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UNIDAD 5.

DUELO Y SUFRIMIENTO
Tema 19. Modelos explicativos del duelo en mayores.

1. Introducción.
La pérdida puede ser definida como cualquier daño en los recursos personales,
materiales o simbólicos con los que las personas establecen un vínculo emocional (Harvey y
Weber, 1998). Palmore (1979) encontró que el enfrentamiento con varios sucesos vitales
importantes tales como la jubilación, la viudedad o una enfermedad, producía importantes
problemas de adaptación durante el envejecimiento. los sucesos mencionados representan
transiciones vitales importantes y suponen pérdidas de distintos tipos: de roles, afectivas o de
capacidad física y/o funcional. En un estudio llevado a cabo por Fiske et al. (2003) se propone que
los síntomas depresivos en las personas mayores se incrementen al experimentar sucesos vitales
propios de la vejez y caracterizados por pérdidas asociadas al propio proceso de envejecimiento
(Fiske et al., 2003).
No cabe duda de que los eventos vitales más habituales en la etapa de la vejez suelen
implicar algún tipo de pérdida. Dentro de las pérdidas, las afectivas parecen ocupar un importante
lugar, tanto en frecuencia como en impacto psicológico. El fallecimiento de la pareja, familiares
cercanos y/o amigos, es una experiencia muy habitual en la población mayor que, sin embargo,
no por su frecuencia su efecto es menos doloroso. Además, tal y como destacaba Erikson (1963),
la vejez es una etapa de reflexión vital y muchas personas se exponen con frecuencia a un proceso
de revisión y/o reflexión sobre su propia vida. Esta reflexión favorece que, para muchas personas,
se reactiven experiencias emocionales dolorosas relativas a la pérdida de sus familiares a lo largo
de los años. En el meta-análisis realizado por Cole y Dendukuri (2003), en el que delimitaron
cuáles eran los eventos vitales con mayor capacidad para facilitar el desarrollo de sintomatología
depresiva en personas mayores, el evento que aparecía en primer lugar fue el duelo (Cole y
Dendukuri, 2003). De forma específica, parece que las mujeres mayores, en comparación con los
hombres, muestran una mayor vulnerabilidad para el desarrollo de depresión cuando se refiere
a eventos negativos relacionados con el fallecimiento de la pareja (Chan et al., 2011).

2. ¿Qué es el duelo?
Se entiende por duelo toda sensación de perdida sin posibilidad de recuperación,
literalmente todas las personas estamos en duelo prácticamente desde el momento en el cual
comenzamos a nacer. El proceso de duelo lleva implícita la elaboración. La palabra duelo deriva
de “dolor” y elaboración de “labor”, de tarea. Como dice Sigmund Freud en Melancolía y duelo,
la elaboración del duelo es un trabajo, el trabajo de aceptar la nueva realidad.
Se trata de un proceso que, como tal, quiere decir tiempo y cambio. A cada persona le lleva
su tiempo (en líneas muy generales podríamos decir que lleva entre dos meses y dos años).
Además, dicho cambio supone que es un proceso activo: hay cosas que hacer y decisiones que
tomar. La aceptación implica dejar de pelearme con la realidad que no es como yo quisiera.
a. Manifestaciones del duelo en mayores.
• Aumento de la morbimortalidad
FÍSICAS
• Sensación de estómago vacío.
• Falta de energía y debilidad. Sensación de agotamiento.

1
• Llanto.
• Alteraciones del sueño (insomnio, hipersomnia).
• Inapetencia y pérdida de peso.
• Hipersensibilidad a ruidos.
• Opresión en el pecho y garganta.
• Pérdida del apetito sexual.
• Síntomas similares a los del fallecido (duelo enmascarado -masked grief)
• Abuso de alcohol u otras sustancias psicoactivas.
• Extrañeza ante el mundo
• Incredulidad
• Confusión, dificultad de atención y concentración
• Pérdida de ilusión, desinterés, cierta insensibilidad
• Añoranza
• Hipocondría
PSICOLÓGICAS
• Conductas de búsqueda (searching behaviour), a través de ropas,
objetos, frecuentación de lugares comunes, alucinaciones visuales o
auditivas, sueños, etc.
• Sentimientos de abandono y soledad
• Ira, ansiedad, tristeza, miedo…
• Culpa
• Alivio, sensación de liberación
• Usar sus ropas
− forma de identificarse con el fallecido y hacerle presente.
• Resentimiento hacia la realidad social (todo continúa alegremente) y
SOCIALES ante los familiares que antes no quisieron saber nada…
• Sentido de no pertenencia grupal:
− aislamiento, búsqueda de otras relaciones con otros que
también están solos…
• Elaboración de una nueva identidad y de nuevos papeles sociales.
• Conciencia de la propia limitación.
• Pérdida de la sensación de ser inmortales.
ESPIRITUALES • Búsqueda de Dios:
− resentimiento - indiferencia - confianza (busca fuerzas).
• Búsqueda del sentido de la vida o experiencia de sinsentido.

3. Fases del proceso de duelo.


Diversos autores han propuesto una serie de fases o etapas por las que las personas pasan
durante el proceso de duelo. Es importante señalar que no todas las personas pasan por todas
estas etapas en el orden que aquí exponemos. Nuestra labor en terapia va a ser acompañar a las
personas que se encuentran en un proceso de duelo a afrontar de manera sana y adaptativa cada
una de las fases del duelo. A continuación, exponemos un modelo de etapas del proceso del
duelo, basado en los estudios de Bowlby sobre el apego, propuesto por Zurita y Chías (2014). Más
adelante, se explicarán una serie de técnicas para trabajar en cada una de las fases.
Etapa cognitiva
a. Negación
La negación, suele ser la primera de las etapas del proceso de duelo. Es considerada por
diversos expertos como la fase más importante de todo el proceso. Puede durar desde unas horas

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hasta un tiempo ilimitado. Cuando estamos en negación, sabemos racionalmente que nuestro
ser querido a muerto pero psicológica y emocionalmente no lo aceptamos, no lo integramos no
asumimos la nueva realidad.
En el periodo en el que transcurre esta fase seguimos buscando al fallecido, tenemos la
sensación de que la pérdida no es real, como si fuera un mal sueño. Tardamos en comenzar a
planificar la vida sin él o ella.
La negación tiene su utilidad, es una especie de anestesia psicoemocional, una almohadilla
pasa el dolor inconsciente, que permite tener un tiempo extra para poder elaborar, digerir,
metabolizar, una situación tan intensa emocionalmente que pone al límite la mente humana. De
la misma manera que cuando nos hacemos un esguince, no sentimos dolor de manera inmediata,
para poder huir o ponernos a salvo, aunque luego se hinche, en el proceso de duelo la negación
impide que nos derrumbemos emocionalmente permitiendo adaptarnos a la pérdida al ritmo que
necesita nuestra mente y nuestro corazón.
Por lo tanto, la negación cumple una función defensiva (se trata de un mecanismo de
defensa): negar que un acontecimiento con impacto ha sucedido hasta que se pueda comenzar
a asumirlo.
La resolución de esta fase tiene lugar cuando se acepta (a nivel cognitivo) el suceso. Cuando
esto sucede se asume la realidad y la responsabilidad del proceso, y es posible comenzar a
conectar con las emociones.
b. Racionalización
En la vida diaria, necesitamos “entender” lo que ocurre y, para lograrlo, empleamos la
racionalización o la justificación.
Etapa emocional
c. Rabia/Ira
En todas las relaciones que establecemos se dan buenos y malos momentos, y en muchas de
ellas suele haber mucha frustración acumulada por aquellas situaciones en las que no recibimos
lo que queríamos. A la hora de revisar una relación que hemos perdido y conectar con esos
momentos malos o de frustración, lo normal es que sintamos rabia y ganas de protestar contra
todo lo negativo, malo, desagradable e incómodo de lo que nos estamos despidiendo.
Nos enfadamos con la realidad, es una rabia contra mí mismo, contra mis familiares y
allegados, contra las personas externas, contra el mundo. En definitiva, la ira en esta etapa del
proceso puede tener varios múltiples destinatarios.
El enfado, la ira y la envidia son emociones muy habituales en los procesos de duelo, pero
están tan penadas socialmente, que no nos permitimos y no nos permiten expresarlas con
naturalidad.
La rabia y la ira son emociones muy lábiles, si me permito sentirlas, sin juzgarlas, se digieren
y colocan mucho más rápidamente que si intento negarlas o maquillarlas. La ira genera una
energía que me permite cambiar, modificar, avanzar en el túnel. Por ejemplo, en el duelo de
pareja el enfado me permite distanciarme emocionalmente de mi ex, evitar los lugares comunes,

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deshacerme de sus pertenecías, buscar espacios “no contaminados” por él, es por tanto
necesario y funcional.
Lo que se acepta se transforma, lo que se niega permanece, se hace crónico. Cuando la rabia
la ira no se expresa o no se permite, se vuelve contra uno en forma de culpa. La culpa tiene algo
de enfado con uno mismo.
d. Miedo
Otra de las emociones presentes durante el proceso de duelo es el miedo. En el ejemplo del
fallecimiento de un ser querido, es fácil ver que después de la muerte de esa persona, se va a dar
una circunstancia nueva en los familiares que les puede llevar a preguntarse: “¿Qué será de mí
sin esta relación que se acabó?” ya que se enfrentan por primera vez a vivir sin esa relación que
se terminó.
Ante una situación de peligro las personas (como los animales) actúan para protegerse. El
miedo activa tres reacciones instintivas que son, el enfrentamiento, la huida y la pasividad. Tanto
la huida como la agresión o enfrentamiento lo entendemos bien pero la pasividad, merece una
explicación un poco mas detallada. Existen cuatro formas de ser pasivo, que son muy frecuentes
como vía de gestionar el miedo desde la pasividad, y son: la paralización, que implica el no hacer
nada; la agitación, que implica hacer muchas cosas sin productividad; la agresión – pasiva, que
implica hacer o hacerse daño “sin querer”; y la sobreadaptación, que implica hacer lo que cree la
persona que los demás esperan de él o ella.
La mayoría de las personas no han aprendido ni incorporado un modelo adecuado de
expresión de su miedo y, en el proceso de duelo, el conectar con la sensación de “que será de mí
a partir de ahora” puede implicar mucho miedo. Volviendo al ejemplo del fallecimiento de un ser
querido, cualquier persona tras entrar en contacto con la muerte puede sentir el miedo al pensar
en su vida futura sin la persona que murió. En esos momentos lo que necesita es sentirse
comprendido, acompañado y validado en su emoción.
e. Tristeza/depresión
En todo proceso de duelo existe una pérdida, la emoción asociada, y en la mayoría de los
casos socialmente permitida, es la tristeza. La tristeza es la fase donde la pérdida se hace más
consciente.
Llorar es tan natural ante la pérdida, como una herida que sangra. La tristeza es la emoción
desagradable que mejor sostenemos, aunque la cortocircuitemos antes de lo que necesitamos,
suele ser la emoción que menos le cuesta manejar a nuestra sociedad.
Como dolientes, el tememos conectar con la tristeza por miedo a quedarnos enganchados a
ella, por miedo a no poder salir de ella. Pero según nos habituamos a conectar con los recuerdos
de la persona que se ha muerto, la intensidad de la tristeza disminuye y la emoción se hace más
manejable. Permitirse recordar las vivencias dentro de la relación ayudará a expresar la tristeza.
Darme permiso para tener momentos tristes, todos los días, me permite poder tener
momentos de aceptación y avance con menos culpa. El objetivo no es recordar al fallecido sin
tristeza, sino con una tristeza, sobre llevable.
Además, la tristeza lleva a la reflexión y, según vamos asimilando el dolor y la pérdida el
doliente comienza a plantearse poco a poco su futuro y surge la incertidumbre ante las siguientes

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preguntas: ¿quién soy ahora?, ¿cómo ha cambiado mi vida, la muerte de mi madre?, ¿Qué lugar
ocupo en la familia, con mis amigos?, ¿Cómo ha cambiado mi visión del mundo?
f. Aceptación emocional
Además de entender racionalmente que la relación se terminó, es necesario que las personas
se permitan aceptar la finalización a nivel emocional, para así permitirse expresar todo lo que ha
significado en su vida, (apoyo, comprensión, amor, cercanía, incondicionalidad, etc.).
En esta fase, buscamos que la persona exteriorice las emociones de la pérdida y pueda decir
adiós libremente desde su corazón. Acompañamos a nuestros pacientes a decir adiós, después
de haber expresado y canalizado las emociones de la pérdida, ya sin esa carga emocional tan
intensa. El paciente se despedirá ya sin cuentas pendientes por saldar, verbalizará en esa
despedida lo importante que fue para él esa relación, lo que le aportó, lo que aprendió, lo que
vivió, lo que sufrió, lo que significó para él esa relación tras la expresión de la carga emocional,
sin rencor.
Etapa de cierre
g. Perdón
En las relaciones se dan algunos momentos positivos y otros negativos, de los que desde la
subjetividad de cada uno se puede considerar responsable a la otra persona implicada, y que en
muchas ocasiones se “guardan” como algo que resulta imposible de olvidar, por el daño causado.
Para realizar un proceso de duelo adecuado y decir adiós, una de las premisas fundamentales
consiste en perdonar al objeto de duelo, para así quedar disponibles y establecer un nuevo
vínculo de apego, sin nada que interfiera. El perdonar supone no dejar nada pendiente, renunciar
totalmente a los agravios, dar la deuda por saldada, para así quedar libres y poder elegir
establecer o no una nueva relación.
También hay que tener en cuenta, algunas creencias irracionales sobre el perdón que
pueden estar interfiriendo en el proceso de perdonar. Por ejemplo, cuando oímos a alguien que
dice “yo perdono pero no olvido” es una trampa fantástica, lo que realmente está diciendo es
que no perdona y por lo tanto no terminará el duelo o cerrará en falso.
Perdón significa que desaparezca el componente emocional de lo que pasó. Estamos
renunciando a que ese acontecimiento que ocurrió en la relación tenga un impacto emocional
dañino que nos exija una reacción a ese daño. Cuando proponemos perdonar a alguien, estamos
proponiéndole renunciar a cualquier acto de desagravio. Incluida la victimización respecto de la
agresión.
En ocasiones, es necesario realizar un proceso de perdón con uno mismo, al haber
sentimientos de culpabilidad sobre distintos aspectos de la relación sobre la que se realiza el
proceso de duelo.
h. Gratitud
En esta fase, conectamos con los momentos positivos de la relación. Este es el momento para
acompañar a la persona a que recuerde todos esos momentos gratos que vivió en la relación que
terminó. Todo lo bueno que se llevó de ella. Animarle a conectar con su agradecimiento profundo
por todos aquellos momentos positivos y agradables vividos en la relación que se acabó.

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i. Nuevos apegos
Esta es la última fase del duelo. El proceso de despedida ya ha terminado, y ahora la persona
está libre de la relación que se acabó. El terapeuta acompañará a su paciente en este último paso,
ofreciéndole la posibilidad de decidir con absoluta libertad en que relación o relaciones quiere
colocar la energía que tenía utilizada en la relación que terminó.

4. Las tareas del duelo de Worden (1997).


Otro modelo explicativo para entender las fases del proceso de duelo es el de las tareas de
Worden. Muchas de estas tareas comparten similitudes con las fases del duelo ya mencionadas,
pero se trata de otra forma de entender y explicar el proceso del duelo.
1) ACEPTAR LA REALIDAD DE LA PÉRDIDA.
2) DAR EXPRESIÓN A LOS SENTIMIENTOS. ABRIRSE AL DOLOR
3) REVISAR NUESTRO MUNDO DE SIGNIFICADOS, ADAPTARME A LA REALIDAD DE LA PERDIDA
4) RECOLOCAR AL DIFUNTO RECONSTRUIR LA RELACION

TAREA 1. ACEPTAR LA REALIDAD DE LA PERDIDA


La primera tarea del duelo es afrontar plenamente la realidad de que la persona está
muerta, que se ha marchado y no volverá, venciendo la sensación de que "no es verdad" que
haya muerto. Parte de la aceptación la realidad que el reencuentro es imposible por lo menos es
esta vida.
La dificultad para conseguir esta tarea, aceptar la realidad de la pérdida es quedarse
atascado en la negación. Se puede negar la realidad de la pérdida de varias maneras:
− Negar el significado de la pérdida, mediante un olvido selectivo del fallecido o quitándole
valor a la pérdida.
− Deshaciéndose de todas las fotos y objetos emotivos como una manera de tratar de
evitar sentir el dolor.
− Negando que la muerte sea irreversible, con el anhelo de que aparezca.

Aunque completar esta tarea plenamente lleva tiempo, los rituales tradicionales como
acompañar en el tanatorio y el funeral nos ayudan como dolientes a caminar hacia la aceptación.
La irrealidad es particularmente difícil en los casos dónde el doliente no puede ver el cuerpo de
la persona que ha muerto, como en los duelos por COVID-19 o en los desaparecidos.
Para aceptar la realidad de la pérdida, necesitamos tiempo y acciones. Si bien la aceptación
lógica, racional, intelectual se suele dar con mayor brevedad, la aceptación emocional requiere
un proceso más lento.
TAREA 2. EXPRESAR EL DOLOR
Cada persona experimenta el dolor por la pérdida con una intensidad y una duración
distinta, pero es casi imposible perder a alguien con quién se ha estado fuertemente vinculado
sin experimentar dolor.

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Es necesario reconocer y conectar el dolor, emocional, comportamental e incluso físico
que, como dolientes, sufrimos tras la pérdida. Darnos permiso para poder tener momentos
doode pueda sentirlo, evitará que el duelo se cronifique, se complique y se alargue.
En España, un tercio de las consultas en atención primaria, tienen un origen psicológico
y de ellas un 40% tiene relación con algún tipo de pérdida. Muchos casos de depresión, a
ansiedad, abuso de sustancias tienen que ver con duelos no resueltos, dónde no se ha dado salida
a la expresión y ventilación emocional.
En la elaboración de esta segunda tarea puede interferir la presión social. Cómo dice
Gorer: “Abandonarse al dolor está estigmatizado como algo mórbido, insano y desmoralizador.
Lo que se considera apropiado en un amigo que quiere bien a la persona en proceso de duelo es
que la distraiga de su dolor". De ahí la importancia de encontrar bastones dónde me sienta
legitimado para vivenciar las emociones desagradables.
La negación de esta segunda tarea consiste en no sentir. Hay muchas formas de bloquear
los sentimientos y negar el dolor, la idealización del fallecido, el abuso de sustancias, pero todas
consisten en evitar tener sentimientos dolorosos.
John Bowlby dice: "Antes o después, aquellos que evitan todo duelo consciente, sufren
un colapso, habitualmente con alguna forma de depresión". (Bowlby, 1980, pp.158). Uno de los
objetivos del acompañamiento psicológico en procesos de duelo es ayudar a facilitar esta
segunda tarea para que el doliente no arrastre el dolor a lo largo de su vida.
TAREA 3. ADAPTARSE AL AMBIENTE EN EL QUE EL DIFUNTO NO ESTÁ
Adaptarse a ese medio supone tomar conciencia de todos los roles que desempeñaba el
fallecido y asumir llevar a cabo esos roles sin poder contar con su ayuda. Sin embargo, las
personas en duelo no solo se han de adaptar a la pérdida de los roles que desempeñaba antes el
fallecido, sino que la muerte les confronta también con el cuestionamiento que supone adaptarse
a su propio sentido de sí mismos.
Esta tarea se puede dividir en la adaptación a tres dimensiones.

− Áreas cotidianas: cómo afecta la muerte de mi ser querido al desempeño del día a
día.
− Adaptación Intrapsíquica: como dolientes, como cambiamos nuestro sentido de
nosotros mismos tras la muerte de nuestro ser querido. Esta tarea consiste en
responderse y aceptar las respuestas a estas preguntas: ¿Quién soy ahora?, ¿Cómo
ha cambiado mi manera de verme?, ¿mi sensación y eficacia?
− Adaptación socialespiritual: cómo me relaciono con el mundo, qué sentido le doy a
la vida tras la muerte de mi familiar.
Para adaptarse al ambiente en el que el difunto no está necesitamos reaprender nuestra
relación con el mundo. De la pérdida de significado, al significado de la pérdida
TAREA 4. RECOLOCAR EMOCIONALMENTE AL FALLECIDO Y CONTINUAR VIVIENDO
Esta tarea consiste en que el doliente encuentre un lugar adecuado para el fallecido en su
vida emocional, un lugar que le permita continuar viviendo de manera eficaz en el mundo. Esto
fue postulado ya por Freud: El duelo supone una tarea psíquica bastante precisa que hay que
realizar: su función es desvincular las esperanzas y los recuerdos del muerto (Freud, 1913).

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No superar la cuarta puede resumirse en «no amar». La cuarta tarea se entorpece
manteniendo el apego del pasado en vez de continuar formando otros nuevos.
El objetivo, no es negar el vínculo con la persona que ha muerto, sino poder mantener ese
vínculo, mientras se crean o intensifican otros.
¿Cuándo se acaba el duelo? Es una pregunta con respuesta variable, ya que no hay un tiempo
específico para ello, depende de cada persona. Aun así, se suele coincidir en que el duelo acaba
cuando se supera la última tarea. Cuando la persona es capaz de pensar en el fallecido sin dolor,
con una tristeza sostenible sin manifestaciones físicas, opresión en el pecho, llanto intenso, y
puede volver a invertir sus emociones en la vida y en los vivos.
El duelo es un proceso a largo plazo y su culminación no será un estado como el que tenían
antes del mismo.

Tema 20. Evaluación e intervención en duelo con personas mayores.

1. Tipos de duelo: Duelo normal vs. Duelo patológico vs. Duelo ambiguo.

ENFERMEDAD/PREVISIBLE PREVISIBLE/INMEDIATA INMEDIATA/IMPREVISIBLE

ANTICIPADO NORMAL PATOLÓGICO CRÓNICO

INHIBIDO

1.1. Sensaciones del duelo normal


− Incredulidad.
− Confusión/embotamiento.
− Pensamientos recurrentes de manera intrusiva.
− Sensación de presencia.
− Pseudoalucinaciones.
− Pesadillas y otros trastornos del sueño.
− Celotipia.
− Cambios en la alimentación.
− Problemas sexuales
− Conducta distraída.

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− Aislamiento social.
− Hiperactividad.
− Sentimientos de culpa.
− Evitación y sobrexposición
− Idealización del difunto.
− Ira, falta de comprensión y ayuda
− Sensación de no pertenencia Incremento de hábitos nocivos.
− Incapacidad para la toma de decisiones.

1.2. Duelo complicado


a. Factores predisponentes de duelo complicado en mayores.

• Nivel de apego al ser querido fallecido.


• Vínculos afectivos con el fallecido.
• Necesidades y dependencias.
• Tipo de muerte. (NASH; Natural, Accidental, Suicidio u Homicidio)
• Predecible o impredecible
• Personalidad y recursos del doliente. Familia y apoyo social.
• Crisis concurrentes.
• Pérdidas múltiples
• Creencias IRRACIONALES O ERRÓNEAS
o “El tiempo lo cura todo”
o “A él/ella no le gustaría que sufrieras”
o “No lo pienses, que es peor”
o “Tú lo que tienes que hacer es distraerte”
o “Hay que ser fuerte”
o “Si no lo superas, no dejas descansar al fallecido”
o “Los que estamos aquí necesitamos que estés bien”
b. Factores protectores de duelos complicado en mayores.
• Variables de personalidad y Recursos Personales.
• Las personas con tendencia al optimismo resisten mejor.
• Características de la primera infancia y Recursos familiares.
• Seguridad del entorno social y familiar
• Participación y cuidado del ser querido.
• Experimentación del dolor contribuye a la aceptación de la muerte, a recordar los
aspectos beneficiosos de la relación, y a encontrarse mejor emocionalmente.
• Creencias religiosas y espirituales.

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• Capacidad de expresar y experimentar emociones positivas.
• Percepción de autoeficacia.
• Creencia en la capacidad de control y crecimiento en la adversidad.
• Creencias que aceptan la muerte como parte de la vida.
• Sentimientos de utilidad en los cuidados del enfermo.
• Capacidad para encontrar un sentido a la experiencia.
• Buen ajuste inicial
• Comunicación de pensamientos y sentimientos
• Autoestima positiva
• Buenas competencias personales

1.3. Duelo ambiguo


“Así llamamos al dolor cierto que experimentamos cuando nos duele una situación de ausencia
física de la que permanece una presencia psicológica y, por otro lado, de pérdida psicológica de la
que se mantiene presencia física. Parece un enredo de palabras. Es el caso de personas
desaparecidas en catástrofes, así como de divorcios en el primer caso. Y es el caso de familiares
de enfermos de alzhéimer y otras enfermedades, en el segundo. Ambigüedad: incertidumbre,
ausencia, presencia en diferentes modos. Pero dolor en todo caso” (José Carlos Bermejo).
Tipo de duelo es sin duda la que más malestar produce ya que permanece sin aclarar. Se
pueden definir dos tipos de duelo ambiguo.
− En el primer tipo de duelo, los afectados perciben a otra persona como ausente
físicamente, pero presente psicológicamente, ya que no se conoce el paradero de ésta,
como ocurre en los casos de desapariciones o catástrofes.

− En el segundo tipo de duelo, el o los afectados perciben a otra persona como presente
físicamente, pero ausente psicológicamente. Este hecho es muy común sobre todo en
personas con demencias muy avanzadas o que han sufrido algún tipo de enfermedad
grave.
Algunas situaciones de pérdida ambiguas son: la Emigración, el Secuestro, personas perdidas
en guerras, personas perdidas en desastres naturales, alzheimer, cuidados intensivos por largo
tiempo, divorcio y relación con los hijos/as, etc.
¿Somos pareja si mi cónyuge no me reconoce? Decir adiós sin marcharse (el enfermo de
alzhéimer) y marcharse sin decir adiós (el desaparecido), generan un malestar de gran
envergadura. Estas situaciones desafían la tolerancia a emociones conflictivas donde el “sí pero
no” y el “no pero sí” dan un sabor amargo indescriptible y diluyen toda concreción al poder
describir lo que nos pasa.
2. Evaluación del duelo
a. Completar la HISTORIA CLÍNICA:
• Descripción de la pérdida
i. Qué, cuándo, cómo

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ii. Contexto
• Historia personal
i. Otras pérdidas
ii. Recursos de afrontamiento
• Factores favorecedores
• Creencias o ideas irracionales
b. Inventarios (COMO SOPORTE)
• Inventario de experiencias de duelo. Katherine Sanders, 1977. 135 items. 18 escalas. 20’
• Inventario Texas Revisado de Duelo. Faschinbaguer, 1981 21 items. 2 escalas. 10’. Escala
Likert
c. Entrevista

3. Técnicas de intervención en duelo.


5.1. Objetivos
“El objetivo primordial con respecto al duelo, va a ser conseguir recordar a la persona querida y
perdida sin un dolor intenso y ser capaz de dirigir la energía emocional dentro de la propia vida y
recuperar la capacidad de amar”.
• Reducir los factores de riesgo de duelos complicados que se pueden trabajar en terapia.
− Exploración y posterior reestructuración de creencias irracionales con relación al proceso
de duelo o a la muerte que puedan presentar las personas.
− Evitar el aislamiento social.
• Fomentar los factores de protección de duelos complicados que se pueden trabajar en
terapia.
− Ventilación emocional. Permitir a la persona mayor expresar sus emociones, crear un
espacio en el que se permita la comunicación de todo tipo de pensamientos y emociones.
− Fomentar una autoestima sana y positiva.
− Entrenamiento en estrategias de afrontamiento conductuales, cognitivas y emocionales.
− Fomentar la experimentación de emociones positivas mediante la instauración de
actividades gratificantes.
− Entrenamiento en habilidades sociales y de comunicación para fomentar el apoyo social.
• Acompañamiento en el afrontamiento de cada una de las fases del duelo (Zurita y Chías,
2014) de una manera sana y adaptativa.
Etapa Técnicas
El trabajo sobre esta fase se realiza hablando
sobre la relación. Se pide al paciente que hable
sobre la relación sobre la que hace el duelo, con
preguntas tipo: “¿Qué te aportó?”, “Busca un
Negación
momento de frustración en esa relación”,
Etapa cognitiva
“¿Cuánto tiempo duró?”, “¿Cómo se acabó?”,
“¿Qué vacío te dejó?”. Suelen emplearse
preguntas más generales.
También se trabaja a nivel verbal, hablando de la
Racionalización
relación: “¿Cuándo empezó la relación?”, “¿Cómo

11
Etapa Técnicas
te sentiste en esta relación?”, “Cuéntame los tres
momentos más importantes de la relación”,
“¿Cómo te sentiste cuando terminó?”. Se pone
más énfasis en el fin de la relación: “Dime en pocas
palabras cómo entiendes el fin de la relación”. Se
finaliza diciendo adiós a nivel cognitivo.
• Psicoeducación expresión rabia.
• Expresión cognitiva: hablando. Listado de
asuntos pendientes.
• Expresión emocional: facilitar a nuestros
pacientes técnicas o herramientas que les
Rabia/Ira ayuden y faciliten la expresión de su emoción.
Por ej., golpeando cojines con los puños/pies,
gritar, salir a correr focalizando la energía en
la rabia que se siente,
cartas/visualizaciones/sillas vacías en la que se
expresa la rabia, etc.
• Validar la emoción
• Para conectar con esta emoción, suele
hacerse mediante visualizaciones/
conversaciones en las que la persona sea
Miedo
Etapa emocional consciente de la pérdida, del cambio que
supone en su vida, de la incertidumbre ante
este futuro, etc.
• Acompañamiento a exponerse a él.
• Psicoeducación expresión tristeza.
• Expresión cognitiva: hablando.
• Expresión emocional: facilitar a nuestros
Tristeza/Depresión pacientes técnicas o herramientas que les
ayuden y faciliten la expresión de su emoción.
Por ej., llorar, cartas/visualizaciones/sillas
vacías en la que se expresa la tristeza, etc.
Esta aceptación emocional vamos a realizarla
generalmente utilizando símbolos que permitan a
Aceptación
la persona ponerse en una situación de despedida
emocional
lo más vivencial y real posible, donde pueda dejar
clara la importancia de la relación que se acabó.
• Reestructuración creencias perdón→Listado
de afirmaciones sobre el perdón → el
paciente rodea las 5 más importantes y que
Etapa de cierre Perdón
más le representan → comentar
• Empatizar → silla vacía → una vez ha
descargado su emoción contra el “agresor”

12
Etapa Técnicas
• Perdón simbólico: carta, silla vacía,
visualización, etc.
• Mediante el diálogo explorar los aspectos por
los que la persona se siente agradecida sobre
la relación que realiza el duelo. Preguntas
como: “¿Qué has aprendido?”, “¿Cuáles
fueron los buenos momentos de la relación?”,
Gratitud
“Cuéntame 3 cosas por las que has crecido a
raíz de esta relación.”
• Pautar dinámicas de gratitud: cartas,
visualizaciones, alguna acción que para la
persona tenga sentido etc.
Etapa de cierre, en la que se tratan los nuevos
Nuevos apegos
planes del paciente y sus expectativas de futuro.

• Realizar las tareas del duelo propuestas por Worden (1997).


1) ACEPTAR LA REALIDAD DE LA PÉRDIDA.
− Detectar si existe “conducta de búsqueda” y normalizar el síntoma, con alucinaciones
incluidas.
− Detectar primeros síntomas de duelo enmascarado, p. ej. presencia de los mismos síntomas
del fallecido; es un proceso de identificación y vínculo por lo mismo. Realizar interpretación
normalizadora y respetuosa.
− Correlacionar la tristeza con la conciencia de la pérdida
− Hablar sobre cuándo se produjo la muerte, quién le informó, explorar si vio al fallecido tras
la muerte o en el tanatorio, si asistió al entierro, la incineración, el funeral y lo que supuso
para él. Hablar ayuda a aceptar la realidad.
− Mencionar el hecho de la muerte y lo duro que es aceptarla. De lo que no se habla “no existe”.
− Pedir que cuente su historia de relación, de la figura del fallecido, lo que hizo, lo que supuso
para los demás. Facilita la introspección y la conciencia de la ruptura final.
− Hablar en pasado al referirnos al fallecido.
− Explorar qué se ha hecho con las pertenencias del fallecido (fotos, recuerdos, elementos de
la habitación). Nos permite avanzar resistencias, miedos.
− Preguntar si visita el cementerio o el lugar en que se esparcieron las cenizas y el significado
de las visitas o la fantasía de hacerlas en caso de que no se hayan producido.

2) DAR EXPRESIÓN A LOS SENTIMIENTOS. ABRIRSE AL DOLOR


− Permitir, apoyar y validar la expresión de las emociones.
− Atender tanto al lenguaje verbal como al no verbal, sobre todo si hay disonancia.
− Frente a los hechos que relata, sugerir expresar los sentimientos que les acompañan.
− Ayudar a poner nombre a los sentimientos y a darse permiso para sentirlos. Cierto control.
− Detectar el “héroe” (“puedo con todo”) y el “mártir” (“solo sufro yo”). Confrontar estos dos
extremos.

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− Invitar a la expresión de emociones en el medio habitual del doliente. Elaborar el duelo donde
las cosas son familiares.
− Explorar red de apoyo informal (familiar-social) capaz de acoger emociones intensas.
− Sugerir alternativas a la expresión oral de las emociones: cartas, diarios, etc.
− Muy frecuente: tristeza, rabia y ansiedad.
− Atentos a la experiencia de culpa.
− Alegría, como un derecho que no significa olvido.

MANEJO DE LA TRISTEZA

→ A veces ha de ser estimulada su expresión y también el llanto, pues algunos lo reprimen


al no parecerles digno o por no incomodar a los demás, aunque sientan enorme
necesidad de llorar.
→ Explorar si el contexto convivencial facilita su expresión y si tiene alternativas.
→ Ayudarle a identificar el significado que para él tiene llorar o no llorar.
→ Aclarar que el patrón cultural de expresión de la tristeza (llorar) no tiene por qué ser
universal.
→ Invitar a no asociar equivalencia entre el sentimiento y la capacidad personal o social de
expresarlo.
→ Aclarar que el llorar o no llorar no es significante de haber amado mucho o poco.

MANEJO DE LA ALEGRÍA
→ Explicitarle la necesidad de darse el permiso para experimentar alegría, una vez pasado
un tiempo.
→ Ante la rabia por la alegría expresada por otros en el contacto social, ayudarle a
normalizar ese sentir y reestructurar cognitivamente la parte de no racionalidad de ese
planteamiento.
→ Estar atentos a algún mensaje de sintonía afectiva en línea de humor o alegría, como dato
a devolver de muestra de avance o de recurso.

3) REVISAR NUESTRO MUNDO DE SIGNIFICADOS, ADAPTARME A LA REALIDAD DE LA PÉRDIDA


− Diferenciar si las dificultades están en los roles instrumentales o en los que tienen que ver
con vínculos sociales: “¿Qué es lo que ha cambiado desde que él/ella no está?”.
− Explicitar acciones de controlabilidad que ya ejerce en su vida.
− En el caso de tener que ejercer roles que antes realizaba el fallecido, sugerir entrenamiento
previo para prevenir la sensación de fracaso.
− Confrontar como siempre desde la empatía: “Dedicar energía a algo nuevo supone restársela
a lo anterior y al recuerdo”.
− Reforzar la toma de decisiones independiente y el valor de hacerlo.
− Sugerir evitar acciones que supongan cambios muy radicales al poco tiempo del fallecimiento.
Ej. venta de propiedades, cambios de lugar de residencia, hacerse cargo de los nietos para
paliar la soledad, etc., ya que no son los mejores momentos para hacerlo.
− Utilizar estrategias de solución de problemas

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4) RECOLOCAR AL DIFUNTO RECONSTRUIR LA RELACION
− Insistir en que el objetivo no es olvidar a la persona. Se trata de reestructurar el tipo de vínculo
y la forma de relacionarse con él.
− Explicitar a qué se debe necesariamente renunciar (ej. a verle, a tocarle...) y a qué no (el
apoyo de serenidad en muchos momentos).
− Confrontar el pensamiento de “deshonra de la memoria del difunto” si se vinculan
afectivamente.
− Invitarle a reconocer el derecho a darse permiso para disfrutar y para amar. Recordar el
derecho a ser feliz.
− Aclarar que el objetivo no es reemplazar lo irreemplazable. A veces, será útil confrontar la
decisión de iniciar rápidamente una nueva relación, pues entorpece una resolución adecuada
del duelo.
− Ayudar a explicitar nuevos fines, significados, perspectivas de futuro

4. Duelo en época de COVID. La importancia de los rituales.


A raíz de los fallecimientos en la época del COVID y su consecuente dificultad de hacer rituales
de despedida, se ha podido comprobar la importancia de éstos a lo largo de un proceso de duelo.
Los rituales son actos simbólicos que nos ayudan a expresar nuestros sentimientos ante una
pérdida, a establecer un orden simbólico, nos permiten la construcción social de significados
compartidos. Nos abren la puerta a la toma de consciencia del proceso de duelo. Permiten
conectar con tu dolor, te ayudan a ir integrando lo que ha sucedido y cómo lo estás viviendo.
Nos gustaría proponeros una serie de rituales alternativos a los tradicionales (como tanatorio
o funeral) por si una situación parecida sucede en el futuro o por si os encontráis con pacientes
que, por diversos motivos, no puedan (o hayan podido en su momento) acceder a los rituales más
típicos. Éstos son:
• Proponer un encuentro virtual en alguna plataforma online (Skype, Zoom, etc.)
• Misa online.
• Elegir un símbolo que facilite el recuerdo y te ayude a conectar con el dolor (puede ser una
canción, una oración, una fotografía, etc.)
• Expresar el amor, el perdón y la gratitud.
• Publicar en tu muro/red social y escribir, a modo de homenaje, acerca del legado de vida
que te ha dejado.
• Hacer una suelta de globos con u n pequeño mensaje de cada miembro de la familia metido
dentro que simbolice a la vez el recuerdo y el soltar amarras.
• Crear un álbum de fotos/vídeo sobre el difunto.
• Anecdotario.
• Realizar un baúl de recuerdos con objetos personales del fallecido.

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