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Vacunas: Seguridad y Beneficios

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LAS VACUNAS

Después de escuchar, debatir, leer libros y revisar evidencias y argumentos a favor


y en contra de las vacunas, tanto de líderes antivacunas como de epidemiólogos,
inmunólogos, médicos de familia y pediatras, mi posición es claramente a favor de
las vacunas incluidas en el calendario vacunal. Pero también soy firme defensor de
que las vacunas han de ser las justas y no más. Las vacunas son extremadamente
seguras, pero hay que tener en cuenta que, aunque es infrecuente, las vacunas,
como cualquier medicamento, pueden tener efectos secundarios: la mayoría
leves, alguno grave (1 por 100 000 a 1 por millón de dosis) y, excepcionalmente,
alguno muy grave (menos de 1 por cada 1-10 millones de dosis). Estas
complicaciones también ocurren cuando se pasan las enfermedades de forma
natural, pero con una frecuencia muchísimo mayor, de manera que el beneficio
siempre compensa con creces el extremadamente bajo riesgo de vacunarse. El
principal motivo que algunas personas tienen para no vacunarse es la desconfianza
en la seguridad de las vacunas. Las clásicas y más benéficas, como las de la
difteria, tétanos, tos ferina o polio, llevan años usándose y han sido sometidas a un
escrutinio de efectos secundarios muy estricto. Dejar de vacunar a un niño lo
pone en riesgo a él y al resto de su comunidad, especialmente a las personas
más debilitadas y no vacunadas por cuestiones de contraindicación o de
dificultad de acceso a la sanidad, y dificulta la labor de erradicar enfermedades del
planeta.

En la historia de la medicina moderna, han ocurrido algunos hechos que


desencadenaron el miedo a las vacunas en algunos círculos sociales. Existe una
serie de argumentos de estos grupos para oponerse o relativizar el uso de vacunas.
Por ejemplo, en 1998 se publicó un estudio en la revista médica The Lancet
que relacionaba la vacuna de la triple vírica con el autismo. Posteriormente se supo
que su autor había falseado los datos para hacer parecer que existía tal asociación
cuando no era así; sin embargo, los temores sobrevivieron. Otros casos de
brotes de enfermedad por vacunas defectuosas se remontan a cuando comenzaba
la era de las vacunas en los siglos XVIII y XIX, con la viruela, o en la primera mitad
del siglo XX, con otras vacunas. En estos casos, las vacunas produjeron efectos
secundarios negativos en parte significativa de la población vacunada. Aunque
siempre se podrán mejorar los protocolos de aplicación y la composición misma
de las vacunas, la mayoría de estas acusaciones de efectos secundarios
perniciosos no se sostienen Entre estos falsos efectos secundarios se
mencionan el autismo, las alergias, la esclerosis múltiple y el Alzheimer, que por
desgracia se han ido extendiendo por el «boca a boca» y a través de
personajes mediáticos con conocimientos científicos escasos o sesgados. Los
grupos antivacunas tienden a infravalorar de forma excesiva las complicaciones de
las enfermedades infecciosas, mientras que magnifican los efectos secundarios
de las vacunas y ofrecen una visión muy sesgada de la realidad, que resulta
alarmista y genera desconfianza gratuita entre la población.

Adaptado de López Heras, D. (2015) ¿Vacunarse o no vacunarse? Seguridad,


riesgos y beneficios de las vacunas. A propósito del caso de difteria en Cataluña.
En [Link]
[Link]

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