Generalidades: Las Emergencias Sanitarias. Estructura Del Sistema Integral
Generalidades: Las Emergencias Sanitarias. Estructura Del Sistema Integral
CONCEPTO DE EMERGENCIA.
Según la Asociación Médica Americana (A.M.A.) la emergencia es aquella situación
urgente que pone en peligro inmediato la vida del paciente o la función de un órgano.
Ejemplo: IAM, traumatismo craneoencefálico, etc.
Tema 2. Generalidades 43
Para que se cumpla esta tarea es necesario un elenco de profesionales en
las emergencias capacitados para ello, y un conjunto de técnicas necesarias para la
coordinación de dichos profesionales.
44 Tema 2. Generalidades
En ellos se procurará una respuesta rápida a la asistencia del paciente y a través
de ellos se informará al servicio de críticos del hospital al que se traslada al paciente para
que preparen su admisión.
Tema 2. Generalidades 45
Es importante decir que el equipo deberá informar al centro coordinador de
Urgencias una vez se encuentre disponible para ser activado nuevamente.
2. TRANSPORTE SANITARIO
2.1. Definición.
Es aquel que se realiza para el desplazamiento de personas enfermas, accidentadas
o por otra razón sanitaria, en vehículos especialmente acondicionados al efecto.
Los servicios de transporte sanitario podrán prestarse con vehículos adecuados para
el traslado individual de enfermos en camilla dotados o no de medios que permitan medidas
asistenciales, o con vehículos acondicionados para el transporte colectivo de enfermos no
aquejados de enfermedades transmisibles (B.O.E. 241/90).
El transporte sanitario es un elemento indispensable de la asistencia sanitaria, ya
que facilita el acceso del ciudadano al sistema sanitario. Para cuantificar sus necesidades
debemos basarnos en la población y densidad en el área que se trate. Se estima que
debe existir una ambulancia medicalizable por cada 20.000 personas y una medicalizada
por cada 200.000 personas. El helicóptero sanitario debe dar cobertura al total de la
población.
Transporte terrestre.
Es el medio quizás más utilizado hasta ahora, veremos el medio de transporte
utilizado y la prioridad, según la necesidad.
46 Tema 2. Generalidades
2.3. Características de una UVI MÓVIL.
- Son vehículos tipo furgón (fig. 1).
- Dotados de luz de emergencia obligatoria.
- Dotados de una iluminación auxiliar de largo alcance.
- Habitáculo con capacidad para acompañante.
- Material y herramientas para la liberación de los accidentados.
• Habitáculo sanitario.
EQUIPAMIENTO SANITARIO Figura 2.
- Monitor desfibrilador.
- Respirador.
- Electrocardiógrafo.
- Bomba de perfusión.
- Pulsioxímetro.
- Nevera.
- Bolsa isotérmica de calor.
- Un equipo de oxigenoterapia portátil.
- Mascarillas de ventilación para adultos y niños.
- Ventilador manual tipo balón con posibilidad de ventilación con FiO2,
mediante una conexión a una fuente de oxígeno.
Tema 2. Generalidades 47
- Ventilador manual con válvula unidireccional, adulto y niño.
- Maletines de resucitación cardiopulmonar diferenciados para adulto y niño.
- Un laringoscopio con palas para adulto y niño.
- Uno o varios juegos de tubos endotraqueales para adultos, niños y lactantes.
- Material que permita la inmovilización del paciente, tanto integral o parcial
de los miembros, superiores o inferiores y columna.
- Juego de collarines de adulto y niño.
- Una bomba de perfusión para solución de perfusión intravenosa.
- Una bomba de aspiración de secreciones con reservorio portátil.
- Instrumental y material quirúrgico.
- Material de diagnóstico, por ejemplo: esfingomanómetro (manual o
automático) fonendoscopio, linternas, termómetros etc.
Bolsa de vía aérea para adulto con respirador ambumatic® en la imagen de la derecha.
48 Tema 2. Generalidades
Respirador oxilog 2000®.
Tema 2. Generalidades 49
Imagen correspondiente al fondo de la
cabina asistencial. En la parte superior
izquierda se aprecia el alojamiento
de las sondas nasogástricas, de
aspiración y trócar torácicos. A
la derecha cuelgan las bolsas de
recogida de orina. En el centro
collarines de varios tamaños.
A la derecha colchón de vacío, a la izquierda dama de elche y bolsa de vía aérea pediátrica.
Bolsa calientasueros.
50 Tema 2. Generalidades
A la derecha aparece el ampulario y a la izquierda el maletón de medicación.
Figura 2. Material Sanitario de UVI móvil. Fuente: Elaboración propia.
Tema 2. Generalidades 51
Fig. 3. Se aprecia la camilla sobre
la bancada así como todo el lateral
izquierdo del habitáculo asistencial.
Fuente: Elaboración propia.
• ambulacia no asistible.
VEHíCULO:
- Preferentemente vehículo tipo furgón.
- Herramientas y materiales para la liberación de accidentados.
- Habitáculo del conductor con capacidad para acompañante.
PERSONAL:
- Conductor (auxiliar de transporte sanitario).
- Los requisitos mínimos que deben reunir este tipo de personal son:
• RCPB (Resucitación cardiopulmonar básica), técnicas de primeros
auxilios y socorrismo.
• Conocimientos del sistema sanitario.
• Actuación en el transporte sanitario.
• Actuación en el transporte de enfermos.
• Conocimiento del sistema de comunicaciones.
• Seguridad vial.
• Mecánica del automóvil.
• Introducción a la radio telefonía.
52 Tema 2. Generalidades
EQUIPAMIENTO SANITARIO.
- Maletín de primeros auxilios.
- Sistema de ventilación manual con mascarillas para adultos y niños.
- Sistema de oxigenoterapia con al menos 800 litros de oxígeno, con mascarillas
para adulto y niño.
- Bomba de perfusión para soluciones intravenosas.
- Un aspirador de secreciones.
TRANSPORTE URGENTE.
Dicho transporte es el que se realiza con pacientes que necesitan del uso de la
ambulancia para ir a un centro sanitario para su estudio, diagnóstico y tratamiento, o bien
a sus domicilios una vez hayan sido atendidos.
Estos traslados se realizan, en ambulancias convencionales o ambulancias no
asistenciales. Por el personal mencionado en el punto anterior (conductor, auxiliar de
transporte sanitario).
TRANSPORTE SECUNDARIO.
Este tipo de transporte o traslado, es el que se realizará entre dos centros
hospitalarios. Este tipo de transporte o traslado las ambulancias a usar variarán según las
necesidades del paciente a trasladar. Podrán ser UVI móvil, ambulancias no medicalizables
o ambulancia convencional, según la gravedad del paciente a trasladar.
Tema 2. Generalidades 53
- Avión sanitario.
VENTAJAS.
- Rapidez.
- Maniobravilidad, incluso con acceso a áreas incomunicadas.
- Máxima operatividad.
DESVENTAJAS.
- Elevado coste de mantenimiento y adquisición.
- Necesidad de un plan de vuelo.
- Condiciones óptimas de climatología.
Fig. 4. Helicóptero 061 en una asistencia a un accidente de tráfico. Imágenes del interior del helicóptero.
Fuente: Elaboración propia
54 Tema 2. Generalidades
PERSONAL.
- Médico.
- D.U.E.
- Piloto.
- Mecánico.
EQUIPAMIENTO SANITARIO.
Este equipamiento viene a ser un poco más reducido que el de una UVIMOVIL, ya
anteriormente especificado en otros capítulos, este reducimiento de material lógicamente
es por el mínimo espacio que dispone el helicóptero sanitario, aprovechando todos los
huecos disponibles para guardar todo tipo de material: material de inmovilización, botellas
de oxígeno portátiles, etc.
AVIóN SANiTARIO.
Este medio aéreo sanitario no es tan usado como el anterior quizas sea más usado
para el traslado de órganos para trasplantes urgentes. Ahora hablaremos de las ventajas
y desventajas de dicho medio.
Ventajas:
- Rapidez.
- No tiene problemas de nocturnidad.
Desventajas:
- Necesidad de tener aeropuertos fijos.
- Condiciones de metereología óptimas.
- Costes y mantenimiento muy altos.
Tema 2. Generalidades 55
paciente cuya condición física ya está alterada por su patología, habrá que tener especial
cuidado.
Estos factores físicos son: gravedad, velocidad, vibración, ruido, altitud (presión,
temperatura).
a) Gravedad.
Los cambios bruscos en la atracción gravitatoria son interpretados por nuestro
organismo como cambios de peso y están relacionados con la movilización de la sangre
en los vasos.
• Aceleraciones positivas: la sangre se acumula en la parte inferior del
cuerpo pudiendo producir hipotensión, taquicardia, edema en miembros
inferiores.
• Aceleraciones negativas o “frenazos”: la sangre se acumula en la parte
superior del organismo, llegando a producir: bradicardia, aumento de la PVC
e incluso parada cardiorrespiratoria.
56 Tema 2. Generalidades
d) Medidas de precaución a tomar por el Técnico de Emergencias
Sanitarias.
• Conducción prudente y regular.
• Inmovilización del paciente con colchón de vacío.
• Fijar bien el paciente a la camilla del vehículo.
• Sujeción del personal con cinturones de seguridad.
• Protección y fijación del material del vehículo para evitar que éste caiga
encima del paciente con los baches.
3.1.2. Vibraciones.
Es la energía transmitida por el cuerpo en forma de fuerza mecánica, presión y
calor.
A un nivel determinado se puede producir destrucción tisular así como respuesta
negativa ventilatoria y cardiopulmonar.
3.1.3. Ruidos.
Los ruidos provocados por las señales acústicas siempre van a aumentar la ansiedad del
paciente lo cual va a derivar en respuestas vegetativas, hipoxia y trastornos de la conducta.
a) Medidas a tomar.
• Informar al paciente adecuadamente.
• Apoyo psicológico o sedacción en caso de necesidad.
3.1.4. Temperaturas.
La temperatura es otro de los factores físicos que van a afectar en mayor o menor
medida a los pacientes que transportamos.
Tema 2. Generalidades 57
Por ejemplo:
El frío afecta en mayor medida a los prematuros, quemados y personas inestables.
Por el contrario el calor afecta más a los pacientes en estado de shock por causa de la
vasodilatación que dicho calor produce en los vasos periféricos
58 Tema 2. Generalidades
• Posición de abdomen agudo.
Se utiliza en pacientes con lesiones abdominales sean traumáticas o no.
• Posición de insuficiencia respiratoria.
Se utiliza, como bien su nombre indica, en aquellos pacientes con cualquier
tipo de insuficiencia respiratoria.
Tema 2. Generalidades 59
un vehículo cuando circula es exponencialmente proporcional a la velocidad a la que se
desplaza, es decir, cuando se duplica la velocidad de un vehículo es necesario una energía
cuatro veces superior para detenerlo, o lo que es lo mismo, aumenta cuatro veces la distancia
necesaria para pararlo, y así, en caso de colisión es cuatro veces mayor la deformación del
vehículo, y la violencia del impacto que reciban los lesionados se multiplicará igualmente
por cuatro.
Conducir a una velocidad que esté dentro de los limites genéricos establecidos por
la Ley es básicamente la esencia de una conducción segura, pero no significa que se circule
a una velocidad apropiada (conducir a 120 Km/hora en autopista con niebla densa es una
verdadera temeridad, sin embargo no se están rebasando los límites permitidos).
NO DEBEMOS:
- Hacer alardes innecesarios de los dispositivos de señalización y
emergencia.
- Ponernos nerviosos.
- Cruzar las intersecciones de forma temeraria.
RECOMENDACIONES:
- Ser pacientes a que se aparte delante del vehículo que nos precede.
- En ciudad: se recomienda no lanzar en velocidad la UVI móvil, dado los
posibles imprevistos que nos pueden salir al paso.
- Es primordial HACERNOS VER y asegurarnos que NOS HAN VISTO.
- Nunca confiar en que todos los usuarios nos van a ceder el paso, por el hecho
que llevemos los dispositivos de emergencia conectados.
- Ser de lo más DESCONFIADOS y esperar cualquier reacción de los demás,
tales cómo:
• Frenazos bruscos al percatarse de nuestra presencia.
• Giros inesperados a cualquier lado.
• Indecisión sobre si apartarse o no al vernos.
• Nervios.
• Que pese a haber frenado, para cedernos el paso, se nos cruza el
vehículo delante.
• Que nos increpen la velocidad o forma de conducir porque les hemos
asustado.
• Peatón que se cruza inesperadamente.
60 Tema 2. Generalidades
• Vehículo que sale de detrás de un autobús o camión el que nos había
cedido el paso, pero que ocultaba al otro vehículo.
• Conductores que en vez de apartarse comienzan a aumentar la
velocidad delante nuestra.
- Prestar especial atención en caso de entrar en aglomeraciones de público,
tales cómo ferias, manifestaciones, etc., haciendo uso de la megafonía para
apoyo de los demás sistemas de emergencia.
- Especial atención al pavimento en tiempos de Semana Santa y posteriores,
en que la cera aún está en el suelo.
- Tener previstos recorridos alternativos, al que tenemos pensado tomar.
- Es preferible tomar vías anchas y de varios carriles, que callejear, ya que en
las primeras es más difícil quedarnos atascados.
- Se recomienda cometer el mínimo de infracciones de tráfico cuando se
conduzca en situación de emergencia.
- Tener en cuenta el tiempo de reacción del conductor que nos precede, desde
el momento que recibe nuestra señal.
- Al conducir de día en servicio de urgencia, es recomendable, además de
conectar los dispositivos de emergencia, poner la luz de cruce.
- Al conducir de noche en servicio de emergencia, se recomienda el hacer
cambios de luz larga a corta a los vehículos que nos preceden, y al llegar a
cruces con visibilidad reducida.
- Hacer ver al que nos precede de nuestra intención de adelantarle por la
izquierda, con maniobras tales como asomarle el “morro” de la UVI por ese
lado, y procurar siempre rebasar a los vehículos por su lado izquierdo.
- Conocer a fondo el estado, características y prestaciones del vehículo que
manejamos, con especial atención a elementos principales tales como
neumáticos, frenos, luces, dispositivos de emergencia, equipo y material,
dispositivos de señalización y balizamiento, etc.
- Cuando se va circulando en servicio de urgencias, es preferible que otro
miembro del equipo se encargue del manejo del cuadro de luces, sirena,
megafonía, etc, para que el conductor se dedique exclusivamente a eso, a
conducir.
- Cuando se traslade a un enfermo con algún tipo de cardiopatía es perjudicial
usar demasiado la sirena.
- Cuando nos dispongamos a trasladar al herido, hacerlo sin brusquedades,
sobre todo en traumatismos craneoencefálicos, lesiones de columna, etc.
Tema 2. Generalidades 61
Decir también que hay algunas condiciones meteorológicas o ambientales adversas,
que influyen notoriamente en la conducción y requieren precauciones y técnicas especiales.
A continuación citaremos las condiciones desfavorables que con más frecuencia
puede encontrarse el conductor.
- El sol: especialmente peligroso al amanecer y al anochecer. Las precauciones
a tener en cuenta serían: un parabrisas limpio, unas gafas adecuadas, si ello
fuera preciso, y un parasol puede paliar sus efectos y ayudar al conductor.
- La niebla: peligroso por limitar nuestra visibilidad. Circular con niebla puede
ser tan peligroso como circular sin luces. Tener en cuenta utilizar el mejor
alumbrado para permitirnos ver; según el articulo 106 del reglamento general
de la circulación obliga a utilizar en casos de niebla, la luz delantera de
niebla o la luz de corto o largo alcance.
- La lluvia: peligrosa por limitar también nuestra visibilidad. La velocidad
a mantener dependerá de los neumáticos, de la calzada y de la lluvia.
Hay que tener especial atención con los charcos por poderse producir el
efecto”aquaplaning”.
- La nieve: es similar a los casos mencionados anteriormente pero cabría
diferenciar un mayor peligro si se trata de agua helada por la consecuente
pérdida de adherencia de los neumáticos. El mejor consejo para estos casos
es la conducción con suavidad.
- Viento: afecta negativamente sobre la carrocería del vehículo, tendiéndolo a
desplazar. En estos casos lo mejor es mantener el volante fijo y firmemente
sujeto, y en el caso de cruzarse con algún vehículo, se sufrirá un bandazo
al cortarse la fuerza del viento, debido a que se lleva la dirección doblada
ligeramente hacia el lado donde viene el viento.
62 Tema 2. Generalidades
improvisación del personal que le atienda. Ésto no se puede consentir en un profesional,
ya sea un médico, un D.U.E. o un Técnico de Transporte Sanitario.
Podemos describir la secuencia de actuación del TTS bajo diez puntos fundamentales,
formando parte de todos los servicios de urgencia ante los que podemos encontrarnos.
Los veremos por orden de ejecución:
1. Preparación del equipo: debemos comprobar que el vehículo está en buenas
condiciones y dispone del material correspondiente, reponiendo el utilizado en el servicio
anterior.
2. Activación del sistema: el sistema de urgencias se activa a partir de una llamada
telefónica (fundamentalmente). Debemos tomar datos suficientes para localizar el lugar
con precisión, identificar al paciente y conocer ante qué tipo de urgencia nos vamos a
enfrentar.
3. De camino al lugar: emplearemos luces y sirenas simultáneamente, pudiendo
prescindir de la señal acústica en determinadas ocasiones (enfermos cardíacos, autovías,
etc). Respetaremos las normas de circulación, saltándolas cuando ello no represente un
peligro para los demás usuarios, cerciorándonos de que todos se han percatado de nuestra
intención y nos ceden el paso, y siempre bajo nuestra responsabilidad.
4. Llegada al lugar: si se trata de un accidente de tráfico y somos los primeros en
llegar deberemos seguir un orden de prioridades:
- Proteger. Tanto el lugar como a nosotros mismos; iluminaremos la zona y
señalizaremos a 150 metros en cada sentido de la circulación, entre otras
medidas. Nosotros vestiremos prendas reflectantes y no nos expondremos a
riesgos innecesarios.
- Alertar. Pondremos en conocimiento del centro coordinador las características
del siniestro, el número de víctimas y su estado aparente, comunicaremos
también si las víctimas o alguna de ellas se encuentra atrapada dentro de
algún vehículo con el fin de que el centro coordinador se ponga en contacto
con el cuerpo de bomberos.
- Socorrer. Será el último paso que demos, a menos que cuando lleguemos al
lugar ya esté protegido y controlado por otros cuerpos competentes (policía,
bomberos, etc.), en cuyo caso será nuestra primera prioridad.
En cualquier caso debemos estacionar la ambulancia en lugar seguro, donde no
ocasione problemas, ni corra peligro (incendios, líquidos inflamables en la vía...), también
tendremos en cuenta a la hora de estacionar la ambulancia, en la medida de lo posible,
orientar su salida en dirección al hospital al cual vayamos a evacuar a los pacientes.
Colaborar con los demás equipos de emergencias que encontremos con el paciente, y
recordando que la atención sanitaria es nuestra responsabilidad, dejando el control del
Tema 2. Generalidades 63
tráfico para los agentes de seguridad: cada profesional a lo suyo, y todos trabajando en
equipo.
5. Encuentro con el paciente: deberemos identificarnos ante el paciente y los
familiares o testigos, tomando toda la información posible de lo sucedido, examinado el
lugar en busca de medicamentos, jeringuillas, etc., que pudieran orientar acerca del estado
del paciente.
6. Determinación del tipo de urgencia: realizaremos una valoración primaria de
los signos vitales del paciente, aplicando los protocolos estudiados.
7. Actuación según protocolos: elegiremos nuestra actuación según el estado del
paciente, aplicando los protocolos del manual estudiado por el TES.
8. Traslado hasta la ambulancia: para el levantamiento del paciente optaremos
primero por inmovilizarlo adecuadamente, usando luego el sistema de movilización más
conveniente (camilla de tijeras, camilla convencional, carrito de transporte, etc.).
9. De camino al hospital: guiaremos el vehículo acomodando la conducción al
estado del paciente, sin excesiva velocidad, pues no somos conductores de un rally de
Fórmula Uno. Recordemos que la ventaja que nos ofrecen los sistemas de prioridad estriba
en que no nos vamos a tener que detener en semáforos, cruces, caravanas (siempre que
no pongamos en peligro a los demás), por lo que no perderemos tiempo en el recorrido.
10. Transferencia del paciente: entregaremos el paciente al profesional asignado
para recibirlo, dándole un pequeño informe verbal y escrito que facilitará la continuidad
en su atención, así como la valoración de su evolución.
64 Tema 2. Generalidades
Muchas cosas han cambiado en nuestros días. Hoy, los médicos, y en general el
profesional sanitario, contempla incrédulo cómo su trabajo se transforma en una labor
cada vez más burocrática. La tecnología tan avanzada, los avances en el conocimiento
científico, la necesidad de la especialización médica como exigencia incoercible, y el
aumento de las demandas por parte de los pacientes y de la sociedad en general ha hecho
que las preocupaciones de estos profesionales no sean, como antaño, las de adquirir unos
conocimientos clínicos y destreza quirúrgica lo mejor posibles. Hoy, en definitiva, el proceso
de asistencia y cuidados de la salud se ha convertido en una relación mucho menos fluida
y compleja.
Por otro lado, la mentalidad de los pacientes como consecuencia de los cambios
sociales ha variado drásticamente en las dos últimas décadas. No todos los cambios han
sido positivos. Durante los años 70, generalmente la actitud del paciente y de los familiares
era enormemente pasiva, aceptaban la enfermedad y la muerte como un fenómeno
relativamente común y preferían por parte del médico una actitud casi exclusivamente
paternalista. Las ideas religiosas y el ámbito familiar contribuían a hacer más fácil ese
tipo de actitud. Los cambios económicos, sociales, políticos y religiosos han modificado la
actitud del paciente ante la enfermedad y eventualmente ante la muerte. Llama la atención
la falta de aceptación de estos fenómenos naturales por parte de muchos enfermos y sus
familiares. En muchos casos la búsqueda de soluciones imposibles, generalmente en los
Estados Unidos, limita la necesaria confianza que ha de existir entre médico y paciente. Ha
sido la influencia también de los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión,
la que ha conllevado gran parte de las nuevas actitudes de los pacientes y de la sociedad.
Esto ha conducido a una americanización de la conducta del paciente y de la sociedad con
alguna frecuencia. De ahí la exigencia de responsabilidades civiles al estilo norteamericano,
donde los abogados esperan en la puerta de las clínicas o en las salas de urgencias la salida
de los pacientes y les preguntan: ¿Le ha dolido la intervención? Si la respuesta por parte
del intervenido o asistido es afirmativa, la demanda es ya una realidad.
¿Y qué decir acerca del desasosiego de los profesionales de la sanidad que ven la
imputación de una responsabilidad, no ya civil sino penal, tambalearse sobre sus cabezas
como la espada de Damocles? De las distintas responsabilidades en que los profesionales
de la sanidad pueden incurrir, la más temida por estos y la más destructiva a nivel de
opinión pública es, sin duda alguna, la penal. Y ello, a pesar de que no sean excesivamente
numerosas las sentencias penales condenatorias que se han dictado por el Tribunal Supremo
en la segunda mitad del siglo XX como veremos.
En cuanto a si es fundada la opinión de que hoy asistimos a una práctica de la que se
ha venido a llamar medicina defensiva y de que el derecho persigue al médico, mi opinión
es que el derecho únicamente castiga la negligencia, el comportamiento descuidado, la
falta de atención debida y, en definitiva, el olvido temerario (afortunadamente muy pocas
Tema 2. Generalidades 65
veces) de lo que es el auténtico ejercicio de la medicina. El objetivo no ha de ser evitar
problemas con la ley: la ley no ha de preocupar a quien practica la medicina de una manera
responsable y con rigor. El médico está también sometido a desaciertos, fallos y errores, a
veces consecuencia de las limitaciones de la ciencia que ejerce. De los errores también se
aprende. Tras ellos es necesaria la reflexión, la autocrítica sincera que permitirá cimentar
al profesional prudente y experimentado.
Al derecho no le interesan esos errores, si surgen de un profesional diligente y
responsable. El derecho se ocupa del médico que actúa sin atención, interés o dedicación
suficientes; que asume tratamientos que superan su capacidad o preparación, siempre que
las circunstancias no le impongan otra conducta.
66 Tema 2. Generalidades
profesional, y esto sí puede ser importante, permite calificar como tal a ciertos sujetos que
prestan asistencia sanitaria conforme a los criterios que de tal definición hemos encontrado,
esto es, ejerciendo la asistencia públicamente, impidiéndoles emplear el tiempo en otra
cosa, llevando a cabo esta labor de forma habitual y como acción o gestión en beneficio
o en daño de alguno. ¿Dónde quiero llegar? Muy sencillo. Son miles los voluntarios que,
en toda España, prestan asistencia sanitaria en organismos e instituciones dedicadas,
entre otras, a asegurar la prestación de asistencia sanitaria a muy diferentes niveles de
cobertura (individual, colectiva, grandes masas…) y de especialización (soporte vital básico,
soporte vital avanzado, etc.). Pensemos, por poner dos ejemplos, en los voluntarios de Cruz
Roja Española o de Protección Civil. Sólo en la Comunidad de Madrid, llevan a cabo una
media de 10.000 intervenciones mensuales. Hablamos, pues, de un importantísimo nivel
de actividad asistencial de carácter sanitario.
Pues bien, conforme a la regulación del tipo de injusto incluido en el artículo 196
del C.P., estas personas son profesionales y, por tanto, sujetos activos de este delito penal
sin lugar a dudas. Esto puede tener consecuencias muy importantes, ya que sus funciones
y responsabilidades, con demasiada frecuencia, no están delimitadas.
Tema 2. Generalidades 67
6.2.3. Se castiga la conducta de la que se derive riesgo grave para la salud
de las personas.
Muchos autores, a los que me sumo, han criticado duramente esta redacción
del legislador del Código Penal. En efecto, parece ilógico que si se opta por castigar la
omisión del deber de socorro por personal sanitario, tal castigo no debe estar sometido
a la existencia efectiva de un resultado lesivo para las personas no atendidas, y menos
exigir que este daño sea grave. Lo que se está castigando es la denegación de asistencia,
lo cual es lógicamente punible, y no que la persona resulte gravemente perjudicada, que
no deja de ser una consecuencia más de la conducta típica del sanitario cuya omisión se
persigue. No olvidemos que el deber profesional del médico (con excepción, quizás, del
médico dedicado a la cirugía estética) es un deber de acción (en este caso, un deber de
intentar proteger la salud) y no un deber de resultado (salvar la vida). En el mismo sentido
se expresa el Código Deontológico de médicos y enfermeros/as. En fin, basta omitir el
socorro al que se está obligado para incumplir con el deber de acción, siendo irrelevante
y secundario el que de tal omisión se derive un mayor o menor riesgo para la salud de las
personas.
Pasemos a ver, a continuación, diversas situaciones cotidianas en las que el personal
sanitario puede incurrir en la conducta omisiva tipificada por el legislador en este delito.
68 Tema 2. Generalidades
lesiones en relación con la mayor o menor probabilidad de supervivencia de los afectados.
En definitiva, se atiende en primer lugar a los heridos más graves pero con posibilidades,
al menos teóricas, de supervivencia, y se dejan sin atender los heridos más leves o aquellos
cuya situación crítica o de muerte teórica (caso de las paradas cardiorrespiratorias) hacen
pensar en un índice de supervivencia cercano a cero. Este es un claro ejemplo de estado
de necesidad o caso de fuerza mayor, y la única exigencia que se puede hacer al personal
sanitario interviniente es su cualificación técnica para llevar a cabo un triage rápido y
eficaz y minimizar así la morbimortilidad en lo posible. Del mismo modo, es exigible, en
estos casos, una activación precoz de otros recursos de emergencia disponibles en la zona
que acudirán como refuerzo.
Tema 2. Generalidades 69
6.3.4. El absentismo cuasi-exigido y el absentismo cuasi-legal.
Se refiere a los casos tan diferentes en los que el profesional sanitario es requerido
para un aviso domiciliario o incluso en la vía pública cercano al centro sanitario donde
trabaja para prestar asistencia urgente (con el consiguiente abandono del lugar de trabajo
que puede quedar desatendido) y los casos en los que el profesional sanitario abandona
voluntariamente su puesto de trabajo para tomar el descanso que le reconoce, como a
todo profesional, el Estatuto de los Trabajadores.
Hemos visto que el artículo 196 del Código Penal castiga tanto al profesional que
deniega asistencia como a aquel que abandona los servicios sanitarios estando obligado
bien a prestar asistencia, bien a permanecer en su puesto. En el caso del profesional que
es requerido para atender una urgencia (domiciliaria o en la vía pública próxima al lugar
de trabajo) la actitud debe ser firme: no se debe abandonar el centro sanitario si este
quedara, de hacerlo, desatendido. Ahora bien, al igual que para la población en general
exige el Código Penal demandar urgentemente auxilio ajeno en caso de impedimento de
prestar socorro (articulo 195.2 del Código Penal), del mismo modo se exige solicitar la
ayuda necesaria al sanitario que no puede acudir a prestar la asistencia debida.
En lo que respecta al abandono voluntario para ejercer el derecho estatutario de
descanso (recordemos que se exige un mínimo de quince minutos de descanso para todo
trabajador cuya jornada diaria continuada exceda las seis horas) es aconsejable que se
establezca un sistema de control de salida y entrada para ejercer tal derecho. Del mismo
modo, se aconseja que se establezca por parte de la dirección del centro el tiempo máximo
de descanso, ya que el Estatuto de los Trabajadores establece un mínimo (quince minutos)
pero no un máximo. Esto ha provocado que los tribunales hayan llegado a interpretar,
según la benevolencia del juzgador, si el tiempo empleado por el profesional sanitario era
excesivo o no. Estableciendo un tiempo fijo, que conste por escrito, las responsabilidades
derivarán en la dirección del centro que deberá prever y subsanar la ausencia durante ese
tiempo de uno de sus empleados.
Podemos concluir diciendo que, en muchas ocasiones, será una vez más la ética, la
profesionalidad (entendida como buen hacer y proceder) y la buena fe, acompañadas de
una buena dosis de sentido común, la que nos diga cómo debemos proceder en cada uno
de estos casos que hemos planteado y muchos otros que se nos ocurran. Actuando con
estos principios como base, es realmente remota la posibilidad de vernos castigados por
un delito de omisión del deber de socorro.
No conviene pasar por alto que, conforme establece el artículo primero de la
Ley Orgánica del Tribunal del Jurado, el enjuiciamiento de las conductas comentadas
corresponde ya hoy a los mencionados tribunales populares. Hay profesionales que ven
en ello un riesgo añadido pues creen que los legos del derecho, ciudadanos de la calle
70 Tema 2. Generalidades
escogidos aleatoriamente para componer estos tribunales, tenderán a condenar a unos
profesionales sanitarios (especialmente médicos) a los que tachan de corporativistas. En mi
opinión, la actuación del profesional conforme a los principios mencionados anteriormente
no merecerá sino la protección del Tribunal del Jurado si, por parte de la defensa, existe
un mínimo de coherencia y claridad expositiva. En general, la profesión sanitaria es
socialmente muy valorada, y muchas veces, cuando no es así, deberíamos preguntarnos
los que la conformamos si no somos parcialmente responsables de ello.
Tema 2. Generalidades 71
El anestesista fue condenado por la Audiencia Provincial por negligencia profesional.
El Tribunal Supremo, sin embargo, revocó la sentencia y tipificó la conducta del anestesista
como imprudencia temeraria ya que, en su opinión, por impericia se entiende la incapacidad
técnica para el ejercicio de la profesión pudiendo encontrarse su fundamento en la
ignorancia o en la defectuosa ejecución del acto requerido por la lex artis, lo cual se
diferencia de la culpa del profesional que no es más que la imprudencia o negligencia
comunes cometidas por el profesional en el ejercicio de su arte u oficio. Concluyó señalando
que si bien es evidente la imprudencia temeraria, no aparecían en el caso los caracteres
de la negligencia profesional (impericia) que debe apreciarse con ponderación y mesura.
En mi opinión, la sentencia de la Audiencia Provincial nunca debió ser casada, ya
que estimar, tras quince minutos de paro cardíaco (siempre motivo de lesión cerebral), que
el paciente se había recuperado y que se encontraba en condiciones de ser intervenido,
parece que sólo puede deberse a una impericia absoluta, a una falta de conocimientos
técnicos verdaderamente básicos y a una infracción patente de la lex artis propia de un
especialista en Anestesia y Reanimación. Considero que la imprudencia no consistió tanto
en la aplicación de una dosis excesiva de anestesia sino en la deplorable actuación posterior
del anestesista.
En la sentencia del Tribunal Supremo de 25 de noviembre de 1980 se resolvió el
siguiente caso: tras una operación efectuada para corregir una subluxación congénita
de rodilla izquierda, el niño intervenido empezó a sentir al cuarto día de convalecencia
síntomas de parestesia en la articulación operada, dolor local, fiebre, envaramiento de
la espalda, sudores, hiperestesia, taquicardias y envaramiento de la mandíbula, lo que le
impedía comer normalmente. El cirujano interviniente recetó calmantes por estimar que
la sintomatología era debida a una alteración psíquica del menor y no guardaba relación
alguna con la operación que había efectuado.
El décimo día, fue retirado el vendaje y los puntos y le dio el alta con una carta
dirigida al médico de cabecera en la que le explicaba el resultado satisfactorio de la
intervención y los síntomas posteriores presentados con una recomendación final de este
tenor literal: creo que conviene que vigiles o lo hagas ver por el psiquiatra.
Nada más llegar a su domicilio, se agravó el estado del niño por lo que, alarmados,
los padres dieron aviso al médico de guardia de la Seguridad Social, quien se personó
rápidamente y apreció envaramiento de los músculos de la nuca, agarrotamiento de la
mandíbula, arrugas en la frente, en los ojos y en la comisura de los labios con aspecto
de risa sardónica además de espasmos en los músculos masticadores y fiebre alta. Su
diagnóstico fue fiebre tetánica en segundo grado, por lo que se trasladó de inmediato
al hospital, donde se confirmó lo dicho por el médico y se procedió a una operación de
72 Tema 2. Generalidades
limpieza quirúrgica para salvar la vida del paciente, lo que fue imposible falleciendo este
a la media noche del mismo día.
La Audiencia Provincial absolvió al cirujano actuante. Sin embargo, el Tribunal
Supremo lo condenó como autor de un delito de negligencia profesional, no ya porque la
infección tetánica del operado fuese debida, casi con toda seguridad, al empleo de material
no estéril, sino por su inexcusable error de diagnóstico (se presentaban absolutamente
todos los signos y síntomas propios de una infección tetánica) y su cúmulo de desatinos
y desatenciones, al confundir la verdadera situación con una alteración psíquica, lo que
contrasta con la actuación de sus colegas, médico de guardia y de hospital, que reconocieron
inmediatamente el cuadro séptico del menor. La situación es aún más sorprendente si
tenemos en cuenta que el niño había sido previamente operado por él mismo. Todo ello
revela una clara incapacidad técnica para el ejercicio profesional.
En la Sentencia del Tribunal Supremo de 20 de febrero de 1991 se valoraron los
siguientes hechos: un cirujano, en el desarrollo de una colecistectomía, en lugar de seccionar
con ligadura el conducto cístico, hizo la ligadura en la salida teórica del conducto hepático,
con amputación del mismo. Esto impidió la salida de la bilis, desencadenándose una ictericia
yatrogénica. La paciente fue dada de alta por el cirujano, a pesar de encontrarse en un
grave estado de salud, con signos inequívocos de ictericia obstructiva.
Afortunadamente, la bilis de la paciente ascendió por un sorprendente proceso
natural hacia el abdomen, lo que permitió su extracción y la salvación de la enferma tras
varias intervenciones.
Según el Tribunal Supremo, que confirmó la Sentencia de la Audiencia, condenatoria
por delito de negligencia profesional, en el presente caso no se trataba de un diagnóstico
equivocado o de la carencia de una especial y extraordinaria pericia, sino que fue una
conducta claramente descuidada, un olvido de los principios inexcusables de la lex artis,
tan lamentable por la desatención, que incidió directa y eficientemente en la causa
determinante de las lesiones o del proceso evolutivo de la primera operación en la que
intervino el cirujano condenado.
En mi opinión, no obstante, existió una falta de conocimientos y me resisto a
compartir la resolución del Tribunal Supremo. Se demuestra una inexcusable falta de pericia
médica puesto que confundir uno y otro conducto (cístico por hepático) demuestra una
falta de los más básicos conocimientos de anatomía. Por esta razón, encuadro tal infracción
del deber objetivo de cuidado dentro del apartado que estoy analizando detenidamente en
este momento, a saber, la necesidad de una actualización de los conocimientos técnicos
del personal sanitario mediante formación continua y reciclajes programados.
Es oportuno pasar a analizar otro componente fundamental del deber objetivo de
cuidado que no debe ser vulnerado cual es el estudio de las circunstancias de tiempo y
Tema 2. Generalidades 73
lugar en que se lleva a cabo el tratamiento o asistencia por parte del médico o cualquier
otro componente del equipo sanitario. Así pues:
74 Tema 2. Generalidades
tratamiento muy particular al situarnos frente a actuaciones sanitarias en supuestos de
extrema urgencia. Debe quedar claro que, en mi opinión, la urgencia vital no nos exime
a los profesionales de la emergencia extrahospitalaria y urgencia médica hospitalaria
de pensar y actuar en beneficio del enfermo; pero este modo de pensar y actuar, debe
ajustarse a las circunstancias. A nadie le será difícil entender que, en situaciones como los
atentados terroristas perpetrados en diferentes ciudades de España, catástrofes, accidentes
de aeronaves y de tráfico en que existe un común denominador de múltiples víctimas
y una escasa respuesta asistencial en los primeros momentos, se realicen determinadas
técnicas por profesionales (técnicos de emergencia, enfermeros/as, etc.) que, en condiciones
normales y con la dotación necesaria de recursos humanos y materiales, no tendrían
justificación. Y es que, respecto al diagnóstico en casos de urgencia vital, de nada serviría
llegar a realizar el mismo con gran certeza, si para ello precisamos treinta minutos y el
paciente, por los signos que presente, se encuentra en situación de compromiso vital
evidente. Es el ojo clínico, muchas veces, el que consigue devolver la vida a quien está a
punto de perderla o ya lo ha hecho hace unos minutos (como es el caso de las paradas
cardio-respiratorias) y esta sólo es potencialmente reversible llevando a cabo maniobras y
procedimientos agresivos e invasivos. Es curioso constatar cómo las denuncias que surgen
contra servicios de urgencia son, precisamente, por abusar de pruebas diagnósticas con
demora del tiempo de respuesta cuando en ello le va la vida al paciente. Se da el caso de
pacientes que mueren en los pasillos de los hospitales mientras se espera el resultado de
alguna prueba diagnóstica que no acaba de llegar.
Lo que en circunstancias normales podría constituir una imprudencia, a veces,
en urgencias vitales, constituye una heroicidad. Insisto, ello no justifica jamás cualquier
tipo de conducta. Posiblemente, la única regla moral, humana y profesional, para todas
las actuaciones médicas en estos casos de extrema urgencia sea la hipocrática de tratar
al enfermo como uno mismo quisiera ser tratado, que traducido a nuestra situación no
sería otra cosa que actuar como uno mismo quisiera que actuase otro compañero con
nosotros.
En cualquiera de los actos médicos, ya sean con fines diagnósticos, terapéuticos,
etc. en casos de urgencia vital, la imprudencia rara vez se va a dar por una actitud activa,
siendo precisamente la pasiva la que puede dar lugar a la denuncia e incluso a la apreciación
de responsabilidad. La negligencia posiblemente nunca podría reconocerse como tal en
la actitud activa ya que el modo y las características de trabajo las harían disculpable.
La impericia, aunque se diese, posiblemente nunca prosperase judicialmente, salvo que
realmente fuese manifiesta, no ya por la situación de extrema gravedad del enfermo-herido
sino por el modo burdo e inexplicable de actuación profesional.
En relación con esta problemática, resulta muy ilustrativo el realizar un análisis de
algunas sentencias en las que los medios personales y materiales han tenido una especial
Tema 2. Generalidades 75
incidencia en la resolución del caso. Algunas son muy recientes y, por lo que he podido
comprobar en los seminarios y congresos celebrados sobre estos temas, han generado
cierta alarma, no sin razón, entre los profesionales de la sanidad.
Es preciso puntualizar que lo que le interesa descubrir al Juez es si la conducta
incriminada merece o no reproche humano, más que estrictamente científico. Una
infracción grave en que incurre un médico recién salido de la facultad o un médico rural
puede no tener trascendencia penal, y sí en cambio una leve infracción de un cirujano
famoso rodeado de ayudantes y medios técnicos abundantes (STS de 17 de julio de 1982).
Veamos el caso de la Sentencia del Tribunal Supremo de 14 de febrero de 1991: Un
enfermero, al poner al paciente la segunda de las inyecciones que tenía este recetadas, le
causó más dolor del normal en el momento de clavar la aguja, y un fuerte dolor al entrar
el líquido. Cuando el enfermero se encontraba ya ausente, se desencadenaron una serie
de efectos en la pierna (calambres, dolor local, rubor, etc.) a resultas de lo cual, y con
asistencia del especialista en la materia, tardó en curar 218 días quedando secuelas.
La inyección fue puesta en el cuadrante superior externo de la zona glútea de la
pierna derecha, muy alejada teóricamente del nervio ciático. En el proceso no se concretó
las características de la inyección, salvo que se trataba de un antibiótico balsámico. Hay
que señalar que después de los hechos se apreció en el paciente una cifra discretamente
elevada de glucemia, con glucosuria. Pues bien; el enfermero acusado fue absuelto al no
constar la causa de la lesión; señala el Tribunal Supremo que dada la cifra discretamente
elevada de la glucemia, detectada mucho después, no puede descartarse una acción
metabólica coadyuvante y agravadora de la lesión, cuya causa verdadera se desconoce;
pudo haberse puesto la inyección en lugar adecuado, con técnica correcta y, sin embargo,
el líquido inyectado lesionar el ciático, fuera por colocarse la inyección intraglútea próxima
al ciático y entrar el nervio en la región a una altura superior a lo habitual, fuera porque al
quedar el líquido depositado entre vainas musculares o por circunstancias especiales (zonas
de distensión por inyecciones anteriores), el líquido se difundió hasta llegar al ciático.
Vemos, por tanto, que circunstancias especiales de tipo fisiopatológico e incluso
anatómico pueden conllevar que un tratamiento administrado correctamente produzca
una serie de complicaciones totalmente imprevisibles. Por lo tanto, ha de considerarse
la existencia de estas complicaciones imposibles de evitar. El diplomado de enfermería
no dispone de medios para presuponer una situación como la que se le presenta y actuó
conforme a lo que dicta el buen hacer.
De otro lado, el principio de intervención mínima del Derecho Penal y su función
de castigar conductas claramente reprochables actuando como ‘última ratio’ y sólo en
supuestos en que no puede ser punida la actitud por otra vía, me hacen dudar de la
idoneidad de la vía penal o, más bien, de la proporcionalidad con que es utilizada para entrar
76 Tema 2. Generalidades
a resolver situaciones de este tipo que más parecen responder a conductas resarcibles, en
último caso y a lo sumo, mediante una indemnización. Obrar de otro modo se me antoja,
personalmente, injustificable. Es, a mi modo de entender, una forma criticable de desvirtuar
la naturaleza y fin del Derecho Penal.
En la Sentencia del Tribunal Supremo de 31 de mayo de 1994 se analizó el siguiente
caso: una mujer de 29 años de edad ingresó en una residencia sanitaria de la Seguridad
Social víctima de un accidente de tráfico en el que sufrió una fractura supracondílea del
codo y una contusión cerebral con pérdida de consciencia posteriormente recuperada.
Tras practicársele diversas radiografías y una se descubrió que se encontraba embarazada.
De haberse sabido, evidentemente, estas pruebas de diagnóstico por imagen mediante
radiación no se hubiesen llevado a cabo; sin embargo, su estado de gravidez era desconocido
incluso por la propia paciente. Se le comunicó, por ello, la posibilidad de que las radiaciones
produjesen malformaciones en el feto en gestación. En una residencia especializada se le
diagnosticó un embarazo de 11 semanas y tres días.
La mujer decidió interrumpir voluntariamente el embarazo, cumpliéndose los
requisitos legales para ello. La intervención se llevó a efecto en un hospital autorizado. Se
le aplicó gel intracervical como medida profiláctica para ablandar el cuello y facilitar su
dilatación, al objeto de proceder a la evacuación uterina instrumental por vía vaginal.
Con posterioridad a la intervención surgieron una serie de complicaciones, entre ellas
hipotensión, que aconsejaron el traslado de la paciente a otro centro sanitario donde se
estableció como juicio clínico interrupción voluntaria del embarazo, perforación uterina,
neumoperitoneo y shock hipovolémico por hemorragia masiva. Después de estabilizar
a la paciente, fue precisa una laparotomía exploratoria en la que se descubrieron restos
placentarios y fetales y perforación uterina. Aunque el estado de la paciente mejoró, se
produjo un brusco empeoramiento debido a una embolia pulmonar que conllevó una parada
cardíaca irreversible a pesar de utilizarse los anticoagulantes y fármacos cardiotónicos de
elección. Se acusó al ginecólogo actuante por impericia médica, al no percatarse de los
restos fetales, que habían pasado a la cavidad abdominal, confluyendo esta negligencia
con la falta de medios técnicos y personales existentes en el hospital en que se llevó a
cabo el aborto.
La resolución del Tribunal Supremo se basó en que aunque el método de interrupción
del embarazo que se eligió (la evacuación intrauterina instrumental por vía vaginal) no
constituye el método más aconsejable en casos en que la gestación ya se encuentra en
una etapa bastante avanzada, debía reputarse ortodoxa. La causa desencadenante del
fallecimiento fue una embolia pulmonar, que se considera clásicamente como una de las
complicaciones características de la cirugía abdominal y pélvica. Por otro lado, la reacción
se produjo a pesar de la aplicación de correctivos de elección como son los anticoagulantes.
Tema 2. Generalidades 77
No se apreció ninguna negligencia en el actuar del ginecólogo ni en el de los
facultativos que después asistieron a la mujer, siguiendo todos ellos una conducta
terapéutica adecuada e idónea a las circunstancias (lex artis ad hoc) y a la evolución de
la enferma. Recayó, en consecuencia, absolución, tanto en la sentencia de la Audiencia
como en la del Tribunal Supremo.
Continuando con el estudio de los elementos integrantes del llamado deber
objetivo de cuidado que ha de ser guardado por cualquier miembro del equipo sanitario
si no quiere sumergirse en los nada sugerentes mundos de la negligencia profesional e
imprudencia punible en general, debemos referirnos ahora al deber de información y de
obtener consentimiento.
78 Tema 2. Generalidades
En toda intervención quirúrgica, incluso en una actuación clínica de menor
importancia, existe un cierto riesgo para la salud del paciente. El personal sanitario puede
asumir ese peligro con el límite máximo de un hombre inteligente y prudente al que se
añaden otros dos requisitos: el del valor social que suponga en general la actividad creadora
de riesgo y el de la necesidad en el caso concreto de su realización.
No cabe duda, por tanto, de que se le pueden presentar situaciones al personal
sanitario en general y al facultativo en particular donde deberá asumir en ocasiones
un riesgo superior al que sería habitual en un caso normal (por ejemplo: realizar una
intervención quirúrgica, o ampliar la ya iniciada, con carácter urgente, sin efectuar
determinados preparativos en el paciente).
No quisiera finalizar este análisis del llamado riesgo permitido sin hacer una
consideración de suma importancia: las situaciones de urgencia o emergencia a las que se
enfrenta asiduamente el personal sanitario (algunos de ellos por ser el objeto de su profesión
diaria) son, quizás, los ejemplos más claros en los que el deber objetivo de cuidado se torna
más flexible al seguirse unos protocolos y algoritmos que conllevan riesgos evidentes para
el paciente. No es que tales profesionales sean más incautos o que el Derecho les conceda
una patente de corso para hacer ejercicios de equilibrio entre el cuidado debido y la
imprudencia punible, sino que la especial naturaleza de las situaciones a las que tienen
que hacer frente, unido a los medios limitados y a las circunstancias envolventes que
existen conlleva, como vimos en otro apartado, que el grado de responsabilidad en estos
supuestos sea, cuando menos, diferente.
Tema 2. Generalidades 79
obrar sobre una correcta diagnosis o conocimiento diferencial de los signos
de las enfermedades.
- Tratamiento o terapia: está vinculado, lógicamente, al diagnóstico. Si este es
correcto, la posibilidad de un error en el tratamiento será menor. Comprende
la elección de medios, procedimientos, medicación, etc. así como, en su caso,
la preparación para la intervención quirúrgica del paciente.
- Ejecución: el facultativo deberá asegurarse de su conocimiento sobre los
medios a emplear, de la capacidad de reacción del organismo del paciente, de la
inexistencia de retraso en la aplicación de la terapia e igualmente, deberá revisar
el correcto funcionamiento de los aparatos técnicos (lo que puede delegarse en
el correspondiente personal auxiliar que esté cualificado para ello).
- Postoperatorio: comprende la vigilancia del enfermo que no termina, en su
caso, con la intervención, sino con el alta del paciente.
Estos factores se dan en múltiples casos de nuestra Jurisprudencia (algunos ya
analizados anteriormente y otros lo serán al tratar de cuestiones como el trabajo en
equipo) como son los supuestos de falta de exploración del paciente, adopción de terapias
sin análisis previos, abandono del quirófano por el anestesista, falta de conocimientos
del personal sanitario y empleo arbitrario de la medicación sin conocer sus efectos,
ausencia de revisiones del material a emplear, ausencia de vigilancia del paciente en el
postoperatorio o delegación de esta función a personal no cualificado para ello, etc.
80 Tema 2. Generalidades
La doctrina discute si el concepto de lex artis es aplicable a toda la actividad médica
(exploración, diagnóstico, pronóstico, tratamiento) o si sólo ha de operar, stricto sensu,
en algunos apartados del ejercicio de la profesión.
La Jurisprudencia, a diferencia de Romeo Casabona que diferencia lex artis de
indicación terapéutica, toma un criterio extensivo del concepto y lo aplica a la ejecución
de todo tratamiento médico (clínico o quirúrgico). Así, acude a la lex artis para enjuiciar
la correción de actos de exploración médica (SSTS 27 de mayo de 1988 y 5 de julio de
1989, ambas de la Sala 2ª), actos de diagnóstico (SSTS de 25 de noviembre de 1980, 17
de julio de 1982 y 20 de diciembre de 1990, todas de la Sala 2ª) y actos de tratamiento
propiamente dichos (SSTS de 20 de febrero de 1991 y de 4 de septiembre de 1991, ambas
de la Sala 2ª).
La profesión médica se ejerce en un contexto social determinado en el que concurren
numerosos factores que condicionan la calidad y el nivel de la atención prestada y los
resultados obtenibles.
Tema 2. Generalidades 81
exigible a cada profesional y forma parte del llamado cuidado externo que en la estructura
del delito se ubica en la parte objetiva del tipo de injusto (infracción del deber objetivo
de cuidado al que ya nos hemos referido) de los delitos imprudentes.
82 Tema 2. Generalidades
específicos del personal técnico de apoyo y en qué tareas tienen responsabilidad propia. Como
consecuencia del principio de división del trabajo, y conforme a las competencias de los D.U.E,
será responsable penalmente de la muerte del niño recién nacido la enfermera que preparó
negligentemente (y sin percatarse de que el biberón contenía una sustancia tóxica) el biberón
que le hizo ingerir. En efecto, la STS del 18 de octubre de 1982, es resuelta como sigue:
La Audiencia Provincial condenó a la enfermera por un delito de imprudencia
temeraria con resultado de muerte. El Tribunal Supremo confirma la sentencia de
la Audiencia Provincial y, en uno de los considerandos, fundamenta la calificación
como conducta gravemente negligente de la enfermera en los siguientes términos: La
recurrente incumplió el deber de cuidado que le venía impuesto por las prácticas de
su profesión, al no examinar y cerciorarse previamente de que la sustancia con la que
preparó el biberón era realmente suero glucosado, lo que no verificó tanto posteriormente
al no mirar el contenido del frasco como cuando la madre le hizo notar la negativa del
niño a ingerir el líquido. El frasco del que tomó el contenido del biberón, aunque era de
los usualmente utilizados para contener suero glucosado, se encontraba en la mesilla de
curas y no dentro del armario en que se metían los frascos. Además, pegado al exterior
del frasco había un trozo de esparadrapo en el que se escribió Armil, aunque el paso del
tiempo lo había borrado parcialmente.
Su conducta es calificada como gravemente negligente si se pone en parangón con
la conducta que es de esperar de una enfermera diligente, prudente y responsable de sus
actos en el desempeño de tal función.
Por similares razones no podrá ser imputado de negligente el cirujano que ha
realizado con el cuidado debido y reconocida pericia una intervención quirúrgica y encarga
actividades complementarias o secundarias (como la vigilancia del operado para que no
se levante de la cama y beba agua) que él no pudo atender por sí mismo y de las que, por
su carácter individual no tenía obligación de responder (STS de 26 de octubre de 1983).
En parecidos términos se pronuncia el Tribunal Supremo en otras tantas sentencias,
reconociéndose la necesidad de distribuir el trabajo como requisito indispensable
para que cada interviniente pueda concentrarse en el desempeño de su cometido sin
tensiones supletorias por excesivas circunstancias a tener en cuenta, lo que conllevaría
indefectiblemente una considerable pérdida de efectividad.
Tema 2. Generalidades 83
profesiones sanitarias, como instrumento restrictivo de los deberes objetivos de diligencia
y, por tanto, delimitador de la responsabilidad imprudente de cada interviniente.
El principio de confianza, aplicado a la actividad médico-quirúrgica implica que
el cirujano puede, en principio, confiar en que sus colaboradores (anestesista, ayudantes,
auxiliares) se comportarán diligentemente, en tanto no concurran en el caso concreto
circunstancias especiales (como la falta de experiencia, de cualificación, ineptitud, descuidos
graves, etc.) reconocibles que hagan pensar en lo contrario. Así, por ejemplo, la confianza
puede llevar a la imprudencia cuando el jefe del equipo conoce la escasa preparación de
su colaborador o los deficientes medios con los que se realiza la anestesia y a pesar de
todo realiza la intervención y delega funciones que no le corresponden a un estudiante de
medicina o a un DUE. Por el contrario, como señala Muñoz Conde, no existirá infracción del
deber objetivo de cuidado por parte del jefe del equipo si la experiencia y los conocimientos
especiales de los colaboradores y de los ayudantes no motivan la pérdida de confianza.
La finalidad del principio de confianza es evitar la sobrecarga de trabajo y el
monopolizar numerosas funciones en las intervenciones difíciles, lo que supondría una
fuente de peligro considerable. Así, se hace posible una mayor concentración de cada
interviniente, sobre todo del director del equipo, en su tarea. El médico tiene que poder
confiar en la colaboración correcta de terceras personas pues, como señala Stratenwerth,
un médico que se ocupase de todo quizás no se expondría al reproche jurídico-penal por
falta de diligencia pero es seguro que no sería un buen médico.
Ahora bien, habrá que analizar el acto de delegación llevado a cabo por el
director del equipo médico o por el responsable directo del paciente, para conocer si esta
delegación es o no conforme a los límites del principio de confianza. Así, por ejemplo,
el médico sólo podrá delegar aquellas tareas que son de la competencia del personal
sanitario ayudante y para las que reúnen las condiciones y cualificación suficientes. En
la STS de 29 de marzo de 1988 se castiga por imprudencia al ginecólogo que descuidó
la asistencia y vigilancia del proceso de embarazo de la enferma, pasándole inadvertido
el cuadro de toxemia desencadenante del fallecimiento de la paciente, y abandonó
indebidamente la asistencia al parto en la comadrona. El Tribunal Supremo aprecia
imprudencia temeraria por las graves omisiones del ginecólogo en la asistencia de la
embarazada, dejando de detectar el cuadro de toxemia y delegando improcedentemente
la asistencia al parto en la comadrona.
También considera nuestro Tribunal Supremo responsable penalmente al médico que
había confiado indebidamente el cuidado postoperatorio de una paciente, falleciendo esta.
En efecto, en la STS de 15 de enero de 1974, el Tribunal Supremo califica como conducta
negligente la del obstetra que considerando necesario el goteo y advertido una y otra
vez, con machacona insistencia, de la imposibilidad notoria en que se encontraron varias
84 Tema 2. Generalidades
ayudantes de canalizar una vía venosa, pierde un tiempo precioso no intentando colocar
el goteo o canalizar la vena por sí mismo, lo cual realiza extemporáneamente y cuando
ya el colapso y el shock lo hacen imposible.
En definitiva, el principio de confianza tiene sus límites cuando cabe apreciar reparos
respecto a la cualificación o fiabilidad de un colaborador, el cual, a su vez y en principio,
podrá confiar en la corrección de las instrucciones impartidas por el médico jefe del equipo.
En todo caso, ha de quedar claro que el jefe o director del equipo no debe llevar a cabo
una férrea vigilancia del personal auxiliar interviniente, lo que daría lugar a un ambiente
de nerviosismo y desconfianza muy perjudiciales para el desarrollo de la labor sanitaria e
iría frontalmente contra el necesario principio de división del trabajo.
Tema 2. Generalidades 85
otro médico, lo que exigiría un deber de cuidado mediato de vigilancia y de evitación del
resultado lesivo que podría producirse.
Este es el caso, por ejemplo, de la STS de 10 de octubre de 1979, en que un cirujano
lleva a cabo una cesárea con la colaboración de un anestesista que asistía al mismo tiempo
en dos quirófanos. Cuando el cirujano se encontraba suturando, se presentó un cuadro
cianótico en la enferma y hubo que llamar al anestesista. Al regresar este, ambos médicos
comprobaron que la paciente había fallecido y fueron inútiles los intentos de reanimación
por parte de aquellos.
En este supuesto, estamos ante un caso de posible coautoría imprudente al consentir
el cirujano en llevar a cabo una operación de esas características de forma tan irregular.
El responsable por su conducta activa es el cirujano, que debía haber prohibido esas
condiciones de simultaneidad de dos quirófanos por un mismo anestesista. El anestesista
sería inculpado en comisión por omisión.
86 Tema 2. Generalidades
determinada confesión religiosa). Por ello, se ha hablado de objeción de conciencia
impropia, en la medida en que no suele haber en los diferentes ordenamientos un
mandato de la ley que imponga como obligatorios los tratamientos médicos aludidos
y, consecuentemente, no cabe hablar propiamente de un conflicto entre un mandato
que proviene de la propia religión y otro que emana de la ley estatal. Sin embargo, la
jurisprudencia ha configurado supuestos en los que pretende hacer ver tal conflicto por
existir un deber de solidaridad in abstracto que se traduce en un deber in concreto de
imponer el tratamiento médico en determinados casos. De cualquier manera, mi opinión
es que seguimos sin poder hablar de objeción porque no existe el elemento necesario
de desobediencia civil.
¿Existe en nuestro ordenamiento un deber constitucional de conservar la vida y la
salud propia? Parece que tal deber no existe y ello por los siguientes motivos:
a) La Constitución configura la vida como un derecho fundamental y no como
un deber, y esta configuración se ve confirmada por lo dispuesto en el artículo
43.1 de la misma, según el cual se reconoce el derecho a la protección de la
salud.
b) La Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, reconoce, en su artículo
10.9, el derecho del paciente a negarse al tratamiento médico. Es cierto que
el apartado 6 c) del artículo 10 de esta Ley, dispone que no será preciso el
previo consentimiento por escrito del paciente cuando la urgencia del caso
no permita demoras por poderse ocasionar lesiones irreversibles o existir
peligro de fallecimiento. Sin embargo, esta disposición se ha interpretado
doctrinalmente en el sentido de que la negativa al tratamiento, aún en el
caso de grave riesgo para la vida, siempre resulta factible cuando la persona
mayor de edad y capaz esté consciente y decida libremente asumir el riesgo
que su negativa comporta.
Por su parte, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional es muy distinta:
partiendo de la base de que no existe un derecho subjetivo a la propia muerte admite,
teóricamente solo, el derecho a rechazar la asistencia médica, aún con riesgo de la
propia vida, en los supuestos que sólo afectan al interesado y en los cuales no exista
una relación de sujeción especial entre éste y la Administración. Esto es lo que se
señala en la STC 120/1990, de 27 de Junio. Aunque la realidad ha sido muy distinta
y el paternalismo del estado se ha demostrado en numerosas sentencias y autos
posteriores en los que, con las condiciones descritas anteriormente, los jueces han
autorizado la transfusión aún en contra de la voluntad del testigo de Jehová mayor
de edad y capaz.
Tema 2. Generalidades 87
En definitiva, no se puede hablar de obligación alguna ya que la vida y la salud,
en nuestro ordenamiento, se configuran como derechos y no como deberes. Por ello, creo
que no puede hablarse en sentido estricto de derecho a la objeción de conciencia.
88 Tema 2. Generalidades
La doctrina opina que la libertad de conciencia tiene unos límites. Sin embargo la
cuestión es muy diferente si estamos ante un paciente mayor de edad y capaz o, por el
contrario, ante un paciente menor de edad.
En el caso del paciente mayor de edad, la decisión de éste debe ser, en opinión de la
doctrina, respetada. La razón fundamental es que no cabe hablar, en este caso, de suicidio
sino de un caso de actitud moral determinada que, en tanto que es inevitablemente errónea,
resulta irreprochable. No respetar la negativa del paciente, imponiendo la terapéutica, sería
un acto injusto, frente al cual el enfermo tendría derecho al amparo judicial.
No obstante, se admite una excepción; cuando el médico se encuentre ante
un enfermo en estado de inconsciencia, aunque sea advertido del credo moral del
enfermo, deberá aplicar la terapéutica. No habrá lesión, en ese caso, a la conciencia del
enfermo (puesto que está privado de ella) y no podría actuarse judicialmente contra el
médico en ningún caso. Más complicada parece la solución cuando quienes se niegan
a la transfusión son los representantes legales del enfermo. Aquí se distinguen dos
situaciones:
1ª. El caso del menor sin uso de razón o del adulto incapacitado: si niegan la
autorización para el tratamiento médico, tal negativa no estará amparada por la libertad
de conciencia de los representantes legales y la autorización habrá de ser suplida por el
órgano público competente. Si no fuera posible acudir a este, entonces los representantes
legales han de considerarse ausentes y el médico deberá actuar según el criterio moral
correcto.
2ª. En el caso del menor enfermo con uso de razón y capaz de juicios morales
proporcionados a la decisión necesaria para el caso, si tiene las mismas convicciones que
sus representantes y la aplicación de la terapéutica lesiona su conciencia, esta no debe
aplicársele.
La doctrina señala que partiendo de la base de que el Código Civil conceptúa la
patria potestad o las funciones tutelares como potestades que deben ejercerse siempre en
beneficio del menor o tutelado, se concluye que traspasar a un menor o a un incapaz las
consecuencias de una creencia religiosa o de una decisión heroica del adulto constituiría un
evidente abuso de la patria potestad o de las facultades del tutor. De ahí que la legitimidad
de un rechazo anormal del tratamiento por parte de aquellos pueda ser suplido por los
órganos jurisdiccionales, de oficio o a instancia del Ministerio Fiscal, en lo que se coincide
con la doctrina sentada por el Auto del Tribunal Supremo de 26 de septiembre de 1978,
visto anteriormente.
La posición de los jueces en el caso de la negativa a recibir el tratamiento por parte
de un adulto capaz, es contraria a la de la mayoría de la doctrina ya que se está absolviendo
al juez que autoriza la transfusión. La razón más clara de la crítica por parte de los autores
Tema 2. Generalidades 89
de la doctrina es que se da un atentado contra la dignidad humana, como límite claro
al Derecho positivo. Así, el juez que autoriza a un médico a practicar una transfusión
de sangre a un paciente testigo de Jehová que conscientemente se opone a ella por sus
convicciones religiosas, realizaría el tipo del artículo 205 del Código Penal de 1973 o del
artículo 522 del Código Penal actual (aún con todo, y partiendo de una interpretación
literal de los citados artículos hay que reconocer que la negativa a recibir sangre no es un
acto de culto de los testigos de Jehová).
Por último, en el caso de adultos mentalmente incapaces, parece coherente lo
señalado por la doctrina: el juez sólo puede denegar la autorización de tratamiento cuando
se den dos condiciones:
1ª. Que se haya adquirido la absoluta certeza moral de que el enfermo, si fuera
capaz, rechazaría la asistencia médica por razones de conciencia; de no ser
así, debe ordenarse judicialmente la intervención aunque restringida a la
clase de tratamiento que resulte presumiblemente menos lesiva para las
convicciones del afectado.
2ª. Que la omisión de los auxilios médicos no suponga una amenaza para la vida
del paciente o el peligro de incapacidad mental permanente.
Hasta aquí, pues, las soluciones que la doctrina ha propuesto ante los diferentes
conflictos que se producen entre el derecho a la vida y la salud, por un lado, y el derecho
a la libertad religiosa, por otro. En cualquier caso, las cuestiones que se plantean no son
de fácil solución y cualquiera de las formas que se presenten para solucionarlas no son
fórmulas magistrales que supongan el cese de las tensiones éticas, deontológicas y jurídicas.
Pero, por otro lado, la riqueza de la cuestión que estamos analizando es, precisamente, las
tensiones que plantea y lo mucho que podemos reflexionar sobre ella debido a las pocas
resoluciones que, hasta la fecha, existen.
90 Tema 2. Generalidades
que debe librar el sanitario, faltando a su juramento hipocrático de luchar por la vida, y
a su más honda vocación sanitaria que le impele a sanar al que sufre? Hablo ahora como
sanitario; pero hablo a los juristas. A los que construyen las leyes y a los que las critican.
A los que exigen derechos, pero sólo los de algunos.
Desde el punto de vista del personal sanitario se plantea en estos casos un conflicto
entre el deber de salvar la vida (¡ni más ni menos que cumplir con su trabajo!) y el deber
de respetar un derecho fundamental y constitucional a la libertad religiosa (con la espada
de Damocles sobre la cabeza del sanitario que, en una sociedad donde cobra fuerza la
llamada Medicina Defensiva al estilo más puramente norteamericano, el paciente puede
exigir responsabilidad hasta los límites de lo razonable por la asistencia que se le está
prestando).
La cuestión se complica aún más si tenemos en cuenta que los Códigos de
Deontología carecen de fuerza legal, a no ser que se declare lo contrario por el estado
(como ha ocurrido en Francia).
Para nuestro análisis es necesario examinar la relación entre médico y paciente.
De la misma pueden derivarse actitudes fecundas para ambos y la posibilidad de que
no quede lesionado ningún derecho. En la situación de total desacuerdo, según señalan
los manuales éticos, el médico deberá aceptar tal decisión con respeto, paciencia y
compasión, pero no podrá participar en un tratamiento que no conduzca a la curación.
También el médico es un agente moral al que no se le puede exigir que viole su propia
conciencia (¿O es que la libertad de conciencia sólo le es reconocida al paciente?). No
puede acceder a cualquier cosa que desee el paciente, en particular cuando va contra
sus convicciones religiosas.
Según L.H. Brenner y S. Fiscinas, máximos conocedores de estas problemáticas en
Estados Unidos, la negativa del médico a realizar un determinado acto puede provenir
de una objeción de ciencia o de conciencia, según que lo que solicite el paciente no
sea compatible con la ciencia médica actual o con la conciencia del profesional de la
medicina.
Los principios que caracterizan la relación entre el personal sanitario y los
pacientes son: autonomía, función bienhechora, función no perjudicial y justicia. La
función bienhechora ha sido la tradicional de la Medicina desde sus orígenes, ya que
se consideraba que la curación del cuerpo resultaba la labor fundamental del médico
y a la que no podía sustraerse nada ni nadie. La labor, que en algunos casos llegó a
considerarse mágica o divina, no podía permitir que el enfermo se negase a su propia
curación. Desde Hipócrates, pues, se ha dado esta idea tildada de paternalista por algunos
autores. Frente a este principio, el de autonomía del enfermo pone en primer lugar el
respeto a la misma.
Tema 2. Generalidades 91
Es importante señalar que entre las personas que pueden hacer valer el derecho a
la objeción de conciencia, hay que incluir al personal médico o paramédico y auxiliar, y
también a todas aquellas personas jurídicas o instituciones hospitalarias que así lo estimen.
La cuestión de conciencia surge en el momento en que a una persona se le ofrece la
posibilidad de hacer u omitir algo, en conformidad o disconformidad con el código moral
aceptado.
A diferencia de la objeción de conciencia al aborto, en la que los escrúpulos de
conciencia se manifiestan en aquellos médicos o personal sanitario que vienen requeridos
por la ley para eliminar una vida humana, en la negativa a determinados tratamientos
médicos, el problema se plantea a los mismos facultativos en aquellos supuestos en que
determinados pacientes, por convicciones religiosas se oponen a la recepción de sangre
(este es nuestro caso) que puede llegar a ser imprescindible para el mantenimiento de su
vida o de su salud corporal. Se llega, así, a la deontología del desacuerdo por el choque
entre dos conciencias: la deontológica (que fuerza al facultativo a intervenir para preservar
la vida o la salud del paciente) y la religiosa (que lleva al propio paciente a rechazar el
tratamiento salvador).
Conviene plantearse si se puede aplicar la eximente de obrar en cumplimiento
de un deber (artículo 20.7 del Código Penal de 1995) a la actividad médica. Debemos
encontrar, en definitiva, el establecimiento de un deber de actuar para que tal conducta
esté realmente justificada.
Los requisitos de cumplimiento de un deber son los que siguen:
a) La existencia de un deber jurídico como presupuesto.
b) La condición de médico del sujeto activo, además encargado de dicho
tratamiento y de evitar el resultado dañoso para la colectividad o el propio
enfermo.
c) Necesidad. Comprobación de la enfermedad y su adecuación para causar ese
riesgo para la salud colectiva, o en la del propio sujeto pasivo.
d) Proporcional. Sólo durante el tiempo preciso y de acuerdo con la gravedad
del caso.
A los anteriores requisitos habrá de añadirse un límite absoluto; nunca podrá llegar,
el cumplimiento del deber, a lesionar la dignidad de la persona.
Una lectura objetiva de los elementos subjetivos nos hace ver que no se dan todos
los requisitos para que podamos decir que el médico transfunde sangre a un testigo de
Jehová mayor de edad contra su voluntad en el cumplimiento de un deber. Como ya hemos
analizado en otros el justificar tal actitud sería contrario a la dignidad de la persona y
así lo han entendido numerosos autores penalistas y eclesiasticistas. Esto no soluciona,
sin embargo, la delicada posición en la que se encuentra el profesional sanitario que ha
92 Tema 2. Generalidades
de decidir, rodeado de circunstancias adversas como la presión social y el martillo de su
conciencia, si actúa en uno u otro sentido. La cuestión no es nada sencilla y el lugar del
médico o el enfermero no creo que sea envidiado por nadie.
Tema 2. Generalidades 93
En lo que respecta a la realización de prácticas docentes sobre cadáveres,
situación habitual en el ámbito sanitario objeto de estudio, mi opinión, junto con
la de otros profesionales, es que si estas son efectivas, breves y no mutilantes ni
deformantes (por ejemplo, la intubación endotraqueal) resultan éticamente correctas
y oportunas. No obstante, se aconseja que, de ser posible, se solicite previamente el
permiso de los familiares. En resumen, los sanitarios precisamos adquirir destreza en
los procedimientos que realizamos. Esto es comunmente aceptado por la sociedad,
pero también existe interés en que se respete al recién fallecido. El solicitar el permiso
debido a los familiares de la víctima parece lograr el justo equilibrio entre ambos
intereses.
94 Tema 2. Generalidades
La aplicación del principio de justicia distributiva con respecto a la RCP implica, en
opinión de los autores, que todos los pacientes que pueden beneficiarse ante las maniobras
de RCP han de tener acceso a ellas. Si bien comparto esta postura, es fácil descubrir que
la realidad es muy diferente (zonas urbanas en la que coexisten servicios de emergencias
paralelos con competencias territoriales idénticas frente zonas totalmente desprotegidas y
sin acceso efectivo a servicio de asistencia urgente alguno). Esta es una de las realidades que,
como profesional dedicado vocacionalmente a la emergencia extrahospitalaria, siempre me
he planteado. Es muy duro reconocer que dentro del término de una Comunidad Autónoma
como puede ser Madrid, una víctima de una patología cardíaca grave (no digamos un
paciente en PCR) va a seguir una suerte muy diferente dependidendo de dónde sufra esta
emergencia vital. En definitiva se descubre que el principio de Universalidad del Sistema
Nacional de Salud no deja de ser más que un desideratum.
El consenso internacional defiende que han de instaurarse maniobras de RCP
ante aquel sujeto que sufra, brusca e inesperadamente, obstrucción de la vía aérea o
apnea y ausencia de pulso. Por definición tal paro cardiorrespiratorio debe ser abrupto y
potencialmente reversible, y no la consecuencia previsible de una enfermedad crónica en
fase terminal o agónica.
En resumen, no estaría indicada la RCP en los siguientes casos, a partir de las
recomendaciones hechas públicas recientemente por la Sociedad Española de Medicina
de Urgencias y Emergencias (SEMES):
a) Cuando está demostrado que la PCR no puede ser revertida.
b) En procesos tales como:
• Cáncer con metástasis en pacientes que están encamados más de la
mitad del tiempo.
• Cirrosis en estadio C de Child.
• Pacientes con SIDA con dos o más episodios de neumonía por
Pneumocystis carinii.
• ACVA.
• Demencia que precisa cuidados continuos.
• Choque séptico o cardiogénico que no responde a tratamiento
alguno.
c) Cuando el paciente no desee que se le aplique la técnica de RCP y exista en
su historial una Orden de No intentar RCP (ONIR).
No deberían iniciarse las maniobras de RCP en el ámbito extrahospitalario en los
siguientes supuestos:
Tema 2. Generalidades 95
a) Si la práctica de la RCP supone un grave riesgo para los reanimadores o
retrasa la atención a otras víctimas de catástrofe con mayor probabilidad
de supervivencia (supuesto de fuerza mayor).
b) Si se tiene la seguridad de que la víctima lleva más de 10 minutos en parada
cardíaca, no siendo esta resultado de una hipotermia, intoxicación por
barbitúricos o electrocución.
c) Si se presenta a los reanimadores una ONIR válida. (Algo muy improbable
en nuestro entorno donde no existe, a diferencia de otros países sajones, ni
tradición en el uso de las mismas ni regulación legal clara al respecto).
Las maniobras deberían ser suspendidas si:
a) La asistolia se prolonga más de 30 minutos a pesar de la aplicación adecuada
y continua de soporte vital avanzado.
b) Se identifica alguna condición de entre las señaladas anteriormente de No-
RCP.
96 Tema 2. Generalidades
pacientes que sufran PCR. En definitiva, se puede ya realizar la extracción de órganos
en pacientes con el único criterio exigible de encontrarnos ante una situación de PCR
mantenida tras haber realizado maniobras de RCP durante unos minutos que, como es en
la realidad, el equipo asistencial considere oportunos.
En mi opinión, la obtención de órganos de una víctima que no se logra reanimar es
también una cuestión más que espinosa. En ningún caso se debiera alterar o disminuir los
esfuerzos y la duración del estándar de reanimación en curso porque sea preciso comenzar
con las técnicas de preservación de órganos que el equipo extractor vaya a realizar a
continuación.
Pues bien, antes de la entrada en vigor del texto modificado, se han llevado a cabo,
desde hace tres años, protocolos conjuntos de colaboración entre servicios de emergencia
extrahospitalarios y hospitales para la obtención de órganos para transplante en pacientes
a corazón parado.
Los donantes a corazón parado fueron los primeros donantes en la historia de los
transplantes. Cuando estos se iniciaron, en los años cuarenta, la fuente de los mismos eran
personas a las que una vez producida la parada cardíaca se les extraían los riñones tras un
período de tiempo más o menos prolongado. Los malos resultados obtenidos y la aparición
del concepto de muerte cerebral en los años sesenta, que permitía obtener órganos de
pacientes muertos pero con función cardíaca conservada, hizo que los donantes a corazón
parado quedasen prácticamente abandonados. La escasez de donantes hace que algunos
hospitales vuelvan hoy a los orígenes.
Según este protocolo, hoy vigente en Madrid, los donantes son clasificados en cuatro
grupos:
a) Ingresados cadáver: cadáveres expresamente traídos al hospital para
donación y a los que no se han realizado maniobras de RCP. En situaciones
normales serían trasladados al depósito de cadáveres judicial.
b) Resucitación sin éxito: pacientes que sufren una PCR y las maniobras de
RCP resultan infructuosas. Estas personas se encontraban previamente sanas,
y no existía una situación de muerte cerebral: ¿Somos conscientes de la
responsabilidad que supone abandonar en algunos de ellos las maniobras
de RCP?
c) Pacientes con parada cardíaca controlada: aquellos con lesiones
neurológicas graves que no cumplen los requisitos de muerte cerebral y
a los que se retiran las medidas de soporte vital, con lo que se produce la
muerte, iniciándose entonces la preservación. ¿Estamos realmente lejos de lo
que conocemos como Eutanasia en estos casos? Al menos, estamos llevando
a cabo lo que conocemos como retirada de medidas de soporte vital.
Tema 2. Generalidades 97
d) PCR durante el diagnóstico de muerte cerebral: el donante sufre PCR
durante el proceso de diagnóstico de muerte cerebral. ¿No cabe esperar que,
en este caso, las maniobras de RCP se instauren para conservar perfundidos
los órganos antes que para revertir el estado de paro cardiorrespiratorio?
Lo más espeluznante, a mi entender, son los resultados: hasta el día de publicación
del trabajo a que hago mención, los Servicios de Emergencia Extrahospitalarios que
firmaron el convenio habían traído 26 posibles donantes a corazón parado. Finalmente,
sólo 14 fueron donantes reales. De los 8 donantes potenciales excluidos, tres lo fueron
por tener una edad excluida del protocolo, uno por tiempo prolongado desde la PCR hasta
la llegada al hospital, otro por la evidencia de múltiples y extensas lesiones traumáticas
y los tres restantes recuperaron el pulso antes de llegar al hospital y, por lo tanto, no
estaban muertos. Parece claro, pues, que el requisito de muerte cerebral ya no se exige
en el caso de donantes de órganos a corazón parado suministrados por los servicios de
emergencia extrahospitalarios. Basta un intento, no sabemos con qué nivel de calidad, de
realizar maniobras de RCP durante un tiempo (¿controlado por quién?), para determinar
que la situación de PCR es irreversible.
Después de ello, se sale hacia el hospital ya con el firme propósito de hacer llegar
un donante de órganos al respectivo centro sanitario. El traslado se hace en ambulancia
con medidas de soporte vital avanzado (UVI móvil) a velocidad constante, con la intención
de mantener el masaje cardíaco externo con un grado óptimo de efectividad. El paciente
es conectado a un respirador volumétrico que asegura una ventilación mecánica y se
perfunden líquidos para asegurar una preservación de los órganos. Sin darnos cuenta,
quizás, estamos manteniendo unas maniobras de RCP pero no con la finalidad terapéutica
de salvar una vida sino la de mantener unos órganos en un paciente que damos ya por
muerto. Sin embargo, la naturaleza de ese organismo no entiende de utilitarismos médicos
y resulta que el que iba a ser un donante, ingresa en el hospital con un latido espontáneo…
No quiero ni imaginar la cara que se le quedará al equipo asistencial responsable del
traslado al hospital. Por otro lado, ojalá me confunda, el equipo extractor ya preparado
en el quirófano del hospital, puede estar murmurando lástima… lástima…
98 Tema 2. Generalidades
Una vez vistos algunos de los problemas éticos que la Emergencia hace aflorar, me
pregunto por la forma en que estos son resueltos en el día a día. Muchas veces, cabría
plantearnos si no permitimos morir con dignidad a los pacientes porque, en el fondo,
contemplar su muerte y rendirnos a ella nos pone frente a nuestra propia finitud; a nuestra
propia muerte inexorable. No logramos entender que es algo tan natural e incoercible
como el impulso uterino que, en su día, nos hizo nacer a la vida. La muerte, en sí, no es
mala. Lo es la situación que acompaña a esta; las circunstancias en que se produce y lo
que deja tras de sí.
D.J. Roy ha sintetizado las condiciones esenciales del morir con dignidad. Entre ellas,
y recordando ciertas actuaciones y procedimientos llevado a cabo en nuestras calles y en
nuestras carreteras, me retumban en concreto las que siguen:
• Morir con dignidad es hacerlo sin el estrépito frenético de una tecnología
puesta en juego para otorgar al agonizante algunas horas suplementarias
de vida biológica.
• Morir con dignidad es hacerlo en un entorno propicio a un ser humano y
manifestación de lo que podría ser vivir su hora más hermosa.
¡Qué tarea tan difícil muchas veces en las que las circunstancias te lo impiden!
Pero… ¿y cuándo depende de nuestra actitud ante la situación de muerte a la que nos
enfrentamos? ¿No somos deontológicamente, es más, éticamente, garantes de la vida y
dignidad de la persona a la que asistimos?
Quizás cuando los profesionales de la sanidad aceptemos la finitud de nuestra
existencia humana sin olvidar la grandeza absoluta del don gratuito que es la vida, no
será necesario exigir, ni ética ni legalmente, la dignidad ante el que muere en nuestras
manos, el respeto ante la última voluntad del paciente moribundo, la no aplicación de
técnicas invasivas y cruentas inútiles (imperativo tecnológico), el abandono de actitudes
paternalistas propias de nuestra cultura latina y la inexplicable prepotencia que, a
veces, nos hace decidir sobre la vida o muerte de los demás disfrazando la disyuntiva
en fines tan loables como ser rayo de esperanza para quien espera un órgano para
sobrevivir.
Quizás algún día la sanidad será una profesión al servicio de los demás, llevada
a cabo por hombres y mujeres que se sepan limitados en su labor pero responsables del
cuidado del mayor de los tesoros que jamás se nos ha dado: LA VIDA.
Tema 2. Generalidades 99
Resumen
1. Definiciones muy interesantes para la asimilación de conceptos asociados a las
urgencias:
- Urgencia. Situación por la que una persona cree que precisa asistencia sanitaria
tanto si hay o no peligro vital para la persona.
- Emergencia. Circunstancia en la que la vida de una persona corre peligro o puede
resultar con secuelas irreversibles si no es asistido sanitariamente con precocidad.
2. La coordinación de los recursos que ostenta una comunidad (centros coordinadores
de emergencias, puntos básicos de atención de urgencias y equipos de emergencias
(terrestres y aéreos) forman el sistema integral de emergencias.
3. Los equipos de emergencias están constituidos mínimamente por un/a médico/a,
un/a enfermera/o y un técnico/a experto en emergencias. Dicho equipo dispondrá de
la formación y dotación adecuada para estabilizar pacientes graves y trasladarlos al
centro hospitalario de referencia.
4. El trasporte sanitario es un elemento fundamentalmente indispensable de la asistencia
sanitaria, se clasifica en: terrestre, aéreo y marítimo.
5. Determinados factores físicos asociados al trasporte influyen en la fisiopatología del
paciente trasportados. Estos factores son: gravedad, velocidad, vibraciones, ruidos,
altitud, presión y temperatura.
6. El Código Penal vigente regula en su artículo 196 el delito del deber de socorro aplicado
a los profesionales sanitarios, por tanto, el derecho a la vida, salud e integridad
prevalece sobre el derecho a la huelga.
7. No siempre se debe reanimar a un paciente que presente PCR, luchando en toda
circunstancia, porque, como técnica, la RCP no es siempre obligatoria y se deben
ponderar sus riesgos y beneficios.
8. La vida es un conjunto de etapas o fases que debemos de ir superando positivamente,
entre ellas está la muerte.
BIBLIOGRAFíA
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2. JIMENEZ FABREGA, X. y ESPILA, JL .Códigos de activación en urgencias y emergencias:
La utilidad de priorizar. Anales Sis San Navarra [online]. 2010, vol.33, suppl.1, pp.77-
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66272010000200010&lng=es&nrm=iso>. ISSN 1137-6627