CAPITULO
XVII
Partición
114.- EFECTOS DE LA PARTICION. La parición tiene efecto declarativo, no hace
más que reconocer un derecho de dominio ya existente, no lo constituye,
porque según la ley cada asignatario se reputa haber sucedido inmediata, y
exclusivamente al difunto en todos los efectos que le hubieren cabido, y no
haber tenido jamás parte alguna en los otros efectos de la sucesió n. Esto
significar, que para la ley; cada asignatario es dueñ o de los efectos que en la
partición se le adjudican, desde el momento de la muerte del causante, con
dominio exclusivo, cuando realmente no es así, segú n la teoría de la
copropiedad que se ha acepado, porque antes de la partició n ninguno de los
herederos tiene derecho exclusivo sobre ningú n bien de la herencia, sino que
sólo, son dueños exclusivos de su parte ideal, ssegún ya de dejó dicho. Por
ello, lo prescrito por la ley sobre los efectos de la partició n es una ficció n, y
esto se confirma con la expresió n "se reputara", que se usa en el artículo
1225, y porque tal efecto viene a desconocer un hecho real, cual es el de
existencia de la indivisió n; pero se ha creído más conveniente darle tal efecto que
el atributivo de propiedad, segú n el cual, en síntesis, los herederos se ceden
entre sí los derechos que como copropietarios les corresponden en los
bienes que se adjudican a los otros, porque en tal caso no se sigue la doctrina
de la cuota ideal en la universalidad, sino la de la cuota en cada uno de los
bienes, que es la teoría romana de la copropiedad, no aceptada por nuestro
legislador.
Como consecuencia del efecto declarativo de la partició n, cuando
alguno de los coasignatarios enajena una cosa que en la misma se adjudica
a otro de ellos. lo que resulta es una venta de cosa. ajena, porque en ella el
que la enajenó jamá s ha tenido derecho alguno (por ficció n). Pero esta venta,
como en todo caso igual a este, produce entre las partes las obligaciones
propias de la compraventa, por lo que puede pedirse la tradició n de lo
vendido y el comprador debe pagar el precio; si alguna de las partes no
cumple ła otra puede pedir la resolució n o el cumplimiento, con
indemnización de prejuicios en ambos casos y el demandado puede
oponer la excepció n del contrato no cumplido; más, no le es oponible al
verdadero dueñ o, o sea, al cosignatario a quien se le adjudicó . Este tiene
derecho de reivindicarla de manos del coasignatario vendedor si este
todavía no ha hecho la entrega, o de manos del comprador si ya se le había
entregado. En el primer caso el comprador tendrá derecho a la resolució n del
contrato, y si creía que la cosa pertenecía al vendedor, también lo tiene a la
indemnizació n de dañ os y perjuicios. En el segundo habrá sufrido
evicció n. y tendrá derecho al saneamiento correspondiente. Si en la
partició n la cosa se le
adjudica al que la enajenó , la venta habrá sido de cosa propia, una cesió n de
derechos hereditarios en concreto a título de venta, porque se reputa que el
asignatario vendedor tenía su dominio exclusivo desde el momento de la
muerte del causante (siempre por ficció n).
115.- QUIENES PUEDEN HACER LA PARTlClON. La partició n puede
hacerla el causante, o pueden hacerla los herederos si aquel no la hizo. Tanto el
causante como los herederos disponen de dos formas para hacer la partició n.
Aquel la puede hacer por acto entre vivos o per testamento; éstos, judicial
extrajudicialmente.
Las particiones hechas per el causante, ya las haga por acto entre vivos
ya por testamento, tienen el inconveniente de que si después de verificadas
aquél adquiere nuevos bienes, y no hace la partició n de ellos por otro acto
entre vivos, o no modifica el testamento incluyendo en la partició n que él
contiene los nuevos bienes, la partició n de estos tienen que hacerla los
herederos, que es lo que posiblemente quería evitar al hacerla él mismo, por las
controversial que entre coasignantes se suelen suscitar cuando ellos hacen la
partició n.
Lo dicho se entiende, desde luego. cuando la copropiedad ha sido
originada por la muerte del titular del patrimonio; má s concretamente,
cuando se trata de la proindivisió n de una herencia o de un legado. Si el caso
es de copropiedad de una cosa singular que no provenga de la sucesió n por
causa de muerte, como cuando dos o má s personas han comprado
conjuntamente una cosa. los proindivisarios son los ú nicos que pueden
hacer la partició n, ya judicial ya extrajudicialmente. Si deciden hacer
partició n judicial, tendrán quo aplicarse las mismas reglas, en lo pretinarte,
de l a p a r t i c i ó n j u d i c i a l d e l a h e r e n c i a , s e g ú n l o d i s p u e s t o e n e l
articulo 2064C.
11 6.- PA RTICION VER IFICADA POR EL CA USANTE. El artículo
1197 del Có digo Civil dispone, que si el difunto ha hecho la partició n por
acto entre vivos o por testamento, se pasará por ella (hay que acatarla) en cuanto
no fuera contraria a derecho ajeno. Se infiere de ello que el causante puede
hacer la partició n de sus bienes, que está facultado para ello, ya sea por acto
entre vivos o por testamento. Pero no se dan los principios que deben
regular la partició n hecha por el propio causante. La ley, después de sentar
la hipó tesis, sin conferir siquiera el derecho en forma expresa, se limita a
decir que hay que p a s a r p o r e s a a p o r t a c i ó n , si no es contraria a
derecho ajeno, como si se tratara de una cosa que ya está reglamentada en
otra parte d e l c ó d i g o o del mismo Título, y ellos suscita graves problemas de
hermenéutica, como, por ejemplo, el de có mo explicar que el causante pueda hacer una
partició n tina de sus bienes por acto entre vivos, sin estar relacionada
con un acto jurídico atributivo de la propiedad de los bienes partidos, porque
no puede hacerse una partició n entre vivos, para los efectos de que aquí se trata,
sin atribuirle el dominio de ellos a nadie: o có mo determinar en qué clase de
instrumento se hará, y tratándose de una partició n hecha en testamento, como
diferencia de los legados y prelegados las adjudicaciones de bienes singulares que el
causante hace, como partició n, a cada uno de los herederos.
Hay que concluir que la partición que entre vivos puede hacer el causante,
tiene necesariamente que apoyarse en la forma ya establecida de disposición
gratuita de bienes entre vivos que es la donación irrevocable.
Este es el único "acto entre vivos" en que el causante puede hacer la
partición, porque según el artículo 1283 del Código Civil, pueden hacerse
donaciones a título universa ya sea de la totalidad o de una cuota de los
bienes, siempre que además de hacerse por escritura pública cuando recae
sobre bienes raíces, se confeccione un inventario solemne de los bienes,
cuya omisión produce nulidad, y es en esa ocasión que una persona puede
hacer la partición de todos los bienes comprendidos en el inventario, que
son los que se entienden comprendidos en la totalidad o en la cuota que
dona, y por consiguiente, a esta "donación-partición” -como la llaman los
franceses es a la que se refiere la ley cuando dice que "si el difunto ha hecho
la partición por acto entre vivos...se pasará por ella..." Las reglas de esta
partición son entonces las de la donación entre vivos, pero deben cumplirse
también los requisitos propios de una partición. Desde luego, cuando el
causante después de hacer la donación-partición adquiere más bienes y
muere sin ser partidos por los herederos, pues que de ellos serán, en
cualquiera de las formas en que la ley se los permite. Lo mismo ocurrirá si
el difunto no donó todos sus bienes si no una cuota. De esta donación la ley
dice que es a titulo universal, pero lo que con ello está significando es
únicamente que se puede donar la totalidad de los bienes presentes que se
tengan, a una cuota de ella, como ya se dejó explicado. Si no fuera así
resultaría que se podría donar entre vivos el patrimonio, lo que jamás ha
pretendido decirse, porque ello equivaldría, en el fondo, a aceptar la
sucesión contractual. Esto, porque en una verdadera donación a título
universal quedarían comprendidos los bienes futuros, y "la donación de
bienes futuros constituye lo que se llama una institución contractual"
(Mazeaud: op.cit. Tomo 15, pág.468).
La partición hecha por el testador en su testamento es revocable,
contrariamente a la donación-partición, porque no es atributiva de
propiedad, y como los del testamento en que está contenida, sus efectos se
van a producir hasta que el testador muera, siempre que las asignaciones a
que está ligada no sean revocadas, porque tal partición está supeditada a la
institución de herederos que el testamento contiene; siguen la misma suerte.
Consiste en que el testador, además de instituir a sus herederos, designa los
bienes que a cada uno de ello le caben por su cuota en la universalidad, lo
que debe distinguirse del caso del prelegado, pues que en este, lo legado a
ún heredero está fuera de la masa partible, no entra en la cuota que en la
universalidad le corresponde a título de heredero, sino que lo recibe como
legatario, y es, pues, una mejora, tratándose de dos asignaciones diferentes e
independientes.
Pero como un testamento puede contener sólo asignaciones a título singular,
el testador puede haber distribuido todos sus bienes en legados, lo que
tendría la apariencia de una partición, pero técnicamente no lo sería, aun
cuando lo legado fuera igual en valor para todos los legatarios, porque la
partición por testamento es entre herederos, entre quienes serían
copartícipes en la indivisión que se formaría a la muerte del testador, y entre
los legatarios no se forma la indivisión de que aquí se trata.
En las particiones rigen dos principios fundamentales: el principio de
igualdad y el principio de garantía. Según el primero, en la partición hecha
por el causante, tanto por acto entre vivos como por testamento, lo
adjudicado a cada uno de los beneficiados debe ser igual en valor a lo
adjudicado a los otros, por manera que si a alguien se le adjudica en la
partición una porción de bienes mayor que la de los otros, ya no se está en
presencia de una verdadera partición Pero, por otra parte, esa sería la
voluntad del donante o testador y habría que respetarla, aunque no
constituya una verdadera partición por no haberse respetado el principio de
igualdad. Mas, esto sólo puede ocurrir en las legislaciones que, como la
nuestra, han acogido el principio de la libre testamentifacción; en las que
rige la sucesión legitimaria, o testamentaria restringida, el causante debe
hacer una verdadera partición de sus bienes, debe respetar el principio de
igualdad, de lo contrario, quien resulta perjudicado tiene acción sobre ella.
Esto se debe a que el causante no puede perjudicar las "legítimas"
("Legítima es aquella cuota de los bienes de un difunto que la ley asigna a
ciertas personas llamadas legitimarios", Código Civil de 1860) por medio de
una partición-donación o una partición hecha en testamento. De aquí viene
que la partición entre vivos y la partición por testamento, sean más
conformes con la sucesión legitimaria que con el sistema de la libre
testamentifacción. Y esto explica por qué nuestra ley, después de decir que
si el difunto ha hecho la partición por acto entre vivos o por testamento,
agrega que se pasará por ella "en cuanto no fuere contraria a derecho ajeno",
porque tal disposición estaba en armonía con las asignaciones forzosas,
significando esa frase que si con la partición se perjudicaban "las legítimas"
no se pasaba por ella, era impugnable, porque no se habían respetado los
derechos de los legitimarios. Pero no existiendo ya derechos ajenos que
respetar en tal sentido, siendo el causante libre para disponer de sus bienes
ya sea en favor de sus parientes o de personas extrañas, la salvedad que
encierra esa expresión de la ley, ya no tiene razón de ser, y por ello la
distribución que de sus bienes haga en vida o por testamento el causante,
aunque técnicamente no sea una partición, tiene validez.
117.- PARTICION VERIFICADA POR LOS HEREDEROS. Cuando el
causante no ha hecho la partición, son los herederos los que tienen que
proceder a ella, si todos o algunos no quieren permanecer en la indivisión, y
pueden hacer partición judicial o partición extrajudicial; a esta última forma
también se le llama partición "amigable". Aquí sé tratará de la primera, más
¡delante de la segunda.
Si no todos los herederos están de acuerdo en poner fin a la indivisión
hereditaria, cualquiera de los que sí quieren salir de ella, puede ocurrir al
juez del lugar donde se haya abierto la sucesión, o del lugar donde se halla
la mayor parte de los bienes divisibles, pidiéndole que, con presencia del
inventario y tasación, cuya facción en este caso es necesaria, la mande
practicar; pero no puede promoverla el asignatario que este sujeto a una
condición suspensiva, porque todavía no ha asumido la calidad de heredero,
desde luego que el diferimiento se le hará hasta que la condición se cumpla,
excepto cuando esta sea potestativa negativa y haya rendido la caución
muciona, pues en este caso el diferimiento se le hace al momento de la
muerte del causante, y puede enseguida aceptar la asignación; pero si
mientras pende la condición se verifica la partición a instancia de cualquiera
de los indivisarios, estos deben asegurarle al que está bajo condición
suspensiva lo que cumplida la condición le corresponderá.
Esta partición que se promueve recurriendo a los jueces, y que ha de
practicarse con sujeción a las reglas legales, se llama por lo mismo
"partición judicial", forma que forzosamente debe emplearse siempre que en
ella tengan interés (como indivisarios) personas ausentes que no hayan
nombrado apoderado, o personas bajo tutela o curaduría, o personas
jurídicas, y en general, personas que no rengan la libre
administración de sus bienes. El encargado de practicar las operaciones
propias del acto material de la partición, es una persona que por desempeñar
esas funciones recibe el nombre de "partidor". Este puede sér nombrado por
el testador en instrumento púbico por acto entre vivos, y por testamentó.
Creemos que al decir la ley que el nombramiento de partidor que el difunto
haya hecho por instrumento público entre vivos tiene validez, no debe
entenderse que el causante, en una escritura pública se ha concretado a
hacer ese nombramiento.
Está generalmente aceptado que el paridor es un delegado del juez, quien no
puede nombrar, como se acaba de decir, a un cosignatario, ni a una persona
que no sea abogado. Pero el causante sí puede nombrar a un coasignatario, y
no está, por consiguiente, limitado a nombrar un abogado; puede nombrar a
cualquier persona entendida. Tampoco los coasignaários deben nombrar
necesariamente a un abogado; y también pueden nombrar a uno de ellos.
Si el patrimonio del difunto estuviere confundido con bienes pertenecientes
a otras personas (Art.122l), constituyendo un acervo bruto o común, debe
procederse, como primera providenciá, a la separación de los patrimonios,
dividiendo las especies comunes según las reglas generales de toda
partición, o sea, que habrá que practicar otra u otras párticiones, según el
caso (sucesiones anteriores indivisas), pero no puede verificarlas el mismo.
partidor que está verificando la del ácervo líquido, porque en ellas tienen
interés otras personas que no han intervenido en su nombramiento, a menos
que en las otras también se le nombre como tal.
No puede procederse a la partición si estuviere pendiente alguna demanda
sobre derechos a la sucésión, como un juicio de indignidad, o los
coasignatarios de una especie son colegataris. Hay que, tener presente que
en el título "De la partición de bienes” no sólo se regula la partición de la
herencia, sino también la de especies que han sido legadas a varias personas,
y en general, la de cosas singulares; pero la situación se puede presentar en
la partición de una herencia, cuando la especie que no admite división o
cuya división la haga desmerecer, pertenece a la masa herencial. Sigue
diciendo la mencionada regla que "tendrá mejor derecho a la especie el que
más ofrezca por ella". En esta parte la ley se está refiriendo a lo que en
derecho sucesorio se llama "licitación", que consiste en el derecho que
tienen los coparticipes a quedarse con la especie imputandola a la porción
que en la herencia les corresponde, por un precio superior al que en la
tasación se le ha dado, o al convencional en que los interesados han
convenido. Luis de Gásperi (op.cit.Tomo II, págs. 237 y 238) dice al
respecto: "En el derecho moderno la licitación es un remate de la cosa