Ipytuma
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Marcelo Larricq
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All content following this page was uploaded by Marcelo Larricq on 19 April 2017.
1
aparecen consignados fundamentalmente en ETNOGRAFIA DEL PARAGUAY
CONTEMPORANEO: Los Paî-Tavyterâ (Meliá,B., Grünberg,G.y F.,1976)1. A pesar
de tratar sobre una parcialidad distinta de la que estudiamos, ésta obra nos
proporcionó un esquema general para la descripción ordenada de las experiencias
infantiles Mbya.
Una de estas cuestiones es, por ejemplo, lo que parece ser una falta de espacios
institucionales específicamente dedicados a la transmisión de conocimientos, en
esas comunidades.
1
- La información sobre educación producida en el marco del proyecto "Paî-Tavyterâ",
también aparece consignada parcialmente en MELIA, B.,1977.
2
una serie de recursos bien definidos para educar a quien va a ser
un individuo de una comunidad" (idem.: 10)
Meliá consignó sus observaciones sobre los niños Paî, de manera de dar un
panorama sobre qué cosas hacen los niños en las diferentes edades, subrayando la
imitación como uno de los mecanismos más importantes en la adquisición de
conocimientos socialmente necesarios. Por otra parte, el autor describe los sistemas
de valores culturales que dan sentido a la conducta de los integrantes de la etnía.
Sin embargo, Meliá no avanza sobre la asimilación de estos valores en el proceso
de socialización.
Una de las fuentes teóricas más atendidas por Meliá 1, son los trabajos del
sociólogo brasileño Florestán Fernandes. El concepto de "sociedad tradicionalista,
sagrada y cerrada", de este autor, denomina a aquellas cuyas energías sociales
están orientadas a la mantención de un statu quo antes que al cambio. Cambio y
conservativismo serían las tendencias a encontrar entre las sociedades humanas,
que asi alcanzarían su "nivel optimo de liberación y de utilizacón positiva de las
cualidades y energías del hombre" (FERNANDES,F.,1975:37; en portugués en el
original).
"La 'educación para una sociedad estable' exige que los agentes
sociales sepan discernir criticamente, en las situaciones sociales
de vida, lo que contraría y solapa las normas tradicionales y
sagradas de organización de las actividades humanas; la
'educación ideal' sería aquella que preparáse a los individuos
para las elecciones que respondiesen, en términos de la dinámica
del sistema social, a las exigencias de perpetuación del padrón de
equilibrio del orden social" (idem.:38)
Piaget analiza el entendimiento creciente que el niño tiene del mundo desde su
nacimiento. Cuando decimos entendimiento, nos referimos a la comprensión adulta
del mundo tal como ésta se presenta a la experiencia de los individuos2. El autor
presenta un esquema evolutivo, que describe el crecimiento del niño en etapas.
Estas etapas son los estadios piagetianos, cada uno de ellos caracterizado por una
forma de estructuración intelectual de la experiencia.
La actividad del niño, según Piaget, estaría motivada por una tendencia
permanente hacia el equilibrio. Las condiciones de ese equilibrio se harán mas
complejas a medida que el niño crezca, yendo desde la satisfacción de las
necesidades fisiológicas más básicas, en el niño recién nacido, hasta los múltiples
factores que hacen posible el equilibrio intelectual adulto.
ASIMILACION y ACOMODACION son las operaciones generales por las cuales los
individuos humanos constituirían permanentemente su ADAPTACION al medio que
los rodea. Los primeros movimientos en este sentido los darían un "equipo" de
reflejos con los cuales el bebé nace, tales como el de succión y el de prehensión.
Estos reflejos dan lugar a las primeras REACCIONES CIRCULARES, esto es
actividad que se traduce en algún resultado "interesante" para el bebé, por lo que es
repetida. En el transcurso de la repetición son obtenidos nuevos resultados -más o
menos accidentalmente- dando lugar a un nuevo ciclo.
El reflejo de succión, por ejemplo, hace que el niño chupe todo lo que se acerca a
su boca. El pezón de la madre, fuente de alimento, será distinguido y reconocido
entre los demás resultados que la succión genere. Sin embargo como la succión
1
- Esto no es una crítica sino solo un deslinde de alcances. Ninguno de los dos autores, en las
obras mencionadas, tenían ese objetivo.
2
- Hacemos esta aclaración porque Piaget centra sus investigaciones en lo que llama el
desarrollo de la inteligencia humana, categoría que se refiere esencialmente al pensamiento
lógico, pasible de ser analizado en términos formales.
4
procura alimento (convoca la presencia materna, soluciona el "desequilibrio" del
hambre) toda inquietud provocará succión y por ende la posibilidad de someter a
esta acción distintos objetos, dando lugar a otras tantas experiencias de
reconocimiento y asi sucesivamente.
Estas son las herramientas conceptuales con las cuales Piaget explica la creciente
capacidad del niño para operar la realidad que lo circunda. El concepto de
OPERACION define la acción por la cual el niño manipula mentalmente una realidad
que no está directamente presente. La idea de una evolución intelectual parte de
que para el niño recién nacido, su propia persona no es discontínua con el mundo
que lo rodea. Habría, a través de la experiencia, una paulatina toma de conciencia
del "verdadero" orden de las cosas, lo que implicaría la idea de un yo, enfrentado a
objetos distintos de él y en última instancia, a otros yo de iguales características. En
este sentido la asimilación, la acomodación y los esquemas resultantes -de
creciente complejidad- harían surgir la idea de objeto y con ella la idea de yo.
La primera condición que debe pasar un ser para ser PERSONA, es la de ser
incluido en la especie humana. Esta última categoría no se resuelve por el mero
nacimiento ya que distintas sociedades establecen también distintas exigencias y
límites para este paso. Por esto PERSONA designa un estatuto no innato y su
atribución corresponde a exigencias de selección y jerarquía que cada cultura
impondrá a su modo. La psicología del niño sería en este sentido una sociología o
una antropología, por cuanto dá (o debería dar) cuenta de como un nacido deviene
humano y (luego) PERSONA. Si aceptamos entonces que individuo es PERSONA,
estamos aceptando que lo es en función de otros. Si a esto agregamos el devenir
PERSONA, nos encontramos con una instancia que la precede y que brinda -al
menos- los primeros elementos para la actividad de esa PERSONA en el mundo.
Esta sería la familia, el grupo, lo humano inmediato.
Pero nuestro enfoque aún sería pobre si consideráramos solamente una alteridad
humana cuando hablamos de lo social o lo cultural. Nuestra PERSONA comparte
con sus congéneres el medio sobre el que se levantan y ésta separación es tan
analítica como la primera. Mundo, grupo, persona son mutuamente fundantes. Lo
social contrasta cada una de sus partes distinguibles en la relación de estos
"términos" (tradicionales integrantes de la "totalidad" antropológica). Esta inclusión
completaría el escenario donde lo social tiene lugar y su interacción permanente
crea, mantiene y modifica lo que llamamos cultura.
De ésta manera podíamos observar las actitudes de los niños ante el mundo que
los rodea, como estructuras con componentes diferenciables y analizables. Pero
también podríamos entender el medio en el que el niño crece como una totalidad
que se diferencia paulatina y sistemáticamente siguiendo una valoración, una
clasificación del mundo, una individuación particular, que el sistema sociocultural
que lo rodea mantiene en su práctica cotidiana.
Esta práctica se orienta por contextos que le dan sentido, pero también modifica
esos contextos en su mismo devenir. El niño es parte de ella, como objeto de las
acciones que su status le hace merecer, y como sujeto en la medida que se integra
activamente a la vida social. En el desarrollo del niño, antes que un entendimiento
lógico del mundo habría una experiencia constituyente del mismo. Dicha experiencia
sería el resultado de la actividad diaria del niño en relación con personas y cosas
que lo rodean y, por lo tanto, ésta última sería el principal objeto de nuestras
observaciones.
En el año 1986, hicimos nuestra primera visita a la aldea "Palmito", ubicada en las
cercanías del arroyo "La Flor", en el departamento GUARANI, de la provincia
8
Misiones, Argentina. Los relatos que habíamos escuchado sobre sus habitantes
coincidían en señalar su renuencia al contacto con los blancos y especialmente con
las agencias indigenistas estatales y privadas. A ella se accedía por caminos
estrechos rodeados de selva, que hacían particularmente dificil el ingreso. Sin
embargo, ya entonces vimos en sus cercanías la proliferación de explotaciones
agrícolas de reciente instalación.
En la aldea repartíamos nuestro tiempo entre las casas de las familias y los
lugares y ocasiones públicas. De ésta manera pudimos comparar
comportamientos y desempeños de familias con constituciónes diversas y en
distintas situaciones. Pero también nos dedicamos a observar durante días
seguidos los acontecimientos en una sola casa, desde la mañana a la noche.
En este sentido contribuyó el hecho de que fuimos "incorporados" al círculo
de distribución diaria de alimentos en varios de los hogares en los que
permanecimos más tiempo. De ésta manera tuvimos acceso al oka, lugar
donde se cocina y "centro operativo" femenino por excelencia y alrededor del
cual se organiza la mayoría de la actividad infantil. Graficamos
cuidadosamente las distribuciones espaciales de hombres mujeres y niños en
la vida diaria y en las ocasiones públicas, obteniendo asi un "mapeo"
detallado de la administración social del espacio.
10
Redactamos este informe final, entre los meses de febrero y julio de 1989, según la
estructura antes descripta.
11
CAPITULO I
"Crecer Mbya"
I.1 La gestación
En la versión Mbya, aún teniendo una vida sexual activa, la mujer solo concibe por
decisión divina. Alguno de los cuatro órdenes divinos, Jakaira, Tupâ, Karai,
Ñamandu, o sus versiones femeninas1, envían a esta tierra el alma del futuro ser;
"hablan de él" como gustan decir los Mbya. Cuando el alma "toma asiento" (ombo
apyka), se pone en marcha un dispositivo que forma el cuerpo del futuro ser y crea
estrechas relaciones substanciales entre este y sus progenitores. Los grupos
guaraníes compartirían con otras etnías americanas, la "substancialidad" como
procesamiento simbólico de las relaciones de parentesco2.
1
- Un informante nos señalaba que, quienes envían más almas a la tierra son Karai y Tupâ,
mientras que Ñamandu y Jakaira, solo lo hacen cuando una familia (o un asentamiento) está
en momentos críticos y necesita de una acción "salvadora". También el envío de almas
tendría que ver con un esquema a través del cual el orden terreno reproduce el divino, en la
estructura de la aldea por ejemplo.
2
- Cf., por ejemplo, SEEGER,A.,1980 (especialmente caps. V y VI); SEEGER,A.,
VIVEIROS DE CASTRO,E., ambos en OLIVEIRA FILHO, J. comp., 1987 y DA MATTA,
R., 1976.
3
- Informante, varón, 40 años de edad.
12
activada por voluntad divina. Sin embargo el papel de la mujer en la gestación es
descripto como pasivo, en contraste con la actividad del hombre, principal
protagonista en la conformación de la nueva persona 1.
En cuanto al trabajo, el padre no debe realizar tareas que exijan gran esfuerzo
físico durante la gestación, especialmente cerca del parto e inmediantamente
después de él. Además del esfuerzo físico existen determinadas acciones que no
deben ser realizadas. Por ejemplo, el futuro padre no debe atar cosas; en
consecuencia no debe armar trampas (monde o ñua) en el monte, o realizar
construcciónes que lleven nudos y ataduras, etc.
Debe complacer a su esposa en muchos pedidos, aunque éstos impliquen tareas
fatigosas para el hombre, ya que, según nos indicara un informante, es su hijo quien
realmente pide. Si el padre no es consecuente, el niño puede enfermar con facilidad,
una vez nacido. En el primer ejemplo, la relación es representada como mecánica:
si el padre "hace muchos nudos", el niño tendrá dificultad en salir del vientre
materno. Puede enredarse en el cordón umbilical, etc.. En el segundo, la
desatención del padre a los deseos de la madre -en realidad del hijo 4-, es también
1
- Una versión sobre la concepción, muy similar a esta, consigna el Padre José de
ANCHIETA (1933), para los Tupi.
2
- No pudimos relevar información clara sobre los niños cuyos padres estuvieron ausentes
durante el embarazo de la madre.
u otros casos donde por alguna razón estas premisas no se cumplieran.
3
- Cf., por ejemplo CADOGAN,1959,cap.XVI.
4
- En el Ayvu Rapyta, Pai Rete Kuaray, heroe cultural e hijo del creador del yvy pyau, la
nueva tierra, guía a su madre en las huellas de su padre, hablándole desde el vientre antes de
13
desinterés por la misión que el padre divino de la criatura le haya otorgado en el
seno de la familia en la que residirá. Asi, si los que serán "beneficiarios" de su
existencia en el mundo no se interesan por ella, el alma puede sentirse incómoda
(ndojevy'ái: no "hallarse", no estar a gusto) en su nuevo hábitat y querer volver
pronto a su morada original, manifestándose esto en frecuentes enfermedades y
aún la muerte del niño.
Una vez establecida la relación substancial entre los padres y el futuro niño, las
acciones de aquellos tienen consecuencias que van mucho más alla de la
"administración" de los fluidos corporales (sangre, semen, etc.) y que tendrán
consecuencias duraderas en la vida del futuro ser. Estas consecuencias se
interpretan en un complejo formado por el "horizonte mítico" y sus derivaciones
prácticas en el mundo circundante1.
El niño cuya madre fue adúltera durante la gestación (mitâ oñembojo'a4), tendrá
señales fáciles de identificar por el "médico", una vez nacido. El ombligo será el
1313nacer. En este relato, al desatender la madre las solicitudes del hijo, éste se enfada
callándose y provoca asi el extravío de la madre que termina devorada por los aña.
1
- Nos referimos a la trama formada por causalidades, constituciones, caracteres de las
personas y cosas que la mitología describe o explica y que la acción cotidiana confirma y
actualiza.
2
- El concepto de "psico-profilaxis" nos parece el mejor equivalente en nuestros términos,
del conjunto de prescripciones que rodean a la gestación y el parto Mbya.
3
- CF. SUSNIK,B.,1983,pg.20 y sbsts.; TEVES,A.,1978.
4
- Cadogan traduce: «mitâ»: niño; «Ñembojo'a»: superponerse, colocarse encima. Este autor
equipara el adulterio del padre y de la madre, según se expresa en un dictado divino al
respecto. Sin embargo, tres informantes, en dos aldeas distintas, no mencionaron el adulterio
masculino como perjudicial (Quizás porque son hombres).
14
primer indicador de la transgresión ya que no se secará ni cicatrizará con facilidad y
se convertirá de esta manera en fuente de enfermedad. Otra de las consecuencias
posibles sería la imposibilidad de conocer el nombre de la criatura adulterina
(Cf.CADOGAN,Ibidem).
Existen una serie de prescripciones relacionadas con los gemelos (y con "lo"
gemelo). En principio, si son detectados antes del nacimiento, deben ser abortados.
Si nacidos vivos, deben ser abandonados y la madre no debe intentar siquiera
darles de mamar. Las mujeres solteras no deben ver, tocar o siquiera escuchar el
llanto de los gemelos, ya que podrían ser alcanzadas por el Mba'e Pochy y dañadas
en su capacidad de parir hijos sanos. Parte de las restricciones a las que es
sometida la niña que tiene su primera menstruación, versan sobre las cosas
gemelas. En general debe evitar los pares de cosas iguales por ser potencialmente
dañinos a su condición de mujer fecunda.
1
- opygua: Nombre del lider religioso también denominado Pa'i.
2
- Pet¶ngua (o pet¶gua): pipa guaraní estrechamente asociada a la práctica religiosa.
3
- Por esta distinción entre "médico" y opygua cf. GOROSITO KRAMER, 1982, Cap.V.
4
- Cangorosa o miel «kualâti», por ejemplo.
5
- Cf. CADOGAN, 1959, Cap.VIII; también NIMUENDAJU ("Ñanderiquey" y su
hermanito), 1914:388 y sbts.
6
- Al respecto la versión que consigna Cadogan, dice que "cuando un matrimonio ha
ofendido a los dioses, éstos permiten a Mba'e Pochy les provea de prole. Mba'e Pochy,
para demostrar que sobrepasa a los mismos dioses en poder y sabiduría, hace que se
engendren gemelos, enviando espíritus malignos: omopyrô ñe'engai para encarnar en
los cuerpos de las criaturas por nacer" (1959:70).
15
Esta relación estrecha, entre genitores y futuro hijo, es la que nos hace pensar en
una "comunidad substancial". La pertenencia a dicha comunidad, se traduce en una
relación con los demás miembros, tal que las acciones de cualquiera de ellos,
repercuten -como si se tratara de un solo ser- en la vida o el "estado" de los demás.
Que el futuro alumbramiento ponga en evidencia esta comunidad, porque la
presencia de esta situación liminar agudiza las precauciones1, no quiere decir que
sus características no se extiendan más allá de esta ocasión. La comunidad
substancial no se disolvería más o menos inmediatamente al alcanzar el niño cierta
edad. Muy por el contrario, este tipo de relación de substancia -nos atrevemos a
afirmar- subyace a todas las ideas sobre parentesco de los Mbya, al menos en lo
que hace al parentesco "terreno" (por oposición al "divino"2).
El lavado del bebé es realizado por quien atendió el parto y por un abuelo, que no
necesariamente coincide con el abuelo sanguineo y que en casos de partos difíciles,
o especiales puede ser un "médico". La acción de lavar al niño genera un
reconocimiento por parte de éste, que llamará Jaryi y ramoi (abuela y abuelo) a los
que lo atendieron en ese trance. Este primer baño es asociado al nacimiento al
punto que Cadogan traduce la expresión Mitâ je o-jau como "ha nacido un niño",
atribuyendo a o-jau, el significado "ser bañado" pero también "nacer" (1959:197 -
1971:48). Si bien los hombres atienden muchas veces los partos de sus esposas
(cosa que habria sido común entre los Tupi1), prefieren evitarlo por ser mba'e ñane
mondyi va'e, "cosa que nos inspira temor" (cf.CADOGAN,L.,op.cit:52).
1
- Cf., por ejemplo, THEVET,A. (parrafos de la COSMOGRAFIE UNIVERSELLE) en
FERNANDES,F., 1975,pp. 60 y sbsts..
2
- Al decir "originado" nos referimos a Tupâ como uno de los cuatro órdenes divinos que
envían almas a la tierra (Cf. nota 1, pp.17)
3
- METRAUX,A., "THE COUVADE", en STEWARD,J., 1948, vol.V.
4
- Por ejemplo, SOMOZA, SOARES de,G., TRATADO DESCRIPTIVO DO BRASIL, 1587
o CARDIM,F., TRATADO DA TERRA E GENTE DO BRASIL, 1939, pp.149-150.
17
Según hemos podido observar directamente, en por lo menos dos casos, luego del
parto la madre no se separa del niño ni lo abandona, durante un período que oscila
entre los 10 y los 15 días. Lo atiende permanentemente, sosteniéndolo la mayor
parte del tiempo alzado. En caso de ser necesario, solo permite que personas muy
allegadas lo sostengan y por períodos muy cortos. La otra característica de este
momento, es que la mujer no abandona el interior de la casa, salvo para cumplir con
necesidades fisiológicas y muy brevemente. Incluso, la mayor parte del tiempo -
durante el día- lo pasa sentada en el mismo lugar donde por la noche dormirá. La
ausencia de desplazamientos parece ser la consigna1.
1
- Estas condiciones serían obviamente dificiles de cumplir en los partos atendidos en centros
asistenciales blancos, de los cuales hay creciente registro (comunicación personal del Dr.
Daniel Helmfelt, Pto. Iguazu).
2
- Ku'asâ: cinturón; de Ku'a: cintura y sâ: cuerda o soga. Esta última palabra también se
refiere a sujección y exclavitud. Como verbo, por ejemplo, che sâ, significa estar sujeto con
cuerda o cadena y la expresión Isâ'y quiere decir: tiene libertad, goza de ella. También en Isâ
kyta'i: de poca vida y Purua'sâ: cordón umbilical (cf. RUIZ DE MONTOYA,A.,1876 y
GUASCH,A. y ORTIZ,D., 1986).
3
- Esta es la forma más frecuente pero no la única.
18
pedacitos de plástico. No es raro tampoco, ver a las niñas aún muy pequeñas (1 a 2
años) portando collares de cuentas, que combinan frutas y pedacitos de caña.
Pero, volviendo a los primeros días de vida, decíamos que la madre no se separa
del niño. A pesar de incorporarse lentamente a las tareas hogareñas, la mujer hace
absoluta prioridad de los deseos de su nuevo hijo. Cualquier tarea será interrumpida
si el niño llora y la madre no intentará en ningún momento establecer horarios para
sus "comidas" o subordinarlo de alguna manera a lo que ella tenga que hacer. Por lo
general una madre joven no vive sola, y esto quiere decir que su ausencia en el
trabajo doméstico será cubierta por otros miembros de la casa. Si está residiendo en
el hogar materno, su propia madre o hermanas solteras (aún casadas si las hubiere)
la ayudarán. Si vive en casa de sus suegros (o en las proximidades de ella), serán
su suegra, cuñadas o vecinas. Si la madre no es joven y tiene ya hijos, serán estos -
varones o mujeres- los que la ayudarán en el trance. Asi se garantiza una
dedicación de tiempo completo, de la madre al recién nacido1.
A partir del quinto o sexto mes, el bebé comienza a gozar de más libertad física y
puede ser atendido alternativamente por algún miembro de la casa. Sus hermanos
mayores -si los hubiera- o las personas que frecuentan el hogar, juegan con él
presentándole objetos y escondiéndoselos. Comienza a intentar desplazamientos,
pero estos son aún muy endebles. De cualquier manera, esta libertad le da acceso a
la mayoría de los objetos próximos, los que no son pocos ya que la mayoría de los
enseres de la casa y del oka están normalmente en el piso. No obstante,
1
- Betty e Irene Flach, quienes alfabetizan en dos aldeas del depto. Gral. San Martín, nos
describieron lo que para ellas parecía ser una percepción muy aguda de las madres Mbya que
asistían eventualmente a sus clases, para escuchar el llanto de sus hijos pequeños a distancia,
o aún de asistirlos justo un momento antes de que se despertaran.
19
siempre estará bajo la mirada de la madre o de algún mayor, por lo que sus
probabilidades de sufrir accidentes son minimas.
Un niño Mbya de ocho o nueve meses, come de casi todo lo que comen los demás
miembros de la familia. Mama regularmente y comienza a erguirse con alguna
seguridad. Aunque su aprariencia sea saludable y sus movimientos vivaces, su
tamaño y peso pueden corresponder a un niño de seis meses que los blancos
consideramos "normal"1 y no tendrá sus primeros dientes hasta después del año de
vida. Todavía pasa la mayor parte del tiempo diario cerca de su madre, pero
también incursiona en los juegos de sus hermanos, generalmente
interrumpiéndolos, aunque nunca provocando reacciones iracundas de estos. Todo
lo contrario, aunque el niño los importune, los demás niños de la casa lo tratan con
especial deferencia, jugando con él o restituyéndolo al seno materno cuando llora o
lo necesita.
Pero antes, necesariamente debemos ilustrar el medio físico en el que el niño vive
sus primeros años, en forma casi exclusiva. Las viviendas se encuentran separadas
unas de otras por distancias que varían entre 30 y 100 metros, aproximadamente.
Cada vivienda, o grupo de ellas, está más o menos en el centro de un patio, dentro
del cual, salvo árboles de sombra, no se permite el crecimiento de plantas. De esta
manera alrededor de las construcciones donde se habita, queda delimitado el patio 3,
más allá del cual puede haber chacra -área plantada-, "capuera" -tierra en
barbecho- o monte, siendo la última alternativa la menos probable. De esta manera
los edificios en el patio serán: la casa, donde se pernocta (en algunos casos existen
dos o más de estas casas, en virtud de sucesivas ampliacions que la familia haya
sufrido por casamientos, etc.); el oka, construcción abierta, consistente en un techo
1
- Esta normalidad sería la de niños nacidos con pesos de entre tres y cuatro kilos, con un
aumento de peso de un kilo por mes, aproximadamente, lo que daría un peso a los seis meses
de entre ocho y diez kilos.
2
- Jean de LÉRY (1534-1611) hace alusión a esta libertad de movimientos de los niños
Tupinambás en su VIAJE A TERRA DO BRASIL: "...cumpre-me observar que na
Europa consideramos, em geral, que se as crianças nâo forem bem apertadas em sua
primeira infância, e bem enfaixadas, terâo pernas tortas ou ficarâo aleijadas. Isso nâo se
verifica em absoluto com os filhos dos nossos americanos; desde cedo se conservam sem
faixas de pé ou deitados e nâo há por certo crianças mais desempenadas do que essas no
andar" (1972:176)
3
- En algunas aldeas muchas casas no cumplen con este patrón, pero hemos observado que
aunque no se puedan establecer claramente los límites del patio, operativamente -es
decir:desde el punto de vista la administración hogareña de los espacios- éste está bien
delimitado y se refleja en los "alcances" de los juegos infantiles, en los lugares de depósito de
las excretas, etc.
20
a dos aguas1, sin paredes o con paredes abiertas hechas de troncos o tacuaras. La
vida cotidiana de la casa se desarrolla mayormente alrededor del oka, donde
normalmente se encuentra el fuego principal de la casa, lugar donde se cocina y,
por ende, sitio donde pasan la mayor parte del tiempo diario las mujeres. Este es el
primer ambiente del niño.
A partir de los nueve o diez meses de vida, la madre comienza a enseñar al niño o
niña a "sentarse". Esta actividad consiste en que el pequeño se siente en cuclillas
toda vez que quiera excretar. Para esto la madre primero le enseña la posición,
acompañándolo en sus primeros pasos por el patio, e incitándolo a que se siente a
cada tres o cuatro pasos. Cuando el niño identifica el deseo de la madre -es decir,
comienza a responder positivamente a sus pedidos o incitaciones-, ésta empieza a
asociar la posición con las excretas. Esto es: cuando el chico comienza a orinar, por
ejemplo, la madre lo hace ponerse en cuclillas y terminar la acción de esta manera.
La siguiente enseñanza en este sentido, es que el niño excrete cada vez más
cerca de los límites del patio. Para esto también el niño o niña serán acompañados
repetidas veces hasta estos límites, lugares a los que dificilmente acceda de otra
manera, debido al control permanente que sobre ellos ejercen madre, hermanos y
mayores en general. Si bien, como dijimos, los niños están casi siempre desnudos,
las niñas siempre llevan vestidos. Ahora bien, en la educación para el control de
esfínteres esto último no es ningún impedimento, desde que la niña no lleva ropa
interior. El vestido entonces, con significar una clara distinción sexual, no crea
necesariamente una diferenciación en este aspecto. La niña se agacha igual que lo
hace el varón y a lo sumo con el correr del tiempo cuidará de recogerse el vestido
cuando lo hace2.
En el medio físico descripto, en las cercanías de las casas y aún dentro de ellas,
normalmente se encuentran los animales domésticos que la familia cría. Además de
pollos y (eventualmente) chanchos, siempre hay en las casas Mbya, perros y en
número no menor a dos o tres. Normalmente los perros comen las heces de los
niños, cualquiera sea el lugar donde estos las depositen. Asi, si un niño pequeño va
de cuerpo en el oka o en el tapyi3, no tarda en acercarse un perro que borrará todo
1
- A veces el oka es nada más que una estructura de tacuaras con hojas de palma a modo de
techo.
2
- Hemos observado también en algunos asentamientos, niñas con pantaloncitos, sobre todo
en los primeros años de vida.
3
- Tapyi : habitación humana, casa tradicional Mbya. "Los tapyi", suelen decir los Mbya para
referirse a las aldeas más conservadoras (comunicación personal de Alejandro Kowalski).
21
rastro de lo acontecido. El orín, por su vez, es absorbido por el piso de tierra y
nunca es tanto, ni tan frecuente como para producir malos olores1.
1
- Jean de LÉRY (1972:177) observa esto mismo para los Tupi-Nambá, atribuyendo la falta
de olor a lo "aireado de las casas" y a las fogatas que se encienden en ellas. "Quanto aos
excrementos -dice el mismo autor-, costuman as crianças deita-los longe das casas"
(ibidem)
2
- Aún en las salidas de grupos de hombres al monte, se busca un aparte discreto en el
momento de satisfacer necesidades fisiológicas.
3
- Debemos hacer una salvedad sin embargo: las reaciones circulares, que Piaget clasifica
como primarias y secundarias, son un modelo de esquema que el autor utiliza sobre todo en la
descripción de los comportamientos de los primeros meses de vida. No obstante ello, creemos
que la noción de esquema, y la de reacción circular en particular, no tienen limitaciones -
salvo los contextos en que fueran usados- que puedan hacer objetable el uso que le damos.
22
"hay que llegar", o cuya atención haya que concitar. Las investigaciones del niño,
siempre parten desde el lugar en el que está con la madre, hacia direcciones que
primero están determinadas por sus propios juegos y entretenimientos solitarios y
que luego intentan, con creciente éxito, alcanzar a sus hermanos y mezclarse en
sus juegos imitándolos. Asi, si esquematizamos estas acciones como un pequeño
ciclo, diríamos que el niño parte desde las posiciones en las que se encuentra la
madre -en el interior del tapyi, del oka o en algún sector de la roza hogareña-
atendiendo a lo que pasa alrededor y regresando al punto de partida (por medios
propios o no) al llegar a algún tipo de "punto crítico". Este "límite" podría ser el
mismo temor del niño, una caída que produce llanto o el hecho de acercarse a
lugares sobre los cuales los mayores no pueden ejercer algún tipo de control visual.
De esta manera la limitación más frecuentemente impuesta a nuestro hipotético
niño, es la espacial. Si bien es cierto que cuando el chico manipula objetos que son
peligrosos para él, como por ejemplo: cuchillos o palitos con brasas, tal
manipulación es evitada por sus mayores, también es cierto que tal limitación tiene
un carácter distinto al control de los desplazamientos. Este tendrá un caracter
manifiestamente activo, mientras que la manipulación de objetos "inconvenientes"
será interrumpida por medio de distracciónes de la atención del niño primero, y por
peticiones corteses o cariñosas luego. El pequeño que esté poniendose fuera del
alcance de la vista de la madre, será traido, aún contra su voluntad, hacia adentro
de ese "campo de control".
Es alrededor del año de vida (pero preferentemente pasado este) cuando, ante la
evidencia de su fortaleza física los padres llevan al niño o la niña para "escuchar su
nombre". Según Cadogan (1959:41), la madre dice al bautista: Ikatupy ma oiko che
memby; ery1 aendu chevy ma aru (mi hijo ya está entre la gente, lo traigo porque
quiero escuchar su nombre). A esto contesta el Mitâ renói (el que da nombre al
niño): Ery Ñaendu va'erâ (hemos de escuchar su nombre). Sopla entonces el
bautista, el humo del pet¶gua sobre la coronilla del niño o niña y después de
haberse comunicado con los dioses, dice el nombre de la criatura. El mismo autor
señala la advertencia de los dioses sobre el hecho de que los niños se encolerizarán
por su "nuevo estado" de nacidos
1
- "Ery mo'â a : aquello que mantiene erguido el fluir de su decir" (ibidem :42) es -
según Cadogan- la expresión para denominar este nombre surgido del bautismo
2
- "A'e va re ma, ñande ñaenói ague rupi oñeenói ma vy aé yvy rupa oguerovy'a va'erâ
mitâ, ndo gueropochy véi ma va'erâ"
23
-según Cadogan, el origen de todo mal para los Mbya (1959:41 y sbsts.)- en los
mayores ha sido acrecentado por las "imperfecciones de la vida terrena", es decir
por todas las contaminaciones de las que fue objeto (en acto y en substancia)1.
1
- Norman Anderson, quien residiera entre los Chiripá (aldea Santa Isabel, Este del
Paraguay), señala el pochy, como algo sistemáticamente evitado por ese grupo, al punto que
describe su autodefinición como "no somos pochy" (1987:205). "En este sentido apartar se de
algo pochy -dice el autor- es positivo en si mismo. Uno no reacciona o resiste sino que se
desacopla, se aparta" (idem.:211). Según los informantes de Anderson, antiguamente, "si un
paraguayo nos golpeaba, por ejemplo, nosotros nos reíamos y nos alejabamos (...)
sencillamente llevabamos nuestras casas para otros lugares. En los viejos tiempos teníamos
siempre buena salud" (Ibidem). En este sentido es interesante mencionar la definición de
Montoya, para quien pochy, además de "colérico, recio, enojadizo", significa "sucio" pero
también "mucho"; traduciendo Amombochy como corromper mujer" o "chemombochy: pecó
conmigo dice la mujer" (RUIZ DE MONTOYA, A., 1876:306/312).
24
"actualizar" el pasado, o sea: recordar experiencia, para reconstruir y proyectar
acciones en el presente.
Al año y medio estas imitaciones son sistemáticas. Pero el niño o la niña imitan
tramos cortos, que se revelan como faltos de sentido, en referencia a los contextos
en los que sus hermanos mayores inscriben los actos imitados. Esto es: estas
imitaciones no son intentos de participar en juego cuyas reglas el pequeño imitador
comprende plenamente. Sino que estos tramos son la "moneda" con la que el niño
"compra" la atención de los chicos mayores que él. Son los conceptos que
intercambia, en la intención de ser reconocido, aceptado, incorporado, querido.
1
- Aunque los "otros" y "yo" no sean aún nociones plenamente desarrolladas.
25
El segundo ejemplo sería más claro en este sentido. La acción de Bonifacio era en
gran medida fortuita. Independientemente de que pudiéramos buscarle un referente
en algún "sector" de la cultura (o de la experiencia personal del niño), su conducta
no participaba de algo mayor en ese momento. Se podría decir que ejecutaba una
de esas acciones que los niños parecen realizar para si mismos, sin intención de
comunicar. La imitación de Ava'i queda entonces al descubierto como imitación y no
como intentos de integrarse a un juego, que sin embargo no alcanza a comprender
en su totalidad. Por último en el tercer ejemplo la cadena imitada incluía el lenguaje,
que era, en gran medida, lo que le daba sentido a toda la acción. Ava'i una vez más
la imitó sin omitir nada, ya que la forma en que representó el lenguaje es lo que el
lenguaje representaba para él. Podríamos decir, entonces, que esta forma de
simbolizar no incluye el lenguaje sino que ES todo un lenguaje. Y de esta manera
aparecen las primeras palabras integradas en tales "esquemas de comunicación".
26
casa y los niños que aún no acompañan al padre en su quehacer masculino.
27
Pero hablábamos de los niños entre el primero y el segundo año de vida. Si ya
tiene capacidad para caminar, el niño varón será atendido en forma preferencial por
el padre. Durante sus estadías en la casa, el padre acostumbra a pasar largas horas
con los hijos. Estos tienen con él y hasta los diez o doce años de edad, una
confianza física muy grande, comparable a la que tienen los niños menores con su
madre. Pero los niños varones, en especial los menores, serán los más festejados,
los más comentados y estimulados por el padre ocioso.
La niña también es mimada por el padre, pero el varón recibe la palabra de éste. El
hombre le habla a su hijo aunque éste no lo entienda. Lo alza, lo pasea, le señala
cosas, mientras "conversa" con él. En el futuro, una parte importante de esa relación
será la palabra que el padre irá cediendo al hijo, hasta que éste tenga la suya
propia1. Esta diferencia en los "ámbitos sexuales", se refuerza en las niñas desde su
pequeño vestido hasta las cosas que ya su madre, tías o abuelas, comienzan a
señalarle como incorrectas e su conducta "femenina". Sus hermanos la excluirán de
determinados juegos y prácticas, considerados solo masculinos: no les será
permitido subir a los árboles, tirar con gomeras (honda) o, aún, algunos juegos de
pelota. Vestido, aros y collares, además, tienen una importancia práctica en esta
cuestión. No es la misma libertad de movimientos la de un niño desnudo, que la de
una niña con vestido por debajo de las rodillas. Sobre todo cuando las mujeres de la
casa hacen cuestión -creciente con la edad- de que el mismo se mantenga "en su
lugar", cubriendo el sexo de la niña.
Tales diferencias por sexo, aunque no pueden ser reconocidas por el niño en un
horizonte de significación (como puede ser la importancia de la división sexual en la
cultura), se constituyen en una fuente de experiencia diversa en razón del sexo.
Esto es: existen en la vida cotidiana del niño y de la niña de entre uno y dos años,
una serie de elementos formadores de experiencias de "frontera sexual"; cortes
informados por distintas fuentes, que convergen y se unifican -a través del tiempo-
formulando lo que luego será la masculinidad y la femeneidad. Asi, si la presencia
de la madre y el hecho de compartir el espacio hogareño hacen de los dos sexos
realidades poco diferenciables, el aspecto físico, la actitud de los mayores asociada
a ese aspecto y el refuerzo de la presencia paterna, intermitente pero destacada en
la cotidianeidad del hogar, son fuente permanente para la experiencia de "lo distinto"
que se entenderá luego agrupado por sexo. Procesos como este -lógicamente-
pueden ser identificados para el mundo entero que rodea al chico. Pero hacemos
hincapié en esta construcción sexual de la persona social Mbya, por parecernos
sumamente importante en la estructuración social de la etnía.
Por otra parte, si nos detenemos en esta edad, para considerar estos hechos, es
porque el próximo paso en la vida de estos niños es la adquisición del lenguaje. Por
tanto, nos interesa dejar sentado que si bien el lenguaje descarga sobre el niño un
potencial vertiginoso para la comprensión (social y socializante) del mundo,
1
- Esta "cesión" de la palabra parafrasea una idea Mbya, por la que el concepto de palabra,
connota conocimiento, verdad, y en consecuencia, capacidad para conducirse y hablar
correctamente, como hombre, como Mbya.
28
paralelamente a su adquisición, se desarrollan una serie de hechos relevantes en la
"conceptualización" (en el hacer concepto) de la persona1. El surgimiento del
lenguaje mantiene con estas experiencias una relación tan estrecha, que solo los
podemos diferenciar analíticamente2.
Después de los dos años -en muchos casos después de los dos años y medio- los
niños comienzan a hacer una imitación repetida de palabras y sonidos,
especialmente en los juegos. Ha crecido su participación en ellos, junto con su
habilidad y entendimiento. Si fueran niñas suelen organizar grupitos que imitan el
fogón familiar con pequeños cacharros y movimientos de cocina. En estos juegos
las niñas de dos o tres años tienen un papel subordinado y complementario, en
tanto son lideradas por las hermanas o niñas mayores. Asi, reciben órdenes cortas,
a las que responden ejecutando la acción ordenada pero dentro del plano de la
ficción. Por ejemplo: eru y (trae agua) dice Yva -cuatro años- a Yva -dos años y
ocho meses- y la más pequeña recorre una distancia con un pequeño recipiente,
volviendo a los pocos pasos y entregándoselo a su tía paterna, quien volcará el
contenido imaginario dentro de una ollita colocada sobre el fuego imaginario.
1
- O sea : la propia definición de la persona por referencia a los demás y viceversa.
2
- Para una referencia al debate sobre el papel del lenguaje en el desarrollo infantil, cf.
PIAGET,1965; LURIA y YUDOVICH, 1978. También sobre posiciones chomskianas en el
tema: ARDENER et al.,1976, Introducción.
3
- Mbaraka : guitarra ritual de cinco cuerdas y afinación especial (para detalles sobre este
instrumento cf. RUIZ, Irma, 1980; 1985).
29
encomendado a un/a hermano/a mayor su cuidado. Es voluntariamente integrado
con mayor frecuencia por esta comunidad de juego.
Por otra parte, en tanto los juegos imitan la vida cotidiana, también son asumidos y
reforzados los roles sexuales respectivos. Las niñas cocinarán, como vimos en el
ejemplo arriba mencionado, y los niños machetearán -como otro ejemplo-. También
el lenguaje será ejercitado en relación a estas acciones y por lo tanto los pequeños
varones aprenderán con más rapidez las palabras de los hombres, haciendo lo
propio las pequeñas mujeres. No obstante este ejercicio intensivo de la palabra
asociada a la acción, no será hasta los tres años que los chicos Mbya, exhiban un
manejo más fluido del lenguaje. Esto es: que sean capaces de comunicar mensajes
sobre su situación, deseos e intenciones, por medio del lenguaje.
Esto pasa con los partidos de futbol, con los bailes o con las reuniones políticas.
Es común ver a los niños menores de diez o doce años jugando al futbol en una
pequeña cancha improvisada cercana a la de los mayores, mientras se desarrolla
un partido en la cancha de la aldea. En estos "juegos paralelos", incluso se forman
equipos según edades cuando la abundancia de niños hace excluir a los más
1
- Cabe acotar que el autor realiza esta afirmación en el contexto de una obra resumida, en la
que se indican nada más que los puntos más salientes de la educación Pâi.
30
pequeños. En los bailes al estilo de los "blancos"1 que se realizan en la aldea,
1
- Es decir: con música criolla (chamamés y polcas, aunque en los asentamientos de la costa
31del Uruguay, también es común la música "gaúcha" del Brasil), baile en parejas e ingestión
de alcohol.
31
también es común ver en horas tempranas a los niños en improvisadas pistas (o en
la misma que usarán los mayores) ensayando pasos de baile en parejas del mismo
o distinto sexo. Cuando los habitantes del asentamiento se reunen para la solución
de problemas que atañen a la comunidad, no se registra, sin embargo, una
reproducción simultánea. Estas reuniones comienzan en algunos casos con arengas
religiosas, acompañadas por la danza de grupos de mujeres y hombres. En estos
grupos participan incluso los niños de cuatro y cinco años, mientras que los
menores quedan al cuidado de sus madres. Integrados -aunque sin obligación- los
"directores naturales" de los grupos de imitación, éstos no se conforman. Las
discusiones que siguen a este inicio, son (desde lo que parece ser el punto de vista
de los niños) largas y tediosas, por lo que, terminada la danza, lo más común es que
se agrupen reiniciando juegos propios. No obstante esto, la escena de la reunión
aparecerá representada en los juegos infantiles en los días posteriores.
Pero si bien podríamos hacer coincidir las conductas de los niños en estas
situaciones explícitamente comunitarias, con la definición de Meliá, también es
cierto que estas son comparativamente excepcionales en la vida cotidiana de los
niños. Los partidos de futbol -dependiendo de la aldea- pueden realizarse semanal,
quincenal o, aún, mensualmente. Lo mismo podríamos decir de los bailes,
acontecimiento que en muchos asentamientos ni siquiera existe. Por último las
reuniones políticas, si bien es posible que tengan ritmos aún cuando se enuncien
como realizadas por necesidades eventuales, tampoco tienen una frecuencia mayor
que la mensual o quincenal. La definición mencionada sería entonces limitada, en
tanto no da cuenta de todos los campos de interacción de los niños en las edades
que nos ocupan.
32
los pollos (para lo que ella misma ha desgranado el maiz y lo ha puesto en su
mano), también un grupo mixto, con edades entre cuatro y cinco años puede
perseguir a una gallina por simple diversión. Estos animales brindan oportunidad
para comparar actitudes físicas, costumbres, etc., con similares de las personas
circundantes. Los abundantes sobrenombres -en contraste con los verdaderos, no
divulgados frente al blanco-, provienen en su mayoría de los animales y esto por
alguna característica corporal del aludido, alguna anécdota de la que fuera
protagonista, etc.. También estos sobrenombres son objeto de -o están originados
en- juegos de palabras que producen asociaciones graciosas, por medio de la rima
en la mayoría de los casos.
Los animales monteses también son comunes en los hogares Mbya. Tanto sea por
su presencia espontanea, en virtud de las cercanías del medio que los cobija, como
por haber sido atrapados por miembros de la casa que los mantienen como
máscotas y cuidan sus crías, en el caso de algunas especies1. También estos,
entonces, son motivo de observación y juego para los chicos de la casa.
1
- Monos y pajaros -como tucanes y loros- son por lo general vendidos a los blancos.
También los félidos cazados con vida. Estas especies permanecen, sin embargo, en la casa del
cazador por un tiempo.
33
Ahora bien, si los juegos estimulan las capacidades motoras, intelectivas y aún
lingüísticas en los que participan de ellos, las escenificaciones implican una
observación detallada de lo escenificado, una repetición seriada de las operaciones
que en la acción efectiva los mayores llevan a cabo, etc.. Los propios participantes
de la escena se corrigen unos a otros, cuando esas series no se reproducen
correctamente. Esta preocupación es notable en su faz negativa, por cuanto, por
ejemplo, uno de los modos que tienen los niños mayores (o en general no
participantes) de disolver la escena es señalar de alguna manera su condición de
ficción, ridiculizándola. Otras veces interrumpen alguna de las series de la imitación,
malogrando la acción (aúnque manteniéndose dentro de la ficción imitativa).
En el primer ejemplo la ficción es rota por un hecho que escapa a ella y que es
visto como desagradable por la corrección Mbya. En el segundo la norma es
contrariada como expresión de desacuerdo impotente. Con distintos objetivos, las
excretas fueron usadas como lenguaje desde su aspecto negativo.
1
- Hemos observado en una oportunidad, una madre que, con una mantita construía una
muñeca de trapo para su hija de tres años. Fuera de esto no hemos visto objetos
específicamente construidos para juego de los niños.
2
- El paso de los camiones por un camino cercano, era uno de los pocos contactos visuales
34frecuentes que los pequeños tenían con el blanco, en el lugar donde se hizo la observación.
34
utilizando camiones de juguete hechos con botellas, latas y otros envases de origen
blanco. La representación no era imposible con elementos "propios", pero toda vez
que los niños podían incluir esos materiales1, la representación ganaba en
efectividad ante sí mismos. La hipótesis de una clasificación que estas
observaciónes sugirieron, sirvieron de base para una experiencia que más adelante
comentamos.
Pero, cómo progresa la obligación de la tarea hogareña entre los niños? En la casa
Mbya hay una serie de tareas que desempeña un niño desde los cuatro años
aproximadamente. Debe alcanzar a la madre objetos momentáneamente distantes
de ella, acarrear agua, alimentar, recoger o cuidar los animales domésticos, cebar
mate, etc.. A través de la práctica crece la habilidad pero también la obligación que
el niño o la niña tendrán para con las órdenes de la madre. Pero, si edad y
1
- Los residuos que dejábamos eran sistemáticamente "reciclados" en estos juegos, por
mucho cuidado que tuviéramos en ocultarlos para no ensuciar la aldea.
2
- Constituyendo y reforzando asi la interacción en los moldes del parentesco.
35
conocimiento habilitan para cumplir con pequeños servicios, la obligación de
realizarlos caerá en los hijos mayores presentes.
A los seis o siete años, niños y niñas conocen la mayoría de las tareas del hogar y
en casi todos los casos -fuera de los esfuerzos que le sean físicamente imposibles-
las pueden realizar. Pero también es cierto que no tienen la obligación de llevarlas a
cabo, porque no les serán exigidas o punida su no realización cuándo ordenadas.
Por otra parte, gozan de la atención materna como niños. O sea: aún pueden
refugiarse físicamente en la madre cuando son agredidos o se accidentan. Ella los
defenderá, y reprenderá a los causantes de su dolor. También su padre los tratará
como tales y a la hora en que el progenitor se tira a descansar, bajo la sombra en el
1
- En esta categorización igualamos, bajo el rótulo de "trabajo" u "obligaciones laborales",
tanto las tareas que llevan a cabo en las chacras del blanco como las excursiones al monte
para buscar alimentos y materias primas.
2
- Esto dependerá también de la constitución física del niño, de las necesidades familiares,
etc..
3
- Cf. MELIA,B., op.cit.:29.
36
patio o dentro de la casa, todavía podrán recostarse junto a él, como lo hacen sus
hermanos menores.
Este status les permite burlarse o molestar a sus hermanos mayores. Estos,
colmados en su paciencia muchas veces, suelen responder con agresiones físicas o
verbales que los hacen llorar. Ellos, como dijimos, pueden refugiarse quejándose,
en los brazos de su madre. No asi el hermano mayor, que, temiendo la reprimenda,
se alejará de la casa o del mismo patio según sea la importancia del incidente1.
Podríamos decir que en este período el Mbya deja la niñez, o por lo menos deja de
disfrutar sus prerrogativas. Su participación en las actividades rituales aún no es
obligatoria, pero si esperada. Hasta entonces su participación en el ritual socio-
religioso (reuniones públicas, rituales de producción, iniciación, etc.), se había
reducido a su bautismo, a la observación o a la intervención fortuita2.
Las celebraciones fijas que donde toma parte toda la comunidad se realizan
normal mente dos o tres veces por año y no cuentan sino con la participación pasiva
de los niños en las edades anteriores a las que nos ocupan. Recién en esta etapa -
sobre todo los varones- participarán parcialmente de las danzas, prestando también
más atención a las plegarias y palabras del opygua o del Mburuvicha (jefe político).
En el Opy habrá apyka'i (pequeños bancos) que ocuparán los niños desde
pequeños, pero que irán abandonando ahora para sentarse junto a los mayores.
También en esta etapa la división sexual tiene sus señales. Estas no se identifican
solo en el aspecto personal, o en un listado de obligaciones. Tienen también una
expresión espacial facilmente observable. Un varón de siete u ocho años, puede
alejarse solo de la casa -cosa que raramente hace antes de esa edad, si no va a
compañado de un mayor-, en busca de compañeros de juegos en casas vecinas,
para asistir a un partido de futbol, etc.. La niña permanecerá junto a su madre. Niños
y niñas irán separandose también en sus juegos cotidianos alrededor de la casa. A
una actitud masculina de investigación y atrevimiento en el mundo circundante, con
marcado interés por los ámbitos de los hombres adultos, corresponderá un mayor
acercamiento de la niña a las tareas propias de las mujeres: la cocina, el cuidado de
los menores, etc.. Estas definiciones, sin embargo, son paulatinas y siempre tienen
forma de proceso.
1
- Un informante, en referencia a este tipo de episodio, nos decía que "el hermano menor
siempre le molesta al mayor y por eso el mayor se enoja, pero él tiene que aguantar (...). Ese
es porque...lo mismo que el luna le molestaba al sol cuando era el hermano más chico" (Vera
Miri, 25 años).
2
- El asentamiento de que se trate será importante en este sentido. Donde la práctica religiosa
tenga un lugar destacado aún la influencia indirecta de esta será mayor.
37
Los niños y niñas de esta etapa, continúan jugando, pero ahora desde una
posición ligeramente exterior a lo que antes definíamos como la comunidad de
juego. Liderarán momentaneamente algunas acciones, contribuirán a la creación de
una escena, o dirimirán la correcta observación de las reglas de algún juego
preestablecido. Pero los protagonistas principales será los menores y a ellos
también, estarán dirigidas sus pullas y ofensas cuando se los moleste en los propios
quehaceres.
Cuando la comunidad local se reune para tratar problemas que afectan a sus
integrantes, el ritual de la reunión incluirá -eventualmente- la ejecución de los
instrumentos rituales (rave, mbaraka) y la formación de filas de danzantes,
separados por sexos y ordenados por edad (o por estatura) de mayor a menor,
alrededor del espacio que luego usarán los oradores. Si bien formalmente no existe
una prohibición de integrar estos grupos de danza1 para edad alguna, es cierto que
los niños aparecen en ellos entre los ocho y los nueve años. De hecho, muchas
veces, se integran chicos con menos edad, pero solo al comienzo o al final de estos
actos, que pueden durar entre cuatro y seis horas (a veces más).
Como antes señaláramos, esta es también la edad en que los varones comienzan
a acompañar a su padres en salidas fuera del asentamiento. Por lo general se trata
de salidas cortas hasta las chacras vecinas, el poblado blanco más cercano o el
monte inmediato a la aldea (cuatro o cinco kilómetros a la redonda, no más). En
ocasión de estas salidas, que se multiplicarán luego con sus hermanos mayores,
tíos paternos, etc., el chico conocerá viviendas, costumbres, objetos del blanco, que
hasta ahora solo había visto fugazmente. La medida de la importancia de este
descubrimiento estará dada por el mayor o menor aislamiento del asentamiento, en
relación a la población blanca. El hecho de que gran parte de nuestras
observaciones de campo fueron hechas en una aldea que podríamos incluir en lo
que Gorosito Kramer (1982:21) llama "énclaves étnicos"2 (con las salvedades que
1
- Sí estaría prohibido no integrarlos a hombres y mujeres hábiles. Si acaso presentes y no en
las "filas", los «sondaro» se encargarán de preguntarles por qué no ocupan un lugar en ellas.
De no ser satisfactoria la respuesta el guardia podrá obligar a la persona a incorporarse al
baile.
2
- La autora habla de "modalidades de integración del ciclo económico anual" y distingue
38cuatro tipos, uno de los cuales sería el de los "...grupos en 'enclaves étnicos', localizados
38
la autora hace a la categoría), influye en la descripción de los niños de estas edades
como "recién llegados" al mundo blanco.
Uno de los juegos que solían practicar los varones de entre cinco y ocho años, en
la aldea "Palmito", era el que los mismos niños llamaban "la vosa". Consistía en
demarcar una cancha rectangular en el piso del patio de la casa, haciendo rodar en
ella, piedras más o menos redondeadas de unos 15 a 17 centímetros de diámetro.
El juego imitaba a las bochas. En el primer almacén blanco que se encuentra
saliendo de la aldea y caminando por la ruta cercana, existe una cancha de bochas.
Esta es punto casi obligado para la mayoría de los paisanos1 que pasan por ahi. Los
partidos de bochas, en los que participan mayoritariamente los Mbya, se llevan a
cabo los días feriados, ocasiones en las cuales también es más probable que un hijo
"chico" acompañe a su padre, en sus salidas.
Ahora bien, la "vosa" era más frecuentmente practicada por los menores -los
comprendidos en la comunidad de juego-. Estos no hacían más que imitar a los que
efectivamente habían visto los partidos de bochas, sus hermanos de ocho y más
años, los que a su vez parodiaban el juego, en la intención de discutir sus reglas y
no de jugarlo efectivamente. Los más chicos entonces, imitaban esa recreación,
repitiendo movimientos y frases sobre el puntaje, que no cristalizaba en verdadero
juego. Para los menores éste será otro juego de imitación, para los mayores una
recreación con referencia en el exterior de la aldea, que dará lugar a intercambio de
experiencias sobre ese mundo.
Otro ámbito al que los niños de ocho o nueve años comienzan a acceder
frecuentmente es el monte. En excursiones, cortas al principio, acompañarán a sus
hermanos mayores o a los adultos, en la búsqueda de miel, frutas, materias primas
para canastos o viviendas, o para revisar las trampas. Estas salidas aumentan en
frecuencia y extensión, en forma proporcional a la edad. En ellas los niños
comenzarán a asomarse a un mundo masculino pleno de historias, mitos y casos.
En ellos conviven e interactúan hombres, plantas, animales y dioses, al mismo
tiempo que sirven como ejemplo e ilustración para cada una de las enseñanzas y
experiencias de las que los niños son objeto.
El "mundo" del monte, al igual que el de los blancos -aunque quizás con mucha
más intensidad que este-, es entrevisto y conocido antes de acceder a él, a través
de las prácticas que lo unen con el mundo de la aldea. Además de los relatos
míticos, todos relacionados de alguna manera con el ámbito selvático, los chicos ya
escucharon anécdotas de cazadores, experiencias de los padres, los hermanos,
etc.. La comunidad masculina de la aldea, está siempre atenta al "acontecer"
Vemos asi como los niños varones en esta etapa acceden paulatinamente a
ámbitos donde el polo masculino es activo por exelencia. A estos ámbitos
comenzarán a referir, en gran medida, su conducta como futuros hombres, por
oposición al mundo de la casa, cuyo eje es la madre (y en general las mujeres). De
la misma manera la niña se integra tan activa como obligatoriamente, al trabajo de
las mujeres y al ámbito del hogar. La comunidad de juego exhibía juegos mixtos,
pero también una reafirmación de la diferencia sexual. El período que nos ocupa,
marca el comienzo de una separación de los sexos (por ámbitos diferenciados), que
solo será zanjada por el matrimonio.
Las escenificaciones de las niñas, en las que imitaban las tareas de cocina,
limpieza o, incluso, cuidado de los plantíos, se irán integrando a las mismas tareas
que imitaban. Asi, por ejemplo, las niñas pasarán de jugar a barrer, a barrer
efectivamente un sector del patio, colaborando con las mujeres mayores
encargadas de la tarea. La cocina contará también con su presencia activa, desde el
acarreo de agua, hasta el rallado del maiz, pasando por una serie de tareas
complementarias menores. Habiendo hermanos pequeños, la niña de ocho o nueve
años se encargará de vigilarlos, integrándose en sus juegos, en calidad de lider o
aún de "instructora". De este modo también introducirá a los pequeños de uno o
1
- Es común, por ejemplo, como pudimos observar, encontrar en el frente de las casas, un
pequeño amuleto compuesto de pelos y pezuñas de jabalí, los que ante la presencia de un
ejemplar en alguna de las trampas del dueño de casa, despedirán el olor característico del
animal. Las uñas del oso hormiguero se usan como amuletos contra el trigre y asi podrímos
seguir enumerando. Asi mismo el dialecto Mbya tiene una serie de nombres especiales para
diversos animales, de manera de nombrarlos "sin nombrarlos" durante la caza. Tal el caso del
Coati, llamado Kuachi, pero también chi'y o tuguái acha, etc..
40
dos años en las prácticas de la comunidad de juegos, en tanto sea la encargada de
ellos.
Los representantes de ambos sexos, se alejan asi de una niñez caracterizada por
la cercanía física con la madre, por una irresponsabilidad -sin connotación negativa
del término-casi total sobre el conjunto de tareas que sostienen la vida diaria de una
casa y se adentran en el conocimiento y desarrollo de habilidades para la vida
adulta, que harán de su iniciación posterior nada más que la confirmación pública de
cualidades personales desarrolladas en la práctica con anterioridad.
El primer experimento consistió en pedir a los niños que ordenaran diez varitas de
distintos tamaños, de mayor a menor. Previamente al pedido, se le exhibían las
varitas como se pretendía que fueran ordenadas. Luego, mezclándolas, se las ponía
a su disposición. La experiencia se repitió con cuatro niños de entre siete y nueve
años. No hubo notorias diferencias en los resultados, a pesar de las distintas
edades. Todos ellos actuaron por ordenaciones parciales -por lo general de tres en
tres- y los menores no llegaron a ordenarlos correlativamente ni siquiera asi. El
dominio de las operaciones concretas, implicaría que el experimento pudiera ser
llevado a cabo sin mayores dilaciones. Esto es: ordenando las varitas directamente
de mayor a menor y no por experimentos parciales. Solo los niños de doce-trece
años cumplieron con este requerimiento.
1
- Especialmente PIAGET,J. e INHELDER,B.,1973.
41
Ante esto, decidimos cambiar los objetos a ser asociados, creando pares que
tuvieran que ver con el monte, con la aldea y con el blanco. Los pares fueron
dibujados en cartones cuadrados (sin encajes) y a un solo color. Las figuras
incluían, por ejemplo, una trampa monde y un armadillo, tatu, o un neumático y un
automovil1, un fogón y una olla, etc.. Las fichas eran presentadas mezcladas y en
una variante del experimento incluimos pares alternativos para algunas imágenes,
por ejemplo: animales distintos que debían agruparse al mismo tipo de trampa, o
productos diferentes asociados a la estantería del almacén2. Estos pares fueron
asociados satisfactoriamente. Ninguno de los cinco niños testados conformó, por
ejemplo, un par con elementos que nuestra hipótesis había formulado como
pertenecientes a "ámbitos" distintos. Los objetos del "mundo" blanco fueron
discutidos en sus asociaciones, pero nunca asociados a objetos del monte o de la
aldea, por ejemplo.
Pero estos experimentos subrayaron otras características del mundo infantil Mbya.
Fue muy dificil conseguir que las pruebas fueran realizadas por un niño cada vez.
Fue imposible lograr que las experiencias fueran llevadas a cabo por niñas de las
edades mencionadas. Tampoco se pudo someter a ellas a la población menor de
seis años. Los chicos que fueron sometidos al experimento, no eran extraños para
nosotros. Es decir, compartíamos diariamente juegos, exploraciones y paseos, de
tal manera que nuestra actividad o nuestro equipo no eran desconocidos para ellos.
Sin embargo, ejercitando una modalidad que les es común, toda vez que se
requería la presencia de uno -el que sería sometido a la prueba- concurrían la
mayoría de los niños presentes en el momento.
Las edades de estos grupos oscilaban entre los cinco y los catorce años y esta
amplitud de espectro se debía a que el interés de un grupo de niños, cualquiera sea
su edad, generalmente concita la atención de los demás. Esta presencia grupal,
daba muchas veces, una solución también grupal al problema que se intentaba
presentar a un solo inidividuo. Este, por otra parte, nunca se esforzaba por
1
- En los dibujos que los niños de esta edad hacían frecuentemente a nuestro pedido, los
autos y los camiones eran un tema repetido hasta el cansancio.
2
- En una de estas variaciones suplantamos lo que debía ser identificado con una botella de
caña, para asociarse al almacén, por un envase de sistema "tetra-brik". El envase, no solo fué
identificado inmediatamente (por las "orejitas" que lleva plegadas en su parte superior), sino
que también fue referido con más rapidez a su par correspondiente. La mayoría de los
envases de vino que llegan a la aldea son de este último tipo.
42
resolverlo solo, sino que siempre aceptaba gustoso las sugerencias de los mayores,
con lo que también su rendimiento mejoraba. Y he aqui una constante de la
educación Mbya: el niño no solo no está solo, sino que el grupo es parte de sí
mismo, de su ser en el mundo.
Dijimos también, que fue imposible convocar a los menores para los experimentos.
Si bien siempre se acercaron, junto a sus hermanos y vecinos, cuando el test era
propuesto a alguno de ellos, su vergüenza y retraimiento impedía su participación.
La presencia de mayores, en una situación de "prueba", pudo haber sido facilmente
la causante de tal reacción. Pero, si, como dijimos, la situación grupal es la situación
por excelencia, también esta vergüenza sería una muestra de socialización
efectiva1. En tanto se refiere a los mayores (y a un blanco) en una situación en la
que su habilidad y conocimiento deberían ser demostrados, la negativa sería
entonces el resultado de su autoevaluación ante esta circunstancia.
1
- Como integración a una sociedad, con las características que esta espera que un individuo
tenga, de acuerdo a su sexo, edad, etc.
2
- Nombre que dan los Mbya de misiones a los blancos, equivalente aproximado de karai. Su
versión femenina sería señorá.
43
monte por un niño de esta edad, es siempre motivo de orgullo para este. Será
alabado por adultos y ancianos, también como una forma de animarlo.
Luego de esto, serán convocados cada semana o cada quince días, durante los
próximos meses, para realizar tareas como las descriptas arriba. En este período y
en teoría hasta que constituyan sus propios hogares, los sondaro'i kuéry pueden
recibir pedidos u órdenes de cualquier persona mayor de la aldea y deben
cumplirlos.
1
- Sobre la ausencia del jefe en la conducción de esta ceremonia dice MÜLLER: "Es raro
que en la iniciación de los muchachos, no sea el jefe -quien sino es (realmente) el
encargado de la liturgia tribal-, el que oficie, sino (que es) otra personalidad con cargo
honorífico, el Operateur o yvyry dja, esto es: 'Señor de la vara', quien entra en
funciones" (1934:188; en alemán en el orignal).
2
- La obscuridad nocturna sería el equivalente diario del ára yma, el invierno Mbya. Es un
tiempo poco propicio para la actividad humana y gran parte de las restricciones alimentarias
que acompañan a la gestación están combinadas con horas del día. Después de la caida del
sol, no se recomienda comer, por ejemplo, y mucho menos carne. Es la hora de los animales
y no de los hombres.
45
escuchamos lo que nos pareció un murmullo muy apagado en la cercanía de
nuestro campamento. Prestando atención pudimos localizarlo en un árbol cercano.
Nos acercamos y preguntamos si había alguien alli. Luego de un prolongado
silencio habló un hombre, en cuya voz reconocimos a uno de los sondaro de la
aldea. El, junto a tres sondaro'i kuery, hacían guardia subidos a la copa de un árbol
de Guavirá. La actividad nocturna reforzaría la condición de varón adulto en la que
los sondaro'i kuéry deben ser introducidos.
Por su parte la mujer será mitâ kuña, niña o niñita, hasta su iniciación . La mayoría
de los informantes señalan la edad de quince años en la mujer para este
acontecimiento. Ante nuestras preguntas directas muchos de ellos desestimaron
que la iniciación tuviera lugar con la primera menstruación. Sin embargo la mayoría
de los registros etno-históricos para guaraníes y grupos afines, como los tupíes3,
mencionan la iniciación con la menarca. Es posible que la menstruación aparezca
por primera vez en las niñas, alrededor de los quince años, hecho plausible si
atendemos al atraso -en comparación con los niños blancos- que registran
determinados procesos fisiológicos en los niños Mbya4. De ser cierto, esto explicaría
un acercamiento confuso entre menstruación e iniciación fijada por edad.
La principal señal de que una niña está pasando por su iniciación, será el corte de
sus cabellos al ras. Según nuestros informantes, la niña deberá permanecer "quieta"
dentro de su casa durante quince o veinte días. Durante ese período "le habla su
mamá o su abuela". Citaremos aqui in extenso a MÜLLER, quien hace un relato
detallado de la iniciación femenina (que ocurriría con la menarca):
1
- Karia'y: adulto joven; tambien: joven valiente, fuerte. Designación usada más
frecuentemente para muchachos de veinte y más años.
2
- La ceremonia de los sondaro'i kuéry, habría terminado, en otro tiempo, con la colocación
del tembetá. Asi al menos, lo señalaron varios informantes. Ñe'ênguchu ai: charlatán,
imprudente, define CADOGAN (1992:126) y dá como ejemplo: iñe'ênguchu ai'e¶ angua
ñamboembekua: para que no sea charlatán le perforamos el labio.
3
- Cf. FERNANDES, F., 1964, pp.66-68
4
- Nos referimos a la aparición de los primeros dientes, pero principalmente al peso según
edad, dato que podría tener influencia en el comienzo de la ovulación.
46
"En un ángulo de la choza se separa totalmente un pequeño espacio, de
tal manera que nadie pueda ver a la niña encerrada, ni siquiera las personas
que se hallen afuera de su cerco. Con la cara a la pared, la mirada fija al piso y
sentada en él con las piernas cruzadas, permanece la niña todo el día en ese
obscuro ángulo, el que solo abandonará para (cumplir) sus nececidades y
(esto) solo en compañía de su madre o (eventual) cuidadora, con la cabeza
cubierta y sin apartar la mirada del piso1. No habla con nadie, además de su
cuidadora y con esta solo cuando se le pregunta. La virgen será sometida a un
riguroso ayuno que los primeros días solo le permitirá alimentación líquida,
más tarde también alimento sólido pero solo en cantidades muy pequeñas. Su
alimentación asi como el resto de su condúcta están regulados por una
cantidad de interdicciones: no debe reirse; (ni) soplar el fuego (...); será
bañada con agua fría, en su cubículo, todos los días; si tiene comezón no
debe rascarse sola y tampoco despiojarse. No debe probar nada caliente o
frío, todo debe ser tibio. Prohibido le está el consumo de sal en las comidas, y
más aún cualquier carne. Varias veces al día la madre o su representante le
enseñarán sobre sus obligaciones como futura esposa y madre." (1934:190;
nuestra traducción)
1
- El mismo autor dice al respecto: "Si mira el agua la toma el y dja (genio del agua) ad
conkubendum cum ea sub aqua; si mira al cielo, entonces la toma el yvytu dja con el
mismo fin; si posa su mirada en un animal, la tomará, asi mismo, el genio del animal
mirado (mymba dja)(...); si mira a un árbol, la toma entonces, el yvyra dja (genio del
árbol)" (ibidem)
2
- Uno de los matrimonios mencionados estaba integrado por un muchacho de 18 años y una
chica de 16 (aprox.). En una visita a la misma aldea, dos años después de haber presenciado
la ceremonia, la pareja aún vivía en la casa de los padres del varón.
47
Refiriendose a la preparación que recibe un joven indígena para la jafatura política
o el liderazgo religioso, señalaba Meliá que "es común que el entrenamiento sea
apenas un motivo, pero no la causa del carisma que va a recibir" (1979:23). Los
muchachos entre los once y los trece años parecerían ser los que concentran la
atención de los mayores en cuanto a cualidades especiales. Esto no se traduce
inmediatamente en algún tipo pautado de diferenciación o selección. La preparación
para una tarea relativamente excepcional como puede ser la de opygua, por
ejemplo, también se daría por la exhibicion de alguna cualidad o atributo
excepcionales (una temprana devoción religiosa, una inspiración especial o una
desusada complexión al "estudio", como llaman los Mbya al aprendizaje de la
mitología y el ritual). La jefatura política en cambio, sería consecuencia de un
proceso más sutil y más azaroso, que depende de la manipulación de redes de
parentesco, bienes materiales y simbólicos, etc.
Karai Miri, era un chico de trece años que conocimos en la aldea "Palmito". Se
destacaba de sus pares de edad por su reserva e inteligencia 1. Físicamente
habilidoso, era el único de su edad que integraba los equipos de futbol de los
mayores para los partidos de fin de semana. Esto a pesar de su contextura física
pequeña, lo que lo dejaba en desventaja ante sus contrarios. En el fogón familiar,
corregía a su hermano mayor cuando este cometía errores en el relato de de
"casos" y cuentos que escuchara en sus salidas con los adultos. Karai Miri se
revelaba como detallista, observador y discreto.
1
- La actitud reservada y el aspecto digno, son esperados del hombre respetable y ponderadas
en los futuros hombres. Al respecto dice Norman ANDERSON, refiriendose a los Chiripa,
que entre ellos "...los adolescentes varones se diferencian entre ellos, no por ser más
fuertes y más rudos (...) sino más bien asumiendo una imagen de extrema seguridad y
confianza en si mismos" (1987:220).
2
- Luego de redactado este trabajo, fue convertido en opygua.
3
- "Los hijos de Karai son de naturaleza vulnerable, delicada. Vienen a esta tierra con
la misión de santificarse, esto es, alcanzar el agwyje. Para ello deben someterse a
máximas de vida rigurosas -referidas a su conducta social y a abstenciones
alimentarias- y al ejercicio constante de la oración. Su vulnerabilidad es especialmente
manifiesta en realción con los blancos, cuyo frecuentamiento les es peligroso"
(GOROSITO KRAMER, 1982: 184)
48
No es nuestra intención concluir de esta experiencia, que Karai Miri estaba siendo
sometido a algún tipo de enseñanza o adiestramiento especial, cuya consecuencia
final debería ser el desarrollo de aptitudes religiosas. Solo intentamos ilustrar como
se orientan preferencias y se procesan condiciones personales, de manera que se
crean impresiones, experiencias, que podrán tener una gran influencia en las
actitudes futuras de un muchacho adolescente. Karai Miri no necesariamente
seguirá los pasos de su tío paterno, pero su relación con él será, posiblemente, una
experiencia marcante y altamente orientadora, en sus deciciones futuras1.
"Cualquiera de mis hijos podría ser jefe, porque yo les crío sabiendo las
cosas que tienen que saber". Estas palabras de un jefe político de cuarenta y tres
años, dejan traslucir las condiciones de formación de un lider político. Los hijos de
este hombre sabrán "lo que tienen que saber", pero no necesariamente se
constituirán en jefes. Conocerán la ley consetudinaria por convivir con ella y ser
enseñados en ella, pero eso no será suficiente. Pertenecer a la familia del jefe
quizás los ponga en posición privilegiada en cuanto a relaciones internas y externas
a la aldea (con la consecuente posibilidad de administrar recursos y parientes), pero
aún asi se tendrán que conjugar más condiciones para que uno de esos niños llegue
a ser un Mburuvicha. De ahi que la potencialidad esté repartida ("Cualquiera...") y
siga siendo condicional ("...podría...")2.
Concluimos aqui, esta breve reseña de los puntos más salientes de la educación
Mbya. Las diferencias y aún contradicciones que puedan surgir de otras
observaciones en campo, muy posiblemente tengan que ver con errores de nuestra
parte, pero es igualmente posible que tales diferencias, encuentren causa en la
situación del asentamiento de que se trate. En este sentido, habrá condiciones
ambientales que modificarán las posibilidades de los niños de acceder (o no) a
determinadas experiencias. Pero creemos que este puede ser, a grandes rasgos, un
esbozo confiable, aunque aún muy descriptivo, de la socialización en la parcialidad
analizada.
1
- Karai Miri residía en 1991 en una aldea cercana, adonde se retiró por voluntad propia
"porque quiere estar lejos de los blancos -según su padre-". Debía tener entonces entre 15
y 16 años.
2
- Muy a propósito señala el padre MÜLLER que "entre los Mbya es la dignidad de jefe
heredable en la familia. Pero no es simplemente el primer hijo nacido (quien) sucede (...)
sino aquel de la parentela que más simpatias haya sabido alcanzar" (1934:695; nuestra
traducción)
49
50
CAPITULO II
Tomaremos la casa como punto inicial, de la misma manera que lo hicimos con la
gestación y el nacimiento en el capítulo anterior. La intención es seguir la
estructuración social de los ámbitos mencionados tal como los iría encontrando el
niño a lo largo de su crecimiento. Como vimos sus experiencias comienzan en la
casa y por esto nuestra elección.
51
Desde esta posición la madre cocinará y vigilará a su prole. Igualmente podrá
realizar otras tareas, como la construcción de canastos o la atención de eventuales
visitas, sin perder de vista a los niños cuyo alejamiento podría ser peligroso. Vera
Pepo y Karai Pochy jugaban detrás de las casas, en las cercanías del sector
plantado. De pronto discuten y se golpean. Vera, el menor, corre llorando hasta
donde está su madre -junto al fogón-. Esta se enfada, ordenándole que permanezca
en la cercanía. Karai, previendo el enojo, se aleja momentaneamente del patio.
Cuando reaparece en él, su madre le dá la misma orden que a su hermano. Los dos
deben jugar ahora a la vista de la mujer, cosa que hacen sin volver a discutir.
De esta forma el patio se va "recortando" de una manera particular para los niños a
medida que crecen. A diferencia de sus hermanos -los nombrados arriba-, Karai
Ygapu'a no podría salir de la vista de su madre o de su cuñada, hasta que cumpliera
por lo menos tres o cuatro años. Pero sus hermanos y sobrinos (se trataba de una
casa con hijos casados) tampoco tenían edad suficiente como para permanecer
mucho tiempo fuera del mismo control, por lo que a Karai tampoco le faltaba con
quien jugar.
Esto variará con el número y los sexos de los integrantes de la familia. Por
ejemplo: habiendo varias mujeres adultas en un hogar, lo más posible es que las
mayores permanezcan en la casa atendiendo a los pequeños y las más jóvenes
vayan a la "chacra" sin el peso de ese cuidado. Lo mismo vale para las ocasiones
en que las mujeres concurren a lavar ropa al arroyo cercano.
En los primeros años de vida, ámbos sexos seran objeto de iguales restricciones a
sus desplazamientos. Con el crecimiento llegará la asignación de tareas,
aumentando su frecuencia e importancia a medida que pase el tiempo. En tanto la
distribución de sexos y edades de los integrantes de la familia lo hagan posible, la
madre asignará tareas diferentes por sexo. Por ejemplo, preferirá tener de
colaboradoras en la cocina a sus hijas, sobrinas o nietas, mientras que asignará el
cuidado de animales domesticos a los varones.
52
"centro". Esto es sin embargo relativo, ya que los niños pasan gran parte de su
53
tiempo ociosos y en esos momentos las diferencias sexuales en el acceso a los
espacios son marcadas por la intención manifiesta de la madre de mantener a sus
hijos cercanos o alejados de ciertos tipos de espacios y actividades.
Podríamos decir entonces, que la vida hogareña tiene su propia división sexual del
trabajo. Esta dependerá sin embargo, de la presencia de miembros de sexos y
edades que la hagan posible. Asi por ejemplo, si el hombre de la casa debe
ausentarse, las tareas que realiza habitualmente seran cumplidas por los hijos
varones y, de no haberlos, por la mujer o mujeres de la casa. No obstante este tipo
de "reemplazos" tiene sus límites. El hombre de una familia joven de la aldea
"Palmito", nos relataba como concurrió, convocado por parientes, a realizar un
trabajo en las cercanías de Concepción de la Sierra (provincia de Misiones). La
"changa" duró varios meses y por lo tanto el no pudo rozar un sector cercano a su
vivienda, para plantar posteriormente, maiz y otras especies. Su esposa no lo hizo
en su reemplazo y en el momento del relato la familia pasaba penuria ya que el
dinero de la changa no había sido tanto y el producto de la chacra escaso y de poca
calidad.
En esa posición atendía y jugaba con sus hijos más pequeños y en sus cercanías
dormitaba alrededor del mediodía. Para ello acosturmbraba a poner una manta en el
suelo, y recostarse solo o con algunos de sus hijos. Hasta alli nuevamente concurría
alguna mujer a llevarle mate o comida. En el transcurso del día, con más frecuencia
al comienzo de la tarde, recibía la visita de hermanos o cuñados, quienes compatían
la ubicación. En ese, o en otro sitio cercano, pero muy raramente dentro de la casa
o al lado del fogón (salvo por la noche), Karai Ñe'eng, fumaba su pet¶gua,
compartiéndolo con sus eventuales visitantes.
54
esta cuestión número, edad, sexo y parentesco de los miembros de la familia que
reside en un mismo patio, influirán en este reparto de los espacios familiares. En la
vivienda de una pareja joven (que tuviera por ejemplo solo dos hijos pequeños), que
viva sola, estas diferencias casi no serán perceptibles. Será común encontrar a
marido y mujer reunidos cerca del fogón, mientras uno de los dos ceba mate. Ellos
mismos serán sus pricipales interlocutores, por lo que muy posiblemente la
presencia de ámbos en la casa no establezca ámbitos por sexo1.
Meliá (1976:216 y ss.) describe los pasos de la toma de decisiones públicas, entre
los Pâi. Estas seguirían un ciclo, que comienza con una reunión de los hombres, a
la que le sigue la discusión hogareña de la cuestión, y la toma de decisiones en una
nueva reunión. Aunque en las reuniones se expresen más visiblemente los
hombres, argumentos y decisiones serán también producto de lo conversado en las
casas y alli se hará sentir la influencia femenina. Las noche son testigos de
prolongadas reuniones mixtas junto al fogón, en las que la charla se enciende
cuando la casa o la aldea se enfrentan a decisiones importantes. Estas reuniones
son compartidas por aquellos de los hijos que puedan permanecer despiertos, cosa
que harán con frecuencia creciente a medida que pase el tiempo. Asistirán a las
decisiones públicas, pero también conocerán los intercambios que las gestaron.
Un nuevo día dispersará otra vez a los miembros de la casa. Y a la media mañana
quizás podamos escuchar los hachazos de un muchacho de diez y siete años
cortando leña para el fogón, en algún lugar no lejano al patio, y desde la cercanía
del oka los golpes del mortero en manos de una joven de quince años que pisa maiz
para el mbaipy2.
Las visitas entre los miembros de un asentamiento son frecuentes. Las relaciones
de parentesco son sus guías más comunes. A las obligaciones que determinados
vínculos plantean se agregarán las afinidades que el tiempo y la cercanía hayan
desarrollado. Las visitas individuales de hombres y muchachos son comunes, pero
1
- El invierno (o las bajas temperaturas) también modifican estas distribuciones, retrayendo
en general la actividad del hogar "hacia adentro".
2
- Mbaipy: polenta hecha con agua y maiz fresco. Es conocida con el mismo nombre en el
Paraguay y en la provincia argentina de Corrientes.
55
es raro ver a una mujer -salvo que sea de avanzada edad- visitar a sus parientes sin
la compañía de sus hijos y aún de sus nietos y nueras.
Cuando una mujer visita a otra, se integra a los espacios y tareas de la visitada.
Los chicos que la acompañen jugarán con los de la casa y quien no conozca los
habitantes fijos del tapyi, dificilmente podrá distinguir entre visitas y anfitriones. De
esta manera la dueña de casa cuenta con una colaboradora eventual que le permite
conversar sin interrumpir sus labores. Un signo claro de esto es el mate. Visitante y
visitada podrán cebarlo indistintamente y aún el hecho de que la visita se haga
cargo de él es un signo de cortesía y confianza. Los chicos, ahora en un grupo
aumentado, se entretendrán más tiempo con sus juegos, molestando o
interrumpiendo menos a sus madres o abuelas. Cuando la visitante sea una mujer
mayor o anciana, el trato será diferente. Si es la madre de la mujer de la casa, será
tratada con deferencia pero con confianza. Permanecerá cerca de donde su hija
esté charlando, observando, sin colaborar. Por el contrario si la hija visita a la
madre, la ayudará en todo lo que pueda, mientras dure su estadía.
Ya cuando la casa es visitada por una mujer importante de la aldea, o la suegra del
ama de casa, las situaciones se vuelven más formales. La visita será atendida
expresamente. Se le cebará mate, se le convidará alimento, si hubiere, etc.. Ella
podrá ingresar al oka, pero más posiblemente permanezca fuera de él o en los
lugares que las visitas masculinas ocupan. La visitante habla en voz más alta y su
presencia reacomoda a las personas de la casa. Por ejemplo: una mañana, en
ausencia del dueño de casa, lider político de la aldea, llega a buscarlo su madre, a
la sazón esposa del lider religioso, para exponerle un grave problema. Al no
encontrarlo se ofusca y comienza una larga perorata, en la que se mezclan los
deberes incumplidos de hijo y de jefe político. En esta alocución la mujer camina
dando vueltas en el sector del patio frente al oka, mientras su nuera la sigue de
cerca, cebandole mate todo el tiempo y sin emitir palabra. La actitud de la suegra
era típicamente masculina; tanto su voz levantada, como sus gestos,
desplazamientos y el lugar en el que los hace, recuerdan las actitudes de los
hombres. Asi, la conducta de la mujer, señalaría la gravedad del momento y su
enojo, pero también su superioridad y el respeto consecuente que le debe su nuera.
Los hombres generalmente van solos cuando visitan otras casas de la misma
aldea. Cuando viven en el mismo asentamiento que sus padres, estos y sus
hermanos serán los más visitados. Cuando el hombre viva en el asentamiento de la
familia de su esposa, visitará preferentemente cuñados y suegros. La época del año
de que se trate influirá en en la frecuencia, duración y carácter de estas visitas.
Cuando el trabajo en las chacras es abundante, los encuentros se espacian y se
acortan. Tendrán lugar preferentemente en horas de la tarde o los fines de semana.
En tiempos de cosecha del maiz (en general de relativa abundancia) las visitas
aumentan y no es raro ver al jefe de un hogar pasar toda una mañana departiendo
con sus hermanos, cuñados, etc., a la sombra del árbol, o en el sector del patio
preferido para su discurrir.
Estando en grupo los hombres conversan y ríen sonoramente. Toman mate que
les acerca algún hijo o mujer de la casa, se convidan cigarrillos, chancean, juegan
56
con los niños, etc.. Risas y bromas abundarán en las reuniones de los hombres
57
más jovenes, mientras que los mayores, preferirán la charla más discreta y el humo
de la pipa compartida. Sea como fuere, estas visitas "de hombres" se asimilarán
espacialmente a las pautas de la casa. Los hombres estarán en el (o los) sitio(s) del
dueño de casa. Allí lo encontrarán y lo compartirán con él.
Si bien las posiciones por sexo en estas reuniones, pueden estar asociadas a las
respectivas obsevables en la vida cotidiana de la casa (esto es, por ejemplo, casa y
fogón como "posiciones" femeninas opuestos al patio como ámbito masculino), la
presencia de un grupo de mujeres o de hombres en un determinado sector del
hogar visitado, parecen ser suficientes para constituir un sector femenino por
oposición a otro masculino. Esto es más notable cuando las ocasiones de reunión,
son más importantes por sí mismas que por el lugar donde se realizan. Lo que
llamaremos "lugares públicos", no solo serán aquellos de circulación y uso colectivo
1
- Cabe consignar que hay casas donde las mujeres son especialmente activas o manifiestan
un caracter mas fuerte y decidido. En estos casos es común observar la alteración de estos
esquemas y una mayor indiferenciación en la ocupación de los espacios.
58
sino también los que sirvan de escenario para un acontecimiento al que tengan
acceso todos los habitantes de la aldea, por el solo hecho de ser tales. Lugar
público será entonces, el patio del opy, por ejemplo, pero también el patio de una
casa "particular" convertido en lugar de reunión para un baile o la discusión de un
problema a ser resuelto por todos.
Este sector femenino queda asi claramente delimitado. Aunque sin mezclarse,
hombres y mujeres se atienden mutuamente desde sus lugares característicos.
Siendo una actividad tipicamente masculina, las mujeres asisten en calidad de puras
espectadoras. El interés "femenino" se denota con la sectorización, que confirma la
calidad del interés y permite satisfacer la curiosidad por un acontecimiento del que
se hablará en los próximos días. Mientras tanto el compromiso de los espectadores
varones es muy distinto. Los más jóvenes solo serán espectadores circunstanciales
ya que estarán esperando el momento de ingresar a jugar. Los que ya no puedan
hacerlo, harán comentarios técnicos y discutirán la conformación de los equipos, o
alentarán a un hijo, un nieto o un sobrino. Las mujeres serán las primeras en
retirarse, cuando la tarde comienze a llegar. Cuando los partidos terminen, y los
jugadores cansados y sudorosos hagan los últimos comentarios y bromas antes de
retirarse a sus casas, alrededor de la cancha casi no se verán mujeres.
Muchas veces los partidos motivan reuniones posteriores en donde se toca música
criolla, y se baila. Estos bailes, variarán en importancia y formalidad de acuerdo al
número de asistentes, la calidad de la música, etc.. Pueden ir desde una reunión de
dos o tres familias nucleares, en la que se escucha música y se toma vino, y en la
que eventualmente una pareja de mujeres o niños bailen, hasta un baile
propiamente dicho al que asistirán la mayoría de los integrantes de la aldea.
1
- Una broma de indigenistas reza: "¿Qué es lo primero que se contruye en una nueva aldea
Mbya? -La cancha de futbol". Conocemos, sin embargo, al menos un caso en el que fué
abandonada, como reacción conservadora de los habitantes del Tekoa.
59
Asi también variará la formalidad de la sectorización sexual. Hemos visto formar
verdaderos campamentos a las mujeres que asistían a un baile. En ellos se reunen
al comienzo de la reunión y ese será su punto de referencia hasta que el baile
termine. Nadie se privará de bailar si lo puede hacer. Para eso en el sector de las
mujeres se turnarán para cuidar a los niños más pequeños, allí dormirán los niños
visitantes y aún las mismas mujeres cuando las venza el cansancio o el alcohol. Alli
las buscarán los hombres cuando las saquen a bailar y alli volverán cuando la pieza
termine, para esperar la próxima o comentar entre risas -las más jóvenes-
características de la danza o del compañero eventual.
Otra de las ocasiones públicas son, como vimos, las reuniones realizadas para la
solución de problemas familiares o grupales. Estas tienen una forma altamente
ritualizada1, que describiremos brevemente. La iniciación la marca el comienzo de la
música ritual, con mbaraka y rave si hubiera. Se forman dos filas de personas que
danzan. Estas filas reunen a hombres y mujeres; tanto unos como otros bailan con
los brazos enlazados lateralmente, pero hombres y mujeres llevan un paso
diferente. En una formación que tiende a rodear el espacio en donde hablarán las
autoridades de la aldea y los involucrados, los hombres hacen un paso que carga
hacia derecha e izquierda el peso del cuerpo sobre uno u otro pie, alternativamente,
a dos tiempos por pie. Las mujeres en cambio, realizan un paso adelante y otro
atrás, pero sin despegar los pies del suelo y produciendo una oscilación con ellos en
el avance y en el retroceso. Las autoridades de la aldea vigilan esta organización
hasta que, luego de transcurrido un tiempo en que las filas de hombres y mujeres
bailan, un subalterno del jefe ingresa al espacio central y explica brevemente los
motivos de la reunión. Música y danza se reinician, el jefe de la aldea toma posición
en el centro y, sin que la música ni la danza se detengan comienza una invocación a
los Py'a guachu2, para que guíen la reunión hasta buen final. Después de esto se
detiene la música, e ingresan al circulo los protagonistas del conflicto a tratar.
1
- Al parecer estas reuniones se llevan a cabo en la mayoría de los asentamientos de la
provincia, aunque el respeto por la formalidad tradicional de las mismas iría desapareciendo
en muchas de ellas.
2
- Los py'a guachu son Karai py'a guachu, Tupâ py'a guachu, Jakaira "idem." y Ñamandu
"idem.". De ellos dice Cadogan: "Los Karai, etc., de corazón grande o valerosos, hijos de
los dioses que ejecutan los designios de sus padres. Al invocar a los dioses se les suplica
enviar a sus hijos de corazón grande para infundir valor a los hombres, moderar sus
pasiones, resucitar a los muertos, etc." (1959:35)
60
Como vemos aqui, la danza refuerza la ocupación distintiva del espacio según el
sexo, a través de movimientos y pasos diversos. Las mujeres y hombres que por
una u otra razón no integren las filas de danza, también formarán grupos distintos.
Por lo general, la fila de las mujeres que bailan dará la espalda o estará más
cercana al lugar donde están sentadas las demás mujeres asistentes. De la misma
manera, los hombres lo harán alrededor de los varones que bailan. Hemos visto,
incluso, que cuando se trataba de parejas que debían "declarar" en las reuniones, el
hombre hablaba de espaldas a la fila de los hombres, mientras que la mujer hacía lo
propio con el sector femenino1.
Los discursos del jefe Político de la aldea "Palmito", en esta y en otras ocasiones
similares mencionaban frecuentemente la necesidad de sinceramiento y solidaridad.
La mentira el engaño, pesarían en el corazón de quién la ejerciera (en forma de
mba'e achy) y solo la verdad, la dedicación y el compartir los problemas
1
- Este esquema de posiciones variará parcialemente con el paso de las horas. Las reuniones
que hemos tenido oportunidad de presenciar, nunca duraron menos de cuatro o cinco horas
(las más prolongadas hasta doce). La atención no es permanente y sostenida por todos los
inicialmente presentes. Muchos se irán y volverán (a sus casas, al arroyo), otros se acercarán
al fogón a recibir comida o conversar con sus parientes. Incluso hemos visto como una
reunión casi se queda sin oyentes al correr la mayoría en busca de Guavirá, que un niño hacía
caer sacudiendo un árbol cercano.
61
dejarían fresco (pyro'y1) el corazón. "No solo a una hermana menor, a un cuñado,
debemos ayudar, a todos habrá que dedicarles un poco de tiempo" (Líder
político, en guaraní). Conceptos como verdad, sinceridad, comunidad, se entretejían
de manera que reforzaban permanentemente la idea de lo comunitario como la
posiblidad de una vida espiritualmente sana, de "corazones livianos" y el medio en
el cual la ley (teko) debe ser cumplida para bien de todos.
"Si cada uno se calla lo suyo, si cada uno tiene su Ley, va a haber
una, dos, tres leyes y yo no podría resolver nada. Es necesario
decir todo. Es la única forma. Cuando yo necesito de Uds., Uds.
me ayudan. Lo mismo hago yo cuando Uds. me necesitan y asi se
cumple la Ley. Lo mío no es solitario, pero tampoco (debe serlo)
lo de Uds.. No eres tú solo (a su interlocutor, motivo de la
reunión), ni yo solo..." (Idem. anterior)
Las mujeres por su parte, en las ocasiones en que pudimos escucharlas 2, ponían
el énfasis de sus argumentos en las necesidades de la casa y de los hijos. En el
caso comentado más arriba, la madre de la perjudicada, decía
1
- Pyro'y como estado de frescura, de liviandad de espiritu, de tranquilidad de conciencia, es
también señalada por ANDERSON (op.cit.) como concepto opuesto a pochy, para los
Chiripa. De él dice el autor: "...describe una salud física (y, por supuesto, emocional):
estar tranguilo, sereno, placido. (...)Todo aquello que tiene sentido y que es bueno, es
representado por medio de esta expresión idiomática" (ANDERSON, 1987:215)
2
- Las oportunidades en las que se puede oir las opiniones de las mujeres siempre son menos
y las que se expresan en ellas, por lo general son las de mayor edad.
62
características de lo que acontecía, fueron llamados a "declarar"1 todos sus hijos.
1
- Este concepto usaban nuestros informantes para describir en castellano, la acción de los
63que tienen que relatar su versión de determinados hechos o emitir una opinión sobre un
problema.
63
Entre ellos había varias mujeres jóvenes (pero ya con dos o tres hijos) a las que el
jefe pidió varias veces que alcen la voz pues su tono era tan bajo, que sus palabras
se volvían incomprensibles.
Los hombres, que son generalmente los más escuchados, tampoco contribuyen a
un clima de exaltación. Sus palabras tienden a minimizar los problemas domésticos
a favor del interés de la aldea o de los parientes. Sin embargo las cuestiones
relacionadas con la costumbre (teko), son las que más los apasionan, motivando
largos discursos acompañados de una gesticulación muy particular. El hombre
camina mientras habla, y los gestos acompañan sus reflexiones. La actitud del jefe
debe ser paradigmática en este sentido. Su discurso tiene que ser contemporizador,
ya que la mayoría de las veces trata con intereses opuestos entre grupos de
parientes, implícitos o explícitos en los conflictos de marras. Pero además era un
discurso "típicamente masculino". Lo que los hombres de la aldea llamaban una
"buena palabra".
La "buena palabra" en esas versiones, era la que puede convencer por su forma y
argumento. Pero también debe tener como condición, correspondencia con la
conducta de quien la enuncia. Un informante señalaba que
1
- Su hijo había sido requerido por una aldea cercana para que arbitre una disputa de
liderazgo.
64
Hasta aqui hemos visto brevemente la presencia y ausencia del hombre en las
casas y la aldea en general. Los últimos párrafos han intentado esbozar lo que
serían las visiones respectivas según sexo para algunos aspectos de la vida social
de la aldea. Pero las ausencias de los hombres tienen que ver con dos ámbitos con
los que cualquier asentamiento está obligadamente relacionado. Estos son el monte
y los espacios ocupados por el blanco. Si bien sus cualidades son distintas al punto
que constituyen fundamento para la identidad étnica, ámbos son lugares en los que
el polo masculino es activo por excelencia.
Tanto a uno como a otro accederán los hijos varones de la mano de su padre,
cuando la edad los habilite. Y en cualquiera de los dos la mujer mediará su papel a
través el protagonismo de los hombres. Como "exteriores" se definen por contraste
con el asentamiento que, de esta manera, queda delimitado como un ámbito al que
se opondrían los otros dos. Sin embargo la exterioridad es en gran medida un
recurso analítico que atiende más a la visión de la aldea como resumen y mediadora
de esos ámbitos y, en alguna medida, polo femenino en estas oposiciones.
Por lo mismo ni el monte, ni los espacios del blanco son realidades discretas u
homogeneas desde la vida en la aldea. Tanto uno como otros tendrán porciones
cercanas, familiares, conocidas sobre las que se ejerce un control cotidiano. Ambos
tienen, también, aspectos "desconocidos" en el sentido de escuchados, imaginados,
pero no experimentados y por lo tanto pasibles de convertirse en "campos" donde
se resuelve la coherencia lógica de muchas experiencias presentes.
65
II.4.1 El monte
A este monte inmediato, el que comienza en los límites de la aldea, concurren los
jóvenes en busca de miel, frutas, madera o tacuapi para tallas y canastos, etc..
Estas excursiones con motivos definidos, son también las que más frecuentemente
integran los niños de entre ocho y diez años, constituyendo sus primeros
entrenamientos intensivos. Una jornada de este tipo puede durar entre cuatro y ocho
horas, y muchas veces se circula por lugares de transito penoso. Cuanto más se
visita un área de monte, mejor se conocen sus signos y por lo tanto se vuelve
menos peligroso. Una madre no tiene por qué inquietarse entonces, si su hijo
pequeño (digamos ocho o nueve años), acompaña a su hermano mayor (de diez y
siete, por ejemplo) a buscar un producto que ella sabe, podrán encontrar en las
cercanías conocidas de la selva circundante.
El mayor, como hombre joven que es, muy posiblemente haya integrado varias
veces, incursiones más prolongadas, acompañando a su padre a un tío o a algún
grupo de hombres, que hayan salido a pescar o a poner trampas en lugares más
alejados. Frente a sus hermanos o sobrinos, mostrará orgulloso su aplomo y
conocimiento en este ambiente. Pero también será transmisor de razones y
explicaciones sobre los fenómenos del monte, o al menos sugerirá su existencia con
la toma de decisiones ante signos, que los menores aún no saben "leer". En una de
estas salidas acompañamos a un grupo de tres hermanos. El menor tenía ocho, le
seguía uno de trece y el mayor con diez y ocho. Si bien el mayor de los tres guiaba
a todos, decidiendo rumbos y actividades, el del medio hacía notables sus
conocimientos, desestimando o rectificando las observaciones de su hermano
menor, sobre ruidos y señales de animales, etc.. El más pequeño se empeñaba sin
embargo, en proporcionar la información que eventualmente requeríamos,
demostrando asi sus conocimientos del medio.
66
"La persona con quien uno va a pescar o a recoger frutas está
constantemente haciendo que este conocimiento sea evidente, claro, y está
revelando su poder y aplicación" (op.cit.:230)
"...el joven aprende como sacar miel, como pescar y como realizar
las diferentes actividades de cacería y con estas técnicas se le
transfieren también los mitos correspondientes que explican el
transfondo religioso de estas actividades" (1987:176)
1
- Esto es, expuesto permanentemente a contaminación, actuando en forma antisocial y no
rezando, en resumen.
2
- Nos referimos a los habitantes de las aldeas con acceso a secciones de monte pequeñas o
muy empobrecidas, que mencionan repetidamente la pobreza que los rodea por contraste con
otras zonas que dispondrían de lo que ellos carecen.
67
mongaru arâ', aparece uno que colocará costados a las trampas
monde, uno que me alimentará" (CADOGAN, L.,1971:52-53)
Ha nacido una que permanecerá en el hogar, procesando los productos que hasta
alli llegan. Ha nacido uno que irá al monte y alli cumplirá su tarea, pero para
concurrir nuevamente al hogar con alimentos y productos, y ser apreciado por eso,
traduciríamos nosotros ajustándonos a nuestras observaciones.
1
- Pregunta Cadogan a un informante sobre el producto de la pesca: "-A rire, nde ra'y chy
reve pa re'u va'erâ (Y lo comerás con tu esposa?) -Che ra'y chy...anoê eta 'i wy ri ko a-
jopo jopoi 'i va'erâ che retarâ kwéry pe a mbojoja 'i pota (Mi eposa...si saco muchos
invitaré a mis paisanos en forma pareja)" (1971:67)
2
- Cadogan reproduce el relato de un informante, en el que un jabalí, «kochi» es consumido
de esta manera (Cf.CADOGAN,1971:99).
68
La preponderancia másculina en el ámbito que nos ocupa, es también subrayada
por el papel que le cabe a la mujer en él. Un informante nos señalaba que la mujer
no debe ir al monte sola. Lo hará, excepcionalmente y acompañada de un hombre,
las más de las veces portando un canasto para poder transportar frutas, cuando
estas sean muy abundantes. Finalmente en el Ñemongarai, celebración realizada en
momentos claves del ciclo productivo, cumpliendo con el ritual, el hombre será
representado por el fruto del gwembé. Para obtenerlo tendrá que buscarlo en el
monte y arrancarlo trepando a los grandes árboles. La mujer, en cambio, estará
presente en este "bautismo de los frutos" a través del mbojape, los pequeños panes
de maiz, cocidos con la ceniza del fogón1.
Las modalidades de ocupación y uso de la tierra que circunda a la aldea, asi como
las vías de comunicación, asentamientos urbanos, etc., de la población blanca,
caracterizarán los mecanismos locales de contacto y dependencia de los habitantes
Mbya de la zona con la sociedad nacional, en sus variantes locales.
Las experiencias más frecuentes con la ocupación blanca del espacio, tienen que
ver con el desmonte, la instalación de determinadas formas de explotación
agropecuaria, y la urbanización. Esto en términos de relaciones de producción
significa un tipo de contratación temporaria de la mano de obra aborigen y el
establecimiento de relaciones de clientelismo entre blancos e indios. Junto con la
venta de artesanías estas formas de contratación serán las que provean el dinero
para el consumo de bienes de origen blanco2.
1
- Para una descripción del Ñemongarai cf. RUIZ, I.,1984.
2
- Por una referencia detallada de estos proceso cf. GOROSITO KRAMER, op.cit., cap.I, pp.
63 y subts.
69
Estas salidas implicarán, especialmente los días de pago, concurrir hasta el
almacén más próximo, para comprar alimentos, pero también bebidas alcoholicas.
Asi el chico o el muchacho, irán accediendo a nuevos ámbitos blancos. El alcohol en
la aldea está asociado, por lo general a ocaciones festivas. Aunque las mujeres
también toman, el "trago" es una actividad que se ostenta como masculina. De la
misma manera, es un signo de urbanidad tomar en los almacenes, ante eventuales
invitaciones de patrones, amigos y bolicheros blancos.
1
- En las aldeas donde el contacto con el blanco es más estrecho, los niños tienen
experiencias más tempranas con el idioma español. La concurrencia a escuelas refuerza este
fenómeno.
70
núcleo más importante es el de una reflexión sobre sí mismo -ser
o no ser Mbya- sobre el transfondo de la sociedad blanca como
un todo" (GOROSITO KRAMER, op.cit.:123)
En el horizonte del mundo blanco, también están los tetarâ1, parientes que viven
en otras aldeas a los que el joven visitará. Para esto deberá alejarse
temporariamente de su aldea, internandose en el mundo blanco desconocido.
El "encaje" de las relaciones de la aldea con los espacios blancos que la circundan
es administrada por los hombres, asi como el acceso al monte es su tarea y parte
de su definición masculina. Pero si la variable sexual agrupa estos ámbitos, la
definición étnica tiende a separarlos.
Monte y asentamiento, formarían una unidad por oposición a los espacios blancos.
Los Mbya actuales justifican la presencia del blanco en versiones de la creación que
lo incluyen como destinado por dios a la ocupación de los "campos", mientras que el
"monte" sería el ámbito que la divinidad les atribuyó2. Uno de los motivos por los
cuales la tierra estaría amenazada, sería justamente la falta de respeto de los
blancos hacia este mandato del creador. La destrucción y la ocupación por la
población blanca de las zonas boscosas, es vivida como una franca intrusión en lo
que se consideran los hábitat Mbya por derecho divino.
Sin embargo, como vimos, monte y espacios bláncos serían ámbitos masculinos y
en este sentido se opondrían a la aldea como ámbito femenino, como lugar del
hogar. Pero la aldea es mucho más que una referencia polar. En ella cobran
1
- Tetarâ: parientes, pero también compueblanos. Che retarâ kuéry, dice un Mbya
refieriendose a sus paisanos en general.
2
- Cf. GOROSITO KRAMER, op.cit., cap.III. Esta variación sobre la creación de la tierra
también nos fue relatada por informantes de distintos asentamientos al menos en tres
oportunidades.
71
sentido los hechos más significativos de la vida, asi ocurran en su exterior. Si monte
y mundo blanco son espacios masculinos, su administración, su "procesamiento",
étnico, humano, se realizan en la aldea.
La palabra Tekoa o Tekoha patentiza esta condición del asentamiento Mbya. Teko,
normalmente se traduce como costumbre y es común que nuestros informantes se
refieran al Mbya reko , como "nuestro sistema", el modo de vida Mbya. Pero teko
tambien puede ser entendido como "vida" (CADOGAN,L.,1959:208), o como
"naturaleza" o "ser esencial" (GUASCH,A.,1986:760). Por otra parte a o ha1, puede
ser traducido como fruto, producto de, pero también como el ámbito de (realización).
Tekoa resumiría la idea del lugar en el que la costumbre se realiza, ocurre y por otra
parte, fruto de la costumbre, producto de ella2.
Esta costumbre implica la existencia de los dos sexos como distintos, pero
necesariamente complementarios. Pero también prescribe modos de "salud", de
perfección del ser que impugnan parte del ser masculino. El crecimiento del varón
Mbya, lo llevará por definición hacia los espacios blancos. El tratar con el blanco,
hablar castellano, etc., serán otros tantos signos de su masculinidad. Pero al mismo
tiempo y desde la óptica tradicional, serán las fuentes de la contaminación, del teko
achy, el modo imperfecto, la manera incorrecta de ser. Aqui comenzaría un conflicto
que caracterizará, no solo las actitudes futuras hacia el blanco, sino también las que
se adopten en la aldea.
Mientras tanto crecer mujer, significa integrar los espacios donde la vida social
sienta sus ejes. Quizá la figura de un "eje" es en este caso particularmente
apropiada, ya que, si el ser hombre envía a espacios física e ideológicamente
distintos del hogar, pero en última instancia referidos a él, el ser mujer implica
permanecer en él y en sus cercanías. Si pensamos a la casa, la aldea, el monte y
los espacios blancos como realidades concéntricas, la historia de los nacidos
varones parecerá guiada por una fuerza centrífuga, mientras que la de las mujeres
por una centrípeta. Asi, cada vez que los representantes de uno y otro sexo
enfrenten sus opiniones, la mujer aparecerá defendiendo y encarnando los intereses
del "hogar", en cualquiera de sus niveles. Esto es: la casa por oposición a la aldea,
la parentela inmediata por oposición a la extensa, y la realidad de la aldea como
medida privilegiada para juzgar lo que ocurre fuera de ella.
ritual y la contestación y acompañamiento de los rezos masculinos. Sin embargo, los que
reciben inspiración y en general, se comunican con los dioses, son los hombres.
1
- Cf. el tema de la generación y la conservación del fuego en CADOGAN y MELIA, 1971:
113-114.
73
madre de los Karai; Jakaira Ru Ete, en la misma manera, para
situarse frente a su corazón hizo conocedora de la divinidad a la
verdadera madre Jakaira; Tupâ Ru Ete, en la misma manera, a la
que situaría frente a su corazón, hizo conocedora de la divinidad
a la verdadera futura madre de los Tupâ" (ibidem)
De esta manera los cuatro órdenes del parentesco divino, aparecen a su vez
atravesados por la división sexual. Y más alla de que sus categorías establezcan
diferencias en las potencialidades de los individuos Mbya, la partición interna de
cada una de ellas refuerza la afinidad que la mujer tendrá con sus hijas mujeres y el
hombre con los suyos varones.
74
75
CONCLUSIONES
Las relaciones cotidianas que compartan los niños, surgirán de la conformación del
hogar. Esta conformación, física y humana, planteará limitaciones y posibilidades a
las experiencias del niño. Pero muchas de las situaciones que le tocarán vivir, como
relevantes en su socialización, dependerán directamente de las relaciones de su
hogar con otros del mismo asentamiento. Pautas y costumbres, lenguaje y
significación, etc., serán actualizados en la interacción cotidiana de los mayores a la
que los niños asisten como sujetos o simples observadores. Una gran parte de este
bagaje cultural dificilmente pudiera ser transmitido por un hogar solo o por un
número reducido de hogares. Al menos no como experiencias que vayan más allá
de la información verbal.
Pero esta actividad comunitaria, es también el medio por el que se ejercen los
mecanismos de control sobre los comportamientos. La circulación de información
asociada a los juicios de valor, entre los miembros de un Tekoa, tejerán una
delicada trama de estímulo, ajuste y punición de las actitudes personales y
familiares. De esta manera, la vida de una casa, las costumbres de sus integrantes,
estarán referidas en gran medida a la opinión (y las consecuencias de esa opinión)
pública. La forma en que los niños sean tratados, las conductas que les servirán de
ejemplos, en fin, lo que ocurra en la casa, será una continuación de lo que la
comunidad comparta, apruebe y desapruebe.
76
de los liderazgos, y especialmente del liderazgo político. Este, por tanto, está sujeto
a una serie de condiciones1 internas a la aldea, por las que los ámbitos externos a
ella se vuelven determinantes. De un liderazgo político dependerán en gran medida
los recursos a los que accedan los miembros de la comunidad y las condiciones de
ese acceso. A la redistribución material concreta (esto es: bienes, alimentos, etc.),
se sumarán las de posibilidades de trabajo o acceso al monte, que la ubicación de la
aldea habiliten. Pero también será responsabilidad del jefe la posición relativa del
total de la comunidad frente a la sociedad nacional en sus manifestaciones locales.
Un liderazgo puede conducir la ubicación o el traslado de un asentamiento, pero
también influye en la calidad y cantidad de mercaderías, trabajo, dinero, a la que sus
seguidores tengan acceso.
De esta manera la prosperidad o la penuria que pasen los habitantes de una aldea
será atribuida a los líderes y a las actitudes y valores que estos promuevan. Exito o
decadencia de un lider no solo implica el desplazamiento de un grupo influyente en
la toma de decisiones públicas sino también la promoción o desestimación, del tipo
de costumbres y valores que el lider y "su gente" encarnen, a nivel de la vida
doméstica. La casa es parte -y por lo tanto reflejo- de la aldea. Por ello, como vimos,
dispondrá para la socialización de sus miembros más jóvenes, el tipo de
experiencias y la valoración de ellas, públicamente a disposición.
Sin embargo, si bien hogar y aldea pueden ser entendidas como una continuidad,
también forman una oposición, a algunas de cuyas expresiones hemos hecho
referencia en el capítulo II. El comportamiento de un hogar (o grupo de hogares)
puede entrar en contradicción eventual con los intereses -y las representaciones de
estos- del grupo o la facción dominante de la aldea. Este conflicto puede
presentarse con formas variadas, pero en cualquiera de ellas habrá ciertos límites,
que de ser sobrepasados harán que la contradicción tome estado público como
conflicto a resolver expresamente por esa instancia. La evitación de este conflicto o
la resolución del mismo, se producirán en tanto la familia o la parentela en cuestión
abandonen las conductas cuestionadas o se retiren del asentamiento. En cualquiera
de los dos casos, la unidad doméstica, estará involucrando a sus hijos en las
vicisitudes y consecuencias de la oposición.
1
- Para un análisis de estas condiciones cf. GOROSITO KRAMER, 1982, caps. IV y V.
77
esta elección. Es decir, en tanto no haya monte al que acudir, ni espacio suficiente
(o de calidad adecuada) para plantar, o materiales adecuados para la construcción
de viviendas, tampoco existirán las condiciones para la realización comunitaria de
ciertos tipos de vida y para la aplicación práctica de ciertas formas aprendidas de
acción1.
En cualquier caso los hombres del grupo, el jefe del hogar, deberán arbitrar los
medios para la subsistencia, y si para esto debieran recurrir preferentemente a la
instancia blanca, las consecuencias de tal elección serán sufridas por el grupo todo
o por la totalidad de la familia. Tal como la describimos, la crianza de los niños, los
valores y costumbres que internalicen, etc., aparecen orientados e informados en
distintos niveles y momentos, por la familia y la comunidad. Pero este control sobre
contenidos y experiencias, solo puede ser ejercido exitosamente, cuando esas dos
instancias se realizan en determinadas condiciones. La ausencia de ellas puede no
desestructurar totalmente la familia y aún la comunidad, pero lo que la socialización
incorpore como contenidos para su ejercicio, puede no garantizar la reproducción de
un sistema como el Mbya.
1
- Y esto desde las comidas hasta el ritual religioso.
78
tienen que constituir, además, un medio concreto de sostener aunque sea
parcialmente la vida. De esta manera los criterios tradicionales para evaluar lo que
el mundo y las personas son, podrán reproducirse siempre que las relaciones
sociales consigan actualizarlos permanentemente. Lo que la "pureza" sea, o la
importancia que tenga, será función de como estos conceptos fueron hechos
"carne" durante el crecimiento de los niños, que hoy son los protagonistas de la
comunidad Mbya.
79
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