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Índice:
1. Capitulo 2.Capitulo 3.Capitulo 4.
Capitulo 5.Capitulo 6.Capitulo 7.Capitulo 8.
Capitulo 9.Capitulo 10. Capitulo 11.
Capitulo 12. Capitulo 13. Capitulo 14.
Capitulo
. “En un beso, sabrás todo lo que he callado.”
-Pablo Neruda
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Dudar cada segundo de tú vida es tan agotador, pensar en un posible y no en un lo
lograré es mucho peor, querído lector realmente aprecio que tengas el tiempo de
leer ésto sin embargo se que como humano que eres tienes dudas y hay ocasiones
donde no sabes si arriesgarte o dejar que la oportunidad pase frente a ti.
Realmente cansa pasar por lo mismo de siempre... Mensajito que va y viene, ping
pong de preguntas clásicas:¿de qué signo sos? Como si el tarot realmente te dijera
si esa persona siente lo mismo, como si pudieses adivinar su pensamiento con
saber si es Sagitario, Leo, cáncer o escorpio, admite que tanto tú como yo estamos
cansados de lo mismo.
Si. te atrae la morenita con rizos perfectos, o la que tiene cintura de reloj, la
rubia de ojos azules o la bajita con cabello corto, pero realmente vale la pena que
entren en tu corazón? entiendo no podemos aguantar toda la vida a encontrar la
pareja perfecta, que a veces tenemos impulsos de estupidez y terminamos con
los peores traumas pero pon la vista donde sea pero el corazón no, ese no es lo
des a cualquiera.
Y si piensas como yo tampoco te juzgo, eres tú que te cansaste de todos, de las
mentiras, de ese te amo que un día aparece y al otro segundo ya no esta más, y
tienes todo el derecho de no creer más en el amor y cuando llegue el momento
de amar lo sabras y cuando sea tú oportunidad la tendrás sin embargo si alguien
te mueve la tierra, si alguien te hace sentir mariposas ARRIESGATE no pierdes
nada esa persona te pierde y si es correspondido vive ese amor sin importar el
que dirán pues las personas son pasajeras pero los momentos no y cuando tu
amor platónico esté con otra persona te lamentaras tda la vida, tú decides.
Capítulo 1: Susurros en el Viento
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La ciudad dormía bajo un manto de estrellas, y en una pequeña habitación en lo
alto de un edificio antiguo, Sena Dione se encontraba despierta, contemplando la
noche. No era el insomnio lo que la mantenía en vela, sino un torbellino de
pensamientos que danzaban en su mente como hojas arrastradas por el viento.La
soledad era su única compañera, una presencia casi tangible que se enredaba
entre las sábanas y se escondía en las esquinas sombrías. Pero esa noche, la
soledad se sentía diferente, como si estuviera cargada con el peso de las palabras
no dichas y los sentimientos no expresados.
Sena siempre había sido una soñadora, una buscadora de señales en lo cotidiano,
una que encontraba poesía en los rincones más inesperados. Pero esa noche, las
dudas la asediaban, susurros que cuestionaban cada elección, cada posibilidad no
explorada.
En la habitación contigua, Maya, su compañera de piso y amiga de años, luchaba
con sus propios demonios. Maya, con su cabello oscuro como la noche y ojos que
reflejaban la profundidad del mar, también se debatía entre el deseo de aventura
y la seguridad de lo conocido.
Ambas, unidas por una amistad que había florecido en los pasillos de la
universidad, compartían ahora no solo un hogar, sino también el silencioso peso
de los “qué pasaría si”. La vida les había enseñado que el amor podía ser tan fugaz
como el aroma de la lluvia en el asfalto, y que las promesas de “para siempre” a
menudo se desvanecían con el amanecer.
Sena y Maya habían aprendido a leer las estrellas no para predecir el futuro, sino
para encontrar consuelo en su constancia. No importaba cuánto cambiaran las
estaciones o cuán lejos viajaran, el cielo nocturno siempre ofrecía las mismas
constelaciones, un recordatorio de que algunas cosas permanecen inalterables.
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esa noche había cambiado. Una tensión imperceptible se había instalado entre
ellas, una corriente eléctrica que alteraba el aire. todo se acumulaba como nubes
antes de una tormenta.Sena sabía que el corazón era un territorio peligroso, un
lugar donde no se podía permitir la entrada a cualquiera. Y Maya, con su risa fácil y
su espíritu indomable, había encontrado la manera de traspasar esas fronteras sin
siquiera intentarlo.
Mientras la noche avanzaba, Sena tomó una decisión. No dejaría que el miedo
dictara su camino. Si había algo que la vida le había enseñado, era que los
momentos de valentía son los que definen nuestro destino. Y quizás, solo quizás,
era hora de arriesgarse.
una decisión se formaba en su mente, clara como el cristal. No más dudas, no más
miedo. Era el momento de enfrentar lo que sentía, de abrir la puerta a lo
desconocido. Con un suspiro que parecía llevarse consigo los últimos vestigios de
su incertidumbre, se levantó y caminó hacia la habitación de Maya.
Maya, por su parte, no podía dormir. La imagen de Sena, con su sonrisa y su
mirada intensa, invadía sus pensamientos. Se preguntaba si alguna vez tendría el
coraje de revelar la verdad que guardaba celosamente en su corazón.
La puerta se abrió con un chirrido suave, y Sena se detuvo en el umbral.
“Maya”, comenzó, su voz apenas un susurro, “hay algo que necesito decirte”.
Maya se sentó en la cama, su expresión una mezcla de sorpresa y anticipación.
Los segundos que siguieron parecían eternos, cargados de emociones no
expresadas y palabras que luchaban por salir. Sena tomó aire, preparándose para
hablar, pero fue interrumpida por un sonido inesperado. Un golpe sordo
proveniente del salón las hizo callar.
Capitulo 2: Reflejos del Ayer
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La tensión en el aire era palpable mientras Sena y Maya se acercaban al salón, sus
corazones latiendo al unísono con cada paso cauteloso. La luz de la luna se filtraba
a través de las ventanas, lanzando sombras danzantes sobre los muebles. Allí, en
medio del silencio, yacía la respuesta a su inquietud: un viejo álbum de fotos había
caído de la estantería, sus páginas esparcidas como recuerdos desplegados ante
ellas.
Era un álbum que habían creado juntas, un collage de momentos y sonrisas, de
lugares y sueños compartidos. Pero entre esas imágenes felices, una foto en
particular capturó su atención. Era una foto de ellas dos, tomada en un día
despreocupado, sus rostros radiantes de alegría y cercanía. La imagen era un
espejo del pasado, un recordatorio de lo que una vez fue y lo que aún podría ser
esa amistad que ninguna se atrevía a terminar para empezar con algo más.
Sena se agachó para recoger la foto, sus dedos temblorosos al tocar el papel.
“Recuerdas este día, ¿verdad?” preguntó, su voz suave pero firme. Maya asintió,
una ola de nostalgia y algo más profundo cruzando su mirada. “No puedo creer
que haya pasado tanto tiempo”, respondió.
Por un momento parecía que todo estaba marchando muy bien, sin embargo justo
en el momento en el que Sena se estaba por ir. Maya irrumpió y interrogó
diciendo, ¿Que ibas a decirme? En ese instante a Sena se le paralizó el mundo los
mejores momentos compartidos con Maya pasaron por su mente como un
cortometraje y una vez más guardo silencio omitiendo aquella Valentia que esa
misma noche pensó haber ganado "No era nada" dijo sin titubear ni un poco
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