como
por ejemplo la Revista Para Ti, que es de principios del Siglo XX, ocupando el lugar que antes tenían los curas. Del
confesionario al consultorio sentimental. La columna deja de tener esa moral religiosa para tener otro tipo de moral,
la de la psicología, y responder desde un lugar de discurso experto acerca de los dilemas que generaban estas nuevas
formas de relacionarse. Es todo un momento en que la mujer empieza a salir al campo laboral, y los psicólogos tienen
su costado bastante conservador. Eso fue lo que encontramos en la investigación. Marie Langer, Arnaldo Raskovsky,
de la APA, y Eva Giberti.
A nivel global también se estaba estableciendo la juventud como ese momento central de la vida, no ya como un
pasaje entre la infancia y la adultez, como era hasta los años „50. La juventud comienza a ser un lugar donde
quedarse, un lugar logrado, la flor de la vida, el mejor lugar. Los jóvenes pudiendo decir lo que querían, en eso tuvo
que ver el rock, las mujeres usan minifalda, etc, detalles que van configurando otra noción de la juventud, y que hace
que la juventud participe, sobre todo los estudiantes universitarios, de las protestas, de las revueltas que empiezan a
surgir en esos años. La más conocida es el Mayo Francés, 1968. La protesta empieza en la Universidad de Nanterre,
donde un estudiante, que es Daniel Cohn-Bendit, que luego tendrá un lugar importante en la escena política francesa,
interpela al Ministro de Juventud y Deportes de Francia y lo interpela respecto a un libro que escribió sobre la
juventud, y le dice que verdaderamente no comprende nada de lo que les sucede a los jóvenes, sobre todo porque no
trata los temas de la sexualidad. De hecho el pedido en ese momento es tener baños compartidos en la Universidad.
Luego se dan una serie de protestas donde se unen los obreros, los sindicalistas, etc, y que paralizan Francia durante
varios días. Se producen otros focos de revueltas, como la Primavera de Praga, y en otros países de Europa y
Latinoamérica.
Los años „70 son una continuidad de los ‟60, no solamente en términos cronológicos. Lo primero es una introducción
a algunos acontecimientos políticos como base para entender después qué sucede dentro de nuestro campo, que en
este momento de la historia sí encontramos una conexión importante entre las vicisitudes sociales, políticas y los
movimientos internos del campo “psi”.
Cuestión a destacar es que en los „70 aparece la denominación de lo que es los “trabajadores de salud mental”:
TSM. Hasta a ese momento a aquellos que trabajaban dentro de la salud pública se los llamaba “higienistas
mentales”. Desde los años 70, esa denominación empieza a cambiar, y esto tiene un trasfondo teórico también y se
empiezan a autodenominar trabajadores de la salud mental. Esto sigue vigente hasta el día de hoy. Ya vamos ver en
qué contexto se da esa denominación. ¿Qué dice el texto de Carpintero E. y Vainer? Dice que los años „70 empiezan
en el „69 con el Cordobazo. La lógica de los años „70 empieza en el Cordobazo del „69, que es una revuelta obrero-
estudiantil de mucho impacto, que paralizó Córdoba durante varios días. Y es también una recepción, un eco, de lo
que sucedía en el mundo: del Mayo Francés y la Primavera de Praga, desde distintos lugares donde había este tipo
de manifestaciones, de revueltas, que tenían que ver con no aceptar el estado de cosas del momento y que eran
encabezadas sobre todo por la juventud.
La juventud empieza tener otro signo. No es más ese lugar o momento de pasaje hacia la adultez, sino que tiene un
valor en sí misma y los jóvenes en este período tienen un lugar muy importante en términos de movilización y de
militancia. En Argentina hay episodios particulares, el Cordobazo no solamente sucede porque hubo uno en Francia,
sino porque había dictadura hacía 3 años. Había mucho malestar, crisis económica, etc. En ese momento también se
empiezan a armar los grupos guerrilleros como el Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros. Son años de
mucha incertidumbre, crisis y de cambios políticos incesantes. No hay estabilidad en esos términos. Como decíamos,
hay una dictadura. Esta dictadura declara la pena de muerte a los terroristas cuando asesinan a Aramburu y como
denominador común a toda esa época aparece la violencia que se empieza inscribir en la sociedad. No solamente en
sus discursos, en las noticias, en las formas de contar los episodios, sino también en los actos. La violencia como
denominador común de esa época.
En el año 1970 los militares nombran a Levingston en el poder, al mismo tiempo que había muchas huelgas. Está el
Tucumanazo, que es como el Cordobazo, donde hay muertos, mucha represión. Iba subiendo la revuelta e iba
subiendo la represión, la respuesta del lado del gobierno de facto. En el „71 los militares anuncian que van a replegar
las fuerzas armadas y dejar que Perón retorne a Argentina. Entre el „72 y „73 se prepara la vuelta de Perón a la
Argentina, le permiten volver pero no que se presente a elecciones. Se presenta Cámpora en el „72 que gana las
elecciones con casi el 50% de los votos. Cuando vuelve Perón, al poquito tiempo que Cámpora había asumido, sucede
la masacre de Ezeiza que es una “bienvenida” a Perón hecha por la derecha peronista que recibe a los tiros a la
Juventud Peronista que era el sector de izquierda del peronismo. Hay muertos, heridos. Hay libros escritos respecto a
la masacre de Ezeiza, como el de Horacio Verbitsky. Entones, Perón ya viene en ese contexto donde hay división
interna del Peronismo. Perón se presenta a elecciones porque Cámpora renuncia y gana por el 62% de los votos con
su mujer, Isabelita. Es la elección en Argentina donde un candidato sacó más votos en la historia. Las organizaciones
guerrilleras seguían produciendo hechos, intensifican sus acciones.
Todo esto pasa en pocos meses. En un año se da todo: vuelve Perón, gana las elecciones, empieza a gobernar,
empieza a haber crisis económica, se da el gran acontecimiento de la plaza en un 1° de mayo donde Perón le dice a
su Juventud Peronista “estos estúpidos imberbes” entonces ellos se van de la plaza y hay una fractura muy grande.
Perón elige a la derecha peronista, y no incluye a la izquierda. Es una historia muy debatida y desarrollada. Con la
muerte de Perón en el 1° de julio del 74, queda al poder su mujer Isabel Martínez de Perón, que tiene detrás a un
personaje siniestro de la política: José López Rega Toma el poder la derecha peronista, la visión más intolerante del
Peronismo y se configura la Triple A: Alianza Anticomunista Argentina, que es ese grupo paramilitar que tiene el
estado, que mata y desaparece gente. Que, como dicen los autores que estamos trabajando, son crímenes más
“selectivos” que lo que va a pasar después en el ‟76, aunque igualmente ilegales.
En ese contexto es que se dan esos movimientos en nuestro campo que están ligados a las preguntas que abren estos
acontecimientos. Porque la pregunta que aparece es: ¿qué función, qué lugar, qué participación tenemos que tener
los psicoanalistas, los psicólogos, los trabajadores de salud mental en lo que está sucediendo en el ámbito social y
político? ¿Qué participación, qué relación con la política debe tener aquel que ejerce el psicoanálisis? En el caso de
la APA entonces, allí aparece nuestra cuestión. La Asociación Psicoanalítica Argentina. Fundada en 1942. Durante
30 años la APA manejó el negocio del psicoanálisis en Argentina. De una forma elitista, cerrada, ortodoxa,
jerárquica, en estos tiempo donde la política o los acontecimientos urgencian a los que estaban pensando algo,
empiezan a ser cuestionados. Los autores dicen que la única huelga a la que se adhirió la APA fue la huelga del 29 de
mayo del „69. En ese contexto del Cordobazo que también tenían distintas explosiones en distintos lugares del país,
deciden acompañar.
La IPA (Asociación Internacional de Psicoanálisis) organizaba todos los años congresos de psicoanálisis en
distintas partes del mundo. Oportunidad para viajar, los psicoanalistas asistían masivamente al único congreso de
psicoanálisis oficial que funcionaba como bajada de línea teórica. A su vez era un lugar de encuentro, de gestar
relaciones. En el Congreso Internacional de Roma, para no desentonar con la época, hacen un panel que se llama
“Protesta y revolución”. No todos los asistentes (sobre todo los más jóvenes) estaban tan de acuerdo con esta idea de
que los psicoanalistas se erigieran como observadores de la situación y que tenían que siempre estar al margen de lo
que sucedía, y empiezan a armar un contra congreso. El congreso en Roma era en el Hotel Hilton, súper lujoso, y
había un cartel que decía “Congreso Internacional de Psicoanálisis”. Lo que hacen estos autores, estos
psicoanalistas, es pintar una raya vertical en la S de la palabra “psicoanálisis”, y queda como el símbolo del dinero.
Señalan que allí sólo les interesa la lógica económica nada más.
En ese contra congreso participan los que son la segunda generación de psicoanalistas, donde están Rodrigué,
Bauleo, Keselman. Bleger también estaba en esa generación de psicoanalistas. Todos estos autores, a quienes se
puede sumar a Tato Pavlovsky y a Gregorio Kaminsky, se orientan hacia el análisis institucional, porque llevaron el
psicoanálisis a todos esos ámbitos que a la APA no le interesaba: los grupos, la institución, la terapia grupal, el
psicodrama, etc., etc. En este citado Congreso, ahí se encuentran con un grupo ya conformando, que era Plataforma
Internacional, y cuando vuelven a Argentina forman un grupo local de esa Plataforma, y lo llaman Grupo
Plataforma. Entonces, el Grupo Plataforma, está formado por casi 20 miembros de la APA que empiezan a cuestionar
enérgicamente las políticas de la APA y el no involucramiento político de sus participantes.
La APA le contesta con negación, con exclusión. En Las Huellas de la Memoria se cuenta de esta manera: “El 3 de
noviembre se encontraron todos los miembros de Plataforma en el consultorio de Emilio Rodrigué. Tenían las 18
renuncias y el brindis preparado. Ya sabían que Enrique Pichón Rivière no estaría, hacía tiempo que Pichón no
formaba parte de la APA”. A Pichón lo expulsan de la APA mediante un procedimiento espurio, diciendo que no
había pagado la cuota. Uno de los fundadores de la APA es expulsado de esta manera. Mi teoría es que ellos lo
envidiaban profundamente a Pichón, porque era inteligente, carismático, tenía discípulos, y los otros no pudieron
tener ni un discípulo. Y eso también fue lo que gestó el acto de dejarlo afuera.
Dice: “Esperaron hasta altas horas de la noche a José Bleger, pero Bleger no concurrió. Algo de tristeza había en los
participantes”. Bleger los ayudó a formalizar todo el plan o proyecto, el planteo de ellos, pero después no firmó. Se
quedó adentro de la APA. Decía que había que luchar desde adentro. Hay una verdad en lo que les advierte Bleger.
Él dice “ustedes van mal, no van a ser buenos psicoanalistas”. Él plantea que no es lo mismo una cosa que la otra;
la práctica psicoanalítica es una práctica específica, no se puede reducir ni llevar a una acción política. Si uno entra
en un consultorio y le dice a alguien a quién votar, no está haciendo psicoanálisis, está militando.
En el documental ROMPENIEBLAS, hay una posición con respecto a esto, que se confunde un poco. De alguna
manera queda en el documental como que están “los valientes” que se animaron a militar y llevaron el psicoanálisis
ahí, y los que “quedaron ahí”, los “neutrales”, los que se quedaron quietos. Hay más opciones. Es más complejo el
tema. Las opciones vienen con la lectura de Lacan, porque en ese momento el asunto se planteaba de una forma
binaria. Grupo Plataforma que eran los más extremos, los más radicales, que criticaban ideológica y políticamente a
la APA y a sus participantes (donde estaba Rodrigué). Después tenemos otro grupo que se formó también allí, que es
el grupo Documento. El grupo Documento estaba encabezado por Fernando Ulloa, también un psicoanalista de la
segunda generación.
El momento al que nos remitimos él era un joven médico, que dentro de las cosas que hacía de la APA, ella
garantizaba formación en ciertos lugares, por ejemplo en una residencia hospitalaria donde Ulloa era el responsable.
Allí tenían un residente muy joven también, al que expulsan por sus opiniones políticas, por su labor política, era de
izquierda. Ulloa lo defiende y lo vuelve a incorporar. Firma su reincorporación. Desde allí comienza una rencilla con
la APA, porque la APA le sugiere a Ulloa que no tome partido, que no se juegue. Ulloa dice “no” y escribe un
documento desplegando las razones a la APA de por qué una cosa no tiene que ver con la otra. Y la APA le contesta
con otro documento, y él le manda otro documento y así. Y por eso se llama Documento el grupo que funda. Porque
van y vienen estos documentos de contestación, cuestionamiento y respuestas con la APA. Y él se ve en esa tarea de
decir “yo de acá me voy, armo otro grupo con los colegas, que se llama Documento” y que no iban tanto a la
cuestión política de fondo o social, sino que cuestionaban la política interna de la institución. La política de la APA,
el modo de organizar, de formar y distribuir el psicoanálisis por decirlo de alguna manera. Entonces, el grupo
Documento termina siendo tildado por los de Plataforma como „reformistas‟. No eran tan “revolucionarios” como
los de Plataforma, eran reformistas (los de Plataforma les decían a los de Documento).
El grupo Plataforma realiza dos publicaciones muy conocidas, que tienen mucho valor histórico. Son las
publicaciones que se llamaron Cuestionamos y Cuestionamos II. Ahí escriben Marie Langer, Rodrigué, García
Reinoso, entre otros. En el documental ROMPENIEBLAS aparece Germán García que es un psicoanalista argentino
discípulo de Masotta. Se formó con Massotta cuando estaba en Barcelona, exiliado como él. Y critica a estos grupos,
Plataforma, Documento. Dice “esta gente se despertó ahí, se empezó a dar cuenta que había cuestiones políticas, que
pasaban cosas en Argentina y ahí se despiertan”. Los tilda de que habían estado dormidos 30 años en la APA y se
empiezan a despertar en los „70. Los textos Cuestionamos I y II son textos que tienen que ver con cuestiones políticas.
Entonces, eso es una de las cosas que tenemos que empezar a notar. La ruptura que ellos planteaban era una ruptura
que tenía razones políticas e ideológicas. De política interna, de política más general, lo que sea. Pero una ruptura
de cuestiones políticas, de posicionamiento, de cuestionamiento por el posicionamiento político, etc. No era una
ruptura en términos teóricos. Porque ¿qué matriz teórica tiene la APA? Kleinianos. Y después de la ruptura en su
mayoría siguen siendo kleinianos, o leen a los posfreudianos. Teóricamente, entonces, hay continuidad. Hay
discontinuidad en términos políticos y hay continuidad en términos teóricos.
Oscar Masotta sí propone una ruptura en términos políticos y en términos teóricos con el psicoanálisis oficial, si
bien él jamás participó de la APA.
Dice el texto: “Qué función y qué sentido tuvieron Plataforma y Documento: desde ese momento pertenecer a la APA
dejó de ser sinónimo de psicoanálisis. El origen político e ideológico de esta ruptura tuvo un logro: crearon las
condiciones por primera vez en la Argentina para formar psicoanalistas por fuera de la institución oficial”. Ese es el
gran valor que portan los grupos Plataforma y Documento. No eran grandes instituciones o grupos que siguieron
trabajando ni que estaban súper organizados, para nada. De hecho, Ulloa dice “en realidad sirvió como momento de
transición para que cada uno después siguiera haciendo lo que le parecía”, pero no fue un grupo que tenía un
proyecto más que romper con la APA, lo mismo que Plataforma. Y Rodrigué dice en su autobiografía que se llama El
Libro de las Separaciones con su forma de escribir tan pasional, tan particular: “Arañamos la historia y nos
comimos crudos, enloquecimos al salir de la jaula dorada…” La APA. Rodrigué fue el Presidente de la APA, pero
después rompe con la APA. Fue unos años antes presidente. “Perdimos la misericordia, nos faltaba calle, pedana,
baldosa”. Les faltaba calle ¿no? Calle y política y saber cómo hacer o cómo manejarse políticamente. De hecho
Rodrigué es hijo de una familia muy adinerada de Argentina, del Ingenio azucarero Hileret, una de las azucareras
más importantes de Argentina. Él cuenta en esta autobiografía de sus veranos en Mar del Plata, que iban a una
casona enorme, que tenían personal, empleados, una vida acomodada.
Les faltaba calle dice, “no teníamos medida de los nuevos límites”, dice. “Tamaño fanatismo nos llevó a rechazar al
grupo hermano de Documento liderado por Ulloa. Tal vez los grupos de ruptura tengan que ser crueles,
guillotineros”. También tenemos el testimonio de Ulloa que dice que fue una oportunidad de transición. Es decir,
ninguno de los dos grupos se estabilizó en una propuesta, se instituyeron en algún punto. Sirvieron solamente para
romper con la APA y para mostrar que podía enseñarse el psicoanálisis en otro lugar que no fuese la institución
oficial. Ese es el gran valor de los grupos.
Para continuar, tenemos por un lado, la ruptura de estos dos grupos con la APA en el „71, „72. ¿Qué otra institución
tenemos que surge en esta época? La nombramos porque forma parte del “campo psi”: La Federación Argentina de
Psiquiatras: la FAP. La FAP también se va gestando en distintos congresos. Entonces, los congresos de los
psiquiatras donde se plantea alguna alternativa, se dan desde los años ‟70, precisamente ese año tiene como sede
Rosario. No es el primero, pero es el primero en que se empieza a formar esta agrupación. El siguiente es en
Córdoba. En Córdoba se da una situación muy particular. En el año 1972. Lo iban a hacer en la Universidad
Nacional de Córdoba y empieza a haber amenaza de bomba, lo que los hace dudar. Después realizan un encuentro en
Paraná en el „74. Entre medio, en el año 1973 con la “primavera camporista”, hay todo un proyecto de salud integral
que se llama Sistema Integrado Nacional de Salud, y estos psiquiatras empiezan a participar de la elaboración de ese
proyecto.
¿Qué se pone de manifiesto en estos congresos? Que hay una tensión entre los psiquiatras tradicionales, que son los
biologicistas que hablan de la degeneración y de la herencia, y ciertos psiquiatras que tienen otras teorías, que están
más impregnados del psicoanálisis, tienen una teoría más dinamista de la enfermedad, más dinámica, que tiene que
ver con las relaciones, la familia y los roles, no usan tanto la medicación. Son psiquiatras progresistas que están
buscando otras vías de entendimiento y ellos son los que forman la Federación Argentina de Psiquiatras. Ellos son
los que participadas de este armado de este Sistema Integrado Nacional de Salud que rápidamente cae porque en el
„74 muere Perón, después viene López Rega, después la dictadura.
Esas ideas son el germen de la actual Ley de Salud Mental. Una ley de salud mental que tiene esos principios de
desmanicomialización que empezaron a pensarse en los años ‟70. Y ¿cuál es la tercera asociación que debemos
nombrar? Hasta ahora vimos la ruptura con la APA desde Plataforma y Documento, luego la Federación Argentina
de Psiquiatras y la tercera gran invención de los años „70 es la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental. Es
un gran cambio, porque bajo esa denominación hay muchas profesiones. Hay psicólogos, psiquiatras, asistentes
sociales, enfermeros, fonoaudiólogos, etc. Etc. Empiezan a denominarse de la misma manera y a estar juntos en
lugares de formación, cosa que no había sucedido antes en la Argentina. ¿Cuáles son los lugares de formación? el
lugar que crea la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental que funcionaba en el Hospital Lanús, “el Lanús”
como le dicen, lugar progresista de vanguardia, lugar que acunaba a toda esta gente. Ellos mismos crean el Centro
de Docencia e Investigación, el CDI, que es una formación sistemática, profunda, ligada a conceptos psicoanalíticos
y dictados para todos estos profesionales.
El CTSM comenzó a liderar diferentes luchas gremiales y políticas en el ámbito de la salud mental de la provincia de
Buenos Aires. En su asamblea se aprobó un plan de lucha que sintetizaba sus objetivos fundacionales. En lo político
se oponía a la dictadura de Lanusse, la represión y las torturas, en lo sanitario se oponía a los monopolios de la
salud…” Algo que triunfó. “... E impulsaban presupuestos sanitarios adecuados a expensa del presupuesto militar
represivo tanto como la asistencia gratuita e igualitaria a cargo del Estado y al servicio del pueblo. La Coordinadora
de Trabajadores de Salud Mental arma un Comisión de Docencia e Investigación bien estructurada, muy completa en
términos de formación, donde recibían profesores invitados, por ejemplo a Masotta, o Raúl Sciarretta, otra de las
personalidades de los „70, que formó parte de esa formación de los psicoanalistas por fuera de la universidad,
cuando la universidad se cierra intelectualmente desde el golpe del ‟66. Massota y Sciarretta formaron a toda una
generación de psicoanalistas en el principio de los ‟70.
Entonces, la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental, también retoma este guante, toma de nuevo esta
propuesta y dice así: “Esta novedosa perspectiva de formación, del CDI, de la coordinadora, rompía por primera vez
no solamente con sacar al psicoanálisis de la APA, sino que permitió que los psicólogos pudieran formarse en un
psicoanálisis no ceñido a la ortodoxia Kleiniana.” O sea, dos cosas: una, que empezó a formar psicólogos como
psicoanalistas, que era lo que la APA no quería hacer; y dos, que salen de la “matriz kleiniana”. Ahí está la ruptura
teórica de esta Coordinadora con la APA. Por eso lo invitan a Masotta, lo invitan a Sciarretta que empezaban a leer
Lacan y enseñar Lacan. Lo invitan a Luis Horstein, a Hugo Bleichmar, luego exiliados. A la vez, fue la primera
experiencia de formación conjunta para los trabajadores de salud mental concentrados en sus organismos gremiales
y políticos. Que en una misma clase un auditorio esté compuesto por médicos, psicoanalistas, psiquiatras, psicólogos,
etc. Fue inaugural eso, ahora es común, en una maestría hay profesionales de todo tipo, pero era otra época. No
existían los postgrados tan extendidos ni en el lugar que tienen ahora.
A través de su breve existencia, el CDI y la Coordinadora nos dejaron como saldo importante algunas
verificaciones valiosas: 1) La posibilidad de romper la estratificación y fragmentación de los diferentes grupos de los
trabajadores de la salud mental al integrarse en un solo momento gremial. 2) La demostración de que se puede dar y
adquirir una formación seria y de alto nivel fuera de las instituciones psicoanalíticas oficiales y con un aporte
económico mínimo que servía para mantener el local. Los elementos fundamentales de la teoría psicoanalítica pueden
dar cuenta de una variedad de recursos técnicos aplicables a todos los extractos de la población”. O sea que era
psicoanálisis que no era solamente para trabajar en los ámbitos del consultorio. “3) El avance, de este modo, de
algunos pasos concretos en el tan debatido terreno de la interrelación entre el marxismo y el psicoanálisis”.
Bueno, ahí está el quid de la cuestión. Qué relación establecer entre marxismo y psicoanálisis. Hemos hablado del
pasaje del existencialismo al estructuralismo. Athusser lo empieza a leer a Lacan, es marxista, tiene una lectura
marxista y en un sentido, la misma inquietud de José Bleger: convencer al Partido Comunista de que el psicoanálisis
no era una experiencia burguesa, una falsa ciencia, Que tenía algo en sí revolucionario. No le fue muy bien a Bleger.
Bueno Althusser hace lo mismo. Él forma parte del PC francés e intenta dar cuenta teóricamente mediante un par de
libros de la posibilidad de pensar de otra manera al psicoanálisis, de interrumpir los prejuicios que caían sobre él
desde el Comunismo. El PC siempre estuvo del lado de la reflexología rusa, de Pávlov y de Betcherev. Ese planteo no
fue a ningún lado. Pero Althusser lo que sí plantea es que el psicoanálisis tiene una especificidad. Que no es lo mismo
que la militancia política o la política. Entonces, Masotta lee a Althusser, hay toda una generación argentina influida
por Althusser, Sciarretta lee a Althusser también y ellos van a plantear esa relación entre marxismo y psicoanálisis de
una manera distinta a como la planteaban las FAP, la coordinadora, Grupo Plataforma y Documento. Digamos,
Masotta va a decir que no hay que confundir la política con la especificidad de la práctica del psicoanálisis y que al
mismo tiempo el psicoanálisis tiene una política propia o debe tenerla.
Para sintetizar y aclarar: la APA, respecto a Plataforma y Documento: hay una ruptura en términos ideológicos o
políticos y una continuidad en términos teóricos. La teoría ni se toca. ¿Por qué esto? Porque es distinto a lo que pasa
en Francia con Lacan y la IPA. Jacques Lacan, que es el autor que trae Masotta a la Argentina, es expulsado de la
Asociación Psicoanalítica Internacional en el año ‟63, lo que él mismo llama “La excomunión”. La Asociación
Psicoanalítica Internacional lo expulsa por razones técnicas, de técnica psicoanalítica, que argumenta teóricamente.
En el fondo es por otras razones. Como decíamos antes con Pichón Riviere: Lacan era exultante, brillante,
inteligente, no lo podían domesticar fácilmente, atraía, tenía público en sus seminarios, y atendía muchos más
pacientes que los demás, porque comenzó a variar la duración de las sesiones. Entonces el negocio no les cerraba a
los otros, hablando en términos económicos. ¿Por qué? Porque Lacan había empezado a no respetar el protocolo
técnico de la IPA que era que las sesiones debían durar 50 minutos. La IPA había internacionalmente prescripto
que cualquier sesión debía durar 50 minutos. Esto está en algunas películas, como las de Woody Allen, cuando el
personaje estaba justo ahí por llegar a algo, el analista, que está mirando un reloj, lo corta: “50 minutos, se terminó
la sesión por hoy”. O sea, el corte era absolutamente cronológico.
Lacan empieza a plantear que el corte tiene que tener que ver con una lógica del inconsciente, cuando alguien
concluye, cuando hay un efecto sujeto. Habla de tiempos lógicos, empieza a hablar de esta lógica que tiene que ver
con que la sesión termina cuando algo concluye en el discurso, que abre a una palabra plena, que tiene otro espesor.
Una sesión puede durar 5 minutos, 20 o una hora y media, Los pacientes lo esperaban en la sala de espera porque
nunca sabían bien a qué hora iban a ingresar al consultorio. Volviendo a eso que bien decía Masotta retomando de
Lacan, se habían olvidado de leer a Freud. Eso es lo que pasaba en Argentina en el psicoanálisis oficial, si uno deja
de leer el referente, se puede hacer cualquier cosa y decir cualquier cosa. Entonces ahí tenemos una continuidad
teórica.
Toda la APA no se presentaban como una lectura alternativa del psicoanálisis, como heterodoxos, si no que eran la
versión oficial del psicoanálisis. Tal como Jung, Adler, que le quitan el componente sexual a la libido, o desplazan el
eje del inconsciente al yo, tocan los fundamentos, no son detalles. Freud los critica duramente, los invita a retirarse
del psicoanálisis e inventar su propia denominación. Lo mismo con Garma, la APA y el psicoanálisis médico, no
laico. Con la gravedad de que ellos tenían la “versión oficial” y la exclusividad de la formación, y la distribución de
los profesionales y los pacientes. Porque eran una especie de sistema único, donde, si entrabas, te analizabas,
después te pasaban pacientes y tenías estabilidad para toda la vida. Era como ganarse un cargo para toda la vida,
algo así.
Por otro lado tenemos la APA y lo que representa Masotta que va a ser una ruptura en términos políticos. Masotta
también era marxista, pero nunca se afilió al partido comunista. Es otra lectura marxista la que tenía Masotta. Y
tampoco homologaba marxismo con el psicoanálisis. Nunca quiso hacer un freudo-marxismo como hubo intentos.
Pero más allá de esta cuestión política, lo que a Masotta le interesaba plantear era que el psicoanálisis tenía que
tener una política propia. Masotta retoma a Freud, lee “Pueden los legos ejercer el psicoanális” se llama también
“Análisis Profano” o “Análisis Laico” y les recuerda que Freud dijo que no había que ser médico para ser
psicoanalista, que incluso la medicina conspira contra el psicoanálisis. Para Masotta tenía que ver con fundar
instituciones nuevas. Por eso funda la EFBA: la Escuela Freudiana de Buenos Aires en el „74 y cuando va a
Barcelona funda la Biblioteca Freudiana de Barcelona. Para él tenía que ver con fundaciones, con dejar algo
establecido, algo instituido respecto a esa idea.
Hay un plano de la política que es la política general, social, pero después hay una práctica política en cada
práctica que llevamos adelante. Es imposible que eso sea así. Se confunde con la política partidaria. Más allá de que
el psicoanalista sea “kirchnerista” o no, si dispone eso en el dispositivo analítico no está haciendo psicoanálisis, está
haciendo militancia. Está bien que milite en su vida social, pero el psicoanálisis tiene un dispositivo específico, tiene
resortes específicos, condiciones. No se puede llevar adelante en cualquier lado ni de cualquier manera. Tiene
condiciones que son específicas. Si el psicoanalista está condicionando al paciente en relación a sus ideales, ya sea
sobre “a quien votar”, evidentemente no está ejerciendo bien su práctica profesional, está poniendo en juego a su
persona.
Los años 70´ y sus efectos en las prácticas actuales del „campo psi‟ (segunda parte)
Masotta en esa época estaba dando sus grupos de estudio, está en esa tarea, hasta que parte a Barcelona y también,
no solamente nuevos panoramas, en relación a los caminos nuevos que pueda tomar el psicoanálisis con la
introducción de Jacques Lacan en Argentina, o la nueva forma de legitimarse en el psicoanálisis, sino también la
articulación, la pregunta por la política, la articulación entre política y psicología, o política y psicoanálisis, en qué
punto esos dos campos deben estar dialogando. Todo este despertar, todo este panorama tan prolífico se corta
abruptamente, se termina abruptamente en el año „76, con el golpe de estado del 24 de marzo del „76, si bien ya se
venía preparando esto desde el año „74, es decir, esto no toma por sorpresa a la sociedad, sino que esto venía
sucediendo con la Triple A que ya desaparecía, torturaba gente y en el „76 esto se sistematiza como proyecto, como
práctica social, como siniestro proyecto de estado. Este Golpe se caracteriza por la supresión de las garantías
constitucionales. Toda una práctica que instaura un orden basado en el silencio. Una práctica que tiene que ver con
el exterminio, con la desaparición de personas, con la destrucción de la condición humana mediante la tortura. Un
plan cuyo objetivo tiene que ver con asesinar la memoria, no solamente gente sino la memoria, el recuerdo, el trabajo
sobre acontecimientos, el trabajo que ordena que allí pasó tal cosa, allí pasó tal otra.
Más allá de esto, que es lo más denso de esta cuestión, lo que plantean los autores es que el gran objetivo de la
dictadura militar fue facilitar un cambio económico que venía jugado mundialmente, venía planteado mundialmente,
que tiene que ver con el movimiento que hace el capitalismo. De un capitalismo industrial, a un capitalismo cuyo
centro es el interés financiero, el capital financiero, la timba financiera como le dicen, es decir, se necesitaba este
tipo de régimen social para poder entonces instalar una nueva economía y la aceptación de esa nueva economía. En
ese punto es que hay una conexión con el presente, porque las políticas que se aplican actualmente son neoliberales,
responden a ese marco de ideas, a ese ideario casi calcado de las políticas que se implementaron en la dictadura,
aunque por supuesto los contextos no son exactamente iguales.
En principio podríamos decir que hay una vuelta a la psiquiatría biológica, no a la psiquiatría dinámica que
introduce cuestiones sociales, culturales. Sino una psiquiatría biológica: lo que se llama neuropsiquiatría. En
términos concretos los hacen despidiendo a los jefes de los servicios, a los directores de hospitales, a aquellos que
tenían lugares claves en la salud, descabezan todos los niveles de salud, salud general y salud mental, salud pública y
salud mental, descabezan todo y lo que hacen es, allí nombrar a médicos que eran militares, en general eran
militares, o “simpatizaban con esas ideas” que en términos teóricos se traduce a teorías biologicistas,
neuropsicológicas, neuropsiquiátricas, no solamente en el ámbito de la psiquiatría sino también en la psicología, por
supuesto que esto es el final de cualquier plan reformista que se había ido pudiendo sostener, desde el año „73.
Vuelven a instalar el electroshock, como procedimiento, como parte del tratamiento. El electroshock tiene una
presencia en la historia de la psicología, psiquiatría, una presencia ondulante.
Nunca jamás se ha argumentado, no hay un argumento que permita avalar el uso del electroshock, son argumentos
muy lábiles, a su vez el uso del electroshock tiene que ver con gobiernos, con estados, con regímenes, como más
arbitrarios, tiránicos. Por supuesto en este tiempo también se prohíben las reuniones y el trabajo grupal, por lo que
cambian mucho las prácticas que los profesionales de nuestro campo puedan llegar a tener, cualquier tipo de terapia
grupal es prohibida, cualquier reunión en un hospital es prohibida, de profesionales, de trabajadores, por lo tanto lo
que producen es ir cada vez más reduciendo el campo de acción al nivel privado, al nivel solitario, o a unos
grupúsculos muy pequeño.
Hay una comunidad terapéutica modelo en Entre Ríos, la del Doctor Caminos, que sostuvo muy tempranamente los
preceptos de la desmanicomialización, este movimiento tiene que ver con la influencia de algunos autores ingleses o
italianos, también norteamericanos, que pensaron otro estatuto para la locura. Eso se da de baja y en su lugar se
instalan, se instauran los neuropsiquiátricos, los psiquiátricos convencionales, que siempre tienden a configurarse en
instituciones totales, instituciones de encierro, que cronifican al paciente.
La ley de salud mental lo que intenta es justamente dinamizar esa internación hasta un punto de que pueda
externalizarse, pueda externar a ese paciente, pero para eso hay todo un trabajo en la sociedad, que hay que realizar,
bueno, esto es exactamente lo contrario, la manicomialización. En un panorama donde no solamente descabezan los
lugares claves de gestión, de dirección de los distintos estamentos en salud, sino que también aterrorizan y
desaparecen gente de nuestro campo. Uno de los ejemplos fundamentales para nosotros es el de Beatriz Perosio,
psicóloga, Presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires, que en el año „78 se la llevan de un jardín de
infantes del que ella era dueña, y no se la encontró nunca más. En ese contexto tan complicado la APA, decide no
involucrarse en lo que estaba pasando, no proclamarse en relación a la defensa de los derechos humanos.
En esa búsqueda van a hablar con el Dr. Abadi, de la APA, a ver si saben algo de ella y a pedirle a la APA que los
ayuden a encontrarla, a pronunciarse respecto a esta desaparición y dice: "Fuimos a la APA para pedir una
solidaridad institucional, nos entrevistamos con Mauricio Abadi, quien nos recibió en la sede de la institución donde
había chicas con uniforme que nos trajeron el café, nos dijo, “ustedes piensan que nosotros podemos hacer algo
pero no podemos llevar ese tema a una asamblea de la institución para decidir la solidaridad con la APdeBa
(Asociación de Psicólogos de Bs. As), el tema no es con el psicoanálisis y la psicología por eso no lo podemos tratar
institucionalmente”. La posición de la APA no es algo que sostenida sólo por ellos, sino que lo decide la Asociación
Psicoanalítica Internacional, no intervenir en ningún tema que tenga que ver con los derechos humanos, no
pronunciarse en relación a eso, mantenerse fuera.
En los últimos años se ha bregado para que se llame golpe cívico-militar, porque fue apoyado por la sociedad rural,
por la iglesia, por la unión industrial, por la asociación de empresas, la Cámara Argentina de Comercio y por la
pequeña burguesía argentina. desde esa época se instala el predominio como decíamos, el capital financiero, el
predominio de un nuevo orden económico, una nueva vuelta del capitalismo que nosotros tenemos hasta hoy, tenemos
sus efectos hasta hoy, si bien ha habido por supuesto diferencias en las políticas de los últimos años hoy nos
encontramos un poco con este panorama.
Debates en el campo psi…
Bien, en relación a los “debates actuales”, los debates actuales en el campo psi son debates que se gestan en esa
época de la que estamos hablando pero han tenido por supuesto su evolución, su desarrollo: “La respuesta del
psicoanálisis a las terapias cognitivo comportamentales”. Ese sería un núcleo, uno de los debates más fuertes que es
entre el psicoanálisis y las TCC (terapias cognitivo-comportamentales), o podemos decir también entre el
psicoanálisis y las neurociencias. Porque hay una gran articulación, una gran intimidad, hermandad entre las TCC
y las neurociencias, que ha sido la rama de las ciencias cognitivas que más se desarrolló en los últimos años y
podríamos decir la psiquiatría con su industria farmacéutica detrás. Allí tenemos el segundo gran tema, gran
núcleo de cuestiones, que es la MEDICALIZACIÓN DE LA SOCIEDAD O LA PATOLOGIZACIÓN DE LA
SOCIEDAD, un cosa viene con la otra, la patologización, para todo hay un nombre para cualquier tipo de actitud,
conducta hay una patología, por lo tanto para cada patología hay una medicación, entonces tenemos las dos
grandes cuestiones, 1) el debate psicoanálisis - neurociencias o psicoanálisis TCC y 2) la medicalización o
patologización de la sociedad.
El DSM es el manual de psiquiatría diagnóstico estadístico que regula todas las prácticas a nivel mundial. Va por la
quinta edición, y se fue transformando mucho desde la primera edición. La primera versión todavía estaba muy
empapada de los conceptos freudianos, la división que hace Freud entre neurosis, psicosis y perversión, las tres
estructuras clínicas diríamos, aunque nunca las llamó así pero las llamamos así, después se ha ido, esas tres grandes
estructuras de sentido han ido variando hasta convertirse en trastornos, todo es trastorno, hay trastorno para todo y
siguen inventándolos y eso detrás tiene la industria farmacéutica, la innovación farmacéutica y también por
supuesto está el mercado ahí. Para dar un ejemplo, hace unos años no existía el diagnostico de bipolaridad, eso fue
un invento, pero no vino por una evidencia clínica, teníamos los maníacos depresivos, el típico maniaco depresivo, de
la psiquiatra que le era muy eficaz ese diagnóstico, vino esa necesidad para instalar nuevas drogas, nuevos
medicamentos.
Lo primero que hacen es una operación sobre los medios de comunicación que es por ejemplo que ese diagnóstico
empiece a circular en las revistas de mayor venta los domingos, la Revista VIVA del domingo por ejemplo, alguna
revista que la compré todo el mundo y que sea de interés general. Por ejemplo aparece "el nuevo trastorno de” o la
"nueva forma de llamar", "como darse cuenta si usted es bipolar o no" todas esas notas que parecen como leves y
dicen "una nueva investigación de la universidad de “cuchustril” muestra que “somos todos bipolares, o podemos
serlo" o que el 90 por ciento que la gente del mundo es bipolar, o que el 75 por ciento, etc. Entonces eso empieza a
circular, empieza a circular en el imaginario de la gente, ingresa por los medios masivos, no por el médico.
Ese es el circuito bastante alejado de la mirada clínica que se inicia a fines del siglo XVIII. En la actualidad está el
mercado regulando todo esto, el mercado, los medios de comunicación, la creación de opinión pública, de hecho es
algo que se usa mucho, o sea hace años, un puñado de años que la gente dice "vos sos bipolar", "es re bipolar", ya
está incorporada a la jerga, entra a la vulgata, con lo cual se legitima, se vuelve algo familiar. Uno diría, ¿qué tiene
que ver la psiquiatría con nosotros? con la psicología, pero sí, la psiquiatría ha impuesto la forma de diagnosticar,
incluso los psicólogos, cosa que el psicólogo se encuentra cuando se recibe y quiere trabajar con obras sociales, para
que le paguen la atención de ese paciente tiene que colocar un diagnóstico proveniente del DSM.
El orden médico psiquiátrico ha terminado de imponer el modo y las condiciones bajo las cuales se trabaja en la
psicología y eso también se asocia a cómo se piensa al psicólogo, cómo se piensa a la luz de la quita de las
incumbencias que han recortado recientemente, cómo han prevalecido incumbencias que tienen que ver con la
cuestión técnica, que es como empezó la psicología en la época peronista. Lo mismo sucede cuando empieza la
carrera de psicología, los psicólogos tenían que ser supervisados por psiquiatras, por médicos, continúa la carrera
de psicología y se recrudece desde los años „70, los psicólogos siempre son pensados como un auxiliar, como un
paramédico, como un personaje secundario de una intervención médica / psiquiátrica, hasta el año „85, porque desde
el „76 en adelante vuelve a aparecer la restricción a los psicólogos que dice explícitamente que no pueden establecer
ninguna terapia, ninguna acción terapéutica con los pacientes, no pueden atender pacientes, hasta el año ‟85.
Es una lucha permanente, es algo que está siempre en juego, lo que acabamos de decir es una muestra nueva,
novedosa de cómo el poder médico está tratando de siempre reducir, achicar el trabajo del psicólogo y ni hablemos
del psicoanalista que no tiene como entidad jurídica, o sea hay que ser psicólogo o médico para ser psicoanalista en
términos legales. Hay vigencia permanente de estas problemáticas que surgen en los años 70. Otro gran tema que se
inaugura en los años „70 es la tendencia a la privatización de la salud, la monopolización de la salud que ha ido
triunfando y no solamente de la salud si no que hay toda una movida en el ámbito universitario: varias de las
carreras de las universidades públicas se cierran o se reduce la matrícula, se controlan los contenidos, los
pronunciamientos de la Reforma Universitaria del 18 por supuesto que caen, no hay concursos universitarios, no hay
libertad de cátedra, no hay ingreso irrestricto a las universidades, hay una matrícula muy pequeña que puede
ingresar y eso hace por supuesto a la proliferación, al crecimiento, al florecimiento de las universidades privadas,
que en los años „70 se fortalecen mucho, durante los „90 también y en la actualidad también, todas cuestiones que nos
conciernen directamente.
A change of mind [un cambio de mentalidad]-terapia cognitiva
Por razones económicas y culturales, ha comenzado a destronar a las psicoterapias dinámicas neo-freudianas como
la forma de tratamiento dominante en las prácticas privadas e institucionales a lo largo y a lo ancho de EEUU. Para
mejor o para peor, la terapia cognitiva se está transformando rápidamente en aquello a lo que la gente se refiere
cuando dice que está “haciendo terapia”. Como su nombre indica, la terapia cognitiva (TC) se basa en los
pensamientos de un paciente. Está basada en la idea de que nuestras creencias y percepciones forman nuestras
respuestas emocionales al mundo. En el mundo, según la terapia cognitiva, los patrones de pensamientos negativos –
no los conflictos inconscientes o los traumas tempranos de la vida– son la causa de la depresión, la ansiedad y
algunos otros trastornos mentales. La terapia cognitiva intenta hacer que los pacientes sean conscientes de los efectos
de estos pensamientos disfuncionales para ayudarlos a cambiarlos.
Para los casos de depresión leve a moderada, la TC dura normalmente de unas semanas a unos meses –mucho menos
tiempo de lo que otras psicoterapias normalmente requieren-. Esto hace felices a las compañías prepagas, que son
conscientes de los costos de la psicoterapia-. Las aseguradoras cubrirán con más probabilidad el costo de
profesionales que usan (o dicen que usan) la terapia cognitiva que el costo de aquellos que no la practican. Los
terapeutas que descubren que, en promedio, sólo siete de las sesiones de un paciente son cubiertas por su obra social
o prepaga (si es que alguna de ellas es cubierta), aprecian cada vez más la habilidad de la TC para producir
resultados a corto plazo.
El público, a sabiendas o no, también está apoyando el ascenso de la TC. Los norteamericanos están viviendo ahora
en "una época muy pragmática”, buscando evidencia para verificar todo. Al contrario de la mayoría de los otros
formatos de terapia por la palabra, según él, la TC tiene evidencia suficiente para demostrar su efectividad. Las
medicaciones como Prozac y Zoloft todavía son el tratamiento de cabecera para la depresión: 80 por ciento de los 14
millones de norteamericanos tratados todos los años por depresión tomaron antidepresivos. Pero hay señales de una
repercusión negativa creciente. La plétora de anuncios para estas drogas no menciona que el 60 por ciento de las
personas que los toman no encuentran el alivio adecuado y a menudo cambian de droga en droga buscando mejores
resultados. O que algunos estudios muestran que los pacientes que reciben placebos mejoran de forma similar como
los que tomaron antidepresivos. O que cuando usted detiene la toma de esos medicamentos, tiene 60 a 70 por ciento
de chance de recaída.
En mayor estudio realizado hasta la fecha –el más reciente-- presentado en la reunión anual de la Asociación
Psiquiátrica Americana en mayo, La TC se equiparó con la medicación, incluso en el tratamiento de la depresión
severa, y la tasa de recaída fue menor. Entre pacientes que fueron seguidos durante un año, aquellos que habían
tenido 16 sesiones de TC y tres sesiones de "propulsor" durante el año tenían una proporción de recaída del 25 por
ciento. Pacientes que tomaron Paxil todo el año tenían una tasa de recaída del 40 por ciento. Todos lo cual hace que
la terapia cognitiva sea una alternativa legítima por sí sola o en conjunto con otro tratamiento para una variedad de
trastornos mentales. Y cuyos beneficios pueden persistir y pueden mejorar la vida de uno de otras maneras.
Aaron Beck, conocido como el padre de terapia cognitiva. Como psiquiatra en Penn en 1959, él trató de encontrar
evidencia para apoyar las teorías de Freud sobre la depresión. Empezó analizando los sueños de sus pacientes,
buscando señales que la depresión era causada por la hostilidad vuelta hacia ellos mismos e inconsciente. Bajo la
teoría Freudiana, la depresión resulta cuando una persona intenta bloquear lo que Freud considera el enojo
inapropiado hacia un difunto querido, por ejemplo. En lugar de que un hijo acepte que su madre querida era en
realidad una bruja egoísta - eso le haría sentirse demasiado culpable - él bloqueará esa hostilidad y se culpará por
ser un hijo malo. Esto es todo inconsciente, claro. Beck figuró que si Freud tenía razón en su teoría, esto habría de
manifestarse claramente en el estado de sueño de una persona deprimida. Así que él estudió los sueños de sus
pacientes, buscando evidencia de la hostilidad interior. Encontró en cambio que los sueños de sus pacientes eran una
reflexión de su pensamiento consciente - o "réplicas de cómo ellos se vieron en la realidad", afirma. Una persona que
soñó con un fracaso en un examen se vio como destituido, por ejemplo. Otro paciente que se sentía que era un
perdedor en la vida soñó con perder algo de gran valor.
Adicionalmente, Beck dice, él notó que cuanto más permitió a sus pacientes "asociar libremente" durante las sesiones
- es decir, recostados en el diván informando sus pensamientos mientras ocurren, tal como los psicoanalistas piden -
es cuando peor se sentían sus pacientes. Pero cuando él intervenía y les ayudaba a entender problemas prácticos,
dice, sus pacientes hicieron un progreso rápido. Beck no encontró la aprobación empírica para las teorías de Freud.
Pero él encontró evidencia de que otras intervenciones eran eficaces en controlar y eliminar síntomas de depresión y
otros trastornos mentales.
La TC es un proceso colaborativo entre terapeuta y paciente que finalmente enseña a los pacientes cómo identificar y
manejar sus pensamientos negativos. Estas distorsiones habituales en el pensar - o los “pensamientos automáticos”,
como los terapeutas cognitivos los llaman - son de varios tipos, como la lectura de mente (asumiendo los
pensamientos de otro, como en "Él piensa que yo soy tonto"), etiquetando ("yo soy un fracaso"), el pensamiento
catastrófico ("Mi carrera ha terminado si yo soy rechazado") y el pensamiento todo-o-nada ("Nada funciona en la
vida para mí") Tales pensamientos juegan como una música de fondo mala que se repite mientras la persona
deprimida trata de vivir, nublando el humor e influyendo en la conducta. Nosotros buscamos estas declaraciones en
la terapia, dice Rob Leahy, "Y conseguimos que el paciente examine exactamente cómo realmente son." Lo que sigue
es un tipo de diálogo Socrático cuestionando las creencias negativas del paciente y probando si ellas están basadas
en la realidad. A menudo no lo están. “Las personas lo entienden muy rápidamente", dice Beck.
En su formato puro, la TC involucra una serie de procedimientos de las terapéuticas normales. Antes de que la
terapia comience, los pacientes llenan un auto informe y completan un inventario de depresión, probablemente el
Inventario de Depresión de Beck (IBD), una serie de 21 afirmaciones en las cuales se le pide al paciente que tase
sentimientos como la tristeza ("me siento triste la mayoría del tiempo") o los pensamientos suicidas ("no tengo ningún
pensamiento de matarme") Este instrumento de diagnóstico calcula el nivel de depresión. El terapeuta explica la
terapia cognitiva al paciente y se definen las metas del tratamiento. La opción de la medicación se discute y a menudo
se alienta. El paciente termina cada sesión con "tarea para la casa."
Esta tarea es un sello de terapia cognitiva y de la terapia conductual, y es una de las razones por la que la TC se
llama a menudo “terapia cognitivoconductual”. Si paciente se siente aislado y no querido, la tarea podría ser llamar
a un amigo para ir a ver una película, y luego se evalúa la experiencia. Al contrario de una terapia conductual pura,
que teoriza que una actividad por sí misma puede cambiar la conducta y reducir la depresión, la TC usa una
actividad para demostrar a la persona deprimida que no está desvalida. La evidencia de que la persona puede hacer
la actividad es usada para demostrar que sus pensamientos negativos están injustificados.
La terapia cognitiva es practicada alrededor del mundo, inclusive en lugares que van desde el Medio Oriente a
Japón. La técnica ha tenido su mayor aceptación en Gran Bretaña, donde se usa ampliamente como un tratamiento
de primera línea para la depresión, el pánico y trastornos obsesivo-compulsivos, y junto con la medicación para
relevar síntomas de esquizofrenia y la depresión maníaca. Pero en una era de medicina basada en la evidencia, las
compañías aseguradoras - y la comunidad médica en conjunto - está pareciendo estandarizar el tratamiento médico.
Y ellos quieren usar tratamientos que han sido probados ser eficaces en los estudios. La terapia conductual y otro
tratamiento llamado psicoterapia interpersonal tienen datos empíricos que muestran que ellos funcionan, pero el
grueso de investigación que muestra resultados positivos se ha hecho con la terapia cognitiva.
Con el ascenso de la TC entre las compañías aseguradoras de salud, muchos proveedores de salud mental con
inclinaciones psicodinámicas ni siquiera se molestan en firmar con las prepagas. Les molestan las preguntas sobre
sus tratamientos, sus métodos requieren a menudo más tiempo que la TC y los reembolsos normalmente son tan bajos
que no vale la pena la pérdida de tiempo. Los terapeutas sienten que se están transportando en ferrocarril en una
sola escuela de pensamiento terapéutico - el que es apoyado por compañías prestadoras de cuidados que se
preocupan menos por los pacientes que por mantener los costos.
Aaron Beck ve un poco de humor en la situación: "En este país, los psicoanalistas equiparan bastante a la terapia
cognitiva con las aseguradoras”, dice con una risa. "Ellos sienten que la terapia cognitiva es una traición porque
hemos jugado en las manos del enemigo”. “¡La terapia cognitiva fue desarrollada primero! Pero ellos ven esto como
una traición".
“Debates Actuales en el Campo Psi. Sus modos de presentarse en las instituciones”.
Lo que nosotros llamamos los “Debates actuales del campo psi”. Psi porque nombramos a psicólogos, psiquiatras,
psicoanalistas, trabajadores sociales, psicopedagogos, terapistas ocupacionales, todo lo que incluye el campo “psi”.
Esto lo podemos decir por lo que pasó en los años 70, cómo se constituyó o viró el campo en los años 70. Creemos
que a los Debates justamente debemos compartirlos de esta manera abierta, y aparte con una pluralidad, un modo
coral de comentar la práctica de cada uno.
Años ‟70: Es una década que en sus primeros años se dirige en una dirección y desde el „76 en adelante eso se
interrumpe, se corta y se instala otra cosa. Hemos situado que a principios de los años „70 ocurrieron en nuestro
campo y también ligado a un contexto prolífico y versátil también, hemos situado tres acontecimientos: En primer
lugar tenemos la ruptura de los grupos Plataforma y Documento en relación a la Asociación Psicoanalítica
Argentina, cómo rompen con la visión oficial, jerárquica, verticalista del psicoanálisis. En segundo lugar tenemos
una gran experiencia que se dio en el hospital Lanús que fue la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental con
su centro de docencia e investigación. La Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental, lugar donde comienza a
denominarse a estos trabajadores de la salud mental justamente, como de la salud mental. Donde también se da esta
posibilidad de formación de muchos profesionales de campos distintos que pueden formarse en una misma
experiencia, en un mismo grupo.
En tercer lugar situamos la Federación Argentina de Psiquiatras (FAP) que también es una agrupación que se va
consolidando, se va formando a partir de distintos congresos que se dan en esas épocas (en los „70, „71, „72) y que
son psiquiatras en su mayoría jóvenes, con inquietudes reformistas, progresistas, muchos con formación política de
izquierda que van a plantear también una distancia respecto a la psiquiatría tradicional, biológica, neurológica.
Ellos son los que colaboran directamente en el Plan Integral Nacional de Salud que se da durante el año ‟73. Dura
unos meses, pero deja esta impronta de lo gratuito, lo igualitario. Está muy impactado por las ideas de la
desmanicomialización. También hablamos del corte que implica la dictadura militar desde el 24 de marzo del „76, la
caída de todos estos proyectos, el desmantelamiento del sistema de salud pública, de salud mental, el
descabezamiento de las direcciones importantes de los distintos estamentos de la salud, y la reinstalación de planes
que tienen que ver, que tienden a una visión neurológica del sujeto, una visión biológica, naturalista del sujeto. Por
supuesto se incluyen prácticas que podemos incluso hasta convenir que son torturantes, tortuosas, como el
electroshock.
El objetivo político del golpe de estado inaugurado en el „76 tiene que ver con insertar al país en un proceso de
globalización capitalista. Para instalar este nuevo régimen económico o esta traslación del capitalismo, necesita
justamente de un régimen genocida, un régimen que instala el horror, el terror y el silencio. Estamos hablando en
realidad del germen del neoliberalismo y cómo eso es lo que nos volvemos a encontrar en la actualidad. Jorge
Alemán es un autor que nosotros seguimos, que admiramos mucho, y él plantea toda una lectura acerca del
neoliberalismo desde el aspecto subjetivo que es lo que nosotros nos interesa especialmente. Él dice que hay dos
niveles, dos aspectos de lo simbólico que tenemos que tener en cuenta y diferenciar, para entender lo que pasa en la
actualidad. Dos órdenes. También en el sentido de pensar que el poder para instalarse, para existir, para continuar.
Crea consenso, crea subjetividad y quiere intervenir sobre la subjetividad. En ese sentido lo evocamos a Feierstein,
que él dice que no solamente el genocidio que sucedió en los años „70 Argentina si no todos los genocidios del siglo
XX tienen que ver con avanzar sobre la sociedad.
Silvia Bleichmar, ella decía: no es lo mismo las operaciones necesarias para la estructuración del sujeto, para la
constitución del sujeto, que los modos de producción subjetiva. O sea, hay operaciones (identificaciones, represión,
distintos mecanismos psíquicos, etc.) que tienen que suceder para que un sujeto se estructure completamente, para
que pueda acceder a la neurosis. Pero no es lo mismo que los modos de producción subjetiva, es decir, cómo cada
época promueve que se den esos mecanismos. Es decir, el síntoma cambia en su modo de mostrarse aunque la
estructuración sea la misma, que podamos „leer‟ el mecanismo de cómo se constituyó el síntoma. Ahí tenemos los dos
órdenes simbólicos. Es decir, hay un orden que tiene que ver con la dependencia del sujeto al lenguaje, una
dependencia fundante, necesaria, absoluta. Esa tiranía del lenguaje respecto al sujeto que lo estructura. Y por otro
lado la dependencia del sujeto a un orden sociohistórico, y que ese orden sociohistórico puede modificarse.
¿Qué pasa con el neoliberalismo? lo que se propone el neoliberalismo como proyecto es crear subjetividad, dice
Alemán. Ir hacia la subjetividad. Que ninguna zona del sujeto, ningún lazo quede por fuera de ese régimen. Que
quede ligado, ordenado y reglado en relación a ese régimen. ¿Se entiende esto? Entonces, claro, el neoliberalismo lo
que pretende es crear un hombre nuevo. Y es bastante exitoso en ese proyecto. El hombre nuevo de Nietzsche, de la
izquierda. Con la diferencia de que aquí ha sido exitoso. Un sujeto que no tenga ninguna atadura, ningún conflicto,
que no tenga ninguna herencia simbólica que tramitar, ninguna deuda, no tenga ningún tipo de enclave generacional
o transgeneracional.
Los debates actuales están en un marco mucho más importante y más amplio que es este marco acerca de una batalla
cultural que se da en distintos planos. ¿Cuáles son esos debates? Hay varias problemáticas, varias discusiones.
Nosotros podríamos comentar el intento por ejemplo de estandarizar con una escala internacional las patologías,
que son los manuales diagnóstico-estadísticos, los conocidos como DSM, que va por la quinta edición. Muy
influenciado por esto, los planteos por ejemplo, en EEUU acerca debate acerca de la necesidad y pedido de
habilitación para medicar de parte de los psicólogos norteamericanos. Esto lo encuentran en el discurso que da el
Presidente Dr. Beth Rom Rymer, de la división 55 de la Asociación Americana de Psicología, desde una sociedad que
han formado que se llama “Sociedad Americana por el Avance de la Farmacoterapia”.
Hay dos grandes debates que realmente impregnan la práctica
Psicoanálisis V.S ciencia cognitiva, TCC
Uno de ellos es el debate psicoanálisis – ciencia cognitiva, o psicoanálisis – neurociencias. Hago esa diferencia o ese
deslizamiento en la nominación porque la ciencia cognitiva se crea en los años „60, fines de los años „50 en EEUU
como un proyecto interdisciplinario.
En ese momento lo que rige, la base de su ideario sería la analogía mente-computadora. Desde los años „80 la
ciencia cognitiva empieza a estar regida por esta biología que es la neurociencia que tiene que ver con avances que
se han dado en relación al funcionamiento del cerebro. Es una psicología que adquiere mucha fuerza en la segunda
mitad del siglo XX y en términos prácticos, en términos de aplicación terapéutica, se traduce a lo que se llama las
terapias cognitivo-temperamentales. Esas terapias que en su inicio habían estado tan enfrentadas como el
conductismo y la ciencia cognitiva o las psicologías cognitivas, varias. En la actualidad se presentan juntas. Tienen
un gran poderío, una gran presentación en el mundo, una hegemonía. ¿Por qué esto? Porque se articulan con la
psiquiatría, con lo que llamábamos el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) y con la industria farmacéutica. Hay
una gran articulación entre estos tres puntos. Aquí podemos señalar dos textos que se pueden encontrar en Internet.
Uno de ellos es de Cecilia Capuzzi Simon. Es del año 2002. Post que se llama “A change of mind” (un cambio de
mentalidad).
En el artículo presenta las TCC como aquello que responde a la rapidez, a lo que se demanda socialmente. A una
cura rápida, eficaz y que al mismo tiempo no genera problemas con el sistema de salud, sobre todo privado. Ustedes
saben que en Norteamérica el sistema de salud está absolutamente privatizado. Es decir, es la felicidad de las
prepagas por el acortamiento del gasto. No es algo que uno se encuentra solamente en Norteamérica. Cualquiera que
quiera ir a terapia por medio de su mutual, de su obra social, se va a encontrar con que le dan 8 o 10 sesiones por
año y se termina ahí. Entonces es una lógica implantada mundialmente. Menos gasto, más ganancia. ¿Y cuál es la
evidencia aquí? Que la gente se cura. Es decir, que el síntoma desaparece. Si alguien no podía dar un examen, y por
lo tanto estaba trabado en recibirse, esa persona después de 20 sesiones de 30 minutos va a poder dar ese examen.
Eso es un síntoma, y por lo tanto ese síntoma se elimina entonces puede, ¿qué cosa? El sujeto puede recuperar el
rendimiento social, puede adaptarse a lo que debe hacer.
Este texto tiene una respuesta, que es una respuesta bastante contundente de Jack Alain Miller, que se llama “La
respuesta del psicoanálisis a la terapia cognitivo-comportamental”: . Allí plantea varias cosas, pero podemos
apuntar algo. Por supuesto que él habla de lucha, volviendo a esta idea de la batalla cultural, de que esto es una
lucha. En muchas ocasiones y en muchos aspectos perdida, una lucha perdida. Define a las TCC como un desarrollo
alentado por la burocracia estatal y por la burocracia de los seguros y por los “psis”. Muchos psicólogos por
supuesto apoyando y trabajando esta lógica.
Los psicólogos en ese punto de apoyar esa lógica son factores económicos y políticos importantes de la sociedad.
Ocupan un lugar político. ¿En qué términos? En apoyar, aceptar, abonar esta idea del sujeto como aquel que no tiene
historia, que debe adaptarse, que debe ser veloz, poniendo en la rapidez un valor que no se sabe por qué lo tiene.
Miller plantea que el psicoanálisis no es para todos, no en términos económicos sino porque no todo sujeto va a estar
dispuesto a someterse a esa propuesta, a ese dispositivo. No todo sujeto va a querer empezar a hablar, generar
distintos sentidos acerca de lo que le pasa, a historizar, etcétera. Justamente porque el lugar del psicoanálisis es no
reproducir el espacio de las comunicaciones ordinarias, en cambio las TCC sí se manejan con el sentido común. El
síntoma es lo que se considera en la opinión común un síntoma, una molestia.
Debate de la patologización y la medicalización de la sociedad
Tenemos como referencia un texto por Allen Frances, un médico que participó de los grupos de tareas. ¿Les suena de
la historia argentina eso? ¿Grupos de tarea? Participó de los grupos de tareas de los DSM anteriores, donde se
negocia de una forma bastante desigual con la industria farmacéutica. ¿En qué sentido se negocia? Bueno,
supónganse, hace dos manuales atrás para poder diagnosticar una patología había que llenar (porque es como un
test de la revista Para ti más o menos), llenar cinco o seis ítems para que te de cómo resultado tal trastorno, tal
psicosis, etc. ¿Qué puede ser? Trastorno de la personalidad. Cinco o seis ítems. Frances Allen se va, se separa de este
proyecto DSM V cuando ve cómo está mutando esa idea de lo clínico a lo económico.
¿Qué es lo que produce esto? Produce que el umbral de patologización de la sociedad crezca exorbitantemente.
Entonces cualquier tipo de manía, de pequeña costumbre rara que uno tenga ya se patologiza. El artículo se llama
“Abriendo la caja de Pandora. Las 19 peores sugerencias del DSM V”
Algunos ejemplos:
“El síndrome de riesgo de psicosis”, un informe que era preventivo acerca de lo que ese sujeto era capaz de
hacer. Su capacidad o tendencia al cuadro psicótico.
“el trastorno cognitivo menor”, un cuadro de sintomatologías que señala irregularidades o deficiencias en la
memoria. Deficiencias que son malinterpretadas y que patologizan el cansancio, o los olvidos involuntarios. Ej:
olvidarse seguid donde pone uno las llaves o estar muy ocupado y olvidarse de buscar los niños de la escuela.
“El trastorno de atracones”. con que te suceda una vez a la semana por tres meses, ya te diagnostican con
trastorno de atracones. una exageración hacia los determinados días de tradición en argentina. Como lo serían
los asados los domingos, una comida abundante se denomina patología.
“El trastorno disfuncional del carácter”. Si uno se enoja con una situación, se excede en sus impulsos debido a
la irritación que eso genera, ya con eso se encontraría un cuadro de patologías y disfuncionalidades del carácter.
Es incoherente.
“El trastorno de hipersexualidad”. El no soportar a la pareja, o el desgaste de una relación se consideraría
patológico, cuando en la cotidianeidad es un factor previsible en las parejas incompatibles o el decoloro de las
emociones dado por el paso del tiempo.
“El trastorno de adicción”. que lo que hace es no distinguir entre el uso ocasional y social de las sustancias y el
abuso.
Es decir no diferencia entre toda esta cuestión sintomatológica y estructural respecto al lugar de ese objeto en la vida
de esa persona. Medicalización del duelo normal también. Lo que hacen es plagar a la sociedad de falsos positivos,
como dice Frances. Y también promueve la medicalización permanente de la sociedad. Crónica. Diana Kordon,
Lipovetzky y Carlos Escudero. Es un texto que se llama: “Medicamentos, médicos y laboratorio, una cuestión del
campo de la salud mental”. Ellos trabajan sobre todo el aminoramiento del ejercicio de la medicina, del ejercicio
médico, del ejercicio clínico de la medicina y cómo las industrias farmacéuticas van cada vez más acotando ese
ejercicio y obligando de alguna manera a los médicos a recetar, a patologizar y a medicalizar.
Hablábamos de cómo se introdujo el trastorno de bipolaridad que hace pocos años existe y con una impronta muy
fuerte. Lo que se hizo fue que ingresara una nota de divulgación común, social, en la revista Viva de Clarín del
domingo. La revista Viva y después otra más, y después en la tele. Se instala: ¿Saben qué es el síndrome de
bipolaridad? en la tele, para así luego recetar el medicamento por el orden específico de la medicina. En realidad
inventaron el diagnóstico porque había un medicamento que no se sabía dónde colocarlo. Que no servía ni para la
bulimia, ni para el dolor de cabeza, ni para otra cosa, y se hizo ese proceso.
En ese panorama estamos y trabajamos.