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Generalidades: Las Emergencias Sanitarias. Estructura Del Sistema Integral

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tema 2 Generalidades

1. LAS EMERGENCIAS sanitarias. ESTRUCTURA DEL SISTEMA


INTEGRAL
1.1. Sistema integral de emergencias.
CONCEPTO DE URGENCIA.
Según la Organización Mundial de la Salud (O.M.S.) se define urgencia como la
aparición fortuita (imprevista o inesperada) en cualquier lugar o actividad de un problema
de causa diversa y gravedad variable que genera la conciencia de una necesidad inminente
de atención por parte del sujeto que lo sufre o de su familia.
Ejemplo: resfriado común, dolor de muelas, etc.

CONCEPTO DE EMERGENCIA.
Según la Asociación Médica Americana (A.M.A.) la emergencia es aquella situación
urgente que pone en peligro inmediato la vida del paciente o la función de un órgano.
Ejemplo: IAM, traumatismo craneoencefálico, etc.

CONCEPTO DE SISTEMA INTEGRAL DE EMERGENCIAS.


Según Jiménez Fabregas es la coordinación de recursos que ostenta una comunidad,
que administren un tratamiento adecuado de los pacientes en estado crítico, desde
la localización de la enfermedad hasta la reinserción social (sin barreras sociales ni
económicas).

Tema 2. Generalidades 43
Para que se cumpla esta tarea es necesario un elenco de profesionales en
las emergencias capacitados para ello, y un conjunto de técnicas necesarias para la
coordinación de dichos profesionales.

1.2. Elementos del sistema integral de emergencias.


• Centros coordinadores de emergencias: hace referencia a la existencia de
una única ventanilla que reciba todas las demandas de asistencia sanitaria
ya se traten de urgencias o de emergencias.
• Puntos básicos de atención a urgencias: deben cumplir las características
de prestar servicio las 24 horas del día y todos los días del año.
• Equipos de emergencias (terrestres y aéreos): éstos deben prestar asistencia
tanto en zonas urbanas como periféricas y serán los encargados de llevar a
cabo el transporte secundario de críticos una vez hayan sido atendidos en
los puntos de urgencia.

1.3. Plan andaluz de urgencias y emergencias (PAUE).


• Con motivo de las transferencias a la Junta de Andalucía de las competencias
sanitarias, quedan encomendadas a dicho organismo servicios hospitalarios
de críticos y urgencias.
• Red de transporte sanitario urgente: autónomo la organización, gestión y
administración de las urgencias sanitarias.
Con ello surge el PAUE que está compuesto por cinco dispositivos:
1. Centros coordinadores de urgencias y emergencias (CCU).
2. Dispositivos de cuidados críticos y urgencias (DCCU).
3. Equipos de emergencias (terrestres y aéreos).
4. Servicio de cuidados críticos y urgencias (SCCU).
5. Plan de transporte sanitario urgente.
Con el PAUE se persigue un incremento en la calidad técnica de prestaciones urgentes
y de la productividad y una mejora de la eficacia. Ésto se consigue gracias a Equipos de
Profesionales en dicha labor.

1.3.1. Centros de coordinación de urgencias y emergencias.


Conocerán todos los recursos humanos y materiales de que se disponen para la
atención de las emergencias, para usarlos adecuadamente en cada momento.

44 Tema 2. Generalidades
En ellos se procurará una respuesta rápida a la asistencia del paciente y a través
de ellos se informará al servicio de críticos del hospital al que se traslada al paciente para
que preparen su admisión.

1.3.2 Dispositivos de cuidados críticos y urgencias.


Son el primer elemento de las emergencias, tendrán entidad propia, protocolización,
dotación y calificación para un funcionamiento efectivo y adecuado.
El dispositivo estará interrelacionado con el servicio de cuidados críticos y urgencias
del hospital de referencia y con el sistema de emergencia de cada provincia.
Sus funciones son:
• Atender las emergencias con profesionales formados y dotados adecuadamente
para estabilizar pacientes graves y trasladarlos.
• Atender las urgencias tanto en el dispositivo como en el domicilio del
paciente.
• Evaluar, controlar la calidad, prevenir, etc.
En todas las actuaciones del dispositivo estará latente un perfeccionamiento
continuado y un control de calidad.
En conclusión hablar de DCCU implica los siguientes factores, que estarán presentes
en las actuaciones asistenciales de estos dispositivos:
- Dotación de medios técnicos.
- Dotación de material para asistencia a críticos.
- Capacitación de los profesionales.
- Protocolos de asistencia.
- Control de calidad.

1.3.3. Equipos de emergencias.


Actualmente podemos encontrarlos distribuidos por todo el territorio autonómico,
tanto de forma terrestre como aérea.
Están alerta permanentemente aunque son activados por medio del centro de
coordinación de urgencias (CCU), cuando se considera que una demanda de asistencia
puede constituir un responsabilidad vital para el profesional.
Estos equipos de emergencias están constituidos por un médico, un enfermero y
un técnico experto en emergencias.
El equipo dispondrá de los materiales y medios más avanzados capaces de estabilizar
al paciente en el lugar de la demanda.

Tema 2. Generalidades 45
Es importante decir que el equipo deberá informar al centro coordinador de
Urgencias una vez se encuentre disponible para ser activado nuevamente.

2. TRANSPORTE SANITARIO
2.1. Definición.
Es aquel que se realiza para el desplazamiento de personas enfermas, accidentadas
o por otra razón sanitaria, en vehículos especialmente acondicionados al efecto.
Los servicios de transporte sanitario podrán prestarse con vehículos adecuados para
el traslado individual de enfermos en camilla dotados o no de medios que permitan medidas
asistenciales, o con vehículos acondicionados para el transporte colectivo de enfermos no
aquejados de enfermedades transmisibles (B.O.E. 241/90).
El transporte sanitario es un elemento indispensable de la asistencia sanitaria, ya
que facilita el acceso del ciudadano al sistema sanitario. Para cuantificar sus necesidades
debemos basarnos en la población y densidad en el área que se trate. Se estima que
debe existir una ambulancia medicalizable por cada 20.000 personas y una medicalizada
por cada 200.000 personas. El helicóptero sanitario debe dar cobertura al total de la
población.

2.2. Clasificación del transporte sanitario.


Las clasificaciones que podemos realizar en este sentido son varias, de tal forma
que se puede hablar de diferentes tipos de transporte sanitario.
- Terrestre.
- Aéreo.
- Marítimo.

Transporte terrestre.
Es el medio quizás más utilizado hasta ahora, veremos el medio de transporte
utilizado y la prioridad, según la necesidad.

Transporte sanitario de emergencias.


Es el que se realiza con pacientes que necesitan atención sanitaria inmediata,
atendiéndoles en el lugar in situ, ya que de no ser así correría peligro su vida. Este transporte
o traslado se realizará en UVI móvil, u otro medio que garantice una atención cualificada.

46 Tema 2. Generalidades
2.3. Características de una UVI MÓVIL.
- Son vehículos tipo furgón (fig. 1).
- Dotados de luz de emergencia obligatoria.
- Dotados de una iluminación auxiliar de largo alcance.
- Habitáculo con capacidad para acompañante.
- Material y herramientas para la liberación de los accidentados.

Fig.1. uvi móvil para transporte de


pacientes críticos.. Fuente: Elaboración
propia

• Personal que compone una UVI MÓVIL.


- Médico.
- DUE (Diplomado universitario en enfermería).
- TES (Técnico en Emergencias Sanitarias).

• Habitáculo sanitario.
EQUIPAMIENTO SANITARIO Figura 2.
- Monitor desfibrilador.
- Respirador.
- Electrocardiógrafo.
- Bomba de perfusión.
- Pulsioxímetro.
- Nevera.
- Bolsa isotérmica de calor.
- Un equipo de oxigenoterapia portátil.
- Mascarillas de ventilación para adultos y niños.
- Ventilador manual tipo balón con posibilidad de ventilación con FiO2,
mediante una conexión a una fuente de oxígeno.

Tema 2. Generalidades 47
- Ventilador manual con válvula unidireccional, adulto y niño.
- Maletines de resucitación cardiopulmonar diferenciados para adulto y niño.
- Un laringoscopio con palas para adulto y niño.
- Uno o varios juegos de tubos endotraqueales para adultos, niños y lactantes.
- Material que permita la inmovilización del paciente, tanto integral o parcial
de los miembros, superiores o inferiores y columna.
- Juego de collarines de adulto y niño.
- Una bomba de perfusión para solución de perfusión intravenosa.
- Una bomba de aspiración de secreciones con reservorio portátil.
- Instrumental y material quirúrgico.
- Material de diagnóstico, por ejemplo: esfingomanómetro (manual o
automático) fonendoscopio, linternas, termómetros etc.

Muestra el aspirador de secreciones (izq) y el tensiómetro automático (der).

Bolsa de vía aérea para adulto con respirador ambumatic® en la imagen de la derecha.

48 Tema 2. Generalidades
Respirador oxilog 2000®.

Equipo de intubación para adultos.

Muestra el monitor-desfibrilador en la imagen superior izquierda, esfigmomanómetro en la superior derecha


y bomba de infusión junto al estante de sueros en la imagen inferior.

Tema 2. Generalidades 49
Imagen correspondiente al fondo de la
cabina asistencial. En la parte superior
izquierda se aprecia el alojamiento
de las sondas nasogástricas, de
aspiración y trócar torácicos. A
la derecha cuelgan las bolsas de
recogida de orina. En el centro
collarines de varios tamaños.

A la derecha colchón de vacío, a la izquierda dama de elche y bolsa de vía aérea pediátrica.

Bolsa calientasueros.

50 Tema 2. Generalidades
A la derecha aparece el ampulario y a la izquierda el maletón de medicación.
Figura 2. Material Sanitario de UVI móvil. Fuente: Elaboración propia.

• CARACTERíSTICAS DEL HABITáCULO SANITARIO (figura 3).


- Está separada de la cabina del conductor, y comunicado por una ventanilla
o por un interfono.
- Este habitáculo lleva un sistema de refrigeración independiente de la cabina
del conductor, tanto en calor como en frío, según las condiciones climáticas,
lo exijan.
- Sistema de iluminación interior orientable y regulable.
- Instalación eléctrica de 12 v. y 220 v.
- Espacio con las dimensiones suficientes para incorporación del paciente y la
asistencia en la camilla del mismo.
- Camilla con patas deslizantes y abatibles automática, dotada de un portasueros
y otros accesorios, camilla dotada para posiciones de Trendelenburg, positivo
y negativo.
- Camilla de palas o tijera.
- Silla plegable, para poder bajar al paciente por unas escaleras.

Tema 2. Generalidades 51
Fig. 3. Se aprecia la camilla sobre
la bancada así como todo el lateral
izquierdo del habitáculo asistencial.
Fuente: Elaboración propia.

2.4. Transporte sanitario urgente.


Es el que se realiza con pacientes que necesitan atención en un centro sanitario,
bien para tratar su patología o diagnóstico.
Este tipo de transporte se realiza en ambulancia convencional o ambulancia no
asistible.

• ambulacia no asistible.
VEHíCULO:
- Preferentemente vehículo tipo furgón.
- Herramientas y materiales para la liberación de accidentados.
- Habitáculo del conductor con capacidad para acompañante.

PERSONAL:
- Conductor (auxiliar de transporte sanitario).
- Los requisitos mínimos que deben reunir este tipo de personal son:
• RCPB (Resucitación cardiopulmonar básica), técnicas de primeros
auxilios y socorrismo.
• Conocimientos del sistema sanitario.
• Actuación en el transporte sanitario.
• Actuación en el transporte de enfermos.
• Conocimiento del sistema de comunicaciones.
• Seguridad vial.
• Mecánica del automóvil.
• Introducción a la radio telefonía.

52 Tema 2. Generalidades
EQUIPAMIENTO SANITARIO.
- Maletín de primeros auxilios.
- Sistema de ventilación manual con mascarillas para adultos y niños.
- Sistema de oxigenoterapia con al menos 800 litros de oxígeno, con mascarillas
para adulto y niño.
- Bomba de perfusión para soluciones intravenosas.
- Un aspirador de secreciones.

DESCrIPCIóN DEL HABITáCULO SANITARIO.


- Está separado de la cabina del conductor por una ventanilla y comunicada
por un interfono.
- Tomas de corriente de 12 v.
- Dimensiones para la camilla y para que el paciente pueda incorporarse y
tener acceso al mismo.
- Camilla con dimensiones para un adulto y dotada de accesorios.
- Asiento junto a la camilla.

TRANSPORTE URGENTE.
Dicho transporte es el que se realiza con pacientes que necesitan del uso de la
ambulancia para ir a un centro sanitario para su estudio, diagnóstico y tratamiento, o bien
a sus domicilios una vez hayan sido atendidos.
Estos traslados se realizan, en ambulancias convencionales o ambulancias no
asistenciales. Por el personal mencionado en el punto anterior (conductor, auxiliar de
transporte sanitario).

TRANSPORTE SECUNDARIO.
Este tipo de transporte o traslado, es el que se realizará entre dos centros
hospitalarios. Este tipo de transporte o traslado las ambulancias a usar variarán según las
necesidades del paciente a trasladar. Podrán ser UVI móvil, ambulancias no medicalizables
o ambulancia convencional, según la gravedad del paciente a trasladar.

TRANSPORTE SANITARIO AéREO.


Dentro de este tipo de transporte, lo único que podemos destacar y hablar un poco
de ellos son:
- Helicóptero sanitario.

Tema 2. Generalidades 53
- Avión sanitario.

HELICÓPTERO SANITARIO (figura 4).


Quizás sea el medio aéreo más empleado, seguidamente hablaremos de las ventajas
e inconvenientes de dicho medio de transporte sanitario.

VENTAJAS.
- Rapidez.
- Maniobravilidad, incluso con acceso a áreas incomunicadas.
- Máxima operatividad.

DESVENTAJAS.
- Elevado coste de mantenimiento y adquisición.
- Necesidad de un plan de vuelo.
- Condiciones óptimas de climatología.

Fig. 4. Helicóptero 061 en una asistencia a un accidente de tráfico. Imágenes del interior del helicóptero.
Fuente: Elaboración propia

54 Tema 2. Generalidades
PERSONAL.
- Médico.
- D.U.E.
- Piloto.
- Mecánico.

EQUIPAMIENTO SANITARIO.
Este equipamiento viene a ser un poco más reducido que el de una UVIMOVIL, ya
anteriormente especificado en otros capítulos, este reducimiento de material lógicamente
es por el mínimo espacio que dispone el helicóptero sanitario, aprovechando todos los
huecos disponibles para guardar todo tipo de material: material de inmovilización, botellas
de oxígeno portátiles, etc.

AVIóN SANiTARIO.
Este medio aéreo sanitario no es tan usado como el anterior quizas sea más usado
para el traslado de órganos para trasplantes urgentes. Ahora hablaremos de las ventajas
y desventajas de dicho medio.
Ventajas:
- Rapidez.
- No tiene problemas de nocturnidad.
Desventajas:
- Necesidad de tener aeropuertos fijos.
- Condiciones de metereología óptimas.
- Costes y mantenimiento muy altos.

TRANSPORTE SANITARIO MARíTIMO.


Este medio de transporte sanitario es de poca transcendencia en nuestro entorno,
el cual prácticamente se realizará:
- Barcos hospitales.
- Lanchas de salvamento.

3. FISIOPATOLOGíA DEL TRANSPORTE SANITARIO


Sobre todo cuerpo que es transportado van a actuar una serie de cambios físicos
que van a alterar el estado de la persona. Si bien en personas sanas no existe riegos, en un

Tema 2. Generalidades 55
paciente cuya condición física ya está alterada por su patología, habrá que tener especial
cuidado.
Estos factores físicos son: gravedad, velocidad, vibración, ruido, altitud (presión,
temperatura).

3.1. Fisiopatología del transporte sanitario terrestre.


3.1.1. Aceleraciones y desaceleraciones:
La capacidad para soportar las aceleraciones y desaceleraciones dependerá siempre
de: intensidad, duración, orientación y frecuencia de la misma.

a) Gravedad.
Los cambios bruscos en la atracción gravitatoria son interpretados por nuestro
organismo como cambios de peso y están relacionados con la movilización de la sangre
en los vasos.
• Aceleraciones positivas: la sangre se acumula en la parte inferior del
cuerpo pudiendo producir hipotensión, taquicardia, edema en miembros
inferiores.
• Aceleraciones negativas o “frenazos”: la sangre se acumula en la parte
superior del organismo, llegando a producir: bradicardia, aumento de la PVC
e incluso parada cardiorrespiratoria.

b) Presión hidrostática interna.


Ya que los órganos no tienen una fijación rígida en el organismo, los movimientos
de éstos en casos extremos pueden producir u originar las siguientes anomalías en el
paciente:
• Rotura y hemorragias en órganos.
• Fracaso del control hemodinámico por aceleraciones persistentes.
• En curvas prolongadas de una duración de más de 10 segundos la sangre se
acumula en uno de los hemicuerpos produciendo hemorragia o rotura por
acumulo de sangre (presión).

c) Distorsión de los tejidos elásticos.


La desaceleración o frenazo es más intensa en el paciente siempre que éste no esté
bien fijado a la camilla del vehículo y ésta al vehículo a su vez.
La aceleración produce un aumento de peso aparente de los órganos internos.

56 Tema 2. Generalidades
d) Medidas de precaución a tomar por el Técnico de Emergencias
Sanitarias.
• Conducción prudente y regular.
• Inmovilización del paciente con colchón de vacío.
• Fijar bien el paciente a la camilla del vehículo.
• Sujeción del personal con cinturones de seguridad.
• Protección y fijación del material del vehículo para evitar que éste caiga
encima del paciente con los baches.

3.1.2. Vibraciones.
Es la energía transmitida por el cuerpo en forma de fuerza mecánica, presión y
calor.
A un nivel determinado se puede producir destrucción tisular así como respuesta
negativa ventilatoria y cardiopulmonar.

a) Medidas de precaución a tomar por el Técnico de Emergencias


Sanitarias.
• Conducción cuidadosa.
• Inmovilización con colchón de vacío.
• Mantenimiento adecuado de la suspensión del vehículo.
• Mantenimiento de la amortiguación.
• Mantenimiento del motor y elementos fijos de la cabina asistencial.
• Fijación del material que llevamos en el vehículo.

3.1.3. Ruidos.
Los ruidos provocados por las señales acústicas siempre van a aumentar la ansiedad del
paciente lo cual va a derivar en respuestas vegetativas, hipoxia y trastornos de la conducta.

a) Medidas a tomar.
• Informar al paciente adecuadamente.
• Apoyo psicológico o sedacción en caso de necesidad.

3.1.4. Temperaturas.
La temperatura es otro de los factores físicos que van a afectar en mayor o menor
medida a los pacientes que transportamos.

Tema 2. Generalidades 57
Por ejemplo:
El frío afecta en mayor medida a los prematuros, quemados y personas inestables.
Por el contrario el calor afecta más a los pacientes en estado de shock por causa de la
vasodilatación que dicho calor produce en los vasos periféricos

3.2. Fisiopatología del transporte sanitario aéreo.


El transporte sanitario aéreo también produce una serie de alterciones que afectan
generalmente al estado del paciente.
Dichas alteraciones están relacionadas con la altitud, aceleraciones y desaceleraciones,
vibraciones y a todo ésto añadirle la propia intranquilidad del paciente ante la inminencia
de un tipo de transporte que posiblemente sea la primera vez que utiliza.
En el transporte sanitario aéreo habrá que tener en cuenta una serie de
características:
• La menor presión atmosférica aumenta la distensión abdominal.
• Hay que evitar la utilización de férulas neumáticas en fracturas de miembros
ya que con la altura aumenta la presión de éstas.
• El neumotaponamiento de los tubos endotraqueales debe de realizarse con
agua y no con aire para evitar que éste explote por un aumento de presión.
• Vigilar continuamente la dureza del colchón de vacío y férulas de vacío si
las lleva puestas, ya que su consistencia disminuye por la altura.
• Especial cuidado con los pacientes convulsivos que deben de ir con los ojos
tapados para evitar posibles convulsiones debido a los efectos estroboscópicos
de los rotores.

3.3. Posiciones de espera y de transporte.


A continuación mencionaremos las distintas y variadas posiciones que se realizan
según patología del paciente para el transporte sanitario.
Dichas posturas nunca deben de ser usadas en pacientes con sospecha de lesión
cervical.
Las posiciones son las siguientes:
• Posición lateral de seguridad.
Se suele usar en traslados de pacientes inconscientes para evitar la aspiración
de secreciones en posibles vómitos.
• Posición anti-shock o de Trendelemburg.
Se utiliza en pacientes con cualquier tipo de Shock o con grandes
hemorragias.

58 Tema 2. Generalidades
• Posición de abdomen agudo.
Se utiliza en pacientes con lesiones abdominales sean traumáticas o no.
• Posición de insuficiencia respiratoria.
Se utiliza, como bien su nombre indica, en aquellos pacientes con cualquier
tipo de insuficiencia respiratoria.

4. CONDUCCIÓN DE UNA UVI MÓVIL.


El conductor de una uvi móvil, debe ser una persona que reúna las siguientes
cualidades:
- Tranquilidad y serenidad.
- Conocimiento de la zona, calles y carreteras a tomar.
- Tener en ocasiones “mucha sangre fría”.
- Seguridad y confianza en sí mismo como conductor.
El conductor de una uvi móvil tiene una misión muy importante, la cual es llevar
al lugar donde se acaba de producir un accidente, o donde hay una persona enferma, a
un equipo de profesionales que están perfectamente preparados para salvar vidas, y que
desde el momento que nos avisan, al menos, están necesitando su ayuda. Y además no
poner en peligro la integridad física del equipo ni de ninguno de los demás usuarios de la
vía.
Debemos ser conscientes y tenerlo en todo momento muy presente, que es muy
importante llegar al lugar cuanto antes, pero es preferible llegar diez segundos más tarde
que no llegar.
Debemos ser conscientes también que cualquier maniobra que realicemos (rebasar
un semáforo en rojo, exceso de velocidad, etc.), será bajo nuestra responsabilidad.
Es muy diferente la conducción en carretera que en ciudad. En la ciudad extremar
reflejos, rapidez de actuación, continuas salidas y frenadas. En carretera hay que tener
especial cuidado en los cambios de rasante, adelantamientos, curvas sin visibilidad, cruces
de visibilidad reducida, carreteras de montaña o de difícil trazado.
Sobre la velocidad, destacar que a la hora de conducir durante un servicio urgente,
hay que contemplar principalmente que lo primordial es conducir a una velocidad adecuada,
adaptándose en cada momento a las condiciones específicas de la vía, del vehículo y del
estado del conductor.
Hay que tener en cuenta que a medida que aumenta la velocidad, se reduce la
capacidad de dominio de un vehículo y, consecuentemente, aumentan las probabilidades
de sufrir un accidente. En referencia a este aspecto decir que la energía que adquiere

Tema 2. Generalidades 59
un vehículo cuando circula es exponencialmente proporcional a la velocidad a la que se
desplaza, es decir, cuando se duplica la velocidad de un vehículo es necesario una energía
cuatro veces superior para detenerlo, o lo que es lo mismo, aumenta cuatro veces la distancia
necesaria para pararlo, y así, en caso de colisión es cuatro veces mayor la deformación del
vehículo, y la violencia del impacto que reciban los lesionados se multiplicará igualmente
por cuatro.
Conducir a una velocidad que esté dentro de los limites genéricos establecidos por
la Ley es básicamente la esencia de una conducción segura, pero no significa que se circule
a una velocidad apropiada (conducir a 120 Km/hora en autopista con niebla densa es una
verdadera temeridad, sin embargo no se están rebasando los límites permitidos).

NO DEBEMOS:
- Hacer alardes innecesarios de los dispositivos de señalización y
emergencia.
- Ponernos nerviosos.
- Cruzar las intersecciones de forma temeraria.

RECOMENDACIONES:
- Ser pacientes a que se aparte delante del vehículo que nos precede.
- En ciudad: se recomienda no lanzar en velocidad la UVI móvil, dado los
posibles imprevistos que nos pueden salir al paso.
- Es primordial HACERNOS VER y asegurarnos que NOS HAN VISTO.
- Nunca confiar en que todos los usuarios nos van a ceder el paso, por el hecho
que llevemos los dispositivos de emergencia conectados.
- Ser de lo más DESCONFIADOS y esperar cualquier reacción de los demás,
tales cómo:
• Frenazos bruscos al percatarse de nuestra presencia.
• Giros inesperados a cualquier lado.
• Indecisión sobre si apartarse o no al vernos.
• Nervios.
• Que pese a haber frenado, para cedernos el paso, se nos cruza el
vehículo delante.
• Que nos increpen la velocidad o forma de conducir porque les hemos
asustado.
• Peatón que se cruza inesperadamente.

60 Tema 2. Generalidades
• Vehículo que sale de detrás de un autobús o camión el que nos había
cedido el paso, pero que ocultaba al otro vehículo.
• Conductores que en vez de apartarse comienzan a aumentar la
velocidad delante nuestra.
- Prestar especial atención en caso de entrar en aglomeraciones de público,
tales cómo ferias, manifestaciones, etc., haciendo uso de la megafonía para
apoyo de los demás sistemas de emergencia.
- Especial atención al pavimento en tiempos de Semana Santa y posteriores,
en que la cera aún está en el suelo.
- Tener previstos recorridos alternativos, al que tenemos pensado tomar.
- Es preferible tomar vías anchas y de varios carriles, que callejear, ya que en
las primeras es más difícil quedarnos atascados.
- Se recomienda cometer el mínimo de infracciones de tráfico cuando se
conduzca en situación de emergencia.
- Tener en cuenta el tiempo de reacción del conductor que nos precede, desde
el momento que recibe nuestra señal.
- Al conducir de día en servicio de urgencia, es recomendable, además de
conectar los dispositivos de emergencia, poner la luz de cruce.
- Al conducir de noche en servicio de emergencia, se recomienda el hacer
cambios de luz larga a corta a los vehículos que nos preceden, y al llegar a
cruces con visibilidad reducida.
- Hacer ver al que nos precede de nuestra intención de adelantarle por la
izquierda, con maniobras tales como asomarle el “morro” de la UVI por ese
lado, y procurar siempre rebasar a los vehículos por su lado izquierdo.
- Conocer a fondo el estado, características y prestaciones del vehículo que
manejamos, con especial atención a elementos principales tales como
neumáticos, frenos, luces, dispositivos de emergencia, equipo y material,
dispositivos de señalización y balizamiento, etc.
- Cuando se va circulando en servicio de urgencias, es preferible que otro
miembro del equipo se encargue del manejo del cuadro de luces, sirena,
megafonía, etc, para que el conductor se dedique exclusivamente a eso, a
conducir.
- Cuando se traslade a un enfermo con algún tipo de cardiopatía es perjudicial
usar demasiado la sirena.
- Cuando nos dispongamos a trasladar al herido, hacerlo sin brusquedades,
sobre todo en traumatismos craneoencefálicos, lesiones de columna, etc.

Tema 2. Generalidades 61
Decir también que hay algunas condiciones meteorológicas o ambientales adversas,
que influyen notoriamente en la conducción y requieren precauciones y técnicas especiales.
A continuación citaremos las condiciones desfavorables que con más frecuencia
puede encontrarse el conductor.
- El sol: especialmente peligroso al amanecer y al anochecer. Las precauciones
a tener en cuenta serían: un parabrisas limpio, unas gafas adecuadas, si ello
fuera preciso, y un parasol puede paliar sus efectos y ayudar al conductor.
- La niebla: peligroso por limitar nuestra visibilidad. Circular con niebla puede
ser tan peligroso como circular sin luces. Tener en cuenta utilizar el mejor
alumbrado para permitirnos ver; según el articulo 106 del reglamento general
de la circulación obliga a utilizar en casos de niebla, la luz delantera de
niebla o la luz de corto o largo alcance.
- La lluvia: peligrosa por limitar también nuestra visibilidad. La velocidad
a mantener dependerá de los neumáticos, de la calzada y de la lluvia.
Hay que tener especial atención con los charcos por poderse producir el
efecto”aquaplaning”.
- La nieve: es similar a los casos mencionados anteriormente pero cabría
diferenciar un mayor peligro si se trata de agua helada por la consecuente
pérdida de adherencia de los neumáticos. El mejor consejo para estos casos
es la conducción con suavidad.
- Viento: afecta negativamente sobre la carrocería del vehículo, tendiéndolo a
desplazar. En estos casos lo mejor es mantener el volante fijo y firmemente
sujeto, y en el caso de cruzarse con algún vehículo, se sufrirá un bandazo
al cortarse la fuerza del viento, debido a que se lleva la dirección doblada
ligeramente hacia el lado donde viene el viento.

5. FUNCIONES DEL TTS


Los Técnicos de Transporte Sanitario son personas que sin tener conocimientos médicos
ni de enfermería, deben estar lo suficientemente instruidos para saber preparar al paciente para
su traslado al hospital de destino en las mejores condiciones, así como para poder hacer frente
a los posibles cambios en el estado general del paciente que puedan suceder por el camino.
El técnico no debe improvisar nada, debe poner en práctica todo lo aprendido, usar
el material de la ambulancia y saber reconocer el estado del paciente en todo momento.
Por ello, deben estar protocolizadas todas sus acciones, evitando de este modo que
unos pacientes sean mejor atendidos que otros dependiendo del ingenio y capacidad de

62 Tema 2. Generalidades
improvisación del personal que le atienda. Ésto no se puede consentir en un profesional,
ya sea un médico, un D.U.E. o un Técnico de Transporte Sanitario.
Podemos describir la secuencia de actuación del TTS bajo diez puntos fundamentales,
formando parte de todos los servicios de urgencia ante los que podemos encontrarnos.
Los veremos por orden de ejecución:
1. Preparación del equipo: debemos comprobar que el vehículo está en buenas
condiciones y dispone del material correspondiente, reponiendo el utilizado en el servicio
anterior.
2. Activación del sistema: el sistema de urgencias se activa a partir de una llamada
telefónica (fundamentalmente). Debemos tomar datos suficientes para localizar el lugar
con precisión, identificar al paciente y conocer ante qué tipo de urgencia nos vamos a
enfrentar.
3. De camino al lugar: emplearemos luces y sirenas simultáneamente, pudiendo
prescindir de la señal acústica en determinadas ocasiones (enfermos cardíacos, autovías,
etc). Respetaremos las normas de circulación, saltándolas cuando ello no represente un
peligro para los demás usuarios, cerciorándonos de que todos se han percatado de nuestra
intención y nos ceden el paso, y siempre bajo nuestra responsabilidad.
4. Llegada al lugar: si se trata de un accidente de tráfico y somos los primeros en
llegar deberemos seguir un orden de prioridades:
- Proteger. Tanto el lugar como a nosotros mismos; iluminaremos la zona y
señalizaremos a 150 metros en cada sentido de la circulación, entre otras
medidas. Nosotros vestiremos prendas reflectantes y no nos expondremos a
riesgos innecesarios.
- Alertar. Pondremos en conocimiento del centro coordinador las características
del siniestro, el número de víctimas y su estado aparente, comunicaremos
también si las víctimas o alguna de ellas se encuentra atrapada dentro de
algún vehículo con el fin de que el centro coordinador se ponga en contacto
con el cuerpo de bomberos.
- Socorrer. Será el último paso que demos, a menos que cuando lleguemos al
lugar ya esté protegido y controlado por otros cuerpos competentes (policía,
bomberos, etc.), en cuyo caso será nuestra primera prioridad.
En cualquier caso debemos estacionar la ambulancia en lugar seguro, donde no
ocasione problemas, ni corra peligro (incendios, líquidos inflamables en la vía...), también
tendremos en cuenta a la hora de estacionar la ambulancia, en la medida de lo posible,
orientar su salida en dirección al hospital al cual vayamos a evacuar a los pacientes.
Colaborar con los demás equipos de emergencias que encontremos con el paciente, y
recordando que la atención sanitaria es nuestra responsabilidad, dejando el control del

Tema 2. Generalidades 63
tráfico para los agentes de seguridad: cada profesional a lo suyo, y todos trabajando en
equipo.
5. Encuentro con el paciente: deberemos identificarnos ante el paciente y los
familiares o testigos, tomando toda la información posible de lo sucedido, examinado el
lugar en busca de medicamentos, jeringuillas, etc., que pudieran orientar acerca del estado
del paciente.
6. Determinación del tipo de urgencia: realizaremos una valoración primaria de
los signos vitales del paciente, aplicando los protocolos estudiados.
7. Actuación según protocolos: elegiremos nuestra actuación según el estado del
paciente, aplicando los protocolos del manual estudiado por el TES.
8. Traslado hasta la ambulancia: para el levantamiento del paciente optaremos
primero por inmovilizarlo adecuadamente, usando luego el sistema de movilización más
conveniente (camilla de tijeras, camilla convencional, carrito de transporte, etc.).
9. De camino al hospital: guiaremos el vehículo acomodando la conducción al
estado del paciente, sin excesiva velocidad, pues no somos conductores de un rally de
Fórmula Uno. Recordemos que la ventaja que nos ofrecen los sistemas de prioridad estriba
en que no nos vamos a tener que detener en semáforos, cruces, caravanas (siempre que
no pongamos en peligro a los demás), por lo que no perderemos tiempo en el recorrido.
10. Transferencia del paciente: entregaremos el paciente al profesional asignado
para recibirlo, dándole un pequeño informe verbal y escrito que facilitará la continuidad
en su atención, así como la valoración de su evolución.

6. ASPECTOS éTICOS Y RESPONSABILIDAD LEGAL DEL PERSONAL


SANITARIO EN LAS URGENCIAS Y EMERGENCIAS
6.1. Introducción.
Tales son los hijos de la Jurisprudencia,
que es menester pagarlos porque hablen
y porque callen.
Yo los tuviera por los más dañosos al mundo,
si no hubiera médicos;
porque si los letrados nos consumen la hacienda,
estos la vida.
(Saavedra).

64 Tema 2. Generalidades
Muchas cosas han cambiado en nuestros días. Hoy, los médicos, y en general el
profesional sanitario, contempla incrédulo cómo su trabajo se transforma en una labor
cada vez más burocrática. La tecnología tan avanzada, los avances en el conocimiento
científico, la necesidad de la especialización médica como exigencia incoercible, y el
aumento de las demandas por parte de los pacientes y de la sociedad en general ha hecho
que las preocupaciones de estos profesionales no sean, como antaño, las de adquirir unos
conocimientos clínicos y destreza quirúrgica lo mejor posibles. Hoy, en definitiva, el proceso
de asistencia y cuidados de la salud se ha convertido en una relación mucho menos fluida
y compleja.
Por otro lado, la mentalidad de los pacientes como consecuencia de los cambios
sociales ha variado drásticamente en las dos últimas décadas. No todos los cambios han
sido positivos. Durante los años 70, generalmente la actitud del paciente y de los familiares
era enormemente pasiva, aceptaban la enfermedad y la muerte como un fenómeno
relativamente común y preferían por parte del médico una actitud casi exclusivamente
paternalista. Las ideas religiosas y el ámbito familiar contribuían a hacer más fácil ese
tipo de actitud. Los cambios económicos, sociales, políticos y religiosos han modificado la
actitud del paciente ante la enfermedad y eventualmente ante la muerte. Llama la atención
la falta de aceptación de estos fenómenos naturales por parte de muchos enfermos y sus
familiares. En muchos casos la búsqueda de soluciones imposibles, generalmente en los
Estados Unidos, limita la necesaria confianza que ha de existir entre médico y paciente. Ha
sido la influencia también de los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión,
la que ha conllevado gran parte de las nuevas actitudes de los pacientes y de la sociedad.
Esto ha conducido a una americanización de la conducta del paciente y de la sociedad con
alguna frecuencia. De ahí la exigencia de responsabilidades civiles al estilo norteamericano,
donde los abogados esperan en la puerta de las clínicas o en las salas de urgencias la salida
de los pacientes y les preguntan: ¿Le ha dolido la intervención? Si la respuesta por parte
del intervenido o asistido es afirmativa, la demanda es ya una realidad.
¿Y qué decir acerca del desasosiego de los profesionales de la sanidad que ven la
imputación de una responsabilidad, no ya civil sino penal, tambalearse sobre sus cabezas
como la espada de Damocles? De las distintas responsabilidades en que los profesionales
de la sanidad pueden incurrir, la más temida por estos y la más destructiva a nivel de
opinión pública es, sin duda alguna, la penal. Y ello, a pesar de que no sean excesivamente
numerosas las sentencias penales condenatorias que se han dictado por el Tribunal Supremo
en la segunda mitad del siglo XX como veremos.
En cuanto a si es fundada la opinión de que hoy asistimos a una práctica de la que se
ha venido a llamar medicina defensiva y de que el derecho persigue al médico, mi opinión
es que el derecho únicamente castiga la negligencia, el comportamiento descuidado, la
falta de atención debida y, en definitiva, el olvido temerario (afortunadamente muy pocas

Tema 2. Generalidades 65
veces) de lo que es el auténtico ejercicio de la medicina. El objetivo no ha de ser evitar
problemas con la ley: la ley no ha de preocupar a quien practica la medicina de una manera
responsable y con rigor. El médico está también sometido a desaciertos, fallos y errores, a
veces consecuencia de las limitaciones de la ciencia que ejerce. De los errores también se
aprende. Tras ellos es necesaria la reflexión, la autocrítica sincera que permitirá cimentar
al profesional prudente y experimentado.
Al derecho no le interesan esos errores, si surgen de un profesional diligente y
responsable. El derecho se ocupa del médico que actúa sin atención, interés o dedicación
suficientes; que asume tratamientos que superan su capacidad o preparación, siempre que
las circunstancias no le impongan otra conducta.

6.2. El delito de omisión del deber de socorro en la práctica


diaria.
El Código Penal vigente regula en su artículo 196 el delito de omisión del deber de
socorro aplicado a los profesionales sanitarios en los siguientes términos: el profesional
que, estando obligado a ello, denegare asistencia sanitaria o abandonare los servicios
sanitarios, cuando de la denegación o abandono se derive riesgo grave para la salud de
las personas, será castigado (…).
Visto el tenor literal del artículo, conviene realizar una serie de consideraciones en lo
que respecta a su interpretación. De este modo podremos extraer unas pautas de actuación
de gran interés práctico en el desarrollo de nuestra labor asistencial independientemente
de la naturaleza de la misma o del eslabón de la cadena asistencial en que nos encontremos
(asistencia prehospitalaria, hospitalaria, etc.)

6.2.1. Se castiga al profesional.


Parece claro que el legislador está pensando en el profesional sanitario (que es el
obligado, por su formación y competencia, a prestar asistencia sanitaria). Lo que es más
discutible, sin embargo, es qué entendemos por profesional. El Diccionario de la Real
Academia de la Lengua lo define como la persona que ejerce alguna actividad como
profesión. Poco nos aporta, a primera vista. Si buscamos el significado de profesión,
encontramos la siguiente definición: empleo, facultad u oficio que cada uno tiene o ejerce
públicamente. Por empleo, se nos envía a los vocablos ocupación y oficio. Se entiende
por ocupación el trabajo que impide emplear el tiempo en otra cosa. Por su parte, oficio
es definido como ocupación habitual y como acción o gestión en beneficio o en daño de
alguno. Después de estas disquisiciones mentales más propias de un trabalenguas, podemos
concluir que el Diccionario de la Real Academia no resulta clarividente en esta ocasión
(lo cual no es objeto de nuestro estudio) pero también que la ambigüedad del término

66 Tema 2. Generalidades
profesional, y esto sí puede ser importante, permite calificar como tal a ciertos sujetos que
prestan asistencia sanitaria conforme a los criterios que de tal definición hemos encontrado,
esto es, ejerciendo la asistencia públicamente, impidiéndoles emplear el tiempo en otra
cosa, llevando a cabo esta labor de forma habitual y como acción o gestión en beneficio
o en daño de alguno. ¿Dónde quiero llegar? Muy sencillo. Son miles los voluntarios que,
en toda España, prestan asistencia sanitaria en organismos e instituciones dedicadas,
entre otras, a asegurar la prestación de asistencia sanitaria a muy diferentes niveles de
cobertura (individual, colectiva, grandes masas…) y de especialización (soporte vital básico,
soporte vital avanzado, etc.). Pensemos, por poner dos ejemplos, en los voluntarios de Cruz
Roja Española o de Protección Civil. Sólo en la Comunidad de Madrid, llevan a cabo una
media de 10.000 intervenciones mensuales. Hablamos, pues, de un importantísimo nivel
de actividad asistencial de carácter sanitario.
Pues bien, conforme a la regulación del tipo de injusto incluido en el artículo 196
del C.P., estas personas son profesionales y, por tanto, sujetos activos de este delito penal
sin lugar a dudas. Esto puede tener consecuencias muy importantes, ya que sus funciones
y responsabilidades, con demasiada frecuencia, no están delimitadas.

6.2.2. Se castiga al obligado a prestar la asistencia.


Teniendo en cuenta el bien jurídico protegido por el tipo de injusto, tal obligación
parece emanar de la legislación administrativa. Esto conlleva nuevos problemas en el
caso del personal voluntario que, en muchas ocasiones, no se someten a legislación
administrativa alguna, entre otros motivos, por no estar remunerada su actividad.
En lo que respecta, por otro lado, al personal sanitario (médicos, D.U.E., Auxiliares,
etc.) remunerado, mi opinión es que se ha de rechazar una interpretación extensiva de
la obligación de prestar asistencia. Se llegaría al absurdo de que los sanitarios ocultarían
su profesión cuando saliesen a la calle, no fuese que no asistiesen a todos los vecinos de
la manzana de ocurrirles algo en la vía pública (¡o incluso debería acudir a sus domicilios
a cualquier hora si fuesen requeridos!). Parece evidente que es preciso que exista una
obligación clara de actuar y que tal actuación se dé como resultado de un requerimiento,
una solicitud clara del paciente o tercero con un interés directo. No basta el conocimiento
indirecto y privado por parte del profesional para que este deba prestar asistencia de
forma obligada (otra cosa bien distinta es lo que su ética y conciencia le dicten o muevan
a hacer). En este mismo sentido se pronunció el Tribunal Supremo en su sentencia de 16
de febrero de 1996: el delito se comete cuando se produce una negativa consciente a
responder a un requerimiento, sin que puedan incluirse aquí aquellas situaciones en las
que, sin requerimiento expreso del particular, (…) tenga conocimiento indirecto de que
ha sido solicitada su intervención.

Tema 2. Generalidades 67
6.2.3. Se castiga la conducta de la que se derive riesgo grave para la salud
de las personas.
Muchos autores, a los que me sumo, han criticado duramente esta redacción
del legislador del Código Penal. En efecto, parece ilógico que si se opta por castigar la
omisión del deber de socorro por personal sanitario, tal castigo no debe estar sometido
a la existencia efectiva de un resultado lesivo para las personas no atendidas, y menos
exigir que este daño sea grave. Lo que se está castigando es la denegación de asistencia,
lo cual es lógicamente punible, y no que la persona resulte gravemente perjudicada, que
no deja de ser una consecuencia más de la conducta típica del sanitario cuya omisión se
persigue. No olvidemos que el deber profesional del médico (con excepción, quizás, del
médico dedicado a la cirugía estética) es un deber de acción (en este caso, un deber de
intentar proteger la salud) y no un deber de resultado (salvar la vida). En el mismo sentido
se expresa el Código Deontológico de médicos y enfermeros/as. En fin, basta omitir el
socorro al que se está obligado para incumplir con el deber de acción, siendo irrelevante
y secundario el que de tal omisión se derive un mayor o menor riesgo para la salud de las
personas.
Pasemos a ver, a continuación, diversas situaciones cotidianas en las que el personal
sanitario puede incurrir en la conducta omisiva tipificada por el legislador en este delito.

6.3. Otras situaciones relacionadas con el delito de omisión del


deber de socorro.
6.3.1. Sobrecarga de los servicios de urgencia y/o accidente con múltiples
víctimas.
Es evidente que en tal caso, no se está denegando asistencia sanitaria alguna de
forma voluntaria. Lo que existe no es, pues, una omisión consciente sino una incapacidad
de actuar por falta de recursos humanos y/o técnicos. En estos casos, sin embargo, existe un
deber, y conviene no olvidarlo, de petición de auxilio a otros profesionales y organismos. (STS
de 19 de noviembre de 1981). Por otro lado, es muy posible que se deriven responsabilidades
con respecto al centro, organismo o entidad al que pertenece el profesional que se ve
desbordado y ello por la falta de previsión de su directivo o máximo responsable al no
contar con el personal necesario para atender las urgencias (siempre en el caso de que se
dé una afluencia normal de las mismas, ya que en casos de catástrofes, por definición, no
cabe previsión alguna).
En el caso de los accidentes de múltiples víctimas, a los que llega un primer recurso
sanitario de cualquier servicio de emergencias extrahospitalario, no cabe planteamiento de
delito de omisión del deber de socorro ya que se lleva acabo una primera clasificación de
los heridos (lo que se conoce como triage) atendiendo a la mayor o menor gravedad de las

68 Tema 2. Generalidades
lesiones en relación con la mayor o menor probabilidad de supervivencia de los afectados.
En definitiva, se atiende en primer lugar a los heridos más graves pero con posibilidades,
al menos teóricas, de supervivencia, y se dejan sin atender los heridos más leves o aquellos
cuya situación crítica o de muerte teórica (caso de las paradas cardiorrespiratorias) hacen
pensar en un índice de supervivencia cercano a cero. Este es un claro ejemplo de estado
de necesidad o caso de fuerza mayor, y la única exigencia que se puede hacer al personal
sanitario interviniente es su cualificación técnica para llevar a cabo un triage rápido y
eficaz y minimizar así la morbimortilidad en lo posible. Del mismo modo, es exigible, en
estos casos, una activación precoz de otros recursos de emergencia disponibles en la zona
que acudirán como refuerzo.

6.3.2. Las comunicaciones telefónicas como fuente de riesgos.


No olvidemos que toda conversación telefónica, por definición, evita el contacto
directo paciente-profesional, genera múltiples errores provocados por la existencia de
ruidos en los canales de conversación, da lugar a múltiples interpretaciones (más cuando
el receptor del mensaje no pertenece al complejo mundo de la asistencia sanitaria) y
es un canal cuya información no se suele registrar (salvo excepciones) provocando, a
menudo, la indefensión del profesional sanitario que lo utiliza como medio para dar
consejos cuando no órdenes de naturaleza asistencial. Son múltiples los supuestos de
nuestra jurisprudencia del Tribunal Supremo en que se condena a médicos que denegaron
asistencia urgente solicitada por teléfono que consideraron de poca importancia y que
conllevó un resultado lesivo (en ocasiones la muerte) para el demandante o un allegado
de este.

6.3.3. La denegación de asistencia en los casos de huelga del personal


sanitario.
Si bien el artículo 28 de la Constitución Española reconoce el derecho a la huelga de
todo trabajador en defensa de sus intereses, también se exige que los servicios esenciales a
la comunidad queden cubiertos en tales situaciones. En este caso, nos encontramos ante un
conflicto jurídico de intereses (se enfrentan dos derechos fundamentales: el de vida, salud
e integridad frente al de huelga). Se deberá atender al caso concreto para establecer en
qué medida la salud se ve afectada (si es la vida o la integridad, el rango jerárquico de tal
derecho fundamental exige que la asistencia prime por encima del derecho a la huelga).
En los mismos términos se expresan los Códigos deontológicos de los profesionales de la
salud.

Tema 2. Generalidades 69
6.3.4. El absentismo cuasi-exigido y el absentismo cuasi-legal.
Se refiere a los casos tan diferentes en los que el profesional sanitario es requerido
para un aviso domiciliario o incluso en la vía pública cercano al centro sanitario donde
trabaja para prestar asistencia urgente (con el consiguiente abandono del lugar de trabajo
que puede quedar desatendido) y los casos en los que el profesional sanitario abandona
voluntariamente su puesto de trabajo para tomar el descanso que le reconoce, como a
todo profesional, el Estatuto de los Trabajadores.
Hemos visto que el artículo 196 del Código Penal castiga tanto al profesional que
deniega asistencia como a aquel que abandona los servicios sanitarios estando obligado
bien a prestar asistencia, bien a permanecer en su puesto. En el caso del profesional que
es requerido para atender una urgencia (domiciliaria o en la vía pública próxima al lugar
de trabajo) la actitud debe ser firme: no se debe abandonar el centro sanitario si este
quedara, de hacerlo, desatendido. Ahora bien, al igual que para la población en general
exige el Código Penal demandar urgentemente auxilio ajeno en caso de impedimento de
prestar socorro (articulo 195.2 del Código Penal), del mismo modo se exige solicitar la
ayuda necesaria al sanitario que no puede acudir a prestar la asistencia debida.
En lo que respecta al abandono voluntario para ejercer el derecho estatutario de
descanso (recordemos que se exige un mínimo de quince minutos de descanso para todo
trabajador cuya jornada diaria continuada exceda las seis horas) es aconsejable que se
establezca un sistema de control de salida y entrada para ejercer tal derecho. Del mismo
modo, se aconseja que se establezca por parte de la dirección del centro el tiempo máximo
de descanso, ya que el Estatuto de los Trabajadores establece un mínimo (quince minutos)
pero no un máximo. Esto ha provocado que los tribunales hayan llegado a interpretar,
según la benevolencia del juzgador, si el tiempo empleado por el profesional sanitario era
excesivo o no. Estableciendo un tiempo fijo, que conste por escrito, las responsabilidades
derivarán en la dirección del centro que deberá prever y subsanar la ausencia durante ese
tiempo de uno de sus empleados.
Podemos concluir diciendo que, en muchas ocasiones, será una vez más la ética, la
profesionalidad (entendida como buen hacer y proceder) y la buena fe, acompañadas de
una buena dosis de sentido común, la que nos diga cómo debemos proceder en cada uno
de estos casos que hemos planteado y muchos otros que se nos ocurran. Actuando con
estos principios como base, es realmente remota la posibilidad de vernos castigados por
un delito de omisión del deber de socorro.
No conviene pasar por alto que, conforme establece el artículo primero de la
Ley Orgánica del Tribunal del Jurado, el enjuiciamiento de las conductas comentadas
corresponde ya hoy a los mencionados tribunales populares. Hay profesionales que ven
en ello un riesgo añadido pues creen que los legos del derecho, ciudadanos de la calle

70 Tema 2. Generalidades
escogidos aleatoriamente para componer estos tribunales, tenderán a condenar a unos
profesionales sanitarios (especialmente médicos) a los que tachan de corporativistas. En mi
opinión, la actuación del profesional conforme a los principios mencionados anteriormente
no merecerá sino la protección del Tribunal del Jurado si, por parte de la defensa, existe
un mínimo de coherencia y claridad expositiva. En general, la profesión sanitaria es
socialmente muy valorada, y muchas veces, cuando no es así, deberíamos preguntarnos
los que la conformamos si no somos parcialmente responsables de ello.

6.4. Fundamentos para una correcta asistencia sanitaria.


6.4.1. La actualización de los conocimientos como necesidad ineludible.
Quizás no hay disciplinas más dinámicas que la medicina y el derecho. Ambas
cambian y avanzan vertiginosamente de modo que es muy difícil hacernos dueños de ellas.
Esto, al mismo tiempo, puede resultar un tanto desmoralizador y un reto fascinante por
conocerlas más. De cualquier modo, una cosa está clara; una asistencia sanitaria basada
en técnicas no actuales generará responsabilidad por parte del profesional que la presta.
No podemos olvidar que se exige una capacidad a aquel que se dedica a la prestación de
asistencia sanitaria y el profesional, consciente de su preparación, deberá llevar a cabo un
examen previo de su capacidad antes de actuar.
A mi entender, y esta es la opinión también de la doctrina, el deber de actualizar
los conocimientos se refiere a un progreso científico y a unos resultados contrastados por
la experiencia. Esto supone, lógicamente, que se exigirá tal preparación con mayor rigor
al profesional especialista que al no especializado.
A continuación, se resumen algunas sentencias de nuestro Tribunal Supremo que
condenan la mala praxis derivada del uso de procedimientos diagnósticos y tratamientos
más que discutibles en el momento en que son empleados. Lo más grave, quizás, es que
quienes los prestan son supuestos profesionales.
En la Sentencia del Tribunal Supremo de 26 de junio de 1980, se analizaba la
actuación de un anestesista que indujo la sedación de un paciente al que se iba a extraer
un cálculo en el uréter izquierdo. La dosis del anestésico empleado fue muy superior a
la indicada como terapéutica. El nivel tóxico del fármaco en el organismo provocó una
excesiva difusión del mismo con resultado de parada cardiorrespiratoria que se prolongó
durante más de quince minutos aunque fue revertida según el criterio del anestesista. Por
ello, y pese a presentar signos evidentes de lesión cerebral (midriasis bilateral arreactiva)
indicó al cirujano que podía intervenir. Concluida la intervención y tras derivarse a este
paciente al servicio de urgencias de otro centro hospitalario, se produjo el fallecimiento
del mismo. Al ingreso en este hospital, el paciente presentaba un cuadro de coma cerebral
con signos evidentes de descerebración.

Tema 2. Generalidades 71
El anestesista fue condenado por la Audiencia Provincial por negligencia profesional.
El Tribunal Supremo, sin embargo, revocó la sentencia y tipificó la conducta del anestesista
como imprudencia temeraria ya que, en su opinión, por impericia se entiende la incapacidad
técnica para el ejercicio de la profesión pudiendo encontrarse su fundamento en la
ignorancia o en la defectuosa ejecución del acto requerido por la lex artis, lo cual se
diferencia de la culpa del profesional que no es más que la imprudencia o negligencia
comunes cometidas por el profesional en el ejercicio de su arte u oficio. Concluyó señalando
que si bien es evidente la imprudencia temeraria, no aparecían en el caso los caracteres
de la negligencia profesional (impericia) que debe apreciarse con ponderación y mesura.
En mi opinión, la sentencia de la Audiencia Provincial nunca debió ser casada, ya
que estimar, tras quince minutos de paro cardíaco (siempre motivo de lesión cerebral), que
el paciente se había recuperado y que se encontraba en condiciones de ser intervenido,
parece que sólo puede deberse a una impericia absoluta, a una falta de conocimientos
técnicos verdaderamente básicos y a una infracción patente de la lex artis propia de un
especialista en Anestesia y Reanimación. Considero que la imprudencia no consistió tanto
en la aplicación de una dosis excesiva de anestesia sino en la deplorable actuación posterior
del anestesista.
En la sentencia del Tribunal Supremo de 25 de noviembre de 1980 se resolvió el
siguiente caso: tras una operación efectuada para corregir una subluxación congénita
de rodilla izquierda, el niño intervenido empezó a sentir al cuarto día de convalecencia
síntomas de parestesia en la articulación operada, dolor local, fiebre, envaramiento de
la espalda, sudores, hiperestesia, taquicardias y envaramiento de la mandíbula, lo que le
impedía comer normalmente. El cirujano interviniente recetó calmantes por estimar que
la sintomatología era debida a una alteración psíquica del menor y no guardaba relación
alguna con la operación que había efectuado.
El décimo día, fue retirado el vendaje y los puntos y le dio el alta con una carta
dirigida al médico de cabecera en la que le explicaba el resultado satisfactorio de la
intervención y los síntomas posteriores presentados con una recomendación final de este
tenor literal: creo que conviene que vigiles o lo hagas ver por el psiquiatra.
Nada más llegar a su domicilio, se agravó el estado del niño por lo que, alarmados,
los padres dieron aviso al médico de guardia de la Seguridad Social, quien se personó
rápidamente y apreció envaramiento de los músculos de la nuca, agarrotamiento de la
mandíbula, arrugas en la frente, en los ojos y en la comisura de los labios con aspecto
de risa sardónica además de espasmos en los músculos masticadores y fiebre alta. Su
diagnóstico fue fiebre tetánica en segundo grado, por lo que se trasladó de inmediato
al hospital, donde se confirmó lo dicho por el médico y se procedió a una operación de

72 Tema 2. Generalidades
limpieza quirúrgica para salvar la vida del paciente, lo que fue imposible falleciendo este
a la media noche del mismo día.
La Audiencia Provincial absolvió al cirujano actuante. Sin embargo, el Tribunal
Supremo lo condenó como autor de un delito de negligencia profesional, no ya porque la
infección tetánica del operado fuese debida, casi con toda seguridad, al empleo de material
no estéril, sino por su inexcusable error de diagnóstico (se presentaban absolutamente
todos los signos y síntomas propios de una infección tetánica) y su cúmulo de desatinos
y desatenciones, al confundir la verdadera situación con una alteración psíquica, lo que
contrasta con la actuación de sus colegas, médico de guardia y de hospital, que reconocieron
inmediatamente el cuadro séptico del menor. La situación es aún más sorprendente si
tenemos en cuenta que el niño había sido previamente operado por él mismo. Todo ello
revela una clara incapacidad técnica para el ejercicio profesional.
En la Sentencia del Tribunal Supremo de 20 de febrero de 1991 se valoraron los
siguientes hechos: un cirujano, en el desarrollo de una colecistectomía, en lugar de seccionar
con ligadura el conducto cístico, hizo la ligadura en la salida teórica del conducto hepático,
con amputación del mismo. Esto impidió la salida de la bilis, desencadenándose una ictericia
yatrogénica. La paciente fue dada de alta por el cirujano, a pesar de encontrarse en un
grave estado de salud, con signos inequívocos de ictericia obstructiva.
Afortunadamente, la bilis de la paciente ascendió por un sorprendente proceso
natural hacia el abdomen, lo que permitió su extracción y la salvación de la enferma tras
varias intervenciones.
Según el Tribunal Supremo, que confirmó la Sentencia de la Audiencia, condenatoria
por delito de negligencia profesional, en el presente caso no se trataba de un diagnóstico
equivocado o de la carencia de una especial y extraordinaria pericia, sino que fue una
conducta claramente descuidada, un olvido de los principios inexcusables de la lex artis,
tan lamentable por la desatención, que incidió directa y eficientemente en la causa
determinante de las lesiones o del proceso evolutivo de la primera operación en la que
intervino el cirujano condenado.
En mi opinión, no obstante, existió una falta de conocimientos y me resisto a
compartir la resolución del Tribunal Supremo. Se demuestra una inexcusable falta de pericia
médica puesto que confundir uno y otro conducto (cístico por hepático) demuestra una
falta de los más básicos conocimientos de anatomía. Por esta razón, encuadro tal infracción
del deber objetivo de cuidado dentro del apartado que estoy analizando detenidamente en
este momento, a saber, la necesidad de una actualización de los conocimientos técnicos
del personal sanitario mediante formación continua y reciclajes programados.
Es oportuno pasar a analizar otro componente fundamental del deber objetivo de
cuidado que no debe ser vulnerado cual es el estudio de las circunstancias de tiempo y

Tema 2. Generalidades 73
lugar en que se lleva a cabo el tratamiento o asistencia por parte del médico o cualquier
otro componente del equipo sanitario. Así pues:

6.4.2. Las especiales circunstancias de tiempo y lugar en que se presta la


asistencia así como la importancia de los medios disponibles.
Es evidente que no es igual ejercer la Medicina, ni se tienen los mismos medios, en
una pequeña población que en un centro hospitalario terciario. Por esta razón, el deber de
cuidado será mayor y más exigente en este último caso, lo que no significa la inexistencia
de deber de cuidado en el primero.
Igualmente factores de urgencia, catástrofe, guerra o similares pueden rebajar el
grado de exigencia del deber objetivo de cuidado, al mismo tiempo que puede imponer
la obligación de intervenir al profesional que no es, ni se siente, el más idóneo para ello,
pero que debe hacerlo como mal menor dadas las circunstancias y conforme a un deber
universal de socorro cuya omisión puede incluso determinar que se incurra en un delito
(el delito de omisión del deber de socorro, ya tratado).
Veamos con mayor detenimiento estas ideas agolpadas en unas pocas líneas y, para
ello, utilizaré el material quizás más ilustrativo una vez más: numerosas sentencias de
inquietante actualidad extraídas del análisis de lo que conforma nuestra Jurisprudencia
española sobre la materia.
Las profesiones sanitarias se ejercen, obviamente, en un contexto social concreto
y determinado en el que concurren numerosos factores que condicionan la calidad y el
nivel de la atención prestada y los resultados obtenibles. Pues bien, si partimos del hecho
indubitado de que el ejercicio de la sanidad en general conlleva de por sí unos riesgos
implícitos relevantes, singularmente en algunas de sus especialidades, y que el propio
paciente acude al médico porque padece una enfermedad o porque presenta un cuadro
que genera un riesgo para su vida o estado de salud, parece evidente que la aminoración
de esos riesgos dependerá, en gran medida, de los medios personales y técnicos de los que
se disponga.
Por esta razón, es de suma importancia que el juez conozca exactamente el contexto
socio-económico en que se desenvuelve la conducta profesional enjuiciada, ya que el
mismo adquiere gran relevancia al establecer la lex artis del caso concreto y el grado de
cuidado exigible en el supuesto fáctico que se juzga. Es lo que se conoce como lex artis
ad hoc, y que hace que cobre una especial trascendencia el principio interpretativo de la
realidad social del tiempo en que la norma ha de ser aplicada (como establece el artículo
3.1 del Código Civil).
Todo lo que se ha venido tratando referente a relaciones jurídicas, responsabilidad,
imprudencia, negligencia, impericia, etc. adquiere una nueva dimensión y requiere un

74 Tema 2. Generalidades
tratamiento muy particular al situarnos frente a actuaciones sanitarias en supuestos de
extrema urgencia. Debe quedar claro que, en mi opinión, la urgencia vital no nos exime
a los profesionales de la emergencia extrahospitalaria y urgencia médica hospitalaria
de pensar y actuar en beneficio del enfermo; pero este modo de pensar y actuar, debe
ajustarse a las circunstancias. A nadie le será difícil entender que, en situaciones como los
atentados terroristas perpetrados en diferentes ciudades de España, catástrofes, accidentes
de aeronaves y de tráfico en que existe un común denominador de múltiples víctimas
y una escasa respuesta asistencial en los primeros momentos, se realicen determinadas
técnicas por profesionales (técnicos de emergencia, enfermeros/as, etc.) que, en condiciones
normales y con la dotación necesaria de recursos humanos y materiales, no tendrían
justificación. Y es que, respecto al diagnóstico en casos de urgencia vital, de nada serviría
llegar a realizar el mismo con gran certeza, si para ello precisamos treinta minutos y el
paciente, por los signos que presente, se encuentra en situación de compromiso vital
evidente. Es el ojo clínico, muchas veces, el que consigue devolver la vida a quien está a
punto de perderla o ya lo ha hecho hace unos minutos (como es el caso de las paradas
cardio-respiratorias) y esta sólo es potencialmente reversible llevando a cabo maniobras y
procedimientos agresivos e invasivos. Es curioso constatar cómo las denuncias que surgen
contra servicios de urgencia son, precisamente, por abusar de pruebas diagnósticas con
demora del tiempo de respuesta cuando en ello le va la vida al paciente. Se da el caso de
pacientes que mueren en los pasillos de los hospitales mientras se espera el resultado de
alguna prueba diagnóstica que no acaba de llegar.
Lo que en circunstancias normales podría constituir una imprudencia, a veces,
en urgencias vitales, constituye una heroicidad. Insisto, ello no justifica jamás cualquier
tipo de conducta. Posiblemente, la única regla moral, humana y profesional, para todas
las actuaciones médicas en estos casos de extrema urgencia sea la hipocrática de tratar
al enfermo como uno mismo quisiera ser tratado, que traducido a nuestra situación no
sería otra cosa que actuar como uno mismo quisiera que actuase otro compañero con
nosotros.
En cualquiera de los actos médicos, ya sean con fines diagnósticos, terapéuticos,
etc. en casos de urgencia vital, la imprudencia rara vez se va a dar por una actitud activa,
siendo precisamente la pasiva la que puede dar lugar a la denuncia e incluso a la apreciación
de responsabilidad. La negligencia posiblemente nunca podría reconocerse como tal en
la actitud activa ya que el modo y las características de trabajo las harían disculpable.
La impericia, aunque se diese, posiblemente nunca prosperase judicialmente, salvo que
realmente fuese manifiesta, no ya por la situación de extrema gravedad del enfermo-herido
sino por el modo burdo e inexplicable de actuación profesional.
En relación con esta problemática, resulta muy ilustrativo el realizar un análisis de
algunas sentencias en las que los medios personales y materiales han tenido una especial

Tema 2. Generalidades 75
incidencia en la resolución del caso. Algunas son muy recientes y, por lo que he podido
comprobar en los seminarios y congresos celebrados sobre estos temas, han generado
cierta alarma, no sin razón, entre los profesionales de la sanidad.
Es preciso puntualizar que lo que le interesa descubrir al Juez es si la conducta
incriminada merece o no reproche humano, más que estrictamente científico. Una
infracción grave en que incurre un médico recién salido de la facultad o un médico rural
puede no tener trascendencia penal, y sí en cambio una leve infracción de un cirujano
famoso rodeado de ayudantes y medios técnicos abundantes (STS de 17 de julio de 1982).
Veamos el caso de la Sentencia del Tribunal Supremo de 14 de febrero de 1991: Un
enfermero, al poner al paciente la segunda de las inyecciones que tenía este recetadas, le
causó más dolor del normal en el momento de clavar la aguja, y un fuerte dolor al entrar
el líquido. Cuando el enfermero se encontraba ya ausente, se desencadenaron una serie
de efectos en la pierna (calambres, dolor local, rubor, etc.) a resultas de lo cual, y con
asistencia del especialista en la materia, tardó en curar 218 días quedando secuelas.
La inyección fue puesta en el cuadrante superior externo de la zona glútea de la
pierna derecha, muy alejada teóricamente del nervio ciático. En el proceso no se concretó
las características de la inyección, salvo que se trataba de un antibiótico balsámico. Hay
que señalar que después de los hechos se apreció en el paciente una cifra discretamente
elevada de glucemia, con glucosuria. Pues bien; el enfermero acusado fue absuelto al no
constar la causa de la lesión; señala el Tribunal Supremo que dada la cifra discretamente
elevada de la glucemia, detectada mucho después, no puede descartarse una acción
metabólica coadyuvante y agravadora de la lesión, cuya causa verdadera se desconoce;
pudo haberse puesto la inyección en lugar adecuado, con técnica correcta y, sin embargo,
el líquido inyectado lesionar el ciático, fuera por colocarse la inyección intraglútea próxima
al ciático y entrar el nervio en la región a una altura superior a lo habitual, fuera porque al
quedar el líquido depositado entre vainas musculares o por circunstancias especiales (zonas
de distensión por inyecciones anteriores), el líquido se difundió hasta llegar al ciático.
Vemos, por tanto, que circunstancias especiales de tipo fisiopatológico e incluso
anatómico pueden conllevar que un tratamiento administrado correctamente produzca
una serie de complicaciones totalmente imprevisibles. Por lo tanto, ha de considerarse
la existencia de estas complicaciones imposibles de evitar. El diplomado de enfermería
no dispone de medios para presuponer una situación como la que se le presenta y actuó
conforme a lo que dicta el buen hacer.
De otro lado, el principio de intervención mínima del Derecho Penal y su función
de castigar conductas claramente reprochables actuando como ‘última ratio’ y sólo en
supuestos en que no puede ser punida la actitud por otra vía, me hacen dudar de la
idoneidad de la vía penal o, más bien, de la proporcionalidad con que es utilizada para entrar

76 Tema 2. Generalidades
a resolver situaciones de este tipo que más parecen responder a conductas resarcibles, en
último caso y a lo sumo, mediante una indemnización. Obrar de otro modo se me antoja,
personalmente, injustificable. Es, a mi modo de entender, una forma criticable de desvirtuar
la naturaleza y fin del Derecho Penal.
En la Sentencia del Tribunal Supremo de 31 de mayo de 1994 se analizó el siguiente
caso: una mujer de 29 años de edad ingresó en una residencia sanitaria de la Seguridad
Social víctima de un accidente de tráfico en el que sufrió una fractura supracondílea del
codo y una contusión cerebral con pérdida de consciencia posteriormente recuperada.
Tras practicársele diversas radiografías y una se descubrió que se encontraba embarazada.
De haberse sabido, evidentemente, estas pruebas de diagnóstico por imagen mediante
radiación no se hubiesen llevado a cabo; sin embargo, su estado de gravidez era desconocido
incluso por la propia paciente. Se le comunicó, por ello, la posibilidad de que las radiaciones
produjesen malformaciones en el feto en gestación. En una residencia especializada se le
diagnosticó un embarazo de 11 semanas y tres días.
La mujer decidió interrumpir voluntariamente el embarazo, cumpliéndose los
requisitos legales para ello. La intervención se llevó a efecto en un hospital autorizado. Se
le aplicó gel intracervical como medida profiláctica para ablandar el cuello y facilitar su
dilatación, al objeto de proceder a la evacuación uterina instrumental por vía vaginal.
Con posterioridad a la intervención surgieron una serie de complicaciones, entre ellas
hipotensión, que aconsejaron el traslado de la paciente a otro centro sanitario donde se
estableció como juicio clínico interrupción voluntaria del embarazo, perforación uterina,
neumoperitoneo y shock hipovolémico por hemorragia masiva. Después de estabilizar
a la paciente, fue precisa una laparotomía exploratoria en la que se descubrieron restos
placentarios y fetales y perforación uterina. Aunque el estado de la paciente mejoró, se
produjo un brusco empeoramiento debido a una embolia pulmonar que conllevó una parada
cardíaca irreversible a pesar de utilizarse los anticoagulantes y fármacos cardiotónicos de
elección. Se acusó al ginecólogo actuante por impericia médica, al no percatarse de los
restos fetales, que habían pasado a la cavidad abdominal, confluyendo esta negligencia
con la falta de medios técnicos y personales existentes en el hospital en que se llevó a
cabo el aborto.
La resolución del Tribunal Supremo se basó en que aunque el método de interrupción
del embarazo que se eligió (la evacuación intrauterina instrumental por vía vaginal) no
constituye el método más aconsejable en casos en que la gestación ya se encuentra en
una etapa bastante avanzada, debía reputarse ortodoxa. La causa desencadenante del
fallecimiento fue una embolia pulmonar, que se considera clásicamente como una de las
complicaciones características de la cirugía abdominal y pélvica. Por otro lado, la reacción
se produjo a pesar de la aplicación de correctivos de elección como son los anticoagulantes.

Tema 2. Generalidades 77
No se apreció ninguna negligencia en el actuar del ginecólogo ni en el de los
facultativos que después asistieron a la mujer, siguiendo todos ellos una conducta
terapéutica adecuada e idónea a las circunstancias (lex artis ad hoc) y a la evolución de
la enferma. Recayó, en consecuencia, absolución, tanto en la sentencia de la Audiencia
como en la del Tribunal Supremo.
Continuando con el estudio de los elementos integrantes del llamado deber
objetivo de cuidado que ha de ser guardado por cualquier miembro del equipo sanitario
si no quiere sumergirse en los nada sugerentes mundos de la negligencia profesional e
imprudencia punible en general, debemos referirnos ahora al deber de información y de
obtener consentimiento.

6.4.3. Deber de información y de obtener consentimiento.


El cumplimiento de este deber no comporta la exclusión de responsabilidad para
el profesional de la salud pues el asentimiento del enfermo está, en realidad, fuertemente
afectado por la ignorancia de lo que se le plantea, propone o informa; por contra, la
infracción del deber de información sí puede ser determinante de responsabilidad, siempre
que se produzca un daño derivado precisamente de la ausencia o deficiencia de tal
información. Son aquellos supuestos en los que el profesional no ha comunicado al enfermo
las dosis de administración, contraindicaciones o efectos secundarios del medicamento
recetado, o no le haya alertado sobre los peligros de determinadas acciones, conductas
o hábitos de su modo de vida (información terapéutica) y a consecuencia de esta falta
de información se produzcan efectos dañinos. Forma parte de este deber, también, el de
informar particularmente del tratamiento que dependa del propio paciente, siempre de una
forma precisa y comprensible para éste. No obstante, la dificultad en estos casos estribará
en la prueba, dado el carácter normalmente confidencial y oral de la comunicación entre
el profesional de la salud y el enfermo.

6.4.4. El riesgo que podemos considerar como permitido.


Será el límite máximo de la norma de cuidado, debiendo conocer el profesional
hasta dónde puede llegar sin infringir tal límite.
La participación en la vida social implica hoy numerosos riesgos para los bienes
jurídicos; riesgos que, por otro lado, son inevitables por el desarrollo satisfactorio de nuestra
sociedad. El Derecho Penal interviene para establecer unos límites adecuados a tales riesgos.
Pero hasta este punto se puede incurrir en riesgo. Se permite tal riesgo porque el derecho
no puede proteger de forma absoluta los bienes jurídicos.

78 Tema 2. Generalidades
En toda intervención quirúrgica, incluso en una actuación clínica de menor
importancia, existe un cierto riesgo para la salud del paciente. El personal sanitario puede
asumir ese peligro con el límite máximo de un hombre inteligente y prudente al que se
añaden otros dos requisitos: el del valor social que suponga en general la actividad creadora
de riesgo y el de la necesidad en el caso concreto de su realización.
No cabe duda, por tanto, de que se le pueden presentar situaciones al personal
sanitario en general y al facultativo en particular donde deberá asumir en ocasiones
un riesgo superior al que sería habitual en un caso normal (por ejemplo: realizar una
intervención quirúrgica, o ampliar la ya iniciada, con carácter urgente, sin efectuar
determinados preparativos en el paciente).
No quisiera finalizar este análisis del llamado riesgo permitido sin hacer una
consideración de suma importancia: las situaciones de urgencia o emergencia a las que se
enfrenta asiduamente el personal sanitario (algunos de ellos por ser el objeto de su profesión
diaria) son, quizás, los ejemplos más claros en los que el deber objetivo de cuidado se torna
más flexible al seguirse unos protocolos y algoritmos que conllevan riesgos evidentes para
el paciente. No es que tales profesionales sean más incautos o que el Derecho les conceda
una patente de corso para hacer ejercicios de equilibrio entre el cuidado debido y la
imprudencia punible, sino que la especial naturaleza de las situaciones a las que tienen
que hacer frente, unido a los medios limitados y a las circunstancias envolventes que
existen conlleva, como vimos en otro apartado, que el grado de responsabilidad en estos
supuestos sea, cuando menos, diferente.

6.4.5. La obligación de dar una continuidad al tratamiento.


Supone tanto no interrumpir el tratamiento como no abandonar al paciente, de
forma que siempre tenga este una atención sanitaria continua, debiendo dejar un suplente
adecuado en caso de ausencia.
El deber objetivo de cuidado se concretará en cada caso y en cada una de las distintas
fases de la actividad sanitaria:
- Anamnesia: es la parte del examen clínico que reúne todos los datos
personales, hereditarios y familiares del enfermo, anteriores a la enfermedad;
se refiere, por tanto, al historial clínico del paciente.
- Examen y reconocimiento del paciente: comprende no sólo el reconocimiento
en sí sino también los análisis, radiografías, ecografías, tomografías, etc. que
sean necesarias teniendo en cuenta que el buen facultativo no precisa solicitar
este tipo de pruebas para elaborar su diagnóstico, sino para confirmarlo.
- Diagnóstico: es el acto de conocer la naturaleza de la enfermedad mediante
la observación de sus síntomas y signos, para lo cual el facultativo deberá

Tema 2. Generalidades 79
obrar sobre una correcta diagnosis o conocimiento diferencial de los signos
de las enfermedades.
- Tratamiento o terapia: está vinculado, lógicamente, al diagnóstico. Si este es
correcto, la posibilidad de un error en el tratamiento será menor. Comprende
la elección de medios, procedimientos, medicación, etc. así como, en su caso,
la preparación para la intervención quirúrgica del paciente.
- Ejecución: el facultativo deberá asegurarse de su conocimiento sobre los
medios a emplear, de la capacidad de reacción del organismo del paciente, de la
inexistencia de retraso en la aplicación de la terapia e igualmente, deberá revisar
el correcto funcionamiento de los aparatos técnicos (lo que puede delegarse en
el correspondiente personal auxiliar que esté cualificado para ello).
- Postoperatorio: comprende la vigilancia del enfermo que no termina, en su
caso, con la intervención, sino con el alta del paciente.
Estos factores se dan en múltiples casos de nuestra Jurisprudencia (algunos ya
analizados anteriormente y otros lo serán al tratar de cuestiones como el trabajo en
equipo) como son los supuestos de falta de exploración del paciente, adopción de terapias
sin análisis previos, abandono del quirófano por el anestesista, falta de conocimientos
del personal sanitario y empleo arbitrario de la medicación sin conocer sus efectos,
ausencia de revisiones del material a emplear, ausencia de vigilancia del paciente en el
postoperatorio o delegación de esta función a personal no cualificado para ello, etc.

6.5. La Lex Artis y la jurisprudencia.


La expresión lex artis, como afirma Martínez Calcerrada, es la ley del arte, o regla
técnica de actuación de la profesión que se trate. Suele aplicarse el principio de la lex
artis a las profesiones que precisan de una técnica operativa y que plasman en la práctica
unos resultados empíricos. Entre ellas destaca la profesión médica, ya que la medicina es
concebida como ciencia experimental.
El principio director de la actividad médica, según reiterada doctrina y jurisprudencia,
es la lex artis ad hoc. Este es el criterio valorativo de la corrección del concreto acto médico
que tiene en cuenta las circunstancias especiales de autor, la profesión, la complejidad y
transcendencia vital del acto así como, en su caso, la influencia de otros actos endógenos
como el estado del enfermo, de sus familiares, de la organización sanitaria, etc.
Este concepto, ha sido acogido en diferentes sentencias de la Sala 1ª del Tribunal
Supremo con motivo de reclamaciones fundamentales en supuestos de culpa o negligencia
civil (SSTS 7 de febrero y 29 de junio de 1990, 11 de marzo de 1991 y 23 de marzo de
1993).

80 Tema 2. Generalidades
La doctrina discute si el concepto de lex artis es aplicable a toda la actividad médica
(exploración, diagnóstico, pronóstico, tratamiento) o si sólo ha de operar, stricto sensu,
en algunos apartados del ejercicio de la profesión.
La Jurisprudencia, a diferencia de Romeo Casabona que diferencia lex artis de
indicación terapéutica, toma un criterio extensivo del concepto y lo aplica a la ejecución
de todo tratamiento médico (clínico o quirúrgico). Así, acude a la lex artis para enjuiciar
la correción de actos de exploración médica (SSTS 27 de mayo de 1988 y 5 de julio de
1989, ambas de la Sala 2ª), actos de diagnóstico (SSTS de 25 de noviembre de 1980, 17
de julio de 1982 y 20 de diciembre de 1990, todas de la Sala 2ª) y actos de tratamiento
propiamente dichos (SSTS de 20 de febrero de 1991 y de 4 de septiembre de 1991, ambas
de la Sala 2ª).
La profesión médica se ejerce en un contexto social determinado en el que concurren
numerosos factores que condicionan la calidad y el nivel de la atención prestada y los
resultados obtenibles.

6.6. El principio de «División del trabajo» y sus repercusiones.


En la actualidad existen grandes organizaciones sanitarias y las intervenciones
quirúrgicas son obra de especialistas apoyados por personal técnico dando lugar a una
grave problemática relacionada con la dificultad de deslindar la responsabilidad de cada
uno de los miembros del equipo sanitario. De estos problemas son de los que pasaré a
ocuparme con la ayuda del análisis de nuestra doctrina (entre los grandes autores se
encuentran, en lo que a trabajo en equipo se refiere, JORGE BARREIRO, SILVA SÁNCHEZ y
ROMEO CASABONA) y la Jurisprudencia del Tribunal Supremo, de gran interés y riqueza.

6.6.1. El principio de “División del trabajo”.


En nuestros días, la especialización en el campo de la Medicina se impone como una
necesidad. Los factores que llevan a considerar la división del trabajo como un fenómeno
irreversible son, entre otros, el progreso técnico, el aumento del número de pacientes, la
necesidad de delimitar la responsabilidad de cada uno de los profesionales de acuerdo
con su formación y el hacer posible que se trabaje en un ambiente de coordinación total
y sin tensiones contraproducentes.
La división del trabajo se refiere a una actividad realizada colectivamente en la
que existe un equipo cuyos miembros colaboran para la consecución de un fin común.
Hay que analizar, en esta relación, las funciones que tiene cada uno de los integrantes del
equipo y hasta dónde alcanza su responsabilidad en lo que al ámbito jurídico se refiere.
Así, el principio de división del trabajo aparece como elemento delimitador de la diligencia

Tema 2. Generalidades 81
exigible a cada profesional y forma parte del llamado cuidado externo que en la estructura
del delito se ubica en la parte objetiva del tipo de injusto (infracción del deber objetivo
de cuidado al que ya nos hemos referido) de los delitos imprudentes.

6.6.2. La medicina en equipo hoy.


Las grandes operaciones a corazón abierto, los transplantes de órganos en los
que el paciente es atendido en el quirófano por un equipo multidisciplinar en cuanto a
especialidades médicas se refiere, la coordinación entre los servicios cuando se atiende a
un paciente grave que sufre un fracaso multiorgánico... serían imposibles si no existiese,
en nuestros días, un equipo de profesionales que comparten sus conocimientos y trabajan
codo con codo para obtener los resultados esperados.
Es por estas razones que podemos afirmar que esta división del trabajo se torna
en condición necesaria para asegurar el éxito. Esto, por otro lado, conllevará una serie de
problemas y riesgos añadidos.
En cualquier caso, hay actividades sanitarias, como la Emergencia Extrahospitalaria,
en que la división del trabajo es principio básico y absolutamente imprescindible para
desarrollar la labor diaria. Así, en las asistencias a politraumatizados en accidentes de
tráfico, a múltiples heridos en casos de catástrofe, a personas que sufren una parada
cardio-respiratoria, etc., la compenetración es fundamental pero también la posibilidad
de diversificar las tareas y hacer factible una asistencia integral a los heridos.
Cuando se trata de analizar la conducta individual y los resultados de un determinado
acto que resultó o pudo resultar lesivo, nos enfrentamos a una realidad tangible. El
estudio de la conducta individual en el seno de las circunstancias y del universo enfermo-
enfermedad, permite deducir o reproducir los efectos y resultados, los accidentes y
circunstancias, y, en definitiva, establecer la causalidad de los efectos y la naturaleza
del acto y las circunstancias que los motivó. No quiere esto decir que no exista cierta
complejidad, como ocurre siempre en todos los expedientes judiciales por responsabilidad
médica, pero toda la complejidad se origina por la naturaleza de la ciencia médica, por la
imprevisible capacidad de reacción del ser humano y por la dificultad de reproducir a veces
el fenómeno, como medio de prueba ante efectos previsibles o imprevisibles. Sin embargo,
cuando en el suceso han intervenido diferentes profesionales, con distintos cometidos y
en momentos también diversos, se producen un cúmulo de dificultades técnicas, jurídicas,
médicas y periciales para deslindar actuaciones y responsabilidades, establecer límites de
actuación, interrelacionar conductas y actos médicos, etc.
La posible responsabilidad penal del cirujano por conducta incorrecta del personal
sanitario auxiliar podrá apreciarse adecuadamente si se tiene en cuenta el principio de
división del trabajo. La primera cuestión a resolver es la de determinar qué cometidos son

82 Tema 2. Generalidades
específicos del personal técnico de apoyo y en qué tareas tienen responsabilidad propia. Como
consecuencia del principio de división del trabajo, y conforme a las competencias de los D.U.E,
será responsable penalmente de la muerte del niño recién nacido la enfermera que preparó
negligentemente (y sin percatarse de que el biberón contenía una sustancia tóxica) el biberón
que le hizo ingerir. En efecto, la STS del 18 de octubre de 1982, es resuelta como sigue:
La Audiencia Provincial condenó a la enfermera por un delito de imprudencia
temeraria con resultado de muerte. El Tribunal Supremo confirma la sentencia de
la Audiencia Provincial y, en uno de los considerandos, fundamenta la calificación
como conducta gravemente negligente de la enfermera en los siguientes términos: La
recurrente incumplió el deber de cuidado que le venía impuesto por las prácticas de
su profesión, al no examinar y cerciorarse previamente de que la sustancia con la que
preparó el biberón era realmente suero glucosado, lo que no verificó tanto posteriormente
al no mirar el contenido del frasco como cuando la madre le hizo notar la negativa del
niño a ingerir el líquido. El frasco del que tomó el contenido del biberón, aunque era de
los usualmente utilizados para contener suero glucosado, se encontraba en la mesilla de
curas y no dentro del armario en que se metían los frascos. Además, pegado al exterior
del frasco había un trozo de esparadrapo en el que se escribió Armil, aunque el paso del
tiempo lo había borrado parcialmente.
Su conducta es calificada como gravemente negligente si se pone en parangón con
la conducta que es de esperar de una enfermera diligente, prudente y responsable de sus
actos en el desempeño de tal función.
Por similares razones no podrá ser imputado de negligente el cirujano que ha
realizado con el cuidado debido y reconocida pericia una intervención quirúrgica y encarga
actividades complementarias o secundarias (como la vigilancia del operado para que no
se levante de la cama y beba agua) que él no pudo atender por sí mismo y de las que, por
su carácter individual no tenía obligación de responder (STS de 26 de octubre de 1983).
En parecidos términos se pronuncia el Tribunal Supremo en otras tantas sentencias,
reconociéndose la necesidad de distribuir el trabajo como requisito indispensable
para que cada interviniente pueda concentrarse en el desempeño de su cometido sin
tensiones supletorias por excesivas circunstancias a tener en cuenta, lo que conllevaría
indefectiblemente una considerable pérdida de efectividad.

6.6.3. El principio de confianza no puede ser ilimitado.


El principio de confianza opera como un importante criterio limitador de los deberes
objetivos de cuidado. Se trata de un principio reconocido en el Derecho de la circulación (o
del tráfico) por parte de jurisprudencia penal, pero que tiene su aplicación en los casos de
cooperación imprudente y, especialmente, para los supuestos de división del trabajo en las

Tema 2. Generalidades 83
profesiones sanitarias, como instrumento restrictivo de los deberes objetivos de diligencia
y, por tanto, delimitador de la responsabilidad imprudente de cada interviniente.
El principio de confianza, aplicado a la actividad médico-quirúrgica implica que
el cirujano puede, en principio, confiar en que sus colaboradores (anestesista, ayudantes,
auxiliares) se comportarán diligentemente, en tanto no concurran en el caso concreto
circunstancias especiales (como la falta de experiencia, de cualificación, ineptitud, descuidos
graves, etc.) reconocibles que hagan pensar en lo contrario. Así, por ejemplo, la confianza
puede llevar a la imprudencia cuando el jefe del equipo conoce la escasa preparación de
su colaborador o los deficientes medios con los que se realiza la anestesia y a pesar de
todo realiza la intervención y delega funciones que no le corresponden a un estudiante de
medicina o a un DUE. Por el contrario, como señala Muñoz Conde, no existirá infracción del
deber objetivo de cuidado por parte del jefe del equipo si la experiencia y los conocimientos
especiales de los colaboradores y de los ayudantes no motivan la pérdida de confianza.
La finalidad del principio de confianza es evitar la sobrecarga de trabajo y el
monopolizar numerosas funciones en las intervenciones difíciles, lo que supondría una
fuente de peligro considerable. Así, se hace posible una mayor concentración de cada
interviniente, sobre todo del director del equipo, en su tarea. El médico tiene que poder
confiar en la colaboración correcta de terceras personas pues, como señala Stratenwerth,
un médico que se ocupase de todo quizás no se expondría al reproche jurídico-penal por
falta de diligencia pero es seguro que no sería un buen médico.
Ahora bien, habrá que analizar el acto de delegación llevado a cabo por el
director del equipo médico o por el responsable directo del paciente, para conocer si esta
delegación es o no conforme a los límites del principio de confianza. Así, por ejemplo,
el médico sólo podrá delegar aquellas tareas que son de la competencia del personal
sanitario ayudante y para las que reúnen las condiciones y cualificación suficientes. En
la STS de 29 de marzo de 1988 se castiga por imprudencia al ginecólogo que descuidó
la asistencia y vigilancia del proceso de embarazo de la enferma, pasándole inadvertido
el cuadro de toxemia desencadenante del fallecimiento de la paciente, y abandonó
indebidamente la asistencia al parto en la comadrona. El Tribunal Supremo aprecia
imprudencia temeraria por las graves omisiones del ginecólogo en la asistencia de la
embarazada, dejando de detectar el cuadro de toxemia y delegando improcedentemente
la asistencia al parto en la comadrona.
También considera nuestro Tribunal Supremo responsable penalmente al médico que
había confiado indebidamente el cuidado postoperatorio de una paciente, falleciendo esta.
En efecto, en la STS de 15 de enero de 1974, el Tribunal Supremo califica como conducta
negligente la del obstetra que considerando necesario el goteo y advertido una y otra
vez, con machacona insistencia, de la imposibilidad notoria en que se encontraron varias

84 Tema 2. Generalidades
ayudantes de canalizar una vía venosa, pierde un tiempo precioso no intentando colocar
el goteo o canalizar la vena por sí mismo, lo cual realiza extemporáneamente y cuando
ya el colapso y el shock lo hacen imposible.
En definitiva, el principio de confianza tiene sus límites cuando cabe apreciar reparos
respecto a la cualificación o fiabilidad de un colaborador, el cual, a su vez y en principio,
podrá confiar en la corrección de las instrucciones impartidas por el médico jefe del equipo.
En todo caso, ha de quedar claro que el jefe o director del equipo no debe llevar a cabo
una férrea vigilancia del personal auxiliar interviniente, lo que daría lugar a un ambiente
de nerviosismo y desconfianza muy perjudiciales para el desarrollo de la labor sanitaria e
iría frontalmente contra el necesario principio de división del trabajo.

6.6.4. La división horizontal en el trabajo en equipo.


El caso típico de división horizontal del trabajo en el ámbito de la medicina es el
que se refiere al modelo de las relaciones entre el cirujano y el anestesista, que con sus
conocimientos especiales, cometidos específicos e independencia, se complementan y
dividen el trabajo.
La división del trabajo horizontal se caracteriza porque todos los intervinientes
tienen un mismo nivel de formación (hay, pues, una relación de igualdad) y cada uno ha
de cumplir con las tareas o cometidos propios de su competencia.
La división del trabajo médico lleva consigo que en la medicina moderna cada uno
de los facultativos asuma su propia responsabilidad: el cirujano decide el tiempo, el lugar y
el modo en que se llevará a cabo la operación. El anestesista actuará con plena autonomía
y responsabilidad en todas las cuestiones de su competencia y especialidad (todo lo
relacionado con la preparación, ejecución y vigilancia del procedimiento de la narcosis). Esta
división de trabajo está íntimamente unida al principio de confianza que ya he analizado.
Por esta razón, en los supuestos de nuestra jurisprudencia que a continuación pondré como
ejemplo de toda esta problemática se entrelazan cuestiones referentes a la división del
trabajo erróneamente realizada (todo lo referente a extralimitación de funciones, al encargo
de labores no propias de determinados miembros del equipo, o incluso a supuestos de no
delegación de labores lo que conlleva el fracaso de la actuación) con otras cuestiones en
las que se sobrevalora la capacidad de determinadas personas y se superan los límites de
la confianza permitida, entrando en una esfera de riesgos injustificables desde el punto
de vista de la prudencia y diligencia exigibles.
En el supuesto de división del trabajo horizontal, el principio de confianza juega
en toda su intensidad y sólo se podrá excluir su operatividad en casos excepcionales:
cuando en el caso en concreto se percibe un fallo grave de otro colega o existan dudas
sobre su cualificación que justifiquen la pérdida de confianza en la conducta correcta del

Tema 2. Generalidades 85
otro médico, lo que exigiría un deber de cuidado mediato de vigilancia y de evitación del
resultado lesivo que podría producirse.
Este es el caso, por ejemplo, de la STS de 10 de octubre de 1979, en que un cirujano
lleva a cabo una cesárea con la colaboración de un anestesista que asistía al mismo tiempo
en dos quirófanos. Cuando el cirujano se encontraba suturando, se presentó un cuadro
cianótico en la enferma y hubo que llamar al anestesista. Al regresar este, ambos médicos
comprobaron que la paciente había fallecido y fueron inútiles los intentos de reanimación
por parte de aquellos.
En este supuesto, estamos ante un caso de posible coautoría imprudente al consentir
el cirujano en llevar a cabo una operación de esas características de forma tan irregular.
El responsable por su conducta activa es el cirujano, que debía haber prohibido esas
condiciones de simultaneidad de dos quirófanos por un mismo anestesista. El anestesista
sería inculpado en comisión por omisión.

6.7. La naturaleza jurídca de la negativa del paciente a


determinados tratamientos sanitarios: ¿un tipo de objeción o un
derecho ejercitable por los individuos?
Quizás una de las cuestiones que resultan más evidentes al estudiar la problemática
entre la libertad religiosa de los testigos de Jehová y su negativa al tratamiento con
hemoderivados ha sido el de la naturaleza jurídica del conflicto existente. En efecto, sin
ninguna clase de rigor jurídico en mi opinión, todos los autores hablan de la cuestión como
si de un tipo de objeción se tratara. El hecho de que este tema no haya sido tratado casi en
absoluto por la doctrina, con la excepción de VITALE que apunta algo sobre el particular,
hacen que este asunto interese especialmente.
Como sabemos, la objeción de conciencia aparece como una de las distintas
manifestaciones de la libertad de conciencia, amparada en los textos de derechos humanos.
La objeción de conciencia puede ser definida como la actitud de aquel que se niega a
obedecer un mandato de la autoridad o un imperativo jurídico, invocando la existencia,
en el seno de su conciencia, de un dictamen que le impide realizar el comportamiento
prescrito.
El conflicto suele producirse entre el derecho a la libertad religiosa (pero también el
derecho a la intimidad personal y familiar, al propio cuerpo y el derecho que corresponde
a los padres respecto a la educación de sus hijos), y el interés del estado en preservar
la vida y la salud de sus ciudadanos así como el de mantener la integridad ética de la
profesión médica, cuyo objeto es procurar la salud de quienes se confían a su cuidado.
Es claro que estos últimos intereses no son obligaciones legalmente impuestas, y, por
tanto exigibles a ningún tipo de paciente (y tampoco, claro está, al que profese una

86 Tema 2. Generalidades
determinada confesión religiosa). Por ello, se ha hablado de objeción de conciencia
impropia, en la medida en que no suele haber en los diferentes ordenamientos un
mandato de la ley que imponga como obligatorios los tratamientos médicos aludidos
y, consecuentemente, no cabe hablar propiamente de un conflicto entre un mandato
que proviene de la propia religión y otro que emana de la ley estatal. Sin embargo, la
jurisprudencia ha configurado supuestos en los que pretende hacer ver tal conflicto por
existir un deber de solidaridad in abstracto que se traduce en un deber in concreto de
imponer el tratamiento médico en determinados casos. De cualquier manera, mi opinión
es que seguimos sin poder hablar de objeción porque no existe el elemento necesario
de desobediencia civil.
¿Existe en nuestro ordenamiento un deber constitucional de conservar la vida y la
salud propia? Parece que tal deber no existe y ello por los siguientes motivos:
a) La Constitución configura la vida como un derecho fundamental y no como
un deber, y esta configuración se ve confirmada por lo dispuesto en el artículo
43.1 de la misma, según el cual se reconoce el derecho a la protección de la
salud.
b) La Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, reconoce, en su artículo
10.9, el derecho del paciente a negarse al tratamiento médico. Es cierto que
el apartado 6 c) del artículo 10 de esta Ley, dispone que no será preciso el
previo consentimiento por escrito del paciente cuando la urgencia del caso
no permita demoras por poderse ocasionar lesiones irreversibles o existir
peligro de fallecimiento. Sin embargo, esta disposición se ha interpretado
doctrinalmente en el sentido de que la negativa al tratamiento, aún en el
caso de grave riesgo para la vida, siempre resulta factible cuando la persona
mayor de edad y capaz esté consciente y decida libremente asumir el riesgo
que su negativa comporta.
Por su parte, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional es muy distinta:
partiendo de la base de que no existe un derecho subjetivo a la propia muerte admite,
teóricamente solo, el derecho a rechazar la asistencia médica, aún con riesgo de la
propia vida, en los supuestos que sólo afectan al interesado y en los cuales no exista
una relación de sujeción especial entre éste y la Administración. Esto es lo que se
señala en la STC 120/1990, de 27 de Junio. Aunque la realidad ha sido muy distinta
y el paternalismo del estado se ha demostrado en numerosas sentencias y autos
posteriores en los que, con las condiciones descritas anteriormente, los jueces han
autorizado la transfusión aún en contra de la voluntad del testigo de Jehová mayor
de edad y capaz.

Tema 2. Generalidades 87
En definitiva, no se puede hablar de obligación alguna ya que la vida y la salud,
en nuestro ordenamiento, se configuran como derechos y no como deberes. Por ello, creo
que no puede hablarse en sentido estricto de derecho a la objeción de conciencia.

6.7.1. Los conflictos entre libertad religiosa-vida y las soluciones


jurisprudenciales en nuestro país.
En España, existen numerosas lagunas en el marco judicial respecto a otros países de
Europa. ¿Por qué?, porque la riqueza de pronunciamientos extranjeros con la consiguiente
pluralidad de supuestos contrasta con lo limitado de las conductas típicas contempladas en
el ámbito del litigio civil o penal español. De ahí que haya sido la doctrina la que ha debido
apuntar soluciones a supuestos no directamente contemplados por la jurisprudencia, a la
vez que ha tomado posiciones con la solución dada por los órganos judiciales. Razón por
la que habremos de referirnos a tales posiciones doctrinales.
Un caso en que se dio ausencia de responsabilidad por parte del juez al ordenar
transfusiones de sangre a un menor sin consentimiento de sus padres, es el contemplado
en el auto del Tribunal Supremo de 26 de septiembre de 1978. En él, se abordó la posible
conexión entre el derecho de libertad religiosa (cuyo atentado se castigaba en el artículo
205 del Código Penal de 1973) y el derecho a la vida (cuyo atentado es el homicidio, que
se recogía entonces en el artículo 407 del citado código).
Los hechos eran los que siguen: un matrimonio se negó firmemente a que se
impusiera tratamiento hemotransfusional a su hija menor de edad cuya vida corría peligro.
Aducían convicciones religiosas por ser testigos de Jehová.
El juez en servicio de guardia ordenó que se le practicara la transfusión de sangre, desoyendo
las argumentaciones de los padres. Los padres interpusieron querella contra el juez, y
el Tribunal Supremo la repelió aduciendo que el derecho de patria potestad no podía
extenderse a la menor que se encontraba en inminente peligro de muerte, de modo que
la actuación del juez de guardia fue ajustada a derecho sin que incurriera en la conducta
tipificada en el apartado 2º del artículo 205 del antiguo Código Penal.
La fundamentación jurídica del Tribunal Supremo, se vertebra sobre la esencial
conjunción del ordenamiento jurídico, en virtud de la cual el juez actuó conforme a
Derecho en el conflicto de normas que protegen, por un lado, las convicciones religiosas
de la querellante y, por otro su propia vida.
Ante el choque entre estos dos bienes jurídicos, el tribunal estima que el juez obró
correctamente al valorar como interés preponderante el de la vida de la paciente.

88 Tema 2. Generalidades
La doctrina opina que la libertad de conciencia tiene unos límites. Sin embargo la
cuestión es muy diferente si estamos ante un paciente mayor de edad y capaz o, por el
contrario, ante un paciente menor de edad.
En el caso del paciente mayor de edad, la decisión de éste debe ser, en opinión de la
doctrina, respetada. La razón fundamental es que no cabe hablar, en este caso, de suicidio
sino de un caso de actitud moral determinada que, en tanto que es inevitablemente errónea,
resulta irreprochable. No respetar la negativa del paciente, imponiendo la terapéutica, sería
un acto injusto, frente al cual el enfermo tendría derecho al amparo judicial.
No obstante, se admite una excepción; cuando el médico se encuentre ante
un enfermo en estado de inconsciencia, aunque sea advertido del credo moral del
enfermo, deberá aplicar la terapéutica. No habrá lesión, en ese caso, a la conciencia del
enfermo (puesto que está privado de ella) y no podría actuarse judicialmente contra el
médico en ningún caso. Más complicada parece la solución cuando quienes se niegan
a la transfusión son los representantes legales del enfermo. Aquí se distinguen dos
situaciones:
1ª. El caso del menor sin uso de razón o del adulto incapacitado: si niegan la
autorización para el tratamiento médico, tal negativa no estará amparada por la libertad
de conciencia de los representantes legales y la autorización habrá de ser suplida por el
órgano público competente. Si no fuera posible acudir a este, entonces los representantes
legales han de considerarse ausentes y el médico deberá actuar según el criterio moral
correcto.
2ª. En el caso del menor enfermo con uso de razón y capaz de juicios morales
proporcionados a la decisión necesaria para el caso, si tiene las mismas convicciones que
sus representantes y la aplicación de la terapéutica lesiona su conciencia, esta no debe
aplicársele.
La doctrina señala que partiendo de la base de que el Código Civil conceptúa la
patria potestad o las funciones tutelares como potestades que deben ejercerse siempre en
beneficio del menor o tutelado, se concluye que traspasar a un menor o a un incapaz las
consecuencias de una creencia religiosa o de una decisión heroica del adulto constituiría un
evidente abuso de la patria potestad o de las facultades del tutor. De ahí que la legitimidad
de un rechazo anormal del tratamiento por parte de aquellos pueda ser suplido por los
órganos jurisdiccionales, de oficio o a instancia del Ministerio Fiscal, en lo que se coincide
con la doctrina sentada por el Auto del Tribunal Supremo de 26 de septiembre de 1978,
visto anteriormente.
La posición de los jueces en el caso de la negativa a recibir el tratamiento por parte
de un adulto capaz, es contraria a la de la mayoría de la doctrina ya que se está absolviendo
al juez que autoriza la transfusión. La razón más clara de la crítica por parte de los autores

Tema 2. Generalidades 89
de la doctrina es que se da un atentado contra la dignidad humana, como límite claro
al Derecho positivo. Así, el juez que autoriza a un médico a practicar una transfusión
de sangre a un paciente testigo de Jehová que conscientemente se opone a ella por sus
convicciones religiosas, realizaría el tipo del artículo 205 del Código Penal de 1973 o del
artículo 522 del Código Penal actual (aún con todo, y partiendo de una interpretación
literal de los citados artículos hay que reconocer que la negativa a recibir sangre no es un
acto de culto de los testigos de Jehová).
Por último, en el caso de adultos mentalmente incapaces, parece coherente lo
señalado por la doctrina: el juez sólo puede denegar la autorización de tratamiento cuando
se den dos condiciones:
1ª. Que se haya adquirido la absoluta certeza moral de que el enfermo, si fuera
capaz, rechazaría la asistencia médica por razones de conciencia; de no ser
así, debe ordenarse judicialmente la intervención aunque restringida a la
clase de tratamiento que resulte presumiblemente menos lesiva para las
convicciones del afectado.
2ª. Que la omisión de los auxilios médicos no suponga una amenaza para la vida
del paciente o el peligro de incapacidad mental permanente.
Hasta aquí, pues, las soluciones que la doctrina ha propuesto ante los diferentes
conflictos que se producen entre el derecho a la vida y la salud, por un lado, y el derecho
a la libertad religiosa, por otro. En cualquier caso, las cuestiones que se plantean no son
de fácil solución y cualquiera de las formas que se presenten para solucionarlas no son
fórmulas magistrales que supongan el cese de las tensiones éticas, deontológicas y jurídicas.
Pero, por otro lado, la riqueza de la cuestión que estamos analizando es, precisamente, las
tensiones que plantea y lo mucho que podemos reflexionar sobre ella debido a las pocas
resoluciones que, hasta la fecha, existen.

6.7.2. Una cuestión no estudiada: la difícil situación del personal


sanitario.
Cuánto se ha escrito por parte de la doctrina acerca de los derechos
fundamentales del paciente que, por profesar una determinada creencia (en este caso,
los Testigos de Jehová) se niegan a determinados tratamientos sanitarios. Se pone el
grito en el cielo, se habla de paternalismo estatal, de jerarquización injustificada de
derechos fundamentales, de ataques a la dignidad de la persona del paciente, etc. y
está bien; muy bien.
Pero ¿quién habla de la dignidad del personal sanitario, quién habla del médico o
el enfermero que tiene ante sus ojos a un paciente que podría vivir y que, sin embargo,
prefiere morir? ¿Quién defiende al médico que es presionado por los familiares del paciente,
que exigen un tratamiento alternativo inexistente? ¿A quién le preocupa la lucha interna

90 Tema 2. Generalidades
que debe librar el sanitario, faltando a su juramento hipocrático de luchar por la vida, y
a su más honda vocación sanitaria que le impele a sanar al que sufre? Hablo ahora como
sanitario; pero hablo a los juristas. A los que construyen las leyes y a los que las critican.
A los que exigen derechos, pero sólo los de algunos.
Desde el punto de vista del personal sanitario se plantea en estos casos un conflicto
entre el deber de salvar la vida (¡ni más ni menos que cumplir con su trabajo!) y el deber
de respetar un derecho fundamental y constitucional a la libertad religiosa (con la espada
de Damocles sobre la cabeza del sanitario que, en una sociedad donde cobra fuerza la
llamada Medicina Defensiva al estilo más puramente norteamericano, el paciente puede
exigir responsabilidad hasta los límites de lo razonable por la asistencia que se le está
prestando).
La cuestión se complica aún más si tenemos en cuenta que los Códigos de
Deontología carecen de fuerza legal, a no ser que se declare lo contrario por el estado
(como ha ocurrido en Francia).
Para nuestro análisis es necesario examinar la relación entre médico y paciente.
De la misma pueden derivarse actitudes fecundas para ambos y la posibilidad de que
no quede lesionado ningún derecho. En la situación de total desacuerdo, según señalan
los manuales éticos, el médico deberá aceptar tal decisión con respeto, paciencia y
compasión, pero no podrá participar en un tratamiento que no conduzca a la curación.
También el médico es un agente moral al que no se le puede exigir que viole su propia
conciencia (¿O es que la libertad de conciencia sólo le es reconocida al paciente?). No
puede acceder a cualquier cosa que desee el paciente, en particular cuando va contra
sus convicciones religiosas.
Según L.H. Brenner y S. Fiscinas, máximos conocedores de estas problemáticas en
Estados Unidos, la negativa del médico a realizar un determinado acto puede provenir
de una objeción de ciencia o de conciencia, según que lo que solicite el paciente no
sea compatible con la ciencia médica actual o con la conciencia del profesional de la
medicina.
Los principios que caracterizan la relación entre el personal sanitario y los
pacientes son: autonomía, función bienhechora, función no perjudicial y justicia. La
función bienhechora ha sido la tradicional de la Medicina desde sus orígenes, ya que
se consideraba que la curación del cuerpo resultaba la labor fundamental del médico
y a la que no podía sustraerse nada ni nadie. La labor, que en algunos casos llegó a
considerarse mágica o divina, no podía permitir que el enfermo se negase a su propia
curación. Desde Hipócrates, pues, se ha dado esta idea tildada de paternalista por algunos
autores. Frente a este principio, el de autonomía del enfermo pone en primer lugar el
respeto a la misma.

Tema 2. Generalidades 91
Es importante señalar que entre las personas que pueden hacer valer el derecho a
la objeción de conciencia, hay que incluir al personal médico o paramédico y auxiliar, y
también a todas aquellas personas jurídicas o instituciones hospitalarias que así lo estimen.
La cuestión de conciencia surge en el momento en que a una persona se le ofrece la
posibilidad de hacer u omitir algo, en conformidad o disconformidad con el código moral
aceptado.
A diferencia de la objeción de conciencia al aborto, en la que los escrúpulos de
conciencia se manifiestan en aquellos médicos o personal sanitario que vienen requeridos
por la ley para eliminar una vida humana, en la negativa a determinados tratamientos
médicos, el problema se plantea a los mismos facultativos en aquellos supuestos en que
determinados pacientes, por convicciones religiosas se oponen a la recepción de sangre
(este es nuestro caso) que puede llegar a ser imprescindible para el mantenimiento de su
vida o de su salud corporal. Se llega, así, a la deontología del desacuerdo por el choque
entre dos conciencias: la deontológica (que fuerza al facultativo a intervenir para preservar
la vida o la salud del paciente) y la religiosa (que lleva al propio paciente a rechazar el
tratamiento salvador).
Conviene plantearse si se puede aplicar la eximente de obrar en cumplimiento
de un deber (artículo 20.7 del Código Penal de 1995) a la actividad médica. Debemos
encontrar, en definitiva, el establecimiento de un deber de actuar para que tal conducta
esté realmente justificada.
Los requisitos de cumplimiento de un deber son los que siguen:
a) La existencia de un deber jurídico como presupuesto.
b) La condición de médico del sujeto activo, además encargado de dicho
tratamiento y de evitar el resultado dañoso para la colectividad o el propio
enfermo.
c) Necesidad. Comprobación de la enfermedad y su adecuación para causar ese
riesgo para la salud colectiva, o en la del propio sujeto pasivo.
d) Proporcional. Sólo durante el tiempo preciso y de acuerdo con la gravedad
del caso.
A los anteriores requisitos habrá de añadirse un límite absoluto; nunca podrá llegar,
el cumplimiento del deber, a lesionar la dignidad de la persona.
Una lectura objetiva de los elementos subjetivos nos hace ver que no se dan todos
los requisitos para que podamos decir que el médico transfunde sangre a un testigo de
Jehová mayor de edad contra su voluntad en el cumplimiento de un deber. Como ya hemos
analizado en otros el justificar tal actitud sería contrario a la dignidad de la persona y
así lo han entendido numerosos autores penalistas y eclesiasticistas. Esto no soluciona,
sin embargo, la delicada posición en la que se encuentra el profesional sanitario que ha

92 Tema 2. Generalidades
de decidir, rodeado de circunstancias adversas como la presión social y el martillo de su
conciencia, si actúa en uno u otro sentido. La cuestión no es nada sencilla y el lugar del
médico o el enfermero no creo que sea envidiado por nadie.

6 . 8 . A lgunos aspec t os é t icos en la emergencia


extrahospitalaria.
Muchos estudian la forma de alargar la vida
¡cuando lo que habría que hacer es ensancharla!.
L. de Crescenzo.

6.8.1. El respeto y dignidad ante la muerte del paciente.


La muerte es una situación, desgraciadamente, más que usual a la que nos
enfrentamos los profesionales de la emergencia extrahospitalaria. La mayoría de las
veces, esta es consecuencia de una situación físicamente traumática (accidentes de
tráfico, autólisis, agresiones, atentados, incendios, etc.). A esto hemos de añadir dos
ingredientes más que actúan en nuestra contra: la circunstancia hostil al profesional
sanitario en que esta suele producirse (poco que ver con la muerte intrahospitalaria
o domiciliaria) así como lo imprevisibilidad del trágico suceso (en contraste con la
muerte anunciada, por ejemplo, del enfermo terminal). Si sumamos todo ello, es fácil
comprender el estrés que provoca en el personal que se enfrenta a una muerte de estas
características. Nuestra actitud ante ella ha de ser de máximo respeto y éticamente
existe un compromiso claro de defensa de la dignidad del cadáver. Es preocupante no
encontrar mención alguna al respecto en los códigos deontológicos de los distintos
profesionales sanitarios. Por su parte, el código penal hoy vigente recoge como delito
únicamente el de la falta al respeto debido a los difuntos, pero encuadrando la
conducta punible en el contexto de los cementerios y, en concreto, de los lugares de
ubicación y de rendimiento de culto a los difuntos (artículo 526). La L.O. 1/1982, de 5
de mayo, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar
y a la propia imagen, regula en su artículo 4 que las personas encargadas de ejercitar
las acciones que esta ley reconoce a la persona ya fallecida cuando se hayan infringido
algunos de estos derechos, son los familiares en caso de no existir expresamente persona
designada por el difunto en su testamento.
En cualquier caso, y si bien nuestro Código Civil establece que la personalidad civil
se extingue con la muerte del individuo (artículo 32) esto no empece que éticamente
exista un deber de respeto para con los difuntos. Así, hemos de exigir que el cadáver sea
respetado siempre y ello es una norma social comúnmente reconocida.

Tema 2. Generalidades 93
En lo que respecta a la realización de prácticas docentes sobre cadáveres,
situación habitual en el ámbito sanitario objeto de estudio, mi opinión, junto con
la de otros profesionales, es que si estas son efectivas, breves y no mutilantes ni
deformantes (por ejemplo, la intubación endotraqueal) resultan éticamente correctas
y oportunas. No obstante, se aconseja que, de ser posible, se solicite previamente el
permiso de los familiares. En resumen, los sanitarios precisamos adquirir destreza en
los procedimientos que realizamos. Esto es comunmente aceptado por la sociedad,
pero también existe interés en que se respete al recién fallecido. El solicitar el permiso
debido a los familiares de la víctima parece lograr el justo equilibrio entre ambos
intereses.

6. 8.2. No iniciación y/o suspensión de maniobras de RCP vs. Imperativo


Tecnológico.
Con la realización de las maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) se
han salvado numerosas vidas en todo el mundo. Si bien esto es algo indiscutible, como
contrapunto hemos de tener en cuenta que, prolongar la vida a cualquier precio no es, en
sí, un objetivo de la Medicina. Con facilidad podemos deslizarnos hacia lo que se conoce
como imperativo tecnológico, es decir, hacer todo lo que se puede hacer. (Que no coincide
siempre con todo lo que se debe hacer o imperativo ético).
No siempre se debe reanimar a un paciente que presente un paro cardiorrespiratorio
(PCR), luchando en toda circunstancia porque, como todo procedimiento, la RCP no es
siempre obligatoria y se deben ponderar sus riesgos y beneficios.
Si bien es cierto que con carácter general existe el deber de obtener el consentimiento
del paciente tras la información a este de su diagnóstico, pronóstico y alternativas de
tratamiento, una excepción a este imperativo toma especial vigencia en el ámbito de
la emergencia extrahospitalaria. En situaciones de urgencia, y atendiendo a la especial
situación, los profesionales nos enfrentamos a la necesidad de tomar decisiones sin
considerar los deseos del paciente y sólo cabe actuar en su beneficio presunto (aplicación
directa del principio de beneficencia incluso contraviniendo claramente el principio de
autonomía).
Sin embargo, el paciente puede haber dejado instrucciones para el caso en que se
precise tratamiento de urgencia o cuando su competencia mental pueda estar disminuida
o abolida. Este tipo de instrucciones se conocen como testamentos vitales, directrices
anticipadas o instrucciones previas, las cuales son también expresión genuina de lo que el
paciente quiere que se haga u omita sobre su persona. Un ejemplo de tales instrucciones
son las llamadas Ordenes de No-RCP (claro ejemplo del principio de autonomía).

94 Tema 2. Generalidades
La aplicación del principio de justicia distributiva con respecto a la RCP implica, en
opinión de los autores, que todos los pacientes que pueden beneficiarse ante las maniobras
de RCP han de tener acceso a ellas. Si bien comparto esta postura, es fácil descubrir que
la realidad es muy diferente (zonas urbanas en la que coexisten servicios de emergencias
paralelos con competencias territoriales idénticas frente zonas totalmente desprotegidas y
sin acceso efectivo a servicio de asistencia urgente alguno). Esta es una de las realidades que,
como profesional dedicado vocacionalmente a la emergencia extrahospitalaria, siempre me
he planteado. Es muy duro reconocer que dentro del término de una Comunidad Autónoma
como puede ser Madrid, una víctima de una patología cardíaca grave (no digamos un
paciente en PCR) va a seguir una suerte muy diferente dependidendo de dónde sufra esta
emergencia vital. En definitiva se descubre que el principio de Universalidad del Sistema
Nacional de Salud no deja de ser más que un desideratum.
El consenso internacional defiende que han de instaurarse maniobras de RCP
ante aquel sujeto que sufra, brusca e inesperadamente, obstrucción de la vía aérea o
apnea y ausencia de pulso. Por definición tal paro cardiorrespiratorio debe ser abrupto y
potencialmente reversible, y no la consecuencia previsible de una enfermedad crónica en
fase terminal o agónica.
En resumen, no estaría indicada la RCP en los siguientes casos, a partir de las
recomendaciones hechas públicas recientemente por la Sociedad Española de Medicina
de Urgencias y Emergencias (SEMES):
a) Cuando está demostrado que la PCR no puede ser revertida.
b) En procesos tales como:
• Cáncer con metástasis en pacientes que están encamados más de la
mitad del tiempo.
• Cirrosis en estadio C de Child.
• Pacientes con SIDA con dos o más episodios de neumonía por
Pneumocystis carinii.
• ACVA.
• Demencia que precisa cuidados continuos.
• Choque séptico o cardiogénico que no responde a tratamiento
alguno.
c) Cuando el paciente no desee que se le aplique la técnica de RCP y exista en
su historial una Orden de No intentar RCP (ONIR).
No deberían iniciarse las maniobras de RCP en el ámbito extrahospitalario en los
siguientes supuestos:

Tema 2. Generalidades 95
a) Si la práctica de la RCP supone un grave riesgo para los reanimadores o
retrasa la atención a otras víctimas de catástrofe con mayor probabilidad
de supervivencia (supuesto de fuerza mayor).
b) Si se tiene la seguridad de que la víctima lleva más de 10 minutos en parada
cardíaca, no siendo esta resultado de una hipotermia, intoxicación por
barbitúricos o electrocución.
c) Si se presenta a los reanimadores una ONIR válida. (Algo muy improbable
en nuestro entorno donde no existe, a diferencia de otros países sajones, ni
tradición en el uso de las mismas ni regulación legal clara al respecto).
Las maniobras deberían ser suspendidas si:
a) La asistolia se prolonga más de 30 minutos a pesar de la aplicación adecuada
y continua de soporte vital avanzado.
b) Se identifica alguna condición de entre las señaladas anteriormente de No-
RCP.

6.8.3. Los potenciales donantes de órganos.


De sobra es conocida por todos la legislación vigente sobre donación de órganos
para transplantes. El proceso de donación, es tremendamente complejo y comienza con
lo que conocemos como detección del donante potencial. Posteriormente, son necesarios
una serie de pasos como la evaluación del paciente, confirmación de la muerte cerebral
conforme a todos los requisitos legales de muerte, autorización familiar y/o judicial y
mantenimiento del donante hasta la extracción de los órganos.
Se considera donante potencial a aquella persona en muerte encefálica que no
presenta, en una primera valoración, ningún factor que implique un riesgo para el futuro
receptor (VIH, neoplasia, etc.). Se considera donante real aquel al que se extrae algún
órgano sólido que es transplantado finalmente.
La diferencia entre el número de donantes potenciales y reales es lo que se conoce
como pérdidas para la donación (que se producen a lo largo del proceso).
En uno de los estudios multicéntricos coordinado por la Organización Nacional
de Transplantes, se establece que una de las causas por las que se producía la pérdida
del donante potencial durante el proceso de donación era el que se diese una situación
hemodinámicamente desastrosa que hiciese presagiar una parada cardíaca inmediata (9,5%
de los casos), o bien que tras iniciarse el proceso, se produjese la parada cardíaca (8,5%
de los casos) lo que impedía finalizar el mismo.
Desde el mes de enero de 2004, está en vigor el nuevo texto que regula la donación
de órganos y que contempla la posibilidad de incluir como potenciales donantes a los

96 Tema 2. Generalidades
pacientes que sufran PCR. En definitiva, se puede ya realizar la extracción de órganos
en pacientes con el único criterio exigible de encontrarnos ante una situación de PCR
mantenida tras haber realizado maniobras de RCP durante unos minutos que, como es en
la realidad, el equipo asistencial considere oportunos.
En mi opinión, la obtención de órganos de una víctima que no se logra reanimar es
también una cuestión más que espinosa. En ningún caso se debiera alterar o disminuir los
esfuerzos y la duración del estándar de reanimación en curso porque sea preciso comenzar
con las técnicas de preservación de órganos que el equipo extractor vaya a realizar a
continuación.
Pues bien, antes de la entrada en vigor del texto modificado, se han llevado a cabo,
desde hace tres años, protocolos conjuntos de colaboración entre servicios de emergencia
extrahospitalarios y hospitales para la obtención de órganos para transplante en pacientes
a corazón parado.
Los donantes a corazón parado fueron los primeros donantes en la historia de los
transplantes. Cuando estos se iniciaron, en los años cuarenta, la fuente de los mismos eran
personas a las que una vez producida la parada cardíaca se les extraían los riñones tras un
período de tiempo más o menos prolongado. Los malos resultados obtenidos y la aparición
del concepto de muerte cerebral en los años sesenta, que permitía obtener órganos de
pacientes muertos pero con función cardíaca conservada, hizo que los donantes a corazón
parado quedasen prácticamente abandonados. La escasez de donantes hace que algunos
hospitales vuelvan hoy a los orígenes.
Según este protocolo, hoy vigente en Madrid, los donantes son clasificados en cuatro
grupos:
a) Ingresados cadáver: cadáveres expresamente traídos al hospital para
donación y a los que no se han realizado maniobras de RCP. En situaciones
normales serían trasladados al depósito de cadáveres judicial.
b) Resucitación sin éxito: pacientes que sufren una PCR y las maniobras de
RCP resultan infructuosas. Estas personas se encontraban previamente sanas,
y no existía una situación de muerte cerebral: ¿Somos conscientes de la
responsabilidad que supone abandonar en algunos de ellos las maniobras
de RCP?
c) Pacientes con parada cardíaca controlada: aquellos con lesiones
neurológicas graves que no cumplen los requisitos de muerte cerebral y
a los que se retiran las medidas de soporte vital, con lo que se produce la
muerte, iniciándose entonces la preservación. ¿Estamos realmente lejos de lo
que conocemos como Eutanasia en estos casos? Al menos, estamos llevando
a cabo lo que conocemos como retirada de medidas de soporte vital.

Tema 2. Generalidades 97
d) PCR durante el diagnóstico de muerte cerebral: el donante sufre PCR
durante el proceso de diagnóstico de muerte cerebral. ¿No cabe esperar que,
en este caso, las maniobras de RCP se instauren para conservar perfundidos
los órganos antes que para revertir el estado de paro cardiorrespiratorio?
Lo más espeluznante, a mi entender, son los resultados: hasta el día de publicación
del trabajo a que hago mención, los Servicios de Emergencia Extrahospitalarios que
firmaron el convenio habían traído 26 posibles donantes a corazón parado. Finalmente,
sólo 14 fueron donantes reales. De los 8 donantes potenciales excluidos, tres lo fueron
por tener una edad excluida del protocolo, uno por tiempo prolongado desde la PCR hasta
la llegada al hospital, otro por la evidencia de múltiples y extensas lesiones traumáticas
y los tres restantes recuperaron el pulso antes de llegar al hospital y, por lo tanto, no
estaban muertos. Parece claro, pues, que el requisito de muerte cerebral ya no se exige
en el caso de donantes de órganos a corazón parado suministrados por los servicios de
emergencia extrahospitalarios. Basta un intento, no sabemos con qué nivel de calidad, de
realizar maniobras de RCP durante un tiempo (¿controlado por quién?), para determinar
que la situación de PCR es irreversible.
Después de ello, se sale hacia el hospital ya con el firme propósito de hacer llegar
un donante de órganos al respectivo centro sanitario. El traslado se hace en ambulancia
con medidas de soporte vital avanzado (UVI móvil) a velocidad constante, con la intención
de mantener el masaje cardíaco externo con un grado óptimo de efectividad. El paciente
es conectado a un respirador volumétrico que asegura una ventilación mecánica y se
perfunden líquidos para asegurar una preservación de los órganos. Sin darnos cuenta,
quizás, estamos manteniendo unas maniobras de RCP pero no con la finalidad terapéutica
de salvar una vida sino la de mantener unos órganos en un paciente que damos ya por
muerto. Sin embargo, la naturaleza de ese organismo no entiende de utilitarismos médicos
y resulta que el que iba a ser un donante, ingresa en el hospital con un latido espontáneo…
No quiero ni imaginar la cara que se le quedará al equipo asistencial responsable del
traslado al hospital. Por otro lado, ojalá me confunda, el equipo extractor ya preparado
en el quirófano del hospital, puede estar murmurando lástima… lástima…

6.8.4. A modo de conclusión: ¿Qué estamos haciendo?


Cada vez que muere un hombre,
muere con él una parte de nosotros
porque todos formamos parte de
un mismo todo de humanidad.
(John Donne. Epígrafe de “Por quién doblan las campanas”).

98 Tema 2. Generalidades
Una vez vistos algunos de los problemas éticos que la Emergencia hace aflorar, me
pregunto por la forma en que estos son resueltos en el día a día. Muchas veces, cabría
plantearnos si no permitimos morir con dignidad a los pacientes porque, en el fondo,
contemplar su muerte y rendirnos a ella nos pone frente a nuestra propia finitud; a nuestra
propia muerte inexorable. No logramos entender que es algo tan natural e incoercible
como el impulso uterino que, en su día, nos hizo nacer a la vida. La muerte, en sí, no es
mala. Lo es la situación que acompaña a esta; las circunstancias en que se produce y lo
que deja tras de sí.
D.J. Roy ha sintetizado las condiciones esenciales del morir con dignidad. Entre ellas,
y recordando ciertas actuaciones y procedimientos llevado a cabo en nuestras calles y en
nuestras carreteras, me retumban en concreto las que siguen:
• Morir con dignidad es hacerlo sin el estrépito frenético de una tecnología
puesta en juego para otorgar al agonizante algunas horas suplementarias
de vida biológica.
• Morir con dignidad es hacerlo en un entorno propicio a un ser humano y
manifestación de lo que podría ser vivir su hora más hermosa.
¡Qué tarea tan difícil muchas veces en las que las circunstancias te lo impiden!
Pero… ¿y cuándo depende de nuestra actitud ante la situación de muerte a la que nos
enfrentamos? ¿No somos deontológicamente, es más, éticamente, garantes de la vida y
dignidad de la persona a la que asistimos?
Quizás cuando los profesionales de la sanidad aceptemos la finitud de nuestra
existencia humana sin olvidar la grandeza absoluta del don gratuito que es la vida, no
será necesario exigir, ni ética ni legalmente, la dignidad ante el que muere en nuestras
manos, el respeto ante la última voluntad del paciente moribundo, la no aplicación de
técnicas invasivas y cruentas inútiles (imperativo tecnológico), el abandono de actitudes
paternalistas propias de nuestra cultura latina y la inexplicable prepotencia que, a
veces, nos hace decidir sobre la vida o muerte de los demás disfrazando la disyuntiva
en fines tan loables como ser rayo de esperanza para quien espera un órgano para
sobrevivir.
Quizás algún día la sanidad será una profesión al servicio de los demás, llevada
a cabo por hombres y mujeres que se sepan limitados en su labor pero responsables del
cuidado del mayor de los tesoros que jamás se nos ha dado: LA VIDA.

Tema 2. Generalidades 99
Resumen
1. Definiciones muy interesantes para la asimilación de conceptos asociados a las
urgencias:
- Urgencia. Situación por la que una persona cree que precisa asistencia sanitaria
tanto si hay o no peligro vital para la persona.
- Emergencia. Circunstancia en la que la vida de una persona corre peligro o puede
resultar con secuelas irreversibles si no es asistido sanitariamente con precocidad.
2. La coordinación de los recursos que ostenta una comunidad (centros coordinadores
de emergencias, puntos básicos de atención de urgencias y equipos de emergencias
(terrestres y aéreos) forman el sistema integral de emergencias.
3. Los equipos de emergencias están constituidos mínimamente por un/a médico/a,
un/a enfermera/o y un técnico/a experto en emergencias. Dicho equipo dispondrá de
la formación y dotación adecuada para estabilizar pacientes graves y trasladarlos al
centro hospitalario de referencia.
4. El trasporte sanitario es un elemento fundamentalmente indispensable de la asistencia
sanitaria, se clasifica en: terrestre, aéreo y marítimo.
5. Determinados factores físicos asociados al trasporte influyen en la fisiopatología del
paciente trasportados. Estos factores son: gravedad, velocidad, vibraciones, ruidos,
altitud, presión y temperatura.
6. El Código Penal vigente regula en su artículo 196 el delito del deber de socorro aplicado
a los profesionales sanitarios, por tanto, el derecho a la vida, salud e integridad
prevalece sobre el derecho a la huelga.
7. No siempre se debe reanimar a un paciente que presente PCR, luchando en toda
circunstancia, porque, como técnica, la RCP no es siempre obligatoria y se deben
ponderar sus riesgos y beneficios.
8. La vida es un conjunto de etapas o fases que debemos de ir superando positivamente,
entre ellas está la muerte.

BIBLIOGRAFíA
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