Cantabria PIASCA
Cantabria PIASCA
PIASCA
Muy próximo a Potes y a unos tres kilómetros al Suroeste de Cabezón de Liébana, la capital
del municipio, se halla Piasca. En una vertiente, a 556 metros de altitud, en la margen izquier-
da del río Bullón y junto al río Román, se sitúa Santa María de Piasca casi en el centro del terri-
torio septentrional del antiguo valle de Valdeprado. Se accede por la CA-184, Ojedo-Piedras-
luengas, una vez pasado Cabezón se toma a la derecha la CA-872, que sube hacia Santa María
y hasta el pueblo de Piasca y sus barrios.
El Cartulario del monasterio de Santo Toribio (SÁNCHEZ BELDA, 1948), contiene un documento
de venta de una viña cerca de Frama, que realizan en el año 959 Pepi Adefonsiz y su mujer
Teresa al presbítero Adica, y precisan su ubicación …et in tercia parte iusta vinea de sorores de Sancta
María de Piasca. De 1183 data el resultado de la pesquisa mandada hacer por el rey Alfonso VIII
en las posesiones de Santo Toribio; en el documento se lee: Istam inquisitionem fecerunt prior de Pias-
cha et… Hacia 1274, se fecha otro documento del cartulario, se trata de una donación de varias
heredades del monasterio de Santo Toribio en el que se cita: e de la otra parte tierra de Santa María
de Piasca… Éstos son ejemplos de algunas referencias antiguas del monasterio de Piasca en el
Cartulario de Santo Toribio, aunque no representan ningún tipo de vinculación entre ambos
monasterios lebaniegos.
El lugar y la iglesia de Piasca se documentan asimismo, desde el siglo X, en escrituras del
Cartulario del propio monasterio de Santa María de Piasca, conservado en la Biblioteca Menén-
dez Pelayo de Santander. En un documento de donación, realizada por Theoda y su hermano
Argonti en el año 930, se lee: …villa quam dicunt Piasca ubi ipsa basselica fundata est… En el 941, se
fecha una escritura de pacto, de comunidad dúplice entre monjas y monjes, en el monasterio
de Santa María de Piasca. Los siguientes documentos, fechados en el siglo X, corresponden,
sobre todo, a compras de viñedos y tierras, y de donaciones que van generando el patrimonio
del monasterio en la primera época. En estos documentos constan nombres de abadesas, como
doña Aylo (sería la primera abadesa), Fronilde, Justa… A partir de la segunda mitad del siglo
X, se incorporaban una serie de iglesias y monasterios con sus heredades al de Piasca; así, Santa
Eulalia de Polaciones (945-951), Santa María y Santiago de Perrozo (1030), San Pelayo y San
Miguel de Luriezo o el de San Julián, del vecino barrio de Los Cos (1045). A partir de 1050,
comienzan a figurar en algunos documentos del Cartulario nombres de abades, persistiendo el
de abadesas. Hacia el año 1120 este monasterio pasó a ser priorato del monasterio benedicti-
no de Sahagún (León). Serán, pues, los priores los que figuren al frente del monasterio leba-
niego, según consta en los documentos de donaciones que se hacen a Piasca, en la cuenca del
Bullón y otros territorios fuera de Liébana (GARCÍA GUINEA, M. A., 1979a).
En el Becerro de las Behetrías (1352), se registra Piesca, como lugar de la Merindad de Liébana
y Pernía, abadengo de Sahagún. Pagaban al rey moneda y servicios, y se especifica que no le
pagaban yantar nin fonsadera. Al abad de Sahagún le pagaba cada vasallo al año por infurción en
especie.
En el Catastro de Ensenada (1753), consta el “Concejo de Piasca con sus dos parroquias o feli-
gresías, que son los Cos, Yebas y Taberniego, una; y Piasca, Obriezo, Aceñaba y las Casillas,
otra”. Todo el concejo era señorío de la duquesa del Infantado (por herencia del marqués de
Santillana), quien percibía la martiniega cada año, mientras que la jurisdicción le correspondía
al “Real Monasterio de Piasca, sito en su barrio, en cuyo nombre el prior de él, nombra alcal-
de…”. Pagaban derecho de diezmo y primicias en las dos feligresías a los respectivos curas, y
los de cientos y sisas al rey. Consta, también, que había un escribano asalariado en el conven-
to de Piasca y un cirujano. Asimismo, dos clérigos, “uno en la feligresía de los Cos y Yebas, y
el otro en la de Piasca, Aceñaba y Obriezo, que es un monje del monasterio de ella de San
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Benito, por pertenecerle el curato de dicha feligresía. El Monasterio de monjes Benitos, con el
nombre de Priorato, se componía de cuatro religiosos de misa, aunque lo regular son seis”. En
1754, los vecinos de Piasca, reunidos en concejo, elaboraron un capítulo que habría de aña-
dirse a sus antiguas Ordenanzas (PÉREZ BUSTAMANTE, R., y BARÓ PAZOS, J., 1988).
Madoz (1845-1850), recoge la iglesia parroquial de Santa María en Piasca, “que presenta-
ba el abad de Sahagún con aprobación del ordinario, a que están agregadas las aldeas de Ace-
ñaba y Obriezo; …de este edificio sólo la iglesia se halla en un estado regular, lo demás está
en continua destrucción”.
En la década de 1960, se hicieron excavaciones arqueológicas junto a los muros del norte
de la iglesia de Santa María, hallándose cimientos de construcciones anteriores. En el 2001, se
prosiguieron las excavaciones en el lateral sur de la iglesia, donde estuvo el antiguo claustro.
Restos, posiblemente, de este claustro son las columnas de ángulo, de tipo románico, que ahora
se encuentran en el cementerio.
La iglesia parroquial de Santa María la Real se sitúa en un pequeño valle, rodeada de huer-
tas y de árboles, por debajo del pequeño núcleo de población de Piasca. Fue declarada Monu-
mento Nacional en 1930.
Texto: CGG
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E
L MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE PIASCA, situado Piasca, pues, puede considerarse como una prolonga-
entre montes y arboledas a la izquierda del río Bullón, ción de los equipos de canteros que, con el apoyo posible-
que se junta al Deva en Ojedo, a pocas decenas de mente del rey Alfonso VIII, fueron contratados para la eje-
kilómetros de Potes, es, quizás, con Santillana, el edificio cución arquitectónica y escultórica de estos monasterios
montañés más destacado en cuanto al valor artístico de su cistercienses y premostratenses del norte de Palencia, y
conjunto escultórico, que logra en nuestro monumento que, tal vez, porque explotaron canteras de excelente pie-
lebaniego niveles muy altos. Si tratásemos de señalar en dra, y desde luego, por su reconocida maestría, fueron ver-
dónde se llega a la cumbre del esculpir románico en Can- daderos transmisores de su bello quehacer a gran parte del
tabria, allí dónde la técnica y la expresión adquieren alcan- norte de las provincias de Palencia y Burgos, y también,
ces de una excelente maestría, tendríamos que dirigirnos a como vemos, a alguna de nuestras comarcas montañesas. Es
la bellísima y admirada iglesia de Piasca, donde en el tercer una verdadera pena que toda esta efervescencia artística,
cuarto del siglo XII, el taller de un destacado maestro de que llenó la segunda mitad del siglo XII y principios del XIII,
cantería, seguramente venido de los focos creadores de la sólo haya dejado una serie de documentos que, por lo
excelente estatuaria que en estos momentos actúa en los general, solo recogen asuntos de ventas, compras, donacio-
monasterios de Aguilar de Campoo, San Andrés de Arroyo nes y actos jurídicos y económicos y que nada o casi nada
y Santiago de Carrión, llega a este pueblo, y a este lugar nos hayan dicho concerniente a otras actividades cultura-
apartado de Liébana, para traernos todos los elementos les, religiosas o sociales de sus protagonistas.
escultóricos precisos que habrían de decorar una iglesia
monasterial de un viejísimo cenobio de los muchos que,
desde el siglo VIII, se asentaron en esta región privilegiada 1. UN RESUMEN DE SU HISTORIA
en tantas cosas, entre ellas el grandioso espinazo geológico
de los Picos de Europa. ¿Estuvo el magister operis, que señala 1.1. Siglo X
la inscripción junto a la puerta, en este inolvidable pueblo
de Piasca? Desde luego, sabemos que estuvo el día de su Así quedan velados, como en tantas ocasiones, los
consagración, en 1172, pues así lo afirma la lápida, en com- principios del monasterio de Santa María de Piasca. El
pañía del obispo de León, don Juan, y el abad de Sahagún conocimiento de la existencia de otros en estos montaño-
don Gutierre y el Prior de Piasca, don Pedro. Pero ¿talló y sos valles de Liébana desde los finales años del siglo VIII, y
esculpió aquí él, o su taller, las figuras, personajes, impostas las políticas de repoblación que hicieron los reyes Alfonso
y arquivoltas, al tiempo que se levantaba la fábrica, o fue- I (739-757) y Alfonso II de Asturias (791-842) nos permi-
ron traídas todas las piezas labradas desde las canteras de ten presuponer que en los comienzos del siglo IX se podía
Santibáñez de Ecla, al lado mismo del monasterio de San haber ya iniciado la vida monasterial en Piasca, bien como
Andrés de Arroyo, que por estos años debía de estar ini- cenobio familiar o bien como monasterio dúplice, como
ciándose? Nos hacemos estas preguntas, porque hace tiem- también lo fueron por esos años otros muy próximos a él,
po que pensamos que muchas de las “florituras” y encajes como Santa María de Cosgaya, o Aguas Cálidas (Peñarru-
que se logran al tallar estas piedras pueden hacerse gracias bia), o algo más tarde San Pedro y San Pablo de Nauroba
a su calidad de blandura y ductilidad con las que salen de la (Vega de Liébana). Con estas características iniciales hay
cantera, que permite trabajarlas incluso con una navaja. alguna escritura que, aún no nombrando al monasterio, sí
Todo lo esculpido en Piasca está en esta clase de piedra que lo hace al pueblo –Piasca– lo que nos permite pensar, al
pudo incluso ser labrada al pie mismo de donde se extraía estar en el cartulario, que el monasterio ya debía haber ini-
y luego trasladadas las piezas artísticas en carros, apoyadas ciado su vida, al menos como iglesia propia o monasterio
entre paja o hierba, al lugar donde habrían de colocarse. O “ingenuo”, como indica J. Montenegro.
bien llevar así, por este medio, bloques en bruto para ser La documentación directa, la que por primera vez
esculpidos junto a la iglesia de Piasca. Si se utilizó el primer hace mención del monasterio, no aparece hasta el año 930,
procedimiento, Covaterio, este maestro de obra, o su taller, en una escritura de donación que dos mujeres (Theoda y
pudo haber estado tan sólo el tiempo preciso para acomo- Argonti) le hacen a la villa de Piasca (villa quam dicunt Pias-
dar las piezas artísticas a los muros y puertas. Si se utilizó el ca ubi ipsa basselica fundata est), apareciendo ya las advoca-
segundo, el tiempo de permanencia en Piasca tuvo, natu- ciones que entonces tenía la iglesia, que estaba dedicada a
ralmente, que ser más prolongado. Santa María, apóstol Santiago, San Juan y mártires San
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Julián y Santa Basilisa, confirmando además lo que su do por casi todos los investigadores y estudiosos de la Alta
padre Aldroitus había dado al monasterio, señal de que Edad Media española, sobre todo por el P. Fita, Mínguez
éste, en esta fecha de 930, ya funcionaba y quizás pudo Fernández, P. de Urbel, Díez González, Orlandis, etc.
haber sido fundado por el tal Aldroitus. Constando ade- Se trata de un pactum monástico entre una serie de
más, en dicho documento, la testificación de, nada menos, mujeres y hombres, –el clásico monasterio dúplice de San
cuatro obispos: Tedolfo, Ataulfo, Argimundus y Recaredo, Fructuoso y de estos primeros tiempos en Liébana– con
quien indica que él mismo había consagrado la iglesia. Fita una abadesa llamada Ayloni, Ailo o Allón que en unión de
en su trabajo sobre el Primer Concilio de Oviedo, de fecha otras treinta y seis religiosas firman un pacto (pactum faci-
insegura, hace constar que estos mismos obispos asisten a mus Deo et tibi matri nostrae Ayloni) que –según Díez Gonzá-
él, pero cree que el añadido de estos nombres los toma el lez– “no era más que un escrito de renuncia de todos los
falsificador Pelayo, obispo de Oviedo en el siglo XII, del bienes que el novicio suscribía y ponía en manos del abad
Cartulario de Piasca para hacerlos aparecer en el Concilio. y por el que se comprometía a la fiel observancia de la
Desde el 930 al 941 hay silencio documental, por lo que Regla. San Fructuoso lo elevó a verdadero contrato jurídi-
no sabemos siquiera si Santa María de Piasca era un verda- co, entre el abad y el monje, en la línea del derecho ger-
dero monasterio, pues el documento de 930 sólo la llama mánico”.
“basílica”. Ahora, en 941, sí que aparece ya el nombre de Los monjes, que sin duda también se comprometieron
“monasterio”, por lo que sólo desde esta fecha puede en este pacto, no aparecen en el documento por estar éste
hablarse, con verdad, de este carácter de cenobio. cortado. Que fue dúplice se corrobora en el siguiente
El documento de 941 es fundamental para la historia documento del Cartulario, de 945 donde se dice: Apatissa
de Santa María de Piasca, y ha sido publicado y comenta- Domna Aylo cum omni collegium sororum et monachorum. La polí-
tica conventual de esta abadesa –dura unos veinticinco la dúplice congregación. Quizás empezó algún año antes
años al menos, pues a partir de 966 ya no se la cita– se diri- su mandato, pero dura poco en su cargo, pues la última
ge sobre todo a buscar vocaciones y a intentar fortalecer el escritura que mantiene su nombre es de 981. En tan poco
desarrollo del monasterio realizando compras de viñas y tiempo, sólo parece que su actuación fue seguir la línea de
heredades. En estos primeros años, del 945 al 950, entra compras de terreno pues dos hermanos venden a ella y al
bajo la autoridad de Aylo, la hija de Materno “de grande y monasterio tierras y árboles en la misma Piasca. Se vuelve
nobilísimo linaje”, con lo que se comprueba el interés de la a ver otra abadesa con el mismo nombre, Fronilde, en el
abadesa de ampliar no sólo con heredades el fondo eco- año 1030, pero creemos no puede ser la persona que ahora
nómico, sino de incorporar a su monasterio el apoyo per- tratamos, pues la daría un mandato de 54 años, cosa exce-
sonal y valioso de la nobleza, de alguna de cuyas familias siva, apareciendo ya, además en 997, otra abadesa llamada
es muy probable que ella descendiese. Es pues evidente Justa, aunque tampoco podemos apreciar su valía, pues
–como sin duda parece natural– que en estos primeros sólo un documento de este último año la cita intercam-
años de vida el monasterio manifieste un afán ilusionado biando tierras en Pinares en territorio libanense, que cree-
de crecimiento, con la adquisición de tierras y bienes para mos está cerca de Aceñaba, lugar entre Piasca y Cabezón.
ampliar el área de su dominio en sus proximidades: Tabar- Esta doña Justa pudiera ser la condesa que este mismo año
niego, Frama, Buyezo, Rodías, etc. En 951 y 952, se aper- hace amplia donación a Sahagún, según señala Mínguez
cibe que el monasterio, por compra, pretende aumentar el Fernández.
número de viñas propias comprándolas en La Cueva (Ace- El siglo X se despide en el Cartulario con una donación
ñaba), Pinares (también término de Aceñaba). En 957 que hacen Floridio, Salvadora y otros, pero no se cita en
sigue la política de la abadesa Aylo de ir aumentando sus ella a la abadesa.
bienes, esta vez aceptando la entrega al monasterio de
varias mujeres con sus hijas, y algún hombre, aportando 1.2. Siglo XI
también todos sus bienes, muebles e inmuebles, viñas, fru-
tales y animales, como caballos y yeguas. El último docu- El siglo XI comienza con un vacío documental de 30
mento que menciona a la abadesa Aylo, es, como apunta- años. Ya dijimos, en párrafo anterior, que en 1030 vuelve el
mos en líneas precedentes, de 966, siendo conde de Cartulario a transmitir. Y nos señala que en esta fecha lo rige
Liébana Fernando Rodríguez, y sigue la constancia del Fronilde, la segunda Fronilde, que creemos. Sería factible,
monasterio de agrandar el espacio geográfico próximo al desde luego, que aún viviese la primera. Si fuese así –aun-
cenobio. Pero, a pesar de estas continuas aportaciones al que es muy dudosa esta suposición– habría que pensar que
patrimonio del monasterio, su influencia dominante no ésta, ya vieja, y tal vez habiendo pasado un periodo de
parece extenderse más allá de un pequeño círculo, aquel declive con doña Justa, vuelve el monasterio a la dirección
que comprendía, en más o en menos, lo que hoy es el de la experimentada Fronilde. Pero ahora entra en la histo-
ayuntamiento de Cabezón de Liébana, al lado este del río ria de Santa María de Piasca la figura o las figuras de Munio
Bullón, y algunas posesiones en el mismo ayuntamiento Alfonso y su familia, manifestándose como importantes
hacia las cumbres límites con Polaciones y Buyezo, pasan- protectores del monasterio, que siempre hemos pensado
do excepcionalmente estas cumbres con las propiedades que debió de ser fundado por esta noble familia. Ya en
incorporadas por Materno en el valle de Polaciones. En nuestro estudio sobre El románico en Santander, en 1979, nos
esta primera época no vemos se agregase ningún monaste- hacíamos eco de que esta familia condal, descendiente de
rio o iglesia secundarios al de Piasca, sólo la iglesia de los condes Alfonso y Justa, los de Lebeña, debió de tener
Santa Eulalia de Polaciones, lo que nos indica que, a pesar mucho que ver con la fundación de Santa María de Piasca,
de los buenos deseos de doña Aylo, Santa María de Piasca y al arrimo de Pérez de Urbel, y de la frase que Munio
no tiene aún fuerza suficiente para que podamos conside- Alfonso dice en este documento de 1030-1031, refiriéndo-
rarla como monasterio altamente influyente. se al monasterio de Santa María de Piasca: quos edificaberunt
Hay también silencio en el Cartulario desde 966 a 977, Abios et parentes nostros atque patronos, nos atrevimos a pregun-
es decir diez años, que no sabemos nada ni de su vida, ni tarnos: ¿si fue Munio Alfonso (Adefonsus prolis), hijo del
de sus abadesas, ni de la trayectoria económica. Estas lagu- conde Alfonso que figura en 925 a 946 en los documentos
nas suelen ser frecuentes dentro de la secuencia cronológi- de Santo Toribio de Liébana? ¿Fueron hermanos del conde
ca de los documentos. Pero ya en el 977 la primera abade- Alfonso, Teodo y Argonti que, en 930, donan la villa de
sa, la del pactum, ya no interviene en la marcha del Piasca al monasterio de este lugar? ¿Fue Aldroitus padre de
monasterio. Aparece otra, con nombre Fronilde, rigiendo Alfonso, conde y abuelo por tanto de Munio Alfonso?
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El caso es que de esta familia Alfonso salen grandes se aprecia que la mayoría –ocho– son donaciones, lo que
nobles y propietarios de gran parte de Liébana y que es nos demuestra que el monasterio sigue protegido por la
muy posible que la primera abadesa, la doña Aylo, fuese un nobleza y que sigue en fase de afianzamiento de bienes.
personaje destacado de este linaje. Nada sería de extrañar, También aparece como significativo, que estos trece docu-
puesto que Munio Alfonso confiesa que sus abuelos y mentos que existen del siglo XI se dan sólo en la primera
parientes son también patronos de la iglesia, lo que equi- mitad de la centuria, pues a partir de 1068 hay una ausen-
valdría a ser los que tendrían el derecho al nombramiento cia total de documentos hasta que en los inicios del XII
de la abadesa. vuelven a aparecer.
En este documento de 1030-1031, Munio Alfonso cede Así pues, desde las donaciones de Munio Alfonso
al monasterio de Piasca y a su abadesa Fronilde todo lo que (1030-1031) hasta 1068, nos consta que el cenobio de
posee en Valderrodías (territorio que debía de estar alrede- Piasca gana heredades en Pinares o Aceñaba y la iglesia de
dor de Buyezo) y en Bárcena (posiblemente el Bárcena de San Pelayo y San Miguel de Luriezo (1031 y 1039). En
Camaleño, aunque pudiera ser un topónimo próximo a este último año, se nos da una nueva advocación para
Buyezo). También la ofrece el monasterio de Santa María de Santa María de Piasca, la de San Pelayo. También en este
Perrozo, es decir, heredades varias en la cuenca del río mismo año de 1039, en esta escritura en la que una dama
Lamedo, afluente por la derecha del Buyón. También pare- noble, María Munusculez, cede a Piasca “media porción”
ce que, en lectura muy borrosa, se nombra a Egunna (Iguña), del citado monasterio de Luriezo, comprobamos que sigue
donde sabemos tenía también propiedades Munio Alfonso, la familia Alfonso manifestando que fueron sus ascenden-
pero la no aparición de este valle en otros documentos del tes los que construyeron el monasterio de Santa María de
Cartulario nos hace sospechar que las Asturias de Santillana Piasca, pues la tal María Munusculez dice: ipsum monasterium
no se incorporarían nunca a la congregación lebaniega. quos edificaberunt Abeos et Parentes nostros atque Patrones, las mis-
Comprobando las calificaciones de los documentos mas frases que utilizó Munio Alfonso en su testamento.
que en el siglo XI aparecen en el Cartulario, que son trece, También es interesante señalar que hay en el documento
Perrozo, una de las localidades en las que doña Urraca concedió bienes a Piasca en 1051
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un deseo de manifestar la situación concreta del monaste- María de Piasca la tiene todavía la abadesa. ¿Es que en el
rio de Piasca, al decir: basílica fundata esse disnoscitur in locum dúplice monasterio existía una abadesa para las sorores,
predicto quod dicunt Piasca, monasterium qui est super ribulo qui dis- pero con mando primordial en el monasterio y un abad
curre de Serra de Arbas usque ad mare iuxta castellum Kapezone in para los monjes sub iussione de la abadesa? Pero, ¿qué le
territorio lebanense. ¿Quién era esta María Munusculez? ¿Per- sucedía a doña Urraca para ceder su potestad, para volver
tenecía a la misma rama colateral que ocupó el condado de a ejercerla otra vez en 1065, como veremos más adelante?
Saldaña? ¿Tuvo algo que ver con Diego Muñoz el primer Por otros documentos de estas fechas, se está perci-
conde de Saldaña? biendo cierta necesidad, no sabemos si por causas de posi-
El caso es que parece que en estos momentos el bles enfrentamientos, de determinar los mojones límites de
monasterio tiene una especial atracción para la nobleza propiedades del monasterio, y ciertamente en estos años
lebaniega que sigue aportando, en 1041, heredades y bien- del abadiato de Rodrigo. Así, en 1050 (18 de septiembre
es en Bembibre (este lugar se cita como “concejo” y pudo según Fita) se hace referencia al convenio entre Rodrigo y
ser pueblo, desaparecido, lindando con Yebas), Barreda el concejo de Bembibre sobre el monte que está sobre
(cerca de Pesquera), Evas (Yebas), Dos Amantes y Peña Yebas; y en 1052 un amojonamiento con los vecinos de
Forata (desconocemos su localización). Tollo, Tudes y Proceda. Da la sensación que la situación de
En 1045 nuestro cenobio lebaniego añade un nuevo doña Urraca coincide con cierta inestabilidad del monas-
monasterio a su dominio por donación del presbítero Rap- terio con sus próximos vecinos, como si estos concejos, en
terus que le entrega el de San Julián de Los Cos. Y Munio esta mitad del siglo XI, quisieran adjudicarse terrenos del
Alfonso, el que había donado en testamento –1030-1031– monasterio. Lo que prueba, de una parte la vitalidad de
los monasterios de Perrozo y heredades de Valderrodías, estos concejos, y de otra una posible debilidad del ceno-
vuelve ahora, diecisiete años después, a redactar otro bio. Tal vez por ello, pudiera explicarse la intervención del
(1048) en compañía esta vez de su mujer Momadona y sus abad Rodrigo para dejar bien limitado el dominio del
hijos, e insiste en repetir toda su primera donación. Inte- monasterio que, por ahora, se ve que abarca toda la cuen-
resante documento porque en él afirma Munio ser herma- ca del Bullón hasta su desembocadura en el Deva, los
no de la abadesa Urraca (sorori mea Urraca Deodedicata) y por actuales ayuntamientos de Cabezón de Liébana y Pesa-
lo tanto que seguía la familia Alfonso rigiendo, tanto eco- guero, con muy pocas posesiones fuera de este núcleo,
nómica como eclesiásticamente, el monasterio. La relación limitadas sólo a algunas en Bárcena (Valdebaró), Soto
familiar de Urraca con los Alfonso ya la considera Rodrí- (cerca de Turieno) y la Serna de Santa Leocadia, próxima
guez Fernández al escribir textualmente: “La Condesa a Tama.
Urraca Alfonsez era religiosa desde hace muchos años y su Un documento que se sale un poco de los normales de
vida activa y espléndida, derramada sobre todas las casas donaciones, ventas o permutas es uno de 1055, publicado
monásticas de Liébana desde su cargo de abadesa de Pias- por Fita, en donde se recoge, aunque sea desde luego por
ca”. Pero no sabemos bien cual es, ciertamente, la organi- un asunto de heredades, la disputa entre dos importantes
zación directiva del monasterio pues por primera vez señores de la región, los condes Guter Alfonso y Gómez
vemos aparecer la mención de un abad, Rodrigo, en un tes- Díaz a causa de unas divisas y heredades entre los hombres
tamento que hace Urraca en 1051, concediendo a Piasca de Valdeprado y Polaciones que existían en Dobres, Oria
una serie de bienes en lugares de Liébana, unos identifica- y Brañas y otros puntos difícilmente localizables. Imagina-
bles, como Lameo, Perrozo, Torices, Baudezo (Vendejo), mos que la controversia se origina entre los condes por la
Souto (Soto), Val de Rovias (Rodías), y otros muy difíciles defensa de éstos a sus respectivos vasallos. Parece que
de localizar (Gueza, Cespedola, Respedna, Raberos, etc.) Guter Alfonso era valedor de los de Valdeprado, cosa
y un monasterio, el de San Julián de Plano, que pudo estar natural si le suponemos continuador de las querencias de
también en Perrozo. esta familia al monasterio de Piasca, en tanto que Gómez
Con este primer abad de Piasca, Rodrigo, da la sensa- Díaz podría defender a los de Polaciones. Fue el caso lle-
ción que se ha podido producir una prevalencia de los vado a conocimiento del propio rey Fernando I, que a la
hombres sobre las sorores y que, por lo tanto, la preemi- sazón se hallaba en Monzón, que determinó se viesen
nencia matriarcal decae a favor de los monjes; pero no ambos en Liébana para hacer inquisición de las citadas
debe de ser así, pues en otro documento del mismo año divisas. La reunión tuvo lugar en Pámanes, seguramente un
1052 o 1051 (según Fita), se cita al abad Rodrigo sub ius- lugar al norte de Pesaguero, donde, al parecer –dice el
sione de Domna Urraca, es decir, por mandato de doña Urra- documento– hubo magna fuit dissensio, grande fue la disputa.
ca, lo que hace pensar que la autoridad suprema en Santa Parece que el conde Guterius quiso jurar, con tres de sus
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Monasterios, iglesias y heredades que pertenecieron al monasterio de Piasca (los años indican la constancia documental).
La línea de puntos señala las cesiones de Alfonso VII. Según García Guinea
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soldados (hubo pues participación militar), que estas divi- Siguiendo los documentos, cada vez nos vamos ase-
sas las debería tener él, o aquel al que él se las diese, para gurando más que en Piasca había un abad y un prior para
que después pasasen íntegras a la iglesia de Santa María de los hombres y una abadesa para las mujeres. Lo decimos
Piasca. Y así pasaron a este monasterio. porque en 1085 vuelve a señalarse un prior en Piasca, pero
Nuevamente, en 1058, volvemos a tener noticias de la existen, sin embargo, dificultades para asegurarlo, pues los
condesa Momadona, la que, en segundas nupcias, habría documentos, y en este punto, son a veces contradictorios.
sido mujer del conde Munio Alfonso, ahora ya fallecido, y Si creemos a Yepes, cuya autoridad y conocimiento
del que había tenido dos hijos, Juan y Pedro. Habiendo son indiscutibles, la abadesa Urraca de Piasca, pasó, con
muerto Juan en la niñez –in rudes infantiae parvolum migravit ad sus monjas, a dirigir el monasterio de San Pedro de Due-
aeternum regnum–, pasó la herencia que le dejó su padre, a su ñas, en 1078 (en Sahagún), y en ello parece tener razón,
madre Mumadona, y ésta donó a Santa María de Piasca pues a partir de 1071 no tenemos documentos que men-
hijuela consistente en divisas en Valderrodías y una ración cionen a Urraca. En 1089 surge el nombre de otro abad:
en Cisneros. Se sigue así manteniendo por los Alfonso su patri nostro Abbas don Miguel pero sólo hace referencia a la
interés e inclinación hacia nuestro monasterio lebaniego. norma monachorum, sin añadir virginum o sororum. Parece,
La ración de Cisneros nos instruye, además, que, de nuevo, pues, que el monasterio es ahora sólo de monjes. El cartu-
se extiende el dominio fuera del núcleo inicial de hereda- lario parece así constatar la ausencia de doña Urraca, pero
des y bienes en Liébana. Se cita en el documento a Urra- también la pérdida de protagonismo de Piasca en benefi-
ca con el título de mater. cio de Sahagún que, protegido ahora por Alfonso VII y
Siguen por estas fechas las donaciones de los devotos teniendo allí transmitida la indudable influencia de los
del cenobio en Val de Cabezón, Piñeres y Aceñaba (1063), Alfonso de Liébana, merced a la presencia de doña Urra-
en tanto que Alfonso VI que reinó en León a la muerte de ca, va a instaurarse como un centro de mayor importancia
su padre, Fernando I, desde 1065 a 1068 que fue destrona- de la que hasta ahora tuvo. Yepes dice que trasladadas las
do por su hermano García en la batalla de Llantada, tuvo monjas a Sahagún, a su convento de San Pedro de las Due-
tiempo, quizás a petición de los Alfonso, de conceder a ñas, la antigua abadía de Piasca quedó reducida a priorato
Tabarniego, dependiente del monasterio de Santa María, de hombres solamente, pero esto no parece ser así, ya que
un fuero de exenciones de homicidio, hurto, fornicación, nos constan abades de Piasca al menos hasta 1115. En
fonsadera y calumnia, y lo hace a la cristi ancilla urraca cum 1089 y 1094 figura el abad Miguel, y en 1112 y 1115 se
norma monacorum et sororis. Lo cual nos asegura que Urraca es gobierna por el abad Juan. En 1091,1095, hay documentos
la abadesa de un monasterio dúplice: y en otro documen- de cesiones a Sahagún, en vez de a Piasca, e incluso algu-
to también de 1068 se la titula claramente in Piasca abbatis- na ración que era de Piasca la trasladan al monasterio leo-
sa, en relación el texto con el derecho de mañería en el nés. Y en 1096 consta un prior Andrés en Piasca. ¿Por qué
citado lugar de Tabarniego. ahora interviene un prior y no un abad? No cabe duda que
Todo parece que en esta década del 60, la familia la ida de doña Urraca a Sahagún produce una serie de irre-
Alfonso maneja el monasterio de Piasca, pues en este mismo gularidades en Piasca que no sabemos explicar.
año de 1068, Adosinda, sobrina del conde Munio e hija del
conde Guter Alfonso, que se llama a sí misma Deo devota, 1.3. Siglo XII
concede al monasterio las villas que posee de su padre en
Valderrodías que, como ya apuntamos, se encuentra frente Pero en estos años iniciales del siglo XII, justamente en
a Piasca, al este, al otro lado del Buyón, con Perrozo, Buye- el 1109, volvemos a encontrarnos en Piasca con la abade-
zo, etc. El documento aparece en dos copias, una del siglo sa Urraca. ¿Está mal fechado el documento y es de época
XII, más reducida, y otra del XVIII, más extensa. Combinando anterior a 1078, momento de su partida a Sahagún? ¿Por
los dos, vemos que cede también un monasterio de San qué vuelve la abadesa Urraca a Piasca? Si nos dejamos lle-
Andrés, de una localidad ilegible, que había cambiado con var por el hilván de los hechos, casi podríamos pensar que
su hermana doña Ailo, junto a una divisa, también concam- doña Urraca permanece en el monasterio de San Pedro de
biada, en Villa Vellit, en Campo de Toro. Tres años después, Dueñas hasta la muerte de Alfonso VI (1109) y que las cir-
en 1071, de nuevo Mumadona concede al cenobio su divi- cunstancias históricas que inmediatamente de la muerte
sa en Redondo, que tenía de su madre, y en el mismo año, del rey suceden, que hacen huir a León al propio abad de
Urraca Christi confessa Deo dedicata nos dice que sus padres fue- Sahagún, Domingo I, para salvar su vida, obligan también
ron Alfonso Didaz y María, condes, lo que viene a testificar a la antigua abadesa de Piasca a volver a su primitivo
realmente su linaje aristocrático. monasterio, tranquilo y apacible, de las montañas de Lié-
CABEZÓN DE LIÉBANA / 563
bana. Evidentemente sabemos la perturbación que, como puede tener como causa principal, el interés del rey Alfon-
consecuencia del matrimonio de la hija de Alfonso VI, so VI por fortalecer el monasterio de Sahagún, y quizá el
también llamada Urraca, con el rey de Aragón, Alfonso I, deseo de las autoridades eclesiásticas de eliminar en Pias-
se produce en León y Castilla. La abadesa doña Urraca, en ca la duplicidad fructuosiana de su monasterio que hasta
desacuerdo, quizá, con los acontecimientos, temiendo la estos años había mantenido su carácter famiiar y que
influencia del aragonés y no encontrándose tranquila en ahora, quizás por influjo de las corrientes cluniacenses
Sahagún, no halla otro camino que el regreso de nuevo protegidas por el rey, se trata de hacerle pasar a la regla
con sus monjas a su primigenio monasterio de Piasca, benedictina. Todo esto explicaría la salida de doña Urraca
donde sin duda era dueña y señora y estaba segura habría con sus sorores al monasterio de San Pedro de las Dueñas
de encontrar acogimiento. Ni que decir tiene que doña y también su regreso a Piasca con su congregación feme-
Urraca vuelve a recuperar, a su regreso a la abadía lebanie- nina, precisamente en 1109 cuando muere el rey.
ga, la categoría de abadesa que ningún monje osó discutir- Es decir, se ve que hay una ruptura provisional en el
la. Vuelven los documentos a hablar de monjes y sorores ordenamiento que hasta ahora llevaba el monasterio. La
bajo la autoridad de la abadesa Urraca y de un prior del llegada de Urraca la vuelve a recomponer, pero junto a
mismo monasterio, Golframiro (a vobis don Gelframiro, prior, Urraca aparece el prior Golframiro. Y ya en 1112, muerta
et vobis abbatissa doña Urraca una cum congregatione monachorum quizás la abadesa Urraca, aparece hasta 1115 el abad Juan
vel ancillarum). Esto ya se ve en un documento del mismo que consta también como tenente en Piasca. Pero en otro
año 1109 donde consta la donación que al monasterio documento de 1122 la figura preponderante en el monas-
conceden doña Justa y su marido Juan Díaz de una here- terio lebaniego ya es un prior, Andrés, quien regía la con-
dad en Kaiecto (Cahecho) y propiedades en La Fuente gregación. Las primeras donaciones directas a Sahagún ya
(Lamasón). Los confirmantes del documento coinciden las vimos en 1091 y 1095, lo que hizo pensar a algunos que
con la fecha: conde Froila Díaz, en León; conde Gómez debió de ser por estas fechas cuando la abadía de Piasca se
González (aquel con quien la reina Urraca lamentó no incorporó a Sahagún, pero nosotros creemos que mientras
haberse casado); y conde don Rodrigo, en Asturias y en hubo mención de abad en aquella, la dependencia del gran
Liébana. monasterio leonés no debió de producirse. Por eso nos
Desde este año de 1109, no se vuelve a hablar de la parece que con el prior Andrés, ya citado en el documen-
abadesa doña Urraca, por lo que pensamos que murió, to de 1122, debió de oficializarse la pérdida de la autono-
aunque las monjas siguen en Piasca. En documentos de mía del monasterio de Santa María de Piasca. Otra noticia
1112 y 1115 aparece un abad masculino, el abad Juan que que permite suponer la existencia de nuevos criterios y la
en este último año hace donación a Santa María de Piasca constancia de novedades, es que las advocaciones de los
de un solar que tenía en Quintanilla, que le había dado el santos patronos de él se amplían con otros nombres que
conde Pedro Ansurez y la condesa doña Aylo. hasta 1122 no habían aparecido, como son los de San
Muerta doña Urraca, la abadesa que siempre demos- Pedro, San Pablo, Santo Tomás y San Bartolomé, y sin
tró su autoridad, parece apercibirse una mayor fuerza del embargo, se omiten los de San Julián y Santa Basilisa, que
monasterio de los Santos Facundo y Primitivo de Sahagún, desde el 930 figuraban siempre. ¿Hubo nueva aportación
como si éste intentase incorporar al lebaniego. Vemos que de reliquias? ¿Se adquirieron nuevas devociones y se extin-
en 1121 las propiedades que en Liébana tenía Jimena Gon- guieron otras? Además en este documento aparece un per-
zález, pasan a engrosar los bienes del monasterio leonés, sonaje con el título de senior, don Pelayo, que parece tiene
en vez de fortalecer al de Piasca. Y ello a pesar de ser Jime- igual importancia que el prior Andrés, y que nunca, hasta
na González, la posible esposa de Pedro Muñiz, hijo de ahora, había formado con este una especie de dúo digno
Mumadona y Munio Alfonso. Es decir, parece que la saga de equipararse en poder. Esta aparición junto al prior, que
de los Alfonso, antes pertinaces protectores de Santa en documento en un año posterior, 1123, ya no es sólo un
María de Piasca, se inclinan ahora por hacer sus donacio- senior Pelayo, sino dos, otro dominus senior Iohan.
nes a Sahagún. Pero este documento de 1122 tiene, además, el inte-
Desde 1078, pues, desde la marcha de la abadesa rés de ser una donación que hace a Santa María de Piasca
Urraca a San Pedro de las Dueñas, se perciben en la docu- el famoso conde don Rodrigo González de Lara, casado
mentación de Piasca raras alteraciones, cambios y varia- con Sancha hija de Alfonso VI (uxore mea Sanctia prolis filia
ciones en los personajes directivos del monasterio, mar- regis Alfonsus), haciendo constar, de nuevo, que el monaste-
chas y regresos de Urraca y sus monjas, intervenciones y rio había sido edificado (edificaverunt) por sus abuelos,
protagonismo de los abades de Sahagún, que yo creo que padres y parientes suyos. En este momento Rodrigo Gon-
564 / CABEZÓN DE LIÉBANA
zález de Lara era mandante en Asturias, Castilla, Liébana, Realmente las propiedades que, mediante donaciones
Petras Negras, Campoo… prácticamente en toda nuestra sobre todo, recibe el monasterio, van agrandando su domi-
provincia de la actual Cantabria. También se dice que la nio y en consecuencia esta primera mitad del XII, acogido
abadía de Piasca seguía siendo dúplice (collegium fratrum vel ya el priorato a la abadía de Sahagún, creemos que nuestro
sororum ancillarum Christi). La donación que ofrecen Rodrigo viejo monasterio pasa por un buen momento de paz y de
y Sancha es el monasterio de San Mamés, en Polaciones, y enriquecimiento. Sin embargo, su propia vitalidad no evita
heredades en Molledo (Iguña), y se mencionan, equipa- pleitos que tienden a recuperar lo que injustamente, en
rándolos en interés, el monasterio de Piasca y el de Saha- otro tiempo, había perdido. Como el curioso documento
gún, en relación con las oraciones que de uno y otro par- de 1137 en donde se disputan una heredad que fuit de la con-
tiesen, lo que creemos demuestra su indudable situación de desa Elo, entre el conde Rodrigo González que defiende al
dependencia. abad Andrés, y Fernando Pérez que defiende a sucesores
Pero lo que, en el documento de 1123, representan, de doña Elo. El prior de Piasca, el citado don Andrés, argu-
en la organización del monasterio, estos seniores que ahora mentaba que dicha heredad pertenecía al monasterio por
acompañan al prior, es algo que se nos escapa. Los tres haber sido dada por la condesa en compensación de lo que
personajes figuran como primordiales en la redacción de había quitado con anterioridad al mismo, per illo avere quod
los documentos en que se citan, tanto el prior Andrés, expoliavit de Sancta María. Se nombraron inquisidores y la
como los seniores Pelayo y Juan. Pensamos quizá, en pro- heredad quedó en Santa María.
tectores laicos del monasterio. Orlandis dice que “las cir- Otro documento que se sale de la normalidad de
cunstancias sociales de la época obligan muchas veces a las donaciones y cesiones de bienes, es uno de 1137 en el que
iglesias privadas a buscar un protector distinto del dueño, se ve intervenir al abad de Sahagún, don Domingo, y todo
que recibe las denominaciones de defensor, dominus o senior. aquel convento, concediendo a los monjes, cofrades y
Por documento de 1132 se presume que los citados senio- bienhechores de Piasca la participación en las buenas
res viven en el monasterio. obras, a ellos y a los que ayudasen a apartar un río nocivo
Los años que van comprendidos desde esta última a la iglesia de Piasca. Por este documento sabemos que el
fecha hasta el 1150 son en el Cartulario abundantes en interés de Sahagún hacia su priorato de Piasca es grande,
documentos, por lo que esta primera mitad del XII –resuel- y que además, una situación de emergencia, producida por
to al parecer el periodo provocado por la crisis de doña una corriente de agua cercana a la iglesia, obliga a conce-
Urraca y la incorporación definitiva de Santa María de der favores espirituales a aquellos que colaborasen a solu-
Piasca al monasterio de Sahagún– el equilibrio y la econo- cionar el problema.
mía del cenobio se presentan más bien positivos. En la La segunda mitad del siglo XII se abre con un aspecto
década de los treinta se constatan las siguientes adquisi- y una situación del monasterio muy semejante a la prime-
ciones dadas al monasterio o a su prior Andrés: una tierra ra. Al prior Domingo, cuyo nombre desaparece ya del Car-
en Tabarniego (1132); un solar en Levanes (1135) (según tulario en 1145, le sigue el prior don Gutierre, que debe
Sánchez Belda, aldea hoy desaparecida, posiblemente ostentar este cargo muy pocos años, ya que en 1155 apa-
cerca de Torices); una viña en Los Fojos (1136); otra en los rece el prior Domingo Fagundez.
Vallejos (1137); una tierra en Vassieda (1137); otra en Pero en 1153 se recoge un interesante documento del
Traspalacio y otra viña en Vega de Sesvaldo (1138); peti- rey Alfonso VII, realizado en Sahagún, en el que se dona al
ción de entrada en el monasterio (traditio) de un tal Pelayo monasterio de Piasca, a través del abad de Sahagún, la here-
Ciprianez, que entrega a Santa María todos sus bienes, dad realenga que el rey tenía en Yebas, Ordes y Ubriezo, lo
pero con la condición de que le traten bien, pues, si así no que debió de ser el alfoz de Bembibre. Las heredades del rey
fuese tendrían que devolverle el ofrecimiento y dejarle vienen definidas por unos límites difíciles de determinar por
libre para volverse a su casa (1141); etc. Todas estas dona- lo que quedan un tanto inseguras. Sin embargo, hay puntos
ciones o entregas positivas se hacen siendo prior Andrés. como Cabezón, Pando y Portillo de Tudes que permiten,
En 1142, ya existe un nuevo prior, Domingo, quien sigue más o menos, suponer que ese realengo comprendía un
recibiendo y comprando heredades; una viña en Basieda terreno que, teniendo a Piasca como centro, limitaba al
(1142); una tierra en Santa Leocadia (junto a Naroba) oeste por las cumbres divisorias de aguas de las cuencas del
(1143); convenio sobre una viña en Abuedo (¿Agüedo, Quiviesa y del Buyezo. Por el este llegaría hasta este último
entre Piasca y Ubriezo?) (1143); compra de un solar en río, y por el norte lo cerraría una línea de Cabezón hacia
Frama (1144); heredades en San Andrés de Cambarco y lo Porcieda, siendo el borde meridional los montes que sirven
que esta iglesia tenía en Aniezo (1145), etc. de límite entre Valdeprado y Val de Aniezo.
CABEZÓN DE LIÉBANA / 565
La segunda mitad del siglo XII sigue, pues, y en gene- 1153, su padre Alfonso VII, en el alfoz de Bembibre
ral, manteniendo los mismos o parecidos síntomas de una (Yebas, Luayo, Lago de Piasca…).
política de ampliación del dominio o de las influencias del La política de Alfonso VIII, desde el comienzo de su
monasterio, dentro, naturalmente, de otras constancias reinado (1158-1214) debió de dirigirse a través del monas-
derivadas de acontecimientos normales de convivencia. terio de Sahagún, del que dependía el de Piasca. Así en
Un documento de 1155 nos da a conocer situaciones de 1158 el monarca cede al abad Guterius, de Sahagún, su
controversias sobre derechos, como el pleito del monaste- monasterio realengo de Buyezo. Las donaciones de parti-
rio con los hombres de Polaciones sobre una casa en Santa culares siguen constando: un solar en Narezo (1161) (Val-
Eulalia, iglesia que venía siendo de Santa María de Piasca deprado); toda la heredad que un matrimonio tiene en
desde 945-951. Hacia 1157 se documentan donaciones de Lores (norte de Palencia) con la particularidad que se la
solares en Cabanzón, lejos ya, en el valle del Nansa, del dan a los dos monasterios, ad Santa María de Piasca et ad sanc-
foco central de la abadía en Liébana. En este mismo año, torum Facundi et Primitivi (1162); previa donación, incorpora-
reinando ya Sancho III, aparece un nuevo prior, Pedro ción como frater en Piasca a Pedro Domínguez de Yebas
Albus, en una donación que se hace de un solar en Lubayo (1164); un solar en Torices (1165), etc. En este mismo año
(Frama), y en una confirmación del rey Sancho de las de 1165, es el propio rey quien ofrece al abad Guterius de
donaciones en la extensión realenga que había dado, en Sahagún las iglesias de San Esteban de Buyezo, San Mar-
tín de Tornes y Santa Cristina de Torices (Valdeprado). también muy de acuerdo con el estilo de los maestros que,
No sabemos si el patronazgo de ellas recaería en el propio por estas fechas, trabajan en los monasterios de Santa
monasterio de Sahagún o en su dependiente Santa María María la Real de Aguilar de Campoo y de San Andrés de
de Piasca. También de 1165 hay un intento del concejo de Arroyo en el norte palentino. Y además, la letra de la lápi-
Cabezón para que se pueble en Piasca; sin duda con el da parece encajar perfectamente con la normal y variada
deseo de vitalizar al monasterio que, en 1169, realiza de finales del XII.
varias compras de viñas y solares en Frama. Todo ello, En 1178, en escritura del cambio de unas viñas que
donaciones, compras, exenciones para los que pueblen las recibe el monasterio, por un precario en la serna de Ace-
heredades del monasterio, etc, prueba una actividad indu- ñaba, termina la constancia documental de Pedro Albus, su
dable que sin duda se deberá al buen regimiento de la aba- buen prior, en el cenobio lebaniego, muy posiblemente
día por su prior Pedro Albus. Y así no es extraño que en por fallecimiento. Vienen luego siete años indocumenta-
1172 se realice la construcción románica que hoy todavía dos y en 1185 el nombre de un nuevo prior, García, que en
contemplamos. Una lápida colocada en el muro del hastial 1187 es sustituido por otro: Domingo de Poblaciones. Su
occidental, a la izquierda de la puerta principal de la igle- mandato dura dieciocho años al menos, pero en este tiem-
sia (que comentaremos en la parte descriptiva en subsi- po creemos ver un mayor protagonismo del monasterio de
guientes páginas) nos ofrece la fecha concreta (21 de Sahagún, varios intentos de repoblación en el dominio,
febrero de 1172), en la que la iglesia fue dedicada por el aparición más frecuente del prestimonio, etc.
obispo de León, Juan, con asistencia del abad de Sahagún,
Guterius, del prior de Piasca, Pedro, así como del magister 1.4. Siglo XIII
operis (el maestro de la obra) Covaterio. Todos estos datos
personales coinciden con aquellos que, documentalmente, Así llegamos al siglo XIII, siendo todavía prior Domin-
aparecen en escrituras de este año, y además las caracte- go de Poblaciones. Siguen desde luego las donaciones al
rísticas de la manera de hacer del citado Covaterio, están monasterio, en Valderrodías, Redondo (Palencia), Bañes,
En 1207 el prior Pedro recibe la iglesia de Aniezo con la tercera parte de sus diezmos
CABEZÓN DE LIÉBANA / 567
etc., exenciones de prestaciones para favorecer la pobla- guado en escrituras hasta 1335; prior Juan (hacia 1370) y
ción. Pero ya en 1207 tiene la abadía un nuevo prior, de Alvaro de Valladolid en 1378. Con este prior debe termi-
nombre Pedro, otra vez, y un nuevo “socio” de él, llamado nar la saga de los que rigieron la abadía en el siglo XIV y
también Pedro. Reciben la iglesia propia de Aniezo que les que son recogidos por el Cartulario.
entrega su presbítero con la tercera parte de sus diezmos y La situación a partir de las décadas de los años treinta
ello con la prestación de recibir el propietario la ración, a del citado siglo, se ve que poco a poco va empeorando. El
él y a su hijo, “que deben gozar aún cuando lleguen a vie- cuidado de las iglesias, dependientes de alguna manera del
jos en cuyo caso el monasterio debe de colocar otro cléri- monasterio, parece reducirse, indicándonos, sin duda, el
go que sirva a la iglesia de Aniezo”. camino de la decadencia del monasterio, pues en 1335,
Y en 1212, otro prior Juan que con su “compañero”, por ejemplo, el prior Domingo Pérez hizo “arruinar” el
esta vez llamado Rodrigo, reciben una donación de here- monasterio de Santa Cristina de Torices por “estar mal
dades en Lebanes. Desde hace años estamos viendo apare- parado” y arrendó sus haciendas en venta de una infurción
cer en algún documento, junto al prior, y como personaje entera cada año.
de importancia, a alguien que primero se llamaba senior, Conforme va transcurriendo este siglo XIV, el poder y
después “socio” y ahora “compañero” que creemos segura- la organización del monasterio de Piasca van declinando.
mente se refiere al “protector” del monasterio. Apenas existen ya documentos de donación, vasallaje o
En documento de 1216 aparece como prior un tal compra-venta. Casi todos ellos hacen referencia, casi
Pedro. Durante toda esta primera mitad del siglo XIII, en exclusivamente, a curatos; y las relaciones de familiaridad,
los reinados de Enrique I, Fernando III y Alfonso X, el entrega de cuerpo y alma, etc., han desaparecido. Incluso
monasterio sigue su normal funcionamiento con este prior llegamos a percibir resistencia por parte de los clérigos,
Pedro y los que le siguen, don Rodrigo, a partir de 1218; encargados de las iglesias dependientes del monasterio, a
don Iohanes de Castro, a partir de 1230; don Domingo, a pagar los diezmos tradicionales. En 1370, bajo el prior
partir de 1232; Martín González, desde 1238; Isidro, Juan, aparece ya un documento significativo de la pobreza
desde 1249 (sólo nombrado este año); y Juan Muñiz, que en que iba cayendo el monasterio, que ya no tiene ni para
se le nombra a partir de 1252. pagar a sus racioneros. El obispo de León, don Pedro, acu-
Acabados en esta fecha, los que pudiéramos llamar cia al prior para que abone a los racioneros Juan Toribio y
tiempos románicos, reducimos el conocimiento de la histo- Juan Fernández. Que esta decadencia económica y organi-
ria de nuestro monasterio para que otros investigadores zativa va siendo cada vez más alarmante, lo prueba otro
recojan sus vicisitudes más puntuales. Sólo diremos que, en documento de 1375, en el que don Alfonso, abad de Saha-
general, hasta el comienzo de la segunda mitad del siglo XIII gún, apela a Su Santidad para que no se obligue al prior de
existen numerosos datos referentes a diversos tipos de tradi- Piasca a cumplir el decreto del Tribunal Eclesiástico de
tio, trueques, fidelidad, vasallaje, ración, préstamo, ventas, León, por el que se le exigía dos doblas de oro castellanos
arrendamientos, exenciones, cuota por ánima, convenios, para repartimiento de gastos hecho por el obispo en las
reclamaciones, donaciones, reconocimientos de derecho, Cortes de Toro ese año de 1375. Sin duda ya no estaba el
concordias, etc., señalando ciertamente un mosaico muy monasterio en condiciones de contribuir a estos gastos,
complejo de relaciones jurídicas similar al que normalmen- ciertamente excesivos para su precario patrimonio.
te se desenvuelve en otros monasterios medievales. En algu- Durante todo el siglo XV hay una ausencia total de
nos de los documentos hay datos interesantes, como que el documentos, aunque, sin embargo, en este indudable
monasterio tuvo dos palacios en propiedad, uno en Rodías periodo de declive, del que ya el monasterio no podrá
(1212) y otro en Cucayo (1239) que se entregan a particu- reponerse, existe al menos una constancia epigráfica al
lares a cambio de una renta, lo que prueba que ya el monas- final de la lápida que ya citamos de 1172, sobre la dedica-
terio se despoja de bienes utilizables y vividos a cambio de ción de la iglesia en este año. En el espacio estrecho no
un arrendamiento. escrito, hay añadido con letras más pequeñas, e imitando
Pasado el 1252, encontramos, en 1260, otro Domin- la grafía románica, sin duda para no romper la cuidada y
go Andrés, prior, a quien le siguen Pedro Ibáñez de bella disposición de ésta, unos renglones que dicen: “
Mayorga, don Martín, otra vez Domingo Andrés, y en OP(er)A ISTA FUIT / P(er)FECTA: ERA D(omi)NI MCCCCXXXIC
1289 vuelve Martín Andrés u otro distinto Martín, y un F(e)R(nande)s DE ANIEZO ME FIZO. XPS T(oribio) DE
don Lorenzo que sería el último del siglo XIII. Ya en el siglo CA(m)BARCO ME FIZO.
XIV, serán priores en constancia documental: Juan de Hubo pues, en 1439, una intervención en la fábrica de
Mayorga, que aparece en 1301; Domingo Pérez, atesti- la iglesia que quizás consistió en la desaparición o modifi-
568 / CABEZÓN DE LIÉBANA
cación del ábside de la epístola y en alguna variación de las fue también la que debió de tener desde su origen el más
bóvedas de la nave. Y ello fue en tiempo del prior Pedro, viejo monasterio, sólo puede explicarse por un deseo de los
siendo los operarios en este trabajo un tal Juan Fernández fundadores de apartarse en lugar recóndito, muy a propósi-
de Aniezo y un Toribio de Cambarco. El Cartulario sólo to para llevar una vida de eremítica meditación, pero tam-
menciona priores, como hemos visto, hasta 1378. Este bién para quedar semioculta entre los bosques naturales
Pedro prior que se cita en 1439 tal vez sea el que Fita seña- que la rodean ante posibles razias de los árabes, y también
la con este cargo en 1454. En un libro de 1777, que noso- para establecer un punto de arranque a una repoblación en
tros vimos prestado por un vecino del pueblo, se cita un terreno no muy atractivo. Viendo ahora a la iglesia, expues-
Pedro de Polaciones como prior en 1459, que tal vez sea ta a las escorrentías que pueden bajar desde la más alta
ese Pedro que nos dice Fita en 1454. En este mismo libro posición que ocupan las casas de la aldea, nada nos puede
que guardaba en su casa el citado vecino, se mencionaba extrañar –como vimos en el relato histórico– que el abad de
otro prior en 1480-85 con el nombre de Alonso de Ciudad Sahagún, don Domingo, en 1137, admita por hermanos,
Rodrigo. haciéndoles partícipes en las buenas obras de los monjes, a
El siglo XVI ofrece algún documento en el Cartulario todos los cofrades y bienhechores de Santa María de Pias-
sobre todo en relación con beneficios de curato en Lame- ca y a los que ayudasen a desviar un torrente que podía
do, Los Coos, etc., y por el libro de 1777 se sabe que en dañar o estaba dañando a la iglesia. Es muy posible que esta
1528 era prior de Piasca Fray Pedro de León. situación de arriada, y aunque no aparezca citada más que
Del siglo XVII sólo existe en el Cartulario un documen- en este documento, hubo de repetirse alguna otra vez a lo
to de 1674 también sobre un curato en Los Coos. En el largo de los siglos de la vida del monasterio.
siglo XVIII, y por el libro de 1777, nos consta que fueron La planta es basilical y el alzado de la iglesia se nos
priores en 1738 y 1777, Fray Primitivo Cuadrillero y Fray ofrece ahora como un edificio de tres naves, la central más
Luis de Camiña. ancha y alta; dos ábsides, el central y el de la epístola, de
Prácticamente, pues, podemos decir que el apogeo del configuración exterior en arco de círculo, con dos contra-
monasterio de Piasca abarcó la segunda mitad del siglo XI, fuertes prismáticos cada uno. El ábside del evangelio es
todo el XII y la primera mitad del siglo XIII, es decir, lo que completamente distinto, casi todo él murado y de planta
en estas tierras, artísticamente, fue dominado por el estilo rectangular y quizá testigo de un ábside o capilla con apa-
románico. Y desde el punto de vista arquitectónico la riencia más antigua en el interior. En el primer tramo de la
fábrica principal fue la románica construida en 1172 y que iglesia –pasado el de los ábsides– se alza un crucero cen-
es la conservada con ciertos elementos protogóticos. De tral que sobresale en altura del tejado de la nave central y
seguro que hasta que se alzó el edificio definitivo tuvo que del que tiene el ábside y el presbiterio. Las cubiertas, de los
existir otra iglesia y sus dependencias, quizás una humilde ábsides laterales y de las naves que les corresponden, son
obra mozárabe de la que nada nos queda. Pero a pesar de las más bajas del conjunto; mientras que los tejados de los
los años de vida no parece que deja de subsistir la base espacios laterales del transepto tienen techumbres inter-
antigua de monasterio dúplice, al menos hasta el siglo XVI, medias en altura entre los de la nave mayor y ábside y los
pues por documento de 1519, según Maza Solano, en una de las naves laterales.
visita que este año hace el abad de Sahagún al priorazgo Al intentar reconocer cuales han sido las variaciones
manda, bajo pena de excomunión: “que ni el prior ni otro que el monumento ha sufrido hasta mostrarse tal como
monje ninguno, entre en la casa de las beatas, ni de día ni hoy le vemos, nos asaltan una serie de interrogaciones de
de noche, y que no se guise allí la comida de los monjes, difícil resolución. Nada de lo apreciable podemos suponer
ni se ocupe de esos menesteres ninguna mujer, sino un que pertenezca a restos pre-románicos, bien asturianos o
cocinero”. mozárabes. Solamente el interior del ábside del evangelio,
muy cegado de piedra y oscuro, pudiera tener algún resto
quizá más antiguo, pues parece apreciarse una imposta. La
2. DESCRIPCIÓN DEL MONUMENTO suposición que creemos más admisible es que la iglesia
pudo empezarse con un proyecto románico de tres naves,
Muy transformada, en su apariencia externa, se alza la transepto sin brazos salientes, crucero algo más elevado
fábrica románica de Santa María de Piasca, en un espacio que la nave central y cuatro tramos. Este sería el alzado ini-
de terreno aplanado para colocar el monumento, en una cial en la actuación del magister operis, Covaterio, en los
vaguada que desde el caserío baja en bastante pendiente avanzados años de 1172, con soluciones arquitectónicas
hacia la cuenca del río Buyón. Realmente su posición, que ya claramente características de la transición al gótico:
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0 1 2 3 4 5m
Planta
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0 1 2 3 4 5m
Alzado norte
Alzado sur
0 1 2 3 4 5m
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0 1 2 3 4 5m 0 1 2 3 4 5m
Sección transversal
0 1 2 3 4 5m
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la que la vista se dirige muy preferentemente. El umbo de esta vez sólo masculinos, de perfectos rostros, con barba
este escudo lleva una simbología cristiana, pues parece también y cabello muy bien peinado de largas guedejas,
figurar dos cruces, una en forma de aspa y brazos iguales y obras las cuatro de un buen cantero, recordándonos al
otra, superpuesta, normal. Todos los brazos terminan en maestro que hizo el capitel del Cristo mostrando las llagas,
pequeños círculos. El siguiente sillar, en posición románi- del monasterio de Aguilar de Campoo (hoy en el Museo
ca, es ocupado por las figuras de dos personajes de perfil Arqueológico Nacional). Detrás de estas dos figuras, deco-
sentados en ambas sillas (uno masculino, con barba y otro ración de grandes hojas planas. Los dos músicos parece
femenino) que tocan a dos manos el mismo arpa. Les sigue tocan un laúd o fídula cada uno, de cinco y tres clavijas.
otra dovela, con otros dos músicos de frente, sentados, Sigue la arquivolta representando iconografías y vegetales.
CABEZÓN DE LIÉBANA / 575
Chambrana exterior, en lo alto, de zarzillo y detalle de las cinco arquivoltas Detalle de la tercera dovela (guerrero de a pie) de la cuarta arquivolta izquierda
Los arpistas. Cuarta arquivolta izquierda. Dovela 4 Músicos. Cuarta arquivolta izquierda. Dovela 5
Cuarta arquivolta. Dovelas de lo alto, 7, 8, 9, 10, 11 y 12. Lateral derecho de las arquivoltas 4 y 5. Dovelas 15 y 16
El siguiente sillar se llena con una cabeza de lobo o fiera quinta y última arquivolta se forma de tallos semicirculares
con las fauces abiertas; otro de talla vegetal, y otros dos que inscriben hojas o flores de cinco pétalos, siete y hasta
con cabeza de monje, uno, y cabeza barbada, otro. La pri- diez. El tallo que las une es “achurrado” o con perlas y a
mera, mucho más tosca, y la segunda en línea de mayor veces con grapa; y otras se entrecruza formando un ovala-
perfección y naturalismo de las anteriores figuras de músi- do lazo. Y ya se llega al dovelaje limpio de la entrada, sólo
cos, recogiendo así la diferencia de canteros. El resto de la remarcado por un delgado baquetón que señala el arco
arquivolta, que ya declina hacia la derecha, lleva seis acan- final del hueco que se perfila un poco apuntado.
tos verticales, que doblan sus puntas en una especie de Estas arquivoltas descansan sobre cinco capiteles, a
cogollo. El conjunto escultórico termina en otro león casi uno y otro lado, con sus correspondientes cimacios.
idéntico al que le inicia, salvo que el primero dirige su
cabeza hacia la puerta, mientras que el que la cierra la tiene 2.1.1.1. Capiteles de la izquierda de la puerta principal
vuelta hacia el exterior. Esta cuarta arquivolta, sin duda la
más espectacular, como dijimos, está bordeada en sus dos 1.- Apoya sobre la jamba exterior, formada ésta por
lados por una secuencia de pequeños semicírculos tangen- cinco sillares cuya esquina ha sido matada por un medio
tes muy repetidos en el menú decorativo andresino. La fuste entrego. El capitel, pues, es grande y esquinado, y
CABEZÓN DE LIÉBANA / 577
lleva de frente un relieve marcado con calados que repre- mutuamente, y a los que les envuelve una cinta o entrela-
senta a una especie de dragón o animal fabuloso con patas zo con cuadraditos de pirámides truncadas. También sus
de águila, cabeza de dragón (rota) y cola con cabeza de colas aparecen con cabezas adragonadas que muerden una
serpiente. Ambas cabezas muerden tallos que se entrelazan pata y la cinta que les rodea. El cimacio es parecido al
y abarcan tanto a la fiera protagonista como a otra que se anterior, salvo que del centro de la onda vegetal surge una
halla en el lateral, un león con grandes garras. Algunos de paloma en vuelo abierto y tendido hacia la derecha.
estos tallos llevan cordones de cuadraditos como perlas en 4.- El cuarto capitel, muy destrozado desgraciada-
forma de puntas de diamante truncadas. El cimacio de este mente, lleva en su lado izquierdo, la figura de un caballe-
capitel esculpe tres grandes acantos verticales que doblan ro que con la mano siniestra sostiene las riendas de su
sus puntas. caballo ricamente enjaezado. Ha doblado completamente
2.- El segundo capitel del lateral izquierdo, apoya su cuerpo hacia atrás, como si estuviese despidiéndose de
sobre fuste grueso monolítico con collarino biselado. La alguien con su brazo derecho levantado. Creemos, since-
cesta talla dos centauros afrontados, el uno debió de estar ramente, que el maestro que talla este personaje es el
provisto de espada en su mano derecha (todo roto) y escu- mismo que realiza el caballero que en parecida postura
do redondo, en la izquierda; el segundo parece agarrarse al esculpió otro para el monasterio de Santa María de Agui-
escudo de su contrincante con la mano derecha, mientras lar, hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
la izquierda la dispone en postura de bendecir. El que Sin duda, maestro o taller que trabaja con excelente cali-
porta escudo, es imberbe, y barbado el otro. El escudo dad y gran naturalismo en los rostros humanos y que,
lleva marcado el umbo y decorado con círculo de dientes desde luego, sería uno de los buenos canteros que, antes o
de lobo. Del collarino salen, del mismo punto, dos tallos después, labora en Aguilar, Carrión y San Vicente de Ávila.
vegetales que se enroscan en los vientres del cuerpo de La cara derecha del capitel se cubre con una superposición
caballo de ambos y se proyectan hacia atrás, en fondo de de tres filas de acantos que se doblan, también de excelen-
fronda. El cimacio está casi intacto, saliendo del vértice o te composición. El cimacio sigue recogiendo el tallo grue-
esquina dos grandes vueltas vegetales que se convierten en so y sinuoso en forma de acostada superficie rayada pare-
un relieve carnoso de tallo que se ondula hacia una y otra cida a un “churro” que acaba en medias hojas de palma.
parte. También muy usado por los talleres de Aguilar, San Andrés
3.- El tercer capitel se cubre con una escena de fieros de Arroyo, Silos, Santa Eufemia de Cozuelos, Rebolledo
animales alados que volviendo sus cabezas se muerden de la Torre o Vallespinoso de Aguilar, etc.
Capiteles del lado derecho de la puerta (1, 2, 3, 4 y 5), del exterior (derecha) al interior (izquierda)
2.1.2. El nicho columnado sobre la puerta occidental es San Pablo, pues porta un libro que en lo alto pone
PAVLVS, sujetándolo con la mano derecha.
Casi tangente a la chambrana de las arquivoltas de la Ambas son figuras de pie, de buenas medidas (1,53 m
magnífica puerta descrita, se fabrica el tejadillo de piedra aproximadamente) y obra del mismo taller o escultor de
que separa el cuerpo de muro de esta del resto de la espa- Piasca, de ese románico que creemos directamente des-
daña. Casi reposando en la línea de aquel, el maestro cendiente de los buenos maestros de Santiago de Carrión,
Covaterio, el magister operis de la obra de Piasca, en 1172, Aguilar y San Andrés de Arroyo, y que tan discutidos están
abre un nicho poco profundo, de unos dos metros y trein- en cronología y estilo. El intercolumnio central, el más
ta centímetros de ancho por dos metros de alto, a modo de ancho, lo ocupa hoy una imagen de bulto, también de pie-
friso, formado por tres espacios, el central más ancho, divi- dra, que parece del siglo XVI, pero que es muy posible que
didos por cuatro columnas, de fustes monolíticos con sus sustituya a una Virgen románica desaparecida; nos atreve-
correspondientes capiteles y basas. En esos espacios inter- mos a esta hipótesis, por la misma advocación a Santa
columnados se colocan imágenes de bulto, talladas en pie- María que desde el siglo X tuvo como principal el monas-
dra. La de la izquierda es San Pedro, dado el distintivo de terio. Como las advocaciones de San Pedro y San Pablo,
las llaves que sujeta con la mano derecha. La de la derecha aparecen por primera vez en documento de 1122, es muy
Nicho columnado sobre la puerta occidental, con las estatuas románicas de San Pedro y San Pablo y la de la Virgen y el Niño (siglo XVI)
582 / CABEZÓN DE LIÉBANA
posible que en 1172, cuando deben de colocarse en este 2.1.3. La puerta del Sur o de El Cuerno
nicho que estamos describiendo, se hubiesen impuesto en
importancia y devoción a otras, como San Juan, que exis- Es la puerta que debió de dar al claustro, abierta por
tían desde el principio. Las tres arquerías, que partiendo de lo tanto a la fachada meridional en el tramo tercero de la
los capiteles cubren el nicho, son también diferentes: las nave derecha, según se entra por la puerta principal del
dos laterales utilizan los arcos trilobulados, corrientes en muro oeste. Muy sencilla de arquivoltas, en comparación
estos momentos en Carrión de los Condes, capitel de con la monumental ya descrita. Sólo son dos, y todas de
esquina del desaparecido claustro de Santa Eufemia de medio punto, sin el tímido apuntamiento que vimos en la
Cozuelos, Zorita del Páramo, y tantos otros. En cambio, la anterior; pero no desentonan nada en lo que hace referen-
arquería central lleva chambrana y arco doblado de medio cia en su decoración, pues la primera, ó exterior, lleva
punto. Las arquerías de los apóstoles se cierran en lo alto hojas de acantos de dos tipos: uno de tallos verticales que
por una especie de abultada imposta que, a modo de se doblan en sus puntas y otro con grandes hojas pareadas.
medio alfiz, protege a las esculturas; lleva decoración de En el extremo derecho de esta arquivolta vuelve a cambiar
puntas de diamante o piramidillas de muy destacado relie- la decoración, que, aunque también vegetal, lleva una
ve. Los dos apóstoles tienen una muy idéntica postura, con dovela con doble entrelazo de vástagos “achurrados” y
la mano izquierda sujetan, como vimos, los objetos que les hojas en el interior. Los acantos tienen las típicas perfora-
distinguen, pero las derechas, sin marcar la bendición clá- ciones a trépano que vimos en la puerta occidental y que
sica con los dedos, las presentan de frente y abiertas. En sigue demostrándonos las relaciones con Aguilar. La arqui-
posición frontal aparecen también los dos discípulos de volta interior es iconográfica. De izquierda a derecha
Cristo, con los pies visibles y paralelos colocados sobre podemos ver: 1.- Arranque de tallos en líneas con estos
una base tosca de piedra. La vestimenta es muy parecida, surcos tan utilizados, y con trayectorias serpentiformes
de tres niveles: una saya baja, hasta los pies descalzos, una que acaban en manojos de hojas en abanico. 2.- Escena de
túnica o aljuba sobre ella, y al final, una capa a través de la una fragua con un personaje barbado y de largas y cuida-
cual sacan las manos. Los pliegues están tratados con algu- das melenas que golpea un objeto de hierro con un marti-
na diferencia en su caída: los de la túnica de San Pedro se llo. En frente, otro, en actitud de soplar con un fuelle. 3.-
dirigen hacia su izquierda, en tanto que los de San Pablo Personaje sentado que parece sostener un libro con la
lo hacen hacia su derecha y, como las cabezas, que se incli- mano izquierda y escribe con la derecha. Como los perso-
nan muy levemente, demuestran que las esculturas se tra- najes anteriores es barbado. Frente a él un ángel que alza
bajan ya desde el principio para ser colocadas dependien- el ala derecha bajo la cual lleva un objeto, en su mano, en
tes de una figura central de más categoría. Los capiteles forma de pipa o tintero, cuya interpretación se nos escapa.
que separan este trío escultórico, siguen de acuerdo con la En la mano izquierda sostiene un pomo o bola. 4.- Dos
manera de esculpir de estos talleres palentinos. Los cuatro personajes con barba, con gorro plano, que, portadores de
llevan cimacios, sin embargo, de extrema sencillez, y muy agujas, parecen coser unas túnicas o trajes. 5.- Acanto
en desacuerdo con los “carnosos” vegetales de la puerta, doblado, en relieve. 6.- Escena de tres figuras: la primera
pues se labran sólo con un filete o listel y debajo una esco- parece una mujer que con su mano derecha toca la espal-
cia lisa; en el central, en su parte frontal, hay decoración da de otra, también mujer, que parece componer grupo de
de cuatro ondas. amor con otro personaje masculino, con barba, en actitud
El capitel izquierdo, junto a San Pedro, lleva en la de besarse; el masculino apoya su mano derecha en la bar-
cesta un calado vegetal, arborescente, que al llegar al cima- billa de la mujer. Ésta, también con su mano derecha, pare-
cio se convierte en destacado florón de tallos, más conse- ce apoyarse en la mano del varón. La escena de los tres
cuente con el estilo del claustro aquilarense. El segundo puede representar una actitud de Celestina impulsando al
capitel, hacia la derecha, esculpe el repetido gloutón que amor a la pareja. 7.- Escena de dos músicos, uno de ellos
engulle el fuste, y parece coronado en su cabeza por un toca una especie de gran rabel con un arco. La otra figura
zig-zag que simula el pelo. El tercer capitel es casi una no tiene más que cabeza y hombro, donde se apoyaría el
repetición, salvo que el gloutón en vez de corona en zig- rabel. 8.- Pareja de monjes, con sus capuchas, que sujetan
zag tiene mechones de pelo sobre la frente. El cuarto capi- entre los dos un objeto alargado, tal vez un rollo de per-
tel, el último a la izquierda de San Pablo, presenta palmas gamino, donde leer o cantar. 9.- Pareja idéntica al anterior,
verticales que acaban, como el primero, en cogollos vege- y portadores de otro rollo semejante. Difícil, desde luego,
tales. Las basas de las cuatro columnas son áticas con len- es interpretar este extraño conjunto de figuras, y asegurar
güeta. que es lo que el cantero nos ha querido decir con esta
CABEZÓN DE LIÉBANA / 583
Arquivolta interna: arranque de tallos y dovela 1, herreros en fragua Dovela 2: escena de un escritor y el ángel
Dovelas de los ¿sastres? y del acanto Dovelas con posible escena celestinesca
Dovela de los rabelistas (pareja de músicos) Dovela de los monjes leyendo o cantando
CABEZÓN DE LIÉBANA / 585
rrados” que se entrecruzan con piñas o racimos de uvas. En Lo que sí parece, viendo el exterior, es que la iglesia
la esquina, máscara animalesca que muerde las patas del tuvo tres naves, ya que la puerta del Cuerno se abre en el
monstruo o grifo de la escena siguiente; b) Basiliscos o gri- muro meridional de la nave lateral. Y que su plano, en
fos con cuerpo de ave, alas y garras de felino, enfrentando 1172, no sería muy distinto del actual, es decir, tres ábsi-
su largos y fuertes picos que sujetan racimos de uva o des, transepto con crucero y dos tramos laterales, y una
piñas, y que se ven envueltos, como en el a), por tallos lar- nave central un poco más ancha que las laterales. Lo que si
gos con las superficies con surcos, tantas veces ya repeti- creemos comprobado es que el maestro Covaterio, con su
dos. De fondo, las alas de los animales fabulosos y acantos taller, tuvo que elevar en altura tanto los ábsides como el
con las puntas vueltas; c) Otros dos animales semejantes, crucero, realizando, en general, la colocación de una
con las cabezas giradas hacia atrás y enfrentadas, pero que nueva cubierta. Pensamos así, no se si acertadamente; pero
tienen además de alas, cabeza de lobo furioso que muerde creemos que un análisis detenidísimo de estos problemas
los tallos conocidos; d) Es la parte del largo y continuo debería un día hacerse con la colaboración de arquitectos
cimacio, correspondiente a la jamba izquierda de la puer- y especialistas en el arte románico.
ta. Es también una escena, simplificada, en donde aparece, Pendientes de esta general observación, describimos
un busto humano, con la melena al viento, que sujeta un la cabecera de Santa María de Piasca tal como ahora ha
arco con el que hace frente a otro basilisco o grifo, de cur- quedado en el exterior.
vado cuello, alas y cabeza de águila, cresta y sobrebarba.
Prosiguen los tallos apresadores que parecen convertirse al 2.1.4.1. El ábside lateral izquierdo
final en acantos abiertos. Termina este trozo d) del cima-
cio, con una cabeza de este tipo fabuloso de animal a la Empezando siempre de izquierda a derecha, este es el
que rodea un trozo de tallo “achurrado”. aspecto del ábside lateral Sureste: tiene una planta de
La puerta meridional tenía dos columnas, una a cada incompleto semicírculo con muro de sillería de alargadas
lado. Ha desaparecido el fuste de la derecha que, sin duda, piezas. Su alzado lo dividen dos impostas que le atraviesan
tuvo también capitel que sufrió la misma suerte que el de sur a norte envolviendo también dos grandes contra-
cimacio de este lado, es decir, su natural destrozo. Se ha fuertes prismáticos que le refuerzan. La imposta más baja
medio conservado el capitel de la columna izquierda, muy carece de decoración; en cambio, la más alta, lleva el viejo
erosionado, que apenas puede interpretarse en su decora- y clásico ajedrezado. En el cuerpo tercero, y entre los dos
ción, aunque algo puede adivinarse: se trataba de dos estribos, a la altura del final de estos, se abre una ventana
antropomorfos, con cabeza humana y posiblemente de arquería doble, apuntada, pero sin parteluz y con una
enfrentados, pero cuyo cuerpo tenía cola de escorpión y especie de tímpano superior que simula una puerta de
alas, y eran envueltos por los repetidos tallos. Puede ser medio punto que apoya sobre bajas columnas que sostie-
que fuesen cabezas femeninas como las de las esfinges. nen una arquivolta de billetes y una ventanita trebolada,
ciega o cegada, tallado todo en una sola piedra; muy pare-
2.1.4. La cabecera de la iglesia cida a la que aparece, al exterior, en el muro septentrional
del transepto norte, esta sí con los tréboles abiertos y una
Al exterior se nos presenta ahora con un ábside lateral barra de hierro como parteluz. Desde luego, la del ábside
al SE que apoya sobre el ábside mayor. El ábside que debió lateral no parece que su composición decorativa tenga
de tener al Noreste ha desaparecido, convirtiéndose ahora nada que ver con los que esculpieron todo lo que hasta
en una habitación cuadrada totalmente cerrada y tapiada ahora –las dos puertas y el nicho apostólico de la espada-
en gran parte en su interior. La problemática de la cons- ña– venimos describiendo. Sin embargo, sus canecillos,
trucción de esta cabecera es muy difícil aclararla, pues la que son siete, con sus correspondientes metopas, sí que
iglesia nos ofrece una serie de intervenciones y cambios, pueden ser de aquellos operarios: Metopa 1: Basilisco o
sobre todo en el alzado, que es imposible resolver, pues la monstruo apocalíptico con cinco cabezas que le salen del
misma lápida de dedicación del monumento, en 1172, lomo y numerosas patas. Canecillo 1: Animal completo, al
incorpora la constancia posterior, en el espacio libre de parecer perro acostado, del tipo que aparecen a los pies de
texto, de dos actuaciones posteriores, una en 1439, y otra, las estatuas yacentes. Metopa 2: Animal o persona con
sin fecha, pero realizada por otro maestro cantero, que da cuerpo de animal, que anda a cuatro patas, está de perfil, y
fe de ello con un me fizo. Y ello sin contar con otras posi- se halla cubierto en gran parte por una capa de cemento
bles restauraciones de las que no ha quedado constancia, colocada en alguna de las restauraciones. Canecillo 2:
incluidas las más modernas que nosotros hemos conocido. Lechuza, ó cárabo, muy bien interpretada y en buen esta-
CABEZÓN DE LIÉBANA / 587
Canecillos 1 y 2, y metopa 2 del ábside izquierdo Canecillos 2 y 3, y metopa 3 del ábside izquierdo
Canecillos 5 y 6, y metopa 6 del ábside izquierdo Canecillos 6 y 7, y metopa 7 del ábside izquierdo
588 / CABEZÓN DE LIÉBANA
do de conservación. Metopa 3: Cuatro cabezas de hombre bria. Aunque casi cincuenta años más moderna, sólo puede
tocando cuerno u olifante, en los ángulos, cada una con su ser comparada con la puerta de Cervatos a la que supera en
cuerno que sujetan con la mano derecha. En el centro de calidad artística y en la interpretación naturalista de los
ellas, una roseta, y en lo alto paloma con las alas total- rostros humanos. Tanto lo que es la propia cornisa, como
mente abiertas. Canecillo 3: Sirena que sujeta su doble los canecillos y capiteles simples y dobles que la sostienen,
cola con las manos, llevándolas hacia el cuerpo y los hom- están decorados con todo el sentido barroco, pero bello,
bros. Metopa 4: Parte izquierda: grifo con cabeza de que utiliza el taller de Covaterio, y que vamos puntual-
perro, alas de águila y cola de escorpión, envuelto por mente a describir. Pero diremos antes de todo, que el ábsi-
tallos “achurrados”, que son por él mordidos; parte dere- de es de destacada altura y está dividido en tres calles sepa-
cha: tallos y hojas planas saliendo de ellos, semejantes a las radas por altos contrafuertes prismáticos que llegan hasta
anteriores. Canecillo 4: Está partido totalmente y nada la base del tercer cuerpo horizontal y acaban en superficie
puede adivinarse. Metopa 5: Grifo entre entrelazos de inclinada. De la imposta de este último cuerpo salen
tallos del mismo tipo. Canecillo 5: Gran hoja de acanto columnas, de un solo fuste en los extremos, y dobles en el
que vuelve su punta. Metopa 6: Muy difícil de interpretar, centro, que con sus capiteles ayudan a los canecillos a
parece que en un conglomerado de tallos puede apercibir- soportar el peso de la cornisa.
se una basilisco con cabeza de animal, alado, y una cabeza Empezando por la primera columna, la de la izquier-
humana en la esquina superior derecha. Canecillo 6: Pare- da, mirando de frente al ábside, tenemos, en el capitel 1,
ja de hojas de acanto, estrechas y verticales que se tuercen una cesta de acantos que se doblan en las esquinas for-
al final en cogollo. Metopa 7: zarcillos y racimos de uva, mando unas volutas y se abren en el centro. A continua-
bastante tosco. Canecillo 7: Pájaro o cabeza humana rota ción está la metopa 1, rectangular, con base más larga que
que sostiene un bidón cilíndrico. La cornisa de este ábside la altura, y que lleva un bello relieve de la escuela de estos
lateral izquierdo, donde van talladas las metopas, lleva, en canteros que son, sin duda, los mismos que trabajan en
el lateral de éstas, una secuencia de hojas o flores grandes, Aguilar y San Andrés de Arroyo. El tema, siempre repeti-
cuatripétalas, con su nervio central muy resaltado (las do en los elementos, pero siempre variable en la composi-
vimos ya en San Andrés de Arroyo) separadas por peque- ción de sus formas, recoge la consabida maraña de cintas,
ños cálices también cuatripétalos, y ambos tipos sobre fon- zarcillos o tallos “achurrados”, que, a la izquierda se revuel-
dos circulares. Canecillos y metopas de este ábside lateral ven en molinillos de hojas de roble con sus correspon-
izquierdo son, estilísticamente, obra segura de los que dientes trépanos; un grifo, con cabeza y pico de carroñe-
tallaron lo mejor de la escultura de Piasca, pero se ve que ra, alas de águila y cola de alacrán, parece enfrentarse a
están armados de una manera bastante caótica como si esta maraña vegetal apretando en ella sus garras e inten-
hubiesen sido removidos y colocados después sin el cuida- tándola engullir con su fuerte pico. Canecillo 1: Dos moli-
do que puede esperarse en una obra inicial, lo que nos nillos arriba y dos abajo, comunicados por tallos vegetales
obliga a pensar si este ábside no sería una componenda en “achurrados”; no parece verse trépano. Metopa 2: siempre
una modificación posterior al románico. el mismo estilo, a la izquierda surtidor de tallos semejantes
que, en el primer trozo, llevan una hilera de piramidillas.
2.1.4.2. El ábside central A la derecha, envuelto en estos tallos de piramidillas y
minúsculos dientes de lobo, un tipo de grifo, ahora con
La verdad es que todo este ábside central debió de cabeza de carnicero, muerde uno de ellos. Canecillo 2:
sufrir muchos cambios, pues ya veremos que en su interior Sirena de largos cabellos, con la cabeza algo destrozada en
había tenido tres ventanales que cuando se hace con la barbilla, agarra con cada mano su doble cola y las sube
Covaterio el que ahora contemplamos, fueron en parte lateralmente hacia los hombros. Metopa 3: Preciosa lucha
tapiadas. A pesar de la dificultad de comprensión a la que de centauros, muy parecida en posición a la del capitel de
tanta acumulación de reformas nos conduce, creemos que la puerta de occidente. El de la izquierda mantiene escudo
todo nos lleva a pensar que la obra de 1172, que es la pre- redondo y embraza espada en alto con la mano derecha. El
dominante, se carga otro edificio más antiguo que pudo de este lado sostiene con su diestra la ballesta y la izquier-
tener un ábside único con tres ventanales, y que el above- da la extiende con el brazo hacia atrás, lo mismo que hace
damiento de ábsides y transepto, al menos, se hicieron por con torso y cabeza. A ambos les envuelve el tallo de pira-
el taller de Covaterio. midillas. El centauro de la izquierda parece imberbe; el de
La cornisa de este ábside mayor y central es una de las la derecha es de tupida barba y hace con la mano el signo
más notables de nuestros edificios románicos de Canta- de bendición. Los caballos de los contendientes enseñan
CABEZÓN DE LIÉBANA / 589
Capitel 1, metopa 1 y canecillo 1 del ábside central (calle izquierda, sureste) Detalle de la metopa 2 del ábside central (calle izquierda, sureste)
Canecillos 2 y 3, y metopa 3 del ábside central (lateral izquierdo o sureste) Detalle de la metopa 3 del ábside central (lateral izquierdo o sureste)
Canecillos 3 y 4, y metopa 4 del ábside central (lateral izquierdo o sureste) Capitel 2, metopa 6 y canecillo 5 del ábside central (calle central)
Metopa 7, detalle (calle central del ábside central) Canecillos 6 y 7, y metopa 8 del ábside central (calle central)
590 / CABEZÓN DE LIÉBANA
sus collares bien marcados. Canecillo 3: Canecillo de liforme agallonada. Está también tapada en parte por el
tallos entrelazados que acaban en lo alto en una especie de capitel 3. Capitel 3: De fuste doble. Muy bello y perfecta-
caja formada por acantos. Metopa 4: Composición de mente conservado, que representa otra escena bíblica,
tallos “achurrados” que, envolviéndose, se transforman en ahora bastante más fácil de interpretar que la que se con-
cinco molinillos, uno central y dos a cada lado. Canecillo tenía en el capitel 2 anterior. A la izquierda del frente de la
4: Representación de una bailarina o contorsionista de lar- cesta, y en el ángulo superior, se ve la cabeza del ángel que
guísima cabellera que se extiende sobre el caveto del cane- se presenta a Abraham y con su mano izquierda detiene el
cillo, tal como se ve, por ejemplo, en los capiteles de cuchillo que ya el patriarca tenía en alto. Parece haber una
Moarves, y creemos puede ser del mismo maestro. Lleva lucha por el cuchillo, en tanto que delante del mensajero
falda casi hasta los pies y sus pliegues también se abren en aparece el carnero que, por orden divina, debía de sustituir
la superficie del caveto. Queda igualmente muy detallado a su hijo Isaac. Abraham aparece casi de frente con la rodi-
el ancho cinturón que sostiene la saya. Metopa 5: Más de lla derecha hacia delante y la cabeza inclinada, mirando
su mitad derecha está ahora tapada por el capitel nº 2 que como extraño hacia el carnero. Lleva barba y bigote, y
a continuación describiremos, lo que quiere decir que ha cabellos sueltos, divididos por raya en medio, recordando
tenido que haber remoción de la cornisa, pues nadie talla enormemente al maestro de los capiteles de Moarves y de
un elemento constructivo con trabajosos relieves para que Santa Eufemia de Cozuelos. El lateral izquierdo del capitel
permanezcan ocultos. El extremo izquierdo, que es lo que lo ocupa en parte el ala del ángel. El lateral derecho se
se ve, hace suponer una gran roseta de cuatro pétalos ins- llena con una preciosa imagen del joven Isaac que, en pos-
crita en un círculo formado por un tallo con líneas de pira- tura fetal, y con los ojos cerrados, está siendo cogido de
midillas. Capitel 2: Es el primero de columna de dos fus- los pelos por la mano izquierda de Abraham que se dispo-
tes. Su cesta lleva de frente, una escena iconográfica con nía ya a degollarle. El estilo de alguno de los buenos maes-
dos figuras, una de pie, a la izquierda, vestida de túnica tros de Aguilar y del autor del cenotafio de San Vicente de
hasta los pies, con marcados pliegues que los tapan, y Ávila, está patente. Canecillo 8: Excelente águila de perfil,
manto con el que oculta las manos con las que parece sos- con la cabeza ladeada a la derecha. Con las garras de sus
tener una gran cruz procesional. Su cabeza es imberbe patas parece sostener algo. El plumaje del animal está muy
pero, tiene larga melena que le cubre los hombros. La sen- detalladamente trabajado, mostrando capas sucesivas y
tada –separada de la primera por un gran acanto vertical paralelas de plumas, con la caligrafía minuciosa de los
que nace en la unión de los dos collarinos, doblándose en maestros de San Andrés de Arroyo y Aguilar. La cabeza
la punta– tiene facciones muy parecidas a la persona que está partida por el pico, lo que no nos permite asegurar se
tiene enfrente, pero sus cabellos son de largura normal. trate de un águila. Los laterales del canecillo llevan figuras
Mantiene su mano derecha dirigida hacia la cruz y en pos- vegetales arborescentes. Metopa 9: Dos acantos de cuerpo
tura conocida de bendición. Sus pies, que no parecen des- triangular, casi iguales, que se tocan en el centro de la
calzos, apoyan sobre el collarino. Viste también túnica metopa y terminan en volutas a los lados. Canecillo 9:
larga y manto que también habrá que suponer que envuel- Cuerpo completo de león, con cabeza vuelta y melenas
ve la mano izquierda. Con muchísima inseguridad, podría- triangulares “achurradas”. Metopa 10: Cáliz de flor octo-
mos lanzar la hipótesis de que pudiera representar una pétala, cuatro de las hojas caladas, al modo también de los
Anunciación, pero no nos cuadran muy bien ni las postu- maestros de San Andrés de Arroyo y Aguilar. El cáliz
ras ni las expresiones. En los laterales hay sólo acantos sin ocupa el centro de la metopa y de él salen, en molinillo,
figuras humanas. Canecillo 5: Representa una grulla, con tallos “achurrados”. Una gran grieta, que viene de la corni-
cabeza y cuello hacia abajo, que pica a una larga culebra sa, parte a esta metopa por la parte izquierda. Canecillo
retorcida alrededor de su cuello. En el comienzo alto del 10: Músico sentado que toca un rabel o viola de cuatro
canecillo, medio acanto de cabeza vuelta. Metopa 6: Gran cuerdas. Apoya el instrumento en el hombro y rodilla
flor octopétala inscrita en círculo y a los lados dientes de izquierda y sostiene el arco con la mano derecha. Viste
sierra. Canecillo 6: Se esculpe una figura de arpía o ser túnica hasta los pies. Tiene el cabello largo, muy por deba-
mitológico con cabeza de mujer y cuerpo de ave. Metopa jo de los hombros, peinado a raya en medio, y una frente
7: Lleva un molinillo central y a su alrededor hojas al pare- estrecha, corriente manera de hacer en estos maestros. La
cer de vid o de acanto y trozos de tallos “achurrados”. pieza está muy deteriorada por la erosión, que afecta a
Canecillo 7: Cuerpo entero de ciervo, con la cabeza vuel- toda ella. Tiene una casi total rotura del arco que maneja
ta, mostrando su cornamenta. Metopa 8: Gran flor octo- con la mano derecha. Metopa 11: Muy semejante a la
pétala, inscrita en circunferencia, excavada en forma cupu- anterior. Canecillo 11: Arpista muy bello, también sentado
CABEZÓN DE LIÉBANA / 591
Capitel 3, metopa 10 y canecillo 8 del ábside central (lateral derecho o noreste) Canecillos 9 y 10, y metopa 12 del ábside central (lateral derecho o noreste)
Canecillos 10 y 11, y metopa 13 del ábside central (lateral derecho o noreste) Metopa 14 y capitel 4 del ábside central (lateral derecho o noreste)
592 / CABEZÓN DE LIÉBANA
y sosteniendo el arpa entre las rodillas. Cabeza al parecer solo tallo “achurrado” que acaba en medias hojas de palma
imberbe y peinada de parecida manera al rabelista. Es una y zarcillos. El cimacio representa, en el lateral que da al
figura muy bien interpretada, con una marcada delicadeza. Este, una escena de la caza del jabalí, tal como aquel otro
Los laterales llevan zarcillos y volutas. Metopa 12: Está que vimos en la puerta de El Cuerno, pero con una dispo-
casi cubierta por el capitel de ángulo del ábside que viene sición distinta: antes de la caza de la fiera. Aparece prime-
a continuación. Apenas puede apercibirse un basilisco con ro el jabalí y, seguido por el perro, el hombre con la lanza
alas y entrelazos. Capitel 4: Correspondiente al fuste de la en ristre horizontal. El hombre y los animales están
columna última, a la derecha, del ábside. Es el que cubre envueltos entre tallos “achurrados”. El lado del cimacio que
gran parte de la metopa anterior. Así como los dos caneci- da a la ventana, representa, con el mismo estilo, un perso-
llos que le preceden están muy maltratados, este capitel naje provisto de arco, en el acto de disparar a un ave.
está tal como se le talló. Por su situación es una pieza que La arquivolta de esta ventana es muy bella, iconográ-
se ve íntegra, y la decoración de su cesta se muestra de un fica y del mismo maestro o taller que trabaja en toda la
golpe. En la parte alta del esquinal se aprecia una cabeza, iglesia. De izquierda a derecha de las dovelas, se ven las
al parecer de felino, que muerde las dos puntas de un tallo siguientes escenas: acanto doblado en su punta; centauro
“achurrado” que se cruza y se abre por toda la cesta en barbado que bendice con la mano derecha y con la
culebreo de entrelazo. izquierda sujeta arco con el que acaba de disparar la flecha,
Todo el borde vertical de la cornisa, que en su parte que aparece también sobre el arco. Tiene cabeza de poca
inferior es donde se han esculpido las metopas descritas, frente, peinado a raya en medio y larga melena. Su posible
lleva una decoración repetida de flores cuatripétalas ins- pieza es un basilisco o animal fabuloso con cabeza y cres-
critas en círculos, que se hunden como cálices, casi tan- ta de ave, amplias alas y cola de alacrán, con patas de
gentes, y que solo se separan por una especie de estrecha poderosas garras; pareja de animales semejantes desple-
madeja ovalada en sus extremos. En algunas de la cornisa, gando sus alas y dando, al parecer, de comer a sus crías;
la separación de estas cuatripétalas inscritas en círculos, se acantos verticales que se doblan; una fiera alada esta vez
hace por medio de cálices perforados, tal como vimos en con cabeza de horrible carnicero que enseña sus dientes, y
la cornisa del ábside lateral izquierdo. se enfrenta a un león de largas melenas “achurradas”, colo-
La parte recta del ábside, correspondiente al presbite- cando su feroz garra sobre el cuerpo de éste, que vuelve la
rio norte, no lleva canecillos y sí una cornisa simple, a base cabeza en espantoso gesto de lucha; dos fabulosos anima-
de las correspondientes flores cuatripétalas que ya cono- les de cabezas de felino que se muerden mutuamente. Tie-
cemos. nen barbas de chivo, están de espaldas y vuelven sus cabe-
Este ábside principal separa sus cuerpos horizontales zas para atacarse. Detrás de ellos, acantos verticales o
con impostas. La más baja, en la que concluye el podium palmas. Finaliza la arquivolta con acantos de puntas dobla-
sobre el que se levanta el ábside, es de caveto invertido y das. El capitel izquierdo de esta ventana, lleva una cesta,
con piedra toba. La segunda es de billetes con perlas en perfectamente conservada, de traza de cestería, muy seme-
caveto, como la moldura del ábside lateral. La última, a la jante a la que debió de cubrir uno de los capiteles de la
altura del final de los contrafuertes, es de baquetón seguido, izquierda, el quinto, de la puerta occidental que fue, sin
decorado en la parte inferior por una fila de piramidillas. embargo, completamente destrozado. El cimacio de este
Las ventanas del ábside central son dos. Una pequeña, capitel izquierdo de la ventana absidal tiene un vástago,
colocada en la calle izquierda, cuerpo segundo, en posi- que, vomitado por una cabecita de la esquina, serpentea
ción descentrada, lo que nos hace pensar debe de tratarse por los dos lados encerrando hojas pentapétalas que dejan
de un añadido posterior. Es de arco de herradura prolon- un profundo calado.
gado y tuvo en éste dos o tres círculos inscritos, ahora Las basas de las columnas de esta ventana, son seme-
rotos, al modo y semejanza de la ventana que ya describi- jantes a las que aparecen en el interior del ábside, prolon-
mos existente en el ábside lateral de la izquierda. gando las arquerías trilobuladas y haciendo de capiteles.
La gran ventana central del ábside se sitúa entre los La izquierda lleva un bajo plinto de piramidillas y lengüe-
altos contrafuertes que separan las calles. Es muy esbelta y ta. La derecha, plinto de círculos con bolas.
sin duda reformada. Lleva parteluz que describiremos en el El transepto lateral del norte, lado este. Todos los
interior. Tiene columnas de fustes muy altos, que se ve que canecillos son sencillos, de proa de nave, sin ningún moti-
han sido recompuestos y que acaban en capiteles. El de la vo escultórico. El lado norte, sin embargo, lleva diez cane-
derecha es de cinco molinillos de los de hoja de roble o cillos iconográficos que son: 1.- Arpía con el cuerpo de
quizás de palma, y taladro. Todos ellos se forman de un perfil, cabeza de frente tocada con gorro frigio, alas y cola
CABEZÓN DE LIÉBANA / 593
Lateral izquierdo del cimacio de la columna derecha de la ventana central Lateral derecho del cimacio de la columna derecha de la ventana central
Primera dovela de la arquivolta que inicia ésta por la izquierda Segunda dovela
594 / CABEZÓN DE LIÉBANA
de alacrán. 2.- Personaje sentado, tal vez femenino, con su mano derecha sostiene un pito o flauta que toca con la boca.
mano izquierda parece sujetar algo. Es figura muy del esti- Su estado no permite asegurar la descripción dada. 3.- Tam-
lo de este maestro de Piasca. 3.- En proa de nave, liso. 4.- bién muy deteriorado, es imposible determinar que es lo que
Dos grandes acantos curvados hacia fuera. 5.- Conglome- se esculpió. Parece que pudiera tratarse de un juego de acan-
rado de acantos y hojas. 6.- Cabeza de acanto que se tos. 4.- Figura sentada muy deteriorada (¿ángel sentado?) 5.-
dobla. 7.- Grulla o ave zancuda, de frente, bajando el cue- Tallos “achurrados” que se cruzan en disposición vertical y
llo al que se enrosca una culebra (repite el tema del cane- retorcidos después. Buen calado. En su parte alta lleva bien
cillo 5 del ábside mayor). 8.- Personaje sentado que pare- marcadas las letras PR (que pudiera ser el anagrama de
ce sostener sobre sus rodillas un niño pequeño. 9.- Otro P(et)R(us) o de P(etrus) PRIOR. 6.- Bola con caperuza. 7.-
personaje sentado que tiene, también sobre sus rodillas, un Una quilla como con dos rodillos en lo alto.
libro abierto sobre el que coloca sus manos. 10.- De esqui- La cornisa de este transepto del Norte, solo está deco-
na. Bella cabeza barbada, con larga melena, que recuerda rada en el muro norte, con las rosetas cuatripétalas que
la del Pantocrátor de Carrión. Separa este canecillo la vimos en el ábside mayor, hasta el final del canecillo 4.
secuencia de los del muro norte del transepto, de estos Después, cambia el tema hasta el canecillo 5, con un enre-
otros del mismo transepto pero del lado oeste, que se jado romboidal de nido de abeja. Del 5 al 6, serie de extra-
decoran: ños escudos ovoides verticales; y del 6 al 7 otro trozo de
1.- Cuatro acantos, dos arriba y dos abajo, sobrepues- nido de abeja, y de aquí hasta el final vuelven los cálices
tos y torciéndose, tallados en marcado altorrelieve con la cuatrifolios inscritos en círculo.
maestría de señalar bien los huecos. 2.- Mono sentado, con La cornisa del muro oeste, de este mismo transepto,
el brazo izquierdo destrozado, pero que con él y con la no lleva ninguna decoración.
CABEZÓN DE LIÉBANA / 595
2.2. Interior de la iglesia nentes de este transepto se cubren con bóvedas de ner-
vios con clave central. La del crucero es de ocho ple-
Así como, ya desde el exterior, podemos apercibir mentos, en tanto que sus dos tramos lo hacen con seis
perfectamente el alzado, al entrar en el interior ensegui- plementos. El mismo estilo de cubierta tienen los ábsides.
da nos atestigua que se trata de una iglesia de tres naves; El mayor y central cubre los dos espacios –ábside pro-
la central, como ya anticipamos, más ancha y más alta, piamente dicho y presbiterio– con una sola cubierta, que
que se halla separada de las laterales por medio de pilares partiendo de una clave central está formada por nueve
acodillados, sin columnas, que voltean arcos formeros de plementos. Ábside mayor, presbiterio y nave central tie-
medio punto sobre jambas de poca altura. El arco toral nen la misma altura. Las cubiertas de los laterales del
del transepto, que da a la nave central, adquiere gran transepto son algo más bajas y mucho más lo son las de
altura y es de medio punto, en tanto que el triunfal que las naves laterales. En realidad existe una unidad estilísti-
da al ábside, con esta misma altura, es apuntado. Entre ca y al parecer también temporal entre la cabecera absi-
estos arcos se establece el crucero, con sus tramos latera- dal y el transepto, y otra posiblemente en los tramos del
les. Este crucero es el tramo más alto de la iglesia, pues resto de las naves que según aparecen ahora (desconoce-
según vemos desde el exterior, forma una especie de lin- mos las variaciones que han podido sufrir) llevan techos
terna rectangular sin ningún tipo de vanos. En cambio, de medio cañón para la nave central y de aristas los tra-
sus tramos laterales son más bajos. Pero los tres compo- mos laterales.
2.2.1. El ábside mayor rías, y doble en el centro, donde se juntan los dos arcos tri-
lobulados y los fustes son dos, todos ellos monolíticos y no
Si al exterior los muros son circulares, siguiendo la entregos. El capitel izquierdo es, con su cimacio, una bella
tradición más normal en la arquitectura románica, en el pieza bastante bien conservada. El cimacio es de hojas, tal
interior se hacen trapezoidales, de acuerdo con la planifi- vez de palmas, colocadas sobre un fino tallo serpentifor-
cación cisterciense ya muy influyente en los años finales me; y con un volumen muy resaltado como suelen ser los
del XII que es cuando se levanta la iglesia. De manera que vegetales que tienden a realizar los canteros de esta igle-
una vez más nos encontramos con esta mezcla de tenden- sia. En el punto angular del cimacio, y para división de sus
cias que existen en Piasca. Posiblemente la obligada nece- dos lados, hubo una cabecita, hoy rota, pero que pudo ser
sidad de adaptarse a un alzado más antiguo o bien –que es de animal o humana. La cesta de este capitel es igualmen-
lo que parece más razonable– la necesidad de reforzar y te de fuerte y valiente relieve. De abajo a arriba, dos capas
cambiar el planteamiento de Covaterio al colocarse pocos de acantos verticales que doblan sus puntas, puntas que en
años después, o cuando aún no estaba acabada su obra, una visión lateral, como se colocan, se convierten en volutas.
bóveda más de acuerdo con lo que se estaba construyendo Sobre ellas, y en la esquina del capitel, dos grandes volu-
en el norte de Palencia. tas grapadas que miran cada una a un lado, y desde ellas
Nuestra cada vez más afianzada opinión es que Cova- florones que dan paso también a volutas laterales, una de
terio hace un ábside semicircular, con tres ventanales a la ellas partida en su espiral.
misma altura y uno de ellos, el central, algo más grande. El capitel central de esta doble arquería es uno de los
Esto está patente aún, pues todavía se conservan las dos más bellos capiteles del románico montañés. Su actual
chambranas o arquivoltas de los ventanales laterales que estado de conservación es variable: desgraciadamente el
más tarde fueron tapiados. Luego, ante la necesidad de for- segundo de los Reyes Magos ha sido decapitado y al ter-
talecer el muro para colocar las bóvedas de nervios, se cero, aunque conserva el rostro, le han roto su calotte cra-
colocan esbeltos fustes en el semicírculo absidal convir- neana. Pero todo el resto de la escena de la Adoración de
tiendo su planta en poligonal. Al quitar la luz de los ven- los Magos está tal como la terminó el cantero románico. El
tanales laterales, se eleva la ventana central trasformándo- cimacio de este capitel es de largura excepcional, como
la en otra ajimezada, más de gusto gótico; en el cuerpo corresponde a una cesta que descansa sobre doble fuste. Se
bajo del ábside se abren tres nichos pequeños a modo de adorna con una secuencia vegetal de molinillos sencillos
credencias. Pero lo más interesante y bello de la iglesia son de hojas imprecisas –¿palma, acanto?– que parten de la
las dos arquerías gemelas que cubren, a uno y otro lado, los mitad del cimacio con dos opuestos de respetable tamaño
muros del presbiterio de este ábside principal. Realizados que, a uno y otro lado repiten: acanto vertical doblado en
por Covaterio o su taller, sin ninguna duda, pues su escul- el centro en dos volutas afrontadas, pequeñas, que dan
tura coincide en todo con la manera de estos canteros. paso en las esquinas a un molinillo en cada una igual a la
pareja del centro. La cesta se inicia en su parte alta con la
2.2.1.1. Arquería izquierda o del evangelio repetida secuencia de torres o edificios representando a la
ciudad de Jerusalén, aquí como cimborrios de largos ven-
Se trata de una arquería doble, de espléndido aspecto; tanales con cubierta cónica de tejas ovaladas imbricadas
en lo alto lleva chambrana resaltada de billetes, que del tipo de la cúpula de la catedral de Zamora. Son nueve
enmarca otras dos arquerías trilobuladas con arquivoltas torrecillas, llevando la central, en su base, una flor de siete
en escocias y finos filetes. Este tipo de arquerías gemelas pétalos grabada. Este tipo de visión ciudadana la vemos
son bastante repetidas en el románico, colocadas en los repetida en muchos frisos y capiteles del románico en
muros presbiteriales, sobre todo presentes en varias igle- general, pero parece muy usada por los maestros del norte
sias del norte palentino y alguna iglesia de las tierras de de Palencia (Friso de Santiago de Carrión y de Moarves,
Cantabria. Muy semejantes en cuanto a disposición y tra- capitel del desaparecido claustro de Santa Eufemia de
tamiento escultórico podemos recordar las de Villanueva Cozuelos; algunos capiteles del monasterio de Santa María
de Pisuerga o las de Vallespinoso de Aguilar. De la cham- de Aguilar de Campoo, etc.). Debajo de la construcción
brana a los capiteles donde las arcaduras trilobuladas apo- descrita, y apoyados los personajes sobre los collarinos, se
yan, el muro de fondo es de sillería bien tallada y de pie- desarrolla la mayor parte del tema de la Epifanía: a la
dra que parece toba; desde los cimacios hasta el suelo, es izquierda la figura sentada de San José con el peinado típi-
de mampostería de caliza. Los capiteles son tres; sencillos co de raya al medio y apenas visión de la frente, rostro no
los de fuste único, situados en los extremos de las arque- muy expresivo, frontal, con ojos que tallan, aunque muy
CABEZÓN DE LIÉBANA / 597
levemente, las pupilas, bigote y barba. Viste capa afibula- das que las de su santo esposo. El brazo derecho, que apa-
da, con cuello vuelto que deja ver las manos y algo de los rece por debajo de su túnica exterior, se posa, con una
brazos que sujetan el bastón en T muy típico en la icono- mano bien abierta, sobre la rodilla de este lado. La mano
grafía josefina. El bastón, que marca con intención su izquierda aparece sólo visible en sus dedos que, por deba-
punta para clavarse en la tierra, divide en dos partes los jo del brazo derecho del Niño, sujetan a éste, quien, total-
pliegues de las dos túnicas, interior y exterior; la interior mente de perfil, se sienta, con cierto equilibrio inestable,
queda colgando de las rodillas y la exterior llega a los pies, sobre la rodilla izquierda de su madre. Los pliegues de la
mostrando claramente los pedules que se aprecian sobre el túnica exterior, que también le llega hasta los pedules, a
collarino. A su izquierda, se esculpe a la Virgen, también diferencia de los de San José que son verticales, son circu-
sentada de frente, con postura y expresión un tanto hierá- lares y paralelos, remarcando el volumen de las piernas, en
tica con recuerdos egipcios. Cubre su cabeza con toca que una disposición que, con cierto primitivismo, suele ser uti-
se pliega luego sobre el pecho, en una clara simetría que lizada en las figuras sentadas femeninas, como se ve por
nuestro escultor gusta de utilizar. Sus ojos, con párpados ejemplo en el capitel de la Huída a Egipto del monasterio
acusados arriba y abajo y con las pupilas algo más marca- de Aguilar de Campoo, hoy en el Museo Arqueológico
Capitel izquierdo de la arquería del presbiterio, lado del evangelio Capitel derecho de la arquería del presbiterio, lado del evangelio
Lateral izquierdo del capitel central de la arquería del evangelio Lateral derecho del mismo capitel central
Nacional. Si bien San José y la Virgen están en posición decoración igual a la descrita en la parte frontal de la cesta.
frontal, como ajenos a lo que está sucediendo (tan solo una El resto lo ocupa el final de la secuencia arquitectónica y
leve inclinación de la cabeza de San José hacia su derecha, un arco en banda con cuatro cazoletas esféricas, y el cuer-
apoyándose en lo que puede ser un almohadón, puede sig- po inclinado y descabezado del segundo rey, que viste un
nificarnos la cierta pesadumbre del esposo de la Virgen, manto adornado con cuatripétalas incisas y un reborde que
tan repetida en la iconografía medieval), el Niño, que está quiere indicar la magnificencia del personaje a base de una
coronado, mira lateralmente, al parecer muy interesado, al secuencia de óvalos resaltados a modo de bordado. El ter-
primer Rey que, arrodillado en genuflexión, le entrega un cer rey, Baltasar, viene a continuación, adosado también al
obsequio que lleva sobre un paño que sostiene con sus bra- segundo y en postura idéntica de ofrecimiento. Su cabeza,
zos. El rey parece tocado con un bonete que cubre su rota, empieza en los ojos y da la sensación que tiene una
cabeza, dejando fuera una oreja y un gran mechón de punta de barba. Termina el capitel con una curiosa coloca-
cabello que llega hasta casi los hombros. Sobre el izquier- ción de las tres cabezas de los caballos de los tres reyes,
do el rey ha colocado su capa que cae sobre sus espaldas. colocadas una sobre otra y en disminución de arriba abajo.
El frente de la cesta de este interesante capitel termina con El lateral izquierdo presenta una bella escena que no sabe-
parte del segundo rey del que sólo está visible, pegado a la mos que conexión pueda tener con el motivo de la Epifa-
capa del primero, el paño sobre el que va colocado el nía. Se trata de dos personajes, bajo un arco con las cuatro
pomo que trae para el Mesías. La cabeza, que debería estar cazoletas que vimos en el lateral derecho, que, sin duda,
a continuación del posible Melchor, ha sido, como diji- forman el comienzo de una procesión sagrada, pues la pri-
mos, truncada completamente. La vestimenta ocupa ya el mera figura (van de perfil casi total las dos), es un ángel
lateral derecho del capitel, que lleva en su cimacio una que el escultor bien quiso distinguirle por la colocación de
600 / CABEZÓN DE LIÉBANA
dos enormes alas que nacen de sus espaldas. De cabello de la iglesia, es que estos fustes y basas han sido colocados
también exageradamente avanzado sobre la frente, lo con posterioridad a las arquerías ciegas, y, además, se han
peina hacia atrás, dejando un gran mechón o moño en la puesto con una falta enorme de cuidado y desde luego nos
nuca. La cabeza, de abultada mandíbula, parece dirigirse permite suponer que muchos de los elementos tallados por
un poco hacia lo alto. El manto, como los reyes, lo alza los canteros de Covaterio fueron arrancados posterior-
con sus brazos llevando cubierto con él algo muy digno de mente y colocados en lugares distintos a aquellos que
adoración y respeto, tal vez la Sagrada Forma. Inmediata- tuvieron y para los que fueron trabajados. Así lo podemos
mente detrás del ángel va un personaje más bajo en esta- comprobar cuando, en la imposta que sobre esta arquería
tura, que, con la cabeza también dirigida hacia el cielo, se coloca, aparecen fragmentos de las que formaron la cor-
lleva sujeta, con su mano izquierda, una cruz procesional, nisa de los ábsides como, la de flores cuatripétalas inscri-
que tiene en su base un espigón para poderla clavar en el tas en círculos que ésta tenía.
suelo. Debe de tratarse de un monje o un monaguillo.
Viste capa de anchas mangas, atada al cuello como vimos 2.2.1.2. Arquería derecha o de la epístola
en la representación de San José. Ambos posan sus pies
calzados sobre el collarino. El cimacio de este lateral repi- Siendo esta doble arquería ciega, una práctica repeti-
te la misma alternancia de molinillos y acantos verticales ción de la anterior, nos detendremos sólo en describir sus
acabados en volutas. Las basas, donde apoyan los dos fus- capiteles que son, de izquierda a derecha, los siguientes:
tes que mantienen este capitel, son áticas. La unión del 1.- De cimacio casi imposible de adivinar su dibujo,
toro bajo al plinto se hace por medio de lengüetas vegeta- por estar totalmente carcomido por la erosión o el mal de
les y una bola con caperuza, en el medio de estos toros. la piedra, tan sólo nos permitimos suponer que debió de
El capitel derecho de esta arquería está casi totalmen- tener flores inscritas en círculos. La cesta tiene parecida
te destrozado, de manera que es casi imposible averiguar corrosión y también, con parecida inseguridad, pudo
como era la composición dibujística que tuvo. Empezando haber sido adornada con dos grifos enfrentados en actitud
por el cimacio, todo su lateral izquierdo prácticamente ha rampante. Es, como en la anterior arquería, capitel para un
desaparecido, aunque el trozo de cimacio que queda en el solo fuste monolítico y exento.
lateral derecho, llevaba grandes hojas verticales de acantos 2.- Capitel central, donde apoyan los dos arcos, y, por
doblados. La cesta es ahora una completa maraña. Por lo tanto, doble, para dos fustes. El cimacio tiene el mismo
comparación con otros capiteles de Aguilar, podemos desastroso estado del cimacio acabado de describir y, por
intuir que estaba formado por dos cintas o tallos “achurra- lo tanto, imposible de reconocer como fue. En cambio, su
dos” que salen de una cabeza de animal, boca arriba, situa- cesta doble, para dos fustes, es una magnífica demostra-
da en el collarino. Esta cinta desenvuelve por la cesta cua- ción de las indudables relaciones que el maestro Covaterio
tro grandes círculos que encarcelan a cuatro animales más tuvo con los artífices que labraron muchos de los capiteles
o menos fantásticos, que casi es una aventura tratar de ave- de los monasterios de Aguilar y San Andrés de Arroyo, y
riguar su naturaleza. El del lado de la izquierda, en bajo, de muchas de las iglesias de sus contornos. Este capitel
parece un león por su melena; el bajo derecha, otro, con su recoge, tanto en el centro de la cesta como en sus latera-
rabo que pasa a colocarlo en las ancas. Toda su parte les, y en su total perfección, los famosos molinillos de pal-
delantera no existe. De lo que había en el círculo izquier- mas centrados en cálices octopétalos, que son un motivo
da, alto, nada queda. Y del círculo derecha, alto, puede repetido no sólo en la comarca aquilarense, sino en las
adivinarse que debió de haber un animal con cuerpo de arquivoltas de la puerta occidental de San Vicente de
ave y cola de alacrán. Los tallos parece que vuelven a ser Ávila, y en lo borgoñón francés, y que en lo nuestro se
mordidos por la cabeza de otro animal, en posición opues- acompaña de repetida labor de trépano, y que vemos en
ta a la que los vomitaba. los capiteles del friso de Santiago de Carrión, y en Valles-
Terminamos la descripción de esta arquería ciega del pinoso de Aguilar, aquí con tal similitud que aquí ahora sí
muro norte del presbiterio, señalando que, posteriormente que nos atrevemos a creer que el que esculpió los molini-
a ella, se colocó a derecha e izquierda de los arcos, un llos de Piasca es el mismo que los trabajó en Vallespinoso,
largo fuste exento y monolítico, con sus correspondientes es decir, son obras del mismo taller de Covaterio y que,
basas haciendo de capiteles, es decir, invertidas, con la por lo tanto, este debió de pertenecer a los artífices de
intención de enmarcar más solemnemente el valor de las Aguilar y San Andrés de Arroyo, y que Piasca no es más
arquerías. Y lo que llama la atención, y obliga a nuevas que una de las muchas obras de la escuela que, alrededor
interrogaciones en relación con la historia arquitectónica de los intereses de algún poderoso –rey, noble u obispo–
CABEZÓN DE LIÉBANA / 601
se asienta en Aguilar y comarca para operar sobre monas- central más grande, con sus caras con motivos de ramas.
terios suficientemente respaldados por alguien económica- Lo mismo que en los arcos del muro izquierdo, existe un
mente opulento. enmarque lateral con fustes cuyas basas hacen de capitel,
3.- Capitel del extremo derecho de la arquería. Tam- todo muy tosco y descuidadamente colocado.
bién para un solo fuste. El cimacio tiene en la esquina cen- El primer arco de las dos arquerías, el más próximo al
tral una cabeza de león de cuya boca salen palmas que, triunfal del ábside, se abre con una reducida puerta, muy
enrollándose hacia izquierda y derecha, forman cuatro semejantemente construidas las dos, que dan paso, la de la
molinillos de palmas trepanadas. La cesta está conservada arquería derecha al ábside lateral del mediodía que tiene
sin un solo destrozo, como si estuviera recién labrada. una cubierta de nervios de ocho plementos, con su clave.
Tiene tres pisos de motivos: en el más bajo, saliendo del La puerta de la arquería izquierda se abriría al ábside del
collarino, hay cuatro acantos que doblan sus puntas, for- norte, ya desaparecido, pero casi tapiado, que mantiene
mando las centrales una especie de volutas; el piso siguien- en el centro una pequeña habitación totalmente oscura
te lo ocupan otros cuatro acantos que doblan también sus donde nosotros hemos querido ver, en el recuerdo, algu-
puntas; el tercero y último piso lo llenan cinco cubos, el na moldura.
2.3. La epigrafía
sotros aceptamos en todos sus términos y cronologías al “En 20 de febrero, a honra de María Santísima se hizo
corregir incluso una que Amador de los Ríos equivoca. la dedicación de esta iglesia por Juan obispo de León, estan-
Mide el sillar de caliza arenisca y presenta una bella do presente don Gutier, abad de Sahagún, don Pedro prior
epigrafía de finales del XII en ocho renglones y dos añadi- de este lugar (de Piasca) y Covaterio, maestro de la obra.
dos posteriormente, en los que consta su terminación en Componen la era verdadera del tiempo en que se hizo esta
1439. dedicación dos veces quinientos y tres veces setenta, de los
cuales si quitas dos veces diez y dos veces nueve tendrás el
KALENDARVM MARCII DECIMO: IN HONORE · SANCTE año del Nacimiento del Verbo hecho carne” (1172).
MARIE FACTA EST HUIUS ECCLESIE DEDICACIO: A IHOANE LEGI Hace pocos años, 1985, Campuzano Ruiz, al comentar
ONENSI EPISCOPO:PRESENTE ABBATE SANCTI FACUNDI DOMINO esta lápida (CAMPUZANO RUIZ, 1985, pp. 291-293), piensa,
GUTERIO: dada la extrañeza en ella de dos fechas diferentes en la
ET PRIORE HUIUS LOCI DOMINO PETRO: ET COVATERIO OPERIS misma lápida, que tal vez fuese redactada por “un erudito del
MAGISTRO: BIS QUINGENTENI SIMUL ET TERSEPTUA siglo XV que tenía a mano el documento del siglo XII, según
GENI: ILLIUS VERAM COMPONUNT TEMPORIS ERAM: AQUA el cual se había dedicado la iglesia de Santa María, y emplea
BIS DENOS REMOVETO BISQ: NOVENOS: SIC INCARNATUM esa extraña y rebuscada fórmula para designarla”.
NOSCES DE VIRGINE NATUM + OPERA ISTA FUIT Respetando su opinión, en nada estamos de acuerdo
PERFECTA: ERA DOMINI: MCCCC:XXX:IX PRIOR DOPNUS PETRUS: con ella, porque por muy erudito que fuese el epigrafista
+ no iba a utilizar una caligrafía del siglo XII. Más fácil es
IHOANNES FERNANDEZ DE ANIECO ME FIZO XRIPTVS TORIBIO pensar, entre otras cosas, que en el vacío que queda des-
DE CAMBARCO ME FIZO pués del texto del XII, se escribe, muy apretadamente, y
con imitación de letra, la constancia de la terminación de
Que traducida por el propio Mateo Escagedo dice así: la iglesia en 1439.
604 / CABEZÓN DE LIÉBANA
BIBLIOGRAFÍA COMENTADA
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Yepes afirma, en las primeras líneas que dedica al monasterio de Piasca, que había visto en el monasterio de
Sahagún documentos referentes al monasterio lebaniego. Comenta un poco los documentos de 924 (de Endura y
su entrega con otras mujeres al monasterio de Piasca siendo abadesa Eylo), 930 (de Teoda), de 933 (entrega de su
hacienda por parte de Eylo), de 941 (concierto de la abadesa Eylo y las monjas), y 951 (de Materno que entrega a
su hija Totilda).
Se refiere luego al Santo Pastor, cuya ermita se encuentra junto a Buyezo, y al carácter dúplice del monaste-
rio de Piasca, contradiciendo la opinión de Fray Diego de Coria que opinaba que todos los monasterios de este
carácter pertenecieron a la orden de San Basilio. Finalmente dedica unos párrafos a la intervención del monasterio
de Piasca, en tiempo de Alfonso VI, como raíz del de San Pedro de las Dueñas.
FIDEL FITA: “El monasterio dúplice de Piasca y la regla de San Fructuoso de Braga en el siglo X”, B.R.A.H. t.
XXXIV, pp. 448-461, 1899.
Recoge en este trabajo el P. Fita –firmado el 5 de mayo de 1899– un pequeño estudio en relación, no con el
monasterio en sí, sino con el aspecto muy concreto de su carácter dúplice según la Regla común de San Fructuoso,
que corrobora así, según él dice, las atinadas observaciones que hicieron sobre el orden monástico de San Fructuo-
so, don Francisco Pérez Bayer, don Antón Siles y el P. Gams.
Para demostrar que esta regla de San Fructuoso es la que se profesó en Santa María de Piasca, transcribe los
siguientes documentos:
11 junio 941: Pacto entre treinta y siete religiosas y su abadesa Aylo.
28 marzo 945: Cesión de Nonito de una viña en Cabariezo. Dice Fita, en relación con este documento, que
tanto Nonito como su mujer Quelio –o Qurlione– “deben contarse con el número de los ancianos que el monaste-
rio admitía con arreglo al capítulo VIII de la regla de San Fructuoso; los cuales entraban para hacer penitencia de las
culpas de la vida pasada y eran tratados con mucha benignidad…”.
948: Oblación de una de las Todildes que firmaron el documento de 941. Dice Fita que este documento se
perdió en Sahagún, pero que lo vio Escalona en 1782. Debe de ser el mismo que nosotros citamos, que está en el
folio 7 y 7 vuelta del Cartulario de Piasca, aunque aquí se habla de la entrega por Materno de Teodoldi y la iglesia
de Santa Eulalia de Polaciones, y el que vio Escalona en vez de Santa Eulalia pone la legítima que tenía en Paska-
gio (Fita cree que este Paskagio es despoblado en Valdelacasa, término de Cofiñal, que “antiguamente se dijo Fuen-
te Pascassio”) (pág. 453, op. cit.). Como también el documento de nuestro Cartulario cita Pascagio, en Tresabuela,
es posible asegurar que es el mismo, y por lo tanto este Pascasio no puede estar en el Cofiñal leonés, y debe de ser
término de Polaciones.
18 mayo y 5 julio 951: Documentos de Simplicio y Abolus. El lugar de Lampa o Nauba lo localiza en Los Coos.
13 febrero 957: Es documento del Cartulario de Santo Toribio de Liébana. Es la venta de Pepi Aldefonsiz y su mujer
Teresa al presbítero Adica.
Estos dos últimos documentos los transcrie Fita para aclarar el período marginal entre Ordoño y Sancho.
FIDEL FITA: “San Miguel de Escalada y Santa María de Piasca. Datos inéditos”, B.R.A.H, t. XXXIV, pp. 311-343.
Lo relativo a Piasca comienza en la p. 316, año 1899.
Publica un documento de 23-24 de julio de 1454 por el que el prior Pedro de Santa María de Piasca senten-
cia a favor de la Colegiata de Lebanza sobre la iglesia de Santa María de Tina de Rivadedeva.
Otro de 8 de marzo de 1477 que recoge el documento de Piasca, de 1052, en que el abad Rodrigo subiussione
de donna Urraca, hace límite de los bienes y tierras de Piasca lindantes con Tollo, Tudes y Porcieda. La escritura de
este abad Rodrigo aparece, según Fita, en dos pergaminos de Sahagún, el número 526 y el 527, que tienen varia-
ciones de redacción y de fecha. La 526 aparece como de 1051 y la 527 como de 1052. La copia del Cartulario de Pias-
CABEZÓN DE LIÉBANA / 605
ca de la Biblioteca Menéndez Pelayo, tiene la fecha borrada, pero al margen se pone 1052 y es también distinta en
redacción a las dos de Sahagún, más reducida de términos. Fita piensa que esta escritura del abad Rodrigo es de
1051 (12 de agosto) y parece lo más probable, pues concuerda mejor con otra anterior de 20 de junio de 1051 en
la que doña Urraca hace cesión de sus bienes a Piasca, y es en 12 de agosto cuando el abad reclama los de Tudes,
Tollo y Porcieda, seguramente discutidos por estos concejos.
Publica después la escritura de donación a que estamos haciendo referencia, por la que doña Urraca en 20 de
junio de 1051 cede sus bienes en Liébana a Santa María de Piasca y su abad Rodrigo.
Los otros dos son documentos que recoge Fita en este pequeño trabajo se refieren a uno del 18 de septiembre
de 1050, sobre la avenencia, ante el conde don Gómez, entre don Rodrigo, abad de Piasca, y los vecinos de Bem-
bibre (Sahagún, núm. 523. En el Cartulario de Piasca, manuscrito Biblioteca Menéndez Pelayo, fol. 47 y vuelta), y al
de 1055 sobre el plácito entre los condes Guterius y Gómez ante el rey Fernando en Monzón. Fita piensa que el
Pámanes en donde se juntan después los condes, es el Pámanes de Liérganes. Nosotros creemos es un Pámanes de
Liébana puesto que el documento que copia Fita dice et dedimus plazo que se juntasen in Levana… Et aituntáronse in Páma-
nes, lo que bien claro determina que Pámanes está en Liébana.
Finalmente, Fita (pág. 341) transcribe la inscripción de Piasca, de 1172, corrigiendo la interpretación de Ama-
dor de los Ríos, al recomponer la lectura copiando TER en vez de Quatre, equivocación que hizo imposible la inter-
pretación de Amador de los Ríos.
MATEO ESCAGEDO SALMÓN: Vida monástica de la provincia de Santander, t. I, Liébana y Santillana, Santa María la
Real de Piasca, pp. 35-88, Torrelavega, 1918.
Recoge Escagedo en estas páginas dedicadas a Santa María de Piasca, en su libro Vida monástica…, t. I, una bre-
vísima relación histórica del monasterio, previa mención de lo que sobre él dijeron Antonio de Morales, Yepes y
Llorente. Hace referencia a la consagración de 930 y a la lápida de 1172. Con motivo del documento del conde
Rodrigo González de Lara, de 1122, cediendo a Santa María de Piasca el monasterio de San Mamés de Polaciones,
hace una breve referencia biográfica de este conde.
En la página 42 notifica que, en Ubriezo, pudo encontrar un manuscrito “que aunque incompleto, contiene el
índice de los documentos que existían en el archivo monasterial; documentos hoy perdidos, a excepción de los que
estaban en el de Sahagún y hoy existen en el archivo histórico nacional”.
Publica después de este índice que halló en Luriezo, fechado en 1766. En el número 59 de este índice, pág.
44, se dice: “Dentro está el Apeo de Camaleño y adjunto hay un libro de vitela forrado en pergamino ahumado, en el
que se hallan diferentes donaciones, privilegios y testamentos y otro de Astrología”. (Este libro que cita el índice de
Ubriezo debe de ser el Cartulario que guarda hoy la Biblioteca Menéndez Pelayo, que hemos consultado, y que no
pudo ver Escagedo porque ya en 1918, deducimos, no esta ni en Piasca ni en Ubriezo. Nota de García Guinea).
Recoge después una serie de papeles, también numerosos del 1 al 30, con diversas sentencias, requerimientos y com-
promisos, todo a partir de 1468. Después relaciona los curatos y presentaciones de Perrozo, San Andrés, Cambar-
co, Pesaguero, Torices, Los Cos, Yebas, Buyezo, Piasca, Aceñaba, La Casilla, Lameo, Cabezón, Cabariezo, Caecho,
Luriezo, Aniezo, San Sebastián, Ojedo, Tama, Frama, Dobres, Lubayo, Tabarniego, Ubriezo, Pesaguero, Avellane-
do, Cuera y Barreda, Torices y Lebanes, y bienes y arrendamientos que tenía el monasterio en la jurisdicción de Cer-
vera, en Quintanaluengos, Rueda, Dehesa, Ligüerzana, Vado, Vañes y Redondo.
Las últimas páginas sobre Piasca las dedica Escagedo a exponer la devoción que en el valle de Vega de Liéba-
na y Piasca se tenía a San Pastor de Tornes cuya ermita estaba en Buyezo. Este santo parece ser –según Yepes– que
fue monje de Piasca en los años mediados del siglo X, y fue natural de Tornes, barrio de Buyezo.
JULIA MONTENEGRO VALENTÍN: “Liébana y Santa María de Piasca (857-1252)”, tesis doctoral, 1986; “Organi-
zación territorial de Liébana durante la Edad Media: valles y alfoces”, en El Fuero de Santander y su Época, 1989; “Colec-
ción Diplomática de Piasca: 857-1252”, 1991; y “Santa María de Piasca: estudio de un territorio a través de un cen-
tro monástico”, 1993. Son los cuatro trabajos que han venido a ordenar en estos finales del pasado siglo XX, todo lo
que, más o menos acertado, se había escrito sobre el monasterio de Piasca desde el siglo XVII, hasta que la historia-
dora de la Universidad de Valladolid se propuso modernizar su conocimiento, acudiendo, casi de manera definiti-
va y crítica, a las fuentes originales.
En estos cuatro libros, la doctora Montenegro Valentín ha valorado y estimado lo que este monasterio leba-
niego pudo significar para la historia muy compleja del monacato en Cantabria, investigando –creemos que al máxi-
mo– todos los datos (a veces tan escuetos) que ha podido reunir. De forma que no sólo ha seguido su difícil desen-
volvimiento interno, siempre en estos casos, por la escasez de documentos y su especialidad administrativa y
comercial, de poca utilidad para la total historia, sino que ha procurado no dejar aislado al monasterio, incluyén-
dole en la vida total de la comarca durante la Edad Media.
La autora, sobre todo en el último trabajo de 1993, hace una labor a fondo en la familia de los Alfonso, fami-
lia que fue, sin duda, totalmente indispensable, no sólo para la creación del monasterio, sino para su posterior des-
envolvimiento. El desarrollo de la abadía, en este y otros puntos, se muestra muy inteligentemente desenvuelto, por
lo que nos permitimos considerarle como el más completo estudio realizado hasta ahora sobre este conocido cen-
606 / CABEZÓN DE LIÉBANA
tro religioso de Liébana, aunque, sin embargo, como es natural, no pueda eludir hipótesis de muy difícil asevera-
miento, como es el caso, por ejemplo, de negar el que Urraca pudiese ser abadesa de Piasca, por estimar que el docu-
mento de 1068, que así la llama abbattisa, “es susceptible de haber sido manipulado”.
A pesar de su ambicioso y logrado estudio, seguimos, por otra parte, en la duda sobre cuando acaba la dupli-
cidad de monjas y monjes en Piasca, pues el documento de 1109 no sólo la asegura, sino que da de nuevo el título
de abadesa a doña Urraca.
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153-154, 157, 162-164, 167, 172, 174, 179- 186, 189, 201-203, 205-210, 212-214, 217-219, 222-223, 225, 237-
243, 247, 249, 252-257, 273-277, 388, 411, 416, 420, 430, 432, 443, 456, 460, 470-543, 554; II, pp. 46, 62, 114,
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