Estudio de Caso.
La formación moral en la educación mexicana
Bertrand Russell (filósofo de la educación mexicana), en su obra Sociedad
humana: ética y política de 1987, plantea que, en cada comunidad, hay acciones
obligadas y acciones prohibidas, es decir loables y reprobables, y por tanto debe
haber una ley y norma ética que combata el mal, y genere justicia. Es un propósito
de la formación moral y ética en los hombres. Esto ha dado una inquietud a las
autoridades educativas, para incorporar a los planes curriculares esta educación
en valores, para comprender a la moral, como un conjunto de juicios entre el bien
y el mal para regir la conducta humana.
La sociedad y sus integrantes no pueden vivir y evolucionar al margen de la moral
y la ética. En el ámbito social y en el escolar, resulta más práctico que hablemos
de eticidad para aludir a los valores formados por la sociedad y por la escuela. La
eticidad genera múltiples sentimientos: perplejidad, asombro, angustia,
indignación, sensación de desprotección y gran incertidumbre que nos mantiene
montados en preguntas ya cotidianas sobre cómo hemos llegado a ser esto que
hoy somos, cuando ocurrió el «quiebre brutal» que nos acongoja, y a preguntarnos
también —desde una perspectiva pacífica, incluyente— ¿podemos llegar a ser
algo distinto y mejor a lo que hoy somos?
Cuando Rosa Luxemburgo gritó que la humanidad se enfrentaba a la disyuntiva de
marchar hacia una sociedad más justa y solidaria o caer en la barbarie desatada
por el capitalismo voraz, muchos cerraron los ojos y oídos a esta previsión, pero
los acontecimientos que vivimos actualmente le dieron la razón.
No se trata de diseñar la ética del futuro, pero sí de reflexionar sobre la posibilidad
de construir las condiciones a través de la educación. Históricamente no tenemos
responsabilidad sobre las acciones de quienes nos antecedieron ni sobre los
valores que las orientaron, tampoco tenemos responsabilidad sobre las
estructuras del presente en las que se mueve nuestra vida, ni sobre el sistema de
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creencias y valores que heredamos, pero si somos responsables de asumirlos o
rechazarlos críticamente, de igual forma, sí tenemos responsabilidad sobre
nuestras acciones y las consecuencias de éstas. La educación puede contribuir a
sedimentar las creencias y valores o a transformarlos, porque la eticidad del
presente se construye con sedimentos del pasado y elementos de la actualidad.
(Vidales, 8 de mayo de 2014).
Referencia Bibliográfica
Vidales, I. (8 de mayo de 2014). La formación moral en la educación mexicana.
Educación Futura. Recuperado de [Link]
moral-en-la-educacion-mexicana/