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LA CRISIS DE LA MEDICINA O LA CRISIS DE LA ANTIMEDICINA

EL DERECHO A LA SALUD. EVOLUCIÓN HISTÓRICA. EL PLAN BEVERIDGE.


El derecho a la Salud, en tanto institución, aparece de la mano del Plan Beveridge en el contexto de la
Segunda Guerra Mundial. Así, la sociedad asume la tarea explícita de garantizar a sus miembros no solo la
vida, sino la vida en buen estado de salud. El Plan Beveridge se da entre 1940 y 1950, con el mismo aparece
un nuevo derecho, una nueva moral, una nueva economía y una nueva política del cuerpo. Desde entonces el
cuerpo del individuo se convierte en uno de los objetivos principales de la intervención del Estado. Se inicia
un periodo caracterizado por la Somatocracia. Vivimos en un régimen en que una de las finalidades de la
intervención estatal es el cuidado del cuerpo, la salud corporal, la relación entre las enfermedades y la salud.
Hasta mediados del siglo XIX la función de garantizar la salud de los individuos significaba para el
Estado, esencialmente, asegurar la fuerza física nacional, garantizar su capacidad de trabajo y de
reproducción, así como la defensa y ataques militares.
En el siglo XX, con el Plan Beveridge la salud se transforma en objeto de preocupación de los
Estados, no básicamente para ellos, sino para los individuos, es decir, el derecho del hombre a mantener su
cuerpo en buena salud se convierte en objeto de la propia acción del Estado.
Una moral del cuerpo: este reconocimiento se efectiviza en una moral del cuerpo.
En el siglo XIX el concepto de higiene como limpieza ocupa un lugar central, en todas las
exhortaciones morales sobre la salud.
A partir de la segunda mitad del siglo XX surge otro concepto. Yo no se habla de obligación a la
limpieza y la higiene para gozar de buena salud, sino al derecho a estar enfermo cuando se desee y necesite.
El derecho a interrumpir el trabajo empieza a tomar cuerpo, y éste es más importante que la antigua
obligación de limpieza que caracterizaba la relación moral de los individuos con el cuerpo.
La Salud entra el campo de la macroeconomía: la salud empieza a entrar en los cálculos de la
macroeconomía. Por mediación de la salud, de las enfermedades y de la manera de cubrir las necesidades de
salud, se trata de proceder a cierta redistribución económica. Así, el sistema de regulación y de cobertura
económica de la salud y de las enfermedades pretende corregir algunas desigualdades en el ingreso, al
garantizar a todas las personas las mismas posibilidades de recibir tratamiento y curarse.
La Salud. Objeto de una lucha política: a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, no hay
partido ni campaña política, en cualquier país desarrollado, que no plantee el problema de la salud y cómo el
Estado garantizará y finalizará los gastos de los individuos en este campo.

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LA CRISIS DE LA MEDICINA
En el momento en que la medicina asumía sus funciones modernas, mediante la estatización que la
caracterizaba, la tecnología médica experimentaba enormes progresos. El descubrimiento de los antibióticos,
es decir, la posibilidad de luchar por primera vez de manera eficaz contra las enfermedades infecciosas, es
contemporáneo al nacimiento de los grandes sistemas de seguro social.
A partir de este momento se produce la crisis en la medicina, con la manifestación de dos fenómenos
simultáneos: el avance tecnológico importante que significó el progreso en la lucha contra las enfermedades
y el nuevo funcionamiento económico y político de la medicina, sin conducir al mejor bienestar sanitario que
cabría esperar, sino a un curioso estancamiento de los beneficios posibles resultantes de la medicina y de la
salud pública.
El progreso de la medicina se produce no tanto por los avances en materia de cura a enfermedades,
sino porque las prácticas de la medicina se tornaron sociales. En definitiva, el despegue sanitario del mundo
desarrollado fue acompañado de un desbloqueo técnico y epistemológico de considerable importancia de la
medicina y de toda una serie de prácticas sociales, y son estas formas, las que conducen hoy a la crisis. Esta
crisis se expresa en 3 grandes puntos:
1. EL RIESGO MÉDICO. CIENTIFICIDAD Y EFICACIA DE LA MEDICINA: el riesgo
médico se entiende como el vínculo difícil de romper entre los efectos positivos y negativos de la medicina.
El autor se refiere aquí a la separación o distorsión entre la cientificidad de la medicina y la posibilidad de
sus efectos, o entre la cientificidad y la eficacia de la medicina. Una de las propiedades y una de las
capacidades de la medicina es la de matar. La medicina mata, siempre mató y de ello siempre se ha tenido
consciencia. Lo importante es que hasta tiempos recientes los efectos negativos de la medicina quedaron
inscriptos en el registro de la ignorancia médica. La medicina mataba por ignorancia del médico o porque la
propia medicina era ignorante: no era una verdadera ciencia, sino un conjunto de conocimientos mal
fundados, mal establecidos y mal verificados. La noción de la medicina se juzgaba en proporción a su no
cientificidad.
Pero lo que surge en el siglo XX, es el hecho de que la medicina podría ser peligrosa, no en la medida
de su ignorancia y falsedad, sino en la medida de su saber, en la medida en que constituye una ciencia. Por
ejemplo, la iatrogénica positiva: los efectos medicamente nocivos debido no a errores del diagnóstico, ni a la
ingestión accidental de una sustancia, sino a la propia acción de la intervención médica en lo que tiene de
fundamento racional.
En la actualidad los instrumentos de que disponen los médicos y la medicina en general, precisamente
por su eficacia, provocan ciertos efectos, algunos puramente nocivos y otros fuera de control, que obligan a
la especie humana a entrar en una historia arriesgada, en un campo de probabilidades y riesgos cuya
magnitud no puede medirse con precisión. Por ejemplo, se tornó posible técnicamente elaborar agentes
agresores del organismo humano para los que no hay medios de defensa ni de destrucción.

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Hasta los últimos decenios, el riesgo médico concernía únicamente al individuo en el momento en que
iba a ser curado. En la actualidad, con las técnicas de que dispone la medicina, la posibilidad de modificar el
armamento genético de las células no sólo afecta al individuo o a su descendencia, sino a toda la especie
humana; todo el fenómeno de la vida entra en el campo de la intervención médica.
Surge así, una nueva dimensión de posibilidades médicas que se denomina “biohistoria”. El médico y
el biólogo ya no trabajan en el círculo del individuo y de su descendencia, sino que empiezan a hacerlo en el
nivel de la propia vida y de sus acontecimientos fundamentales.

2. MEDICALIZACIÓN INDEFINIDA: con frecuencia se afirma que en el siglo XX la medicina


comenzó a funcionar fuera de su campo tradicional, el cual era definido por la demanda del enfermo, su
sufrimiento, sus síntomas, su malestar, lo que promovía la intervención médica y circunscribía su campo de
actividad.
La medicina ha rebasado su propio ámbito por varias razones:
 La medicina responde a otro motivo que no es la demanda del enfermo, lo cual solo acontece
en casos limitados. Con mucha más frecuencia, la medicina se impone al individuo, enfermo o no, como acto
de autoridad. Ejemplo: en la actualidad no se contrata a nadie sin el dictamen del médico que examina
autoritariamente al individuo.
 Tampoco el espacio de objetos de intervención médica se refiere a las enfermedades; de un
modo más general, se puede afirmar que la salud se convirtió en un objeto de intervención médica. Todo lo
que garantiza la salud del individuo, ya sea el saneamiento del agua, las condiciones de vivienda o el
régimen urbanístico, es hoy un campo de intervención médica que, en consecuencia, ya no está vinculado
exclusivamente a las enfermedades. Hoy la medicina está dotada de un poder autoritario con funciones
normalizadoras que van más allá de la existencia de las enfermedades y la demanda del enfermo.
Esto no es nuevo, desde el siglo XVIII la medicina se viene ocupando de lo que no se refería a
ella, es decir, de otros aspectos distintos de los enfermos y las enfermedades; y precisamente así logró su
desbloqueo epistemológico de finales del siglo XVIII. Los 4 grandes procesos que caracterizan a la medicina
del siglo XVIII son los siguientes:
1) Aparición de una autoridad médica: no se refiere simplemente a la autoridad del
saber; la autoridad médica es una autoridad social que puede tomar decisiones relativas a una ciudad, a un
barrio, una institución, un reglamento. Es la manifestación de la medicina del Estado.
2) Aparición de un campo de intervención de la medicina distinto de las
enfermedades: el aire, el agua, las construcciones, los terrenos, los desagües, etc. En el siglo XVIII todo se
convierte en objeto de la medicina.

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3) Introducción de un aparato de medicalización colectiva, el hospital: antes del
siglo XVIII el hospital no era una institución de medicalización sino de asistencia a los pobres en espera de
la muerte.
4) Introducción de mecanismos de administración médica: registros de datos,
comparación, establecimiento de estadísticas.

La medicina se dedica a otros campos que no son las enfermedades, y con arreglo a un sistema de
relaciones o regido por la demanda del paciente.
Pero lo que caracteriza al periodo presente en esta curva general, es que la medicina de los últimos
decenios, además de ocuparse de otros aspectos distintos de los pacientes y de las enfermedades, comienza
a no tener campo exterior.
En el siglo XIX la medicina había rebasado los límites de los enfermos y las enfermedades, pero
todavía existían cosas que seguían siendo no médicas y que no parecían “medicalizables”. En la situación
actual, lo diabólico es que cuando queremos recurrir a un territorio exterior a la medicina, hallamos que ya
ha sido medicalizado. Y cuando se quiere objetar a la medicina de sus deficiencias, sus inconvenientes y sus
efectos nocivos, esto se hace en nombre de un saber médico más completo, más refinado y difuso.

3. ECONOMÍA POLÍTICA DE LA MEDICINA: tampoco aquí se trata de un fenómeno reciente,


pues desde el siglo XVIII la medicina y la salud fueron presentadas como un problema económico. Por
exigencias económicas la medicina surgió a finales del siglo XVIII. No hay que olvidar que, la gran
epidemia estudiada en Francia en el siglo XVII, y que dio lugar a un acopio nacional de datos, no era en
realidad una epidemia sino una epizootia (plaga). La Academia de Medicina de Francia nació por motivos
económicos, esto fue lo que motivó la organización de la medicina.
En la actualidad, la salud entronca con la economía, no simplemente porque es capaz de reproducir la
fuerza de trabajo (papel que se le asignó en el siglo XIX), sino porque puede producir directamente riqueza
en la medida en que la salud constituye un deseo para uno, y un lucro para otros. La salud se convirtió en
objeto de consumo, un producto que puede ser fabricado por los laboratorios farmacéuticos, médicos, etc., y
consumido por otros. El cuerpo humano se vio doblemente englobado por el mercado: en primer lugar, en
tanto cuerpo asalariado, cuando el hombre vendió su fuerza de trabajo; y en segundo lugar, por intermedio
de la salud. Desde el momento en que el cuerpo humano entra en el mercado, por mediación del consumo de
la salud, aparecen varios fenómenos que causan disfunciones en el sistema de salud y en la medicina
contemporánea.
Contrariamente a lo que se podría esperar, la introducción del cuerpo humano y de la salud en el
sistema de consumo y mercado, no elevó de manera correlativa y proporcional el nivel de salud. En el
momento en que el consumo médico se coloca en el medio real, se observa que las variables del medio, en

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particular el consumo de alimentos, la educación y los ingresos familiares, son factores que influyen más que
el consumo médico en la tasa de mortalidad. De manera análoga, la educación actúa sobre el nivel de vida en
una proporción dos veces y media mayor que el consumo médico. Por consiguiente, para una vida
prolongada, es preferible poseer un mayor nivel de educación que un mayor nivel de consumo. Si se coloca
el consumo médico en el conjunto de las variables que pueden actuar sobre la tasa de mortalidad, se observa
que este factor es el más débil de todos.
Primera Paradoja: el nivel de consumo médico y el nivel de salud no guardan relación directa, lo que
revela una paradoja económica de un crecimiento de consumo que no va acompañado de ningún fenómeno
positivo del lado de la salud, la enfermedad y la mortalidad.
Segunda Paradoja: las transferencias sociales que se esperaban de los sistemas de seguro social no
desempeñan la función deseada. En realidad la desigualdad de consumo de los servicios médicos es casi tan
importante como antes. Los más adinerados continúan usando los servicios mucho más que los pobres, lo
que da lugar a que los consumidores más débiles paguen con sus contribuciones el superconsumo de los más
ricos.
Pero los que realmente obtienen la mayor rentabilidad de la salud son las grandes empresas
farmacéuticas. En efecto, la industria farmacéutica está sostenida por la financiación colectiva de la salud y
la enfermedad, por la mediación de las instituciones de seguro social que obtienen sus fondos de las personas
que obligatoriamente deben protegerse contra enfermedades.

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